Dossier Amin Maalouf - Bibliotecas Públicas

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Amin Maalouf
León el Africano
"Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía"
León el Africano fue el nombre cristiano de Hasan bin Muhammed
al-Wazzan al-Fasi(Hasan, hijo de Mohamed el alamín de Fez). Se
calcula que Hasan nació en Granadaalrededor de 1488 y murió cerca
de 1554. Hasan bin Muhammed perteneció a una familia ilustrada que
residió en Granada hasta que los Reyes Católicos la reconquistaron
en 1492. Cuando la familia de Hasan bin Muhammed salió de
la Península Ibérica, se estableció en la ciudad marroquí de Fez,
donde Hasan bin Muhammed vivió su juventud. Hasan recibió una
educación privilegiada, como miembro de una familia culta, y
estudió en la Universidad de Al Karaouine de Fez, obteniendo el
título defaqih. Durante una corta temporada Hasan bin Muhammed
trabajó en un maristan (hospital y asilo), pero pronto dejó Fez para
acompañar a su tío en un viaje diplomático hacia
el Magreb,Kano y Tombuctú (en
ese
entonces
perteneciente
al Imperio Songhay, y que constituía uno de los centros culturales y
comerciales más impotantes de África) y otras ciudades del oeste
africano. Pocos años más tarde, Hasan había ya cruzado varias veces elMediterráneo, y
visitado Constantinopla, Egipto, y probablemente también Arabia. A los veinticinco años,
mientras atravesaba el Mediterráneo, un grupo de piratas cristianos lo capturó cerca de Creta o
la isla de Djerba, y reconociendo su inteligencia y sabiduría, en vez de venderlo como esclavo, lo
llevaron frente al Papa León X, quien en 1520, en una demostración de respeto, lo liberó y lo
bautizó con su propio nombre: Giovanni Leone di Medici, pero pronto se le conoció como Leone,
il africano, es decir, León el Africano.
El Papa pidió a León el Africano que hiciera un compendio donde expusiera todo lo que conocía
de África. Así, León el Africano hizo en lengua italiana, su obra más importante: Della
descrittione dell'Africa et delle cose notabli che ivi sono (Descripción de África y de las cosas
notables que ahí hay). Tan importante fue esta obra de Hasan bin Muhammed, que durante
mucho tiempo no existió otro texto en Occidente en donde se hablara de Sudán.
En 1521 el Papa León X, mentor de León el Africano, murió, y Hasan se mudó a Bolonia. Más
tarde visitó Florencia y Nápoles. León el Africano no sólo publicó sus viajes en la Descripción de
África; hizo también una traducción al árabe de las Cartas de San Pablo, las biografías de treinta
árabes ilustres (de los cuales veinticinco son musulmanes y cinco judíos), un diccionario entre
el árabe, el latín, y elhebreo, entre otras.
Pocas referencias existen sobre León el Africano. Casi por sí solas las notas autobiográficas de
la Descripción de África constituyen la única referencia de su vida. La versión más aceptada
sobre los últimos años de la vida de Hasan es que viajó a Túnez, donde se convirtió de nuevo
al islam, y más tarde murió.
En 1986, el escritor de origen libanés Amin Maalouf publicó una novela sobre la vida de Hasan
bin Muhammed titulada León el Africano, y que ha sido traducida a varios idiomas.
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Biografía
Amin Maalouf nació en Beirut, en 1949, en el seno de
una familia de origen cristiano. Estudió Economía Política
y Sociología en la Universidad Francesa de Beirut y
ejerció el periodismo en el diario An-Nahar. En 1976 se
exilió en Francia a raíz de la guerra civil libanesa. Allí
continuó su carrera periodística como redactor jefe
de Jeune Afrique, cubriendo numerosos acontecimientos
como la guerra de Vietnam o la revolución iraní. Desde
1985, Maalouf se dedica plenamente a la literatura, en la
que ha cultivado la realidad histórica y la ficción, el
ensayo y la novela.
En 1983 publicó su primer trabajo, Las cruzadas vistas por los árabes, un libro sobre este
período histórico planteado desde la perspectiva musulmana. Con su primera novela, León
el africano (1986), trazó a modo de diario una panorámica del mundo mediterráneo de
comienzos del siglo XVI a través de la vida de un viajero. Entre sus libros de ficción
figuranSamarcanda (Premio Maison de la Presse, 1988) y Los jardines de la luz (1990).
Posteriormente publicó El primer siglo después de Beatriz (1992), una alegoría acerca de
la división norte-sur, al tiempo que un alegato a favor de la mujer. En 1996, presentó en
España Las escalas de Levante, una metáfora de la crisis de Oriente Medio, pero también
del desgarro personal de su autor. En su segundo ensayo, Identidades asesinas (1999),
Maalouf analiza la noción de identidad y las violentas pasiones que provoca. El escritor se
interroga acerca de la dificultad de asumir las diversas formas de libertad y por qué la
afirmación de uno mismo ha de conllevar la negación del otro. Por este trabajo obtuvo el
premio europeo de ensayo otorgado por la Fundación Charles Veillon. El viaje de
Baldassare (2000) es, en cambio, un canto a la tolerancia y al encuentro entre las
diferentes culturas. En 2004 publicó Orígenes y, en su último ensayo, El desajuste del
mundo (2009), Maalouf se cuestiona si el convulso período actual podría llevar a elaborar
finalmente una visión adulta de las creencias y de las diferencias de cada uno, así como
del destino del planeta compartido por todos. Además, ha escrito el libreto de la
ópera L’amour de loin, de la compositora finlandesa Kaija Saariaho, estrenada en el
Festival de Salzburgo del año 2000. Ha recibido, entre otros galardones, el Premio
Goncourt por La roca de Tanios (1993), el Prix Mediterranée y la Medalla de Oro de
Andalucía. Es doctor honoris causa por la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona.
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Obra
Novela
1986 - León el Africano
1988 - Samarcanda
1991 - Los jardines de luz
1992 - El primer siglo después de Béatrice
1993 - La roca de Tanios (Premio Goncourt)
1996 - Las escalas de Levante
2000 - El viaje de Baldassare
2004 - Orígenes
Ensayo
1983 - Las cruzadas vistas por los árabes
1998 - Identidades asesinas
2009 - El desajuste del mundo
Libreto
2000 - El amor de lejos, ópera de Kaija Saariaho
2004 - Adriana Mater ópera de Kaija Saariaho
2006 - La Passion de Simone, oratorio de Kaija Saariaho
2010 - Émilie, ópera de Kaija Saariaho
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Reconocimientos
El acta del Jurado del premio de las Letras no deja lugar a dudas. A Amin Maalouf (Beirut, 1949) se
le galardona por construir en sus novelas y ensayos sobre el Mediterráneo “un espacio simbólico
de encuentro y entendimiento. Frente a la desesperanza, la resignación o el victimismo, su obra
traza una línea propia hacia la tolerancia y la reconciliación”. Aún dolorido por una recentísima
operación quirúrgica, este libanés afincado en Francia desde 1976 confiesa sentirse
“inmensamente honrado y feliz” por el galardón, que reconoce su verdadera patria, “la literatura”. A
fin de cuentas, insiste, “aunque me identifico con Líbano y con Francia, con el mundo árabe y
Europa Occidental, mi única lealtad es con las letras y con los valores éticos en los que creo”.
A caballo entre dos mundos cada día más recelosos y enfrentados, Maalouf desconfía de Oriente y
Occidente: Si le resulta “insufrible” la actitud de la mayoría de los países árabes “hacia los
derechos humanos, hacia las mujeres o las minorías oprimidas”, a Occidente le reprocha que
jamás haya aplicado sus “más nobles principios a sus relaciones con el resto del mundo. Sólo hay
que recordar la administración británica en India, la de Francia en Argelia o la belga en el Congo.
Occidente no es inocente, pues también ha alentado regímenes y movimientos retrógrados porque
los consideraba una muralla contra el comunismo. Ambos mundos tienen de qué avergonzarse,
pero nada justifica la escalada de violencia radical”.
-¿Sigue siendo el radicalismo islámico una amenaza?
-Sí, pero no en el mismo sentido en que el totalitarismo de Hitler o Stalin lo fueron en el siglo XX. El
fanatismo religioso no puede apoderarse del mundo entero, pero sus actos violentos y las
reacciones que provocan han creado una atmósfera insana en todo el planeta. Nuestros valores
democráticos están amenazados”.
Tras unos breves momentos de tensión, la conversación se sumerge en la nostalgia, al recordar su
primera visita a España. Fue en la primavera de 1978, “cerca de Pascua”. Vino en coche desde
París, con su mujer y sus tres hijos, que entonces tenían uno, dos y cinco años, “y también con mi
suegra”. Visitaron durante tres semanas todo el país, de Barcelona y Tarragona a Madrid y Toledo,
pasando por Córdoba, Sevilla, Granada y regresando por el norte, hasta San Sebastián. Solía
explicar “algunas cosas a mis hijos, sobre todo al mayor. Un día, mientras estábamos en
Tarragona, visitamos una iglesia antigua y le dije a mi hijo que había sido construida hacía mucho,
mucho tiempo. El me preguntó: '¿quieres decir antes incluso de que mami naciera?'
Pero su relación con España no acaba aquí. Está Granada, “un mito en el mundo árabe y en mi
propia familia”. De hecho, cuando fue a La Habana hace nueve años, mientras estaba
escribiendo Orígenes, Maalouf visitó la casa que construyó allí un tío-abuelo suyo a comienzos del
siglo pasado. Y descubrió, emocionado, que el techo del comedor, decorado en estuco, imitaba los
techos de la Alhambra, mientras que los azulejos de las paredes reproducían escenas de El
Quijote, “lo que me hizo sonreír, porque sentí que mis antepasados y yo compartíamos el mismo
sueño de reconciliación entre Oriente y Occidente”. Incluso hubo también en su familia “un gran
poeta que murió muy joven. Se llamaba Fawzi Maalouf (1899-1930), era una primo lejano y es muy
famoso en todo el mundo árabe, donde a menudo le comparan con Rimbaud. Dos de sus libros se
titulan La caída de Granada y Las canciones de Andalus”.
-Hablando de personajes legendarios, ¿por qué le interesa tanto el poeta Omar Khayyam,
protagonista de su novela Samarcanda?
-Khayyam fue un hombre luminoso en una edad de oscuridad. Amaba el conocimiento, la ciencia,
la filosofía, y también la poesía, el amor, la belleza y el vino. Tenía valor moral, sin ser un loco o un
suicida, y representa alguno de los más hermosos rasgos de la cultura musulmana.
-¿Y qué piensa sobre Adonis y Pamuk? ¿Tiene mucho que ver con ellos?
-Adonis es un buen amigo. Su trabajo representa una nueva tendencia de modernidad en la poesía
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árabe. Como sabe, ha sido con frecuencia candidato al Nobel de Literatura y todos sus amigos y
lectores esperamos que pueda conquistarlo algún día. Sin embargo, le confieso que este año el
Nobel a Vargas Llosa me ha hecho extremadamente feliz. Era la mejor elección posible. En cuanto
a Pamuk, leo sus novelas con gran placer. Conducen al lector al pasado y al presente de Turquía y
creo que fue una decisión acertada honrar la literatura turca a través de él. Nos hemos visto una
vez, en Estambul, hace unos años, y fue un encuentro muy interesante y amistoso.
De nuevo el tiempo, el pasado, tan importante para Maalouf “por dos razones, una intelectual y otra
emocional. La primera es que la realidad actual no puede comprenderse a menos que sepamos
cómo hemos llegado aquí. El presente es sólo la parte más visible y más superficial de la realidad.
¿Qué sería de la mente humana sin memoria? Sólo vacío. Existimos como individuos, como
grupos, y como naciones por nuestra memoria. La segunda razón es que yo he nacido en una era
en la que la cultura de mis antepasados se encuentra bajo mínimos. El Líbano de mi padre fue
mucho mejor que el mío. El mundo árabe de los tiempos de Averrores y Avicena y Khayyam fue
muchísimo mejor que el actual. Incluso el gran momento de la influencia cultural de mi país de
adopción, Francia, del prestigio de su idioma, es cosa del pasado. Por eso busco consuelo en el
pasado. Y por eso envidio el milagro español, que ha trasformado su país en apenas treinta años,
la modernización de su vida política y social, la mejora de las condiciones de vida, su lugar en el
mundo o su imagen entre las naciones”.
-Otra constante en sus libros es la certeza de que el mundo árabe tiene mucho que enseñarle a
Occidente.
-En el pasado, sí, los árabes enseñaron a Occidente muchas cosas, sobre todo a través de sus
relaciones con España y Sicilia. No podría decir lo mismo de nuestros días. Pero también critico la
actitud de muchos occidentales, que creen que el resto del mundo tiene que aprender de ellos. La
arrogancia es siempre un error.
-¿Qué diría a quienes consideran que su mejor libro sigue siendo León el Africano?
-Que es legítimo que cada lector tenga sus propias preferencias. Sé que en España, por ejemplo,
León ocupa un lugar especial para muchos lectores, pero en Líbano prefieren La Roca de Tanios;
en Italia, Las Escalas de Levante; en Turquía e Irán, Samarkanda, y en Bélgica, Identidades
asesinas. Aunque si me pide mi opinión, mis libros son como mis hijos, no tengo favoritos.
¿Qué es para usted el Islam?
- No es fácil dar una respuesta. Yo me preocupo poco del contenido teológico de las religiones. Mi
interés se centra mucho más en la civilización musulmana que en la religión. Durante los primeros
27 años de mi vida viví en un ambiente árabe y musulmán, dentro de poco hará 19 que vine a vivir
a Francia y siempre me ha extrañado el desconocimiento mutuo entre unos y otros, cristianos y
musulmanes. Siempre tengo la impresión de que tanto unos como otros nos basamos
excesivamente en los prejuicios. Desde que vivo en Occidente he defendido que el deber de
quienes estamos a caballo entre dos civilizaciones es tratar de disipar algunos de estos
malentendidos.
P.- Samuel Huntington, de la Universidad de Harvard, afirma que el origen de los próximos
conflictos internacionales no radicará en causas económicas o ideológicas sino en causas
culturales... Vaticina un choque entre civilizaciones.
R.- No creo en la fatalidad. Es posible que los grandes conflictos sean entre civilizaciones pero no
admito que esto sea inevitable. Creo que la humanidad debe tender hacia el encuentro y la unidad.
La aparente unidad del mundo se ha hecho demasiado deprisa. Pero en 100 ó 150 años
tendremos un país, un pueblo, con las diferencias culturales que se quieran... Ese es nuestro
destino.
P.- ¿Es Al-Andalus un símbolo de encuentro de culturas y de tolerancia?
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R.- Efectivamente, es un espacio simbólico. Creo que fue un momento privilegiado de la Historia.
Siempre que una serie de civilizaciones conviven surgen tensiones, es inevitable. Pero cuando,
con perspectiva histórica, se ve que fueron capaces de convivir se sabe que algo importante
ocurrió. Al-Andalus ha sido uno de los grandes momentos de la civilización. Hubo allí grandes
personalidades, como Averroes o Maimónides, que supieron dar un impulso al pensamiento, a
todas las manifestaciones culturales. Tenemos verdadera necesidad de construir algo en torno a
este mito, un mito positivo. Hay tantos mitos negativos a lo largo y ancho del Mediterráneo que
tenemos necesidad de mitos positivos. Por esta razón estoy decidido a apoyar el proyecto El
Legado andalusí. La idea de la unidad de las culturas es la idea principal cuando se ve lo que
ocurre en el mundo. Constituye el verdadero antídoto del que tenemos necesidad. Se trata de
buscar un sueño aglutinante para tender puentes. Hay que mostrar la importancia de esos
momentos de encuentro que se dan ocasionalmente en la Historia, como Al-Andalus, y no sólo
señalar los momentos de ruptura. P.- Usted ha conseguido evocar en su novela aquella Granada
andalusí de modo tan creíble, con tanta fuerza, tan palpable... ¿Cuándo estuvo en Granada? R.Fui allí para impregnarme de la atmósfera que quería dar a mi novela hace 15 años. Después he
vuelto una segunda vez. Cuando se escribe sobre un lugar se siente necesidad de callejear, por
ejemplo por el Albaicín, de visitar lugares como la Alhambra, de ver el color de la tierra, conocer
por dónde discurre el río...
P.- ¿Qué significado tiene Granada para usted? R.- Granada es para mí también un símbolo de
hechos históricos que en un momento determinado terminaron. Hubo un corte desastroso.
Naturalmente, aquello no empezó en 1492, pero 1492 fue definitivo. Antes ya habían cambiado
algunas cosas, pero esa ruptura entre dos mundos fue determinante. P.- ¿Sueña con cambiar la
Historia? R.- Tal vez, porque la Historia no hace más que cambiar y lo importante es determinar la
dirección del cambio. Sueño con mostrar los lugares donde han existido encuentros entre culturas.
Mire, no es una casualidad que los lugares que han sido encuentros entre culturas se vean hoy en
día amenazados. Hay más cultura amenazada que en el pasado. Somos bárbaros a pesar de
nuestros aviones y nuestras televisiones. No es casualidad que Sarajevo esté amenazada. No es
casualidad que se ponga dinamita allí donde la convivencia se ha demostrado posible y que
Sarajevo se encuentre en guerra. A mí me gustaría ayudar a cambiar todo esto. Esta es la
metáfora de La Roca de Tanios. Tanios es un bastardo, como lo son todas las sociedades en las
que las culturas se mezclan. Tanios sufre, como esas sociedades, el castigo por su mezcla. Desde
hace unos veinte años hay sociedades que sufren un castigo por haber hecho posible la
coexistencia. Como si existiera una forma de presión o de ideología dominante que les dijera: «No,
os equivocáis, lo que hacéis no es posible, es un problema que conviváis, es mejor que cada uno
viva por su lado». Se piensa que si cada uno va por su lado, si cada uno se instala en su pequeño
territorio, las cosas irán mejor: será la paz. Eso no es cierto: el Líbano lo ha demostrado. Cada vez
que una civilización ha ido por su lado a continuación ha hecho la guerra con sus vecinos para
delimitar el territorio y, además, ha habido una guerra civil dentro del propio territorio... En
Yugoslavia tenemos lo mismo.
P.- ¿En qué medida un proyecto cultural, como El Legado andalusí, puede hacer algo que vaya
justamente en la dirección opuesta? R.- Hace tiempo que pienso que el mundo sólo se salvará por
la cultura. La única acción capaz de cambiar verdaderamente el sentido de los acontecimientos
son las actuaciones culturales, porque éstas inciden en el foco de las tensiones entre las
civilizaciones. De ahí la importancia de los proyectos culturales, la necesidad de los mitos positivos
para contrarrestar los mitos negativos. Los mitos positivos son los que implican la coexistencia de
comunidades diferentes y la capacidad de estas comunidades de inventar proyectos conjuntos de
civilización. Uno de esos momentos importantes, para mí tal vez el más importante porque lo he
asumido como propio, es el mito de Al-Andalus: el mito de la convivencia entre cristianos, judíos y
musulmanes, el mito de una civilización que provocó hechos extraordinarios en la Historia.
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