Temario General de la ESTT - OEP 2011
Grupo de Materias Generales
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TEMA 26
EL
PROCEDIMIENTO
ADMINISTRATIVO
COMÚN.
CONCEPTO,
NATURALEZA
Y
CARACTERIZACIÓN.
EL
PROCEDIMIENTO
ADMINISTRATIVO. SUS FASES. LOS PROCEDIMIENTOS ESPECIALES.
NATURALEZA DE LOS PROCEDIMIENTOS EN MATERIA DE TRÁFICO Y
SEGURIDAD VIAL
1. EL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO
NATURALEZA Y CARACTERIZACIÓN.
COMÚN.
CONCEPTO,
1.1 Aproximación constitucional.
1.2 Concepto y Naturaleza.
2. CARACTERIZACIÓN DEL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO.
2.1 Características del procedimiento administrativo
2.2 Principios del procedimiento.
a)
b)
c)
d)
El carácter contradictorio del procedimiento administrativo.
El principio de economía procesal.
El principio "in dubio pro actione".
El principio de oficialidad.
3. EL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO. SUS FASES.
4. LOS PROCEDIMIENTOS ESPECIALES
5. NATURALEZA DE LOS PROCEDIMIENTOS EN MATERIA DE TRÁFICO Y
SEGURIDAD VIAL.
BIBLIOGRAFÍA
Autor:
Ernesto Abati García-Manso
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1. EL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO
NATURALEZA Y CARACTERIZACIÓN.
1.1.
COMÚN.
CONCEPTO,
Aproximación constitucional.
La Constitución recoge en el Título IV los principios que inspiran la actuación
administrativa del Gobierno y garantizan el sometimiento pleno de su actividad
a la Ley y al Derecho. La regulación del régimen jurídico de las
Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común
constituye una pieza clave en las relaciones de la Administración con los
ciudadanos y en la satisfacción de los intereses generales a los que la
administración debe servir por mandato constitucional.
El artículo 105 establece: " La ley regulará:
……….
c) El procedimiento a través del cual deben producirse los actos
administrativos, garantizando, cuando proceda, la audiencia del interesado."
La Constitución, teniendo en cuenta la estructura del Estado español
establecida en su Título VIII, garantiza en el artículo 149.1.18 un marco común
para todas las Administraciones Públicas. Dicho marco común tiene como
finalidad última asegurar la igualdad de trato de los ciudadanos por parte
de todas ellas.
Así, el apartado 18 del artículo 149.1 CE señala que el Estado tiene
competencia exclusiva sobre "Las bases del régimen jurídico de las
Administraciones públicas y del régimen estatutario de sus funcionarios que, en
todo caso, garantizarán a los administrados un tratamiento común ante ellas; el
procedimiento administrativo común, sin perjuicio de las especialidades
derivadas de la organización propia de las Comunidades Autónomas;
legislación sobre expropiación forzosa; legislación básica sobre contratos y
concesiones administrativas y el sistema de responsabilidad de todas las
Administraciones públicas".
El artículo 149.1.18. de la Constitución distingue entre las bases del régimen
jurídico de las Administraciones Públicas, que habrán de garantizar al
administrado un tratamiento común ante ellas; el procedimiento administrativo
común, sin perjuicio de las especialidades derivadas de la organización propia
de las Comunidades Autónomas y el sistema de responsabilidad de todas las
Administraciones Públicas.
La delimitación del régimen jurídico de las Administraciones Públicas se
engloba en el esquema «bases más desarrollo» que permite a las
Comunidades Autónomas dictar sus propias normas siempre que se ajusten a
las bases estatales. Sin embargo, respecto al procedimiento administrativo
común y al sistema de responsabilidad de las Administraciones Públicas,
aunque su formulación jurídica sea la manifestación expresa y la traducción
práctica para los ciudadanos de la aplicación regular del propio régimen
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Ernesto Abati García-Manso
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jurídico, la Constitución las contempla como una competencia normativa plena
y exclusiva del Estado.
La Ley 30/1992 recoge esta concepción constitucional de distribución de
competencias y regula el procedimiento administrativo común, de
aplicación general a todas las Administraciones Públicas, que fija las
garantías mínimas de los ciudadanos respecto de la actividad
administrativa. Esta regulación no agota las competencias estatales o
autonómicas de establecer procedimientos específicos “ratione materiae” que
deberán respetar, en todo caso, estas garantías. La Constitución establece la
competencia de las Comunidades Autónomas para establecer las
especialidades derivadas de su organización propia pero además, como ha
señalado la jurisprudencia constitucional, no se puede disociar la norma
sustantiva de la norma de procedimiento, por lo que también ha de ser posible
que las Comunidades Autónomas dicten las normas de procedimiento
necesarias para la aplicación de su derecho sustantivo, pues lo reservado al
Estado no es todo procedimiento sino sólo aquél que deba ser común y haya
sido establecido como tal. La regulación de los procedimientos propios de las
Comunidades Autónomas habrán de respetar siempre las reglas del
procedimiento que, por ser competencia exclusiva del Estado, integra el
concepto de Procedimiento Administrativo Común.
1.2. Concepto y Naturaleza.
La primera regulación del régimen jurídico y del procedimiento administrativo
de la Administración pública surge en nuestro ordenamiento con la Ley de
Régimen Jurídico de la Administración del Estado, de 26 de julio de 1957, y la
Ley de Procedimiento administrativo de 17 de julio de 1958.
El marco jurídico que diseñan estas normas tiene como objetivo principal la
unificación de las normas existentes en la materia, para garantizar una
actuación común en el funcionamiento interno de la Administración.
Mas tarde, la consagración definitiva del sometimiento de la Administración a la
Ley y al Derecho, establecido por la Constitución de 1978, intenta poner de
relieve la necesidad de instrumentalizar la Administración al servicio de los
intereses de los ciudadanos y la responsabilidad del Gobierno como entidad
responsable de la misma.
Así, el sistema normativo vigente en ese momento se encuentra con dos
problemas esenciales: por un lado, la multiplicidad de Administraciones
públicas, consecuencia de la creación de las Autonomías por la Constitución; y
por otro, la necesidad de ampliar y reforzar las garantías de los ciudadanos,
garantizando actuaciones transparentes y con una mayor calidad.
En este contexto, es donde surge la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de
Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento
Administrativo Común.
El procedimiento administrativo es la primera de las garantías de los
particulares, en tanto que es un requisito mínimo de la Administración la
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Ernesto Abati García-Manso
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actuación a través de unos cauces determinados para que su actividad
pueda ser calificada de actividad legítima. La exigencia de la observancia
procedimental es la garantía de que la actuación administrativa se produce con
arreglo a criterios objetivos y a la legalidad, con respeto a los derechos de los
ciudadanos y pleno sometimiento al ordenamiento jurídico, elementos todos
ellos ineludibles del Estado de Derecho.
El procedimiento administrativo vendría a ser el camino, el modo de
producción de los actos administrativos. El procedimiento administrativo se
ha definido (García de Enterría) como un complejo de actos del ciudadano y
de la administración, todos ellos con sustantividad jurídica propia, sin
perjuicio de su carácter instrumental respecto de la resolución final.
Como es obvio, la finalidad del procedimiento no termina en garantizar los
derechos de los ciudadanos sino en asegurar la pronta y eficaz satisfacción del
interés general. Además, en las democracias occidentales, el procedimiento se
presenta como un medio de democratización de los mecanismos de decisión
administrativa, a través, por ejemplo, de la información pública, de la audiencia
a los interesados, o de la terminación convencional.
2. CARACTERIZACIÓN DEL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO.
2.1. Características del procedimiento administrativo
• Tiene carácter tuitivo a favor del interesado.
• Es gratuíto, al tratarse de un servicio prestado por el Estado de forma
gratuita.
• Se trata de un instrumento específico al servicio de uno o varios fines: la
calidad del acto administrativo, la objetividad, la protección del ciudadano ante
el poder de la Administración, etc. El procedimiento es, o tiende a ser, una
garantía del buen funcionamiento de la Administración pública.
• El procedimiento administrativo prescribe también la forma en que debe
actuar la administración y procuran que ésta no ejerza su poder, con las
prerrogativas que le son inherentes, de forma arbitraria.
• El procedimiento administrativo pone de manifiesto que este debe tender a
determinar la verdad real que satisfaga el interés público que rige la gestión
administrativa.
• El procedimiento administrativo asegura la decisión administrativa justa,
respetando los derechos de los individuos.
• El procedimiento administrativo constituye el cauce formal de la función
administrativa (en sentido material).
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Ernesto Abati García-Manso
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• El procedimiento administrativo constituye una serie de reglas de actuación,
que determinan el acto o serie de operaciones y trámites que deben seguirse
para obtener la defensa de un derecho o el cumplimiento de una obligación.
Pero sin duda, la principal novedad que la Ley 30/1992 incorporó a la tradición
jurídica administrativa fue una nueva caracterización del procedimiento
basada en su concepción desde el prisma de los derechos de los
ciudadanos.
Así, su título IV, bajo el epígrafe «De la actividad de las Administraciones
Públicas», contiene una trascendente formulación de los derechos de los
ciudadanos en los procedimientos administrativos, además de los que les
reconocen la Constitución y las Leyes. De esta enunciación cabe destacar
como innovaciones significativas: La posibilidad de identificar a las autoridades
y funcionarios bajo cuya responsabilidad se tramiten los procedimientos rompiendo la tradicional opacidad de la Administración-, el derecho de formular
alegaciones y de aportar documentos en cualquier fase del procedimiento
anterior al trámite de audiencia, el de no presentar los ya aportados a la
Administración actuante, y el de obtener información y orientación sobre los
condicionamientos jurídicos o técnicos que las disposiciones vigentes
impongan a los proyectos que se propongan abordar.
Incorpora, a continuación, las normas esenciales sobre el uso de las lenguas
oficiales, regula el acceso a la información de los archivos y registros
administrativos, conforme a lo establecido en el artículo 105, b), de la
Constitución, y aborda de manera frontal y decidida -en contraposición a la
timidez de las previsiones de la Ley de Procedimiento Administrativo de 1958la instalación en soporte informático de los registros generales, así como la
integración informática de aquéllos con los restantes registros administrativos.
En la materia de registros, cobran especial relevancia los principios de
cooperación, coordinación y colaboración, posibilitando el que los ciudadanos
puedan presentar las solicitudes, escritos y comunicaciones que dirijan a las
Administraciones Públicas en los registros de cualquier órgano administrativo
que pertenezca a la Administración General del Estado o a la de cualquier
Administración de las Comunidades Autónomas, al margen de las restantes
posibilidades ya establecidas o que se establezcan. A tal efecto se prevé que,
mediante convenio de colaboración entre las Administraciones Públicas, se
implanten sistemas de intercomunicación y coordinación de registros que
garanticen la compatibilidad informática y la transmisión telemática de los
asientos.
El derecho a la identificación de las autoridades y funcionarios bajo cuya
responsabilidad se tramiten los procedimientos, a que antes se hizo referencia,
se complementa ahora con la posibilidad de solicitar la exigencia de
responsabilidad por las anomalías en la tramitación.
La Ley introduce un nuevo concepto sobre la relación de la Administración con
el ciudadano, superando la doctrina del llamado silencio administrativo.
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Ernesto Abati García-Manso
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El objetivo de la Ley no es dar carácter positivo a la inactividad de la
Administración cuando los particulares se dirijan a ella. El carácter positivo de
la inactividad de la Administración es la garantía que se establece cuando no
se cumple el verdadero objetivo de la Ley, que es que los ciudadanos obtengan
respuesta expresa de la Administración y, sobre todo, que la obtengan en el
plazo establecido. El silencio administrativo, positivo o negativo, no debe ser un
instituto jurídico normal, sino la garantía que impida que los derechos de los
particulares se vacíen de contenido cuando su Administración no atiende
eficazmente y con la celeridad debida las funciones para las que se ha
organizado. Esta garantía, exponente de una Administración en la que debe
primar la eficacia sobre el formalismo, sólo cederá cuando exista un interés
general prevalente o, cuando realmente, el derecho cuyo reconocimiento se
postula no exista.
Lógicamente, la citada regulación se complementa con la inclusión posterior,
como supuesto de nulidad de pleno derecho, de los actos presuntos o expresos
contrarios al ordenamiento jurídico por los que se adquieren facultades o
derechos cuando se carezca de los requisitos esenciales para su adquisición.
2.2. Principios del procedimiento.
Respecto a los principios de la actuación administrativa, el artículo 3.1 de la
Ley 30/1992 reproduce el contenido del artículo 103.1 de la Constitución,
señalando:
- el deber de objetividad,
- el principio de eficacia,
- el principio de jerarquía,
- el principio de descentralización,
- el principio de desconcentración,
- el principio de coordinación
- y el principio de sometimiento pleno de la Administración a la Ley y al
Derecho.
Además de estos principios constitucionales podemos señalar ciertos principios
específicos del procedimiento administrativo.
a) El carácter contradictorio del procedimiento administrativo.
El procedimiento administrativo puede iniciarse de oficio o a solicitud de
persona interesada (art 68 Ley 30/1992). En todo caso, una característica
esencial del procedimiento es su carácter contradictorio, es decir la posibilidad
de que toda persona interesada pueda defender sus intereses, aportando las
pruebas que estime pertinentes y alegando lo que crea conveniente.
b) El principio de economía procesal.
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Ernesto Abati García-Manso
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El principio de eficacia, que la Constitución consagra en su artículo 103, y la
Ley 30/1992 reproduce en su artículo 3.1 "las Administraciones Públicas sirven
con objetividad los intereses generales y actúan de acuerdo con los principios
de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación.." Se
refleja además, en:
- el artículo 73 que admite la acumulación de expedientes que guarden
identidad sustancial o íntima conexión;
- el art. 75 que obliga a acordar en un solo acto todos los trámites que por su
naturaleza admitan una impulsión simultanea;
- los artículos 63, 64, 65, 66 y 67 limitan la invalidación de los defectos de
forma y aseguran la conservación de actos y trámites, así como la conversión y
convalidación de los mismos, que contengan elementos de otros, o cuyo
contenido se hubiera mantenido igual de no haberse cometido la infracción, en
aras de la eficacia.
c) El principio "in dubio pro actione".
Este principio postula en favor de la mayor garantía y de la interpretación más
favorable al ejercicio del derecho de acción, es decir en el sentido de asegurar,
más allá de las dificultades de índole formal, una decisión sobre el fondo de la
cuestión objeto del procedimiento.
Ello supone que el procedimiento, en tanto que cauce ordenado capaz de
garantizar la legalidad y acierto de la decisión administrativa, dentro del respeto
a los derechos de los ciudadanos, debe tender a llegar a la decisión final que
constituye el objetivo, la consecución de la decisión final justa. Por ello, en caso
de duda ésta debe resolverse en el sentido más favorable a la continuación del
procedimiento hasta su total conclusión.
d) El principio de oficialidad.
La Ley 30/1992establece en su artículo 74.1 que el procedimiento se impulsará
de oficio en todos sus trámites.
La Administración está pues obligada a desarrollar la actividad necesaria para
llegar a la decisión final sin necesidad de que los particulares lo tengan que
solicitar en cada fase.
En este sentido, el artículo 41 de la LRJ-PAC establece la responsabilidad
directa de los titulares de las unidades administrativas y del personal al servicio
de las Administraciones Públicas que tengan a su cargo la resolución de
asuntos, o la tramitación de los mismos, y señala la obligación de dicho
personal de adoptar las medidas oportunas para remover los obstáculos que
impidan dificultan o retrasen el pleno ejercicio de los derechos de los
interesados o el respeto a sus intereses legítimos, disponiendo lo necesario
para evitar y eliminar toda anormalidad en la tramitación de procedimientos.
Además faculta a los interesados para solicitar la exigencia de esa
responsabilidad.
En el mismo sentido, el artículo 42 impone a la Administración la obligación de
resolver expresamente en el plazo máximo señalado en la norma y en su
defecto en el de tres meses.
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Ernesto Abati García-Manso
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3. EL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO. SUS FASES.
Las fases del procedimiento administrativo son: iniciación, ordenación,
instrucción y terminación.
INICIACIÓN.
La iniciación del procedimiento se puede realizar de dos maneras: de oficio, es
decir, por la propia Administración, o a instancia de un particular o persona
interesada.
La iniciación de oficio es la que realiza la propia Administración por acuerdo de
un órgano competente, partiendo la iniciativa del propio órgano, de una orden
superior, de una petición razonada de otros órganos, o por denuncia. En este
sentido es importante resaltar que el procedimiento no se inicia por el mero
hecho de una denuncia, sino que el propio órgano competente ha de valorar la
conveniencia o no de llevarlo a cabo, por lo que en ningún caso se inicia el
procedimiento hasta que lo decide el órgano.
La iniciación a instancia de particular normalmente se ejercita por medio de una
solicitud, que es un documento mediante el cual los ciudadanos se dirigen a la
Administración para realizar una o varias peticiones.
Tanto la solicitud como cualquier otro documento que los ciudadanos presenten
ante la Administración deberán contener la siguiente información:
a) ) Identificación. Se deberá indicar nombre, apellidos y DNI del interesado
o, en su caso, de la persona que lo represente.
b) Hechos, razones y petición en que se concrete, con toda claridad, la
solicitud.
c) Lugar y fecha en que se presenta la solicitud.
d) Firma del solicitante o acreditación de la autenticidad de su voluntad
expresada por cualquier medio.
e) Órgano, centro o unidad administrativa a la que se dirige.
f) Soporte documental. Los documentos escritos no son el único medio
posible para comunicarse con la Administración; los ciudadanos pueden
utilizar cualquier medio (cfr- Ley 11/2007), siempre que sean
compatibles con los medios técnicos de que disponga la Administración.
Estos documentos han de ser admitidos en los registros ante los que el
ciudadano los presente, independientemente de cuál sea su formato.
g) Medios y lugar de notificación. El interesado deberá indicar en el
documento que presente el medio por el que prefiera recibir la
notificación, siempre que el medio elegido permita tener constancia de la
recepción por parte del interesado o su representante, así como de la
fecha, identidad y contenido del acto notificado. También se ha de
indicar el lugar donde se desea recibir la notificación.
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Ernesto Abati García-Manso
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Al presentar el interesado la solicitud, éste puede exigir un recibo que acredita
la fecha de presentación, admitiéndose como tal una copia de la misma en la
que figure la fecha de presentación anotada por la oficina. Los ciudadanos
tienen derecho a la devolución de los originales, salvo cuando éstos deban
constar en el expediente.
Cuando el procedimiento sea iniciado por un grupo de interesados que
pretendan resolver un asunto idéntico, en su fundamento y contenido, se podrá
hacer en una única solicitud en la que se identifique a todos ellos y al
representante, si así se decide, con el que la Administración realizará las
actuaciones. En caso de no figurar representante se entenderá por tal el primer
interesado que se mencione en la solicitud.
Las Administraciones Públicas deberán establecer modelos y sistemas
normalizados de solicitudes, cuando se trate de procedimientos que impliquen
la resolución numerosa de una serie de procedimientos. Los modelos
mencionados estarán a disposición de los ciudadanos en las dependencias
administrativas. Por ejemplo: para oposiciones, matrículas en centros
escolares, becas, etc.
Los solicitantes podrán acompañar los elementos que estimen convenientes
para precisar o completar los datos del modelo, los cuales deberán ser
admitidos y tenidos en cuenta por el órgano al que se dirijan.
Las solicitudes se pueden presentar en los registros de cualquier órgano
administrativo, sea de la Administración General del Estado o de las
Comunidades Autónomas, así como en los registros de la Administración local
siempre que exista el oportuno convenio de colaboración. También es posible
hacerlo en las oficinas de Correos y en las de las representaciones
diplomáticas de España en el extranjero.
La presentación de la solicitud inicia el cómputo de tiempo, de extraordinaria
importancia dadas las consecuencias que puede tener. En caso de que la
solicitud no se haya presentado en el propio órgano competente, la fecha
indicada será la de ingreso en dicho órgano a efectos de posterior reclamación.
La fecha de entrega en el registro u oficina que no sea del órgano competente,
se considera como válida para el interesado, es decir, la solicitud se entrega
dentro del plazo.
Cuando una solicitud no esté debidamente cumplimentada, o tenga errores o
carencias de algún tipo, se requerirá al interesado para que en un plazo de 10
días subsane o acompañe los documentos preceptivos, con indicación de que
si así no lo hiciera, se tendrá por desestimada su petición, archivándose sin
más trámite. Siempre que no se trate de procedimientos selectivos o de
concurrencia competitiva, este plazo podrá se ampliado prudencialmente, hasta
cinco días, a petición del interesado o iniciativa del órgano, cuando la
aportación de los documentos requeridos presente dificultades especiales.
El órgano administrativo que inicie o tramite un procedimiento, cualquiera que
haya sido la forma de su iniciación, podrá disponer su acumulación a otros con
los que guarde identidad sustancial o íntima conexión. Contra el acuerdo de
acumulación no procederá recurso alguno.
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Ernesto Abati García-Manso
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INSTRUCCIÓN.
Los actos de instrucción propios de esta fase son los necesarios para la
determinación, conocimiento y comprobación de los datos en virtud de
los cuales deba pronunciarse la resolución; estos actos son: las
alegaciones, las pruebas, los informes y la audiencia.
a) Alegaciones.
Los interesados podrán, en cualquier momento del procedimiento anterior al
trámite de audiencia, formular alegaciones y aportar documentos u otros
elementos de juicio. Unos y otros serán tenidos en cuenta por el órgano
competente al redactar la correspondiente propuesta de resolución.
En todo momento podrán los interesados alegar los defectos de tramitación y,
en especial, los que supongan paralización, infracción de los plazos
preceptivamente señalados o la omisión de trámites que pueden ser
subsanados antes de la resolución definitiva del asunto. Dichas alegaciones
podrán dar lugar, si hubiere razones para ello, a la exigencia de la
correspondiente responsabilidad disciplinaria.
b) Las pruebas.
Los hechos relevantes para la decisión de un procedimiento podrán acreditarse
por cualquier medio de prueba admisible en Derecho.
Cuando la Administración no tenga por ciertos los hechos alegados por los
interesados o la naturaleza del procedimiento lo exija, el instructor del mismo
acordará la apertura de un período de prueba por un plazo no superior a 30
días ni inferior a 10 días, a fin de que puedan practicarse cuantas juzgue
pertinentes. El instructor del procedimiento sólo podrá rechazar las pruebas
propuestas por los interesados cuando sean manifiestamente improcedentes o
innecesarias, mediante resolución motivada.
La Administración comunicará a los interesados, con antelación suficiente, el
inicio de las actuaciones necesarias para la realización de las pruebas que
hayan sido admitidas. En la notificación se consignará el lugar, fecha y hora en
que se practicará la prueba, con la advertencia, en su caso, de que el
interesado puede nombrar técnicos para que le asistan.
En los casos en que, a petición del interesado, deban efectuarse pruebas cuya
realización implique gastos que no deba soportar la Administración, ésta podrá
exigir el anticipo de los mismos, a reserva de la liquidación definitiva, una vez
practicada la prueba. La liquidación de los gastos se practicará uniendo los
comprobantes que acrediten la realidad y cuantía de los mismos.
c) Los informes.
En determinadas circunstancias es preceptiva la solicitud de informes a
especialistas o a otros órganos de la Administración, bien por su propio
carácter consultivo o por las cualidades técnicas que posee. En este caso es
importante dilucidar si el informe es vinculante o no.
Si es vinculante, el órgano que ha de resolver debe atenerse al sentido del
informe; en caso contrario no, pero siempre se habrá de razonar ese sentido
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Ernesto Abati García-Manso
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contrario de la resolución. Los informes que se emitan fuera de plazo podrán no
ser tenidos en cuenta.
Los informes han de emitirse en un plazo de 10 días, pasados los cuales, si no
se han emitido, se proseguirán las actuaciones. En caso de ser preceptivo se
puede llegar a interrumpir los plazos de los trámites sucesivos.
d) Trámite de audiencia.
Instruidos los procedimientos e inmediatamente antes de redactar la propuesta
de resolución, se pondrán de manifiesto a los interesados o, en su caso, a sus
representantes, salvo lo que afecte a las informaciones y datos de expedientes
sobre los que no se puede ejercer el derecho de los ciudadanos a los archivos
y registros.
Los interesados, en un plazo no inferior a 10 días ni superior a 15, podrán
alegar y presentar los documentos y justificaciones que estimen pertinentes. Si
antes del vencimiento del plazo los interesados manifiestan su decisión de no
efectuar alegaciones ni aportar nuevos documentos o justificaciones, se tendrá
por realizado el trámite. Las nuevas aportaciones o alegaciones que haga el
interesado no suponen sino la última oportunidad que tiene de influir en el
resultado final del acto teniendo en cuenta toda la información antes de la
resolución.
Se podrá prescindir del trámite de audiencia cuando no figuren en el
procedimiento ni sean tenidos en cuenta en la resolución otros hechos ni otras
alegaciones y pruebas que las aducidas por el interesado.
Los actos de instrucción en que hayan de intervenir los interesados se
practicarán de forma que, en la medida de lo posible, se acomoden a sus
necesidades. Además, podrán asistir acompañados de asesores.
El órgano al que corresponda la resolución del procedimiento, cuando la
naturaleza de éste lo requiera, podrá acordar un período de información
pública.
A tal efecto, se anunciará en el Boletín Oficial del Estado, de la Comunidad
Autónoma, o en el de la Provincia respectiva, a fin de que cualquier persona
física o jurídica pueda examinar el procedimiento, o la parte del mismo que se
acuerde. El anuncio señalará el lugar de exhibición y determinará el plazo para
formular alegaciones, que en ningún caso podrá ser inferior a 20 días.
La incomparecencia en este trámite no impedirá a los interesados interponer
los recursos procedentes contra la resolución definitiva del procedimiento.
La comparecencia en el trámite de información pública no otorga, por sí misma,
la condición de interesado. No obstante, quienes presenten alegaciones u
observaciones en este trámite tienen derecho a obtener de la Administración
una respuesta razonada, que podrá ser común para todas aquellas alegaciones
que planteen cuestiones sustancialmente iguales.
TERMINACIÓN
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Ernesto Abati García-Manso
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La Administración está obligada a dictar resolución expresa en '''todos los
procedimientos''' y a ''notificarla'' cualquiera que sea la forma de iniciación.
Hay supuestos en los que la resolución consiste en la declaración de las
circunstancias que concurran en cada caso, con indicación de los hechos
producidos y las normas aplicables. Esto se produce en los casos de
prescripción, renuncia del derecho, caducidad del procedimiento o
desistimiento de la solicitud, así como desaparición sobrevenida del objeto del
procedimiento.
Se exceptúan de la obligación de resolver, los supuestos de terminación del
procedimiento por '''pacto o convenio''', así como los procedimientos relativos al
ejercicio de derechos sometidos únicamente al '''deber de comunicación'''
previa a la Administración.
A) Forma Normal de terminación. La forma normal de terminación del
procedimiento es mediante una resolución que decidirá sobre todas las
cuestiones planteadas por el interesado y otras derivadas del propio
expediente. La decisión será motivada en los casos en que proceda.
B) Formas Anormales de terminación. El desistimiento, la renuncia y la
caducidad o abandono son formas de finalización anormales que solo se
pueden producir en los procedimientos incoados a instancia de los particulares.
a) Desistimiento. El interesado puede desistir de su solicitud siempre y cuando
no esté prohibido por el ordenamiento jurídico. No obstante la Administración
puede limitar el desistimiento si la cuestión suscitada en el procedimiento fuera
de interés general o conveniente sustanciarla. El desistimiento no impide al
interesado seguir conservando los derechos que le amparan que podrá hacer
valer, si lo desea, en otro procedimiento.
b) Renuncia. El interesado renuncia a los posibles derechos que fundamentan
la solicitud que formuló.
c) Caducidad. Consiste en la paralización del procedimiento por causa
imputable al interesado una vez que la Administración le ha advertido de la
misma si no realiza actuaciones sustanciales y necesarias y han trascurrido
tres meses desde la comunicación.
d) Silencio administrativo. Se produce en aquellas situaciones en las que la
Administración no ha resuelto expresamente y la Ley impone la presunción de
que si lo ha hecho.
Autor:
Ernesto Abati García-Manso
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c) Terminación convencional. Las Administraciones Públicas podrán celebrar
acuerdos con personas de derecho público o privado siempre que no sean
contrarios al Ordenamiento jurídico ni versen sobre materias donde no es
posible la transacción.
ORDENACIÓN
La ordenación no alude a una fase del procedimiento, que siga en el tiempo a
la iniciación y preceda a la instrucción, sino a unos criterios de tramitación e
impulso aplicables al procedimiento en su conjunto, tendentes a lograr el buen
fin del mismo.
El artículo 74 de la Ley 30/1992 dispone que el procedimiento, sometido al
criterio de celeridad, se impulsará de oficio en todos sus trámites. Impulsar el
procedimiento no es más que la acción dirigida a que éste avance hasta su
conclusión.
“A los interesados que no cumplan lo dispuesto en los apartados anteriores, se
les podrá declarar decaídos en su derecho al trámite correspondiente; sin
embargo, se admitirá la actuación del interesado y producirá sus efectos
legales, si se produjera antes o dentro del día que se notifique la resolución en
la que se tenga por transcurrido el plazo”.
“Las cuestiones incidentales que se susciten en el procedimiento, incluso las
que se refieran a la nulidad de actuaciones, no suspenderán la tramitación del
mismo, salvo la recusación”(artículo 77 Ley 30/1992).
Deben tenerse en cuenta las normas sobre plazos y su cómputo, esenciales en
el procedimiento, que se contienen en el artículo 48 de la Ley 30/1992.
La ordenación del procedimiento comprende el conjunto de actuaciones que
tienden a procurar su desarrollo hasta llegar a la resolución final. Bajo esta
denominación se incluyen diversos aspectos que no se desarrollan en un
momento determinado del procedimiento, sino que se producen a lo largo del
mismo.
Principios que rigen la tramitación. En orden a la tramitación, podemos señalar
los siguientes principios recogidos en los artículos 74 y 75:
Principio de oficialidad, ya que el procedimiento se impulsará de oficio en
todos sus trámites.
Principio de igualdad, pues el orden de tramitación de los
expedientes vendrá determinado por la antigüedad de su inicio, siempre que
se trate de asuntos de naturaleza homogénea.
Principio de celeridad, debiendo acordarse en un solo acto todos los
trámites que, por su naturaleza, admitan una impulsión simultánea y no
sea obligado su cumplimiento sucesivo.
Artículo 76, cumplimiento de trámites.
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Los trámites que deban ser cumplimentado por los interesados deben
realizarse en el plazo de 10 días a partir de la notificación, salvo indicación en
contra. Cuando en un acto se considere que no reúne los requisitos
necesarios, el interesado dispondrá de 10 días para cumplimentarlo,
decayendo en su derecho si no lo hace.
Artículo 77, cuestiones incidentales.
Las cuestiones incidentales que se susciten en el procedimiento, incluso las
que se refieran a la nulidad de actuaciones, no suspenderán la tramitación del
mismo, salvo la recusación.
4. LOS PROCEDIMIENTOS ESPECIALES
La Ley de Procedimiento regula un procedimiento ordinario básico en su
TÍTULO VI “De las Disposiciones Generales sobre Procedimientos
Administración”, que es el que se ha analizado específicamente en el capítulo
anterior.
Junto a ésta, contempla unos procedimientos especiales, dando un régimen
jurídico distinto, pues unos la regulan específicamente y otros simplemente
determinan el carácter supletorio de la Ley.
-
Procedimientos especiales no regulados en la Ley.
A esta determina el carácter subsidiario de sus preceptos respecto de las
normas específicas reguladoras de los procedimientos, así en materia tributaria
(Disposición Adicional 5ª), sancionadora por infracciones de Orden Social
(Disposición Adicional 7ª), sancionadora en materia de tráfico y seguridad vial,
y Disciplinaria (Disposición Adicional 8ª).
Estos procedimientos especiales tienen necesariamente que estar establecidos
en una norma con rango de Ley. Por vía reglamentaria solamente se pueden
establecer especialidades procedimentales dictadas en desarrollo o
complemento de la Ley 30/1992.
-
Procedimientos especiales regulados en la Ley.
La Ley 30/92, regula auténticos procedimientos especiales, aun sin darle esta
denominación específica, uniendo en mayor o menor medida del procedimiento
común o general. Estos son los siguientes:
1 – Procedimiento para la elaboración de disposiciones de carácter general.
2 – Procedimiento para las reclamaciones previas al ejercicio de la acción civil
o laboral. (Título VIII)
3 – Procedimiento sancionador (Título IX)
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4 – Procedimiento de responsabilidad patrimonial de las Administraciones
Públicas (Título X).
Elaboración de disposiciones de carácter general. La Ley 30/92, dejaba
vigente los artículos 129 a 132 de la antigua Ley de Procedimiento
Administrativo, que regulaba el procedimiento para la elaboración de las
disposiciones reglamentarias de carácter general, es decir el cauce a través del
cual se ejercitaba la potestad reglamentaria del Gobierno y Administración.
Hoy, esta regulación ha quedado derogada por la publicación de la Ley
50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno, que en su Título V (“De la Iniciativa
Legislativa, de la potestad Reglamentaria y del control de los actos del
Gobierno”) establece el procedimiento para la elaboración de dichas
disposiciones generales.
Reclamaciones previas acciones civiles o laborales. La reclamación en vía
administrativa se regula en el Titulo VIIIº de la Ley, estableciéndose una
tramitación distinta según se trate de reclamaciones previas a un procedimiento
judicial en el orden jurisdiccional civil o en el laboral.
Con carácter general determina el articulo 120 su obligatoriedad, ya que es
requisito necesario la reclamación previa ante el órgano administrativo
competente, para poder ejercitar de acciones fundadas en derecho privado o
laboral contra cualquier Administración Pública (salvo los supuestos en que
dicho requisito esté exceptuado por una disposición con rango de Ley). Dicha
reclamación se tramitará y resolverá por las normas contenidas en este Título
VIIIº y, por aquellas que, en cada caso, sean de aplicación, y en su defecto, por
las generales de la Ley.
Los efectos de la interposición de la reclamación previa los regula el
artículo 121. Éstos son los siguientes:.
1.
Si planteada una reclamación ante las Administraciones Públicas, ésta
no ha sido resuelta y no ha transcurrido el plazo en que deba entenderse
desestimada, no podrá deducirse la misma pretensión ante la jurisdicción
correspondiente.
2.
Planteada la reclamación previa se interrumpirán los plazos para el
ejercicio de las acciones judiciales, que volverán a contarse a partir de la fecha
en que se haya practicado la notificación expresa de la resolución o, en su
caso, desde que se entienda desestimada por el transcurso del plazo.
Procedimiento sancionador. La formulación de los principios que rigen la
potestad sancionadora y su diferenciación del procedimiento es una novedad
de la Ley 30/92 respecto de la Ley del 58, habiéndose modificado en escasa
medida con la nueva ley, que da una nueva redacción al artículo 127 “principio
de legalidad”, suprimiendo la prohibición de la delegación de la potestad
sancionadora.
En relación al procedimiento sancionador, la Ley 30/92, determina una serie de
principios tanto de la potestad sancionadora como del propio procedimiento,
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pero no establece uno específico y concreto para el ejercicio de la misma. El
cauce procedimental lo establece el Real Decreto 1398/93, de 4 de agosto, por
el que se aprueba el Reglamento del procedimiento para el ejercicio de la
potestad sancionadora.
5. NATURALEZA DE LOS PROCEDIMIENTOS EN MATERIA DE TRÁFICO Y
SEGURIDAD VIAL.
Los procedimientos en materia de tráfico y seguridad vial son, con carácter
general, meros procedimientos administrativos sujetos a los principios del
procedimiento administrativo común establecidos en la Ley 30/1992 y en la Ley
4/2007.
No obstante, la modificación sufrida por el Texto articulado de la Ley sobre
Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial ha configurado el
procedimiento sancionador en materia de tráfico y seguridad vial como un
nuevo procedimiento especial. Es decir, como un procedimiento regulado por
una norma con rango de Ley al que las prescripciones de la Ley 30/1992 les
son de aplicación sólo con carácter supletorio (en ausencia de regulación
específica en el Texto articulado de la Ley sobre Tráfico, Circulación de
Vehículos a Motor y Seguridad Vial).
Así se recoge en la Disposición adicional octava bis de la propia Ley 30/1992,
añadida por Ley 18/2009, de 23 de noviembre, por la que se modifica el texto
articulado de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y
Seguridad Vial, al establecer que “Los procedimientos administrativos para la
imposición de sanciones por infracciones en materia de tráfico, circulación de
vehículos a motor y seguridad vial, se regirán por lo dispuesto en su legislación
específica y, supletoriamente, por lo dispuesto en esta Ley”.
El procedimiento sancionador y la sanción propiamente dicha es el elemento
con que cuenta la administración para obtener unas determinadas conductas y
en el caso concreto de la seguridad vial para evitar conductas que puedan
poner en peligro la circulación.
La necesidad de establecer un procedimiento en la actuación obedece,
entre otros motivos, a respetar unas garantías para los administrados
esenciales en todo Estado de Derecho.
Por ello, tales normas procedimentales son de orden público, lo que
supone que deben ser aplicadas de oficio, es decir, sin necesidad de que sea
alegada por una de las partes, declarando la nulidad o la anulabilidad cuando
se infrinjan los trámites esenciales del procedimiento administrativo.
BIBLIOGRAFÍA
GARCÍA DE ENTERRÍA, Eduardo. Curso de derecho Administrativo.
Ley 30/1992, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del
Procedimiento Administrativo Común.
Autor:
Ernesto Abati García-Manso
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