comision teologica internacional

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Jorge Medina E., Pbro.
Profesor de la Facultad de Teología, U. C.
Miembro de la Comisión teológica
internacional
COMISION TEOLOGICA INTERNACIONAL: LA UNIDAD DE LA FE
Y EL PLURALISMO TEOLOGICO (PLENARIA DE 1972)
l.
TEXTO DE LAS "PROPOSICIONES"
aprobadas por la Plenaria los días 10
Y 11 de octubre de 1972. Después de las votaciones sobre cada proposición y sobre los "modos" examinados y aceptados por la subcomisión,
el conjunto del texto fue aprobado
por la unanimidad de los miembros
presentes.
(Las dimensiones del problema)
l.
La unidad y la pluralidad
en la expresión de la fe tienen su fundamento
último en el misterio mismo de Cristo, el cual, aunque es misterio de recapituloción y
reconciliación
universales (d. Ef 2, 11 - 22), excede las posibilidades
de expresión
de cualquier época de la historia y se sustrae par eso a toda sistematización exhaustiva (d. Ef. 3, 8 - la).
2.
La unidad-dualidad
sión histórica fundamental
la unidad-pluralidad
3.
4.
y del Nuevo Testamento, como expre.0
de esta misma fe.
El dinamismo de la fe cristiana y particularmente
implican la obligación
filosofía,
del Antiguo
de la fe cristiana, ofrece su punto concreto de partida
su carácter misionero,
de dar cuenta de ella en el plano racional; la fe no es una
pero imprime una dirección al pensamiento.
La verdad de la fe está ligada a su caminar histórico a partir de Abra-
ham hasta Cristo y desde Cristo hasta la Parusía. Por consiguiente la ortodoxia
es asentimiento a un sistema, sino participación
manera, participación
no
en el caminar de la fe y de esta
en el yo de la Iglesia que subsiste una a través del tiempo
y que es el verdadero sujeto del Credo.
5.
El hecho que la verdad de la fe se vive en un caminar, implica su rela-
ción a la praxis yola
historia de la fe. Estando la fe cristiana fundada en el Verbo
4
JORGE MEDINA
E.
Encarnado, su carácter histórico y práctico se distingue esencialmente de una forma
de historicidad en la cual el hombre sólo sería el creador de su propio sentido.
6.
La Iglesia es el sujeto englobante en el que se da la unidad de las teolo-
gías neotestamentarias, como también la unidad de los dogmas a través de la historia.
La Iglesia se funda sobre la confesión de Jesucristo, muerto y resucitado, que ella
anuncia y celebra en la fuerza del Espíritu.
7.
El criterio que permite distinguir entre el verdadero
y el falso pluralis-
mo, es la fe de la Iglesia, expresada en el conjunto orgánico
normativos: el criterio fundamental
de sus enunciados
es la Escritura en relación con la confesión de
la Iglesia que cree y ora. Entre las fórmulas dogmáticas, tienen prioridad
las de los
antiguos Concilios. Las fórmulas que expresan una reflexión del pensamiento cristiano se subordinan a aquellas que expresan los hechos mismos de la fe.
8.
Aun cuando la situación actual de la Iglesia acrecienta el pluralismo, la
pluralidad
encuentra su límite en el hecho que la fe crea la comunión de los hom-
bres en la verdad hecha accesible por Cristo. Esto hace inadmisible toda concepción
de la fe que la redujera a una cooperación puramente pragmática
en la verdad. Esta verdad no está amarrada
sin comunidad
a una determinda sistematización teo-
lógica, sino que se expresa en los enunciados normativos de la fe.
Ante presentaciones de la doctrina
gravemente ambiguas e incluso incom-
patibles con la fe de la Iglesia, ésta tiene la posibilidad
de discernir el error y el
deber de excluirlo, llegando incluso al rechazo formal de la herejía, como remedio
extremo para salvaguardar
9.
la fe del pueblo de Dios.
A causa del carácter universal y misionero de la fe cristiana, los aconte-
cimientos y las palabras revelados por Dios deben ser cada vez más repensados, reformulados y vueltos a vivir en el seno de cada cultura humana, si se quiere que aporten
una respuesta verdadera a las interrogantes que tienen su raiz en el corazón de todo
ser humano y que inspiren la oración, el culto y la vida cotidiana del Pueblo de Dios.
El Evangelio de Cristo conduce de este modo a cada cultura hacia su plenitud y la
somete al mismo tiempo a una crítica creadora. Las Iglesias locales que, bajo la dirección de sus pastores, se aplican a esta ardua tarea de la encarnación de la fe
cristiana, deben mantener siempre la continuidad
y la comunicación con la Iglesia
universal del pasado y del presente. Gracias a sus esfuerzos dichas Iglesias contribuyen tanto a la profundización de la vida cristiana, como al progreso de la reflexión
teológica de la Iglesia universal, y conducen al género humano en toda su diversidad
hacia la unidad querida por Dios.
(Permanencia de las f6rmulas de la fe)
10.
Las fórmulas dogmáticas deben ser consideradas como respuestas a pro-
blemas precisos y, en esta perspectiva, permanecen siempre verdaderas.
Su interés permanente está en dependencia
de la actualidad
los problemas de que se trata; incluso es preciso no olvidar
duradera
de
que los interrogantes
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TEOlOGICA
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INTERNACIONAL
sucesivos que se plantean
los cristianos sobre el sentido de la Palabra divina con
sus soluciones ya adquiridas, se engendran unos a otros, de manera que las respuestas de hoy presuponen siempre de algún modo las de ayer, aunque no puedan reducirse a ellas.
11.
Las definiciones dogmáticas
usan ordinariamente
el vocabulario
e incluso cuando dichas definiciones emplean términos aparentemente
comprometen a la Iglesia con una filosofía particular,
las realidades subyacentes a la experiencia
común
filos6ficos, no
sino que tienen por objetivo
humana común, que los términos referi-
dos han permitido distinguir.
12.
Estas definiciones no deben ser jamás consideradas aparte de la expre-
si6n particularmente
auténtica de la Palabra divina en las Sagradas Escrituras, ni
separadas del conjunto del anuncio evangélico de cada época. Por lo demás las definiciones proporcionan
más adaptada
a dicho anuncio las normas para una interpretaci6n
de la revelaci6n. Sin embargo,
siempre
la revelaci6n permanece siempre la
misma, no s610 en su sustancia, sino también en sus enunciados fundamentales.
(Pluralidad y unidad en moral)
13.
El pluralismo en materia de moral aparece ante todo en la aplicaci6n
de los principios generales a circunstancias concretas. Y se amplifica
al producirse
contactos entre culturas que se ignoraban o en el curso de mutaciones rápidas en el
seno de la sociedad.
Sin embargo, una unidad básica se manifiesta a través de la común estimación de la dignidad
humana, la que implica imperativos para la conducci6n de la
vida.
La conciencia de todo hombre expresa un cierto número de exigencias fundamentales (d. Rom. 2, 14), que han sido reconocidas en nuestra época en afirmaciones públicas sobre los derechos esenciales del hombre.
14.
La unidad de la moral cristiana se funda sobre principios constantes, con-
tenidos en las Escrituras, iluminados por la Tradici6n y presentados a cada generación por el Magisterio. Recordemos como principales líneas de fuerza: las enseñanzas y los ejemplos del Hijo de Dios que revela el coraz6n de su Padre, la canformaci6n con su muerte y con su resurrecci6n, la vida según el Espíritu en el seno de
su Iglesia, en la fe, la esperanza y la caridad, a fin de renovarnos según la imagen
de Dios.
15.
La necesaria unidad de la fe y de la comuni6n no impiden una diversi-
dad de vocaciones y de preferencias personales en la manera de abordar
el miste·
rio de Cristo y de vivirlo.
La libertad
del cristiano (d. Gol. 5, l.
13), lejos de implicar un pluralismo
sin límites, exige un esfuerzo hacia la verdad objetiva total, no menos que la paciencia con las conciencias débiles (d. Rom. 14; 15; 1 Cor. 8).
El respeto de la autonomía de los valores humanos y de las responsabilidades
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JORGE MEDINA
legítimas en este campo implica la posibilidad
E
de una diversidad de análisis y de
opciones temporales en los cristianos. Esta diversidad puede ~er asumida en una misma obediencia a la fe y en la caridad (d. G. S. 43).
11. BREVE INTRODUCCION
A LAS "PROPOSICIONES"
DE LA COMISION
TEOl'OGICA
La Comisión teológica internacional había escogido como materia de su reunión plenaria anual de 1972 (del 5 al 11 de octubre), el tema: "La unidad de la
fe y el pluralismo teológico".
Con tal obieto se prepararon
diversos estudios. El in-
forme de base fue redactado por el Dr. José Ratzinger, profesor de la Facultad de
Teología de Regensburg (Ratisbona, Alemania Federal). La Comisión resumió sus trabajos en una serie de quince "proposiciones" o "tesis", aprobadas en forma unánime,
después de un minucioso examen de su redacción. Dichas "proposiciones"
necesitan
un comentario que explicite su contenido de acuerdo con las intenciones de la Comisión. Desde un cierto punto de vista el comentario debe tener prioridad
sobre las
"tesis", las que no son sino un resumen muy condensado de aquél. Teniendo en cuenta las pesadas obligaciones académicas de los encargados de darle forma, insertando en él las numerosas observaciones de detalle hechas durante las sesiones por los
miembros de la Comisión, el comentario necesitará aún algunos meses de preparación. Será publicado balo la directa responsabilidad de la ~ubcomisión que estudió
especialmente la materia, y podrán agregársele algunos trabajos que no comprometerán sino la responsabilidad personal de sus autores.
Sin embargo, a la espera de dicha publicación,
sentar las "proposiciones",
ha parecido oportuno pre-
acompañándolas con una breve introducción que aclare
algo su sentido. La introducción que va a continuación no tiene ningún carácter oficial ni oficioso. Su autor, que es miembro de la Comisión y que actuó como moderador de los debates de la Plenaria, quisiera simplemente proporcionar algunas indicaciones conducentes a facilitar
la comprensión del texto de las proposiciones. Pero
sería imposible darse cuenta de todos los alcances del trabajo realizado por la Comisión sin referirse al comentario que se prepara bajo la dirección del Prof. Ratzinger,
relator del tema durante la Plenaria.
1.
Delimitación de la materia y terminología empleada
Es necesario, ante todo, recordar el tema preciso tratado por la Comisión: "La
unidad de la fe y el pluralismo teológico". La Iglesia ha conocido y conoce una gama
bastante amplia de diversidad: en la organización de sus estructuras, en la liturgia,
en la pastoral, etc. Es evidente que todas estas diversidades tienen una cierta relación con lo que se denomina "pluralismo teológico".
Pero la Comisión juzgó que no
COMISION
TEOLOGICA
podía abordar
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INTERNACIONAL
todos esos aspectos y se limitó conscientemente al tema ya indicado,
sin desconocer por ello las dimensiones que se acaban de recordar.
Alguien se preguntará
"pluralismo"
y "pluralidad".
tal vez sobre el por qué del empleo de las palabras
En rigor podría tomárselas como sinónimos o equivalen-
tes, y tal es el caso con mucha frecuencia. Sin embargo hay matices que deben ser
considerados. La palabra
"pluralismo"
lenguas, un aspecto de principio:
la palabra
"pluralidad"
subraya más bien, por lo menos en ciertas
la legitimidad
de las diversidades; mientras que
marca el acento sobre la situación de hecho: la existencia
real de las diversidades. La cuestión de la legitimidad
Otra observación parece importante:
la palabra
abarca ambos sentidos.
"pluralismo"
expresa a ve-
ces, en el lenguaje moderno, la coexistencia en el seno de una sociedad, de posiciones intelectuales a tal punto diferentes que llegan incluso a contradicciones irreductibles que excluyen toda posibilidad de unidad profunda. Es claro que en este sentido
el "pluralismo"
no es admisible en el interior de la fe, ni tampoco para teologías que
pretenden ser homogéneas con la unidad de la fe (d. la proposición N9 8).
Aun una precisión necesaria. Hay que distinguir la unidad de la fe de la posibilidad de diferentes expresiones de la fe. Es necesario distinguir por una parte la
unidad de la fe, y a veces de sus expresiones, y por otra la diversidad de. las teologías. Parece posible, pues, establecer tres planos: unidad de la fe; unidad-pluralidad
de las expresiones de la misma fe; pluralidad
de las teologías. Sin embargo, estos
planos no pueden ser objeto de una separación rigurosa y cuasi-material:
nopl,J&lde
concebirse la fe sin ninguna expresión, y estas expresiones pueden tener una reJación más o menos estrecha con una teología determinada.
Ultima indicación: el problema del pluralismo no se plantea solamente cuando
se consideran épocas sucesivas de la historia, sino también entre tendencias y formas
contemporáneas. Los textos de la Comisión miran ambos aspectos (d. p. ei. las props.
6, 10 Y 12).
Cuanto queda dicho permite colegir suficientemente el alcance ecuménico del
tema.
2.
Las raíces del problema
Se puede buscar los orígenes de esta cuestión en sus fuentes teológicas o en
las socio-culturales. Una separación rígida sería tan artificial
como falsa porque da-
ría la impresión de desconocer los vínculos necesarios entre la creación y la Revelación. A pesar de esto, una distinción es posible y útil. La Comisión escogió como punto
de partida
las fuentes teológicas: el misterio inagotable
menta, desde este punto de vista, la posibilidad
más bien, de la pluralidad.
de Cristo es lo que funda-
y la legitimidad
del pluralismo o,
Ninguna expresión humana podrá jamás agotar lo ina-
gotable, ni expresarlo de manera exhaustiva (d. prop. 1). Esto sugiere el lugar privilegiado
de la contemplación cristiana. Pero la diversidad
de las culturas propor-
ciona también un punto de partida para considerar el pluralismo y aunque esta com-
8
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JORGE MEDINA
._---
probación pueda llamarse "sociológica",
E
es preciso reconocerle un interés teológico.
Esto es tanto mós claro cuanto que la dimensión misionera es esencial a la Iglesia
yola
fe cristiana (d. prop. 9).
No se trata, pues, de excluir una u otra de estas raíces; sin embargo pareció
necesario reconocer a la primera una prioridad
dado que ella proporciona
los cri-
terios definitivos para el discernimiento (d. prop. 7).
3.
Pluralidad e historicidad
La Revelación cristiana no sólo tiene una historia, sino que se ha realizado
históricamente: consta de hechos y palabras que mutuamente se iluminan. Sería demasiado simple poner en relación hechos y palabras contemporáneos: los acontecimientos de una época determinada se esclarecen por medio de palabras bien posteriores, y viceversa. De aquí el gran problema de la relación entre los dos Testamentos
(d. prop. 2). Quien conozca la carta de Clemente de Roma a los corintios, no puede negarse a ver hasta qué punto esta cuestión estuvo presente a la conciencia cristiana ya desde las primeras generaciones. Ahora bien, Cristo es el punto de referencia de toda esta historia (d. prop. 4). En El se resume la discontinuidad-continuidad
de las dos Alianzas: El es al mismo tiempo cumplimiento, proyección y ruptura.
Todo esto explica por qué la fe cristiana no es simplemente un conjunto de
enseñanzas o de formulaciones, sino adhesión a una Persona, la del Verbo Encarnado, muerto y resucitado. Se puede hablar de la fe cristiana como de una "síntesis",
es decir, como de una totalidad,
pero no como de un "sistema", lo que equivaldría
mós o menos a reducir la Revelación a una construcción intelectual con pretensiones
de perfección o poco menos y que, por eso mismo, sería cerrada sobre sí misma e
impersonal (d. prop. 4). Dicho esto, es claro que los enunciados conceptuales conservan su lugar indispensable, como se dirá más adelante (d. propos. 7, 10, 11 Y 12).
El elemento histórico aporta aún otro dato importante: la relación de la praxis
con la fe (d. prop. 5). Es innegable que la fe regula la praxis, pero es preciso tener
también en cuenta la relación inversa: la praxis constituye por su parte una cierta
explicitación de la fe. Esto debe precisarse. Si se comprendiera esta afirmación como
si el criterio definitivo pudiera sacarse de los datos estadísticos, se habría establecido un falso principio, capaz de trastornar
las consecuencias morales de la fe. Por
otra parte hay que reconocer que el Espíritu Santo, que conduce al conjunto de la
Iglesia, le enseña, sobre todo a través de los hombres espirituales y de los carismas
proféticos (d. prop. 15), comportamientos nuevos aue son, en alguna forma, explicitaciones de la fe.
4.
La Iglesia, sujeto de la unidad
Frente a las diferentes fuentes de diversidad
o de pluralidad,
es inevitable
plantearse la pregunta: ¿Dónde y cómo se da la unidad? ¿Es cierto que la plurali-
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TEOLOGICA
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dad existe o ha existido antes que toda unidad? Si se responde afirmativamente a
esta segunda pregunta, en tal caso la unidad no sería sino un resultado más o menos pragmático. Las proposiciones de la Comisión teológica no se prestan de ninguna
manera a semejante interpretación. Ya la primera proposición señala a Cristo como
misterio de unidad. Y la Iglesia es también misterio o sacramento de unidad, como
lo ha recordado el Concilio Vaticano 1I (d. p. ej. L. G. 1). En los textos de la Comisión la Iglesia es presentada como suleto de la unidad en la fe. Es la Iglesia quien
es el sujeto que pronuncia el Credo. Se debe considerarla como una cuasi-persona
que subsiste a través del tiempo y en la que participan, por la fe, los fieles de todas
las épocas y de todos los lugares (eL prop. 4).
Esto es verdad en primer lugar con respecto a las teologías del Nuevo Testamento. Se puede hablar de una teología lucana, como puede reconocerse también
una teología particular
en la carta a los Hebreos. Le¡os de oponerlas y de querer
discernir un "canon dentro del canon" de las Ss. Escrituras, es en el sujeto-Iglesia
donde se da su unidad (d. prop. 6). Se dice "donde se da", porque no se trata en
m'Jdo alguno de un resultado artificioso, sino del sujeto englobante y ya existente,
al cual han sido dadas las Escrituras. Esto vale, con mayor razón, de la unidad de
los dogmas a través de la historia (d. prop. 6), como se ve en el ejemplo típico de
IC3
Concilios de Efeso y Calcedonia con respecto a las definiciones que se refieren
al misterio de la Encarnación.
La confesión de fe de la Iglesia tiene dos manifestaciones esenciales: el anuncio misionero, en el sentido más amplio de la palabra, y la celebración de la liturgia,
ambos hechos posibles por el Espíritu Santo (eL prop. 6).
5.
Discernimiento y límites del pluralismo
La misma existencia de las fuentes señaladas como raíces de la pluralidad en
el seno de la Iglesia una (d. propos. 1 y 9), no permite considerar dicha pluralidad
como algo negativo, como una especie de mal menor. Por otra parte es posible que
la pluralidad sobrepase los límites y que afecte a la unidad de la fe. Se hace entonces inevitable la cuestión del discernimiento y, como consecuencia, la de los criterios.
Se afirma un primer límite, negativo: no puede aceptarse una pluralidad cuya
justificación quisiera encontrarse en el hecho de una incomunicabilidad
radical de la
verdad. Esto equivaldría prácticamente a negar la comunión en la fe. La revelación
nos ha sido dada precisamente con el fin de crear esta comunión. De aquí el rechazo
de una concepción del cristianismo que no sería más que pura cooperación pragmática (d. prop. 8).
El criterio positivo básico es la fe de la Iglesia expresada en el conjunto orgánico de sus enunciados normativos. Si se habla de "conjunto" es porque se quiere llamar la atención sobre los peligros de unilateralismo. La palabra "orgánico"
recuerda
la unidad de los datos de la Revelación y su cohesión interna. En forma aún más
concreta se subraya el carácter fundamental de la Escritura en relaci6n con la con-
JORGE MEDINA
10
Eo
fesión de la Iglesia creyente y orante, expresiones que incluyen la Tradición y el
Magisterio con connotaciones tomadas de la vida misma de la Iglesia (do prop. 7).
Hay que recordar
a este respecto las enseñanzas de la Constitución 'Dei Verbum'
sobre la importancia y mutuas relaciones entre la Sagrada Escritura, la Tradición y el
Magisterio
(d. Dei Verbum, nn. 7 - la).
Así se llega a una afirmación que se refiere a los conflictos extremos: la Iglesia tiene la posibilidad
real de iuzgar las ambigüedades
de las presentaciones de la
fe y de discernir el error, y tiene el deber de rechazarlo. Su competencia llega incluso a declarar la herejía, es decir hasta reconocer que se ha producido un quiebre en
la comunión de la fe (d. prop. 8). Pero aún sin llegar al empleo de este recurso extremo, existe la posibilidad
de usar otras medidas que pueden ser a veces suficien-
tes y eficaces. En todo este asunto no se trata de intenciones personales, sino del contenido objetivo de las formulaciones, y no sólo bajo el aspecto de negaciones abiertas, sino también en el de los silencios sistemáticos.
6.
Las fórmulas
dogmáticas
Si se afirma la prioridad de las fórmulas dogmáticas que provienen de los Concilios de la antigüedad
(d. prop. 7), eso se hace porque se ve en ellos enunciados
fundamentales sobre la cristología y la Trinidad. Y también porque dichos Concilios
corresponden a una época anterior a los grandes desgarramientos
de la cristiandad
y continúan siendo reconocidos, aunque de manera diversa, por la gran mayoría de
las Iglesias. No se trata, pues, de minimizar la autoridad
de los otros Concilios ni de
desconocer el valor normativo de sus enseñanzas.
La cuestión referente a la permanencia o al valor permanente de las fórmulas de la fe no podía ser eludida,
pues era preciso responder a la tendencia que
aparece en diversos lugares de considerarlas como superadas y sin importancia
para
la Iglesia de hoy, o de mañana. Se dice que dichas fórmulas son en primer lugar
respuestas a interrogantes
precisos, planteados
un sentido también determinado
correcta interpretación.
en un momento determinado
y en
(d. prop. 10). Es éste un prinCipio básico para su
Pero los antiguos interrogantes
no pueden ser relegados al
olvido, porque muchos problemas nuevos presuponen las respuestas de otrora, si es
que se quiere llegar a darles respuestas valederas y orgánicas (d. prop. la).
A propósito de dichas fórmulas se plantean a veces las dificultades
bulario,
de voca-
debido al hecho que en ellas se hace uso de algunos términos filosóficos.
El empleo de estos términos no significa por parte de la Iglesia la adopción de un
determinado
sistema filosófico. Pero tampoco se puede llegar a decir que cualquier
sistema filosófico sea igualmente apropiado
para justificar
la fe en el plano racio-
nal (d. prop. 3). Aún más, es preciso conservar cuidadosamente
dichas formulaciones dogmáticas con la Sagrada
entre
Escritura y el anuncio evangélico
de cada época, anuncio que para ser verdaderamente
estar en continuidad
la relación
evangélico
y eclesial, debe
con la Tradición (do prop. 12 y también la prop. 9).
COMISION
TEOLOGICA
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Es importante advertir que la permanencia de la Revelación no se refiere sólo
a su sustancia, sino también a sus enunciados fundamentales, ya que no se ve cómo
podría conservarse una sustancia desprovista de todo enunciado. No se pueden cuestionar todas las formulaciones de la fe (cf. prop. 12 y también la prop. 7).
7.
Pluralidad y unidad en moral
El problema
no es nuevo. Incluso en épocas en que una unidad de tipo uni-
forme parecía en tranquila
dogmática,
la pluralidad
posesión en el seno de la Iglesia occidental en materia
moral, o, si se prefiere, la pluralidad
de soluciones morales,
era por demás evidente. Los textos de la Comisión comprueban el hecho. descubren
algunas de sus raíces y muestran cómo existe, a pesar de todo, en este campo una
unidad profunda
basada en la dignidad
humana y en la conciencia (d. prop. 13).
Eso no significa que esta unidad no tenga su origen en Dios: recordemos aquí lo que
se di!o al principio
de esta Introducción sobre las relaciones entre lo que el hombre
descubre en sí mismo y lo que le es dado por la Revelación.
Una proposición
especial trata
de las principales
líneas de fuerza que per-
miten asegurar el discernimiento de la unidad de la moral cristiana (d. prop. 14).
Se encuentra allí, una vez más, la tríada
E3critura-Tradición-Magisterio,
en la pers-
pectiva de nuestra renovación según la imagen de Dios. Es evidente que los calificativos aplicados a los tres miembros de la tríada no pretenden resolver el problema de las mutuas relaciones: su finalidad
no es otra que la de hacer ver algunos
aspectos de dichas relaciones, útiles para ia finalidad
Sería una gran lástima, sin embargo,
de la proposición.
comprender
lo anterior
de modo que
ya no se diera lugar a la vocación personal de cada uno, como si esta vocación no
tuviera su fuente en los dones de Dios (d. prop. 15).
Por otra
parte,
al reconocer la libertad
del cristiano,
hacia una concepción de la libertad que equivaldría
a afirmar
no hay que derivar
el valor puramente
subjetivo del juicio moral, o sea una especie de agnosticismo intelectual.
Esta ne-
cesaria firmeza nada tiene que ver con po~iciones de dureza frente a las personas,
originadas en no considerar la maduración de cada cual ni su descubrimiento y maduración progresivos, y a veces regresivos, de las exigencias del Reino (d. prop. 15).
Un campo característico
de la pluralidad
des temporales. Aquí se afirma la posibilidad
moral se verifica
y la leg:timidad
en las activida-
de análisis diferentes
y el respeto debido a las diferentes opciones, con tal que sean asumidas en la obediencia a la fe yola
caridad (d. prop. 15). El Evangelio no tiene traducción temporal
exhaustiva ni exclusiva.
Conclusión
Estas breves y rápidas observaciones, que pretenden ser fieles a las intenciones de la Comisión teológica
internacional,
no pueden aspirar a decirlo todo y a no
JORGE MEDINA
12
olvidar
E.
nada. Quisieran mostrar el sentido general del texto de las propOSICiones.
Por lo demás, no son sino una introducción a una primera lectura y no pueden proporcionar
todos los elementos de juicio que aportará
el comentario de la subco-
misión. La lectura de las proposiciones de la Comisión debe hacerse considerándolas
como un conjunto, evitando
unas de otras.
aislar
ideas o expresiones que son complementarias
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