JURISPRUDENCIA
Contrato de Trabajo. Indemnizaciones. Despido sin causa. Doble indemnización. Ley 25.561. Modo
de cálculo. Vázquez Manuel Alejandro c/Siembra A.F.J.P. S.A. y Otro s/despido, C.N.A.T., Sala III,
8/2/07.
Sentencia Nº 88.479
Causa Nº 14.171/05
Juzgado Nº 69
En la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, a 8/2/07 reunidos en la Sala de Acuerdos los
señores miembros integrantes de este Tribunal, a fin de considerar el recurso deducido contra la sentencia
apelada, se procede a oír las opiniones de los presentes en el orden de sorteo practicado al efecto, resultando
así la siguiente exposición de fundamentos y votación.
La doctora Porta dijo:
El actor y las demandadas apelan el fallo de grado (fs. 444/445 y 450/463). La Sra. Perito Contadora recurre
sus honorarios por bajos (f. 446).
Por razones de mejor orden, trataré en primer lugar los agravios expresados por las demandadas, quienes se
quejan porque el sentenciante hizo lugar a las pretensiones salariales y al haz de indemnizaciones derivadas del
despido indirecto en que se colocó el actor.
Sin perjuicio de destacar que el recurso de las demandadas, a pesar de su extensión, no cumple con los
recaudos previstos por el art. 116 de la Ley 18.345, en aras de salvaguardar el derecho de defensa de las
partes, propondré la apertura de la instancia.
Por otra parte, merece señalarse que las recurrentes sostienen que de la sentencia resulta que la actividad
cumplida por el actor para las demandadas debiera regirse por la Ley 14.546 (fs. 402 vta./404 vta.), cuando lo
cierto es que dicha norma no constituye el fundamento de la condena ni fue citada por el juzgador en ningún
momento a lo largo del pronunciamiento.
Asimismo, señalo que llega firme a esta alzada la conclusión del Sr. juez referida a que el accionante, el
25/4/05, se consideró despedido atento que la demandada Siembra A.F.J.P. S.A. guardó silencio ante su
intimación del día 14/4/05, por reducción de sus remuneraciones, por lo que cobró operatividad la presunción
que emana del art. 57 de la L.C.T., sin que revierta su situación la contestación extemporánea de la accionada,
ya que respondió el 26/4/05, es decir, cuando el actor ya había emitido la comunicación del despido indirecto
(fs. 294, 296, 298, 308 y 312).
Sin embargo, aun soslayando este aspecto del caso, la queja de la demandada no puede acogerse, pues el
apelante no desconoce que llevó a cabo una modificación del salario en perjuicio del trabajador, sino que su
postura se funda en que aquélla no tenía la entidad que le dio el actor, pues según su tesitura, la diferencia de
salarios no era realmente significativa (fs. 34 vta./35, 451/452).
Al respecto, del peritaje contable resulta que desde la misma fecha, se suspendieron las comisiones para
traspasos que hayan registrado más de cuatro movimientos en el período diciembre de 2000 y noviembre de
2003; que a partir de septiembre de 2004, la accionada suprimió el pago de premios a rotadores; que el no
pago de comisiones por rotadores implicaba para el trabajador, además de una disminución en su capacidad de
ganancia, una merma en sus remuneraciones, produciendo un achicamiento en el mercado; que de acuerdo con
la información suministrada en el listado de premios y comisiones que se adjuntan en fotocopias, se redujeron
los premios al diez por ciento (10%), sin abonarse ningún otro premio por una mayor masa salarial (fs.
335/349, 384/402). Estos aspectos del informe contable no fueron rebatidos por la accionada ya que los datos
brindados por la Sra. Perito Contadora surgen de la documentación exhibida por la propia accionada y para
más, ésta no ofreció ninguna prueba capaz de desvirtuar las conclusiones del referido informe (arts. 386 y 477
del C.P.C.C.N.).
Los testimonios de Ferradas Vilariño (fs. 264/265), Saccone (fs. 266/267), Sirvent (fs. 269/270) y Gómez (fs.
322/323), traídos por el actor y que declararon haber sido compañeros de éste, corroboran que la demandada
rebajó sus salarios, pues explicaron que hubo una baja en las comisiones del diez por ciento (10%), que luego
incorporaron la figura del rotador, que eran afiliados que se habían traspasado en más de dos oportunidades,
que en estos casos pagaban el cincuenta por ciento (50%) de aquel diez por ciento (10%) de comisiones, para
luego no pagar nada; que las comisiones de los traspasos por Met y Arauca se pagaban hasta un veinticinco por
ciento (25%) de la masa salarial que, por supuesto, se dio de baja como el resto de las comisiones; que la
rebaja afectó notoriamente los salarios de los trabajadores, porque no era lo mismo cobrar un veinte por ciento
(20%) de una ficha que pasar a percibir el ocho por ciento (8%) (arts. 386 y 456 de la normativa procesal
señalada). La demandada impugnó estos testimonios con el argumento de que los deponentes tienen juicios
pendientes contra ella, pero esta circunstancia no basta para descalificar las declaraciones, sino que en todo
caso corresponderá apreciar sus manifestaciones con mayor rigurosidad, pero no desecharlos, pues no se
tratan de testigos excluídos. Asimismo debe tenerse en cuenta, que los sucesos laborales se dan en una
comunidad de trabajo y por eso quienes participan de ella son los que pueden aportar datos al respecto y en
muchas ocasiones la prueba testimonial, constituye el único elemento de convicción del cual depende el
magistrado para esclarecer la cuestión en debate (en sentido análogo, SD Nro. 82.546 del 17/8/01, "Sosa
Arnaldo c/ Somisa s/Ley 9.688", S.D. Nº 87.141 del 28/9/05 “Valdemarín Estela María c/ Siembra Seguros de
Vida S.A.”, del registro de esta Sala).
Es mi criterio que el empleador está facultado por la ley para introducir todas aquellas modificaciones relativas
a la forma y modalidades de la prestación del trabajo, en tanto estas alteraciones no cambien modalidades
esenciales del contrato, ni importen un ejercicio irrazonable de esa facultad, ni causen perjuicio material ni
moral al trabajador (art. 66 de la L.C.T.; en sentido análogo, S.D. Nº 72.565 del 18/10/96, recaída en autos
“Duthu Luciano Fabián c/Banco de la Nación Argentina”, del registro de esta Sala).
Considero que en el caso, las modificaciones implementadas por la empleadora, aun cuando fueran razonables,
vale decir que estuvieran justificados en necesidades funcionales de la empresa, excedían las facultades que la
ley otorga al empresario para alterar el contrato de trabajo, ya que lo más relevante es que recaían sobre un
aspecto sustancial del contrato como es la remuneración y eran claramente dañinas para el trabajador (art. 377
del C.P.C.C.N.).
Por otra parte, el argumento del apelante referido a que la cuestión de los traspasos tuvo por causa
restricciones impuestas por el propio Estado mediante Res. S.A.F.J.P. Nº 768/95, Dto. 1.375/04 y Res. M.E. y
P. 824/04 no puede ser tratado por este Tribunal, ya que es una defensa que no fue sometida a la
consideración del Sr. juez de grado, por lo cual a la Alzada le está vedado expedirse al respecto (fs. 451/452;
arts. 271 y 277 del C.P.C.C.N.).
En consecuencia, concluyo que el trabajador actuó asistido de justa causa al darse por despedido, ya que ante
tales modificaciones implementadas por la demandada, aun cuando para ésta no resultaban significativas, no le
quedó otra alternativa que denunciar el contrato de trabajo (en sentido análogo, S.D. Nro. 82.919 del 7/11/01
“García Maricel Silvina c/Arcos Dorados S.A.”, S.D. Nro. 87.623 del 29/3/06 “Valladares Beatriz del Carmen
c/Orígenes A.F.J.P. S.A.”, del registro de esta Sala).
El recurrente tampoco se hace cargo de otro sustancial razonamiento del juzgador como es que el actor
reclamó a la A.F.J.P. codemandada la suma de pesos cuatro mil quinientos ($ 4.500) por las diferencias
generadas por el cambio de las condiciones de liquidación de comisiones y por la introducción del sistema de
“rotadores”, individualizando concretamente las operaciones que no le fueron liquidadas o lo fueron
erróneamente y si bien la demandada negó la existencia de diferencias a favor del actor, no negó
específicamente las operaciones individualizadas por el accionante, lo que torna operativa la presunción
dispuesta por el art. 356 del C.P.C.C.N., a la que cabe agregar la prevista en el art. 55 de la L.C.T., atento lo
informado en el peritaje contable (fs. 399 vta. y 402).
Por último señalo que en mi tesitura no puede considerarse que hubo consentimiento del demandante ante
dicha situación por el solo hecho de no haber cuestionado tales remuneraciones, ya que el paso del tiempo y el
silencio del trabajador no pueden ser valorados como renuncia a derechos conferidos por la ley en el marco del
contrato celebrado por las partes y en virtud de lo dispuesto por el art. 260 de la L.C.T. se encuentra facultado
a reclamar las diferencias salariales a las que se considera asistido de derecho (arts. 58, 259, 1, 12 y concs. de
la L.C.T.; en igual sentido, S.D. Nº 75.064 del 29/10/97 en autos “Colettis Jorge Carlos c/A.F.J.P. S.A.”, del
registro de esta Sala).
Por lo expuesto auspicio confirmar la decisión de grado en el punto.
No habrá de ser mejor la suerte de la queja de la codemandada Siembra Seguros de Retiro S.A., ya que ésta
tampoco logró rebatir la conclusión del sentenciante referida a que en el caso no se configuró un contrato de
trabajo a tiempo parcial (art. 92 ter de la L.C.T.), puesto que no se ha demostrado la modalidad contractual de
excepción invocada; que lo relevante no es la cantidad de horas mensuales afectadas a la labor, sino la
diversidad de actividades que podría llegar a calificar la relación mantenida, que además, visto que la figura
prevista en el art. 92 ter de la L.C.T. resulta excepcional en nuestro ordenamiento positivo, pesaba sobre la
empleadora la carga de demostrar que para ella sólo laboraba las pocas horas semanales pactadas (art. 377 del
C.P.C.C.N.) y no al revés y que, en tal sentido, ninguna prueba produjo la empresa, dado que de los
testimonios aportados por el actor resulta que éste cumplía jornadas de alrededor de diez horas diarias para
ambas empleadoras, que si la demandada requirió sus servicios y pactó una jornada que luego excedió, debe
retribuirlo en base al tiempo trabajado, sea cual fuere el importe mensual que el dependiente recibía de las
otras sociedades aglutinadas, especialmente si, como en el caso, la empleadora “per se” y sin invocar la
representación de ningún conjunto económico, incorporó a un trabajador, se encuentra obligada a pagarle el
salario de acuerdo a lo reglado en los arts. 103 y 197 de la L.C.T. (fs. 264/265, 266/267, 269/270 y 322/323).
Por otro lado, el sentenciante concluyó que el actor, durante toda su jornada de trabajo, estaba a disposición de
todas y cada una de las empresas del grupo que lo contrató y, por ello, en relación con la compañía de seguros
de retiro codemandada tenía derecho a percibir una remuneración mayor a la acordada de pesos veinte ($ 20)
mensuales, por lo que resultan procedentes las diferencias salariales reclamadas y las indemnizaciones
derivadas del despido que se fundó, precisamente, en la falta de pago de las mismas (fs. 290 a 292 y 298).
Esta conclusión no fue eficazmente controvertida por la recurrente, pues ésta en el memorial recursivo funda su
tesitura en lo declarado por todos los deponentes propuestos por ella, cuando en realidad, las demandadas no
aportaron a estos actuados ningún testimonio (f. 324), siendo insuficiente a fin de controvertir los sólidos
fundamentos vertidos por el sentenciante la transcripción de jurisprudencia que realiza el recurrente.
Por lo expuesto, auspicio confirmar la sentencia apelada en estos aspectos.
Tampoco tendrá andamiento la queja de las accionadas relativa al progreso de la multa prevista en el art. 80 de
la L.C.T., texto según modificación dispuesta por el art. 45 de la Ley 25.345, atento que la entrega de tales
certificados al dependiente en oportunidad de la extinción de su relación laboral es una obligación del
empleador que debe ser cumplida en forma inmediata a la desvinculación (esto es, en el tiempo que
razonablemente puede demorar su confección) y en dichos documentos deben constar los datos verídicos de la
relación, en el caso, los extremos que resultan reconocidos mediante el fallo de autos, por lo que no puede
tenerse por cumplida la obligación por parte de las accionadas.
El actor, por su parte, se agravia porque el sentenciante rechazó la aplicación al caso del agravamiento
indemnizatorio contemplado por el art. 16 de la Ley 25.561 y sólo duplicó la indemnización prevista en el art.
245 de la L.C.T. conforme lo dispuesto por la Ley 25.972. Por ello, solicita que se calcule el incremento también
sobre el preaviso y la llamada integración del mes de despido.
El actor hizo saber a la demandada Siembra A.F.J.P. S.A. que se consideraba despedido el 25/4/05 (fs. 294,
298) y a la codemandada Siembra Seguros de Retiro S.A. el 1/6/05 (fs. 290, 298) y para esos momentos se
encontraban vigentes tanto la Ley 25.972 (B.O.: 17/12/04) como el Dto. 2.014/04 (B.O.: 7/1/05).
He sostenido de modo reiterado en relación con el art. 16 de la Ley 25.561 que la duplicación indemnizatoria
prevista en la norma mencionada comprende, en principio, exclusivamente a las indemnizaciones por despido,
sustitutiva de preaviso y según el caso la integración del mes de despido, estas dos últimas con más la parte
proporcional del sueldo anual complementario, ya que el referido art. 16 dispone que “…los empleadores
deberán abonar a los trabajadores perjudicados el doble de la indemnización que les correspondiese, de
conformidad a la legislación laboral vigente” y el art. 4 del Dto. 264/02, reglamentario de la citada ley, aclara
que “la duplicación prevista en el art. 16 de la Ley 25.561 comprende todos los rubros indemnizatorios
originados con motivo de la extinción del contrato de trabajo”.
Es criterio de esta Sala que el Dto. 264/02 no configura un exceso reglamentario, pues el art. 16 de la Ley
25.561 hace una clara alusión a la “indemnización” como concepto genérico y el principio protectorio que
caracteriza al derecho del trabajo es coherente con esta interpretación. Por otra parte, no existe ningún
elemento que permita sostener la presencia de una indebida asunción de facultades legislativas por parte del
Poder Ejecutivo de la Nación y prescindiendo de la clara delegación a la que alude el art. 1 de la Ley 25.561 (en
sentido análogo, S.D. Nro. 85.534 del 13/12/03 “Prego Miguel Angel c/Club de Gimnasia y Esgrima”, S.D. Nº
84.720 del 15/4/03 “Blanco Ernesto Carlos Benito c/Club San Jorge S.A. Cía. de Capitalización y Ahorro”, del
registro de esta Sala).
Esta situación resultó modificada a partir de la vigencia de la Ley 25.972 (B.O.: 17/12/04) pues si bien dispuso
la prórroga de la suspensión de los despidos sin causa justificada establecida por el art. 16 de la Ley 25.561 y
sus modificatorias, hasta que la tasa de desocupación elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censo
(Indec) resulte inferior al diez por ciento, a continuación dispone que “En caso de producirse despidos en
contravención a dicha suspensión, los empleadores deberán abonar a los trabajadores afectados el porcentaje
adicional que fije el Poder Ejecutivo Nacional, por sobre la indemnización que les corresponda conforme a lo
establecido en el art. 245 de la Ley de Contrato de Trabajo 20.744 (t.o. en 1976) y sus modificatorias”.
El Dto. 2.014/04 (B.O.: 7/1/05) dispuso que a partir del 1 de enero de 2005, los empleadores en caso de
producir despidos en contravención a la suspensión dispuesta en el art. 16 de la Ley 25.561 y sus
modificatorias, debían abonar a los trabajadores afectados un ochenta por ciento (80%) adicional por sobre los
montos indemnizatorios que les correspondan (art. 1) y que a los efectos del cálculo de las sumas referidas en
el artículo precedente, el porcentaje adicional comprende todos los rubros indemnizatorios originados con
motivo de la extinción del contrato de trabajo (art. 2).
La demandada al contestar la demanda cuestionó la validez constitucional de dicho decreto porque no se limita
a reglamentar la ley sino que modifica su texto expreso (fs. 60 vta./68 vta.).
En mi criterio, le asiste razón pues frente a la claridad de la ley cabe concluir que el Poder Ejecutivo ha
incurrido en un exceso reglamentario que contraría el orden de prelación que prevé el art. 31 de la Constitución
Nacional y traspone los límites establecidos en el art. 99 inc. 2 de la Carta Magna.
En nuestro ordenamiento jurídico la ley tiene una jerarquía superior al decreto y por ello cualquier colisión,
contradicción o incompatibilidad entre la ley y el decreto debe resolverse naturalmente por la prevalencia de la
ley, esto es a favor del precepto de carácter legislativo, el cual mantiene su vigencia hasta ser derogado por
otro posterior (en sentido análogo, S.D. Nº 84.655 del 25/3/03 “Garay Pedro Máximo c/ E.F.A. Empresa
Ferrocarriles Argentinos y otro”, S.D. Nº 84.734 del 21/4/03 “Messina Ana y otros c/Instituto Nacional de la
Propiedad Industrial”, S.D. Nº 85.783 del 23/4/04 “Martín Leopoldo Emilio y Otros c/Poder Ejecutivo Nacional y
Otro”, del registro de esta Sala).
La Corte Suprema de Justicia de la Nación advirtió que las normas reglamentarias, siempre subordinadas a la
ley, se proyectan sobre detalles indispensables para asegurar su cumplimiento y la teleología de todo decreto
debe ceñirse a hacer efectivos los fines que se propuso el legislador, lo que la llevó a afirmar la existencia de
una cuestión constitucional en todo exceso reglamentario (ver, entre otros, Fallos 285:369; 295:384, etc. y
Bidart Campos, “Manual de la Constitución”, T. III, pág. 245 y ss.).
Considero que, cuando como en el caso, el texto de la ley es claro no corresponde acudir a interpretaciones
analógicas, más allá de las consideraciones que se podrían expresar acerca de la conveniencia de que la
solución prevista en la norma en cuestión alcanzase también a todas las indemnizaciones que percibe el
trabajador con motivo del despido.
Por ello ni el Poder Ejecutivo nacional al reglamentar la ley ni el juez al resolver un caso concreto pueden
sustituir al legislador y no cabe presumir que éste hubiera incurrido en un olvido o en una omisión no querida
(Fallos 308:164).
Corrobora mi tesitura el hecho de que el art. 4 de la Ley 25.972 se refiere en singular a la indemnización que
corresponda conforme al art. 245 de la L.C.T., por lo cual es válido concluir que el adicional se calculará
exclusivamente sobre la reparación prevista por el citado art. 245, lo cual ciñe el incremento a la llamada
indemnización por despido y excluye los demás resarcimientos que el trabajador percibe como consecuencia de
la cesantía (indemnización sustitutiva del preaviso, la llamada integración del mes de despido, así como otras
reparaciones previstas por estatutos especiales).
De modo reiterado he sostenido que las normas que imponen agravamientos indemnizatorios deben
interpretarse restrictivamente (en igual sentido, S.D. Nº 85.555 del 30/12/03 “Sánchez Alberto Nicolás
c/Corporación General de Alimentos S.A. s/despido”, S.D. Nro. 86.185 del 12/10/04 “Bichman Diego Gregorio
c/Transportes Metropolitanos General Roca S.A.”, S.D. Nº 86.056 del 11/8/04 “Sánchez Juan Carlos c/Cliba
Ingenieria Urbana S.A.”). Asimismo he señalado que el art. 19 de la Constitución Nacional establece que “…
nadie está obligado a hacer lo que no manda la ley ni privado de lo que ella no prohíbe…”, por consiguiente, no
puede imponerse al empleador un agravamiento de las indemnizaciones no previsto por ley.
Tampoco puede soslayarse que del texto de la Ley 25.972 resulta clara la voluntad del legislador de ir
reduciendo el incremento previsto por el art. 16 de la Ley 25.561 tanto en cuanto a su cuantía como a su
permanencia en el tiempo. Lo primero se evidencia en que se disminuye el agravamiento pues del doble, vale
decir del ciento por ciento pasa a ser un ochenta por ciento y el adicional se aplica sólo sobre la indemnización
por despido.
En consecuencia y por todo lo expuesto, propicio que en este caso concreto se declare la inconstitucionalidad
del Dto. 2.014/04 y que se confirme en este punto el fallo apelado (en sentido análogo, S.D. Nro. 88.357 del
30/11/06 “Grabuska La Rocca María Victoria c/ HSBC Bank Argentina S.A.”, del registro de esta Sala).
A la luz de todo lo expuesto, propongo que se confirme la sentencia de grado en todo cuanto fuera materia de
agravios y que las costas de la alzada se declaren en el orden causado, atento la suerte corrida por los
respectivos recursos (art. 68, 2ª parte, del C.P.C.C.N.).
Atento la infracción detectada y de conformidad con lo dispuesto por el art. 46 de la Ley 25.345, modificatoria
del art. 132 de la Ley 18.345, Res. 27 de esta Cámara del 14/12/00, propicio que en la etapa procesal
oportuna, se realice la comunicación de rigor.
Considero que los honorarios regulados en autos son equitativos, en atención al resultado del pleito, a la
calidad y extensión de las tareas desempeñadas por los profesionales intervinientes y a lo dispuesto en el art.
38 de la Ley 18.345, arts. 6, 7, 8, 9, 14, 19, 37, 39 y conc. de la Ley 21.839 y demás normas arancelarias
vigentes, por lo que propongo su confirmación. Asimismo, auspicio regular los honorarios de los letrados
actuantes ante esta alzada, en el veinticinco por ciento (25%) de lo que, en definitiva, les corresponda percibir
por sus trabajos ante la instancia previa.
Propicio que se haga saber a la obligada al pago de los honorarios de abogados y procuradores –excepto los
trabajadores- que a aquéllos se adicionará, en caso de corresponder, el monto relativo a la contribución del inc.
2 art. 62 Ley 1.181 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bajo apercibimiento de comunicar el
incumplimiento a la Caja de Seguridad Social para Abogados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
(CASSABA) mediante oficio de estilo en la oportunidad procesal correspondiente (art. 80, Ley 1.181 de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires y pto. II Acordada C.S.J.N. 6/05).
En relación con la adición del I.V.A. a los honorarios regulados, esta Sala ha decidido en la Sentencia Nº 65.569
del 27 de setiembre de 1993 en autos “Quiroga Rodolfo c/Autolatina Argentina S.A. s/ accidente-Ley 9.688”,
que el impuesto al valor agregado es indirecto y por lo tanto grava el consumo y no la ganancia, por lo que
debe calcularse su porcentaje que estará a cargo de quien debe retribuir la labor profesional. En el mismo
sentido se ha pronunciado la Corte Suprema de Justicia de la Nación en la causa “Compañía General de
Combustibles S.A. s/recurso de apelación” (C. 181 XXIV del 16 de junio de 1993) sosteniendo “que no admitir
que el importe del impuesto al valor agregado integre las costas del juicio –adicionárselo a los honorarios
regulados– implicaría desnaturalizar la aplicación del referido tributo, pues la gabela incidiría directamente
sobre la renta del profesional, en oposición al modo como el legislador concibió el funcionamiento del
impuesto”. Atento lo expuesto, en caso de tratarse de responsables inscriptos, deberá adicionarse a las sumas
fijadas en concepto de honorarios de los profesionales actuantes en autos el impuesto al valor agregado que
estará a cargo de quien debe retribuir la labor profesional.
En definitiva y por lo que antecede voto por:
I. Confirmar la sentencia apelada en todas sus partes y declarar en este caso concreto la inconstitucionalidad
del Dto. 2.014/04.
II. Declarar por su orden las costas de la Alzada.
III. Ordenar que en la etapa procesal oportuna se realice la comunicación prevista por el art. 46 de la Ley
25.345 a la Administración Federal de Ingresos Públicos.
VI. Regular los honorarios de los letrados actuantes ante esta alzada, en el veinticinco por ciento (25%) de lo
que, en definitiva, les corresponda percibir por sus trabajos ante la instancia previa; en caso de tratarse de
responsables inscriptos, deberá adicionarse a las sumas fijadas en concepto de honorarios de los profesionales
actuantes en autos el impuesto al valor agregado que estará a cargo de quien debe retribuir la labor
profesional.
V. Hacer saber a la obligada al pago de los honorarios de abogados y procuradores –excepto los trabajadores–
que a aquéllos se adicionará, en caso de corresponder, el monto relativo a la contribución del inc.2 art.62 Ley
1.181 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bajo apercibimiento de comunicar el incumplimiento a la Caja
de Seguridad Social para Abogados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CASSABA) mediante oficio de
estilo en la oportunidad procesal correspondiente (art. 80, Ley 1.181 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y
pto. II Acordada C.S.J.N. 6/05).
El doctor Guibourg dijo:
Que adhiere por análogos fundamentos al voto que antecede.
Por ello,
EL TRIBUNAL
RESUELVE:
I. Confirmar la sentencia apelada en todas sus partes y declarar en este caso concreto la inconstitucionalidad
del Dto. 2.014/04.
II. Declarar por su orden las costas de la Alzada.
III. Ordenar que en la etapa procesal oportuna se realice la comunicación prevista por el art. 46 de la Ley
25.345 a la Administración Federal de Ingresos Públicos.
VI. Regular los honorarios de los letrados actuantes ante esta alzada, en el veinticinco por ciento (25%) de lo
que, en definitiva, les corresponda percibir por sus trabajos ante la instancia previa; en caso de tratarse de
responsables inscriptos, deberá adicionarse a las sumas fijadas en concepto de honorarios de los profesionales
actuantes en autos el impuesto al valor agregado que estará a cargo de quien debe retribuir la labor
profesional.
V. Hacer saber a la obligada al pago de los honorarios de abogados y procuradores –excepto los trabajadores–
que a aquéllos se adicionará, en caso de corresponder, el monto relativo a la contribución del inc. 2, art. 62,
Ley 1.181 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, bajo apercibimiento de comunicar el incumplimiento a la
Caja de Seguridad Social para Abogados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CASSABA) mediante oficio de
estilo en la oportunidad procesal correspondiente (art. 80, Ley 1.181 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y
pto. II Acordada C.S.J.N. 6/05).
Regístrese, notifíquese y oportunamente, devuélvase.
Dres.: Ricardo Guibourg, juez de Cámara; Elsa Porta, jueza de Cámara
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