Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio

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Neurocirugía
2007; 18: 394-405
Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio retrospectivo de 31
casos y revisión de la literatura
F. Muñoz; P. Clavel; J. Molet; C. Castaño*; S. de Teresa; J. Solivera; C. de Quintana; P. Tresserras; R. Rodríguez y
F. Bartumeus
Servicios de Neurocirugía y Neurorradiología Intervencionista*. Hospital Santa Creu i Sant Pau. Barcelona.
Resumen
Objetivos. Establecer unos criterios terapéuticos en
las malformaciones arteriovenosas (MAVs) grados III,
IV y V de Spetzler y Martin y análisis de resultados en
el subgrupo de tratamiento con embolización más cirugía.
Material y métodos. Estudio retrospectivo de 31
pacientes con MAVs cerebrales tratados en nuestro servicio entre 1999 y 2004. Se trata de 19 mujeres y 12 hombres, con una edad media de 31,6 años (rango de 1 a 62a).
La forma de presentación fue en un 77,4% hemorragia
intracraneal, en un 12,9% crisis comicial y en un 3,2%
cefalea, infarto isquémico y hallazgo casual en cada uno
de ellos. En 29 casos se realizó arteriografía diagnóstica
y en 2 casos el diagnóstico fue anatomopatológico.
Según la clasificación de Spetzler y Martin, 10,3%
fueron de Grado I, 24,1% de Grado II, 37,9% de Grado
Ill, 24,1% de Grado IV y 3,4% de Grado V. Se clasificaron en 6 grupos según el tratamiento realizado (cirugía,
embolización, radiocirugía, embolización más cirugía,
embolización más radiocirugía y tratamiento conservador).
Resultados. Las MAVs grado III, IV y V (19 pacientes) fueron tratadas en su mayoría por cirugía (6 casos) y
embolización más cirugía (5 casos) pero también se utilizaron otras modalidades de tratamiento (embolización,
radiocirugía y conservador). Los resultados funcionales de estos 3 subgrupos muestra un 36,8% (7 casos) de
asintomáticos o con mínimos síntomas (Rankin m 0-1),
un 52,6% (10 casos) de discapacidad leve pero independientes (Rankin m=2), un 5,3% (1 caso) de moderada discapacidad (Rankin m=3), y un 5,3% (1 caso)
de mortalidad. En el manejo combinado embolización
más cirugía de malformaciones complejas, se observa
un alto porcentaje de sangrado postembolización que
motivó cirugía precoz con buen resultado funcional.
Hubo un caso de mortalidad postquirúrgica.
Conclusiones. En el tratamiento de las MAVs cereRecibido: 30-12-06. Aceptado: 24-01-07
394
brales se debe tener en cuenta factores como la historia
natural, la forma de presentación (hemorragia), las
características angioestructurales (presencia de aporte
arterial profundo, aneurismas), la escala de Spetzler y
Martin y el estado clínico del paciente.
En el tratamiento con embolización más cirugía es
recomendable obtener una embolización prequirúrgica
subtotal > 50%, no ocluir más del 50% por sesión, mantener un intervalo entre sesiones de embolización entre
4 y 6 semanas y un intervalo entre última embolización
y cirugía entre 1 y 3 semanas.
PALABRAS CLAVE: Malformaciones arteriovenosas
cerebrales. Cirugía. Embolización. Historia natural.
Actual Management of arteriovenous malformations.
Retrospective study of 31 cases and literature review
Summary
Objective. To stablish some therapeutic criteria
about the treatment of AVMs of III, IV and V grade of
Spetzler and Martin and to analyse the results in the
subgroup of preoperative embolization plus surgery.
Methods. We perform a retrospective analysis of a
group of 31 patients with arteriovenous malformations
(AVMs) treated in our center between 1999 and 2004.
There were 19 women and 12 men, with a mean age
of 31,6 years old (range, 1-62a). Their symptoms upon
admission were intracranial hemorrhage in 77,4%, seizures in 12,9%, headache, ischemic event and incidental finding in 3,2% each group. Diagnostic angiography
was performed in 29 cases and anatomopathologic diagnostic in 2 cases. The malformations were classified with
Spetzler and Martin Grading Scale, in 10,3% grade I,
24,1% grade II, 37,9% grade III, 24,1% grade IV and
3,4% grade V. Patients were classified in 6 subgroups of
treatment (surgery, embolization, radiosurgery, embolization plus surgery, embolization plus radiosurgery and
conservative treatment).
Results. AVMs grade III, IV and V (19 patients) were
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Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio retrospectivo de 31 casos y revisión de la literatura
treated with surgery (6 cases), embolization plus surgery (5 cases), but also other kind of treatments (embolization alone, radiosurgery and conservative) were
used. Functional results in these groups of patients were
36,8% (7 cases) with no symptoms or slights symptoms
(modified Rankin 0-1), 52,6% (10 cases) minor disability (mRankin 2), 5,3% (1 case) moderate disability
and 5,3% (1 case) mortality. We observe a high rate of
postembolization hemorrhage in the group of patients
in which the combination of preoperative embolization
plus surgery was used. In these cases, early surgery was
performed with a good functional recovery. There was
one case of postoperative mortality.
Conclusion. We should considerer some factors like
the natural history, clinical presentation (hemorrhage),
angiographic features (deep arterial supply, aneurisms),
Spetzler and Martin Grading and the clinical condition
of the patient before treating a cerebral AVM.
In the subgroup of treatment with embolization plus
surgery, we recommend to achieve a subtotal preoperative embolization > 50%, not to obliterate more than
50% in one session, to perform staged embolization
waiting from 4 to 6 weeks between procedures, and
from 1 to 3 weeks between the last embolization and
surgery.
KEY WORDS: Brain arteriovenous malformations. Surgery. Embolization. Natural History.
Introducción
Durante 25 años, desde 1980 al 2004, se han intervenido quirúrgicamente 80 malformaciones cerebrales
(MAVs) en nuestro servicio. A lo largo de todo este
periodo, el modo de tratar una MAV ha variado de una
manera progresiva conforme han evolucionado las distintas opciones terapéuticas. El tratamiento quirúrgico
ha mejorado sus resultados con la mayor experiencia en
técnica microquirúrgica, mayor información aportada por
los medios diagnósticos (arteriografías, resonancias magnéticas funcionales, neuronavegación, mapeo cortical),
mejores materiales (hemoclips), etc. El tratamiento
endovascular ha experimentado importantes avances
en su técnica (microcateterismos superselectivos), han
aparecido nuevos materiales de embolización, lo que ha
permitido el tratamiento de lesiones vasculares cada vez
más complejas. También la radiocirugía ha evolucionado
hacia una tecnología más avanzada y conocimientos más
precisos enfocados al tratamiento de las MAVs.
En nuestro centro, disponemos de un servicio de
Neurorradiología Intervencionista desde 1999, lo cual ha
motivado que esta revisión incluya las MAVs cerebrales
tratadas desde entonces.
Tabla 1
Localización de las MAVs
Localización
Frontal
Parietal
Occipital
Temporal
Rolándica
Silviana/insular
Ganglios basales
Cerebelo
Vermis
Hemisferio
TOTAL
N° Casos
8
5
2
6
3
1
2
3
1
31
La evolución de las técnicas terapéuticas ha contribuido
a modificar los criterios de tratamiento de las MAVs. Si nos
basamos en la clasificación de Spetzler y Martin40 (S-M),
observamos que las de grado I y II se tratan básicamente
con cirugía14,19,31,32. Las grado V, la mayoría de autores
abogan por tratamiento conservador15,20,31,32,39. Sin embargo,
en los grado III y IV, dada su heterogeneidad, no hay un
criterio de indicación terapéutica bien definido. En nuestra
serie, precisamente estos dos subgrupos son los que muestran mayor variabilidad en el tipo de tratamiento utilizado.
En estos 5 años de experiencia en el manejo combinado
de tratamiento endovascular y quirúrgico de las MAVs,
hemos observado una gran variabilidad de criterios en la
forma de realizar dicho tratamiento tanto en nuestro centro
como en lo publicado en la literatura hasta la fecha.
Material y métodos
Un total de 31 pacientes con MAVs cerebrales fueron
tratados en nuestro centro entre los años 1999 y 2004. De
ellos, 19 fueron mujeres y 12 hombres, con una edad media
de 31,6+/-14,5 años en un rango de 1 a 62 años. En 27
(87%) de estos pacientes las MAVs fueron supratentoriales
(14 de hemisferio derecho y 13 izquierdo) y 4 (13%) fueron
infratentoriales (ver tabla 1). La forma de presentación
durante el periodo de estudio fue hemorragia intracraneal
en 24 pacientes (77,4%), crisis comicial en 4 (12,9%), cefalea en 1 (3,2%), infarto isquémico en 1 (3,2%) y hallazgo
casual en 1 (3,2%) (ver tabla 2). En los casos que se presentaron con sangrado, según la escala de Hunt y Hess23
al ingreso, 7 pacientes (29,2%) se encontraban en grado I,
3 (12,5%) en grado II, 2 (8,3%) en grado III, 10 (41,6%)
en grado IV y 2 (8,3%) en grado V. En 29 casos se realizó
arteriografía diagnóstica y se pudo agrupar mediante la
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Muñoz y col
Tabla 2
Forma de presentación:
clasificación de Spetzler y Martin en los siguientes grupos:
3 (10,3%) fueron de Grado I, 7 (24,1%) de Grado II, 11
(37,9%) de Grado III, 7 (24,1%) de Grado IV y 1 (3,4%) de
Grado V (ver tabla 2). En 2 casos se obtuvo el diagnóstico
mediante examen anatomopatológico, dado que fueron tratadas mediante intervención quirúrgica urgente sin poderse
realizar arteriografía.
Las diferentes MAVs se agrupan en 6 grupos diferentes según la actitud terapéutica tomada: 15 (51,7%)
tratamiento quirúrgico, 2 (6,9%) embolización, 2 (6,9%)
radiocirugía, 5 (17,2%) embolización más cirugía, 1
(3,4%) embolización más radiocirugía y 4 (13,8%) tra
tamiento conservador (ver tabla 3). El material utilizado
en el tratamiento endovascular para embolización fue en
la mayoría de los casos el Glubran® (mezcla de N-butyl-
2-cianoacrilato más metacrilosisolfolano). Los pacientes
que fueron tratados con radiocirugía fueron trasladados a
otro centro.
Los resultados se evalúan a partir de la escala funcional
Rankin modificado36,45 (Rankin m) al año de seguimiento
(Ver tabla 4).
Resultados
Mortalidad global y por sangrado
Nuestra población de estudio presenta una mortalidad
global del 6,5% (2 de 31 pacientes). Uno de los casos, falleció tras debutar con una hemorragia masiva que se intentó
drenar por cirugía urgente sin éxito. El otro caso presentó
Tabla 3
Tratamiento según la clasificación de Spetzler y Martin*
Tratamiento
I
II
III
Cirugía
3
5
5
2
15 (51,7%)
Embolización
1
1
2 (6,9%)
Radiocirugía
2
Embol + cir
2
Embol + rcir
1
IV V
3
Total
2 (6,9%)
5 (17,2%)
1 (3,4%)
Conservador
2
1 1
4 (13,8%)
* Se excluyen 2 MAV's intervenidas quirúrgicamente cuyo diagnóstico fue anatomopatológico. (Embol: embolización;
Cir: Cirugía; Rcir: Radiocirugía)
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Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio retrospectivo de 31 casos y revisión de la literatura
Tabla 4
Escala de Rankin modificado
0
Asintomático
1
Discapacidad no significativa a pesar de los síntomas; capaz de llevar a cabo todas las tareas y
actividades habituales.
2
Discapacidad leve; incapaz de llevar a cabo todas sus actividades anteriores, pero capaz de cuidar
de sus propios asuntos sin ayuda
Discapacidad moderada; requiere alguna asistencia, pero es capaz de andar sin ayuda
3
4
Discapacidad moderadamente severa; incapaz de andar y de atender satisfactoriamente sus necesidades
corporales sin ayuda.
5
Discapacidad severa; confinamiento en la cama, incontinencia y requerimiento de cuidados y
atenciones constantes.
Exitus.
6
Tabla 5
Clasificación según hemorragia
HEMORRAGIA (14 pacientes)
NO HEMORRAGIA (5 pacientes)
Rankin m
Nº pacientes
0
2
0
1
1
1
1
3
GRADO III, IV Y V
2
9
2
1
(19 pacientes)
3
1
3
4
4
5
5
6
6
1
Rankin m
Nº pacientes
Tabla 6
Clasificación según elocuencia
ELOCUENTE (16 pacientes)
NO ELOCUENTE (3 pacientes)
Rankin m
Nº pacientes
0
3
0
1
3
1
1
GRADO III, IV Y V
2
8
2
2
(19 pacientes)
3
1
3
4
4
5
5
6
6
1
Rankin m
Nº pacientes
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Muñoz y col
D
C
BBA
EA
FAAA
D
CA
E
FA
Figura 1. Mujer de 59 años que ingresa por hemorragia intraventricular (foto A). En angiografía se observa MAV
frontoparietal derecha grado IV de S-M (fotos B y C). Presenta fenómenos de robo de arteria cerebral anterior derecha, un
aneurisma intranidal y dilatación de la vena de drenaje. Se decide realizar una sesión de embolización donde se consigue
ocluir un 30% aproximadamente (fotos D y E). Se interviene quirúrgicamente de forma electiva realizándose la exéresis
macroscópica total de la MAV. En el postoperatorio inmediato, la paciente presenta una hemiparesia izquierda densa y a las
48h presenta disminución del nivel de consciencia. En la TC craneal se observa hematoma en lecho quirúrgico (foto F). La
paciente presenta una evolución tórpida siendo éxitus a las 3 semanas de la operación.
un hematoma postoperatorio falleciendo a las 3 semanas
(figura 1).
Exclusión completa de la MAV
De los 31 casos, en 4 pacientes se llevó a cabo tratamiento conservador y 2 pacientes fueron éxitus por lo que
no podemos evaluar exclusión completa en dichos pacientes. Se consiguió la exclusión completa de la MAV confirmada por arteriografía en un 88% de los casos tratados
(22/25).
En los 3 pacientes en los que no quedó completamente
ocluida la MAV, se consiguió más del 90% de exclusión en
2 casos y en el otro un 50% aproximadamente.
En los pacientes tratados con radiocirugía se confirmó
la exclusión completa mediante angiografía a los 2 años del
tratamiento.
398
Resultados funcionales
Los resultados funcionales de toda la serie al año de
seguimiento fueron de un 45,2% de asintomáticos o con
síntomas leves (Rankin m 0-1), un 41,9% de discapacidad
leve pero independientes (Rankin m=2), un 6,5% de
discapacidad moderada (Rankin m=3) y un 6,5% de mortalidad (2 casos).
Según el tipo de tratamiento, la mayoría de grupos
terapéuticos muestran unos resultados favorables (si consideramos como tal un Rankin ≤ 2), excepto 4 casos que
corresponden: 2 al grupo de cirugía, 1 al de embolización
más cirugía y el último al de tratamiento conservador.
En los subgrupos de MAVs grado III, IV y V, se muestra
un 36,8% (7 casos) en Rankin m 0-1, un 52,6% (10 casos)
en Rankin m=2, un 5,3% (1 caso) en Rankin m=3, y un
5,3% (1 caso) de mortalidad.
Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio retrospectivo de 31 casos y revisión de la literatura
Según su forma de presentación, en los pacientes que
debutaron con hemorragia se observa una tendencia a
presentar un cierto grado de discapacidad (pacientes con
Rankin m ≥ 2): un 78,6% (11/14) de pacientes con hemorragia versus un 20% (1/5) de pacientes que no se presentaron con sangrado (ver tabla 5).
También existe una tendencia a presentar discapacidad
si la MAV se encuentra en área elocuente 10/16 (62,5%).
No nos es posible comparar los resultados con las MAVs
situadas en área no elocuente de estos grados (III, IV y V)
debido al bajo número de casos resultante (3 pacientes) (ver
tabla 6).
Grupo embolización más cirugía
De un total de 5 pacientes, 2 fueron clasificados en grado
de S-M III y 3 fueron considerados grado IV. Los resultados funcionales fueron de 4 pacientes en Rankin m de 2
y 1 en Rankin m 6 (éxitus). Uno de ellos fue embolizado
parcialmente en otro centro en 10 ocasiones e ingresó con
un sangrado en nuestro hospital. Se intentó una nueva
embolización en nuestro centro pero no fue posible la oclusión, por lo que se operó posteriormente. De los otros 4 que
fueron embolizados en nuestro centro, se realizaron un total
de 8 sesiones de embolización de forma electiva, en 2 de
ellos se realizaron 3 sesiones y en otros 2 se realizó una sola
sesión. El tiempo medio entre sesiones de embolización fue
de 14,25+/-5,6 días. El tiempo entre embolización y cirugía
tuvo lugar entre 1 y 13 días, motivado en la mayoría de los
casos por la complicación del sangrado postembolización. La
media de embolización prequirúrgica fue del 61,5+/-26,6%
(un caso el 95%, 2 casos el 60% y un caso el 30%). De estos
4 pacientes, 3 presentaron sangrado postembolización: uno
de los casos ocurrió tras la embolización en una sola sesión
del 60% de la MAV, en otro caso sangró a los 6 días de
ocluirse un 95% de la MAV (figura 2) y el otro caso sucedió
en las primeras 24h tras la tercera sesión de embolización
donde se ocluyó un 60% de la lesión. Dichos casos fueron
tributarios de tratamiento quirúrgico precoz con drenaje del
hematoma y exéresis de la MAV.
Discusión
El tratamiento de las MAVs cerebrales debe partir
del amplio conocimiento de su historia natural con el fin
de determinar si ésta es mejorable mediante las medidas
terapéuticas que tenemos actualmente. Los estudios al
respecto muestran un riesgo de sangrado en las MAVs no
tratadas del 2 al 4% anual2,6,11,13,35. Tras la primera hemorragia, hay una mortalidad del 10-30% y una morbilidad
grave del 10-20%2,6,13,30,33,35. Sobre la recurrencia del sangrado, numerosos artículos muestran una recurrencia de
hemorragia del 6 al 18% al año5,9,11,13,35. Todo ello depende
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de las características de la MAV en la que tendremos en
cuenta como factores predictores de sangrado más significativos: la hemorragia previa, la presencia de aneurismas
intranidales (según Redekop G37, el riesgo de hemorragia
con aneurisma intranidal es del 9,8%) y el drenaje venoso
profundo3,5,16,37.
En nuestra serie hemos observado que la hemorragia
como forma de presentación es un importante factor que
condiciona el resultado funcional final de nuestros pacientes. Un 78,6% de los pacientes que se presentaron con sangrado presentan Rankin m ≥ 2 frente a un 20% de los que
no tuvieron hemorragia.
Por este motivo, creemos que para tomar una determinada actitud terapéutica o establecer un pronóstico de una
MAV no debemos guiarnos únicamente por la clasificación
de Spetzler y Martin. Coincidiendo con otros autores, se
deben tener en cuenta también otros factores como son
la forma de presentación (principalmente la hemorragia)6,11,13,30, la edad17, el estado clínico del paciente17,19,44 y
las características angioestructurales de la MAV8,37 (aportes
arteriales profundos, aneurismas intranidales).
Tanto en nuestra serie como en lo publicado en la
literatura hasta la fecha, existen pocas dudas en tratar
aquellas MAV grado I y II, dado que los resultados superan ampliamente los de la historia natural. El tratamiento
de elección sería la cirugía, quedando en casos muy
seleccionados (lesiones profundas) la radiocirugía y/o la
embolización14,19,31,32. En las MAVs grado V se optaría
por tratamiento conservador salvo casos muy seleccionados15,20,31,32,39.
En nuestra revisión y en la literatura existe una marcada variabilidad en la actitud terapéutica tomada para
los grupos III, IV. Nuestro criterio terapéutico para dichos
grupos vino determinado por el tamaño de la MAV (mayor
o menor de 3cms), la localización (elocuencia), la clínica
del paciente y las características angiográficas de la MAV.
En nuestra serie de MAVs grado III (11 pacientes), se
decidió en 5 casos utilizar la cirugía, en 2 la embolización
más cirugía, en 2 la radiocirugía y en 2 el tratamiento conservador por decisión del paciente y la familia. En los casos
en que la MAV era mayor de 3cms localizada en área elocuente indicamos embolización más cirugía, a no ser que la
embolización no fuera técnicamente posible y/o el paciente
se presentara con hemorragia causante de sintomatología
aguda, en cuyo caso indicamos cirugía como único tratamiento. En las MAV en área no elocuente el tratamiento de
elección fue la cirugía. En las MAVs < 3cms localizadas
en área elocuente profunda se utilizó la radiocirugía. En 2
casos que se presentaron con hemorragia en área elocuente
se decidió adoptar una actitud conservadora por decisión
de los pacientes y la familia. Dicha opción no debe ser
desestimada; Lawton MT28 en su serie de 174 MAVs grado
III, recomienda tratamiento conservador en las MAVs que
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B
A
D
C
E
FA
GA
Figura 2. Varón de 35 años que debutó con hemorragia
intraventricular (A). En la angiografía cerebral se observa
MAV parietal derecha grado III de S-M (B). Presenta
aneurismas intranidales y dilatación varicosa de vena de
drenaje. Se trata con varias sesiones de embolización: 1aº
sesión oclusión de un 40% (C), 2a sesión oclusión de un 80%
y 3a sesión oclusión de un 95% sin conseguir obliterar un
microaneurisma intranidal (D). Seis días postembolización
presenta sangrado de la MAV con importante hematoma frontoparietal derecho (E). Se interviene quirúrgicamente y se realiza evacuación del hematoma y
exéresis de la MAV. TC postoperatorio inmediato (F). En
arteriografía de control se observa una exéresis del 100%
de la MAV (G).
miden de 3 a 6 cms situadas en área elocuente dado que el
tratamiento de las mismas supone un resultado considerado
desfavorable en un 14,8%.
En nuestra revisión, las MAVs grado IV fueron tratadas
en su mayoría. De 7 pacientes sólo en uno se realizó tratamiento conservador. El factor determinante en la decisión
de tomar una actitud terapéutica activa fue la forma de presentación. Se trataron aquéllas que fueron sintomáticas, es
decir, las que habían debutado con hemorragia (4 casos)
o presentaron crisis resistentes al tratamiento (2 casos).
400
Hubo un caso que se diagnosticó como hallazgo casual por
lo que se optó por tratamiento conservador. La modalidad
de tratamiento de elección fue la embolización más cirugía
salvo en 3 casos: se indicó cirugía en dos casos, uno de
ellos fue una MAV en área no elocuente y el otro caso fue
un paciente que ingresó con clínica aguda por sangrado de
la MAV. Se realizó embolización parcial en un caso, con el
fin de reducir el fenómeno de robo y controlar una epilepsia
refractaria.
Tuvimos un caso de MAV grado V que se presentó con
Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio retrospectivo de 31 casos y revisión de la literatura
crisis comiciales controladas con medicación en el que se
decidió realizar tratamiento conservador.
Autores como Han P y Spetzler RF15 en su estudio
sobre 73 pacientes con MAVs grado IV y V, tomaron una
actitud conservadora en un 75% de los casos ya fueran
sintomáticas o no, realizaron tratamiento con embolización
parcial en un 10% en aquéllas con fenómenos de robo
sintomático, realizaron tratamiento de los aneurismas
asociados bien por técnica endovascular o cirugía en un
10% y únicamente realizaron tratamiento completo con
embolización más cirugía en un 5%, en aquéllas que habían
presentado múltiples hemorragias estableciendo un déficit
permanente. Otros grupos neurovasculares también apoyan
esta actitud conservadora20,31,32,39. Sin embargo, otros autores como Chang SD4, en su artículo sobre tratamiento de
MAVs gigantes (la mayoría grado IV y V), aboga por tratamiento activo siempre que sean sintomáticas aunque con
unos resultados dispares: 30% de morbimortalidad y sólo
en un 36% de los pacientes se consiguió la obliteración
completa de la MAV. Ferch RD y Morgan MK8 en su revisión de 46 MAVs de alto grado, establece dos grupos, 29
MAVs intervenidas quirúrgicamente y 17 tratadas de forma
conservadora, objetivando como factor pronóstico de la
cirugía, la presencia de aporte arterial profundo. Así, en
las MAVs intervenidas con pedículos arteriales profundos
obtiene un 44% de morbimortalidad asociada frente a un
11% en las MAVs que no lo presentaban.
Ante tal diversidad de criterios debemos plantearnos
si la historia natural de las MAVs de alto grado sin tratar
supera la alta morbimortalidad asociada al tratamiento
activo. Consideramos el grupo de MAVs sintomáticas
aquéllas que se han presentado con hemorragia, crisis
resistentes al tratamiento médico o con fenómenos de robo.
En estas dos últimas formas de presentación parece que la
mayoría de autores está de acuerdo en tratarlas, aunque sea
de forma parcial, dado que estos síntomas afectan de forma
muy importante la calidad de vida del paciente15,20,31,32.
Las MAVs que se presentan con sangrado, como hemos
dicho anteriormente, presentan una morbimortalidad por
el primer sangrado cercana al 50%2,6,13,30.33,35. Existe un 6
al 18% de riesgo de resangrado sobre todo en los primeros
años5,9,11,13,35 y aunque la literatura presenta mucha variabilidad al estimar la morbimortalidad por las siguientes hemorragias, sí parece haber un aumento de la morbimortalidad
con los posteriores sangrados. Ondra SL33 analiza el
resultado de MAVs sintomáticas y expone que existe un
1,7%/año de morbilidad grave y un 1%/año de mortalidad,
es decir, la historia natural de este tipo de MAVs tendría
un 2,7%/año de morbimortalidad asociada. Según este
dato, si calculamos el riesgo de morbimortalidad acumulado de las MAVs que han sangrado, resulta un 24% de
morbimortalidad a los 10 años y un 42% a los 20 años. Por
otro lado, los resultados del tratamiento activo de MAVs de
Neurocirugía
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alto grado muestran un 7 al 17% de morbimortalidad en las
MAVs grado IV y un 12 al 38,4% en las grado V4,8,14,15,19.
Analizando estos resultados podemos llegar a la conclusión
de que la historia natural, sobre todo en pacientes jóvenes,
acaba por presentar una morbimortalidad acumulada superior a la del tratamiento a largo plazo.
Respecto a las MAV no sintomáticas, en especial aquéllas que no han sangrado, no hay evidencia científica de
los beneficios de que el tratamiento activo supere al tratamiento conservador. Para ello será interesante conocer
los resultados del estudio multicéntrico ARUBA ("A Randomized Trial of Unruptured Brain AVMs"), actualmente
en proceso, que compara intervención versus tratamiento
conservador de MAVs que no han sangrado1,42.
Aspectos del tratamiento combinado embolización más
cirugía
La modalidad terapéutica embolización más cirugía
ha significado en las últimas dos décadas la posibilidad
de tratar MAVs complejas disminuyendo el alto índice de
morbimortalidad que antes presentaban27,29,31,34,38,41.
En el tratamiento de MAVs grado III, IV, incluso
V, situadas en área elocuente, con pedículos profundos
difíciles de llegar mediante la cirugía, la combinación
embolización más cirugía parece la opción más recomendable15,20,27,29,34,38,41.
Según la literatura, el tratamiento endovascular de las
MAVs como tratamiento único sin cirugía obtiene una
oclusión completa en un 10-40% de los casos12,48,50. Por otro
lado, la embolización parcial no parece disminuir el riesgo
de sangrado sino que lo aumentaría15,20. Han PP y Spetzler
RF15, en su serie de 73 pacientes con MAVs grado IV y V,
los pacientes a los que se les había realizado embolización
parcial tenían un riesgo de 10,4%/año, mientras que los no
tratados el riesgo fue de 1,5%/año. Otros autores han observado esta tendencia al sangrado en las MAVs parcialmente
ocluidas21,26,46. Por ello, parece que cuando nos proponemos
tratar una MAV el objetivo deba ser la exclusión completa
de la misma.
El riesgo de sangrado postembolización parece aumentar cuando se apura en la oclusión y nos acercamos a la
oclusión completa24. Además no es una técnica exenta de
riesgos; en las mejores series se presenta con un 8% de
morbilidad permanente y un 1% de mortalidad10.
Si analizamos nuestra experiencia en esta modalidad
combinada de tratamiento, vemos que se ha producido
un alto porcentaje de sangrado postembolización (4 de 5
casos). Según la literatura actual, la metodología a seguir
en este tipo de tratamiento no queda bien establecida.
Existe una gran variabilidad sobre el número de sesiones, el intervalo entre procedimientos y el porcentaje
de embolización prequirúrgica en los artículos publica-
401
Neurocirugía
2007; 18: 394-405
Muñoz y col
dos7,10,18,21,22,24,25,26,43,46,49. Debido a ello, presentamos una
revisión basada en nuestra experiencia y la literatura sobre
los pasos a seguir a la hora de llevar a cabo el tratamiento
combinado embolización más cirugía.
1. Número necesario de sesiones de embolización
Los artículos publicados que hablan al respecto ajustan
el número de sesiones de embolización a las características
de la MAV, al porcentaje de embolización por sesión y al
porcentaje de oclusión final que desearíamos obtener antes
de la cirugía. Taylor C46 , en su artículo, presenta una serie
de 201 MAVs embolizadas con una tasa de complicaciones
de 9% morbilidad permanente y 2% de mortalidad. Heros
R21 recomienda embolizar "poco a poco", ya que se ha visto
que embolizar demasiado puede ser un factor de riesgo para
que aparezca la hemorragia. De hecho, Taylor C47 afirma
que en los últimos años han disminuido el % embolizado
en cada sesión y por lo tanto, han aumentado en número
de sesiones (de una media de 1,2 sesiones en el año 1993
han pasado a 2,2 en el 2002). Heidenreich18, en su serie de
66 pacientes en los que 7 pacientes presentaron hemorragia
postembolización, observa que embolizar > 60% en una
sola sesión es un factor de riesgo para presentar sangrado.
Howington J22, en su comentario sobre el trabajo de Iwawa
T24 (presenta una serie de hematomas postembolización en
605 MAVs embolizadas), recomienda no embolizar más
del 50% de la malformación en una sola sesión dado que
ello supondría un estrés hemodinámico tal que aumentaría
el riesgo de sangrado.
En resumen, el número adecuado de sesiones
estará determinado por el porcentaje de embolización
prequirúrgica que deseamos conseguir (más adelante
comentado), pero teniendo en cuenta que habría que
embolizar la lesión "poco a poco" no ocluyendo más de un
50% de la MAV por sesión.
2. Intervalo de tiempo entre sesión y sesión de embolización.
En nuestra serie, el tiempo medio entre sesión y sesión
de embolización fue de 14,25+/-5,6 días. En lo publicado
en la literatura, no hay datos consistentes sobre cuál
es el tiempo adecuado que se debería esperar. Heros R
recomienda esperar entre 4 y 6 semanas entre sesiones
de embolización21, para dar tiempo a que los cambios
hemodinámicos que se producen dentro del nidus tras la
oclusión se estabilicen.
3. Porcentaje de embolización prequirúrgica deseable
Varios autores comentan cuál debería ser el porcentaje de
embolización preoperatoria óptimo para facilitar la exéresis
402
de la lesión por parte del neurocirujano. Viñuela F49, en su
revisión sobre 101 MAVs tratadas con embolización más
cirugía, apunta que sería una oclusión superior al 50-75%
de la lesión para favorecer la cirugía. Pasqualin F34, en su
trabajo sobre 49 pacientes en los que también se realizó
tratamiento endovascular más cirugía, señala que un porcentaje de oclusión de la malformación mayor del 40%
parece mejorar los resultados de la cirugía. Estos datos
podrían dar una idea de cuál es el límite inferior al cual se
pretende llegar con el tratamiento endovascular. Por otro
lado, el embolizar "demasiado" también tiene sus riesgos;
Iwawa T24, en su revisión de 605 MAVs embolizadas,
observa que los casos de sangrado postembolización coincide con una oclusión del 70 a más del 95%. Otros autores
también apoyan el hecho de la aparición de complicaciones
hemorrágicas cuando la lesión está casi completamente
excluída21.
4. Intervalo de tiempo entre la última embolización y la
cirugía
En nuestra serie, el hecho de que la mayoría de los
pacientes presentaron un hematoma postembolización fue
lo que motivó el momento de la intervención quirúrgica, por
lo que no pudo realizarse de forma electiva. Según la literatura, varios autores abogan por esperar, en la medida de lo
posible, entre 1 y 3 semanas entre la última embolización
y la cirugía34,43. Esperar más de una semana con el fin de
permitir de esta forma la trombosis progresiva de la lesión
tras la embolización y disminuir el riesgo de hiperemia
en el postoperatorio inmediato. No alargar la cirugía más
de 3 semanas, por el riesgo teórico de la formación de
vascularización colateral que podría llevarse a cabo. Sin
embargo, otros autores como Kuhmomen J y Hernesniemi
J25, recomiendan la realización de embolización más cirugía de forma precoz en un total de 4 días, con el fin de evitar
un resangrado de la MAV y acelerar la rehabilitación de los
pacientes.
Bajo nuestro punto de vista, sería recomendable esperar
entre 1 y 3 semanas entre la embolización y la cirugía.
Conclusiones
El tratamiento actual de las malformaciones arteriovenosas cerebrales debe abordarse teniendo un conocimiento preciso de su historia natural, forma de presentación, sus características angioestructurales (presencia de
aportes arteriales profundos, aneurismas intranidales),
la escala de Spetzler y Martin y el estado clínico del
paciente.
Las MAVs grado III y IV tratadas en nuestro centro
muestran unos resultados funcionales al año globalmente
buenos (93,3% Rankin m ≥ 2), si bien la forma de presen-
Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio retrospectivo de 31 casos y revisión de la literatura
tación, fundamentalmente la hemorragia, parece ser un
factor determinante en el estado funcional final de nuestros
pacientes.
El tratamiento que parece más recomendable en pacientes con MAV grado III, IV, incluso en alguna grado V tratable, situadas en área elocuente y mayores de 3 cms sería
la embolización más cirugía. El tratamiento endovascular
sería conveniente realizarlo en varias sesiones con oclusión
progresiva de la misma, evitando embolizar más del 50%
por sesión, con un intervalo entre embolizaciones de entre 4
y 6 semanas y de 1 a 3 semanas entre embolización y cirugía. El porcentaje de oclusión endovascular prequirúrgica
deseable sería > 50%, sin pretender buscar una oclusión
completa o casi completa, dado que ello podría aumentar el
riesgo de sangrado postembolización.
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Dirección postal: Dr. F. Muñoz. Hospital Santa Creu i Sant Pau.
Hospital Nuevo. Módulo 1. Piso 4. Secretaría de Neurocirugía.
Av. Sant Antoni Maria Claret, núm 167. 08025 Barcelona
Comentario al trabajo: Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio retrospectivo de 31 casos y
revisión de la literatura de F. Muñoz y cols.
Los autores presentan una serie de 31 pacientes con
MAVs cerebrales tratadas en su centro entre 1999 y 2004,
27 de ellas supratentoriales y 4 infratentoriales.
El objetivo del trabajo es establecer unos criterios
terapéuticos de las MAVs grados Ill, IV y V de Spetz-
404
ler - Martin (S-M) y analizar los resultados del subgrupo
de pacientes tratados mediante embolización seguida de
cirugía.
En el 77,4% de los casos la forma de presentación fue la
hemorrágica y sólo en un caso la MAV resultó ser un hallazgo
Manejo actual de las malformaciones arteriovenosas. Estudio retrospectivo de 31 casos y revisión de la literatura
casual. Dividen la serie en 6 grupos dependiendo del tratamiento aplicado (cirugía, embolización, radiocirugía,
embolización seguida de cirugía, embolización seguida
de radiocirugía y no tratamiento) y estiman los resultados
funcionales según la escala de Rankin modificada.
El trabajo resulta bastante interesante al tratarse de una
serie consecutiva de pacientes con MAVs tratadas en el
mismo Hospital durante un periodo de 6 años. De los 31
pacientes de su serie, 19 tenían una MAV grado III - V. Siete
de las 11 MAVs grado III fueron tratadas quirúrgicamente,
en dos casos con ayuda de embolización previa. Cinco de
las 7 MAVs grado IV fueron tratadas mediante cirugía, en
tres casos precedida de embolización. Por último, el único
caso con MAV grado V fue tratado de manera conservadora.
Estamos de acuerdo con los autores en que la clasificación de S - M no es del todo útil en muchos casos, fundamentalmente en el grado III, sin embargo, los autores no
utilizan ninguna subclasificación alternativa. Las posibles
variantes de los grados III son, según Lawton3:
III- : (tamaño (T): 1; venas (V): 1; elocuencia (E): 1):
son MAVs con un riesgo quirúrgico similar a las grado
II. Se desprende del texto que los autores recomiendan
embolización seguida de cirugía, salvo en los casos de
imposibilidad para la embolización prequirúrgica, en
los que aconsejan cirugía directa. En caso de localizarse
en área elocuente profunda (grado III B de Oliveira y
cols4.), los autores parecen recomendar la radiocirugía,
al igual que el grupo brasileño. III+ : (T2VOE1): son
MAVs de alto riesgo quirúrgico, por lo que Lawton
aconseja manejo conservador. Los autores parecen
recomendar embolización seguida de cirugía, aunque
en 2 casos decidieron tratamiento conservador "por
decisión de los pacientes y la familia". III : (T2V1
EO): son-MAVs de riesgo quirúrgico intermedio, por
lo que Lawton aconseja seleccionar cada caso individualmente. III* : (T3VOEO): son muy raras y el riesgo
quirúrgico es incierto.
Aunque no utilizan las subclasificaciones de Lawton o
de Oliveira para los grados III de S-M, los autores presentan unos resultados globales muy buenos, con un 90% de
buena evolución (Rankin ≤ 2) en los 19 pacientes con MAVs
grados III - V, siendo 12 de ellos tratados quirúrgicamente.
Como es bien conocido, la embolización ha encontrado
un papel relevante como técnica coadyuvante al tratamiento
Neurocirugía
2007; 18: 394-405
quirúrgico o radioterápico de las MAVs. De hecho, figura
en los protocolos de tratamiento de centros con amplia
experiencia, fundamentalmente en MAVs grados III, IV y
V. Este tratamiento ha facilitado la cirugía de MAVs por
varias razones: en primer lugar, los vasos embolizados
son fácilmente distinguibles en el campo quirúrgico, lo
que facilita la identificación de arterias en tránsito que no
nutren la malformación; en segundo lugar, la embolización
permite delimitar mejor el nidus, lo que facilita su disección; por último, tanto el sangrado intraoperatorio como
el tiempo quirúrgico total se reducen de manera significativa2. Sin embargo, el tratamiento endovascular de las
MAVs no está exenta de riesgos, presentando un 8.6%
de morbilidad permanente a largo plazo en la serie del
Barrow Neurological Institute1. De esta forma, parte de la
morbilidad asociada años atrás al cirujano, pasan ahora a
estar asociada al neurorradiólogo intervencionista. Por este
motivo, los pacientes con MAVs deberían ser tratados en
equipos multidisciplinarios donde trabajen neurocirujanos,
neurointervencionistas y radioterapeutas. De esta forma se
puede decidir, en los pacientes que van a ser intervenidos,
la necesidad o no de tratamiento endovascular previo y qué
pedículos arteriales conviene cerrar para facilitar realmente
la cirugía posterior, sin añadir morbilidades innecesarias al
tratamiento.
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