Escucha, oh, Israel, al Señor nuestro Dios, al Señor
Todopoderoso, y ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma y con toda tus fuerzas. Y estas son las palabras que te mando hoy.
Porque te las mando en tu corazón, y las enseñaras a tus hijos y
hablaras de ellas estando sentado y de pie en tu casa, y al andar por el
camino, y al acostarte y al levantarte y las ataras como una señal en tu
mano, y serán como frontales entre tus ojos, y las escribirás en los
postes de tu casa y en tus puertas. Y sucederá que, si escuchas,
obedecerás mis mandamientos que te ordeno hoy.
Te ordeno hoy que ames, al Señor tu Dios y le sirvas con todo tu
corazón y con toda tu alma. Y daré la lluvia de tu tierra en su tiempo, la
primavera y la cosecha, y recogerás tu grano, lo plantaras y lo harás
crucificar. Te daré plantas en tus campos para trillar, comer y saciarte.
Cuídate, no sea que tu corazón se desvíe y no me adores, y la ira del
Señor se encienda contra ti y el calle las tormentas y no haya lluvia, y la
tierra no se de su fruto, y perezcas rápidamente de la buena tierra que
el Señor te ha dado. Y guardaras estas palabras en tu corazón y en tu
alma, y las ataras como una señal en tus manos y como frontales entre
tus ojos, y se las enseñaras a tus hijos, para que hablen de ellas cuando
te sientes en tu casa y cuando te acuestes por el camino, y al acostarte
y al levantarte. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas,
para que sean tus días y los días de tus hijos prolongados sobre la tierra
que juro Jehová a tus padres que les había de dar, como los días de los
cielos sobre la tierra.
Deuteronomio 6: 4-9