ENCUENTRO DE TEGUCIGALPA
ABRIL – 2008
Aclaración previa:
LA MISIÓN CONTINENTAL1
El documento conclusivo de la V Conferencia de Aparecida, recordando el mandato del Señor de “ir y hacer
discípulos entre todos los pueblos”2, desea despertar un gran impulso misionero en la Iglesia en América Latina y El
Caribe. Esta es, sin duda alguna, una de las principales conclusiones de ese gran encuentro eclesial. Quiere
despertar la vocación y la acción misionera de los bautizados, y alentar todas las vocaciones y ministerios que el
Espíritu da a los discípulos de Jesucristo en la comunión viva de la Iglesia y salir al encuentro de las personas, las
familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha
llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza3.
La misión es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia llamada por el Señor a evangelizar a todos los pueblos.
“Su razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y
transformarse en familia de Dios”4. Por eso, la misión que se realice como fruto del encuentro de Aparecida debe,
ante todo, animar la vocación misionera de los cristianos, fortaleciendo las raíces de su fe y despertando su
responsabilidad para que todas las comunidades cristianas se pongan en estado de misión permanente.
La misión nos lleva a vivir el encuentro con Jesús como un dinamismo de conversión personal, pastoral y eclesial
capaz de impulsar hacia la santidad y el apostolado a los bautizados, y de atraer a quienes han abandonado la
Iglesia, a quienes están alejados del influjo del evangelio y a quienes aún no han experimentado el don de la fe.
Esta experiencia misionera abre un nuevo horizonte para la Iglesia de todo el continente que quiere “recomenzar
desde Cristo” recorriendo junto a Él un camino de maduración que nos capacite para ir al encuentro de toda
persona, hablando el lenguaje cercano del testimonio, de la fraternidad, de la solidaridad.
La Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en “estado permanente de misión”5. Se trata de fortalecer
la dimensión misionera de la Iglesia en el Continente y desde el Continente. Esto conlleva la decisión de recorrer
juntos un itinerario de conversión que nos lleve a ser discípulos misioneros de Jesucristo. En efecto, “discipulado y
misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede
dejar de anunciar al mundo que sólo él nos salva (cf. Hch 4, 12)”6.
“A la pregunta ¿para qué la misión? respondemos con la fe y la esperanza de la Iglesia: nuestra misión es compartir
la Vida que nos transmite Cristo.7 “El Amor es el que da la vida; por eso la Iglesia es enviada a difundir en el mundo
la caridad de Cristo, para que los hombres y los pueblos “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).”8 De
esta manera la Iglesia es “misionera sólo en cuanto discípula, es decir, capaz de dejarse atraer siempre, con
renovado asombro, por Dios que nos amó y nos ama primero (Cf. 1 Jn 4, 10).9
Este dinamismo misionero se da en un momento muy propicio. “Cuando muchos de nuestros pueblos se preparan
para celebrar el bicentenario de su independencia, nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de
ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe cristiana arraigue más profundamente en el
corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con
Cristo. Él se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las dimensiones de la existencia personal y
social. Esto requiere, desde nuestra identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con
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El texto “La Misión Continental” es una síntesis de CELAM: La Misión Continental para una Iglesia Misionera. Bogotá 2008.
Mt. 28, 20
Documento de Aparecida DA 548.
GS 40.
DA 213 y 551.
DI 3.
RMi 11.
Benedicto XVI, Homilía de la Eucaristía en Aparecida, 13 mayo 2007.
Benedicto XVI, Homilía de la Eucaristía en Aparecida, 13 mayo 2007.
todos los cristianos y al servicio de todos los hombres.”10. Un objetivo esencial de la Misión Continental es tomar
conciencia de que la dimensión misionera es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia y del discípulo del
Señor.
Si el objetivo central de la Misión es llevar a las personas a un verdadero encuentro con Jesucristo, el primer
espacio de encuentro con El será el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios, de Jesucristo vivo, en
la Iglesia, que es nuestra casa.11.
Un segundo medio para la misión es la Sagrada Liturgia, en especial, los sacramentos de la Iniciación Cristiana,
signos que expresan y realizan la vocación de discípulos de Jesús a cuyo seguimiento somos llamados. De forma
significativa, la Eucaristía es lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo. Y es, a la vez, fuente
inagotable de la vocación cristiana y del impulso misionero; “allí, el Espíritu Santo fortalece la identidad del discípulo
y despierta en él la decidida voluntad de anunciar con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivido”12.
Un tercer espacio de encuentro con Jesucristo es la vida comunitaria. “Jesús está presente en medio de una
comunidad viva en la fe y en el amor fraterno. Allí Él cumple su promesa: “Donde están dos o tres reunidos en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20)”13. Formar comunidad implica abrazar el estilo de vida de
Jesús, asumir su destino pascual con todas sus exigencias, participar en su misión, estar en actitud de permanente
conversión y mantener la alegría del discípulo misionero en el servicio al Reino.
Un cuarto medio de encuentro con Jesucristo y de acción misionera es el servicio a la sociedad para que nuestros
pueblos tengan la vida de Cristo y, de un modo especial, el servicio a los pobres, enfermos y afligidos14 “que
reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir
viviendo”15.
COMENTARIOS Y DIÁLOGOS
EN TEGUCIGALPA
La misión – evangelización en la Universidad Católica, no es responsabilidad exclusiva del Departamento de
Pastoral, sino de la universidad como tal. Se necesita disponibilidad para acoger en la universidad los nuevos y
diferentes impulsos del Espíritu; así como para reconocer y valorar el rol de la mujer en la universidad y en la
sociedad.
¿Qué le toca específicamente a la universidad en la Misión?
Es una pregunta que muchos se hacen. El CELAM puede recoger los diferentes aportes de las universidades, a
través del observatorio –por ejemplo- y luego posibilitar un compartir, que ayude a intensificar el diálogo fe-ciencia,
fe-cultura; diálogo para el cual debemos apoyarnos en científicos y en intelectuales católicos. La llamada ‘Misión
Continental’ es una convocatoria para todos, no sólo para la universidad. Es un momento de gracia que no
podemos dejar pasar.
¿Puede la Universidad Católica asumir un liderazgo misionero?
Poder, puede. Pero lo más importante es vivir la vida universitaria en estado de misión; por tanto, hay que colocar
el énfasis en este estado de misión como la condición natural de la Iglesia, no tanto en la Misión Continental como
una gran actividad, que se puede hacer y vale la pena; pero no todo termina ahí. Se trata de adquirir una fuerte
conciencia del carácter misionero de la iglesia y, dentro de ella, de la responsabilidad concreta de la universidad
católica, primero que todo en cuanto universidad, en cuanto transmisora y generadora de conocimiento, y luego en
cuanto católica, experta en humanidad, formadora con calidad científica y humana, con altura intelectual y
compromiso social.
La Misión Continental tiene que ser mucho más que un evento que, si se hace, debe estar al servicio de la
misión como condición permanente de la Iglesia. Es el compromiso de hacer real y eficaz en y desde el mundo
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DA 13
Cf. DA 246.
DA 251
DA 256
Cf. Mt 25, 37-40
DA 257
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universitario, el carácter misionero de la Iglesia. Si miramos el encuentro de Jesús con la Samaritana, vemos allí un
ejemplo claro de cómo evangelizar sin apartarnos de la situación concreta que viven las personas, en nuestro caso
los estudiantes –por ejemplo- y sus familias, para no dar una formación al margen de la realidad existencial de la
comunidad universitaria, donde se viven tantas situaciones cruciales para la vida.
¿Quién hace la misión dentro de la universidad: el equipo de Pastoral… quién más?
También en la universidad hay diversidad de dones y carismas, pero uno solo es el cuerpo. Hacia allá debe tender
la misión en la universidad y es así como se puede lograr que la misión en la universidad sea tarea común, no sólo
el esfuerzo de unos pocos. El administrativo como administrativo, el investigador como tal, el docente como
docente, el de servicios generales en su campo de acción, el estudiante como aprendiz, etc. Si cada uno realiza la
“misión” que le es confiada con amor, con espíritu de servicio, con alegría, buscando el bien común, con sentido de
participación y corresponsabilidad, vamos logrando que se vivan los valores del Evangelio en la cotidianeidad de la
vida universitaria y vamos creando el clima, las condiciones mentales y morales para que también se vivan en
otros ámbitos de la existencia diaria… Entonces la misión va siendo una realidad. No se necesita de grandes
eventos, de actividades extraordinarias. Lo grandioso y lo extraordinario es justamente que el Evangelio de
Jesucristo se vaya haciendo vida de una manera sencilla y fluida, que se viva como lo más natural en el acontecer y
el quehacer de cada día.
Varios miles de alumnos y centenares de docentes de una universidad católica, constituyen una presencia
que se siente dentro de la sociedad como una presencia viva. Hay que trabajar en una pedagogía de la vida e ir
a la raíz de los problemas: la realidad de pobreza, de marginación, de corrupción política y económica, tanto en el
ámbito público como privado. Hacemos parte de un mundo, de una realidad más grande, que nos devora. ¿Cuál
antropología presentamos como Iglesia y cómo universidad? ¿No será que por facilismo nos dejamos llevar por el
pragmatismo inmediatista e individualista?
Se hace necesario detectar, motivar, formar y acompañar verdaderos líderes cristianos en el mundo universitario.
La universidad posee una enorme riqueza eclesial, que difícilmente se puede lograr en cualquier otro campo. Desde
ella es posible globalizar la solidaridad, a través de unos mecanismos de servicio permanente, como una manera
real de unirse a la cruz de Cristo.
Cristo es el tema focal, es nuestro interés común, es el centro. La centralidad de la persona de Cristo es algo que
no se puede perder de vista. La universidad tiene que encantar al joven con Jesucristo, no desencantarlo.
El diálogo abierto y sereno tiene que ser una característica propia de la universalidad de la Iglesia y de la
catolicidad de la universidad. Nos hace falta cultivar una auténtica espiritualidad del diálogo. Dios crea por la
Palabra y lo que la Palabra crea son relaciones. La relación de Dios con su pueblo siempre fue una relación
dialogal, hasta el punto que la misma Palabra de Dios, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros… y es aquel
en quien creemos y al que anunciamos (jamg)].
En la Iglesia falta todavía mucha capacidad para la auto-organización. El CELAM apoya para que el diálogo
suceda, para que la universidad ayude a la Iglesia en la búsqueda de una racionalidad adecuada para transmitir la
fe de la Iglesia y hacer que sea relevante, que no sea una verdad aburrida, sino que interpele la vida desde la
universidad misma y con los medios a su alcance, que son muchos.
Estamos en tiempos anti-metafísicos, pero sin fundamento. ¿Cómo establecer un diálogo interdisciplinario?
Hay que estar alerta para intervenir más pro-activamente, tener un lenguaje adecuado para el diálogo ¿diálogo con
quién? El verdadero diálogo es siempre inclusivo. No podemos seguir llamando diálogo a unos monólogos ad intra.
Los laicos que tienen fe, tienen el lenguaje de la enseñanza; entonces, se debe dar más atención a los laicos bien
estructurados, con capacidad de conversar sobre ciencia y sobre las repercusiones de ésta en la vida de fe. No
basta con “resolver” los problemas del presente y del futuro, hay que recuperar raíces. El camino no es apologético,
reclama apertura, donación de sí, generosidad. El diálogo pasa por la actitud del corazón, de la humildad, de la
solidaridad, para inculturar el Evangelio con un lenguaje nuevo. Basta ver en la ciencia, por ejemplo, la función de
las neuronas en los campos de la alegría, de los afectos, de la sensibilidad, de la capacidad de acogida, etc.
Vale la pena volver a leer el discurso que tenía preparado Benedicto XVI para la Universidad La Sapienza, en el
cual se da una gran importancia a la colaboración y el diálogo, a la acogida y la organización.
Tenemos que darle más atención a la propuesta de elaborar un nuevo humanismo para el tercer milenio, por parte
de las universidades católicas y no católicas, en diálogo abierto, respetuoso y sincero. Esta podría ser una tarea
que coordine el observatorio del CELAM.
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SUGERENCIAS DEL TRABAJO POR GRUPOS
PRIORIDADES QUE DEBE TENER LA UNIVERSIDAD CATÓLICA EN CUANTO UNIVERSIDAD.
-
Encarar la problemática de las grandes desigualdades sociales
Hacer de la universidad una institución más incluyente
Todo lo concerniente a la responsabilidad frente al medio ambiente.
- Investigación pertinente
- Búsqueda de la verdad
- Calidad: Institución inteligente
ACTIVIDADES PARA CUMPLIR CON LAS PRIORIDADES
-
Diseño y ejecución de presupuesto y balance social
Alianza social: Que los planes de estudio propicien el contacto directo con la realidad social.
Investigar las realidades nacionales y regionales que requieren investigación objetiva.
Pedir cuenta a la razón ilustrada del tipo de mundo y de humanidad que ha producido.
Estímulo a los docentes para que realicen investigación pura y pertinente.
Formar al personal directivo, administrativo y docente para que brinden un servicio de calidad humana, con
una mística especial.
PRIORIDADES QUE DEBE TENER LA UNIVERSIDAD CATÓLICA EN CUANTO CATÓLICA.
-
Conformación de un equipo de profesores verdaderamente cristianos.
Una universidad abierta al mundo.
Que los estudiantes tengan en ella los medios para vivir una vida cristiana plena.
Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia
La familia
La pastoral universitaria.
Formación ética fundamental y social
Propiciar el diálogo fe-razón, fe-ciencia, fe-cultura
Búsqueda de modelos económicos alternativos, con miras a reducir la brecha social.
Brindar a los estudiantes herramientas para que ingresen al mundo laboral y empresarial con respuestas
y/o propuestas diferentes y éticas.
ACTIVIDADES PARA CUMPLIR CON LAS PRIORIDADES
-
Evaluación de los planes de estudio y, desde ahí, proponer la conjunción entre la formación que se ofrece
y el trabajo que se realiza, para que la formación interese a todos.
Para ser profesor de la universidad se requiere no sólo competencia académica, sino también calidad
humana.
Conformación de grupos de estudio delante de los temas de la Iglesia y del mundo, que ayuden desde la
universidad a iluminar el quehacer de la Iglesia.
Formación con alto nivel académico y con sentido para la vida.
Articulación de la pastoral universitaria con la pastoral de la correspondiente comisión episcopal.
Compromiso con la propuesta de un nuevo humanismo cristiano.
Cursos, seminarios y talleres de Doctrina Social de la Iglesia.
Clínicas de orientación familiar.
Cursos, talleres y seminarios para la formación en la fe.
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ALGUNOS APARTES DEL DIALOGO CON EL
CARDENAL OSCAR RODRIGUEZ MARADIAGA, SDB
La universidad católica es cada vez más portadora de esperanza si la tomamos como una verdadera
alternativa para una educación de calidad y valores. También es muy esperanzador ver la importancia
que se le da a la universidad en el evento Aparecida. Hoy por hoy, tenemos que afrontar la realidad de la
globalidad y de una nueva ética global, ante la cual se necesita un pensamiento crítico y, por tanto, el
desafío para la universidad de formar pensadores e intelectuales con capacidad verdaderamente crítica y
creativa. Tengamos presente que toda universidad, por el hecho de ser universidad, aunque sea privada,
siempre es una institución pública.
¿Cómo corregir que la universidad sea una reproductora del sistema y más del de nuestros países,
tan cargado de injusticia y corrupción?
La universidad no permite la instalación. Un gran desafío en concreto, está en el campo de los medios de
comunicación, cada vez más en manos privadas, de pocos propietarios y de “grandes” intereses. Todos
los días podemos constatar los altos niveles de agresividad en la llamada “guerra mediática”. Los medios
escritos, sobre todo, son profundamente discriminatorios; entonces, la universidad debe tener sus propias
publicaciones, producir textos de calidad y asequibles a todos. Otro aspecto preocupante es el de las
ciencias humanas: están más devaluadas que el dólar. Debemos buscar una plataforma de comunicación
e intercambio entre las universidades católicas, que permita ir haciendo una auténtica “revolución
cultural”. Para ello, es necesario que existan equipos de reflexión teológica, pastoral, social, etc.:
personas que generen pensamiento con horizonte.
Démonos cuenta de que actualmente, con el uso del Internet por ejemplo, existe mucha dispersión.
Nuestros jóvenes llegan a la universidad totalmente desprovistos de formación cristiana. Hay una sobreabundancia de información que a todos nos desborda, pero no hay asimilación, no hay discernimiento, no
hay procesos. Esto nos muestra con mayor fuerza la necesidad del diálogo abierto y sincero. Para esto se
requiere, desde luego, cientificidad, investigación, producción de conocimiento científico, humano, social.
El mundo percibe cierta ausencia de un pensamiento verdaderamente cristiano, que no sea simple
reconversión a la lectura de otros conocimientos en clave de fe.
La universidad está en crisis porque la sociedad está en crisis. La universidad refleja la crisis de la
sociedad. En muchos lugares la Iglesia Diocesana no está dispuesta moral e intelectualmente para crear
o reorientar una universidad que nació un tanto accidentalmente. Esa falta de orientación hace que la
universidad católica no escape a la crisis generalizada de la universidad. Es necesario, pues, que la
universidad católica responda a la misión que la Iglesia le ha confiado. En ese sentido, hay una cantidad
enorme de reflexiones maravillosas, pero se quedan ahí. Tenemos ahora que generar una mística, una
mentalidad, un compromiso de misión.
¿Cómo lograr que las universidades católicas entren en ese ámbito?
La espiritualidad y la dinámica del compartir son claves, como un reflexionar, buscar y proyectar en
común, superando las barreras de los celos institucionales. En este aspecto el CELAM puede y debe
jugar un papel muy importante, asumiendo la tarea de orientar, evaluar, acompañar, etc.
La educación superior es de alguna manera como una culminación de toda la pastoral. Por eso, la
universidad debe tener un impacto real en la sociedad, como formadora no sólo de conocimiento
científico, sino también en principios y convicciones, como formadora de verdaderos líderes para el
mundo, constructores de sociedad con humanidad.
Vivimos y hacemos parte de un continente en el cual la clase política no se quiere formar. Política,
en términos generales, se ha vuelto sinónimo de trampa. En lo que toca al diálogo con el mundo de la
política y la formación de los políticos, se dan muchos temores, prevenciones, y fácilmente pecamos por
omisión. Hay que devolverle a la política la dignidad que le corresponde y eso, por lo menos en parte, es
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tarea también nuestra. Nos corresponde fermentar una ética política que permee toda la política,
independientemente de grupos y partidos. Todo esto nos muestra la urgencia de una verdadera
conversión pastoral. Los modelos pastorales tradicionales ya no responden porque no corresponden. El
mundo hoy reclama otra pastoral, en términos de mayor presencia, disponibilidad y competencia, que
proyecten un nuevo humanismo cristiano. En este sentido, es de vital importancia la formación del clero y
de las personas consagradas.
Una inquietud, una preocupación grande, es todo lo que tiene que ver con la bioética. La ONU, 60 años
después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se ha reducido a ser una esclava de una
unas políticas interesadas. El derecho a la vida está siendo hoy más atropellado que nunca. Es una
verdadera vergüenza. La Universidad Católica tiene el deber ineludible de colocarse al servicio de la
vida. A la ONU, quién la cuestiona? Es un enorme dinosaurio inoperante. Irak está desangrando la
economía del mundo entero. Súmese el costo en vidas humanas, cobrado de manera directa e indirecta
y… ¿quién dice nada? Estamos frente a una guerra totalmente absurda, estúpida. La ONU muestra cada
día más que no es un organismo de las naciones, sino que está vendida a los intereses de un sector (no
del pueblo) de los Estados Unidos.
La educación pública secundaria ha venido mostrando que es incapaz de preparar personas para
asumir la educación universitaria. Esta es una manera sutil pero real de hacer que el acceso a la
educación universitaria sea discriminatorio. Aún conociendo los costos y dificultades de las instituciones
de educación media, la universidad católica debe mirar y hacer efectiva la posibilidad de proporcionar
educación secundaria de calidad y a bajos costos, accesible al mayor número posible de personas, para
que se puedan abrir camino en el mundo universitario y profesional con competencia y con dignidad.
Un aspecto importante de la conversión pastoral es el lenguaje. El lenguaje que usamos, incluso
nuestra vivencia, no son significativos. En este sentido hay muchas cosas que tenemos que cambiar o,
por lo menos, mejorar. La responsabilidad pastoral no es sólo del equipo, es de la universidad como tal.
Desde luego, se requiere mucho discernimiento y cuidado. En algunos lugares la pastoral universitaria se
politizó y acabó implosionando. No debemos tener miedo de buscar otros caminos. Hay que tener cuidado
de no casarse con un movimiento, porque eso lleva a la exclusión y la pastoral, para que sea auténtica,
tiene que ser inclusiva, amplia, generosa, acogedora, de universidad.
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