Enfermedad del Parkinson “Parálisis Agitante”. María Guadalupe Martínez Medina, Julieta Medrano Martínez, Axel Jair Montoya Becerril, Lysbeth Katherine Pichardo Mendoza, Dylan Rafael Bautista Daniel, Jennifer Meza Laguna. 1 Universidad Autónoma de Querétaro, Querétaro, México. [email protected], [email protected] , [email protected] [email protected] , [email protected], [email protected]. , +Corresponding Author; María Guadalupe Martínez Medina, Julieta Medrano Martínez, Axel Jair Montoya Becerril, Lysbeth Katherine Pichardo Mendoza, Dylan Rafael Bautista Daniel, Jennifer Meza Laguna, Cerro de Las Campanas, s/n, Las Campanas, 76017 Santiago de Querétaro, Qro, México. Resumen El Parkinson es el segundo trastorno neurodegenerativo caracterizado por déficit de neuronas, ocasionando temblores, rigidez muscular e inestabilidad en la postura, actualmente su diagnóstico continúa siendo clínico, basado en la evaluación neurológica, debido a la ausencia de biomarcadores validados. La etiología es multifactorial y se ha asociado a factores genéticos, ambientales y al envejecimiento poblacional, los cuales contribuyen al aumento de su prevalencia mundial. En cuando a su tratamiento, encontramos que no existe un tratamiento curativo, su tratamiento se basa en el control de la sintomatología. así mismo fue asociada a los factores ambientales que aumentan su predominio. Los medicamentos pueden mejorar las funciones diarias, como la levodopa, como lo serian estimulación cerebral, donde esta mejora la calidad de vida. A pesar de los progresos, se tienen varios percances en su estudio como los biomarcadores validados, resultados clínicos coherentes, la integración de biomarcadores moleculares, neuroimagen y perfiles genéticos prometen avanzar hacia una clasificación y tratamientos a futuro. Palabras Clave: Enfermedad de Parkinson, Parkinson, Síntomas motores, estimulación cerebral 1. Introducción. La enfermedad del Parkinson (EP) es una enfermedad neurodegenerativa progresiva, por disfunción del microtúbulo, caracterizada principalmente por la pérdida selectiva de neuronas, lo que conduce a una disminución significativa de los niveles de dopamina en el cuerpo. Esta disfunción se manifiesta clínicamente mediante síntomas motores cardinales, como bradicinesia, temblor en reposo, rigidez y alteraciones en la postura. La causa principal del Parkinson es la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina en una región del cerebro llamada sustancia negra. A nivel mundial, EP representa la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente, con una prevalencia creciente asociada al envejecimiento poblacional. Entre los años 1990 y 2016 al aumento de prevalencia de esta enfermedad subió hasta un 19,9% en el país, situando a chile como el principal país donde se ha registrado el mayor aumento de esta enfermedad, seguido por Paraguay, El salvador, honduras y Guatemala. según los datos chile tiene cerca de 40.000 pacientes con esta enfermedad. Aunque se conoce que la causa del Parkinson es la pérdida progresiva de las neuronas, se le asocia a su vez a factores ambientales y genéticos, ya que es multifactorial. En la actualidad, no existe un tratamiento curativo para dicha enfermedad, pero los avances en la farmacoterapia (levodopa) ofrecen nuevas perspectivas para modificar el curso del cuadro clínico y a su vez mejorar la calidad de vida de los pacientes que presentan EP, así como inmunoterapia y terapias génicas, buscando en ellas la mejora de los síntomas y modificar el curso de la enfermedad. 2. Origen de la enfermedad Ya 2500 años a. C se describen diferentes tipos de temblores y parálisis en textos de la Medicina Ayurvérdica, que probablemente hicieran referencia a EP. Algunos autores sostienen que esta condición no existía antes del siglo XIX y la atribuyen a toxinas desconocidas como consecuencia de la Revolución Industrial. De acuerdo con antecedentes históricos y basado en el conocimiento actual de la patología, se hace difícil suponer que esta dolencia no estuviera presente desde tiempos remotos. En los hermosos textos vedas (2000-1500 aC), estructurados en forma de himnos, figuran personas “temblorosas” con dificultad en la concentración del pensamiento. Curiosamente, en ellos como terapéutica se aconsejaban la utilización de una planta (Mucura Pruriens, de la familia de las Fabaceas) que contiene aproximadamente 3% de L-Dopa. Un papiro egipcio de la XIX dinastía (1500-1200 aC) alude a un rey al que "la edad había aflojado su boca, escupía continuamente", lo que podría corresponder a la sialorrea parkinsoniana. En el tratado de medicina china Nei-king (800 aC), en los capítulos Su-wen (preguntas sencillas) se menciona personas con temblor de manos y agitación de cabeza, atribuyéndolo a la disminución del principio Yin que ocurre con la edad. En una cita del Antiguo Testamento, específicamente en el Eclesiastés (300-200 a. C) podemos leer: "En el día que tiemblen los guardianes de la casa y se encorven los hombres fuertes" (Eclesiastes 12; 3-8). Esta sentencia, aparentemente extraña, adquiere sentido con la interpretación clásica en que cada parte del cuerpo está representada de forma simbólica, de modo que "los guardianes de la casa" significan las manos y "los hombres fuertes" se refiere a los hombros, es decir temblor de manos y encorvamiento de hombros. El Charakasamhita (380 aC), uno de los libros sánscritos del Aryuveda contiene la descripción de varios tipos de temblor, a veces asociado a parálisis. La lentitud de movimientos era bien conocida por los griegos (bradikinesia). Hipócrates (460-370 aC), por su parte, escribió acerca del temblor en personas cuyas manos estaban quietas En manuscritos chinos clásicos (Canon del Señor Amarillo, capítulo "Chan Zhen", siglo I aC) se describe un enfermo de 59 años con un temblor invalidante, el paciente era incapaz de alimentarse por sí mismo, y presentaba un parpadeo lento y perezoso. El médico griego, avecindado en Roma, Claudio Galeno (129-210 d. C) distinguió el temblor de reposo del producido durante el movimiento. Talvez el primero que se refirió al Parkinson en forma directa, fue el genio del Renacimiento, Leonardo da Vinci (1452-1519). Fascinado por la estructura y funcionamiento del cuerpo humano, advirtió que algunas personas experimentaban simultáneamente movimientos anormales involuntarios y dificultad en realizar acciones volitivas. Relataba “aparece claramente en paralíticos cuyos miembros se mueven sin consentimiento de la voluntad y esta voluntad, con todo su poder no puede impedir que las extremidades tiemblen”. Franciscus de le Böe, llamado Sylvius (1614-1672) realizó varios estudios basándose en los diferentes temblores. Distinguió los que aparecía en reposo (tremor coactus) de los que ocurrían cuando el individuo realizaba un movimiento (motus tremulous). En el mismo sentido, Francois Boissier de Sauvages de la Croix (1706-1767) estableció claramente que existían temblores de reposo, “palpitaciones”, que desaparecían cuando el paciente intentaba hacer algún movimiento. El famoso cirujano escocés John Hunter (1728-1793) comentaba en Londres, en 1776, en una reunión científica un caso clínico: “Las manos de Lord L. están perpetuamente en movimiento sin que exista sensación de cansancio. Cuando él duerme, sus manos etc. están perfectamente quietas, pero cuando el despierta, al poco rato comienzan a moverse”.Varios siglos más tarde, el médico griego Galeno se refiere en sus compendios a temblores y alteraciones de la marcha con descripciones que dominarán la literatura médica hasta la Edad Media1. Primeros casos estudiados Sin embargo, el EP tal y como la entendemos actualmente nace en 1817, cuando el cirujano británico James Parkinson publica su famosa monografía “ An essay on the shacking palsy ”, la cual señala como una condición consistente en “movimientos temblorosos involuntarios, con disminución de la potencia muscular en la movilidad pasiva y activa, con propensión a encorvar el tronco hacia adelante y a pasar de caminar a correr; los sentidos y el intelecto no sufren mayor daño”. En ningún momento mencionó la rigidez que acompaña a estos enfermos, lo cual para algunos implica una ligereza en la observación, pero es más probable, como nos comenta el Dr. Jaime Court, que se debiera simplemente a que en ese tiempo el tono muscular no se examinaba. De todos modos hay que reconocer que la casuística no fue rigurosa: de los 6 pacientes estudiados, solo 2 reunían los rasgos característicos y 3 fueron observados superficialmente. El primero era un jardinero de mas de 50 años, sin antecedente mórbidos, no tenía vicios siendo su vida regida por la sobriedad y la templanza. Su segundo caso fue un asistente de la oficina de un magistrado al que divisaba de vez en cuando en la calle averiguando que tenía mas de 60 años, aficionado a beber licores espirituosos. El tercero se trataba de un marinero de 65 años, que atribuía su enfermedad a dormir sobre tierra húmeda durante varios meses en una prisión española. Parkinson dio como explicación del fenómeno, una alteración en el funcionamiento de la médula espinal, que podría extenderse al bulbo, descartando un compromiso más alto, ya que no encontró “modificación del intelecto ni de los sentidos”. El gran mérito de Parkinson consistió en relacionar un conjunto de síntomas y signos en una entidad común.2 . El mérito de Parkinson radicó en integrarse en un único trastorno que hasta ese momento eran considerados entidades diferentes. Años más tarde, el eminente Jean-Marie Charcot (1825-1893), neurólogo francés, padre de la neurología clínica, la describió, tras explorar meticulosamente a sus pacientes. Precisamente, fue él quien la rebautizó como "Enfermedad de Parkinson", haciendo así honor al nombre de su colega inglés. Junto a Edme Felix Alfred Vulpian (1826-1887) estudiaron la esclerosis múltiple empleando un esfigmógrafo para distinguir entre el temblor de la esclerosis múltiple y el de la parálisis agitante. Señala diversos elementos semiológicos como la posición de las manos y el tipo de escritura. Al notar Charcot que algunos pacientes disminuían sus síntomas luego de largos viajes en carruaje, recomendó e inventó una silla de manos en que el paciente debía ser remecido. Del mismo modo ideó un arnés con el cual el paciente debía ser colgado y columpiado en el aire, indicando en otras ocasiones el empleo de estímulos eléctricos. Motivado por solucionar la incontinencia salivatoria de algunos pacientes, utilizó la hyoscyamina (escopolamina) droga conocida como inhibitoria de la salivación. La mejoría inesperada del temblor luego de este tratamiento, hizo que sustancias con propiedades similares fueran utilizadas en los próximos 100 años. Desafortunadamente su administración no es inocua, y la sobredosis “pone al paciente rojo como una betarraga, seco como un hueso y loco como un gallina”, según afirma un investigador de la época. Si bien entonces, los beneficios fueron limitados, otras recetas eran francamente peligrosas. En el Manual de Enfermedades del Sistema Nervioso (1893) W.R. Gowers apunta: “En mi propia experiencia, el arsénico y la indian hemp (marihuana), la última algunas veces combinada con opio son de mayor utilidad”. El relacionó la enfermedad a depresión, catatonía e histeria considerándola una neurosis. En 1913, un patólogo alemán de nombre Friederich Lewy (1885-1950) descubrió en el citoplasma de pacientes fallecidos con Parkinson la presencia de una estructura redondeada que se teñía de rosado y supuso que podía ser un marcador para la patología. Luego de 83 años, el cuerpo de Lewy se descubrió que contenía proteínas como la parkina, ubiquitina y alfa-sinucleina, esta última codificada por un gen del cromosoma 4. Entre 1918 y 1926 la Gran Encefalitis Epidémica (Enfermedad letárgica o de von Economo) afectó al mundo. Se estimó en 20 a 40 millones las personas infectadas, 5 millones de los cuales después de meses o años desarrollaron síndrome parkinsoniano. A diferencia de la Enfermedad de Parkinson, en estos pacientes no se encontraron cuerpos de Lewy A inicios del siglo XX se empiezan a dilucidar parte de sus mecanismos patogénicos con la descripción, en 1913, por el patólogo Friederich (1885-1950) descubrió en el citoplasma de pacientes fallecidos con Parkinson la presencia de una estructura redondeada que se teñía de rosado y supuso que podía ser un marcador para la patología. Luego de 83 años, el cuerpo de Lewy se descubrió que contenía proteínas como la parkina, ubiquitina y alfa-sinucleina, esta última codificada por un gen del cromosoma 4. Entre 1918 y 1926 la Gran Encefalitis Epidémica (Enfermedad letárgica o de von Economo) afectó al mundo. Se estimó en 20 a 40 millones las personas infectadas, 5 millones de los cuales después de meses o años desarrollaron síndrome parkinsoniano. A diferencia de la Enfermedad de Parkinson, en estos pacientes no se encontraron cuerpos de Lewy Lewy, y seis años después, de la degeneración de la SNpc por el neuropatólogo Konstantin Tretiakoff 4 . Décadas más tarde, Arvid Carlsson demostrará que el déficit de dopamina constituye el trastorno neuroquímico subyacente a la enfermedad 5 , lo cual servirá de base para los ensayos con levodopa de Birmakmayer y Hornykievicz y, posteriormente, Cotzias , que se convertirán al precursor oral de la dopamina en el eje del tratamiento de la EP hasta nuestros días. En 1960, O. Hornikyewicz y W. Birkmayer demostraron que los cerebros parkinsonianos tenían 80 a 90% menos dopamina deduciendo que su administración podría aliviar a estos enfermos. Como la dopamina no atraviesa la barrera hematoencefálica, inyectaron Dopa con resultados espectaculares. La Dopa (hidroxifenilalanina) era conocida desde 1913, cuando Marcus Guggenheim, bioquímico de la compañía Hoffman-La Roche, la sintetizó justamente de una planta que crecía en el jardín de su jefe Fritz Hoffmann. Desgraciadamente los efectos colaterales (hipotensión, fatiga, náuseas y vómitos) hicieron que el tratamiento fuera impracticable. George Constantin Cotzias (1918-1977), un griego, médico investigador en Brookhaven National Laboratory N.Y., Estados Unidos, en 1967, administró L Dopa en dosis progresivas por vía oral, obteniendo un método terapéutico altamente efectivo. Según nos relata el Dr. Court, Cotzias se enteró a través de un estudio epidemiológico en el cual participó el Dr. Pedro Schüller (Profesor de la Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile), que en Corral Quemado, una mina de manganeso situada en Andacollo, en el norte de Chile, algunos mineros desarrollaban un cuadro semejante al Parkinson. Rápidamente se puso en contacto con el Dr. Ismael Mena (Jefe del Laboratorio de Medicina Nuclear de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica de Chile) el cual comisionó a los Drs. Sergio Fuenzalida y Jaime Court, en ese entonces docentes de nuestra Facultad que trabajaban en el Hospital Barros Luco- Trudeau, para diseñar un proyecto de investigación. Surgió de esta manera, en 1969 uno de los estudios más interesantes en relación al Parkinson que se llevó a cabo durante varios años. Las dosis empleadas en el tratamiento de los mangánicos (hasta 16 grms), entusiasmaron a los médicos en general para emplear el medicamento con mayor confianza. En las décadas siguientes, se han ensayado diferentes compuestos, pero la L-Dopa o sus combinaciones sigue siendo el pilar terapéutico. A pesar que se ha logrado un mejor control de los pacientes, la tolerancia, intolerancia o resistencia experimentada por muchos, ha conducido a reconsiderar también la cirugía, la cual se había intentado desde principios de siglo. El “milagro” de la levodopa llevó al abandono progresivo de las técnicas ablativas quirúrgicas que habían proliferado desde los años 50 , pero fue precisamente la aparición de complicaciones derivadas de su uso crónico lo que resultó en una revitalización de las técnicas neuroquirúrgicas, inicialmente de las palidotomías realizadas por Laitinen y, algo más tarde, de la neurocirugía funcional con la aparición de la estimulación cerebral profunda. El reciente desarrollo del ultrasonido focal de alta intensidad (High Intensity Focused Ultrasound , “HIFU”, siglas en inglés) , abre la puerta a un renacimiento del abordaje lesional mediante una estrategia no quirúrgica. Estamos por tanto a punto de cumplir 200 años desde la descripción moderna de la EP y no cabe duda de que las últimas décadas han sido las más fructíferas en cuanto a conocimiento y mejoría en el tratamiento de la enfermedad. 3. Transmisión y mutaciones Típicamente la enfermedad de Parkinson es esporádica, esto quiere decir que no se transmite directamente de padres a hijos. Aún así, entre el 5 y 10% de los casos se pueden atribuir a mutaciones en ciertos genes (sean estos recesivos o dominantes). (7,8) No implican contagio, sino, en caso de las formas hereditarias, una transmisión genética familiar. (9) Transmisión genética: Puede ser de carácter autosómico dominante, donde un padre portador puede transmitir la mutación con un 50% de posibilidades en cada hijo. Y la autosómica Recesiva, en la cual los padres pueden ser portadores sanos, así, el riego de transmitirlo a hijos, aparece cuando ambos padres aportan la copia alterada. (8) En cuanto a mutaciones genéticas asociadas Parkinson están: Los dominantes: SNCA (alfa-sinucleína): que con su mal plegamiento o dupli/triplicaciones pueden favorecer la formación de cuerpos de Lewy tóxicos. (8) LRRK2 (quinasa leucina-rich repeat 2): Este es considerado un gen dominante. Exhibe una penetrancia incompleta y la mutación más frecuente (G2019S) se ha encontrado tanto en caos esporádicos como familiares. (8) Los recesivos: PRKN (parkin): es un gen que actúa en la degradación proteica y principalmente tiene mutaciones recesivas que suelen causar enfermedad de inicio temprano. (8.) PINK1: esta modifica una cinasa mitocondrial y el aumento del estrés oxidativo, este tiene una herencia recesiva. (8) DJ-1 (PARK7): Sus mutaciones son poco frecuentes y las que se han documentado están en el inicio temprano. (8) Variantes de riesgo Algunas variantes genéticas por si solos no causan la enfermedad, pero si incrementan la posibilidad de que se desarrolle. Uno de los mejores ejemplos es el gen GBA, que está encargado de codificar la enzima glucocerebrosidasa. Las mutaciones en este gen elevan el riesgo de desarrollar Parkinson. (10) En resumen.... El Parkinson no es contagioso. En la mayoría de los casos no se hereda. Cuando si es hereditario predominan las mutaciones en SNCA, LRRK2, PRKN, PINK1 y DJ-1. Las mutaciones pueden aumentar el riesgo o causar de manera directa la enfermedad. La transmisión puede ser dominante o recesiva. 4 . Prueba diagnóstica y tratamiento actual. Pruebas diagnósticas para detectar el párkinson El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson (EP) es fundamentalmente clínico y basado en la presencia de bradicinesia asociada a rigidez y/o temblor de reposo de inicio focal, de acuerdo con los criterios diagnósticos de la Movement Disorders Society1. Los signos motores cardinales aparecen cuando se ha producido una pérdida del 40-60% de las neuronas dopaminérgicas de la pars compacta de la sustancia negra (SN) del mesencéfalo que proyectan al cuerpo estriado. Neuroimagen estructural: resonancia magnética cerebral La resonancia magnética (RM) cerebral convencional de un paciente con enfermedad de Parkinson, por definición, no muestra hallazgos específicos. De hecho, las recomendaciones de las guías de prácticas clínicas3 indican que no es necesario pedir una prueba de neuroimagen si los signos clínicos son típicos. Neuroimagen funcional: análisis del circuito dopaminérgico Disponemos de pruebas de neuroimagen funcional que nos permiten poner en evidencia la depleción dopaminérgica del circuito nigroestriatal característico de la EP. Entre éstas, el SPECT-scan o DaTscan6 es la más utilizada en la práctica clínica. Esta prueba emplea marcadores para el transportador de dopamina (generalmente 123I-ioflupano) y permite evidenciar la cantidad de receptores presinápticos dopaminérgicos (llamados DAT), por lo que es un indicador de la denervación dopaminérgica. Ecografía de sustancia negra La sonografía transcraneal (STC) permite observar la región mesencefálica en la que se localiza la SN. La presencia de ecogenicidad ampliada en esa área (hiperecogenicidad) es el marcador principal de EP (fig. 6), ya que se observa en el 85% de los pacientes y se relaciona estrechamente con determinados síntomas premotores y con otros factores de riesgo para EP9. Al contrario, en personas con temblor esencial y en parkinsonismos farmacológicos no se observa dicha hiperecogenicidad. Analíticas y estudios genéticos En pacientes jóvenes con clínica de parkinsonismo, es necesario valorar y excluir diagnósticos alternativos a la EP que pueden conllevar un distinto tratamiento y pronóstico, e incluso la reversión de las manifestaciones clínicas11, 12. En esos casos, sería de buena práctica, además de una anamnesis extensiva incluyendo historial de fármacos usados, solicitar una analítica completa que incluya hemograma, perfil metabólico, autoinmunidad, cobre en orina de 24 horas, cobre y ceruloplasmina. Respuesta a levodopa La EP típicamente mejora con la introducción de la medicación antiparkinsoniana, al contrario de los parkinsonismos atípicos y el temblor esencial. Por ello, la respuesta de los signos motores a fármacos dopaminérgicos puede servir para el diagnóstico diferencial y, de hecho, es un criterio de apoyo diagnóstico para la EP1. Existen dos maneras de evaluar este efecto: 1) iniciar tratamiento farmacológico en la consulta y mantenerlo durante unas semanas y 2) mediante un test agudo de levodopa. Polisomnografía El trastorno de conducta del sueño REM (TCSREM) se caracteriza por la pérdida de la atonía muscular típica del sueño REM y la presencia de vocalizaciones y hasta acciones/conductas vigorosas durante el mismo16. Es un síntoma presente en la EP y en parkinsonimos atípicos como la AMS y, de hecho, puede preceder en años la aparición de los signos motores17, 18. Avances en el tratamiento del Parkinson en 2025 En el transcurso de los últimos años, se han dado varios avances en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson: Lixisenatida Este medicamento, utilizado en el tratamiento de la diabetes tipo 2, fue estudiado por la organización Cure Parkinson’s, cuyo resultado fue publicado en 2024. Dicho estudio reveló que la progresión relacionada con el deterioro motriz se alentaba con Lixisenatida, aunque esta investigación apenas entrará a la tercera fase de la exploración. DAPA-PD El DAPA-PD o dapansutrile, es un medicamento antiinflamatorio que se está estudiando este año con la hipótesis de que este puede reducir la inflamación cerebral y así, retardar la progresión del Parkinson, de acuerdo a Cure Parkinson's. PINK1 El 13 de marzo de 2025, Science Daily publicó el avance más grande sobre el tratamiento de Parkinson hasta ahora de la mano del Walter and Eliza Hall Institute of Medical Research (WEHI). La institución captó el momento exacto en que la proteína ligada directamente con el Parkinson, conocida como PINK1, se transforma y se adhiere a la mitocondria. La función biológica de esta es proteger a las células de la disfunción mitocondrial que induce el estrés, sin embargo, puede alterarse y formar parte del desarrollo del Parkinson en los seres humanos. Esta no se había encontrado hasta inicios de 2025, pero su descubrimiento abre las puertas a estudiar, tratar y, posiblemente, curar el Parkinson. 5. Cuadro clínico y tratamiento. La enfermedad de Parkinson se define como un trastorno neurodegenerativo de gran complejidad, caracterizado por manifestarse mediante una combinación variable de síntomas motores, autonómicos y mentales. Esta realidad multisistémica ha impulsado una actualización necesaria en los criterios de diagnóstico, integrando formalmente las manifestaciones no motoras como elementos clave para la detección. Tratamientos probados: Actualmente, el pilar en el tratamiento del Parkinson sigue siendo la levodopa, reconocida por su superioridad inigualable para aliviar la sintomatología motora. Sin embargo, su manejo clínico requiere una estrategia dinámica, ya que con el progreso natural de la neurodegeneración, su "ventana terapéutica" se reduce y el efecto beneficioso tiende a desaparecer más rápido entre cada toma. Para contrarrestar este desgaste y estabilizar al paciente, es casi obligatorio recurrir a terapias combinadas. El objetivo es optimizar la disponibilidad de dopamina cerebral y minimizar complicaciones como las discinesias (movimientos involuntarios). En este escenario, se integran fármacos coadyuvantes esenciales: los agonistas dopaminérgicos, que estimulan directamente los receptores, y los inhibidores enzimáticos (IMAO-B e ICOMT). La función vital de estos complementos es extender la vida media de la levodopa en el organismo, lo que ayuda a suavizar las fluctuaciones motoras y evita los periodos de bloqueo o "apagado" que limitan drásticamente la autonomía diaria del paciente. 6. Diagnóstico. Tras más de 200 años desde su descripción inicial, el diagnóstico clínico de la enfermedad de Parkinson (EP) sigue siendo un reto, con amplias implicaciones fundamentales para su manejo clínico. A pesar de los importantes avances en la comprensión de su patogenia, sus características patológicas, sus manifestaciones no motoras y sus posibles indicios paraclínicos, los criterios diagnósticos más aceptados se basan fundamentalmente en una combinación de signos clínicos. El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson (EP) se basa en la identificación del síndrome parkinsoniano. La bradicinesia es un criterio obligatorio para el síndrome y se define como «lentitud en el inicio del movimiento voluntario, con una reducción progresiva de la velocidad y la amplitud de las acciones repetitivas». Otro criterio consiste en descartar hallazgos que pudieran sugerir diagnósticos alternativos, incluyendo antecedentes, exploración neurológica o evolución de la enfermedad. Finalmente, el último consistió en la presencia de criterios de apoyo: aparición de temblor en reposo, inicio unilateral con asimetría persistente, evidencia de progresión, respuesta consistente a la levodopa, corea inducida por levodopa, respuesta a la levodopa durante más de 5 años y evolución clínica prolongada. La investigación ha demostrado consistentemente anomalías, el umbral de detección y la identificación de olores en pacientes con EP. La presencia de cuerpos de Lewy (CL) en el bulbo olfatorio emerge como un marcador patológico constante en pacientes con EP sintomática, presentándose en prácticamente todos los casos, lo que conlleva una pérdida de sensibilidad olfativa en el 70-90 % de los pacientes con EP, incluidos aquellos que no han recibido tratamiento previo y los recién diagnosticados. Esto respalda la idea de que la hiposmia actúa como un signo premotor. El trastorno de conducta del sueño REM (TCSREM) se ha revelado como un posible signo premotor, aportando información valiosa sobre el proceso neurodegenerativo. La prueba de referencia para el diagnóstico del TCSREM es la polisomnografía, que revela una actividad muscular excesiva y un aumento de la densidad electromiográfica (EMG) submentoniana durante el sueño REM. El TCSREM suele preceder a la aparición de los síntomas motores en la EP, con un intervalo medio de 1 a 12 años. Las personas con TCSREM aparentemente idiopático tienen más del 50 % de probabilidades de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, principalmente EP. La resonancia magnética cerebral (RMC) de rutina suele ser normal en pacientes con enfermedad de Parkinson (EP). Su utilidad en este contexto radica en descartar anomalías estructurales, causas secundarias de parkinsonismo e identificar cambios frecuentes en parkinsonismos atípicos. En el campo de la neuroimagen funcional, diferentes radiotrazadores y técnicas de imagen permiten acceder a la vía dopaminérgica. La tomografía por emisión de fotón único (SPECT) del transportador de dopamina (DAT) se ha utilizado ampliamente como una prueba fiable para demostrar la disfunción dopaminérgica in vivo. Esta técnica constituye un valioso método de imagen para diferenciar la enfermedad de Parkinson (EP) de otras afecciones que la imitan, como el temblor esencial, el temblor distónico o el parkinsonismo funcional. Sin embargo, la SPECT de DAT no es una prueba fiable para diferenciar la EP del parkinsonismo atípico, ya que estas afecciones suelen presentar disfunción dopaminérgica presináptica. Como se mencionó anteriormente, el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson se basa fundamentalmente en la observación clínica. Sin embargo, varias pruebas adicionales desempeñan un papel importante en su diagnóstico diferencial con otros trastornos del movimiento, como el temblor esencial y el parkinsonismo atípico. Las pruebas genéticas en la práctica clínica solo deberían recomendarse para una minoría de pacientes que presenten las siguientes características: Parkinson de inicio temprano (< 40 años); antecedentes familiares consistentes; formas sindrómicas de parkinsonismo de inicio muy temprano. Se han investigado algunos biomarcadores potenciales en el líquido cefalorraquídeo (LCR) de pacientes con enfermedad de Parkinson (EP), como la α-sinucleína total, la α-sinucleína oligomérica, la actividad de las enzimas lisosomales y la cadena ligera de neurofilamentos. Sin embargo, los biomarcadores del LCR para la EP no se miden actualmente en la práctica clínica habitual, sino que se han restringido a protocolos de investigación. Conclusión La enfermedad de Parkinson sigue representando un desafío clínico, científico y social global. Su origen multifactorial, que incluye factores genéticos, ambientales y relacionados con el envejecimiento, explica su creciente prevalencia, especialmente en poblaciones con mayor esperanza de vida. A pesar de los avances, su diagnóstico sigue siendo fundamentalmente clínico, basado en una evaluación neurológica y la identificación de síntomas motores clave, ante la ausencia de biomarcadores validados y accesibles para la práctica diaria. El tratamiento actual mejora la función y la calidad de vida, con la levodopa como pilar terapéutico, complementada con agonistas dopaminérgicos, inhibidores enzimáticos y terapias como la estimulación cerebral profunda. Sin embargo, persisten limitaciones asociadas con la progresión neurodegenerativa, las fluctuaciones motoras y la falta de tratamientos modificadores de la enfermedad. Avances recientes, como la investigación en inmunoterapia, terapias génicas, la regulación de proteínas como PINK1 y fármacos en investigación, abren prometedoras vías para intervenciones más personalizadas y potencialmente curativas. En este contexto, el reto futuro reside en integrar biomarcadores, neuroimagen avanzada, genética, investigación traslacional y estrategias preventivas, promoviendo un diagnóstico precoz, tratamientos específicos y una clasificación más precisa del trastorno. Una comprensión integral del párkinson requiere un enfoque interdisciplinario, continuo y ético, centrado no solo en el manejo de los síntomas, sino también en transformar el curso natural de la enfermedad y mejorar la vida de las personas afectadas. Reference 1. Stern, G. (1989). Did parkinsonism occur before 1817? Journal Of Neurology Neurosurgery & Psychiatry, 52(Suppl), 11-12. https://doi.org/10.1136/jnnp.52.suppl.11 2. Parkinson, J. (2002). An Essay on the Shaking Palsy. 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