Entre Espada y Cercas - Universidad de Buenos Aires

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Entre Espada y Cercas:
los límites de la literatura en prensa1
Federico Gerhardt
IdIHCS (UNLP-CONICET)
P
ublicada en marzo de 2001, con una tirada inicial de 4000 ejemplares,
Soldados de Salamina de Javier Cercas alcanzó en poco tiempo un éxito
notable, plasmado en la sucesión de numerosas ediciones –más de cuarenta,
con centenares de miles de ejemplares vendidos– y la publicación de varias
traducciones, además de la obtención de varios premios otorgados por lectores, libreros, escritores y críticos, españoles y extranjeros, como el Qué Leer,
el Crisol, el Premi Llibreter, el Librería Cálamo, el Salambó, el de la Crítica de
Chile, el Premi Ciutat de Barcelona, el Ciudad de Cartagena, el Extremadura
y el Independent Foreign Fiction Prize, entre otros. Consecuentemente, la
recepción de la novela redundó en la consolidación del lugar de Cercas en el
campo literario español. En este contexto, reconocidos escritores como Mario
Vargas Llosa, John Maxwell Coetzee y Roberto Bolaño, y reputados críticos
como Jordi Gracia, Susan Sontag y George Steiner, se sumaron al elogio de
la novela. Sin embargo, no todas las lecturas de la obra fueron igualmente
ponderativas. Formando también parte importante del suceso de la novela,
Soldados de Salamina se convirtió en el centro de una serie de polémicas,
fundamentalmente en torno a los modos como la obra construye un relato
sobre el pasado reciente.2 Cabe recordar que en la novela, el narrador, que
comparte con el autor el nombre de Javier Cercas –así como también otros
aspectos de su trayectoria profesional–, refiere el proceso de construcción
de un relato sobre el supuesto fallido fusilamiento del dirigente falangista
Rafael Sánchez Mazas por parte de un pelotón de soldados republicanos.
1
El presente trabajo se inscribe en el marco del proyecto de investigación PICT “Letras sin
libro. Literatura española en soporte prensa: mestizaje, intermedialidad, canon, legitimación.
Proyecciones del articulismo en la novela del siglo XXI”, aprobado y financiado por la Agencia
Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, desarrollado en el Instituto de Investigaciones en
Humanidades y Ciencias Sociales (Universidad Nacional de La Plata-CONICET), y dirigido por la Dra.
Raquel Macciuci.
2
Los juicios críticos y los debates suscitados en torno a diferentes aspectos de la novela, algunos
estrechamente relacionados con lo que se expone a continuación, han sido abordados en un
trabajo previo (Gerhardt, 2010). Asimismo, una lectura de un caso particular de la relación entre
Soldados de Salamina y la escritura en prensa de Javier Cercas ha sido expuesta en Gerhardt, 2013.
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HISPANISMOS DEL MUNDO: DIÁLOGOS Y DEBATES EN (Y DESDE) EL SUR
A muy poco de editada, el periodista español Arcadi Espada volcó en
sus Diarios su lectura de la novela. En la entrada correspondiente al 23 de
marzo, acusa al relato de “ambigüedad” o “hermafroditismo”, y señala que
el narrador es “un sujeto algo idiota llamado Cercas”. Y sobre el final, aclara:
Ni muy enfermo habría leído yo una novela donde se nos anunciara la
epopeya de un falangista al que fusilan, pero no, y las pesquisas frustradas
en torno al que le salvó la vida cerrando los ojos. Si he caído en la trampa,
es por lo que el autor llama, con pomposo pleonasmo, relato real (Espada,
2002, 54; cursiva del original).
La respuesta de Javier Cercas se hace esperar, y recién en noviembre de
2005 contesta a las críticas de Espada, en las que el periodista por momentos
parece confundir al autor con el narrador. En su artículo “Sobre las desventajas de no atender en la escuela”, publicado en la revista Quimera (n°
263-264) y recogido más tarde en el libro La verdad de Agamenón (2006),
Cercas trata a Espada de “altanero y malcarado” (2006, 113), y le responde
con una “aclaración superflua” (2006, 114) que estriba en dos puntos:
[…] lo primero que se enseña en las escuelas –lo primero que debería enseñarse– cuando se enseña a leer una novela es que una cosa es el autor y otra
cosa el narrador; […] lo segundo que se enseña en la escuela –lo segundo
que debería enseñarse– cuando se enseña a leer una novela es que, aunque
ésta persiga a toda costa el asentimiento del lector al mundo ficticio que
propone, y aunque el lector, dejando en suspenso su incredulidad en el
curso de la lectura, deba acatar esa realidad ilusoria como si fuera la realidad
real –como por lo común hace de forma espontánea–, en última instancia el
lector nunca debe fiarse del todo del narrador de una novela, en particular
si ésta está narrada en primera persona… (Cercas, 2006, 113)
Sobre este último se extiende hacia el cierre del artículo:
Así pues, sentirse estafado porque Soldados de Salamina no es un relato real,
como declara aquí y allá el narrador de la novela, constituye una ingenuidad
–o, más precisamente, una estupidez– sólo equiparable –y perdonen ustedes
los ejemplos: son los primeros que se me ocurren– a sentirse estafado por el
Quijote porque, pese a lo que el narrador una y otra vez sostiene, la historia
de Don Quijote no es fruto de la pluma de Cide Hamete Benengeli, o a
considerar un engaño intolerable que los autores respectivos del Lazarillo
o Robinson Crusoe alentaran o propiciaran, mediante estratagemas diversas,
que esas novelas fueran leídas como historias verdaderas, como relatos reales.
La historia y el periodismo no toleran la mentira; la novela está obligada a
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ella, porque es su instrumento de acceso a la verdad. Así que acusar a un
novelista de engañar en sus novelas es como acusar a un delantero centro
de meter goles (Cercas, 2006, 114).
Los mismos argumentos tomará Cercas como punto de partida cuando
una intervención pública suya desate una nueva polémica con Arcadi Espada.
El 11 de enero de 2011, el crítico literario y miembro de la Real Academia
Española Francisco Rico publica en la sección “Tribuna” del diario El País,
un texto titulado “Teoría y realidad de la ley contra el fumador” en la que
expone las razones por las que considera que la ley de medidas sanitarias
contra el tabaquismo sancionada en diciembre de 2010 “es un golpe bajo a la
libertad, una muestra de estolidez y una vileza” (Rico, 2011). La exposición
lleva un post scriptum, en el que Rico afirma: “En mi vida he fumado un
solo cigarrillo” (Rico, 2011). En esta última afirmación reside el punto conflictivo del texto de Rico, que provocó la llegada de gran cantidad de cartas
de protesta al diario, ya que, como señala quevedescamente Javier Cercas,
Rico no es un fumador: es un hombre a un cigarrillo pegado, un tipo que,
en sus innumerables clases, conferencias e intervenciones en prensa, radio y
televisión, apenas ha aparecido sin un cigarrillo en la mano, o por lo menos
jamás ha ocultado su vicio imparable (Cercas, 2011).
A los cinco días intervino en el asunto Milagros Pérez Oliva, defensora
del lector, con un texto titulado “La impostura de un fumador”, donde escribe:
“[p]ronto comprobé que los lectores tenían razón: el profesor Rico tiene un
largo historial de fumador empedernido” (Pérez Oliva, 2011a). Tras realizar,
de modo no declarado, dicha comprobación, la defensora del lector pidió
explicaciones al académico, cuya respuesta cita textualmente:
Amén de darle al conjunto una nota de color, el post scriptum quiere decir
varias de las cosas que literalmente dice, y sobre todo otra no literal pero
obvia: que “Je est un autre” (Rimbaud), la escritura no es la autobiografía
y “la verdad es la verdad dígala Agamenón o su porquero” (A. Machado)
(Pérez Oliva, 2011a).3
La cita del Juan de Mairena de Machado es, casualmente, la misma que
sirve de epígrafe y da nombre al ya mencionado volumen de crónicas La
verdad de Agamenón, de Javier Cercas (2006, 11), quien sale en defensa
3
La réplica de Pérez Oliva a esta explicación, comienza con un aviso significativo respecto del diálogo
entre el autor y el lector en el periódico: “Le advierto al profesor Rico que su respuesta es tan
críptica que corre el riesgo de que no se le entienda” (2011).
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HISPANISMOS DEL MUNDO: DIÁLOGOS Y DEBATES EN (Y DESDE) EL SUR
de Rico, con una intervención irónicamente titulada “Rico, al paredón”,
también incluida en la sección “Tribuna” de El País, el 13 de febrero de
2011, es decir, poco más de un mes después de publicado el texto de la discordia. Para introducir el tema, parte de una comparación usada años atrás
en su referida polémica con Espada: “… como dice Vargas Llosa, escribir
novelas consiste esencialmente en mentir –en mentir con la verdad, claro
está, en contar una mentira factual para decir una verdad moral–, exigirle a
un novelista que no mienta viene a ser como exigirle a un delantero centro
que no meta goles” (Cercas, 2011).4
Luego de esta introducción, Cercas expone su postura con respecto al
tema en cuestión, y la ilustra con un ejemplo, al que sin embargo reconoce
como extremo (la relevancia de la cita excusa su extensión):
El mejor lugar donde asediar la verdad factual del presente es el periódico.
¿Quiere esto decir que hay que exigir que todo lo que se cuenta en el
periódico responde a la verdad de los hechos? A mi juicio, no. Y pongo un
ejemplo. Imaginemos que Juan José Millás publica un artículo en el que,
impostando la voz de una mujer, cuenta que se despierta de madrugada, va
a la cocina a beber un vaso de leche y al abrir la nevera se encuentra dentro
a su madre enana, con un cubata de Bacardí en una mano y un porro en
la otra. Imaginemos también que ese mismo día recibe Millás una llamada
del director del periódico. ¿Cómo estás, Juanjo?, dice el director. Bien, dice
Millás. ¿Y usted? No tan bien, dice el director. Acabo de leer tu columna
de hoy y no me ha gustado un pelo. No me joda, dice Millás. No te jodo,
dice el director. En los periódicos no se cuentan mentiras, Juanjo: ni tú eres
una mujer ni tu madre es enana; además, sé de buena tinta que no bebe una
gota de alcohol y que ni siquiera fuma Rex, y por supuesto no me creo lo
de que te la encontraras metida en la nevera. Mi madre está muerta, gime
Millás. ¿Muerta?, vocifera el director. ¡Peor me lo pones! Mira, Juanjo, me
estás confundiendo a los lectores: las mentiras las dejas para tus novelas,
o para los relatos del verano; en todo lo demás, la verdad y sólo la verdad,
¿estamos? Pero, señor director, intenta protestar Millás. No hay pero que
valga, lo interrumpe el director. Este es un periódico serio, la tuya es una
columna de opinión y ahí no quiero jueguitos con la verdad y la mentira
y la realidad y la ficción. Así que como vuelvas a repetir lo de hoy te quito
la columna y te meto un paquete que te cagas. ¿Está claro? (Cercas, 2011)
4
A esta “mentira” o “manipulación” hace referencia Vargas Llosa en su elogiosa reseña de Soldados
de Salamina publicada, también, en El País: “en sus páginas lo literario termina prevaleciendo
sobre lo histórico, la invención y la palabra manipulando la memoria de lo vivido para construir
otra historia, de estirpe esencialmente literaria, es decir, ficticia” (2001, 11).
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A través de este ejemplo, Cercas está haciendo hincapié en ciertas características del columnismo literario que él mismo señalaba respecto de su
obra, en el prólogo al libro Relatos reales del año 2000, compilación de sus
columnas publicadas en la edición catalana del diario El País, donde era
compañero de Arcadi Espada, a quien –cabe recordar–, cita casi amistosamente en el mencionado prólogo.5 Dichas características tienen que ver,
fundamentalmente, con el lugar de la ficción en el columnismo literario, por
un lado, en la construcción del “yo” y, por otro lado, en el tratamiento del
tema que se propone abordar. Así, en principio, plantea que
el libro acaso tolere ser leído como un dietario un tanto azaroso o desordenado, entre otras cosas porque, como en cualquier dietario, aquí se habla
ante todo del yo […] [pero] casi me avergüenza aclararlo, ese yo no soy yo,
evidentemente, suponiendo que yo sepa, y ya es suponer, quién soy. Si no
ando equivocado, escribir consiste, entre otras cosas, en fabricarse una identidad, un rostro que al mismo tiempo es y no es el nuestro, igual que una
máscara. De hecho, máscara es lo que persona significa en latín y, como se
dice en una de estas crónicas, dedicada precisamente a una forma peculiar
del dietarismo, la máscara es lo que nos oculta pero sobre todo lo que nos
revela. En mi caso, esa identidad –ese yo que soy yo y no soy yo al mismo
tiempo– no es, a qué engañarnos, demasiado original: […] un hombre
normal y corriente, y por tanto un poco neurótico, como yo mismo, un
hombre al que le pasan cosas normales y corrientes… (Cercas, 2000, 7-8)
Por otra parte, para explicar el grado ficcional de sus columnas, Cercas
apela a un sintagma, que luego tomará el narrador homónimo de Soldados
de Salamina, llamándolas “relatos reales”. Al respecto explica que es
casi un oxímoron, esa figura retórica que consiste en añadirle a un nombre un epíteto que parece contradecirlo. En rigor, un relato real es apenas
concebible, porque todo relato, lo quiera o no, comporta un grado variable
de invención; o dicho de otro modo: es imposible transcribir verbalmente
la realidad sin traicionarla. […] el relato real, puesto que está hecho con
palabras, inevitablemente se independiza en parte de la realidad (Cercas,
2000, 16-17).
Tanto la ficcionalización del “yo”, la construcción de un ethos o una
máscara, como el sometimiento de la materia abordada a un tratamiento
5
Recuerda: “Fue así como empecé a escribir estas crónicas para un periódico [El País] que, para
decirlo con palabras de Arcadi Espada (otro habitual de ‘La Crónica’), fue el mío mucho antes de
que yo soñara con colaborar en él, porque también fue el primero que compré de adolescente…”
(Cercas, 2000, 12).
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HISPANISMOS DEL MUNDO: DIÁLOGOS Y DEBATES EN (Y DESDE) EL SUR
formal e imaginativo constituyen características en las que la crítica cifra
generalmente la especificidad de la columna literaria como género dentro del
periódico.6 También Cercas, en su defensa de Rico, admite que estas “licencias” serían, en principio, sólo admisibles en las columnas. Sin embargo,
también sugiere la posibilidad de considerar al periodismo como “un ensayo
de comprensión imaginativa del presente” (Cercas, 2011). La respuesta de
Arcadi Espada a esta intervención de Cercas demorará apenas dos días y se
servirá de una noticia publicada en ese mínimo lapso.
El 14 de febrero de 2011, es decir, un día después de publicado “Rico,
al paredón”, el diario El País daba cuenta de una serie de allanamientos
en prostíbulos clandestinos con el título “Cae una red que controlaba con
cámaras a prostitutas” (Calleja, 2011). Al día siguiente, el 15 del mismo mes,
Espada escribe para el diario El Mundo, una columna titulada “Gato al agua”,
en la que vuelve a dedicarse a Javier Cercas, ya que, explica
las circunstancias de su detención y, sobre todo, de la publicidad de su
detención, durante la operación policial que ha llevado al acabamiento de
una trama de explotación sexual en Arganzuela, me obligan a volver con
él. […] Y el hecho de que Cercas estuviera haciendo uso de una de las casas
de Arganzuela la misma madrugada, del pasado domingo, en que irrumpió
allí la policía ha acabado mezclando innoblemente su nombre con el de los
cabecillas de la red. Parece lógico que la policía condujera a comisaría a los
clientes de la llamada, en prosa antigua, casa de tolerancia para verificar
su identidad; un trámite que acabó con la inmediata puesta en libertad
del escritor, sin cargo alguno y tal vez con la ruborizada sorpresa de algún
funcionario. Pero no es ni lógico ni justo ni tolerable que su nombre fuera
citado al día siguiente en uno de esos siniestros programas televisivos […].
Es por completo miserable que alguien haya querido mezclar a Cercas con
el tráfico de personas; y hablo perfectamente en serio y no quiero que nadie
vea, ni ensartada, mi punta polémica sobre sus manejos con personas y
personajes. Cercas podrá ser cualquier cosa, de hecho lo es; pero jamás un
malvado. Que hayan arrastrado su nombre por auténticos lupanares, que no
son desde luego los de Arganzuela, me llena de espanto y de desprecio. Sobre
todo, porque el caso no refleja más que nuestra identidad de inofensivos
soldados, al fin y al cabo sólo interesados en las maniobras de la retórica, el
estilo y la verdad (Espada, 2011).
Como puede sospecharse, la detención de Cercas en relación con redes de
explotación sexual es falsa. Días después, Arcadi Espada explicará, también
6
Sobre la ficcionalización del “yo” del columnista, véase los trabajos de Alexis Grohmann (2005
y 2006). Una aproximación a este aspecto en la escritura en prensa de Javier Cercas puede
encontrarse en Benson (2006, 101-104).
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en las páginas de El Mundo, por qué difundió la noticia: “Pensé que [Cercas]
merecía una lección y que iba a dársela. La lección consistiría en aplicar sus
premisas a un caso concreto. A una ficción concreta. Me iba a tomar con
él algunas licencias, como tan graciosamente las llamaba” (s/f, 2011). En
este punto, la polémica entre Cercas y Espada sobre el lugar de la ficción
en la prensa se pierde en el cauce judicial, dejando no pocos cabos sueltos
en torno a cuestiones de diversa índole (profesionales, éticas, jurídicas, etc.)
que no cabe abordar aquí.
Sí cabe, como cierre de este repaso, citar una última intervención en esta
polémica que no corresponde a Cercas ni a Espada, sino a Milagros Pérez
Oliva, quien interviene nuevamente en calidad de defensora del lector con
un texto titulado, a su vez, “En defensa de Cercas y de la verdad”. Allí, a
una semana del artículo de Cercas sobre Rico, Pérez Oliva escribe:
La mentira no tiene cabida en periodismo. Y la ficción narrativa solo en
las columnas literarias. Nunca en la información. El lector no se llamará
a engaño si encuentra interpretaciones imaginativas en las columnas de
Manuel Rivas, Maruja Torres, Rosa Montero, Almudena Grandes, Elvira
Lindo o Manuel Vicent. Nadie les toma por periodistas cuando escriben en
esas secciones, ni se espera de ellos que sean notarios de la realidad, aunque
sí se espera que sean honestos y se atengan a la verdad, entendiendo que su
verdad, esta vez sí, puede ser fruto de esa “interpretación imaginativa” de
la realidad que defiende Javier Cercas. (Pérez Oliva, 2011b)
De este modo, la intervención de la defensora del lector pretende fijar
los límites de la literatura en la prensa, de la ficción en el periódico. Lo que
resulta interesante en este caso es que dichos límites ya no parecen remitir
tanto, como en la discusión de Cercas y Espada, a criterios ideales (éticos o
estéticos), sino más bien a las condiciones materiales de edición y circulación
de los textos, es decir, a los condicionamientos del soporte.7 Los límites de
7
En ese sentido, la intervención de la defensora del lector parece, curiosamente (véase nota 3),
coincidir con la crítica literaria especializada, en que la definición de la columna como género
resulta menos problemática atendiendo a su formato que a su contenido. Frente a la dificultad
que entraña determinar sus criterios temáticos, por ser una suerte de “cajón de sastre”, la
modalidad de la columna de escritores exhibe ciertos aspectos formales de su presentación,
apariencia y diseño que permitirían delimitarla, por lo que en su explicación se ha apelado a la
lógica de la intransitividad y recurrido a la metáfora de la “cajas vacía” que requiere ser llenada.
Estas características pueden resumirse en: una periodicidad fija, generalmente diaria o semanal;
una extensión apenas variable en el número de palabras; un lugar y un espacio determinados
dentro del periódico o suplemento; una presentación tipográfica distintiva, que muchas veces
incluye su recuadro; y la firma del autor, que puede acompañarse con su foto (Grohmann, 2005
y 2006). De ahí que un cambio de soporte –a través de, por ejemplo, la inclusión en antologías o
la integración en textos más extensos como novelas– implique siempre una resignificación de la
columna (Macciuci, 2009).
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HISPANISMOS DEL MUNDO: DIÁLOGOS Y DEBATES EN (Y DESDE) EL SUR
la literatura y de la ficción en el periódico estarían dados, entonces, por el
aparato paratextual (título, firma, tipografía diferenciada, recuadro) que
define y da forma a esa caja vacía que cada autor llena a su estilo: la columna.
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Resumen
A principios de 2011, Arcadi Espada y Javier Cercas, retoman un intercambio polémico iniciado
con el siglo, cuando la publicación de Soldados de Salamina (2001) en torno al concepto de
“relato real”. En el caso más reciente, la discusión entre ambos se ubica en la misma cuestión
de fondo, esto es, los límites entre ficción y realidad en la literatura, pero, más específicamente,
en la literatura publicada en la prensa periódica. Este trabajo aborda la polémica, atendiendo a
las concepciones de la literatura subyacentes en una y otra posición, en relación con el soporte
y los modos de circulación de lo escrito.
Palabras clave:
Javier Cercas, Arcadi Espada, “relato real”, Soldados de Salamina, prensa periódica, edición,
columnismo.
Abstract:
In early 2011, Arcadi Espada and Javier Cercas retake a controversy around the concept of “relato
real” begun when Soldados de Salamina (2001) was published. In the latest case, the discussion
between the two revolves around the same problem, that is, the boundaries between fiction and
reality in the literature, but more specifically in the literature published in the periodical press.
This paper analyzes the controversy, considering the underlying conceptions of literature in the
positions of both in relation to the publication and circulation of the written word.
Keywords:
Javier Cercas, Arcadi Espada, “relato real”, Soldados de Salamina, periodical press, edition,
column-writing.
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