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Cómo vivir como humanos:
Los seis caminos y los cuatro mundos nobles
Lo que diferencia a los humanos de los animales es menos distinto de lo que se podría esperar. El
examen de la naturaleza humana no sólo tiene importancia para los filósofos, sino que nos incumbe
a todos directamente. ¿Cómo deben vivir los humanos? Si rastreamos nuestro linaje en el contexto
de la evolución de la vida sobre la Tierra, encontramos que nuestra especie es, comparativamente,
un fenómeno reciente. La Tierra tiene alrededor de cuatro mil quinientos millones de años. El origen
de la existencia ancestral de los monos africanos y los humanos, aunque incierto, no parece ser
anterior a los trece millones de años. Los Neandertal, unos parientes tempranos de los seres
humanos modernos, se cree que vivieron algún punto entre los 100.000 y 30.000 años atrás. Aunque
las investigaciones científicas todavía no han encontrado el momento de divergencia entre los
humanos y los monos, es evidente que nosotros tenemos una historia más larga como animales que
como humanos.
En el curso de la evolución, el Homo Sapiens ha desarrollado la capacidad para razonar, tal como lo
indica el nombre de “hombre el sabio”. Los animales viven predominantemente de acuerdo con el
instinto. Como resultado, su influencia no puede exceder lo que su naturaleza les prescribe. A través
de nuestra inteligencia, sin embargo, los humanos podemos ejercer una influencia, buena o mala,
más allá de lo que parece ser nuestros límites naturales. Un tiburón puede comerse la pierna de un
surfista que se deje entrever por debajo de la superficie, pero no puede hacer una bomba capaz de
aniquilar todas las formas de vida sobre el planeta. Quizás debido a nuestra larga historia como
animales, nosotros amplificamos –irónicamente a través de la inteligencia– nuestros impulsos
animales en busca de placeres egoístas y, de esa manera, destruimos lo que tememos y nos
ocasionan daños no sólo a nosotros mismos, sino también a muchas otras especies.
Desde diversas perspectivas, el Budismo vierte luz sobre las funciones de la naturaleza humana. Un
concepto budista que lo hace es el de los Diez Mundos, originalmente descritos como reinos
diferentes en los que las personas nacen de acuerdo con sus acciones pasadas (karma). Desde el
más bajo, ellos son los mundos de infierno, espíritus hambrientos, animales, asura (demonios
belicosos de la mitología india), seres humanos, seres celestiales, los que escuchan la voz, los
despertados a la causa, bodhisattvas y budas. En el Budismo de Nichiren Daishonin, sin embargo,
los Diez Mundos son vistos como estados del ser diversos que experimentamos momento a
momento, y no reinos físicos distintos o categorías. Los Diez Mundos, por consiguiente, pueden ser
considerados como los siguientes estados: (1) Infierno –sufrimiento y desesperación intensos, (2)
Hambre –deseo insaciable, (3) Animalidad – estupidez egoísta, (4) Ira –arrogancia y beligerancia, (5)
Humanidad –balance y tranquilidad temporales, (6) Cielo –alegría y placer pasajeros, (7)
Aprendizaje, (8) Autorrealización, (9) Bodhisattva –altruismo, y (10) Budeidad –suprema felicidad
caracterizada por la misericordia y la sabiduría.
El Budismo clasifica esos Diez Mundos en dos categorías. Los seis estados más bajos son llamados
los “seis caminos”, y los cuatro estados más elevados ”los cuatro mundos nobles”. Se hace esa
distinción porque quienes viven en los seis caminos son controlados por su medio ambiente o
condición física; ellos experimentan cualquiera de esos seis estados en cualquier momento en
respuesta a las circunstancias cambiantes. La gente de los cuatro mundos nobles, de otro lado, es
consciente, y se esfuerza por mejorar a pesar de las condiciones externas. El Daishonin explica
sucintamente los seis caminos, de la siguiente manera: “La furia es el estado de Infierno; la codicia,
el de Hambre; la estupidez, el de Animalidad; la perversidad, el de Ira; la dicha, el de Éxtasis, y la
calma, el de Tranquilidad (Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 1, pág. 52. El
verdadero objeto de devoción para observar la mente). La característica común a estos seis, es que
son estados pasivos. Se puede decir que los animales como los perros y gatos manifiestan esos
estados siempre que tienen un estímulo apropiado. Quienes están en los seis caminos son esclavos
de sus deseos y medio ambiente, aun cuando, a veces, puedan parecer despreocupados, haciendo
lo que les resulte placentero. Dicho en términos simples, quienes están en los seis caminos están
atrapados en las mazmorras de los deseos y las circunstancias externas, y tienen cerrada por dentro
la puerta hacia la verdadera felicidad por la ignorancia de su más elevado potencial.
Contrariamente, los cuatro mundos nobles sólo surgen cuando hacemos esfuerzos deliberados por
desarrollarnos más allá de nuestras tendencias naturales. El Budismo, en este sentido, define
nuestra humanidad como nuestro deseo activo por la autorreflexión y el automejoramiento. Respecto
a esos cuatro estados más elevados, el Daishonin comenta lo siguiente: “El hecho de que todas las
cosas de este mundo sean transitorias nos resulta perfectamente claro. ¿No será porque los estados
de los dos vehículos están presentes en el de Tranquilidad? Hasta un villano desalmado ama a su
esposa y a sus hijos. Él también posee una parte del estado de Bodhisattva dentro de sí. La
Budeidad es el más difícil de demostrar. Pero ya que usted posee los otros nueve, también debería
creer que tiene el estado de Buda” (PE-1, 53. El verdadero objeto de devoción para observar la
mente). Aquí, “los estados de los dos vehículos” se refieren a los estados de Aprendizaje y
Autorrealización. Conforme las personas ven la transitoriedad del mundo que las rodea, llegan a
comprender la superficialidad de permitir que su propia dignidad se eleve y caiga con las altas y
bajas de las circunstancias, y buscan expandir sus conocimientos de sí mismas y del universo. El
Daishonin también señala que todos somos capaces de dar amor y cuidados a los demás a pesar de
nuestros instintos más bajos.
En relación con el estado de la Budeidad, el Daishonin nos insta a superar nuestra incredulidad y
revelar este supremo estado de felicidad a través de la fe. Lo que caracteriza a las personas de los
cuatro mundos nobles es su conciencia del aspecto esclavizante de la realidad de los seis caminos y
sus esfuerzos conscientes por liberarse de las cadenas de los deseos y apegos egoístas. En un
sentido, Shakyamuni y otros maestros budistas expusieron sus enseñanzas para que las personas
puedan escapar del entrampamiento de los seis caminos y busquen, más bien, modos de vida más
humanos. En el Budismo monástico temprano, los practicantes eran alentados a establecer los
estados de Aprendizaje y Autorrealización. El Budismo Mahayana enfatizaba el estado altruista de un
bodhisattva. El Sutra del Loto, la enseñanza suprema del Budismo Mahayana, ilumina el camino de
la Budeidad. En este respecto, el Budismo nos enseña la importancia de transformar las condiciones
animales y pasivas de los seis caminos por los estados conscientes de sí y humanos de los cuatro
mundos nobles.
La necesidad de trascender nuestra naturaleza animal es enfatizada no sólo en el Budismo, sino
también por muchas tradiciones intelectuales de Occidente. Por ejemplo, en la Europa medieval y
renacentista, la existencia humana estaba dividida en las cuatro categorías de mineral, vegetal,
sensual y racional. El hombre de piedra es un hombre de desesperación y apatía; existe pero no
tiene voluntad para actuar; su existencia es una muerte en vida. El hombre vegetal sólo vive; es un
hombre de gula que come, bebe y procrea. El hombre sensual, como muchos animales, vive y siente;
busca el placer y evade el dolor. El hombre racional, a diferencia de los tres anteriores, vive, percibe
y entiende; sabe, escoge y actúa. Una imagen del ser racional es un hombre con su libro, tratando de
expandir su conciencia y comprensión. Como en el concepto budista de los Diez Mundos, la filosofía
renacentista caracteriza a los humanos por su activo deseo de desafiarse.
Sin embargo, en la realidad es fácil que caigamos en el estilo de vida de los seis caminos, donde
confundimos placer por suprema felicidad y no desafiamos nuestras debilidades. Esto puede ser el
resultado de nuestra larga historia como animales. Pero si deseamos verdaderamente experimentar
el profundo sentido de la realización como seres humanos, debemos, como lo enseña la sabiduría de
Oriente y Occidente, desafiarnos para manifestar los estados más elevados, especialmente los de
bodhisattva y de Buda.
Platón cita a su maestro Sócrates: “Yo sólo deseo que las personas comunes tengan una ilimitada
capacidad para causar daño; entonces podrían tener un ilimitado poder para hacer el bien, lo que
sería algo espléndido, si fuese así”. La ominosa primera mitad de su deseo se hizo realidad con la
llegada de la era nuclear. La realización del resto del deseo de Sócrates, parece, depende
enormemente de cuánto nos desafiemos por vivir tan humanamente como nos sea posible en el siglo
XXI.
Publicado en la revista Living Buddhism, pág. 6, Julio 2000
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