ESCUCHEMOS A JESUS
II Domingo de Cuaresma
CICLO A
-v.17, 1 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los
llevó aparte a un monte elevado.
-v.2 Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y
sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
-v.3 De pronto se le aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
-v.4 Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡Que bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí
mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
-v.5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra
y se oyó una voz que decía desde la nube: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo
puesta mi predilección: escúchenlo”.
-v.6 Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
-v.7 Jesús se acercó a ellos y tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”.
-v.8 Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
-v.9 Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta
visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.
Mt. 17, 1-9
Introducción:
Cada año, en el segundo domingo del tiempo de Cuaresma la Iglesia proclama el
Evangelio que relata esta escena que se conoce con la “Transfiguración del Señor”.
Mateo, el evangelista de este ciclo anual, narra este episodio, que tiene lugar ante
los ojos de Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos que son testigos de los hechos
principales de la vida de Cristo.
El relato es presentado como un cuadro de cuatro escenas:
l) Una introducción que indica el tiempo, los testigos y el lugar.
2) La visión inicial: la transfiguración de Jesús y la aparición de Moisés y Elías.
3) El momento central: la intervención de Pedro; la aparición de una nube luminosa;
la voz del Padre que revela la identidad de Jesús como Hijo amado y predilecto y que
invita a escucharle; la reacción de espanto de los testigos y su despertar.
4) El final de la “manifestación” cuando bajan de la montaña y Jesús les manda
callar.
La experiencia de la transfiguración revela anticipadamente la gloria del Hijo del
hombre al término del camino de la pasión, como una señal anticipada de la gloria de la
resurrección.
Aportes para la Lectura:
-v.1 “Seis días después” conecta la escena con el primer anuncio de Jesús de su
pasión, muerte y resurrección y puede ser una alusión a Moisés que estuvo en el monte
Sinaí durante seis días antes que Dios lo llamara desde la nube (Ex 24, 16).
Luego de los seis días, Jesús tomó a los tres discípulos más íntimos: Pedro,
Santiago y Juan y los llevo a un “monte elevado”.
Los discípulos elegidos fueron testigos de la vuelta a la vida de la hija de Jairo
(Mt 9, 18-26) y más adelante lo acompañarán en la agonía del Getsemaní (Mt 26, 3638).
Teológicamente los montes elevados o montañas, son lugares de encuentro con
Dios (Gn 22, 2; 1Rey 19, 8; 18, 20; Ex 19, 20; Mt 26, 30; Heb 12, 22).
El texto no determina de que monte se trata, pero una antigua tradición lo
identifica con el monte Tabor (560 mts. de altura), ubicado en Galilea a unos 200 kms.
al oeste del lago de Tiberíades.
-v.2 Allí en la montaña, en presencia de sus discípulos, Jesús se “transfiguró”.
Literalmente la palabra significa el tránsito de una “forma” a otra. En este caso, del
aspecto humano al divino, que en la escena está expresado en la transformación de su
rostro y vestidos en luz.
El hecho de que “su rostro resplandecía como el sol”, así como la blancura de sus
vestidos, demuestra que Jesús está en la esfera celestial y refleja ese resplandor tal y
como se prometía en Is 60, 1-3. 19, 20, también el rostro de Moisés se había vuelto
radiante porque había hablado con el Señor en el monte Sinaí (Ex 34, 29-30).
Con su transfiguración Jesús, por un instante, muestra toda su gloria divina. Fue
como correr el velo del tiempo y el Señor se muestra, como en un flash anticipado, lo
que es el más allá.
-v.3 En la misma esfera celestial en la que los discípulos ven a Jesús, aparecen ahora,
Elías y Moisés hablando con Él.
Ambos habían llegado a la presencia de Dios en el monte Sinaí o Horeb (Ex 24,
12-18; 1 Rey 19, 8-10). Eran mensajeros de la revelación divina y se los consideraba
como los grandes jefes religiosos de Israel (Mal 3, 22-24).
Representan a la Ley y los Profetas (la totalidad bíblica para los judíos): Moisés
simboliza la Ley (fue el primer legislador de Israel) y Elías es considerado el más
grande de los Profetas. Con esto se quiere demostrar que Jesús está totalmente apoyado
por el Antiguo Testamento.
-v.4 Pedro eufórico por la experiencia vivida, interrumpe el desarrollo de la escena y
propone a Jesús levantar tres carpas para retener las figuras celestiales el mayor tiempo
posible: “una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías”.
Coloca de esta manera, a Moisés y Elías no subordinados a Jesús, sino en el
mismo plano que Él.
Para Pedro, Jesús es el Mesías nacionalista que es apoyado por la Ley y los
profetas.
Interpreta defectuosamente el mesianismo de Jesús. La manifestación “divina” la
considera el punto de partida de Jesús para emprender el camino mesiánico tal como era
interpretado en el judaísmo.
-v.5 Aún estaba hablando Pedro, cuando una nube luminosa los cubrió. No era
evidentemente una nube natural.
La nube es símbolo de la presencia de Dios. En la Biblia aparecen varios
ejemplos de ello: en la salida de Egipto (Ex 13, 21); en las nuevas prescripciones sobre
la Pascua (Nm 9, 15); cuando el Arca de la Alianza es llevada al Templo (1 Rey 8, 10).
La nube revela y oculta a Dios que solo es perceptible en su palabra.
La voz de la nube repite a los tres discípulos las palabras que resonaron en el
Bautismo de Jesús (Mt 3, 17) y que lo señala como Hijo único. La voz añade en
imperativo: “Escúchenlo”.
Escuchar a Jesús es poner en práctica sus palabras. Es seguirlo a Él que es
Camino, Verdad y Vida.
-v.6 La reacción de los discípulos es de profundo miedo, que se expresa en el gesto
de caer postrados a tierra (Dn 8, 17).
La aparición de la nube llena a todos de temor, como sucede siempre en la Biblia
cuando Dios se manifiesta a los hombres.
-v.7 Jesús, se acerca a los discípulos y los toca como tocaba a los enfermos y a los
muertos (Mt 8, 3. 15; 9, 25); los invita a levantarse como lo había hecho con la hija de
Jairo (Mt 9, 25) y les dice que se levanten, que no existen motivos para tener miedo.
-v.8 Los discípulos, al levantar la vista, constatan que Elías y Moisés han
desaparecido, ven únicamente a Jesús que se encuentra solo.
-v.9 Regresando de la esfera divina a la historia, mientras bajan de la montaña, Jesús
ordena a sus discípulos que hasta después de la resurrección no cuenten a nadie lo que
han visto. Porqué solo después de que ésta se produzca, cuando vean al Hijo del hombre
venir como Rey (Mt 16, 28), recién la gente será capaz de entender toda la
trascendencia de la visión.
Aportes para la Meditación:
El texto nos relata que Jesús eligió a tres de sus discípulos y los llevó a un lugar
apartado para que experimentaran un encuentro personal a solas con Él.
A lo largo de nuestra vida ¿Hemos experimentado un encuentro a solas con Él?
¿Cuándo? ¿Cómo?
En nuestra experiencia de fe ¿Descubrimos que Jesús nos habla y se manifiesta a través
de signos (de personas, acontecimientos)?
Después de descubrir que Jesús nos habla: ¿Por donde comenzaríamos a cambiar
nuestra vida para demostrar que hemos escuchado a Jesús?
Si todos los hiciéramos ¿En que cambiaría el comportamiento humano en la sociedad
toda?
Modelo de Oración:
Señor:
Te damos gracias
por los signos de tu gloria
que nos regalas en medio
de las asperezas de esta vida.
Danos la fortaleza y la luz
para “bajar de la montaña”
con el deseo de escucharte
para hacer un camino
de servicio y de entrega generosa.
Si realizamos alguna celebración o signo comunitario sería bueno compartir
aquellas manifestaciones que Dios ha hecho en nuestras vidas, especialmente las
sencillas y cotidianas.
Contemplación/Compromiso:
En el último paso de la Lectura Orante nos parece bueno recomendar que
dejemos unos cuantos minutos para contemplar todo lo que el Señor nos ha dicho con su
Palabra, lo que le hemos dicho a través de la oración, y sobre todo descubrir a qué nos
comprometernos, qué acción para transformar nuestro pequeño mundo realizaremos.
Siempre debe ser algo muy concreto y en coherencia con lo que el Señor nos pide en su
Palabra.
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2º Domingo de Cuaresma