Comentario del mapa de la expansión francesa

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Comentario del mapa de la expansión francesa en 1810
Julio César Casas Pietrini
no es exagerado decir que todas las naciones (Europeas) juntamente con sus instituciones fueron
modificadas por la expansión o imitación de la Revolución Francesa.
Hobsbawm.
Es un mapa único en la historia Europea y demuestra hasta qué punto la revolución francesa cambió
el continente. A pesar de su nombre, el Imperio Napoleónico no se concibe sin el Estado fruto de la
revolución y del posterior golpe de Estado de Brumario. Concebido para resistir las invasiones
reaccionarias, tanto el simbolismo como las instituciones del poder, incluso el ejército, sirvieron a
Francia para aguantar 25 años de guerras de expansión bajo la dirección y los objetivos de la
burguesía francesa. El apogeo de la expansión militarista napoleónica es este mapa de 1810. El
retroceso hasta la misma caída del “pequeño caporal” es otra demostración de que esa ideología
revolucionaria era ilustradamente absoluta en muchos sentidos pero también en el de intolerancia
a la “convivencia de sistemas”, como se le llamará en el siglo XX al fenómeno de coexistencia y la
interacción de estados con sistemas políticos diferentes y opuestos. Pero lo que no podemos ver en
el mapa es la causa última que posibilita la expansión de Francia; ni la de su ulterior derrota.
Sabemos por Hobsbawm, y otros que la revolución francesa es la expresión exitosa, que en otras
naciones europeas emergió con las invasiones francesas, y que podríamos definir como el ascenso
de las clases medias al poder aupada gracias a los nuevos sentimientos patrióticos. Desde oficiales,
abogados, funcionarios de carrera, pequeños comerciantes y profesionales liberales como
periodistas, técnicos, ingenieros, etc. adquieren participación política y militar durante estos años.
Podríamos decir que la repetición de un imperio continental en Europa toma una naturaleza
geográfica orientada hacia el báltico y la costa norte, a diferencia de los imperios precedentes que
intentaban por todos los medios afianzar posiciones en la cara mediterránea del continente. La
prolongación inédita de un Estado desde el Atlántico hasta el Báltico y el intento de bloquear el
comercio inglés (bloqueo continental) forman un dibujo que no se repite hasta la IIGM. El imperio
napoleónico es la consecución de la constante europea, heredera del Imperio Romano, de unir los
pueblos bajo un Estado. Incluso la mitología y simbolismo de coronaciones, nombres y cargos que
nombró Napoleón durante su “reinado” (imagen en anexo 1 y anexo 2) aluden al pasado imperial
romano. Mientras que la guerra contra Inglaterra será un capítulo importante de la rivalidad
económica y militar para controlar los principales puertos y acceder a los mercados coloniales de
Portugal y España. La venta de Louisiana y el abandono del Mediterráneo a cambio de la aventura
rusa demuestra la prioridad del momento, consolidar las conquistas europeas. Para conseguirlo se
crean varios reinos, se deponen otros para coronar a hermanos y familiares de Napoleón. Las
reacciones a esta reordenación territorial y la misma ideología revolucionaria llevaran a muchas
naciones a reconocerse como tales y tomar conciencia de la nueva “soberanía nacional”. Otras
entidades típicas medievales como las ciudades de Venecia, principados alemanes e incluso el
propio papado se verán sacudidos sino absorbidos por los nuevos aparatos estatales y su
racionalización de los recursos y de la organización territorial. La misma palabra “nación” adquiere
entonces la acepción de unidad política o la otra “patria” como “nuestra propia nación, con todos
los bienes materiales e inmateriales pasados, presentes y futuros”, como resalta el mismo
Hobsbawm,1, y comienza a divulgarse la concepción de evolución social del grupo más pequeño y
sencillo al más grande y complejo como un proceso bueno y deseable. Por supuesto las clases más
liberales, la burguesía, apoyaba y promovía dicho proceso pues se beneficiaban enormemente frente
a la depredación del comercio inglés dominante en Europa, supresión de aduanas, unificación y
ampliación de mercados y desamortizaciones eclesiásticas. Según Javier paredes “el ejército
1. Hobsbawm, Eric Naciones, nacionalismos desde 1780. pág 24.
2. Paredes, Javier coord. Manual de Historia contemporánea universal. Pag 129. En adelante: Paredes y nº de página.
formado durante la revolución era con mucho el mejor de Europa (…) motivado por la idea de que
exportaba las bondades revolucionarias a los pueblos de Europa”². Parece claro que los posteriores
hechos y sucesos políticos y el expansionismo a ultranza que llevó a cabo Francia a partir del golpe
de Brumario de Napoleón (1799) ya no es defensiva sino que obedece a la nueva clase que controla
el poder en París, la burguesía, que había apoyado el golpe de Estado y ahora va modificando el
Estado, las fronteras y la estrategia militar a sus intereses económicos. Las guerras napoleónicas son
fruto del interés comercial de la burguesía de las ciudades francesas y a la intransigencia del resto
de potencias que no aceptaban al nuevo estado laico (sólo de fachada), republicano (solo de
fachada) y seguían exigiendo la restauración monárquica.
Aún con las contradicciones político-ideológicos del régimen imperial el ejército conserva los
ascensos por talento y las levas masivas factores claves en su superioridad numérica (Francia es el
país más poblado de Europa) arrojo en batalla. De igual manera a la hora de mantener conquistas
territoriales como en Península Ibérica perderá sus características ventajosas, volviéndose tanto la
ideología exportada como las técnicas bélicas en su contra. Otro factor decisivo en recavar apoyos
populares fue mantener la igualdad ante la ley, uno de los principales objetivos revolucionarios, así
como el arreglo equilibrado a las ocupaciones de tierra por abandono que fueron legalizadas a
cambio de retribuciones. El otro gran tema ideológico era las relaciones y privilegios de la Iglesia,
así como los nombramientos, impuestos y administraciones de las propiedades eclesiástica e incluso
de los Estados Papales. Las relaciones del Imperio con la Iglesia se basaron en la intención de usarla
para apaciguar al pueblo y como vehículo de exaltación del Imperio y del emperador. Según Los
primeros pasos fueron detener la persecución religiosa y decretar la libertad de los sacerdotes
detenidos, reabrir los templos al culto y restablecer una República Romana bajo autoridad papal
(…) se firmó el concordato de 1801 por el que el Estado Francés se declaraba laico pero reconocía
que la religión mayoritaria era la católica y se obligaba a mantenerla económicamente. (Paredes
íbid pág. 127). Esta situación se mantuvo hasta 1806 en el que las relaciones quedaron rotas a causa
de las pretensiones de aplicar el bloqueo continental, la exigencia de expulsar a todos las personas
de nacionalidades enemigas de Francia, al final el expansionismo francés no podía permitir una
neutralidad ecuménica del centro y sur de Italia, cuando invadió la República Romana, el Papa lo
excomulgó al emperador y éste lo hizo detener. Por eso vemos en el mapa la zona del centro de
Italia como territorio imperial.
El mapa también es fruto de varios tratados y decisiones personales de Napoleón que se pudieron
aplicar gracias a las victorias (terrestres) y derrotas (marítimas) del ejército francés. A partir de 1805
Francia derrota la tercera coalición de Rusia, Imperio Austríaco e Inglaterra con el reino de Nápoles
y Suecia como socios menores. Firma el tratado de Pressburgo con Austria con importantes
modificaciones territoriales.
En 1806 Napoleón reordena Alemania de tal forma que Prusia, Austria y Rusia declaran la guerra
otra vez y son derrotados rápidamente. Esta nueva etapa dejan a Prusia y Sajonia ocupadas
totalmente y el reino de Nápoles corona a José Bonaparte. Aunque Sicilia sigue protegida por los
ingleses.
En 1809 Austria y Francia firman el tratado de Shonburnn por el cual se crean el Gran Ducado de
Varsovia y se crean las Provincias Ilirias por el cual el Imperio pierde su salida al mar.
Durante estos 4 años (1806-1810) Francia irá anexionando territorios directamente bajo su control
hasta mostrar el dibujo que vemos en el mapa.
Podemos suponer también que la pérdida en Trafalgar y la venta de Louisiana demuestran que las
posteriores guerras son consecuencia del cambio de estrategia napoleónica para expandir su
territorio, economía y recursos. Esta ofensiva responde además con los intereses de la burguesía
francesa que había apoyado a Napoleón en su golpe de Brumario y la misma que 10 años antes
había visto con buenos ojos los inicios revolucionarios como respuesta a la incompetencia de la
monarquía en liderar una expansión colonial y la anterior derrota en la Guerra de los siete años. Por
el otro lado, su enemigo del último siglo, Inglaterra, veía la guerra continental como una guerra
económica en la que el dominio de los mares y rutas prevalecía sobre los sistemas de cada estado3.
Estas motivaciones son paralelas a la guerra entre sistemas que se desarrollaba en las sociedad
continentales y que provocan movimientos económicos, de tropas e intenciones políticas que el
mapa no deja entrever. Por ejemplo España y la guerra de guerrillas que amenazó constantemente la
ocupación y a los efectivos franceses; la dificultad de abastecimiento intendencia y logística que
tenía la Grand Armeé; la deficiencia naval o mejor dicho la inferioridad respecto a ingleses tanto en
el Mediterráneo, como en el Atlántico y en número total de naves que llevarían al fracaso la
estrategia de bloqueo continental como las constantes coaliciones que atacaron Francia hasta que no
quedaron más que Rusia e Inglaterra, como sabemos, la derrota después de ocupar Moscú y la
muerte de medio millón de franceses hicieron abdicar al emperador y firmar un armisticio que
volvería a modificar todo el mapa. Este proceso político internacional lo podemos rastrear hasta el
comienzo de la Revolución Francesa. Es el proceso por el cual las potencias coloniales y
económicas europeas excluyen de las negociaciones diplomáticas decisivas al resto del mundo. En
Europa intentaron sancionar “la racionalización del territorio del mapa político de Europa”4. Sin
embargo no sólo el resto de naciones o Estados sino las mismas soberanías nacionales o populares
son ignoradas y combatidas ideológica y políticamente con la Santa Alianza y los numerosos
tratados y congresos celebrados y por las decisiones estratégicas del Imperio Francés. El más
importante a la hora de representar la estructura política europea durante los siguientes 50 años
fueron el tratado de París (1814) por el cual se convocaba el congreso de Viena que empezó en
1814-15. Precisamente cambian totalmente el dibujo que vemos en el mapa pero tenemos que
mencionarlos como la culminación del proceso diplomático ya mencionado combinando acuerdos
públicos y secretos así como prioridades y jerarquías a la hora de “invitar a todas las potencias
comprometidas de una u otra manera en esta guerra” según el artículo del tratado mientras se
acordaba en secreto que las decisiones serían tomadas por los integrantes de la Cuádruple Alianza
Rusia, Gran Bretaña, Austria y Prusia. (Paredes. Íbid 139). Incluso el término “concierto de las
naciones” fue usado y puesto de moda entonces y aún se pretendía que fuesen periódicos, aunque
solo se celebrase una vez más y Gran Bretaña lo abandonase en 1818.
En definitiva las consecuencias de la expansión francesa que vemos en el mapa no perduraron
mucho tiempo, las que no se pueden expresar en un mapa sí que lo hicieron. Además las posteriores
modificaciones territoriales que obligó o provocó la derrota francesa sí que perduraron durante los
siguientes 40 años. Si las sumamos a las del resto de ámbitos de la vida de las personas en Europa y
buena parte del mundo colonizado y, a la larga, al resto de habitantes como hemos visto durante el
curso, no es extraño que estos 25 años (1789-1815) sean llamadas la época de transición de la
época moderna a la contemporánea.
3
4
Hobsbawm, Eric. La Era de las revoluciones. De 1780 a 1848. (pág 81).
Hobsbawm,, Eric. La Era de las revoluciones. De 1780 a 1848. (pág 86)
Bibliografía
Paredes, Javier coord. Historia contemporánea universal. De las revoluciones liberales a la
Primera Guerra Mundial. Tomo I. Ed. Ariel. Madrid, 1999.
Hobsbawm, Eric. La Era de las revoluciones. De 1780 a 1848. Ed. Crítica. Madrid, 2001. Primera
edición 1971.
Hobsbawm,, Eric Naciones, nacionalismos desde 1780. Ed. Crítica. Madrid, 2002.
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