El nacimiento de una pasión, despliega la historia completa y compleja de los años 60 y
90 del siglo XX, un libro que permite una lectura instructiva y fluida. Instructiva por el
propio contenido que en el proceso de su narrativa, nutre de acontecimientos sociales y
culturales que a pesar de los conflictos de la época envolvieron a los puneños dentro de
una vorágine cultural en la que el despliegue de emociones y el compromiso social, se
contrapuso ante una sociedad prensada en formalismos, la vasta y diversa expresión
rural con fundamento y gran estética y, fluida, por la forma como Hernán, nos narra a
manera de novela, aquella pasión que se inició en la casa de la calle Grau 310, pasó por
escenarios diversos y se desplegó por las calles puneñas.
Esta historia, su historia, nuestra historia, contada en primera persona, con personas y
personajes a cuál mejor libro del mágico, nos sitúa en un gran espacio al que denomina
“Altiplano-Titikaka”, ese espacio nos dice,
“es matriz del frío reflexivo que modera ánimos y acera el carácter y la capacidad de
resistencia. Todos sin excepción, hombres y mujeres, son hijos de la tormenta y amigos
del trueno y del relámpago fugaz y aplacan su sed con agua de manantial y granizo
eventual”…,
luego nos pinta otro escenario más cercano, una ciudad de Puno, de la que recuerda
muy bien sus límites, calles y entorno geográfico, una ciudad apacible en los 60, nos
dice, convulsa y desordenada, impersonal ahora, tal como se muestran también sus
instituciones y luego nos desplaza a otro espacio mucho más íntimo, su casa 310 de la
calle Grau.
Desde esos tres escenarios el Altiplano Titikaka, Puno ciudad y la casa 310 de la calle
Grau, cargados de gran simbolismo, con un relato fílmico, nos relata con asombroso
detalle los acontecimientos ocurridos en los prolegómenos de APAFIT, y su secuencia
fidedigna, sin ambages, sin medias lenguas, directa, como él mismo dice un “uppercut
directo al mentón” de ese adormilado puneño de los 60 y, del mentón de los actuales
citadinos que deambulan entre la plaza de armas y el parque Pino, olvidando raíces
indígenas y sucumbiendo ante el incesante consumo de culturas exógenas de la que
somos cautivos , debo decir también, al mentón y al corazón de quienes nos encontramos
lejanos al terruño natal. Y nos lo dice “la emigración es ignominia para quienes tienen
como tarea construir desarrollo en el altiplano”
La magia de esta historia novelada, radica en la verosimilitud de los hechos, las fechas
y espacios donde se desarrollaron. Con arte literario, poesía y lenguaje culto y a veces
con sutileza empleando términos del argot local, nos cuenta, sin descuidar la cronología,
de ese paisaje humano, de esa fuerza ontológica, que le proporcionó sentido al arte
popular, de las vicisitudes que, desde su creador y mentor, don Carlos Renato CornejoRoselló Vizcardo, pasaron, casi como leyendas, por la historia de esa parte del Perú.
Recuerda el valor de lo indígena, como bien dice Hernán, llamado peyorativamente
campesino, como si vivir en el campo le restara posibilidad creativa y cultura propia a
quechuas y aymaras.
“los indígenas, a pesar de su reserva externa, sí bailaban con arte y lo hacían con
picardía, con insinuaciones amorosas, con sano humor y, obviamente, poseían calidades
histriónicas que enlazaban paisaje con historia.”
Nos muestra, vuelvo a repetir, con un mensaje fílmico, los elementos de la investigación
social y antropológica de las costumbres, ritmos y música de cómo se percibieron para
luego reinventarlas en el escenario y para ello, utiliza un término que es importante
resaltar “la alteridad”, esa condición de ser otro, a la capacidad de cambiar la propia
perspectiva por la del otro, promoviendo el dialogo y la valoración de las diferencias
marcado con gran sentido ético,
Casi acuñando una frase “indio que tienes tú que no tenga yo”, se afirma el arte popular
de Puno en esos vastos escenarios. Por ello, representar con emoción y conocimiento
las artes rurales, requería responder a preguntas ¿del porqué de su vestimenta? ¿Qué
representan los danzarines? ¿Cuáles son esos valores intrínsecos a su condición e
inmersos en su geografía?
Así, también, reconoce el mestizaje en el vestuario, al hacer un parangón con la
arquitectura mestiza, devenida del anterior mestizaje español, donde árabes, judíos,
marroquíes, celtas impregnaron al ibérico poblador de una variada y muy elocuente
cultura que cursó el mar hacia nuestros lares.
Con singularidad narrativa, describe, por ejemplo, la confección de la pollera
capachiqueña y nos narra que el proceso de plisado se lograba cuando
“en agua de cactus de pancas gelatinosas similares al aloe, proceso que potenciaba el
agua pastosa y gomosa se daba consistencia al material que, ya plisado, llegaba al horno
de piedras calientes, afirmando un doblez tan inquebrantable como la consubstanciación
del puneño ante su inmutable paisaje altiplánico.
Ilustrado con imágenes, fotografías e intervención de otros protagonistas, el libro se luce,
enseña y sobre todo hace que germine nuevamente esa exultante condición de puneños.
Pero hay una frase entre muchísimas con la que termino este comentario:
“Amé, amo y amaré en todas las épocas del crear, corregir, errar y contradecirse, que
invariablemente me recorren, y ello viene acompañado de mi amor a Puno… Yo y el
pasado somos un perenne amor.”
FIN
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Permítaseme, concluir con un fragmento mío, nacido también de ese grupo al que
pertenezco:
De frío fuerza, niebla algodón,
ande piedra, pinquillo, poncho y mantón
charango chillador, pollera wichi wichi,
montera, chola dulce, trenzas sueltas,
huayno carnaval,
me hice contigo TITIKAKA.
“Es la danza del agua Titikaka que subyuga y conmueve hasta la médula y traspasa los
corazones. Es la danza del roquedal andino vuelto paisaje sin igual y, es justo en ese
momento, en ese entonces, en ese preciso instante, no se sabe ante qué conjuro ni frente
a qué sortilegio, que los cuerpos de las danzarinas y los movimientos de los danzarines
escriben en el aire.”
Llevábamos el paisaje en nuestro interior, cerros, lluvia y truenos, sueños y presencia
era y es la esencia que cubría la ropa confeccionada por los propios tejedores de las
comunidades a quienes con orgullo representábamos.
Hernán lo denomina como asignarle apellido coreografico
se deberá cotejar lo que hicieron en lo que respecta a coreografía y danza, y se
constatará que el patrón fundativo en cuanto a estructura de danza, a disposición
escénica, a composición textual y organización argumental, a rescate de sentimientos
indígenas ocultos, a vitalidad expresiva con construcción de identidad social y
personalidad colectiva a través del desempeño sicomotriz de danzarines y danzarinas,
surgió de la propuesta de APAFIT.
capturar y atesorar los sentimientos andinos y altiplánicos, que en la inicial intuición de
APAFIT y en su composición posterior, evidenciaron que no eran lloriqueantes ni
agonizantes, como se creía despectivamente, sino insinuantes, vitales y alegres,
chispeantes y perspicaces, fuertes y vigorosos, llenos de significado existencial. Y eso
con creces lo demostró APAFIT, que hizo, básicamente de la danza indígena, un canto
a la vitalidad y a la insurgencia creativa y afirmativa de identidad. Y el espectador gozó
y se emocionó con las representaciones ofrecidas
El simbolismo con que describe el solar de la calle Grau 310, me hace imaginar a ECO,
describiendo la biblioteca en el nombre de la Rosa.