Tema 6. Filosofía Pra ctica: los principios de la accio n moral y política

Anuncio
1
Tema 6. Filosofía Practica: los
principios de la accion moral y
política
1. Ética: origen etimológico e histórico
A día de hoy, se entiende por ética el estudio del porqué de los juicios morales;
es decir, en qué nos basamos para afirmar o negar que un hecho cualquiera es
bueno o malo desde un punto de vista moral. La ética, pues, es el campo de la
Filosofía Moral, una parte de la Filosofía que indaga por qué nos hemos guiado
por un tipo de norma o juicio y no más bien por otros. A la facultad que nos
permite elegir entre normas y juicios distintos se la conoce como razón
práctica. Son tres las preguntas esenciales de la ética: ¿qué es lo bueno o
correcto?, ¿cómo es ello posible?, ¿por qué debo decidirme por lo bueno o
correcto? Trataremos de ahondar en ellas a lo largo del curso.
¿Son ética y moral la misma cosa? El término “ética” es todavía para
Aristóteles un adjetivo (éthikós) usado, por ejemplo, al hablar de las virtudes
“éticas”. Lo que hoy llamamos “ética”, en sustantivo, pertenecía en el mismo
autor a los prolegómenos de la Politiká, como parte dedicada al estudio de los
principios de la praxis (práctica). Pero sus discípulos y luego Epicuro hablan ya
de una Ethiká o ciencia de lo que es costumbre (éthos).
Los escritores latinos, con Cicerón, transforman aquel adjetivo en moralis, de la
raíz mos (en plural, mores), que significa asimismo “costumbre”. Con la
filosofía escolástica, que va de los siglos XI d.C. a XIV d.C., la palabra retoma su
sustantividad como Morale o indistintamente como Ethica. En las lenguas
modernas los nombres de Moral y Ética, en su uso filosófico, referirán
generalmente lo que es investigación sobre usos y costumbres. Entonces, ¿es
lo mismo decir hoy “ética” que “moral”? En un sentido popular, sí, pero en un
plano académico no es lo mismo.
a) Moral
La moral se refiere, con cierta vaguedad, al tipo de conducta reglada por
costumbres o por normas internas al sujeto. De manera más descriptiva, pero
igualmente abarcadora, puede decirse que la moral corresponde a aquel
conjunto de actos y actitudes de una persona, o de un grupo de personas, que
éstas juzgan apropiados respecto a seres, humanos o no, con los que
mantienen un vínculo.
Por “apropiados” ha de entenderse aquí “buenos”, “correctos, “justos”,
“lícitos”, “válidos” y otros conceptos similares, según cada situación y cultura.
Según esto, la moralidad comprende básicamente actos y actitudes. Un acto es
2
algo que sucede, pero no como los fenómenos de la naturaleza sino que
necesita de un “hacer”. Es decir, el acto es hecho por un sujeto agente; no
ocurre de forma incausada o fortuita sino que es una acción que revela una
“conducta” determinada: es guiada por un fin o propósito.
Los actos son hechos y son acciones. Pero no todas las acciones son actos.
Éstos son una clase particular de acciones, aquellas en las que se destacan las
siguientes características:
a) El propósito o “intencionalidad”.
b) La expresión y justificación de la acción, que posee más
carácter público e importancia.
c) El carácter de “autor” del sujeto de la acción.
Teniendo en cuenta tales características, podemos decir que un acto es
prácticamente un hecho moral por sí mismo: es la acción que alguien ha
decidido hacer o dejar de hacer, la acción que expresa la determinación de
alguien por hacerla.
La moral engloba también actitudes, no sólo actos. Pero no actitudes como
posturas del cuerpo sino de la voluntad, las cuales ya no son visibles sino que
son conocibles de modo indirecto, a través de signos que hay que interpretar:
a) Las conductas: suelen sugerir el tipo de motivación con que
actuamos, así como nuestra posición respecto a otros o el
talante y el compromiso con que afrontamos la acción.
b) Los gestos: revelan grados de interés o voluntariedad,
cierta disposición de ánimo o el carácter más o menos
decidido de nuestra acción moral. Entre ellos contamos la
mirada, el tono de voz, los ademanes e incluso el rubor.
c) Las declaraciones de palabra: cuando expresamos, por
ejemplo, deseos, juicios de repulsa o adhesiones a formas
de conducta.
Podemos concluir que las actitudes son tendencias de la voluntad que se
manifiestan antes o durante la realización de un acto
b) Ética
La ética es la moral reflexionada en el doble sentido del enunciado: es la
reflexión que se hace la moral misma y la reflexión que se hace sobre la moral.
En el primer caso hablamos de la ética común, en que la ética es hecha
sinónimo de la responsabilidad moral. Así, decimos de alguien que actuó “sin
ética” o que un banco se ha propuesto unos “servicios éticos”. La ética, en este
sentido, es dar cuenta y razón de lo que se hace en el terreno moral, diciendo
por qué hacemos lo que hacemos y asumiendo nuestra responsabilidad sobre
lo hecho. En el segundo caso se trata de la ética filosófica, que se identifica con
la teoría moral y, en el ámbito universitario, con la Filosofía moral.
3
La ética filosófica se subdivide en teórica y práctica. Las partes esenciales de la
primera son: la “ética descriptiva”, que describe y refle xiona sobre la
moralidad y sus rasgos generales; la “ética fundamental”, que trata de los
fundamentos y modos de enfoque teórico de aquélla; la “ética normativa”,
dedicada a estudiar las normas y los principios prácticos de la moralidad; y la
“ética metanormativa”, que analiza el lenguaje, la lógica y otros aspectos
relacionados con estas normas. Se la llama también “metaética” o “ética
analítica”. Por otra parte, la ética filosófica de carácter práctico es la llamada
“ética práctica” o “ética aplicada”, con sus cada vez más diversas y
especializadas ramas resultantes de aplicar la ética teórica a los ámbitos de la
bioesfera (bioética, ecoética, ética de los animales), de la sociosfera (ética del
derecho, ética de las profesiones, etc.) y de la tecnosfera ( ética de la
tecnología, ética de la ciencia, etc.). Sin embargo, éstas no son “éticas
distintas” sino distintas aplicaciones de la misma ética.
Es útil distinguir tres niveles de reflexión: la ética descriptiva, la ética normativa
y una disciplina conocida como "metaética".
a) Ética descriptiva. Por "ética descriptiva" se entiende la investigación
empírica de los sistemas de normas y creencias morales existentes.
Existe de hecho una multiplicidad de sistemas de normas y creencias.
Etnología y antropología cultural se ocupan de estudiar dicha
multiplicidad. Un etnólogo estudia una cultura extraña a la suya y
destaca los datos relevantes para entender la forma última de esa
cultura, entre los que se encuentra el sistema de creencias morales,
junto a otros sistemas de creencias conectados de manera más o
menos estrecha con las creencias morales. Cuando un etnólogo
describe la moral de una etnia determinada, va a abstenerse de juicios
del tipo "esto es una aberración" o "esto está bien”. Este tipo de
análisis empírico es totalmente legítimo, pero no llega a preguntarse
cuál es el fundamento de la validez de las normas morales. Esto ocurre
en el segundo nivel, el de la ética normativa.
b) Ética normativa. En este nivel de reflexión no se investiga qué sistemas
de normas hay, sino que se intenta establecer ciertos sistemas de
normas y principios como válidos. Y además de establecer su validez,
se intenta proveer un fundamento de dicha validez. Por ejemplo, no se
dice simplemente que en la cultura occidental la norma "no matar" se
considera ampliamente válida, sino que se apunta a justificar por qué
es válida. Y, atendiendo a eso, se termina sacando la conclusión de si
se puede o no justificar esa.
c) Metaética. El tercer nivel de reflexión corresponde a la llamada
"metaética”, denominación introducida en el siglo XX por la filosofía
analítica anglosajona. La metaética no se ocupa de fundamentar la
validez de un determinado sistema de creencias sino que se concentra
en el análisis lógico y semántico de los enunciados mediante l os cuales
expresamos evaluaciones, creencias o imperativos morales. Las
4
normas, los mandatos, las creencias y las evaluaciones morales se
expresan en enunciados y esos enunciados tienen una peculiar
estructura lógica y semántica. La metaética consiste en el análisis de
estas estructuras. Por ejemplo, cuando decimos que algo es bueno,
¿qué significa el predicado "bueno"?, ¿es un predicado que indica una
cualidad de las cosas, como "rojo", o tiene otro correlato semántico,
otra estructura? ¿Qué lógica tienen los predicados "es debido" o "está
prohibido"? (llamados "operadores deónticos").
La ética se propone el estudio de un cierto tipo de acción humana normativa, a
la que llamamos acción moral, al objeto de averiguar la validez de sus
preceptos y principios. Aquí “normativa” no debe aceptarse en el sentido de
meramente reglada o reglamentada: de esa clase de acción se ocupan ya, por
ejemplo, las ciencias jurídicas o la psicología social. La acción normativa que
atañe a la filosofía moral es aquella cuyos principios y preceptos 1) constituyen
los únicos móviles de esta acción y 2) son libremente obedecidos por el sujeto
agente. Ésta es la acción normativa que merece en exclusiva el calificativo de
moral.
Según Kohlberg, la capacidad del ser humano para desarrollar dicha acción
normativa evoluciona a lo largo de la vida del individuo en tres etapas:
1. Etapa inicial. Esta etapa da comienzo con el nacimiento del bebé. En
ella, el sujeto no acepta reglas ni normas que vengan impuestas desde
fuera. Sólo sigue sus instintos para intentar satisfacer sus necesidades
primarias: afecto, protección, alimentación. Las personas que están a
su alrededor son consideradas simples medios para conseguir esos
objetivos.
2. Etapa heterónoma. Empieza cuando el sujeto cumple leyes y normas
impuestas por la sociedad o por otros sujetos para evitar un castigo o
para conseguir una recompensa.
3. Etapa autónoma. Esta etapa, que no necesariamente va a alcanzarse,
implica que el sujeto se da normas y leyes a sí mismo, por lo que no
sólo serán las más aptas sino también de obligado cumplimiento, dado
que han sido escogidas libremente.
Descargar