tema o - introducción a los sacramentos

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TEMA 0. EL CULTO CRISTIANO. LOS SACRAMENTOS EN GENERAL.
1. La liturgia. Es el culto público que toda la Iglesia (La Cabeza y sus miembros) da a Dios Padre, por Jesucristo, en el Espíritu
Santo. De la Liturgia mana toda la fuerza de la Iglesia.
a. QUIÉN CELEBRA. Cristo y su Iglesia (del cielo y de la tierra) unida a Él. El ministro ordenado representa de un modo
especial a Cristo Sacerdote.
b. CÓMO CELEBRA. Con signos y símbolos que expresan realidades espirituales y sobrenaturales. Por el poder de Dios,
estos signos son portadores de la acción salvadora de Cristo.
c. CUÁNDO CELEBRA. El domingo (celebramos la Resurrección) y algunas fiestas se celebran de modo especial. También
algunos tiempos (como el Adviento, la Navidad, la cuaresma, La Semana Santa o la Pascua).
d. DÓNDE CELEBRA. El lugar principal es el Templo.
2. Los sacramentos: Son signos eficaces de la gracia, instituidos por Jesucristo y confiados a la Iglesia para darnos la vida
divina.
3. Los sacramentos son 7: bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, orden y matrimonio.
Iniciación cristiana (B, C, E) de curación (P, U) y al servicio de la comunidad (O, M)
4. La estructura del Signo sacramental: la materia (la acción o gesto material sensible) y la forma (las palabras que lo
acompañan y que declaran el sentido especial de aquella acción o gesto material)
5. Institución de los sacramentos por Cristo. Dios es el autor principal de los sacramentos, a través de la humanidad de Cristo.
La Tradición nos dice que todos los instituyó Cristo. En unos casos está más claro.
6. Inmutabilidad y cambios en el signo sacramental. No puede ser modificado a voluntad del ministro o la comunidad. La
suprema autoridad de la Iglesia solo puede hacer cambios al servicio de la fe, pero no en lo que se refiere a lo esencial del
signo.
7. Integridad del signo sacramental. Para que la administración sea lícita se han de observar los libros litúrgicos aprobados. ¿Y
si no es así? Si el cambio es accidental (pan fermentado o sin fermentar), el sacramento es válido. Si el cambio es sustancial
(en vez de agua, vino o zumo), es inválido.
8. Los sacramentos son necesarios para la salvación. El bautismo y la penitencia (cuando se ha cometido algún pecado mortal
después) con necesidad de medio: es absolutamente necesario recibirlos (o al menos desear recibirlos) para la salvación.
9. Los “sacramentos” del AT no daban la gracia, sino que solo disponían para recibirla.
10. Celebrados dignamente en la fe, confieren la gracia que significan. Son signos eficaces de la gracia. Comunican la gracia por
sí mismos (ex opere operato). No actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe. Pero no es automático:
no se produce gracia si el que lo recibe pone obstáculos y la abundancia de la gracia comunicada depende de la calidad de
sus disposiciones.
11. El efecto principal de los sacramentos es comunicar o aumentar la gracia santificante (don gratuito de Dios que produce
una participación sobrenatural en la naturaleza divina y que nos hace hijos de Dios). Sacramentos de vivos (exigen que el
que los recibe ya esté en estado de gracia) y de muertos (dan la gracia al que no la posee o la aumentan –cuando el que
confiesa ya está en gracia-).
12. Otro efecto es la gracia sacramental propia de cada sacramento.
13. Los sacramentos no producen la gracia si se pone un obstáculo u óbice, como es la falta de fe en el sacramento o no estar
en gracia si es un sacramento de vivos. Algunos pueden revivir cuando se quita el obstáculo (siempre que haya sido válido).
No reviven la eucaristía ni la penitencia.
14. Los sacramentos del bautismo, la confirmación y el orden confieren, además de la gracia, un carácter sacramental o sello
por el cual el cristiano participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la iglesia con funciones diversas. Es indeleble. No
pueden ser reiterados.
15. Además, los sacramentos producen un enriquecimiento general de la vida cristiana y una mayor unidad de los fieles en la
Iglesia.
16. El sujeto del sacramento. Los vivos. Una vez bautizados, todos. Para recibir válidamente un sacramento el sujeto necesita:
tener la intención de recibirlo (si tiene uso de razón) y haber sido bautizado con anterioridad. Además, un adulto necesita
el arrepentimiento (para los sacramentos de muertos) o el estado de gracia (para los de vivos), recibirlos con reverencia y
de un ministro digno (salvo causa grave como el peligro de muerte).
17. El ministro de los sacramentos. Sólo el hombre debidamente ordenado, o legítimamente elegido para este fin por la
autoridad puede administrar los sacramentos. Cristo es siempre el ministro principal. Por eso, al administrar los
sacramentos ha de conformarse todo con la intención de Cristo. Ha de haber la intención de hacer lo que hace la Iglesia y
se ha de realizar debidamente el signo sacramental. Salvo el bautismo y el matrimonio, el ministro ha de estar consagrado
por el sacramento del orden. Ministro ordinario (incumbe por oficio administrarlo) y extraordinario (quien puede hacerlo
en caso de necesidad). Para la validez del sacramento no se requiere la fe ni la gracia en el ministro. Para que sea lícita, sí se
requiere (bajo pecado grave) el estado de gracia del ministro, excepto casos de grave necesidad.
18. Los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan del modo oportuno, estén bien dispuestos y
no tengan prohibido recibirlos. No se debe administrar un sacramento a un sujeto incapaz de recibirlo. Si hay dudas sobre
la capacidad del sujeto de recibir un sacramento, se puede administrar en una forma condicionada.
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