MEDIOS AUDIOVISUALES - Artículo n° 1: Los medios audiovisuales 0. Introducción: DEFINICIONES: CINE y TV I) Del artículo “Artes y medios”, Luis Pietragalla. En su edición de 1932, el Diccionario Enciclopédico Abreviado de Espasa-Calpe (tomo 3, p.708) definía a la televisión como reproducción de una imagen visual a distancia; hoy, el Diccionario de la Real Academia Española, DRAE (www.rae.com), sólo agrega que esa reproducción se hace mediante ondas hertzianas. Más desplegada, la Enciclopedia Encarta 2005 la explica como “transmisión instantánea de imágenes, tales como fotos o escenas, fijas o en movimiento, por medios electrónicos a través de líneas de transmisión eléctricas o radiación electromagnética (ondas de radio)” 1, con lo que da lugar a la TV terrestre (“de aire”), por cable (CATV), satélite (SATV) o Internet, Ambos textos señalan un aspecto clave: la instantaneidad de la TV. La cinematografía, en cambio, es la “captación y proyección sobre una pantalla de imágenes fotográficas en movimiento” (DRAE). En 1932, el Espasa-Calpe la consideraba “arte de representar el movimiento por medio de la fotografía” y al cinematógrafo como “un aparato óptico en el cual, haciendo pasar rápidamente muchas imágenes fotográficas que representan otros tantos momentos consecutivos de una acción determinada, se produce la ilusión de un cuadro cuyas figuras se mueven”. Claramente, de acuerdo a esas fuentes, la primera tiene un proceso electrónico, mientras que el de la segunda es fotoquímico (como en la fotografía tradicional, de la cual deriva). Esto es cierto, pero ¿por cuánto tiempo más? Es sabido que la fotografía digital ya está instalada y gana día terreno a la que se realiza sobre soporte fotoquímico, cambio que ha ocurrido en pocos años y ante nuestros ojos. La hegemonía del soporte fotoquímico en el cine se mantuvo hasta la década de 1980, época en la que empezó a ser reemplazado -lenta pero inexorablemente- por las distintas variedades de soportes electrónico-informáticos. Para concluir, el DRAE distingue TV de vídeo en tanto que éste es un “sistema de grabación y reproducción de imágenes, acompañadas o no de sonidos, mediante cinta magnética”. 1 Es curioso que se omita en las dos definiciones que la televisión no es sólo visual, sino audiovisual, cosa que ocurrió desde las primeras transmisiones y grabaciones en la década de 1920. No fue eso lo que le pasó al cine, que recién accedió al sonido de modo regular en 1927, pese a que hubo experiencias desde la década de 1890. 1 Agreguemos que el soporte donde grabar ya no son sólo las cintas magnéticas; desde hace varios años (circa 1980), el disco también lo permite (para no incluir al antecedente de 1927 2). II) Del artículo “¿Historia de la especificidad de los dispositivos o especificidades del dispositivo a través de la historia?”, Luis Pietragalla y Juan Alfonso Samaja. Tomando la definición etimológica de la que hemos partido, resulta que lo cinematográfico se define precisamente por la capacidad inherente de registrar el movimiento, tal como ya lo había sugerido el gran historiador y teórico Teo de León Margaritt: ¿Qué significa la palabra cinematógrafo? Se sabe ya que sus valores etimológicos se originan en los antiguos vocablos griegos kinesis, movimiento, y graphein, escribir, respectivamente. Fórmase así un término compuesto, kinema-to-graphos (cinematógrafo), cuyo significado, de vulgarización más amplia y más conforme y nuestra interpretación moderna, vale decir más apropiada a nuestro sentir, es registro, representación o reproducción del movimiento3. Si la cinematografía entonces es registro o escritura del movimiento real, la televisión o lo televisado o televisivo se define por la transmisión de imágenes desde un punto emisor hacia un artefacto receptor, a distancia. Ahora bien, si tomamos sistemáticamente estas definiciones, resulta que para que haya fenómeno cinematográfico debe haber registro de un movimiento real que se traduce en descomposición cronofotográfica4, y restitución posterior del movimiento que se magnifica por medio de la proyección alográfica5. 2 Es el caso de los LD (Laser Disk, lanzados a comienzos de la década de 1980), los CD y los DVD, a los que se suman los recién llegados, que aportan imágenes de alta definición: BD (Blue-Ray Video Disk), DVD-HD y EVD (Enhanced Versatile Disk). Pero además están como medio de grabación los discos ópticos de cámara (XDCAM) y los dispositivos de memoria de estado sólido, cada día más empleados en cámaras profesionales (Sony PMW-EX1), que adoptados por varias empresas fabricantes de cámaras, harían afirmar que ésa seria la tecnología de registro AV de la década actual. 3 Margarit, Teo de León, Historia y filosofía del cine, pág. 6, Buenos Aires, Impulso, 1944. 4 Cronofotografía: Descomposición del tiempo real en una sdefiniciones cine y tvucesión de imágenes fotográficas (cine, vídeo). 5 Tomamos los términos autográfico y alográfico que Gerard Genette (1989) empleó para discriminar las disciplinas artísticas, pero aplicándolos a los dispositivos tecnológicos, de modo tal que se puede denominar a aquellos que no suponen ningún tipo de registro en sí mismo, es decir, que alográficos son todos aquellos dispositivos independientes del registro (por ejemplo, música, teatro, danza, proyección de una película, transmisión de TV o radio, audio o videochat, etc.). Por el contrario, es autográfico 2 Estas definiciones resultan útiles para recordar que toda actividad de registro del movimiento es cronofotografía y toda reproducción de un movimiento previamente analizado es cinematografía. Por ende el grabado televisivo (como actividad de registro) es cronofotografía, y como reproducción de lo ya registrado, cinematografía. 1. ¿Hay artes audiovisuales? ¿Hay artes audiovisuales o en realidad son medios distintos los que, con un mismo lenguaje, el audiovisual, tienen diferentes características de producción y de realización, pero no de percepción? Adherimos a este último criterio, ya que nos parece más claro; si bien se habla de ‘artes audiovisuales’, la denominación parece algo confusa porque ‘arte’ allí estaría usado con el sentido de técnica y no de expresión de la visión del mundo. (Ése sería el sentido con el que fueron bautizados dos organismos estatales: el español ICAA, Instituto Nacional de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, y el argentino INCAA, Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Según puede leerse en la página del primero, “las competencias del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) son el cine y el mundo audiovisual en España, su gestión, funcionamiento, premios, legislación, convenios, ayudas, etc.”. http://www.mcu.es/cine/CE/InfGeneral/Presentacion.html Los medios de comunicación audiovisual (en adelante, MAv) necesitan de un instrumento mediador para manifestarse: la aprehensión de su representación no es directa, sino a través de aquél. Así, una pantalla y/o un parlante son necesarios para apreciar imágenes visuales y/o sonoras de cine, TV, vídeo, disco o teléfono; cuando se integran dos o más medios a través de un desarrollo informático aparece el (sistema) multimedia. [capaz de registrar lo mismo que produce] aquel dispositivo que implica en su misma puesta en operación algún tipo de registro, generando una suerte de “documento” como producto (por ejemplo, palabra escrita, literatura, pintura, escultura, registro de una película, grabación de música, TV o radio, etc.). 3 Para el DRAE, un medio es “cosa que puede servir para un determinado fin”, como los medios de transporte o de comunicación. Lo audiovisual es lo “que se refiere conjuntamente al oído y a la vista, o los emplea a la vez” (Ibídem). Por lo tanto, los medios de comunicación audiovisual sirven para transportar mensajes conjuntamente al oído y a la vista, pero no en forma directa y presencial (como las artes escénicas), sino a través de alguna tecnología que permita la emisión y recepción simultánea de imágenes y sonidos. La literatura también nos llega a través de un tecnología (la escritura lo es), así como la música (la suma de conocimientos para fabricar instrumentos), pero ninguna de ellas transporta simultáneamente lo visual y lo sonoro. Un recital en un estadio tiene hoy mucho de mediático: la amplificación sonora de instrumentos y voces y la visual de los intérpretes por medio de grandes pantallas (¡o de celulares cercanos al escenario!) hacen que lo escénico real sea casi un marco de fondo; más aún, lo más directo, lo más vivo, para el público es el mismo público. 2. Los MAv La impresión de realidad, como distintivo de los MAv, desencadena un proceso perceptivo y afectivo de participación, según Christian Metz (Metz, 1972: 18). La ilusión es la de un “estar aquí viviente” [Barthes (1964) 1970], la fuerte noción de presencia que da el cine, paradójicamente, es mayor a la del teatro, pese a que en éste está lo real. Justamente por eso el espectáculo teatral, al ser parte de la vida real, no es apto para una buena reproducción de la vida (J. Leirens, citado por Metz, op. cit.: 27). Como en la sala de cine el mundo no interfiere en la ficción (hay silencio, oscuridad; la calle y el mundo exterior suelen esfumarse en ese recinto), provoca esa impresión, aunque no solo por eso: la pantalla, al reproducir la visión del movimiento, logra reproducir su realidad; ésa es su clave (Op. cit.: 34). Lo que definitivamente alimenta la ilusión es la capacidad de mostrar contornos nítidos en la imagen; contrariamente, cuanta menos nitidez tenga, menor será la sensación de presencia de la realidad. El español Ángel Rodríguez Bravo argumenta que, mirado desde el receptor, así como lenguaje musical hay uno solo, que es común a la ejecución de cualquier instrumento (piano, voz, orquesta), lo mismo ocurre con el lenguaje audiovisual, que es el mismo, 4 más allá de los procedimientos (técnicas) que se apliquen en cine, TV o videojuegos, ya que los problemas de realización del emisor se disuelven en los problemas perceptivos del espectador hasta desaparecer (Rodríguez Bravo, 1998: 23). El audiovisual, además, es un lenguaje que engulle a otros (Op.cit.: 27). Sin desmedro de que cuando forma parte de un arte escénica podría ser un arte integrante más (ópera, recital de rock, etc.), estaríamos, entonces, ante un arte combinada [donde un lenguaje prevalece sobre otros, con los que ha ‘firmado alianzas’ (Louis Leutrat, en Aumont, 1997 (1989): 186], pero que no las ha integrado, tal como concibieron los pioneros de los Ballets Rusos, cuya conjunción de talentos (Stravisnsky, Picasso, Nijinsky, Matisse, Pavlova, De Falla, Cocteau, etc.) puso en acto desde comienzos del siglo XX la obra de arte total, donde ninguna de las que la integraban (música, danza, dramaturgia, escenografía/vestuario) preponderaba sobre las otras (son ejemplos La consagración de la primavera y El pájaro de fuego, con música de Stravinsky y coreografía de Nijinsky; El sombrero de tres picos y La tienda fantástica, trabajo conjunto del músico Manuel De Falla, el coreógrafo Leonid Massine y el pintor Pablo Picasso). Por cierto, esa integración no es el caso habitual ni de los MAV ni de otras artes, donde su propio lenguaje es el que impera. Esto no quita que actualmente haya mucha aceptación para obras donde sí se integren; pero también es cierto que no constituyen mayoría ni son tampoco requisito obligatorio para un artista. Suele incluirse a la radio dentro de los MAV, lo que no nos parece pertinente, ya que contradice la definición de AV al referir sólo al oído. Lo mejor es dividir los medios de comunicación en visuales (fotos, gráficos), sonoros o acústicos (radio; disco y teléfono, si cuentan sólo con sonido) y AV (cine; TV; video; videojuego; disco y teléfono, si cuentan con sonido e imagen). La Internet es soporte válido para cualquiera de las tres posibilidades; un caso es el Net Art, procedimiento colectivo donde los participantes online hacen aportes plásticos a una obra plástica aleatoria. 5 3. Diferencias cine, TV, vídeo ¿Hay reales diferencias, esenciales, entre cine, TV y video? ¿Qué tienen en común y que los diferencia? ¿Por dónde pasa hoy, en la segunda década del siglo XXI, la verdadera y profunda distinción? Hubo diferencias entre estos medios que hoy están obsoletas (blanco y negro vs. color; sonido monoaural vs. sonido envolvente; etc.). Si les anteponemos algún atenuador como ‘generalmente’ o ‘en la mayoría de los casos’, se evitarían distinciones contundentes que corren el riesgo de derrumbarse en poco tiempo. Una “diferencia” que se suele argumentar es que “el cine se ve en pantallas grandes y la TV o el video en pequeñas”, es un lugar común. Mayoritariamente es así, pero es sabido que se proyecta TV o vídeo con imágenes luminosas y de buena calidad (en distintos formatos y soportes) en grandes pantallas de grandes cines, de estadios, en la calle o en bares. Por ejemplo, el canal Telefé, de Buenos Aires, emitió el último capítulo de dos exitosas series del modo habitual (a los televisores) y a un lugar emblemático de Buenos Aires, donde el público podía presenciarlo junto al elenco allí presente: para Resistiré (2003) fue el teatro Gran Rex, sala de más de tres mil butacas; para Montecristo (2006) el estadio Luna Park, con varias pantallas gigantes que siguieron más de siete mil espectadores. Nadie parece haberse quejado por la calidad de la imagen o del sonido, que es lo mismo que (tampoco) pasa en algunos complejos de cine arte, que exhiben ciertas películas de estreno en DVD, previa advertencia en el programa, en boletería o en la prensa. Se suma a lo dicho el proyecto en desarrollo de la NHK (radio y TV pública de Japón), la Super Hi-Vision, sistema de ultra alta definición, mayor a 4000 líneas, que contempla una pantalla hogareña de gran tamaño. Además, con el servidor adecuado, hoy es posible una proyección pública de vídeo de gran tamaño con esa calidad así como el equipo que lo registre en vídeo. Otra ‘diferencia’ que se escucha a menudo es que “la calidad de imagen de la película cinematográfica es mucho mayor que la del mejor vídeo.” Es cierto, pero sólo si se proyecta film de 35mm. (soporte del siglo XIX más que bueno), que resuelve entre 2000 y 4000 líneas, calidad mayor que la de una proyección de vídeo de alta definición que llega a las 1080 líneas y, más grande aún, que otros sistemas que no superan las 525 6 ó 625 (DVD). Pero, si bien no es lo mismo la percepción de una imagen muy definida que otra que lo es menos, el ojo lo acepta y se acostumbra, sobre todo si no tiene punto de comparación. Sistemas como el Imax, con pantalla macro abovedada, de ocho pisos de altura, cubriendo un ángulo mayor que el que capta nuestro ángulo de cobertura visual, sólo son posibles (por ahora) con proyección cinematográfica de película de 70mm., cuyos fotogramas son diez veces más grandes que los habituales de 35mm. Como se vio más arriba, la mayor calidad de la imagen aumenta la impresión de realidad y su disminución, junto con la interferencia de la realidad, distancia al espectador de la ilusión de “estar aquí viviente”. La realidad se cuela con más facilidad si la pantalla es pequeña, como ocurre por lo general con la TV. Si hay poco detalle, el ojo recorre la imagen con mayor rapidez que si tuviese más información donde detenerse; lo que quiere decir que una imagen con detalle puede permanecer más tiempo en pantalla que una que no lo tenga. Acabamos de ver diferencias importantes y ya nos debería ser posible discriminar en cuál de los tres medios tendríamos mejor o peor calidad de imagen, y qué efectos produciría. Pero esta comparación es incompleta si no profundizan o no se tienen en cuenta otras variables (cantidad de imágenes por segundo, nivel de brillo, calidad sonora, tipo de barrido, etc.). Simplemente, pensemos: ¿por qué es mucho menos seductora y satisfactoria la experiencia de ver una película en un televisor de 14” reproducida por una VHS, que verla en una sala Imax? ¿Sería posible contabilizar diez razones? ¿Cómo incidirían estas características en un salón de clases? En muchos casos, las diferencias son debidas a cuestiones extra tecnológicas: una pantalla tan grande como la del cine, salvo excepciones, no la tenemos en casa; tampoco podemos lograr ‘ese’ sonido, porque ‘ese’ sonido sólo puede escucharse si el recinto tiene determinadas dimensiones (además, no hay equipo electrónico actual que pueda imitarlo en recintos más pequeños, como un living o un dormitorio de una casa promedio). Tan es así que los estudios de sonido para cine necesitan espacios tan grandes como las salas para hacer la mezcla final de audio, si no, no hay garantías de 7 cómo sonará en las salas con público. Lo sonoro de calidad, entonces, es una diferencia que aún sólo puede lograrse en recintos por encima de ciertas dimensiones. Otra diferencia es la instantaneidad de la comunicación -el ‘vivo’-, propia de la TV, la Internet y el teléfono, hoy cada día más cercanos y parecidos, al punto que el llamado triple play, un único proveedor de TV, teléfono e Internet, ya se está naturalizando (más allá de sus ventajas e inconvenientes). El cine carecería del directo porque es diferido; no obstante, ¿qué impediría que viésemos un evento en vivo proyectado en alguna de sus grandes pantallas?, ¿o una obra de ficción? (El zapping también es exclusivo de la TV, aunque es de dudar que se institucionalice en una sala de cine, ya que -con la tecnología disponible y en una sola pantalla- sería caótico. Lo mismo ocurría con el acceso a la detención o al congelamiento de la imagen, su rebobinado, avance rápido y cuadro a cuadro.) Las diferencias más importantes entre cine, vídeo y TV pasan por un hecho no tecnológico sino social: el rito. Ante un mismo AV, no nos comportamos igual si lo vemos en el cine, en vídeo o en TV; aun si en el cine nos lo proyectasen en vídeo de alta calidad o si lo transmitiesen hasta allí por satélite o Internet, no procederíamos como en casa (salvo que seamos muy desubicados). El espectáculo público, el estar rodeado de gente, el haberse preparado para salir, cambiado de ropa, desplazado hasta la sala, haber sacado entrada y comprado pochoclo o lo que fuese, nos habilita el espacio de la excepción propia del espectáculo (o sea, lo digno de verse, lo que no se puede hacer todos los días, ni a toda hora o cuando se nos ocurra…, como ver la ‘tele’). La interrupción en el cine está muy mal vista, porque es la invasión de la realidad la que nos deja afuera de la impresión de realidad. En nuestra casa, nos asomaremos a la TV cuando haya algo que llame la atención; en el cine, seremos espectadores cautivos con poco que mirar que no sea la pantalla. No obstante, todos sabemos que es probable que le prestemos mucha atención a nuestra TV cuando transmitan ciertos eventos: deportivos, políticos, AV u otros, a los que prestaremos toda nuestra atención. 8 En la mayoría de los casos, y a diferencia del cine, la interrupción está habilitada para quienes ven TV, salvo en el momento del espectáculo, de la excepción (no sería una buena idea querer cambiar el canal en los últimos minutos de un final de campeonato…). Con el vídeo ocurre algo intermedio en el ámbito hogareño; tiende a haber más silencio y la interrupción está limitada. Si se dispone de proyector, la posibilidad de interrupción tendrá menos cabida, incluso si lo que se proyecta es TV. ¿Qué ocurriría si la pantalla de TV de casa tuviese diez metros de diagonal? ¿Se le tendría más respeto? ¿O una vez que nos hayamos acostumbrado pasaría lo mismo? 4. Conclusión Pero podemos concluir, con Juan Alfonso Samaja, que todos los MAV son parte del cine (Samaja, 2007), ya que todos comparten su esencia, más allá de sus dispositivos tecnológicos y fines. Entendida la cinematografía como “captación y proyección sobre una pantalla de imágenes fotográficas en movimiento” (DRAE) y tomando su misma etimología (descripción/registro/escritura del movimiento), la TV, el vídeo, el videojuego, etc., caben dentro de lo que abarca esta definición, más allá de técnicas, procedimientos y modos de exhibición (soporte fotoquímico, magnético o informático; salas grandes o pequeñas, hogareñas o públicas; pantallas enormes o diminutas; recepción instantánea o diferida de imágenes, por medios óptico-mecánicos, electrónicos [fijos o móviles] u otros; etc. © Luis Pietragalla, Argentina, 2007. 9
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