Acorde a la perspectiva de Dussel, un ejemplo de construcción del otro es lo referente a la
conquista de América en tanto un proceso de descubrimiento-encubrimiento que se arraiga al
mito de la modernidad. Dicho mito comprende que la modernidad no es meramente un proyecto
ilustrado con la razón como su estandarte, sino que se funda a raíz de una irracionalidad y violencia
que le es constitutiva, como bien destaca Dussel, previo al cogito cartesiano existió un ego
conquistado que lo funda. Aquella idea de ego conquistador lleva datar el inicio de la modernidad
en 1492 con la conquista de América y la inclusión tanto de España como América latina al proceso
conformador de la modernidad.
Aquello nos permite reformular la visión respecto a la Modernidad pero desde unas coordenadas
mundiales. Ya no sólo descubrimos su concepto emancipador -Kant y su Sapere Aude
perteneciente al espíritu de la ilustración-, sino el mito aniquilador y victimario, de una Europa que
se funda en la falacia eurocéntrica y desarrollista.
Ya en lo referente a la invención-descubrimiento-encubrimiento de América Latina, Dussel
menciona que consiste en la invención colombina de tanto prestarle un "ser-asiático" a las islas
encontradas, es una manera de reducir el impacto que hace tambalear el imaginario geográfico de
Europa otorgándole un ser ya conocido -lo asiático- y verlo como algo re-conocido (puesto que
para Colón y los europeos de la época era una cuestión impensada el encuentro con algo nuevo,
fuera de sus coordenadas): negando su otredad, es decir, es en-cubierto.
Según O´Gorman el descubrimiento es también un en-cubrimiento, pues no se descubre lo nuevo
sino que se reconoce en ese nuevo mundo una materia o potencia donde el europeo comienza a
inventar su propia imagen y semejanza. Inventar es dotarle un ser que ya se encuentre en las
coordenadas europeas, mientras que descubrir implica someterlo al en-cubrimiento: el paso del
Otro a Lo Mismo.
Los Otros son visto cómo Lo mismo; inventar es descubrir, es encubrir y luego conquistar.
El encuentro con el Otro resulta traumático, por ello hay que dosificarlo, tornarlo lo mismo,
ponerlo en nuestra coordenadas. No es la aparición del Otro, es la proyección de lo Mismo.
Podemos destacar que la construcción de otredad, en estos casos, resulta un tipo de violencia
ejercido en relaciones de dominación, en donde el dominador impone su visión de mundo y
encubre a la alteridad, disminuye su propia potencia de ser un Yo y no tan sólo lo Otro.
La segunda referencia es extraída del texto de Krotz que aborda la labor de la antropología en
tanto disciplina que estudia la otredad cultural, pero que a su vez se encarga de construirla:
estudiar la otredad cultural, es crearla, otorgarle una imagen.
Por lo demás se describen tres momentos de la antropología: Fines del siglo XIX, Periodo Entre
Guerras y Post Segunda Guerra Mundial. Cada momento se identifica con uno de estos tres
modelos respectivamente: diferencia, diversidad y desigualdad. Siendo el periodo de fines del siglo
XIX el desarrollado por el autor. Dicho periodo consistió en una prevalencia del discurso
evolucionista y de una fuerte diferenciación entre el Nosotros y los Otros, en donde el Otro
quedaba supeditado a las categorías establecidas por el Nosotros. Es en estos parámetros donde
se establece la idea central del texto: el antropólogo -de la época- no sólo como creador de la
Otredad, sino diferenciador y creador de lo distinto, extraño o salvaje.
Las noción moderna de progreso es bastamente empleada en este momento de la antropología,
en donde progreso era todo aquello que el Nosotros (los europeos principalmente) había logrado
como sociedad, es decir, en vez de estudiar cada cultura o sociedad como ella misma es, fuera de
los parámetros ideológicos de la modernidad, los antropólogos aplicaban dichas categorías para
evaluar su evolución y progreso social, político, económico, etc. Véase por ejemplo los tres estadios
de evolución propuestos: Salvajismo, Barbarie y Civilización, en tanto etapas que debería alcanzar
una sociedad, lo cual se traduce en la adopción de los valores occidentales de la modernidad.
Lo que reitera la idea de que construir una otredad cae en la inferiorizacion, reducción o distorsión
de la propia otredad.