Los sentimientos en la crianza de los niños

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Los sentimientos en la crianza de los niños
Constanza Recart, Psiquiatra infantil La autora nos entrega en este artículo
orientaciones y claves para expresar nuestros sentimientos, enseñar a nuestros
hijos a expresarse y desarrollar una afectividad positiva, tema de gran
importancia para la crianza de nuestros niños.
Son tantas las veces que escuchamos que un niño o niña dice sentirse no querido. Y esto
a pesar de que los padres lo quieran como a nadie en el mundo. Paradojal.
Cabe preguntarse cómo ocurre esto. Cómo se distorsionan o enredan tanto los mensajes para
que lo que queremos transmitirles a nuestros hijos e hijas no les llegue.
Uno de los aspectos es el que discutiremos en esta ocasión: no siempre les decimos lo que
sentimos de manera clara y directa. Es decir, muchas veces mezclamos las cosas y les
decimos a los niños o niñas que no los queremos si se portan mal, que nos hacen sufrir
sacándose malas notas, que su mal genio nos hace a nosotros ponernos tristes, etc. Cuando la
verdad es que los queremos igual, pero tal o cual actitud o conducta de ellos nos desagrada,
nos molesta, nos pone tristes o de mal humor y no somos capaces de expresarlo de manera
adecuada. Lo que deberíamos decirle, y recalcarle al menor es que lo queremos igual, que
nuestro cariño es incondicional y que por lo mismo queremos modificar esa conducta o
actitud y se la señalamos.
Lo mismo ocurre cuando estamos tristes o enojados por algo que no tiene directa relación con
los hijos y ellos nos ven y nos preguntan qué nos ocurre. Muchos padres - por evitarles una
preocupación a los hijos - dicen que no les pasa nada, que tienen los ojos rojos porque les
entró una mugre al ojo, o que no están furiosos con nadie ni nada, que es solo imaginación.
Entonces, los niños, que no son tan despistados, se quedan en silencio llenando su cabeza de
fantasías respecto a lo que pudiera estarle ocurriendo a su madre o padre.
La fantasía de los niños por lo general supera la realidad y además como los pequeños son
autoreferentes, creen que ese estado de los padres es por algo mucho más terrible que lo que
realmente es y que ellos tienen alguna responsabilidad al respecto.
Es importante hacer partícipe a los niños de que todos tenemos distintos estados de ánimo en
diferentes momentos y por diferentes razones. Que hay diversos sentimientos y que podemos
compartirlos en familia, que eso puede hacernos sentir mejor. No se trata de contarles todo lo
que nos sucede, pero si adecuar las respuestas y explicarles que tuvimos un mal día en el
trabajo, que eso nos tiene más irritables, o que estamos tristes porque tenemos tal o cual
problema, que estamos buscando soluciones, que los sentimientos son normales, que no se
asusten.
La expresión de los sentimientos por parte de los adultos pasa así a ser un modelo para las
niños. Muchas veces a los niños les ayuda saber que los padres, al igual que ellos,
experimentan diferentes emociones. Que tener estas emociones y poder conversar sobre ellas
es parte de la vida cotidiana. Que es normal sentir pena si nadie quiere jugar con él en el
recreo, tener rabia si le pierden sus cosas, estar contento si lo invitan a un cumpleaños,
sorprenderse si se saca una buena nota, asustarse si sueña con situaciones angustiantes. Que
en fin, los sentimientos son parte de la vida y que expresarlos nos ayuda a que otros nos
entiendan.
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Pero de todo lo mencionado lo más importante es que no debemos olvidar nunca expresarles
día a día, de una manera clara y directa a nuestros hijos, que los queremos tal cual son; que si
tratamos de modificar algunas conductas o de mostrarles otro lado de una situación o actitud
es porque realmente creemos que es en su beneficio, o sea que lo hacemos por el gran amor
que le tenemos.
Hay veces en que la confusión de los sentimientos en los niños les dificulta su quehacer
cotidiano. Algunas claves aparecen en el artículo Los padres y la disciplina, pero podemos
agregar que:
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si un niño llora demasiado,
si el malhumor es su estado más frecuente,
si es un niño demasiado irritable,
si tiene trastorno del sueño y/o de la alimentación,
todo apunta a alguna dificultad que requeriría de mayor apoyo.
No debemos sentir vergüenza porque nuestro hijo requiere apoyo del profesor, del
psicólogo(a) del colegio, o de otro. Debemos sentirnos orgullosos de estar abiertos a
ofrecerles lo mejor que podamos a estos pequeños que son nuestra mayor fuente de esperanza
y alegría.
BIBLIOGRAFIA
Milicic, Neva. A ser feliz también se aprende. Buenos Aires, Editorial Sudamericana,
1991.
Todas las teorías psicológicas están de acuerdo en que es durante el período de vida que
abarca desde el nacimiento hasta los cinco años cuando se construyen los cimientos de la
personalidad y salud mental futura de nuestro hijo. Este libro pretende dar respuesta a las
preguntas más frecuentes que se hacen los padres y educadores, acerca de cómo ayudar al
niño a crecer y ser feliz.
Haeussler, I.M. Manual de estimulación del niño pre-escolar. Santiago de Chile,
Publicaciones Nuevo Extremo, 1985.
Los niños preescolares viven un proceso rápido de crecimiento y desarrollo en un corto
tiempo. Frente a estos cambios, muchas veces los padres no saben cómo intervenir para
ayudar y potenciar el desarrollo del niño. Frente a ello, este manual se constituye en una
guía iluminadora para apoyar a los padres en todo lo que implica la crianza y el desarrollo
de los hijos.
Gordon, T. P.E.T. Padres Eficaces y Técnicamente Preparados. Santiago de Chile,
Editorial Diana, 1982.
En este libro, el autor pone por escrito el programa de capacitación de padres que ha llevado
a cabo por muchos años y con mucho éxito en los Estados Unidos. El objetivo del programa
PET es que los padres adquieran habilidades específicas para comunicarse con sus hijos, y
que aprendan un nuevo método para solucionar los conflictos que se les presentan con ellos
en la vida cotidiana.
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