Evolución y Neurociencias Pablo Malo, psiquiatra, miembro de la Txori-Herri Medical Association y del grupo de psicorock The Beautiful Brains. Interesado en Psicología y Biología Evolucionista. Cerebro Moral y Responsabilidad En esta entrada voy a defender que existe una red “neuromoral” en el cerebro, es decir, un “órgano” o hardware dedicado a la moralidad. Esta red, siguiendo la ley de Murphy, puede averiarse y dar lugar a unas respuestas emocionales atenuadas ante la posibilidad de hacer daño a los demás y realizar conductas psicopáticas. La conclusión más evidente de estos hechos es que no se puede juzgar en el mismo plano la conducta de alguien que tiene su cerebro moral intacto con la de alguien que tiene su cerebro moral averiado. La moralidad es innata en el ser humano pero no voy a ocuparme de esto aquí. Remito al lector a la obra de Frans de Waal, y en particular a su libro Primates y Filósofos: La evolución de la moral del simio al hombre, para ver que los ladrillos de la moralidad están ya presentes en nuestros primos, los simios. Remito asímismo a la obra de Paul Bloom, Just babies. The origin of good and evil, para ver cómo aparece la moralidad, las conductas prosociales y el altruismo en niños pequeños antes de tener lenguaje verbal y haber sido socializados. Entonces, si existe un “sentido moral”, debería haber unos mecanismos cerebrales para la moralidad y deberían existir pacientes con trastornos cerebrales que tuvieran una moralidad dañada. Y es en esto en lo que me voy a centrar en este post, en las pruebas de que esa moralidad innata tiene un asiento en el cerebro y para ello me voy a referir a ciertos cuadros clínicos y a estudios de Resonancia Magnética funcional en sujetos normales, en psicópatas, en psicopatías adquiridas por lesiones cerebrales, y en la demencia frontotemporal. La evidencia neurobiológica apunta a una zona, la corteza prefrontal ventromedial,(CPFVM) especialmente en el lado derecho y a algunas otras áreas relacionadas con ella. Estudios en sujetos normales Los investigadores han realizado Resonancia Magnética funcional (RMf) en personas normales mientras se enfrentaban a una serie de dilemas morales. Las principales áreas implicadas en estas tareas han sido la corteza prefrontal ventromedial (CPFVM) y el adyacente córtex orbitofrontal y ventrolateral (COF/VL), la amígdala y el córtex prefrontal dorsolateral (CPFDL). El CPFVM añade valor emocional y moral a los eventos sociales, anticipa sus resultados futuros y participa en la Teoría de la Mente (ToM), la empatía, la atribución de intención y tareas relacionadas. La COF/VL media las respuestas sociales asertivas e inhibe respuestas impulsivas, automáticas o amigdalares. La amígdala media la respuesta a las amenazas y el aprendizaje aversivo social y moral. La CPFDL aplica análisis racional a las situaciones morales. Hay otras regiones que también se activan pero las vamos a omitir para no complicar demasiado lo esencial (ver primer artículo de referencias). Simplificando, la región esencial de este sistema neuromoral sería el cortex prefrontal ventromedial (CPFVM). En los estudios de Greene con los famosos dilemas de los tranvías esta zona se activa en los “dilemas personales”, es decir, en el malestar que se siente ante la idea de de ser el agente directo que provoca un daño, como en el caso de tirar a una persona desde el puente para que bloquee al tranvía. La CPFVM participa en emociones prosociales, afirmativas y de vínculo social. También participa en la culpa junto con la corteza orbitofrontal derecha. La CPFDL se activa, por contra, en los dilemas impersonales, en los que nosotros no somos la causa directa del daño. En experimentos de “castigo altruista”, el deseo de castigar a los que violan las normas morales, también se activa la CPFVM. Por otro lado, la Teoría de la Mente (ToM) y la empatía son dos procesos muy relacionados con la moral. La ToM implica a la CPFVM que facilita la apreciación de que los demás tienen pensamientos sentimientos y creencias. Los aspectos cognitivos de la empatía, como tomar la perspectiva de otra persona e identificarse con ella, también implican la CPFVM. Estudios en Psicópatas Los psicópatas tienen alteraciones en medidas psicofisiológicas como por ejemplo mínima alteración de la frecuencia cardíaca, de la conductividad de la piel o de la respiración cuando se les ponen imágenes de miedo, estresantes o desagradables. Y tienen también una respuesta autonómica disminuida ante el malestar de los demás así como un reconocimiento disminuido de expresiones de miedo y tristeza. Las personas que cometen delitos violentos tienen alta incidencia de alteraciones neurológicas. En un estudio casi 2/3 de ellos tenían diagnósticos neurológicos como traumatismo craneoencefálico, retraso mental, parálisis cerebral, epilepsia, demencia y otros. Como vimos al hablar de los estudios de Kiehl, los psicópatas no aprenden del castigo y no inhiben sus conductas de riesgo. Como ha demostrado Kiehl y otros, existe una reducción de la sustancia gris en toda una serie de estructuras frontales y en lo que él llama la región paralímbica que implica todas las estructuras que hemos mencionado hasta ahora. Además, existe una relación entre esta reducción de sustancia gris y el grado de psicopatía: a menos volumen de cortex prefrontal mayor tendencia a conductas psicopáticas. Por otro lado, los psicópatas tienen una función reducida de la amígdala, lo que hace que no tengan miedo porque esta estructura está implicada en el condicionamiento aversivo y del miedo. Estudios en animales muestran que la disfunción temprana de la amígdala da lugar a disfunciones en la CPFVM y en la COF/VL. Esto puede hacer que los psicópatas no sientan aversión ante el daño a los demás y el sufrimiento de la víctima. Estudios en Psicopatía adquirida Así como los psicópatas “normales” vienen de fábrica con sus alteraciones existen casos de lesiones cerebrales que provocan conductas similares a las de los psicópatas. Hemos de mencionar aquí a Phineas Gage, que sufría lesiones en la CPFVM (y otras zonas) pero también hay muchos ejemplos de pacientes que han sufrido traumas, tumores, infecciones o roturas de aneurismas en CPFVM y COF/VL. La conducta de estos individuos es desinhibida, irresponsable, incapaces de controlar su conducta social, insensibles a los patrones normales de lo correcto y más proclives a la violación de los valores. Muchos de ellos jugaban, se gastan el dinero sin control, son incapaces de mantener su trabajo y muchas veces acaban divorciados por su comportamiento anómalo. Estos individuos muchas veces no pueden contener la agresión y tienen conductas violentas y algunos de ellos no tienen tampoco ningún tipo de remordimiento o culpa. Comparados con sujetos normales, juzgan tranquilamente que violaciones morales son aceptables. Quiero enfatizar una característica que considero muy importante, porque es un error que se comete con frecuencia al juzgar a estos pacientes y a los psicópatas de neurodesarrollo (los normales). Los sujetos con lesiones de la CPFVM mantienen el conocimiento y el razonamiento moral. Es decir, saben diferenciar las normas y verbalizar qué es lo que está bien y lo que está mal…pero no son capaces de actuar en base a este conocimiento. Es decir, estos pacientes no son capaces de actuar en base a su conocimiento moral, por los déficits en los sentimientos afiliativos, motivacionales, por no poder anticipar las futuras consecuencias, etc. Una explicación parcial de este rasgo es que el conocimiento moral se almacena también en otras regiones fuera de la CPFVM, particularmente en el lóbulo temporal anterior derecho. Antonio Damasio ha estudiado este tipo de pacientes y la conclusión clara es que presentan alteraciones en la conducta moral y social. De hecho, Damasio se encontraba con el problema de que las compañías de seguros no cubrían la enfermedad de los pacientes porque en aquella época se realizaban sólo pruebas de inteligencia, cuyo resultado es normal en estos pacientes. De ello, las compañías deducían que no había ningún daño y que la anómala conducta de los pacientes no se debía a enfermedad. Por lo tanto, hay que saber separar incompetencia mental o intelectual de incompetencia moral, no son lo mismo. Insisto: “saber” lo que esta bien o mal no implica “poder” hacer el bien y el mal. Es muy interesante el caso de pacientes que sufren estas lesiones en el polo frontal en la infancia. El propio grupo de Damasio publicó un artículo con el caso de dos adultos que sufrieron las lesiones con anterioridad a los 16 meses de edad. Estas persona mostraban una conducta gravemente alterada pero con una cognición normal. Eran insensibles a las futuras consecuencias de sus decisiones, y su razonamiento moral y social estaba dañado. Esto demuestra que un daño prefrontal temprano da lugar a una clínica psicopática, porque probablemente altera el proceso de adquisición de las normas morales. Estudios en Demencia Frontotemporal La característica principal de los sujetos con demencia frontotemporal es la transgresión de las normas incluyendo conductas psicopáticas, pérdida de empatía y de apreciación de los sentimientos de los demás, pérdida de la capacidad de insight de las consecuencias de su conducta. Conductas sociopáticas ocurren en más de la mitad de los pacientes: robos, shoplifting, conducta sexual inapropiada, agresiones físicas y actos de violencia. Recientemente he visto un caso personalmente y se caracterizaba por conductas sexuales inapropiadas, masturbación en público, peleas con vecinos, falta de empatía, pérdida del control de impulsos y ninguna preocupación por las consecuencias de sus actos. Conclusiones La evidencia de todos los tipos de estudios mencionados sugiere que existe una red neuromoral en el cerebro que promueve la cohesión social y la cooperación. Esta red comprende principalmente la CPFVM, la COF/VL, la amígdala y otras estructuras relacionadas. Cuando algún paciente se presente por primera vez con un cambio de conducta de tipo moral y social hay que considerar la posibilidad de una lesión cerebral. Pacientes con lesiones en CPFVM y estructuras relacionadas han cometido delitos y han sido encarcelados. ¿Dónde nos deja esto? Pues en que no es lo mismo una persona con el sistema moral prefrontal intacto y una que no lo tiene; las personas con lesiones en la red neuromoral tienen la brújula moral rota. Vuelvo a insistir en que debido a su incapacidad para controlar sus impulsos y demás déficits morales no es un buen argumento decir que saben diferenciar el bien del mal y que son, por tanto, responsables de sus actos. Insisto en no igualar incompetencia moral con incompetencia mental o intelectual. Para ser considerado responsable la persona tiene que tener la capacidad de poder actuar de otra manera. Cuando el cerebro moral está lesionado, actuar de modo alterantivo no es posible. Esto nos lleva a la conclusión de que la manera en que enfocamos en la mayoría de las sociedades occidentales (donde hemos sobreestimado la importancia de lo racional) la valoración de las cuestiones de responsabilidad y el funcionamiento del sistema legal a este nivel no es compatible con los hallazgos de la neurociencia. Tarde o temprano tendrá que cambiar. La mayoría de psiquiatras (el propio Robert Hare incluido) sigue pensando que la psicopatía no mitiga la responsabilidad penal. Esto ya no se puede sostener a la vista de las pruebas existentes: los psicópatas tienen alteraciones en funciones que afectan su responsabilidad (ver en especial el artículo de Cordelia Fine y Jeanette Kennet de las referencias). Hablar de las posibles alternativas al sistema actual alargaría esta entrada más de lo que ya lo es, pero sí quiero decir una última cosa. Que no sean responsables no quiere decir que necesariamente haya que dejar en libertad a los psicópatas o no se les pueda castigar. Las visiones teóricas del castigo legal se agrupan principalmente en dos tipos de teorías: las retributivas y las utilitaristas. La visión retributiva mira al pasado y se centra en el agente del acto y en su relación con ese acto. Para castigar desde el punto de vista retributivo el criminal tiene que merecerlo y de ahí atribuirle libertad y posibilidad de actuar de otra manera. Pero la visión utilitarista mira al futuro y a las consecuencias para la sociedad y los individuos del castigo y no precisa que el castigo sea merecido. Desde una óptica utilitarista se puede castigar a un psicópata por el peligro que supone para la sociedad. Un abordaje basado en la defensa propia, por ejemplo, nos provee de un buen argumento teórico para castigar. Lo que no podemos es basar ya las decisiones legales en lo que las estamos basando actualmente, en que los psicópatas son libres para actuar de otro modo. Referencias Mario F Mendez. The neurobiology of moral behavior: Review and neuropsychiatric implications. CNS Spectr. 2009 November; 14 (11) 608-620 Ullrich Wagner y cols. Guilt-specific processing in the prefontal cortex. Cerebral Coertex November 2011; 21: 2461-2470 Cordelia Fine y Jeanette Kennet. Mental impairment, moral understanding and criminal responsibility: Psychopathy and the purposes of punishment. International Journal of Law and Psychiatry 27 (2004) 425-443 Walter Glannon. Intervening in the psychopath´s brain. There Med Bioeth (2014) 35: 43-57
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