Juan y Regina

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Juan y Regina
Nombre: Pedro Alonso Muñoz
Curso: 3ºE
Juan fue condenado a cinco años de prisión por el robo de seis gallinas. Todo
sucedió el 10 de abril de 1943, durante los años de hambre de posguerra, en una granja
del pequeño pueblo pacense de Ordep. La necesidad de alimentar a sus seis hermanos
(todos menores de diez años), justo cinco años después de ser fusilado su padre, le
empujó a asaltar la granja de un antiguo combatiente franquista. La cercanía del dueño
de la explotación agrícola, que Juan había asaltado, al régimen político de la época,
supuso un aumento considerable de la condena, lo que provocó una sentencia
desmedida e injusta.
Su entrada en prisión le produjo gran tristeza unida a una fuerte
depresión. En el momento en que iba a ser encerrado en su celda, una de las carceleras
llamada Regina se fijó en él y aproximándose le preguntó: “¿por qué te han
condenado?”. Juan le contó de forma breve lo sucedido, para acabar diciéndole que era
inocente. Regina quedó conmocionada por la situación familiar de Juan.
La primera noche en prisión fue infernal. La celda tenía escasamente 6 m2, las
paredes rezumaban humedad, una pequeña ventana con el cristal sucio y roto era la
única comunicación con el exterior. A través de los gruesos y oxidados barrotes del
ventanuco se divisaba el patio de la prisión, con enormes torretas de vigilancia en cada
una de sus cinco esquinas. El silencio nocturno únicamente lo rompía el ruido de un
generador de luz.
El trabajo de Regina la obligaba a visitar diariamente a Juan. Siempre tenía
palabras de ánimo y esperanza hacia él. Poco a poco Regina se fue enamorando de Juan,
cada día que pasaba le gustaba más. A Juan le sucedía lo mismo, pero ninguno de los
dos declaraba su amor por miedo al rechazo.
Regina trataba bien a todos los reclusos, pero con un afecto especial a Juan.
Incluso alguna vez pensó en algún plan para dejarlo en libertad, pero si lo hacía no
estaría cumpliendo con su trabajo.
Después de mil cuarenta y siete días de prisión, a Juan le concedieron un
permiso de siete horas para salir de la cárcel por su buen comportamiento. Estas horas
las pasó con sus hermanos, que se llevaron una gran sorpresa pues no le esperaban.
Periódicamente disfrutó de otros permisos, pero siempre inferiores a un día.
Cuando le restaban trece semanas para alcanzar la libertad, fue trasladado a otra
cárcel donde se encontraban los reclusos cuyas condenas estaban a punto de ser
cumplidas. Dado que Juan no esperaba este cambio de centro penitenciario, no pudo
despedirse de Regina. Ella pensó que todo se debía al escaso interés que Juan tenía
hacia su persona. La decepción sufrida por Regina le condujo a una depresión y tuvo
que ser internada en un hospital.
Al salir de la cárcel, Juan buscó trabajo para así poder alimentar a sus hermanos.
Le ofrecieron tres trabajos: camarero, barrendero y auxiliar en un hospital. Escogió el de
auxiliar, pues el trabajar de noche le permitiría cuidar a sus hermanos durante el día.
Cuando llevaba trabajando más de veinte días en el hospital se llevó una gran
sorpresa, porque al ir a servir los alimentos a los enfermos se encontró con Regina.
Tanto a Regina como a Juan el encuentro les llenó de alegría. A partir de ese momento,
Juan le llevaba todos los días la comida, tratando a Regina con tanto cariño como ella lo
había hecho cuando él estaba en la cárcel. Día a día Regina mejoraba y no tardó mucho
en recibir el alta médica. A la salida del hospital, Regina le declaró su amor a Juan, que
debido a la emoción del momento sufrió un infarto y murió unas horas más tarde.
Andrés, el menor de los hermanos de Juan, entregó a Regina un papel que Juan
llevaba, cuidadosamente doblado, en el bolsillo de su chaqueta en el momento del
fallecimiento. Con lágrimas en los ojos, Regina cogió la nota, la abrió con ansiedad y
comenzó a leerla en voz alta: “Amada Regina: en mis días en la cárcel, mi única ilusión
era poderte ver, sentirte cerca y escuchar tus palabras de ánimo y cariño. Tú ocupas en
mi corazón un lugar tan especial como el de mis hermanos. Te Quiero.”
Tanto Regina como los hermanos de Juan se emocionaron y fundieron en un
fuerte y largo abrazo, prometiendo Regina que desde ese instante ella se haría cargo del
cuidado de los cinco hermanos de Juan.
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