6L - Las etapas de la vida célibe

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Las etapas de la vida célibe
Por: Almas, A.C.
“Es claro que la opción por el celibato no se hace de una vez por todas; en efecto, ser vírgenes no es cuestión de
mantenimiento, sino de conquista permanente”. (Amadeo Cencini).
Cuando hablamos de las etapas del desarrollo, en la vida consagrada, no estamos queriendo decir que sean etapas que
forzosamente se tengan que vivir o recorrer de la misma manera cada uno de los consagrados y consagradas, ya que
cada uno podría decir que ha vivido un recorrido especial en su vida célibe.
Etapa 1: Amor joven; un deseo que nace
El amor joven es igual a pasión, sentimientos intensos y arrolladores, siempre seguro y firme, por lo tanto sincero, es
u amor fresco, vital, también un poco ingenuo e idealista y puede ser por tanto en ocasiones poco fiable. Pero es
importante que este amor exista y se de, no sólo en las relaciones de matrimonio, sino también en la elección a la
vida consagrada, ya que esta decisión no debe de estar impulsada solamente por motivos teológicos o éticos sino
también por un impulso a algo bello, bueno y verdadero, por eso es necesario que las personas cuando inician en la
vida religiosa conozcan que hay un nexo natural y constitutivo entre vocación religiosa o sacerdotal y madurez
afectiva, hay que entender la vocación a la vida consagrada más que como una llamada a servir como una llamada a
amar y que debe de fundar su motivación en abrazar un estado de vida en una propuesta de amor totalmente libre y
gratuita.
Etapa 2: Amor adulto; un deseo con fuerte oposición
Se considera a esta etapa un momento de consolidación. Pero como toda consolidación es necesario para ello la
prueba. Sin prueba no puede haber ninguna dinámica de crecimiento.
Como dijera el eclesiástico: «Hijo, si te acercas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba. Endereza tu
corazón, mantente firme, y no te angusties en tiempo de adversidad» (Eclo 2,1). El problema no esta en la prueba
misma sino en la manera en que esta sea enfrentada. Sobre todo la prueba afectiva que se presenta sobre todo en
esta etapa. En gran parte debido a que la mayoría de los consagrados y consagradas se encuentran alrededor de los
treinta años.
Etapa 3: Amor maduro; deseo liberado
Hay un dicho hindú que dice: “Hasta los veinte años uno aprende, entre los veinte y los cuarenta se hace; hacia los
cuarenta empieza a buscarse a sí mismo”. Esta es una etapa de renacimiento, contrario a lo que se ha pensado que la
crisis de los cuarenta es un tiempo de angustia, se vive mejor esta etapa cuando se tiene una visión más madura de la
misma.
La crisis de los cuarenta esta marcada por dos cosas importantes:
• Cambio en el sentido del tiempo, el cual se quiere aprovechar más y se siente que ya no se puede perder en nada
que no valga la pena.
• El miedo a morir, que tiene varios significados.
1. Cambio de imagen
a. En relación con uno mismo
b. En relación con Dios
El reto clave en esta etapa es una segunda conversión que se puede buscar de la siguiente forma:
a) Fidelidad de Dios y descentramiento del yo.
b) Fe de enlace y de consolidación
Etapa 4: Amor hasta el fin; deseo realizado
Es evidente que el cuerpo envejece antes que la mente y el corazón y que a muchas personas les cuesta trabajo
enfrentarse a la ancianidad, si esto pasa en general es normal que a muchos célibes también les ocurra.
Es un tiempo entonces en donde se vive sobre todo la sabiduría del anciano, la cual esta marcada por los siguientes
momentos:
• Tiempo de amor: Donde hay amor esta la prueba más grande de que un corazón virgen no puede envejecer.
• Edad de la transparencia: En oriente se ve al conocimiento como la unión entre la inteligencia y el corazón, eso es
lo que se busca en esta etapa de la vida. Que exista una integración de las etapas pasadas a través de la memoria que
lleven a una persona virgen a hacer y elaborar una síntesis de su vida que refleje a Dios a los demás y que sobre todo
le de respuestas a su propia existencia.
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