EFECTOS GENERALES DEL CALOR.
(252) La acción general del calórico sobre los cuerpos consiste en desarrollar entre sus moléculas una fuerza
repulsiva que lucha sin cesar contra la atracción molecular; resultando de aquí que, por la influencia de este
agente, tienden los cuerpos a dilatarse primero, es decir, a adquirir mayor volumen, y a cambiar de estado en
seguida, esto es, a pasar de sólidos a líquidos, y de líquidos al de fluidos aeriformes.
Todos los cuerpos se dilatan por efecto del calórico, siendo los más dilatables los gases, luego los líquidos, y
por último, los sólidos. En estos últimos se distinguen la dilatación lineal, según una sola dimensión y la
cúbica o en volumen; si bien, a decir verdad, jamás tiene lugar la una sin que también se ve verifique la otra.
En los líquidos y gases sólo se consideran las dilataciones respecto al volumen.
Para demostrar la dilatación lineal de los metales se emplea un aparato que consta de una barra metálica A fija
por uno de sus extremos mediante un tornillo de presión B; encontrándose el otro que se halla libre, en
contacto con el brazo menor de una aguja K, móvil sobre un cuadrante. Debajo de la barra existe un depósito
cilíndrico, en el que se quema alcohol. La aguja K marca en un principio el punto cero, pero a medida que se
calienta la barra A, asciende aquélla, patentizando así la prolongación de la barra.
La dilatación cúbica de los sólidos se demuestra por medio del anillo de S'Gravesande, denominándose así un
pequeño anillo metálico m, por el cual pasa libremente, a la temperatura ordinaria, una esferita de cobre a, que
tiene casi el mismo diámetro; pero luego que se la calienta a la llama de una lámpara de alcohol, no puede
pasar ya al través del anillo, quedando demostrado de esta suerte el aumento de volumen.
Para cerciorarse de la dilatación de los líquidos, se suelda a un globo de vidrio un tubo capilar, y llenando
aquél y parte de éste de un líquido cualquiera, se nota que al calentarle sube el líquido en el tubo. La
dilatación que así se observa, es siempre mucho mayor que en los sólidos.
El mismo aparato puede utilizarse para demostrar la dilatación de los gases. Al efecto se llena el globo de aire
o de cualquier otro gas, y se introduce en el tubo un índice de mercurio de dos o tres centímetros de longitud.
Cuando se calienta el globo, o al aproximar simplemente la mano, es repelido el índice hacia la extremidad
del tubo, lista que por fin es expulsado. Esto nos prueba claramente que los gases son muy dilatables, aun bajo
la influencia de un débil aumento de calor.
En los experimentos que hemos descrito, luego que se enfrían los cuerpos, se contraen y recobran
exactamente su volumen primitivo, cuando el calórico llega a adquirir su primera intensidad.
GANOT, A. Tratado elemental de Física experimental y aplicada. 2ª edición. Madrid, 1871.
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