Educación de calle: una experiencia de trabajo con jóvenes

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Educación de calle: una
experiencia de trabajo
con jóvenes
Equipo de Educadores de Calle
Caritas Diocesana de Málaga.
Sumario
1. Una historia de intuiciones.—2. Cómo elaborar una propuesta de
trabajo. 2.1. Desde la perspectiva de la relación. 2 . 2 . Desde la
perspectiva de la pedagogía. 2.3. Desde la perspectiva del espacio.—
3. Lo que va quedando: construir posibilidades desde abajo.
RESUMEN
Este artículo describe el proceso, surgido en la ciudad de Málaga, de
construcción de un proyecto de educación en calle para jóvenes adolescentes. A partir de experiencias concretas, con nombre y apellidos,
el proyecto se fue materializando en acciones. La intervención se ha
centrado en recursos relaciónales y no tanto en recursos económicos
o informativos, acercándose a los jóvenes sin ningún tipo de actitud
moralizante. La realidad que se fue descubriendo era mucho más
dura de lo que en ese momento se podía afrontar y mucho más profunda de los que se podía ver desde fuera. No obstante, poco a poco,
los educadores de calle han logrado ser aceptados por los grupos de
jóvenes. Después de año y medio de trabajo en tres barrios de Mála-
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Equipo de Educadores de Calle
ga, se constata que se han logrado construir posibilidades desde
abajo, poniendo la confianza en el tiempo.
ABSTRACT
This article describes the process by which a street education project
for young adolescents has been formed in the city of Málaga. Taking
individual experiences, persons with full names, as a starting point,
the project has developed into actions. Social intervention has been
focused more on interpersonal assistance, than in financial support
or information, approaching the young people without any mora­
lising attitude. The reality that started to turn up was far harder than
what was possible to cope with at this stage and much deeper than
what could be seen from the outside. Nevertheless, step by step, the
street educators have managed to be accepted by the groups of young
people. After one and a half years of work in three neighbourhoods
of the city of Málaga, it is now evident that possibilities have been
build from down up, relying on the passing of time.
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«Hay que intentarlo... y al fin y al cabo actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad
es transformable.»
E. GALEANO
"1
UNA HISTORIA DE INTUICIONES
Las historias, aunque sean cortas como la nuestra, suelen
estar llenas de nombres, de preguntas y de intuiciones que hicieron que el camino siguiera en una dirección y no en otra, de
tal manera que cuando uno pretende contar su historia se
debe, felizmente, a unos y a otras.
Hace unos años estábamos desarrollando, entre otras acciones, unos talleres de ocio y tiempo libre con menores en un
barrio de Málaga. Observábamos que los mayores, ya adolescentes, no terminaban de encajar en nuestras propuestas. Faltaban con frecuencia, se iban antes que los demás o desechaban ir a alguna salida o excursión. Pensaban que aquello era
cosa para niños y ellos se acercaban ya a los 15 años.
Uno de los que se nos estaban escapando era Sebas. Sebas vivía con su familia en el barrio, como el resto del grupo.
Los ingresos de sus padres dependían casi exclusivamente de
ayudas exteriores que nunca les permitían salir definitivamente de donde estaban. La situación en la casa era muy delicada.
Tenía un hermano en prisión y su padre, agredido dentro de la
propia casa, carecía de cualquier nivel de autoridad en la familia.
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Sebas había dejado el Instituto. Allí nunca fue bien visto y él
no llegó nunca a encontrar su sitio. Por las tardes, en lugar
de venir a los talleres, Sebas y sus amigos se agrupaban y se
reunían en una esquina del barrio, día tras día, sin ninguna otra
actividad que charlar, comer pipas, beber cerveza o fumar «petardos». Sebas creía que las drogas nunca serían para él porque
sólo las tomaban aquellos que no eran respetados, aquellos
que eran débiles. Él sí se sentía respetado utilizando la agresividad y la violencia, por eso nunca tendría problemas. Con el
tiempo comenzó a consumir otro tipo de sustancias y a participar en algún que otro pequeño robo.
Todo lo que íbamos descubriendo en Sebas nos iba interpelando porque, junto a estas actitudes, de vez en cuando s a caba su vertiente protectora y se preocupaba por los niños del
barrio. No quería que terminasen como su hermano. Incluso
quería ser alguna vez monitor en nuestros talleres. Pensaba
que a los niños, aunque sus casas fueran unos infiernos, o
precisamente por eso, había que escucharles y estar cerca de
ellos.
Por la misma época, en otra zona de la ciudad, en torno al
casco histórico, otros compañeros trabajábamos desde proyectos dirigidos a las familias. Poco a poco fuimos conociendo a
los hijos de aquellas familias con las que trabajábamos y los
que más comenzaron a interpelarnos fueron los adolescentes.
Entre estos jóvenes estaba Antonio.
Antonio había dejado el Instituto hacía poco tiempo, aunque en realidad nunca estuvo muy integrado en las escuelas,
por las que fue pasando. Tenía unos 14 años y se pasaba el día
en la calle con otros jóvenes de su edad. No quería saber nada
de lo que pasara en su casa ni por supuesto del Instituto, así
que hablar de esas cosas con él daba poco resultado. Le en-
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cantaba hablar de motos, de novias y de hacer «algo» por las
tardes. Estuvo a punto de quedarse como monitor de un equipo de fútbol de niños del barrio, pero salió a los dos días. Según él no le daban responsabilidades.
Una tarde, la pandilla de Antonio comenzó a hablar sin problemas delante de nosotros de algunos robos que estaban haciendo desde hacía unos meses en su propia zona. Nos enseñaron algunos radio-cassettes robados en coches y nos comentaron cómo se organizaban: ellos robaban las radios y luego otros adultos las vendían en rastros de la ciudad después de
haberles pagado dinero por el trabajo. Realmente no querían el
dinero para nada en especial: un refresco por la tarde y un dulce para no tener que merendar en la casa; arreglar alguna moto;
comprarse unas zapatillas de marca; o salir con la novia de turno y poder impresionarla. Algunas veces también trabajaban:
recogían tejas en los tejados de los derribos para una empresa
constructora que les pagaba al día, sin querer saber nada de
posibles caídas o accidentes. Dos semanas después, Antonio
nos pidió ayuda para un amigo. Los vecinos lo querían denunciar y echar de la casa por no colaborar y por formar escándalo. Según él la tenían tomada con ellos. Parecía como si cada vez
se fueran rompiendo más lazos con su entorno. Sólo en el grupo se sentían reforzados.
La realidad que íbamos descubriendo era más dura de lo
que en ese momento podíamos afrontar, aunque dos cosas
íbamos teniendo claras: la primera es que nos habían aceptado
dentro del grupo; la segunda es que la realidad de estos jóvenes era más profunda de lo que sólo se podía ver desde fuera.
Poco tiempo después comenzaron las continuas escapadas /
expulsiones de Antonio de su casa, y para entonces la relación
que manteníamos ya nos exigía seguir el contacto y comenzar
a trabajar con él y con su grupo de amigos.
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De los nombres a los cuestionamientosy a las intuiciones. Así
empieza una historia, corta, de intuiciones y de cuestionamientos. Sebas o Antonio forman parte de muchos nombres más
que fueron provocando preguntas en nuestros equipos de trabajo: ¿quién está trabajando con ellos?, ¿qué hay detrás de estas conductas?, ¿cuál debe ser nuestro papel?, ¿qué es y qué no
es educativo en estas situaciones?, ¿cómo llegar a ellos?, ¿qué
tipo de trabajo se puede hacer con estos jóvenes?
Ciertamente detrás de las realidades visibles existen muchas
rupturas internas: con el medio familiar, con el que los jóvenes
cada vez se enfrentaban más y los padres acusaban grandes dificultades para «controlan) a sus hijos; con el medio escolar, el
cual tampoco se veía capacitado para afrontar la realidad del
conflicto y de la exclusión dentro de su propia dinámica formativa; con el medio comunitario, expresado en peleas con los vecinos, desprecio por las pocas estructuras comunitarias, protestas de las Asociaciones de Vecinos, tensión con los comerciantes y aumento de la presencia policial en la zona; y a veces con
el medio cultural en el caso de menores inmigrantes no acompañados que llegaron solos y viven en la calle de nuestras ciudades. En definitiva, detrás de toda la realidad externa, se ocultaba una RUPTURA PERSONAL importante. Era esa ruptura la
que más nos cuestionaba. «Algo de obsceno tiene el decir que los
jóvenes son el futuro, cuando a muchos de ellos ya se les ha negado el presente» (1).
A los grandes interrogantes se suele contestar apenas con
intuiciones, pero son éstas, en su debilidad, las que al final te
guían hacia algún sitio. Entre esas intuiciones, creíamos que las
personas son más que sus problemas y que sus conductas y que
(1) FALCON, E . «¿Cómo ven el mundo los jóvenes? Aproximación a las narraciones juveniles». Barcelona:
Cuadernos Cristianisme ¡Justicia, n.° 106, mayo 2001.
:
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detrás de los comportamientos de los jóvenes a los que nos
íbamos acercando existían necesidades no cubiertas, potencialidades no activadas y emociones no reconocidas o no expresadas.
Queríamos elaborar alguna propuesta de trabajo porque
pensábamos que merecía la pena dada la realidad «descubierta», aunque las referencias de cómo hacerlo aún no estuvieran
claras. Sin embargo, creíamos que lo que mejor podíamos ofrecer a los jóvenes era puntos de referencias, personas que se
acercaran a ellos dejando fuera cualquier actitud «moralizante»
y se decidieran a acompañarlos. Son los adultos sensatos (2),
aquellos que saben mirar y pensar una realidad concreta. Los
recursos fundamentales no eran tanto recursos económicos o
servicios de información para facilitar el acceso a otro tipo de
recursos. Nuestra intención se centraba en recursos relaciónales,
educadores que centraban su potencialidad en la relación que
podían llegar a establecer con el joven.
Estas claves nos fueron acercando a experiencias de otros,
en las que buscamos recetas, pero encontramos algo mejor:
preguntas abiertas, que son las que te permiten seguir caminando. La Educación de Calle o Educación en Medio Abierto
comenzó a constituirse como nuestro referente, aquello que
queríamos hacer sin saber exactamente si sabríamos o no hacerlo. Es así como esta historia comenzó a concretarse en proyectos y acciones, en una opción de Caritas. Actualmente trabajamos en tres barrios de Málaga a través de sendos Proyectos
de Educación de Calle con jóvenes y adolescentes. Pero estas
acciones tenían su pre-historia: nombres, cuestionamientos e
intuiciones que nos han hecho llegar hasta aquí.
(2) ARRIETA, L, y
4.20,1992.
MORESCO,
M. Educar desde el conflicto. Chicos que molestan. Madrid: Educación Social
:
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Equipo de Educadores de Calle
CÓMO ELABORAR UNA PROPUESTA DE TRABAJO
E|
Las propuestas que hemos ido construyendo en el terreno
de la Educación de Calle se han ido configurando bajo tres referentes que se han convertido como en nuestros faros, en
nuestras guías: la relación humana que se establece con el joven en la calle; una pedagogía que construya, que interpele y
que acompañe siempre desde la igualdad y desde el diálogo, y
una tensión por compartir y estar presente en lo que son sus
espacios.
2.1.
Desde la perspectiva de la relación
La relación que se establece entre el Educador de Calle y el
joven o el grupo se configura como el principal espacio educativo y el principal recurso que podemos utilizar. Nuestra intención es llegar a crear una relación que tenga capacidad para generar preguntas al joven, interpelaciones y, sobre todo, cambios
que nazcan desde dentro. «Creo que nuestro trabajo con estos
chavales se debe centrar en dos actitudes: acompañar y cuestionar
a quien no se siente acompañado ni cuestionado por nadie» (3).
Lo primero que teníamos que tener en cuenta para lograr
una relación humana significativa era afinar bien nuestra capacidad de escucha. Había que conectar con la realidad del joven,
con su forma de vivir las cosas, con sus emociones dormidas o
expresadas de otra manera distinta. Había que saber llegar a
aquella necesidad (afecto, protección, identidad, libertad,...) no
cubierta en la que creíamos que estaba la clave para trabajar
con la persona.
(4)
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Diario de Campo de un Educador de Calle.
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~~
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Saber escuchar no es sencillo. A veces te urge tu «sentido de
responsabilidad» y lo único que quieres solucionar pronto es
que el joven vuelva al Instituto o se ponga a buscar un trabajo
o deje de «complicarse la vida» porque otros (Servicios Sociales,
Juzgado, padres, colegios...) han puesto su confianza en ti para
que consigas que el joven cambie. Pareciera que el éxito o fracaso de tu trabajo fuera el cambio rápido y definitivo de conducta. «Muchas veces espero demasiado sin pararme a ver en la
situación en que están, quiero de ellos que avancen pronto y sobre todo que hagan lo que yo veo mejor para ellos, sin ver que a
lo mejor no es lo que ellos quieren» (4). Saber escuchar consiste
en dejar estas prisas a un lado y centrarnos en la persona que
tenemos delante. Los cambios importantes, los que definen la
vida de una persona, sus valores, sus estrategias, sus prioridades, son cambios que sólo pueden venir desde dentro y no
pueden ser impuestos desde fuera. Para generar este tipo de
cambios hace falta saber escuchar, saber ponerse en la situación del otro y, desde ahí, proponer o despertar la inquietud.
«Me acabo de acordar de una pequeña historia que sucedió con
un Principitoy un zorro (seguro que la conoces). Pues creo que ahí
está la respuesta. Se trata de acortar las distancias, de promover
pequeños encuentros que rompen el muro que existe entre nosotros ("tú, claro, tú no me entiendes, no has vivido lo que yo, no
puedes comprender mi vida, mis problemas... Nada más que te
importa que vaya al Instituto, que no dé la nota, que sea bueno,
que no me meta en follones ..."). Esto puede estar en la cabeza de
algunos de ellos, ese pensamiento y tantos otros que hacen que
haya una barrera entre nosotros» (5).
En segundo lugar, para conseguir la relación que queremos
se hace fundamental abandonar todo tipo de prejuicios mora(4)
(5)
Diario de Campo de una Educadora de Calle.
Diario de Campo de una Educadora de Calle.
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Equipo de Educadores de Calle
lizantes centrados en la conducta concreta. En nuestra capaci­
dad para aceptar al joven tal y como es, en todo momento, nos
jugamos nuestras posibilidades de llegar a la persona. Habla­
mos de aceptar a la persona, no necesariamente sus actitudes o
sus comportamientos, aunque tampoco pretendamos juzgar
éstos.
Un tercer elemento que se nos presenta fundamental es la
necesidad de mostrarnos ante los jóvenes siempre con toda
transparencia, con toda claridad, sin ocultar nada. Ser auténticos
en nuestra relación posibilita que la otra persona también lo
sea.
Estas eran las claves desde las que queríamos construir re­
laciones con los jóvenes. Estas claves han sido nombradas (es
decir, conceptualizadas) desde los referentes de la Relación de
Ayuda, enfoque que viene desde la Psicología humanista y que
nos ha ofrecido un marco idóneo para entender nuestro traba­
jo. Cari ROGERS ya subrayaba la necesidad de una relación in­
tensa, «hecha de aceptación , de respeto y de empatia», y su hi­
pótesis básica era: «Si puedo crear un cierto tipo de relación, la
otra persona descubrirá en sí misma su capacidad de utilizarla
para su propia maduración, y de esa manera se producirán el
cambio y el desarrollo individual» (6).
La Relación de Ayuda centra la competencia relacional de la
persona que quiere ayudar en tres actitudes básicas:
• La actitud empática, la capacidad de sentir-en, de caminar
junto a la persona.
• La aceptación incondicional de la persona, no necesaria­
mente de sus conductas, «..da aceptación de un comportá­
is
332
Citado en
BERMEJO, J . C :
Apuntes de Relación de Ayuda. Santander: Ed. Sal Térrae,
I Documentación Social 124 (2001)
1998.
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miento incluso antisocial o destructivo no requiere la aceptación de tal comportamiento del ayudado como deseable,
sino simplemente como natural, normaly esperable, dadas
las circunstancias y las percepciones del ayudado» (7). La
aceptación incondicional incluye la ausencia de juicios
moralizantes y la visión positiva de la persona que tienes
delante.
•
2.2.
La autenticidad, es decir, la coherencia entre lo que el
Educador es, piensa y siente y cómo lo expresa ante los
jóvenes.
Desde la perspectiva de la pedagogía
La relación que buscamos es educativa, pedagógica. No
desde la clave de las cosas que «tendríamos que enseñar» a los
jóvenes, sino entendiendo lo educativo desde una perspectiva
de diálogo y de igualdad. La tarea de ir edificando nuestra vida
es una labor compleja para cualquiera de nosotros. Hemos necesitado muchos referentes (personas, entidades, espacios, libros, ¡deas, razones, valores, creencias,...) para construir lo que
hoy somos. Cuando estos referentes, por la razón que sea, no
se han dado, entonces la labor de construir mi visión de mí mismo y de lo que me rodea se hace mucho más complicada. Las
habilidades básicas para mi equilibrio personal y para mis relaciones con el exterior se ven afectadas o no realizadas completamente, lo cual dificulta mi libertad y mi capacidad de decisión.
Este terreno es el pedagógico para nosotros. Así, buscábamos
una relación educativa...:
•
(7)
HÉTU,
.. .que cuestione, que enseñe a razonar, a tomar decisiones.
J. L: L relation d'aide. Québec: Méridien, 1982.
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Equipo de Educadores de Calle
•
.. .que libere, que ayude a expresar sentimientos, a creer
más en sí mismo.
•
.. .que habilite al joven, sin convertirnos en sus sustitutos.
•
.. .que busque el equilibrio entre el ejercicio de derechos y
deberes. No es justo exigir responsabilidades a quien tiene negados sus derechos. Y no es constructivo desde un
punto de vista humano ayudar a crecer prescindiendo de
la responsabilidad. Ambas nos construyen como personas cuando se dan en un sano equilibrio.
En el plano de la acción pedagógica recibimos las aportaciones de algunas experiencias que ya hay sobre Educación de
Calle. Entre ellas, las ideas que señalaron Lola ARRIETA y Marisa
MORESCO en «Educar desde el conflicto. Chicos que molestan».
Lo importante en nuestro trabajo de Educación de Calle era, sin
duda, saber mirar, saber pensar y saber actuar en la realidad de
los jóvenes. Así, fuimos estructurando nuestra propuesta y dándole contenido, detectando las áreas de trabajo sobre las que
queríamos incidir y diseñando los instrumentos necesarios para
programar nuestras acciones.
•
NIVELES DE INTERVENCIÓN
Individual
• Familiar
,
#
c
• Comunitaria
• Desarrollo personal y habilidades sociales
• Relaciones con el entorno
Á R E A S
D E T R A B A J O
• Situación familiar
.Educación
• Orientación laboral
• Regulación situación jurídica
• Participación en la comunidad
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Educación de calle: una experiencia de trabajo con jóvenes
2.3.
I T
Desde la perspectiva del espacio
Una de las claves para poder establecer una relación educativa generadora de cambios es la de estar en los sitios donde hay que estar. Es en los espacios más cotidianos del j o ven, y en los más agresivos para él, donde el Educador de C a lle debe ofrecerse como adulto sensato. Es decir, trabajamos
en aquellos espacios que SIGNIFICAN en la vida de los j ó venes:
• La calle como lugar de encuentro. En la calle es donde pasan la mayor parte del día. Aquí es donde interaccionan
con otros, es donde viven y donde se «complican» la vida.
Salir a la calle como espacio de acción es una forma de
salir al encuentro y la mayor parte de nuestro trabajo se
desarrolla aquí.
• El Instituto o el trabajo, dependiendo de la edad del joven
y de su situación. Nos ofrecemos y también proponemos..
• La familia. Normalmente trabajamos en coordinación
con trabajadores sociales o educadores familiares de los
Servicios Sociales o de la propia Caritas para llevar a cabo
planes de acción familiar integrados.
• Nuestros centros. Creando espacios de encuentro, de
orientación laboral, de expansión...
• El Juzgado, el centro de internamiento o la cárcel. Acompañando, intentando sacar conclusiones. Quizá sea el espacio donde la relación humanizadora se hace más necesaria.
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Equipo de Educadores de Calle
El
10 QUE VA QUEDANDO: CONSTRUIR POSIBILIDADES
DESDE ABAJO
Después de año y medio de trabajo en estos tres barrios van
quedando cosas. Aunque no resulta fácil medir procesos y logros que tienen que ver con la dinámica personal de cada uno
de los jóvenes, con los avances en su forma de entender su
realidad, en su capacidad de tomar decisiones, en sus habilidades comunicativas, ...los Educadores de Calle sí somos testigos
directos de estos pequeños cambios y también de otros pequeños pasos atrás. Por eso, el subtítulo de este tercer apartado sea
quizá la mejor manera de decir o de nombrar en qué va consistiendo nuestro trabajo: se trata de construir o provocar posibilidades desde abajo.
Entendemos por posibilidades aquellas pequeñas esperanzas, esos «inédito viables» que ocurren en la vida de los jóvenes:
mayor conciencia de su realidad, deseos de cambio, inquietudes
formativas, un pequeño trabajo, posibilidades de que lleguen
los «papeles», la relación con su pareja, el último juicio, la última
redada, la última entrevista de trabajo, una responsabilidad en
la organización de una actividad, la participación en una asamblea, la reducción en el consumo, el reinicio de relaciones bloqueadas...
Como Caritas, nos queda el haber «encontrado» esta realidad, a veces oculta, a veces magnificada por los medios de comunicación. «Muchos millares de muchachos de la calle ¡existen!
y existen mucho antes de que resulten noticiosos y rentables...» (8).
Asumimos nuestro papel de testigos renovando cada día nuestra opción y nuestra capacidad de contemplación activa de la
(8)
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MARTÍNEZ,
E.: Cachorros de Nadie. Madrid: Ed. Popular, 1989.
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.
1WJ
vida de estos grupos de adolescentes y jóvenes. Creemos en lo
que planteaba el filósofo Emmanuel MOUNIER en cuanto a que
existen dos maneras de actuar: «Los primeros tienen prisa y uti­
lizan tácticas de corto alcance. Los segundos ponen su confianza
en el tiempo. Los primeros son propietarios de su causa. Los se­
gundos son testigos de lo que les sobrepasa». Se trata de una
realidad dura, sin duda, pero viva. Y ahí están las posibilidades.
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