6ª COMPOSICIÓN: CAÍDA DEL IMPERIO COLONIAL Y LA CRISIS

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6ª COMPOSICIÓN: CAÍDA DEL IMPERIO COLONIAL Y LA CRISIS DEL
98
1. Comentario de los documentos
2. Introducción:
La pérdida del imperio colonial español creado en el siglo XVI hay que enmarcarlo en el
proceso de creación de imperios coloniales de los países más industrializados:
Inglaterra, Francia, Alemania, EEUU... a partir de 1850.
A finales de siglo XIX España se encontraba aislada internacionalmente, no habiendo
conseguido entrar en ninguno de los sistemas de alianzas de estos países, ni en el
reparto de África Además en la década de los noventa hay un reajuste internacional de
las colonias En ese contexto perderemos Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
La crisis del 98 es un hito esencial en la historia de España; un hecho a partir del
cual es posible establecer un antes y un después.
Durante la Restauración se confirma la posición de segundo orden internacional de
España al perder las últimas colonias americanas.
3. La caída del imperio colonial
. Antecedentes:
Hacia 1850, se inicia un nuevo ciclo en la expansión colonial de Europa y de las nuevas
potencias, entre las que destaca Estados Unidos que supone la extensión del
capitalismo a todo el mundo y que se relaciona con la Revolución Industrial que
experimentó, en el último tercio del siglo, una nueva aceleración. Los países europeos
abrieron nuevas rutas de comunicación (Canal de Suez, 1869), se lanzaron a la
conquista militar y económica de todos los territorios a su alcance, África y Asia
principalmente. Influyen en este imperialismo factores: económicos, políticos,
demográficos, tecnológicos, culturales… Y tiene también su justificación intelectual: la
creencia de la superioridad de la raza blanca sobre las demás (A partir de este
supuesto, la conquista colonial en Asia y en África se convierte –además de en un
negocio- en un deber para las potencias europeas (que tienen la obligación de civilizar el
mundo)
Paralelamente, el mismo fenómeno imperialista puede observarse en los Estados Unidos:
desde 1823, la Doctrina Monroe establece el principio de “América para los americanos”. Se
justificaba la expansión por América basándose en la superioridad moral y racial de la
sociedad norteamericana anglosajona. A los americanos del resto de América, a pesar de
tener muchos de ellos origen también europeo, se les consideraba inferiores o mestizos.
Desde esta perspectiva han de entenderse las guerras contra México lo que duplicó la
extensión del país); la compra de territorios: Louisiana, en 1803, Florida en 1825 o Alaska,
comprada a los rusos en 1867); y, por supuesto, la Conquista del Oeste, que significó la
aniquilación de los indígenas. Los Estados Unidos también orientaron su expansión hacia el
Pacífico y el Caribe donde tropezarán con España en diversos lugares como la isla de Guam,
Filipinas, Cuba y Puerto Rico, es decir, lo que restaba del antiguo imperio colonial español.
El conflicto cubano y filipino:
En Cuba se desarrollo una importante economía basada en el cultivo de azúcar y tabaco. La
mecanización de los cultivos y la permanencia de mano de obra esclava negra habían
enriquecido a la isla, lo que permitió el desarrollo de una burguesía criolla, rica y culta, con
lazos familiares y culturales con la península. Esto explica que, Cuba y Puerto Rico fueran
consideradas tan españolas como las Baleares o las Canarias y explica también que, el
independentismo fuese tardío, minoritario entre los hacendados locales más inclinados a la
autonomía que a la independencia. La economía cubana estaba fuertemente ligada a la
estadounidense, la mayoría de las exportaciones se dirigía a EE.UU. A finales de siglo
exportaban el 90% del tabaco y azúcar a Estados Unidos. Ese interés por la autonomía se
explica también porque la burguesía criolla estaba marginada de los cargos públicos,
mayoritariamente ocupados por españoles peninsulares, además no tienen representación en
Cortes y se ven perjudicados económicamente por los fuertes aranceles que la metrópolis
imponía al comercio con otros países, sobre todo con EEUU.
La sublevación comenzó aprovechando el estallido de la Revolución de 1868 en la península.
El llamado Grito de Yara fue lanzado por Carlos M. Céspedes con el propósito de
establecer una república cubana independiente: es el principio de la llamada Guerra Larga o
de los Diez Años (1868-1878). Pero el levantamiento de los esclavos asustó a la burguesía
criolla que se puso de parte de España, eso sí, pidiendo mayor autonomía para la isla. Al
final, en 1878 se firma la Paz de Zanjón en la que se acuerda:
1) Los cubanos tendrían representantes en las Cortes españolas
2) La abolición de la esclavitud.
3) Amnistía política e indulto general a los insurgentes
. 4) Dotar a la isla mayor autonomía política y económica.
Los gobiernos españoles no llevaron a cabo estos acuerdos. Sólo se aprobó la abolición de la
esclavitud (1888), y que los cubanos tuvieran representación en las Cortes, ya que las
propuestas de dotar a Cuba de autonomía y de un proyecto de reforma del estatuto colonial
de Cuba planteado por el gabinete liberal (1893) fueron rechazadas por las Cortes. Porque
las oligarquías peninsulares (vascos y catalanes) con intereses económicos en las Antillas
impidieron su puesta en práctica.
Así se pasó del autonomismo frustrado al separatismo.
Las tensiones entre la colonia y la metrópoli aumentaron a raíz de la aprobación de los
aranceles en 1891 por los que se reforzó la condición de Cuba como espacio reservado para
los productos españoles. Esta situación también molestó a EEUU que veía como no podía
vender sus productos en la isla.
La guerra de Cuba y Filipinas
La guerra estalla en 1895 José Martí, líder del Partido Revolucionario Cubano, inicia la
sublevación conocida como el GRITO DE BAIRE consiguió sublevar la parte oriental de la
isla, la más antiespañola. Cánovas envía al general Martínez Campos para que combine la
negociación con la guerra, al no conseguirlo, lo retira y envía al general Weyler, que impuso
su línea dura y represiva. Consistía en dividir en tres el territorio de la isla por medio de
trochas, o líneas fortificadas que impedían el paso de los insurrectos, con lo que se
facilitaba su eliminación. En 1896 la guerra estaba prácticamente ganada por España, pero
entonces se produjo la intervención americana. Esta dureza y crueldad que utilizó Weyler
provocó una protesta internacional, lo que aprovecharía EEUU para intervenir.
El presidente americano Mckinley protestó duramente por la dureza de Weyler al gobierno
de España e intentó comprar la isla por 300 millones de dólares, a lo que el gobierno por
patriotismo se negó. Pero los americanos aprovecharon el incidente del Maine (explosión
de un buque de guerra estadounidense en el puerto de la Habana de origen incierto) para
mandarle un ultimátum a España que en definitiva era una declaración de guerra. En 1897
Cánovas es asesinado y toman el poder los liberales que deciden dar a Cuba una amplía
autonomía política y económica. Pero ya era demasiado tarde los cubanos no la aceptan y la
guerra continúa.
Coincidiendo con la insurrección cubana, se produjo también la de Filipinas
(1896-97). En este archipiélago, la presencia española era más débil que en las Antillas y se
limitaba en buena medida a las órdenes religiosas, la explotación de algunos recursos
naturales y su utilización como punto comercial con China. El levantamiento filipino fue
también duramente reprimido y su principal dirigente, José Rizal, acabó siendo ejecutado
mientras los insurrectos.
Las fuerzas eran desiguales; al poderío económico y militar americano solo se le oponía un
viejo y mal dotado ejército español. Eso sí, en España, fomentado por la prensa y la
burguesía catalana, estalló una gran campaña y ola de patriotismo.
La guerra se desarrolló en dos frentes en el Pacífico y en el Caribe. La victoria americana
fue rápida en Cavite, Filipinas y en Santiago de Cuba.
En diciembre de ese mismo año se firmó la Paz de París, que significó el abandono, por
parte de España, de Cuba, Puerto Rico (donde no se había producido revuelta antiespañola),
Guam y las Filipinas que quedaron a partir de ese momento bajo la influencia y dominio
americano, el gobierno español vendió a Alemania las Islas Carolinas, las Marianas (excepto
Guam) y las islas Palaos.
Las Consecuencias del “desastre” del 98
A pesar de la envergadura, sus repercusiones inmediatas fueron menores de lo que se
esperaba. No hubo una gran crisis política ni la quiebra de Estado, y el sistema de la
Restauración sobrevivió
Los viejos políticos conservadores y liberales se adaptaron a los nuevos tiempos.
Así, que la crisis del 98, más que política o económica, fue fundamentalmente una crisis
moral e ideológica, que causó un importante impacto psicológico entre la población
En efecto, la derrota de 1898 sumió a la sociedad y a la clase política española en un estado
de desencanto y frustración. Para quienes la vivieron, significó la destrucción del mito del
imperio español, en un momento en que las potencias europeas estaban construyendo vastos
imperios coloniales en Asia y África, y la relegación de España a un papel secundario en el
contexto internacional. Además, la prensa extranjera presentó a España como una nación
moribunda, con un ejército totalmente ineficaz, un sistema político corrupto y unos
políticos incompetentes. Y esa visión cuajó en buena parte de la opinión pública española.
De la derrota surgió una nueva idea y un nuevo impulso: LA MODERNIZACIÓN DE
ESPAÑA, ya que para todos la causa fundamental del desastre estaba en nuestro retraso
con respecto a los países del entorno. En este contexto, se instaló en España el movimiento
Regeneracionista, un regeneracionismo que va a llegar hasta nuestros días. Se puede
definir el regeneracionismo como un movimiento ideológico que propugna una modernización
política, económica y social. Modernización que vendría europeizando a España. El
Regeneracionismo tiene sus precedentes en los ilustrados del siglo XVIII, como ellos se
basan en un análisis pesimista y crítico de la situación de España y la necesidad de un
cambio, de una regeneración
Es ahora cuando aparecen cuestiones como “el problema de España”, nación eternamente
atrasada y necesitada, elementos ideológicos que van a impregnar la política española
durante todo el siglo XX, incluida la etapa franquista, la Transición Democrática y al
actualidad.
Repercusiones económicas
A pesar de la pérdida de los mercados coloniales protegidos y de la deuda causada por la
guerra, no se produjo un desastre económico. La Deuda Pública disminuyó gracias a la
repatriación de los capitales cubanos.
Repercusiones políticas:
Los movimientos nacionalistas conocieron una notable expansión, sobre todo en el País
Vasco y en Cataluña, donde la burguesía industrial comenzó a tomar conciencia de la
incapacidad de los partidos dinásticos para desarrollar una política renovadora y orientó su
apoyo hacia las formaciones nacionalistas, que reivindicaban la autonomía y prometían una
política nueva y modernizadora de la estructura del Estado. El movimiento obrero y el
republicanismo se radicalizaron.
El gobierno de Sagasta fue sustituido por el conservador, Francisco Silvela, quien convocó
elecciones. El nuevo gobierno inició una política reformista, se esbozaron proyectos de
descentralización administrativa, y se crearon nuevos impuestos para hacer frente a las
deudas contraídas durante la guerra. Pero estas nuevas cargas fiscales, impulsaron una
huelga de contribuyentes.
En 1901, María Cristina otorgó el poder a los liberales. Las promesas de "regeneración"
habían quedado en retórica, sin que tuviesen una auténtica incidencia en la vida política del
país. El turno de partidos y las viejas prácticas políticas estaban mostrando su capacidad
para amoldarse a cualquier intento de cambio y de regeneración. El sistema de la
Restauración había recibido un duro golpe, pero había sobrevivido casi intacto al desastre .
Repercusiones culturales:
Desde el último tercio del siglo XIX, las ideas Krausistas hablaban ya de la necesidad de
extender la educación y de reformas sociales como único medio de hacer progresar al país.
Pero, tras el 98 surgieron con mucha fuerza una serie de corrientes regeneracionistas que
contaron con cierto respaldo de las clases medias y cuyos ideales quedaron ejemplificados
en el pensamiento de Joaquín Costa, que propugnaba la necesidad de dejar atrás los mitos
de un pasado glorioso, modernizar la economía y la sociedad y alfabetizar a la población
("escuela y despensa y siete llaves al sepulcro del Cid"). También defendía el
desmantelamiento del sistema caciquil y la transparencia electoral.
Además, el "desastre" dio cohesión a un grupo de intelectuales, conocido como la
Generación del 98 (Unamuno, Valle lnclán, Pío Baroja, Azorín... ). Todos ellos se
caracterizaron por su profundo pesimismo, su crítica frente al atraso peninsular y
plantearon una profunda reflexión sobre el sentido de España y su papel en la Historia.
Repercusiones en el ejército y en las clases populares:
La derrota militar supuso también un importante cambio en la mentalidad de los militares,
que se inclinaron en buena parte hacia posturas más autoritarias e intransigentes frente a
la ola de antimilitarismo que siguió al "desastre". Esto comportó el retorno de la injerencia
del ejército en la vida política española, convencido de que la derrota había sido culpa de la
ineficacia y corrupción de los políticos y del parlamentarismo. El ejército derrotado paso a
considerarse garante de la unidad nacional que amenazaban los nacionalismos y de la paz
social que lo hacía el movimiento obrero) Por otra parte, el descontento popular por el
sistema de reclutamiento (quintas) y la posibilidad de evitarlo mediante el pago de una
suma, hicieron las guerras coloniales extraordinariamente impopulares.
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