Tema 5 – El grupo poético del 27 y el teatro de Federico García Lorca
Con el nombre de “grupo poético del 27” se denomina a una serie de poetas que llegó a ser la más brillante promoción
de la literatura española del siglo XX. Fue un grupo compacto y variado al mismo tiempo, al que la situación política
del país disgregó y que jamás volvería a encontrarse. El nombre de “generación” incluye, además, a novelistas como
Rosa Chacel o Ramón J. Sender y, y a dramaturgos como Jardiel Poncela y Alejandro Casona.
Los poetas más destacados de este grupo, ordenados por fecha de nacimiento, son Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo
Diego, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Concha Méndez, Rafael Alberti, Luis Cernuda,
Ernestina de Champourcín, Josefina de la Torre y Carmen Conde.
A pesar de las diferencias de cada uno de los autores y de sus distintas trayectorias, compartieron muchas
características: la amistad, el talento abierto, liberal y progresista, la sólida formación intelectual, las publicaciones en
las mismas revistas, la coincidencia en la Residencia de Estudiantes y la fusión de tradición y novedad (vanguardias). Así
pues, conocían muy bien la tradición lírica española, admiraron a Góngora y a escritores contemporáneos como Ortega
y Gasset, Juan Ramón Jiménez o Gómez de la Serna. Coincidieron, además, en temas (el amor, la naturaleza, la ciudad…)
y en el uso tanto de la métrica tradicional (romances, décimas, sonetos) como del verso libre. Su poesía a veces resulta
difícil, debido a la presencia de símbolos y de imágenes irracionales.
No es fácil hablar de una trayectoria poética en estos autores, sin embargo, se pueden distinguir tres etapas:
➢ Primera etapa. En las primeras obras aparecen tres líneas de desarrollo: el neopopularismo, la poesía pura y las
vanguardias. El neopopularismo se encuentra especialmente en Romancero gitano (1928), de Lorca; en Marinero en
tierra, de Rafael Alberti; y en Inquietudes, de Concha Méndez. Los representantes de la poesía pura son Jorge Guillén,
con Cántico; Pedro Salinas, con La voz a ti debida y Razón de amor, y Ernestina de Champourcín. El poeta más cercano
al ultraísmo y al creacionismo fue Gerardo Diego en las obras Imagen y Manual de espumas.
➢ Segunda etapa. A partir de 1929, algunos de los poetas del 27 recibieron el influjo del surrealismo, que supuso un
cambio de dirección hacia la rehumanización de la poesía, en el que estuvo también implicado Pablo Neruda. Las obras
más significativas son La realidad y el deseo, de Luis Cernuda; Sobre los ángeles, de Rafael Alberti; Poeta en Nueva
York (1930), de García Lorca; Espadas como labios y La destrucción o el amor, de Vicente Aleixandre. En la antología
que Gerardo Diego publicó en 1932 solo incluyó a una mujer: Josefina de la Torre.
➢ Tercera etapa. La Guerra Civil supuso el asesinato de Lorca y el exilio de muchos de ellos (excepto de Gerardo Diego,
Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Carmen Conde y Josefina de la Torre). En los primeros años de la dictadura,
Dámaso Alonso con Hijos de la ira y Vicente Aleixandre con Sombra del paraíso iniciaron la llamada poesía
desarraigada. En los años finales apareció en su poesía la vejez, la soledad y el tema de España (desde la crítica o
desde la nostalgia del exilio). En 1977, se concedió a Aleixandre el Premio Nobel de Literatura, que refleja, en cierto
modo, la importancia que tuvo este grupo, integrantes de la llamada “Edad de Plata”. Asimismo, algunos fueron
académicos o recibieron el Premio Cervantes (como Dámaso Alonso y Gerardo Diego). Carmen Conde será la primera
mujer en acceder a la RAE; en su producción en esta etapa destaca el libro Mujer sin Edén (1947).
Algunos críticos incluyen también a Miguel Hernández en la generación del 27. Dotado de un gran talento, destacan en su
producción el libro vanguardista Perito en lunas, y el poemario compuesto por sonetos clásicos titulado El rayo que no cesa.
Finalmente, en sus últimos años escribió poesía de tema social. Es autor de poemas inolvidables como “El niño yuntero”,
“Nanas de la cebolla” o “Elegía a Ramón Sijé”.
Por último, si tenemos en cuenta que el 27 no sólo fue un grupo de escritores sino una gran generación de artistas, es
obligado recordar también a Salvador Dalí, Maruja Mallo, Margarita Gil-Roësset o Luis Buñuel.
EL TEATRO DE FEDERICO GARCÍA LORCA. El teatro de Lorca y constituye una de las cumbres del teatro español y
universal. Los temas profundos de sus obras teatrales asombran por su unidad, y no son distintos de los que vertebran
su poesía: la pasión condenada al fracaso (muerte o soledad), la esterilidad, la frustración o el abuso de la autoridad.
Lorca se nutrió de muy diversas tradiciones teatrales: desde la tragedia griega hasta el teatro de títeres o el vanguardista,
pasando por Shakespeare y por los clásicos españoles. En sus obras usa el mismo riquísimo lenguaje que en sus poemas,
y además le añade la lengua popular así como la posibilidad de manejar más símbolos (colores, objetos, espacios o
personajes). Su trayectoria teatral se desarrolla en tres etapas:
Primera etapa: Ensaya un teatro modernista con el que fracasa (El maleficio de la mariposa) y se acerca al drama
histórico (Mariana Pineda).
Segunda etapa: Busca nuevas formas, por lo que desarrolla por una parte farsas para guiñol y para personas (La
zapatera prodigiosa) y, además, otro tipo de teatro ligado al surrealismo que en su momento no se pudo representar
(El público y Así que pasen cinco años).
Tercera etapa: Aparecen sus obras maestras, que son Doña Rosita la soltera, Bodas de sangre (1933), Yerma y La casa
de Bernarda Alba (1936). Aquí las mujeres, al igual que los gitanos o los negros, son las representantes de la
frustración, del sometimiento, del fracaso o de la rebeldía.