PALABRAS PRONUNCIADAS ANTE LOS MAESTROS Y ALUMNOS

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PALABRAS PRONUNCIADAS ANTE LOS MAESTROS Y ALUMNOS DE LA ESCUELA NORMAL
RURAL "LICENCIADO GABRIEL RAMOS MILLÁN". ROQUE, GTO, 13 DE NOVIEMBRE DE 1965
Señor director de la Escuela Normal Rural "Lic, Gabriel Ramos Millán", señores
maestros y alumnos: Me es muy grato saludarlos y agradecer a la generación "7 de
Noviembre", 1960-1965 la cordial invitación que se sirvieron hacerme para apadrinarlos
en su graduación.
Situada su escuela, como el nombre lo indica, en el medio rural, es ocasión propicia
para referirse brevemente al sector de la población con que ustedes tendrán mayor
relación: los trabajadores del campo y sus hijos.
Considero que los egresados de las escuelas normales rurales establecidas en el país,
tienen clara conciencia de que los conocimientos adquiridos en las aulas pertenecen a la
colectividad en que actuarán para elevar su nivel educativo y que, a su vez, los nuevos
maestros necesitan conocer, comprender y sentir los problemas de los campesinos para
que puedan ayudar más eficazmente a los de su propio origen, ya que la docencia,
donde quiera que se practique, debe también nutrirse del medio mismo en que se
imparte.
Seguramente que se familiarizarán ustedes con los asuntos agrarios que afectan a los
trabajadores del campo, y con los que genera el cultivo de la tierra, ya que a las
primeras disciplinas de la educación hay que añadir, las no menos importantes, de la
enseñanza y la práctica de mejores técnicas agrícolas para que aquéllos obtengan mayor
producto y mejores rendimientos en su trabajo.
El derecho de los campesinos a la tierra, la unidad entre ellos para hacerlo respetar y
defenderlo solidariamente cuando sea necesario, la educación y la capacitación técnica,
por elemental que ésta sea, son todas cuestiones que deben interesar a los nuevos
maestros de las escuelas normales rurales, sabiendo que ello implica dedicación y
entrega de su parte en beneficio de quienes, con su esfuerzo, proveen al pueblo
mexicano de alimentos y de materias primas a la industria, coadyuvando grandemente al
desarrollo general del país.
Es obvio y universalmente reconocido que una agricultura diversificada, en continuo
incremento y que satisfaga las necesidades de los trabajadores rurales, abre el camino
para el desarrollo de una industria sana y de un comercio próspero, bases que
consolidan toda nacionalidad capaz de nutrir su economía sobre sus propios esfuerzos y,
lograr así, una vida verdaderamente independiente.
Estos objetivos fundamentales, que se sustentan primordialmente en la realización de la
reforma agraria hasta sus últimas consecuencias, constituyen las columnas medulares
del progreso. Por ello, esto sólo es posible dando apoyo decidido a los ejidatarios,
proporcionándoles los elementos técnicos y económicos adecuados, para que trabajen
con mayor estímulo en la gran tarea del desarrollo integral de México.
La falta de técnicos en la agricultura sigue siendo un problema primordial y, mientras
no se resuelva, ustedes tienen que suplir, en lo posible, la carencia de elementos
especializados. Así que el papel de los egresados de las escuelas normales rurales es
muy importante, porque van a servir a las masas campesinas, que constituyen la mayor
parte de nuestra población, que es la que más necesita del consejo de quienes, como
ustedes, han tenido el privilegio de capacitarse para servir mejor al país y con empeño y
lealtad a los de su propia clase.
La necesidad de intensificar la capacitación de la clase campesina hace pensar que,
conjuntamente con la creación de nuevas escuelas normales rurales, llegarán a
reinstalarse las escuelas prácticas de agricultura que en períodos pasados creó el
régimen de la Revolución, y que se aumentarán cuantas sea posible organizar en el
territorio nacional, ya que la fundación de estas Escuelas obedeció a la imperiosa
necesidad de capacitar a los campesinos para que empleen técnicas más avanzadas que
vengan a aumentar la producción agrícola del país y, a la vez, pagar una deuda que el
propio régimen de la Revolución tiene contraída con el pueblo, que ofreció su vida
luchando por su libertad política, su cultura y su elevación económica.
Los que cayeron en las luchas por la Independencia, la Reforma y la Revolución, han
dado al pueblo vigor para superarse y no quedar rezagado en un mundo de
transformaciones que ya preocupan a quienes se han desentendido de las necesidades de
grandes sectores humanos, sin pensar en su propia responsabilidad y en el hondo
problema social ante el cual tendrán que enfrentarse sus hijos, si por ceguera o egoísmo
no contribuyen hoy a encontrarle expedita solución.
No puede ignorarse ni desconocerse que la distribución de la tierra ha sido la base del
desarrollo económico que ha alcanzado México, ni menos negarse que a la clase
campesina se le debe gran parte de la riqueza acumulada en nuestro país, y la que por
millones de toneladas de productos agrícolas ha ido también a enriquecer la economía
de otros países.
Es oportuno repetir, en este acto, la satisfacción que causa encontrar, en, los centros
rurales de todo el territorio nacional, el empeño ejemplar de los campesinos en la
educación de sus hijos, aportando sus pequeños recursos para que estudien o
invirtiéndolos en la construcción de sus escuelas. Esto impresiona y es un, ejemplo
digno de imitarse por quienes disponen de mayores medios económicos, para que no
haya niños sin escuela y evitar que se pierda la posibilidad de contar con mayor
contingente capacitado que, con su inteligencia y sus conocimientos, contribuya a
acelerar el progreso de nuestro país.
A los habitantes de este glorioso estado de Guanajuato, cuna del padre de nuestra patria
y a los maestros y alumnos de las escuelas normales rurales, les dedico, en este día de
fiesta de los nuevos mentores mi más ferviente y cordial saludo, reiterándoles mi fe en
que las nuevas generaciones de hoy sabrán hacer honor a los postulados sociales de la
Revolución Mexicana.
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