Alejandro Lerroux - Alianza Editorial

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ALEJANDRO LERROUX
Nació en La Rambla, Córdoba, en marzo de 1884. Hijo de un veterinario del ejército,
durante su infancia cambió numerosas veces de domicilio hasta asentarse
definitivamente en Madrid en 1875. Mal estudiante, abandonó sus estudios de
bachillerato para intentar ingresar en la Academia General del Ejército, pero no pudo
acceder a ella por falta de medios económicos.
Trabajó durante su adolescencia y juventud en muy diversos oficios y trabajos:
agente de seguros, agente comercial, secretario, crupier de casino… y, a instancias de
uno de sus hermanos, publicó algunos artículos para periódicos republicanos y masones,
círculos por los que empezó a interesarse. En 1886 se vio envuelto, incluso, en un
fracasado pronunciamiento militar republicano, lo que le obligó a pasar a la
clandestinidad y escapar, durante un tiempo, de Madrid.
De vuelta a la capital, entró en la redacción del periódico El País, iniciando su
carrera como periodista y como político republicano. Llegó a ser redactor y a figurar
como director del periódico. En esa etapa estuvo involucrado en varios duelos, a sable o
pistola, para dirimir lances de honor por algunos de sus artículos, siempre de tono
radical y directo. Se alineó, desde el primer momento, con los sectores del
republicanismo revolucionario y progresista. Las disputas internas entre las fracciones
del republicanismo le obligaron a dejar El País para incorporarse a un nuevo periódico
El Progreso, que desapareció poco después, dando paso a otras publicaciones como El
Radical, La Publicidad, etc. Con ocasión de la guerra de Cuba, en 1898, fue detenido y
procesado por alguno de sus artículos.
La campaña en defensa de los anarquistas catalanes encarcelados en Montjuich,
le dio la oportunidad de participar en algunos mítines en la ciudad condal, donde su
oratoria le proporcionó una gran popularidad. En 1901 se instaló en Barcelona, donde
obtuvo acta de diputado en las elecciones generales del mes de mayo, en representación
de la Unión Republicana. Asentó así su carrera política, repitiendo su representación en
Cortes por Barcelona durante todo el período de la Restauración. Allí se convirtió en un
líder carismático, con un mensaje populista y radical que logró movilizar, en torno a su
figura, a un importante movimiento de masas atraído por su vibrante y combativa
oratoria. En 1906, al incorporarse a la Unión Republicana los catalanistas de
Solidaridad, Lerroux abandonó la coalición y fundó, dos años después, el Partido
Republicano Radical (PRR). Con un discurso anticlerical, revolucionario, demagógico y
obrerista, el PRR, ligado a la figura personalista de su líder –al que llegó a conocerse
como «El emperador del Paralelo» por su popularidad entre los sectores populares de
los bajos fondos–, y con una extensa red de casinos y centros de ocio, consiguió
convertirse en uno de los partidos de masas con mayor asentamiento en la ciudad,
disputando la primacía política a los catalanistas.
Involucrado su partido en la Semana Trágica de Barcelona, en 1909, Lerroux se
vio obligado a permanecer durante algunos meses en el exilio, en Argentina, Londres y
París. A su vuelta, en 1910, logró un importante triunfo electoral en las elecciones
municipales. A partir de ahí, sin embargo, su estela se fue apagando. Lerroux moderó su
discurso, empezó a dedicarse al mundo de los negocios y, en 1914, se vio involucrado
en algunos escándalos de corrupción que incluso le obligaron a presentar su candidatura
al congreso por Córdoba, para evitar la derrota en Barcelona. En la crisis de 1917 tomó
parte en la Asamblea de Parlamentarios convocada en Barcelona, pero no apoyó
directamente la huelga revolucionaria, lo que no le impidió tener que volver a salir al
exilio para evitar la prisión. En 1920 fue elegido presidente de la Junta Nacional
Republicana. Fue abandonando su imagen radical y buscando una posición más
acomodada. Para ello consiguió obtener el título de abogado, que logró en La Laguna,
en 1922, examinado en un solo día por un claustro que le era políticamente adicto y que
le concedió la licenciatura.
Durante la dictadura de Primo de Rivera participó, en 1926, en la Alianza
Republicana, lo que le obligó a nuevos exilios y detenciones. Dos años después se
integró en un comité revolucionario que redactó un manifiesto contra la dictadura. En
1930 participó, en representación del PRR, en el Pacto de San Sebastián. Al
proclamarse la República y constituirse el gobierno provisional presidido por Alcalá
Zamora, Lerroux ocupó la cartera de Estado. Se posicionó en posturas moderadas,
dando un giro conservador a su partido, que pronto manifestó sus desacuerdos con el
gobierno, criticando su política antirreligiosa, la quema de conventos y la política social
liderada por los socialistas y las izquierdas. Pese a carecer de un programa político
concreto, en las elecciones generales de junio de 1931, obtuvo buenos resultados, con
90 diputados, la minoría más fuerte de la cámara detrás de la socialista. Sin embargo,
contrario a la presencia socialista en el gobierno, Lerroux abandonó el gobierno Azaña,
en diciembre de 1931, pasando a la oposición. Desde ella combatió al ejecutivo y a su
política de reformas, abogando por la constitución de un gobierno formado,
exclusivamente, por los partidos republicanos que él estaba dispuesto a liderar.
A raíz de la crisis política del gobierno Azaña, en septiembre de 1933, el
entonces presidente de la República, Alcalá Zamora, propuso a Lerroux la formación de
un nuevo gabinete. Pero su candidatura fue rechazada por las Cortes. Celebradas nuevas
elecciones, en diciembre de ese mismo año, el PRR volvió a obtener buenos resultados,
101 diputados, solo por detrás de la CEDA. Eso, y la amenaza de la izquierda de
oponerse por todos los medios a un posible gobierno de Gil Robles, el líder de la
derecha, permitieron a Lerroux alcanzar su gran aspiración de llegar a la presidencia del
gobierno. Con apoyo parlamentario de la CEDA, Lerroux fue investido como jefe de
Gobierno el 16 de diciembre de 1933.
Fue una etapa difícil marcada por la firme oposición de socialistas y
republicanos de izquierda contrarios a la paralización de las reformas sociales, y por la
presión de la derecha –que, por ejemplo, forzó la concesión de amnistía decretada por
Lerroux, contra la opinión de Alcalá Zamora, en favor de los condenados por el golpe
de Estado del general Sanjurjo–. Ese distanciamiento con Alcalá le llevó a dejar la
jefatura del gobierno, durante algunos meses, en manos de su correligionario Samper.
Volvió a presidirlo tras el verano de 1934, aunque obligado a incorporar a su gabinete a
tres ministros de la CEDA, que amenazaba con retirarle el apoyo parlamentario. Eso
originó la revolución de octubre de 1934, que Lerroux reprimió con violencia.
Se mantuvo al frente del gobierno hasta septiembre de 1935. Su creciente
impopularidad entre las izquierdas republicanas, las críticas a su política personalista,
plagada de rumores de favoritismos y corrupción, acabó por desprestigiarle. Su
implicación personal en el escándalo del «estraperlo», un fraude en la concesión de
ruletas trucadas en varios casinos, acabó definitivamente con su carrera política. Se vio
obligado a dejar la presidencia del gobierno pasando a ocupar, momentáneamente, la
cartera de Estado en el gobierno presidido por Chapaprieta, cargo en el que cesó en
octubre de 1935. En las elecciones de febrero de 1936, el PRR y Lerroux sufrieron una
dura debacle electoral al obtener, tan solo, cinco diputados. Al estallar la guerra civil, en
abril de 1936, Lerroux, partidario del golpe militar, se exilió en Portugal donde residió
hasta el año 1947. Murió en Madrid dos años después, en junio de 1949.
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