El tercer hombre; Carol Reed

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EL TERCER HOMBRE
Argumento.
Viena, 1949. En este clásico de espías de la Guerra Fría, el norteamericano Holly Martins, un escritor de
novelas policíacas, llega a la capital austriaca cuando la ciudad está dividida en cuatro zonas, ocupada por los
aliados de la Segunda Guerra Mundial. Holly llega reclamado por un amigo de la infancia, Harry Lime, que le
ha prometido trabajo. Pero el mismo día de su llegada coincide con el entierro de Harry, quien ha sido
atropellado por un coche. Allí conoce a la novia de Harry, Anna, de la que pronto se enamora.
Sin embargo, las versiones contradictorias y el clima de misterio que envuelve todo, llevan a Holly a
investigar el caso, pues sospecha que su amigo ha sido asesinado. El Mayor Calloway, de las fuerzas de
ocupación británicas, le convence de que Lime es un peligroso delincuente que se ha refugiado en la zona
soviética. Así, Holly descubre que Harry no era la persona enterrada, sino un traficante de penicilina
adulterada.
Entonces se decide a colaborar con las autoridades, y se presta como cebo para capturar a Harry Lime. Al
final, tras abatir a tiros a su enigmático y antiguo amigo, perseguido y acosado en los canales de las
alcantarillas de Viena, Anna pasará al lado de Holly despreciándole.
Notas sobre Graham Greene y Carol Reed.
El director Carol Reed y el novelista Graham Greene habían trabajado en colaboración en El ídolo caído
(1948). El productor Alexander Korda estaba ansioso de hacerlos trabajar juntos una vez más. Aunque se
pusieron de acuerdo en la ambientación de la historia, la Viena de la inmediata posguerra, no lograron definir
un argumento, hasta que Greene sacó a colación una antigua idea para una novela. Esa idea fue la base de El
tercer hombre. Greene esbozó su historia en forma de cuento y luego, en estrecha colaboración con Reed, la
convirtió en guión. Aunque en muchos aspectos es un clásico cuento de Graham Greene, con sus temas de
culpa y desengaño, corrupción y traición, el escritor mismo se ha apresurado a darle crédito a Reed por
muchas de las memorables cualidades de la película. Fue Reed quien insistió en el amargo final sin
compromisos y quien descubrió al citarista vienés Anton Karas, cuyo tema de Harry Lime le dio a la película
un toque siniestro muy especial; quien convenció a Orson Welles para que hiciera el papel, comparativamente
pequeño pero esencial, de Harry Lime y quien le dio notable vida visual al brillante guión de Greene, un
perfecto matrimonio de palabra e imagen sonido e imagen, sonido y símbolo. La odisea del escritor Holly en
busca de una verdad que va a destruir a su más viejo amigo, a la mujer que ambos aman y, en un cierto
sentido a Holly mismo, se desarrolla ante el trasfondo de la Viena de posguerra, inolvidablemente evocada por
la poderosa fotografía en claroscuro de Robert Krasker. Los vastos edificios barrocos, llenos de ecos, que
sirven como cuarteles militares y las decadentes casas de alojamiento son un recuerdo melancólico de la
antigua Viena, la ciudad de los valses de Strauss y de la elegancia de la Casa de Habsburgo hundida, al
terminar la guerra, en un mundo pesadillesco de intrigas políticas y asesinatos. Las calles estrechas y sombrías
y los lugares bombardeados son el refugio del mercado negro, habitantes vívidamente descritos de una
sociedad dislocada. Hay apariciones: la gigantesca rueda de Chicago de Prater, desde la cual mira
despectivamente a los mortales, y las cañerías vienesas, en una secuencia final admirablemente montada,
donde es acorralado como una rata. Los lugares llenos de atmósfera, fotografiados en extremas angulaciones,
y el sombrío juego de luces producen un aura constante de tensión, misterio y corrupción, un aura aumentada,
más que disminuida, por los relámpagos de humor negro. El tercer hombre fue una de las cumbres del cine de
la inmediata posguerra y del cine británico en particular.
Fue nominada a varios Premios de la Academia, y se ganó el Oscar a la Mejor Cinematografía, a cargo de
Robert Krasker.
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Contexto histórico.
Al final de la II Guerra Mundial Viena sufrió graves daños, pero tras la firma del tratado de paz con los
aliados en 1955, que garantizaba la neutralidad de Austria, recobró de nuevo una considerable importancia
como centro comercial y de transporte. En la actualidad la ciudad domina la vida económica y cultural de
Austria y acoge a una quinta parte de la población total del país.
Las estadísticas fundamentales de la II Guerra Mundial la convierten en el mayor conflicto de la historia en
cuanto a los recursos humanos y materiales empleados. En total, tomaron parte en esta contienda 61 países
con una población de 1.700 millones de personas, esto es, tres cuartas partes de la población mundial. Se
reclutó a 110 millones de ciudadanos, más de la mitad de los cuales procedían de tres países: la URSS (22−30
millones), Alemania (17 millones) y Estados Unidos (16 millones).
La mayor parte de las estadísticas de la guerra son únicamente cálculos aproximados. La inmensa y caótica
destrucción del conflicto ha imposibilitado la elaboración de un registro uniforme. Algunos gobiernos
perdieron el control de los datos, y otros decidieron manipularlos con fines políticos.
Se ha alcanzado un cierto consenso con respecto al coste total de la guerra. Se estima que el económico rebasó
el billón de dólares estadounidenses, lo que la hace más onerosa que todas las anteriores guerras en conjunto.
El coste humano sin incluir a los más de 5 millones de judíos asesinados en el Holocausto, que fueron
víctimas indirectas de la contienda se estima en 55 millones de muertos, 25 millones de los cuales eran
militares y el resto civiles.
Comentario de la película.
Como el mismo Greene dice en el prólogo: El tercer hombre no fue escrito para ser leído, sino para ser visto.
Desde mi punto de vista, creo conveniente declararme una aficionada a la música y más a la de esta película,
no he escuchado en otro filme una música tan pegadiza, el autor Anton Karas, tiene mi reconocimiento y mi
admiración como espectadora. Ya lo dijo usted al finalizar la película, pero yo lo afirmo ahora, ya que cada
vez que veo la película salgo de mi casa tarareando esa musiquilla.
Reconocer que es un clásico inmejorable es algo muy tópico, pero no se puede negar la fantástica realización
de esta película, una Viena destruida por la Guerra, que mantiene cuatro divisiones políticas dentro de la
misma ciudad, y la convivencia de los habitantes siguiendo las leyes según que suelo pisen, es algo irrepetible
en nuestra historia.
Analizándola, podemos llegar a concluir, en este caso mi opinión, que nadie querría ser el protagonista de esta
historia, una novela escrita por Graham Greene, que nos expone como Holly debe elegir entre el amor y la
amistad, y entre lo bueno y lo malo.
Está la del suspense de la trama. Ese tercer hombre no es un fantasma, es un hombre que ha dejado de ver a
las personas desde el suelo, y las mira insignificantes subido en lo alto de una noria en el Práter de Viena,
quitándole importancia a la desaparición de esas manchas que se divisan abajo, desde una altura donde se
elude la moral y la razón en aras del mejor de los negocios, el de la muerte.
Pero, también podemos hallar la lectura psicológica de la culpa, del sentimiento de la soledad, de la
frustración, del miedo, todo lo que si uno se fija bien, transmite así mismo la mirada del mismo autor en las
fotografías.
Las escenas que me impactan de este filme puede que sean dos en concreto:
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La aparición de Harry Lime, con la iluminada cara de un sardónico Welles ante la sorpresiva mirada de
Cotten, es realmente prodigiosa, un momento cumbre de esta obra maestra.
Y el primer plano de las manos de Harry intentando salir de las alcantarillas, una escena digna de representar
la libertad, una petición a su amigo de esa libertad que se ve imposible a causa del disparo. Esta escena hace
que se me erice la piel, sólo mirarla comprendes lo añorada que puede ser la salvación o libertad.
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