Santa María, Madre de Dios - Sr Cristina Gonzalez

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Cristina Gonzalez
Santa María, Madre de Dios - Sr Cristina
Gonzalez
mercredi 28 décembre 2011
Santa María, Madre de Dios
Jornada de oración por la Paz
1° de enero 2012
María, la nueva Eva, inicia con nosotros un Año Nuevo
Iniciamos el año civil con la celebración más antigua de la Virgen en la Iglesia romana. La Iglesia empieza
el año celebrando a la nueva Eva, María, con la que también se inicia una nueva era de la fe.
En este día, como se hacía también en la liturgia antigua, recordamos la circuncisión de Jesús, la
imposición del nombre de Jesús al niño nacido en Belén y finalmente el comienzo del año. Un nuevo Año.
La liturgia de este comienzo de un nuevo año está marcada por la bendición. Tanto la primera lectura
(Números 6,22-27) como el salmo responsorial (Salmo 66) nos lo indican. La bendición es la más frecuente de las
oraciones bíblicas y es característica de la oración judía, que comienza el día con una larga oración de
bendición y de alabanza. Se bendice, se alaba a Dios tres veces, y a medida que avanza la oración se va
matizando el contenido de la acción y del favor de Dios :
El Señor tebendiga y te proteja ; el Señor bendice y guarda a los piadosos. Ilumine su rostro sobre
tiy te conceda su favor. El rostro de Dios significa su presencia, la relación inmediata entre el Señor y el
hombre. La mirada de Dios significa misericordia y solicitud. La tercera : El Señor se fije en ti y te
conceda la paz. El movimiento afectivo de Dios hacia el hombre le concede la paz. Tras la idea de paz se
encierra la idea de la totalidad de la bendición de Dios. Y en el niño de Belén (Evangelio del día), en el
Hijo (segunda lectura) se nos ha revelado el auténtico rostro de Dios. La prodigiosa fecundidad de María,
Madre de Dios, es una bendición sobre el pueblo.
La carta de Pablo a los Gálatas (4, 4-7) es uno de los textos más explícitos del Nuevo Testamento acerca de
la Encarnación. Pablo da por supuesta la preexistencia de Cristo ; es decir, su existencia anterior a su
existencia humana, una existencia de HIJO. Pablo nos viene a decir que Dios quiso desde siempre realizar
su plan salvador para los hombres, pero lo realiza históricamente en un momento determinado,
“enviando” a su Hijo. Cristo es el Hijo hecho hombre. Y de este Hijo hecho hombre, María es la madre, la
que le concibió y dio a luz. Cristo se ha hecho igual a todos sus hermanos. Y como miembro del pueblo
judío era fiel a las leyes judías. Otra señal de esa humanización auténtica de Dios. Pablo insiste aún más
en esta misión del Hijo. Ha venido a dar a los hombres una libertad nueva, la libertad de los hijos de Dios,
el poder llamar a Dios, abba, papaíto. En su Hijos Jesús, el Padre ha abierto este camino nuevo para los
que se abren confiados a El.
“María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”, dice el evangelio de Lucas (2,19) al
comienzo de la vida de María como Madre del Salvador. Y al terminar de relatar la infancia de Jesús
escribe : Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón (2, 51). María mantenía en su
memoria lo que considera valioso como si de un tesoro se tratara. María guarda ; pero también María
medita, considera, sopesa, intuye, deduce el sentido de los hechos, las palabras, los gestos… con esa
sabiduría que el Espíritu le había concedido. María trataba de comprender todo lo referente a su Hijo y
descubrir el significado más profundo de los acontecimientos. María nos es presentada hoy como modelo
del discípulo, paradigma de los creyentes, ejemplo del proceso de la fe que tendrán que vivir todos los
seguidores de Jesús, los que “escuchan la palabra y la ponen en práctica” (11, 18)
Y junto a María, los pobres, aquellos que han sabido reconocer al Mesías en un niño en desvalimiento y en
necesidad. Esa fue la señal que se les dio a los pastores : “encontraréis a un niño recostado en el pesebre”
(2, 11) Esto equivale a decir que la señal del mesianismo de Jesús es su pobreza llena de vida ; la pobreza
asumida revela la enorme riqueza de la vida. Al recostar a su Hijo en un pesebre, María se encuentra
frente al reto del valor que esconde lo pobre.
Y de ahí la sorpresa de todos los que oían a los pastores contar lo sucedido. Contra una mentalidad de
poder está el valor que esconde lo pobre. María inicia así un camino, un itinerario de ahondamiento para
intentar asumir tanta novedad. Dios mismo ratifica los valores que esconde lo pobre : “Una muchedumbre
del ejército celestial, alababa a Dios” (v. 13) y en boca de los pastores que “glorificaban y alababan a Dios
por todo cuanto habían visto y oído” (v. 20). Esos valores son los cimientos de la nueva sociedad, del reino
de Dios que es el sueño de este Mesías en debilidad. Estos valores son los que conducen a la
reconciliación y la Paz.
La Palabra de Dios de este día nos desborda y a la vez nos hace desbordar de gozo. Es el día de pedirle a la Madre, que nos conceda
discernir, sopesar, comprender los acontecimientos con un corazón pobre. Que nos dé un corazón como el suyo para que Dios pueda
habitar en él, y con un corazón habitado por Dios ¿cómo no ser de aquellos que escuchan la palabra y la poner en práctica ? Y ¿cómo no
sentirnos hermanos de todos y agentes de reconciliación y de paz ?
Ilumina, Señor tu rostro sobre nosotros ; bendícenos con tu paz ; concédenos ser bendición para todos los que nos rodean, especialmente
en este momento de la Historia tan necesitado de tu Presencia y de tu Bendición. María Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre
nuestra, danos tu sabiduría y tu gozo.
Cristina María, r.a.
Málaga
Voir en ligne : Los textos de la liturgia
http://www.assumpta.org/Santa-Maria-Madre-de-Dios-Sr
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