Los beneficiarios

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Nota informativa No.
Los beneficiarios
Dado el papel vital de los recursos fitogenéticos en la seguridad alimentaria, toda
la humanidad se beneficiará de su uso, gracias al Tratado. Además, diversos actores sociales
conseguirán ventajas específicas tanto directa como indirectamente.
Agricultores
Los agricultores son los primeros custodios y elaboradores de agrodiversidad para la
alimentación y la agricultura. El Tratado reconoce este hecho en sus disposiciones sobre los
Derechos de los Agricultores (art. 9) donde consta su derecho a participar en la distribución de
los beneficios que se derivan de la utilización de estos recursos, a proteger los conocimientos
tradicionales y a participar en la adopción de decisiones relativas a los recursos fitogenéticos.
Además, mediante el Tratado, pueden tener acceso a las características que desean para sus
cultivos -características que muchas veces no están a su alcance inmediato- con las que pueden
mejorar la productividad y la resistencia de sus sistemas de producción. En India y Nepal, por
ejemplo, los agricultores han trabajado con fitomejoradores profesionales para evaluar los
cruzamientos entre selecciones resistentes a la sequía y variedades locales de sabor agradable y
muy remunerativas en los mercados. Los agricultores identificaron diversos cruzamientos que
mejoraron las variedades locales conservando, sin embargo, el sabor preferido. De ese modo la
productividad y los ingresos aumentaron.
Los agricultores también se beneficiarán de las nuevas variedades de cultivo producidas por
fitomejoradores especializados. Las variedades mejoradas pueden dar al agricultor una gama
de ventajas que van mucho más allá del cultivo mismo. Por ejemplo, las variedades resistentes a
la sequía pueden contribuir tanto a la seguridad alimentaria como al ahorro de agua, la que se
puede emplear así en otras cosechas que la necesitan.
Fitomejoradores
Todo el programa de mejoramiento genético vegetal se basa en la mezcla de las combinaciones
favorables de las características que los agricultores necesitan. En general, los fitomejoradores
de los sectores público y privado conservan una pequeña colección de recursos fitogenéticos
para hacer frente a sus exigencias de corto plazo. Sin embargo, desafíos nuevos e imprevistos
les imponen buscar en un horizonte más amplio. Gracias al Tratado, y según las normas
establecidas para la mejora genética y la investigación, se garantizará la disponibilidad de una
amplia gama de recursos genéticos de importancia vital para la seguridad alimentaria. Además,
el documento aboga por el desarrollo y el refuerzo de un Sistema Mundial de Información que
facilite a los fitomejoradores el acceso y el uso de tales recursos.
Procesadores de alimentos
Los agricultores son generalmente el principal objetivo de mercado de los fitomejoradores, pero
los que elaboran productos alimentarios también se beneficiarán de las medidas del Tratado.
Las variedades mejoradas, por ejemplo, poseen características que requieren menos energía
para su elaboración, lo que supone un ahorro para los procesadores. Este ahorro puede también
beneficiar, en último término, a los consumidores. Una serie de productos completamente
nuevos podría ser otra de las posibles ventajas.
Consumidores
Los consumidores, que en sentido literal son “los que comen”, probablemente es el grupo más
importante que se beneficiará del Tratado. Los alimentos más seguros y potencialmente más
baratos, son un beneficio para todos. Las ventajas del Tratado pueden ser enormes si, gracias a
él, se consiguen dietas más nutritivas. En el mundo entero, aproximadamente dos mil millones
de personas, sobre todo mujeres y niños sufren los efectos debilitantes de dietas escasas en
micro sustancias nutritivas. Los recursos genéticos pueden utilizarse sea para incrementar la
diversidad dietética gracias a los nuevos cultivos, o para aumentar el valor nutritivo de los ya
existentes. El Tratado ayudará a los fitomejoradores y a los agricultores a tener acceso a recursos
genéticos que contienen características nutritivas mejoradas y a incorporarlos a las variedades
adaptadas localmente.
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El valor de los recursos fitogenéticos
Los recursos fitogenéticos son la materia prima que utilizan los fitomejoradores para crear
nuevas variedades de cultivos. Es sumamente difícil atribuir un valor puramente económico a
cualquier recurso genético en particular. Mientras el valor de mercado de una nueva variedad de
trigo es razonablemente fácil de calcular, la contribución a ese valor de cualquier característica
derivada de un recurso genético específico, es sólo materia de suposición.
En algunos casos los beneficios son evidentes. Un pariente silvestre del tomate aportó recursos
genéticos que aumentaron en un 2,4 % el contenido sólido de los tomates elaborados. Esta
aportación se tradujo en 250 millones de dólares más cada año, sólo en el Estado de California,
porque redujo las necesidades de consumo de energía durante el proceso de elaboración.
Productividad mejorada
A menudo, uno puede sólo concluir que el principal valor de los recursos fitogenéticos para la
alimentación y la agricultura estriba en el hecho de que sirven para mejorar la productividad.
El crecimiento demográfico y la disminución de las tierras de labranza hacen necesario el aumento
de la producción mundial de alimentos. Los cambios en las condiciones ambientales, que a veces
se traducen en sequías o brotes de plagas y enfermedades, también exigen variedades de cultivos
nuevos y mejor adaptados. Los recursos fitogenéticos son un ingrediente esencial de todos esos
adelantos. Más de la tercera parte del aumento de la productividad de los cultivos en los últimos
30 años es resultado de la fitogenética. Y a pesar del crecimiento del 70 % de la población mundial,
la agricultura proporciona hoy un 15 % más de calorías por persona que hace 30 años. Es un logro
formidable. Aunque el porcentaje de crecimiento de la población haya disminuido, el mundo seguirá
dependiendo de los recursos fitogenéticos para hacer frente a sus exigencias futuras.
Un factor adicional es que, mientras sabemos que más personas necesitan más alimento, no
sabemos detalladamente qué otros retos enfrentará la agricultura. Esos desafíos podrían ser
bióticos (por ejemplo, plagas y enfermedades nuevas) o abióticos (por ejemplo, cambio de clima y
otras presiones ambientales) o simples cambios en las demandas de los consumidores. Por eso los
recursos fitogenéticos tienen un valor de seguridad incalculable, ya que son la fuente primaria de los
elementos necesarios para que la agricultura se adapte a cambios imprevistos.
Sostenibilidad y otros beneficios
La diversidad fitogenética suministra la base para adaptar la agricultura a medio ambientes
diferentes y a los obstáculos que éstos presentan. Por eso, aunar los esfuerzos de conservación
y fitomejoramiento puede contribuir a hacer frente a algunos retos de sostenibilidad ambiental
relacionados con la agricultura. La diversidad de las plantas y sus características son también la base
de una buena nutrición y de numerosos valores sociales y culturales. El intercambio de material
fitogenético entre las naciones y los continentes contribuye enormemente al diálogo intercultural.
La importancia del intercambio
La mayor parte de las iniciativas para la mejora genética de los cultivos depende del intercambio de
materiales que proceden de todo el mundo. En un análisis de las diversas líneas genéticas utilizadas
en los programas de mejora del trigo destinados a los países en desarrollo, aproximadamente
el 30-40 % del material parental procedía de otro país. El análisis se centró en una característica
particular: la resistencia a las enfermedades y se propuso conseguir variedades de trigo con
resistencia duradera a la roya. Para ello los fitomejoradores se sirvieron de recursos fitogenéticos
procedentes del Cono Sur y de las regiones andinas de Sudamérica, México, Guatemala,
Norteamérica, África Oriental, África del Norte, España, Portugal, Oriente Medio, el valle del Nilo,
Europa, Australia y Nueva Zelanda.
En resumen, las iniciativas de mejoramiento de los cultivos no obtendrán resultados significativos
en ningún país si no existe la posibilidad de tener acceso y poder usar los recursos genéticos
procedentes de cualquier parte del mundo.
Los fitomejoradores, los agricultores y la sociedad en general deben estar en concisiones de
acceder, intercambiar y usar el valor inherente de los recursos fitogenéticos para la agricultura y la
alimentación, a fin de satisfacer los requerimientos futuros de la humanidad.
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FONDO MUNDIAL PARA LA DIVERSIDAD
DE CULTIVOS
El Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos es una fundación para la seguridad
alimentaria. Su misión es garantizar, a perpetuidad, la conservación de las colecciones más
importantes de material fitogenético, conservadas en los bancos de germoplasma, y promover
la disponibilidad y el empleo de esa diversidad biológica. Los recursos financieros para mantener
esas colecciones ocupan a menudo un lugar muy secundario en los presupuestos nacionales, y
por consiguiente, los bancos de germoplasma pueden carecer de los recursos necesarios para
garantizar su conservación. El Fondo proporcionará financiación constante para asegurar que
los agricultores y fitomejoradores puedan servirse de las colecciones para mejorar los cultivos
y reforzar la seguridad alimentaria. Para ello, el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos
instituirá una dotación de recursos que se utilizará para sufragar permanentemente los gastos
de manutención del material fitogenético de los principales cultivos del mundo.
El Fondo fue establecido en 2004 como organización internacional independiente, co-patrocinada
por el Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos (IPGRI) y por la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Hasta el momento, veintidós países
han firmado el acuerdo de establecimiento y se han recaudado 60 millones de dólares de diversos
donantes. Asimismo el Fondo ha desembolsado las primeras subvenciones para sufragar algunos
de los gastos claves para la creación de capacidad y mejoramiento de las colecciones prioritarias
identificadas durante la elaboración de las estrategias regionales y de cultivos. Las subvenciones
para la conservación a largo plazo de colecciones prioritarias comenzarán a finales de 2006.
El Tratado y el Fondo
La Comisión intergubernamental de la FAO sobre Recursos Genéticos para la Alimentación y la
Agricultura acogió favorablemente la creación del Fondo, como elemento esencial de la estrategia
de financiación del Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación
y la Agricultura. En junio de 2006, el Órgano Rector del Tratado Internacional sobre Recursos
Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura y el Fondo Mundial para la Diversidad de
Cultivos entrarán en un acuerdo formal de relaciones en Madrid (España). El acuerdo prevé que
el Órgano Rector oriente las políticas del Fondo y designe a cuatro miembros de su Consejo
Ejecutivo. Reconoce asimismo la independencia del Consejo Ejecutivo para llevar a cabo las
operaciones y actividades del Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos.
Establecer prioridades
El Fondo será un aliado inestimable en los esfuerzos internacionales para elaborar un sistema
de conservación de la agrodiversidad más eficaz, eficiente y sostenible. En el mundo hay en estos
momentos alrededor de 1 400 bancos de germoplasma que contienen más de 6 millones de
muestras. Un reto significativo es el de individuar las colecciones susceptibles de financiación
por parte del Fondo. Por esta razón, dicho organismo respalda un proceso de desarrollo de
estrategias de conservación regional y por cultivos. Además de incentivar la colaboración
entre las partes interesadas y una racionalización más eficaz de la conservación de material
fitogenético, esas estrategias, que dirigen algunos de los mayores expertos mundiales de cultivos,
individuarán cuales son las colecciones de diversidad vegetal más importantes y más necesitadas
de financiación.
Las estrategias regionales identificarán oportunidades de colaboración y coordinación de
actividades, y establecerán como se pueden mejorar la conservación y gestión de los recursos
fitogenéticos. Las estrategias de cultivo identificarán los subconjuntos que poseen la diversidad
genética más amplia del cultivo interesado y propondrán formas de utilizarlos de la mejor forma
posible. Se están elaborando nueve estrategias regionales que serán completadas a finales del
2006. De las 36 estrategias de cultivos que se han previsto, 19 se habrán completado en los últimos
meses del mismo año.
No es tarea fácil asegurar el futuro a largo plazo de las colecciones de material fitogenético de
todo el mundo. Pero una financiación sostenida, si bien de poca entidad económica, puede hacerlo
posible. Así, el sueño comenzado hace unos pocos años con el Tratado Internacional se hará
realidad.
La dirección del sitio web del Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos es: www.croptrust.org
Nota informativa No.
La Estrategia de Financiación: aunar
esfuerzos y recursos para llegar a un
compromiso global
Los recursos financieros para la puesta en práctica del Tratado se conseguirán
mediante la Estrategia de Financiación. Esta Estrategia no es un fondo ni un mecanismo,
sino un plan que movilizará una amplia variedad de recursos para apoyar proyectos y
programas de diversidad de cultivos, en particular en los países en vías de desarrollo y en
los en transición económica.
La Estrategia de Financiación está encaminada a la puesta en práctica de todos
los elementos del Tratado. Por ejemplo, los capítulos 5 y 6 del Tratado tratan de la
conservación y el uso sostenible de los recursos genéticos. En este contexto, una actividad
importante será la recogida de información -mediante estudios e inventarios- de la
diversidad de cultivos existentes. Como lo será también brindar ayuda a los agricultores
y a las comunidades locales para que puedan utilizar y conservar la diversidad en sus
explotaciones. La creación de capacidades constituye un aspecto clave de todas las
actividades.
Aunque el texto del Tratado prevea una Estrategia de Financiación, no fija los detalles de
la misma. En su primera reunión, el Órgano Rector analizará un documento preliminar y
una resolución sobre la puesta en práctica de la Estrategia de Financiación.
Principios básicos de la Estrategia de Financiación
El fulcro de la Estrategia de Financiación es proporcionar los recursos necesarios para
permitir a los países en vía de desarrollo y a los de economías en transición conservar
y utilizar de forma sostenible sus propios recursos genéticos, junto a los que consiguen
mediante el Sistema Multilateral de Acceso y Distribución de Beneficios del Tratado.
Entre los principales proveedores de recursos están las Partes Contratantes de los
países desarrollados. Otros recursos vendrán de fondos, organismos y organizaciones
internacionales. Por ejemplo, el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos constituirá
un elemento esencial de la Estrategia de Financiación. Otros posibles proveedores
de recursos son el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), el Grupo
Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (GCIAI) y el Banco Mundial.
Las contribuciones obligatorias y voluntarias procedentes de la comercialización de la
diversidad de cultivos, mediante el Sistema Multilateral del Tratado, serán otra fuente de
fondos.
El borrador de la Estrategia de Financiación comprende tanto recursos bajo el control
del Órgano Rector como recursos que no lo están: es poco probable que el grueso de los
recursos financieros esté bajo el control directo del Órgano Rector, como, por ejemplo,
los recursos facilitados por las organizaciones y organismos internacionales. Sin embargo,
se animará a unas y otros a tener en cuenta las prioridades que constan en la Estrategia
de Financiación en la asignación de recursos, dentro de los términos de sus propios
mandatos, para actividades relevantes de cara a la puesta en práctica del Tratado.
Una responsabilidad compartida
El Tratado Internacional representa un compromiso mundial sin precedentes de los
gobiernos para hacer frente a las necesidades de seguridad alimentaria de una población
mundial en aumento. Su éxito depende de conseguir los recursos financieros necesarios
para poner en práctica sus actividades. Las partes contratantes del Tratado y la entera
comunidad tendrán que unir sus fuerzas para garantizar esos recursos. La adopción de la
Estrategia de Financiación del Tratado es un paso clave en esa dirección.
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La importancia de ser útil
El objetivo fundamental del Tratado Internacional es conseguir que las personas puedan
utilizar los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura. La conservación, de por
sí, no basta. Los recursos fitogenéticos tienen valor solamente cuando se usan. Efectivamente, la
conservación y el uso, lejos de estar en contradicción, como a veces se cree, se refuerzan mutuamente: si
los recursos fitogenéticos son útiles, se conservarán y si se conservan seguirán estando disponibles para
utilizarlos. El artículo 6 del Tratado establece que las Partes Contratantes promoverán la utilización
sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura y enumera una serie de
medidas para ello.
La fitogenética
Los recursos fitogenéticos son la materia prima para el trabajo de mejora de las plantas y seguirán siendo el
fundamento de la seguridad alimentaria.
Nos servimos de ellos para mejorar el rendimiento y la calidad, para afrontar las enfermedades de las plantas y los
cambios climáticos, y para satisfacer las necesidades de las personas, en constante evolución. La roya patógena de
los cereales, por ejemplo, causa enormes pérdidas en las cosechas de todo el mundo. Los fungicidas representan una
medida de control, pero su caro precio limita su utilidad para los agricultores pobres de los países en desarrollo.
Las repercusiones de los fungicidas en la salud y en el medio ambiente son también fuente de preocupación. A
principios del siglo XX, los fitomejoradores profesionales introdujeron varios genes de resistencia, la mayor parte
procedente de cultivos autóctonos y de parientes silvestres del trigo. Aquellos genes, sin embargo, perdieron
rápidamente su valor, porque los hongos de la roya mutaron sus características. Los fitomejoradores analizaron
las colecciones de trigo existentes en busca de genes que confirieran una resistencia más duradera. Ese tipo de
resistencia, encontrada solamente en una variedad, se incorporó rápidamente a más de la mitad de las variedades
cultivadas en los años 90.
Las nuevas formas de enfermedad harán necesario que los fitomejoradores se sirvan de los recursos fitogenéticos
para encontrar nuevos genes resistentes. La roya de la soja asiática, una amenaza emergente, supone alrededor de
2 mil millones de dólares por año, solamente en Estados Unidos. Los investigadores todavía no han encontrado
resistencia genética; cuando la encuentren procederá de los recursos fitogenéticos.
Otros usos
El artículo 6 reconoce también diversas formas, además del fitomejoramiento profesional, para promover el uso
sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura. Los agricultores y las comunidades
rurales se dedican a mejorar los cultivos desde los albores de la agricultura. Es necesaria una política de apoyo para
conseguir una diversidad más amplia dentro de los sistemas de cultivo. Esa diversidad es un componente clave de la
seguridad alimentaria y garantiza la producción en caso de eventos traumáticos. El Tratado pide que la búsqueda de
una mayor diversidad de los sistemas cultivos, vaya acompañada por una investigación que ponga a disposición de
los agricultores una agrodiversidad más amplia, para que puedan usarla por sí mismos o de común acuerdo con el
sector profesional para mejorar la conservación y la productividad de sus sistemas.
El Tratado anima a ampliar la base genética de los cultivos tanto en el ámbito de la fitogenética profesional como en
el de mejoramiento fitogenético participativo. Serviría para mitigar los efectos de algunas mejoras para los cultivos
que, si por una parte incrementan el rendimiento, por otra pueden reducir la diversidad genética, limitando así el
potencial de una variedad para desarrollarse y adaptarse en futuro a circunstancias diversas.
Asimismo, el Tratado reconoce la importancia de los cultivos locales, y también de variedades y especies poco
utilizadas. Hay casos como el del alforfón y la yuca que se cultivan extensamente en el mundo entero, pero se
utilizan sobre todo para la subsistencia local y se comercializan en mercados cercanos y en pequeñas cantidades.
Otros cultivos -como el tef en Etiopía- son enormemente importantes dentro de un área geográficamente
restringida. El Tratado invita a los países a garantizar que esos cultivos y las especies poco utilizadas (a menudo
altamente nutritivas) se utilicen y no se excluyan de los sistemas de cultivo o de los mercados.
Garantizar la utilización
Utilizar los recursos fitogenéticos significa el acceso a los mismos y su intercambio, porque los países y regiones son
sumamente interdependientes. El objetivo del Sistema Multilateral de Acceso y Reparto de Beneficios del Tratado
es garantizar su utilización. Además, el Tratado, mediante su Estrategia de Financiación, reconoce la importancia
de facilitar ayuda práctica a los países en desarrollo para que utilicen los recursos fitogenéticos para la seguridad
alimentaria y el crecimiento económico. Esto significa creación de capacidades, compartir tecnologías, y establecer
sistemas de información para apoyar el desarrollo de los cultivos.
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El estado de la diversidad
En el mundo de hoy es muy difícil evaluar la cantidad existente de recursos fitogenéticos
para la alimentación y la agricultura. Los agricultores y fitomejoradores han desarrollado
esta diversidad a lo largo de los siglos en un proceso en constante evolución que es difícil
de trazar y fijar. Además, muchas colecciones nacionales de recursos fitogenéticos para la
alimentación y la agricultura están poco documentadas lo que hace muy difícil determinar
el material que contienen.
En 1996, la FAO en colaboración con el Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos
(IPGRI) y otros Centros del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional
(GCIAI), trabajaron con diversos países para evaluar la situación mundial de la
agrodiversidad. El Informe sobre el Estado Mundial de los Recursos Fitogenéticos para
la Alimentación y la Agricultura, que fue adoptado por 150 países en 1996, es hasta el
momento la investigación más exhaustiva de la situación mundial de la diversidad vegetal
y ha proporcionado las bases técnicas para el Plan Global de Acción para la Conservación
y el Empleo Sostenible de los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura,
un componente que refuerza el Tratado Internacional.
La pérdida de la agrodiversidad
Las causas de la pérdida de la diversidad vegetal son muy numerosas. Miles de variedades
tradicionales de cultivos han desaparecido bajo las ciudades o por catástrofes como
las inundaciones o la erosión. La agricultura moderna ha llevado a los campesinos a
abandonar sus variedades de cosecha heterogéneas tradicionales a favor de variedades
modernas y mejoradas, pero a menudo uniformes.
Aunque los bancos de germoplasma hayan conservado buena parte de esta diversidad,
es prácticamente imposible saber exactamente cuánta se ha perdido con el tiempo.
Sin embargo, tenemos algunos ejemplos indicativos. En Corea del Sur, el 74 % de las
variedades de cosecha más comunes en 1985 había sido substituida hacia 1993. De las
10 000 variedades de trigo utilizadas en China en 1949, sólo 1 000 se usaban en los
años 70. En Malasia, Filipinas y Tailandia, las variedades locales del arroz, el maíz y la
fruta están siendo substituidas por variedades mejoradas. Se han perdido muchas de las
variedades locales de papas de Chile y 35 de la 90 especies de papas silvestres de Perú no
se encuentran ya en su hábitat natural. Las variedades de cebada autóctona de Etiopía
están al borde de la extinción.
Conservación en bancos de germoplasma
Aproximadamente seis millones de muestras de agrodiversidad están almacenadas
en colecciones en el mundo entero. Alrededor del 10 % de esas muestras se conservan
en fondos fiduciarios de colecciones mantenidas por los Centros del GCIAI y otras
instituciones internacionales: esto significa que no pertenecen a esos Centros e
instituciones, pero se conservan en nombre de la comunidad mundial conforme a
acuerdos firmados con la FAO. Ahora se firmarán nuevos acuerdos con el Órgano Rector
del Tratado. Según esos acuerdos, estas instituciones tienen la obligación legal de proteger
las colecciones y poner a disposición de los usuarios material e información sobre las
mismas.
Es imposible establecer el grado de representatividad de esas colecciones respecto al total
de la diversidad vegetal. Muchos bancos nacionales de germoplasma todavía carecen
de documentación completa, una información vital para que estos bancos sean útiles.
Acertarse del estado mundial de la diversidad vegetal es una tarea en curso. El Tratado
Internacional lo reconoce y prevé que el Órgano Rector trabaje estrechamente con la
Comisión de la FAO sobre Recursos Genéticos para seguir estudiando la situación de la
diversidad vegetal en todo el mundo. Se espera que el segundo Informe sobre el Estado
Mundial de los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura esté listo a
finales de 2008.
Nota informativa No.
Una cesta mundial de alimentos
Todos los países del mundo son interdependientes cuando se trata de recursos
fitogenéticos para la alimentación y la agricultura. Cada uno depende en gran parte de
los otros para conseguir las bases genéticas de sus principales cultivos alimentarios y para
la seguridad alimentaria. Por ejemplo, un plato de pasta con salsa de tomate (un plato
típicamente italiano) depende de cultivos procedentes de Sudamérica (tomates) y de Asia
Occidental y Central (trigo). El intercambio de recursos fitogenéticos ha tenido lugar a lo
largo de los siglos, y sin él existirían pocas comidas típicas “locales”.
Pero los centros primarios de diversidad (donde el cultivo tiene origen) no son la única
fuente importante de agrodiversidad. Los cultivos plantados y crecidos fuera de sus
países de origen a menudo crean otros centros de diversidad. Estos centros “secundarios”
de diversidad son también importantes. Como lo es la diversidad de los bancos de
germoplasma. A pesar de que su diversidad fue originada en tierras de labranza, las
colecciones de los bancos de germoplasma se han convertido en el primer lugar al que
recurren los fitomejoradores y agricultores cuando necesitan recursos fitogenéticos.
Los estudios sobre el flujo de recursos fitogenéticos de las colecciones de los Centros de
GCIAI han demostrado que cada país es un beneficiario neto del acceso al germoplasma.
En los años 70, los países participantes solicitaron aproximadamente cuatro muestras
por cada una de las muestras que aportaron. En 1992, esta proporción había alcanzado el
60 por 1. Más de 40 países, gracias a las colecciones de los Centros, han podido recuperar
material perdido.
La interdependencia de las naciones acentúa la importancia de tener un marco legal que
puede facilitar y apoyar el intercambio de recursos fitogenéticos para la alimentación
y la agricultura. El Sistema Multilateral de Acceso y Reparto de Beneficios del Tratado
proporciona ese marco legal.
Panorama regional
El maíz es uno de los tres cultivos básicos más importantes del mundo, sobre todo para los
millones de personas que viven en África Sub-sahariana. Procede de Sudamérica, donde se
encuentra su centro primario de diversidad, si bien ahora Estados Unidos es el productor
más grande de maíz. EE.UU. alberga también una de las colecciones más grandes del
mundo de maíz en bancos de germoplasma.
África, Nigeria y la República Democrática de Congo se encuentran entre los cinco
productores más importantes de yuca, un cultivo básico para más de 200 millones de
africanos en 31 países. La yuca es originaria de Sudamérica.
Las dietas de los millones de personas del sur del Mediterráneo están basadas en el
trigo, que vino al principio de Asia Occidental y Central, donde se encuentra su centro
primario de diversidad. Un pariente silvestre del trigo del Mediterráneo Oriental se usaba
habitualmente para aumentar el contenido de proteína del pan y el trigo duro. A principios
del siglo XX, la roya de los cereales causó pérdidas desastrosas a millones de agricultores.
Los fitomejoradores han solicitado recursos fitogenéticos de todo el mundo, esforzándose
continuamente en desarrollar variedades resistentes a las enfermedades.
Cada año se producen en todo el mundo alrededor de 100 millones de toneladas de
plátano y banana. India es el principal productor y un centro primario de diversidad para
el plátano, pero el porcentaje de consumo más alto le corresponde a África Oriental.
Informes recientes han puesto de relieve que los plátanos silvestres de la India están en
peligro a causa de la deforestación. Los expertos de la FAO han solicitado la exploración
sistemática -y la recogida de ejemplares- de cuanto resta del hábitat forestal de los plátanos
silvestres, para salvaguardar este recurso vital.
El azúcar es una fuente principal de calorías en casi todos los países. La región del Pacífico
es uno de los centros primarios de diversidad de la caña de azúcar, pero en países como
Papua Nueva Guinea esta diversidad está amenazada, porque los agricultores substituyen
cada vez más las variedades indígenas con cultivares modernos.
Nota informativa No.
Historia del Tratado
El Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación
y la Agricultura debe su origen y sustituye al Compromiso Internacional sobre Recursos
Fitogenéticos. El Compromiso era un acuerdo voluntario adoptado por la FAO en noviembre de
1983 y fue el primer instrumento internacional para tratar expresamente de la conservación y la
utilización sostenible de los recursos fitogenéticos “de interés económico y/o social, en particular
para la agricultura”. Por primera vez la comunidad internacional daba un marco de política a todos
los aspectos de los recursos genéticos para la alimentación y la agricultura. Fue supervisado por
la Comisión de la FAO sobre Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura (CRGAA), un
organismo intergubernamental al que pertenecen 168 países.
El Compromiso reflejaba la opinión, ampliamente difundida, de que los recursos fitogenéticos eran
un patrimonio de la humanidad que debería estar a disposición de todos para su investigación y su
mejora. El Compromiso contó con muchos apoyos, pero suscitó también algunas reservas. Diversos
países opinaron que existía un conflicto entre la disponibilidad gratuita de los recursos fitogenéticos,
establecida en el Compromiso, y la protección de los Derechos de los Fitomejoradores. Había también
inquietud acerca de los regímenes de propiedad intelectual que recompensaban a los fitomejoradores
profesionales, mientras se ignoraba la aportación de generaciones de agricultores al desarrollo y a la
conservación de los recursos fitogenéticos de los que dependían los fitomejoradores.
Hacia un nuevo acuerdo
Estas preocupaciones se abordaron en una serie de Interpretaciones Concertadas del Compromiso,
adoptadas en 1989. Estas interpretaciones procuraban equilibrar los derechos de fitomejoradores y
agricultores. Reconocían que los derechos de los fitomejoradores no estaban en contradicción con
el Compromiso y simultáneamente se reafirmaban los derechos de los agricultores, que ahora se
han incorporado al Tratado Internacional. Asimismo, se reconocían los derechos soberanos de las
naciones sobre sus recursos genéticos.
Al mismo tiempo, proseguían las negociaciones para la adopción del Convenio sobre la Diversidad
Biológica (CDB). El CDB, que entró en vigor en diciembre de 1993, afirmaba la soberanía de cada
Estado sobre los recursos genéticos presentes en su territorio, haciéndolo responsable de conceder a
terceros el acceso a esos recursos en términos de mutuo acuerdo. El acceso a los recursos fitogenéticos
para la alimentación y la agricultura pasaron a ser sujeto de acuerdos bilaterales entre los países de
procedencia y los que deseaban utilizarlos.
Reconociendo que el CDB no se había ocupado de las preexistentes colecciones ex situ, ni de los
derechos de los agricultores, la Conferencia que adoptó el CDB pidió a la FAO que se encargase de
ese tema, una petición que fue reafirmada en la Agenda 21. En consecuencia, en 1993 la Conferencia
de la FAO comenzó la revisión del Compromiso en sintonía con el CDB, y pidió a su Comisión
intergubernamental sobre Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura que sirviera de
foro.
Las negociaciones fueron complejas y delicadas. Concluyeron satisfactoriamente cuando la
Conferencia de la FAO adoptó por consenso el Tratado el 3 de noviembre de 2001. El Director General
de la FAO se refirió a él como “el primer tratado internacional del siglo veintiuno y del tercer milenio”.
Preparándose para el Primer Órgano Rector
La Comisión de la FAO sobre Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura tuvo también
la función de Comité Transitorio para el Tratado y preparó la primera sesión del Órgano Rector.
Negoció y sometió al Órgano Rector los borradores de las reglas de procedimiento y de las reglas
financieras del Tratado, así como los de su Estrategia de Financiación para actividades prioritarias,
proyectos y programas, en particular en los países en desarrollo. También preparó el borrador del
Acuerdo normalizado de transferencia de material, mediante el cual se regirá el Sistema Multilateral
de acceso y reparto de beneficios y el acuerdo tipo por el que los Centros para las Cosechas del Futuro
y otras instituciones internacionales aportarán sus colecciones ex situ de conformidad con el Tratado.
El Tratado Internacional entró en vigor el 29 de junio de 2004, noventa días después del depósito del
cuadragésimo instrumento de ratificación. Cuando el Órgano Rector comience sus trabajos, más de
100 países habrán depositado los instrumentos de ratificación.
Nota informativa No.
El Tratado y el GCIAI
Las colecciones del GCIAI
Algunas de las medidas más significativas del Tratado son las relativas a las colecciones
de germoplasma de los Centros para la Cosecha del Futuro del Grupo Consultivo sobre
Investigación Agrícola Internacional (GCIAI). Estos centros contienen aproximadamente
560 000 muestras de diversidad vegetal. Estas colecciones son inestimables para la
comunidad mundial por dos motivos principales. Primero, a diferencia de la mayoría de las
colecciones nacionales y privadas, están formadas en gran parte por cultivares primitivos
de los agricultores y variedades locales, material que es particularmente rico en diversidad.
Segundo, se conservan en fideicomiso para la comunidad internacional; sus materiales
y la información sobre ellos, están disponibles, conforme a términos específicos, para
cualquier persona que los solicite. Esto es vital para el porvenir de la agricultura,
porque todos los países son sumamente interdependientes, y el intercambio de recursos
fitogenéticos es de importancia capital.
Salvaguardando la herencia de la humanidad
En 1989, la Comisión de la FAO sobre Recursos Genéticos pidió la creación de una Red
Internacional de colecciones Ex Situ. En 1994, once Centros para la Cosecha del Futuro
firmaron acuerdos con la FAO, incorporando la mayor parte de sus colecciones a la Red
Internacional, “en fideicomiso para el beneficio de la comunidad internacional”. Más
recientemente, las colecciones regionales de la Red internacional de recursos genéticos del
coco (COGENT), sostenida por los gobiernos de Brasil, Costa de Marfil, India, Indonesia
y Papua Nueva Guinea, así como el Centro Agronómico Tropical de Investigación y
Enseñanza (CATIE), también entraron a formar parte de la Red Internacional.
Los Centros han acordado no reivindicar ni la propiedad legal ni los derechos de propiedad
intelectual sobre el material de sus colecciones. También acordaron mantener las
colecciones conforme a las normas internacionales y proporcionar muestras e información
del material en fideicomiso. El Acuerdo sobre Transferencia de Material (MTA) que
acompaña cada petición de muestras impone las mismas condiciones a quienes las
reciben.
Acuerdos con el Tratado
Gran parte del material que contienen los Centros para la Cosecha del Futuro del GCIAI
procede de los cultivos catalogados en el Anexo I del Tratado. Por esta razón, es crucial
asegurar que este material entre bajo el Sistema Multilateral de Acceso y Reparto de
Beneficios del Tratado. En su artículo 15, el Tratado pide a los Centros que firmen nuevos
acuerdos con el Órgano Rector para incorporar adecuadamente sus colecciones al Tratado.
Conforme a estos nuevos acuerdos, el material de los Centros de cosechas incluido en
el Anexo 1 del Tratado estará disponible según las normas del Sistema Multilateral. El
material recogido antes el 29 de junio de 2004 (fecha de entrada en vigor del Tratado) que
no está catalogado en el Anexo 1, se pondrá a disposición según las reglas del MTA por las
que se rigen actualmente los Centros comprendidos en los acuerdos en fideicomiso con
la FAO. El material no incluido en el Anexo 1, recibido por los Centros después del 29 de
junio de 2004, estará a disposición según las condiciones establecidas entre el Centro y el
país de origen del material.
El Tratado prevé asimismo que las Partes Contratantes otorguen acceso facilitado a los
recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura de los cultivos del Anexo I del
Tratado a los Centros de GCIAI que hayan firmado acuerdos con el Órgano Rector.
También se invita a otras instituciones internacionales relevantes a firmar tales acuerdos
con el Órgano Rector.
Nota informativa No.10
Recursos genéticos de los
animales domésticos
Los animales domésticos proporcionan aproximadamente un tercio de las necesidades de
alimentos de los seres humanos y son un componente muy importante como medio de vida para el
70% de los campesinos pobres en todo el mundo. Los recursos genéticos de los animales afrontan
muchos de los retos a los que hacen frente los recursos fitogenéticos. De los vegetales se ocupa
el Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. La
formulación de políticas a seguir para los recursos genéticos de los animales domésticos todavía no
está tan avanzada.
Los recursos genéticos de los animales domésticos abarcan todas las especies animales que interesan
a las personas en términos de producción alimentaria y agrícola, así como a los parientes salvajes
de estos animales. Comprenden aproximadamente 40 especies (y 10 000 razas) que han sido
domesticadas durante los 12 000 últimos años. Los animales domésticos, como las plantas, sufren la
erosión genética, aunque haya menos información disponible sobre las pérdidas de recursos genéticos
de los animales que sobre la que concierne a las plantas. Escasean las pruebas del número de razas
que han poblado el mundo, de su patrimonio genético, y de cómo éste ha cambiado con el tiempo. Se
estima que el 16 % de las razas se ha perdido durante el siglo XX y que el 22 % de razas de mamíferos
y el 48 % de razas de aves se encuentran en peligro de extinción inminente. Aproximadamente el 70 %
de las razas de ganadería se localiza en los países en vía de desarrollo.
La utilización de los recursos genéticos de los animales domésticos
En algunos sistemas agrícolas, los animales representan una fuerza motriz para el transporte y
otras actividades como arar. En todos los sistemas, son esenciales por su capacidad de convertir los
vegetales no comestibles y los animales en alimentos de los que las personas no solo se nutren, sino
a los que a menudo sacan también partido. Los animales constituyen además bienes móviles que
pueden acumularse. Pueden servir como seguro en épocas difíciles y con frecuencia representan
aspectos importantes de las vidas sociales y culturales de sus propietarios.
En las zonas favorables, la productividad de los animales domésticos puede aumentar enormemente
gracias a los cambios no sólo en las técnicas agrarias, sino merced a los recursos genéticos. La
industria ganadera en los países desarrollados se sirve de animales seleccionados (sobre todo
machos) en un esfuerzo continuo para mejorar la productividad y otros rasgos. Esas estrategias
se han exportado también a los países en vías de desarrollo, a menudo con buenos resultados. Sin
embargo, a veces llevan aparejada una reducción drástica de la diversidad genética necesaria para
hacer frente tanto a los cambios ambientales imprevisibles como a las necesidades humanas. En áreas
más marginales, los rasgos de adaptación como la resistencia a las enfermedades, la tolerancia a la
sequía, la frugalidad, etc., también pueden ser muy importantes. Existe el riesgo de que los recursos
genéticos importados minen estas características que asumen una importancia aún mayor cuando las
condiciones cambian. Los flujos internacionales de recursos genéticos de los animales domésticos han
sido importantes para hacer los sistemas más productivos en los países desarrollados y en aquellos en
desarrollo, pero requieren una regulación más exigente que asegure que no amenazan la resistencia y
la adaptabilidad de las razas autóctonas.
Hacia políticas de recursos genéticos de los animales domésticos
La comunidad internacional es consciente de que los animales domésticos necesitan políticas
concretas basadas en datos exactos. En 1999, la Comisión intergubernamental sobre Recursos
Genéticos para la Alimentación y la Agricultura pidió a la FAO que desarrollara una Estrategia
Mundial para la Gestión de los Recursos Genéticos de los Animales de Granja. Esto permitirá la
compilación del primer Informe sobre el Estado Mundial de los Recursos Genéticos Animales. Hasta
la fecha se ha recibido documentación nacional procedente de 170 países y un primer borrador del
informe se analizará durante la reunión de la Comisión en 2007. El Informe se ultimará en la Primera
Conferencia Internacional Técnica sobre Recursos Genéticos de los Animales que se celebrará en
Suiza en septiembre de 2007. Este proceso, encaminado a la elaboración de políticas concordadas a
escala mundial, ha sido acogido favorablemente por las partes contratantes del Convenio sobre la
Diversidad Biológica (CBD).
Nota informativa No.11
Componentes de apoyo del Tratado
Ya existen mecanismos para promover la conservación y el uso de los recursos fitogenéticos para la
alimentación y la agricultura. Crean un ambiente favorable al Tratado, y son reconocidos en la parte V
del mismo como “componentes de apoyo”.
Los componentes de apoyo están fuera de la estructura institucional del Tratado, pero proporcionan un
respaldo esencial a su adecuada realización y a sus objetivos. Incluyen el Plan de Acción Mundial para
la Conservación y Utilización Sostenible de los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la
Agricultura, las colecciones de diversidad vegetal mantenidas en los Centros para las Cosechas del Futuro
del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (GCIAI) y otras relevantes instituciones
internacionales, redes internacionales de recursos fitogenéticos, y el Sistema Mundial de Información y
Alerta sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (WIEWS).
El Plan de Acción Mundial
El Plan de Acción Mundial se preparó sobre la base del primer Informe sobre el Estado de los Recursos
Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura y se adoptó oficialmente por 150 países en la
Conferencia Internacional Técnica de Leipzig en junio de 1996. Es un plan “escalonado”, bajo la guía de la
Comisión de la FAO sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, que se revisa y
se actualiza periódicamente para hacerse eco de las prioridades en la conservación y el empleo sostenible
de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura. El Plan de Acción Mundial enumera
20 áreas críticas de actividad prioritaria para asegurar el empleo sostenible y la conservación de los
recursos fitogenéticos. Se articula alrededor de cuatro temas principales: conservación y desarrollo in situ,
conservación ex situ, utilización de recursos fitogenéticos, e instituciones y creación de capacidades.
El Tratado considera el Plan de Acción Mundial como un marco técnico esencial para las actividades
ligadas a los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura en el ámbito nacional e
internacional. Al solicitar a las Partes Contratantes que promuevan una efectiva puesta en práctica del Plan
de Acción Mundial, el Tratado atribuye a este plan una gran importancia.
Colecciones en bancos de germoplasma y redes de
recursos fitogenéticos
Los Centros para las Cosechas del Futuro del GCIAI contienen colecciones importantes de agrodiversidad
“en fideicomiso” para la humanidad. Un alto porcentaje de este material consiste en variedades autóctonas
y parientes silvestres de los cultivos, un material especialmente rico en diversidad. Esta combinación de
factores hace que los bancos de germoplasma del GCIAI sean particularmente valiosos y supongan un
recurso vital para cualquier sistema internacional que promueva la conservación y el empleo de los recursos
fitogenéticos. El artículo 15 del Tratado reconoce el valor de estas colecciones e invita a los Centros para
las Cosechas del Futuro del GCIAI y a otras instituciones internacionales a firmar acuerdos con el Órgano
Rector del Tratado para aportar material a sus colecciones conforme al Tratado.
Las redes de recursos fitogenéticos pueden ser plataformas sumamente eficaces para el intercambio de
conocimientos técnicos y científicos y para la colaboración en la investigación e intercambio de recursos
fitogenéticos. Son mecanismos cruciales para poner en práctica los objetivos del Tratado y el Plan de
Acción Mundial. El Tratado reconoce el importante papel que las Partes Contratantes pueden jugar en
la creación de redes fuertes y amplias. El artículo 16 anima a las Partes a reforzar las redes existentes y a
ampliar su cobertura y sus miembros.
El Sistema Mundial de Información
Para que las colecciones de los bancos de germoplasma sean útiles es necesario poseer una adecuada
documentación. También es vital ayudar a los países en sus esfuerzos para conservar y utilizar los recursos
fitogenéticos. Y sin embargo, la mayor parte de las colecciones nacionales adolecen de una documentación
escasa, lo que limita el intercambio de información. El Tratado invita a las Partes Contratantes a elaborar
y reforzar un Sistema Mundial de Información para facilitar el intercambio de información sobre recursos
fitogenéticos para la alimentación y la agricultura y a cooperar con la Comisión de la FAO sobre Recursos
Genéticos en las evaluaciones periódicas del estado mundial de la diversidad vegetal. Los sistemas
de información existentes incluyen el Sistema Mundial de Información y Alerta sobre los Recursos
Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura de la FAO y la Red de información sobre los recursos
genéticos para todo el sistema (SINGER) del GCIAI.
Nota informativa No.12
Los derechos de los agricultores
Con el surgir de la agricultura, y con ella el de la civilización, hace aproximadamente 10 000
años los agricultores pusieron en marcha el proceso de domesticación de los animales y de cultivo
de las plantas que hoy alimentan al mundo. La agricultura comenzó por separado en continentes
diferentes, en los denominados “centros de origen” de los cultivos y de los animales domésticos.
Cuando nuestros antepasados comenzaron a identificar, recoger, cultivar y diseminar aquellas
especies agrícolas, comenzó un proceso de adaptación mutua entre las personas y las plantas que
cultivaban y entre esas plantas y su ambiente. Si nosotros dependemos de las plantas cultivadas
para satisfacer la necesidad humana básica de alimento, los cultivos dependen de la humanidad
para continuar su existencia: la mayor parte de su diversidad genética sólo puede sobrevivir
mediante el uso y la conservación continua por parte de los seres humanos.
Los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura son esencialmente una creación
humana. Las comunidades locales e indígenas y los agricultores han guiado su evolución,
asegurando así no sólo la conservación de la diversidad sino también su aumento con el paso del
tiempo. Los conservadores principales de esta herencia única han sido los pequeños agricultores
con sus conocimientos tradicionales. Este patrimonio mundial de recursos fitogénicos a nuestra
disposición es el resultado del trabajo de esos agricultores a lo largo de las generaciones y constituye
el fundamento de nuestra alimentación y nuestra agricultura. Los agricultores, la comunidad
científica y los fitomejoradores profesionales, siguen construyendo sobre este rico activo una y otra
vez adaptando nuestros cultivos a las necesidades de la sociedad.
En 1989, la Conferencia de la FAO reconoció oficialmente que innumerables generaciones de
agricultores en todo el mundo habían conservado, mejorado y facilitado los recursos fitogenéticos
para la alimentación y la agricultura, y que su contribución no había sido suficientemente
reconocida o recompensada. Esa fue la base para los Derechos del Agricultor. Era la primera vez
que un organismo oficial de las Naciones Unidas reconocía el papel clave jugado por los agricultores
y las comunidades como custodios de la agrodiversidad. La adopción del Tratado Internacional
sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura en noviembre de 2001 planteó
de nuevo a la comunidad internacional la cuestión de los derechos de los agricultores.
En su Artículo 9, el Tratado Internacional reconoce la enorme contribución que han aportado
y siguen aportando las comunidades locales e indígenas y los agricultores de todas las regiones
del mundo, en particular los de los centros de origen y diversidad de las plantas cultivadas, a la
conservación y el desarrollo de los recursos fitogenéticos que constituyen la base de la producción
alimentaria y agrícola. También atribuye a los gobiernos la responsabilidad de poner en práctica los
derechos de los agricultores, y enumera las medidas que podrían tomarse para proteger y promover
estos derechos:
l la protección de los conocimientos tradicionales de interés para los recursos
fitogenéticos para la alimentación y la agricultura.
l el derecho a participar equitativamente en la distribución de los beneficios que
se deriven de la utilización de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la
agricultura.
l el derecho a participar en la adopción de decisiones, a nivel nacional, sobre asuntos
relativos a la conservación y la utilización sostenible de los recursos fitogenéticos para
la alimentación y la agricultura.
Asimismo, el Tratado Internacional reconoce la importancia de apoyar los esfuerzos de los
agricultores y las comunidades locales e indígenas en la conservación y la utilización sostenible de
los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura, también mediante una estrategia
de financiación. Esa estrategia dará prioridad a la puesta en práctica de proyectos y programas
concordados para los agricultores de los países en desarrollo, sobre todo de los países menos
desarrollados, y de aquellos con economías en transición, que conservan y utilizan de forma
sostenible los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura.
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