La comedia clásica

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La comedia clásica
Por Raúl Serrano
Resumen de Ana Federik
Pasemos a considerar algunos de los rasgos propios de la comedia clásica. La época es
la que comienza a revalorizar la razón como instrumento, en contra de la fe y el
dogmatismo medieval, en consecuencia, el arte también cae bajo los condicionamientos
de aquel instrumento universal y todo poderoso. Los dos principios esenciales,
sostenidos por la estética del clasisismo son los de la simetría y el del equilibrio. En
numerosas escenas del teatro de Moliere, sobre todo, puede constatarse una
construcción que se basa en la estricta observación de estos principios. Si uno de los
personajes dice una cosa, el otro debe responderle simétricamente. Si algo ocurre con
aquel, pronto le ocurrirá a este otro.
Por ejemplo en la escena de 4 personajes del burgués gentil hombre, la situación se
torna cómica por el paralelismo que se establece entre ambas mujeres con respecto a los
dos hombres y a la simetría y equilibrio con que transcurren las relaciones.
Si es que existe algún estilo “Moliere” debe buscárselo, en sus firmas de estructurar y
componer, y no en una familia de poses y pasos que parecen de rigor.
Teniendo en cuenta que los alumnos vienen de trabajar con el teatro realista que les
exige una identificación con sus personajes, la comedia propone algo distinto: el
personaje cómico no puede lograrse desde la plena identificación. Existe una distancia
crítica entre el actor y su personaje. Por supuesto que los personajes deberán perseguir
orgánicamente, en escena, sus objetivos como tales también en la comedia. Pero el
modo en que lo hacen difiere del drama realista. Hay una manera crítica de comportarse
del actor a su respecto. Es decir, hay una especie de trabajo, que partiendo de las
propuestas autorales de determinados tipos cómicos, hace que los tipos persigan sus
fines en escena, pero de un modo que “Yo”, el espectador no lo haría.
En consecuencia, y para el actor, se trata antes que nada de rescatar “esa critica” y
encarnarla en una caracterización, o en un comportamiento, tras lo cual puede entonces
sumergirse en el “submarino” (que quiero, contra que estoy luchando) y perseguir sus
fines. Pero no directamente desde el yo. Existe esta mediación distanciante que genera,
justamente, la comicidad.
Otra consecuencia de este modo de construir los personajes es que en la comedia no
existen las emociones autenticas, es decir, las emociones verdaderamente encontradas
por el actor como en el caso del drama realista. Alguien dijo una vez: en la comedia no
existe la sangre, ni la muerte. (Exceptuando algunos géneros limítrofes como la comedia
negra.
Lo físico posee un grado de exageración y convencionalidad que lo torna signo
soportable y nunca realidad sufrida.
La comicidad es de origen social y humano. La risa exige la complicidad, la
sociabilidad. Este rasgo tiene que ver con otro de los aspectos técnicos planteados por la
comedia clásica al actor. Mientras el drama le exigía actuar frente a la cuarta pared en
una especie de soledad sin espectadores, el actor de comedia tiene con mucha frecuencia
necesidad de dirigirse a ellos y lograr su complicidad. El personaje cómico actúa, en
cierta manera para el público, aunque su lógica le exija respetar la estructura de
comportamiento en la que se halla inserto. El ejemplo mas claro es el de los apartes.
Esos apartes del teatro clásico, especialmente cómico, son la expresión más notoria de
la diferente relacion con el público propia del actor de comedia. Quien mide sus tiempos
no es el mismo, sino esta compleja y conocida relación para con la sala y sus reacciones.
Este vínculo es nocivo y contrario al actor dramático que se sumerge en sus conflictos y
su lógica, ajenos a los vaivenes emocionales que esta provocando.
Son lo que llamaremos “defectos morales” de los personajes los que dan al actor la
clave de sus construcciones cómicas en el teatro cómico profundo y realista.
El alumno deberá, antes que nada, hacerse cargo de los recursos planteados por el
dramaturgo y traducirlos a comportamientos.
La estructura geométrica de muchas escenas y la simetría exigen que, antes que nada, se
haga una especie de puesta en escena por lo menos provisoria, que tienda a ordenar el
juego de los actores. Y que una vez logrado ese ordenamiento y ya sobre el, los actores
puedan entregarse a cierto grado de improvisación.
La comedia del arte, que frecuentemente se llama como teatro “all improvisso”
efectivamente lo fue, pero al mismo tiempo, poseía una serie de lazzies o trucos
perfectamente fijados y otra serie de monólogos ya conocidos de antemano y a los que
se recurría en determinadas ocasiones. Por lo tanto, el teatro cómico, que incluye la
capacidad de improvisar del cómico, exige a la vez, una rígida disciplina y observación
de ciertos “pactos” sin los cuales el truco cómico no existe. Es justamente esta
complicada mezcla de improvisación sobre lo fijado y de respeto milimétrico de ciertos
comportamientos lo que constituye la esencia del género.
El espesor cómico de los personajes, la distancia entre sus ejecutantes y sus “muñecos”
se consigue, con esa especie de exageración no sobre cualquier cosa sino y sobre todo
sobre los defectos morales presentados. “la comedia no es un espejo que refleja sino una
lupa que exagera”.
Habrá que descubrir que significa en estas condiciones la organicidad que, seguramente,
nunca será igual a la del drama, pero deberá existir si queremos una actuación viva. El
“aquí y ahora” y la presencia del “cuerpo”, intelecto y afectividad jugando de modo
conjunto, es necesaria.
Así, primero con los lazzie, y luego con la necesidad de la puesta en escena, iremos
descubriendo que bajo la comicidad, y desde el punto de vista de la actuación, se
esconde un cierto mecanismo que hay que encontrar y construir para luego llenarlo de
vida y corporalidad.
Toda poética implica un modo específico de construir y proceder, y por lo tanto, habrá
que descubrirlo en cada caso. Nosotros hemos visto aliviada nuestra tarea gracias a los
valores de criterios tales como los de “estructura" Y “proceso”.
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