1 L`ELISIR D`AMORE (EL ELIXIR DE AMOR). Ópera en dos actos de

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L’ELISIR D’AMORE (EL ELIXIR DE AMOR).
Ópera en dos actos de Gaetano Donizetti con libreto de: Felice Romani.
Estreno mundial: 5 de mayo de 1832. Teatro Alla Canobbiana de Milán.
Programa realizado por Fernando Funes.
Edición de Joaquín Rath.
INTRODUCCIÓN
El año de 1832 fue un año especialmente significativo para la carrera
del célebre compositor bergamasco Gaetano Donizetti, quien habiendo
nacido el 29 de noviembre de 1797 y fallecido en la ciudad italiana de
Bérgamo el 8 de abril de 1848, había comenzado aquel año de 1832 ya
en enero con la composición de FAUSTA, una de sus óperas más
sombrías que le encargara el Teatro San Carlos de Nápoles.
Ese mismo año vería también plasmado la creación de dos tragedias
líricas más, primeramente UGO, CONTE DI PARIGI, que fuera retirada
de cartel al cabo de sólo cuatro representaciones, y posteriormente
SANCIA DI CASTIGLIA, indudablemente una obra menor, así como la
que sería no solamente una de sus mejores óperas cómicas de toda su
producción, sino una de las obras maestras cuyo prestigio ha
perdurado intocable a través del tiempo.
Nos referimos a L’ELISIR D’AMORE, nuestra ópera de esta noche, que
Donizetti compusiera sobre libreto en italiano de Felice Romani, a su
vez basado en otro libreto en francés de la pluma de Eugène Scribe, que
fuera escrito en 1831 para una ópera cómica del compositor Daniel
François Auber, titulada LE PHILTRE.
La idea original de la ópera provino del empresario teatral Bartolomeo
Merelli, director del Teatro della Canobbiana de Milán, quien encargó a
Donizetti la composición de una nueva ópera que debería subir a escena
en el absurdo plazo de dos semanas.
Pero a pesar de haber sido compuesta en tan corto tiempo, EL ELIXIR
DE AMOR resultó un genuino golpe de genialidad donizettiana,
manteniéndose en cartel de todos los teatros de Europa desde entonces.
Junto con EL BARBERO DE SEVILLA de Rossini y LAS BODAS DE
FÍGARO de Wolfgang Amadeus Mozart, se constituye en una piedra
angular de la ópera cómica. Todas ellas cuentan con la más grande
aprobación popular de todos los tiempos, a las que debería agregarse
DON PASQUALE, también de Donizetti, estrenada años más tarde en
1843 en París.
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El ambiente bucólico que la obra presenta, hace de ella una historia
simple, sus personajes son de carne y hueso, no dejando por ello de
incursionar en la psicología de ellos con cierta profundidad. A su vez los
personajes exhiben arquetipos humanos que derivan de la propia
Commedia dell’ arte, comenzando por el Dottore Dulcamara.
Es también notable el contraste logrado entre el temperamento apacible
de Nemorino, el campesino simple e ingenuo, y la figura narcisista y
frívola de Adina, la vulgaridad pero también la honestidad del sargento
Belcore, junto a la picardía y la astucia del charlatán Dulcamara, típico
embaucador ambulante, que oculta su engaño tras la cortina de una
gran simpatía.
La ópera tan cercana a la vida cotidiana de aquel tiempo asume hasta
rasgos autobiográficos, ya que Donizetti fue también exento del servicio
militar gracias a la intervención de una rica dama, escapando así del
servicio en el Ejército Austríaco tal como Nemorino escapa del poder
personificado en el sargento Belcore.
Si bien existen todavía en la composición rasgos del arte de Gioacchino
Rossini y el compositor emplea aún recitativos secco, la partitura destila
frescura vocal en todos los personajes, los que están dotados de una
entrañable y rústica humanidad, mientras que la inspiración del
compositor corre uniforme y no declina en ningún momento. A su vez
una cierta melancolía es inyectada en el acto segundo con la célebre
aria de Nemorino Una furtiva lacrima, fragmento que fuera insertado
sobre el libreto original de Scribe a pedido de Donizetti, y que se ha
convertido en un absoluto favorito de los tenores líricos a través del
tiempo.
La ópera desborda de pasajes de gran importancia, comenzando en el
primer acto con la romanza de Nemorino: Quanto è bella, quanto è cara,
y continuando con el relato de Adina de la Reina Isolda, la cavatina
marcial que marca la entrada de Belcore: Come Paride vezzoso, y el dúo
entre Adina y Nemorino: Chiedi all’aura lusinghiera.
En este acto se señalan también la gran aria buffa de entrada del
Doctor Dulcamara: Udite, udite, o rustici! y el propio final del acto. El
acto segundo presenta ya desde el comienzo el hermoso dúo entre
Dulcamara y Adina en forma de barcarola, Io son ricco e tu sei bella, el
celebrado dúo: Venti scudi, para Nemorino y Belcore, el dúo entre
Dulcamara y Adina: Quanto amore! , el aria final de Adina: Prendi, per
me sei libero, y desde luego, Una furtiva lacrima, de la que ya hemos
hablado.
Quizás algunos oyentes recordarán que esta ópera fue transmitida el
pasado mes de enero, en el marco de las representaciones en el
Metropolitan Opera House de New York. Esta noche les proponemos
una versión mucho más antigua, tomada de una representación en vivo
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celebrada en Bérgamo, la ciudad natal del compositor, el 14 de octubre
de 1963, reuniendo un elenco artístico imposible de hallar en tiempos
actuales.
REPARTO
Soprano RENATA SCOTTO ……………………….….. Adina,
tenor GIUSEPPE DI STEFANO ………………………. Nemorino,
barítono GIULIO FIORAVANTI …………………….… Sargento Belcore,
bajo IVO VINCO ………………………………………… Doctor Dulcamara.
Coro y Orquesta de Bérgamo dirigidos GIANANDREA GAVAZZENI.
ARGUMENTO
La acción tiene lugar en un pequeño pueblo vasco-francés, a fines del
siglo XVIII.
ACTO PRIMERO
En la plaza de la aldea encontramos a Nemorino, un joven y
melancólico campesino, pero de muy nobles sentimientos. El muchacho
se ha enamorado de Adina, una rica terrateniente que gracias a su
dinero y su belleza es considerada la mujer más importante del pueblo.
Adina atormenta a Nemorino con su indiferencia, y narra a los
presentes la historia de Tristán e Isolda, sintiéndose feliz que ya no
existan pociones mágicas que ayuden a ganar el corazón de la persona
amada.
Pero Nemorino piensa diferente, y se convence que un filtro mágico lo
ayudará a conquistar a su amada. Aparece entonces el jactancioso
sargento Belcore con su regimiento, y propone a Adina matrimonio ante
todos. Los aldeanos se burlan de Nemorino y le dicen que Belcore se
terminará casando con la mujer de sus sueños.
Es en ese momento que hace su entrada a la aldea un peripatético
charlatán; el Doctor Dulcamara, un supuesto médico ambulante, que
vende un Elixir Vitae que lo cura todo. En su desesperación, el joven
campesino le pide un brebaje como el de la leyenda de Tristán e Isolda,
y por la suma de un ducado compra un frasco del misterioso elixir, que
en realidad no es otra cosa que vino de Bordeaux. Para lograr escapar a
las preguntas de Nemorino el Doctor le dice que la bebida sólo tiene
efecto por un día. El joven lo bebe y cree sentir sus efectos de
inmediato.
Animado por el efecto del elixir, Nemorino se encuentra con Adina,
quien lo tortura sin piedad, pero que en el fondo revela que no le es del
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todo indiferente, a pesar de la proposición de matrimonio del sargento,
con quien se ha fijado boda para dentro de una semana.
Confiado en que gracias al elixir ganará la mano de Adina al día
siguiente, Nemorino comienza a tratarla con indiferencia, lo cual irrita a
la muchacha que trata de ocultar sus verdaderos sentimientos.
Sintiéndose despechada, anuncia su casamiento con Belcore, quien
deberá partir con sus soldados el próximo día.
Nemorino se siente presa del pánico por un momento, pero trata de
consolarse tomando parte en las festividades del pueblo y confiando en
la sapiencia del Doctor Dulcamara.
ACTO SEGUNDO
En la granja propiedad de Adina los aldeanos se reúnen para celebrar
su boda. Dulcamara y ella cantan una barcarola a dos voces para
entretener a los invitados. Aparece entonces el notario para legalizar el
matrimonio y Adina se halla triste al no ver a Nemorino entre los
presentes.
Mientras todos beben y comen alegremente el joven campesino se
presenta desesperado pidiendo al Doctor una nueva dosis del elixir, esta
vez más potente, que lo haga triunfar en pocos minutos, pero como no
tiene dinero Dulcamara lo rechaza.
Sale Belcore, intrigado de por qué Adina ha retrasado la firma del
contrato nupcial. Pregunta a Nemorino por qué se halla tan triste, y
este le responde que no tiene dinero. Sugiere entonces al campesino que
se enrole en el ejército, por lo que recibirá inmediatamente veinte
escudos.
Nemorino firma el contrato y corre desesperado a buscar a Dulcamara,
mientras que Belcore cree haberse librado fácilmente de su rival. Entre
tanto las chicas de la aldea corren el rumor de que Nemorino ha
heredado una gran fortuna de un familiar fallecido, y lo comienzan a
perseguir, lo cual él atribuye a la acción del elixir, que ha comprado a
Dulcamara con el dinero del enrolamiento militar.
Adina lo contempla rodeado de mujeres y alegre por el efecto del vino, y
cree que la ha olvidado. Dulcamara le explica, sin saber del amor
existente entre ambos, que ha logrado engañar al joven con el cuento
del elixir, y que éste ha vendido ingenuamente su libertad para obtener
el dinero.
Adina comprende entonces la gran nobleza del muchacho y se da
cuenta de lo cruel que ha sido con él y de cuanto lo ama en realidad.
Cómicamente Dulcamara interpreta esta reacción como patológica, y
que deberá ser curada con una de sus mágicas pociones.
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En su celebérrima aria Una furtiva lacrima, Nemorino reflexiona
dándose cuenta que Adina realmente lo ama, al ver su tristeza. La
muchacha le pregunta por qué se ha enlistado en la milicia y va a
abandonar la ciudad.
Cuando él le responde que es por buscar una vida mejor, ella le confiesa
su amor y que ha comprado su libertad del ejército con su propio
dinero. Nemorino es ahora un hombre libre. Corre desesperado al lado
de Adina, y le dice que si no es amado por ella el elixir ha sido un
engaño, deseando la muerte en el campo de batalla.
Adina le asegura que lo ama y le pide su perdón por haberse burlado de
él. Los amantes se unen en un prolongado beso.
Al verlos, el sargento queda atónito. Adina deshace el compromiso, lo
cual Belcore toma ligeramente, ya que tiene muchas otras mujeres a su
alcance. Dulcamara apronta su carruaje para partir, y declara que todo
lo sucedido ha sido por acción de una de sus pociones mágicas, y que
por un poco de dinero será feliz de ayudar al sargento en su próxima
conquista amorosa. Con la bravura de un soldado, Belcore declara que
no lo necesita.
Pero los aldeanos están convencidos de que el elixir sí ha funcionado, y
corren a comprarlo al Doctor Dulcamara, quien feliz de poder vender
toda su reserva de Bordeaux a los presentes y hacerse rico, se despide
con su habitual simpatía.
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