COMENTARIO. 4º parte, párrafo 2. DISCURSO DEL MÉTODO I) Se

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COMENTARIO. 4º parte, párrafo 2. DISCURSO DEL MÉTODO
I)
Se trata de un texto de carácter ontológico fundamentalmente, aunque, con
consideraciones epistemológicas. Es la duda como acto de pensamiento (aspecto
epistemológico) lo que le conduce a la afirmación de que él existe como substancia
(aspecto ontológico)
Descartes nos presenta qué le conduce a concebir la existencia de sí mismo como
substancia mental, independiente del cuerpo y del resto del mundo físico.
II)
Se puede dividir en dos partes bastante claras. La primera iría hasta la línea 8 (hasta
“...no tenía ya razón alguna para creer que yo fuese”) y la segunda desde ahí hasta el
final.
En la primera parte destaca que es la duda y la reflexión sobre la duda, es decir el
pensamiento, la actividad de pensar, la que le permite descubrir que hay algo indudable y
esto es que él existe como cosa pensante, hasta el punto de que con sólo dejar de pensar
pierde la posibilidad de identificarse a sí mismo como algo real que piensa. A su vez, la
actividad de pensar es lógicamente independiente (no requiere para ser concebida de la
idea de ninguna otra realidad o ámbito ontológico) de que exista el mundo o la extensión
[“podía fingir que no tenía cuerpo y que no había mundo ni lugar alguno en el que yo me
encontrase”] Pero con sólo dejar de pensar ya era imposible concebirse a sí mismo. Esto
le permite descubrir que la noción de sí mismo es inseparable de la de pensamiento. Son
dos nociones lógicamente inseparables, no pueden concebirse de forma independiente.
Por eso el atributo esencial del alma es el pensamiento.
Por tanto, y esta es la segunda parte, afirma que su naturaleza ontológica, la manera en
que se da su existencia, es pensamiento, y el pensamiento no necesita de nada físico.
Por tanto, lo que es el sujeto es esencialmente un alma inmaterial, que me hace “ser lo
que soy”, mi identidad como persona, y ello es enteramente distinto del cuerpo. El cuerpo
es extenso, pero el alma no supone la extensión, como ya ha dicho en la primera parte.
Por tanto, es más fácil de conocer que el cuerpo: hay un acceso privilegiado del yo a sus
propios contenidos mentales, a sus propios estados mentales: pensamientos, deseos,
dolores, placeres, todo lo que constituye la vida mental subjetiva y privada de cada
persona. El alma permanecerá inaccesible al investigador que con los métodos propios de
la ciencia natural pretenda violar la intimidad del sujeto. [Algunos filósofos han inventado,
como experimento mental, el cerebroscopio, un aparato imaginario que permitiría escrutar
nuestros pensamientos una vez que nos lo colocasen en la cabeza. Pero como los
pensamientos tienen lugar en el alma, ningún cerebroscopio podrá nunca registrar nuestra
vida mental, si no queremos compartirla. Por tanto, el ámbito de lo mental es el de la
privacidad más absoluta, a diferencia del ámbito de lo físico, que es público y accesible a
todos] Podrá verse qué ocurre en el cerebro, pero no qué contenido mental tienen esos
sucesos cerebrales. Esto es algo espiritual.
Esta es la base del dualismo ontológico de Descartes. Puesto que son substancias
independientes, “aunque el cuerpo no fuese, el alma no dejaría de ser cuanto es”
Por tanto, en esta segunda parte, se extraen las consecuencias ontológicas del análisis
epistemológico de la primera parte.
III)
Análisis de conceptos:
YO:
El yo es la substancia pensante de cada cual, el núcleo de la identidad personal. ¿Qué la
individualiza? Dios, que ha creado a cada una de ellas, eso las hace numéricamente
distintas, aunque ontológicamente son iguales. Ya hemos dicho que este yo es alma. Al
analizar la substancia nos extenderemos un poco más.
POR LO MISMO....:
La duda certifica la existencia de la cosa pensante. Si dudo, sé que existo, dice
Descartes. Lo mismo que me mantenía en la duda hacía indudable mi existencia como
substancia pensante. Por eso el cogito es la base indudable que permite iniciar el camino
del conocimiento cierto, al partir de la verificación indudable de que yo existo. Más tarde,
al analizar cómo se da esta existencia Descartes descubre que esta existencia consiste
en pensamiento: esa es su substancialidad.
SUBSTANCIA:
En rigor, la única substancia existente es Dios, pues una substancia es aquello que puede
existir con independencia de otra cosa. Lo que no necesita de nada para existir. Pero
Descartes también llama substancias al alma y al mundo físico: res cogitans y res
extensa.
Lo que interesa aquí es subrayar la relación entre ellas. Descartes está interesado en
remarcar la independencia del alma respecto del cuerpo, pues él tiene una concepción
mecanicista de la naturaleza material y considera que la razón y la libertad, que nos
convierte en sujetos morales, no pueden reducirse a algo material, no son algo de lo que
se pueda dar una explicación materialista. Por eso no somos como los animales, que son
irresponsables moralmente, por ello nada deben temer tras esta vida. Pero nuestra vida
continúa tras la muerte del cuerpo y deberemos enfrentarnos a una evaluación de
nuestros actos ante Dios, según la firme creencia religiosa de Descartes.
La relación que mantiene el alma con el cuerpo es muy estrecha, no es como la del piloto
con su navío y esto nos permite sentir dolor o placer. Pero es el alma quien siente. El
lugar en el que él pensaba que se producía la conexión entre alma y cuerpo era la
glándula pineal (epífisis). Sin embargo, la dificultad de explicar la interacción entre estas
dos substancias, algo que Descartes se limitó a enunciar pero no a explicar, dio lugar al
ocasionalismo (cuyo máximo representante fue Malabranche) que sostenía que era el
mismo Dios el que con ocasión de cada movimiento ocurrido en el mundo físico actuaba
como causa. Así se solventaba el problema de la relación entre las dos substancias.
IV) Hume, además de negar la posibilidad de concebir la acción causal, niega la
posibilidad de concebir coherentemente la idea de una substancia pensante (lo mismo
que considera que la noción de substancia es ininteligible) idéntica a sí misma, como lo
había pensado Descartes, lo cual resulta devastador para la metafísica.
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