San Segundo 2016 (1)

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La alegría de transmitir la fe
Queridos diocesanos,
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Estas palabras condujeron a san
Segundo hasta Ávila para traernos la luz del Evangelio, la Buena noticia de la
salvación. Celebrar a san Segundo es hacer memoria del primer anuncio
evangelizador que dio origen a la Iglesia de Ávila. Nos dice el Papa Francisco que la
alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida.
Pues bien, hoy volvemos la memoria a nuestro padre en la fe, uno de los varones
apostólicos que a principios de la era cristiana evangelizó nuestra tierra. La Palabra
de Dios, predicada por san Segundo, se expandió pronto y se ha mantenido en el alma
de los abulenses en esta ciudad, en cada pueblo y aldea.
Haciendo memoria agradecida de san Segundo y acogiendo la reciente exhortación
“La alegría del amor” os invito a reflexionar sobre la transmisión de la fe.
El hogar es el lugar donde se enseña a percibir las razones y la hermosura de la fe, a
rezar y a servir al prójimo. Esto comienza en el bautismo, donde, como decía san
Agustín, las madres que llevan a sus hijos “cooperan con el parto santo” (es decir,
nacimiento a la vida de Dios). Después comienza el camino del crecimiento de esa
vida nueva. La fe es don de Dios, recibido en el bautismo, y no es el resultado de una
acción humana, pero los padres son instrumentos de Dios para su maduración y
desarrollo. Entonces es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a
mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en ello! -dice el Papa-. En
ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración. Pero la
transmisión de la fe supone que los padres vivan la experiencia real de confiar en
Dios, de buscarlo, de necesitarlo.
Gran ayuda para los padres es la catequesis familiar. Os invito vivamente a
practicarla. Los padres no estáis solos en la educación de la fe: os acompaña la
comunidad parroquial, los sacerdotes, los catequistas, los movimientos y las
iniciativas de formación que os brindan en la parroquia y, naturalmente, el obispo.
Todos estamos con vosotros. Aprovechad estos recursos para seguir creciendo en la
fe y para transmitirla a vuestros hijos o a vuestros nietos.
El ejercicio de transmitir a los hijos la fe ayuda a que la familia se vuelva
evangelizadora. Los hijos que crecen en familias misioneras a menudo se vuelven
misioneros, si los padres saben vivir esta tarea de manera que los hijos crezcan en
este ambiente, sin renunciar a su fe y a sus convicciones.
Al anunciar explícitamente el Evangelio, la familia se convierte en sujeto de la acción
pastoral, ciertamente, pero también hay muchas otras formas de ser testigos de la fe
desde la familia: la solidaridad con los pobres, la apertura a las personas: a la esposa,
al esposo y a los hijos, la custodia de la creación, la solidaridad moral y material
hacia otras familias, sobre todo a las más necesitadas, el compromiso con la
promoción del bien común, incluso mediante la transformación de las estructuras
sociales injustas; a partir del territorio en el cual la familia vive, practicando las obras
de misericordia corporales y espirituales.
Queridos diocesanos, que en el corazón de cada familia resuene el kerygma, el
anuncio de la Buena Noticia de Jesús a tiempo y a destiempo. Sólo entonces las
familias serán a la vez iglesias domésticas y fermento evangelizador en la sociedad.
¡Mucho ánimo! Que san Segundo os ayude en esta tarea.
Con mi bendición y afecto,
+ Jesús, Obispo de Ávila
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