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Psicothema, 1999. Vol. 11, nº 2, pp. 421-430
ISSN 0214 - 9915 CODEN PSOTEG
Copyright © 1998 Psicothema
EFECTOS SECUENCIALES EN UNA TAREA DE
DETECCIÓN GUSTATIVA: COMUNALIDAD
ENTRE AMBAS PSICOFÍSICAS
Ángel Villarino y Ana Garriga-Trillo
U.N.E.D.
El estudio de los sesgos de respuesta en tareas psicofísicas ha sido abordado de
forma diferente en función de la técnica utilizada, pudiendo distinguir entre las técnicas
asociadas a la psicofísica «local» y las asociadas a la psicofísica «global». Este trabajo
considera la posibilidad de que un sesgo de respuesta extensamente descrito en técnicas
propias de la psicofísica global, los efectos secuenciales, se produzcan también utilizando una técnica de la psicofísica local, tal y como describen en un primer momento Villarino y Garriga-Trillo (1993). Tanto los aciertos como las falsas alarmas considerando
dos estímulos gustativos, se ven influidos por variables temporales. La existencia de dichos efectos tendría fuertes implicaciones teóricas. Entre ellas habría que rechazar la estabilidad temporal de las respuestas de los sujetos (asumida en las principales teorías elaboradas desde la psicofísica local), y avalaría, además, las ideas de autores como Luce
(1990), Garriga-Trillo (1995) o Baird (1997) quienes intentan fundamentar la unificación
teórica de ambas psicofísicas.
Sequential effects in a gustatory detection task: communality between both psychophysics. Response bias has been studied differently depending on the nature of the
technique employed: if it belongs to local or to global psychophysics. This work studies
the possibility of finding one type of response bias, sequential effects, usually associated
with techniques from global psychophysics, in techniques within local psychophysics as
was first proposed in Villarino and Garriga-Trillo (1993). Hits and false alarms, considering two gustatory stimuli, are influenced by sequential variables. The existence of
these effects is theoretically relevant. One would have to reject the local psychophysical
assumption that subjects responses are stable over time. It will also favor the communality between the two psychophysics and will back up the idea of Luce (1990), GarrigaTrillo (1995) and Baird (1997) that some phenomena revealed within local and global
psychophysics are the same.
Tradicionalmente solían distinguirse dentro de la psicofísica dos grandes ramas de-
Correspondencia: Ángel Villarino
Facultad de Psicología
UNED
28040 Madrid (Spain)
E-mail: [email protected]
Psicothema, 1999
nominadas psicofísica «clásica» y psicofísica «moderna». Ambas áreas pretenden en
última instancia resolver el mismo problema: desvelar cómo es la relación entre la
magnitud del estímulo, generalmente medible físicamente, y la sensación que éste suscita. La psicofísica clásica, que nace de forma escrita de la mano de Fechner en 1860,
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asume que la percepción de la magnitud sensorial puede ser medida sumando diferencias
apenas perceptibles y por lo tanto las técnicas que emplea están orientadas al cálculo
de umbrales absolutos y diferenciales. Dichas técnicas suelen denominarse técnicas
indirectas. La psicofísica «moderna,» desarrollada por Stevens (1936, 1975), y que no
comparte esta idea, supone que los sujetos
son capaces de proporcionarnos juicios válidos sobre diferencias o razones estimulares,
por lo que sus técnicas suelen consistir en
pedir a los sujetos estimaciones numéricas
sobre las magnitudes estimulares percibidas,
y que, en contraposición a las anteriores,
suelen denominarse técnicas directas.
Más recientemente (e.g., Luce y Krumhansl, 1988) se establece la dicotomía localglobal en función de un solo proceso: el de
discriminación entre estímulos. La psicofísica global considera situaciones en las que las
intensidades estimulares son claramente distintas y la local considera estímulos muy semejantes. En línea con esta visión más unificadora de «ambas» psicofísicas, Luce (1990)
propone, según Baird (1997), un modelo
axiomático que considera que el sujeto al estimar magnitudes en relación a un estándar lo
que hace es una discriminación o apareamiento entre estímulos típica de la psicofísica local. Este mismo fenómeno se daría en la
aplicación de la técnica de modalidades cruzadas en las que el sujeto ajusta la magnitud
de un atributo para «aparearlo» a la magnitud
de otro. El modelo de agregados sensoriales
propuesto por Baird (1997), también es semejante en ambas tareas y representa este
apareamiento con tasas de disparo neuronal
equivalentes. Treisman, Faulkner, Naish y
Rosner (1995) intentan vincular el paso, a
través de la TDS, desde tareas de detección a
las de discriminación, que utilizando lo
enunciado por Studdert-Kennedy, Liberman,
Harris y Cooper (1970) (los estímulos procedentes de un continuo físico no se perciben
de forma continua sino como miembros de
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categorías discretas) nos podría conducir a
enunciar que la estimación se basa en percepciones semejantes a las de detección y
discriminación. Otra evidencia unificadora
de ambas psicofísicas, utilizando una alternativa de la teoría axiomática de la medición,
se presenta en Garriga-Trillo (1995) encontrando que los resultados de ambos niveles
(locales-globales) se relacionan entre sí por
medio de una transformación afín generando
así, ambos niveles, una escala única.
Utilizando estos argumentos, y los presentados por Baird (1997, p.233), podemos
afirmar que tanto las técnicas locales como
las globales comparten una serie de aspectos comunes, siendo uno de ellos el de los
sesgos de respuesta. La presencia de sesgos
de respuesta ha originado, tanto en el planteamiento local como en el global, la consideración de teorías psicofísicas bifactoriales
que descomponen el juicio psicofísico en
componentes sensoriales y cognitivos o,
más genéricamente, en sensoriales y no sensoriales. De esta forma tanto la sensación
como la cognición serían variables intervinientes entre el estímulo y la respuesta, considerando como sesgos en la evaluación
sensorial los influjos no sensoriales en la
respuesta. Sin embargo, la forma de estudiar
dichos sesgos ha sido bastante diferente en
ambos niveles.
En las tareas asociadas al cálculo de los
umbrales absolutos y diferenciales, han sido
propuestas diferentes teorías explicativas
entre las que podemos destacar la teoría del
umbral alto (Blackwell, 1963), la teoría del
umbral bajo (Atkinson, 1963; Luce, 1963),
la teoría de la detección de señales (TDS)
(Tanner y Swets, 1954) y la teoría del juicio
comparativo (Thurstone, 1927). Todas ellas
intentan o escalar los pares comparados o
separar los componentes cognitivos y sensoriales de las respuestas de los sujetos tomando en consideración la proporción de
«aciertos» y la de «falsas alarmas» (FA), entendiendo la primera como la probabilidad
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de detectar un estímulo cuando efectivamente éste ha sido presentado, y las falsas
alarmas como la probabilidad de contestar
que se percibe un estímulo cuando éste no
ha sido presentado. Ahora bien, siempre se
asume que la probabilidad de emitir aciertos
y FA permanece constante a lo largo de una
sesión experimental, no dependiendo las
respuestas de factores temporales.
Por otro lado, gran parte de los trabajos
que versan sobre los sesgos de respuesta en
técnicas de estimación, consideran el aspecto
dinámico de los juicios psicofísicos, los efectos secuenciales. Se estudia el impacto de
ciertos efectos secuenciales en las respuestas
dadas a un ensayo determinado, destacando
entre ellos los estímulos presentados en los
ensayos anteriores, así como las respuestas
dadas a dichos estímulos. La mayoría de los
autores detectan efectos secuenciales al emplear técnicas globales (e.g., García-Gallego
y Garriga-Trillo, 1995; Garriga-Trillo, 1985;
Lockhead y King, 1983 y Ward, 1972, 1973,
1975), si bien en una revisión reciente, Garriga-Trillo y García-Gallego (1998) consideran que es un efecto real pero minoritario,
pues se da sólo en algunos sujetos y sólo en
algunos ensayos.
Considerando que los procesos envueltos
en la generación de juicios psicofísicos «globales» o «locales» pueden ser semejantes,
los sesgos en las respuestas, y en concreto
los efectos secuenciales, probablemente son
análogos a los que se generarían en los «locales». Baird (1997), Gilden y Wilson
(1995) y Treisman, Faulkner, Naish y Rosner (1995) encuentran ciertos efectos secuenciales de asimilación y contraste en tareas de detección o de discriminación utilizando varias técnicas distintas de la de los
estímulos constantes. En esta línea, y previamente a los mencionados, Villarino y Garriga-Trillo (1993) estudian la ejecución de los
sujetos en un experimento diseñado para calcular los umbrales gustativos del etanol, por
la técnica de los estímulos constantes, para
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detectar si existen efectos secuenciales. Encuentran que dicha ejecución se ve influida
por factores temporales, de manera que los
sujetos cambian su estrategia de respuesta a
medida que se va desarrollando el experimento. Concretamente, sus resultados revelan que tanto los aciertos como las falsas
alarmas pueden ser explicados, en gran medida, por factores no directamente relacionados con la magnitud del estímulo a evaluar.
Destacamos entre éstos, las respuestas que
se dieron en los ensayos anteriores a uno determinado y el número de ensayos transcurridos desde el comienzo del experimento.
Como sólo se estudiaron dichos sesgos en un
sólo tipo de estímulo (etanol), este trabajo
intenta contrastar si los sesgos de respuesta
descritos en Villarino y Garriga-Trillo
(1993) también se producen utilizando otra
sustancia gustativa, en este caso la fructosa.
Para ello, se diseña un experimento idéntico
al anterior, variando solamente la sustancia
utilizada. Comparando los resultados de ambos experimentos, podemos ampliar el estudio sobre efectos secuenciales en una tarea
de detección y contrastar si éstos son los
mismos que se encontraron para el etanol. Si
los efectos secuenciales estudiados en tareas
«globales» existiesen también en estas tareas «locales», estaríamos aportando evidencia empírica que avalaría una visión unitaria
de la psicofísica propuesta en el plano sensorial por Luce (1990), Garriga-Trillo
(1995) y Baird (1997). Si los efectos secuenciales encontrados revelan que la sensibilidad de los sujetos no es constante sino que es
función de variables temporales, habría que
revisar los supuestos de las teorías del umbral alto, del umbral bajo y de la TDS.
Método
Sujetos
La muestra constaba de 24 sujetos: 12
hombres y 12 mujeres. En ambos grupos ha-
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EFECTOS SECUENCIALES EN UNA TAREA DE DETECCIÓN GUSTATIVA: COMUNALIDAD ENTRE AMBAS PSICOFÍSICAS
bía 6 sujetos fumadores y 6 no fumadores.
Los experimentos se realizaron siempre por
la mañana entre las 10’00 y las 14’00 horas
en el Laboratorio de Psicofísica de la
UNED. Todos los sujetos participaron de
forma voluntaria y desinteresada. La edad
osciló entre los 25 y 51 años con una media
de 33’91 y desviación típica de 5’8.
Estímulos y aparatos
Los estímulos fueron agua destilada o
fructosa disuelta en agua destilada en alguna de las siguientes concentraciones: 1, 2, 3
y 5 g/l. Eran presentados en tubos de ensayo de 15 x150 mm y llenados con la solución hasta los 10 ml. Se utilizaron pajitas
desechables para aspirar el líquido, que se
cambiaban para cada dosis presentada.
Procedimiento
La técnica psicofísica para la detección
de los estímulos fue la de los estímulos
constantes, aplicándose de la manera que recomiendan Amerine y Roessler (1983), y
que describimos a continuación. Fueron
evaluados cinco estímulos diferentes (cuatro concentraciones de fructosa disuelta en
agua destilada y agua destilada). Cada uno
de ellos se presentó en 6 ocasiones, por lo
que cada sujeto realizó 30 ensayos. Se formaron cuatro grupos con el mismo número
de personas según su sexo (hombre-mujer)
y hábito de fumar (fumadores-no fumadores). Dentro de cada grupo a la mitad de los
sujetos se les presentaron los estímulos en el
orden «A», y a la otra mitad en el orden
«B». En ambos casos, la secuencia en la que
aparecían los estímulos fue escogida al azar
mediante una tabla de números aleatorios.
Se realizaron ensayos de práctica que, siendo los mismos para todos los sujetos, consistían en presentar agua destilada y las dosis de 2 y 5 g/l en este orden y haciendo saber a los sujetos que se trataba de agua, una
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concentración intermedia y la concentración
máxima de las que se encontrarían a lo largo del experimento, respectivamente. Para
limpiar la boca antes de cada ensayo, se presentaban 10 ml de agua destilada (también
en tubos de ensayo y con pajitas desechables), tantas veces como quería el sujeto.
Una vez sentado frente al experimentador, se hacía saber al sujeto que su tarea
consistiría en juzgar si percibía o no fructosa en cada uno de los estímulos presentados,
debiendo escribir «SI» en el primer caso y
«NO» en el segundo, en una hoja de respuestas. Se le explicaba que debía aspirar
rápidamente el líquido de cada tubo de ensayo, enjuagarse la boca con él, escupirlo en
un cubo, y anotar la respuesta. Estas tareas
habían de ser realizadas en este orden, y
eran ejecutadas en un primer momento por
el experimentador mientras éste se las describía al sujeto. Cuando el sujeto aseguraba
haber comprendido lo que tenía que hacer
daban comienzo los ensayos de práctica y, a
continuación, el experimento. Cada estímulo era presentado 30 segundos después de
haberse enjuagado la boca con agua destilada. Entre estímulo y estímulo transcurrió,
por término medio, un minuto. También por
término medio se necesitaron 45 minutos
para completar cada prueba individual.
Resultados
La forma habitual de analizar los resultados en experimentos para detectar efectos
secuenciales ha sido el análisis de series
temporales. Estos análisis requieren, según
Gottman (1981), un mínimo de cincuenta
ensayos a lo largo del tiempo. Sin embargo,
estos efectos podrían ser estudiados sin la
necesidad de realizar tantos ensayos utilizando un modelo de regresión múltiple y un
análisis correlacional entre todas las variables. Calcularíamos cuatro ecuaciones de
regresión considerando como variable dependiente la proporción de aciertos en cada
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una de las dos sustancias a estudiar (etanol
y fructosa) y la proporción de falsas alarmas
en ambas. Para ello definimos una serie de
variables. La variable dependiente será la
proporción de respuestas SI cuando realmente se presenta el estímulo (los aciertos)
en los ensayos para los dos órdenes utilizados (A o B). Dado que a la mitad de la
muestra le fueron presentados los estímulos
en el orden A y a la otra mitad en el orden
B, contamos con 12 respuestas para cada
ensayo en cada uno de los órdenes. No fueron analizadas las respuestas al estímulo
mayor (5 gl) porque, excepto para un sujeto
en una ocasión, fue detectado siempre que
se presentó. Tampoco se consideró el primer
estímulo de cada orden, porque no se podían calcular para el mismo todas las variables con las que íbamos a trabajar. Por lo
tanto, el número de ensayos efectivos en los
que se basó el análisis de los datos fue de 46
(23 ensayos correspondientes al orden A y
23 al orden B), y para cada uno de los ensayos la variable medida era igual al promedio
de respuestas SI dadas por doce sujetos.
Las variables independientes utilizadas
se definen a continuación:
E: Magnitud estimular del ensayo actual.
EA: Magnitud estimular del ensayo anterior.
ECERO: Número de ensayos transcurridos desde la última vez que apareció el estímulo cero (es decir, agua destilada).
RA: Respuesta al ensayo anterior.
RM: Media aritmética de todas las respuestas anteriores.
RCERO: Número de ensayos transcurridos
desde que apareció la última respuesta NO.
N: Número de ensayos transcurridos desde el comienzo del experimento hasta uno
dado.
Al margen de la variable E, que es introducida en los análisis por razones obvias, el
resto de las variables fueron elaboradas te-
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niendo en cuenta los sesgos de respuesta
que ya han sido detectados en técnicas de
estimación. Concretamente EA y RA son
consideradas porque diferentes autores detectan la influencia de las mismas en los juicios psicofísicos (e.g. Garriga-Trillo, 1985;
Lockhead y King, 1983; Ward, 1972, 1973,
1975). RM, ECERO y RCERO están inspiradas en los trabajos de Parducci (1965) y
Parducci y Wedell (1986) quienes trabajando con escalas de categorías encuentran que
las respuestas de los sujetos están influidas
por dos factores: la distribución estimular y
la tendencia a utilizar todas las categorías de
respuesta con la misma frecuencia. En este
punto es preciso aclarar que el concepto de
distribución estimular utilizado por Parducci (1965) y Parducci y Wedell (1986) es diferente al que presentamos en estas páginas.
Los autores mencionados manipulan el número de estímulos presentados y la frecuencia de aparición de cada uno de ellos, valorando el impacto de éstas variables después
de que el experimento haya tenido lugar.
Nosotros nos referimos a la distribución estimular que se encuentra el sujeto durante el
experimento. Es decir, las variables RM,
ECERO y RCERO varían de ensayo a ensayo, valorando el influjo que en un ensayo
dado tienen los estímulos y respuestas de
ensayos precedentes a las respuestas de los
sujetos.
Con estas variables calculamos el coeficiente de correlación de Pearson entre la
proporción de respuestas afirmativas y cada
una de las variables independientes considerando tres condiciones diferentes: incluyendo todos los estímulos (P(SI)), considerando tan sólo aquellos que contienen fructosa
(P(SI/Fructosa)), y estudiando la proporción
de respuestas afirmativas para el agua destilada (P(SI/Agua)). En la Tabla 1 podemos
ver los resultados. También reflejamos los
datos del experimento utilizado en Villarino
y Garriga-Trillo (1993), tomados de Villarino (1994).
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EFECTOS SECUENCIALES EN UNA TAREA DE DETECCIÓN GUSTATIVA: COMUNALIDAD ENTRE AMBAS PSICOFÍSICAS
Tabla 1
Coeficientes de correlación de Pearson entre la proporción de respuestas SÍ y las variables
independientes
Proporción de respuestas SÍ
Todos los ensayos
(n=46)
E
EA
ECERO
RA
RM
RCERO
N
Estímulos más agua
(n=34)
Sólo agua
(n=12)
Etanol
Fructosa
Etanol
Fructosa
Etanol
Fructosa
-.91***
-.27
-.32*
-.16
-.38*
-.20
.12
.86***
-.30*
-.31*
-.22
-.25
-.30*
-.08
.53***
-.44**
-.18
.21
-.56***
-.05
.48**
.72***
-.24
-.25
-.18
-.15
-.30*
-.04
–
-.26
-.34
-.04
-.85***
-.32
-.09
–
-.58
-.20
-.60*
-.50
-.31
.65*
Nota: *p<.05, **p<.01, ***p<.001
Para elaborar un modelo explicativo para
P(SI/Fructosa) y P(SI/Agua) respectivamente, tomamos como variables independientes las variables de cada una de las filas
de la Tabla 1, y como variables dependientes P(SI/Fructosa) y P(SI/Agua). Calculamos una ecuación de regresión lineal múltiple aplicando el método stepwise en cada
uno de los casos. Con este método, las variables independientes que forman la ecuación final son seleccionadas en diferentes
etapas. En la primera se toma la variable
que presenta la correlación más alta con la
variable dependiente. Tras introducirla en la
ecuación se calcula el coeficiente de correlación parcial entre la variable dependiente
y cada una de las variables independientes,
sin considerar aquella que ya fue seleccionada. En la segunda etapa nos quedamos
con la variable que presenta un mayor coeficiente de correlación parcial, y así sucesivamente. Todos los coeficientes de las variables que pasan a formar parte de la ecuación final, han de sobrepasar un nivel de
confianza para el parámetro Beta correspondiente que ha de ser establecido de antemano, y que en nuestro caso fue del 95%. Las
ecuaciones de regresión encontradas y sus
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coeficientes de determinación fueron para
las falsas alarmas y los estímulos que contienen fructosa, respectivamente:
R2= 0,43, P(SI/Agua)= 0,008+0,22 (N)
R2= 0,52, P(SI/Fructuosa)= 0,43+0,16 (E)
(1)
(2)
Por otro lado, cuando el estímulo era etanol las ecuaciones que obtuvieron Villarino
y Garriga-Trillo (1993) fueron:
R2= 0,83, P(SI/Agua)= 1,99–2,67.(RM)+0,023.(RCERO)
R2= 0,66, P(SI/Etanol)= 1,72–1,66.(RM)+0,35.(E)+0,0045.(N)
(3)
(4)
Discusión
Fijándonos en las correlaciones significativas de la Tabla 1, vemos que en general no
coinciden con las que se obtuvieron para el
etanol. Las mayores discrepancias son las
observadas para la variable RM (respuesta
media a todos los ensayos anteriores), que en
el caso del etanol tenía una gran importancia, mientras que en la fructosa no presenta
ninguna correlación significativa. Otra diferencia importante entre ambas sustancias la
encontramos en la variable N (número de
ensayos transcurridos hasta uno dado). Para
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el etanol se apreciaba una correlación positiva y significativa entre esta variable y
P(SI/Etanol), lo que podría indicar un efecto
de aprendizaje, pues a medida que transcurre
el experimento aumenta la probabilidad de
detectar el estímulo. Para la fructosa, no sólo no observamos dicho efecto sino que, a
medida que aumenta el número de ensayos,
la ejecución empeora aumentando la tasa de
falsas alarmas. En definitiva, a pesar de que
tanto en el caso de la fructosa como en el del
etanol las tareas son muy semejantes y la
mayor parte de los sujetos son los mismos,
parece ser que las sensaciones ante ambas
sustancias, en cuanto a detección se refiere,
se rigen por leyes diferentes. Estas diferencias también se han encontrado en tareas de
estimación para las cuatro categorías del
gusto en el Laboratorio de Investigaciones
Sensoriales (Facultad de Medicina, Buenos
Aires) al calcular la función entre tiempos de
reacción y concentración (Garriga-Trillo,
Zamora, Buratti y Guirao, 1996). La cualidad estimular afecta tanto a la detección como a la estimación de los estímulos.
Los resultados que acabamos de comentar implican que las ecuaciones de regresión
que nos proporciona el método stepwise sean distintas para el etanol y para la fructosa.
Para el etanol, como vemos en la ecuación 4,
los aciertos estaban determinados, en gran
parte, por factores no sensoriales. Concretamente, la variable RM (respuesta media de
los ensayos anteriores) es introducida en la
ecuación de regresión incluso antes que la
propia magnitud estimular (E), y por el signo negativo del coeficiente entre RM y los
aciertos, interpretamos que cuando el sujeto
ha respondido muchas veces que SI, tiene
una tendencia muy fuerte a contestar que
NO y viceversa. Esto indicaría primero un
efecto de asimilación a la respuesta anterior
(varios SI sucesivos en nuestro caso) y luego el efecto de contraste (decir NO después
de varios SI). Treisman et al. (1995) también
encuentran estas dependencias seriales posi-
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tivas y negativas en tareas de identificación
de sílabas y combinaciones de tonos. Baird
(1997) encuentra sólo el primer efecto utilizando datos visuales de longitud de segmentos y los métodos de límites y ajuste pero
Gilden y Wilson (1995) informan sobre ambos efectos secuenciales considerando luminancias y pesos que evidencian la existencia
de rachas de respuestas afirmativas y negativas claramente ilustrando la no independencia de las medidas sucesivas. En nuestro caso, además de RM, entra a formar parte de la
ecuación la variable N, pudiendo indicar, como ya hemos comentado, un efecto de
aprendizaje. Estas variables explican el 66%
de la varianza de los aciertos en la detección
del etanol. Esto claramente implica que las
respuestas correctas no son independientes,
o no son estacionarias, a lo largo de los ensayos. La sensibilidad de los sujetos no sería
constante en el tiempo, lo que inutilizaría las
teorías sobre detección mencionadas al principio de nuestro trabajo. Por otro lado, para
la fructosa (Ecuación 2) la única variable seleccionada para formar parte de la ecuación
de regresión es la magnitud estimular, la detección del azúcar se ve explicada en un
52% por la intensidad del estímulo presentado. En este caso, aunque también existen
efectos secuenciales, éstos no son relevantes
para explicar los aciertos.
Considerando las falsas alarmas las ecuaciones de regresión también son completamente diferentes. El etanol (Ecuación 3) se
ve fuertemente influido por las respuestas
anteriores, comportándose la variable RM de
manera similar a como lo hacía para los
aciertos, influyendo también el número de
ensayos transcurridos desde que se dio la última respuesta NO. Estas variables explican
un alto porcentaje (el 83%) de la varianza de
las falsas alarmas. Claramente volvemos a
encontrar efectos secuenciales, uno de ellos
semejante al encontrado en las respuestas de
acierto, y por ello volvemos a afirmar la no
estacionalidad de la respuesta, en este caso
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EFECTOS SECUENCIALES EN UNA TAREA DE DETECCIÓN GUSTATIVA: COMUNALIDAD ENTRE AMBAS PSICOFÍSICAS
de un tipo de respuesta incorrecta, las falsas
alarmas. En la fructosa por el contrario, la
única variable seleccionada es N (Ecuación
1), revelando por el signo positivo de su coeficiente de regresión, que en el transcurso
del experimento la ejecución empeora pues
aumenta la probabilidad de emitir falsas alarmas. Probablemente, este hecho se deba al
fenómeno de adaptación sensorial para la
sustancia dulce. Pero, de todas formas revela
la existencia significativa de efectos secuenciales en un tipo de respuesta incorrecta.
En definitiva, lo único que tienen en común los resultados de los dos experimentos
comentados, es que las falsas alarmas dependen en gran parte de variables temporales, y
por lo tanto, su probabilidad de ocurrencia no
es constante durante la ejecución del experimento. Esta evidencia permitiría rechazar este supuesto en las teorías sobre la detección,
e invalida los resultados obtenidos en tareas
de detección (en nuestro caso la técnica de
estímulos constantes), generalmente utilizados en el cálculo de los umbrales.
La discrepancia entre los resultados de
las sustancias tratadas puede deberse a que:
(1º) Los sistemas sensoriales implicados
en la detección de ambas sustancias son diferentes. El etanol provoca, además de sensaciones gustativas, sensaciones olfativas,
térmicas y de pungencia, es decir del etanol
percibimos su «sabor», entendiendo éste como la integración en una percepción unitaria
de todas las sensaciones mencionadas, tal y
como suele entenderse en la literatura científica (por ejemplo, García-Medina y Calviño,
1987; Bartoshuk, 1990), mientras que de la
fructosa tan solo percibimos su gusto dulce.
Recordemos que, en general, la percepción
gustativa es función de la cualidad de que se
trate considerando las cuatro definidas para
el gusto, según mencionamos anteriormente.
(2º) Existe un conocimiento previo de las
sustancias tratadas. La fructosa, o más bien
el sabor dulce, nos es muy familiar. Emple-
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amos sustancias dulces prácticamente a diario en nuestra vida cotidiana y estamos
acostumbrados a «medir» su intensidad en
las condiciones más diversas. Al ser una
sustancia que manejamos habitualmente nos
proporciona una mayor seguridad la tarea
de detectar fructosa que la de detectar etanol. Para éste último, al no disponer de la
experiencia previa que poseemos para la
fructosa, los sujetos no están tan seguros de
lo que han de hacer, dejándose influir por
factores ajenos a la magnitud estimular. Es
decir intentan adivinar cuándo hay que contestar que SI, y por este motivo tienen tanta
importancia las respuestas dadas con anterioridad (RM y RCERO).
En cualquier caso, es evidente que la detección del etanol conlleva más sesgos de
respuesta que la detección de la fructosa.
Pero en ambos casos la detección se ve influida por factores no sensoriales.
De esta forma, encontramos que los supuestos en los que se basan las teorías más
extendidas sobre umbrales absolutos no se
mantienen en nuestros experimentos. Efectivamente, tanto las teorías del umbral alto y
bajo como la TDS, suponen que las probabilidades P(SI/Estímulo) y P(SI/Agua) se
mantienen constantes en un experimento.
Pero como hemos visto, ambas probabilidades se ven afectadas por factores temporales
en el caso de etanol, y en las falsas alarmas
en las dos sustancias consideradas. De esta
forma, las tareas de detección presentan sesgos temporales análogos a los obtenidos en
las tareas de estimación de la psicofísica global. Considerando que las escalas generadas
en tareas de discriminación sensorial son
iguales a las generadas en tareas de estimación, las dos psicofísicas coinciden, ya no
sólo en el campo sensorial (Garriga-Trillo,
1995), sino también en este aspecto del campo no sensorial, los efectos no secuenciales.
Con todo, nuestros resultados han de ser
contrastados utilizando otros estímulos gusta-
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ÁNGEL VILLARINO Y ANA GARRIGA-TRILLO
tivos teniendo en cuenta las cuatro categorías
aceptadas del gusto (amargo, dulce, salado y
ácido) y en sustancias complejas, pues según
Mattes (1988) y Villarino (1994) es habitual
que no exista una correlación significativa entre las sensaciones gustativas (u olfativas)
suscitadas por distintas sustancias en un mismo sujeto. También deberíamos aumentar el
número de ensayos a más de los treinta utili-
zados, pues podría darse el caso de que la respuesta se estabilizase, según sugieren Green y
Swets (1988), en una zona más alta. Aunque
esto presentaría problemas, dada la modalidad en cuestión, se podrían utilizar sujetos entrenados como sugiere Gescheider (1985) o
sujetos con una alta sensibilidad como se sugiere en la selección de paneles dentro de la
evaluación sensorial de los alimentos.
Referencias
Amerine, M.A. y Roessler, E.B. (1983). Wines: their sensory evaluation. New York: W.H.
Freeman.
Atkinson, R.C. (1963). A variable sensitivity
theory of signal detection. Psychological Review, 70, 91-106.
Baird, J.G. (1997). Sensation and Judgment.
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