NOVELA Y CUENTO HISPANOAMERICANO DE LA 2ª ½ S. xx

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Tema 16
(Págs. 335, 336, 342, 343, 344, 345, 346, 347)
NOVELA Y CUENTO
HISPANOAMERICANO
DE LA 2ª ½ S. XX
NOVELA HISPANOAMERICANA
Principios de siglo:
Realismo tradicional
Medio siglo:
Realismo mágico
Novela experimental
1960-80
Ernesto Sábato
Realista
Miguel Ángel
Asturias
Julio Cortázar
Alejo Carpentier
Carlos Fuentes
Indigienista
Jorge Luis
Borges
Juan Rulfo
G. García Márquez
M. Vargas Llosa
1ª ½ S. XX
http://www.youtube.
com/watch?v=T1cG
oEVDiaU
Realismo tradicional
•Realista. Mundo rural y sus tipos. Problemas sociales y humanos
•Naturaleza salvaje y grandiosa. Doña Bárbara, Rómulo Gallegos
•Novela del dictador
•Novela fundacional de ciudades, lucha contra la selva: Gabriela, clavo y canela,
Jorge Amado
Indigienista
•explotación del indio a manos de los blancos
•Raza de bronce, Alcides Arguedas. El mundo es ancho y ajeno, Ciro Alegría
Novela de la Rev. Mejicana (1910)
•Valor de documento histórico
•Afán realista.
•Mariano Azuela: Los de abajo
AÑOS 50: EL REALISMO MÁGICO
Realismo+els fantásticos
Ambientes urbanos
Preocupaciones existenciales
Innovaciones formales:
asimilación de vanguardias
Elementos que desafían la
lógica
M.A. Asturias:
•El Señor Presidente
•Lenguaje barroco: imágenes y símbolos
•Inaugura la llamada novela de dictador
•Estética expresionista, casi onírica
Sin dejar la carga -más le pesaba el miedo- tiró de un pie al supuesto cadáver y
cuál asombro tuvo al encontrarse con un hombre vivo, cuyas palpitaciones
formaban gráficas de angustia a través de sus gritos y los ladridos del can, como
el viento cuando entretela la lluvia. Los pasos de alguien que andaba por allí, en
un bosquecito cercano de pinos y guayabos viejos, acabaron de turbar al leñador.
Si fuera un policía... De veras, pues... Sólo eso le faltaba...
-¡Chú-chó! -gritó al perro. Y como siguiera ladrando, le largó un puntapié-.
¡Chucho, animal, dej' estar!...
Pensó huir... Pero huir era hacerse reo de delito... Peor aún si era un policía... Y
volviéndose al herido:
-¡Preste, pues, con eso lo ayudo a pararse!... ¡Ay, Dios, si por poco lo matan!...
¡Preste, no tenga miedo, no grite, que no le estoy haciendo nada malo! Pasé por
aquí, lo vide botado y...
-Vi que lo desenterrabas -rompió a decir una voz a sus espaldas- y regresé porque
creí que era algún conocido; saquémoslo de aquí...
El leñador volvió la cabeza para responder y por poco se cae del susto. Se le fue
el aliento y no escapó por no soltar al herido, que apenas se tenía en pie. El que
le hablaba era un ángel: tez de dorado mármol, cabellos rubios, boca pequeña y
aire de mujer en violento contraste con la negrura de sus ojos varoniles. Vestía
de gris. Su traje, a la luz del crepúsculo, se veía como una nube. Llevaba en las
manos finas una caña de bambú muy delgada y un sombrero limeño que parecía
una paloma.
¡Un ángel... -el leñador no le desclavaba los ojos-, un ángel -se repetía-, ...un
ángel!
El Señor Presidente
JUAN RULFO
Temas: dolor en la infancia, caciquismo
Pedro Páramo (1955)
•Muerte presencia constante
•Ruptura de la linealidad temporal
•Diferentes puntos de vista narrativos
•Monólogo interior
•Phantapolis : ciudad fantasma (están todos muertos)
“¡Oh!, por qué no lloré y me anegué entonces en lágrimas para enjuagar mi angustia.
¡Señor, tú no existes! Te pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Eso te pedí.
Pero tú te ocupas nada más de las almas. Y lo que yo quiero de él es su cuerpo.
Desnudo y caliente de amor; hirviendo de deseos; estrujando el temblor de mis
senos y de mis brazos. Mi cuerpo transparente suspendido del suyo. Mi cuerpo
liviano sostenido y suelto a sus fuerzas. ¿Qué haré ahora con mis labios sin su boca
para llenarlos? ¿Qué haré de mis adoloridos labios?”
NOVELA EXPERIMENTAL
(1960-80)
Técnicas europeas
Técnicas nuevas:
Evolución
Estilo
•Joyce, Kafka, Faulkner…
•Monólogo interior
•Ruptura de sintaxis
•Eliminación del argumento
•Saltos temporales
•Diferentes tipos de texto, participación del lector
•Liberación expresiva
•Literatura de la revolución-revolución de la
literatura
•Realismo, realismo mágico, introducción
paulatina de lo fantástico
•neologismos
•diversos registros del lenguaje
•Anacronismos, juegos de palabras, exuberancia
barroca del vocabulario culto y de la sintaxis
gongorina
ERNESTO SÁBATO
(1911)
Narrativa
intelectualizada,
cercana al ensayo.
Combinación de
autobiografía, ficción,
realidad y sueños,
narración y ensayo.
El túnel
A veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro
lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos
acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que
una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y
que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía
y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en
que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos
trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y
había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en
realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven
en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas
ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad.
Julio Cortázar (1914-84)
Novedades estructurales:
Rayuela
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al
cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan
entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas
se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas
la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene
con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la
profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de
flores o de peces, de movimientos vivos, y si nos ahogamos en un breve y terrible
absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola
saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi, como una
luna en el agua.
Carlos Fuentes (1928)
La muerte de Artemio Cruz (Revisión de la novela de la revolución)
Renovación formal: saltos en el tiempo, a la combinación de puntos
de vista alternancia de narrador (1ª, 2ª y 3ª)
Actitud crítica, implacable contra la burguesía
Un hombre poderoso está agonizando mientras se reconstruye su
vida
-Depende de cómo lo mires. Tú nada más has andado en las batallas; has
obedecido órdenes y nunca has dudado de tus jefes.
-Seguro. Se trata de ganar la guerra. Qué, ¿tú no estás con Obregón y Carranza?
-Como podría estar con Zapata o Villa. No creo en ninguno.
-¿Y entonces?
-Ése es el drama. No hay más que ellos. No sé si te acuerdas del principio. Fue
hace tan poco, pero parece tan lejano… cuando no importaban los jefes. Cuando
esto se hacía no para elevar a un hombre, sino a todos-¿Quieres decir que hable mal de la lealtad de nuestros hombres? Si eso es la
revolución, no más: lealtad a los jefes.
G. GARCÍA MÁRQUEZ
(1928)
TIPOS
•Novelas de conquista
•Realismo mágico
ESTILO
•Riqueza estilística
•Estructuras circulares
•Humor
TEMAS
•Tragedia
•Crítica social
•Costumbrismo e Hª
TÍTULOS
•Cien años de soledad (1967)
•Del amor y otros demonios
http://www.youtube.com/watch?v=ut49aOMAMVo El amor en los tiempos del cólera
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano
Buendía había de recordar (…). Macondo era entonces una aldea de veinte casas
de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se
precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos
prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre,
y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes
de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la
aldea y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos
inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y
manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una
truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla
de los sabios alquimistas de Macedonia. (…), y todo el mundo se espantó al ver
que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las
maderas crujían por la desesperación de los clavos y tornillos tratando de
desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían
por donde más se les había buscado y se arrastraban en desbandada turbulenta
detrás de los fierros mágicos de Melquíades. “Las cosas tienen vida propia pregonaba el gitano con áspero acento-, todo es cuestión de despertarles el
ánima.”

Cien años de soledad
M. VARGAS LLOSA (1936)
Rasgos
Parodia
•Experimentación lingüística y estructural
•Visión irónica de la vida
• Pantaleón y las visitadoras
•De textos legislativos, crítica a la burocracia
y al ejército, humor y amor
Autobiografía
•La tía Julia y el escribidor
•Juego de capítulos pares e impares
•Impacto de las radionovelas,
experimentación narrativa
Crítica social
•La ciudad y los perros. La casa verde
•Internado de jóvenes, tintes autobiográficos
La guerrilla
•Lituma en los Andes
•El misterio de la sierra
•Estructura circular, ruptura temporal
http://www.youtube.com/watch?v=nKtdkXDLJa0
http://www.youtube.com/watch?v=eUbZLU0xCNs Pantaleón y las visiadoras
" Había mucho tráfico. El chofer, maniobrando, consiguió abrirse
paso(…). En eso, estalló la balacera a sus espaldas. Una
gritería ensordecedora se levantó alrededor; la gente corría
entre los autos, los carros se trepaban a las veredas. Antonio
oyó voces histéricas: «¡Ríndanse, carajo!». «¡Están rodeados,
pendejos!» Al ver que Juan Tomás, exhausto, se paraba, se paró
también a su lado y comenzó a disparar. Lo hacía a ciegas,
porque caliés y guardias se escudaban detrás de los
Volkswagen, atravesados como parapetos en la pista,
interrumpiendo el tráfico. Vio caer a Juan Tomás de rodillas, y lo
vio llevarse la pistola a la boca, pero no alcanzó a dispararse
porque varios impactos lo tumbaron. A él le habían caído
muchas balas ya, pero no estaba muerto. «No estoy muerto,
coño, no estoy.» Había disparado todos los tiros de su cargador
y, en el suelo, trataba de deslizar la mano al bolsillo para
tragarse la estricnina. La maldita mano pendeja no le
obedeció. No hacía falta, Antonio. Veía las estrellas brillantes
de la noche que empezaba, veía la risueña cara de Tavito y se
sentía joven otra vez. "
La fiesta del chivo.
http://www.youtube.com/watch?v=yYF_2Icsk2w
EL CUENTO
Junto con la novela, género narrativo
ampliamente cultivado
Títulos de gran calidad y originalidad
En ocasiones adelanta innovaciones
estructurales y lingüísticas del boom de los
años sesenta.
EL CUENTO EN EL REALISMO MÁGICO
Alejo Carpentier:
•Lenguaje rico y sugerente
•Creación de nuevos mundos
•Personajes muy atractivos
•Los pasos perdidos, civilizaciónbarbarie, búsqueda de la propia
esencia personal
J. L. Borges:
•Vértigo intelectual: recrea universos
ficticios
•temas obsesivos: el mundo caótico y
sin sentido, el destino y la fatalidad,
el mundo como laberinto, el paso
inexorable del tiempo, el tiempo
cíclico, la imposibilidad de conocer el
mundo, el carácter artificial e ilusorio
de la realidad...
•Gran originalidad estructural.
•Estilo irónico
•Tono erudito
•Desaparece el tiempo y el individuo
•Temas: destino personal
•El Aleph, El libro de arena, El jardín
de los senderos se bifurca
En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera
tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego
comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos
espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres
centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente
la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la
tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de
una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos
inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del
planeta y ninguno me reflejó, (…), vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno
de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la
violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra
seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un
ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un
tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las
letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la
noche), (…)vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la
modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la
tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos
habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres,
pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. "
El Aleph, Jorge Luis Borges
EVOLUCIÓN DEL CUENTO HASTA NUESTROS DÍAS
Julio Cortázar
Mario Benedetti
• a veces bajo la
influencia del
surrealismo
• realidad compleja
que suele
aparecer
parodiada
• revela el absurdo
de lo cotidiano
con un gran
sentido del
humor.
• Sorpresa y finales
inesperados
• Bestiario: El
perseguidor,
Todos los fuegos,
el fuego, Las
armas secretas,
Historias de
cronopios y famas
• Montevideanos,
La muerte y otras
sorpresas y Con y
sin nostalgia
• vida diaria,
circunstancias
políticas de su
país desde una
postura
comprometida
• lenguaje sencillo y
coloquial.
Augusto
Monterroso.
• Microrrelatos:
máxima
condensación
• Obras completas
(y otros cuentos),
La oveja negra y
demás fábulas...
Desde los años
sesenta
• Mayra Montero
• Isabel Allende, A.
Bryce Echenique
• Antonio Skármeta
• Eduardo Galeano
Julio Cortázar
CONTINUIDAD EN LOS PARQUES
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por
negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se
dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes.
Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el
mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad
del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su
sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una
irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara
una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su
memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los
protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del
placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba,
y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo
del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que
más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles.
Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes,
dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y
movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte.
Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la
cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la
sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para
repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de
hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y
debajo latía la libertad agazapada.
Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se
sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban
el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban
abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había
sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada
instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado
se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a
anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en
la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la
senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a
su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma
malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar,
y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres
peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban
las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera
alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la
segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los
ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre
en el sillón leyendo una novela.
EL ALMOHADÓN DE PLUMAS, HORACIO QUIROGA
Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el
carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Lo
quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento
cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva
mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por
su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.
Durante tres meses —se habían casado en abril— vivieron una dicha
especial. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese
rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible
semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La
blancura del patio silencioso frisos, columnas y estatuas de mármol—
producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo
glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes,
afirmaba aquella sensación de desapacible
frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en
toda la casa, como si un largo abandono hubiera
sensibilizado su resonancia.
En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No
obstante, había concluido por echar un velo sobre sus
antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin
querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de
influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia
no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín
apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro
lado.
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