Pushkin y la nueva ópera rusa

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Revista de Claseshistoria
Revista
Publicación digital de Historia y Ciencias Sociales
Índice de Autores
Artículo Nº 419
Claseshistoria.com
15 de mayo de 2014
ISSN 1989-4988
DEPÓSITO LEGAL MA 1356-2011
NACHO GARCÍA MORCILLO
Pushkin y la nueva ópera rusa
RESUMEN
La obra literaria de Aleksandr Serguéyevich Pushkin,
tanto sus narraciones como sus poemas y piezas
teatrales, considerada como una de las grandes
cúspides de la literatura en lengua rusa, se convertirá, a
lo largo del siglo XIX y más allá, en un foco de
inspiración e influencia no sólo para toda una serie de
importantes escritores posteriores, sino también para un
grupo de destacables compositores que desarrollaron lo
que se ha venido a denominar como la “nueva ópera
rusa”.
PALABRAS CLAVE
Aleksandr Pushkin, Literatura rusa, Música rusa, Ópera,
Nacionalismo.
Nacho García Morcillo
Licenciado en Historia por la Universitat
de Barcelona. Gestor-Administrador de
derechos cinematográficos.
[email protected]
Claseshistoria.com
15/05/2014
Nacho García Morcillo
Pushkin y la nueva ópera rusa
1. LA NUEVA ÓPERA RUSA
A lo largo del siglo XIX, en Rusia, dos manifestaciones culturales alcanzarán altas cotas
de brillantez: la literatura y la música. Es una época de cambios y transformaciones
sociales y culturales; es el período de asentamiento del romanticismo y la etapa de
reivindicación de los nacionalismos. En el contexto ruso, el espíritu románticonacionalista se manifestará tarde pero con tal fuerza que transformará radicalmente una
cultura con influjos y gustos derivados de la tradición cultural de occidente,
especialmente la francesa. En el ámbito de la literatura, las letras rusas alcanzarán su
primer gran período de esplendor tanto en prosa como en poesía. En el origen de esa
nueva literatura, de ese apogeo, sobresale la figura de Aleksandr Serguéyevich Pushkin,
el escritor que marcará el cambio literario y cuya obra será el punto de partida de la
nueva música rusa.
Pushkin culminará el romanticismo ruso y abrirá el camino hacia el realismo
literario y la proyección internacional de la literatura rusa con escritores como
Lérmontov, Gogol, Turgueniev, Dostoievski o Tolstoi. Sus influencias literarias -Dante,
Byron, Scott, Shakespeare, Karamzin-, sus viajes y exilios, su origen exótico descendiente de un esclavo abisinio-, su carácter rebelde y apasionado, le encauzarán a
abordar temas universales y vitales, así como a interesarse por la historia y el folclore de
su país. Se convertirá, pues, en el principal estandarte de la lengua y la cultura rusas. A
su arte “debemos las primeras imágenes auténticamente rusas escritas en una lengua
moderna” 1.
La visión autóctona y nacionalista de la nueva literatura rusa, como era de
esperar, derivó y se extendió hacia otras artes y en especial hacia la música. Y en este
contexto el punto de inflexión se llamó Mijail Glinka. Fue Glinka el primero en
combinar las estructuras de la música y la ópera occidentales con las melodías y las
danzas del folclore ruso tradicional. Tras su estela, otros músicos importantes:
Aleksandr Dargomijski, su continuador, siempre inquieto y estudioso; los compositores
pertenecientes al conocido como Grupo de los Cinco: César Cui, Nikolái RimskiKórsakov, Mili Balakirev, Modest Mussorgski y Aleksandr Borodin, quienes
consolidarán las nuevas tendencias; además de Piotr Ilich Chaikovski y Serguei
Rachmaninov.
La nueva ópera rusa definirá, a partir de Glinka, toda una serie de cualidades que
a grandes rasgos pueden resumirse en cinco características esenciales. La primera, una
tendencia hacia el realismo canalizada a través de elementos y acciones de carácter
fantástico o burlesco, o, en otras ocasiones, a través del costumbrismo y del drama.
1
SAN VICENTE, Ricardo, “Pushkin: los primeros pasos de la prosa moderna rusa”, en A. S.
Pushkin, La hija del capitán, Planeta, Barcelona, 1993, pág. X.
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Segunda, la creación de un discurso musical adaptado a la prosodia y las inflexiones del
idioma ruso, que determinará una mayor facilidad a la hora de adaptar textos en lengua
autóctona. El tercer rasgo es la posibilidad de combinar melodías e influencias
operísticas clásicas -francesas, italianas y alemanas- con melodías y músicas
típicamente rusas. Cuarto, la aplicación y el gusto por la música coral, a través de la
cual encontramos un nuevo e importante personaje: el coro, representativo del propio
pueblo ruso. El quinto rasgo es el de la búsqueda de argumentos acordes con las nuevas
ideas románticas, nacionalistas, costumbristas e intelectuales, para lo cual se recurrirá a
la literatura y esencialmente se buscará la inspiración en la poesía, el teatro y la prosa de
Pushkin. Sus obras, de extraordinario ímpetu, de marcada musicalidad y de puro
lenguaje, se evidenciaban perfectas para la adaptación, y es que “pocos escritores en
toda la Historia de la Literatura han tenido una vinculación con la música como...
Pushkin. En sus 38 años de vida escribió historias, versos y dramas que darían origen a
algunos títulos fundamentales de la ópera rusa, y por ende de toda la historia de este
género” 2.
2. LAS ADAPTACIONES OPERÍSTICAS
2.1. Mijail Ivánovich Glinka. Ruslan y Liudmila (1842)
Ruslan y Liudmila es la primera obra pushkiniana que se convertirá en ópera
homónima. Escrito durante el período 1817-1820, se trata de un largo poema épicoburlesco dividido en cantos y encabezado por un magnífico prólogo en el que
aparecen los temas principales que se desarrollarán a lo largo de la obra. Inspirado en
un cuento ruso de origen oriental y carácter fantástico, Pushkin lo convierte además en
una obra irónica, corrosiva y con un claro énfasis en lo bufo y lo cómico. Este gusto
por los contrastes y las dualidades aparece también en el estilo del poema, al
combinar perfectamente el ruso coloquial con vuelos de alto lirismo. Estamos ante la
primera obra importante de Pushkin y ante la primera mirada hacia las fuentes, el
costumbrismo y el tradicionalismo ruso: “el folklore ruso está en la base del primer
gran poema pushkiniano “ 3.
Glinka, en búsqueda de temáticas para sus primeras composiciones operísticas Una vida por el zar, la propia Ruslan y Liudmila-, también topará con ese
2
RUIZ SILVA, Carlos, “Pushkin-Mussorgsky. Un encuentro fascinante”, Ritmo núm. 604,
noviembre 1989, pág. 26.
3
BRAVO-VILLASANTE, Carmen, Biografía de Pushkin, José J. de Olañeta Editor, Palma de
Mallorca, 1985, pág. 35.
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tradicionalismo popular ruso. Si Pushkin se convirtió en el eje esencial entre la cultura
rusa de antaño y la gran literatura del XIX, Glinka se erigirá en el precursor del
folclorismo ruso en la música y en la ópera. Coetáneos temporalmente -Pushkin nació
en 1799 y Glinka cinco años más tarde- posiblemente “el propio Pushkin habría
revisado el libreto [de Ruslan y Liudmila] si su muerte súbita no se lo hubiese
permitido” 4. Finalmente, el libreto fue escrito por el propio compositor conjuntamente
con Valerian F. Shirkov, Nikolái A. Markevich, Nestor V. Kukovik y Mijail A. Gedeonov.
Este colectivismo repercutirá en la construcción dramática de la ópera. La trama
repleta de personajes fantásticos, de elementos simbólicos, de acciones mágicas y,
repetimos, de momentos burlescos e irónicos, queda traducida musicalmente a través
de una gran variedad de melodías y coloridos, desde las influencias bufas mozartianas
al belcantismo, del folclorismo ruso a las evocaciones musicales más orientales. Todo
ello convirtió a Ruslan y Liudmila en una ópera “extremadamente innovadora” y a
Glinka en un compositor sorprendente y a tener en cuenta por las futuras
generaciones musicales.
2.2. Aleksandr S. Dargomijski. Rusalka (1856), El convidado de piedra (1872)
Siguiendo las pautas de Glinka, Dargomijski se volcará en el estudio del
tradicionalismo ruso tanto musical como temático, pero, al igual que el primero,
descubrirá en los textos de Pushkin la posibilidad de traspasar a ópera grandes
argumentos eslavos. De las cuatro óperas que compuso, dos están basadas,
precisamente, en obras pushkinianas: Rusalka y El convidado de piedra.
Rusalka (1856), con libreto del propio compositor, está basada en un drama
homónimo inacabado que Pushkin escribió entre 1829 y 1832. El argumento aborda el
tema de la ondina, el drama de la muchacha seducida y traicionada que se arroja al río
y se convierte en ninfa; se trata de un tema muy frecuente en los cantos de los
pueblos eslavos, que Pushkin posiblemente recogió de una obra de un autor vienés
casi desconocido: Karl Friedrich Hensler. La búsqueda de dos temas fundamentales,
el remordimiento y la culpabilidad, fluctúa por todo el drama, del mismo modo que
también aparece en los tres actos de la ópera de Dargomijski. Respetando casi por
4
VV. AA., La ópera. Enciclopedia del arte lírico, Aguilar, Madrid, 1987 (1977), pág. 201.
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completo el texto de Pushkin, el compositor ajustará perfectamente gran parte de los
diálogos del drama a los conjuntos vocales -sobre todo en los dúos-, en un intento de
ser lo más fiel posible a los textos originales.
La última ópera de Dargomijski -que no llegó a concluir y que fue instrumentada
por Rimski-Kórsakov y terminada por Cui- está basada en El convidado de piedra
(1830), un microdrama
5
o una “pequeña tragedia” -tal y como Pushkin definía-
estructurada en cuatro escenas sin exposición ni desenlace y escrita en verso. Parece
ser que el escrito estaba directamente inspirado por el Don Giovanni de Mozart que
Pushkin vio representado dos años antes (1828) en San Petersburgo 6, sin dejar de
orientarse bajo las influencias del Don Juan de Tirso de Molina. Pero al contrario que
en Mozart, Tirso o incluso Molière, el Don Juan pushkiniano “no enreda con astutas
chácharas y fingidas cortesías a las damas y a los acreedores, el Don Juan de
Pushkin es un poeta, un inspirado intelectual romántico” 7. Se trata de un drama
desprovisto de la vena burlesca que aparece en el libreto de Da Ponte; el Don Juan de
El convidado de piedra queda transformado por el amor, es, al igual que Pushkin, un
romántico, que tras una vida llena de enamoramientos y delitos, sucumbe a su destino
pero totalmente redimido (espiritual y amorosamente). Este es el punto donde la obra
de Pushkin adquiere su originalidad e importancia. Dargomijski fiel, nuevamente, a los
textos literarios que seleccionaba, tradujo en música -con ligerísimas variaciones- no
sólo la obra sino también el espíritu y la visión romántica del donjuanismo pushkiniano;
y siguiendo los procedimientos de Glinka y las ideas del Grupo de los Cinco, “lo que
Dargomijski creyó que era la búsqueda de “la verdad” de un texto poético se convirtió
en un horizonte irrenunciable de la estética nacional” 8.
5
Definición adoptada por Angelo Maria Ripellino en el capítulo “La técnica del microdrama”
dentro del estudio general Sobre literatura rusa. Itinerario a lo maravilloso, Barral, Barcelona,
1970 (1968), pp. 59-72, donde analiza los cuatro breves dramas pushkinianos, Mozart y Salieri,
El caballero avaro, El convidado de piedra y Festín en tiempo de peste, tres de ellos adaptados
como óperas.
6
RIPELLINO, A. M., op.cit., pág. 63.
7
Ibíd. pág. 65.
8
MARTÍN, Santiago, “La ópera eslava”, en VV. AA., Los Grandes Temas de la Música, vol. 3,
Salvat, Barcelona, 1983, pág. 136.
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2.3. César Antonovich Cui. El prisionero del Cáucaso (1858), Un festín en tiempo
de peste (1900), La hija del capitán (1909)
Cui fue un compositor a caballo entre dos concepciones músico-culturales diferentes;
su origen francés lo encaminó hacia composiciones melódicas occidentales, su vida en
Rusia y su vinculación al Grupo de los Cinco derivó en la adopción de temáticas y
principios ruso-orientales. Esta situación intermedia ha marcado y ha determinado su
poca repercusión y trascendencia dentro del panorama musical. Hoy en día sus
composiciones están casi olvidadas, las grabaciones de sus piezas son difíciles de
encontrar -normalmente incluidas en recopilatorios- y casi únicamente su música para
piano parece interpretarse en los ámbitos artísticos rusos. En sus óperas esa dualidad
de influencias también aparece reflejada: desde las composiciones basadas en temas
extraídos de la literatura francesa hasta las tres óperas de su producción basadas en
textos de Pushkin.
El prisionero del Cáucaso (1858), ópera en tres actos, está cimentada a partir
del poema romántico homónimo (1821) del escritor moscovita. En él se narra, a
grandes rasgos, cómo un ruso, prisionero en el Cáucaso, es liberado por su amada,
una circasiana apasionada que se suicida arrojándose al agua después de ver partir
en libertad a su amado. Lucha, libertad, amor, temas románticos esenciales en un
Pushkin encaminado hacia sus grandes epopeyas romántico-nacionalistas. Por sus
comentarios y su ambientación -no olvidemos que la Rusia oriental, de cultura y
tradiciones diferentes, ha sido y es un foco siempre problemático para los gobiernos
de la Rusia occidental- El prisionero del Cáucaso resultó escandaloso y, por lo tanto,
exitoso tras su publicación. Lo más destacable del poema, que resultó ser
determinante para su adaptación operística, es que está surcado por un gran número
de canciones cosacas de un encanto y de un halo romántico asombroso. Esta, ya
previa, musicalidad resultó perfecta para Cui y para su libretista Viktor A. Krilov,
quienes plagaron la ópera de coros, danzas folclóricas y elementos musicales
orientalizados cuya culminación, la “Canción caucasiana”, es original del poema de
Pushkin.
Cuarenta y dos años más tarde (1900), Cui volverá de nuevo su mirada hacia
la producción pushkiniana al adaptar uno de sus microdramas en verso, el titulado Un
festín en tiempo de peste, escrito originalmente en 1830 y publicado en 1832. Se trata
de una reelaboración de un breve fragmento del largo melodrama The City of the
Plague (1816) de John Wilson publicado en Francia en 1829. La tragedia de Pushkin
es de una exquisitez tremenda y está salpicada de principio a fin por un puro y
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desgarrado carpe diem 9. Narra el deseo de placer, diversión y aprovechamiento vital
de unos personajes y de una ciudad sobre la que se abate la peste. De la ópera de Cui
poco sabemos, si bien por los documentos consultados podemos constatar que en ella
destacan dos canciones presentes e importantes también en el drama de Pushkin: la
Canción de Mary y el citado Himno a la peste 10.
En 1909, Cui adapta una de las obras más emblemáticas de la producción
pushkiniana, su obra en prosa más conocida: La hija del capitán (1836). Una pequeña
novela escrita con objetividad, humor y lenguaje conciso que nos ofrece una visión del
enfrentamiento entre diferentes sentimientos humanos: el odio, la cobardía, la
crueldad, el amor, el coraje y la bondad. Muy influenciado por Walter Scott, un autor
que admiraba tanto como escritor como historiador, Pushkin indagó en la historia de su
país hasta hallar un relato acorde con su espíritu más romántico: la vida del famoso
bandolero Pugatchov. Basándose en memorias, informes, actas, leyendas... construyó
una novela que aparece más como una visión de la historia que como una novela
histórica, y, efectivamente, el protagonista de ella (Griniov) aparece como un cronista,
un testimonio de las relaciones entre la nobleza, el ejército, los cosacos y los rebeldes
campesinos rusos en época de Catalina II. La hija del capitán de Cui adolecerá, sin
embargo, de un gusto melódico demasiado afrancesado que deprecia ese espíritu
épico-histórico que Pushkin muestra con maestría en su famosa novela.
2.4. Modest Petróvich Mussorgski. Boris Godunov (1869-1874)
No es tarea fácil enfrentarse con Boris Godunov. Nos encontramos ante una de las
obras capitales de Pushkin y ante la composición operística rusa por excelencia. En un
borrador que se conserva, el propio Pushkin comenta que “el estudio de Shakespeare,
de Karamzin, de nuestras viejas crónicas me dio la idea de revestir en forma dramática
9
“¡Por esta razón, Peste, te alabamos!
¡No tememos la noche de la tumba
ni tu llamada nos aturde! ¡Amigos,
apuremos las copas, y bebamos
el aliento de jóvenes en flor
aunque pueda estar lleno de... la Peste!”
(fragmento final del Himno a la peste de Un festín en tiempo de peste, extraído de A. Pushkin,
Antología lírica, Hiperión, Madrid, 1997, traducción de Eduardo Alonso Luengo).
10
Dos canciones que suelen aparecer en las antologías líricas de Pushkin.
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una de las épocas más dramáticas de nuestra historia reciente” 11. Basado en la
Historia de Rusia de Nikolái Karamzin, publicada entre 1806 y 1826, y en otras varias
crónicas rusas, Pushkin compuso su Boris Godunov, que si bien es fiel a la cronología
histórica (1598-1605), no es fiel a la realidad: Pushkin parte de un hecho
históricamente falso, el asesinato del zarevich Dimitri a manos del propio Boris
Godunov, cuando la realidad nos dice que el muchacho murió accidentalmente.
Dejando aparte esta reescritura histórica, Carmen Bravo-Villasante propone como
verdadera influencia del Boris Godunov la propia actualidad rusa que vivía Pushkin:
“los rumores sobre el zar Alejandro I, acusado de ser cómplice del asesinato de su
padre Pablo I en 1801, la inspiración, la idea de un monarca que en sus orígenes debe
su poder al crimen” 12. Pushkin, inteligente, encontró, rebuscando en la historia más
negra de Rusia e indagando en Karamzin, un tema perfecto para una obra que
ambientada en épocas pasadas se ajustaba a la realidad política del presente.
Dejando de lado un argumento suficientemente conocido, e igualmente las
peripecias de las numerosas versiones de la ópera, lo que interesa es establecer un
breve análisis comparativo entre el drama original (1825) y la ópera de Mussorgski
(1869-1874). Estructuralmente, el drama está compuesto por 24 cuadros o escenas en
los que se alterna el verso con la prosa, presentando y adquiriendo en su conjunto una
movilidad y un ritmo “casi cinematográfico” 13. La ópera originalmente estaba formada
por diez cuadros (con posterioridad siete) perfectamente seleccionados y modificados
de tal modo que las escenas populares se convierten en las protagonistas.
Argumentalmente, la adaptación operística -sugerida por el historiador Vladímir
Nikolski a Mussorgski 14- está muy lograda y respeta de forma magistral lo esencial del
drama pushkiniano; temas clave como el poder, el remordimiento, Rusia, el pueblo, el
amor y la muerte no se olvidan nunca en el Boris Godunov de Mussorgski. Las
principales diferencias de contenido radican en el énfasis de protagonismo que el
compositor busca con el personaje central (Godunov) que en la obra teatral es menor
y que además dota de un mayor valor humano (en sus momentos finales pide perdón
por sus pecados), y, en general, en la tremenda fuerza dramática y en el gran análisis
psicológico de todos los personajes que aparecen en la ópera; en este caso la obra de
Mussorgski ha logrado remarcar, aún más si cabe, el carácter y las dimensiones
humanas, políticas, espirituales y literarias de esta obra universal. Mussorgki remarca
pero no busca la individualidad de los personajes -excepto, posiblemente, Godunov y
el Idiota-, busca crear un colectivo, intenta que ningún personaje domine la obra y que
sea el pueblo ruso (a través de los coros) quien realmente se convierta en el eje
11
BRAVO-VILLASANTE, C., op.cit., pág. 101.
12
Ibíd., pág. 103.
13
RUIZ SILVA, C., op.cit., pág. 26.
14
REVERTER, Arturo, “Boris Godunov: la palabra como música”, Scherzo núm. 32, marzo
1989, pág. 69.
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protagonista de la ópera. Respecto a los finales de los Boris Godunov, aparecen dos
diferenciaciones claras. En la obra de Pushkin el pueblo ruso, harto de tanto crimen y
tanta conspiración, no aprueba las dos últimas muertes -el envenenamiento de la
zarina y su hijo Feodor- y es reacio a la proclamación del falso Dimitri como zar;
Pushkin aplica un carácter cíclico a su obra: Godunov también llega al poder tras el
asesinato de un zarevich. El Boris Godunov de Pushkin se nos muestra como más
pensado, o mejor, como más intelectualizado. La ópera, por el contrario, finaliza de
forma diferente con las palabras proféticas del Idiota sobre el futuro de Rusia después
de que el pueblo haya apoyado y aclamado a un zar impostor.
Sin extendernos más se podría insistir que la principal originalidad del Boris
Godunov musical está en el tratamiento dado a lo instrumental y sobre todo a lo vocal,
partiendo de una idea básica de estos compositores rusos: servir a la palabra, o sea,
crear una música cuyo origen es la literatura.
2.5. Piotr Ilich Chaikovski. Yevgueni Oneguin (1881), Mazeppa (1884), La dama de
picas (1890)
Cuesta entender por qué algunos musicólogos e historiadores han pretendido separar
tajantemente el estilo musical de Chaikovski de ese espíritu autóctono que regía las
composiciones y las ideas de los compositores del Grupo de los Cinco; cuando al
analizar sus tres óperas basadas en Pushkin15 nos damos cuenta de que ese espíritu
ruso sí que aparece en el compositor y aún es más destacable al aparecer combinado
con todo tipo de influencias musicales.
En 1884 Chaikovski compone, bajo libreto propio y de Konstantin S. Shilovski,
su Yevgueni Oneguin, basado en la novela en verso de Pushkin creada entre 1823 y
1831. El Oneguin pushkiniano es una obra capital, “el mejor retrato de una época”
como siempre se dice. En ella Pushkin logró de forma magistral mezclar la literatura
con su propia vida; tal y como comenta Carmen Bravo-Villasante en su interesante
biografía del poeta, “allí están todas las costumbres de una época, las visitas, las
meriendas, las casamenteras, las relaciones entre los jóvenes, las nodrizas
confidentes, y hasta el folklore...” 16. Toda una reunión de temas (nobleza, campo,
naturaleza, amor, juventud...) al servicio de la descripción del modo de vida ruso, una
vida de claro contraste entre la apacible provincianidad y la vida en la ciudad y sus
salones. Y el personaje de Oneguin será el símbolo de esa aristocracia joven, de esa
“forma de pensar, sentir y actuar de la aristocracia rusa de principios de siglo” 17 que
15
Ya el solo hecho de adaptar a Pushkin, evidencia que Chaikovski nunca abandonó sus
influencias y raíces rusas.
16
BRAVO-VILLASANTE, C., op.cit., pág. 160.
17
GARCÍA DE BUSTO, José Luis, “Los nacionalistas rusos”, en VV. AA., Enciclopedia Salvat
de los Grandes Compositores, Salvat, Barcelona, 1990, pág. 135.
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Pushkin conocía tan bien. Dos caracteres se enfrentarán en la novela: el cinismo y el
estéril sentimentalismo de Yevgueni y la hipersensibilidad del personaje de Tatiana, y
ese enfrentamiento se convertirá en el eje sobre el que Pushkin nos mostrará ese
compendio de la vida rusa del XIX que es el Yevgueni Oneguin.
La ópera de Chaikovski, ambientada también en torno a 1810 y 1820 en San
Petersburgo, se fundamenta en un libreto bien adaptado que “condensa con fidelidad
el espíritu de la novela que Pushkin escribió en verso, y anuncia, con su falta de
acción, el clima del gran teatro de Chéjov” 18. Chaikovski y Shilovski escogieron de la
obra de Pushkin las escenas que mejor se adaptaban a su música, escenas
esencialmente líricas y románticas impregnadas de influencias musicales europeas
(francesas, italianas, germanas), aunque los momentos más emotivos y recordados
son aquellos en los que aparecen ritmos típicamente rusos. Por otro lado, Chaikovski
plasmará perfectamente los conflictos que aparecen en Pushkin: las dudas y luchas
interiores de los personajes, sus tormentos, sus remordimientos. A nuestro parecer se
trata de una adaptación un tanto libre pero fiel al original, tal y como comenta García
de Busto: “la fidelidad rendida en esta ópera a la novela de Pushkin es innegable, no
sólo en lo que se refiere al hilo argumental, sino también en lo que concierne a algo
más importante como es su esencia poética” 19.
La composición de Mazeppa en 1884 supondrá la continuación de la temática
rusa y pushkiniana. El libreto, escrito por Chaikovski junto a Viktor P. Burenin, será
continuamente revisado y modificado ya que el compositor estaba decidido a crear
nuevamente una ópera lo más fiel posible al original, en este caso el poema épico
Poltava escrito por Pushkin en 1828. Además de Pushkin, la leyenda del personaje
histórico Iván Mazeppa -héroe independentista ucraniano- fue tratada por numerosos
escritores y artistas: Wordsworth, W. Scott, Southey, Byron, V. Hugo, Bulgarin,
Slowacki, Liszt o Delacroix. Su espíritu y sus elementos románticos -exotismo,
rebeldía, traición, amores difíciles, luchas, locura- cautivaron a toda una generación.
La historia narra las luchas entre Mazeppa, jefe de los insurrectos ucranianos, y el zar
Pedro I el Grande -honrado y exaltado en el texto de Pushkin-, que culminarán con la
batalla de Poltava y con la derrota de los insurrectos que se habián unido al ejército
sueco. La trama político-bélica viene contrarrestada por la historia del amor imposible
entre Mazeppa y María, hija del poderoso cosaco Kubiukei quien se opone tanto a
estas relaciones como a la independencia de su pueblo. El final, trágico: Kubiukei es
ejecutado acusado injustamente de insurrección, María enloquece y Mazeppa
desaparece ante tanto horror.
El Mazeppa de Chaikovski peca por el desequilibrio de su trama merced a un
libreto no muy logrado -quizás demasiado pensado- y por la diferencia de calidad entre
unos pasajes musicales y otros, aunque encontramos varios de una gran calidad,
entre ellos algunos donde “curiosamente, se ve la influencia de un músico al que
18
MARTÍN, S., op.cit., pág. 140.
19
GARCÍA DE BUSTO, J. L., op.cit., pág. 135.
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10
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Chaikovski detestaba, como era Mussorgski, cuyo Boris Godunov fue estrenada diez
años antes” 20.
Volvemos a encontrarnos a Chaikovski adaptando otra de las grandes y
reconocidas obras de Pushkin, La dama de picas (1834). Una novela por la que se
pasean personajes fáciles de identificar -sobre todo en la época- con personajes
reales: el conde de Saint-Germain, el duque de Orleans, la princesa Natalia
Pietrovna...; el propio Pushkin en sus escritos ironiza sobre ello: “Mi Dama de pique
está muy de moda... En la corte encuentran cierto parecido entre la vieja condesa y la
Princesa Natalia Pietrovna” 21. El hecho es que, muy inteligentemente, Pushkin justifica
el carácter inverosímil del relato en situaciones y personajes reales 22. Efectivamente,
La dama de picas se desarrolla y finaliza trágicamente, pero manteniendo un tono
trágico salpicado constantemente por notas de fantasía, humor e ironía. Pushkin
divierte al lector con su tono burlesco y cruel y lo seduce gracias a una escritura plena
de rigor y concisión. En la ópera de Chaikovski (1890) este tono irónico no aparece -o
no se consigue. Entre su hermano Modest y él mismo lo que buscaban al adaptar el
relato pushkiniano no era conservar su espíritu fantástico-burlesco, sino modificarlo y
convertir la historia en un apasionado drama al estilo francés, la intención era la de
presentar una “gran ópera a la francesa” 23. Para ello nada mejor que introducir una
escena de baile (al igual que en el Yevgueni Oneguin) y el tema del amor, ausente en
Pushkin y que determina un cambio radical respecto al texto original: Hermann ya no
utiliza y engaña a Lisa para enriquecerse, sino que su obsesión por la riqueza se
justifica en el amor; está, en realidad, doblemente apasionado, por Lisa y por el juego.
El tono burlesco y libertino que destacaba en la novela desaparece y en su lugar surge
una consistencia más dramática. La otra gran modificación está en el final de la ópera,
si en Pushkin, Hermann enloquece y desvaría, en la ópera se busca un final más
acorde al apasionamiento y el enamoramiento del protagonista: se suicida. El
Hermann chaikovskiano es un romántico de los pies a la cabeza.
En el apartado musical es donde encontramos los grandes aciertos de la ópera.
Chaikovski sitúa la acción en torno a las postrimerías del siglo XVIII, con la intención
de rendir un evidente homenaje al compositor que más admiraba y que continuamente
ensalzaba en su famosa correspondencia: Mozart. Crea un ambiente musical
mozartiano que combina con elementos realistas y, cómo no, con melodías populares
rusas. El resultado final es el de una ópera dividida en tres actos y siete cuadros que
resulta muy teatral y muy apta para su representación.
20
ALFAYA, Javier, Chaikovsky, Alianza, Madrid, 1995, pág. 53.
21
BRAVO-VILLASANTE, C., op.cit., pág. 220.
22
MARTÍNEZ TAULÉ, Montserrat, “La Dama de Picas”, Òpera Actual núm. 6, enero-marzo
1993, pág. 29.
23
Ibíd., pág. 30.
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2.6. Serguei Vasílievich Rachmaninov. Aleko (1893)
En uno de sus destierros, hacia 1820, Pushkin recorrió, persiguiendo a una joven, las
llanuras del sur de Rusia, concretamente de Besarabia, junto a una tribu zíngara. Tras
esa experiencia, nostálgico e inspirado, escribió el poema narrativo Los gitanos (1824).
En él aparece el tema del héroe romántico, rebelde e inconformista (al igual que en
Poltava): “el descontento y el tedio de un joven [Aleko] que viene de la ciudad y pide
ser acogido entre los gitanos...” 24. En realidad lo que aparece en el conjunto de versos
son sus propias experiencias, las de un Pushkin muy joven, muy decidido, demasiado
romántico y muy influenciado por Byron.
Basándose en este poema, un joven Rachmanivov compuso en 1893 su ópera
Aleko. Se trata de una composición sencilla, con un libreto de adaptación poco
lograda, con evidentes influencias de Glinka, Borodin, Chaikovski y de los simbolistas
rusos de su época. Musicalmente, lo más destacable lo encontramos en las melodías
orientales que actúan a modo de leitmotivs a lo largo de toda la ópera. El gusto de
Rachmaninov por la melodía, que consideraba como “el elemento primordial” y como
“el germen de la creación musical” 25, ya aparece predominando en esta obra de su
primerísima etapa. Una ópera poco madura, casi de adolescente, pero en la que
comenzamos a apreciar dos elementos que serán fundamentales en el compositor: las
melodías y la ambientación rusa.
2.7. Nikolái Rimski-Kórsakov. Mozart y Salieri (1898), El zar Saltán (1900), El gallo
de oro (1909)
Rimski-Kórsakov es autor de una extensa producción operística, compuesta en total
por 15 títulos y es junto a Mussorgski y Chaikovski el compositor ruso más
interpretado. Su estilo musical está fundamentado por numerosas influencias que fue
asimilando a través de los viajes y estancias que realizó por toda Europa. Sus obras
están impregnadas por un exotismo desbordante que se intensifica gracias a unas
melodías muy estudiadas, muchas de las cuales se han hecho populares tanto en
Rusia como en occidente. Su estilo operístico no es tan apasionado ni tan vital como el
de compositores coetáneos suyos pero se contrarresta con unos ácidos y críticos
libretos, llenos de sátiras e insinuaciones políticas, que le causaron más de un
disgusto con la censura de su país.
Mozart y Salieri (1898) es una ópera de cámara estructurada en dos actos y
formada por una serie de escenas dramáticas. Se basa en una “pequeña tragedia”
homónima de Pushkin (1830) inspirada en la noticia falsa y popular de que Salieri
24
BRAVO-VILLASANTE, C., op.cit., pág. 74.
25
VV. AA., Dictionnaire de la Musique, les compositeurs, Encyclopaedia Universalis / Albin
Michel, París, 1998, pág. 640.
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envenenó a Mozart 26. Su creación pudo estar originada por el ferviente
apasionamiento que entonces tenía en Rusia la música mozartiana, o, como indica
Angelo Maria Ripellino, lo que realmente aumentó el interés de Pushkin por Mozart fue
su amistad con Glinka 27, recordemos que pudo establecerse una colaboración mutua
en relación con Ruslan y Liudmila. Mozart y Salieri representa el enfrentamiento entre
la genialidad y el sacrificio. Mozart con su talento parece reírse del arte. Es el genio
que ignora lo que es el sacrificio e inclusa ignora su propia importancia como
compositor. Salieri no soporta esa facilidad de creación y comete un crimen mostrando
un curioso y dual sentimiento, el de dolor y a la vez el de alegría. Los personajes se
muestran muy bien retratados: Mozart es bueno, afable, simple y desconocedor de su
talento y trascendencia, Salieri es estudioso, solemne y ceñudo y está colmado de
envidia. La trama comienza de forma tranquila e incluso alegre y progresivamente un
halo de premonición y dramatismo se va imponiendo en la obra hasta que culmina en
el clímax total del final.
El libreto de la ópera, realizado por el propio Rimski-Kórsakov, respeta
totalmente el texto de Pushkin mostrando perfectamente ese duelo de personalidades.
Consigue, de alguna forma, esa “búsqueda de la verdad” en los textos literarios que
fue imponiendo el Grupo de los Cinco. Musicalmente lo más destacable es el empleo
del discurso musical continuo sin una clara división entre arias y recitativos, tal y como
aparecía en las composiciones de Dargomijski y, sobre todo, tal y como mostraba
Wagner en sus composiciones.
En 1899 se conmemoraba el centenario del nacimiento de Pushkin para el cual,
y basándose en El cuento del zar Saltán, una fábula en verso escrita por Pushkin en
1832, “la historia del valeroso héroe Gvidor Saltanovich y de la hermosa princesa
Cisne, que en anagnórisis final encuentran la felicidad” 28, Rimski-Kórsakov compone
El zar Saltán (1900). Una ópera en un prólogo, cuatro actos y seis cuadros, con libreto
del propio compositor y de Vladimir I. Belski. Se trata de una ópera bufa -algunos la
han presentado como la primera ópera bufa rusa- plagada, al igual que el texto que la
inspira, de elementos orientales y fantásticos y con melodías pegadizas e
inconfundibles -por ejemplo, el famoso “Vuelo del moscardón”. Por ella desfilan toda
una serie de personajes y paisajes de cuento: brujas, hechiceros, animales parlantes,
tesoros, islas extraordinarias... Pero bajo la comicidad y la fantasía se esconde una
astuta ironía que se convierte en una sutil crítica contra la autocracia.
Rimski-Kórsakov, consciente de que indirectamente con sus óperas puede
mostrar una crítica hacia la autocracia zarista, vuelve a adaptar, junto a Belski, un
cuento de Pushkin, El cuento del gallito de oro (1834) que se transforma en El gallo de
oro (1909) una ópera en tres actos. El cuento en verso se basa en una leyenda que un
26
Anécdota que también inspiró la famosa y exitosa película Amadeus (1984) de Milos Forman.
27
RIPELLINO, A. M., op.cit., pág. 63.
28
BRAVO-VILLASANTE, C., op.cit, pág. 152.
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Pushkin niño “oyó de labios de su nodriza” 29 y que él convierte en una dura sátira
hacia los abusos zaristas de Alejandro I y Nicolás I. A pesar de una relativa sencillez,
el cuento nos traslada perfectamente a la atmósfera y a las costumbres de la Rusia del
siglo XVII. La adaptación en libreto es muy libre, tanto Rimski-Kórsakov como Belski
introducen nuevos personajes y varían muchas situaciones de tal modo que la historia
se convierte en una sátira política a la actualidad de un régimen que se tambaleaba
(derrota frente a Japón, motín del Potemkin, fallida revolución de 1905) y así el
personaje del rey Dodón es fácilmente identificable con Nicolás II. La parte musical es
muy original y en momentos sorprendente, una “música fantástica, chillona y hasta
cursi” 30 que además presenta un dominador color oriental y exótico.
2.8. Igor Fiodorovich Stravinsky. Mavra (1922)
“Ese poema de Puchkine me llevaba derecho a Glinka y a Tchaikovsky y
resueltamente me puse del lado de ellos. Así precisé mis gustos y mis preferencias, mi
oposición a la estética contraria y retomé la buena tradición establecida por esos
maestros”31. Stravinsky no oculta sus preferencias y ya inmerso dentro del panorama
musical contemporáneo vuelve la cabeza atrás y se deja arrastrar por la tradición
musical del pasado. Las referencias musicales rusas aparecen en muchas de sus
composiciones y de alguna manera se considera heredero de esa tradición iniciada
por Glinka. Mavra (1922) supondrá un viaje hacia ese pasado. Primero por adaptar libreto de Boris Kochno- el pequeño relato en verso de Pushkin La casita de Kolomna
(1830), una obra divertida, bufa y muy en la línea de la Commedia dell’Arte; y
segundo, por crear una música que combina elementos musicales propios del siglo
XVIII (dúos, recitativos) con elementos populares rusos: “la obra tiende a recrear ‘el
estilo ciudadano’ del tiempo de Glinka y Puchkine, hecho tanto de elementos
populares como de italianismos entonces de moda y de técnicas de escritura
completamente ‘europeas’” 32. La mayoría de las obras de Stravinsky, entre ellas
Mavra, nos presentan a un compositor descontextualizado, perdido dentro del
panorama musical contemporáneo; su producción es en realidad una reelaboración de
materiales musicales anteriores impregnados de leves dosis de contemporaneidad.
“Stravinski pertenece al pasado” 33.
29
PAHLEN, Kurt, Diccionario de la ópera, Emecé, Barcelona, 1985 (1981), pág. 347.
30
JACOBS, Arthur; SADIE, Stanley, El libro de la ópera, Rialp, Madrid, 1984, pág. 412.
31
BOUCOURECHLIEV, André, Igor Stravinsky, Turner, Madrid, 1987, pág. 161.
32
Ibíd., pág. 161.
33
HOFFMANN, Michel, “La escuela rusa”, en VV. AA., La Música, vol. 4, Planeta, Barcelona,
1988, pág. 276.
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3. CODA FINAL: DIMITRI SHOSTAKOVICH. EL CUENTO DEL POPE (1935, SUITE
PARA ORQUESTA)
Shostakovich, siendo todavía estudiante, escribió una ópera titulada Los gitanos que
posiblemente estaba basada en el poema homónimo de Pushkin (1824), sin embargo,
descontento con ella, la destruyó. La ópera parece que ejerció, desde siempre, una
fascinación especial en él. El hecho de que los teatros no parecían mostrar interés en
que compusiese una ópera, le llevó a proponer a un amigo cineasta la realización de
una ópera en dibujos animados a modo de fábula. Shostakovich pensó en adaptar el
cuento en verso El pope y su criado Baldá (1830) de Pushkin. Se trata de un cuento
estructurado en pequeñas escenas basado en un relato tradicional ruso, destacable
por su ritmo, su estilo claro y popular y por su carácter astuto y divertido. Shostakovich
compuso una música de marcado carácter grotesco y festivo, muy en la línea
stravinskiana (Petrushka), pero el proyecto poco a poco se vino abajo y la obra no
llegó a estrenarse nunca como película 34. Sin embargo, arregló la partitura y la
convirtió en una suite para orquesta que se interpretó una sola vez, en 1935.
Posteriormente, algunos fragmentos han podido grabarse en disco 35.
34
Según Krsysztof Meyer (Shostakovich. Su vida, su obra, su época, Alianza Música, Madrid,
1997, pág. 162), los fragmentos de película que se realizaron se quemaron durante la guerra,
excepto unos sesenta metros de película que recogen la escena del mercado.
35
Ibíd., pp. 161-162.
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