enfermedad inflamatoria pélvica: tratamiento médico y quirúrgico

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Tratamiento de la enfermedad inflamatoria pélvica
SIMPOSIO SIMPOSIO
ENFERMEDAD INFLAMATORIA PÉLVICA:
TRATAMIENTO MÉDICO Y QUIRÚRGICO
RESUMEN
Un punto crucial en el manejo de la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) es determinar el tipo
de tratamiento más adecuado en cada caso. El tratamiento inicial usualmente es ambulatorio;
pero, dependiendo de la severidad, se requerirá de hospitalización. Teniendo en cuenta la naturaleza polimicrobiana de esta entidad, la terapia antibiótica debe ser de amplio espectro y la
elección de los antibióticos debe estar dirigida a los gérmenes más frecuentes. El tratamiento no
solo debe erradicar el cuadro agudo, sino prevenir sus complicaciones, tales como dolor pélvico
crónico, infertilidad y embarazo ectópico, las cuales pueden no presentarse o ser minimizadas
si se realiza un tratamiento precoz, agresivo y de cobertura amplia. La enfermedad inflamatoria
pélvica tiene en el absceso tuboovárico y el absceso pélvico sus formas de presentación más
severas. El tratamiento de estas patologías ha variado en el tiempo, desde una conducta muy
radical antes de le era preantibiótica hasta una conducta más conservadora, con la finalidad de
preservar los órganos reproductores. Esta revisión tiene por objetivo presentar los diferentes
esquemas de tratamiento antibiótico actuales para el manejo de la EIP, así como las diferentes
alternativas de tratamiento quirúrgico, para los casos de abscesos pélvicos.
PALABRAS CLAVE: Enfermedad inflamatoria pélvica, absceso tuboovárico, tratamiento
Alfredo Celis-López
Médico Asistente del servicio de Ginecología,
Hospital Edgardo Rebagliati Martins.
Profesor Asociado de la Facultad de Medicina de la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Rev Per Ginecol Obstet. 2007;53:240-247
Pelvic inflammatory disease: Medical and surgical treatment
ABSTRACT
INTRODUCCIÓN
A crucial point in the management of pelvic inflammatory disease (PID) is to determine the most
appropriate treatment for each case. Usually the
initial management is outpatient. But depending
of the severity hospitalization might be required.
Taking into account the polimicrobial nature of
this entity, antibiotic therapy will be broad spectrum and the election will be directed to the most
frequent microbes. Treatment should not only be
directed to the acute process eradication but to
the prevention of its complications, such as
chronic pelvic pain, infertility and ectopic pregnancy, which can be avoided or minimized if a
precocious, aggressive and broad coverage is
done. The most severe forms of pelvic inflammatory disease presentation are tubo-ovarian abscess
and pelvic abscess. Treatment of these pathologies has varied on time from a very radical conduct in the pre-antibiotic era to a more conservative conduct with preservation of reproductive
organs. This review has the objective to present
the different current regimes of antibiotic treatments for PID management as well as surgical
treatment alternatives for pelvic abscess.
KEY WORDS: Pelvic inflammatory disease, tuboovarian abscess, treatment.
En el manejo de la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) es de mucha importancia que, una vez hecho el diagnóstico, se establezca el
grado de severidad de la enfermedad, para determinar si el tratamiento se hará ambulatoriamente
o será necesaria la hospitalización
de la paciente. Muchas pacientes
pueden ser tratadas satisfactoriamente en forma ambulatoria y, en
la mayoría de casos, esta es la forma de tratamiento inicial.
Diversos esquemas de tratamiento
antibiótico han demostrado ser
efectivos en lograr una curación
clínica y microbiológica, como se
observa en diversos estudios clínicos con seguimiento por corto tiempo; pero, solamente un limitado
240 REVISTA PERUANA DE GINECOLOGÍA Y OBSTETRICIA
número de investigaciones ha evaluado y comparado estos estudios,
con relación a la eliminación de la
infección en el endometrio y las
trompas y, menos aún, ha determinado la incidencia de complicaciones después del tratamiento con
antibióticos, en el largo tiempo. (1,2)
La aparición de nuevos antibióticos ha hecho posible variadas
combinaciones, con lo cual diversos esquemas terapéuticos se han
ido implementando para el mejor
manejo de esta patología, que genera aproximadamente 2,5 millones de consultas ambulatorias y
200 000 hospitalizaciones, anualmente, en los Estados Unidos.
El tratamiento no se circunscribe
solamente al manejo antibiótico,
sino que en los últimos años ha reci-
Alfredo Celis-López
bido el valioso aporte de la laparoscopia, la cual se ha convertido en el
procedimiento de mayor valor para
el diagnóstico de la EIP, así como
de gran utilidad en el tratamiento
quirúrgico, condicionando además
un cambio de una conducta radical
hacia una conducta más conservadora, en el manejo de esta patología.
TRATAMIENTO
ASPECTOS GENERALES
Todos los tratamientos con antibióticos deben ser efectivos contra N.
gonorrhoeae y Ch. trachomatis,
debido a que la ausencia de estos
en los despistajes endocervicales
no descarta la infección del tracto
reproductivo superior por estos
gérmenes. También se ha aislado
bacterias anaerobias del tracto
reproductivo de mujeres con EIP
y diversos estudios han mostrado
que algunos anaerobios (p ej,
Bacteroides fragilis) pueden causar daño tubárico. Por lo tanto, los
esquemas terapéuticos deben considerar antibióticos con actividad
antianaeróbica. Es también importante tener en cuenta la vaginosis
bacteriana, presente en muchas
mujeres que tienen EIP (3). El tratamiento será empírico en la mayoría de casos y no basado en los
cultivos del tracto genital inferior,
que son costosos, pueden retardar
el inicio del tratamiento y a menudo no predicen el agente patógeno que está produciendo la infección del tracto genital superior.
Debido a que la prevención de secuelas es dependiente de la administración inmediata de antibióticos apropiados, el tratamiento
debe ser iniciado tan pronto el
diagnóstico presuntivo haya sido
hecho. En la selección del esque-
ma antibiótico, se debe tener en
cuenta el costo, la disponibilidad,
la sensibilidad antimicrobiana y la
aceptación del paciente. Para esto
último, un aspecto de mucha importante es la elección de la vía de
administración, ya que esto determinará el cumplimiento del tratamiento por la paciente, más aún
teniendo en cuenta que la vía oral
ha demostrado similares resultados que la vía parenteral.
Muchos episodios de EIP no son
reconocidos; aunque algunos casos pueden ser asintomáticos, en
otros hay fallas para reconocer los
casos leves o con presencia de signos o síntomas inespecíficos (p ej,
sangrado anormal, dispareunia y
flujo vaginal). Dado el potencial
daño a los órganos reproductivos,
aún en estos casos, es importante
considerar su tratamiento para
evitar secuelas.
El esquema de tratamiento más
adecuado, así como los resultados
a largo plazo del tratamiento temprano en las mujeres con EIP asintomático o subclínico, no han sido
determinados. Es importante, establecer criterios de sospecha para
EPI, así como reconocer a las mujeres de riesgo en quienes hay que
buscar información adicional, para
incrementar la certeza diagnóstica
y dar el tratamiento oportuno.
Se recomienda iniciar tratamiento
empírico en las mujeres jóvenes,
sexualmente activas, y en aquellas
mujeres con riesgo para infecciones
de transmisión sexual, si ellas presentan dolor pélvico cuando cualquiera otra causa aparte de la EIP
haya sido descartada y si uno o más
de los siguientes criterios están presentes en el examen clínico: dolor a
la movilización del cérvix, dolor al
tacto uterino o dolor anexial.
La necesidad de que los tres criterios mínimos estén presentes para
iniciar el tratamiento temprano es
inadecuada, ya que puede llevar a
un retraso en el inicio del tratamiento y comprometer el futuro de
fertilidad de la paciente. Por lo
tanto, la decisión de iniciar el tratamiento debe basarse en la presencia de signos de inflamación de
tracto genital inferior más uno de
los tres criterios mínimos.
HOSPITALIZACIÓN
Algunos especialistas han recomendado la conveniencia de hospitalizar a toda paciente con EIP, para que
el tratamiento parenteral pueda ser
iniciado precozmente. Sin embargo,
en mujeres con un cuadro clínico
leve o moderado, el tratamiento
ambulatorio ha demostrado ser tan
eficaz como el tratamiento intrahospitalario, tanto en el corto como
en el largo plazo.
Un estudio multicéntrico, aleatorio
controlado, realizado en mujeres con
signos y síntomas de EIP leve y
moderado, comparó un tratamiento con cefoxitina y doxiciclina endovenoso intrahospitalario con un tratamiento ambulatorio, consistente
en una dosis única de cefoxitina
intramuscular y doxiciclina oral. En
este ensayo, las tasas de mejoría
clínica y microbiológica fueron similares en ambos grupos, así como las
tasas de embarazo en los tres años
subsiguientes (42%, en ambos grupos). Además, no hubo diferencias
estadísticamente significativas entre ambos grupos de pacientes, con
respecto a la recurrencia del PID,
dolor pélvico crónico o embarazo
ectópico. Teniendo en cuenta estos
hallazgos, la decisión de hospitalizar a la paciente dependerá de la
evaluación de la severidad del cuaVOL 53 N 4 OCTUBRE-DICIEMBRE 2007
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dro o será reservado para pacientes
con un diagnóstico incierto.
Se ha sugerido los siguientes criterios de hospitalización:
• Emergencias quirúrgicas que no
puedan ser excluidas (ej, apendicitis)
• Presencia de embarazo
• Falta de respuesta clínica al tratamiento antibiótico oral dentro
de las 48 horas
• La paciente no tolera o no puede continuar el tratamiento oral
ambulatorio
• La paciente padece de enfermedad severa, náuseas y vómitos
o fiebre alta
• La paciente tiene absceso
tuboovárico o pélvico.
TRATAMIENTO PARENTERAL
Los tratamientos parenteral y oral
parecen tener similar eficacia clínica, en el tratamiento de pacientes con EPI leve o moderado. Muchos estudios han demostrado la
eficacia tanto de los regímenes
parenterales como orales (2,4,5) La
experiencia clínica debe guiar la
decisión, con respecto a pasar al
tratamiento oral, el cual usualmente puede ser iniciado dentro de las
24 horas de la mejoría clínica. En
el caso del absceso tuboovárico, la
mayoría de clínicos recomienda al
menos 24 horas de observación
intrahospitalaria, la cual se mantendrá de acuerdo a la evolución.
Régimen A
Debido a que la infusión de doxiciclina produce dolor, esta debe
ser administrada por vía oral, cuando sea posible, aún cuando la paciente esté hospitalizada, ya que
tanto la administración oral y EV
brindan igual biodisponibilidad.
El tratamiento parenteral puede
ser descontinuado 24 horas después de la mejoría clínica del paciente. Luego de esto, la terapia
oral con doxiciclina (100 mg/dos
veces al día) se debe continuar por
14 días. En los casos en que un
absceso tuboovárico esté presente, se recomienda el uso de clindamicina o metronidazol con doxiciclina, para continuar el tratamiento, antes que doxiciclina sola,
ya que estos antibióticos brindan
una cobertura anaeróbica más eficiente.
Los datos clínicos son limitados en
relación al uso de otras cefalosporinas de segunda o tercera generación (ej, ceftizoxima, cefotaxima, ceftriaxona), las cuales pueden ser efectivas en el tratamiento de la EPI y reemplazar a cefotetán y cefoxitina. Aunque estas
cefalosporinas son menos efectivas contra las bacterias anaerobias.
Régimen B
Aunque el uso de una dosis diaria única de gentamicina no ha
sido evaluado para el tratamiento de EPI, esta sería tan eficaz
como las dosis múltiples. Al igual
que en el régimen A, el tratamiento parenteral puede ser descontinuado 24 horas después de la
mejoría clínica del paciente, continuando con doxiciclina 100 mg
vía oral dos veces al día o clindamicina 450 mg vía oral cuatro
veces al día, hasta completar 14
días. Cuando el absceso tuboovárico está presente, muchos prefieren usar clindamicina para la terapia de mantenimiento, antes
que doxiciclina, puesto que esta
ofrece una cobertura anaeróbica
más efectiva.
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Regímenes parenterales alternativos
Hay datos limitados que apoyen el
uso de otros regímenes, pero los
siguientes tres han sido investigados en al menos un ensayo clínico
y tienen una cobertura de amplio
espectro.
La ofloxacina EV ha sido investigada como agente de uso único,
pero, debido a algo de duda en relación a su espectro, el metronidazol puede ser incluido en el
régimen. La levofloxacina es tan
efectiva como la ofloxacina y puede reemplazarla; su aplicación de
dosis diaria única le confiere una
ventaja en la aceptación del paciente. Un ensayo ha demostrado altas tasas de curación en el
corto tiempo con azitromicina, ya
sea solo, por una semana (al menos una dosis endovenosa diaria,
seguido por terapia oral), o junto
con un curso de metronidazol, por
doce días.(6)
La asociación ampicilina/sulbactam más doxiciclina es efectiva
contra C. trachomatis, N. gonorrhoeae y anaerobios y, además, en
pacientes con absceso tuboovárico.
TRATAMIENTO ORAL
El tratamiento oral debe ser considerado para pacientes con EPI
agudo leve o moderado. Los resultados clínicos son similares a los
obtenidos con el tratamiento parenteral. Los siguientes regímenes
brindan cobertura contra los agentes etiológicos más frecuentes de
EPI. Si dentro de las 72 horas la
paciente no responde al tratamiento oral, debe ser reevaluada para
confirmar el diagnóstico e iniciar
tratamiento parenteral, en forma
ambulatoria o intrahospitalaria.
Alfredo Celis-López
Régimen A
La ofloxacina oral ha sido investigada como agente único en dos ensayos clínicos, y esta es efectiva contra N. gonorrhoeae y C. trachomatis
(7,8)
. Independiente de estos resultados, su falta de cobertura contra
anaerobios hace necesario el uso
concomitante de metronidazol.
La levofloxacina es tan efectiva
como ofloxacina y puede reemplazarla. La azitromicina ha demostrado ser efectiva para la EPI aguda(6).
El metronidazol debe ser considerado, puesto que los anaerobios son
sospechados en la mayoría de casos de enfermedad inflamatoria
pélvica; además, también tiene
efecto sobre la vaginosis bacteriana, la cual frecuentemente está asociada con EIP.
Régimen B
La elección óptima de las cefalosporinas en el régimen B es incierta.
Aunque cefoxitina tiene mejor cobertura anaeróbica, ceftriaxona tiene mejor cobertura contra N. gonorrhoeae. Estudios clínicos han demostrado que una dosis única de
cefoxitina tiene una respuesta clínica efectiva en pacientes con EPI.
Sin embargo, la limitación teórica
en la cobertura contra gérmenes
anaerobios puede requerir la adición
de metronidazol al régimen de tratamiento(5). Ningún dato ha sido
publicado con respecto al uso de
cefalosporinas por vía oral, para el
tratamiento de EPI. Datos limitados
sugieren que la combinación de
metronidazol y doxiciclina por vía
oral, después de la terapia parenteral primaria, es segura y efectiva(9).
Seguimiento
Después de iniciado el tratamiento antibiótico, las pacientes deben
mostrar mejoría clínica, dentro de
los tres días de iniciado el tratamiento, la cual se hace evidente
por una disminución de los síntomas; como ej, una disminución de
la sensibilidad abdominal, tanto
directa como con rebote; de igual
manera, una reducción del dolor
uterino y/o anexial, con la movilización del cérvix. Las pacientes
que no logren una mejoría durante este periodo deben ser hospitalizadas, para realizar una rotación
de antibióticos, hacer exámenes
diagnósticos adicionales o ser intervenidos quirúrgicamente.
Si no se observa mejoría clínica
dentro de las 72 horas después de
iniciado el tratamiento ambulatorio, ya sea por vía oral o parenteral, se hospitalizará a la paciente
y, dentro de la reevaluación que se
haga, se debe considerar a la laparoscopia como una real alternativa, no solo diagnóstica sino principalmente terapéutica; contrariamente a lo que se pensaba hace
algunos años, cuando se consideraba a los cuadros de absceso
tuboovárico o absceso pélvico
como contraindicaciones absolutas para el examen laparoscópico.
TRATAMIENTO QUIRÚRGICO
Drenaje de abscesos
La utilización de esquemas con
antibióticos de amplio espectro ha
llevado a un descenso de la cirugía extirpadora, durante la fase
aguda de la EPI. El tratamiento
quirúrgico de los abscesos pélvicos está reservado para los abscesos pélvicos rotos, las tumoraciones pélvicas que persisten después del tratamiento antibiótico,
abscesos mayores de 6 cm por
ecografía y masa pélvica fluctuante adyacente al fondo de saco de
Douglas, el cual pude ser fácilmente drenado por vía vaginal.
El tratamiento quirúrgico, en la enfermedad inflamatoria pélvica aguda, está dirigido básicamente al drenaje del absceso tuboovárico (afectación exclusiva de los anexos) y del
absceso pélvico (extensión del proceso infeccioso a la pelvis). Se puede realizar por laparotomía o por vía
laparoscópica. Dado el gran desarrollo que ha ido ganando la laparoscopia, nos vamos a referir preferentemente a esta vía de abordaje.
La laparoscopia no solamente tiene
un rol importante en el aspecto diagnóstico, sino también en el manejo
quirúrgico. Se conoce, a través de
diversos estudios, de la inexactitud
del diagnóstico clínico en la EPI
aguda. Si no, basta recordar el estudio de Jacobson y Westrom(10),
quienes señalaban que, de 814
mujeres diagnosticadas clínicamente de EPI, la laparoscopia solo
pudo confirmar dicho diagnóstico en
65%. De igual manera, Binstock(11)
agrupó diez estudios en los que se
presentaba un total de 1 901 pacientes y solamente se pudo confirmar la EPI aguda en 62%. Por esto,
hasta que aparezca un mejor método, no invasivo y más exacto, para
el diagnóstico de EPI se debe considerar a la laparoscopia como el
método diagnóstico de elección.
Además, la laparoscopia brinda la
posibilidad de hacer diagnóstico microbiológico, por medio de la toma
de muestras.
TÉCNICA LAPAROSCÓPICA
Tomándose como base el aspecto
general de la pelvis y los signos
más prominentes que se puede
observar al realizar la laparoscopia,
tres son las lesiones que se puede
encontrar, y estas son exudación,
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Tratamiento de la enfermedad inflamatoria pélvica
adherencias y abscesos, las cuales
pueden presentarse en forma aislada o coexistir al mismo tiempo.
La vía laparoscópica permite drenar
colecciones, extraer exudados y liberar adherencias y órganos pélvicos, cuando las adherencias no
sean muy firmes. Dellenbach(12), en
Francia, fue el primero en proponer el tratamiento laparoscópico
para el manejo del absceso pélvico, en 1972. Las tres series más
grandes de manejo laparoscópico
del absceso tuboovárico fueron informadas por Henry Suchet y Raiga,
en Francia, y por H. Reich, en Estados Unidos(13-15).
La adhesiólisis es el primer paso del
tratamiento quirúrgico. Las maniobras deben ir de las más simples a
las más complejas y de la parte externa hacia el centro. Se debe realizar los movimientos con mucho cuidado, porque los tejidos infectados
son muy friables y sangran fácilmente, pudiendo desgarrarse con facilidad y crear falsos planos, que pueden llevar a lesionar los tejidos. Por
esto, se recomienda la disección
roma y la acuodisección como las
dos técnicas atraumáticas y seguras para estas condiciones. Se debe
evitar el uso de disección cortante y
los instrumentos de tracción. De esta
manera, la movilización de los órganos debe hacerse por separación con
instrumental romo o traccionando
de los ligamentos redondos o ligamentos uteroováricos. En cuanto a
la hemostasia, se hará lavando con
suero salino y coagulación bipolar,
que es mucho más segura que la
coagulación monopolar, teniendo en
cuenta la fragilidad de los tejidos inflamados. La magnificación brindada por la visión laparoscópica es de
gran ayuda para evitar la lesión de
los tejidos.
Drenaje de absceso tuboovárico
Una regla básica de la cirugía, establece que todo absceso debe ser
drenado. El absceso tuboovárico
usualmente se sospecha por los signos clínicos y los hallazgos ecográficos y debe ser tratado precozmente. De acuerdo a los lineamientos de la laparoscopia ginecológica, esta debe ser realizada bajo
anestesia general, usando un trócar
de 10 mm, transumbilical, y se recomienda el uso de tres trócares de
5 mm, suprapúbicos, para una movilización e irrigación adecuada de
los tejidos. Durante la laparoscopia,
se diagnostica fácilmente el absceso tuboovárico, bajo visión directa,
y el tratamiento laparoscópico puede ser realizado en una de dos formas, dependiendo de la duración
del absceso(16):
ABSCESO TUBOOVÁRICO RECIENTE
(MENOS DE 3 SEMANAS)
Uno o ambos anexos están usualmente pegados entre sí o al útero,
por secreción purulenta y/o un exudado friable de fibrina y escondidos por debajo del intestino. El intestino es removido con un instrumento romo y los anexos liberados.
Al romper las adherencias tempranas y friables, deja ver usualmente una colección purulenta localizada entre la trompa y ovario, la
cual debe ser aspirada en su totalidad y enviada para cultivo. Mientras el fluido es aspirado, se recomienda restituir la mesa operatoria a una posición Trendelemburg
a 10, para disminuir el riesgo de
diseminación a la parte alta del abdomen.
Cada trompa debe ser movilizada
cuidadosamente, tratando de liberar la fimbria, la cual usualmente
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se encuentra aglutinada. Algunas
veces, un piosálpinx está asociado con un absceso tuboovárico y
debe ser drenado. Si se encuentra
un quiste ovárico, es mejor no aspirarlo, para evitar la infección
intraovárica.
La técnica de drenaje del piosálpinx dependerá de la localización
de la oclusión. Cuando esta se
encuentra en la parte distal, las
fimbrias aglutinadas pueden ser
abiertas (fimbrioplastia) mediante disección roma o cortante, según sea el caso; luego, el óstium
puede ser ensanchado por el pasaje de una pinza cerrada, la cual
es abierta en la ampolla y retirada
en esta posición para permitir la
apertura del óstium. Rara vez, es
necesaria una incisión longitudinal para drenar un piosálpinx; de
hacerlo, se debe utilizar un electrodo monopolar, con el cual se
hará una salpingostomía no mayor
de 1,5 cm en el lado antimesentérico de la trompa. El pus es
aspirado y el lumen de la trompa
es vigorosamente irrigado.
El lavado peritoneal es uno de los
procedimientos más importantes
del tratamiento y debe ser realizado prolijamente, hasta que el líquido aspirado sea totalmente
claro, llegándose en algunos casos a utilizar hasta 20 litros de
solución salina. Luego de lavar
profusamente, el anexo debe ser
preservado, independientemente
del estado de la trompa (salpingitis o piosálpinx), ya que esta se
recuperará en unos pocos días, en
la mayoría de los casos. La extirpación de la trompa u ovario puede ser fácil de realizar, pero innecesaria, como demostrado por
diferentes estudios(13-15).
Alfredo Celis-López
ABSCESO TUBOOVÁRICO DE LARGA DATA
(MAYOR DE 3 SEMANAS)
El intestino puede ser difícil de liberar. El anexo suele aparecer
como una tumoración densa y el
ovario y la trompa están pegados
entre sí, al útero o a las paredes laterales, mediante adherencias
fibrosas, a veces, muy difíciles de
romper. Por esto, el tratamiento
puede variar. Dependiendo de la
edad y la paridad de la paciente; se
puede realizar la aspiración conservadora de la colección purulenta o
la anexectomía (frecuentemente
difícil, pero más recomendable en
las pacientes multíparas). La razón
a favor de la anexectomía inmediata es la probable rapidez en la recuperación sobre la cirugía conservadora, pero a riesgo de presentar mayores complicaciones, como se verá
más adelante. Por lo tanto, parece
más recomendable, incluso en las
mujeres multíparas, la aspiración
conservadora y el tratamiento médico complementario con antibióticos de amplio espectro, dejando la
anexectomía para después, dependiendo de la evolución.
En estos casos, si el acceso a los
órganos pélvicos es difícil y hay
una pérdida de los planos adecuados de disección, que condicione que la adhesiólisis y el drenaje no se puedan realizar de una
manera segura; es mejor realizar
una laparotomía, para disminuir
los riesgos de alguna lesión de los
órganos vecinos (intestinos, vejiga, uréter).
Absceso tuboovárico roto:
Absceso pélvico
El manejo del absceso ovárico roto
ha variado en el tiempo, desde un
tratamiento radical hasta un manejo conservador, en función de la
aparición de los antibióticos, que
permitió un tratamiento combinado. Henri-Suchet(13) fue el primero en realizar un método que combinaba la antibioticoterapia y la cirugía laparoscópica, mostrando
que 90% de pacientes tuvo una
respuesta favorable. Se debe iniciar un tratamiento antibiótico de
amplio espectro por vía endovenosa, antes o mejor durante la
laparoscopia, después de haber
obtenido muestras para cultivo.
Antes de 1945, la tasa de mortalidad tras la rotura de un absceso
tuboovárico era 90%, pero a medida que los cirujanos optaron por
una actitud más agresiva, generalmente una histerectomía abdominal con salpingoooforectomía bilateral, este índice bajó hasta
12%, en 1954(17). De la misma
manera, otros autores lograron
bajar la mortalidad mediante intervenciones quirúrgicas precoces(18,19).
Posteriormente, Rivlin y Hunt(20,21)
tuvieron una actitud más conservadora, prescindiendo de la histerectomía abdominal con salpingoooforectomía bilateral; ellos trataron 113 pacientes con peritonitis, tras rotura de un absceso, bajo
la premisa que la erradicación de
la fuente de la sepsis era suficiente para eliminar la infección, logrando con esto la conservación de
los órganos reproductores. La secreción purulenta y el material
necrótico eran extraídos y se dejaba drenajes a través de los cuales
se mantenía un lavado antibiótico
continuo en el postoperatorio. El
índice de mortalidad fue 9%, quedando la función hormonal y menstrual conservada en 73,5% de las
pacientes.
Colpotomía posterior
La colpotomía continúa siendo una
vía de abordaje para el drenaje del
absceso pélvico. Se debe considerar su ejecución si el absceso reúne
las siguientes tres condiciones: 1)
está en la línea media; 2) es adyacente al fondo de saco de Douglas;
y, 3) diseca el séptum rectovaginal.
Con la paciente en posición de litotomía y bajo anestesia general, se
tracciona el cérvix y se incide en el
fórnix posterior abombado; se hace
una incisión de 1 a 2 cm y se ingresa a la cavidad del absceso. Con una
pinza larga o una cánula de succión,
de existir, se rompe las adherencias
fibrosas, para facilitar el drenaje.
Luego, se deja un dren Penrose, hasta
que el flujo de drenaje sea menor
de 25 mL, en 24 horas. Si el absceso no está en la línea media, es mejor no drenarlo por esta vía, porque
la lesión del intestino es muy probable. La ecografía puede ayudar a
precisar la ubicación del absceso.
Esta vía de abordaje, si bien es cierto es bastante accesible, no está
exenta de riesgos. Así, Rubenstein
y col.(22), en 1976, publicaron los
resultados de 38 pacientes tratados
por esta vía, mostrando que 37%
necesitó finalmente una nueva intervención, cuatro de las cuales terminaron en histerectomía abdominal con salpingoooforectomía bilateral, por presentar avance de la infección tras el drenaje. De igual manera, Rivlin(23,24), en dos estudios,
mostró en un primer grupo que, de
59 pacientes tratadas por colpotomía, 24 necesitaron intervenciones
posteriores de mayor complejidad;
y, en el segundo estudio, de 348
colpotomías se registraron 23 casos
de sepsis peritoneal y seis muertes.
Por lo tanto, en los casos en que esta
vía sea utilizada, el seguimiento posterior es sumamente importante.
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Tratamiento de la enfermedad inflamatoria pélvica
COMPLICACIONES
Aunque la mayoría de mujeres con
EIP se recupera completamente de
la infección aguda, el daño irreversible a los órganos reproductivos
puede ocurrir y el proceso inflamatorio y las adherencias pélvicas pueden dejar secuelas, como obstrucción tubárica, embarazo ectópico y
dolor pélvico crónico. Después de un
episodio de EIP, la infertilidad ocurre en 12% de mujeres, el riesgo de
embarazo ectópico se incrementa en
7 a 10 veces y aproximadamente un
20% de estas mujeres desarrollará
dolor pélvico crónico.
El uso de la laparoscopia en el
manejo del absceso tuboovárico
puede estar asociado a algunas
complicaciones, las cuales son
menos frecuentes cuando se elige
el tratamiento conservador. El riesgo de sepsis y choque séptico suele
ser bajo, debido al uso de antibióticos de amplio espectro; pero,
la extirpación de un anexo purulento, muy inflamado y firmemente adherido, puede resultar en lesión de otros órganos, sobretodo a
nivel intestinal. Buchweirz, en su
estudio(22), hizo una comparación
de 25 casos de anexectomía o salpingectomía laparoscópica con 35
casos de manejo conservador, encontrando 14 complicaciones
postoperatorias en el primer grupo. Entre las complicaciones,
hubo una perforación intestinal,
dos colaterales de la arteria iliaca
interna laceradas, dos obstrucciones intestinales y dos casos de
trombosis intestinales. En cambio,
por el lado conservador, solamente hubo un reingreso por dolor pélvico. Por esto, el autor concluye
que el tratamiento conservador es
preferible, al margen de la edad y
paridad de la paciente.
El absceso recurrente de la pelvis,
ocurrió solamente en 1 de 80 pacientes, en la serie de HenrySuchet(16), y 90% experimentó una
rápida y completa mejoría. En esta
misma serie, las secuelas a largo
plazo en los abscesos recientes y
en aquellos de larga duración fueron significativamente diferentes.
Así tenemos que, de 66 pacientes,
85% tuvo una recuperación clínica completa y solamente 15% tuvo
dolor pélvico crónico, como secuela, 11% en el absceso tuboovárico
reciente y 22% en los casos de
abscesos de larga duración. En
treinta y siete mujeres, se realizó
una segunda laparoscopia, 3 a 6
meses después; encontrándose que
85% de las pacientes con abscesos recientes tenía una pelvis completamente normal. Por el contrario, en las pacientes con absceso
tuboovárico de larga evolución, solo
una tenía la pelvis normal y 15 tenían obstrucción tubárica uni- o bilateral. Con respecto a la fertilidad,
21 mujeres tratadas por absceso
tuboovárico bilateral fueron evaluadas, encontrándose que nueve de
las 15 tratadas por abscesos recientes lograron un embarazo, en tanto
que ninguna de las 6 pacientes tratadas por abscesos de larga duración lograron embarazarse sin más
cirugía; luego de salpingoplastia,
lograron embarazo 4 y una, respectivamente.
CONCLUSIONES
La laparoscopia se ha convertido en
el método de diagnóstico más exacto de la EIP aguda, y nos permite
establecer la severidad del cuadro,
tomar muestras para cultivo y, sobretodo, realizar un tratamiento
quirúrgico precoz. Si bien es cierto,
que la laparoscopia debería de reali-
246 REVISTA PERUANA DE GINECOLOGÍA Y OBSTETRICIA
zarse en todas las pacientes, esto no
siempre es posible y muchas veces
tenemos que iniciar un tratamiento
de manera empírica, sobre todo en
aquellos casos que son leves a moderados o con sintomatología dudosa, en la que se podría prescindir de
este procedimiento, no así en los casos severos, con presencia de abscesos pélvicos, donde la laparoscopia es mandatoria.
Teniendo en cuenta que diversos
estudios han establecido que las
tasas de curación después de lo esquemas antibióticos sugeridos van
de 90 a 97%, es importante que la
cobertura sea antipolimicrobiana y
con antibióticos de amplio espectro,
independiente de la vía de administración, ya que con el uso de estos
nuevos regímenes, tanto la vía oral
como la vía parenteral vienen demostrando igual eficacia. Pero, en
ambos casos, lo principal es el inicio precoz del tratamiento, que ha
demostrado una gran influencia en
la disminución de secuelas a largo
plazo.
Además de la resolución de los síntomas, el evitar la presencia de las
secuelas debería de considerarse
como marcadores importantes en la
evaluación del éxito de los diferentes esquemas de tratamiento; pero,
este es un aspecto relevante que la
mayoría de estudios no ha tomado
en cuenta.
Si se diagnostica un absceso
tuboovárico o un absceso pélvico, se
debe hospitalizar a la paciente y el
tratamiento debe estar dirigido a su
curación en el tiempo más corto
posible, para disminuir el riesgo de
secuelas, incluidos el dolor pélvico
crónico y la infertilidad.
Contrariamente a lo que se pensaba años atrás, en que los absce-
Alfredo Celis-López
sos pélvicos constituían contraindicación absoluta para realizar una
laparoscopia, en la actualidad, el
drenaje laparoscópico junto con la
antibioticoterapia endovenosa han
confirmado que se trata del mejor
método para el manejo de esta
patología, ya que permite su drenaje, la lisis de adherencias y el
lavado abundante, con lo cual se
consigue la recuperación adecuada de la mayoría de las pacientes,
haciendo que en el momento actual la tasa de mortalidad por esta
causa sea muy baja, en los países
desarrollados.
En estos casos, una segunda laparoscopia es recomendada luego de
algunos meses, para establecer el
pronóstico de fertilidad, así como
eliminar algunas secuelas del proceso anterior, que pudieran haber
quedado. Precisar cuándo y cuán
extenso debería ser este segundo
procedimiento es aún controversial
y para establecerlo, serán necesarios futuros estudios.
RECOMENDACIÓN
Teniendo en cuenta que el objetivo del tratamiento de la enfermedad inflamatoria pélvica aguda no
solamente está dirigido a la erradicación del ataque inicial sino a
la prevención de sus secuelas y
habiéndose reconocido la importancia del diagnóstico y tratamiento oportunos, se recomienda que
el tratamiento debe ser lo más precoz posible, combinando la antibioticoterapia con la laparoscopia,
en la mayoría de las pacientes,
para evitar tales complicaciones.
Dada la fuerte asociación entre la
EIP y las infecciones de transmisión sexual, las estrategias deben
estar dirigidas a promover las relaciones sexuales seguras (reducción del número de parejas, uso de
condón, entre otros).
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VOL 53 N 4 OCTUBRE-DICIEMBRE 2007
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