“LA CRISIS, UNA OPORTUNIDAD” Muy queridos hermanos: Tras

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“LA CRISIS, UNA OPORTUNIDAD”
Muy queridos hermanos:
Tras escuchar este Evangelio (Mt 6, 24-34), quiero pedir a Santa María de
Aránzazu que nos enseñe a acogerlo en nuestro corazón con su misma fe, y a traducirlo
en un verdadero compromiso de vida con su misma generosidad.
Tal vez a alguno le habrá podido llamar la atención, el hecho de que en el
contexto de la reflexión sobre la “crisis económica”, hayamos proclamado este texto de
San Mateo, que nos invita al abandono en las manos de la Providencia. ¡En él se nos
dice, ni más ni menos, que no debemos preocuparnos por el mañana! Pero ciertamente,
no se trata de una invitación a la dejación de nuestras responsabilidades, o al desinterés
por lo que pueda ocurrir a nuestro alrededor. Las palabras evangélicas han sido
inequívocas, cuando concluyen diciendo: “Buscad primero el Reino de Dios y su
justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura”.
El momento presente es incierto y problemático para muchos; y sin embargo, en
esta subida a Aránzazu, hemos renovado nuestra esperanza en que estamos viviendo un
tiempo de gracia. De una u otra forma, hemos reflexionado sobre el hecho de que la
crisis es una oportunidad para la conversión personal y para la conversión social. En
terminología médica, se entiende la “crisis” como el momento crucial en el que una
enfermedad puede empezar a empeorar o a mejorar. La esperanza cristiana nos lleva a
descubrir “oportunidades”, allí donde las lecturas sociológicas no ven más que
“dificultades”. ¡Ahora es tiempo de gracia, ahora es tiempo de salvación!
No podemos cruzarnos de brazos, esperando que pase la “mala racha”. Abramos
los ojos, los oídos, la mente y el corazón, para aprender la gran lección que nos da la
vida. La vida es una gran maestra para quien esté dispuesto a aprender de ella: Estamos
donde estamos, porque nos habíamos dedicado a comprar y a acumular lo que no
necesitábamos, gastando el dinero que no teníamos, para llenar nuestro vacío e
impresionar a nuestros vecinos… Y todo era una gran mentira. Da la impresión de que
hayamos necesitado barruntar la quiebra, para preguntarnos por la verdad y la bondad
de nuestro bienestar…
Afortunadamente, cada vez son más quienes se percatan de que el planteamiento
materialista de la existencia, resulta ya insostenible a corto plazo. ¡El progreso sin
conciencia ha resultado ser la ruina de la humanidad! Pero, desgraciadamente, todavía
queda mucho para llegar a hacer un análisis más profundo del problema: ¡La única
manera de superar la concepción materialista de la existencia, es venciendo el
relativismo que nos envuelve! En efecto, cuando nos negamos a reconocer una Verdad
con mayúscula, definitiva y vinculante para nuestra conciencia, entonces el
materialismo se convierte en una inevitable escapatoria y esclavitud. Dicho con otras
palabras: el materialismo y el relativismo son las dos caras de la misma moneda. Si
queremos vencer el materialismo, tenemos que superar el relativismo. E igualmente, si
queremos vencer el relativismo, no hay otro camino que el de educar en la austeridad.
La crisis es también una ocasión para crecer en caridad. Paradójicamente, para
poder acordarnos de los necesitados, suele ser necesario que nosotros mismos
experimentemos la penuria y la inseguridad, aunque sólo sea en una pequeña medida.
Decía San Vicente de Paúl que, sólo los pobres están en la disposición de ayudar a los
pobres. Y por ello, acaso tengamos que concluir, que Dios ha permitido los aprietos del
momento presente, para que seamos más sensibles y más generosos con quien sufre el
azote de la pobreza.
El verdadero progreso -“Una economía al servicio de las personas”- requiere
trabajar por la justicia. A su vez, la justicia requiere amar y respetar el don de la vida y
de la familia. Y, por último, amar en plenitud la vida y la familia, requiere abrazar la
verdad, la Verdad revelada por Dios.
Pero no olvidemos que hoy hemos proclamado el Evangelio de la Providencia de
Dios, en el que se nos invita a admirar la belleza y la bondad de la Creación, y a confiar
plenamente en el Dios que nos ama infinitamente. Así lo decía San Maximiliano Kolbe:
"Entrégate plenamente a la Providencia misericordiosa, es decir, a la Inmaculada, y
queda en paz. Vive siempre como si este fuera el último día de tu vida, porque el
mañana es inseguro, el ayer no te pertenece, y solamente el hoy es tuyo"
¡Acudamos a Nuestra Señora de Aránzazu, a la Reina de la Paz, para que nos
enseñe a poner en Dios toda nuestra confianza, y a vivir nuestro “presente” de cara a la
eternidad!
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