VARIEDADES DE LA PROBLEMÁTICA FILOSÓFICA EN LA PSICOLOGÍA Serie: Biblioteca Digital Comité Editorial: José Carlos Ballón Vargas (Perú) Adriana Arpini (Argentina) Pablo Quintanilla (Perú) Segundo Montoya Huamaní (Perú) Gabriel Moreno Montoya (Perú) Proceso de Arbitraje doble ciego Este libro cuenta con revisión por pares: N° GHE-RPP002 Recepción: marzo de 2025 Evaluación de contenidos: abril de 2025 Aprobación: mayo de 2025 VARIEDADES DE LA PROBLEMÁTICA FILOSÓFICA EN LA PSICOLOGÍA William Montgomery Urday Montgomery Urday, William: Variedades de la problemática filosófica en la psicología. 1° edición. Lima: Grupo Heraldos Editores, 2025. 514 pp.; 15.5 cm. x 23 cm. Serie: Biblioteca Digital ISBN: 978-612-99188-2-2 FILOSOFÍA/PSICOLOGÍA/ EPISTEMOLOGÍA/ LÓGICA/ÉTICA/ESTÉTICA/SEMIÓTICA/CIENCIA/ ILUSTRACIÓN/ANALÍTICA/FISIOLOGÍA/VERDAD/ COGNICIÓN/IDEOLOGÍA/TEORÍAS/FENOMENOLOGÍA SBD 001 © William Montgomery Urday © Grupo Heraldos Editores Editado por Grupo Heraldos Editores S.A.C. Av. Flor de Amancaes Mza. A Lote. 36, Lima 25 - Perú Dirección editorial: Joel Rojas Diseño de portada: Stephanie Barreto Primera edición: octubre de 2025 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú: N° 2025-11216 ISBN: 978-612-99188-2-2 -Ventas, distribución y difusiónwww.heraldoseditores.com www.facebook.com/heraldos.editores [email protected] Reservados todos los derechos. Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio, electrónico o físico, sin la autorización escrita de los editores. contenido índice de tablas y figuras / 15 introducción / 19 capítulo i: filosofía y psicología 1. Conceptos filosóficos básicos / 29 1.1. Filosofía / 29 1.2. Ontología (o metafísica) / 32 1.3. Epistemología (o gnoseología) / 34 1.4. Axiología / 36 1.5. Ética / 39 1.6. Lógica / 42 1.7. Semiótica / 45 1.8. Metodología / 48 1.9. Estética / 51 2. Filosofía, epistemología y psicología / 52 2.1. Psicología y ontología (o metafísica) / 53 2.2. Psicología y epistemología (o gnoseología) / 55 2.3. Psicología y axiología / 57 2.4. Psicología y ética / 59 2.5. Psicología y lógica / 62 2.6. Psicología y semiótica / 65 2.7. Psicología y metodología / 68 2.8. Psicología y estética / 71 Preguntas de comprobación / 74 Bibliografía recomendada / 74 capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 1. El período clásico / 76 1.1. Aristóteles / 79 1.2. Tendencias post-aristotélicas / 83 1.3. El Medioevo / 84 2. Renacimiento y revolución científica / 87 2.1. Renacimiento y humanismo / 87 2.2. La revolución científica / 88 2.3. Algunas especializaciones notables / 92 2.4. La mente como naturalización del alma / 98 3. Del pensamiento ilustrado al siglo XIX / 101 3.1. La Ilustración / 101 3.2. Los empiristas británicos / 102 3.3. Los racionalistas alemanes / 106 3.4. Otras tendencias / 110 4. El panorama en la América pre y postcolombina / 114 Preguntas de comprobación / 119 Bibliografía recomendada / 119 capítulo iii: hitos filosóficos en el siglo xix 1. Pensamientos predominantes / 121 1.1. El materialismo dialéctico e histórico / 122 1.2. Voluntarismo y existencialismo / 125 1.3. Positivismo y asociacionismo utilitarista / 128 1.4. Asociacionismo evolutivo y empiriocriticismo / 132 1.5. El pragmatismo / 135 2. De la psicología filosófica a la psicología experimental / 138 2.1. El siglo XIX / 138 2.2. Algunas influencias científicas en el siglo XIX /140 2.3. La fisiología experimental y sus correlatos epistemológicos / 143 2.4. Inicios de la psicología fisiológica o experimental / 147 2.5. Otros enfoques / 151 3. El panorama en Latinoamérica y el Perú / 153 Preguntas de comprobación / 158 Bibliografía recomendada / 158 capítulo iv: hitos filosóficos desde el siglo xx al presente 1. Fenomenología, positivismo y marxismo / 160 1.1. Fenomenología y existencialismo / 160 1.2. Atomismo lógico y filosofía del sentido común / 164 1.3. Positivismo lógico y filosofía analítica / 167 1.4. Marxismo-leninismo y postmarxismo / 175 2. Heterodoxos, historicistas, pragmáticos y postmodernos / 180 2.1. Heterodoxos / 181 2.2. Historicistas / 190 2.3. Pragmáticos / 194 2.4. Postmodernos y constructivistas radicales / 199 3. El panorama en Latinoamérica y el Perú / 202 Preguntas de comprobación / 207 Bibliografía recomendada / 207 capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente / 209 1. La mente según la ciencia de la conducta / 213 1.1. Conductismo lógico / 214 1.2. Conductismo filosófico / 216 1.3. Conductismo radical / 220 1.4. Contextualismo funcional / 222 1.5 Conductismo E-R / 223 1.6. Conductismo de campo / 225 2. La mente según la ciencia cognitiva / 227 2.1. Funcionalismo computacional / 229 2.2. Conexionismo / 233 2.3. Cognición incorporada / 236 2.4. Epistemología genética / 239 3. La mente según la neurofilosofía / 241 3.1. Teoría de la identidad / 242 3.2. Monismo anómalo / 243 3.3. Materialismo eliminativo / 244 3.4. Naturalismo biológico / 245 3.5 Dualismo interaccionista / 247 3.6. Monismo emergentista / 248 4. La mente según el psicoanálisis y la fenomenología / 250 4.1. La mente psicoanalítica / 250 4.2. La mente fenomenológica / 252 Preguntas de comprobación / 253 Bibliografía recomendada / 253 capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia / 255 1. ¿Qué es la ciencia? / 256 1.1. Ciencia, sentido común y explicación / 258 1.2. El método científico / 260 1.3. El científico / 263 2. Teorías y leyes psicológicas / 266 2.1. Cosmovisiones psicológicas / 266 2.2. Teorías y modelos psicológicos / 271 2.3. Práctica científica y teoría psicológica / 275 2.4. Explicación y leyes en psicología / 278 3. Dimensiones conceptuales, institucionales y políticas de la psicología como ciencia / 285 3.1. El lugar de la psicología entre las ciencias / 285 3.2. Dimensiones institucionales y políticas / 291 Preguntas de comprobación / 295 Bibliografía recomendada / 295 capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología / 297 1. Un cuadro de división / 298 1.1. Las teorías enfrentadas / 298 1.2. Perspectivas de análisis y solución del problema / 300 2. Eclecticismo, separatismo y propuestas de unificación / 312 2.1. Separatismo / 312 2.2. Eclecticismo / 314 2.3. Las vías de «organización multinivel» / 318 3. Otras tensiones / 326 3.1. Tensión entre la psicología básica y la aplicada / 326 3.2. Tensión entre modernismo y postmodernismo / 331 3.3. Algunas reluctantes convergencias / 335 Preguntas de comprobación / 338 Bibliografía recomendada / 338 capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) / 339 1. Dimensión objetivista-subjetivista / 340 1.1. Origen, definiciones y diferencias / 340 1.2. Discusión epistemológica / 341 1.2.1. La imbricación sujeto-objeto / 341 1.2.2. El problema de la consciencia fenomenológica / 349 1.2.3. Realidad y verdad / 354 1.2.4. Determinismo e intencionalidad / 358 2. Dimensión holista-atomista / 364 2.1. Origen, definiciones y diferencias / 364 2.2. Discusión epistemológica / 368 3. Dimensión estática-dinámica / 376 3.1. Origen, definiciones y diferencias / 376 3.2. Discusión epistemológica / 377 Preguntas de comprobación / 385 Bibliografía recomendada / 385 capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) / 387 1. Dimensión cuantitativa-cualitativa / 387 1.1. Origen, definiciones y diferencias / 387 1.2. Discusión epistemológica / 392 1.3. Un ejemplo pragmático de perspectiva cualitativamente organizada / 398 2. Dimensión nomotética-idiográfica / 403 2.1. Origen, definiciones y diferencias / 403 2.2. Discusión epistemológica /405 3. Dimensión exogenista-endogenista / 409 3.1. Origen, definiciones y diferencias / 409 3.2. Motivación intrínseca versus extrínseca / 409 3.3. Herencia versus ambiente / 411 3.4. Discusión epistemológica / 413 3.4.1. Acerca de la motivación / 413 3.4.2. Acerca de la primacía de la herencia o el ambiente / 414 3.4.3. Acerca del papel del cerebro / 417 3.4.4. Acerca de la psicología del lenguaje / 423 3.4.5. Acerca del lenguaje y del desarrollo cognitivo / 426 Preguntas de comprobación / 430 Bibliografía recomendada / 430 capítulo x: el contexto más amplio: la ideología / 431 1. Ideología y paradigmas / 433 1.1. La ideología / 433 1.1.1. Condiciones para el surgimiento de la ideología / 434 1.1.2. Funcionalidad social de la ideología / 438 1.1.3. Consideración estructural: ideologías políticas y religiosas / 446 1.1.3.1. Las ideologías políticas / 446 1.1.3.2. Las ideologías religiosas / 457 2. Una mirada psicológica a la ideología / 460 2.1. Psicología y política / 462 2.2. Psicología y religión / 468 Preguntas de comprobación / 478 Bibliografía recomendada / 478 referencias bibliográficas / 479 índice de tablas y figuras Tabla 1.1. Ejemplos de problemas tentativos que debe abordar la epistemología / 28 Tabla 1.2. Lista de pasos del método científico / 50 Tabla 1.3. Valores propuestos por Rokeach para elaborar su escala de medición / 58 Tabla 5.1. Concepciones sobre el problema mente-cerebro / 211 Tabla 5.2. Paradigmas ontológicos de las relaciones entre la mente, el mundo y el cerebro / 212 Tabla 6.1. Supuestos ontológicos, epistemológicos y metodológicos de cuatro paradigmas en vigencia / 270-271 Tabla 6.2. Tipificación de las explicaciones al uso en psicología / 279 Tabla 6.3. Ejemplos de las leyes de conducta respondiente que enuncia Skinner / 281 Tabla 6.4. Relaciones funcionales entre las dimensiones del estímulo, de la respuesta, del organismo y de otras variables inferidas / 283-284 Tabla 6.5. Clasificación de las ciencias según Aristóteles / 286-287 Tabla 6.6. Clasificación de las ciencias por Wilhelm Wundt / 288 Figura 6.1. Delimitación de la psicología como disciplina científica / 291 Tabla 7.1. La definición del objeto de estudio en diferentes paradigmas y corrientes de la psicología / 300 Tabla 7.2. Divisiones de la APA / 306-307 Tabla 7.3. Factores encontrados en la encuesta de orientación teórica de R. W. Coan / 310-311 Tabla 7.4. Estructura jerárquica de una teoría puente según la propuesta de A. W. Staats / 320 Figura 7.1. Sistema del árbol del conocimiento / 323 Tabla 7.5. Correspondencias entre las principales postulaciones de Skinner y Freud / 324 Tabla 7.6. Algunas características distintivas incluidas en la concepción común de investigación básica versus aplicada / 327 Tabla 7.7. Comparación de supuestos clave de lo «moderno» versus lo «posmoderno» y otras epistemologías en psicología / 332-333 Tabla 8.1. Resumen de los argumentos principales de Skinner y Rogers en el Simposio «Algunos problemas que surgen del control de la conducta humana» / 360 Figura 8.2. Los niveles de análisis de la familia, considerada en función a sus integrantes y sus interacciones con la escuela, el trabajo, el barrio y otras familias / 369 Tabla 8.2. Mecanismos de defensa en el psicoanálisis / 378-379 Tabla 8.3. Clasificación de términos y expresiones del lenguaje ordinario / 382 Tabla 8.4. Patrones de comportamiento lingüístico que funcionan como «marcos» para relacionar eventos / 383 Tabla 9.1. Características que distinguen la investigación cualitativa y cuantitativa / 390-391 Tabla 9.2. Presentaciones doctrinarias de las divisiones «Behavior Analysis» y «Society for Humanistic Psychology» de la APA / 394 Figura 9.1. Proceso total de la transición, desde la interacción simbólica como punto de partida hasta la elaboración de la teoría fundamentada / 399 Tabla 9.3. Aproximaciones nomotética e idiográfica según las definiciones del Diccionario Conciso APA / 403 Tabla 9.4. Métodos no invasivos utilizados para obtener neuroimágenes del funcionamiento cerebral / 418 Tabla 9.5. Síntesis de las críticas de Chomsky respondidas por McCorquodale / 424 Tabla 9.6. Síntesis de las críticas de Vigotsky respondidas por Piaget / 427 Tabla 10.1. Sentidos utilizados por Kuhn para hablar de «paradigma» según Masternam / 440 Tabla 10.2. La ideología en cada uno de los paradigmas prevalentes en las ciencias humanas / 442 Tabla 10.3. Probables papeles jugados por la subjetividad y/o ideología en las explicaciones y aplicaciones del conocimiento científico / 445 Tabla 10.4. Características que reúne una ideología política / 448 Tabla 10.5. Clasificación de las ideologías en relación con sus coordenadas «izquierda-centro-derecha» / 449 Tabla 10.6. Características que reúne una ideología religiosa / 458 Figura 10.1. Cuadrante adaptado de varios esquemas de Eysenck sobre ideologías políticas y su ubicación a izquierda o derecha / 462 Tabla 10.7. Comparación de encuestas de científicos / 472 INTRODUCCIÓN Este libro se elaboró por tres razones principales: una, para bosquejar un escrito introductorio al curso de Epistemología de la Psicología, adaptado a los requerimientos del titular y de sus alumnos mientras sea profesor de la asignatura; otra, para cumplir con las exigencias del proyecto para un Año Sabático; y la última, por el placer de organizar y exponer información sobre algo que siempre fue interesante para el autor. Respecto a esta motivación, se podría decir, como Piaget (1974) al comienzo de su autobiografía, que «un espíritu filosófico está generalmente dominado por una sola idea personal que intenta expresar de muchas maneras a lo largo de su existencia» (p. 147), dándole la razón a Bergson. Este dicho revela, en cierto sentido, la inquietud subyacente que incita el abordaje de temas como este. La gran diversidad de los contenidos tratados exige titular el conjunto de la obra como «Variedades de…», debido a la disparidad de los enfoques reseñados en su interior, situación que hace indispensable tener en cuenta la naturaleza múltiple, polémica y, por ello, aproximativa e inacabada de la materia expuesta. En cierto modo, podría decirse de esta problemática lo que apuntaba Hume (2001, orig. 1738) de la ciencia de su tiempo: «No hay nada que no esté sujeto a discusión ni sobre lo que las gentes instruidas no sean de opiniones contrarias. La más insignificante cuestión no se escapa a nuestra controversia, y, con respecto a las más importantes, no somos capaces de dar ninguna solución cierta» (p. 15). Lo tentativo de la mayoría del contenido está dictado por la enorme cantidad de pareceres en discusión que existen acerca de cada punto filosófico, epistemológico y teórico, pero también por el número, densidad y extensión de los temas abordados, algunos de tal complejidad que solo han podido ser esbozados en una mínima parte —un riesgo calculado—, por lo cual se ha recurrido siempre a citar y referenciar publicaciones clásicas y modernas —de preferencia en idioma español, sin exceptuar otros—, que puedan ofrecer más información a los interesados en profundizar sobre tales temas. 19 20 william montgomery urday La importancia de contar con una «cultura filosófica y epistemológica» suele ser unánimemente reconocida a nivel oficial en la psicología, porque, como lo exponía Locke (2005) en su Ensayo sobre el entendimiento humano, las herramientas conceptuales no estorban, sino que operan como obreros que limpian «el escombro que estorba la marcha del saber» (p. 10) de los que producen y consumen material intelectivo. Lo cierto es que la concepción filosófica de la que parte el psicólogo aplicado es sumamente intrusiva. Sus conceptos de sujeto, sus posturas frente a los problemas de la consciencia, de la libertad, de la intencionalidad, etc., están allí aunque no los vea. Esto, desde luego, no es una novedad para él, pero en la práctica resulta que a veces le pasa desapercibido, o, peor aún, lo da por supuesto sin profundizar. En este último caso, por ejemplo, el psicoterapeuta que carece de una sólida formación enciclopédica respecto a las complejidades filosóficas de su propio pensamiento, en relación con el enfoque al cual adhiere formal o informalmente, se ve limitado por tan pobre alcance. Puede conocer mucho de técnicas y de alianza terapéutica, pero en el trabajo de consultorio no todo es eso. Su conversación, sus consejos, la visión de la vida que intenta inculcar a los usuarios de su servicio, serán tan escasos como su propia aptitud para practicar lo que predica, y, si le da poca importancia, no solo no verá como un problema tal oquedad, sino que se sentirá satisfecho de ella. El conocido apotegma que se atribuye a Unamuno: «Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee», se cumplirá inexorablemente a través de lo que el prestatario del servicio le «enseñe» a su cliente, recordando que —como hasta el propio Freud lo aceptaba— el trabajo psicoterapéutico es más que nada psicoeducativo. Hanson (2010) examina bien este asunto acerca de cómo el «ver qué» (conocer a través del lenguaje) reorganiza el «ver cómo» (percepción directa), reidentificando las categorías del entendimiento de las cosas de acuerdo con la experiencia previa obtenida de la lectura. La presente obra comprende diez capítulos, que podrían resumirse de la siguiente manera, obviando por ahora las citas, referencias y mayores detalles que figuran en la fundamentación de cada uno de ellos en sus respectivas secciones del libro. Debe quedar claro que el siguiente compendio de dichas secciones no es más que una apretada síntesis de lo que se verá en ellas, por lo que no necesariamente les hace justicia. Es, simplemente, un adelanto sin especificar fuentes. introducción 21 El capítulo I, bajo el título de «Filosofía y psicología», trata de enlazar rudimentos filosóficos con la psicología. En este sentido, se abordan en primer lugar las ramas de la filosofía, y, seguidamente, la relación de la psicología con cada una de ellas. Las vertientes filosóficas consideradas son la ontología, la epistemología (gnoseología), la axiología, la ética, la lógica, la semiótica, la metodología y la estética. La discusión respecto a ellas se hace con doble propósito. Por un lado, con el fin de dejar clara la importancia de las cuestiones filosóficas en la psicología, notabilidad hecha evidente a través de las reseñas de las ramas en mención, pues cada una, desde su campo particular de competencia, incluye numerosos aspectos estrechamente asociados con la teoría del conocimiento y la teoría de la ciencia. Por otro lado, para mostrar que la psicología en la multiplicidad de sus enfoques, a su vez, se aproxima útilmente desde diversos ángulos a estas materias. La revisión emprendida sobre cada uno de esos dominios se hizo seleccionando algunas de sus problemáticas más destacadas, sin llegar a agotar totalmente la vasta cuantía de tópicos posibles insertos en su integridad. Los capítulos II, III y IV son fundamentalmente históricos, compendiando la incidencia del pensamiento filosófico desde el período clásico hasta el presente, bajo la forma de los hitos más importantes. Los filósofos griegos del período clásico se distinguieron por su gran fecundidad cosmológica y epistemológica en cuanto a la explicación naturalista del mundo. Al devenir Aristóteles, él se convirtió para muchos en «el primer filósofo de la ciencia», innovando un método de investigación empirista basado en principios de inducción y deducción, según el cual debía irse desde el conocimiento de un hecho hasta el conocimiento de sus causas, apartándose de las interpretaciones espiritualistas y metafísicas del platonismo. Al final de la era antigua, el misticismo neoplatónico, que eliminaba los aspectos más racionales de Platón introduciendo la divinidad como un factor mayoritario en el propósito del alma humana, fue la antesala para el advenimiento del cristianismo. Este se desarrolló con mucho peso durante la Edad Media, imponiendo los dogmas religiosos del pensamiento patrístico, que se convirtió en escolástico cuando trató de sintetizar la teología cristiana, ya platonizada, con la filosofía aristotélica, reinventando a Aristóteles para acomodarlo al dualismo cristiano. Al final del medioevo surgió cierta inquietud por rigorizar el conocimiento, acudiendo nuevamente el empirismo en la versión de 22 william montgomery urday Occam, que revalorizó el contacto sensible con la realidad. Por el mismo período de tiempo, las culturas precolombinas de América, debajo del barniz de la estructura mítico-religiosa, se cree que escondían también algunos rudimentos de cosmovisión acerca del ser humano y su destino en el mundo. Luego, ya colonizado el Nuevo Mundo, la línea generalizada en los centros de enseñanza superior siguió la tendencia escolástica que venía de Europa. El Renacimiento constituyó una época distinguida por el interés humanista y la recuperación del pensamiento naturalista de la antigüedad clásica. En este período comenzó la revolución científica en Occidente, por razones que podrían sintetizarse en la separación parcial de la Iglesia y del Estado, y en la aparición de importantes adelantos como la imprenta y la fabricación del papel. La tecnología impulsó diferentes especializaciones científicas y ciertas reglas lógicas y procedimientos experimentales precursores del método científico. Con el objeto de conciliar la escolástica con las nuevas ideas humanistas, se propuso que existían dos mundos: uno material, dominado por las leyes de la mecánica, y otro, el de la mente humana o alma, en el cual Dios había implantado la consciencia de manera innata, que interactuaba a través de un órgano corporal. La contraposición general se estableció entre el pensamiento racional-mecanicista newtoniano y el papel del sentimiento; y, por otro lado, entre la consideración de un análisis alejado de la historia y la cultura y otro cercano a ellas. El contexto de acelerada industrialización en el siglo XIX hizo florecer la actitud epistemológica, dándole a la elaboración teórica igual peso que a la observación sistemática y experimental, y haciendo emerger variedades de pensamiento relevantes para la psicología en tanto quehacer científico: el materialismo, el romanticismo, el positivismo y el pragmatismo, entre las más destacadas. En el último tercio del siglo XIX, los fundadores de la psicología científica fueron investigadores psicofísicos, quienes entronizaron la mente como el objeto de estudio, basándose en el pensamiento cartesiano. La primera psicología experimental fue, en este sentido, una psicología fisiológica metodológicamente materialista y empirista, apoyada por un abundante aparataje psicofísico. Respecto al siglo XX y lo que va del XXI, la cantidad de «escuelas» filosóficas y de personajes dedicados a exponer su pensamiento es realmente impresionante. Con objeto de sintetizar y esquematizar esta cantidad de enfoques, se introducción 23 suelen etiquetar diferentes agrupaciones de los autores más notorios bajo membretes tales como «fenomenólogos», «existencialistas», «positivistas lógicos», «analíticos», «heterodoxos», «marxistas-leninistas», «marxistas revisionistas», «posmarxistas», «pragmáticos», «posmodernos» y «constructivistas radicales», a riesgo de saber que, aun dentro de cada núcleo, existen variedades y divergencias. En el capítulo V se hace una revisión de las múltiples visiones acerca de la mente desde la filosofía, la ciencia de la conducta, la ciencia cognitiva y la neurofilosofía. La filosofía de la mente es una subdisciplina de la filosofía de la ciencia que comprende muchos tipos de concepciones sobre la relación cuerpo-mente, sean monistas o dualistas, por lo que quizá sea mejor referir su nombre en plural. Tal como se aborda aquí, la ciencia de la conducta abarca aquellas corrientes filosóficas y psicológicas que, desde el enfoque conductista, cuestionan el concepto tradicional de «mente», intentando proporcionar una noción más científica del constructo. Por su parte, la ciencia cognitiva agrupa también corrientes y disciplinas que interpretan la mente como representación informacional o sistema epistémico. Asimismo, están las variantes de la neurofilosofía, es decir, filósofos que, utilizando los datos de la neurociencia, procuran indagar los mecanismos de la mente, o simplemente reducirla a procesos corporales. Para finalizar, se reseñan las posturas psicoanalítica y fenomenológica, procurando reflejar sus líneas más actuales. El capítulo VI trata el papel de la psicología y sus características de empresa de actividad epistemológica que estudia una realidad compleja, de acuerdo con ciertos principios fundamentales. En este marco, se espera que los científicos reúnan ciertas condiciones personales y profesionales para ejercer, por lo que desde la psicología de la ciencia se ha propuesto que deben tomarse en cuenta dichas cualidades. Según la investigación, los científicos serían más estables, dominantes, independentes y menos extrovertidos que la mayoría de la población, pero además deberían tener una vocación que a veces se ha calificado de «estilo de vida». En la ciencia existen diversas cosmovisiones, que se ajustan al análisis de su origen a partir de la noción de metáfora raíz. Desde otra perspectiva, esas diferencias se conciben como paradigmas competitivos, y dependiendo de las respuestas que dan a las interrogantes científicas, cada uno formula sus propias hipótesis y desarrolla sistemas de recolección 24 william montgomery urday de datos congruentes con la verificación de aquellas. Las cosmovisiones se plasman en teorías que tratan de explicar, predecir, describir e interpretar la realidad que estudian, procurando generar principios o leyes. En el capítulo VII se presenta un cuadro en el que, dentro de la psicología, todavía existen muchos paradigmas y teorías en disputa. Se puede mencionar con cierto grado de precisión que por lo menos existen ocho grandes propuestas, aunque cada una subdividida en diversas variantes, algunas veces bastante alejadas del tronco original: psicodinámica, conductual, cognitiva-conductual, cognitiva, humanista, psicología dialéctica, sistémica y psicología del rasgo. Cada una de ellas con un objeto de estudio diferente y enmarcada en distintos paradigmas epistemológicos. Los intentos por entender esta diversidad y su posible organización han pasado por tres modalidades: el separatismo, que considera imposible cualquier forma de unificación; el eclecticismo, que busca elaborar conceptos y métodos compatibles de diferentes orientaciones; y por último está la modalidad llamada vía de organización multinivel, que implica la jerarquización de varios niveles, donde cada uno comprende fenómenos de un ámbito que se analiza mediante una teoría general en constante desarrollo. Otras tensiones han perturbado la buena marcha de la profesión; entre ellas, el disenso de la psicología básica respecto a la aplicada y también el enfrentamiento entre el modernismo y el posmodernismo. Los capítulos XIII y IX se ocupan de poner en discusión las dimensiones señaladas por el investigador Richard W. Coan, a saber: objetivista-subjetivista, holista-atomista, estática-dinámica, cuantitativa-cualitativa, nomotética-idiográfica y exogenista-endogenista, en la medida en que parecen cubrir gran parte del universo filosófico y epistemológico de la psicología. El desarrollo de estos temas lleva a exponer con cierto detalle los debates ocurridos a lo largo del tiempo entre todas esas tendencias dicotómicas y las corrientes psicológicas que las acogen. El capítulo X pretende ser un ensayo de interpretación acerca de las complejas influencias que, más allá de lo académico, afectarían las tendencias en el pensamiento de los seres humanos que dedican su quehacer a profesiones como la psicología. La idea expuesta es que hay contactos interdependientes de la ideología con la filosofía, la psicología, la política y la religión. Para esclarecerlos, se empieza tratando las temáticas del surgimiento y las caracte- introducción 25 rísticas de la ideología en sus diferentes acepciones, su funcionalidad social y su papel en la configuración de los paradigmas científicos, para luego pasar a discutir los problemas relativos a las dos formas estructurales más fuertes de manifestación ideológica en el mundo contemporáneo: las filosofías políticas y las corrientes religiosas, tratando de analizarlas en sus versiones más actualizadas. Finalmente, se procura establecer un puente de relación entre la psicología y dichas ideologías a través de ciertos puntos selectos, y se emiten juicios de valor acerca de las actitudes epistemológicas y vitales que el psicólogo debería mantener frente a la política y la religión. Un asunto con cierta dificultad evaluativa es el de la diferenciación entre historia de la ciencia y filosofía de la ciencia. Según Pinnick & Gale (2000), ambas disciplinas se complementan y se superponen entre sí en cuanto a los temas, aunque difieran en la metodología. Incluso, llegan a afirmar que «cuanto mejor es la historia, peor es la filosofía». Esto se complica si, como señala Bueno (1992), al hablar de «ciencia» en relación con lo producido durante la Antigüedad y la Edad Media, se utiliza un concepto cuasi-metafórico. Esto se debe a que la idea actual de la labor científica surge justamente «de un modo u otro, como crítica de esa misma ciencia antigua y medieval» (p. 26). Dado que sin ciencia no cabría hablar de epistemología, estos razonamientos pusieron al autor del presente texto en duda sobre si incluir lo dicho en los primeros capítulos, pero, después de mucho cavilar sobre el tema, llegó a la conclusión de que, sin una exposición histórica de los primeros tiempos de la filosofía y la epistemología, no se pueden contextualizar cabalmente los desarrollos posteriores. Asimismo, la exposición histórica de las concepciones filosóficas más próximas que dieron lugar al nacimiento de la psicología (capítulos II, III y IV) no puede pasarse por alto1. 1 De todas maneras, cabe enterarse de las objeciones que se hacen entre sí historiadores y filósofos de la ciencia. Según Bueno (1992): «El historiador de la ciencia reprocha con frecuenta al analista su formalismo, su tendencia a la axiomatización, su alejamiento de la realidad histórica, su tendencia a «inventarse” estructuras y relaciones fantásticas, particularmente en sus referencias ineludibles (que serán calificadas sistemáticamente como anacronismos) a procesos históricos […]; el analista reprocha al historiador su alejamiento, incluso ignorancia, de las cuestiones estructurales disueltas en el flujo de los sucesos, su oportunismo, su imposibilidad de distinguir relaciones anecdóticas y esenciales y, en el fondo, la imposibilidad de una aproxima- 26 william montgomery urday Abordando otro punto, se pueden identificar dos insuficiencias en la elaboración de este libro que, aunque reconocibles, podrían subsanarse en el futuro: primero, las tesis filosóficas consignadas aquí son, con mínimas excepciones, propias del mundo «occidental». Ciertamente, la información disponible sobre las concepciones epistémicas de la psicología provenientes del pensamiento castizo en China, India, países africanos u otros lugares remotos, desde la perspectiva de este hemisferio, es escasa y difusa, cuando no inexistente. Solo aquellas que proceden del continente americano (precolombino) han podido ser tomadas en cuenta, y con una referencia muy limitada. La segunda insuficiencia se refiere a que, salvo alguna excepción (Ayn Rand, por ejemplo), la casi totalidad de pensadores o representantes de corrientes abordados o mencionados aquí son de género masculino, una omisión debida a la tradición, tan cuestionable como frecuente, de colocar varones siempre a la cabeza de cualquier empresa intelectual. En psicología, la situación es similar en cuanto a la invisibilidad de las psicólogas en los manuales. De hecho, existe mucho material que se ha ido descartando para aligerar la obra, pues la temática filosófica de la psicología es inmensa, y podría utilizarse en posteriores desarrollos. El material descartado resulta, en algunos casos, redundante o demasiado complicado en comparación con el resto de la información; y en otros, está ligado exclusivamente a la postura paradigmática personal del autor. En este último aspecto, dado que lo proyectado es un texto capaz de reflejar lo más genuinamente posible la realidad multiparadigmática de la disciplina, inclinar demasiado los argumentos hacia lo concebido por una sola corriente de pensamiento como si fuera «lo correcto» en cada tema sería impropio. Eso no quiere decir que se haya cumplido a cabalidad con el eclecticismo del contenido, pues hay un inevitable color subjetivo en él por razones de inclinación natural. El autor desea fervientemente que eso se constituya en una fortaleza y no en una debilidad del texto. Para no recargar más esta introducción, solo queda terminar diciendo al potencial lector lo que Ludwig Wittgenstein le dijo a Bertrand Russell cuando le envió una copia del Cuaderno Azul: «No quiero sugerir que deba usted leer las conferencias; pero si no tuviese nada mejor que hacer y si disfrutase algo con ellas, yo me quedaría muy satisfecho» (Wittgenstein, 1976, p. 14). ción histórica a las ciencias, al margen de toda coordenada que no esté anclada en la estructura de las ciencias mismas» (pp. 29-30). CAPÍTULO I: FILOSOFÍA Y PSICOLOGÍA Así como una persona que camina con los ojos vendados debe hacerlo a tientas y no puede evitar tropezar con objetos cuya masa la obliga a modificar su trayectoria, e incluso le presenta problemas para mantener su estabilidad, las disciplinas académicas se conducen a ciegas cuando ignoran las bases filosóficas que sustentan su existencia y funcionamiento. Se trata de la filosofía de la ciencia o epistemología, que, aplicada a cada parcela académica, debe adquirir características particulares, sin dejar de reconocer, como lo puntualiza Piaget (1981), que es esencialmente de naturaleza interdisciplinaria. Una sugerencia de Bunge (2002b) recomienda incluir para la enseñanza de un postgrado en epistemología cursos como historia de la filosofía, lógica, matemática, semántica, ontología, axiología y sociopolítica de la ciencia, entre otros. Obviamente sería muy ambicioso —lo mismo que poco funcional para las carreras científicas implicadas— que todas esas materias y más estuvieran ocupando sitio en sus pregrados, pero, desde ya, la sugerencia de un experto como Bunge da la pauta para saber qué sería lo relevante a la hora de impartir conocimientos de dicha naturaleza en cualquier disciplina. La psicología, entre esas especialidades, ocupa un lugar peculiarmente cercano debido a su parentesco con la filosofía, de la cual, aunque por desgracia a disgusto de muchos psicólogos, es descendiente y deudora. La importancia de la epistemología en la psicología es, pues, mayúscula, pero no puede considerarse de forma aislada de otros segmentos del quehacer filosófico. Bunge (2002b) señala que antes la epistemología no era vista más que como una porción de la teoría del conocimiento, pues «no se habían advertido los problemas semánticos, ontológicos, axiológicos, éticos y de otro tipo que se presentan tanto en el curso de la investigación científica como en el de la reflexión metacientífica» (p. 14). En consecuencia, es necesario establecer claramente qué papel cumple en la actualidad cada uno de esos segmentos en la estructuración de un enfoque sólidamente anclado en el pensamiento académico (Tabla 1.1). 27 28 william montgomery urday Tabla 1.1. Ejemplos de problemas tentativos que debe abordar la epistemología según Mario Bunge (elaboración propia, basada parcialmente en Bunge, 2002b, pp. 29-30). Problemas lógicos Problemas gnoseológicos • ¿Qué relaciones formales hay entre • ¿Qué relación existe entre la observados teorías? ción de un hecho y sus proposiciones? • ¿Qué cambios se esperaría en una • ¿Qué relación hay entre conceptos emteoría científica si se modifica su píricos y teóricos? lógica subyacente? • ¿Cuándo surge el concepto de probabi• ¿La experiencia científica puede lidad? hacer cambiar la lógica subyacente a una teoría fáctica? Problemas éticos Problemas metodológicos • ¿Cómo se relacionan los valores • ¿Qué es un indicador social? cognoscitivos de la ciencia, la téc- • ¿Cómo puede medirse el grado de connica y los valores morales? firmación de una hipótesis, y cómo el • ¿Cuál sería un código moral mínide una teoría? mo para la comunidad científica? Problemas ontológicos Problemas axiológicos • ¿Qué es una ley social o natural? • ¿Qué papel juegan la valuación y la • ¿Qué es una propiedad a diferencia preferencia en la actividad científica? de un atributo o predicado? • ¿Cómo definir conceptos de valor cognoscitivo y práctico? Problemas semánticos Problemas estéticos • ¿Cuál es el contenido fáctico de una • La investigación científica ¿tiene valoteoría? res estéticos? • ¿En qué consiste la interpretación • ¿Cuándo se dice de una teoría que es fáctica de una teoría matemática? bella? • ¿A qué cálculo obedece el concepto • ¿En qué consiste el estilo de un invesde verdad aproximada? tigador? Además de estos problemas, están las particularidades de las filosofías regionales (entre las cuales se encuentran las de la psicología), que, cada una a su manera, fijan los asuntos y métodos específicos inherentes a primera parte: filosofía peruana 29 su propio campo. En este sentido, hay tantas epistemologías como ciencias existen en el universo disciplinario, e incluso estas se ven sujetas a variaciones determinadas por los cambios que tales ciencias experimentan a lo largo del tiempo. Esto último es particularmente complicado en el caso de la psicología, una disciplina repleta de corrientes que todavía no comparten una cosmovisión unificada, por lo que las distintas alternativas adoptan, o a veces generan, epistemologías hechas a medida de sus necesidades teóricas y prácticas, que, además, no son filosofías estáticas, sino adaptables a las variaciones experimentadas por las corrientes que las abrazan (en los capítulos V a X del presente volumen se examinarán con detalle esa clase de variaciones). La índole «blanda» —es decir, poco enfática— de las asunciones filosóficas que impera entre las corrientes psicológicas hace que, por lo general, tales asunciones se entiendan más como simples «compromisos» ontológicos, epistemológicos, metodológicos, etcétera (Guedán, 2009), que como pautas efectivas en que encajar los respectivos supuestos. Las consideraciones que siguen se ocupan de los segmentos de análisis filosófico antes citados —ontológicos, gnoseológicos (epistemológicos), axiológicos, éticos, lógicos, semióticos, metodológicos, estéticos—, sin pretensiones exhaustivas, para esclarecer conceptualmente sus planos de acción y luego establecer un puente entre ellos y la psicología, en términos de su utilidad para la discusión epistemológica. Es necesario advertir que, dados los extensos campos de los temas abordados y la inmensa complejidad de sus contenidos, dentro de ellos se han seleccionado solo ciertos temas importantes a manera de rubros ejemplificadores. 1. CONCEPTOS FILOSÓFICOS BÁSICOS 1.1. Filosofía Constituida por los vocablos griegos fileîn (amar) y sofía (sabiduría), que juntos forman «amor a la sabiduría». Es definida por el diccionario de Rosental & Iudin (2014) como: «Ciencia sobre las leyes universales a que se hallan subordinados tanto el ser (es decir la naturaleza y la sociedad) como 30 william montgomery urday el pensamiento del hombre, el proceso de conocimiento» (p. 175). Dice Piaget (1970b): «Todo hombre que piensa adopta o se hace una filosofía, aun cuando, a sus ojos, su concepción de conjunto y su comprensión de los valores queden aproximativas y personales» (p. 56). Esta es una actividad esencialmente racional que proporciona visiones del conjunto de la naturaleza, procurando responder preguntas conceptuales acerca de la existencia y composición de la realidad, su representación, el porqué de las cosas tal como son, cómo se puede saber y cuál es el contexto en el que se validaría dicho conocimiento. Por eso, Nozick (1995), en la introducción a su obra La Naturaleza de la Racionalidad, señala que, si bien filosofar es amar la sabiduría, «lo que los filósofos verdaderamente aman es razonar. Formulan teorías y arman razones para defenderlas, consideran objeciones y tratan de darles respuesta, construyen argumentos contra otras concepciones» (p. 13). Parece ser que la filosofía comparte, junto con la psicología y alguna otra disciplina más, la propiedad de la autorreferencialidad; es decir, la necesidad de determinar su propia naturaleza tomándose a sí misma como problema. Sin embargo, en la filosofía, tal actividad no es un quehacer opcional, sino el nervio de su tarea (Nudler, 2012). El papel de la filosofía como rectora de todas las ciencias, promovido por Platón, fue desvirtuado por Aristóteles, a quien se debe haber entendido que dicho rol solo tiene un significado ontológico, mas no de otra índole (Ross, 2013), pues cada disciplina genera sus propios principios. Posteriormente, ya con las ideas del filósofo racionalista francés René Descartes (1596-1650), la cuestión ontológica cede ante lo epistémico al centrarse en la accesibilidad del conocimiento (Descartes, 2010). Esta cuestión fue matizada por Inmanuel Kant (1724-1804), quien introdujo precondiciones de esa accesibilidad fundadas en estructuras a priori independientes de la experiencia (ejercicios de razón pura), tales como los juicios analíticos y ciertos juicios sintéticos. Estos juicios se diferencian en que los analíticos contienen el predicado en la noción del sujeto, mientras que los sintéticos no. Así, la afirmación de que «el todo es mayor que sus partes» incluye un predicado contenido en el sujeto y no depende de la experiencia, mientras que el dicho de que «la recta es la distancia más corta entre dos puntos» tampoco depende de la experiencia, pero no contiene el predicado en el sujeto. Kant (2009) consideró que la «crítica de la razón» era el objeto de la disquisición filosófi- capítulo i: filosofía y psicología 31 ca, pero durante el período del giro lingüístico (momentos de los siglos XIX y XX en que los filósofos —fundamentalmente Frege, Russell, Wittgenstein y sus seguidores— comenzaron a interesarse seriamente por el estudio del significado del lenguaje y cómo este representa al mundo), el interés se desplazó al análisis lógico clarificador de las proposiciones del lenguaje de la ciencia, ligando a esta estrechamente con la filosofía empirista. Así, en la síntesis que Carnap (1988) hace de este propósito, afirma: La tarea de la ciencia consiste en encontrar y en ordenar las proposiciones verdaderas; esto se hace, primero, por medio de la construcción del sistema de constitución, es decir, por medio de la introducción de los conceptos, y segundo, por medio de la constatación de las conexiones empíricas que hay entre dichos conceptos. En principio, en la ciencia no hay una pregunta que no pueda ser respondida. Pues toda pregunta consiste en la formulación de una proposición (de la que se puede constatar si es falsa o verdadera). Sin embargo, toda proposición puede, en principio, ser traducida a una proposición acerca de la relación básica. Y toda proposición tal, es, en principio, verificable en lo dado. (p. 363) Como se sabe, el propósito de Carnap finalmente no prosperó, siendo desintegrado por el «giro pragmático» (interés por los usos del lenguaje antes que por su constitución lógica), y con él, varios caminos de interpretación. En uno de estos, Popper (1980a) impondría su visión filosófica prescriptiva de los procedimientos a llevar a cabo para certificar lo que se entiende por «ciencia»; y en otro, Rorty (2010) llegaría a cuestionar el papel de la teoría del conocimiento en nombre del relativismo, resituando la filosofía como una actividad similar a la humanística (literatura, poesía, arte, etc.). Esto, que fue un adelanto de las corrientes postmodernistas, se ha generalizado en las ciencias sociales a través del carácter deconstructivo del postestructuralismo francés1, aunque en las ciencias naturales su impacto fue casi nulo. Lo dicho remite a la configuración de dos grandes 1 Filósofos como Derrida, Foucault, Baudrillard, Deleuze y otros, que atacan la concepción racionalista y occidentalista, fundada, según ellos, en una visión parcializada del pensamiento a favor de la civilización de la élite burguesa. 32 william montgomery urday líneas de desarrollo filosófico que parecen descender una del empirismo y otra del racionalismo, y que se produce en el siglo XX, vertebrándose en lo que suele etiquetare como la distinción pseudogeográfica entre la «filosofía analítica» y la «filosofía continental» (Glock, 2012). La filosofía analítica tiene su centro en el área del Reino Unido y, en general, en el ámbito anglosajón, congregando a pensadores afines al positivismo, al materialismo y al postpositivismo. La filosofía continental se afinca sobre todo en Austria, Alemania y Francia, con raíces idealistas, existencialistas, fenomenológicas y postmodernistas. Es indispensable hacer notar que la nacionalidad de los principales exponentes de estas líneas de pensamiento no tiene que ver estrictamente con dicha identificación geográfica. Sea como fuere, a pesar de este polimórfico despliegue histórico de concepciones, del cual lo dicho solo es una mínima parte y se irá ampliando a lo largo de cada capítulo de la presente obra, la filosofía —independientemente de cómo se entienda—, se erige en su visión ontológica, gnoseológica, axiológica, ética, lógica, semiótica, metodológica y estética como una disciplina conceptual necesaria e insustituible que acompaña cualquier desarrollo científico. 1.2. Ontología (o metafísica) Constituida por los vocablos griegos ente (ser) y logos (teoría), que juntos forman «tratado acerca del ser». Es un término introducido por el filósofo alemán Rodolfo Gockel (llamado Goclenius [1547-1628] en su versión latinizada) y se identifica frecuentemente como sinónimo de metafísica (Ferrater Mora, 1975, p. 322), para designar lo que Aristóteles consideraba «filosofía primera». Utilizada durante la Edad Media por la teología católica (especialmente por Tomás de Aquino) para respaldar su dogma de fe, fue adquiriendo con el tiempo el carácter de «investigación filosófica de la naturaleza, constitución y estructura de la realidad» (Butchvarov, 2004, p. 667), incluyendo entidades no físicas, lo que le dio un alcance supuestamente mayor al de la ciencia. En este plano, Kant (2009) desarrolla su tesis acerca de la «epistemologización» de la ontología, considerando esta como aquella filosofía trascendental (basada en los a priori ya mencionados en el apartado anterior) que aborda, más que objetos, modos de conocimiento de objetos. capítulo i: filosofía y psicología 33 Por su parte, Hegel «anticipó, en forma idealista, la idea de la unidad de la ontología (la dialéctica), de la lógica y de la teoría del conocimiento con lo cual señala de qué modo cabía rebasar el marco del filosofar especulativo y alcanzar el conocimiento positivo y real del mundo» (Rosental & Iudin, 2014, p. 346). Ya en el siglo XX, el positivismo lógico descarta tales teorías como especulaciones sin sentido por ser inverificables, pero años después algunos de los epistemólogos posteriores más brillantes se enredan en una discusión sobre la validez de la ontología. Quine (2002) la rechaza, defendiendo el papel de la ciencia como la forma adecuada de proporcionar conocimiento. Por su parte, Bergmann (1961) señala que tanto lo que Quine como el positivismo lógico sostienen son formas particulares de metafísica. Un tercer participante en el debate, Strawson (1997), introduce un punto de vista intermedio: la «metafísica descriptiva» —opuesta a las versiones ontológicas «revisionista» y «escéptica»—, tratando de mostrar con ella que el conocimiento naturalista ofrecido por la ciencia es capaz de describir la organización real del conocimiento del mundo, pudiendo incluso perfeccionarlo. Por su parte, Bunge (2011), desde una perspectiva más enjundiosa, trata a la ontología como una especie de materialismo dialéctico. […] la metafísica estudia los rasgos genéricos (no específicos) de todos los modos del ser y el devenir, así como de las características peculiares de los principales géneros de existentes. Ésta es la tarea que Hegel (1812-16) asignó a la «lógica objetiva» y que Engels (1878) atribuyó a lo que luego fue conocido como materialismo dialéctico. Adoptaremos esta última posición: sostendremos que el ontólogo debe investigar los principales rasgos del mundo real tal como los conoce la ciencia y que debe proceder de un modo claro y sistemático. El ontólogo debe reconocer, analizar e interrelacionar aquellos conceptos que le permiten producir una representación unificada de la realidad. (pp. 29-30) Por este camino, Bunge traza la diferencia entre una ontología exacta (lógica y matemática) y otra inexacta. La primera, según este parecer, tiene relaciones productivas con la ciencia y es compatible con ella; mientras que la segunda es confusa y produce pseudoproblemas. El filósofo argentino propone una serie de reglas para mantenerse en la primera (Ibid. pp. 34-35): 34 william montgomery urday a) Considerar la tradición metafísica, revisando y corrigiendo problemas y soluciones tradicionales, así como planteando otros problemas. b) No usar léxico oscuro, procurar refinar las ideas confusas (la oscuridad conceptual es un defecto que Bunge achaca a Wittgenstein y Feyerabend, por ejemplo). c) Formalizar todo lo que sea dicho en cada disciplina teórica con ayuda de la matemática, de manera clara y organizada. d) Evitar símbolos inexactos, otorgándoles un estatus matemático definido (a manera de conjunto, relación, función, grupo, etc.). e) Tratar de ser exactos sin abandonar intuiciones profundas, las cuales complementan la precisión. f) Explicar lo concreto a partir de lo abstracto, en lugar de a la inversa. Admitir las propiedades observables, manifiestas y secundarias solo si se las puede analizar en términos de propiedades primarias. g) Alejarse del subjetivismo. Toda dilucidación ontológica, aun de cuestiones fenoménicas subjetivas, debe expresarse objetivamente (sin referencia a un sujeto). h) Evitar reificar aquello que no sea una cosa y no tratar el resultado de una abstracción como una entidad independiente. i) Ser sistemático y axiomático, construyendo teorías y estableciendo vínculos entre ellas. Utilizar conceptos bien explicados. j) Controlar tanto la consistencia interna de las hipótesis y teorías como la compatibilidad que puedan tener con la ciencia contemporánea. Con esta clase de requisitos, entonces, se facilitaría la tarea de desarrollar una ontología científica y eficaz. 1.3. Epistemología (o gnoseología) Constituida por los vocablos griegos gnósis (conocimiento) y logos (tratado), que juntos forman «teoría acerca del saber». La gnoseología, según Rosental & Iudin (2014), tiene que ver con la facultad humana para aprehender la realidad a través de fuentes y métodos cognoscitivos, y es similar a la epistemología, nombre utilizado en el mundo occidental para designar la gnoseología (véase también Otero & Gibert, 2016). Pero esta identifica- capítulo i: filosofía y psicología 35 ción no parece corresponder exactamente, pues el campo gnoseológico es más amplio que el epistemológico, al incluir formas de conocimiento que no necesariamente son científicas. Por ello, la gnoseología —nombre puesto por Kant— se define como teoría del conocimiento a secas, mientras que la epistemología (de episteme: conocimiento, y logos: tratado) desempeña el quehacer de teoría del conocimiento científico o filosofía de la ciencia. Bunge (2002b), como se ha mencionado anteriormente, al igual que Bueno (1993), considera que ambas ramas de la filosofía son disímiles (y para Bueno, incluso la segunda es inútil) por cumplir funciones no equivalentes en el sentido ya especificado. De cualquier manera, su supuesta sinonimia constituye un debate abierto debido a la fuerza del uso masivo. En la Enciclopedia Oxford de Filosofía (Honderich, 2008), por ejemplo, se indica en la entrada «gnoseología» que es un término arcaico, y como tal, ha sido sustituido por la palabra epistemología. Goldman & McGrath (2015), siguiendo esa línea, señalan que: La epistemología es el estudio del conocimiento y de los fenómenos relacionados, como el pensamiento, el razonamiento y la búsqueda de la comprensión. No es tanto un estudio de los procesos de pensamiento habituales (aunque son relevantes) como un estudio de las mejores y peores formas de pensar, razonar y formar opiniones. La teoría moral reflexiona sobre lo que es correcto e incorrecto en la esfera de la acción, mientras que la epistemología reflexiona sobre lo que es racional o irracional, justificado o injustificado, en la esfera del intelecto. (p. 3) Los llamados contextos de descubrimiento y de justificación son dominios diferenciados por el filósofo alemán Hans Reichenbach en el campo epistemológico: «El contexto de la justificación correspondería a los elementos propios que permiten validar una teoría científica como tal, mientras que el contexto de descubrimiento se refiere a todo lo relativo a la formulación de una hipótesis, concretamente al acto creador que llevó a un determinado científico a postular una hipótesis ante un problema» (Kasahara, 2014, pp. 107-108). El propio Reichenbach, influenciado por el pensamiento positivista, considera que el segundo de los contextos excede la tarea de la filosofía de la ciencia, excluyendo a esta de ocuparse de aquel. La razón funda- william montgomery urday 36 mental es que, cuando el científico elabora sus hipótesis, no siempre recurre a argumentos lógico-racionales, sino que a menudo se vale de creencias y/o prejuicios, influenciados por intereses o ligados a insuficiencias de conocimiento. Popper (1980a), siguiendo directamente dicha pauta, también divide la lógica de la investigación científica de la lógica del descubrimiento; e indirectamente lo hace Laudan (1986) cuando se refiere a aspectos racionales y no racionales de la resolución de problemas. De acuerdo con esta idea reichembachiana, entonces, lo que interesa al epistemólogo es el contexto de justificación: son «los resultados finales de la investigación científica: los hechos descubiertos, las teorías elaboradas, los métodos lógicos utilizados y la justificación empírica de las consecuencias y predicciones que se derivan de las teorías» (Echeverría, 1999, p. 53). Sin embargo, estas divisiones de descubrimiento y de justificación, según el mismo Echeverría, recortan el carácter complejo de la actividad científica real: campo de «historiadores, sociólogos, antropólogos, psicólogos, filósofos y otros profesionales» [no factible de] «restringirse únicamente a los aspectos cognoscitivos de la actividad científica» (Ibid. p. 52). El propio Nozick (1995), un defensor a ultranza de la racionalidad, declara que los contextos de descubrimiento y de justificación (en el sentido de concebir hipótesis y valorar su crédito) no son totalmente separables. Además, como sugiere Romo (2008), el factor creativo no puede estar ausente de una apreciación por parte de la epistemología. Y se puede añadir que tampoco el factor ideológico, que se tratará en el décimo capítulo. 1.4. Axiología Constituida por los vocablos griegos axios (valor) y logos (teoría), que juntos forman «tratado acerca del valor». Es aquella parte o rama filosófica dedicada a la naturaleza de los valores. Algunos filósofos creen que estos se componen de una esencia al margen del espacio y de la experimentación (intuicionismo). Otros impugnan su existencia como propiedades del objeto, considerando que los valores son solo estimaciones derivadas de una actitud subjetiva frente al objeto valuado (positivismo). Una postura destacada en rechazo de la axiología en las ciencias sociales, por ejemplo, es la del soció- capítulo i: filosofía y psicología 37 logo norteamericano Max Weber (1864-1920), de quien es famosa la expresión «[…] no está en las aulas el puesto del demagogo o del profeta […]» (Weber, 1979, p. 213). Con esta frase, Weber defendía lo que creía debía ser la neutralidad valorativa del académico, quien debía ser plenamente objetivo en sus juicios. Lo cierto es que, dependiendo de la perspectiva objetiva o subjetiva desde la que se aborde, la axiología procura reflexionar acerca de los valores sociales (por ejemplo: justicia, amistad, participación, patriotismo, lealtad); científicos (por ejemplo: precisión, coherencia, justificación e injustificación); morales (por ejemplo: bueno, malo, obligación, virtud o vicio); y estéticos (por ejemplo: la belleza y la fealdad, la armonía, el equilibrio). Es evidente, como señala Ferrater Mora (1975), que la concepción general de valor surge de la economía; sin embargo, también hay acepciones vinculadas a ideas de selección y preferencia, así como a cuestiones estéticas y morales. Entonces, ¿cómo se entiende la palabra «valor» en filosofía? Aunque ya Kant y otros pensadores la habían empleado con cierta relevancia filosófica, sólo a partir de Rudolf Hermann Lotze el concepto correspondiente es sometido a un tratamiento sistemático (cf. Lotze, 1896-1909, passim). En el caso de Kant, como señala Ortega y Gasset (1947, p. 318), la palabra «valor» interviene en fórmulas referidas a temas decisivos; pero Kant no ofrece ninguna definición del término ni investiga el problema en él implícito. En Lotze, en cambio, los valores son objeto de una amplia tematización, en la que se los separa de las cosas existentes y se los caracteriza por su «validez» […] Pero posiblemente el impulso decisivo fue el que provino de Nietzsche, sobre todo con su provocativa idea de una «transmutación» o «inversión» de los valores. Es en especial notoria, para lo que aquí nos interesa, la influencia que Nietzsche ejerció sobre Max Scheler, el fundador de la EMV. (Maliandi, 2013, p. 75) Lo que Maliandi signa como «EMV» significa «teoría material de los valores», que, según él, «es la filosofía de los valores por excelencia» (Ibid. p. 76), y tiene sus principales antecedentes, aparte de Friedrich Nietzsche (1844-1900): 1) en la fenomenología de la intencionalidad de Franz Brentano (1838-1917), según la cual todo acto humano se dirige a un objetivo, que, en el caso de las valoraciones, concluye sea en la aceptación (de lo mejor, lo bueno o lo correcto) o sea en el rechazo (de lo peor, lo malo o lo 38 william montgomery urday incorrecto); y 2) en la consciencia trascendental de Edmund Husserl (18591938), que, si bien sigue caracterizada por la intencionalidad, pasa a ser una doctrina de los fenómenos puros en tanto correlación entre conciencia y objeto, donde toda objetividad se constituye en una esencia intuida por la «consciencia de algo». Ambas corrientes, según Maliandi (2013), son objetivistas en tanto que para ellas el valor no es un sentimiento interno, sino lo que se experimenta existencialmente en el valorar. Una síntesis posterior de ambas tendencias más una parte del enfoque de Kant parece haber sido desarrollada por Max Scheler (1874-1928), quien «elabora una ética a priori, pero “material” y “emocional”. “Material”, porque tiene a los valores como sus “contenidos”. “Emocional” porque afirma que los valores se aprehenden en actos intencionales emocionales» (Maliandi, 2013, p. 80). Desde otra perspectiva, la primera reflexión axiológica sistemática sobre los valores que guían el comportamiento humano la hace Hume (1711-1776), quien dice, entre otras cosas, que: […] si toda la moralidad se funda en el dolor o la pena que nace de la esperanza de una pérdida o ventaja que puede resultar de nuestro propio carácter o del de los demás, todos los efectos de la moralidad deben derivarse del mismo dolor o placer y también debe suceder lo mismo con la pasión del orgullo y la humildad. La verdadera esencia de la virtud, de acuerdo con esta hipótesis, es producir placer y la del vicio producir dolor. (Hume, 2001, p. 221) Se trata, desde luego, de una reflexión empirista, según la cual la idea de la razón como generadora de apreciación cualitativa de valor es puramente metafísica y, por ende, carente de fiabilidad. Profundizando más, las creencias están cargadas de valores, es decir, de apreciaciones axiológicas sobre el grado de importancia que tienen las cosas desde una perspectiva personal y grupal, lo cual lleva a definirlas como buenas o malas. Obviamente, esta es una calificación muy general que obliga a descender a su micro-manifestación para elucidar qué factores éticos y morales sustentan la realidad de su existencia. Ahora bien, las prioridades de cada individuo en torno a eso varían en función a muchas variables. Desde el punto de vista de Gordon Allport, por ejemplo —recogiendo las «formas de vida» propuestas por el pensador alemán Eduard Spranger (1882-1963)—, los valores más generales capítulo i: filosofía y psicología 39 que guían a los individuos pueden clasificarse como teóricos (hacia la verdad), económicos (hacia la utilidad), estéticos (hacia la armonía), sociales (hacia la colectividad), políticos (hacia el poder) y religiosos (hacia la unidad de lo divino) (ver Feist et al., 2014). Pero ¿quién de los autores mencionados posee la verdad? Aquí no hay espacio para discutir eso. Sol lucet ómnibus. 1.5. Ética Constituida por el vocablo griego éthos (costumbre), su significado es confuso, ya que ha evolucionado desde su inicial sentido de virtudes de hábito o tendencia hasta identificarse con aspectos morales. Por lo tanto, «la ética ha llegado a significar propiamente la ciencia que se ocupa de los objetos morales en todas sus formas, la filosofía moral» (Ferrater Mora, 1975, p. 595). A su vez, la palabra «moral» —introducida por Cicerón (106-43 a. C.)— proviene del latín mos, mōris (aproximadamente costumbre, medida o manera de actuar). A pesar de dicha similitud, la gente suele entender ambos términos como distintos. Una opinión autorizada para distinguir la diferencia entre ellos es la de Strawson: Para Strawson, la región de lo ético es la región donde conviven diversos ideales individuales de vida que suelen ser incompatibles entre sí; es la región donde conviven las distintas perspectivas que los individuos tienen de la vida, sus distintas «verdades», sin que haya una sola verdad única y válida para todos. La región de lo moral, por el contrario, es el marco básico, constituido por reglas, que posibilita una vida social cooperativa y mutuamente benéfica, y que posibilita a su vez los ideales individuales de vida. La moral es la condición de posibilidad de cualquier sociedad. La moral nos da las reglas sobre las que basamos nuestras acciones y que sustentan las demandas socialmente sancionadas que una persona puede dirigir con autoridad a otra; es un sistema de exigencias recíprocas reconocidas «que nos hacemos unos a otros como miembros de comunidades humanas, o como términos de relaciones humanas, muchas de las cuales apenas si podrían existir o tener el carácter que tienen a no ser por la existencia de tales sistemas de exigencia recíproca» (Straw- 40 william montgomery urday son,1995, p. 90)2. Strawson acepta que, dentro de una sola sociedad, puede haber una variedad indefinida de sociedades con reglas morales específicas a ellas (como pueden ser las asociaciones profesionales o algunos clubes, entre otros), todas con el carácter de moralidades sociales. (Ortiz, 2016, p. 126) La relación de la axiología con la ética es un tanto confusa. De hecho, por ejemplo, Larry Laudan —según Echeverría (1999, p. 91)— desdeña, en su consideración pragmática de los valores de la ciencia, ocuparse de los valores éticos, que juzga insignificantes frente a los cognitivos, que son los que verdaderamente trataría la axiología científica. Pero, si se ve desde un plano de aceptación, la relación aludida entre axiología y ética puede entenderse de manera amplia o restringida (Lemos, 2004). En la primera, la ética sería solo una rama axiológica: aquella que juzga en función a cuestiones morales y, además, dilucida la relevancia de calificar algún asunto como correcto o incorrecto, así como bueno o malo; en la segunda, la situación sería al revés, ocupándose de la temática de qué es intrínsecamente deseable. Según el hedonismo, esto depende de lo agradables o satisfactorias que puedan ser las experiencias, lo que implica que lo bueno es lo placentero y lo malo es lo doloroso o incómodo (véase Mill [1806-1873], 1980). Otras posiciones (fenomenológicas) son más pluralistas, aceptando una diversidad de asuntos que pueden ser valiosos por sí mismos: «la consciencia y la plenitud de la vida, el conocimiento y la perspicacia, la virtud moral y las acciones virtuosas, la amistad y el afecto mutuo, la belleza y la experiencia estética, una justa distribución de los bienes y la autoexpresión» (Lemos, 2004, p. 965). La ética, además, tiene tanto la posibilidad de autoanalizar sus enunciados como hurgar sobre su relación con la verdad y la estructura y constitución de su teoría (metaética). Aunque las definiciones del diccionario de psicología se superponen en cuanto a la diferencia entre ética y moral, refiriéndose las dos a reglas para la conducta apropiada (Montgomery, 2018), lo ético incumbe, sobre todo —en la versión de Ribes (2018)—, a las reglas involucradas institucionalmente con el quehacer profesional de un prestata2 El material más reciente de Strawson en lo que a esta obra se refiere (Libertad y Resentimiento) es la versión en inglés de 2008. Ese es el que aparece en la lista de referencias, debido a que más adelante también será citado en otro capítulo. capítulo i: filosofía y psicología 41 rio de servicios respecto a sus usuarios, mientras que lo moral se extiende a todas las formas de comportamiento en función a lo que está bien o mal, de acuerdo con las convenciones de la sociedad. Esta última condición de control sociocultural es común a los enfoques conductistas (aprendizaje) y psicoanalíticos (superego), pero no se aplica a la epistemología genética, que sostiene que la organización social, las convenciones sociales y las prescripciones morales son conceptos distintos: la organización social es la estructura general que enmarca las relaciones sociales dentro de ella, y las prescripciones morales son inherentes a factores emergentes de dichas relaciones (Turiel, 2000). Otra cuestión discutida es la referente a la ética y la posición política entre los filósofos analíticos (ver Glock, 2012, Cap. VII), argumentando que, pese a las acusaciones de los referentes de la Escuela de Frankfurt —los cuales afirman una ligazón de la filosofía analítica con el fascismo, con la reacción, o, cuando menos, con un enfoque apolítico—, hay pruebas de que tanto el positivismo lógico como otros enfoques afines a él han tenido representantes con opiniones «progresistas», incluso de activismo (por ejemplo Russell o Neurath). Además, de hecho, el autor de la teoría de la justicia más aceptada es John Rawls, un filósofo analítico de inspiración kantiana en términos morales, contrario tanto al utilitarismo como al intuicionismo, y un liberal igualitario desde el punto de vista de la filosofía política. A vuelapluma, esta teoría sostiene que las personas racionales, libres e iguales, en una condición de acuerdo contractual, pueden contar con una aceptabilidad universal e incondicional, garantizada por la imparcialidad de dicha condición (llamada posición original), y por la ignorancia de los participantes acerca de su identidad y de la sociedad a la que pertenecen. Ello con vistas a excluir del acuerdo el poder de variables naturales y sociales que impedirían un tratamiento justo de las concepciones del bien manejadas. Hay dos principios claves de justicia vinculados a este enfoque (Nino, 2012): 1) «Cada persona debe tener un derecho igual al sistema total más extenso de libertades básicas (de conciencia, de palabra, contra detenciones arbitrarias, de voto, etc.) que sea compatible con un sistema similar de libertades para todos»; y 2) «Las desigualdades sociales y económicas deben ser dispuestas de modo tal que satisfagan estas dos condiciones: a) deben ser para el mayor beneficio de los que se encuentran en una posición social menos aventajada william montgomery urday 42 (el llamado “principio de diferencia”), y b) deben adjudicarse a funciones y posiciones abiertas a todos bajo condiciones de una equitativa igualdad de oportunidades» (p. 135). 1.6. Lógica Constituida por el vocablo griego logikós (que pertenece a la razón), se puede entender como «ciencia que tiene por objeto determinar entre todas las operaciones mentales tendientes al conocimiento de lo verdadero, las que son valederas y las que no lo son» (Merani, 1976, p. 92). Por ello, estudia actos como el concepto, el juicio, el razonamiento, la demostración y otros temas, desde la perspectiva de su estructura o forma lógicosimbólica. La idea de la lógica formal es formular leyes o principios de significación trascendente para conseguir inferencias válidas. Empezó en la época griega, a través de los estudios aristotélicos; luego, los estoicos tomaron el legado, y de ahí pasó a la escolástica en la Edad Media, surgiendo como productos de su desarrollo la lógica inductiva, deductiva y matemática. Esta última corresponde a la presentación simbólica moderna, a través de lenguajes artificiales precisos formulados análogamente a modelos que reflejan determinadas características estructurales de los discursos del lenguaje natural, todo con el objetivo de reducir lo que se dice a nociones objetivas o intersubjetivamente comunicables, según la directiva de Carnap (1988). Dado que hay varias obras epistemológicas en las que se utiliza con frecuencia la construcción lógico-simbólica para presentar de manera rigurosa los razonamientos de los autores (por ejemplo, véanse Bunge, 2011; o Quine, 1998), a continuación se describirán brevemente, con base en la clásica introducción de Suppes & Hill (2021), los procedimientos básicos que suelen estar implicados en ella. En este escenario, el cálculo proposicional es la base para construir una teoría inferencial mediante un lenguaje formalizado, a partir de una colección de variables proposicionales cuya validez se determina por componentes veritativo-funcionales (llamados así porque su valor de verdad depende del valor de verdad o falsedad de sus argumentos). capítulo i: filosofía y psicología 43 La simbolización incluye constantes lógicas u operadores como «¬» (negación), «˄» (inclusión), «·» (y), «˅» (disyunción), «⊃» o «→» (condicional: si… entonces), «≡» (bicondicional: sí, y solamente sí), «ϕ» o «φ» (proposición), entre otros. Luego, se calculan los predicados obtenidos de la inferencia válida en los lenguajes de primer orden, utilizando un conjunto de conectivos: el cuantificador universal (Ɐ) o existencial (∃), variables del individuo (x, y, z…), constantes individuales (a, b, c, d…) y nombres y predicados (A, B. C…), entre otros. Por ejemplo: • Genaro es psicólogo: Ee • Abott y Costello no son psicólogos: ¬ Ng Ʌ ¬ Mh • Es falso que Abott y Costello sean epistemólogos: ¬ (Fd Ʌ Fg) • Abott y Costello son cómicos: Pbt • Px: x es psicólogo • (∃x) Px: algunos x son psicólogos • (Ɐx) Px: todos los x son psicólogos • (Ɐx) Lx ⊃ Px: Para todo x, si x es manzana, entonces x es fruta Lo cierto es que la lógica es una de las áreas más complicadas de la filosofía, por lo que solo es posible una descripción esquemática y breve de su ámbito. En lo que respecta a su faceta más general, se interesa por elucidar cuestiones de las teorías de la referencia, de la verdad, de la modalidad, de la argumentación y del análisis de las proposiciones complejas (Lowe, 2008). Las teorías de la referencia estudian la relación entre segmentos de enunciados lingüísticos y aquellos aspectos no lingüísticos que son objeto de su referenciación, lo que lleva, por ejemplo, a analizar el nexo existente entre predicados y cosas a las cuales nombran o denotan, como cuando se predica que «la pelota es redonda», implicando la «redondez» como una propiedad distintiva del objeto en mención. Las teorías de la verdad se aproximan a las atribuciones de verdad o de falsedad que se hacen de las proposiciones, estableciendo, según la postura que se adopte, que tales atribuciones se deben a la correspondencia que hay entre el hecho y lo que se dice del hecho; o en base a la conveniencia utilitaria de aceptar tal o cual afirmación como verdadera; etc. Las teorías de la modalidad se interesan por las formas en que se presentan los enunciados en términos temporales (siempre, nunca, fre- 44 william montgomery urday cuentemente…), necesarios (de una manera y no de otra) o posibles (posibilidad o imposibilidad de que algo ocurra). Las teorías de la argumentación abordan el plano de las inferencias racionales inductivas o deductivas y las relaciones entre sus enunciados. Aquí funciona la noción de presuposición, según la cual, por ejemplo, un enunciado P presupone a otro enunciado Q, dado que P no puede ser calificado de auténtico si Q no es verdadero. En esa lógica, la proposición «El Decano del Colegio de Psicólogos es un hombre de tercera edad» evidentemente presupone que es un varón mayor de 60 años. En este rubro, son notables las falacias y paradojas que surgen del diferente manejo de las argumentaciones. Sería imposible detallar la gran cantidad de paradojas lógicas que han sido tratadas por los filósofos3, por lo que solo se mencionará aquella que es quizá la más relevante: la descubierta por Bertrand Russell en el sistema del gran lógico alemán Gottlob Frege, llamada «Paradoja de Russell», referida al concepto que vale para todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos. Si esta clase existe, es miembro de sí misma solo si no es un miembro ídem, constituyendo una antinomia: la clase X es la misma clase ξ, o sea «∀X [(X∉X) ≡ (X∈ξ)] ∀X [(X∈/X) ≡ (X∈ξ)]». Pero la clase de los payasos evidentemente no es ella misma un payaso. Para evitar la contradicción, Russell (1966) propone la teoría de los tipos, dividiendo en «tipos» (vale decir, casos particulares con sentido) las propiedades, las relaciones y los conjuntos; por tanto, ningún elemento puede definirse en relación con una totalidad que lo contenga. Según el sabio inglés, toda función proposicional posee un ámbito de significación que la hace diferente. Así, la función «X es mortal» puede significar cosas distintas si se sustituye X por otro valor; por lo tanto, decir «Sócrates es mortal» es claramente una proposición verdadera, mientras que decir «la clase de los hombres es mortal», identificando la clase de los hombres con un ser, cosa u objeto susceptible de ser predicado como mortal o inmortal, carece de sentido. 3 Solamente en el caso de los tres volúmenes de la obra de Russell y Whitehead: Principia Mathematica (1910-1913), se han dividido las tantas paradojas que se advierten en dos grupos: A, o las contradictorias, presentadas incluso en sistemas lógicos o matemáticos (por ejemplo, la clase de todas las clases); y B, presentadas como ideas defectuosas en discursos de lenguaje y pensamiento (Vgr.: dichos como «estoy mintiendo») (ver Schaff, 1966, pp. 48-49). capítulo i: filosofía y psicología 45 Por último, el análisis de las proposiciones complejas distingue entre enunciados simples (concatenación de un nombre o etiqueta singular con un predicado singular) y complejos (conexión de predicados simples entre sí, utilizando operadores y conectivos). 1.7. Semiótica Constituida por los vocablos griegos semeion (signo) y ticos (relativo a), que juntos forman «tratado sobre los signos». Concretamente: «La semiótica es la disciplina que estudia las relaciones entre el código y el mensaje, y entre el signo y el discurso» (Eco, 1994, p. 19). El término semiótica, de acuerdo con el filósofo neopragmático Ch. Morris (2003), proviene de la medicina griega, que analizaba los signos del paciente para diagnosticar y pronosticar sus estados de salud; pero se extendió a discusiones filosóficas, en las que intervinieron estoicos, epicúreos y escépticos, acerca del carácter y alcance de la observación de los hechos4. El empirista inglés John Locke (1632-1704) lo colocó nuevamente al frente, y el pragmatista norteamericano Charles Sanders Peirce lo desarrolló como una doctrina de los signos, en función de la definición de semiosis como una acción que comprende tres elementos coordinados entre sí: un signo, un objeto y un intérprete, que es, él mismo, un signo para otros. Ahora bien, ¿a qué se llama signo? Las definiciones de los diccionarios de la lengua que recopila Eco (1994) apuntan a una gran variedad de definiciones, que pasan por las etiquetas de síntoma, imperfección física, trazo o huella, gesto, contraseña, figura, expresión gráfica, reproducción, representación, símbolo, bandera y acontecimiento fortuito, entre otras. Desde el punto de vista técnico, según Morris (2003): «Si algo (A) rige la conducta hacia un objetivo en forma similar (pero no necesariamente idéntica), a como otra cosa (B), regiría la conducta respecto de aquel objetivo en una 4 Bronckart (1980) precisa que la «semiología» —otro nombre por el que se conoce a la semiótica— «abarca un campo mucho más amplio que el de la lingüística; se refiere al conjunto de los hechos significantes (gestos, señales, símbolos, imágenes, signos lingüísticos) que describe, analiza y clasifica» (p. 114). 46 william montgomery urday situación en que fuera observada, en tal caso (A) es un signo» (pp. 14-15, cursivas del original). En este sentido, cualquier estímulo que controle una respuesta dirigida hacia algo es un signo, y el proceso total se puede llamar conducta semiósica. Además: Cuando un organismo se provee de un signo que es sustituto de otro signo para guiar su conducta, y significa lo que el signo del cual es sustituto, en tal caso este signo es un símbolo, y el proceso semiótico es un proceso simbólico; en caso contrario, tenemos una señal y un proceso de señal. Para resumir, un símbolo es un signo que produce el intérprete para que actúe como sustituto de algún otro signo del cual es sinónimo; todos los signos que no son símbolos son señales. (Morris, 2003, p. 36) Esta definición, afín a un enfoque positivista lógico, es criticada desde la epistemología genética (Paulus, 1975), que le reprocha haber igualado de manera simplista el signo con señales, indicios o síntomas (p. 42)5, siendo estos elementos diferentes a las imágenes, símbolos y signos, funciones que se relacionan con respuestas frente a sucesos ausentes, en referencia a un proceso de significación conectado con el pensamiento. No obstante, sí se le reconoce a Morris (1985) haber distinguido tres ramas semióticas: sintaxis, semántica y pragmática: «La sintaxis, considerada como el estudio de las relaciones sintácticas de los signos entre sí haciendo; abstracción de las relaciones de los signos con los objetos o con los intérpretes» (p. 43). Por otro lado: «La semántica se ocupa de la relación de los signos con sus designata y, por ello, con los objetos que pueden denotar o que, de hecho, denotan» (Ibid., p. 54). Y, finalmente: «Por “pragmática” se entiende la ciencia de la relación de los signos con sus intérpretes […] se ocupa de los aspectos bióticos de la semiosis, es decir, de todos los fenómenos psicológicos, biológicos y sociológicos que se presentan en el funcionamiento de los signos» (Ibid., p. 67-68). 5 «La señal anuncia un suceso futuro y desencadena la conducta correspondiente, siguiendo una secuencia sujeta a un estereotipo (al menos en el animal). El indicio más flexible y unido al conocimiento que la acción, instruye por y sobre el pasado, presente o futuro […] Se hablará de síntoma cuando un suceso aislado hace referencia al conjunto al que pertenece, más que a cualquiera de sus componentes […] Señal, indicio y síntoma desempeñan un papel primordial en la percepción» (Paulus, 1975, p. 12). capítulo i: filosofía y psicología 47 La extraordinaria vastedad de este campo en conjunto quizá contenga el más rico manantial de sugerencias filosóficas, así como la mayor incidencia de relaciones con —y entre— un número amplio de disciplinas, entre ellas la psicología, abarcando cuestiones de filosofía del lenguaje y de la mente, la teoría de la información y, con ellas, la filosofía de la ciencia. Los problemas teóricos y epistemológicos vinculados a estas materias —solo para mencionar los de tipo formal— lindan tanto con la corrección lógico-gramatical y las proposiciones y sistema conceptual utilizado en relación con el significado y la verdad; así como la precisión, la simplicidad y la interpretabilidad empírica de la terminología y de los enunciados que dan cuenta de sus argumentos. La compilación de Valdés (2005) constituye un buen acopio especializado de textos clásicos en torno a varios de estos problemas. Son especialmente relevantes también los tomos de Bunge (2008. 2009b) acerca de ello. En general, los principales puntos de atención son los dirigidos hacia la semántica. De entre los temas vinculados a lo dicho, se destacan tanto los del significado y el significante, como los del sentido y la referencia de las expresiones. Desde un enfoque tradicional, el significante (imagen sonora) y el significado (imagen mental) no son otra cosa que los elementos que confirman un signo, lo cual coincide con el concepto de representación-imagen de Piaget (Bronckart, 1980, p. 51), en el cual un significante permite evocar significados «proporcionados por el pensamiento». La referencia es aquello de que se habla: el ente al cual se refiere la expresión, representando objetos, los cuales, combinados con los predicados, forman conceptos y, considerados oracionalmente, manifiestan valores de verdad. El sentido es la manera de denotar y connotar cada referencia, en el entendido de que es la manera de distinguir una de otra. Al respecto, Frege (2005, p. 30) da los ejemplos de las expresiones: «el punto de intersección de a y b», y «el punto de intersección de c y d», o «el lucero de la mañana» y «el lucero de la tarde» como similares en cuanto a referencia, pero disímiles en cuanto a sentido. Quine (1968) y Wittgenstein (1976) se oponen a esta dualidad, argumentando que, si bien el significado está vinculado con la experiencia, no lo está con oraciones aisladas, sino con la totalidad de una teoría. Por ello, el significado requiere evidencia empírica de lo que significa, la cual no puede obtenerse de la introspección, sino del comportamiento. Sin embargo, aun aquí, la traducción de un significado tampoco será precisa, porque en realidad la significación william montgomery urday 48 de palabras y oraciones no está referida a hechos. Por eso, la referencia sería inescrutable y, en cierto modo, dilucidarla carecería de sentido. En palabras de Wittgenstein (1976): El error que estamos expuestos a cometer podría expresarse así: estamos buscando el uso de un signo, pero lo buscamos como si fuese un objeto que coexistiese con el signo […] El signo (la frase) obtiene su significado del sistema de signos, del lenguaje a que pertenece. Rudimentariamente: comprender una frase significa comprender un lenguaje. (p. 31) Bunge (2008) recusa esta clase de observaciones por parecerle operacionalistas y que no llevan a nada. A su parecer, la solución radica «en sacar a la luz el dominio del predicado de interés» (p. 115). Esto quiere decir que, para escrutar la referencia, basta con dirigirse a la teoría responsable de formular un predicado fáctico y así identificar de qué trata. 1.8. Metodología Constituida por los vocablos griegos méthodos (procedimiento) y logos (teoría), que juntos forman «tratado sobre el método». El estudio filosófico del método científico se funda en un análisis de las vías utilizadas por el practicante de la ciencia para obtener conocimiento. Esto ha llevado a algunos, como el físico estadounidense Percy Brigdman, a pensar que la ciencia no es más que lo que hacen los científicos y, por lo tanto, existen muchos métodos que se practican dependiendo de cada investigador (Cfr. Bunge, 1987, pp. 49-50). Es más, la duda sobre la fiabilidad de dichos métodos lleva también a un acreditado Thomas Kuhn (2002) a afirmar que: «Todas las creencias del pasado respecto a la naturaleza han resultado falsas tarde o temprano. Por consiguiente, la probabilidad de que cualquier suposición propuesta actualmente tenga un futuro más promisorio debe ser casi nula» (p. 115). No obstante, como señala Bunge (1987), el método científico, más allá de sus limitaciones e insuficiencias, constituye una brújula que advierte por lo menos cómo no plantear los problemas ni sucumbir a los prejuicios. capítulo i: filosofía y psicología 49 Desde una perspectiva epistemológica, las proposiciones referidas a la metodología de la ciencia pueden juzgarse de manera descriptiva o prescriptiva. La manera descriptiva es una especie de estrategia metacientífica que analiza las actividades del practicante y aquilata la proporción entre sus procedimientos y sus resultados. La mayor limitación de este enfoque es la disparidad de precisión que hay entre ciencias naturales y humanas, dado que en estas últimas los recursos para lograr la proporción aludida son exiguos. En su célebre ensayo sobre la lógica de las ciencias sociales, Popper (2008) aborda este problema manifestando, entre otras cosas, que: […] en las ciencias sociales la objetividad es mucho más difícil de alcanzar (si es que puede llegar a serlo) de lo que lo es en las ciencias naturales; porque la objetividad equivale a neutralidad valorativa, y solo en casos muy extremos logra el científico social emanciparse de las valoraciones de su propia capa social accediendo a cierta objetividad y asepsia respecto a los valores. (p. 17) Y, por supuesto, aparte de la inasible objetividad del propio investigador, están la relativa fugacidad e impredictibilidad de los fenómenos del comportamiento humano y la casi infinita variabilidad y poca confiabilidad de los sujetos de estudio. Y, por si fuera poco, está lo que Guiroux & Tremblay (2008) denominan el problema semántico: «Una de las particularidades de las ciencias humanas en relación con las ciencias de la naturaleza es la diversidad de los términos empleados para designar la misma cosa» (p. 101). Pese a todo, tales defectos no hacen sino reforzar la idea de luchar por superarlos a través del rigor metodológico, con el fin de asegurar un mínimo de validez y confiabilidad en el contexto del descubrimiento, es decir, en la indagación y en los hallazgos. Y aquí viene, por consiguiente, la manera prescriptiva del método científico, expresada mediante el carácter normativo de ciertos procedimientos tentativos que, en base a la experiencia, se sabe de antemano que pueden acercar al investigador a una posición más productiva respecto a su actividad, independientemente del refinamiento de las técnicas de acopio y análisis de datos que puedan tenerse. Esto, que es llamado por Bunge (1987) «la pauta de la investigación científica», es desarrollado por él en su libro La ciencia, su método y su filosofía: (tabla 1.2). 50 william montgomery urday Tabla 1.2. Lista de pasos del método científico según Bunge (1987, pp. 68-70). Planteo del problema • Reconocimiento de los hechos: examen del grupo de hechos, clasificación preliminar y selección de los que probablemente sean relevantes en algún respecto. • Descubrimiento del problema: hallazgo de la laguna o de la incoherencia en el cuerpo del saber. • Formulación del problema: planteo de una pregunta que tiene probabilidad de ser la correcta; esto es, reducción del problema a su núcleo significativo, probablemente soluble y probablemente fructífero, con ayuda de conocimiento disponible. Construcción de un modelo teórico • Selección de los factores pertinentes: invención de suposiciones plausibles relativas a las variables que probablemente son pertinentes. • Invención de las hipótesis centrales y de las suposiciones auxiliares: propuesta de un conjunto de suposiciones concernientes a los nexos entre las variables pertinentes; p. ej. formulación de enunciados de ley que se espera puedan amoldarse a los hechos observados. • Traducción matemática: cuando sea posible, traducción de las hipótesis, o de parte de ellas, a alguno de los lenguajes matemáticos. Deducción de consecuencias particulares • Búsqueda de soportes racionales: deducción de consecuencias particulares que pueden haber sido verificadas en el mismo campo o en campos contiguos. • Búsqueda de soportes empíricos: elaboración de predicciones (o retrodicciones) sobre la base de modelo teórico y de datos empíricos, teniendo en vista técnicas de verificación disponibles o concebibles. Prueba de hipótesis • Diseño de la prueba: planeamiento de los medios para poner a prueba las predicciones; diseño de observaciones, mediciones, experimentos y demás operaciones instrumentales. • Ejecución de la prueba: realización de las operaciones y recolección de datos. • Elaboración de los datos: clasificación, análisis, evaluación, reducción, etc., de los datos empíricos. • Inferencia de la conclusión: interpretación de los datos elaborados a la luz del modelo teórico. capítulo i: filosofía y psicología 51 Introducción de las conclusiones en la teoría • Comparación de las conclusiones con las predicciones: contraste de los resultados de la prueba con las consecuencias del modelo teórico, precisando en qué medida este puede considerarse confirmado o disconfirmado (inferencia probable). • Reajuste del modelo: eventual corrección o aun reemplazo del modelo. • Sugerencias acerca de trabajo ulterior: búsqueda de lagunas o errores en la teoría y/o los procedimientos empíricos, si el modelo ha sido disconfirmado; si ha sido confirmado, examen de posibles extensiones y de posibles consecuencias en otros departamentos del saber. 1.9. Estética Constituida por los vocablos griegos aisthētikós y aisthētikḗ, que forman «que se percibe (o adquiere) por los sentidos». Desde una perspectiva general, la tarea de la estética consiste en explorar las naturalezas tanto del arte como de la experiencia humana frente a él. Por tanto, se pregunta si al respecto se puede hallar una suerte de actitud especial o tipo de experiencia que puedan ser llamadas «estéticas» en relación con las obras de arte y su valoración. Rosental & Iudin (2014) consideran que las «categorías capitales» de la estética estarían relacionadas con la aprehensión de esta actividad de creación artística en función de lo bello y lo feo, lo elevado y lo bajo, lo trágico y lo cómico, lo heroico y lo trivial. Pero ¿qué es «arte»? En el diccionario de Ferrater Mora (1975) se informa que proviene del vocablo griego téchne, relacionado con tópicos de industria u oficio desempeñados en base a ciertas habilidades particulares, por lo que, con el tiempo, se deduce que se fue vinculando con la excelencia y perfección del hacer del artesano. Es allí donde, en términos referidos estrictamente a la estética de la ciencia, este campo se ocupa de la epistemología de la actividad científica considerada como un arte en el sentido ya especificado. Aunque a lo largo de la historia la ciencia se ha identificado —sobre todo entre los sectores menos cercanos a ella, e incluso dentro de ella entre los positivistas lógicos— con un tipo de quehacer árido (en sentido de poco ameno), racional y objetivo, y por ello nada estético, recientemente se observa un interés por elucidar dicha noción 52 william montgomery urday (Romero, 2018; Gutiérrez-Alejos, 2022) en el marco epistemológico. Lo cierto es que, dentro del acervo conjetural, hay varias posturas respecto a lo que se debe juzgar como fuentes de lo estético. De acuerdo con el recuento de Gutiérrez-Alejos (2022), una de ellas es la de «la inducción estética» de McAllister (1996), según la cual es el éxito empírico lo que confiere atractivo a las teorías científicas. Sin embargo, esta hipótesis parece inadecuada a la luz de dos problemas: por una parte, la inexplicada sobrevivencia de solo algunas de las características —en concreto, la simplicidad y la simetría— en detrimento de otras que también suelen acompañar las empresas científicas exitosas; y, por otra parte, la falta de definición de lo que se entiende por juicios estéticos, lo que produce confusión respecto a la diferencia entre las propiedades intrínsecas de la obra y la satisfacción provocada por su éxito. Estas críticas provienen del punto de vista de Todd, quien en 2008 propone un enfoque subjetivista que prefiere tomar en cuenta la intención del individuo al atribuir un valor estético al objeto de su apreciación. Esta propuesta resulta poco práctica para diferenciar tal valor fuera del ámbito de la creación pictórica o literaria, y por lo tanto, difícilmente aplicable al campo científico. Otra propuesta alternativa a las anteriores es la de Kosso, en 2002, quien asegura que aquello que legitima la apreciación estética es la capacidad de una teoría científica para aumentar la comprensión de los fenómenos que explica con coherencia conceptual. En definitiva, entonces, parece que, a la luz de los aportes anteriores, debe considerarse que las características del proceso de la actividad científica como arte se asocian a la significatividad real del objeto u obra realizada, así como a la apreciación subjetiva de tales productos, y a la respuesta verbo-emocional que evoca en el individuo que los juzga. 2. FILOSOFÍA, EPISTEMOLOGÍA Y PSICOLOGÍA En la introducción a este capítulo se menciona que la psicología tiene el privilegio de constituir una temática muy cercana y hasta descendiente de la filosofía. Una fortaleza de esta parentela es el uso de argumentos razonados cuidadosamente para dilucidar cuestiones sustanciales. Ahora bien, la herencia asumida a partir de dicha descendencia tiene diversas aristas, pues, como capítulo i: filosofía y psicología 53 es notorio tras considerar las reseñas presentadas en la sección anterior, si bien Bunge (2002b) tiene razón al afirmar que todas las ramas de la filosofía están cruzadas por el factor epistemológico, también se observa que este último está influido por aquellas. Por tanto, es imperativo revisar cada una en relación con su faceta y utilidad para el universo psicológico, aunque de manera selectiva, dado el inmenso campo multiparadigmático que cubre. 2.1. Psicología y ontología (o metafísica) La psicología, si se toma como referencia la aparición de dicho término a manos de Goclenius (según se ha dicho en el parágrafo sobre ontología), nace como una parte de la metafísica. El sentido moderno de esta connotación toma forma en las nociones del «ser» o «persona» como sustancia que la psicología humanista pone en primer lugar. Aunque hay diferencias entre esta concepción de la psicología humanista norteamericana y los enfoques fenomenológico y existencialista europeos, que conciben al ser como posibilidad y no como esencia (Evangelista, 2020), esto no cambia el encuadre fundamental de la metafísica de la llamada «tercera fuerza». Según Schneider et al. (2015), hay tres ontologías en concertación dentro de este enfoque: a) la existencial, b) la transpersonal y c) la constructivista, cuyas características comunes giran en torno a la idea de que el ser humano debe ser comprendido bajo la lente de un modelo holístico y dinámico, y que su comprensión pasa por explorar fenomenológicamente los procesos que promueven la salud psicológica y el potencial innato de crecimiento de la persona. Otra concepción ontológica es la conductista, tradicionalmente afincada en el realismo —es decir, la creencia en un mundo real separado de la percepción—. Sin embargo, una de sus versiones actuales (conductismo molar) recusa semejante preferencia, La cuestión es que distinguir objetos reales de su percepción lleva a dicotomías como lo subjetivo versus lo objetivo y lo interior versus lo exterior, conduciendo a la práctica de explicar el comportamiento mediante entidades internas. Además: Si uno piensa que la ontología se basa en el realismo, uno podría llegar a suponer que la ontología requiere fe, porque la creencia en un mundo real inde- 54 william montgomery urday pendiente de la experiencia e inaccesible a nuestros sentidos es un artículo de fe (Barnes-Holmes, 2000). Así, en una ontología basada en el realismo, si veo un árbol, debería tener fe en que existe un árbol real detrás de mi experiencia del árbol. (Baum, 2017a, p. 70) Todo esto podría evitarse, según Baum, propugnando la sustitución de la concepción clásica de respuestas discretas y contigüidad entre eventos por actividades que se extienden en el tiempo (procesos), basándose en una ontología pragmatista. La medición general en este caso se efectúa respecto al tiempo que dura cada actividad, captando su variación inherente a la distribución de los actos en un período extenso. Dentro de él es que ya se pueden detallar las características moleculares de su flujo comportamental. La ontología piagetana se dirige a la identificación de los dominios físico, biológico, psicológico y social, como entidades de la realidad que los sujetos hacen en el transcurso de su interacción con la naturaleza (Delval & Rodríguez, 2013). Las resistencias de esos dominios son las que definen el carácter de cada contacto con el individuo. Así, el mundo físico es independiente de la acción humana; el mundo biológico incluye, además, mantenerse en equilibrio con el ambiente y su influjo; el mundo psicológico está poblado de organismos en un contexto simbólico y convencional; y el mundo social implica funciones establecidas por la colectividad. No es necesario seguir abundando sobre este tema, pues en capítulos posteriores será tocado nuevamente de manera directa o indirecta. Baste citar a Dolgopolova (2023), que, en una visión en conjunto, capta bien el panorama y la importancia del ámbito: Si bien la psicología se basa principalmente en la investigación empírica y los métodos científicos, la exploración de conceptos metafísicos puede profundizar nuestra comprensión y proporcionar marcos alternativos para interpretar las experiencias humanas. El problema mente-cuerpo, el dualismo versus el monismo, las propiedades emergentes, la conciencia y el libre albedrío contribuyen a una comprensión más rica del comportamiento humano. Al reconocer las dimensiones metafísicas, la psicología puede continuar evolucionando y explorando los profundos misterios que se encuentran en el centro de nuestra existencia […] para contemplar cuestiones filosóficas más profundas capítulo i: filosofía y psicología 55 sobre la naturaleza de la conciencia, los orígenes de la experiencia subjetiva y la existencia del libre albedrío. Estas investigaciones nos desafían a ir más allá de los aspectos observables y mensurables del comportamiento humano y profundizar en los ámbitos del significado, el propósito y la interconexión de todas las cosas. Si bien algunos pueden argumentar que las discusiones metafísicas en psicología entran en un territorio especulativo o no verificable, desempeñan un papel vital en la configuración de nuestra comprensión de la experiencia humana […] Además, la metafísica de la psicología permite un diálogo interdisciplinario con la filosofía, la espiritualidad y otros campos que durante mucho tiempo han lidiado con cuestiones relacionadas con la existencia y la conciencia humana. Al adoptar una perspectiva multidimensional, la psicología puede aprovechar la sabiduría de diversas tradiciones e integrar diferentes formas de conocimiento para profundizar su comprensión del comportamiento humano. (pp. 144-145) 2.2. Psicología y gnoseología (o epistemología) La complementareidad entre ontología y epistemología está ilustrada por Baum (2017a) de manera breve, pero magistral: La ontología es la rama de la filosofía que se ocupa del ser y la existencia. Especifica las cosas que existen para saber y va de la mano con la epistemología, que es la rama que se ocupa de qué y cómo sabemos sobre esas cosas. Por ejemplo, la ley de Newton, F = ma, afirma ontológicamente que existen fuerzas, masas y aceleraciones, y las consideraciones epistemológicas se centrarían en cómo estudiar esas cosas. (p. 70) En efecto, como se lee en el diccionario de la Asociación de Psicología Americana (APA, 2010), la epistemología «se interesa en la naturaleza, origen y limitaciones del conocimiento [así como] en la justificación de las afirmaciones de verdad» (pp. 177-178), algo relevante para la psicología desde el advenimiento de las cuestiones planteadas al respecto por Descartes (2010) y Kant (2009), y discutidas por los empiristas británicos Locke 56 william montgomery urday (2005), Hume (1988) y otros, durante un largo período que aún no termina. Justamente, en consonancia parcial (en el sentido naturalista) con los últimos filósofos mencionados, Willard Quine (2002) sugiere que: La epistemología, o algo que se le parece, entra sencillamente en línea como un capítulo de la psicología, y, por tanto, de la ciencia natural. Estudia un fenómeno natural, a saber, el sujeto humano físico. A este sujeto humano se le suministra una cierta entrada, experimentalmente controlada —por ejemplo, ciertos patrones de irradiación de diferentes frecuencias—, y cumplido el tiempo este sujeto devuelve como salida una descripción del mundo externo tridimensional y su historia […] Nuestra propia empresa epistemológica, por lo tanto, y la psicología, de la cual constituye un capítulo, y la totalidad de las ciencias naturales, de la cual constituye una parte la psicología, todo ello es nuestra propia construcción o proyección a partir de estimulaciones parecidas a las que asignamos a nuestro sujeto epistemológico. (p. 109) De hecho, para una teoría de la psicología en específico —la psicología evolutiva de Piaget (1981)—, la epistemología es incluso más que un tema, dado que aborda la relación permanente conocedor-conocido en un continuo explicativo totalizador del desarrollo humano. Otras posiciones teóricas también reconocen explícitamente el papel preponderante de la filosofía de la ciencia en sus enfoques, como es el caso de Skinner (1977), cuando afirma que el conductismo es la filosofía de la ciencia de la conducta que define sus extensiones y posibilidades (en los capítulos 5 y 6 del texto actual se hace una revisión de muchas de tales posturas). En suma, como dice Romo (2008): «la epistemología analizará cómo es el conocimiento de lo psicológico, cómo la psicología se construye como una disciplina con la pretensión de conocer lo psicológico y explicar las dimensiones de la conducta» (p. 37). Estos cometidos, naturalmente, están subordinados a las numerosas perspectivas paradigmáticas de las cuales se dará cuenta en los capítulos VII, VIII y IX del presente libro. capítulo i: filosofía y psicología 57 2.3. Psicología y axiología En la revisión hecha por Jaume et al. (2019), se refiere que, a partir de la propuesta de Milton Rokeach en La naturaleza de los valores humanos (1973), se han configurado tres perspectivas axiológicas importantes en la psicología: las de los psicólogos sociales Geert Hofstede (de 1991) y Shalom Schwartz (de 1992); y la del politólogo Ronald Inglehart (de 1997); todas ellas proponiendo un número determinado de valores diferentes, explicitados en dimensiones para su medición. En su estudio pionero, Rokeach consideraba que: […] los valores son creencias duraderas, las cuales tienen un modo de conducta específico (valor instrumental) que refiere a los fines deseables; las metas que un individuo quisiera lograr o un estado final de existencia (valor terminal) que refiere a las maneras predilectas de comportamiento, es decir a los medios de lograr los valores terminales de cada uno. De este modo, los valores forman parte de la cognición, modulando aquello que es deseable. Teniendo en cuenta esto, poseer un valor implica que un sujeto conoce el modo correcto de conducirse, o el fin último que desea alcanzar. Por lo que los valores sirven como guía en la elección y evaluación de las situaciones y comportamientos. (Jaume et al., 2019, p. 134) En el recuento de los 36 valores mencionados por Rokeach se tienen dos listas de 18: una de ellas denominada terminal, compuesta por estados deseables de existencia centrados en el yo y en aspectos interpersonales. La otra es llamada instrumental, representando conductas consideradas preferibles por el sujeto, tanto de naturaleza moral si se enfocan interpersonalmente; como de naturaleza personal si se enfocan hacia modos autorreforzantes (Manso et. al, 1998). La tabla 1.4 las muestra en su totalidad. 58 william montgomery urday Tabla 1.3. Valores propuestos por Rokeach para elaborar su escala de medición (adaptado de Manso et al., 1998). Valores terminales 1. Amistad Verdadera 2. Amor pleno 3. Armonía interna 4. Felicidad 5. Igualdad 6. Libertad 7. Placer 8. Reconocimiento social 9. Respeto de sí mismo 10. Sabiduría 11. Salvación 12. Seguridad familiar 13. Seguridad nacional 14. Sentido de cumplimiento 15. Un mundo bello 16. Una vida emocionante 17. Una vida confortable 18. Un mundo pacífico Valores instrumentales 1. Afecto 2. Alegría 3. Ambición 4. Autocontrol 5. Capacidad 6. Cortesía 7. Honradez 8. Independencia 9. Imaginación 10. Intelectualidad 11. Limpieza 12. Lógica 13. Magnanimidad 14. Obediencia 15. Responsabilidad 16. Servicialidad 17. Valentía 18. Tolerancia Prosiguiendo con la mención de perspectivas según Jaume et al. (2019), la de Hofstede presenta cinco macrodimensiones culturales: distancia jerárquica, evitación de la incertidumbre, individualismo-colectivismo, feminidad-masculinidad y larga orientación en el tiempo - corta orientación en el tiempo; en las cuales se insertan los valores de cada sociedad. Por su parte, Schwartz introduce en el modelo de Rokeach un esquema que da cuenta de la cercanía o lejanía de los valores en un continuo motivacional, evaluando diez dimensiones motivacionalmente básicas derivadas de tres necesidades universales: el organismo biológico, la interacción social coordinada y la vivencia y bienestar en grupos. Las dimensiones son la autodirección, la estimulación, el hedonismo, el logro, el poder, la seguridad, la conformidad, el respeto, la benevolencia y la universalidad. El tercer modelo psicoaxiológico es el de Inglehart, que divide dos dimensiones: valor de supervivencia - capítulo i: filosofía y psicología 59 valor de libre expresión (o humanístico); y valor tradicional (o conservadorreligioso) - valor secular-racional. 2.4. Psicología y ética La concepción de la moral expuesta en la obra de Piaget, llamada El Criterio Moral en el Niño (1932) —en parte derivada del enfoque de Kant—, es una de las más influyentes en la psicología y en la educación (Villegas de Posada, 1998), centrada en el respeto que los individuos tienen hacia los sistemas de reglas. El núcleo de interés de esta postura radica, por un lado, en ocuparse de las relaciones entre el juicio infantil, la intención, la responsabilidad y la noción de justicia, distinguiendo dos etapas de desarrollo de la moral: una heterónoma (seguimiento de reglas aceptadas por ser formuladas por la autoridad, que lleva a la moral del deber ser) y una autónoma (seguimiento de reglas por razones intelectuales y sociales, que lleva a la moral del bien). La propuesta del norteamericano Lawrence Kohlberg, de la Universidad de Harvard, es comúnmente presentada como una ampliación o complejización del enfoque de Piaget (Turiel, 2000), considerando tres niveles de desarrollo moral: preconvencional (similar al heterónomo), convencional (parecido al autónomo) y postconvencional (principios autoimpuestos más allá de juicios ajenos). Respecto a la ética, en una órbita menos aplicada, el humanista alemán Erich Fromm (2003) desarrolla su tesis «de que la psicología no solamente debe desbancar juicios éticos falsos, sino que, además de eso, puede ser la base para la elaboración de normas válidas y objetivas de la conducta» (p. 9). Su enfoque, crítico con el psicoanálisis de primera generación en lo que respecta a su divorcio de los problemas de la filosofía y la ética (p. 18), reclama retornar a la contemplación del hombre «en su integridad física y espiritual» (ibid., p. 19). Así, diferencia entre la ética autoritaria y la ética humanista, donde la primera exige la sumisión a una autoridad (en un contexto de explotación y supresión de la individualidad), y la segunda proviene de la libre elección del individuo. Esta —señala Fromm (2003) siguiendo a Aristóteles—: 60 william montgomery urday [...] deduce la norma de que «virtud» (excelencia) es «actividad», con lo cual se refiere al ejercicio de las funciones y actividades peculiares del hombre. La felicidad, que es el fin del hombre, es el resultado de la “actividad” y del “uso”; no es un bien apacible o un estado de la mente. (p. 38) Recusa que el placer y el dolor puedan ser criterios de valor, pues hay seres «que gozan con la sumisión y no con la libertad; que experimentan placer con el odio y no con el amor, con la explotación y no con el trabajo productivo» (ibid., p. 27). En cambio, sostiene que para saber lo que es bueno o malo para el hombre hay que entender la naturaleza humana, siendo errónea la alternativa respecto a que esta es infinitamente maleable versus que es fija e inmutable. En su opinión, el método para estudiar la naturaleza humana «consiste en observar las reacciones del hombre frente a diversas condiciones individuales y sociales, y hacer inferencias acerca de la naturaleza del hombre a partir de la observación de tales reacciones» (ibid., p. 36). De esta observación, Fromm deduce que el amor es la forma ética de relación con los demás y con uno mismo, pues significa actuar responsablemente, con respeto y deseo de que las otras personas se superen y desarrollen sus potencialidades. El conductismo ha desarrollado también varias concepciones particulares de ética según la variante teórica. En este escenario están los modelos de ansiedad condicionada (Eysenck), de aprendizaje operante (Skinner), de análisis contingencial (Ribes) y de modelamiento sociocognitivo (Bandura) (ver Montgomery, 2018). Respecto a la ansiedad condicionada, la hipótesis es que, en un proceso análogo al del condicionamiento respondiente, «cualquier cosa considerada por [los padres] como equivocada o antisocial que el niño cometa será castigada de alguna forma, implantando diversos grados de ansiedad condicionada cuya supresión sería la que evita la emisión de respuestas antisociales» (Montgomery, 2018, p. 97). Según Eysenck, a la anticipación del castigo se le puede considerar una «conciencia moral» que dificulta emitir respuestas instrumentales antisociales. En cuanto al modelo de aprendizaje operante, Skinner juzga que «los valores surgen determinados por procesos de selección sobre la base de contingencias de tipo social especificadas a través de reglas, puesto que la comunidad […] es la que selecciona qué conductas son “correctas” para reforzarlas positivamente, capítulo i: filosofía y psicología 61 al mismo tiempo que determina contingencias punitivas para las conductas “no-correctas”» (ibid., p. 98). Desde el análisis contingencial, «la moral viene a ser una dimensión de la propia conducta en correspondencia entre las prácticas valorativas de un individuo y las de su comunidad de referencia. Tales prácticas son reguladas por condiciones no presentes en las situaciones en que se despliegan, y pueden presentarse de variadas formas en relación con el “deber ser” del comportamiento» (ibid., p. 99). Finalmente, la vertiente de modelamiento sociocognitivo incide en el aprendizaje ético por imitación social, pero alude al proceso eventual de desconexión moral del agente, donde «las influencias de [su] reacción personal (como “autosanción” moral) no actúan al menos que sean activadas, y cada individuo aprende a discriminar en qué circunstancias puede desactivarlas o no con el fin de evitarse conflictos entre el “deber” y el “hacer”» (ibid., p. 101). Para terminar con este parágrafo, cabe referirse al influjo de los valores éticos sobre la práctica científico-tecnológica e investigativa de la psicología. En el plano de las aplicaciones, las pautas éticas más recomendables son mantener un contacto con la investigación experimental, seguir protocolos de respeto y protección al cliente, promover condiciones de mutuo control entre usuario y prestatario del servicio, y privilegiar intervenciones basadas en evidencia. Por otra parte, debe comprenderse que la investigación en ciencia es una empresa humana, y como tal no es enteramente objetiva. En este sentido, hay tanto paradigmas que proceden tratando de eliminar en lo posible las variables «extrañas» de la subjetividad valorativa como otros que las incorporan en su propio quehacer (el capítulo X de esta obra se ocupa del tema). Haciendo un análisis de las condiciones que pueden vulnerar la calidad ética en la investigación científica, Rosenthal (1994) señala tres ámbitos: por un lado, respecto a la elaboración de los procedimientos, el examen de los datos y la exposición del producto; por otro lado, en lo que respecta al diseño, la recolección de la muestra y los costos y utilidades, los temas son la eliminación, explotación y metaanálisis distorsionado de los datos. Finalmente, respecto a la fase de presentación de los resultados, pueden ocurrir la tergiversación de los hallazgos o de los créditos, y la censura externa o la autocensura. A este respecto, los códigos de ética profesional juegan un papel destacado en la actualidad, tratando de regular tanto las prácticas básicas como las aplicadas. A veces, suscitando críticas por ciertas 62 william montgomery urday normas que se consideran exageradas o inadecuadas, como, por ejemplo, el tema del consentimiento informado, que, llevado a su extremo, podría constituir un grave obstáculo para llevar a cabo investigaciones que no suponen peligro alguno para los participantes (ver una discusión al respecto en Christians, 2012, p. 294 y ss.). Todos esos problemas deben ser materia de evaluación preventiva por parte de los autores del estudio y de los estamentos responsables de revisarlo para proceder a su publicación. 2.5. Psicología y lógica La interrogante de si existe relación entre la lógica y la psicología parece ser, hasta cierto punto, prosaica, si se tiene en consideración que gran parte del material con que se enfrenta una ciencia del comportamiento es, justamente, de tipo lógico. ¿Qué otra cosa, si no, son las actividades de formalización teórica, de procesos de pensamiento, de solución de problemas y de razonamiento deductivo e inductivo? En este plano, indudablemente destaca el trabajo realizado desde la epistemología genética, enfocando las cosas de una manera peculiar, como lo describe Flavell (1982), concibiendo los patrones lógico-matemáticos análogamente a modelos de estructura cognoscitiva: […] la lógica puede usarse en la psicología como un medio para la formalización de teorías, es decir, como una serie de normas cuya finalidad es asegurar que los teoremas postulados, enunciados de datos operacionales y las interrelaciones de estos sean expresados de manera adecuada. Para Piaget, por lo contrario, la lógica entra en escena de un modo por completo distinto; en cierto sentido, ella incorpora en mismo contenido de la teoría misma. Las operaciones lógicas, junto con las leyes que gobiernan sus relaciones dentro de un sistema total, constituyen por sí mismas el modelo teórico: son consideradas directamente como el patrón teórico de las operaciones cognoscitivas concretas in vivo. En el primer caso, las estructuras lógicas describen determinadas interrelaciones dentro de la teoría, en el otro caso, las estructuras lógicas —podríamos decir para acentuar la diferencia— describen la actividad cognoscitiva concreta del teórico mientras se dedica a construir la teoría. (p. 187) capítulo i: filosofía y psicología 63 Pero el asunto de la relación entre lógica y psicología es más profundo. La postura piagetiana es solo una de las tantas que existen acerca del punto, y es tachada de «psicologista», pues sustenta una forma de lógica aplicable a los fenómenos mentales de forma individual, independientemente de la lógica formal que establece la combinación de las relaciones de los miembros dentro de un conjunto (característica del enfoque «logicista»). Sin embargo, el caso de Piaget es complejo, pues para él, al decir de Castro (2013): «Ni la lógica puede intervenir en la interpretación de la naturaleza de los mecanismos mentales, ni la psicología puede decidir sobre cuestiones relativas a la validez formal» (p. 191), de modo que no sería propiamente un «psicologista», al menos en el sentido más común. Perspectivas anteriores procedentes de la filosofía, como las del utilitarista británico John Stuart Mill y del pragmático estadounidense John Dewey (1859-1952), se manifiestan más contundentemente en pro del psicologismo, sosteniendo, en interpretación crítica de Husserl, que: Defínase la lógica como se quiera —como arte de pensar, de juzgar, de raciocinar, de conocer, de demostrar, de saber, de las direcciones del entendimiento en la persecución de la verdad o en la apreciación de los fundamentos de prueba, etc.—, siempre encontramos actividades o productos psíquicos como objeto de regulación práctica […] la psicología del conocimiento, será, por ende, la que suministre el fundamento teorético para la construcción de un arte lógico. (Husserl, cit. por Larroyo & Ceballos, 1951, pp. 77-78) Debido a esta clase de razonamientos, el psicologismo de la lógica ha sido calificado como una extensión positivista (Gaos, 2007). En síntesis, la revisión de Robledo (2023) detalla cuatro maneras distintas de ser psicologista, profesando la creencia en que funcionan: 1) el individualismo psicológico (forma cognitiva de operar de las personas individuales respecto a la lógica); 2) el descriptivismo psicológico (del desempeño conductual que las personas tienen al respecto); 3) la idea de las arquitecturas cognitivas (función de entidades, facultades o estructuras cognoscitivas); y 4) la idea del agente cognitivo ideal (por ejemplo, la inteligencia artificial). La concepción antipsicologista puntualiza una serie de aspectos que colisionan con la visión de los incisos anteriores. Para empezar, sostiene que 64 william montgomery urday las leyes más relevantes de la psicología no alcanzan el grado de exactitud de las proposiciones lógicas, y además que las leyes lógicas no son propias de la vida mental real. Así, sostiene que «el psicologista se confunde al tomar las leyes lógicas por leyes psicológicas descriptivas o bien por tomar las leyes lógicas como si fueran leyes prescriptivas basadas en leyes psicológicas descriptivas» (Robledo, 2023, p. 77). Asimismo, «las reglas del silogismo no son prescripciones obtenidas por medio de generalizaciones inductivas fundamentadas en las descripciones psicológicas» (ibid., p. 81). Y, en última instancia, al ser la psicología «la última de las ciencias», no podría «informar al logos» (Larroyo & Ceballos, 1951, p. 82). El neopsicologismo, línea más reciente (Petik, 2016), responde por su parte a la objeción de las leyes, señalando que el pensamiento cotidiano fue el que diseñó las matemáticas y la lógica, por lo tanto, eso demuestra que se puede hacer algo exacto a partir de algo inexacto sin perder contenido. Más allá de estas discusiones, hay criterios variados acerca de la ubicación y la utilidad mutua que tienen la lógica y la psicología. Según Piaget: «La lógica se ocupa de los problemas relativos a las deducciones formales a partir de axiomas, mientras que la psicología estudia el desarrollo de las estructuras lógicas» (Castro, 2013, p. 191). Igualmente, Camacho et al. (2011) mencionan algunas formas transdisciplinarias de contacto entre ambas disciplinas, citando el trabajo de Galicia et al. (2005), donde «se supone que la elaboración lingüística entre objetos concretos constituye un ejercicio competencial recurrente para el dominio de los sistemas formales y pretende demostrar que dicho ejercicio contribuye al contacto adecuado con los sistemas formales» (Camacho et al., p. 227); lo que supondría un aporte de la psicología a la lógica en relación con la didáctica, pues así esta se entera de pormenores referentes a su funcionamiento en individuos, y en particular en las etapas del desarrollo humano. En forma inversa, la lógica presta su programa de fundamentación axiomática de las teorías empíricas a la psicología en función a modelos —o estructuras sistémicas— en vez de a conjuntos de enunciados, como en el empeño semanticista del filósofo norteamericano Patrick Suppes (19222014). En psicología, son clásicos varios intentos de organización lógica de las teorías que se han postulado desde la ciencia del comportamiento (Hull, 1943; Kantor, 1978; Ribes & López, 1985); así como las investigaciones de Murray Sidman, que, siguiendo la lógica matemática de conjuntos, abordan capítulo i: filosofía y psicología 65 las clases de equivalencia de estímulos y relaciones emergentes en torno a las propiedades de reflexividad, simetría y transitividad (ver García & Benjumea, 2002, para una descripción histórica de esos estudios), cuya índole radica en el uso de entrenamientos específicos de relaciones de discriminación condicional y la evaluación del desarrollo de nuevas relaciones no entrenadas” (Camacho et al., 2011, p. 229). 2.6. Psicología y semiótica Las vinculaciones del estudio filosófico del significado y el significante, del sentido y la referencia de las expresiones, etc., llevan a ligar la semiótica en gran parte con el estudio de la psicología del lenguaje, la psicología de la comunicación y la psicopatología6. Esta relación entre signo, lenguaje y comunicación partió explícitamente desde las preocupaciones de Agustín de Hipona por el efecto de las palabras en la mente y en la convención social (Figueroa, 2007). A principios del s. XX comienza oficialmente la psicología del lenguaje con Wundt, según Serra y Vila (1986), destacándose desde allí tres líneas de investigación que llegan hasta el presente: la psicolingüística, la psicología cognitiva y el aprendizaje verbal. Aquí solo se hará una breve reseña de sus respectivas posiciones, basándose en Montgomery (2002), sin entrar en las discrepancias que tienen entre sí (ver el capítulo IX para apreciar algunas de ellas). El enfoque psicolingüístico (representado por McNeill, Lenneberg, Slobin, Brown, Miller y Chomsky, entre otros) categoriza dos tipos de procesos: por un lado, la comprensión —competencia o saber tácito de la lengua de cada hablante—; por otro, la producción —performance o ejercicio de la lengua—, procurando demostrar que en el habla individual se manifiesta una gramática generativa o transformativa implícita, es decir, las posibilida6 En este último caso, se identifica con la semiología de las funciones psicológicas. Según Jarne et al. (2002): «La semiología en psicopatología se ocupa del estudio de los signos y de los síntomas de las enfermedades mentales; por lo tanto, es fundamental para la realización de un buen diagnóstico y para la práctica clínica con el fin de determinar la situación clínica de un enfermo en un momento determinado y, consecuentemente, la evolución de su trastorno» (p. 9). 66 william montgomery urday des ilimitadas del sujeto para generar reglas lingüísticas con productividad combinatoria de elocuciones, comprender expresiones no escuchadas anteriormente y producir una infinita variedad de expresiones igualmente inteligibles. Aquí, la adquisición de las formas verbales se limita a entender su significado, y, a su vez, está relacionada con estructuras biológicas innatas que predisponen la capacidad léxico-gramatical del futuro hablante (Sistema de Adquisición del Lenguaje). La psicología cognitiva, mayormente la de filiación constructivista moderada (representada por Piaget, Bruner, Vigotski y Luria, entre otros), incide, en el caso de Piaget, sobre el efecto de una función simbólica anterior a la aparición del lenguaje. Para que este aparezca, se requiere una serie de recursos de expresión y de lógica surgidos en coordinación activa con un entorno. Entonces, el lenguaje se presenta como parte de lo que se denomina función simbólica o representativa, que va sustituyendo progresivamente significados por significantes en ausencia de estos. Desde la óptica de Vigotski y Luria, el lenguaje se deriva de las interacciones comunicativas con los congéneres, en convergencia con la evolución de las condiciones intelectuales del sujeto. Es una raíz social-convencional que define el papel de la cognición, en la medida en que constituye, poco a poco, esquemas representacionales internalizados. Por ejemplo, de acuerdo con Vigotski (1979), en el caso de la escritura, esta es producto final de la gestualidad, constituyendo signos visuales que se escriben «en el aire» y luego formando dibujos y garabatos en el papel durante la conducta infantil (pp. 162-163). Por parte de Bruner, la idea es que la evolución de los procesos intelectuales y lingüísticos es simultánea, empezando por la experiencia simbólicamente organizada. Acepta, sin embargo, la noción vigotskiana de que el lazo generado por una estructura de acción recíproca entre tutor y aprendiz del lenguaje transmite a este último la gramática, la referencia, el significado y la acción misma, en lo que llama el Sistema de Apoyo de la Adquisición del Lenguaje, que, a su vez, interactuaría con el ya mencionado Sistema de Adquisición del Lenguaje chomskiano. El aprendizaje verbal es la etiqueta que se le suele poner al enfoque conductista (representado por Mowrer, Osgood, Skinner, Kantor y Hayes, entre otros), porque, en la mayoría de los casos, esta corriente centra su interés en la adquisición del lenguaje. Desde la perspectiva de Mowrer, la emisión de los capítulo i: filosofía y psicología 67 niños, asociada a la vocalización de los adultos y a la adición de reforzadores positivos, hace que esta última adquiera cualidades de reforzador secundario (es decir, que sea reforzante por sí misma), desarrollando en los hijos una sensibilidad progresiva a signos y significados lingüísticos. Para Osgood, existen estímulos que, en base a la frecuencia, la proximidad y la cantidad de refuerzo implicados en una conducta verbal específica, provocan respuestas mediadoras en el aprendiz, las cuales operan en forma de estimulación interna distintiva, influyente sobre la aparición de conductas verbales particulares. En este escenario, una señal adquiriría significación al activar parte de la respuesta que evoca un objeto-estímulo en el organismo. Skinner, por su parte, no intenta estudiar la estructura y la función de las palabras al margen de la situación en que se emiten, abordando más bien la topografía y funcionamiento de la conducta con respecto al hablante y al oyente en el contexto de las contingencias de reforzamiento, es decir, el antes (estimulación discriminativa) y después (consecuencias) de la emisión de la conducta verbal. Más allá de esto, es interesante encontrar coincidencias entre ciertas nociones del enfoque skinneriano con el de las posturas vigotskiana, bruneriana y piagetiana, como lo hacen ver Richelle & Moreau (2013). Así, según Skinner, el repertorio verbal se aprende y mantiene al principio por reforzamiento externo, y luego va trasladándose al autorreforzamiento (convergencia con la internalización de Vigotski); igualmente, juzga que los intercambios verbales entre la madre y el niño son básicos para el desarrollo de esa evolución (convergencia con el Sistema de Apoyo de la Adquisición del Lenguaje de Bruner); y, por último, en convergencia con Piaget, concibe el comportamiento como sujeto a reglas de la comunidad lingüística, sin ceñirse a mecanismos exclusivamente lingüísticos, como, por ejemplo, la imitación. El caso de Kantor es sui generis, porque no se sujeta a la versión asociacionista del aprendizaje, sino a un enfoque molar que titula interconducta lingüística, donde la unidad de análisis es un segmento de campo constituido por factores interrelacionados, entre los cuales está la respuesta. Entonces, el lenguaje se aprende en una dimensión biestimulativa (biosocial) y siempre se emite en relación con una estructura de interdependencias con otros aspectos del ambiente. Por tanto, no se dejan de observar tres elementos: el referidor que emite el mensaje y sirve de estímulo; el referido al cual se dirige; y el referente del que se da cuenta (incluyendo los mismos referidor o re- 68 william montgomery urday ferido). Ribes (2021) añade que, en la última etapa, desaparece el referente, convirtiéndose el referidor en referido de su misma conducta. Por tanto, responde a los eventos y a otras personas solo a través de las interacciones lingüísticas sin propiedades físicas, en lo que podría considerarse el mundo de la conducta simbólica compleja. En el reciente desarrollo de la perspectiva conductista post-skinneriana, el planteamiento del marco relacional (Hayes, Barnes-Holmes y Roche, 2021) también alude a la consideración del plano semiótico, al sustentar cómo las «significaciones» aportadas por patrones de comportamiento lingüístico relacionan eventos sobre la base de ciertas claves de reflexividad («todo elemento de A se relaciona consigo mismo» = Ɐx∈A : xRx), simetría («si A se relaciona con otro elemento, entonces este también se relaciona con A» = Ɐx, y ∈A : xRy ⇒ yRx) y transitividad («Si un elemento de A está relacionado con otro, y ese otro se relaciona con un tercero, entonces el primero se relacionará también con este último» = Ɐx, y, z, ∈A : xRy Ʌ yRz ⇒ xRz). Como señalan García & Benjumea (2002): La equivalencia […] transformaría una discriminación condicional en un proceso semántico, apoyando la noción de que la igualación arbitraria a la muestra es una función lingüística. Si decimos que los estímulos involucrados en una discriminación condicional están actuando como símbolos, esperaríamos que cada uno de ellos representara al otro. (p. 176) Los marcos relacionales que surgen de las clases de equivalencia son muchos, así que, a manera de ejemplo, se pueden mencionar solo la oposición entre dos aspectos («la silla de la izquierda es más pequeña que la de la derecha»), su jerarquización («la silla de la izquierda es del tipo plegable») o su semejanza («las sillas de la izquierda y de la derecha son de color negro»). 2.7. Psicología y metodología La problemática metodológica en la psicología está vinculada sobre todo a preferencias por la indagación de tipo cuantitativo, cualitativo o mixto, y a la estimación de los diseños de investigación descriptiva, ex-post-facto, experimental, y factorial (Sánchez Carlessi y Reyes Meza, 2009), o de teoría capítulo i: filosofía y psicología 69 fundamentada, etnográfica, narrativa e investigación-acción (Hernández et al., 2014). Aquí no se entrará en los debates respecto a lo que cada corriente o autor de la psicología considera que es la mejor forma de investigación (en los capítulos VI, VII, VIII y IX de este volumen se discuten dichos temas), sino que, con un afán introductorio, simplemente se reseñará en qué consiste cada una, con su respectivo ejemplo relacionado con la psicología. Respecto a las diferencias entre orientaciones cualitativa y cuantitativa, Guiroux & Tremblay (2008) señalan que: «Los partidarios del enfoque cualitativo creen en realidad que el comportamiento de los seres humanos está determinado, sobre todo, por el sentido que dan a una situación. En consecuencia, según ellos, la comprensión suele ser el mejor propósito para explicar los actos de los individuos» (p. 39). En cambio, el enfoque cuantitativo significa: «En las ciencias humanas, manera de abordar el estudio de los fenómenos que hacen hincapié en la medición y el análisis de datos con cifras» (p. 40). En cuanto a las aproximaciones mixtas, Hernández et al. (2014) enumeran cuatro respuestas comunes de los investigadores: los fundamentalistas, que rechazan el enfoque alternativo al suyo; los separatistas, que consideran que solo se puede utilizar uno de los dos en un estudio; los integradores, que gustan de combinar ambas orientaciones; y los pragmáticos, que prefieren uno u otro según las características del tema por estudiar. Entre los diseños de investigación cuantitativa, los descriptivos se limitan a recoger la información pertinente a un tema de estudio, con objeto de formar juicio y tomar decisiones en función a lo hallado. Una modalidad son los diseños correlacionales, que relacionan dos o más variables referentes a fenómenos particulares; por ejemplo, la relación entre el tiempo que invierte un niño presenciando violencia a través de programas de televisión y su grado de agresividad. Esto, a su vez, puede ser evaluado en diferentes períodos de tiempo (estudio longitudinal) o en muestras simultáneas (estudio transversal). Los estudios ex-post-facto investigan los efectos de una variable cuya ocurrencia ya se produjo, de modo que se busca elucidar cómo es que ha actuado; por ejemplo, de qué manera el factor aprendizaje del autocontrol en ciertas condiciones puede haber influenciado la estabilidad emocional de un individuo. Los diseños experimentales implican manipular una va- 70 william montgomery urday riable (llamada independiente) para, a través de ella, ocasionar cambios en otra (llamada dependiente) mientras se controlan los efectos interferentes de otras variables (llamadas extrañas); por ejemplo, una investigación del efecto de la estimulación subliminal sobre la memoria a largo plazo de un sujeto o grupo de sujetos. Por último, los estudios factoriales confrontan simultáneamente el efecto de diversas variables independientes (o una independiente y otra correlacional) sobre la dependiente; por ejemplo: el papel de las variables independientes: 1) presentación de dos textos con frases incompletas debajo de rostros humanos expresando estados emocionales; y 2) nivel de ansiedad auto reportado en una prueba de ansiedad. La idea, en este ejemplo (ver Montgomery, 2002), es verificar el efecto de las dos variables anteriores sobre el número de palabras recordadas de manera afectiva positiva, negativa y neutra en una muestra de estudiantes. Entre los diseños de investigación cualitativa, la teoría fundamentada pretende hacer emerger una interpretación coherente de los datos recolectados en una determinada área de estudio y en un contexto determinado; por ejemplo, indagar cómo los diagnósticos de tipo psiquiátrico limitan el interés de los terapeutas a señales patógenas específicas en los usuarios del servicio de salud, pasando por alto otras. Los diseños etnográficos centran su interés en las prácticas culturales típicas de un grupo poblacional, para lo cual se sumergen en la vida de dicha comunidad, observando su dinámica social, creencias, rituales y comportamientos desde dentro; por ejemplo, recoger información de la ideología política y religiosa que predomina en un ámbito rural del país. Los diseños narrativos recogen material recopilado a partir de cuentos o historias escritas, videos o grabaciones que relatan sucesos de la experiencia humana, como indicador de aspectos psicológicos que las personas vivencian cotidianamente en su biografía; por ejemplo, la revisión bibliográfica (ver la biografía de Maslow por Hoffman, 2009) y por entrevista (a Skinner realizada por Chirban, 1996) de fuentes que reseñan la vida y obra de psicólogos célebres. La investigación-acción, por su parte, se fija en los procesos y detalles de un problema delimitado sobre el cual se intentan establecer cambios positivos, mediante la participación de los mismos investigadores. Los métodos de recopilación de datos y la reflexión sobre ellos se utilizan durante todo el transcurso de la intervención, para registrar las modificaciones que la acción de los participantes lleva a cabo; capítulo i: filosofía y psicología 71 por ejemplo, el instructor de laboratorio que desea mejorar las interacciones con los aprendices puede ir regulando la índole de los experimentos que se emprenden en base a la recogida de sus opiniones y expectativas, con el fin de incrementar su interés en las tareas. 2.8. Psicología y estética En el campo de la estética, dos de los ámbitos en los cuales la psicología tiene algo que decir son, por un lado, la creación artística, y por otro, la relación entre la autopercepción corporal y factores y trastornos de la personalidad. ¿Qué es lo que sostiene la experiencia estética? La explicación puede ser diversa. Algunos, como Romero (2018), sostienen con firmeza que las experiencias estéticas son procesos cerebrales posibles de estudiar mediante la investigación neurocientífica, fijándose, por un lado, en las variaciones de la activación de diferentes áreas corticales y subcorticales y, por otro, en los cambios químicos de ciertos neurotransmisores. Maslow (1991) prefiere centrar el enfoque en la expresión de la individualidad y el amor a la belleza. Para Skinner no tiene sentido ubicar causas en el interior del propio artista o de los apreciadores de sus obras, la cuestión está sobre todo relacionada con «los reforzadores contingentes en la conducta del artista […] y en la conducta de los demás cuando lo contemplan» (Skinner, 1975, p. 375); así pues, es necesario investigar cuáles son las condiciones que probabilizan la producción estética del creador y qué hace que la estética de un producto artístico sea reforzante en determinadas condiciones. En cuanto a lo primero, es importante dotar al productor estético de medios que le faciliten su trabajo creador, liberándolo de otras tareas que lo distraen —de ahí la frecuente asociación de aquel con un correspondiente «mecenas» a lo largo de la historia. También hay que considerar que «el artista que ha adquirido una mayor cantidad de técnicas, heredadas de sus predecesores, se encuentra en situación oportuna para realizar auténticos descubrimientos originales» (Skinner, 1975, p. 379). La originalidad de la producción estética se debe, frecuentemente, a mutaciones y selecciones azarosas en el comportamiento creativo, que po- 72 william montgomery urday drían potenciarse modificando ligeramente algunos detalles del quehacer cotidiano, como utilizar o manipular de otra manera las herramientas para producir arte, hacerlo en momentos de disposición personal distinta a la habitual, cambiar de lugar de trabajo, ampliar el acceso a fuentes informativas, ir contra las normas convencionales mayoritarias y prohibiciones, etc. Por otra parte, las contingencias del ambiente juegan igualmente un papel destacado en la recepción estética de cierto tipo de producciones por parte de la colectividad. Así, otro aspecto importante es el carácter del producto elaborado: por ejemplo, en la pintura, tanto la figura humana como ciertos elementos de su ambiente (alimentos, animales, piezas, objetos, etc.) son reforzantes para la gente por razones constituidas en la supervivencia evolutiva, y cuando se trata de imágenes abstractas o ambiguas, ellas pueden evocar respuestas implícitas asociadas con personas, objetos o eventos reforzantes en la historia personal de cada uno. A esto hay que añadir que, en cada época, surgen modas estéticas cuando unos reforzadores pierden su efecto y otros los sustituyen en la generalidad del gusto colectivo. Así, si la obra del creador coincide con la moda en auge, se verá elevada por la ola creciente. Para terminar con esta parte, hay que señalar que las equivalencias de significatividad entre la labor creativa artística y la científica son, como dice Romo (2008, pp. 157-158), muy altas, pudiendo hacerse incluso un símil de revolución paradigmática respecto al desarrollo de nuevos espacios conceptuales por encima de los previos, como, por ejemplo, en el caso de la obra cubista de Picasso, que significó una ruptura con la perspectiva renacentista. Los análisis realizados por el psicólogo ruso Lev Vigotski sobre La tragedia de Hamlet y Psicología del Arte (1925) se presentan como otra opción explicativa. Vigotski rehúsa reducir el arte a una representación cognitiva, siendo aquel más bien «un complejo de operadores culturales intuitivos pero eficientes para hacernos ver donde la ciencia y la razón no han sido aún capaces de mirar, un acercamiento a la realidad capaz de provocar altos niveles de implicación sin por ello rebajar el nivel de procesamiento» (Del Río & Álvarez, 2007, p. 18). Ellos afirman que, desde su punto de vista sociocultural, Vigotski enfatizaría la liga de cognición y emoción que se instaura a través del arte como una relación implicativa, donde: capítulo i: filosofía y psicología 73 […] la reestructuración del sentido provocada por la obra literaria «crea función emocional», vinculando las emociones a la conciencia y convirtiéndolas en sentimientos. Ello permite establecer un puente entre la función emocional natural y la superior, de modo que las respuestas emocionales del organismo se vinculan con las respuestas emocionales de la conciencia y viceversa. Con el resultado de que las emociones dejan de ser reactivas, involuntarias y difusas, y se hacen focalizadas y dirigidas. En ese proceso se vinculan a los procesos cognitivos y pasan así a ejercer de nuevo, ahora a un nivel más elevado y libre, el papel central en la orientación de la conducta que las emociones naturales han desempeñado en los estadios anteriores del organismo. (Del Río & Álvarez, 2007, p. 22) Una concepción así, obviamente, se basa en un modelo de engranaje entre los aparatos socioculturales y representacionales de la razón y la intuición. En ese sentido, Vigotski, citado por Klein & Robles (2014), afirma: «El arte es lo social en nuestro interior, e incluso cuando su acción la lleva a cabo un individuo aislado [...] Por ello, la acción del arte al realizar la catarsis y arrojar dentro de esa llama purificadora las experiencias, emociones y sentimientos más íntimos y trascendentes del alma, es una acción social» (p. 49). Más allá de la psicología del arte, a nivel de atención profesional, en el campo clínico, la preocupación estética también cobra importancia cuando se abordan los problemas de la imagen corporal negativa (trastorno dismórfico corporal), vinculados tanto a la ansiedad como a la depresión, así como a veces al trastorno obsesivo-compulsivo y a los trastornos de la personalidad, que pueden surgir en relación con insatisfacciones personales y tratamientos cosméticos (Phillips, 2004). La detección de tales problemas y la intervención respectiva sobre ellos es tarea especializada. william montgomery urday 74 PREGUNTAS DE COMPROBACIÓN 1. 2. 3. 4. 5. ¿Cuáles son las ramas de la filosofía? ¿Qué relación tiene la filosofía con la psicología? ¿En qué se parecen y en que se diferencian la gnoseología y la epistemología? ¿Por qué se dice que todas las ramas de la filosofía están cruzadas por el factor epistemológico? ¿Qué entrelazamientos hay entre los problemas de la psicología y los temas ontológicos, epistemológicos, axiológicos, éticos, lógicos, semióticos, metodológicos y estéticos? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Audi, R. (2004, Ed.). Diccionario AKAL de filosofía. Ediciones AKAL. APA (2010). Diccionario conciso de psicología (Orig. 2009). El Manual Moderno. Bunge, M. (2002b). Epistemología. Curso de actualización (Orig. 1977). (3.ª ed.). Editorial Siglo XXI. Ferrater Mora, J. (1975). Diccionario de filosofía (5.ª ed., 3.ª reimp.). 2 vols. Editorial Sudamericana. Honderich, T. (2008, Ed.). Enciclopedia Oxford de Filosofía (2.ª ed.). Tecnos. Rosental, M. M. & Iudin, P. F. (2014). Diccionario de filosofía (Orig. 1939). Ediciones Brontes. Wolman, B. B. (2010). Diccionario de Psicología (2.ª ed.). Trillas. CAPÍTULO II: DESDE EL PERÍODO CLÁSICO HASTA EL SIGLO XIX En todo tema hay una génesis, y esa génesis necesariamente se halla vinculada a una historia. Incluso, dicen algunos, que la clave de interpretación de dicha génesis pasa por dar cuenta de las etapas epistémicas que caracterizan la evolución histórica (Piaget y García, 2008). En este sentido, ¿se podría desarrollar un tema filosófico de tipo didáctico sin hacer referencia alguna a la historia de la filosofía? Evidentemente no, ni en el estudio de la carrera filosófica misma ni en uno relacionado —como en el caso de este libro— con la filosofía de una disciplina específica sería posible. Tanto menos si la relación genética entre la filosofía y la psicología nacida de aquella es tan fluida. Obviamente, sin embargo, hay una diferencia entre hacer historia de la filosofía y hacer filosofía. La primera se manifiesta en base a las interpretaciones que se hacen de los diferentes exponentes filosóficos en función a sus principales contribuciones, en un continuo temporal de referencia de unos a otros, y en un contexto histórico particular. La segunda aborda los difíciles campos de discusión filosófica, concentrándose en ellos de manera casi exclusiva, sin referir necesariamente a los antecedentes de las ideas previas, ni siquiera las que les pueden haber dado origen. En la primera, el método es ubicar qué concepto es de quién y cómo difiere de los estipulados por los demás personajes o escuelas; en la segunda, impera la reflexión filosófica (Junqueira & Bolzani, 2012). Eso no quiere decir que, en cierto plano, tales líneas no se fundan. En este terreno, para Rorty (2010), existen filosofías «sistemáticas» y filosofías «edificantes». Las sistemáticas no escapan a la influencia de una tradición y se desenvuelven como corrientes inspiradas en otros intentos de tratamiento de los problemas; además, están fuertemente influenciadas por un trasfondo de pensamiento universal. Las edificantes, en cambio, se atienen más a la producción aislada, individualista, creativa, generalmente ahistórica, de sus autores. Pero sería aventurado juzgar que, por el hecho de ser concepciones cooperativas en el sentido histórico, las filosofías sistemáticas carecen de creatividad, y mucho menos de tener valor heurístico. 75 76 william montgomery urday Entendiendo las cosas en el último sentido, en los siguientes tres capítulos de la presente obra, comenzando con este, se hará una revisión de las propuestas de personajes de distintos períodos históricos, sin exceptuar las contribuciones del hemisferio indoamericano. La revisión correrá desde el período clásico hasta el presente. 1. EL PERÍODO CLÁSICO Aunque a menudo se asume que la filosofía de la ciencia tiene su antecedente más antiguo en Aristóteles (ca. 384-322 a. C.), no puede negarse que antes de él hubo contribuciones importantes, algunas de ellas tan relevantes que fueron, o cimientos de sistemas más complejos, o ideas recurrentes a lo largo del tiempo. La cultura griega antigua, en comparación con las demás de su época, era fecunda en pensamientos cosmológicos y epistemológicos que ofrecían buenas alternativas de explicación naturalista frente a lo sobrenatural. La razón de esto se atribuye, en parte, al ambiente de apertura política y religiosa que enmarcaba a la democracia, así: […] los historiadores […] han puesto de relieve con justicia el hecho de la libertad política de la que se beneficiaron los griegos, en comparación con los pueblos orientales. El hombre oriental se veía obligado a una obediencia ciega al poder religioso y político. Ya hemos mencionado la gran libertad que poseían los griegos en lo que respecta a la religión. Por lo que se refiere a la situación política, la cuestión es más compleja; sin embargo, cabe afirmar que también en este ámbito los griegos gozaban de una situación privilegiada, ya que por primera vez en la historia lograron crear instituciones políticas libres. (Reale & Antiseri, 2010a, p. 28) El hecho es que abundaron personajes de gran fuste intelectual con ideas de implicancia epistemológica, entre los cuales se pueden destacar Tales (ca. 625-547 a. C.)1, Anaximandro (ca. 610-547 a. C.), Heráclito (ca. 1 Sindicado como «el primer filósofo» de la historia, aunque el primero en utilizar el término «filosofía» y en llamarse a sí mismo «filósofo» fue Pitágoras (ver Hergenhahn, 2011, pp. 33 y 36, respectivamente). capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 77 540-480 a. C.), Pitágoras (580-500 a. C.); Demócrito (ca. 460-370 a. C.), Protágoras (ca. 485-410 a. C.), Gorgias (ca. 485-380 a. C.), Sócrates (ca. 470-399 a. C.) y Platón (ca. 427-347 a. C.). Para efectos de esta sección, solo se reseñarán brevemente los principales aportes de algunos de ellos. Heráclito puntualiza las nociones de que, por un lado, las cosas se definen en función de un lugar entre dos extremos mutuamente inseparables —lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo alto y lo bajo, etcétera—; y, por otro lado, que todo «deviene» en un flujo constante, es decir, que cualquier acontecimiento del cosmos es cambiante y perecedero, lo cual pone en duda la experiencia sensorial acerca de algo inestable y, por lo tanto, la certeza del conocimiento sobre el mundo. Hergenhahn (2011) apunta acerca de esto que, en la historia de la psicología, quienes han apostado por este principio de cambio permanente han sido los empiristas frente a los racionalistas. La razón es evidente: para estar seguros de algo hay que apelar a un método rigurosamente supervisado y a la replicación exhaustiva de las operaciones de comprobación. Podría decirse que sofistas como Protágoras y Gorgias, con su confianza en las posibilidades de la razón ejercida mediante una pedagogía «profesional» (puesto que cobraban por su trabajo) acerca de temas culturales como la ética, la política, la retórica, el arte y otras disciplinas, se constituyen en los primeros «humanistas» de la filosofía antigua, como lo muestra el principio protágorico del homo mensura («El hombre es la medida de todas las cosas»). Para Protágoras, además, no existen verdades ni valores morales absolutos, debiéndose elegir en cada decisión aquello que fuera más útil, conveniente y oportuno, lo cual anticipa el utilitarismo de siglos posteriores. Gorgias, por su lado, esboza la primera teoría nihilista: las palabras no sirven para comunicar la realidad en relación con reglas absolutas, por tanto, el ser de las cosas resulta inexpresable e incognoscible. Uno solo se podría limitar a usar la retórica para fines de persuasión, de acuerdo con propósitos eventuales basados en la posibilidad de evocar sentimientos, y no necesariamente respecto a fines prácticos. La escuela de Pitágoras, por su parte, enfatiza el uso de los principios matemáticos para ayudar a «la razón» a descifrar la naturaleza, entendiendo por ella un todo esencial expresable como armonía numérica. En el mundo pitagórico de lo real, no hay nada perfecto, excepto en su abstracción mate- 78 william montgomery urday mática; por ejemplo, su propio «Teorema de Pitágoras» se aplica solo a los triángulos imaginarios. Pero más allá de sus excesos místicos, consistentes en absolutizar este énfasis cuantitativo llevándolo hasta un marco religioso2, la concepción pitagórica ha tenido enorme impacto en la historia de la ciencia y, en particular, en la psicología. Es que, como dicen Kantor & Smith (2015): «Difícilmente existe un contacto con cosas y eventos que pueda escapar a la especificación de qué tanto una cierta cosa o cualidad está presente, o qué tanto de una cierta condición o proximidad espacial es esencial para que un evento ocurra» (pp. 457-458). La orientación pitagórica tuvo una influencia notable sobre algunos de los presupuestos de Platón, quien compartió la tesis matemática con el mismo fervor, y, quizá influido por ella, formula su dialéctica dirigida a demostrar cómo las relaciones primordiales deben deducirse de las cosas superficiales. En esta línea, para Platón (1988), el mundo observable es la imagen imperfecta de formas ideales e inmutables. Más detalladamente, la epistemología platónica explica cómo el mundo sensible capta imágenes (eikasia) y cosas (zoa), llegando a conocer mediante la imaginación y la creencia (pistis), lo que da lugar a la opinión (doxa); en tanto que el mundo inteligible llega a lo real a través de entes matemáticos (mathēmatiká) e ideas (arxai) que permiten entender (dianoia) e intuir (noesis), elevándose hasta la sabiduría (episteme). Cabe destacar que los pitagóricos y los platónicos son abiertamente dualistas (mente-cuerpo) a la vez que partidarios acérrimos de las matemáticas, lo que denota en dicha actitud cierta confusión entre la realidad tal como es y los constructos que se utilizan para dar cuenta de ella. En este sentido, paradójicamente, a Platón se le podría aplicar de manera casi perfecta su propia alegoría de la caverna3, que hace en el libro VII de La República (390 a. C.). 2 De acuerdo con Losee (2001): «la orientación pitagórica llegó a ser influyente en el occidente cristiano en gran medida como resultado de la combinación del Timeo de Platón con la Sagrada Escritura» (p. 16). Tales excesos no se remitieron únicamente al ámbito de la filosofía grecorromana, sino que llegaron a afectar desarrollos posteriores, como lo remarcan Kantor & Smith (2015): «Leibniz creyó que vio la imagen de la creación en su aritmética binaria donde solo empleó dos caracteres: la unidad y el cero. Él imaginó que, dado que Dios puede representarse por la unidad y la nada por el cero, el Ser Supremo había elaborado de la nada a todos los seres» (p. 462). 3 Dos hombres encadenados desde niños vivían en una cueva de espaldas a la entrada. En esa condición sólo podían ver en la pared el reflejo de imágenes con forma de som- capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 79 Kantor (2012), en su apreciación de la filosofía platónica, deja en claro que, en general, la desorbitada preferencia por las estructuras, las fórmulas y el formalismo no le hacen nada bien ni al proceso del conocer ni a los juicios sobre las cosas conocidas. La concepción de lo psicológico, en este contexto, solo podía remitirse a una oposición entre lo psíquico y lo corporal, estando lo primero limitado a temas de orden moral (la estimación de «lo correcto» por el alma humana, en función a la razonabilidad o contemplación de la bondad siguiendo el modelo de la abstracción matemática). La proposición de que hay tres aspectos distintos del alma (o psiqué) corresponde a dicha concepción: el nivel apetitivo es más primitivo (apetitos y deseos corporales), el nivel competitivo se rige con base en cuestiones de orden social (por ejemplo, orgullo o vergüenza); y el nivel calculador abraza las capacidades de razón y elección, pudiendo controlar los niveles inferiores. Al respecto, como anota Reeve (2010), la descripción platónica anticipa la de Freud, donde el aspecto apetitivo corresponde al ello, el competitivo al superyó, y el calculador al yo. 1.1. Aristóteles La cumbre del pensamiento griego se alcanza con Aristóteles, quien podría ser reconocido con justicia como «el primer filósofo de la ciencia» (Losee, 2001, p. 4). «El Estagirita» —como se le llamó por haber nacido en Estagira, una localidad de la Antigua Grecia en la provincia de Macedonia— se alejó de la escuela platónica tras diecinueve años de seguimiento, con cada vez más discrepancias con su maestro4. Esto llegó a su límite cuando, tras el fallecimiento de Platón, se hizo cargo de la jefatura de la Academia su discípulo Espeusipo, un simpatizante extremo de la tendencia a matematizar la filosofía (Ross, 2013). bras que pasaban delante de una fogata. Uno de ellos logró fugar con ayuda externa, saliendo de la cueva, y se dio cuenta que las sombras no eran reales. Al regresar para contarle a su amigo sobre ello, aquel rechazó su versión y volvió a convencerlo de que las sombras en el fondo de la caverna eran la única verdad posible. 4 Uno de sus exégetas griegos le atribuye una sentencia que, traducida al latín, reza: Amicus Plato, sed magis amica veritas («Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad»), quizá recogiendo una referencia parecida en la obra aristotélica Ética a Nicómaco. 80 william montgomery urday Losee (2001) lleva a cabo una buena descripción sintética del método inductivo-deductivo aristotélico en el primer capítulo de su A Historical Introduction To The Philosophy Of Science. De acuerdo con su descripción, este procedimiento investigativo se funda en una continuidad progresiva desde las observaciones hasta sus principios explicativos (inducción), y, a partir de estos, regresa a los hechos observados (deducción). En el transcurso del procedimiento, los principios explicativos se expresan en enunciados sobre los fenómenos o propiedades de los eventos. Así, como dice Kantor (2012), la indagación científica va desde el conocimiento de un hecho hasta el conocimiento de las causas del hecho, lo que significa una retirada de las interpretaciones espiritualistas y metafísicas características del platonismo, al desplazarse hacia el análisis de lo concreto. Por ejemplo, un científico podría aplicar el procedimiento inductivo-deductivo a un eclipse lunar del siguiente modo. Comienza con la observación del oscurecimiento progresivo de la superficie lunar. Induce entonces de esta observación, y de otras observaciones, varios principios generales: que la luz viaja en línea recta, que los cuerpos opacos producen sombras, y que una determinada situación de dos cuerpos opacos cerca de un cuerpo luminoso coloca a un cuerpo opaco en la sombra del otro. De estos principios generales, y de la condición de que la Tierra y la Luna son cuerpos opacos, que, en este caso, mantienen la relación geométrica requerida, con el Sol luminoso, deduce a continuación un enunciado acerca del eclipse lunar. Ha progresado desde el conocimiento factual de que la superficie de la Luna se ha oscurecido hasta la comprensión de por qué tuvo lugar esto. (Losee, 2001, p. 5) Para el Estagirita, la experiencia sensible puede descubrirse mediante dos tipos de inducción: por un lado, la enumeración simple; por otro, la intuición directa acerca de los principios generales implicados en los fenómenos. En el primer caso, los enunciados generalizan sobre la especie de la que son miembros ciertos objetos o acontecimientos individuales (ejemplo: «si ves varios sujetos A que tienen las características B y C, cabe presumir que el próximo sujeto A que veas tendrá las mismas características»), o bien los enunciados generalizaban a partir de especies individuales para llegar a especificar un género (ejemplo: «si todos los A que ves hacen B, pertenecen capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 81 a la clase C»). En el segundo caso de inducción, se trata de una observación basada en la perspicacia para encontrar la esencia del fenómeno en los datos de la experiencia sensible, lo cual solo se consigue mediante un prolongado contacto especializado con ese tipo de acciones: el «ojo experto» del taxonomista que distingue las semejanzas y las diferencias que un ejemplar particular tiene con respecto a otros (Aristóteles, 1995). En cuanto a la deducción, para Aristóteles, esta se basa en enunciados inductivos que pueden servir como premisas verdaderas, de tal forma que una primera clase esté incluida en, o esté excluida de, una segunda clase. Así tenemos enunciados como: «Todos los A son B», «Ningún A es B», «Algunos A son B» o «Algunos A no son B». Asimismo, estas aserciones pueden ordenarse en términos mayor (B), menor (A) y medio (C), y sobre esa base, es posible formular un silogismo lógico: Silogismo Ejemplo Todos los Z son Y. Toda persona es mortal. Todos los X son Z. Todos los hombres son personas. ... Todos los X son Y. ... Todos los hombres son mortales. Por cierto, debe señalarse, con Leahey (2013), que también existe otra clase de silogismos aristotélicos de carácter más práctico, ya que se basan en deseos. Por ejemplo: «Beber agua es esencial para la salud» / «Quiero tener salud» / «luego debo beber agua» (p. 65). En cuanto a su orientación general, Hergenhahn (2011) destaca que Aristóteles tenía rasgos tanto de empirista como de racionalista: «Creía que era preciso emplear la mente para llegar al conocimiento (racionalismo), pero que el objeto del pensamiento racional era la información que proporcionaban los sentidos (empirismo)» (p. 54). Esto subraya su alineación con el quehacer científico —no el experimental pero sí el observacional-descriptivo—, aun cuando en su tiempo todavía no se conociera dicho término para designar a filósofos naturalistas como él. En calidad de tal, Aristóteles (2003) no separa el alma del cuerpo, pues considera que la primera no es otra cosa más que la capacidad (o forma) de actuar (hilemorfismo) del segundo. Para el Estagirita, todo fenómeno mental 82 william montgomery urday es forma que implica materia (Ross, 2013). En este sentido, la relación entre alma y cuerpo es similar a la que existe entre la visión y el ojo, en la cual no puedo haber uno sin el otro y viceversa. Acepta, sí, que había una parte del alma que sobrevivía a la materia muerta (intelecto activo), pero solo como pensamiento puro, no adscrito a ninguna persona en particular. Esto lleva a otro rasgo interesante de la filosofía aristotélica: la distinción entre potencia y acto. El alma (en acto previo) eleva la materia de su potencia (posibilidad de ser) al acto (ser o causa eficiente), y esta dialéctica entre ambos define el desarrollo de todas las cosas en la naturaleza en función de un propósito o causa final5. Así, cualquier organismo lleva en su genética la potencialidad de convertirse en la clase de organismo que está destinado a ser, y no otro. Por ejemplo, a nivel biológico, una bellota llega a ser un roble con el tiempo, lo mismo que un cigoto humano llega a ser un individuo humano. A nivel psicológico, también existe el mismo proceso, que lleva a cada persona a manifestar características particulares basadas en su potencialidad. De hecho, hay quienes —como lo hace Hergenhahn (2011)— creen ver un parecido de esta perspectiva con la de los actuales psicólogos humanistas que hablan de la autorrealización. Por último, hay que señalar que Aristóteles (2003) considera que hay tres niveles típicos de formas de actualización del alma de los seres vivos, según fuera su escala natural: 1) el alma nutritiva, que impera en los vegetales, controlando su crecimiento y manteniendo tanto su nutrición como la reproducción de su especie; 2) el alma sensitiva, propia de los seres animales, dotándolos de sensaciones de placer y dolor, así como de imaginación y memoria; y 3) el alma racional, privativa de los seres humanos, que, además de las funciones de las dos almas inferiores incluye la mente, a través de la cual se despliegan el poder de pensar y el de adquirir conocimientos. Los cierto es que el estudio aristotélico de la memoria le hizo concebir las tres leyes de la asociación que hasta ahora se manejan en los libros de psicología del aprendizaje y en los laboratorios de psicología: semejanza, contigüidad y contraste. 5 Las «causas» eran formas de explicación que Aristóteles llamaba: 1) material (particularidad física de cualquier objeto), 2) esencial (lo que es el objeto en sí mismo), 3) eficiente (lo que lleva a la construcción del objeto o hace que funcione) y 4) final (el fin de un objeto o acontecimiento). capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 83 1.2. Tendencias post-aristotélicas Después de Aristóteles, los intereses de la filosofía naturalista griega se distribuyeron en dos grandes líneas dedicadas a la resolución de problemas prácticos. Una se concentró en aplicaciones de la lógica y el método para desarrollar disciplinas como la geometría y la mecánica (por ejemplo, los trabajos de Euclides y Arquímedes), y otra abordó los problemas «del buen vivir». Esta última línea estuvo evidentemente vinculada a la terapéutica psicológica. Leahey (2013) comenta: «Si el médico que ejercía de filósofo, representado por figuras como Alcmeón, Empédocles y Aristóteles, marcaba el inicio de la psicología como ciencia, el filósofo que actúa como médico inaugura la historia de la psicología como psicoterapia» (p. 68). Las tendencias filosóficas del mundo griego, en conexión con la transformación que venía sufriendo a raíz de la difusión de la cultura helenística y su choque con la emergente influencia romana, enfocaron su predilección en temas como la consecución de la felicidad mediante estrategias específicas de vida, dejando en un lugar secundario las profundas preocupaciones epistemológicas que habían caracterizado a las generaciones anteriores. En este contexto, sobresalieron las ideas del escéptico Pirrón (ca. 360-270 a. C.), el cínico Antístenes (ca. 445-365 a. C.), el hedonista Epicuro (ca. 342-270 a. C.) y el estoico Zenón (ca. 335-263 a. C.). El escepticismo se compromete con la creencia de que no puede haber conocimiento ni justificación de aquel. En el mejor de los casos, aplaza el juicio sobre cualquier tema argumentando que se carece de elementos suficientes para llegar a la verdad. Hasta cierto punto, es una consecuencia del «solo sé que nada sé» socrático y, por lo tanto, recomienda la humildad al opinar sobre lo que fuere, ya que todo saber es circunstancial. Las reglas para vivir desprendidas del pensamiento escéptico se basan en apariencias y convenciones: las apariencias remiten a la experiencia de sensaciones y sentimientos, y las convenciones a las costumbres, tradiciones y normas de la sociedad (Hergenhahn, 2011). Por otro lado, la escuela cínica se orienta hacia el ascetismo de la vida más allá de convenciones «ajenas a la naturaleza» (religión, modales, morada fija, modas, alimentación de cierto tipo, etcétera), despreciando toda forma de placer que no sea la más simple, ya que, según ellos, el ejercicio de la virtud es suficiente para alcanzar la felicidad. william montgomery urday 84 Esto lleva a Leahey (2013) a calificar a los cínicos como «los hippies del helenismo» (p. 69). En relación con esto, otra calificación interesante, que da indicios de cómo los veían sus contemporáneos, es la de Platón sobre el cínico Diógenes de Sínope (ca. 400-325 a. C.), de quien decía que era un «Sócrates llevado a la locura» (véase Ide, 2004, p. 168). El hedonismo, por su parte, sostiene que la buena vida está vinculada al placer, pero, al contrario de la imagen usualmente invocada por sus detractores, no cualquier clase de placer, sino aquel que dure el tiempo más prolongado y que procure salud y felicidad. En este sentido, aboga por la evitación de extremos mediante el control de los impulsos y el uso de la reflexión para tomar las mejores decisiones acerca de cómo procurar la satisfacción plena, esto es, renunciar al poder y a la fama (que conllevan responsabilidades y envidias) y cultivar la amistad. Finalmente, el estoicismo predica mostrarse fuerte frente a la adversidad y el castigo, pregonando la imperturbabilidad ante todo lo que implique sufrimiento, la frialdad ante las pasiones y el ejercicio de la profesión virtuosa. Uno de sus principales ideólogos de la época grecorromana, Epicteto (ca. 55-135 d.C.), dejó profusas enseñanzas que serían la base de las futuras terapias cognitivo-conductuales de Ellis y Beck. De lo que vino luego del auge de estas tendencias poco se puede decir en términos epistemológicos. El neoplatonismo de Filón (ca. 25 a. C.-50 d. C.) y Plotino (ca. 204-269) se sumergió en una marea mística que eliminó los aspectos más racionales de la filosofía platónica, preparando el terreno para el advenimiento del cristianismo, que imperaría durante la Edad Media a través de los escritos de los llamados «Padres de la Iglesia», en especial de Agustín y de Tomás de Aquino. 1.3. El Medioevo En el transcurso de la Edad Media, sobre todo en sus inicios, imperó un franco renunciamiento al mundo empírico humano para refugiarse en el reino del espíritu divino: según la creencia dominante, todo saber provenía de Dios, y la filosofía se identificó despectivamente con la «sabiduría pagana» (Gilson, 2014, p. 17). El resultado fue una era de oscurantismo occidental, que solo cedió un poco de terreno cuando la expansión islámica retornó los textos capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 85 largo tiempo perdidos de Aristóteles y parte de ellos fueron revalorados e incorporados a la escolástica (síntesis entre la teología cristiana y la filosofía aristotélica), adaptando —o eliminando— aquello que no conjugara con los dogmas del pensamiento patrístico. Esto generó consecuencias históricas nocivas para la filosofía y, a través de ella, también para la psicología, pues el filtro de la teología medieval introdujo persistentes construcciones trascendentales en su progresiva constitución como ciencia. Un ejemplo de ello es la división entre cuerpo y alma, la preocupación por procesos psíquicos como las imágenes mentales, la conciencia, las sensaciones, y su correlación con, y dependencia no muy bien esclarecida de, estructuras cerebrales (véase Kantor, 2012). Lo cierto es que, después de un periodo intelectualmente pobre, coincidente con la caída del Imperio Romano de Occidente, durante los años 700-1100 se puede observar que el interés europeo por la ciencia renació débilmente, gracias a circunstancias diversas: por un lado, las relaciones establecidas con las entonces avanzadas culturas islámica, bizantina, india y china; y, por otro lado, la expansión urbana, comercial y tecnológica propia de la civilización continental. En el primer caso, el Islam, con su expansión en el norte de África y sur de Europa (siglos VIII al X), permitió «recuperar» a Aristóteles en las traducciones que habían hecho de aquel los sabios árabes; y en el segundo caso, acontecimientos ligados al avance de la arquitectura (construcción de burgos, catedrales y castillos), al mundo académico (surgimiento de universidades) y diversos vínculos comerciales, así como desarrollos industriales, prestaron su apoyo para elevar el nivel de vida y de pensamiento. Concretamente, fueron de gran importancia los trabajos del persa Avicena (980-1037) y del cordobés Averroes (1126-1198), ambos con experticia en medicina, filosofía, teología, astronomía y jurisprudencia, tal como las entendían los musulmanes. Avicena anticipó la medicina preventiva y la psicología de la salud, al insistir en la práctica del deporte y el cultivo de las relaciones humanas para conservar la sanidad mental y somática. Averroes reconocía la ubicación de algunas facultades intelectivas en el cerebro. Las principales obras de estos pensadores se divulgaron en latín en el siglo XIII (para revisar más a fondo cómo fue ese proceso de asimilación, ver los caps. 8 y 10 de Lindberg, 2002). En este contexto, el monopolio de la teología se rompió y la clase intelectual volvió a ocuparse de asuntos 86 william montgomery urday mundanos, aunque solo fuera para procurar ponerlos en concordancia con la fe. Por ejemplo, la negación de la inmortalidad personal sostenida por Aristóteles fue atribuida a malas interpretaciones de sus traductores árabes, prefiriendo aquellas que desde el neoplatonismo afirmaban lo contrario. Se ignoró totalmente el carácter biopsicológico de la concepción y quehacer aristotélicos, llevando al interés por el cuerpo únicamente en su fugaz conexión con el espíritu. Así, lo corporal, para Tomás de Aquino, es más una limitación que un vehículo para la perfectibilidad del ser y el alcance del conocimiento. Percibir, sentir, inteligir, imaginar, recordar, decidir, incluso las facultades apetitivas, todo eso, si bien se acepta que empezaba por la afectación de las cosas sobre los sentidos, se separa de su base material para asignarlo a la interioridad del alma, a un apetito intelectual o voluntad que se guía por la razón hacia el bien general. De esta manera, la psicología escolástica traza los que serían los esbozos fundamentales de la institución psicológica posterior, al suponer que el organismo biopsicológico se mueve bajo el influjo de facultades no aparentes, y a veces extranaturales (Kantor, 2012). No obstante, en la obra de Aquino algunos aspectos pueden considerarse razonablemente moderados, como es el caso de la concepción del conocimiento como un producto activo, y de que la persona es una integridad conformada por una mente más un cuerpo, antes que creer que este sea una especie de prisión para ella, como sostenían los platónico-agustinianos (Leahey, 2013). Tal como el pensamiento neoplatónico facilitó la llegada de la patrística al final del período clásico, en el último tramo del medioevo hubo un «resurgimiento del empirismo» (Leahey, 2013, p. 97) que abrió la puerta al renacimiento. Las ideas de Guillermo de Occam (1290-1349) presidieron este avance, afirmando que el principal problema de los filósofos clásicos y medievales sobre la formación de conceptos universales a partir del conocimiento de hechos individuales se resuelve argumentando que «la mente percibe semejanzas entre los objetos y, basándose en ellas, los clasifica. Así, los universales son términos lógicos que se aplican a unos objetos y no a otros y que indican relaciones entre objetos» (ibid., p. 98). Contradiciendo a Platón, Occam arguye que conocer los objetos a través del mundo sensible no produce una simple opinión («doxa»), sino que genera conocimiento sobre lo verdadero y lo falso. Otro de sus aportes es la propuesta de que, capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 87 para explicar algo, no se necesitan elementos no esenciales (por ejemplo, las facultades que acompañaban a los actos de la mente según el razonamiento de Aquino y otros), por lo que hay que eliminarlos («navaja de Ockham»). También es destacable su mención de que los conceptos son ideas derivadas de la experiencia, es decir, hábitos aprendidos. 2. RENACIMIENTO Y REVOLUCIÓN CIENTÍFICA 2.1. Renacimiento y humanismo Un historiador alemán, Jakob Burkhardt (2023), le dio realce, en el siglo XIX, al término «Renacimiento» para designar un periodo especial en la historia de la ciencia y de la cultura europeas, distinguido por el renovado interés humanista y el ansia de recuperación de los logros alcanzados por el pensamiento naturalista de la antigüedad clásica. En la época renacentista, la filosofía oficial siguió siendo la escolástica, pero ya no estaba vinculada de manera autoritaria con la teología, y algunas veces se mostró incluso hostil a ella (como, por ejemplo, las ideas estoicistas de Petrarca y epicuristas de Valla en el campo de la crítica a la moral cristiana). Esto reflejaba una orientación cada vez más dirigida hacia el materialismo, hasta culminar en la revolución científica. En esta tendencia contestataria, un gran abanderado fue el sacerdote dominico y filósofo Giordano Bruno (1548-1600), quemado en la hoguera por propagar insistentemente adelantos científico-naturales, como el del sistema heliocéntrico de Copérnico, y por sacar conclusiones deterministas y panteístas basadas en Empédocles, Anaxágoras, Epicuro y Lucrecio. En resumen, durante el Renacimiento se comenzó a buscar el paraíso en la Tierra (por ejemplo, a través de las utopías de Bacon y Moro), y no en el Cielo. ¿Cuándo comenzó el fenómeno? El año 1453, en el que cayó la ciudad de Constantinopla, es una posibilidad. Otros datan su comienzo alrededor del año 1300 en Italia. El reconocido pionero del nuevo enfoque fue el estudioso del mundo clásico y poeta Petrarca (1304-1374), quien tenía mucho interés en la filosofía moral de tipo estoico. Él realizó una crítica ética a la escolástica, donde destacaba la necesidad de «recurrir a la imaginación y 88 william montgomery urday a las emociones en un discurso que pretende mover a la voluntad» (Gert, 2008, p. 908), y sostuvo que el autoconocimiento es el que proporciona la verdadera sabiduría, lograda a través del cultivo de las artes liberales. En esta dirección, Petrarca inauguró la narrativa humanista. Respecto al rol e importancia del humanismo dentro del Renacimiento, Reale & Antiseri (2010b) dan a conocer los puntos de vista opuestos de dos distinguidos filósofos e investigadores de la ciencia. El de Paul Kristeller disminuye dicho rol a la mitad, en el entendido de que el pensamiento de la época era todavía predominantemente aristotélico, siendo los humanistas de entonces más artesanos —es decir, productores de conocimientos técnicos indispensables (por ejemplo, en anatomía, en perspectiva o en mecánica)— que filósofos. La otra perspectiva es la de Eugenio Garin, quien señala que el problema se remite al significado que se le da a la palabra «filosofía» en el contexto de la producción que los humanistas llevaron a cabo en su tiempo. Si se entiende por «filosofía» grandes y dogmáticas sistematizaciones lógico-teológicas, como las superadas justamente en este período renacentista, evidentemente los humanistas no eran filósofos. Pero si el término se usa con mayor exactitud para designar «indagaciones concretas, definidas, precisas, en el ámbito de las ciencias morales (ética, política, economía, estética, lógica, retórica) y de las ciencias naturales […] cultivadas iuxta propria principia, fuera de todo vínculo y de toda auctoritas» (cit. por Reale & Antiseri, 2010b, p. 30), se trata de una nueva forma de hacer filosofía, en este caso, humanística. 2.2. La revolución científica Así, sobre la base de esta concepción, pudo emerger, después de la primera mitad del siglo XVI, lo que se denomina «revolución científica». Este proceso en su conjunto se desarrolló presumiblemente en tres períodos (véase Rei, 1978, p. 10): 1) El período de preparación (1440-1550) se vincula al comienzo del Renacimiento, descubriendo antiguos clásicos y armándose las condiciones socioculturales y tecnológicas para una indagación más decidida, teórica y experimental de la naturaleza, sin que sus propulsores temieran la vindicta pública del paradigma oficial. capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 89 2) El período de confirmación (1550-1640) comprende las crisis de cambio económico y geográfico de los centros de poder en el orden europeo, incluyendo el factor de choques bélico-religiosos entre los Estados más poderosos (Inglaterra, Francia y Alemania), en coincidencia con la ebullición de ideas polémicas reflejadas a través del ataque y defensa de las obras de Copérnico, Bacon, Galileo, Kepler y Descartes. 3)El período de sistematización (1640-1700) que sigue al fin de las guerras continentales de religión, y al alcance de un compromiso entre la monarquía y la burguesía feudal inglesas. Nacieron las instituciones científicas y el apoyo estatal a estas. Todo esto revela un crecimiento lento e ininterrumpido de las maneras de pensar y actuar que florecieron rudimentariamente ya desde el siglo XIII, en consonancia con la evolución de las creencias y prácticas políticas, religiosas, artísticas y económicas propias de la vida cotidiana de aquellos tiempos. A ello se añade el cambio de matriz del funcionamiento social en relación con el establecimiento de Estados nacionales (lo cual proporcionó una estabilidad política comparable a la del mundo grecorromano), el crecimiento demográfico y la expansión de la industria y el comercio. Y, como señala Kantor (2012): […] quizá tengan significado aún mayor acontecimientos tales como la introducción y el uso de la brújula (1269), el descubrimiento o redescubrimiento de América (1492), la invención o explotación de la imprenta (1440), la adquisición del arte de fabricar papel (1450) y el desarrollo del uso de la pólvora (1320). En este período existe todavía una estrecha conexión entre la ciencia y la tecnología, así como entre la tecnología y los problemas concretos de la vida militar y de la industrial. El uso de la pólvora para atacar y defender ciudades ejemplifica a la nueva tecnología, en tanto que la ciencia física se ocupa de problemas relativos al carácter y a la resistencia de los materiales empleados en la industria, la guerra y el comercio de las diversas poblaciones. Simbólico de la moderna secularización del pensamiento es que la mecánica se haya convertido muy pronto en tarea apremiante y primordial. La ciencia de la mecánica es un puente entre la teoría abstrusa y los problemas de la vida diaria. (p. 307) 90 william montgomery urday Una interrogante respecto al Renacimiento y a su revolución científica es esta: ¿por qué se dio en la atrasada Europa y no en civilizaciones por entonces más avanzadas y foráneas al continente? Leahey (2013, pp. 115-118) desarrolla algunas hipótesis con relación a ello: 1) Durante la propagación del cristianismo en el continente europeo, aquella perspectiva debió perfeccionar modos argumentales de comunicación capaces de persuadir a los habitantes del menguante orbe grecorromano acerca de las bondades del nuevo evangelio filosófico-teológico, absorbiendo estrategias racionales helenísticas de distinción entre el orador y la idea. En cambio, en el mundo islámico, la expansión ideológica no se produjo por persuasión, sino por conquista militar, rechazándose toda idea contraria al Corán como subversiva e inaceptable. 2) En el occidente cristiano se separaron parcialmente los ámbitos de la Iglesia y del Estado. Este último tenía sus propias atribuciones (sobre todo recaudatorias y jurídicas) y, así, el Derecho Civil heredado de la civilización romana se impuso en algunos aspectos importantes de la vida cotidiana. En el ordenamiento de la sociedad teopolítica y militar islámica no se reconoció dicha separación, y ni siquiera dicho ordenamiento fue capaz de mantener la unidad monolítica entre las diferentes facciones, pues, con el tiempo, las disputas sectarias sobre quién representaba mejor la visión y misión del Profeta resquebrajaron su estructura. 3) Así como en Europa hubo cierta separación laica y religiosa, la juridicidad imperante reconoció que podía haber instituciones independientes de ambas fuentes de poder, constituyéndose espacios académicos con sus propios programas de estudio que poco a poco se convirtieron en universidades. Los súbditos islámicos también fundaron «universidades», pero con una legislación muy distinta, dirigida a proteger rígidamente los dogmas del credo musulmán, aprendidos prácticamente mediante memorización. 4) Tanto la sociedad judeocristiana como la musulmana tenían religiones fundamentadas en un libro (la Torá, la Biblia y el Corán, respectivamente), pero la veneración de sus textos transitó por destinos diferentes. Mientras que el papel de la Biblia se limitaba a cuestiones en su mayoría abstractas, alejadas de la naturaleza de las cosas; el del Corán englobó el conocimiento total, reglamentando todos los aspectos de la vida. capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 91 5) Una vez reencontrado el conocimiento naturalista griego por Occidente, se difundió, salvo excepciones, sin mayores problemas, procurando armonizar su contenido con el de la revelación cristiana. En el mundo árabe, después de Avicena, esta clase de conciliación entre la filosofía natural y la revelación islámica no prosperó, tomando solo aquello de la ciencia griega que fuera de utilidad práctica a nivel religioso. «Así, se estudió y mejoró la geometría y la trigonometría porque facilitaba a los creyentes el cálculo de la ubicación de la Meca en sus oraciones diarias, y se desarrolló el álgebra porque ayudaba a repartir con justicia las herencias» (Leahey, 2013, p. 116). 6) La difusión del conocimiento en Europa fue vehiculizada por la imprenta, distribuyéndose de manera impresionante. Asimismo, las universidades permitían la discusión abierta de cualquier tema filosófico y teológico6. Cosa contraria sucedió en el orbe musulmán, donde debates como esos eran reservados a la relación secreta entre maestros y estudiantes; y el uso de la imprenta fue prohibido hasta el siglo XIX. 7) Finalmente, la civilización occidental adaptó la vieja tesis aristotélica del «motor inmóvil», según el cual —en la interpretación escolástica— Dios había creado el mundo, pero dio a los acontecimientos el poder de afectar a otros (causalidad secundaria), otorgándole así cierto tipo de autonomía a la naturaleza. La civilización árabe puso en práctica una interpretación distinta, más restrictiva: Dios era el origen y la causa final de todo acontecimiento, lo que llevó inevitablemente al fatalismo. 8) En cuanto a la civilización china, se pareció más a la islámica en todos los aspectos reseñados. Era una sociedad teocrática sin instituciones autónomas, donde el dogma religioso impidió el desarrollo de la astronomía, campo cuyo influjo impulsó la revolución científica en Occidente. 6 Fue sumamente importante este desarrollo entre las clases intelectuales. «La imprenta inventada alrededor de 1447 en Alemania e implantada rápidamente en Italia (Venecia fue centro de exquisitas ediciones) produjo, hasta principios de 1500, no menos de 30,000 títulos, la xilografía posibilitó la reproducción exacta de las figuras, y el realismo en los dibujos anatómicos y naturalistas; las bibliotecas surgidas en las cortes principescas de Italia (cuyos tesoros, después de las guerras italianas, reaparecieron por toda Europa) contribuyeron a la formación y elaboración de nuevas ideas» (Rei, 1978, p. 31). 92 william montgomery urday Así, en suma, fuera de Europa, el devenir de la cultura se desenvolvió coartando la libertad de pensamiento y paralizando, por tanto, su eclosión. En cambio, la proliferación de trabajos científicos en la sociedad renacentista mostró dos indicadores básicos. Primero, la orientación sistemática de las condiciones económicas y del pensamiento hacia la transformación de la naturaleza condujo al desarrollo de disciplinas especializadas, dedicadas a proporcionar nuevos aparatos, instrumentación y formas de registro, a fin de posibilitar la observación y manipulación efectivas de los objetos de estudio. En ese contexto hubo adelantos en la astronomía, la fisiología, la anatomía, la física, la mecánica y otras especializaciones. Segundo, la interrelación operativa del ser humano con la naturaleza obligó a la inserción de reglas lógicas y procedimientos experimentales que llevaron a la aparición formal del método científico. 2.3. Algunas especializaciones notables La instauración de un método sistematizado para obtener conocimiento válido se dio en el marco de un proceso largo y penoso, pasando por las refinaciones conceptuales propias de la lógica aristotélica, el rigor formal de cálculos y diagramas para representar determinaciones entre las relaciones cuantitativas, el desarrollo y refinamiento de subdisciplinas matemáticas como la geometría y el álgebra, y varias otras condiciones que fortalecieron el valor de la experiencia y del actuar práctico por encima de las restricciones derivadas del ejercicio escolástico. En ese ambiente de lucha inicial por la libertad de pensamiento, las universidades en las que las Sagradas Escrituras eran el marco fundamental de la enseñanza no fueron de mucha ayuda. Como anota Rei (1978), la circulación de las nuevas ideas estaba confinada en su mayor parte a contactos privados, a reuniones de cenáculo, y no pocas veces al favor de personajes con mucho poder y dinero que financiaron la creación de instituciones científicas, fermentando en ellas la resistencia a los antiguos dogmas y prejuicios. Se dice que la Astronomía fue la que impulsó la naciente revolución científica. Hasta antes de Nicolás Copérnico (1473-1543) —canónigo polaco dedicado enteramente a los estudios astronómicos—, la cosmovisión que im- capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 93 peraba era la del sistema tolomeico, según la cual todos los cuerpos celestes se movían circularmente alrededor de una Tierra inmóvil en medio de los cielos (teoría geocéntrica). En la Edad Media esto calzaba perfectamente con la teología cristiana, pues coincidía con la creencia incuestionable de que la humanidad estaba en el centro del universo, por tanto, era un dogma eclesiástico bien establecido. Sin embargo, como señala Rei (1978), el interés vaticano por reformar el calendario y algunas motivaciones neoplatónicas: […] indujeron a Copérnico a resolver matemáticamente el problema de los planetas, eliminando toda solución artificiosa, cual epiciclos y equinoccios. Para clasificar la imagen del cielo, dotándole de una armonía antes desconocida, era conveniente situar al Sol, fuente de vida y de luz para todas las cosas, en el centro del sistema, y la Tierra en el lugar que le correspondía, en movimiento diario y alrededor de su eje y anual en torno al Sol. (pp. 55-56) La conclusión copernicana fue abandonar el viejo sistema de Tolomeo y proponer una teoría heliocéntrica, pero las dudas respecto a la recepción condenatoria que se le daría a semejante idea asaltaron los escrúpulos del astrónomo, y este decidió no hacerla pública de inmediato. El resultado fue que, a pesar de que la circulación oral del descubrimiento data aproximadamente del año 1515, la obra De Revolutionibus Orbium Coelestium, en la cual se difunde por imprenta, se publicó recién en 1543, quizá incluso de manera póstuma, puesto que fue justamente el año en que falleció su autor. El prólogo del libro estaba dirigido al Papa Pablo III, previendo que la tesis principal debía congraciarse con la máxima autoridad de la Iglesia para no ser objeto de castigo por herejía. Dado que la obra contenía tanto elementos de astronomía nueva como de antigua, y que su tecnicismo matemático y científico reservaba su comprensión a un reducido grupo de especialistas, su significado al principio no fue muy entendido. Tuvo que pasar cierto número de años para que el Santo Oficio de la Iglesia lo catalogara con toda razón como una amenaza a la doctrina tradicional, y lo condenara por decreto (el 5 de marzo de 1616). Poco a poco se fue entendiendo que la teoría heliocéntrica de Copérnico cuestionaba el lugar tradicional que el género humano había ocupado en el universo. Cuando se dieron cuenta, surgieron varias preguntas relacionadas: ¿Éramos 94 william montgomery urday los preferidos de Dios y, por lo tanto, habíamos sido colocados en el centro del universo? De lo contrario, ¿por qué no? Si la Iglesia estaba equivocada respecto de este hecho esencial, ¿también estaba equivocada en otras cuestiones? ¿Existían otros sistemas solares que contenían vida? En tal caso, ¿cómo se relacionaban con el nuestro y a cuál prefería Dios? (Hergenhahn, 2011, p. 114) Años después, las observaciones de Galileo Galilei (1564-1642), a través del telescopio, ampliaron aún más las perspectivas de un universo mucho más complejo. Aunque su apoyo a Copérnico le valió la condena de la Santa Inquisición, que lo obligó a retractarse públicamente, el desafío estaba planteado y la revolución empezada, alcanzando en sus consecuencias a la visión sobre el ser humano. Otro campo de extraordinario impacto en la desmitificación del mundo medieval fue la Anatomía, debiendo su avance al médico flamenco Vesalio (1514-1564). El texto, organizado en siete volúmenes y lleno de detalladas ilustraciones en el cual presentó sus ideas7, fue De Humani Corporis Fabrica, publicado en el mismo año en que Copérnico publica el suyo, lo que hace datar 1543 como la probable fecha «del nacimiento de la ciencia moderna» (Goodwin, 2009, p. 28). Los estudios anatómicos de Vesalio confirmaron el aserto de que el cuerpo humano es una máquina compleja posible de estudiarse y refutaron muchos errores difundidos por la medicina antigua, realizando descripciones válidas de variadas regiones corporales, e implantando a la vez un método de observación manipulativa que contradecía la práctica de despreciar el trabajo manual, entonces vigente, de los médicos desde el medioevo. El propio Vesalio, que califica a la Anatomía como «la rama principal de la filosofía natural», justifica admirablemente en el prefacio de su obra su enfoque crítico frente al divorcio entre saber y hacer: Pasadas las invasiones bárbaras, las ciencias, que con anterioridad habían gozado de gran florecimiento, comenzaron a decaer […] Así, con el paso del 7 Volumen I: Huesos y cartílagos, incluyendo ilustraciones de cráneos de las razas humanas. Volumen II: Músculos. Volumen III: Corazón y vasos sanguíneos. Volumen IV: Sistema Nervioso. Volumen V: Órganos abdominales. Volumen VI: Órganos de la región del tórax. Volumen VII: Cerebro. capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 95 tiempo […] ciertos doctores que se proclaman médicos se reservaron para sí la prescripción de medicinas y dietas para oscuras enfermedades, y abandonaron el resto de la medicina a aquellos que llaman cirujanos y que consideraban casi como esclavos […] Los doctores […] no solo perdieron con suma rapidez el conocimiento verdadero de las vísceras, sino incluso hasta la práctica anatómica. Esto sucedía, sin duda alguna, porque los doctores no se arriesgaban a operar, mientras que quienes ahora lo hacían eran demasiado ignorantes para leer los escritos de los maestros de anatomía […] Esta deplorable división supuso la introducción en nuestras escuelas del odioso sistema, actualmente en boga, según el cual mientras que uno realiza la disección del cuerpo humano, el otro describe sus partes. Este último se encuentra encaramado sobre un alto púlpito […] y, con un aire muy altanero, repite hasta el hastío noticias sobre hechos que él no ha observado nunca de una forma directa, sino que ha aprendido de memoria en libros de otros, y cuya descripción tiene ante sus ojos. El diseccionador, como ignora el arte de hablar, no puede explicar la disección a los alumnos y no se ajusta bien al tipo de demostración que debería seguir a las explicaciones del médico, mientras que este último no practica nunca el trabajo manual, sino que dirige arrogantemente la experiencia con la ayuda de un manual y habla. (cit. por Rei, 1978, pp. 54-55) Un tercer aporte de gran importancia a la revolución científica fue el de la Física de Isaac Newton (1643-1727). El tipo de explicaciones científicas que pedía el sabio inglés exigía buscar un número limitado de leyes matemáticas que posibilitara, a partir de la deducción, elucidar las regularidades que la naturaleza presenta a la vista simple del ser humano. Para llevar a cabo tan magna tarea, Newton eligió el campo de la Física, formulando las tres leyes del movimiento y la ley de la gravedad (fuerza de atracción recíproca inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que separa dos cuerpos), que esperaba pudieran explicar de la mejor manera cómo se movían los cuerpos en el sistema de gravitación universal. Lo principal era explicar las causas eficientes, por lo que rehusó profundizar en aquello que hacía que el principio de gravedad operara; solo lo describió tal cual se mostraba a la observación. Esta, seguida de la descripción y la predicción, llevaba al control, que era la razón última de la ciencia. Leahey (2013) supone que a partir de esta actitud surge el embrión de las futuras pretensiones 96 william montgomery urday positivistas. La concepción newtoniana de un universo mecanicista, creado y puesto en movimiento por Dios, pero influido funcionalmente por sus propias leyes internas, cimentó aún más la caída del poder de las creencias religiosas. «Así las cosas, solo era cuestión de tiempo que también los humanos fueran vistos y analizados simplemente como otra máquina que trabajaba de acuerdo con los principios newtonianos» (Hergenhahn, 2011, pp. 119-120). Existen, por supuesto, otros numerosos investigadores cuyos maravillosos hallazgos empoderaron la nueva concepción naturalista del Renacimiento, como las leyes astronómicas de Kepler (1571-1630), los principios de la dinámica de Galileo, los estudios sobre la electricidad y el magnetismo de Gilbert (1540-1603), y los de Harvey (1578-1657) sobre la circulación de la sangre, entre otros. Por último, en cierto modo, la metodología experimental también podría considerarse como una especialización. La insistencia por conseguir una mayor libertad para la investigación en artes y ciencias comenzó a sentirse fuertemente, y uno de los que mejor la expuso fue el empirista radical Francis Bacon (1561-1626), quien abogó por el uso exclusivo del método inductivo para investigar la naturaleza. Su propuesta implica desechar tanto a la deducción aristotélica como a la inducción por simple enumeración de casos, sustituyéndolas por el planteamiento de manipulación experimental de los fenómenos bajo estudio, que, sostiene, es el único método viable para producir conocimiento y traducirlo en resultados útiles. Bacon llevó tan lejos sus ideas que él mismo realizaba experimentos referentes a temas diversos, y teorizó extensamente acerca de su nueva lógica y de las posibilidades de una sociedad organizada sobre principios de investigación experimental. Así, en 1620, publica el Novum Organum, una obra en favor del método inductivo que prioriza los datos de la observación empírica sin nociones preconcebidas (ni teorías, ni hipótesis, ni deducciones, ni uso de matemáticas). Debe empezarse buscando casos en los que, dados ciertos cambios, se detecte la aparición de otros como consecuencia de los anteriores. Luego, tratar de hallar todas las instancias «positivas» y «negativas» que produzcan o no efectos de ese tipo, respectivamente, y procurar establecer a qué se debe esa diferencia. Después de la recopilación de datos se pasa a la generalización y a la clasificación de aquellas observa- capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 97 ciones, sin adelantos prematuros que puedan llevar a sesgos interpretativos (Bacon, 2003). De hecho, también se refiere a dichos sesgos calificándolos de «ídolos» u obstáculos para el adecuado conocimiento de las leyes naturales (Hergenhahn, 2011). Estos sesgos son cuatro: 1) los ídolos de la tribu (idola tribus) implicaban ver las cosas como nos gustaría que fueran, 2) los ídolos de la caverna (idola specus) son predisposiciones relacionadas con la formación educativa o sociocultural, 3) los ídolos del mercado (idola fori) tienen en su base los usos comunes del lenguaje que crean significados, inexistentes, mal definidos o confusos, y 4) los ídolos del teatro (idola theatri) aluden a dogmas filosóficos, teológicos o teóricos de cualquier tipo que dificultan asimilar ideas con soporte empírico. En 1627, Bacon volvió a publicar un texto de crucial importancia para respaldar su tesis de que la ciencia tenía una finalidad práctica. Se trata de New Atlantis, una especie de relato utópico que describe una sociedad situada en una isla plena de desarrollo científico y técnico, donde el esfuerzo común de los ciudadanos está dedicado, mediante el método inductivo, a dominar la naturaleza para facilitar su usufructo a fin de conseguir bienestar y felicidad (Rei, 1978). El argumento se refería a la llegada accidental de Bacon y sus compañeros de viaje a Bemsalem, un lugar mítico «en el mar del sur», en el cual el centro, donde desarrolla, enseña y practica experimentalmente sus conocimientos científicos, es llamado «Casa de Salomón», una entidad sostenida con fondos públicos, y uno de sus sabios se presta a conducir a los involuntarios visitantes por la ciudad y sus instalaciones, mostrándoles muchos de los adelantos de que gozaban sus habitantes. Los experimentos que preconiza este gran visionario son de dos tipos: los «experimentos de luz» en la búsqueda de establecer relaciones causales, y los «experimentos fructíferos», interesados en la aplicación de las leyes para la solución de problemas prácticos. No obstante, su método inductivo, históricamente, no fue competencia para los métodos deductivos de Galileo o Newton, y siglos después sería refutado por Popper (1991). Aun así, Frondizi (2003) coloca a Bacon entre los tres personajes más representativos de la formación del pensamiento moderno del siglo XVII en términos filosófico y científico. 98 william montgomery urday 2.4. La mente como naturalización del alma Desde Tomás de Aquino, ya existía una tendencia a dejar atrás el mero discurrir sobre el espíritu sin relacionarlo con la naturaleza. El éxito de los intentos renacentistas en construir sistemas cósmicos utilizando herramientas lógico-matemáticas, sin mayor referencia a poderes sobrenaturales, reforzó la confianza en que también podría conseguirse algo similar aplicándolas al ser humano. No obstante, tras una sucesiva reificación del significado del alma, que terminó por transformarlo en el término «mente», lo psicológico se vio solo como algo aleatorio a la ciencia natural (asociación de mente y materia). ¿Cómo se produjo probablemente ese cambio? En el mundo antiguo, la distinción entre animado e inanimado se hizo inicialmente en relación con la existencia o no de hálito respiratorio (pneuma), convirtiéndose este en la entidad dadora de vida. Luego, Agustín de Hipona identificó al pneuma con el flatus o soplo de aire infundido por Dios para dar vida al primer hombre, suponiendo que con la respiración también le otorgó la sabiduría característica del género humano, y con ella la capacidad de deliberar, de reflexionar y de emitir juicios. Ese era el punto de vista escolástico. En este contexto, Descartes fue el principal protagonista de la «reacción» que la ortodoxia religiosa tuvo frente al avance de las herejías naturalistas del Renacimiento. Había que demostrar escolásticamente que la armonía divina seguía en pie, conciliando el Poder de Dios con la nueva visión cósmica8. Por un lado, aparte de sus estudios en privado sobre 8 El papel que jugó la condena de Galileo sobre esta decisión cartesiana es algo que ya se ha esclarecido suficientemente a través del estudio de su correspondencia. En ella, Descartes declaraba que temía enemistarse con la Iglesia si apoyaba públicamente las tesis de Galileo y de Copérnico, por lo que solo sacó a luz aquellos escritos que fueran poco cuestionables desde el punto de vista de la autoridad inquisitorial, y además modificó la exposición de sus ideas naturalistas en su filosofía para acomodarlas a la cosmovisión cristiana imperante. Por lo tanto, logró que no se le acusara en vida (ver Hergenhahn, 2011, p. 130; Leahey, 2013, p. 125). Al respecto, Rorty (2010) señala: «El propio Descartes intentó continuamente mantenerse fiel a las distinciones platónicas y escolásticas clásicas, por una parte, al tiempo que las desmontaba, por la otra» (p. 62), e indica que los cartesianos posteriores procuraron desprenderse de ese compromiso eliminando la versión del alma sensible y quedándose solo con la intelectiva, lo que daría después ocasión a Berkeley para centrar su propia idea epistemológica (p. 63). capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 99 física y fisiología, intenta hallar reglas metodológicas que la razón debía utilizar para la búsqueda de lo verdadero. Por otro, elabora una justificación filosófica respecto a los problemas de la conciencia humana y procesos cognitivos, y su relación con el cuerpo y la luz divina. En cuanto al primer propósito, su Discurso del Método, publicado en 1637, se convirtió en el mayor documento racionalista de la historia, exponiendo cuatro reglas para llegar a la verdad por uno mismo —lo cual, por cierto, ya ponía su opinión bajo sospecha de ateísmo e hizo que después sus escritos fueran prohibidos por la Iglesia Católica: 1) no aceptar nada como verdadero a menos que hubiera razón para dudar de ello, 2) considerar los problemas reduciéndolos a sus elementos fundamentales, 3) analizarlos desde el más simple hasta el más complejo, y 4) revisar las conclusiones de tal trabajo asegurándose de no omitir nada (Goodwin, 2009, p. 31; Descartes, 2010, pp. 47-48). Persiguiendo el segundo propósito, el sabio francés razona de la siguiente manera: el universo, incluyendo sus formas animadas (organismos humanos y animales), es material (res extensa) y funciona de manera mecánica; pero en el hombre hay una sustancia espiritual —el alma, la cosa pensante o res cogitans— sin componente material, independiente del cuerpo. Existen, por tanto, dos mundos: uno objetivo y científicamente cognoscible, el mundo material; y otro subjetivo, el de la conciencia humana innata, al cual solo se puede acceder mediante la introspección (dualismo). ¿Cómo se comunican o como uno afecta al otro? El problema es resuelto proponiendo un lugar en el cuerpo humano en donde la facultad espiritual puede influir sobre la máquina corporal y, consecuentemente, sobre los actos: la glándula pineal. Tras distinguir entre el funcionamiento de los autómatas y la máquina humana, Descartes juzga que esta tenía un plus: el alma, que se convierte en una entidad mediadora entre el cuerpo receptor de estímulos externos y los actos, capaz de tener un lenguaje especial, distinto al escrito y hablado, como facultad típica del hombre, pero diferenciada del lenguaje divino en que mientras este se concretaba en hechos, el del hombre no, y solo sirve para nombrar. La conclusión cartesiana, en la interpretación de Alcaraz (2004), es que: «El acto de mentar es entonces lo distintivo del hombre. Mentar, por lo tanto, tenía ganado el camino, por todo lo que se había dicho antes en relación con el alma, para igualmente reificarse y dar lugar a la entidad mente» (p. 103). 100 william montgomery urday El filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) también considera que el mundo es un conjunto de objetos subordinados al movimiento mecánico, y que el lenguaje es básico tanto para el pensamiento como para el conocimiento; pero, al contrario de Descartes, sostiene una posición monista y materialista, rechazando el innatismo de la consciencia. Así, para él, los seres humanos son solo máquinas compuestas de materia y movimiento, y todo conocimiento tiene su origen en la percepción sensorial. El conocimiento se construye a partir de las sensaciones y las asociaciones que se hacen entre ellas, por eso para algunos fue el primer empirista, a no ser porque, en cuanto al método de investigación, Hobbes prefería el deductivo frente al inductivo, pese a haber sido durante cierto tiempo secretario de Bacon. En su opinión, siguiendo la idea aristotélica de las pasiones, la conducta de la gente está dominada por dos tipos de tendencias: una, cuando es de acercamiento, se guía por el apetito o deseo (o placer); y otra, siendo de alejamiento, se guía por la aversión (o dolor). No obstante, contradictoriamente, Hobbes apunta que la única forma de refrenar esas tendencias es mediante la introspección, examinando el propio interior (Gert, 2008). Tampoco ve problema en conciliar el determinismo natural con la libertad humana, porque la razón está en la voluntad, y esta define en última instancia el apetito que conduce a la acción o a la omisión. Según Hobbes, la razón, al contrario de la acción, está comprometida con objetivos de largo plazo, y además implicada en la elección de los mejores medios para conseguirlos. En su obra cumbre, Leviathan (1651), desarrolla la idea de que las leyes de la naturaleza (dictados de la razón orientados a buscar la paz en vez de la discordia, con fines de autopreservación) definen los medios más adecuados para una convivencia civilizada entre los seres humanos; y el medio más adecuado es entregar el Gobierno de la sociedad civil a un Soberano (individuo o grupo) capaz de ejercer autoridad y dar justa protección a cambio de obediencia. De no hacerlo, juzga Hobbes, se abriría la puerta al caos y a la guerra. Por eso le gusta citar la sentencia de Plauto: Homo homini lupus («El hombre es lobo para el hombre»), para denotar su poca confianza en las tendencias espontáneas hacia la bondad de sus contemporáneos. Otro pensador relevante en esta sección es el neerlandés Baruch Spinoza (1632-1677), quien, basándose en su filosofía racionalista y panteísta, argumenta en su obra póstuma Ética Demostrada Según el Orden Geométrico capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 101 (1677) que el conocimiento se origina en la razón, en la intuición y en la capacidad para entender la naturaleza y las leyes que la rigen, liberando al hombre de las pasiones y los prejuicios que lo limitaban. Spinoza (2000) era un monista: para él, la mente estaba determinada por la actividad corporal, aun cuando pudiera contemplarse desde dos perspectivas diferentes: una, como resultado de procesos cerebrales; y otra, como hechos mentales (Leahey, 2013). La verdad se encuentra en la comprensión de la naturaleza y sus atributos, porque Dios es la única sustancia que existe y se manifiesta en el universo de manera material. En esta tarea, la deducción rigurosa y lógica, partiendo de principios básicos o axiomas, es de utilidad. 3. DEL PENSAMIENTO ILUSTRADO AL SIGLO XIX 3.1. La Ilustración La culminación del avance alcanzado durante todo el período renacentista fue la Era de la Ilustración o «Siglo de las Luces» (siglo XVIII), una época en la cual se terminaron de consolidar los cambios operados en la mentalidad intelectual y popular desde el Medioevo. Constituye una especie de replanteamiento de las ideas en el mundo, siguiendo el estilo newtoniano, que no consideraba a Dios como el factor esencial del universo sino solo como el «primer motor», y se centraba en la razón humana por encima de la superstición y la tradición. Así, como apunta Hothersall (2014), gracias a esos avances filosóficos se forjaron los fundamentos de la psicología. En este sentido, los pensadores continuaron interrogándose sobre cómo se podía llegar a conocer el mundo a partir de las capacidades de la mente, pero esta vez sin la presión clerical tan asfixiante que había obligado a sus predecesores a ocultar o cambiar sus verdaderas opciones y conclusiones por temor a la condena inquisitorial. La influencia de las instituciones trascendentales se había debilitado, aunque no totalmente, incluso en el orden moral. Algo resaltante fue la tendencia utilitaria de este movimiento en cuanto al uso de la filosofía práctica como fórmula para dominar la naturaleza, e incluso para reorganizar la sociedad, siendo la puerta de entrada a la futura revolución 102 william montgomery urday industrial del siglo XIX. En este tramo, se delineó una contraposición entre filósofos «empiristas» y «racionalistas», que venía siendo adelantada desde los trabajos de Bacon y Descartes. Las diferencias consistían en los distintos énfasis del papel de la mente —más «pasiva» (automática y mecanicista) para los empiristas; y más «activa» (constructiva y significativa) para los racionalistas—; y por tanto, en la existencia de capacidades innatas o estructuras que mediaran el contenido del pensamiento, así como de «verdades» solo accesibles a través del análisis racional (Hergenhahn, 2011). El escenario, pues, se prestó a que, entre muchos otros, destacaran filósofos de orientación empirista como John Locke, George Berkeley (1685-1753) o David Hume; defensores del racionalismo como Gottfried Leibniz (1646-1716); y sintetizadores del racionalismo y el empirismo como Immanuel Kant y Johann Friedrich Herbart (1776-1841). Adicionalmente, también hubo tendencias no estrictamente sujetas a dicha clasificación, que serán reseñadas en sección aparte. 3.2. Los empiristas británicos En su Ensayo sobre el entendimiento humano (publicado en 1690), Locke, superando a su antecesor Hobbes, delinea el primer gran alegato sistemático empirista a nivel epistemológico. Un trabajo de madurez que pretende emular para la mente humana lo que Newton había conseguido para el cosmos; vale decir, una explicación atomista y reduccionista. Dice Goodwin (2009): «Esta idea de la mente como una construcción elaborada que incorpora capas de ideas de diversa complejidad fue una característica común de todo el pensamiento empirista inglés y refleja la influencia de otras ciencias, sobre todo las de la física y de la química» (p. 39). Desde la perspectiva de Locke, si bien hay facultades innatas (como la capacidad de pensar), no es plausible la existencia de ideas innatas, pues todo conocimiento proviene de la experiencia, incluso antes de aprender a utilizar el lenguaje (como, por ejemplo, reconocer la diferencia entre lo amargo y lo dulce). Para él —siguiendo la concepción de Aristóteles—, la mente sería como un papel en blanco al nacer, lo que no significa necesariamente que sea una entidad refleja. Respecto a ello, dice Kantor (2012): capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 103 Unas veces el alma o mente es pasiva y simplemente es espejo de las cosas externas a ella misma, pero otras veces es un agente activo que medita acerca de los estados mentales inducidos en ella, y otras veces aun, más activa todavía por lo que hace al transformar los estados mentales originalmente recibidos en otros más complejos. (p. 360) Esto porque las ideas de la mente se originan a través de dos procesos: la experiencia sensorial que capta señales externas mediante los sentidos, y la reflexión que procesa la información de los sentidos y la memoria (Locke, 2005, p. 83). Asimismo, sostiene que existen dos tipos de ideas de distinto fuste: las ideas simples son copias directas de las sensaciones, y las ideas complejas se forman en base a la combinación de ideas simples. En la operación de estos procesos, así como la gravedad es el componente de unión entre los elementos cósmicos, la asociación viene a ser la que amalgama las experiencias del ser humano. Como señala Goodwin (2009), las tesis de Locke presentan ciertas derivaciones: una, referente a que si la verdad se halla en la correspondencia entre nuestras ideas y la realidad externa. pero nuestras percepciones a su vez pueden ser defectuosas o incidentales, entonces el conocimiento absolutamente verdadero es difícil de aquilatar; y otra, respecto a las consecuencias políticas de semejante concepción: si el conocimiento verdadero depende de la experiencia y del contexto en el cual se produce, entonces hay muchas percepciones distintas y se deben respetar las diferencias de pensamiento intelectual y moral entre los individuos. No resulta extraño, pues, que Locke y otros empiristas se inclinaran por el liberalismo como doctrina política. Otro pensador importante de este sector fue el irlandés Berkeley, aunque con una connotación parcialmente desigual a la de Locke. Como él, cree que el conocimiento se basaba en los datos de la percepción y de la experiencia sensorial, mas considera que la realidad no es independiente de las percepciones. La realidad —según lo expone Berkeley apenas a los veinticinco años en su Tratado Sobre los Principios del Conocimiento de 1710 (Reale & Antiseri, 2010b, p. 447)— está compuesta de ideas. De acuerdo con esto, la materia existe porque es percibida por los sentidos y la mente consciente (la locución latína Esse est percipi, o «ser es ser percibido», expresa su parecer), sea humana o divina; llevando a «la transformación de 104 william montgomery urday la psique en experiencia y consciencia» (Kantor, 2012; p. 372). Semejante postura, obviamente, constituye un desafío al sentido común9, obligando a Berkeley a aclarar su punto de vista. Por ejemplo, frente a la objeción de que cuando las cosas son afectadas por algún tipo de acontecimiento que las cambia (ergo: un incendio que consume lo que encuentra), contesta que los objetos siguen existiendo «cuando no existe nadie que los perciba porque continúan siendo percibidos en la infinita mente de Dios» (Hothersall, 2014, p. 61), siendo esta permanencia la prueba suprema de su existencia divina. Lo cierto es que Berkeley pretendía refutar el escepticismo newtoniano sobre el universo y su existencia substancialista-materialista porque pertenecía al clero, y era un creyente devoto. Con el tiempo sería nombrado Obispo de la Diócesis de Cloyne (Irlanda). Más rigurosa es su contribución al estudio del sistema visual. Aquí se puede decir que da «el primer ejemplo de aplicación sistemática del pensamiento empirista al estudio de la percepción» (Goodwin, 2009, p. 42), procurando hacer notorio que la experiencia es la que determina las percepciones de la distancia, el tamaño y la posición de las cosas. En suma, la gente aprende a relacionar lo visto (por ejemplo «arriba y abajo») con lo experimentado a partir del papel de los sentidos acompañados del movimiento físico. El mundo no se ve directamente, sino a través de los juicios sugeridos por la percepción, lo que se suele etiquetar como «idealismo subjetivo», una corriente que se ha visto revitalizada con la aparición de la tecnología de realidad virtual. En este contexto ¿es posible el concepto de «verdad»? Berkeley arguye que dicha noción se sostiene relativamente a la coherencia y consistencia interna de las percepciones e ideas forjadas sobre la base de la confianza que se tenga en ellas. Un tercer empirista de alto calibre fue el escocés Hume, quien también juzga que, puesto que todo conocimiento se origina de la experiencia y la percepción, es discutible que se pueda alcanzar uno que sea seguro y menos 9 Las reacciones fueron muy fuertes: «Berkeley fue acusado de insensatez, de solipsismo (la postura filosófica de que sólo se puede probar que existe el yo), y de haber perpetrado un reductio ad absurdum, Gottfried Wilhelm von Leibniz lo acusó de buscar notoriedad con sus paradojas, mientras que el filósofo estadounidense Samuel Johnson refutó la afirmación de Berkeley de que la materia no existe, pateando una piedra, y manifestando que una experiencia similar aclararía la cabeza de Berkeley de tal disgregación de pensamiento» (Hothersall, 2014, p. 60). capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 105 aún absoluto. Al contrario de Berkeley, Hume era un agnóstico y un crítico de las religiones imperantes, lo que le valió la oposición de la clerecía escocesa a que ocupe un puesto académico (Hergenhahn, 2011). Sin embargo, eso no le impidió exponer sus opiniones en dos obras de gran implicación psicológica: Un Tratado Sobre la Naturaleza Humana (1739) y Una Investigación Sobre el Entendimiento Humano (1748). En la primera de ellas, hace patente que las impresiones y las ideas son distintas. Las sensaciones causan impresiones (percepciones), y estas producen ideas asociadas causalmente como si fueran copias débiles de tales impresiones. De allí que senso ergo sum («siento, luego existo»). Entonces, toda idea y concepto surge a partir de la asociación de impresiones sensoriales. Las ideas simples van formando ideas complejas en consonancia con los tres principios de la asociación: semejanza, contigüidad en tiempo y espacio, y relaciones de causa y efecto. En este escenario la ley más importante según Hume es la de conexión entre causa y efecto, a despecho de que las creencias e inferencias causales fueran imposibles de verificar por medios distintos a las sensaciones. Ciertamente, aquello cognoscible respecto a la causalidad solo proviene de impresiones acerca de cosas percibidas como cercanas entre sí, lo que constituye una prueba ajena a la racionalidad. La razón no puede permitir conocer la realidad causal, es la experiencia subjetiva la responsable de asociar un acontecimiento con otro según la necesidad implicada, a lo cual el filósofo escocés llama «hábito» (Leahey, 2013, p. 150): las personas desarrollan inductivamente costumbres o predisposiciones a realizar actos que suponen la conexión requerida entre causa y efecto (ver por ejemplo Hume, 1988, p. 99). Además, Hume deja claro que las percepciones de la mente son de dos tipos: originales y secundarias. Las originales están formadas por las cualidades de los objetos, como el volumen y la solidez; los gustos, colores, sonidos, temperatura y olores; así como el dolor y el placer. Las secundarias son las «pasiones», derivadas de la asociación de percepciones originales con ideas. Las pasiones pueden ser «suaves» (emociones como el sentimiento estético) o «violentas» (como el amor, la aversión, la tristeza, el orgullo, etcétera) (Kantor, 2012, p. 395). En la segunda de sus obras citadas ut supra, Hume sostiene que para estudiar la naturaleza humana se necesita una nueva ciencia natural, que llegaría más allá de la filosofía, lo cual, en cierto modo, según advierte Hothersal (2014), predijo la futura aparición de la psicología como disciplina científica. 106 william montgomery urday 3.3. Los racionalistas alemanes Tanto Leibniz como Kant hicieron carrera sobre la base de contradecir asertos empiristas (Goodwin, 2009). Ambos también, aunque muy especialmente Kant, fueron representantes típicos de la Ilustración. En cuanto a la perspectiva del pensador alemán Leibniz, se conoce gracias a publicaciones como La Teodicea (1710), la Monadología (1714), y los Nuevos Ensayos Sobre el Intelecto Humano (1765); así como a numerosos ensayos y cartas donde expuso su doctrina filosófica. Ella está fundada en la convicción de que el universo y los organismos inherentes a el —creados por Dios— se componen de un conglomerado infinito de minúsculas entidades a manera de átomos vitales, que llama «mónadas» (del griego monas, que significa «unidad».). Sin embargo, estas carecen de materialidad pese a que en diversas colecciones jerárquicas les prestan la apariencia a los objetos. Según Leibniz la esencia de la mente humana está formada por las mónadas racionales, mientras que en todos los demás seres vivos se encuentran las mónadas sensibles, al par que la realidad física se conforma por las mónadas simples (Goodwin, 2009). Aunque le da un valor a la explicación mecanicista de los fenómenos de la naturaleza, considera que dicha explicación es parcial e incompleta por basarse solo en causas eficientes, siendo partidario de incluir el finalismo divino como pieza fundamental de aquella. Así es como cada una de las mónadas posee una finalidad intrínseca y una perfección esencial proveídas por Dios. […] la habilidad de un artesano no sólo se alaba mostrando el proyecto que tenía en su mente al construir las diversas piezas de su máquina, sino también explicando cómo funcionan los instrumentos de los que se ha servido para forjar cada pieza, sobre todo cuando tales instrumentos sean sencillos y hayan sido inventados con ingenio. Dios es un artesano lo suficientemente hábil como para producir una máquina mil veces más ingeniosa que la de nuestro cuerpo. (Leibniz, Cit. por Reale & Antiseri, 2010b, p. 386) Leibniz, en busca de refutar las apreciaciones epistemológicas hechas por Locke, proporciona una explicación alterna a la teoría de la «mente en blanco» señalando que la mente sí contiene propiedades innatas de razo- capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 107 nabilidad que fijan límites a la experiencia, como queda demostrado por aquellas verdades lógicas existentes, pero no vinculadas directamente a ella (por ejemplo, las matemáticas). En esto al parecer: Leibniz malinterpretó a Locke al creer que si las ideas derivadas de la experiencia eran eliminadas de la mente, no quedaría nada […] Locke, de hecho, postulaba una mente llena de capacidades innatas […] En lugar de la mente pasiva que Leibniz creyó que proponía Locke, Leibniz postuló una mente sumamente activa. (Hergenhahn, 2011, p. 194) Tampoco está de acuerdo con la tesis cartesiana de la interinfluencia entre mente y cuerpo, prefiriendo ofrecer una solución ligada al paralelismo psicofísico, según el cual ambos ámbitos coexistían en una armonía divinamente preestablecida. Esto lleva al planteamiento de que el cuerpo y la mente se pueden estudiar independientemente, distinguiendo la fisiología de la psicología. Es más, Leibniz niega la posibilidad de que una influencia material pudiera provocar algo inmaterial, como lo son las ideas. El caso de Kant es un tanto distinto. Este filósofo, en sus obras Crítica de la razón pura (1781) y Crítica de la razón práctica (1788), intentó sintetizar algunos aspectos del empirismo (en particular de Hume) y del racionalismo (sin repetir a Descartes). Su teoría del conocimiento acepta en principio que el conocimiento humano proviene de la interacción entre la mente (conocimiento a priori o razón pura) y la experiencia sensible (conocimiento a posteriori u observación empírica). Hay tres momentos fundamentales: las sensaciones se organizan a través de «formas puras» de la sensibilidad (espacio y tiempo), dando lugar a las percepciones. Estas se interrelacionan a través del entendimiento y producen juicios y proposiciones empíricas, que, a su vez, se regulan por la razón (Mosterín, 2003 p.168). Por lo tanto, Kant no niega la importancia de los datos sensoriales, pero aduce que debe haber categorías innatas de pensamiento (en vez de ideas innatas como las postuladas por Descartes) que permiten asimilarlos con cierta particularidad significativa. Para él, «todas las ciencias teóricas de la razón contienen juicios sintéticos a priori como principios» (Kant, 2009, p. 74). Por ser la distinción entre juicios analíticos y sintéticos un asunto reiterativo en la historia de la epistemología, se reproduce la argumentación kantiana sobre ello: 108 william montgomery urday En todos los juicios en los que se piensa la relación entre un sujeto y un predicado (me refiero sólo a los afirmativos, pues la aplicación de los negativos es fácil [después]), tal relación puede tener dos formas: o bien el predicado B pertenece al sujeto A como algo que está (implícitamente) contenido en el concepto A, o bien B se halla completamente fuera del concepto A, aunque guarde con él alguna conexión. En el primer caso llamo al juicio analítico, en el segundo, sintético. Los juicios analíticos (afirmativos) son, pues, aquellos en que se piensa el lazo entre predicado y sujeto mediante la identidad; aquellos en que se piensa dicho lazo sin identidad se llamarán sintéticos. (Kant, 2009, p. 73) En este sentido, considera al revés de Hume que los objetos son los que se amoldan a la mente, y no la mente a los objetos (Leahey, 2013). Estas categorías innatas son las nociones de unidad, pluralidad, totalidad, tiempo, espacio, causa y efecto, realidad, cantidad, calidad, negación, la posibilidadimposibilidad, la necesidad-contingencia y la existencia-inexistencia. Ellas le dan sentido fenomenológico a la sensorialidad de las cosas. Por ejemplo: Sin la influencia de las categorías, jamás podríamos hacer declaraciones como las que inician con la palabra todo, porque jamás experimentamos todo de la nada. Según Kant, el hecho de que en algún punto estemos dispuestos a generalizar de varias experiencias particulares a una categoría entera de hechos específica las condiciones en las cuales empleamos la categoría innata de totalidad, porque la palabra todo jamás puede estar basada en la experiencia. (Hergenhahn, 2011, pp. 201-202) Una derivación de semejante cisma entre el mundo sensorial y el mundo mental es la tesis kantiana de las «cosas en sí mismas» (o noúmenos) —es decir, el mundo tal como es naturalmente—, y de las «cosas para nosotros» (o fenómenos) —o sea el mundo tal como lo percibimos—; lo cual lleva a la conclusión de que nunca se podría conocer la realidad de manera directa, porque aquella siempre se encontraría filtrada por las categorías innatas de pensamiento y la experiencia (idealismo trascendental). Otra discrepancia de Kant con el empirismo está marcada por su rechazo al tinte utilitario y hedonista de la conducta moral. Para los empiristas, esta se reduce a la deseabilidad o indeseabilidad de ciertos actos en un contexto, o a las experiencias de dolor o placer implicadas en ellos. Para Kant es capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 109 importante averiguar en base a qué criterios se juzga que algo es deseable o indeseable, y qué razón justifica la responsabilidad de experimentar sentimientos o deseos de tipo hedonista. Su solución es proponer el Imperativo Categórico, una máxima «de la razón pura práctica» cuyo cumplimiento en la acción pudiera la gente desear que se convirtiera en una ley universal, sujeta a la voluntad libre del individuo y no a la causalidad natural (Kant, 2008; p. 236 y ss.). Una última reflexión sobre Kant se refiere a su negación de que la psicología fuera posible como ciencia, debido a que su contenido no se podría formular en términos precisos (matemáticos), y ni siquiera la introspección serviría para llegar a él porque el mundo mental cambia constantemente. En cambio, propone la constitución de una antropología dirigida y ordenada por la filosofía (ver Kant, 1991), que se encargará de orientar pragmáticamente al hombre «hacia lo que él, como ser que obra libremente, hace, o puede y debe hacer, de sí mismo» (p. 7). Un proceso de autoconstrucción moral en su entorno social y natural. Este tratado, según Kantor (2012), «puede ser estimado con razón como una elaboración de la psicología empírica en un sentido protocientífico» (p. 456). Herbart, otro filósofo alemán, en este caso racionalista tardío, adquirió relevancia por sus contribuciones a la psicología y a la educación. Escribió dos libros de psicología: Libro de Texto de Psicología (1816) y La Psicología Como Ciencia Basada en la Experiencia, La Metafísica y las Matemáticas (1824), en los cuales comparte la idea kantiana de la imposibilidad de una psicología experimental (ni tampoco fisiológica) porque, según Herbart, el objeto de estudio de esta no se puede fraccionar; pero sí considera que los contenidos de la mente están al alcance de la ciencia matemática. También como Kant piensa que las ideas se derivan de la experiencia ordinaria, mas una vez formadas, adquieren una vida propia en un sentido similar al de las mónadas de Leibniz (Hergenhahn, 2011). El concepto principal de su filosofía psicológica (basado en Leibniz) es el de masa aperceptiva: reunión de ideas compatibles entre sí cuya cantidad define su influencia, pues si son muchas se abren al consciente, y si están por debajo de un umbral particular quedan almacenadas en el inconsciente. Cada persona, según su edad y capacidad de aprendizaje, tiene una masa aperceptiva que debe tenerse en cuenta a la hora de enseñarla. Estas argumentaciones hacen que las tesis de Herbart sean inspiradoras para ciertos aspectos de las teorías psicoanalítica y piagetana. 110 william montgomery urday 3.4. Otras tendencias En el último tramo del siglo XVIII y comienzos del XIX florecieron muchas tendencias de pensamiento, algunas en cierta medida afines respectivamente a las líneas empirista y racionalista, pero con notorias diferencias, y otras hostiles a ambas. Para efectos de esta síntesis, solo se considerarán el materialismo sensualista de Julien de La Mettrie (1709-1781); el empirismo de Ettiene de Condillac (1714-1780) la contrailustración de Giambattista Vico (1668-1744) y Johann Gottfried Herder (1744-1803); y el romanticismo de Jean Jacques Rousseau (1712-1778). La Mettrie, médico francés, profesó creencias materialistas muy discordantes con las idealistas y clericales de su entorno, En su obra fundamental, El Hombre Máquina (1748), desarrolla la teoría de que la naturaleza del alma —un término únicamente útil para designar «aquella parte que en nosotros piensa» (La Mettrie, 1962, p. 77)— depende enteramente de la organización corporal. Puesto que esta última ya había sido catalogada por Descartes como una máquina, La Mettrie (1962) se propone ser consecuente con el verdadero materialismo cartesiano, contradiciendo al propio Descartes y calificando sus ideas innatas de «quimeras» que inútilmente se había esforzado Locke en atacar (p. 39) —como apunta Leahey (2013): «Es interesante señalar que La Mettrie estaba entre quienes pensaban que Descartes era en realidad un materialista» (p. 158). Igualmente, si bien acepta que el lenguaje era lo que convierte a una persona en humana, acota que, si se le enseñara el lenguaje de sordos a un simio, este podría comunicarse perfectamente a través de él, lo que significa que no es una facultad innata del hombre. Así pues, debido a que el ser humano en su totalidad es una máquina y pura materia, sólo un médico podía tratar científicamente su naturaleza. Pero esta materia no es concebida por él como algo inerte, sino como algo vivo y dinámico, anticipando la tesis vitalista. El pensador francés termina exponiendo varias características de lo que, según él, sería una persona educada con certidumbre materialista: un ser libre de prejuicios, con amor a la vida y al goce, sin miedo a la muerte, dispuesto a aceptar la igualdad con sus semejantes y a respetarlos como tales. Condillac, sacerdote francés, sentía atracción por las ideas de Locke, que tradujo al francés, e inclusive le escribió un complemento titulado En- capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 111 sayo Sobre el Origen del Conocimientos Humano: Suplemento al Ensayo del Sr. Locke Sobre el Entendimiento Humano (1746). El más famoso aporte de Condillac al razonamiento de su modalidad empirista francesa es el de la «estatua sensitiva» —que aborda en su Tratado Sobre las Sensaciones (1754)—, estatua que iría siendo dotada poco a poco de todos los sentidos, y luego se le pasaría a construir una actividad mental a partir de la acción que estos sentidos habrían ejercido sobre esa materia animada. Estas facultades adquiridas la llevarían a buscar el placer y a evitar el dolor (Hergenhahn, 2011, p. 174), pero, aun así, señala, al concluir el trabajo dicha estatua sería pasiva, no podría hablar ni pensar, solo sería capaz de recordar y reconocer sus sensaciones, porque le faltaría la facultad del lenguaje. Esto demuestra, en su opinión, que las facultades mentales de los seres humanos se derivan de las sensaciones. En otro plano, el movimiento llamado de «contrailustración» fue la reacción de una parte del pensamiento del siglo XVIII al ideal filosófico newtoniano que había triunfado paralelamente a la revolución científica, vale decir que las leyes de la naturaleza podían ser captadas por la mente humana y utilizarlas para forjar un mundo nuevo sin supersticiones ni dogmas religiosos; sin seguimiento ciego de tradiciones culturales antiguas e irrelevantes. En este escenario, surgieron voces que clamaron contra los excesos de la razón y el descuido respecto a los factores culturales. Dos de ellas fueron las de los ya citados Vico y Herder. El académico italiano Vico sostiene en su obra La Ciencia Nueva (1725) que las personas y las reglas que rigen a la humanidad son muy diferentes al resto de seres de la naturaleza, no porque exista un alma subyacente a la materia, sino por la influencia de la cultura. Así, el estudio de la mente del hombre no es posible desde un punto de vista naturalista tal como lo postulaba el grueso de filósofos de la Ilustración, sino a través del conocimiento histórico y social. Las personas crean sus sociedades en un proceso histórico que solo analizando cómo fue en cada caso podría ser utilizado para comprender las vidas de quienes las integran, de allí que el lema de Vico fuera verum ipsum factum («solo podemos conocer una cosa si la hemos hecho»). En cambio, las cosas de la naturaleza no son producto del conocedor, por tanto, la ciencia natural carece de las posibilidades de construir un conocimiento cierto sobre el hombre y su forma de vida. Solo aquellas ciencias que tratan 112 william montgomery urday de cosas hechas por los seres humanos (por ejemplo, las matemáticas, el derecho civil, el comportamiento de la gente, etcétera) pueden ser objeto de análisis productivo. En este sentido, no se puede separar la filosofía (ciencia) de la filología (historia y gramática). Para Vico, según lo señalan Reale y Antiseri (2010b): «La filología es la doctrina de cuanto ha sido producido en las comunidades humanas, desde las costumbres más disparatadas hasta los lenguajes, pasando por todas las demás entidades religiosas y civiles», y, en esa relación: «Lo verdadero es la idea (filosofía) y lo cierto (filología) es el hecho» (p. 543). Cada palabra y artefacto de escritura es un significado que contiene las improntas de la mente, y las palabras y los símbolos son indicios de emergencia de la conciencia. La mente humana se comprende a sí misma por medio de la «fantasía», utilizando el ingenio para dar sentido a imágenes creadas en el espacio mental (verbigracia: historias acerca del cielo, el trueno y otros fenómenos como divinidades); o por medio de la imaginación recreativa (mirar atrás da sentido a lo presente); o mediante la metáfora que produce la comprensión fundamental sustituyendo cosas espirituales por imágenes humanas (Danesi, 2017). Respecto al filósofo alemán Herder, se caracterizó principalmente por reactualizar las ideas de Vico en una época posterior, a pesar de no haberlas conocido. La diferencia es que su impacto fue mucho mayor, sobre todo en la Europa continental. Como Vico, rechaza el culto a la razón y el rígido situacionismo cultural de los empiristas, además de a la psicología de las facultades porque fragmenta la personalidad. Según Berlin (2000): Herder mantuvo que cada actividad, período histórico o civilización, poseía un carácter único; por tanto, el intento de reducir tales fenómenos a combinaciones de elementos uniformes, y describirlos y analizarlos en función de modelos universales, tendería a eliminar esas diferencias significativas que constituyen el carácter específico del objeto sometido a estudio, sea de la naturaleza o de la historia. Frente a las ideas de leyes universales, principios absolutos, verdades últimas, modelos eternos y patrones en ética o estética, física o matemáticas, opuso una radical distinción entre el método propio de investigación de la naturaleza física y el método que exige el cambio y desarrollo del espíritu humano. (p. 191) capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 113 Oponiéndose al «pienso, luego existo» de Descartes, y al «siento, luego existo» de Condillac, Herder proclama la máxima «¡Siento! ¡Existo!», aunándose al credo romanticista de la segunda mitad del siglo XVIII. Su obra fundamental es Entendimiento y experiencia, razón y lenguaje, una metacrítica de la razón pura (1799), donde, entre otras cosas, critica el descuido de Kant por analizar el papel del lenguaje. El más conocido representante del romanticismo fue J. J. Rousseau, pensador autodidacta de origen suizo, aunque se trasladó a Francia muy joven. Antes de examinar sus ideas, es conveniente ubicar el significado del término que le da nombre a este movimiento «romántico». Reale & Antiseri (2010b) dicen al respecto: Gradualmente el término «romanticismo» llegó a indicar el resurgir del instinto y de la emoción, que el racionalismo predominante en el siglo XVIII jamás había suprimido del todo (p. 33) [...] La actitud romántica consiste en una condición de disensión interior, en un sentimiento de aflicción siempre insatisfecha, que se halla en contraste con la realidad y que aspira a algo más, que sin embargo se le escapa una y otra vez [...] Todo romántico experimenta una sed de infinito, y aquel reconcomio —que es deseo irrealizable— lo es justamente porque lo que en realidad ansia es lo Infinito. (p. 34) Visto lo cual, no es sorprendente que haya habido una gran disensión con el tipo de pensamiento de los filósofos empiristas y racionalistas de la ilustración. Esto coincidió con el estado de ánimo y aspiraciones que llevarían a cuestionar los sistemas monárquicos de organización social, desembocando en las revoluciones americana y francesa. Volviendo a Rousseau, su labor intelectual consiste, en primer lugar, en desarrollar una especie de antropología filosófica con base en una teoría idílica de la naturaleza humana, que valora sobremanera el origen de la humanidad a partir de la «pureza» de sus relaciones sociales, corrompida por las divisiones de clase derivadas del usufructo de la propiedad privada. Una vez llegado allí, el ser humano deja de ser libre, alejándose de la primitiva comunidad natural en la que se comporta como un «noble salvaje» (en su Discurso Sobre el Origen y Fundamentación de la Desigualdad Entre los Hombres, 1755). Esta premisa lo conduce, en segundo lugar, a propo- 114 william montgomery urday ner que la solución es construir una nueva organización social más justa e igualitaria sobre la base de un contrato social voluntariamente firmado por los ciudadanos conscientes del bien que les aporta, y supervisado por un legislador. Además, con el fin de hacer estable semejante organización, sugiere la práctica de un tipo de religión cívica de participación ciudadana general (de hecho, los hacedores de la Revolución Francesa actuaron bajo la influencia de ese ideal). A pesar de su actitud románticamente libertaria, Rousseau se inclina un tanto al empirismo en cuanto a sus propuestas educativas. Recomienda una educación abierta como principio privilegiando los intereses espontáneos del niño, pero como hace notar Leahey (2013, p. 171), solo a condición de que la libertad que se le otorga al educando sea parte de una estrategia para lograr su plena colaboración. Igualmente piensa que son los hábitos los que constituyen la formación del niño, y en su obra Emilio (1762) sostiene en el más puro estilo sensorialista que: Nacemos sensibles, y desde nuestro nacimiento excitan en nosotros diversas impresiones los objetos; que nos rodean. Luego que tenemos, por decirlo así, la conciencia de nuestras sensaciones, aspiramos a poseer o evitar los objetos que las producen, primero, según que sean aquellas gustosas o desagradables; luego, según la conformidad o discrepancia que entre nosotros y dichos objetos hallamos; y finalmente, según el juicio que acerca de la idea de felicidad o perfección que nos ofrece la razón formamos por dichas sensaciones. (Rousseau, 2000, p. 11) En su momento el propio Kant, que admiraba a Rousseau, le atribuyó a él haberle sacado del error de «menospreciar a la humanidad» en nombre de una «vanagloriosa superioridad» intelectual (Cit. por Kantor, 2012, p. 431). 4. EL PANORAMA EN LA AMÉRICA PRE Y POSTCOLOMBINA Antes de la llegada de Colón a las riberas que posteriormente serían llamadas americanas, había una serie de civilizaciones que se suelen denominar «indígenas». Esto corresponde al periodo que ocupa este capítulo, de modo capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 115 que se dará noticia brevemente de aquello que a través de las fuentes disponibles se cree que reflejaría el pensamiento de los aborígenes sobre el mundo y el ser humano. Beorlegui (2010) señala al respecto: «No podremos […] hablar de filosofía, pero sí de una sabiduría, apoyada en una estructura mítico-religiosa y no tanto racional, pero digna de recordar y de ser tenida en cuenta» (p. 81). En particular, se pueden considerar las cosmovisiones: maya, azteca-nahua e inca10. Los mayas, según se desprende de los restos materiales (arquitectura, inscripciones, pinturas) y tradiciones orales que dejaron, tuvieron cierta similitud con el pensamiento griego clásico en cuanto a su concepción sobre la temporalidad del universo y la dualidad racional-consciente adversus irracional-inconsciente propia del espíritu humano. El universo mítico maya presentaba una estructura polimórfica de naturaleza cambiante en la cual las fuerzas contrarias (luz-oscuridad, masculino-femenino, vida-muerte, etc.) se enfrentaban entre sí. En ella, los chamanes (una especie de sacerdotes con formación ascética) vigilaban la adoración de los mortales a sus dioses. Lo dicho tiene validez también para la cultura azteca-nahua, según los datos ofrecidos por León-Portilla (cit. por Beorlegui (2010, p. 87), existió una casta de sabios —entre ellos Nezahualcóyotl, (ca. 1402-1472)— a quienes se les atribuía la facultad de explicar las cosas desde un punto de vista empírico, al punto de poder diferenciar con certeza lo verdadero de lo falso. La temática predominante en los códices y expresiones artísticas de esta cultura giraría en torno al destino y ejecutoria humanos, la muerte y el más allá, y también la posibilidad de decir palabras verdaderas. Esta tesis de LeónPortilla ha sido rebatida porque se juzga que la cosmovisión mítico-religiosa no llega a conformar una filosofía. Otra posibilidad de análisis aun mayor reside en el trabajo de Neira (2015), que compara las civilizaciones americanas precolombinas con las orientales (China, India, Japón) sosteniendo que hay conceptos filosóficos comparables de todas estas regiones con la europea. El punto esencial de este autor es que cada cultura posee su propia lógica local, más allá del concepto eurocéntrico de civilización, por lo tanto, 10 No es posible entrar aquí a tratar sobre el contexto histórico referente a estas culturas, de modo que se remite al lector interesado en profundizar sobre ello a la obra de Alcina (2000) sobre el mundo americano precolombino. 116 william montgomery urday los modos de pensamiento son particulares y hay una filosofía latente en cada uno. En el caso de los quechuas, por ejemplo, cree ver en el vocablo camac «un soplo que alcanza a todo ser, montañas y campos; la fuerza tras las fuerzas mismas de la naturaleza» (p. 114), es decir la fuerza animadora de la vitalidad a manera de un espiritualismo panteísta. «El camac de los precolombinos —dice Neira— está más cerca de las reglas del azar y la probabilidad de la selección natural de Darwin, y el conocimiento de la física cuántica de nuestro tiempo que de la teología cristiana» (p. 116). Además, de acuerdo con los cronistas, la cosmovisión inca tuvo tres ejes: Dios (Wiracocha), Mundo (Pacha) y Hombre (Runa), siendo este último objeto de preocupación ética «como situado en una vía ascendente hacia la sabiduría» (Beorlegui, 2010, p. 106), para constituir la mejor forma de realización el poder pensar o razonar. Lo cierto es, sin embargo, que la civilización inca no dejó ninguna señal intelectual objetiva —vale decir, independiente de la interpretación—, de modo que toda la información al uso acerca de ella proviene obviamente no de las fuentes originales, sino de los reportes de los misioneros y estudiosos que vinieron junto con los visitantes europeos, con todas las limitaciones que esto supone en términos de códigos lingüísticos y cognitivos disímiles, de modo que solo puede ser aceptada como aproximativa (véase el diccionario publicado en 1608 por Fray Diego González Holguín,1952). No obstante, Quintanilla (2024) apunta que en el antiguo pueblo prehispánico, como en cualquier sociedad humana, debe haber habido gente interesada en responder preguntas de tipo ético, epistemológico, ontológico, cosmológico y existencial; y, si bien no ha quedado registro de tales cavilaciones por no haber dado origen a una cultura escrita, es posible confrontar algunos términos idiomáticos —como yachay, iñiy, quiqa y chaninchay— con los usuales en español para conocimiento, creencia, verdad y justificación respectivamente, a fin de ubicar sus equivalencias semánticas y esclarecer si se refieren a conceptos universales. En un estudio anterior, el mismo Quintanilla (2023) desarrolla el tema de cómo la relación entre las características morfosintácticas de la lengua y ciertos aspectos de la realidad tendría que ver con la atención que el hablante oriundo de una cultura presta a determinados eventos y objetos, desarrollando, así, intuiciones epistémicas. Yachay, por ejemplo, parece referirse a un saber práctico más que representativo. capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 117 Durante los primeros años de la colonia española en América del sur, los centros fundamentales de la difusión del escolasticismo fueron la Universidad de San Marcos del Perú (fundada en 1551) y la Universidad de México (fundada en 1553), secundados por otros centros superiores por entonces de menor cuantía, tanto en esos países como en Venezuela y Colombia. Hubo muchos trabajos, pero sin contribuciones realmente originales, siendo la mayor parte comentarios a, o repeticiones de, las doctrinas imperantes en Europa para acomodarlas al uso de los principiantes. Los estudios estaban restringidos a la teología y a la filosofía, además de artes liberales (gramática, lógica, retórica, aritmética, astronomía, música). Obviamente, aquello que tuviera que ver con la psicología era tratado como atribuciones del alma (Chuchón y Vivanco, 2023). Si cabe mencionar a algún autor lo bastante prolífico, sería seguramente al español residente en México Fray Alonso de la Veracruz (1507-1584), cuyas obras filosóficas de corte ecléctico fueron las primeras editadas en América (Flores y Mateos, 2023), con temas diversos: lógica, epistemología, psicología, moral y leyes. La renovación del pensamiento llegó lentamente a Hispanoamérica. A despecho de quienes desde una orientación ideológica filo-marxista solamente ven el lado malo de la irrupción europea en el Nuevo Mundo (por ejemplo Mignolo, 2016), enfatizando el sojuzgamiento y abuso de una cultura por la otra típicos de cualquier etapa de la historia humana (y combatidos por personajes surgidos de los mismos «dominadores», como es el caso de Bartolomé de las Casas), el intercambio cultural entre los continentes europeo y americano rebozó de ideas humanistas y científicas que influyeron en el desarrollo intelectual de la región. En la enseñanza superior, orientada por el modelo de la Universidad de Salamanca con un lema netamente renacentista: «Omnivm scientiarvm princeps Salmantica docet» (Rodríguez, 2012, p. 34), se mezcló el escolasticismo medieval con los nacientes filosofías empirista y racionalista (Rodríguez, 2012) en una suerte de educación en humanidades donde la reforma de planes de estudio promovió, además del clásico aristotelismo tomista, la difusión de las lenguas clásicas, la literatura, la filosofía y las ciencias, divulgando las doctrinas de Descartes, Hobbes, Newton y otros pensadores sin persecución alguna (Beórlegui, 2010, p. 144); proceso de adaptación en el contexto colonial que se consolidaría después, en la época de la Ilustración. No obstante, como dicen 118 william montgomery urday Chuchón y Vivanco (2023), «la escuela escolástica se afianzó en Latinoamérica hasta el siglo XVIII» (p. 461), hasta que durante los años anteriores a la independencia se debilitó, entrando con fuerza las corrientes racionalista y empirista, los preceptos sociales de Rousseau, la ética de Bentham, el escepticismo de Voltaire y otros enciclopedistas, además de las doctrinas de Condorcet y Montesquieu, y la ideología de Destutt de Tracy, sembrando la semilla de las ideas liberales, antimonárquicas y anticlericales. Esto fue acompañado de una serie de reformas académicas en muchas instituciones educativas (Beórlegui, 2010). Los intelectuales hispanoamericanos utilizaron esas ideas con fines prácticos, para justificar sus ideas revolucionarias. Por ejemplo, se sabe que Simón Bolívar (1783-1830), era un gran lector de Rousseau, en cuyas obras encontró inspiración para la gesta libertadora. Entre los teóricos que produjeron obras filosóficas coherentes con la nueva cosmovisión ilustrada, se puede mencionar especialmente el mexicano Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos (1745-1783), que escribió Errores del Entendimiento Humano (1781) siguiendo eclécticamente ideas cartesianas y de Leibniz, entre las más notorias. Otros intelectuales mexicanos relevantes fueron José Rafael Campoy (1723-1777), impulsor de estudios filosóficos y científicos, y el Sacerdote jesuita Francisco Javier Clavijero (1731-1787), más dedicado a la historiografía. En el Perú, si bien la cátedra escolástica aún era considerablemente influyente, se difundieron ideas de Descartes, Newton, Gassendi y Leibniz. Cuando en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos triunfó el canon conservador a nivel oficial en 1783, el Jurista español José Baquíjano y Carrillo (1751-1817), junto con seguidores de ideas renovadoras, fundó la Sociedad de Amantes del País, institución que comenzó a difundirlas a través de su periódico bisemanal publicado en Lima de 1791 a 1795: El Mercurio Peruano. En 1793 la reforma ideológica introdujo el Examen de Grado de Filosofía y Matemáticas, donde había temáticas acerca de «las potencias del espíritu humano, sentir y adquirir ideas, y comercio entre el alma y el cuerpo» (Chuchón y Vivanco, 2023. p. 461). Igualmente, «el Doctor José Hipólito Unanue y Pavón (1755-1833) […] influenciado por el empirismo escribió lo que hoy se considera la primera obra de biotipología psicológica de Lima llamada Observaciones Sobre El Clima de Lima y su Influencia en los Seres Organizados, en Especial el Hombre (1806) » (Ibid., p.461). capítulo ii: desde el período clásico hasta el siglo xix 119 PREGUNTAS DE COMPROBACION 1. 2. 3. 4. 5. ¿Qué distingue la filosofía aristotélica de las demás del período clásico? ¿Cuáles fueron los períodos en que se plasmó el proceso de revolución científica? ¿Cómo se consolidó el estudio de la menta como una naturalización del alma? ¿Qué consideraciones distanciaban las posiciones empiristas de las racionalistas? ¿Cómo se manifestó el período de la ilustración en la américa postcolombina? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Beorlegui, C. (2010). Historia del pensamiento filosófico latinoamericano. Una búsqueda incesante de la identidad. 3ª edición, Deusto. Hergenhahn, B. R. (2011). Introducción a la historia de la psicología. 6ª edición (Orig.1986). Cengage Learning. Kantor, J. R. (2012). De la psicología a la psicología científica (Orig.1963-69). Trillas. Leahey, Th. H. (2013). Historia de la psicología (7ª edición) (Orig.1995). Pearson Educación. Rei, D. (1978). La revolución científica. Ciencia y sociedad en Europa entre los siglos XV y VVII. (Orig.1950). Icaria. Vivanco, D., Chuchón, P. & Espinoza, A. (2023, Eds.): La psicología en Iberoamérica. Universidad Ricardo Palma. CAPITULO III: HITOS FILOSÓFICOS EN EL SIGLO XIX 1. PENSAMIENTOS PREDOMINANTES La revolución científica que había empezado ya desde el siglo XVI con los primeros albores del Renacimiento, se fue consolidando en la medida que aparecían nuevos avances en la conceptualización de las cosas y que se producían diversos cambios en la estructura de poder del continente europeo, ya en consonancia con las de sus antiguas colonias americanas. El contexto reinante en el siglo XIX fue el de una acelerada industrialización, un proceso de crecimiento de la producción, masificación de los productos de consumo / subsistencia y mejora del nivel de vida como nunca había ocurrido, merced al paso de la artesanía a la manufactura, bajo el marco de un liberalismo político (derechos cívicos, democracia representativa e igualdad ante la ley) y económico (libertad de empresa, derecho de propiedad, movilidad de clase). Landes (1988) señala que esta Revolución Industrial fue una sucesión interrelacionada de cambios tecnológicos donde: Los avances materiales se dieron en tres áreas: 1) hubo una sustitución de habilidades humanas por dispositivos mecánicos; 2) el poder inanimado —en particular, el vapor— tomó el lugar de la fuerza humana y animal; y 3) hubo una marcada mejora en la obtención y explotación de materias primas, especialmente en lo que ahora se conoce como industrias metalúrgicas y químicas. Paralelamente a estos cambios en equipos y procesos surgieron nuevas formas de organización industrial. El tamaño de la unidad productiva creció: las máquinas y la energía requirieron e hicieron posible la concentración de la manufactura, y los talleres domésticos dieron paso al molino y la fábrica. (pp. 1-2) Como sugiere Geymonat (2006), la actitud científica había surgido de la superación de los criterios de que la razón tenía preponderancia sobre la experiencia, o de que la descripción de esta bastaba para acceder al conocimiento. En dicha superación —jugando un papel destacado la mejora 121 122 william montgomery urday constante de la nueva tecnología en la civilización moderna—, la idea predominante era que tanto la elaboración teórica como la observación sistemática y experimental constituían ingredientes de similar peso. La sociedad en metamorfosis que era la del siglo XVIII había acumulado influencias por parte de las grandes tendencias filosóficas racionalista y empirista, pero también de movimientos centrados en la emoción y la intuición que hacían contrapeso a ellas. De esta mezcla explosiva, acompañada del contexto de industrialización y del aumento del instrumental de medición en las ciencias de la física y la fisiología, emergieron las variedades de pensamiento filosófico del siglo XIX con relevancia para la psicología, y la psicología misma como disciplina científica. 1.1. El materialismo dialéctico e histórico El pensamiento que dominó buena parte de la Europa continental durante el primer tercio del siglo XIX fue la filosofía idealista del profesor alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), que, a partir de sus obras Fenomenología del Espíritu (1806) y Ciencia de la Lógica (1816), logró sintonizar con la hegemonía cultural metafísica de la época, trazando un camino duradero. Más allá del carácter deísta de su sistema, podría decirse que su mayor legado epistemológico se centra en la proposición sobre la lógica dialéctica, entendida por él como el proceso por el cual la realidad refleja el espíritu infinito a través del cual se desarrolla el saber filosófico o «la idea», que se desenvuelve en tres momentos (Reale & Antiseri, 2010c, pp. 105, 107-108): 1) Tesis: Momento del ser «en sí». Facultad intelectiva que abstrae conceptos. Distingue, separa y define. 2) Antítesis: Momento del «ser otro» o «fuera de sí». Lado «negativamente racional» donde cada determinación del intelecto se invierte en la contraría. 3) Síntesis: Momento del «retorno a sí» o el «ser en sí y para sí». Lado «especulativo o positivamente racional» que capta lo positivo que surge de la disolución de los opuestos. capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 123 El caso es que, después de su desaparición física, los numerosos seguidores de Hegel se dividieron en dos grupos: «hegelianos de derecha», que continuaron su línea deísta, idealista y defensora del sistema establecido; y «hegelianos de izquierda», que se inclinaron hacia el ateísmo, el materialismo y la condena del sistema. De esta última rama emerge lo que después se llamaría genéricamente «marxismo». Karl Marx (1818-1883), quien le da nombre a la corriente, y su socio de toda la vida Friedrich Engels (1820-1895), crean el materialismo histórico, un tipo de filosofar que, incorporando la dialéctica hegeliana, pero interpretándola en sentido materialista, pretende aplicar sus categorías a la realidad concreta. En este sentido, Marx utilizó la dialéctica como método para interpretar la historia y la sociedad. Para él y para Engels la dialéctica es la ley de desarrollo de la realidad histórica, permite comprender el movimiento real y por tanto también el estado de cosas existente: su amanecer y su crepúsculo en el fluir del movimiento pasajero dentro de un esquema historicista acerca del origen, existencia, desarrollo y desaparición de organismos sociales que son sustituidos por otros nuevos a manera de negación de la negación, es decir tesis-antítesis-síntesis. Según Kopnin (1966): […] el materialismo dialéctico1 y el materialismo histórico no son dos ciencias filosóficas independientes (ni tampoco dos partes independientes de la filosofía), de las cuales una refleja las leyes generales de la naturaleza y la otra, las de la sociedad. Existe una sola ciencia, el materialismo dialéctico e histórico que da a conocer las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad, la naturaleza y el pensamiento humano. (p. 52) En este marco el ser y conocer de los hombres se halla sujeto a un determinismo social, pues «la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales» (Marx & Engels, 1974. p. 667). Las ideas jurídicas, morales, filosóficas, políticas, religiosas o artísticas de cada momento histórico, se sujetan a la 1 Ni Marx ni Engels utilizaron la expresión «materialismo dialéctico». El primero en hacerlo fue Gueorgui Plejanov (1856-1918) en un artículo acerca de Hegel en 1891 (Baron, 1976, p. 379). 124 william montgomery urday estructura económica —o modo como los hombres producen sus medios de vida— propia de una determinada formación social. Si se modifica dicha estructura, se producirá una variación correlativa en la superestructura ideológica. Los seres humanos no pueden elegir cómo pensar con plena consciencia independientemente de ese proceso, porque la forma social de los medios de producción y la superestructura ideológica heredadas de anteriores generaciones, los condicionan de diversos modos para que sus ideas se articulen como el reflejo o la justificación de aquella existencia. Según dicen en La Ideología Alemana (1848): El modo como los hombres producen sus medios de vida depende, ante todo, de la naturaleza misma de los medios de vida con que se encuentran y que se trata de reproducir. Este modo de producción no debe considerarse solamente en cuanto es la reproducción de la existencia física de los individuos. Es ya, más bien, un determinado modo de la actividad de estos individuos, un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo de vida de los mismos. Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con el modo cómo producen. Lo que los individuos son depende, por tanto, de las condiciones materiales de su producción. (Marx & Engels, 1974, pp. 19-20) Dicho estado de cosas, sin embargo, no es eterno. De acuerdo con su esquema historicista, en el momento en que los medios de producción y distribución sean socializados y la vida económica armónicamente planificada (etapa de revolución proletaria), se producirá una liberación de la consciencia que desatará por fin la verdadera potencialidad humana (Engels, 1983, pp. 448-449). Esta suerte de mesianismo histórico parece tener cierta vena positivista, aunque Marx en su correspondencia privada siempre manifestó su rechazo a ese tipo de filosofía, calificándola de «carroña» y de ser «muy pobre» (véanse Marx & Engels,1970; p. 122; 1971, p. 116, respectivamente), pese a tenerle cierto respeto a Comte como físico y matemático. Cabe la duda también de si el esquema historicista mesiánico podría encajar con el materialismo tal cual lo entendían Marx y Engels, teniendo en cuenta que su concepción de la sociedad socialista que vendría se basaba más en un convencimiento a priori que en un análisis de los mecanismos que emplearía capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 125 (Sabine, 2010, p. 569). En su (en vida) inédita Dialéctica de la naturaleza (ca.1873-1885), Engels —por influjo del positivismo, la teoría de la evolución y los avances de la ciencia2—, extendió al cosmos la interpretación de los procesos de desarrollo, sus nexos generales y pasos desde un campo de investigación hasta otro. En ella referencia a muchos personajes científicos de la época, calificando a algunos como «charlatanes» bajo influencia «espiritualista» que ignoran la dialéctica. Allí también declara (siguiendo a Hegel) que las leyes de la dialéctica son tres: 1) trueque de la cantidad en cualidad y viceversa; 2) penetración entre los contrarios; y 3) negación de la negación; pasando a fundamentarlas en términos naturalistas (Engels,1961, pp. 41 y ss.). Aunque el carácter del método dialéctico materialista queda establecido en los escritos clásicos de Marx y Engels —sobre todo del último—, como una gnoseología que concibe un mundo objetivo independiente del observador, sus propiedades epistemológicas serían tratadas con mayor abundancia por el marxismo del siglo XX. 1.2. Voluntarismo y existencialismo La rebelión contra la filosofía de la Ilustración se manifestó durante el siglo XIX principalmente a través de dos corrientes que enfatizaban las emociones, el significado vital, la individualidad y la libertad: el romanticismo y el existencialismo. Dado que estas clases de pensamiento fueron influyentes sobre teorías filosóficas y psicológicas posteriores, algunas en el propio siglo XIX, como la de Wundt, la psicoanalítica y la humanista; es importante su tratamiento. El voluntarismo constituyó la versión del romanticismo que desarrolló el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860). Como lo sostienen 2 El filósofo marxista español Manuel Sacristán (2020) se ocupa de esclarecer la cuestión de si Engels, en sus escritos filosóficos, «tergiversa» o «simplifica» de alguna manera a Marx, llevando su teoría hacia el positivismo. Así, llega a la conclusión de que, si bien es cierta esa inclinación engelsiana, nada hace pensar que Marx no estuviera al tanto, e inclusive, subordinado a la guía filosófica de su amigo, dada la división del trabajo que existía entre ellos: Marx lo económico, Engels lo filosófico. 126 william montgomery urday numerosas reseñas de su vida y obra, el núcleo principal de su pensamiento se formuló de manera temprana, abordando temas de teoría del conocimiento; metafísica, estética y ética, sistematizados en su libro El Mundo Como Voluntad y Representación (1819). En él, Schopenhauer (2013), en parte inspirado por Kant, argumenta que todo lo cognoscible se reduce a una relación inseparable objeto-sujeto, donde la representación depende de —y sólo existe para— el sujeto, de modo que hay que concluir que el mundo es representación de aquel. Esto supone, obviamente, que la capacidad humana de conocer estaría acotada por la percepción subjetiva y, por tanto, en función a la tendencia de las personas a interpretar el cosmos por medio de conceptos y categorías preestablecidas. Ergo: para él, el conocimiento objetivo es imposible: el mundo no es «la cosa en sí», sino un fenómeno para el sujeto, su única realidad cognoscible (en lo que discrepa de Kant). Solo se podría acceder a aquellas representaciones mentales derivadas de las percepciones sensoriales, y la mayor parte no estaría al alcance perceptivo, solo la consciencia como «la superficie [o corteza] de la mente» sin llegar al interior —lo cual hace decir a Hergenhahn (2011, p. 226) que Schopenhauer anticipó el concepto de «inconsciente». A fin de cuentas, en su inmediatez, «el mundo constituía un conjunto de representaciones condicionadas por las formas a priori de la conciencia, que son para Schopenhauer: el tiempo, el espacio y la causalidad» (Reale & Antiseri 2010c, p. 210). Asimismo, debido a que las representaciones son construidas mediante las afecciones del cuerpo, es imposible que hubiera un sujeto de la representación sin mediación de la corporalidad. El cuerpo es el punto de partida de la representación. […] todo el cuerpo no es sino la voluntad objetivada, es decir, convertida en representación […] la voluntad es el conocimiento a priori del cuerpo, y el cuerpo el conocimiento a posteriori de la voluntad […] El acto de voluntad y la acción del cuerpo no son dos estados distintos conocidos objetivamente y vinculados por el nexo de la causalidad, no se hallan en la relación de causa y efecto, sino que son una y la misma cosa, solo que dada de dos formas totalmente diferentes: de un lado, de forma totalmente inmediata y, de otro, en la intuición para el entendimiento. La acción del cuerpo no es más que el acto de voluntad objetivado, es decir, introducido en la intuición. (Schopenhauer, 2013, p. 120) capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 127 En este contexto la voluntad de vivir es el móvil motivador: una especie de fuerza sin propósito ni razón, pero que impulsa el ciclo de necesidades y sus respectivas satisfacciones. Sin embargo, la mayoría de las necesidades carece de satisfacción parcial o plena, por lo que, a pesar de la lucha humana constante en pos del fin ideal, jamás se alcanzaría el estado de felicidad deseado. Pese a todo, dichos problemas pueden amenguarse si el individuo recurre al ejercicio de actividades no relacionadas con las necesidades, como el arte o la filosofía, o bien deja de lado la búsqueda del placer para entregarse al ascetismo. En todas estas propuestas, Hergenhahn (2011) ve probables antecedentes de los conceptos de irracionalismo, sublimación y represión (o negación) psicoanalíticos. Como se dice al comienzo de esta sección, el romanticismo y el existencialismo fueron corrientes emparentadas. Hasta tal punto sucedió eso, que Hergenhahn (2011) señala de Nietzsche que «es descrito como romántico tanto como existencialista» (p. 237). Sea como fuere, de lo que no se puede dudar es del arraigo que su filosofía mantiene en el seno del irracionalismo, tal como la de Schopenhauer, de quien tomó sus primeras ideas. Las obras que publicó en vida fueron numerosas, por lo que aquí solo se mencionarán Así Habló Zaratustra (1883) y Más Allá del Bien y el Mal (1886). Póstumamente salió a luz La Voluntad de Poder (1904), editada por su hermana. En la cima del pensamiento nietzscheano maduro referente a la psicología, está su consideración de que la naturaleza humana puede ser de dos tipos: el apolíneo y el dionisíaco. El tipo apolíneo tiene que ver con la tendencia racional, reglamentada y disciplinada, mientras que el dionisíaco se refiere al predominio de la irracionalidad, la pasión y el impulso creador. Estos extremos, donde más fuerte es el segundo de ellos, requieren un factor que los atempere y equilibre; y aquí es donde entraba la voluntad de poder. Ella es definida por Nietzsche como «el motivo primitivo de fuerza del cual se derivan todos los demás motivos» (Sahakian, 2007, p. 122), por ser consustancial al fenómeno de la vida. Sin embargo, no se limita a la autopreservación, sino que supone deseo de superioridad, de apropiación y de ser más fuerte: «el hombre activo, agresivo y transgresor […] está cien grados más cerca de la justicia que el hombre reactivo» (ibid., p. 124). Quienes, utilizando esa voluntad de poder, lograran liberar su potencial dionisíaco (o sea colocarse más allá de la mediocridad moral circundante), sin destruirse a sí 128 william montgomery urday mismos, se convertirían en «superhombres», o sea aquellos que superan su naturaleza puramente animal (Nietzsche, 1933, p. 226 y ss.). Parte de la teoría de Alfred Adler tiene inspiración en esta clase de ideas. En este marco, la filosofía nietzscheana censura y cuestiona la posibilidad de un conocimiento objetivo: la verdad es una construcción humana basada en perspectivas individuales, y en experiencias, instintos y deseos nacidos de las necesidades de poder y dominación. 1.3. Positivismo y asociacionismo utilitarista La transformación de la vieja Europa gracias a la revolución industrial dejó sentir sus efectos en la mejora de la forma de vida de la gente, y esto aumentó la fe en la ciencia como una posibilidad muy real de llegar finalmente a la solución de todos los problemas humanos. Los espectaculares desarrollos en la física, las matemáticas, la termodinámica, la fisiología, la microbiología, la ingeniería, la economía y otras disciplinas, cimentaron aún más esa fe. En ese clima floreció un gran entusiasmo y certidumbre acerca de que el poder de la ciencia natural seguramente no debía tener límites, por lo que también podía aplicarse al análisis del ser humano y de su sociedad. La corriente que mejor expresó dicha esperanza fue el positivismo, una especie de mescolanza entre empirismo, materialismo, mecanicismo y fe en la racionalidad y efectividad científicas. El padre del positivismo fue el francés Augusto Comte (1798-1857), para quien, evocando la figura de Francis Bacon, hay dos grandes presupuestos teóricos: uno, la única forma de conocimiento posible es mediante la observación empírica; y dos, cualquier forma de ciencia, para ser válida, debería tener una utilidad práctica. Armado con esas ideas fuerza, Comte emprendió su cruzada en pos de edificar una escuela de pensamiento suficientemente fuerte como para transformar la humanidad. Aparte de predicar académicamente sobre ello, durante doce años trabajó de forma ardua en su Curso de Filosofía Positiva (1830-1842) —donde versa desde la exposición de aspectos sociohistóricos hasta matemáticos, físicos, químicos, astronómicos y fisiológicos—, granjeándole numerosas simpatías entre distinguidos intelectuales de su época que lo veían como un heredero de la tradición ilustrada (Geymonat, 2006). Dado que el interés principal capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 129 del sabio francés no es el individuo sino en tanto miembro de una comunidad, ofrece una introducción centrada en lo que llama «la marcha progresista del espíritu humano considerado en su conjunto» (Comte, 2004, p. 20), enunciada como una ley y organizada por él en tres estadios históricos supuestamente representativos de ciertas formas de conocimiento y pensamiento predominante en cada uno de ellos: el estadio teológico; el estadio metafísico y el estadio científico o positivo. Durante el estadio teológico la gente busca hurgar en el dominio de verdades absolutas y se guía por representaciones ligadas a la superstición: agentes sobrenaturales que explican toda ocurrencia. En el estadio metafísico dichos agentes sobrenaturales son sustituidos por ciertas esencias, ideas o fuerzas abstractas, que operan como suposiciones sobre la base de leyes desconocidas. Por último, en el estadio positivo la ingenua fe en explicaciones metafísicas de absolutos amengua, para dedicar sus esfuerzos a descubrir leyes que revelaran relaciones invariantes y su coordinación con otros fenómenos elucidados por las diferentes ciencias. Comte piensa que la etapa positiva ya ha llegado, pero se necesita que esta incursione por fin en el campo de los fenómenos sociales. Para ello nada es mejor que desarrollar una física social o sociología científica que encuentre leyes en base a las cuales se pueda prever y actuar sobre la naturaleza. Esta sociología tendría dos subdisciplinas: la estática social, encargada de analizar las condiciones de existencia comunes a toda sociedad de cualquier época (sociabilidad, núcleo familiar, división del trabajo; y la dinámica social, cuya competencia estudia las leyes de desarrollo de la sociedad en su conjunto (ley de los tres estadios). Por ejemplo, es claro que el estadio teológico feudal se regía por el poder militar y el estadio positivo es consustancial a la revolución industrial. En su conjunto, la jerarquía de ciencias positivas está concebida por Comte de acuerdo con su grado de generalidad y complejidad: la sociología es la principal, luego vienen la biología, la química, la física, y finalmente la astronomía como la más simple. Aparte de ellas, la matemática está en la base de todas las anteriores, y la psicología no es más que parte de la sociología y la biología. Hergenhahn (2011, p. 179) señala que, según Comte, el individuo debía ser estudiado mediante métodos frenológicos (recurrencia a la fisiología) y referentes a la conducta social (recurrencia a la sociología). 130 william montgomery urday Por otra parte, junto con Jeremy Bentham (1748-1832) y James Mill (1773-1836), el asociacionismo utilitarista de John Stuart Mill fue, probablemente, el más próximo sucesor del empirismo británico del siglo XVIII. Como tal, J. S. Mill cree que las sensaciones dejan ideas en la mente; que estas ideas presentadas en forma frecuente terminan asociándose por contigüidad; y que las ideas más presentes en el espíritu generan asociaciones más fuertes (Mill, 1917, pp. 857-858). No obstante, discrepa del carácter elemental de la concepción empirista clásica, a saber: que la suma de ideas simples compone ideas más complejas. Para él hay sumas de ideas que no se reducían a eso, sino que de su combinación pueden surgir contenidos diferentes sin salir del marco naturalista. A este efecto lo llama «química mental» por oposición a la «mecánica mental» de sus antecesores (Gondra, 1997, p. 74), porque se inspira en el funcionamiento de sustancias químicas que, cuando se combinan, producen cosas diferentes (como por ejemplo hidrógeno2 + oxígeno = agua). A esto le añade el utilitarismo de Bentham: una visión de la felicidad que involucra justificar la acción humana como la mejor, si ella se identifica con el propósito de producir el mayor bienestar al mayor número de personas en el más corto plazo, y de acuerdo con la capacidad de gozo que cada cual tenga. Solo discrepa de Bentham respecto a un aspecto cualitativo: qué tipo de bienestar sería el más deseable. Para Bentham todo lo que produjera placer está al mismo nivel, en cambio para Mill (1980, pp. 30-31) los placeres intelectuales son preferibles a los biológicos. La obra más sistemática de Mill, que lo convirtió en un filósofo de la ciencia de indispensable consulta en el siglo XIX, fue Sistema de Lógica Inductiva y Deductiva (1843), en la cual deja claro que el comportamiento humano (sus pensamientos, sentimientos y acciones), está al alcance de una investigación científica, aunque las leyes que lo rijan todavía no sean cabalmente conocidas. Pone de ejemplo a la Astronomía, que para entonces ya había logrado un aceptable nivel de exactitud a partir de comienzos inciertos similares. Más adelante, critica a quienes, especulando sobre la naturaleza humana: […] se contentan con admitir dogmáticamente que las diferencias psicológicas que notan o creen notar entre los hombres, son hechos primarios imposibles de explicar y modificar; les gusta más eso que darse la molestia necesaria para llegar, en virtud de un buen método, a relacionar estas diferencias mentales a capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 131 las causas exteriores que las producen en su mayor parte, y cuya supresión las haría también desaparecer. (Mill, 1917, p. 864) En esta línea, a pesar de sus múltiples intereses científicos, le da un lugar a la «ciencia de la naturaleza humana» que él juzga mejor complementada por la «etología» (de ethos, o carácter revelado a través de las actitudes y/o valores de un grupo cultural). En breve, desde su perspectiva la psicología sustentaría el origen de las leyes universales que rigen la mente humana (de hecho, consideraba la lógica como una parte de la psicología), y la etología definiría cómo es que dichas leyes contribuían a conformar los aspectos específicos en términos de caracteres individuales de acción y de consciencia. A este objetivo deberían estar dedicados los métodos de investigación científica. Estos métodos, llamados «del acuerdo», «de la diferencia» y «de la variación concomitante» deben aplicar la lógica inductiva. Como señala Goodwin (2009), tales procedimientos siguen teniendo gran influencia en la metodología de la investigación contemporánea. El método del acuerdo requiere el examen de un suceso con el objeto de encontrar el elemento en común. Por ejemplo, si se cree que una causa X en especial (digamos un gen ψ) produce un efecto Y (digamos una depresión), se tendría que estudiar una población de personas para determinar si todas muestran esa conexión, mas, aun así, no se podría demostrar con seguridad que «X→Y», ni que están correlacionados, sino solo que ocurren juntos, quizá por casualidad. El método de la diferencia indaga si a la ausencia de un efecto Y se sigue la de una causa X, lo que en este caso significaría buscar gente sin depresión que mostrara la conexión con el gen ψ, esperando no encontrar ningún ejemplar en dicha condición. Aquí tampoco se podría demostrar concluyentemente la causalidad. Combinar ambos métodos sí permitiría detectar tentativamente una causa, en la medida en que se combinan los métodos anteriores: si se identifica que cada sujeto con el gen ψ sufre de una depresión, y que otros sujetos sin el dicho gen ψ no, entonces podría concluirse que el gen ψ es necesario para que aparezca la depresión en la población estudiada. Goodwin (2009) apunta que este último método es similar al método experimental de la ciencia moderna, pues utiliza conjuntamente un grupo experimental (método del acuerdo) y un grupo de control (método de la diferencia). Finalmente, El método de la variación concomitante supone ver si los cambios en X van asociados a otros en Y, lo que recuerda el método correlacional moderno. 132 william montgomery urday 1.4. Asociacionismo evolutivo y empiriocriticismo En medio de este panorama irrumpe la influencia del evolucionismo. Ya desde el primer tramo del siglo XIX, un naturalista francés experto en zoología llamado Jean Lamarck (1744-1829) había adelantado la tesis de que las características adquiridas por los organismos animales y vegetales durante su existencia en respuesta a exigencias ambientales eran heredadas a sus descendientes, produciendo variaciones estructurales en sus especies a lo largo del tiempo. A una distancia de pocas décadas en el futuro, dos científicos igualmente interesados en la evolución como Charles Darwin (1809-1882) y Alfred R. Wallace (1825-1913), también harían conocer sus investigaciones al respecto. Más que nada por motivo de consideración hacia la dedicación de Darwin (que retrasó largo tiempo dar a luz sus datos por temor a la reacción religiosa), y gracias a la pronta publicación de su libro El Origen de las Especies (1859), seguido de otros con similar temática; el mérito se le adjudicó casi exclusivamente (Gutiérrez, et al., 2011, pp. 34-35). Sea como fuere, el hecho es que la teoría de la evolución revolucionó el campo científico de la misma forma en que Copérnico y Newton lo habían hecho siglos atrás con sus respectivas teorías. La idea principal añadida por Darwin a lo ya dicho por Lamarck es la de la lucha por la supervivencia, que atribuye a las diferencias individuales entre los ejemplares de una misma especie: algunas de ellas son más adecuadas para sobrevivir que otras, equipando a los ejemplares mejor dotados de una mayor capacidad de adaptación a las dificultades y cambios del ambiente, que, a su vez, pasarían a sus descendientes en un proceso interminable. Y la evolución humana no es la excepción. El filósofo autodidacta inglés Herbert Spencer (1820-1903), de orientación general positivista, ya había abordado el tema de la evolución algunos años antes que Darwin, y lo continuó aplicando a la extensa disquisición spenceriana, por lo que su teoría particular podría llamarse «asociacionismo evolucionista»3. En ella, Spencer (1905) defiende que el batallar filosófico tiene la misión última de sintetizar en un conjunto unificado de principios 3 De hecho, fue quien introdujo por vez primera el término «evolución» en la terminología filosófico-científica, siendo seguido por Darwin (Reale & Antiseri, 2010c, p. 301). capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 133 el conocimiento generado por las verdades científicas (Los Primeros Principios, 1862)4, siendo el principal de ellos la redistribución continua y perpetua de la materia y de la dispersión del movimiento, que considera la ley de la evolución. Esta, en sí misma, ofrece tres manifestaciones significativas explícitas tanto en la biología como en la sociedad: 1) todo devenir funciona desde un cambio de la forma menos coherente de un fenómeno hasta su forma más coherente; 2) en dicho devenir también se da el paso desde lo homogéneo (forma original, más o menos indiferenciada) hasta lo heterogéneo (crecimiento y diferenciación de características); y 3) el desarrollo evolutivo implica igualmente que lo indefínido (sin correlatos funcionales) deviene hasta lo definido (tareas y funciones claramente especificadas). Estas argumentaciones son válidas incluso para la ética. En el tomo I de Los Principios de la Ética (1879), Spencer declara: «la conducta a la que damos el nombre de buena es la conducta relativamente más evolucionada, y … mala es el calificativo que damos a la conducta relativamente menos evolucionada» (Cit. por Sahakian, 2007, p. 215). Spencer extiende su doctrina asociacionista-evolucionista a la mente humana en su obra Principios de Psicología (1855), sobre la base del principio de contigüidad, sosteniendo que el sistema nervioso se diferenció y complejizó en el curso de millones de años, permitiendo el crecimiento de la cantidad de asociaciones que hicieron surgir la inteligencia. Dice, en base a su principio de homogeneidad, que: «Bajo su aspecto más general... toda acción mental puede definirse como la continua diferenciación e integración de estados de conciencia» (Cit por Smith, 1981, p. 119). A su vez, el razonamiento inteligente consiste en establecer relaciones mentales (el orden interno) en correspondencia con relaciones objetivas (el orden externo), generando creencias justificadas (Spencer, 2006). Ello a pesar de aceptar, como Hume, que básicamente la realidad es incognoscible, siendo indisoluble el nexo entre sujeto y objeto. También anticipa el conexionismo de Thordnike y la conducta operante de Skinner (véase Hergenhahn, 2011, p. 307), al afirmar que la persistencia 4 Reale & Antiseri (2010c) acotan: «Según Spencer, tales principios eran: la indestructibilidad de la materia, la continuidad del movimiento y la persistencia de la fuerza. Los principios de esta clase no son algo exclusivo de una sola ciencia, puesto que interesan a todas» (p. 299). 134 william montgomery urday de ciertos comportamientos está vinculada a la probabilidad de que estos condujeran a la supervivencia o a sentimientos gratos, en tanto que la no persistencia tiene que ver con lo contrario. Otra versión del positivismo vigente a fines del siglo XIX fue la del empiriocriticismo del físico austríaco Ernst Mach (1838-1916). Como Spencer, aunque más radicalmente, también sostiene que la conexión entre sujeto y objeto es indisoluble, y, por lo tanto, todas las cosas son complejos de sensaciones, constituyendo estas el objeto de estudio de las ciencias naturales. La ambición fundamental de Mach es que la física y la psicología sean «ramas metodológicamente, aunque no ontológicamente, diferentes del mismo tronco común: la psicofisiología de los sentidos» (Moulines, 2011, p. 22). Las sensaciones son formas de adaptación del organismo al medio, y se componen de las conexiones existentes entre diferentes elementos que cada ciencia puede analizar a su modo sin dejar de reconocer su identidad como un solo fenómeno. Por ejemplo, las relaciones entre el calor y la llama le corresponden a la física; mientras que las relaciones entre los nervios que los registraban pertenecen a la fisiología. Como lo declara en su libro El Análisis de las Sensaciones y de la Relación Entre lo Físico y lo Psíquico (1900), el mundo no está hecho de fuerzas misteriosas (metafísicas) que interactúan con otra fuerza misteriosa llamada «yo» (Reale & Antiseri, 2010c, p. 365). Una forma común y vulgar de pensar y hablar es contrastando la «apariencia» con la «realidad». Un lápiz sosteniéndose ante nosotros en el aire lo vemos como recto; lo sumergimos en el agua y lo vemos torcido. En el último caso decimos que el lápiz parece torcido, pero en realidad está recto. Ahora bien, ¿qué nos autoriza a aseverar que un hecho —más que otro— constituye la realidad y degradar el otro al nivel de la apariencia? En ambos casos hemos de enfrentarnos a hechos que se nos presentan con diversas combinaciones de elementos, las cuales están determinadas de modo distinto en los dos casos. (Mach, 1886: Cit. por Ferrandíz, et al., 2011, p. 192) En estas condiciones, la materia o substancia es solo una conexión regular de los elementos expresada en sensaciones, esto es lo único analizable, por ello la introspección dirigida a ellas es el método esencial para alcanzar el conocimiento. capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 135 1.5. El pragmatismo Fundada por el filósofo y lógico estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914), la epistemología del pragmatismo sostiene que el conocimiento está relacionado con la acción y la experiencia práctica. El origen del término puede encontrarse en «la noción de creencia pragmática [que] procede de la Crítica de la Razón Pura de Kant […] quien habló de unas creencias que no eran ciertas y, sin embargo, jugaban un papel importante en la vida diaria» (Gondra, 1997, p. 348). El tópico fundamental de su pensamiento es que el canon para juzgar la «verdad» de los enunciados sobre el mundo, de la corrección de los actos y del valor de los pareceres, pasa por su eficacia en la consecuencia práctica. Cuando las personas buscan estados de calma y de satisfacción, utilizan creencias que, traduciéndose en hábitos, facilitan la toma de cursos de acción. Es la efectividad y la utilidad de las creencias en la práctica la que define, después de su prueba, el papel del conocimiento. Se ha dicho que: «El pragmatismo es la forma que asumió el empirismo tradicional al otro lado del Atlántico» (Reale & Antiseri, 2010c, p. 433), aludiendo el parecido con las tesis empiristas de proceso de acumulación progresiva de los datos sensibles pasados o presentes, y su organización; pero la diferencia es que, para el pragmatismo, la experiencia es evidencia tentativa —es decir, operando sobre la base de información plausible— de los hechos en función a lo que se quiere hacer en el futuro. La falibilidad es una propiedad de su enfoque, reconociendo que toda creencia puede ser revisada y corregida en contratación a las condiciones cambiantes del entorno. Otra diferencia es que Peirce no rechaza las cuestiones metafísicas, sino que las incorpora a su «deseo genuino de descubrir la verdad» (Haack, 2001, p. 22). Igualmente, puede acotarse que en la idea de Peirce (2008). el pragmatismo es inicialmente una teoría del significado en relación con su aplicación contextualmente vinculada a resultados patentes. […] por las «consecuencias prácticas» de la aceptación de una idea o una postulación, Peirce entiende las consecuencias de la práctica experimental —efectos experimentales o resultados observacionales—, de manera que el signifi- 136 william montgomery urday cado de una proposición está para él determinado por el criterio esencialmente positivista de sus consecuencias observables. (Rescher, 2008, p. 935)5 De allí que, en este marco, la investigación científica utilice la observación, la experimentación y el razonamiento lógico para certificar sus hallazgos. En un ensayo denominado La Fijación de la Creencia (1877), Peirce descarta tres métodos según él inadecuados para establecerla: 1) el método de la tenacidad, que se basa en el aferramiento ciego a creencias; 2) el método de la autoridad supone la sumisión ante poderes constituidos que imponen conformidad; y 3) el método del a priori se funda en adoptar creencias que sean agradables a la razón metafísica (Haack, 2001). Entonces, solo queda el método de las ciencias naturales como garantía de obtención de validez. Este método, según Peirce, contiene tres formas de razonamiento: la deducción razona mediante premisas y conclusiones coherentes, y la inducción se fija en que, si algunos elementos de una clase exhiben ciertas propiedades, cabe esperar que todos los demás también las exhiban. Pero para explicar completamente los hechos se requiere la abducción, cuyo esquema es el siguiente (Reale & Antiseri, 2010c, p. 435): 1. Es observado C, que es un hecho sorprendente. 2. Empero, si fuese verdad A, entonces C sería natural. 3. Por lo tanto, hay motivo para sospechar que A es verdad. El procedimiento abductivo implica, entonces, vincular la deducción con la inducción, construyendo una hipótesis a través de la cual se deduzcan consecuencias y luego examinarlas inductivamente (de modo experimental); con la seguridad de que, en cualquier caso, el conocimiento que se derive de dichas acciones será falible y temporal. 5 Es por ello interesante la opinión de un semiótico destacado, como Morris (1985), acerca del trabajo de Peirce, «cuyo trabajo no tiene parangón en la historia de la semiótica, llegó a la conclusión de que, en último término, el interpretante de un símbolo ha de buscarse en un hábito y no en la reacción fisiológica inmediata que el vehículo sígnico evocó o en las imágenes o emociones concomitantes, una doctrina que allanó el camino al énfasis actual en las reglas de uso» (p. 69). capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 137 El otro teórico importante del pragmatismo es William James (1842– 1910), que, a pesar de reconocerse como seguidor de Peirce en estos asuntos, aborda las cosas de una manera tan simplificada que el mismo Peirce, deseando distanciarse de semejante vulgarización de su epistemología, decide renombrarla como «pragmaticismo»6. James (1984) amplifica el factor «utilidad» y lo eleva a la categoría de «piedra de toque» de la doctrina de verificación del conocimiento (concepción instrumental de la verdad). ¿Cuál es en términos de experiencia, el valor efectivo de la verdad? En el momento en que el pragmatismo pregunta esta cuestión comprende la respuesta: Ideas verdaderas son las que podemos asimilar, hacer válidas, corroborar y verificar; ideas falsas son las que no (p. 165). Pero ¿Cuál es el significado pragmático de las palabras verificación y validación? (p. 166) […] el pragmatismo obtiene su noción general de la verdad como algo esencialmente ligado con el modo en que un momento de nuestra experiencia puede conducirnos hacia otros momentos a los que vale la pena de ser conducidos. (p. 168) Según Gondra (1997), este tipo de interpretación acerca de la verdad pragmática se produjo porque James «deseaba justificar la metafísica y la religión, puestas en entredicho por el positivismo científico» (p. 350). Además de ello, había mucho de voluntarismo en la visión que James tenía de las cosas. Se cuenta, por ejemplo, que un día escribió en su diario: «Mi primer acto de libre albedrío será creer en el libre albedrío» (Cit. por Miller, 1989, p. XIV). El caso es su enfoque se convirtió en la versión más popular e influyente del pragmatismo, pese a las críticas que semejante idea suele acarrear. Como filósofo, James tuvo una especie de conversión en su última etapa de vida al radicalizar su concepción anticartesiana, optando por tesis cercanas al empiriocriticismo. El mismo califica de «empirismo radical» dicha orientación, caracterizada por sostener la unidad de conocedor y objeto conocido. Abandonó, pues, su inicial inclinación por definir la consciencia como un 6 «[…] este escritor, al encontrar su criatura del «pragmatismo» así promovida, siente que es hora de dar a su hijo un beso de despedida y de renunciar a su más elevado destino, mientras que para servir al propósito preciso de expresar la definición original tiene el gusto de anunciar el nacimiento de la palabra «pragmaticismo», que es lo suficientemente fea para estar a salvo de secuestradores» (Peirce, 2008, p. 36). william montgomery urday 138 torrente que fluye, distinguiendo los pensamientos de sus contenidos; sustituyéndola por la observación de que, como cita Balbi (2004, p. 72) «es una función de la experiencia en que se efectúan los pensamientos». 2. DE LA PSICOLOGÍA FILOSOFICA A LA PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL 2.1. El siglo XIX El siglo XIX en especial se considera canónicamente como el del surgimiento de la psicología científica, en particular, en la avanzada Alemania. Por cierto, casi todos los fisiólogos experimentales (incluyendo los psicofísicos) mencionados en los siguientes parágrafos eran alemanes, lo que da una idea del desarrollo de la ciencia experimental en aquella región del continente europeo7. Prosiguiendo, la narrativa oficial de las instituciones psicológicas les da a los psicofísicos el aval de haber sido los fundadores de la psicología científica, instituyendo la mente como su objeto de estudio; mas, como dice Balbi (2004): Quizá la elección de ese hecho [la creación del laboratorio de Leipzig] como fundante de la psicología científica sea producto de la difundida tendencia a considerar científico todo lo que provenga de pruebas empíricas por sobre cualquier tipo de especulación teórica, por más elaborada que esta resulte. (p. 24) La observación de Balbi va en el sentido de suponer que hay una división entre un pensamiento que privilegia los datos «duros» y otro pensamiento que prefiere la interpretación. Desde una óptica complementaria, algunos, como C. P. Snow, ven a este respecto un marcado contraste entre dos culturas que ha signado el desarrollo desigual del quehacer epistemológico: 7 «Alemania ofrecía el medio para la aparición de la psicología. Su clima variado intelectualmente era el más estimulante de Europa. La casa de los Hohenzollern acababa de unificar al país y la tradición prusiana de apoyo a las universidades se extendió a todo el imperio. En todos los campos de la ciencia, la filosofía y la literatura, los intelectuales alemanes se hicieron del reconocimiento internacional» (Brennan, 1999, p. 165). capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 139 la ciencia por un lado y las humanidades por otro (Glock, 2012, p. 98); pero Reed (2008) señala que con el transcurso del tiempo la separación de las historias de la ciencia y de otras formas de conocer el mundo puede haber conducido a una explicación insuficiente sobre los avances de la ciencia y la cultura. Por ejemplo, corrientemente se dice que los filósofos y literatos románticos se opusieron a la ciencia porque estaban fascinados con el alma, pero a través del estudio pormenorizado de sus impresiones queda claro que lo que rechazaban eran las condiciones económicas y sociales que venían con la industrialización, no la ciencia misma. Algo más: para Reed (2008, pp. 219-220) los científicos de la época estaban igualmente fascinados que los románticos por la idea del alma, pero las políticas institucionales los presionaban para reemplazarla con una ciencia de la mente, así que optaron por desconectar la mente del cuerpo manteniéndola en el plano no extensivo. En opinión de Hatfield (1995), la psicología como disciplina naturalista, y, por consiguiente, científica de pleno derecho, no fue un invento de los siglos XVIII y XIX, sino una reconstitución. Según se ha visto en anterior capítulo, la psicología aristotélica del alma ya estaba planteada como ciencia natural. El alma era la forma de un cuerpo natural que tiene la vida en potencia y no puede existir separada del cuerpo, era la unidad substancial que concentraba funciones vitales, sensoriales y racionales. Los filósofos árabes de la Edad Media también lo consideraron así, pero al no acudir al experimento como base de comprobación, el juicio de la historia no les dio el crédito de ciencia. Los Padres de la Iglesia modificaron el patrón de razonamiento instituyendo el dualismo teológico, y la culminación de ese pensamiento se dio con Descartes y sus sucesores, quienes sustituyeron las viejas metáforas religiosas animistas por nuevas metáforas extraídas del incipiente maquinismo industrial (Alcaráz, 2004). Sobre esa base floreció la psicología empírica en Alemania a finales del siglo XVIII, con abundante respaldo académico. Ayudó el conocimiento del desarrollo de ciencias como la matemática, la fisiología y la física. El único problema era que los cultores de la psicología empírica seguían siendo dualistas (incluso los materialistas de la escuela rusa), al tener la pretensión de incluir la mente y sus fenómenos dentro de la naturaleza. Creían que, a través de los datos provenientes 140 william montgomery urday de las disciplinas mencionadas, podrían naturalizar a la psicología como ciencia8, pero, viéndolo desde la mirada crítica de Kantor (2012), lo que consiguieron fue transformar la tradición alma-cuerpo en mente-cuerpo. Y es que: El desarrollo de la psicología había hecho posible ocuparse de organismos, en vez de dedicarse exclusivamente al culto de teorías biológicas que daban fundamento a espurios estados mentales. Y, sin embargo, los fisiólogos estaban dominados por la filosofía de su tiempo y creyeron que estaban realizando algo muy diferente de lo que en realidad estaban haciendo. (p. 515) En semejante orden, la mente incluía a la consciencia y los procesos mentales, y el cuerpo al cerebro y al sistema nervioso. El organismo se consideró, así, como una estructura anatómica y fisiológica unida a una mente que lo gobernaba. De todas maneras, era un avance ocuparse del organismo como antaño había sugerido Aristóteles, aunque esta vez lo hicieran sin su connotación hilemorfista original. 2.2. Algunas influencias científicas en el siglo XIX Como se ha dicho, durante el siglo de la revolución industrial hubo un ambiente extremadamente favorable para el cultivo de la ciencia. Las disciplinas matemáticas, la física, la biología y las ciencias sociales e históricas, así como las subdisciplinas amparadas en sus dominios (por ejemplo, la química, la embriología, la bacteriología, la inmunología, la anatomía, la óptica, la acústica, el electromagnetismo, etc.), así como sus resultados técnicos; experimentaron una expansión extraordinaria repercutiendo en el desarrollo de sus pares, entre ellos la filosofía y la psicología. La conexión entre ciencia y sociedad se magnificó, y gracias en gran parte a este contexto es que se viabilizó el pasaje de una filosofía psicológica a la psicología. 8 Cuando se fundó la American Psychological Association (APA) en 1892, su objetivo principal fue «promover la psicología como ciencia» (Hergenhahn, 2011, p. 691). capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 141 Las matemáticas avanzaron con el sistema de los números reales y consiguientemente el cálculo infinitesimal, el tratamiento de los fundamentos de la aritmética para relacionarla con la lógica, la formulación de la teoría de las ecuaciones algebraicas, el desarrollo de la silogística, la lógica simbólica, las geometrías no euclidianas (merced al sacrificado trabajo de Karl Friedrich Gauss [1777-1855]) y otras aportaciones; coadyuvaron a la mejora del método científico eliminando los poderes de la intuición y la interpretación de axiomas como dogmas evidentes, para relativizar los fundamentos en favor de un manejo más coherente y racional. Asimismo, la biología revolucionó las bases de la hermenéutica sobre el origen del hombre al irrumpir la teoría de la evolución. Antes de ese hallazgo, el creacionismo era la norma. Las leyes de Lamarck, reflejando que las circunstancias ambientales influyentes van configurando progresivamente las características morfológicas e intraorgánicas de las partes de los anímales, que cambian de manera adaptativa en base a caracteres adquiridos por herencia; conmocionaron el escenario científico, siendo confirmados después por Charles Darwin y Alfred Wallace, así como por una multitud de datos generados a través de la anatomía comparada, la paleontología y otras disciplinas ligadas. Igualmente, en torno al problema de si la vida es una realidad distinta de los demás fenómenos de la naturaleza y está unida al tema de la finalidad (vitalismo) o depende de estructuras fisicoquímicas autorreguladas (materialismo), la respuesta de la ciencia biológica permitió inclinarse hacia la segunda alternativa. La física, sobre todo en sus modalidades de la mecánica, la óptica, la acústica y la electrología, hizo también grandes contribuciones. La mecánica clásica vio nacer la física matemática, el principio de la conservación de la energía y la termodinámica; y en sus relaciones con otras ciencias impulsó los estudios biomédicos, en especial de la fisiología. El rígido determinismo de los inicios de la mecánica, representado por Pierre-Simon Laplace (17491827) (D´Alessandro, et al., 2015), fue dejando lugar, gracias al estudio de las transformaciones energéticas (según los principios de la termodinámica) y la consiguiente entropía9, a una concepción alejada de la mecánica 9 «magnitud que expresa el desorden que en un sistema cerrado crece con cada transformación, de un modo irreversible» (Reale & Antiseri, 2010c, p. 345). Ver también una definición más técnica en Mosterín & Torretti (2002). 142 william montgomery urday newtoniana. Esto fue complementado por los ulteriores progresos de la electrodinámica y del electromagnetismo. Las ciencias histórico-sociales extendieron notablemente su capacidad. Wilhelm von Humboldt (1767-1835), creador de la lingüística moderna, ligó las palabras al pensamiento de una manera más amplia que simplemente sonidos y signos para representar una realidad, constituyendo enfoques del mundo; favoreciendo el desarrollo de la gramática comparada. La sociología también experimentó un crecimiento bajo la batuta de Émile Durkheim (1855-1917), quien delimita su ámbito de estudio y especifica las reglas de su método. Para él, el «hecho social» designa todo fenómeno desarrollado al interior de la sociedad, pero dado que en ese sentido cualquier cosa que haga el ser humano es social, propone distinguirlo del hecho psíquico del individuo singular haciendo la puntualización de que, en el caso del hecho social propio de la sociología, hay una coacción que aquel ejerce externamente al individuo, determinándolo y transformándolo (Durkheim, 2001). Esta disciplina se vio potenciada por la labor del filósofo y sociólogo alemán Wilhelm Dilthey (1833-1911) acerca de la delimitación de ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu. De acuerdo con su perspectiva antipositivista (Dilthey, 1949), las ciencias de la naturaleza tratan con fenómenos externos al hombre, en tanto que las del espíritu se fijan en las relaciones interindividuales, donde la observación interna o experiencia fenomenológica es lo importante. Las categorías utilizadas por las ciencias del espíritu (significado, finalidad, valor, libertad, entre otras) son subjetivas. Consecuente con esto, Dilthey escribió Ideas Para una Psicología Descriptiva y Analítica (1894) donde afirma que el hombre es un ser histórico y abunda sobre el estudio de la experiencia interna y sus cualidades de revivir y reproducir vivencias. Otro gran filósofo germano, el neokantiano Wilhelm Windelband (1848 -1915), discrepa de la clasificación de ciencias de Dilthey prefiriendo nombrarlas ciencias nomotéticas —ocupadas de hallar y sistematizar las leyes generales que rigen todos los fenómenos— y ciencias idiográficas —ocupadas de comprender lo singular en cada elemento (Windelband, 1949). Así, cada una de ellas utiliza una forma diferente de estudio, lo que incluye métodos y herramientas particulares. capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 143 2.3. La fisiología experimental y sus correlatos epistemológicos Los temas más relevantes en el campo fisiológico para ventilar los problemas de la naciente psicología en aquella época comenzaron a tratarse desde el siglo XVIII con el trabajo del médico escocés Robert Whytt (1714-1776), quien, en su obra Los Movimientos Vitales y los Involuntarios en los Animales (1751), detalla sus experimentos sobre la mediación de la medula espinal referente a la acción refleja. En síntesis, Whytt descubrió que ciertos movimientos están controlados por la voluntad, siempre y cuando el cerebro esté intacto10. Otros movimientos, en cambio, son reflejos controlados por la medula espinal. Sin embargo, los movimientos voluntarios una vez practicados y estandarizados por el hábito de uso, se vuelven tan automáticos como los reflejos. Asimismo, «una de las consecuencias de la formación de hábitos era que en ocasiones bastaba la simple idea de un estímulo para generar una respuesta», lo que, evidentemente, constituyó el descubrimiento de los reflejos condicionados antes de Pávlov (Goodwin, 2009, p. 61). Era un punto a favor del materialismo asociacionista. Otro hito de desarrollo, ya en pleno siglo XIX, estuvo a cargo de lo enunciado por la Ley de Bell-Magendie, según la cual la sensación es controlada por las raíces posteriores de la médula espinal, en tanto que las funciones motoras son controladas por las raíces anteriores. Esta división ya había sido anticipada, pero no probada, por Descartes, quien «atribuyó los movimientos corpóreos a la undulatio reflexa de los espíritus animales que descendían hacia los músculos por los mismos nervios por los que la impresión sensorial llegaba a los ventrículos cerebrales» (Gondra, 1997, p. 83). Después de la probanza, «ya no fue posible pensar que los nervios eran transportadores generales de vibraciones o espíritus» (Hergenhahn, 2011, p. 245), siendo otro punto a favor del materialismo. Bell también descubrió, por su cuenta, que diferentes nervios sensoriales producen sensaciones dis10 Ya antes el asociacionista David Hartley (1705-1757), médico inglés, había anticipado que «la perfección de nuestras facultades mentales depende de la perfección de su sustancia (sustancia medular blanca del cerebro); que todas las lesiones en ella afectan de forma proporcional a la preparación de las ideas; y que no pueden ser restauradas en su curso natural hasta que tales lesiones sean reparadas» (Cit. por Hothersall, 1997, p. 66). 144 william montgomery urday tintas; así, al estimular, por ejemplo, cierta zona de las papilas gustativas, se provocaba la sensación de «sabor metálico», y al estimular otra zona lo que se sentía era un «piquete agudo». Cosas similares podían encontrarse, con sus propias características, en la estimulación de ondas luminosas sobre el globo ocular, y así en cada uno de los sentidos (Goodwin, 2009, p. 63). La Ley de Bell-Magendie inspiró al fisiólogo alemán Johannes Müller (18011858) a ampliarla, formulando la doctrina de las energías nerviosas específicas. En breve, la ampliación consiste en que, usando los descubrimientos de Bell acerca de las diferentes clases de nervios sensoriales, se percató de que, sin importar el tipo de estimulación que lo afecte, cada nervio responde de modo particular, lo que hace concluir que la percepción humana del mundo circundante se haya filtrada por las condiciones del sistema nervioso. Las personas son conscientes de las sensaciones recibidas, no de su realidad material, no obstante, la objetividad de lo que se percibe está garantizada por la adecuación de las funciones de cada órgano sensorial a determinados estímulos. «Por ejemplo —dice Gondra (1997) siguiendo a Müller—, en circunstancias normales el ojo responde a los estímulos luminosos y no a la estimulación mecánica o a los olores. El oído responde a las ondas sónicas, la piel a la presión, etc.» (p. 85). Esta vez, un punto para la filosofía kantiana. Otro médico alemán, interesado por la fisiología y la física y ex-alumno de J. Müller, Hermann Von Helmholtz (1821-1894), con brillantes aportes conceptuales e instrumentales a la fisiología y a la acústica y óptica fisiológicas, y, de paso, a la filosofía y a la psicología. Helmholtz, un materialista mecanicista convencido, se reveló contra el dogma de que la vida no podía ser explicada por los procesos físicos y químicos que la articulaban sino por la unidad del organismo en torno a un principio vital. A esta doctrina se le llamó «vitalismo», cuyos orígenes se hallan en la filosofía platónica del alma (el propio Müller era vitalista). Dos temas, uno de ciencia física y otro de fisiología, que le dieron la oportunidad de refutar al vitalismo fueron, por un lado, la formulación de la Ley de Conservación de la Energía, y, por otro, el de la medición de la rapidez de los impulsos nerviosos. La Ley de Conservación de la Energía implica que, aun cuando un sistema cambie, la energía total dentro de él se conserva intacta. capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 145 Para Helmholtz, el principio era un arma importante en la lucha contra el vitalismo. Por lo tanto, sostenía que el calor corporal y la fuerza muscular se explicaban en función de la energía química acumulada durante el proceso de oxidación que acompaña a la digestión —no había necesidad de proponer una fuerza especial que creara su propia energía. (Goodwin, 2009, p. 65) En cuanto a medir la velocidad de los impulsos nerviosos Helmholtz, basado en el mecanismo de que cuando un nervio es estimulado eléctricamente se contrae, pensó que la demora entre dicha estimulación y la respuesta del músculo es el tiempo que tarda el impulso eléctrico para viajar por toda la longitud del nervio. Para su medición utilizó un aparato de su invención, el miógrafo, a fin de registrar contracciones musculares sobre un tambor giratorio. De esa manera conseguía registrar la latencia, la duración y la naturaleza de la contracción, y consecuentemente, calcular la velocidad del impulso nervioso haciendo una operación matemática muy simple: dividir la distancia recorrida entre el tiempo transcurrido. Esta investigación la arregló para llevarla a cabo con sujetos humanos, consiguiendo más evidencia acerca de que los organismos vivos respondían al influjo de entidades materiales propias de su funcionamiento fisiológico. Helmholtz también incursionó en el estudio perceptivo cuando, con motivo de sus investigaciones sobre visión y audición, se dio cuenta de que las estructuras fisiológicas que las posibilitan resultan poco funcionales para una captación perfecta de exterior. Entonces, tras preguntarse cómo se explica que sean tan eficaces, llegó a la conclusión de que es la experiencia combinada con la sensorialidad disponible la que dota de significado a lo percibido. En base a esa combinación, concluyó, los sentidos adquieren la capacidad adaptativa de ubicar correctamente imágenes y sonidos (el espacio, las distancias, los colores, los tamaños, los tonos, etc.). Sin duda, otro punto para Kant, aunque solo parcialmente, porque como apunta Hergenhahn (2011, p. 250), el empirista Helmholtz no juzgaba que las facultades mentales innatas fueran las responsables de la transformación de una sensación en percepción, sino la conformación previa de la experiencia. Por otro lado, de acuerdo con Reed (1989), se sabe que Helmholtz se basó en gran medida en la Lógica de J. S. Mill para formular su doctrina de la percepción. 146 william montgomery urday Durante el siglo XIX se suscitó la curiosidad científica por encontrar la localización de los procesos cerebrales. La primera teoría en ocuparse de eso fue la frenología, formulada por el médico austríaco Franz Joseph Gall (1750-1828), que, aunque partió de una hipótesis correcta, como era postular que el desarrollo de la corteza cerebral tiene que ver con ciertas funciones psicológicas, cometió varios errores. El primer error de esta teoría fue considerar que cada región del cerebro estaba asociada con una determinada facultad, y el segundo fue atribuir las diferencias en las facultades humanas a las protuberancias y depresiones del cráneo que cada uno tiene. Aunque fue muy popular y aceptada en gran parte del siglo, terminó desacreditada. Años después el fisiólogo francés Pierre Flourens (1794-1867) y otros refutaron concluyentemente la frenología, y actualmente se le moteja de pseudociencia. Casi al ingresar al siglo XX la tecnología permitió perfeccionar las investigaciones sobre el cerebro y los reflejos espinales, formulándose la teoría de las neuronas, o células nerviosas que, ramificándose y conectándose entre sí, constituyen las unidades fundamentales del sistema nervioso. El italiano Camillo Golgi (1844-1926), el español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) y el inglés Charles Sherrington (1857-1952), siempre provenientes de la medicina, serían los pioneros e impulsores de este desarrollo (véase para más detalles Historia de la Neurociencia de Blanco, 2014). También merece atención la escuela rusa encabezada por el fisiólogo Iván Mijáilovich Sechenov (1829-1905), quien fue alumno de Helmholtz y simpatizante de los enfoques asociacionista y evolucionista de Spencer y Darwin. Publicó el libro Los Reflejos Cerebrales (1863), donde sostiene que toda la conducta está compuesta de reflejos dependientes de la energía de estimulación sensorial y de los mecanismos cerebrales inhibitorios y excitatorios. Sin esa energía de entrada, el pensamiento y la consciencia son inconcebibles (Sechenov, 1972). A fin de sustentar esta tesis de base fisiológica para explicar de manera materialista los procesos mentales, el sabio ruso efectuó una serie de experimentos con ranas, estimulando zonas cerebrales que comprobó inhibían la respuesta refleja, comprobando así que existen mecanismos de acción voluntaria que pueden afectar actos involuntarios. Estos mecanismos dotan a los organismos de capacidades intensificadas por la experiencia previa para suprimir o retrasar semejantes actos. Tanto Iván Petróvich Pávlov (18491936) como Vladimir Mijáilovich Bechterev (1857-1927), fueron sucesores capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 147 de Sechenov, aunque no llegaron a ser sus discípulos directos. No obstante, mantuvieron ideas e intereses básicamente similares a las de aquél. Pese a que los trabajos más conocidos de Pávlov y de Bechterev fueron parte del siglo XX, ya tenían sus planteamientos centrales formados a alturas de fines del siglo XIX, de modo que no resulta inapropiado reseñar aquí brevemente lo que aportaron. En el caso de Pávlov, se sabe que su primera referencia a los reflejos condicionados —redescubiertos por él (recordar que antes Whytt había hecho ya menciones explícitas de ellos) a raíz de su investigación sobre secreciones gástricas como reacción a determinadas sustancias— se produjo aproximadamente en 1895, durante una de sus conferencias en la Sociedad de Médicos Rusos donde señala como la «vida psíquica» participa en la secreción de los jugos (Pávlov, 1973, pp. 82 y ss.). En términos filosóficos, era un materialista fuertemente comprometido con la naturaleza objetiva de la llamada mente humana, identificando los mecanismos de condicionamiento con los referentes fisiológicos de las asociaciones postuladas por los filósofos empiristas y positivistas. Esto último era válido también para Bechterev, que, por su lado, ya desde 1885 se esforzó por estudiar las relaciones establecidas entre la conducta externa (acciones, actividades, expresiones faciales) y los aspectos físicos, biológicos y sociales, estando más interesado en abordar problemas humanos a través de la investigación sobre centros corticales y conexiones aferentes de respuestas motoras. Fundó el primer laboratorio de psicología experimental en Rusia, situado en la clínica neuropsiquiátrica de la Universidad de Kazán. Con el tiempo fue un crítico de los experimentos pavlovianos, que, decía, estaban basados en reflejos secretores irrelevantes para la conducta humana, cuando debieran ser los reflejos motores el centro del análisis (Hergenhahn, 2011, p. 414). Bechterev fue quien le puso el nombre de «reflexología» a la clase de actividades que tanto él como Pávlov realizaban, pero Pávlov prefería llamarla «nervismo». 2.4. Inicios de la psicología fisiológica o experimental Según lo remarca Goodwin (2009), en Alemania poco a poco se hicieron equivalentes lo fisiológico y lo experimental. Nada extraño resulta, pues, que los autores de los experimentos sobre discriminación sensorial que ca- 148 william montgomery urday racterizaron el primer tramo temporal de la psicología considerada científica la identificaran también con una psicología fisiológica. Igualmente, dado el ambiente cultural de la época trascendentalista que les tocó vivir, todos creyeron que a través de los datos generados por sus investigaciones estaban contribuyendo a resolver desde la fisiología el crucial problema cuerpomente, que había abrumado a los filósofos de todos los tiempos. Ernst Heinrich Weber (1795-1878), fisiólogo alemán, dedicó buena parte de su trabajo a la investigación sobre las respuestas cinestésicas (a partir de discriminación de pesos de sujetos en dos condiciones distintas), estableciendo una serie de hechos que, en resumidas cuentas, darían lugar a lo que después se llamó Ley de Weber, esto es una magnitud de umbral obtenida de dividir la diferencia entre los estímulos variables y el parámetro. O, como se define en el Diccionario Conciso de Psicología de la American Psychological Association (APA, 2010): […] modelo matemático del umbral diferencial, según el cual la magnitud necesaria para detectar un cambio físico en un estímulo es proporcional a la magnitud absoluta de ese estímulo. Así, cuando más intenso sea el estímulo, mayor será el cambio que debe hacerse en él para que se note. Esto se expresa como ΔI/I = k, donde ΔI es el umbral diferencial, I es la magnitud del estímulo original y k es una constante llamada fracción de Weber. (p. 291) Las aportaciones de Weber fueron altamente valoradas por su compatriota el físico Gustav Theodor Fechner (1801-1887), autor del influyente libro Elementos de Psicofísica (1860) que le puso nombre a la orientación de estos experimentalistas alemanes. Fechner tenía una personalidad bastante más compleja que la de Weber, y sostuvo una filosofía personal que valoraba al panteísta B. Spinoza mientras que, a la vez, profesaba fuertes creencias espiritualistas. En su versión más lúcida intelectualmente deseaba demostrar que la mente y el cuerpo eran dos aspectos de la misma realidad, y los experimentos psicofísicos le parecían el ideal para conseguirlo. Encontró que el procedimiento sistemático de pedirle a un sujeto que reporte sus sensaciones ante cambios seleccionados por un experimentador era el indicado para obtener datos suficientemente científicos acerca de la relación cuerpo-mente, y se fijó en lo bien que le había ido a Weber con ello. capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 149 Tomó a cargo el modelo matemático del umbral diferencial, lo declaró Ley de Weber, y teorizó sobre sus posibilidades de explicación psicológica perfeccionando la fórmula en lo que ha quedado como Ley de Weber-Fechner, según la cual: […] para aumentar la intensidad de una sensación en una progresión aritmética, es necesario aumentar la intensidad del estímulo en una progresión geométrica. La ley se expone por lo común como s = k log i, en donde s es la magnitud sensorial, k es una constante e i es la intensidad física del estímulo. (APA, 2010, p. 291) Fechner, hábilmente, para demostrar la importancia de tales planteamientos, abunda sobre ejemplos que muestren su idoneidad de análisis en los asuntos humanos, tanto a nivel simple como complejo. A nivel simple, un ejemplo es el de entrar en un cuarto oscuro y en silencio, y observar cómo rápidamente se puede discriminar la aparición de una luz débil y oír cualquier ruido por bajo de volumen que fuera. Al contrario, si se está en una habitación iluminada y con ruido ambiental, no se captarán luces tenues ni sonidos bajos. A nivel complejo, otro ejemplo es que las posesiones que los individuos tienen solo significan algo en función a un conjunto de «valores psíquicos [que] ocupan el lugar de los estímulos. Así, un dólar tiene menos valor para un hombre adinerado que para uno pobre» (Hergenhahn, 2011, p. 265), determinando las tendencias actitudinales. Como se dice en el primer parágrafo de este capítulo, dos de los libros que publicó Wundt llevan el nombre de psicología. Hergenhahn (2011) hace mención de que, en el primero de ellos (Conferencias sobre Psicología Humana y Animal), Wundt argumenta que la psicología experimental es el camino más adecuado para entender tanto la consciencia como la experiencia inmediata (principalmente aspectos de sensación y percepción), mas no para procesos mentales de orden más complejo y sus frutos (la voluntad, la religión, la moral y la estética entre otros). Estos podrían abordarse mejor a través de análisis de registros históricos u observacionales, inclusive mediante una segunda subdivisión de la psicología, con la máxima de que los fenómenos simples comprendidos en la primera subdivisión la alimentarían. Con este propósito, también sugiere una tercera subdivisión encar- 150 william montgomery urday gada de integrar «los hallazgos empíricos de la psicología y otras ciencias. Las metafísicas científicas, como nombró esta subdivisión, desembocarían finalmente en lo que él veía como la meta ideal de toda la ciencia: una teoría coherente del universo» (Hothersall, 1997, p. 122). El segundo libro (Principios de Psicología Fisiológica) fue producto de las clases de Wundt dictadas en la Universidad de Leipzig, que incorporaba demostraciones y experimentos psicofísicos y sensoriales hechos con instrumentos y artefactos tales como taquistoscopios, cronoscopios, espectrómetros, espectrógrafos, aparatos de estimulación eléctrica, cronómetros, péndulos, y cuadros de cartografía sensorial. Aquí introduce la estrategia experimental de medir el tiempo de reacción, para acumular datos que complementaran el uso de la introspección para el análisis de aspectos elementales como la memoria. Según su forma de ver, entonces, el objeto de estudio era la experiencia inmediata del individuo: aquella que nace del acto voluntario consciente frente a una estimulación que es aprehendida y apercibida (es decir identificada, cualificada y sintetizada, concepto tomado de Herbart). En este sentido, concebía una mente «activa, creativa, dinámica y volitiva» (Hergenhahn, 2011, 280). Por eso llama «voluntarismo» a su corriente filosóficopsicológica (Goodwin, 2009, p. 107), pero sin confundirla con algún tipo de doctrina metafísica de la voluntad (como la de Schopenhauer). La notoriedad cobrada por el laboratorio donde se efectuaban esos experimentos hizo que la narrativa histórica oficial de las instituciones psicológicas fije 1879 como el año del nacimiento de la psicología «científica», no obstante existir dudas sobre si tal laboratorio realmente estuvo montado y reconocido por la Universidad en esa fecha. En realidad, formalmente solo figuró desde 1883 con gran oposición de los colegas de Wundt con orientaciones diferentes a la de él (Hothersall, 1997, p. 123). Desde entonces, el nombre que le puso su creador fue Instituto de Psicología Experimental. En 1881 también fundó la revista Estudios Filosóficos para difundir sus productos de investigación. Finalmente, el filósofo y psicólogo igualmente alemán Hermann Ebbinghaus (1850-1909) lanzó su libro Sobre la Memoria: Una Investigación en Psicología Experimental (1885), donde daba a conocer sus investigaciones al respecto, «las primeras investigaciones experimentales sistemáticas» sobre la memoria (Hothersall, 1997, p. 184). A pesar de haberse doctorado capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 151 con una tesis sobre la filosofía idealista de Eduard von Hartmann (18421906) sobre el inconsciente, Ebbinghaus estaba muy impresionado con el trabajo de Fechner, y compartía las convicciones del viejo maestro. La magnitud de sus originales procedimientos introducidos para estudiar experimentalmente las asociaciones (sílabas sin sentido en diferentes permutaciones, modelo matemático del olvido, recuerdo de material significativo versus no significativo, aprendizaje espaciado contra el concentrado, aprendizaje activo versus pasivo), lo consagró como un paradigma de creatividad y escrupulosidad. 2.5. Otros enfoques Desde mediados del siglo XIX hubo varias alternativas al incontenible avance de los fisiólogos psicofísicos. Aun descartando una gran cantidad de obras y ensayos o artículos publicados dedicados al estudio del alma, de la mente y de las emociones, y quedándose solamente de preferencia con aquellas en que aparece de alguna manera la palabra «psicología» en el título, hay una serie de autores que aparecen como cultores rigurosos y muy bien aceptados por la comunidad científica de su tiempo, con pretensiones de estructurar la nueva disciplina en un sistema coherente. Aunque el racionalista J. F. Herbart parece haber sido el primero en publicar un Libro de Texto de Psicología (1816) y La Psicología Como Ciencia Basada en la Experiencia, La Metafísica y las Matemáticas (1824), se dice que el escocés Alexander Bain (1818-1903) fue el primer filósofo en desarrollar realmente textos de psicología, con Los Sentidos y el Intelecto (1855), seguido luego por Las Emociones y la Voluntad (1859), abarcando todos los temas atribuidos por entonces a esa disciplina (Hergenhahn, 2011, p. 167). Tomando ideas del filósofo J. S. Mill y del fisiólogo alemán Johannes Müller (1801-1858), Bain amalgama la visión asociacionista con la fisiología sensoriomotora, y fue el fundador de la revista Mind (1874), un órgano de difusión todavía vigente de la psicología filosófica. Por otro lado, como se ha visto antes, en el capítulo precedente, H. Spencer también había publicado en 1855 Principios de Psicología con un marcado corte asociacionista-evolucionista y gran popularidad. 152 william montgomery urday El siguiente en tomar la posta fue el ex-sacerdote y filósofo ítalo-alemán Franz Brentano, que publicó La Psicología Desde Una Posición Empírica (1874); y a continuación el médico y filósofo teutón Hermann Lotze (18171881) dio a luz sus Fundamentos de Psicología (1881). Hacia 1890 apareció otro texto de psicología a cargo del filósofo estadounidense William James, también titulado también Principios de Psicología, que hasta ahora se edita (ver James, 1989). En su mayoría, la causa común de todos los comprendidos en este último párrafo está en enjuiciar crítica o negativamente el estilo de investigación psicofísica. Brentano era filosóficamente un idealista metafísico simpatizante de Aristóteles y Tomás de Aquino, cuyo rasgo teórico sobresaliente era darle un papel destacado a la intencionalidad de lo mental. Desde su perspectiva, cada acto mental —como el recuerdo, el amor, el odio, la expectativa, la inferencia, etcétera— se ejerce en relación con algo relativo al contenido de tal acto (por ejemplo, elegir una bebida fría); y propone utilizar una forma de introspección fenomenológica para analizar las experiencias profundas. Entre los filósofos y psicólogos posteriores influidos por las ideas de Brentano se cuentan respectivamente los existencialistas Edmund Husserl y Martin Heidegger (1889-1976), así como varios representantes de las psicologías gestáltica y dinámica (Scholten, 2016). Lotze, por su parte, fue una extraña mezcla de empirista berkelyano, fisiólogo cerebralista y filósofo espiritualista con preferencia por Descartes (ver Leahey, 2013). Creía, entre otras cosas, que la percepción de la profundidad no es innata sino aprendida, y estaba a favor del estudio de los aspectos sensoriomotores de la función cerebral (de hecho, era amigo y colega de Fechner), pero consideraba que la mente era algo inmaterial dentro de un cuerpo que respondía a leyes mecánicas, y cumplía fines divinos. La ironía histórica hizo de William James un visitante de paso por la psicología (véase Leahey, 2013, pp. 287 y ss), sin embargo su libro Principios de psicología (1890) queda consagrado como el más enciclopédico y completo de todos los de entonces, donde empieza criticando tanto a las variantes «espiritualistas ortodoxas» del escolasticismo como a la «psicología sin alma» abordada por los asociacionistas Hume, Bain o Mill (p. 5), y desarrollando pormenorizadamente una serie de temas a lo largo de más de mil páginas. Aunque era partidario de enmarcar la psicología dentro de las ciencias naturales con su correlato mecanicista, incluso adscribiéndola a la capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 153 biología, nunca pudo vencer su inclinación personal hacia el voluntarismo pragmatista. Considera que dentro de un esquema científico había lugar para una consciencia libre y activa cuya función es adaptar al organismo a las condiciones cambiantes de la existencia, y resolver problemas. Esto hace que su tendencia psicológica sea llamada funcionalismo, la cual influyó notablemente sobre el instrumentalismo de John Dewey y posteriormente sobre el conductismo en general. Una de las variantes más acreditadas del conductismo en la actualidad, la del contextualismo, reclama explícitamente el pragmatismo de James como su filosofía. 3. EL PANORAMA EN LATINOAMÉRICA Y EL PERÚ Una vez finalizada la era colonial, el interés de los países autoliberados acudió a ideas que se podrían considerar consecuentes con la euforia independentista. El orden, la justicia y el progreso cultural y político eran las aspiraciones del momento, y se pensaba poner el saber al servicio de la acción. De ahí que se suele calificar al siglo XIX como el del «periodo positivista» de Latinoamérica (ver Gracia, 2004), por la difusión y el predominio que dicha doctrina progresista para la época parece haber tenido en el ambiente intelectual de esta parte del continente, en especial el último tercio de siglo, cuando las facultades de Medicina y de Derecho de diversas universidades se hicieron voceras de tal tendencia. De acuerdo con las interpretaciones positivistas de los tres estadios de la historia, el momento de la colonia estaba ligado al estadio teológico, el de la independencia al estadio metafísico, y el de la consolidación republicana al estadio positivo. Beorlegui (2010) señala que: La educación de fondo durante la Colonia había sido el escolasticismo, y el estudio de las ciencias del hombre estaba en un estado lamentable; vaguedad conceptual y terminológica, especulación incontrolada, y dogmatismo infundado y retrógrado. El positivismo, por el contrario, ofrecía una doctrina basada supuestamente en la experiencia, con rigor lógico, y ofrecía además la seguridad de un progreso constante. (p. 269) 154 william montgomery urday Esto impregnó todos los círculos cultos. Hacia fines de siglo, sin embargo, el positivismo comenzó a debilitarse. Al principio Spencer sucedió a Comte en las preferencias, y luego, con el declive del positivismo spenceriano, casi todos los intelectuales latinoamericanos optaron por abandonarlo. Salazar Bondy (1965), por ejemplo, da cuenta de varias historias de intelectuales peruanos (entre otros Javier Prado [1871-1921], Jorge Polar [1856-1932] y Alejandro Deústua [1849-1945]) que, ya entrado el siglo XX, abjuraron en tropel del supuesto materialismo mecanicista del positivismo que ellos habían conocido, para refugiarse en el idealismo espiritualista de Henri Bergson (1859-1941), el cual reivindicaba ideas de místicos católicos tales como Teresa de Ávila y Juan de la Cruz. Aunque es de destacar algún esfuerzo aislado, como el de la tesis de E. Burga (1898) sobre una conciliación entre los sistemas positivista e idealista como «productos naturales y necesarios del espíritu humano» (Castro, 2023, p. 323); la tendencia se marcó, y algunos ven en este renacimiento del misticismo «una perspectiva filosófica valiosa, al abordar cuestiones fundamentales que trascienden la observación empírica, como la naturaleza de la realidad, los valores morales y la experiencia humana» (Cruz, 2023, p. 359). Sin embargo, hay una serie de matices que hacer al respecto de la aparente decadencia positivista. Primero: su carácter ecléctico, dependiente de influencias diversas encabezadas por Comte y Spencer entre otros. Segundo: el tipo de positivismo que llegó a las costas latinoamericanas desde aproximadamente 1840 estuvo filtrado por la interpretación del filósofo alemán Karl Christian Krause (1781-1832), en su vulgarización de segunda mano por autores españoles llamada «krausismo», y peor aún, estaba modificada de acuerdo a intereses conservadores o liberales de juristas latinoamericanos, como era por ejemplo respectivamente el caso de la versión de Bartolomé Herrera versus la de José silva Santisteban en el Perú (Beorlegui, 2010, pp. 254-255). Esta explicación del rápido y masivo abandono del positivismo por parte de una pléyade de autores que se afincaron en el espiritualismo a fines del siglo XIX, basada en que en realidad nunca practicaron un positivismo auténtico, parece más plausible que la hipótesis de Quintanilla (2024), quien sin negar lo anterior, sostiene sustancialmente lo contrario: es decir que la deserción aludida y el paso fluido al espiritualismo de Bergson se habría capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 155 producido porque los pensadores peruanos en cuestión no habrían dejado de tener cierta vena positivista, mezclando aquella con la nueva fe. El krausismo también invadió otros países con diversos resultados. En Ecuador, en México, en Chile y especialmente en Argentina, adquirió una fuerza inusitada como recipiente de ideas positivistas a nivel jurídico y pedagógico, en algún caso compitiendo ventajosamente contra el socialismo utópico francés. En Brasil se dice, incluso, que el lema «Orden y progreso» inscrito en su bandera corresponde a los ideales positivistas vigentes en aquel tiempo, además plasmados en la primera constitución republicana brasileña (Gracia, 2004, p. 416). Entre los pensadores que por su trascendencia y peso político se pueden mencionar, están el médico mexicano Gabino Barreda (1818-1881), que en su Oración cívica (1867) hizo una coherente exposición de las ideas positivistas (elaborando luego la ley de educación para México); el abogado argentino Juan Bautista Alberdi (1812-1884), quien en su obra Ideas (1842), procura compatibilizar la filosofía latinoamericana con las necesidades de la región; y el filósofo y jurista venezolano Andrés Bello (1781-1885), que en la Filosofía del ntendimiento (1881) sugiere reducir la metafísica a la psicología. En el Perú el más destacado es, sin duda, Manuel González Prada (1848-1918), quien, en obras como Páginas Libres (1894) y El Tonel de Diógenes (1945, publicación póstuma), enarboló las banderas de la relatividad perspectivista de la verdad (Olivari, 2017). Dado que en este capítulo se aborda la incursión de la ciencia en la naciente psicología, los párrafos que continúan se centran en el reporte sobre su concreción en la psicología latinoamericana a través de la fundación de instituciones científicas en las diversas regiones del continente, siguiendo el ejemplo de lo hecho en Europa. Los primeros laboratorios de psicología experimental en Latinoamérica se crearon en Uruguay (1897, véase Chávez, 2023, p. 95), Brasil (1897, ver Jaco-Vilela, 2023, p. 85). El primero estuvo a cargo del célebre abogado, filósofo y pedagogo uruguayo Carlos Vaz Ferreyra (1872-1958), planteado a raíz de su Curso expositivo de psicología elemental (1897) y organizado de acuerdo con las pautas más modernas de la época (desarrollos de Wundt en Alemania, Binet y Ribot en Francia), contando con aparatos traídos de Europa. La orientación fundamental de Vaz Ferreyra era positivista, con influencia de Spencer y de Mill. El laboratorio de Brasil fue fundado en el Hospicio Nacional de Alienados de Río de 156 william montgomery urday Janeiro, lugar donde los alumnos de la Cátedra de Enfermedades Nerviosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Río hacían sus prácticas. Tuvo, pues, una línea psiquiátrica materialista, haciendo mucha conexión entre psicología y fisiología. De hecho, en Brasil ya se venían realizando investigaciones frenológicas desde la década de 1830. En 1898 hubo un tercer laboratorio experimental latinoamericano, esta vez en Argentina, que se inició en el Colegio Nacional Central de Buenos Aires. También reunía enfoques que estaban a la vanguardia del momento, como los de Wundt, Thordnike o Köhler. Según hace notar Klappenbach, (2023, pp. 161-162), todos estos laboratorios se crearon con la finalidad pedagógica de apoyar el aprendizaje lectivo reproduciendo experimentos ya conocidos, no para producir conocimiento nuevo. En este sentido, en Chile: Los primeros años de la psicología como ciencia estuvieron estrechamente relacionados con la psicología educacional [preservándose] ciertos elementos filosóficos como la distinción de las facultades del alma —sensitiva, intelectual y voluntaria— y el papel de la conciencia. Con los trabajos de Mann, se habría superado el método de la razón propio de la filosofía para apropiarse del método experimental como necesario para generar certezas sobre dichas facultades […] Georg Heinrich Schneider, fue el primer profesor alemán en enseñar la psicología en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile […] donde la psicología general, experimental y la lógica ocupan un lugar destacado tratando la distinción entre los fenómenos psíquicos y los meramente fisiológicos como relevantes de conocer en la pedagogía. (Salas, 2014, p. 102) En el Perú durante el Virreinato español, que duró hasta bien entrado el siglo XIX, se produjo una más lenta conversión —lejos de haber sido completada alguna vez— desde la provinciana mentalidad mística de la escolástica medioeval interpretada criollamente, hasta las cosmopolitas visiones filo-europeas mediterránea y anglosajona. La teología dominaba el panorama: No sería hasta 1808 en que el Virrey Don Fernando de Abascal ordenó que el curso de psicología tenga el rango de otras asignaturas como zoonomía o patología en la UNMSM. El encargado de la cátedra prima de psicología fue capítulo iii: hitos epistemológicos en el siglo xix 157 el Dr. José Joaquín de Larriva (1780-1832), teólogo, escritor, latinista y orador defensor de la monarquía. (Arias, 2014, p. 174) Para aproximadamente 1845, el prominente sacerdote e intelectual arequipeño Juan «Dean» Valdivia (1796-1884) introdujo la frenología «y le realizó un diagnóstico frenológico al por entonces presidente de la República Don Ramón Castilla (1797-1867)» (Arias, 2014, p. 176). Luego, andando el tiempo, si bien hubo una marcada orientación filosófica positivista en los intelectuales jóvenes durante el último tercio del siglo XIX (como se dice en el capítulo anterior), esta fue solo verbalista y cedió rápidamente posiciones ante el espiritualismo fuertemente enraizado en la idiosincrasia nacional, por lo cual no se vería un gabinete experimental de psicología sino hasta la segunda década del siglo XX. No obstante, Chuchón y Vivanco (2023) señalan el aporte aislado de un personaje que trascendió: se trata del médico y humanista limeño Pablo Patrón (1855-1910), a través de su artículo pionero sobre Psicología Experimental (1888) en la revista Crónica Médica. Arias (2014) también menciona a Pedro A. Labarthe (1855-1905), que hizo en 1902 un trabajo sobre las matemáticas y la psicofísica de Fechner. william montgomery urday 158 PREGUNTAS DE COMPROBACION 1. 2. 3. 4. 5. ¿Cuál fue la matriz del materialismo dialéctico e histórico? ¿Qué caracterizó al positivismo y al asociacionismo utilitarista? ¿Cuáles fueron los principales representantes del pragmatismo? ¿Cómo se inició la psicología fisiológica y qué correlatos epistemológicos conllevó? ¿Cómo se produjo el tránsito de la mentalidad escolástica a la visión científica en Latinoamérica? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Beorlegui, C. (2010). Historia del pensamiento filosófico latinoamericano. Una búsqueda incesante de la identidad. 3ª edición, Deusto. Goodwin, C. J. (2009). Historia de la psicología moderna. Limusa. Hergenhahn, B. R. (2011). Introducción a la historia de la psicología. 6ª edición (Orig.1986). Cengage Learning. Kantor, J. R. (2012). De la psicología a la psicología científica (Orig.1963-69). Trillas. Leahey, Th. H. (2013). Historia de la psicología (7ª edición) (Orig.1995). Pearson Educación. Vivanco, D., Chuchón, P. & Espinoza, A. (2023, Eds.). La psicología en Iberoamérica. Universidad Ricardo Palma. CAPITULO IV: HITOS FILOSÓFICOS DESDE EL SIGLO XX AL PRESENTE La herencia del siglo XIX transmitió al XX en primer lugar una confluencia de la ciencia física con la fisiología de los sentidos, siendo esta la cuna de la moderna filosofía de la ciencia como disciplina universitaria en el ámbito germano. Durante los primeros años, los pensadores inmersos en esa coyuntura académica se propusieron, por un lado, unificar todas las ciencias empíricas; y, por otro, desprenderse por fin de la especulación metafísica separando a la ciencia de una filosofía envejecida. En la persecución de tales objetivos fue determinante el trabajo de Mach, «el pensador más característico» de esta etapa según Moulines (2011, p. 20). «En este sentido —dice Garin (1983)—, podría decirse que Mach, en todo lo que corresponde al nudo central de la filosofía del siglo veinte, es como un cruce de caminos, un punto de referencia obligado» (p. 61). Entre los filósofos más directamente influidos por dicho enfoque estuvieron los británicos Bertrand Russell, Alfred N. Whitehead (1861-1947) y George E. Moore (1873-1958). En segundo lugar, también hubo un movimiento metafísico opuesto al direccionamiento positivista en nombre de un idealismo esencialista: la fenomenología, con antecedentes filosóficos kantianos, hegelianos y de la psicología de Brentano, representada en primera fila por personajes como Husserl, Heidegger y Bergson. Esta confrontación fue decisiva en el sentido de configurar líneas de desarrollo filosófico coexistentes (a la manera de empirismo frente al racionalismo). A partir del atomismo lógico y sus derivaciones surgiría la que después sería la «filosofía analítica» y la fenomenología se mantendría enhiesta como influencia metafísica, adquiriendo nueva forma hermenéutica. La división alcanza hasta hoy incluso proporciones geográficas, asignándose el desarrollo analítico a la mentalidad práctica y empirista del anglosajón, mientras que la metafísica ocupa el lugar de la vena racionalista-idealista alemana. Se suele decir, así, que los filósofos «analíticos» (de Gran Bretaña y Estados Unidos) se oponen a los «continentales» (es decir de la Euro159 160 william montgomery urday pa continental), aunque, paradójicamente, varios austríacos son referentes inevitables del primer punto de vista (Glock, 2012). Mas lo cierto es que, andando el tiempo, los diversos «giros» (lingüístico, pragmático, hermenéutico, interpretativo, historicista) que ha dado la filosofía, han producido combinaciones entre las perspectivas tradicionales. La expresión «giro» es una metáfora utilizada para designar la tendencia histórica a redireccionar —o, a veces, transformar— progresivamente la dinámica del pensamiento pluripersonal de grandes sectores de filósofos, en base a nuevos intereses o modificaciones conceptuales (véase Naishtat, 2012). 1. FENOMENOLOGÍA, POSITIVISMO Y MARXISMO 1.1. Fenomenología y existencialismo Desde la óptica más representativa del movimiento fenomenológico, su figura emblemática E. Husserl (2007), en un artículo escrito para la Enciclopedia Británica, califica la fenomenología como un método descriptivo que sirve para revisar todas las ciencias. En el caso de la psicología el objeto de esta es la experiencia inmediata: el acto psíquico de experiencia, pero aquel se puede descubrir solo mediante una reflexión sobre los fenómenos tal como se presentan a la conciencia (vivir, percibir, pensar desear), que lo integran y su índole intencional y social (a lo Brentano). Así: La tarea comprensiva de la fenomenología psicológica es un examen sistemático de los tipos y formas de la experiencia intencional, y la reducción de sus estructuras a las primeras intenciones, aprendiendo por tanto qué es la naturaleza de la psique y comprendiendo el ser de la mente […] La vida psíquica puede revelarse a nosotros, no solo en nuestra propia conciencia, sino igualmente en nuestra conciencia de otros propios […] Y de aquí, que las tareas posteriores de la psicología consistan en la revelación de las intenciones de las que consiste la «vida social». (Husserl, 2007, p. 556) Este abordaje gnoseológico, según Husserl, se debe producir en dos fases: una noética, cuya esencia es el experimentar, y una noemática, que es capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 161 la esencia de lo experimentado. Es importante considerar que la experiencia interna real es vista por él como una región estructural invariable en el sujeto con las características de un «a priori» (a lo Kant) purificado «de todo elemento empírico y psicofísico» (Ibid., p 557), más allá de sus percepciones actuales y potenciales. Para llegar a esas propiedades esenciales es necesario recurrir al método cartesiano que Husserl llama «de la variación eidética. Se toma determinado ejemplo de un concepto que se desea explicar, y luego se van introduciendo de manera paulatina distintas variaciones en sus propiedades. Éstas van variando hasta que se liega a un punto en el que ya no se puede variar más» (Reale & Antiseri, 2010c, p. 500). Propone, además, llevar a cabo la tarea en consonancia con los principios de la lógica: mediante premisas verdaderas y deducciones correctas. Heidegger, en algún momento ayudante de cátedra de Husserl, ofrece su propio punto de vista más involucrado en aspectos existenciales. Su obra fundamental, El ser y el tiempo (1927), presenta sus principales tesis sobre la base explícita del método fenomenológico aplicado al análisis metafísicoexistencial del sentido del «ser», que es aquello que hace inteligible a las cosas. El ser —según Heidegger aspecto crucial olvidado por toda la filosofía excepto las de Parménides y Platón—, se distingue de los entes (u objetos) superficiales en cuanto expresa realmente el plano ontológico. Para esclarecer lo que es el ser considera que primero se debe entender la existencia humana (Dasein = existir o estar-ahí), dado que su analítica proporciona un modo de conocimiento de la manera en que el ser se manifiesta como fenómeno de lo cotidiano. El Dasein ofrece un retrato de la existencia humana a través de la descripción del ser-en-el-mundo, es decir de la red unitaria de relaciones recíprocas entre los elementos que rodean el existir activo del hombre, siempre en una situación en la cual no eligió estar, pero está (Heidegger, 2007). Dicho existir en su devenir no se haya dado de antemano, sino que se encuentra en plena construcción autointerpretativa y proyectiva, siempre lista para asumir una posición actuando en el mundo1. Para finalizar 1 La oscuridad de este término merece un mayor abundamiento, procedente de Inwood (2008): «En Kant, Hegel y otros, el Dasein es un «ser determinado» especialmente en el espacio y en el tiempo, pero también la «existencia de Dios» […] Heidegger usa el término para «la entidad que cada uno de nosotros por sí mismo es» y para «el ser del hombre». Y lo hace así por varias razones. Dasein es un término neutral: no nos 162 william montgomery urday esta apretada reseña, se puede remitir a Gutiérrez (1981), quien explicita de manera sencilla las características de los cuatro «existenciales del hombre» en la obra heideggeriana (cursivas del texto citado): El hombre es cuidado, o preocupación, es decir, está lanzado hacia las cosas o instrumentos del mundo. La libertad es el hecho de proyectarse hacia sus propias posibilidades; el existencialismo ha tomado a su cargo la acentuación de esta cualidad humana, tan opuesta al determinismo derivable de las filosofías racionalistas. La trascendencia es lo mismo que la libertad, pues el hombre surge por encima de las cosas, se escoge, y se hace su propio ser, en oposición a los objetos, cuya esencia está hecha y terminada. La temporalidad consiste en que el hombre no está en el tiempo, sino que es un proceso de temporalización, cuyos éxtasis, o salidas de sí mismo, originan los tres momentos del tiempo entendido corrientemente. (p. 205) Bergson, pensador francés, es un tercer representante de la fenomenología con sus propias particularidades, en este caso, espiritualistas. Su obra más sistemática es La Evolución Creadora (1907), donde realiza una defensa de la creatividad humana y recalca la imposibilidad de que la consciencia pueda estudiarse a la manera reductiva del positivismo. Por el contrario, sostiene que el hombre puede captar la realidad más íntima esencial de las cosas por medio de la intuición. Esta, auxiliada por el instinto y la voluntad, constituye una operación de comprensión filosófica inmediata (llevando al homo sapiens) que no analiza y fragmenta la realidad como sí lo hace la ciencia (típica del simple homo faber) (Gutiérrez, 1981, p. 192). Para Bergson en las cosas prima la espacialidad, pero en la consciencia lo que manda es la duración, en la medida en que «el “yo” vive el presente con el recuerdo del pasado y la anticipación del futuro. Fuera de la conciencia, el pasado ya no es y el futuro todavía no existe. El pasado y el futuro únicamente pueden vivir en una conciencia que los suelde en el presente» (Reale y Antiseri, 2010c, p. 626). Finalmente, el filósofo francés obliga a considerar al hombre como una entidad biológica, como una consciencia […] o como un ser esencialmente racional. Dasein no tiene ninguna esencia determinada, su ser consiste en sus posibilidades, en lo que puede hacer de sí mismo» (p. 256). capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 163 tenía fuertes creencias religiosas que le hicieron afirmar que la evolución no se produjo a partir de la materia, sino del élan vital, un concepto con antecedentes en la «voluntad de vivir» de Schopenhauer, pero con ciertos ribetes místicos, conteniendo supuestamente una energía espiritual libre y proactiva. Para el influyente ensayista José Ortega y Gasset (España, 1883-1955) la filosofía no es una actividad al margen del actuar cotidiano, sino una especie de estilo o forma de vida, y aún más: algo así como una respuesta del ser y del intelecto ante el Universo. Dentro de ese esquema, en su libro El tema de nuestro tiempo, Ortega expone su doctrina del punto de vista o epistemología del perspectivismo, según la cual: «Desde distintos puntos de vista, dos hombres miran el mismo paisaje. Sin embargo, no ven lo mismo» (Ortega, 1923, p. 148). «La perspectiva es uno de los componentes de la realidad»; y «Todo conocimiento lo es desde un punto de vista determinado» (Ibid., pp. 149-150). La función del sujeto es la de ser un filtro de selección de experiencias. Consecuente con este perspectivismo: «Todo ensayo filosófico atiende, pues, dos instancias: lo que las cosas son y lo que se ha pensado sobre ellas» (Ibid., p. 14). Es un error pensar que la realidad se puede ver desde un solo punto de vista, y Ortega piensa que percatarse de esto es importante, por eso en el prólogo a Meditaciones del Quijote (Ortega y Gasset, 1914) propone que: «El hombre rinde al máximum de su capacidad cuando adquiere la plena conciencia de sus circunstancias. Por ellas comunica con el universo» (pp. 34-35). Por lo tanto: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo» (pp. 43-44). Otro filósofo francés de cuño existencialista y marxista a la vez, Jean Paul Sartre (1905-1980), sostiene que las personas crean, a través de la construcción de su propia identidad o proyecto fundamental durante la infancia, el devenir consecuente de su vida, lo que resucita el concepto kantiano de libertad. En este sentido, en su obra El Ser y la Nada, Sartre (2011) se ocupa de temas como la conciencia y la responsabilidad, ligando categorías sartrianas a las de Freud en lo que llama «psicoanálisis existencial», cuyo principio básico es que el hombre es una totalidad y que cada uno de sus actos la revelan. La más reciente modalidad representativa de la corriente fenomenológica-existencial es la epistemología hermenéutica de Hans-Georg Gadamer. 164 william montgomery urday La hermenéutica es el arte de la interpretación que, en la idea de Gadamer (2012), implica comprender los fenómenos de manera históricamente condicionada. Esto requiere entender que cualquier interpretación se hace desde una cultura, lugar y momento determinados, y que, por tanto, todo lo que se haya podido decir de cualquier idea en el pasado, estaba limitado por semejante contexto tanto como lo está desde el presente. En este escenario, la mejor posibilidad de que una interpretación sea auténtica es solo aquella que surge de la mejor reflexión dentro del punto de partida que asume el interpretador, y para potenciar dicha reflexión en el caso de la comprensión de textos filosóficos, sugiere el método de fijarse en algunos pormenores: la procedencia del texto, su carácter formal o informal, a quienes se dirige y que cuestión en particular pretende responder. Gadamer es reconocido como uno de los que encabezaron el llamado «giro hermenéutico» de la fenomenología que, según Grondin (2018, p. 170), «se muestra atenta a la condición que el “carácter del lenguaje” establece al sentido y que se abre, desde ese entonces, a la historia». 1.2. Atomismo lógico y filosofía del sentido común En el mundo anglosajón el predominio continental de la fenomenología, el existencialismo y el espiritualismo fue prácticamente anulado por el trabajo de Moore y Russell en la Universidad de Cambridge. Russell estuvo en un principio embarcado en lo que se conoce como «atomismo lógico», llamado así porque los átomos que considera como objeto último del análisis no son físicos sino lógicos. En el Diccionario de Lógica y Filosofía de la Ciencia de Mosterín y Torretti (2002), se formula una definición más amplia de tal corriente: Doctrina filosófica que concibe el mundo como un agregado de hechos irreducibles, cada uno de los cuales consiste en que un objeto simple tiene una propiedad inanalizable, o en que dos o más objetos simples sostienen una relación inanalizable. Tales hechos elementales se expresan mediante «enunciados atómicos» […] Todo enunciado dotado de sentido es, o bien (i) un enunciado atómico, o bien (ii) la negación de un enunciado dotado de sentido, o bien (iu) la disyunción capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 165 de dos o más enunciados dotados de sentido […] Según los atomistas lógicos, el lenguaje del conocimiento no requiere más recursos que estos. (pp. 40-41) La descripción del enfoque temprano de Russell se puede encontrar en dos obras de las muchas que elaboró: tanto en Nuestro Conocimiento Del Mundo Externo (1914), como en La Filosofía Del Atomismo Lógico (1918), trata acerca de comprender el mundo físico como una construcción lógica en vez de inferenciarlo intuitivamente a base de datos sensoriales. Según él, toda proposición atómica describe un hecho a partir de determinadas cualidades o relaciones que aquellas mantienen entre sí. Toda proposición es una oración en indicativo, como cuando se afirma, por ejemplo, que «Sócrates está vivo». El hecho atómico, asimismo, es lo que hace verdadera o falsa una proposición atómica (Russell, 1966, p. 259). Las oraciones evidencian la complejidad de un hecho en la medida que crece la diversidad de palabras en la proposición que lo denota, por ejemplo, decir: «Hay un momento en que el ateniense Sócrates muere». El método russelliano inauguró el uso de la lógica y de la teoría de conjuntos para esclarecer cuestiones filosóficas y epistemológicas. Para ello le fueron de gran ayuda los aportes del fundador de la lógica matemática Gottlob Frege (1848-1925), y del filósofo especialista en matemática Whitehead. En compañía de este último escribió el extenso tratado en tres tomos Principia Mathematica (1910-1913), donde justamente procuraron resolver ciertas inconsistencias del trabajo de Frege y dotar a la matemática de un fundamento último. Conscientes, sin embargo, de que tan ambiciosos propósitos no fueron logrados (como lo demostró en 1931 el teorema de incompletitud de Kurt Gödel [1906-1978])2, cada uno siguió explorando la epistemología por su cuenta, sentando las bases para la aparición de la 2 Según el cual «la aritmética no puede axiomatizarse de un modo consistente y completo (primer teorema de incompletud) y […] la consistencia de una teoría aritmética no puede probarse con sus propios medios (segundo teorema de incompletud)» (Mosterín & Torretti, 2002, p. 549). «En definitiva, y uniendo los dos teoremas de incompletud, podemos concluir que una teoría aritmética (o cualquiera de sus extensiones) que sea axiomatizable y consistente no puede ser completa y tampoco puede probar su propia consistencia» (ibid., p. 551). 166 william montgomery urday filosofía analítica, pero, a la vez, manteniendo su distancia respecto al inicial rechazo de esta a la filosofía especulativa. Moore, con intereses más restringidos, completa esta selección de autores empiristas revolviéndose contra la difundida creencia de que la filosofía se encarga de tratar sobre verdades profundas no expresables mediante el lenguaje ordinario. Su tesis, explicitada en su Defensa Del Sentido Común (1925), se mueve alrededor de que las proposiciones ordinarias son perfectamente capaces de expresar significados claros y verdaderos acerca de la realidad. Lo único que se necesita es hacer correctamente el análisis requerido para seleccionar los datos sensoriales precisos frente al objeto de estudio. Moore (1983) señala que hay muchas cosas que se sabe que existen (por ejemplo, el planeta Tierra), incluso antes de tener observadores, en base a una evidencia cualquiera. Dicha evidencia, sin embargo, tampoco está claro cómo se conoce, pero no hay razones que inclinen al sentido común a dudar de ella, por lo tanto, se debe aceptar que los hechos supuestos son verdaderos, ya que el decir que se conocen es equivalente a afirmar que lo son. En suma «es autocontradictorio mantener que nosotros sabemos que son aspectos del punto de vista del Sentido Común y que, sin embargo, no son verdaderos, puesto que decir que nosotros conocemos esto es decir que son verdaderos» (Moore,1983, p. 61). Respecto a los «hechos mentales», el filósofo de Cambridge clasifica cinco tipos, difiriendo de Berkeley en el cuarto de ellos: (1) hechos relativos a un individuo que es atemporalmente consciente; (2) hechos relativos a algún individuo que es atemporalmente consciente de un modo específico; (3) hechos relativos a alguna experiencia atemporal existente; (4) hechos relativos a la supuesta propiedad intrínseca «ser una experiencia», en el sentido de que existe algo atemporalmente que tiene esa propiedad, y (5) hechos conscientes en un modo especifico de alguna supuesta propiedad intrínseca en el sentido de que existe atemporalmente algo con esa propiedad. (Ibid., pp. 66) En resumen, Moore era tanto un anti-idealista como un anti-escéptico en su proyecto epistemológico. Otra faceta de su labor, obvia por el estilo que tenía de redacción de sus argumentos, fue el constante y persistente capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 167 análisis del lenguaje en sus proposiciones y significados. De hecho, Uno de sus lemas era: «una cosa se torna inteligible cuando se la analiza en sus conceptos constitutivos» (Glock, 2012, p. 53). Eso lo cualifica como un rotundo antecedente de la filosofía analítica. 1.3. Positivismo lógico y filosofía analítica Las competentes actividades filosóficas de Frege, Mach, Russell, Moore y sus seguidores, fueron el prolegómeno perfecto para la aparición de un movimiento consensual seguro de «que las estructuras lingüísticas pueden distorsionar, o bien, por el contrario, clarificar nuestra comprensión de los problemas científicos y filosóficos» (Naishtat, 2012, p. 226). Había, por consiguiente, que emprender un análisis del lenguaje para esclarecer malentendidos y eliminar («disolver») aquello que originara falsos problemas. A esto se le ha llamado el giro lingüístico, en cuyo núcleo se hallaban tanto la filosofía del «primer Wittgenstein» como la del Círculo de Viena, dominando el panorama entre las décadas de 1920-1940. El filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein (1889-1951), tras una coordinación de algunos pocos años en Cambridge con Russell y Moore3, lanzó el primer «grito de guerra» del nuevo enfoque con la publicación del breve Tractatus Logico-Phílosophicus (1921), escrito en forma de proposiciones concisas y terminantes que, según él, zanjan por fin el problema de la filosofía declarando como carentes de significado sus principales cuestiones. En su prólogo, escrito en 1918, declara: El libro trata los problemas filosóficos y muestra —según creo— que el planteamiento de estos problemas descansa en la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Cabría acaso resumir el sentido entero del libro en las palabras: lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que 3 De quienes luego se distanciaría. Según Reguera, (2009): «Russell nunca entendería esa nueva filosofía del lenguaje corriente de Wittgenstein. «No le preocupa el mundo y nuestra relación con él, sino sólo los distintos modos en que las gentes necias pueden decir cosas necias», es todo su dictamen sobre ella» (p. XVIII). 168 william montgomery urday no se puede hablar hay que callar Wittgenstein (2009, p. 5). La verdad de los pensamientos aquí comunicados me parece […] intocable y definitiva. Soy, pues, de la opinión de haber solucionado definitivamente, en lo esencial, los problemas. (Ibid, p. 7) El Tractatus se organiza en función a las siguientes proposiciones matriz que en la mayoría de los casos son abundantemente desarrolladas con subproposiciones (Wittgenstein, 2009): 1) «El mundo es todo lo que es el caso» (p. 9); 2) «Lo que es el caso, el hecho, es el darse efectivo de estados de cosas» (p. 9, por la expresión «estados de cosas» hay que entender «hechos atómicos»); 3) «La figura lógica de los hechos es el pensamiento» (p. 19); 4) «El pensamiento es la proposición con sentido» (p. 35); 5) «La proposición es una función veritativa de las proposiciones elementales (La proposición elemental es una función veritativa de sí misma) » (p. 67); 6) «La forma general de la función veritativa es: [ꝥ, ξ, N (ξ)]. Ésta es la forma general de la proposición» (p. 109); y 7) «De lo que no se puede hablar hay que callar» (p. 137). Como señalan Reale & Antiseri, (2010c), en el contenido se encuentran tanto una ontología como una teoría del lenguaje. Ontológicamente, los hechos atómicos son los constituyentes de la realidad y sus configuraciones suscitan lo mutable e inestable. Lingüísticamente los hechos son objetos en relación expresables mediante proposiciones lógico-descriptivas, por lo tanto, la lógica determina los límites del lenguaje, del pensamiento y del conocimiento del mundo; el lenguaje descriptivo funciona como una maqueta, construyendo los hechos al colocar piezas que representan las cosas. En este contexto, también expresa una teoría del significado de la verdad: una proposición es significativa si representa un estado de cosas lógicamente posible y lo que describe se da efectivamente. Lo anterior ha llevado a los críticos de Wittgenstein a afirmar que es un antimetafísico en el mismo sentido que los integrantes del Círculo de Viena. Fann (2013) niega aquello sosteniendo que, al contrario, tiene una parte mística que se advierte en su concepción de lo inexpresable. Para Wittgenstein aquello de lo que no se puede hablar, lo trascendente, es justamente lo que excede la posibilidad de concebirse en términos lógico-racionales: la metafísica, la religión, la estética, la ética, caen en ese saco. Y es lo más importante. capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 169 Desde 1922 el Círculo de Viena, conformado por un grupo de filósofos y científicos teutones formados en el empirismo —en la tradición de Frege y Mach —, se reunía para discutir epistemológicamente. Gente como Hans Hahn (1879-1934), Philip Frank (1884-1966), Otto Neurath (1882-1945), Moritz Schlick (1882-1936), y Rudolf Carnap (1891-1970); así como posteriormente Herbert Feigl (1902-1988); Carl Hempel (1905-1997); Gustav Bergmann (1906-1987) y Alfred Ayer (1910-1989), entre otros brillantes pensadores, se sintió motivada por la parte «antimetafísica» del escrito wittgensteiniano, aclamándolo como el ideario del nuevo positivismo lógico. Aunque el grupo no careció de discrepancias internas —se dice por ejemplo que habían «dos alas», con especiales diferencias entre Schlick, Carnap y Neurath (para más detalles ver Iranzo, 2020)—, aquí interesa lo que hizo que la línea básica se mantuviera. En ese sentido es importante el manifiesto colectivo de la sociedad, titulado La Concepción Científica Del Mundo: El Círculo de Viena (1929), donde se defienden el empirismo y el positivismo, la unificación del lenguaje de la ciencia y el alejamiento científico de la metafísica y de la teología. Aunque no rechaza el conocimiento intuitivo, exige una exhaustiva justificación racional posterior de aquel. La meta de la lógica simbólica y del método científico es detectar y eliminar enunciados sin sentido o falsos. […] todos los enunciados del realismo (crítico) y del idealismo sobre la realidad o irrealidad del mundo exterior y de las mentes ajenas son de carácter metafísico, pues ellos están sujetos a las mismas objeciones que los enunciados de la antigua metafísica: no tienen sentido porque no son verificables, no se atienen a las cosas. Algo es «real» en la medida en que se incorpora a la estructura total de la experiencia. (Círculo de Viena, 2002, p. 114) Dado que siempre se suele atribuir al positivismo lógico una fuerte coyunda con el neoconductismo mas no con la psicodinámica, resulta un tanto curioso ver que, cuando los positivistas lógicos se preguntan el porqué de los «extravíos de la metafísica», en respuesta sugieren hurgar «en las investigaciones del psicoanálisis freudiano» (ibid., p. 113). El conductismo, ya por entonces con casi treinta años de vida, no es mencionado para nada. 170 william montgomery urday La vigorosa actividad intelectual del círculo a través de numerosos libros, ensayos y una revista dedicada al conocimiento filosófico, fue retratada años después por Ayer (1965) mediante una compilación de sus más representativos escritos. Entre otros, los célebres La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje y Psicología en lenguaje fisicalista de Carnap; Problemas y cambios en el criterio empirista del significado, de Hempel; y Sociología en fisicalismo, de Neurath. Como se puede ver, una propuesta central era la de un lenguaje fisicalista donde las proposiciones científicas de cualquier disciplina se expresarían intersubjetivamente. Así, la ciencia en su conjunto podría unificarse sobre bases comunes. Si bien al comienzo el principio de verificación aceptado por el grupo implicaba que la verdad o falsedad (y en general el sentido) de una proposición se establece cuando ciertos sucesos ocurren o no (fueren estados de hecho o pensables) en relación con determinadas condiciones, la comunidad se percató de que dicha formulación tenía fallas, como la de que las afirmaciones protocolarias de la construcción idiomática no son irrebatibles, y que las leyes universales de la ciencia no pueden ser respaldadas por observaciones similares y repetidas, por abundantes que sean4. De esta manera, en Controlabilidad y Significado (1936), Carnap sustituye el criterio de demarcación verificativa por la «controlabilidad» y la «confirmabilidad». En este sentido, una proposición es controlable si se conoce un método para proceder a su confirmación; y es confirmable cuando se sabe en qué condiciones queda confirmada por principio. A su vez, la con4 Como puntualiza Moulines (2011), «las leyes científicas, incluso las más simples, siempre tienen la forma de un enunciado universalmente cuantificado en el sentido lógico; es decir que, esquemáticamente, tienen la siguiente forma: «para todo x, si x tiene la propiedad P, entonces x tiene también la propiedad Q» —por ejemplo, «para todo x, si x es un cuervo, entonces x es negro»—. El criterio de verificabilidad requiere que, si queremos aceptar este enunciado como auténticamente científico, debemos mostrar que es equivalente a una conjunción de enunciados observacionales particulares (de «protocolos de observación», si se quiere) tales como: «este cuervo que veo a las diez de la mañana en mi jardín es negro», «este cuervo que veo a las once en el jardín de mi vecino es negro», etc. Pero muy pronto nos damos cuenta de que, por muy grande que sea el número de protocolos de este tipo que reunamos sobre los cuervos y su negrura, nunca llegaremos a establecer una conjunción de enunciados particulares que sea lógicamente equivalente al enunciado cuantificado universalmente» (p. 49). capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 171 firmabilidad es completa si una proposición se puede reducir a una clase finita de proposiciones que contienen predicados observables (por ejemplo «todas las manzanas de la caja son rojas»); y es incompleta si existe una clase infinita de proposiciones que contienen predicados observables y son consecuencia de la proposición dada (por ejemplo «todos los metales se dilatan al calentarlos») (Reale & Antiseri, 2010c, p. 876). Es obvio que las proposiciones confirmables de manera completa son similares a las analíticas de Kant, mientras que las confirmables incompletas son similares a las proposiciones sintéticas. Esta confirmabilidad bastaría para explicar el conocimiento científico, distinguiéndolo de aserciones metafísicas. La propuesta del operacionismo, si bien no procedió de un miembro del círculo ni de alguien en contacto con él, sino del físico norteamericano Percy Bridgmann (1882-1961) constituye un aporte compatible con la línea positivista lógica, y, posiblemente, con todo quehacer de investigación de disciplinas en busca de alcanzar un estatus científico (Moulines, 2011). En La lógica de la física moderna (1927) y La naturaleza de la teoría física (1936), Bridgmann alega que «lo importante de una teoría es lo que esta realiza efectivamente, no lo que dice que hace ni lo que su autor considera que hace [sino] entender claramente y referir con igual claridad aquello que uno hace efectivamente y aquello que sucede efectivamente en una situación determinada» (Cit. por Reale & Antiseri, 2010c, p. 878); y ejemplifica con el concepto de longitud, el cual puede ser operacionalizado simplemente especificando las acciones hechas para medirlo. Así se consigue una correspondencia entre la experiencia y la descripción que se hace de esta. El apogeo del Círculo de Viena se fue minando poco a poco debido, por un lado, a la dispersión de sus miembros hacia otras partes del mundo huyendo de la invasión nazi; y, por otro lado, debido a insuficiencias doctrinarias insuperables respecto al reduccionismo de conceptos, el verificacionismo de los enunciados. empíricos y la distinción analítico-sintético (Moulines, 2011). Se suele citar un discurso inaugural de Hempel en el Simposio de Illinois (1969) como el reconocimiento final de que la «visión heredada» —como se le llama a esta perspectiva del positivismo lógico— estaba terminada (Iranzo, 2020). Semejante ocaso no fue, sin embargo, como queda claro al leer la introducción de Ayer (1965) a su compilación, en cierto modo más que la metamorfosis de una crisálida en algo más desarrollado: 172 william montgomery urday la filosofía analítica. Esto ya venía ocurriendo como «tendencia filosófica autoconsciente» aproximadamente desde 1930 (Glock, 2012, p. 68), siendo gravitantes en el cambio nuevamente Wittgenstein y la influencia del pragmatismo5. De esta manera, queda configurado como el «giro pragmático» de la filosofía occidental, denotando el viraje de la orientación del análisis lógico de las proposiciones lingüísticas hacia un análisis conceptual de los usos del lenguaje en la vida cotidiana. ¿Cómo aparece el «segundo Wittgenstein»? Habiendo recibido el título de maestro, abandonó Cambridge y se desempeñó durante seis años como profesor de escuelas pueblerinas de la Baja Austria. Al parecer, esta experiencia de interacción con el lenguaje infantil cambió radicalmente su pensamiento al punto de llegar a ser casi la antítesis del primero. El lenguaje ideal, perfecto, lógico y científico que pretendía conseguir, no mostró frutos respecto a la explicación de lo verdaderamente importante. Así, Wittgenstein (2009) descubre en sus Investigaciones filosóficas (1953: póstumo) que el lenguaje ordinario no obedece a reglas definidas, sino a regulaciones informales y poco definidas; que las proposiciones no son agrupaciones de átomos lógicos ni existe una correlación de uno-a-uno entre las palabras y objetos, y ni siquiera todas las palabras aluden a objetos, teniendo significados complejos advertibles a través de sus innumerables usos y juegos diarios, sometidos a formas de vida concreta en un contexto cultural: «Se aprende el juego observando cómo juegan otros» (Wittgenstein, 2009, p. 217) En resumen, el lenguaje es una práctica humana pública y los problemas filosóficos surgen a raíz del mal entendimiento de dicha práctica. 5 Putnam (1999) adjudica sin dudas el calificativo de pragmatista a Wittgenstein. De hecho, aquel negó serlo porque identificaba el pragmatismo con la vulgarización que James hizo de esa clase de filosofía (ver Nubiola, 1995, p. 421). Según Glock (2012), «En lo tocante a la división analítica/continental, el pragmatismo ocupa un lugar ambivalente. Por un lado, el pragmatismo, especialmente en manos de Peirce, muestra fuertes afinidades con la filosofía analítica, con lo cual preparó el camino para la favorable recepción posterior a partir de la década de los treinta en adelante. […] Peirce aportó importantes contribuciones para el desarrollo de la lógica formal. Además, y en línea con el giro lingüístico trató de fundamentar su lógica en una explicación del significado y la referencia. […] Por otra parte, el pragmatismo se ha puesto regularmente en contraste con la filosofía analítica. Y más aún, tal como éste ha sido desarrollado por James y Dewey, presenta claras afinidades con la filosofía continental» (pp. 113-114). capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 173 Con respecto a esas prácticas, Wittgenstein le pide al filósofo tradicional que no piense, sino que mire y vea lo que realmente hace la gente en el curso de su vida cotidiana. La descripción de esas actividades, y no una teoría filosófica sinóptica sobre ellas, es la que le dará una representación adecuada de la realidad. (Stroll, 2002, p. 156) En ese sentido, los problemas filosóficos son algo así como una enfermedad que debe ser tratada terapéuticamente por el filósofo, desenredando los nudos conceptuales mediante el análisis del contexto en el cual se emiten ciertas expresiones. El asunto de comprender el significado de un juego de lenguaje es similar a comprender el conjunto de reglas que definen un juego de ajedrez, el juego mismo en operación y el rol de la pieza de ajedrez en el entramado. Así pues, comprender el uso es comprender el significado. No hay significados ocultos, todo es público. Complementariamente al desarrollo de la escuela analítica de Cambridge representada por Wittgenstein, también es destacable la escuela de Oxford, a cargo de los británicos Gilbert Ryle (1900-1976) y John L. Austin (1911-1960). El pensamiento de Ryle gira principalmente en torno al descubrimiento, prevención y/o corrección de aquellas confusiones expresivas del lenguaje ordinario que, debido a afinidades gramaticales aparentes, asignan conceptos a categorías que no corresponden, creando mundos alternos inexistentes. Austin, por su parte, se enfoca sobre todo en las relaciones entre el lenguaje y la acción, esclareciendo como los actos de habla pueden afectar la realidad de manera performativa (es decir palabras que al expresar acciones también las concretan, como por ejemplo decir «se levanta la sesión»). A partir de aquí ya se puede hablar de «postpositivismo» (Glock, 2012, p. 72). Este giro pragmático fue complementado por el filósofo Willard Quine (Estados Unidos,1908- 2000), quien, partiendo desde un enfoque naturalista6, se fija como tarea en primer lugar refutar dos tesis según él equivoca6 Al respecto: «La epistemología estudia para Quine un fenómeno natural, a saber, el sujeto humano físico […] su estudio responde al tema que siempre definió el sentido de la epistemología, a saber, poder comprender cómo la evidencia empíricamente disponible del observador se asocia a la teoría y, recíprocamente, cómo una teoría de la naturaleza transciende toda evidencia accesible» (Naishtat, 2012, p. 243). Además 174 william montgomery urday das. Así lo hace en Dos Dogmas del Empirismo (1951), una crítica destinada a mejorar dicho enfoque desde dentro. «Como empirista —dice Quine (2005)—, sigo concibiendo el esquema conceptual de la ciencia como un instrumento destinado en última instancia a predecir experiencia futura a la luz de la experiencia pasada» (p. 265). Para llevar a cabo la discusión acerca de los dogmas, primero los enuncia: se trata, por un lado, de la oposición analítico-sintético, y por otro, del criterio reduccionista del significado. Teniendo en cuenta que ambos están estrechamente relacionados, argumenta que los enunciados analíticos no son lógica y veritativamente reductibles por medio de postulados de significación, pues dicho razonamiento presupondría la idea de sinonimia o equivalencia de significado, y este, en sí mismo, es un enunciado sintético porque se haya dentro de un marco totalizador de funcionamiento del lenguaje. Por lo tanto, el significado de los enunciados analíticos depende de un criterio empírico y de una teoría lingüísticamente holista. Los enunciados no pueden significarse individualmente ni de manera aislada, sino que se encuentran ligados a un sistema de campo. […] resulta entonces absurdo buscar una divisoria entre enunciados sintéticos que valen contingentemente y por experiencia, y enunciados analíticos que valen en cualquier caso. Todo enunciado puede concebirse como valedero en cualquier caso siempre que hagamos reajustes suficientemente drásticos en otras zonas del sistema. (Quine, 1985, p. 77) En cuanto a la incorporación de lo analítico y lo sintético, es por eso por lo que la teoría del significado de Quine es llamada «holista»; y la asimilación que hace de lo a priori con lo empírico es la justificación de porqué es llamada «naturalismo». Abundando sobre este último punto, aunque Quine no cree que una reflexión racionalista a priori consiga dar luces sobre el funcionamiento del mundo, tampoco niega que no haya lugar para una ontología económica que se encargue de ello sobre otras bases. Por ejemplo, utilizando criterios lógicos de delimitación de aquello que se puede decir de este naturalismo epistemológico, se entiende que el conocimiento dentro de la ciencia natural proporciona un dimensionamiento de aquello que es real (naturalismo ontológico). capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 175 a través de una notación canónica, vale decir, una representación estándar inambigüa a través de cuantificadores existenciales y universales que simplifique la expresión de los elementos lingüísticos. Stroll (2002) dice que: «Junto a Wittgenstein, Quine es el filósofo analítico más importante e influyente de la segunda mitad del siglo XX» (p. 214), lo cual refuta el exégeta wittgensteiniano Peter Hacker, para quien negar la distinción analítico/sintético es incompatible con la filosofía analítica (Orellana, 2012, p. 73). Por último, Peter Strawson (Inglaterra,1919-2006) señala que no se debe tratar de reducir todo a la experiencia sensorial. En contraposición al empirismo tradicional, a la hora de analizar tanto el conocimiento como la percepción y la naturaleza de la mente, dice que hay que poner en juego una concepción más amplia. Esto es llamado por él «metafísica descriptiva», fundada en Aristóteles y Kant (López, 2006), disciplina que exploraría los usos del lenguaje, la estructura real del pensamiento sobre el mundo y la estructura conceptual edificada sobre esa base. 1.4. Marxismo-leninismo y post-marxismo A comienzos del siglo XX había dos fuertes variantes competidoras de interpretación del marxismo original: el de la socialdemocracia alemana y el del socialismo ruso. En la primera de ellas, el intelectual autodidacta Eduard Bernstein (Alemania,1850-1932) se puso rápidamente a la cabeza internacional, con la autoridad de ser el albacea testamentario de Engels, aunque con una concepción calificada de «revisionista» por los «ortodoxos», debido a que, en una serie de artículos previos dedicados a ventilar los problemas del socialismo, Bernstein había ido revisando los datos de la situación política y económica que no concordaban con las predicciones de Marx, llegando luego a cuestionar sus bases teóricas (Gustafsson, 1975). En la parte filosófica, Bernstein aborda en su libro Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia (1899) los problemas relacionados con el materialismo histórico y la dialéctica. En cuanto a la teoría materialista, considera que es esencialmente mecanicista en la medida que «todo evento posterior está predeterminado por la totalidad de la materia dada y por las relaciones dinámicas de sus partes», con lo cual: «Transferir el materialis- 176 william montgomery urday mo a la teoría de la historia significa […] sostener a priori la necesidad de todos los eventos y evoluciones históricas» (Bernstein,1982, p. 114). En este cuadro, cae por su peso que la consciencia y la voluntad humanas se subordinan al movimiento material. Sin embargo, la interpretación de Bernstein ve en ciertos escritos postreros de la vida de Engels la clave para creer que el determinismo material, expresado en el papel influyente de lo económico (relaciones de producción) sobre las acciones y pensamientos del hombre, solo constituye en el estadio actual de desarrollo un factor dependiente del peso que se le confiera a la economía; por lo tanto, cabe atribuir a los factores ideológicos y éticos una responsabilidad similar. La religión, la filosofía y la moral juegan un rol importante en la (auto)determinación del comportamiento humano. Por otra parte, Bernstein también procede a un análisis de la extrapolación de la dialéctica hegeliana al marxismo, que lleva al riesgo de construcciones deductivas arbitrarias basadas en un evolucionismo especulativo aplicado a eventos demasiados complejos. Declara: «El gran fraude de la dialéctica hegeliana consiste en que nunca se equivoca del todo. No se contradice precisamente porque para ella todas las cosas tienen en sí mismas su propia contradicción» (Bernstein,1982, p. 140). Había que separar, pues, la dialéctica del marxismo, pero a la vez buscar otro fundamento filosófico, que Bernstein encontró en el neokantismo, una variedad consistente con la filosofía materialista, pero sin sus excesos. Kant negaba la posibilidad del conocimiento absoluto, era agnóstico, lo que supone que cualquier forma de proposición sobre la realidad (o «cosa en sí») es, en gran medida, ideológicamente interpretativa, conclusión compatible con la intervención de los factores ideológicos y éticos. La otra variante fuerte del marxismo a comienzos del siglo XX fue liderada por el político ruso Vladimir Ilich Uliánov (1870-1924), más conocido como «Lenin». Las obras en las cuales se conserva su pensamiento filosófico son Materialismo y Empiriocriticismo (1908) y una colección de notas privadas de 1914-1916 póstumamente publicada como Cuadernos Filosóficos (1933), en las que ataca la epistemología de Mach y hace una defensa del papel que juega la dialéctica hegeliana dentro del marxismo. Lenin denuncia en primer lugar al empiriocriticismo como una filosofía idealista subjetiva y falsa ciencia natural que conduce a los mismos resultados que el solipsismo y el agnosticismo de Berkeley y Hume. Arguye que para un ma- capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 177 terialista la materia existe independientemente de su registro humano, y las «sensaciones son las imágenes de la única y última realidad objetiva —última no en el sentido de que ya es conocida en su totalidad, sino en el sentido de que no hay ni puede haber otra realidad excepto ella» (Lenin, 1975, p. 130). La verdad absoluta es la suma de las verdades relativas, y la práctica es importante en la consecución del conocimiento de aquellas a la hora de comprender la naturaleza y la sociedad, utilizando la epistemología marxista expresada a través de las herramientas de la dialéctica materialista y el materialismo histórico. En el eterno movimiento epistémico condicional y temporario anticipado por Hegel, las dependencias recíprocas, las transiciones de un concepto en otro y los cambios en la identidad de sus contrarios, son la esencia de la naturaleza ideal, y en la dialéctica materialista son reflejos del mundo objetivo: «La totalidad de todos los aspectos del fenómeno, de la realidad y de sus relaciones (recíprocas) —de eso está compuesta la verdad» (Lenin, 1974, p. 183). En suma, las abstracciones científicas que van «de la percepción viva al conocimiento abstracto y de este a la práctica» (ibid., p. 159) son el camino dialéctico hacia el reflejo de la realidad objetiva. No se puede pasar por alto la contribución de Mao Zedong (1893–1976). Este pensador chino sigue las directivas filosóficas marxistas-leninistas de aplicación de la dialéctica materialista a la realidad concreta en sus Cinco Tesis Filosóficas, una colección de escritos elaborados entre 1937-1963 y publicada en 1965 (Mao, 1981); mas se halla discrepante en un punto relacionado con el orden de precedencia de la estructura-superestructura. En Marx y Lenin la revolución económica precede a la revolución cultural, mientras que en Mao es lo contrario, impulsando esta última a través de la intervención de los individuos «desalienados» que van un paso más allá que el resto y sirven de fuerza motriz para apresurar los cambios de la estructura económica (Fabre y Fabre, 1970); en un reconocimiento implícito de que la ideología y los valores son factores tan o más importantes que el determinismo material. Por fuera de las líneas canónicas del marxismo-leninismo se decantaron varias alternativas que fueron, o condenadas por su «desviación», o simplemente ignoradas por no coincidir con la interpretación oficial. Entre ellas es remarcable por sus ribetes epistemológicos la del filósofo francés Louis Althusser (1918-1990), dedicado a demostrar que el marxismo no es 178 william montgomery urday un humanismo, pues si bien el «joven Marx» estaba atraído por una filosofía racionalista y comunitaria, esta deja lugar pronto al llamado de la auténtica ciencia. La prueba de ello radicaría en la sustitución de categorías poco claras en su lenguaje (verbigracia: «esencia del hombre») por otras de orden más objetivo y economicista (como «fuerzas productivas» o «relaciones de producción»). El humanismo, en opinión de Althusser, es ideología, pues pone al ser humano en un lugar ilusorio de realidad independiente del entorno estructural que lo condiciona: las relaciones productivas. La ciencia nace de la crítica a la ideología que la precede, y se diferencia de ella en que tiene «un objeto propio, una teoría general de su objeto y métodos objetivos de investigación», pero sigue trabajando con el material ideológico (véanse Padilla y Rey, 2015, p. 389). El comunicador y revolucionario italiano Antonio Gramsci (18911937) también es un referente interesante, en la medida que ofrece un viraje notable en la consideración del balance estructura-superestructura, en parte similar al consignado antes respecto a la política de la revolución cultural de Mao, pero diferente teniendo en cuenta que Gramsci lo teoriza para las sociedades no marxistas. Desde sus Cuadernos de la cárcel (1929-1935), Gramsci (1985) reivindica el papel de la cultura en cuanto proveedora de una concepción del mundo que imponga una hegemonía ideológica. La Escuela de Frankfurt, iniciada a través de la fundación de un instituto interdisciplinario (Instituto Para la Investigación Social) en la Alemania de 1923, sin coordinación alguna con Gramsci, obedece al mismo propósito. La relación de intelectuales que formaron parte de su época de apogeo es larga, figurando entre ellos los economistas Friedrich Pollock (1894-1970) y Henryk Grossmann (1881-1950); los sociólogos Karl Wittfogel (1896-1988) y Leo Löwenthal (1900-1993); y los filósofos Max Horkheimer (1895-1973), Theodor Adorno (1903-1969), Herbert Marcuse (1898-1979) y Walter Benjamín (1892-1940); así como el sociólogo y psicoanalista Erich Fromm (1900-1980). Los intereses de esta escuela de pensamiento se centraron en la crítica psicosociológica de la sociedad industrial sobre la base de la reivindicación del hegelianismo, del marxismo y del freudismo, de ahí que la denominación a que se hicieron acreedores es la de «teoría crítica». Pronto Horkheimer se convirtió en el principal líder y activista del grupo, seguido de Adorno y de Marcuse. capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 179 En resumen, tanto la filosofía de Gramsci como las de los integrantes de la Escuela de Frankfurt no tienen mucho más que ofrecer al tema epistemológico que la idea de la «mediación social». Para ellos el conocimiento está mediado por las estructuras sociales, políticas e ideológicas que lo contextúan. En tal sentido, no hay una representación directa, objetiva y neutral de la realidad, dado que esta florece en la cultura de masas, y aquella siempre se halla influida o sometida por factores sociales y de poder. Como dice Adorno (1984): «Ninguna teoría escapa ya al mercado» (p. 13). Puesto que el principio de que parten los simpatizantes de la teoría crítica es la visión global de la sociedad en sus relaciones vinculadas recíprocamente a los ámbitos económicos, históricos, psicológicos y culturales, detestan limitarse a observar contemplativamente la realidad solo mediante recursos epistemológicos, que además veían con desconfianza por reflejar, según su ver, un anhelo ilusorio y reaccionario de querer manejar las cosas a través de la razón. Jay (1989) da cuenta de que: A Horkheimer […] le disgustaba la tendencia de los marxistas vulgares a elevar el materialismo a una teoría del conocimiento, que proclamaba una certidumbre absoluta en la forma en que el idealismo había hecho en el pasado. En efecto, afirmar que una epistemología materialista podía explicar exhaustivamente la realidad significaba estimular la urgencia para dominar el mundo que tan vívidamente había desplegado el idealismo fichteano. (p. 102) Desde este enfoque es que se requiere liberar al hombre de la ilusión de racionalidad, que apresa sus ideas llevándolo al intento de explicarlas filosóficamente de manera tradicional. Para ello sirve la dialéctica materialista llamada por Adorno (1984) «dialéctica negativa» como principio de contradicción hegeliana, en tanto niega la identidad de ser (realidad total) y pensamiento. Marcuse (1969) escribe que la naturaleza humana es maleable y que: «El análisis crítico de esta sociedad solicita nuevas categorías: morales, políticas, estéticas» (p. 15). Y para conseguir un hombre nuevo sobre la base de esa maleabilidad: «Se necesita una tecnología de liberación, producto de una imaginación científica libre para proyectar y diseñar las formas de un universo humano sin explotación ni agobio» (ibid., p. 27), ergo: una tecnología de comunicación de masas que construya una nueva cultura, meta máxima de la Escuela de Frankfurt. 180 william montgomery urday El más connotado difusor actual de la teoría crítica es el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas. Consecuente con la matriz ideológica de Frankfurt, el meollo de su epistemología se enmarca en la pragmática de la «acción comunicativa» (Habermas, 1999), arguyendo que el conocimiento y la verdad son construidos socialmente mediante la dialéctica de la interlocución racional entre individuos; y para fundamentarlo recurre a diversas fuentes con mayor amplitud que sus antecesores posmarxistas. Entre otras las de Kant, Wittgenstein, Mead, Austin y Searle. Fuera del Círculo y alejado del marxismo-leninismo, aunque siempre reclamándose socialista en el sentido «humanista», el epistemólogo polaco Adam Schaff, (1913-2006) afirma que el carácter social e histórico del hombre (en términos de filogénesis y ontogénesis) en la línea de La ideología alemana de Marx y Engels, y de las Tesis sobre Feuerbach de Marx, se plasma antropológicamente —contradiciendo la teoría del reflejo de Lenin— en que la percepción sensible, el pensamiento conceptual y la praxis, constituyen tres etapas inseparables del conocimiento (Schaff, 1967), recuperando el papel de la subjetividad en el marxismo. 2.HETERODOXOS, HISTORICISTAS, PRAGMÁTICOS Y POSMODERNOS No todos los exponentes de la filosofía pueden afiliarse fácilmente a alguna corriente colectiva. Hay algunos que, por diversas razones, rechazan ser considerados entre los cultores de las líneas epistemológicas con mayor colectividad de seguidores. Otros simplemente desarrollan pensamientos tan disímiles que no se les puede enmarcar en un solo enfoque, o bien son tan eclécticos que se hace difícil darles una sola etiqueta. En otros casos concentran sus esfuerzos en ocuparse de temáticas especiales que merecen nombre propio. Y también hay los que, apartándose del carril de la weltanschauung (cosmovisión) y del zeitgeist (espíritu de la época) imperantes, buscan un camino tentativo que creen más fértil para sus objetivos epistémicos. Para designar un tanto forzada, pero ilustrativamente, tales orientaciones, se han agrupado aquí a los «heterodoxos», los «historicistas», los «pragmáticos» y los «posmodernos». capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 181 2.1. Heterodoxos La tesis central del filósofo y matemático galo Gastón Bachelard (18841962), radica en establecer precisiones acerca de la función que cumple la filosofía de la ciencia. Esta enseña a pensar sobre la variedad e historicidad del pensamiento científico, su esencia o «espíritu» formado a través de tres grandes períodos: El primer período, que representa el estado precientífico, comprendería a la vez la antigüedad clásica y los tiempos de renacimiento y de nuevos esfuerzos, con los siglos XVI, XVII y aun el XVIII. […] El segundo período, que representa el estado científico, en preparación a fines del siglo XVIII, se extendería hasta todo el siglo XIX y comienzos del XX. En tercer lugar, fijaríamos exactamente la era del nuevo espíritu científico en 1905, en el momento en que la Relatividad einsteiniana deforma conceptos primordiales que se creían fijados para siempre. A partir de esta fecha, la razón multiplica sus objeciones, disocia y reconfigura las nociones fundamentales y ensaya las abstracciones más audaces. (Bachelard, 2000, p. 9)7 Las transiciones bachelardianas entre las fases citadas son dinámicas, obedeciendo a cambios que pueden considerarse «rupturas epistemológi7 Asimismo, Bachelard (2000) añade que: «En su formación individual, un espíritu científico pasaría pues necesariamente por los tres estados siguientes, mucho más precisos y particulares que las formas comtianas. 1° El estado concreto, en el que el espíritu se recrea con las primeras imágenes del fenómeno y se apoya sobre una literatura filosófica que glorifica la Naturaleza, y que, extrañamente, canta al mismo tiempo a la unidad del mundo y a la diversidad de las cosas. 2° El estado concreto-abstracto, en el que el espíritu adjunto a la experiencia física esquemas geométricos y se apoya sobre una filosofía de la simplicidad. El espíritu se mantiene todavía en una situación paradójica: está tanto más seguro de su abstracción cuanto más claramente esta abstracción está representada por una intuición sensible. 3° El estado abstracto, en el que el espíritu emprende informaciones voluntariamente substraídas a la intuición del espacio real, voluntariamente desligadas de la experiencia inmediata y hasta polemizando abiertamente con la realidad básica, siempre impura, siempre informe» (p. 11). 182 william montgomery urday cas», es decir momentos en los cuales se someten a discusión y se destruyen conocimientos anteriores inadecuados, y se superan ciertas dificultades (todo lo cual supone lo que en la dialéctica implica «negación de la negación»), para obtener nuevas preguntas y plantear nuevos problemas. En este proceso, la ciencia se diferencia del saber vulgar en que este último emite respuestas definitivas en vez de abrir caminos novedosos. Hay, pues, también una ruptura entre el espíritu científico y el conocimiento común. Por otro lado, no debe pensarse que es la ciencia la que obedece a la razón filosófica, sino que es al revés. La filosofía es la que debe desarrollarse al compás del devenir científico. Aun así, dice Bachelard (2000): «Sólo la razón dinamiza a la investigación, pues sólo ella sugiere, más allá de la experiencia común (inmediata y especiosa), la experiencia científica (indirecta y fecunda). Es, pues, el esfuerzo de racionalidad y de construcción el que debe atraer la atención del epistemólogo» (p. 20). Las dificultades que hay que vencer para llegar a estructurar el espíritu científico son llamadas por Bachelard «obstáculos epistemológicos», que pueden resumirse como hábitos arraigados de conocimiento, inercia que hace que la cultura se estanque, teorías científicas que se enseñan como dogmas, y dogmas ideológicos que dominan diversas ciencias. De manera no muy clara, Bachelard propone superar dichos obstáculos a través de un «psicoanálisis del conocimiento objetivo» hecho por la filosofía de la ciencia, donde la idea es «psicoanalizar el interés, destruir todo utilitarismo por disfrazado que esté y por elevado que pretenda ser, dirigir el espíritu de lo real a lo artificial, de lo natural a lo humano, de la representación a la abstracción» (Bachelard, 2000, p. 12). Sobre los detalles de esta labor solo cabe especular que entiende dicho «psicoanálisis» como un proceso de progresivas síntesis psicológicas que, vinculando un concepto científico con otro y viendo sus relaciones de causa-efecto, las saque a la luz «Y de inmediato el pensamiento se presentará como una dificultad vencida, como un obstáculo superado» (ibid., p. 20); lo que, evidentemente, se asemeja a una catarsis intelectual y afectiva de la cultura científica. Un heterodoxo de distinta índole es el filósofo austríaco-británico Karl Popper (1902-1994), cuya corriente ha sido llamada «racionalismo crítico» (Reale & Antiseri, 2010c, p. 889). Él marcó equidistancia tanto del Círculo de Viena como de la Escuela de Frankfurt, e incluso del movimiento analítico, desarrollando críticas a esos enfoques y realizando desarrollos originales capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 183 respecto a diferentes puntos. Las objeciones más fuertes de Popper (1980) se relacionan con el caso del inductivismo en la lógica de la investigación científica. En tal sentido, no les da valor alguno a los dos tipos tradicionales de inducción: numérica y por eliminación. La primera, señala, no se justifica porque es inconvincente inferir enunciados universales a partir de enunciados singulares, por más que sean muchos. Así, no se puede concluir que todos los cisnes son blancos, aunque se haya visto una cantidad muy grande de ellos: esa es una incoherencia lógica. Respecto a la inducción eliminativa —cuyo núcleo está ligado a la aserción de que eliminar todas las teorías falsas implica la prevalencia de una teoría verdadera—, su planteamiento adolece de una falla fundamental, que es la infinitud potencial de teorías rivales, por más que momentáneamente sólo pueda identificarse un número finito de ellas. Todo problema siempre presenta numerosas formas de solucionarse lógicamente, convirtiendo la práctica científica en algo estimulante por su amplitud de posibilidades. Además, cualquier clase de investigación parte inevitablemente de una idea teórica previa que da tono a lo que se ha de observar e investigar. Incluso la metafísica puede ser fuente de inspiración para empezar a indagar sobre la realidad. La segunda cuestión pasa por el problema de la demarcación entre teorías científicas y no científicas. De acuerdo con Popper, las teorías científicas deben ser posibles de refutar mediante evidencia empírica, esto es, ser falsables, y el método hipotéticodeductivo es la herramienta de control para ello: se formula un problema, se presentan hipótesis acerca de su resolución, y se procede a probarlas en base a la constatación o no de las consecuencias anticipadas. Si no hay forma de comprobar dichas consecuencias, entonces la teoría no es científica. Ahora bien, para decidir cuál es la mejor teoría entre varias que se hayan probado hay cuatro formas: En primer lugar, se encuentra la comparación lógica de las conclusiones unas con otras: con lo cual se somete a contraste la coherencia interna del sistema. Después, está el estudio de la forma lógica de la teoría, con objeto de determinar su carácter: si es una teoría empírica —científica— o si, por ejemplo, es tautológica. En tercer término, tenemos la comparación con otras teorías, que tiene por principal mira la de averiguar si la teoría examinada constituiría un adelanto científico en caso de que sobreviviere a las diferentes contrastaciones 184 william montgomery urday a que la sometemos. Y finalmente, viene el contrastarla por medio de la aplicación empírica de las conclusiones que pueden deducirse de ella. (Popper, 1980, p. 32) Paradójicamente, la teoría que tenga más contenido informativo, más potencia explicativa y previsibilidad, es la menos probable; pues su mayor contenido informativo la inclinaría a equivocarse más. Por lo tanto, para Popper de la hipótesis más probable resulta la teoría menos falsable o controlable, lo cual lleva a declarar que el progreso del conocimiento científico es incompatible con la elevada probabilidad de los hechos. Así, el conocimiento se contrasta por medio de conjeturas y refutaciones, en lugar de buscar verificación constante. Popper (1991) anota: Puede describirse la actitud crítica como el intento consciente de hacer que nuestras teorías, nuestras conjeturas, se sometan en lugar nuestro a la lucha por la supervivencia del más apto [...] Así obtenemos la teoría más apta que está a nuestro alcance mediante la eliminación de las que son menos aptas. (p. 79) El tercer pensamiento pertinente de colocar en esta sección es el de la filósofa y escritora rusa-norteamericana Alisa Rosenbaum, conocida como Ayn Rand (1905-1982), que tituló a su sistema filosófico «objetivismo» (Rand, 2012), desarrollando una epistemología ligada a la razón y a la percepción sensorial como las facultades humanas que permiten adquirir conocimiento. Considera que la realidad es objetiva y existe independientemente del observador y de su consciencia, pero filtrada por los sentidos, de manera que lo que el ser humano experimenta es el influjo de la estimulación sobre sus receptores perceptuales. Una percepción es un grupo de sensaciones retenidas e integradas automáticamente por el cerebro de un organismo viviente. Es en forma de percepciones que el hombre capta la evidencia de sus sentidos y aprehende la realidad […] son las percepciones, no las sensaciones, lo dado, lo evidente. La comprensión de las sensaciones como partes componentes de las percepciones no es directa sino que es adquirida mucho más tarde por el hombre. (Rand, 2012, p. 11) capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 185 Sobre esta base la razón y la lógica operan confiablemente para desentrañar las complejidades de la existencia. Los conceptos (o universales) son para ella la cuestión fundamental de la filosofía, puesto que constituyen la materia del conocimiento. La mente humana se vale del concepto para captar lo existente desarrollándolo en tres etapas: una en la cual el niño se percata de los entes que lo rodean; otra donde reconoce cosas particulares dentro del campo perceptivo; y una tercera en que las relaciona en base a sus diferencias y similitudes. En esta última etapa, la conciencia es un estado de conocimiento que funciona como un proceso activo de diferenciación e integración de las percepciones, y «el hombre alcanza el nivel conceptual de la cognición» (Rand, 2012, p. 13). Respecto a la relación entre cognición y lenguaje, señala que: Los conceptos y, en consecuencia, el lenguaje, son primeramente una herramienta de cognición, no de comunicación como se considera comúnmente. La comunicación es meramente la consecuencia, no la causa ni el propósito primario de la formación de los conceptos […] El conocimiento precede a la comunicación; la condición previa de la comunicación es que se tenga algo que comunicar. (Rand, 2012, p. 69) En este esquema, Rand (2009) afirma: «Las emociones no son instrumentos de cognición» (p. 26), pues el factor emocional no puede guiar las acciones eficientemente; en ese sentido la introspección, aunque puede servir para captar contenidos o procesos de la consciencia, no es eficiente para conocer lo externo. Solo la debilidad de la razón lleva a la dependencia de la emoción, y la filosofía debe ser estudiada para autoprotegerse en ese sentido. Dado que el objetivismo se funda en la razón, rechaza lo «sobrenatural» o «seres sobrenaturales» como nociones abstrusas, dado que los hechos naturales son existencia y no hay consciencia sin existencia. «No hay ninguna razón para sugerir que la consciencia sea separable de la materia, y mucho menos opuesta a ella; no hay ningún indicio de inmortalidad, ni ninguna similitud con ningún presunto reino trascendente» (Peikoff, 2013, p. 18). Estos hechos deben ser aceptados sin evaluación, sin connotaciones de verdad o falsedad, porque simplemente existen, son lo real. Contrariamente, los hechos originados por el ser humano sí son evaluables. Según Peikoff, los objetivistas tampoco son materialistas porque estos últimos rechazan la 186 william montgomery urday consciencia como si fuera algo sobrenatural. En cambio, la doctrina objetivista la asimila a lo natural de manera parecida a la del hilemorfismo de Aristóteles, filósofo admirado por Rand. La filosofía del argentino Mario Bunge (1919-2020) ha sido equívocamente ligada a la filosofía analítica (por ejemplo, Beorlegui, 2010), por tanto «neopositivista», pero, como dice Cassini (2020), aunque Bunge tiene ciertas coincidencias con esa vertiente, muestra otros tantos desacuerdos: opción por entidades inobservables y por la explicación causal de los eventos microscópicos, creer en la existencia de auténticos problemas filosóficos, etc. Además, fue un duro crítico del Círculo de Viena y especialmente de Wittgenstein, a quien acusa de haber descuidado la filosofía concentrándose en aspectos lingüísticos. Es clasificable, pues, en sentido global, como un «heterodoxo», aunque su filiación general es materialista. Para él la epistemología es equiparable a filosofía de la ciencia, abarcando temas que exceden a la gnoseología, como la ontología, la semántica, la ética, la axiología y otros. Como Popper, es anti-inductivo, llamando «metodolatría» (Bunge, 1982, p. 29) tanto a la tendencia a seguir las reglas baconianas como al menosprecio cartesiano de la experiencia. Contra Popper y los deductivistas también considera que no toda hipótesis o teoría puede contrastarse mediante los datos empíricos, y, aun en caso de que lo fuera (como en el caso de algunas pseudociencias), falta juzgar si es compatible con el resto del conocimiento científico. En otro lugar se abundará sobre la posición de Bunge respecto a su filosofía materialista-emergentista de la mente. Otro pensamiento heterodoxo es el del español Gustavo Bueno (19242016), denominado «materialismo filosófico» por oposición al «materialismo corporeísta», que identifica la realidad material solo con lo tangible (Bueno, 1972, p. 29). En este sentido, para él la idea de materia es dialéctica y se concreta en tres tipos de géneros: lo físico, lo psicológico y lo abstracto cultural, que se interinfluyen entre sí. Por lo tanto, el mundo no es reducible a entidades físicas ni a productos de la mente. La principal propuesta de este autor es la «teoría del cierre categorial», que designa el proceso de construcción por el cual los sistemas científicos se configuran constituyendo organizaciones con unidad interna, pero a la vez con apertura a la incorporación de nuevas categorías igualmente sujetas a modificación, cuyo fin es ordenar con carácter no estático la comprensión de la realidad y el establecimiento de verdades objeti- capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 187 vas dentro del ámbito que le corresponda a cada ciencia. Por ello, se puede decir que el interés de Bueno (1992, 1993) se ubica preferencialmente en torno a los aspectos metacientíficos. En semejante escenario el análisis gnoseológico es el encargado de clasificar y ordenar los productos de las ciencias, por lo que es equivalente a una especie de gramática general de aquellas. A este respecto, […] el análisis gnoseológico no puede llevarse a espaldas del análisis ontológico. La determinación del alcance de cada ciencia implica la cuestión del alcance del campo categorial constituido por esta ciencia en la realidad del mundo fenoménico y en su relación con los campos de las otras ciencias intersectadas de modos diversos entre sí. (Bueno, 1993, p. 50) La teoría del conocimiento y la teoría de la ciencia no son independientes, pues ninguna de las dos deja de contar con sujetos y con objetos; ni tampoco de la idea de verdad o de validez. Hay que hacer la salvedad de que Bueno prefiere llamar gnoseología en vez de epistemología a la teoría de la ciencia, porque considera que hay teorías que ya han reservado el significado epistemológico a toda la filosofía, aunque no se mantienen en el terreno gnoseológico, como los enfoques de Piaget o de Bachelard. Lo epistemológico es identificado por Bueno con aquello que tiene que ver con la psicología del sujeto, por lo que no puede ser una alternativa reductora de lo gnoseológico. Por eso afirma: […] dudamos que la música se reduzca a sentimiento, o la Lengua se reduzca a comunicación. Una ciencia es algo más que un conocimiento, y podría compararse mejor a una maquina automática que, aunque haya sido producida por los hombres, logra desprenderse de ellos alcanzando un «funcionamiento automático objetivo» —en el todo, o en sus partes—, que desborda las más de las veces los primitivos fines instrumentales con arreglo a los cuales fue diseñada. (Bueno, 1993, p. 349) Este recuento de epistemólogos heterodoxos finaliza con el francés Edgar Morin (1921- ), cuya teorización fundamental se centra en el «pensamiento complejo» (Morin, 1995). Esta tesis define la complejidad en términos epistemológicos como «un pensamiento donde estará siempre presente la dificultad». En extenso: 188 william montgomery urday […] hay complejidad dondequiera se produzca un enmarañamiento de acciones, de interacciones, de retroacciones. Y ese enmarañamiento es tal que ni siquiera una computadora podría captar todos los procesos en curso. Pero hay también otra complejidad que proviene de la existencia de fenómenos aleatorios (que no se pueden determinar y que, empíricamente, agregan incertidumbre al pensamiento). Se puede decir, en lo que concierne a la complejidad, que hay un polo empírico y un polo lógico y que la complejidad aparece cuando hay a la vez dificultades empíricas y dificultades lógicas. (Morin, 1998, p. 421) La complejidad empírica está vinculada a las interrelaciones entre los eventos, de modo que cada uno provoca efectos en otros a manera de partes dentro de un todo. Asimismo, cada parte es singular, pero a la vez refleja el todo. La complejidad lógica aparece cuando hay fenómenos que se pueden conceptuar contradictoriamente al punto de excluirse, pero que contienen también aspectos complementarios. Lo dicho lleva al concepto de organización del conocimiento, que desde la visión tradicional (el paradigma de simplicidad) ha optado por rechazar todo aquello que perturba su constitución: el desorden y lo incierto; procurando seleccionar solo elementos coherentes e inambiguos, perdiendo así un valioso conjunto de fenómenos integrables. El nuevo enfoque, por el contrario, propone afrontar el reto de abarcar el entramado heterogéneo de constituyentes indesligablemente ligados en lo uno y lo múltiple, en la estructura y el cambio (lo cual no significa confundir complejidad con completitud, pues abarcar el conocimiento completo es imposible). El paradigma de complejidad recupera, así, la consciencia de la multidimensionalidad, donde la incertidumbre, el caos, la diversidad y la ambigüedad son procesos normales. Por último, en lo que se refiere a los niveles de complejidad propios de los seres vivientes, los procesos de auto-organización de los sistemas abiertos en biología y antropología (por ejemplo, los que hacen emerger la cualidad del individuo llamada conciencia de sí) deben cumplir con la tarea de dar las pautas para abordarlos. Morin (1995) señala que hay tres teorías y tres principios que coadyuvan a plasmar el pensamiento de la complejidad en la ciencia: La teoría de la información permite entrar en un universo donde a la vez hay orden (redundancia) y desorden (ruido), extrayendo algo nuevo, es decir la información misma, capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 189 que pasa a ser organizadora (programadora) de una máquina cibernética. La información que indica, por ejemplo, quién ha sido el vencedor de una batalla, disipa una incertidumbre; la que anuncia la muerte súbita de un tirano aporta lo inesperado y, al mismo tiempo, la novedad. La teoría de los sistemas fundamenta un pensamiento de organización. «El todo es más que la suma de las partes» significa que existen cualidades emergentes que nacen de la organización de un todo, y que pueden retroactuar sobre las partes. Por ejemplo, el agua tiene cualidades emergentes en relación con el hidrógeno y el oxígeno. Pero el todo es menos que la suma de las partes, pues ellas pueden tener cualidades inhibidas por la organización del conjunto. La teoría de los autómatas autoorganizadores (Von Neumann) implica que la máquina artificial no se repara a sí misma; la máquina viviente, en cambio, se regenera constantemente a partir de la muerte de sus células. El principio dialógico vincula dos principios o nociones antagónicas, indisociables e indispensables para comprender una misma realidad. Requiere unir nociones antagónicas para concebir los procesos organizadores y creadores en el mundo de la vida y de la historia. Por ejemplo, el físico Niels Bohr reconoce la necesidad de considerar las partículas físicas a la vez como corpúsculos y ondas. El principio de recursión organizativa supone una curva generadora donde productos y efectos son también productores y causantes de lo que los produce. Por ejemplo, somos resultado de un sistema de reproducción antiquísimo, pero sólo puede reproducirse si nosotros mismos nos transformamos en sus productores apareándonos. Los individuos humanos producen la sociedad en y por sus interacciones, pero la sociedad, como totalidad resultante, produce la humanidad de esos individuos al brindarles el lenguaje y la cultura. El principio hologramático muestra que en ciertos sistemas no sólo la parte está en el todo, sino que el todo está en la parte. Todo el patrimonio genético está presente en cada célula individual, al igual que el individuo es una parte de la sociedad, pero la sociedad está presente en cada individuo como un todo, a través de su lengua, su cultura y sus normas. Según Juárez y Comboni (2012), uno de los méritos epistemológicos del pensamiento de Morin es superar el divorcio entre el sujeto y el objeto. El conocimiento se construye desde una relación dialógica indisoluble entre ambos polos, sin necesidad de resolverse en una síntesis, pues el diálogo entre sujeto cognoscente y objeto conocido se ubican continuamente «en un contexto histórico-social-cósmico» (p. 41). 190 william montgomery urday 2.2. Historicistas Quien dio la pauta inicial en este rubro fue, indudablemente, el estadounidense Thomas S. Kuhn (1922-1996), a través de su provocativo trabajo La estructura de las revoluciones científicas (1962), asume el término «paradigma» para designar «ejemplos aceptados de la práctica científica real» que «proporcionan modelos de los que surgen tradiciones particularmente coherentes de explicación científica» (Kuhn, 2004, p. 34). Estas tradiciones se consolidan como dominantes en ciertas épocas de la historia de la ciencia a través de un proceso que sigue varias fases: 1. Etapa preparadigmática: período en el cual no hay ciencia, se recogen los datos al azar y hay escuelas enfrentadas entre sí. 2. Etapa de ciencia normal: comienza la ciencia y una de las escuelas hace consenso en la comunidad acerca de problemas definidos por ella y soluciones existentes según la misma. Es el paradigma dominante entre los científicos. 3. Etapa de anomalías o de ciencia extraordinaria: al crecer el contenido informativo de la teoría, van surgiendo problemas que se resisten a la aplicación de las soluciones aceptadas por el paradigma dominante, lo que desemboca en una crisis. 4. Etapa de revolución paradigmática: ciertos científicos crean o aceptan una forma distinta de ver las cosas que cancela el enfoque anterior, argumentando que el nuevo paradigma es capaz de resolver los problemas que pusieron en crisis al viejo. Progresivamente va sumando adeptos en la nueva generación, constituyendo una nueva etapa de ciencia normal que, andando el tiempo, se sujetará al mismo destino de la antecesora, es decir aparecerán anomalías y habrá nueva crisis. Una pregunta difícil de contestar, según Kuhn, es si semejante sucesión de etapas se dirige hacia algún tipo de progreso, es decir, si sirve para obtener realmente mejores explicaciones sobre la naturaleza o se puede asegurar que ponen el conocimiento más cerca de la verdad. En cualquier caso, señala, imaginar que la ciencia tiene un objetivo evolutivo histórico final es inútil, basta conformarse con que la citada evolución lleve a los científicos a superar los conocimientos tanto primitivos como actuales. Una noción muy discutida de este pensador es la tesis de la inconmensurabilidad. Según ella, capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 191 visiones diferentes del mundo tienen teorías, conceptos y métodos incomparables entre sí, pues parten de definiciones formuladas con lógicas discordantes aun cuando traten de un ámbito común. Por lo tanto, la ciencia no es acumulativa en el sentido de que un paradigma vigente recoja lo elaborado por otro anterior. El pensamiento del húngaro Imre Lakatos (1922-1974) constituye en buena medida un contrapunto a los de Popper y Kuhn. Respecto al primero, distingue tres tipos de falsacionismo metodológico: el dogmático, el ingenuo y el sofisticado (Lakatos, 1983). El falsacionismo dogmático supone que la ciencia avanza consiguiendo datos sólidos mediante intrépidas conjeturas e inequívocas falsaciones, trazando un límite entre ciencia y no-ciencia; pero el trabajo científico no admite falsaciones infalibles debido a la carga teórica de la observación: entre las proposiciones observacionales y teóricas no hay demarcación natural. Por ejemplo, Galileo quiso refutar la idea de que los cuerpos celestes eran esferas de cristal, pero al carecer de instrumental de observación adecuado, tuvo que hacerlo en gran parte sobre la base de sus opiniones. En consideración a esto, el falsacionismo ingenuo recusa que la base empírica de la ciencia sea infalible, y observa que las hipótesis auxiliares que respaldan la hipótesis principal para resolver un problema tampoco son irrefutables. Sin embargo, Lakatos apunta que el falsacionismo ingenuo restringe el problema a una serie de confrontaciones entre la teoría y los hechos, cuando lo que sucede en realidad es la confrontación de dos teorías rivales y los hechos. Para esta otra postura, que es la del falsacionismo sofisticado, la supervivencia de una de las teorías no se debe a que un hecho la contradiga, sino a que dicha teoría constituye una mejor alternativa para la comunidad científica. Con este criterio demarcador, una teoría será científica en relación tanto si muestra mayor contenido que otra anterior como si aunque sea una parte de ese más considerable material resulta verificado. Consecuente con su opción por el falsacionismo sofisticado, Lakatos (1983, p. 92) señala que la historia de la ciencia es una historia no de paradigmas únicos en el sentido keniano, sino de programas de investigación en competencia. Un programa de investigación involucra un conjunto de teorías sucesivas (T1, T2, T3, T4), desarrolladas desde una médula central (en un mismo marco de investigación) que se mantiene infalsable por decisión metodológica. Alrededor de dicha médula, existe un cinturón protector compuesto por categorías modi- 192 william montgomery urday ficables sin afectar al núcleo. Ejemplos de programas de investigación en la historia de la ciencia son las teorías del copernicanismo, el mecanicismo de Descartes o de Newton, así como la teoría de la evolución de Darwin. Un tercer filósofo enmarcable como «historicista» es el austríaco Paul Feyerabend (1924-1994), propulsor del «anarquismo epistemológico», el cual en su discutido libro Contra el Método (1975), sostiene con diversas pruebas históricas que no solo no hay reglas metodológicas firmes, estables y vinculantes que dirijan el progreso científico, sino que las normas fijas y universales no son deseables por ser nocivas para la ciencia. En general, Las reglas ingenuas y simplistas sugeridas por los epistemólogos racionalistas y empiristas no cubren el enorme laberinto de interacciones que muestra la historia real. En este contexto, para él la narrativa científica, llena de restricciones y de principios falsamente inalterables, no es más que otra ideología adoctrinada, comparable a la religión, la magia y la mitología. En contraposición a esto, el ideal de Feyerabend (1986) es una epistemología abierta y pluralista, a manera de suscitadora de herramientas de investigación adaptables a cada contexto. Las violaciones históricas a las reglas metodológicas no son acontecimientos accidentales, ni tampoco son resultado de errores o ignorancia. Al contrario, fueron necesarias para el avance científico, por lo que proporcionan el canon de acción para llegar a algo. Con este reconocimiento, Feyerabend propone dos «contrarreglas»: Contrarregla uno: «No existe ninguna idea, por antigua y absurda que sea, que no pueda mejorar el conocimiento» (Feyerabend, 1986 p. 31). «EI único principio que no inhibe el progreso es: todo sirve» (Ibid., p. 7). Contrarregla dos: «Se puede hacer avanzar la ciencia procediendo contrainductivamente» (Ibid., p. 13), tratando de encontrar o formular hipótesis / teorías en pugna con los datos experimentales oficialmente aceptados, e incluso propongan nuevas formas de percepción del mundo. En conclusión, La proliferación de teorías es beneficiosa para la ciencia, todo sirve para mejorar las teorías, se requieren nuevos esquemas conceptuales que contradigan aquellos resultados de investigación mejor establecidos, que pongan en duda los principios teóricos más atendibles, introduciendo percepciones diferentes. El cuadro de autores más representativos del giro historicista se completa con el eminente académico norteamericano Larry Laudan (1941-2022), quien capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 193 parte de un modelo reticular de progreso científico alternativo al modelo kuhnniano jerárquico de cambio conceptual. Como bien lo resume Colombo de Cudmani (1997), el modelo reticular de Laudan (expuesto en su libro Ciencia y Valores de 1984) «plantea un proceso de cambio complejo, de reajustes mutuos, que no se dan necesariamente al mismo tiempo, en el cual ningún campo es privilegiado en el sentido de marcar el comienzo de un ciclo o proceso de cambio» (p. 328). Los componentes armónicamente interrelacionados de su modelo de reajustes mutuos son, por un lado, los conceptos y ontologías propias de las teorías; por otro lado, las metodologías; y, finalmente, las propuestas axiológicas inherentes a ellas. Sin embargo: La tesis de Laudan sostiene que los científicos pueden alterar sus compromisos teóricos sin afectar sus compromisos metodológicos y axiológicos […] muchos cambios conceptuales y aceptaciones de nuevas teorías científicas se dan sin que cambien apreciablemente ni los fines y las metas, ni los cánones de aceptación y validación que usan los científicos. (Colombo de Cudmani, 1997, p. 328) Algunas otras ideas del pensamiento de Laudan que resultan pertinentes a esta reseña son expuestas en su obra El progreso y sus problemas (1977), donde refiere que la acumulación de evidencias y confirmaciones de tipo empírico no garantizan el avance científico. En su propia síntesis, Laudan (1986) afirma que: 1. Las sustituciones de teorías son, generalmente, no acumulativas; esto es, ni el contenido lógico ni el empírico (ni siquiera las «consecuencias confirmadas») de las teorías anteriores se preserva del todo cuando estas son sustituidas por otras más recientes. 2. Normalmente, no se rechazan teorías simplemente porque presentan anomalías, así como tampoco, en general, por el mero hecho de estar confirmadas empíricamente. 3. Los cambios de las teorías científicas, y las controversias sobre ellas, se resuelven en cuestiones conceptuales, más que de apoyo empírico. (pp. 9-10) Del tercer postulado se sigue que las teorías rivales coexisten y se evalúan la mejor comparándola con las demás en función a su eficiencia para re- william montgomery urday 194 solver problemas. Dicho proceso en conjunto no calza ni en la formulación de los paradigmas de Kuhn ni en la de los programas de investigación de Lakatos, por lo que Laudan ve necesario proponer las «tradiciones de investigación». Estas contienen cierto número de teorías contemporáneas o sucesoras de otras con compromisos metafísicos o metodológicos comunes. Asimismo, cada tradición de investigación (a diferencia de las teorías aisladas) pasa por un número de formulaciones distintas (a menudo contradictorias); durante un largo período. Ejemplos típicos de tradición investigativa son el empirismo y nominalismo en filosofía, el voluntarismo y necesitarismo en teología, el conductismo y freudismo en psicología, el utilitarismo e intuicionismo en ética, el marxismo y capitalismo en economía, el mecanicismo y vitalismo en fisiología, etcétera. 2.3. Pragmáticos La primera gran influencia epistemológica pragmatista del siglo XX fue la del instrumentalismo, John Dewey, definido así por él como una variedad del pragmatismo: El pragmatismo […] se presenta a sí mismo como una ampliación del empirismo histórico, pero con esta diferencia fundamental: que no insiste en los fenómenos antecedentes, sino en los fenómenos consecuentes; no en los precedentes de la acción, sino en sus posibilidades […] (p. 71). El instrumentalismo es un intento de establecer una teoría lógica precisa de los conceptos, los juicios y las inferencias en sus diversas formas, por el procedimiento de considerar principalmente cómo funciona el pensamiento en la determinación experimental de consecuencias futuras. Es decir, intenta establecer distinciones y reglas lógicas universalmente reconocidas derivándolas a partir de la función reconstructiva o mediadora atribuida a la razón. Su objetivo es constituir una teoría de las formas generales de concebir y razonar, y no de este o aquel juicio concreto en relación con su propio contenido o con sus particulares implicaciones. (Dewey, 2000b, p. 73) En el mismo escrito (pp. 73-74), Dewey revela que los antecedentes del instrumentalismo son, por un lado, el kantismo, y por otro la psicología capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 195 conductista de Watson. Para el instrumentalismo, el hombre otorga significado y factor de cambio a la naturaleza, por lo que la función de la filosofía es, principalmente, situar dicha significación en torno a la modificación del mundo existente. La epistemología que concibe un universo estático a través del solo análisis del conocimiento puede ser afín al idealismo, mas no al realismo, pues soslaya que propio acto del conocer es ya un tipo de cambio en las cosas (Dewey, 2000a). Es así como «el tipo de conocimiento que resulte ser válido será el que participe en un cambio para que este tenga lugar de la forma requerida» (Dewey, 2000c p. 161). En este contexto, «la función del pensamiento reflexivo [...] es transformar una situación en la que se tengan experiencias caracterizadas por la obscuridad, la duda, el conflicto, en definitiva, experiencias perturbadas, convirtiéndola en una situación clara, coherente, ordenada y armoniosa» (Cit. por Reale y Antiseri, 2010c, p. 453). La diferencia con el empirismo clásico es que no existen datos puros, que cualquier idea o hecho se formulan en relación a un plan electivo y organizativo de las condiciones existentes con miras al futuro, que concreta el sujeto en función a las consecuencias prácticas de sus acciones. Como concluye Dewey (2000b): «Un empirismo que se conforme con repetir hechos ya pasados no deja sitio a la posibilidad y a la libertad» (p. 71). El pragmatismo instrumentalista sí toma en cuenta esos valores. El filósofo y sociólogo George Herbert Mead (Estados Unidos,1863-1931) también era un pragmatista con su propia contribución, autodenominada «conductismo social». Desde su enfoque la mente, el símismo y la sociedad surgen del proceso de intercambio de símbolos significantes, es decir aquellos gestos vocales que —en el curso de la experiencia social y la conducta cooperativa en que surgen— operan como claves convencionales que producen modos paralelos de respuestas internas y subjetivas de ajuste entre individuos dialogantes. Así, Mead (1999) en su obra Espíritu, Persona y Sociedad (1934), adopta el parecer de Locke sobre que el lenguaje es la base social del pensamiento sobre el mundo, y también sobre sí mismo. La mente y el acto de pensar no serían factibles sin símbolos significantes, y, asimismo, el ejercicio de la razón presupone la existencia de una organización social. El uso de símbolos significantes implica que quien los vehiculiza en cierto modo asume el papel que desempeña «el otro» al cual comunica, formulando supuestos acerca de cómo los recibe en 196 william montgomery urday relación con el estándar cognoscitivo de la comunidad. Lo mismo respecto a dicho estándar es válido para desarrollar la concepción de sí mismo. Las autorrespuestas ante símbolos significantes vienen a configurar el llamado pensamiento. Se puede caracterizar este proceso múltiple y simbólicamente interactivo una vez terminado, esclareciendo las funciones del «yo» y del «mí». El «yo»: Es la respuesta que el individuo hace a la actitud que otros adoptan hacía él, cuando él adopta una actitud hacía ellos. Ahora bien, las actitudes que él adopta hacia ellos están presentes en su propia experiencia, pero su reacción a ellas contendrá un elemento de novedad. El «yo» proporciona la sensación de libertad, de iniciativa. La situación existe para nosotros, para que actuemos en forma consciente de nosotros. Tenemos conciencia de nosotros, y de lo que es la situación, pero jamás entra en la experiencia la manera exacta en que actuaremos, hasta después de que tiene lugar la acción [...] El «mí» representa una organización definida de la comunidad, presente en nuestras propias actitudes y provocando una reacción. (Mead,1999, p. 205) La filosofía del norteamericano Stephen C. Pepper (1891-1972) estuvo más dedicada en su momento a la ética y la estética que a la epistemología, pero su libro Hipótesis del Mundo (Pepper, 1942) trae a colación sugerentes esquemas descriptivos (metafísicos y ontológicos) de la filosofía de la ciencia en la primera mitad del siglo XX, que se han actualizado recientemente gracias al rescate de la perspectiva contextualista —como rotulaba Pepper a su concepción de pragmatismo— por parte de ciertas vertientes y ramas psicológicas contemporáneas (véanse Berry, 1984, y Maero, 2022). Es bueno aclarar, sin embargo, que como anotan Siqueira y Bassani (2023): «Pepper, en su biografía, no se reconoce como un pragmático, discutiendo esta cosmovisión sólo como una entre otras posiciones filosóficas, declarándose además preocupado por abordar hipótesis y evidencias “más confiables” —un método que invariablemente se acerca al propuesto por los pensadores pragmáticos» (p. 2). Las hipótesis del mundo no son más que cosmovisiones originadas a partir de «metáforas raíz» (creencias del sentido común que cada persona se forma en su experiencia cotidiana), que sirven como guía para el conocimiento de las cosas. Las metáforas raíz capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 197 proporcionan categorías de aproximación a la verdad en diversos niveles durante las interacciones que un individuo tiene con su entorno. Los hechos ya conocidos mediante este mecanismo dan las claves para conocer e interpretar otros nuevos, y consecuentemente con ese estilo de relacionamiento gnoseológico se van elaborando las hipótesis generales frente a la realidad, hasta llegar a configurar una metafísica y una ontología particulares. La misión final de las hipótesis del mundo es ofrecer precisión y amplitud para el análisis de cualquier hecho, por lo tanto, son sistemas explicativos de alto valor. Ahora bien, según Pepper (1942): «Algunas metáforas han demostrado ser más fértiles que otras, tienen mayores poderes de expansión y de ajuste. Estas sobreviven en comparación con las demás y generan las teorías del mundo relativamente adecuadas» (pp. 91-92), estas cosmovisiones son cuatro (descartando algunas otras evidentemente inadecuadas): el formismo, el mecanicismo, el contextualismo, y el organicismo. Su descripción más sucinta es: […] el formismo, basado en la metáfora raíz de la similitud, asociada con los desarrollos platónicos y aristotélicos; el mecanismo, basado en la metáfora raíz de los cuerpos en interacción, o la máquina, iniciado por Leucipo y Demócrito y desarrollado luego por Galileo, Descartes, Hobbes, Locke, y otros; el organicismo, basado en la metáfora raíz de un todo orgánico dinámico, asociado con Hegel y sus seguidores; y el contextualismo (o pragmatismo), basado en la metáfora raíz del evento histórico transitorio en su contexto biológico y cultural, asociado con Dewey y su escuela. (Pepper, 1970; Cit. por Maero, 2022, p. 12) Como en el caso de los paradigmas kuhnnianos, las hipótesis del mundo no son sistemas de pensamiento «puros», sino interpretaciones diversas que frecuentemente mezclan y yuxtaponen categorías de una cosmovisión con otra, a veces en base a afinidades reales y a veces por errores de comprensión, pero una diferencia fundamental entre las hipótesis del mundo de Pepper y los paradigmas de Kuhn es que mientras que estos últimos se producen en etapas sucesivas, los primeros se dan simultáneamente. Ambas posiciones aluden a la inconmensurabilidad, pero una en términos de cancelación de lo anterior en tanto que la otra en términos de competitividad. Las hipótesis del mundo, entonces, muestran mayor flexibilidad que los pa- 198 william montgomery urday radigmas, ya que pueden cambiar dentro de ciertos parámetros sin dejar de ser vías alternativas a las demás. Prosiguiendo con el recuento, Richard Rorty (1931-2007), filósofo también estadounidense, fue llamado «neopragmático» por ofrecer tesis más heterodoxas que lo que es habitual en el pragmatismo clásico. Al respecto, Susan Haak (2001, p. 50) señala: […] algunos de los temas recurrentes en el variable caleidoscopio de los escritos de Rorty: que los problemas metafísicos y epistemológicos que ocupan el tradicional centro de la filosofía son equívocos, pues los conceptos de verdad y creencia justificada tienen mucho menos base de lo que habitualmente han supuesto los filósofos; que la ciencia sólo es parte de la conversación de la cultura occidental, y la alta estima en que nuestra cultura tiene a lo científico no encuentra justificación en ninguna distinción epistémica objetiva y, en consecuencia, que, en vez de aspirar a volver científica a la filosofía, deberíamos transformarla en un género literario. Los problemas que parecen ser los puntos neurálgicos de la concepción epistemológica de Rorty son, pues, sus dudas acerca de la «teoría de la verdad como correspondencia» —según la cual las proposiciones acerca de la realidad son verdaderas solo si se corresponden con los hechos— y de la «creencia como representación». La verdad depende de la mediación de otras creencias para dar cuenta de hechos sobre los cuales se supone que radica la verdad de nuestras creencias. Así, dice que debemos tener en cuenta el uso corriente de «verdadero», con el significado aproximado de «lo que puedes defender frente a cualquiera que se presente». En este caso, la línea de separación entre que una creencia esté justificada y sea verdadera es muy fina Rorty. (2010, p. 281) Por eso Haack (2001) pone de manifiesto que Rorty considera que hay dos concepciones de la verdad: una como consenso y otra como representación exacta, pero esta última es inútil. Otra sugerencia aventurada de Rorty es reintroducir la hermenéutica, aunque no como sucesora de la epistemología, sino como una expresión de que la conmensurabilidad de las aportaciones a un discurso determinado sostenida por la epistemología en el sentido de erigirse como «guardián de la racionalidad, o «el rey-filósofo platónico que sabe capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 199 lo que están haciendo realmente todos los demás tanto si lo saben ellos como si no, pues tiene conocimiento del contexto último (las Formas, la Mente, el Lenguaje) dentro del que se están haciendo» (Rorty, 2010, p. 289), no existe, pues no hay fundamentos comunes a las pretensiones de conocimiento. La hermenéutica juega el papel no autoritario de «intermediario socrático» para llegar a compromisos o trascender desacuerdos entre disciplinas y discursos. En tal sentido, Rorty une las sendas del pragmatismo y del relativismo. El último representante abordado aquí será otro neopragmático: Hilary Putnam (Estados Unidos, 1926-2016). El devenir filosófico de Putnam ha sido fluctuante: comenzó como positivista lógico, luego pasó por la filosofía analítica y finalmente se acercó al pragmatismo (ver Putnam, 1999, p. 15); pero algunos prefieren identificarlo con la denominación de filósofo «naturalista liberal» (López, 2022). En esta última etapa, se convierte en un fuerte contradictor de Rorty, con quien sostuvo una larga polémica y a quien moteja de «relativista cultural» (Faerna, 2018, p. 79) y hasta de hacer una «falsificación de Wittgenstein» (Putnam, 1999, p. 54). Las simpatías de Putnam estuvieron principalmente con el pragmatismo de James, a quien incluso compara con Wittgenstein, sin dejar de lado a los otros clásicos. Respecto al criterio de verdad en la ciencia, cree que este se juzga en función a las ideas que contrastadas con la praxis y sus aplicaciones: si tienen éxito, son correctas. Y aun antes de hacerlo, la ciencia progresa sobre la presunción de que las teorías postuladas poseen un valor aproximado de verdad. En contra de la propuesta positivista de ciencia unificada, Putnam considera que no puede existir un programa común para todas las disciplinas científicas y sus tipos de investigaciones particulares. Los filósofos, como dimensión interpretativa y crítica, deben aceptar la multitud y diversidad de las ciencias humanas y sociales. Además, hay formas de conocimiento informales que dependen de habilidades no científicas (López, 2022). 2.4. Posmodernos y constructivistas radicales El posmodernismo (o giro posmoderno) es una tendencia filosófica hermenéutica de cuño «continental» —es decir, afincado más que nada en el occidente europeo, sobre todo en Francia, con raíces hegelianas, freudianas, 200 william montgomery urday heideggerianas, bachelardianas y marxistas de la teoría crítica (Círculo de Frankfurt)—, que desde los años 60 del siglo XX se impuso para designar las insatisfacciones con el modo de pensar de la modernidad y de la ilustración; crítica que se extiende a todo el funcionamiento sociocultural y político, por lo que frecuentemente se le denomina también como posestructuralismo (Mejía, 2004). El término «posmodernidad» fue popularizado por Jean-François Lyotard (Francia, 1924-1998) en su libro La Condición Posmoderna (1979), en el cual asume que se han sobrepasado las ideas de la modernidad y la Ilustración, siendo el mundo más complicado de lo que los modernos piensan, de trama abierta, más desordenado y menos programado; así que propone nuevas formas de cuestionar y leer los textos y la historia. La objetividad, la verdad, la forma correcta de entender la naturaleza o un texto determinado son mitos. Todas las interpretaciones son igualmente válidas. Ningún grupo tiene un estatus especial respecto a sus valores culturales y morales: estos son productos sociales subjetivos. Debido a que creen que la civilización occidental, en nombre de la razón y de la verdad, impuso valores dominantes, opresivos y la destructivos, llevan a cabo un activismo en contra de la alianza entre razón y poder, para deconstruir sus bases y erigir un nuevo balance. Los principales ponentes de estas argumentaciones son los filósofos Michel Foucault (1926-1984); Jacques Derrida (1930-2004); Jean Baudrillard (1929-2007); Gilles Deleuze (1925-1995); y el psicoanalista Félix Guattari (1930-1992); todos de nacionalidad gala. Aquí solo se expondrán brevemente las tesis principales de Foucault y Derrida. Para Foucault (2002), siguiendo el razonamiento de Bachelard, la historia de la cultura está informada o gobernada por «estructuras epistémicas» (epistemes: relaciones discursivas existentes en determinada época entre los diversos campos de la ciencia), que actúan inconscientemente sobre los campos del conocimiento. Ellas son la «verdad» impuesta desde el poderen cada época. En su libro La arqueología del saber (1969) declara que esta es la ciencia que estudia estos discursos/epistemes, y describe tres estructuras epistémicas que se suceden sin continuidad: 1) el renacimiento, donde predomina un saber determinado por la figura de la semejanza que ordena y regula todo conocimiento posible; 2) la edad clásica (s. XVII y XVIII), definida por la ciencia de la medida y del orden y por la teoría de la representación; y 3) la modernidad (desde el s. XIX al presente), donde desaparece la teoría de la representación como fundamento del orden y aparece el hombre como sujeto/objeto del saber. capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 201 El aporte más notorio del popular Derrida (1989)8 es el concepto de «deconstrucción»: surge como metáfora anárquica (apropiación) y metáfora de destrucción (nihilización), porque critica, analiza y revisa las palabras y sus conceptos, buscando una nueva lectura dirigida a encontrar dentro de un texto todos los sentidos y posibilidades presentes, una «estrategia» para la descomposición de la metafísica occidental. La significación de un texto resulta de la diferencia entre las palabras usadas, más que de la referencia de las cosas que ellas representan. Un ejemplo de deconstrucción puede ser el siguiente: el discurso se organiza alrededor de un centro ordenador (esencia, alma, logos, consciencia, dios, significado, verdad, identidad, presente). Esto produce una distinción entre un interior (el centro) y un exterior marginado, creando oposiciones binarias: Alma/cuerpo, Lenguaje/escritura, Espiritualidad/materialidad, Interior/exterior, Significado/significante, Identidad/diferencia, Esencia/apariencia, Natural/artificial. En ellas el primer término actúa como centro, gobernando al otro. El segundo queda marginado en un nivel inferior, desplazado, como si tuviera sólo un valor negativo suplementario (el alma como superior al cuerpo, el habla como superior a la escritura, etc.). Este interés en replantear de manera novedosa y original cosas conocidas, hace ver a Krieger (2004) en este filósofo posmoderno una semejanza con Wittgenstein, concluyendo que: «Derrida liberó los potenciales cognoscitivos e imaginativos en la mente de los lectores, detectó las tensiones y contradicciones de la autocomprensión humana» (p. 188). Una postura afín al posmodernismo, aunque con mayores fundamentos en la epistemología clásica es el «constructivismo radical» de escuela austriaca, puesto que sus principales defensores son de esa nacionalidad, aunque hayan trabajado en Estados Unidos. Muestra primordiales influencias históricas de la filosofía de Vico, Kant y la teoría de la percepción de Berkeley, así como del constructivismo piagetano y de la teoría de la comunicación entre las más recientes. Para los constructivistas radicales (por ejemplo, Paul Watzlawick [1921-2007] o Ernst von Glasersfeld [1917-2010], entre los más importantes), las realidades científicas, sociales e individuales son 8 «Según estimaciones cuantitativas, Derrida fue citado más que cualquier otro filósofo de su tiempo, en todas estas áreas [la literatura, la teología, la pedagogía, la música y la arquitectura], a nivel mundial» (Krieger, 2004, p. 183). 202 william montgomery urday inventadas en base al modo particular que cada cual tiene de buscar la realidad. Solo podemos saber del mundo lo que éste no es, y la realidad se construye a través de un actuar. Constituye, pues, «un paradigma epistemológico contrapuesto al realismo» (Martínez, 1999, p. 494). Glasersfeld (1994) propone, siguiendo a Vico, que la epistemología constructivista radical debe volver a dar el primer paso para resolver el problema entre realismo y solipsismo, ubicando el conocimiento como un modelo de construcción de la realidad en virtud de la propia experiencia. «Apenas se concibe el conocimiento, no ya como la busca de un icónico acuerdo con la realidad ontológica, sino como búsqueda de modos de conducta y pensamiento que encajan, desaparece el problema tradicional» (p. 36). 3. EL PANORAMA EN LATINOAMÉRICA Y EL PERÚ Beorlegui (2010) revisa la lista de los representantes de la filosofía latinoamericana en el siglo XX, determinando hasta seis períodos generacionales desde 1900 hasta1980. Asimismo, señala siguiendo al filósofo peruano Francisco Miró-Quesada (1918-2019), que en dicho devenir se delinearon dos grandes tendencias: la «afirmativa», interesada en el análisis de la realidad sociohistórica de la región iberoamericana; y la «asuntiva», más ligada al estudio en el campo académico tradicional de la filosofía. Por razones de espacio y concreción, solo se van a seleccionar algunos de los referentes principales a nivel internacional y nacional. En lo que respecta a la segunda de tales orientaciones, se pueden destacar dos figuras en la generación de 1900: el psiquiatra argentino José Ingenieros (1877-1925) y el abogado, filósofo y pedagogo uruguayo Carlos Vaz Ferreyra (1872-1958). Ingenieros, que llegó a ser catedrático de Psicología Experimental, fue una rara excepción al desbande que sufrió el positivismo a principios del siglo XX, y brilló por sus ensayos dedicados al análisis sociológico y moral desde esa trinchera (véase Fernández, 2020). Vaz Ferreyra, bajo la influencia intelectual de gente como Bergson, James, Nietzsche, Unamuno, etc., propugnó en primera instancia lo que llamó «lógica viva», encargada de estudiar las implicancias psicológicas de la lógica, distinguiendo el método científico en capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 203 la ciencia natural de las ciencias humanas. Para él la metafísica complementa la visión científica de manera tal que ambas no pueden estar separadas. La generación de 1915-1916 trajo en primer lugar al filósofo mexicano Antonio Caso (1883-1946) y luego al filósofo argentino Coriolano Alberini (1886-1960) entre otros. Caso fue principalmente un expositor crítico de las ideas neopositivistas partiendo de la fenomenología husserliana de las ideas puras mediante el método de la «reducción trascendental» y del intuicionismo de Bergson. Alberini, para variar, fue otro antipositivista bergsoniano que absorbió —como muchos otros rioplatenses de su época— inspiración de las visitas académicas del escritor hispano J. Ortega y Gasset a la Universidad de Buenos Aires durante 1916 y 1928. Alberini creía ver en la epistemología una sección gnoseológica, abordando solo el problema de la verdad científica. Las generaciones de 1927 a 1945 tuvieron como adalides internacionales al argentino Carlos Astrada (1894-1975), y el mexicano Francisco Larroyo (1908-1981), entre otros. Astrada tuvo varios cambios de pensamiento: primero existencialista, luego kantiano, y después cultor de Hegel y Marx. Por su parte, Larroyo, bebiendo de fuentes fenomenológicas, fue un extraordinario divulgador de la filosofía en el continente a través de múltiples publicaciones. De 1960 a 1980 se gesta la tendencia que antes se llamó «afirmativa», donde el argentino Francisco Romero (1891-1962) parece haber sido el primer filósofo latinoamericano en propugnar una filosofía con consciencia histórica de región (Beorlegui, 2010, p. 543), aunque todavía sin sesgo sociopolítico, centrándose en aspectos espirituales, intencionales y lingüístico-culturales; y tras él llegan otros más confrontativos, como el mexicano Leopoldo Zea (1912-2004) y el peruano Augusto Salazar Bondy (1925-1974), interesados en atacar al positivismo, pero también preocupados en articular una «filosofía de la liberación» no imitativa, supuestamente anticolonialista y anti-imperialista, que afinque la producción filosófica en la propia realidad, sin mandatos estadounidenses ni europeos. Zea y Salazar Bondy muestran discrepancias en la pertinencia de la tesis de la existencia de una filosofía auténticamente latinoamericana. Uno dice que ya está en marcha desde que se ocupa de la propia circunstancia, el otro condiciona su aparición a la previa emancipación cultural que supere el estado de región subdesarrollada y dependiente. Posteriormente esta línea se ha cruzado con la pedagogía del oprimido del 204 william montgomery urday educador brasileño Paulo Freire (1921-1997) y con la teología de la liberación del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez (1928-2024). Últimamente, el personaje de mayor fuste y productividad dentro de esta orientación ha sido el argentino Enrique Dussel (1934- ), constituyendo «un sistema propio de pensamiento liberador, constituido por la triple influencia de Lévinas, Marx y Apel-Habermas» (Beorlegui, 2010, p. 732). La filosofía analítica también florece en América Latina, aunque no multitudinariamente. La visita de Quine a Brasil en 1944 y de un miembro menor del Círculo de Viena a Argentina, despertó intereses entre quienes aspiraban a cosas mejores que el idealismo y espiritualismo imperantes como reacciones al positivismo. Es la época del surgimiento de los argentinos Mario Bunge (1919-2020), Gregorio Klimovsky (1922-2009) y Rolando García (1919-2012), epistemólogos en todo el sentido de la palabra. Bunge fue el más prolífico, tratando continuamente aspectos de filosofía de la ciencia tanto a nivel técnico como de divulgación. Klimovsky hizo lo propio, aunque más restringidamente, y con una mayor simpatía por el psicoanálisis (Gianella, 2004). García llegó a colaborar con Jean Piaget en uno de sus libros más importantes sobre historia de la ciencia (Piaget y García, 2008). La contribución de los biólogos y filósofos chilenos Humberto Maturana (1928-2021) y Francisco Varela (1946-2001) sobre la «autopoiesis» en su libro El árbol del conocimiento (1984), va por el sentido del constructivismo radical, ya que supone un ser humano como organismo que ordena activamente la propia realidad a través de la generación adaptativa de teorías cuya conservación o eliminación es regulada por la selección natural. En ese proceso la cognición es acción efectiva en la historia del acoplamiento estructural que enactúa (hace emerger) un mundo. La autopoiesis como red molecular cerrada de autoproducción de los componentes orgánicos, sería una condición de la existencia similar a la capacidad de un sistema para reproducirse y mantenerse por sí mismo. En el Perú surgió una camada de pensadores como los filósofos Alejandro Deústua (1849-1945), Mariano Ibérico (1892-1974) y el psiquiatra Honorio Delgado (1892-1969), los tres primeros difusores de la fenomenología y el último del psicoanálisis, todos abanderados de la lucha desde el campo del espiritualismo bergsoniano. También se pueden señalar aquí a los intelectuales peruanos Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), y capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 205 José Carlos Mariátegui (1894-1930). En lo que respecta a Haya de la Torre, su contribución filosófica la hizo a través de su teoría del espacio-tiempohistórico (Klaiber, 1997). Influenciado por pensadores como Hegel, Marx, Einstein, Toynbee, Einstein, Ortega y Heisenberg, Haya de la Torre (1990) considera que no hay un tiempo universal válido para todos y que el espacio constituye un segmento concomitante al tiempo, lo cual asigna una identidad psicológica y una consciencia de sí mismo específica a cada persona o pueblo que vive en su propia realidad históricamente configurada en base al entrecruce de ambas dimensiones. Dada la condición de ideólogo político práctico de Haya de la Torre, esa concepción le sirvió para distanciarse de las interpretaciones dogmáticas del marxismo-leninismo, válidas para otros espacio-tiempos históricos. Mariátegui, por su parte, se revela como un inteligente pensador marxista no-ortodoxo y cuasihumanista, analizando a través de ese filtro los avatares de la identidad nacional. Una peculiar interpretación (Mariátegui, 1985) lo lleva a identificar los mecanismos de defensa freudianos con la ideología según la define Marx. Igualmente, aborda temas estéticos en otra obra (Mariátegui, 1994), tratando la relación entre la posición política y el arte. Por el lado conservador (socialcristiano), resulta también notoria la presencia de Víctor Andrés Belaunde (1883-1966), y, en cuanto a filosofía analítica y filosofía de la liberación a la vez, el representante clásico es Francisco Miró-Quesada (1918-2019). Junto a tan distinguidos intelectuales se halla igualmente María Rivara de Tuesta (1917-2014) que ha brillado como autora de obras clásicas de la historia de la filosofía (Pensamiento prehispánico y filosofía colonial en el Perú; t.2. Filosofía e historia de las ideas en el Perú; y t.3. filosofía e historia de las ideas en Latinoamérica, 2000), y además fue fundadora del Instituto Peruano de Investigaciones del Pensamiento Peruano y Latinoamericano. No puede faltar una mención de la obra del filósofo Julio Sanz Elguera, (1938-1997) académico y prolífico autor de libros de divulgación epistemológica, como Introducción a la Ciencia (1987) y Grandes Ideas y Experimentos de la Ciencia (1989); así como de muchos artículos con preferencias por temas de filosofía de la historia y de las ciencias naturales (Arteaga, 1997; Casas, 2007). Otros académicos muy relevantes son David Sobrevilla, con interés por la relación entre la filosofía y las ciencias sociales, y Luis Piscoya Hermoza, educador y filósofo 206 william montgomery urday con gran producción en la investigación educativa y el tratamiento de temas epistemológicos. En cuanto a la psicología, probablemente el representante histórico más relevante en el tratamiento de cuestiones epistemológicas es Raúl González Moreyra (1934-2002), quien, aparte de sus enseñanzas académicas principalmente en la línea de la epistemología genética, publicó escritos teóricos de alto impacto. En el primero de ellos (González Moreyra, 1985) realiza una amplia discusión sobre los enfoques teóricos vigentes en la psicología y sus principales armazones conceptuales; y en el segundo (González Moreyra, 1991) presenta una propuesta de organización y análisis de diversas temáticas vinculadas a la cognición, la consciencia y el lenguaje. Otros maestros de nota que, siendo filósofos, se desempeñaron como docentes de psicología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, son Pedro Zulen (1889-1925) —de quien se dice fue felicitado a raíz de su tesis doctoral por el propio Bertrand Russell—; Gustavo Saco Miro Quesada (19152009) y José Russo Delgado (1917-1997). Más recientemente, sobresalen como destacados artífices en este rubro epistemológico los psicólogos Manuel Campos Roldán (2012), con énfasis temático en epistemología general de la psicología; y Roberto Bueno Cuadra, autor de numerosos artículos de cuño filosófico desde el enfoque interconductual (por ejemplo, Bueno, 2015, 2022). capítulo iv: hitos epistemológicos desde el siglo xx al presente 207 PREGUNTAS DE COMPROBACIÓN 1. 2. 3. 4. 5. ¿Cuál es el abordaje gnoseológico de la fenomenología? ¿Qué propone el positivismo lógico? ¿Qué novedades introduce la filosofía analítica en el pensamiento epistemológico? ¿Cuáles son las ideas más destacadas de los movimientos historicista y pragmático? ¿Qué representantes notables surgen en Latinoamérica y el Perú durante el s. XX? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Beorlegui, C. (2010). Historia del pensamiento filosófico latinoamericano. Una búsqueda incesante de la identidad. 3ª edición, Deusto. Echeverría, J. (1999). Introducción a la Metodología de la Ciencia. La Filosofía de la Ciencia en el siglo XX. Cátedra. Glock, H. J. (2012). ¿Qué es la filosofía analítica? (Orig. 2008). Editorial Tecnos. Goodwin, C. J. (2009). Historia de la psicología moderna. Limusa. Hergenhahn, B. R. (2011). Introducción a la historia de la psicología. 6ª edición (Orig.1986). Cengage Learning. Leahey, Th. H. (2013). Historia de la psicología (7ª edición) (Orig.1995). Pearson Educación. Vivanco, D., Chuchón, P. & Espinoza, A. (2023, Eds.): La psicología en Iberoamérica. Universidad Ricardo Palma. CAPÍTULO V: LA(S) FILOSOFÍA(S) DE LA MENTE En la literatura especializada se ha hablado de tres tradiciones filosóficas europeas que signaron el surgimiento de la psicología: el sensualismo positivista francés, la «mente pasiva» de la tradición británica y la «mente activa» de la tradición alemana (Brennan, 1999). Los franceses «eliminaron» la mente reduciéndola a las sensaciones y la fisiología de los sentidos; los británicos la reintrodujeron, pero en el marco de hacerla dependiente de los datos de los sentidos y negar ideas innatas (si bien en sus últimas manifestaciones, esta tradición se flexibilizó hasta abarcar procesos complejos); y finalmente la escuela alemana enfatizó la formación innata de percepciones y la agencia activa de una mente mediadora de las influencias del entorno, así como el problema del inconsciente. También se ha dicho que el surgimiento de la filosofía de la mente como un objeto de investigación fue moldeándose desde los siglos XVIII-XIX hasta declararse como un subcampo distintivo en la primera mitad del siglo XX, y que han habido tres hitos importantes en sus primeros estadios de formación: uno es la fundación de la psicología científica por Wundt; otro la publicación de la obra de Brentano acerca de la intencionalidad como una propiedad de lo mental; y otro la psicología de James, que puso de manifiesto en su compendio los problemas de la introspección, de las otras mentes y de la relación cuerpomente (Flanagan, 2008). Entrelazadas con todo lo anterior, las líneas de la filosofía analítica, del pragmatismo y de la filosofía continental fueron prolijas en la formulación de diversas ideas en torno a la mente como un objeto de estudio, pero la introducción «oficial», la que inicia la moderna filosofía de la mente en la era científica del siglo XX, se lleva a cabo —como lo señala Pérez (2006, p. 386)— mediante una puesta en duda de su existencia tal como era concebida hasta entonces, a través del análisis del concepto de lo mental según Gilbert Ryle. Hacker (2019), conspicuo simpatizante de dicha postura dice: 209 210 william montgomery urday La tarea de la filosofía aquí es describir la gramática de lo mental. La tarea de la psicología es construir teorías empíricas (cuando teorizar sea apropiado) dentro del marco de conceptos psicológicos bien comprendidos (incluida la terminología técnica cuando sea necesaria). No son los errores de nuestro lenguaje los responsables de las teorías absurdas de la mente (aunque eso no quiere decir que no sean necesarios nuevos términos y distinciones en la psicología empírica). Son nuestras malas interpretaciones del uso de nuestras expresiones, el hecho de que hagamos preguntas erróneas y tratemos de responderlas en lugar de disolverlas. (p. 97) Esta, que podría considerarse la más característica exposición de un enfoque apegado a la pura tradición empirista anglosajona, responde a un punto de vista respecto al problema cuerpo-mente; pero también hay otras. Hergenhahn (2011, pp. 19-20), en un esfuerzo por sintetizar las distintas concepciones, coge la clasificación del filósofo estadounidense R. M. Chisholm: en ella los materialistas (o fiscalistas) opinan que hay una sola realidad, la materia, por lo que son llamados monistas; y los idealistas también son monistas si es que creen que la única realidad es la dada por la consciencia. Cuando unos u otros consideran que ambas realidades coexisten de algún modo, son llamados dualistas. Dentro del dualismo a su vez hay varias opciones: una de ellas es el interaccionismo, que sostiene que tanto los eventos físicos como los mentales se afectan entre sí; otra es el emergentismo, según el cual los sucesos mentales son producidos por los materiales; igualmente existe el epifenomenalismo, cuya tesis es la de que la mente, si bien es producto de lo material, no ejerce ningún efecto sobre aquello; por otro lado, para el paralelismo psicofísico, lo mental y lo físico existen cada cual en su propio plano, sin interactuar; desde el doble aspectismo se señala que la persona es una unidad mente-cuerpo indivisible; en la armonía preestablecida un agente externo (Dios) regula dicha relación de manera general; y en el ocasionalismo el citado agente externo es el que maneja directamente las reacciones mentales y corporales. Si bien semejante clasificación parece extensa y variada, la de Bunge es aún mayor. Él refiere hasta diez tipos, cinco dentro del monismo y cinco dentro del dualismo, como se detalla en la tabla 5.1: capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 211 Tabla 5.1. Concepciones sobre el problema mente-cerebro según Bunge (2002a). elaboración propia. Monismo Dualismo Idealismo / Panpsiquismo / Fenomenalismo: «Todo es mental» Independentismo: «Mente y cerebro son autónomos» Monismo neutral / Doble aspectismo: «Lo mental y lo físico son manifestaciones de una sustancia neutra desconocida» Paralelismo psicofísico / Armonía preestablecida: «Sincronía» Materialismo eliminativo / Conductismo: «No existe la mente» Epifenomenalismo: «El cerebro secreta la mente» Materialismo fisicalista: «La mente es un conjunto de estados físicos» Animismo: «La mente dirige el cerebro» Emergentismo: «La mente es un conjunto de bioactividades emergentes» Interaccionismo: «El cerebro es la base de la mente, aunque está controlado por ella» Aquí hay ciertas discrepancias con la clasificación de Chisholm, pues Bunge considera que tanto el doble aspectismo como el emergentismo son psicofísicamente monistas. Igualmente incluye el animismo como una variante más y distingue el independentismo del paralelismo psicofísico. La manera idiosincrásica como Chisholm y Bunge definen la mayoría de las variantes parece denotar la anfibología que reina en este terreno, aun entre los más acreditados especialistas. Por ejemplo, para Marx & Hillix (2003, p. 43), las teorías del doble aspecto y del epifenomenismo no son ni monistas ni dualistas, sino «soluciones de compromiso»). Otra alternativa de conceptualización es la de Ribes (2004), quien postula ocho tipos de «paradigmas ontológicos» (pp. 21 y ss.) que esquematizan distintas formas de plantear las relaciones entre la mente, el mundo y el cerebro (Tabla 5.2): william montgomery urday 212 Tabla 5.2. Paradigmas ontológicos de las relaciones entre la mente, el mundo y el cerebro según Ribes (elaboración propia). Relación Relación Mente-mundo: Lo mental es actividad directa que representa el mundo, este solo existe como construcción mental. Cerebro-mente-mundo: la mente es función del cerebro. El mundo actúa sobre el cuerpo y, mediante él, sobre el cerebro. El cerebro actúa sobre el mundo, mediado por el cuerpo o la mente, que solo es afectada directamente por el cerebro. Cerebro-mundo: Substituye la mente por el cerebro, manteniendo al cuerpo como mediador necesario. Organismo en el mundo: El organismo está en el mundo y solo se distingue en él como referente del análisis de lo psicológico. Mundo-mente-cuerpo: la mente funciona independiente del cuerpo, mas necesita su mediación para interactuar con el mundo. La relación mente-mundo se da como un reconocimiento del mundo por la mente, que se expresa por reacciones y acciones del cuerpo frente al mundo. Organismo reactivo-mundo: El organismo substituye de manera conjunta a la mente, al cuerpo y al cerebro, constituyendo la entidad referente de los fenómenos psicológicos. Mente-conducta: La mente construye la representación del mundo y este responde a esa imagen como un factor terminal. Organismo activo-mundo: El organismo es la fuente de acciones, al margen de las influencias del mundo. No se construyen representaciones / interpretaciones del mundo, sino circunstancias de interacción. Demás está decir que, en este modelo, cada paradigma ontológico condiciona la filosofía que adoptan las teorías implicadas en él. La gran variedad referida ut supra impulsa a esquematizar las posturas psicológicas en grandes grupos de teorías que abordan este tema. Por ello es preferible hablar de «filosofías» antes que «filosofía» de la mente. capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 213 1. LA MENTE SEGÚN LA CIENCIA DE LA CONDUCTA Aunque la denominación de ciencia(s) de la conducta suele destinarse a ciertas disciplinas científicas que estudian al ser humano en sus distintas facetas, aquí se reserva con más precisión dicha etiqueta exclusivamente para la psicología proveniente del conductismo y sus soportes filosóficos. El psicólogo John B. Watson formuló su «manifiesto conductista» en 1913 bajo la sombra del positivismo y el empirismo del siglo XIX, cuyas tendencias se traducían en el carácter público de los datos que enfatizaba Comte, y en la evitación al máximo de ornamentos teóricos que, en la famosa tesis de Bacon, desempeñaban el papel de «ídolos» obnubiladores y deformadores de la realidad. De acuerdo con Hergenhahn (2011), a principios del siglo XX había cuatro perspectivas dominantes respecto al problema cuerpo-mente: el interaccionismo entre ambos; el paralelismo psicofísico; el epifenomenalismo y el monismo físico. Si bien al principio Watson aceptó el epifenomenalismo (eventos mentales causados por, pero que no afectan a, fenómenos corporales), su opción final fue el monismo, rechazando de plano la existencia de la mente. Como detalla Hacker (2019), en esa etapa Watson consideraba que: El psicólogo científico «puede prescindir de los términos «mente» y «conciencia»; de hecho, no puede encontrar evidencia objetiva de su existencia». Por lo tanto, «el conductista no reconoce rasgos, disposiciones o tendencias mentales». Para que la psicología madure y se convierta en una ciencia natural, debe limitarse a lo que se puede observar, a saber. comportamiento. Al igual que la física, sus explicaciones y predicciones deben basarse en dependencias funcionales entre datos observables. Las explicaciones habituales de la acción humana en términos de conceptos psicológicos «subjetivos» se descartan como mitología precientífica. (pp. 127-128) De este punto de partida es que la discusión filosófica sobre los temas relativos a la relación entre el cuerpo y la mente toma en cuenta lo que digan los psicólogos conductistas y filósofos afines. Con el tiempo surgió un gran número de posturas al respecto, sea en pro o en contra, pero nunca ignoran- 214 william montgomery urday do su papel opositor a la corriente dominante. Para la presente reseña se consideran cinco vertientes importantes desde el punto de vista histórico o con cierta vigencia hoy en día: el conductismo lógico, el conductismo filosófico, el conductismo radical, el contextualismo funcional y el conductismo de campo. Las dos primeras denominaciones tienen significados equívocos en la literatura, en la medida que son utilizados por los filósofos para designar enfoques propios de su ámbito (Rodríguez, 2009). Quede claro que aquí se denomina «conductismo lógico» solo al derivado del positivismo lógico en psicología, y «conductismo filosófico» exclusivamente al que proviene de los trabajos de Ryle y Wittgenstein. 1.1. Conductismo lógico Antes y después del planteamiento de su confrontación con la psicología mentalista, es dudoso que Watson estuviera al tanto de los movimientos filosóficos europeos que, en la línea del positivismo más sofisticado (Mill, Frege, Mach y otros), venían oponiéndose por décadas en nombre de la ciencia a la metafísica idealista y teológica. El caso es que estos enfoques fueron antecedentes muy importantes para el surgimiento del positivismo lógico, y confluyeron junto con el paradigma watsoniano a enriquecer el imaginario del Círculo de Viena. No obstante, como sus miembros eran reacios a mezclar la filosofía con la epistemología, y, en su opinión, esta última era campo de investigación empírica desde la psicología, decidieron no entrar en dicho terreno. Smith (1994), anota que Carnap abogaba por la separación de las cuestiones psicológicas de la filosofía, reduciendo esta solo al análisis de la sintaxis lógica del lenguaje. No obstante, esto fue lo que lo llevó al fisicalismo conductual, defendiendo el punto de vista de que «todas las frases de la psicología describen […] el comportamiento físico de los humanos y de otros animales», y esto «produce una forma de conductismo lógico» (Cit. por Hacker, 2019, p. 133). Sin embargo, en contraposición a las guías baconiana y comtiana, los positivistas lógicos no rechazaban la teorización siempre y cuando estuviera ligada a un «anclaje empírico». Así, concluyeron que ciertos conceptos psicológicos podían aceptarse como construcciones hipotéticas dentro de una estructura teórica. capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 215 Estas características son las que asemejan a los positivistas lógicos con los primeros neoconductismos después de Watson, de allí que las teorías mediacionales de Hull y Tolman puedan calificarse como variedades de «conductismo lógico» en las décadas de 1930 a 1950 (véase Smith,1994). Hull también consideraba que el interés psicológico por fenómenos mentales era un rezago medieval de la metafísica y la teología, pero creía que el mundo interno debía ser investigado recurriendo a la ciencia, por lo que utilizó deductivamente los principios de condicionamiento para plantear leyes de conducta que, operando con la ayuda de «variables intervinientes» intraorgánicas (fisiológicas) que mediaran entre estímulos y respuestas observables, explicaran las relaciones entre el individuo y el mundo circundante. Decía: La presente aproximación no pretende negar la realidad molar de los acotos intencionales (como opuestos a los movimientos), de la inteligencia, de la intuición, de la representación de fines o de objetivos, o de inventos, o de evaluaciones. Por el contrario, se insiste aquí en lo genuino de estas formas de conducta. Espero demostrar, sin embargo, en último término, la validez de tales conceptos deduciéndolos como principios secundarios de principios más elementales y primarios. Una vez hecha la derivación, no solo los comprenderemos mejor, sino que seremos capaces de usarlos con una efectividad más precisa. (Hull, 1943, pp. 25-26) Tolman, por su parte, también recurrió a las variables intervinientes, pero concibiéndolas a manera de procesos cognitivos y propositivos no simplemente intercurrentes, sino determinantes del comportamiento, que se aprendían en parte por experiencia. Según Kantor (1978, pp. 264-265), el origen de la denominación «variable interviniente» se halla en un artículo de Tolman de 1936 —donde diserta sobre el «conductismo operacional»—, con el fin de incluir en su análisis procesos mentales que interconectan las causas con las conductas finales. Lo cierto es que Tolman (1977) no era muy apegado a las reglas del positivismo lógico, y aceptaba que su sistema no se adscribiera «a cualquier conjunto de preceptos dictados por la filosofía de la ciencia» (p. 99); pues: 216 william montgomery urday La psicología, en función de sus muchas partes, configura todavía un continente de incógnitas tan vasto que siempre me ha parecido ridículo tratar de ser demasiado preciso, demasiado cuantitativo, demasiado deductivo y axiomático; excepto en algunas áreas experimentales muy controladas y limitadas. (Tolman,1977, p. 15) No obstante, pronto su teoría se haría tan compleja que necesitaría de una base tecnológica de análisis de variables que en su época no existía, de modo que no pudo ir más adelante, pero es de sospechar que las variantes cognitivistas de procesamiento informacional de los años 60 se inspiraron en el sistema de Tolman para simular las interacciones entre los constructos hipotéticos internos. Esto hace que se pueda decir, como Smith (1994) o Moore (1996), que la psicología cognitiva es compatible con los neoconductismos mediacionales aquí reseñados. 1.2. Conductismo filosófico El más recio ataque contra la influencia del dualismo cartesiano en la filosofía de la mente fue hecho por el catedrático de Oxford Gilbert Ryle en 1949, en su libro El Concepto de lo Mental. Desde esta perspectiva, el problema mente-cuerpo se deriva de una aplicación conceptual inadecuada a aspectos que pertenecen a categorías distintas: el cuerpo, lugar público y espacial del cual se presume que obedece a leyes mecánicas estrictas; y la mente, lugar privado e inespacial regido por leyes no mecánicas. No obstante, a ambos aspectos se les asignan las mismas propiedades de referencia lógico-gramatical, originando un pseudoproblema. Un error de tipo lógico se comete cuando se intentan relacionar proposiciones que se refieren a categorías extensivas o entidades individualizables (por ejemplo, el ciudadano Juan Pérez pariente de José), con categorías no extensivas como la organización funcional que proviene del conjunto de las entidades (por ejemplo, el contribuyente medio). No se pueden predicar las mismas características de una u otra. Si alguien se inclina a creer que encontrará en la calle al contribuyente medio como podría encontrar al ciudadano Juan Pérez, y no lo ve, «se inclinará a pensar que es un ser inmaterial, un fantasma que está capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 217 en todos lados y en ninguno» (Ryle, 2005; p. 21). Algo similar pasa con el problema cuerpo-mente. Se le da naturaleza de existencia a la mente como si fuera una entidad extensiva del mismo o superior nivel que las del plano físico, pero sin sustancia material. Esa creencia, dice Ryle (2005), se debe a «la Doctrina Oficial» o «dogma del Fantasma en la Máquina» cartesiana imperante en la sociedad, donde se enseña que «todo ser humano es un cuerpo y una mente. El cuerpo y la mente están unidos, pero después de la muerte del cuerpo la mente puede continuar existiendo y funcionando» (p. 16). No toda la culpa viene de Descartes, por supuesto, la teología escolástica está detrás. La confusión categorial lleva a identificar dos mundos: el externo y el interno. Las cosas tangibles, incluyendo el propio cuerpo, corresponden al mundo externo, mientras que lo inherente a los procesos de la mente se contienen en el mundo interno. Lo extraño de semejante concepción es que, al carecer de sustancia en el espacio y en el tiempo, los sucesos mentales, sean cuales fueren, no pueden estar contenidos ni transcurrir dentro de algo. Por otra parte, se piensa que estos fenómenos afectan o modifican a los fenómenos externos a través de alguna difusa clase de fuerza de voluntad o influencia motivacional, y se les pone etiquetas referenciales. Esto ocasiona varios problemas, por ejemplo, respecto a la circularidad de la explicación, Holth (2001) anota que: Las etiquetas resumidas semiepisódicas, que incluyen como base de observación una serie de diferentes tipos de comportamiento en muchas situaciones diferentes, se consideran eventos o procesos discretos que pueden, lógicamente, cumplir el papel de causas de los sucesos que la etiqueta resume. Así, a veces se utiliza una «prueba de inteligencia» para medir la inteligencia, y el nivel de inteligencia así medido se utiliza, a continuación, para «explicar» el desempeño de esa persona en un ítem particular de la prueba. (p. 207) Holt hace notar que, en la psicología, una verdadera miríada de constructos por el estilo, como por ejemplo «atención», «imitación generalizada», «relación de equivalencia», etc., se supone dotada de algún tipo de existencia independiente, con un aparente papel explicativo sobre la conducta. La solución a ese problema no es enunciada por Ryle, aunque sí da ideas grosso modo respecto a la enmarcación de los eventos mentales como 218 william montgomery urday tendencias o disposiciones. Por ejemplo, decir que una persona es inteligente solo significa que tiene la propensión o aptitud a hacer ciertas cosas inteligentemente, no que lleva el estado mental dentro de su cuerpo como si fuera un fantasma oculto dentro de una máquina. Se trata, entonces, de reubicar la geografía lógica de los conceptos, no de negar su existencia (Rodríguez, 2009). Aun cuando Ryle afirma que tanto el materialismo como el idealismo son respuestas inadecuadas al problema en mención, su pensamiento en este caso se halla cercano al monismo materialista. Wittgenstein, desde la orilla de su cátedra en Cambridge, complementa notablemente a Ryle y avanza sobre él. Referente al problema cuerpomente, el filósofo austríaco es claramente antidualista. Aclarar la naturaleza de lo mental no es más que aclarar los usos gramaticales que el lenguaje hace de las expresiones que aluden a lo mental, lo subconsciente o entidades fantasmagóricas (Wittgenstein, 2009, Ramos 2020). Tales usos se basan en metáforas surgidas de la comunicación cotidiana (juegos de lenguaje), útiles dentro de ciertos contextos, pero que, si se extraen de ellos, crean pseudoproblemas de manera similar a las confusiones categoriales de Ryle, suponiendo la existencia de dos mundos, uno físico y otro mental. Por ejemplo, se puede hablar de un acto de posesión cuando alguien dice: «Tengo una silla», pero, utilizando la misma organización gramatical se puede cambiar un término y sustituir «silla» por «pensamiento». Las formas de referir son similares, pero la primera tiene que ver con un objeto físico, claramente delimitable en el tiempo y el espacio y en género y número; y la segunda no. Strictu sensu ¿Cómo se podría «tener» «un» pensamiento, si este no ocupa lugar ni posee individualidad? Sin embargo, las personas saben perfectamente a qué se refieren cuando hablan así porque están usando un juego de lenguaje convencionalmente público, es decir aprendido en sociedad y significado por consenso. Si alguien recién venido de otro contexto y con otra lógica de comunicación escucha la expresión «tengo un pensamiento», se le antojará extraña, por decir lo menos. Y si entrara a un aula de clase en la cual se toma lista dando un papel a los alumnos para que se anoten, donde el profesor en cierto momento pregunta, para cerciorarse de que lo hacen: «¿Está corriendo la lista?» la sorpresa del visitante sería aún peor, pues ¿cómo podría «correr» una lista si no tiene piernas ni es un ser moviente? En otras expresiones hay que buscar el significado en la finalidad de la ac- capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 219 ción: el individuo puede aludir ante otra persona al dolor que siente como si estuviera describiendo un evento privado, pero en realidad lo que hace es regular una interacción social, por ejemplo, con miras a que la otra persona no presione la zona dolorida o evite cualquier roce. Dado que todo lo psicológico (ergo: el lenguaje de lo mental) es público, nada está oculto. No hay que buscar en las profundidades del «espíritu» ni tampoco en la interioridad de la cabeza (obviamente el cerebro), aquello que se puede aclarar cómo funciona en el acaecer cotidiano de los juegos del lenguaje que usa la comunidad de hablantes y las acciones que realizan las personas. Esta postura acerca al filósofo de Cambridge a la manera de ver la psicología que tiene el conductismo. Al analizar las tendencias de algunos de los estudiosos de Wittgenstein por adscribirlo de lleno en la perspectiva conductista, y de otros que no lo ven así, Crego (2004) señala que hay dos planos en que considerar las ideas wittgensteinianas: uno epistemológico, expresado en su actitud de concebir las experiencias internas como aprendidas en, y ligadas con, un ambiente social de trasfondo histórico1; y otro ontológico, relacionado con su punto de vista acerca de la existencia de los fenómenos mentales, donde la cuestión se complejiza. Wittgenstein era poco frontal al dilucidar su posición al respecto, salvo en lo que respecta a la concepción cartesiana, que rechazaba sin ambages. A través de distintas manifestaciones desperdigadas entre sus escritos y cartas se supone que aceptaba que las sensaciones pueden ser privadas, y por tanto cierto grado de subjetividad, al margen del lenguaje que las exprese (Sandoval, 2014). De hecho, en el pensar apasionado de Wittgenstein había una dualidad, como apunta Fann (2013), «tenía cierta simpatía por los metafísicos» a pesar de haber llamado «carentes de significado a los enunciados metafísicos» (p. 107). De cualquier modo, estos resquicios mínimos de inconsecuencia han servido a los críticos espiritualistas (en particular la teóloga británica Elizabeth Anscombe [1919-2021]), para 1 En un escrito publicado póstumamente (Zetell, 1945-48), Wittgenstein, discurriendo sobre la conducta humana, dice: «Lo que determina nuestro juicio, nuestros conceptos y reacciones, no es lo que alguien hace ahora, una acción aislada, sino toda la multitud de acciones humanas, el trasfondo sobre el que contemplamos cada acción» (Cit. por Crego, 2004, p. 6). 220 william montgomery urday afirmar que la postura wittgensteiniana no es materialista ni es conductista, puesto que tenía «una visión totalizadora del hombre como compuesto de alma y cuerpo» al estilo platónico (Gil de Pareja, 1988, p. 131); algo que no parece plausible a la luz de la parte más sistemática de su obra. La respuesta de los que se basan en ella es que sí fue, por lo menos, un conductista epistemológico no partidario de la ontología reductiva de otro cierto tipo de conductismo. 1.3. Conductismo radical Un neoconductismo que se apartó del resto es el conductismo radical de B. F Skinner. «Radical» no porque sea extremo, sino por su consistencia con los principios fundamentales del conductismo original (Pérez-Álvarez, 2004, Törneke, 2016), no obstante ser bastante diferente del modelo watsoniano. De todas maneras, Skinner utilizó el membrete para diferenciarse de los conductismos mediacionales, a los que llamó «metodológicos» (Marr, 2011). Si bien Skinner también acusa una aguda influencia filosófica del inductivismo de Bacon, incorpora como primer referente explícito al empiriocriticista Mach, y como referentes implícitos al pragmatismo clásico y a la filosofía wittgensteiniana. En el primer caso, Smith (1994) afirma que un seguimiento atento de las tesis skinnerianas indica que su filosofía de la ciencia sigue las pautas de Mach, por ejemplo en cuanto a su opinión de que la ciencia surge como resultado de los quehaceres prácticos, a veces fortuitos, de la vida diaria; que el estudio de la conducta animal es la base del entendimiento del ser humano; que el papel de la ciencia es describir hechos; y que dicha descripción debe evitar terminología y teorización innecesarias. Por otra parte, Baum (2017) señala enfáticamente: «El conductismo radical concuerda con la tradición filosófica conocida como pragmatismo» (p. 20), cuyo objetivo no es el conocimiento de la realidad en sí misma, sino en cuanto a la utilidad que este saber pueda generar para fines prácticos, dando sentido a las experiencias y permitiendo controlar el entorno. Por último, Day (1969) puntualiza diez similitudes de la postura de Skinner con la de Wittgenstein: 1) rechazo al positivismo lógico; 2) antirreduccionismo; 3) antidualismo; 4) aceptación de eventos privados; 5) creencia en el papel de la comunidad verbal como indis- capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 221 pensable para el lenguaje, incluso acerca de eventos privados; 6) defensa la índole conductual del lenguaje; 7) objeción a la creencia de que la principal función de las palabras es representar, nombrar o referirse a objetos; 8) búsqueda del significado sólo en relación al análisis del uso de las palabras; 9) antimentalismo; y 10) opción por el descriptivismo. A partir de lo dicho, se puede entender la posición skinneriana frente al problema mente-cuerpo. Su punto de partida es antidualista y antimentalista, para él no hay evidencias de una vida mental, ni siquiera con base fisiológica; y por ello aboga por una descripción de los procesos cognitivos en términos de contingencias físicas. Cada uno de los llamados procesos cognoscitivos tiene un modelo físico. Nosotros asociamos las cosas poniéndolas juntas. Almacenamos datos y los recuperamos para su uso posterior. Comparamos las cosas poniéndolas una junto a otra, para poner énfasis en sus diferencias. Discriminamos una cosa de otra separándolas y tratándolas en forma diferente. Identificamos objetos aislándolos de contornos confusos. Abstraemos conjuntos de detalles a partir de series complicadas. Describimos contingencias de reforzamiento en reglas. Todos estos casos constituyen acciones de personas reales y solamente en el mundo fantástico de una persona interior se vuelven procesos mentales. (Skinner, 1991, p. 116) Esto podría ubicar a Skinner dentro del monismo físico, sin embargo, él no niega la ocurrencia de procesos internos —a los que llama «eventos privados» (sentimientos y pensamientos, entre otros)—, sino que estos controlen la conducta (Skinner, 1977, 1991). Desde la perspectiva del conductismo radical, aquellos factores ubicados «dentro de la piel» son solo productos colaterales del influjo de los factores ambientales. Aquí parecería inclinarse a una especie de epifenomenalismo, doctrina que en realidad es dualista de propiedades, lo cual no calzaría con el antidualismo skinneriano2. El hecho 2 Creel (1980) discute este problema y añade a la versión skinneriana del epifenomenalismo el epíteto de «radical», para distinguirlo del tradicional. Por otra parte, Núñez de Prado, et al. (2020) califican esta postura como «eliminativismo a nivel subagencial» (p. 67). 222 william montgomery urday es que Skinner concibe tal internalidad como comportamiento encubierto (ver Barbosa, et al, 2007; para una revisión de las contradicciones que genera esa enmarcación), sujeto a los mismos principios a los que responde la conducta directamente observable. Otra interpretación (Lopes, 2003) es la de que dichos eventos privados pueden considerarse en términos similares a las disposiciones de Ryle. Un concepto adicional propuesto por Skinner (1979) para facilitar la comprensión del ámbito calificado de «mental» es el conjunto de reglas discriminativas facilitadas por la comunidad verbal, que organizan el ambiente y dan las claves para el responder complejo del individuo. 1.4. Contextualismo funcional Los conductistas «post-skinnerianos» que adhieren al contextualismo se consideran un desarrollo que, si bien parte de las premisas del conductismo radical va más allá, procurando resolver algunos problemas que Skinner no resolvió, como es el caso de la naturaleza de los pensamientos y sentimientos, e incluso de la «espiritualidad» (Hayes, et al, 2022, p. 333). Al pretender ampliar el enfoque y organizarlo más coherentemente, se hizo necesario encontrar una filosofía de la ciencia que lo fundamentara de manera más precisa y explícita, asumiendo las disquisiciones sobre metáforas raíz que S. C. Pepper hace en su ya citada Hipótesis del mundo, sobre todo en cuanto al contextualismo, que es el nombre que le pone al pragmatismo (Hayes, et al, 2016). Törneke (2016) señala que la denominación «contextualismo funcional» como sustitutiva de «conductismo radical» ilustra mejor cómo este puede relacionarse con otros tipos de contextualismo, y además «enfatiza dos elementos esenciales del conductismo radical: el primero es que la conducta debe ser entendida en relación con el contexto en el cual tiene lugar. El segundo es que para entender e influenciar en la conducta, necesitamos analizar su función —esto es, cuál es su propósito» (pp. 33-34). La propuesta del contextualismo funcional para ocuparse de la cognición, o sea de los eventos mentales, toma el nombre de «teoría de los marcos relacionales» al vincular los conceptos de conducta gobernada por reglas y los estudios sobre la equivalencia de estímulos, que ya habían sido formulados desde la capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 223 época skinneriana. Según esto, los patrones de respuesta generados por las instrucciones tienen mayor persistencia frente a contingencias contrarias, y las discriminaciones condicionales entrelazadas conducen a ciertas propiedades lógicas emergentes en el comportamiento verbal. De aquí surge el «marco relacional», con las propiedades de vinculación mutua (estímulos que se relacionan bidireccionalmente: {A = B ||| B = A}); vinculación combinatoria (si {A ⇒ B y B ⇒ C ||| A ⇒ C}); y transformación de las funciones de estímulo («Si existe una relación derivada entre dos eventos [por ejemplo, X e Y], las funciones de cada uno pueden alterar las funciones del otro basándose en las relación derivada subyacente entre ellos») que lo caracterizan (ver Hayes, et al, 2022, p. 322 y ss.). Dichas propiedades posibilitan responder a un evento en términos de operantes relacionales dentro de marcos de coordinación; oposición; distinción; comparación; jerarquía; temporalidad; espacialidad; condicionalidad y de perspectiva; que sirven al individuo para situarse cognitivamente con base en la regulación verbal de la conducta guiada por reglas (Hernández y Sandoval, 2003). Esta vinculación entre lenguaje y pensamiento permite estudiar los eventos cognitivos desde la óptica del análisis de la conducta, sin entrar en «explicaciones basadas en estructuras internas o representaciones mentales [que] son un callejón sin salida» (Törneke, 2016, p. 75), pues a su vez deberían ser explicadas por otras y así ad infinitum. Además, la acción llevada a cabo por el organismo es un todo, una parte de ella no explica la totalidad. 1.5. Conductismo E-R A falta de mejor nombre, el conductismo E-R constituye un conjunto de variantes con herencia filosófica empirista y descendientes, del conductismo lógico (Berlyne, 1976; Wolpe,1980; Eysenck, 1980); y, en parte, en versión mixta de aquel y del conductismo radical (Upper y Cautela, 1983; Bandura, 1987; Staats, 1997), se agrupan como «E-R» y tienen una concepción que le da estatus de interacción a los eventos mediadores (constructos hipotéticos tanto psicológicos como fisiológicos) del organismo con los eventos ambientales. Los sucesos mentales son, desde esta perspectiva, repertorios encubiertos aprendidos, y, por lo tanto, sujetos a las mismas leyes de 224 william montgomery urday aprendizaje que los manifiestos. Igualmente, como en otros conductismos, el lenguaje tiene un papel hegemónico en la explicación de los repertorios encubiertos. La validez de dichos principios ha sido abundantemente documentada por los trabajos del equipo de Joseph Cautela sobre condicionamiento encubierto, estipulando tres propiedades de la relación entre eventos encubiertos y manifiestos (ver Upper y Cautela, 1983, p. 29): 1) homogeneidad, según la cual las propiedades de los eventos manifiestos se pueden transferir a los encubiertos; 2) interacción, denotando que las respuestas de un repertorio pueden influir sobre las de otro; y 3) aprendizaje, que implica que ambas clases de eventos responden a los mismos parámetros. En busca de fundamentar esta clase de posturas, Staats (1997, 2005), argumenta que la concepción rígida y fisicalista del positivismo lógico debe abandonarse, para sustituirla por una filosofía postpositivista de la ciencia que denomina «positivismo unificado»: El positivismo unificado […] no glorifica la observación como la última y objetiva verdad. Y mientras se preocupa del lenguaje de la ciencia, no toma la posición del positivismo lógico según la cual las proposiciones matemáticasaxiomáticas definen la teoría científica. Y el positivismo unificado no limita las vías de construcción teórica en psicología a la definición operacional y a la variable interviniente […] el positivismo unificado reconoce que puede haber subjetividad en la observación lo mismo que en la teoría y que lo que ha sido aceptado como ciencia lleva siempre la marca de la «construcción social», y es por tanto relativa, no absoluta […] el positivismo unificado reconoce, sin embargo, que tales calificaciones […] respecto a la verdad de la ciencia no cambia la naturaleza fundamentalmente observacional y teórica del empeño de la ciencia. (Staats,1997, p. 28) Skinner (1977) etiquetó a los conductistas E-R como «conductistas metodológicos», al anotar que evitan el estudio de los procesos internos considerando que no son materia de objeto científico, pero eso solo es exacto en el caso de algunos teóricos, como el Charles Osgood de la primera época, ya que en su madurez se convirtió en un pionero del procesamiento de información, de la psicolingüística y de la investigación sobre el significado. En realidad, la mayoría de conductistas E-R notables son mediacionales. capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 225 1.6. Conductismo de campo Paralelamente, incluso antes, de los otros neoconductismos, emergió una variante que se distingue de las demás por su insistencia en que el fraccionamiento de las unidades de análisis lleva al trascendentalismo, por un lado, y al reduccionismo, por otro. Se trata del conductismo de campo, llamado así por atender a la configuración molar e interrelacionada del episodio psicológico, antes que por algunas de sus partes. Este conductismo de campo, o «psicología interconductual» (Kantor, 1978), se inspiró en el naturalismo aristotélico, «acorde con las reglas de la ciencia, considerada como el estudio de las cosas y eventos tal y como se captan por la atención de observadores interesados y capaces […] en estricto acuerdo con las estructuras y funciones reales de los organismos» (Kantor & Smith, 2015, p. 24). El interconductismo se alza en principio como una negación «de las doctrinas del alma, la mente y la consciencia», para después afirmar que «la psicología es el estudio de la conducta de los organismos en interacción con sus ambientes» (Kantor, 2012, p. 573). En este sentido, considera que «los procesos mentales mediadores son creaciones animistas, que no tienen validez para la conducta de los organismos» y que «ninguna parte del organismo, independientemente de que sea neural o glandular, determina las actividades de las demás partes del organismo en su conjunto» (Ibid., p. 590). De estas sentencias se puede colegir que su «filosofía de la mente» es una especie de eliminativismo, pero sin raíces reduccionistas. Desde su punto de vista, lo que se llama suceso mental surge de la «interconducta psicológica», es decir, como producto de interacciones concretas (o segmentos de conducta) basadas en sistemas simples o complejos de reacción biológica (atender, percibir, actuar) que se interrelacionan con objetos (eventos o personas) con funciones simples o complejas de estímulo. Constituye, pues, esencialmente una actividad de adaptación y ajuste a la naturaleza de las situaciones. Por ejemplo, la conducta de pensar implica adaptaciones distintas que van desde el «manejo preliminar de cosas para lograr un resultado efectivo» (Kantor & Smith, 2015, p. 334), hasta efectuar juicios, evaluar, planear, interpretar, predecir, especular, razonar, etcétera; según las exigencias de la interacción particular. La versión interconductista del psicólogo mexicano Emilio Ribes (2018) ubica las formas de interacción en un continuo de cinco campos de 226 william montgomery urday contingencias (o configuraciones de los elementos del campo), que operan con base en los cambios de reactividad del organismo y los acontecimientos u objetos con los que tiene que interactuar durante su devenir ontogenético: contingencias de acoplamiento; de alteración; de comparación; de extensión y de transformación. De ellas, las dos últimas son las que supone más relacionadas con la conducta humana y lo que se suele entender por procesos mentales, pues involucran reactividad sociolingüística, algo indispensable desde la perspectiva de Ribes, para que aparezca el comportamiento tildado de «cognitivo». Recogiendo los argumentos de Wittgenstein, Ribes (2021) afirma: Las llamadas expresiones «mentales» no son manifestaciones de una vida interior previa e independiente del lenguaje, sino que, en realidad, constituyen episodios que manifiestan el reconocimiento social, práctico, de dimensiones que configuran la identidad y el ámbito funcional de cada individuo. Las expresiones «mentales» no son reportes o indicadores de la ocurrencia de fenómenos psicológicos en el interior de los individuos. Las expresiones «mentales», en tanto que componentes de episodios en que se relacionan individuos entre sí y con su entorno, constituyen los fenómenos psicológicos. (pp. 81-82) Así, lo que caracteriza y norma lo psicológico se deriva de marcos de referencia bioecológico y sociohistórico. Su ocurrencia no se puede abstraer de las contingencias ligadas al significado convencional que estos les otorgan a las prácticas que un ser humano realiza en el mundo. El lenguaje (no solo las palabras, sino el simbolismo de las cosas) impregna y organiza toda relación (incluyendo las institucionales) en que fluye la conducta humana. Por ejemplo, la comprensión es una práctica compartida entre dos o más individuos que «implica completar un episodio en el que se participa, en concordancia con una convención social» (p. 316); en tal sentido, no se quiere decir que alguien comparta algún tipo de significado oculto para otra persona que reacciona internamente con respecto a él, sino que en el transcurso de una interacción social los comportamientos de los participantes concuerdan entre sí de acuerdo con ciertas pautas de correspondencia en función a un referente. El uso correcto que se haga de cualquier expresión lingüística es la única evidencia de que ella se corresponda con el estado u capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 227 operación «mental» que se aluda. Esto lleva a decir a Ribes (2012) también, que el problema del autoconocimiento o del «conocimiento de otras mentes» solo encaja en el contexto de la adquisición del lenguaje que permite una referencia compartida, pues, «solo teniendo el concepto de otras mentes tiene sentido hablar de mi mente» (p. 32). 2. LA MENTE SEGÚN LA CIENCIA COGNITIVA Los antecedentes filosóficos más antiguos de la corriente cognitiva se fijan comúnmente en el pensamiento de personajes racionalistas como Descartes, y de aparentes conciliadores entre racionalismo y empirismo como Kant. Ya en las primeras décadas del siglo XX, después de un período en el cual se publicaron numerosas investigaciones sobre la memoria, la percepción, el lenguaje, el pensamiento y otras variables mentales —incluyendo un libro con el título de Psicología cognitiva en 1939 (véase Goodwin, 2009, p. 430)—, las condiciones del desarrollo de la tecnología cibernética, la teoría de la información y la gramática generativa llevaron a cuestionar seriamente los enfoques asociacionistas vigentes, desembocando en lo que se vino a llamar «revolución cognitiva» (recogiendo la idea kuhnniana sobre las revoluciones científicas). En esta línea, un activista representativo del enfoque cognitivo como Rabossi (1995) afirma: «la ciencia cognitiva no es filosóficamente neutral. Implica el rechazo del «paradigma» conductista y la consiguiente adopción de «paradigmas» teóricos que, al margen de diferencias específicas, involucran la adopción de un enfoque mentalista» (p. 21). Sin embargo, «revolución cognitiva» es un nombre desafortunado que los principales historiadores de la psicología (por ejemplo, ver Goodwin, 2009, p. 440 y ss.; y Leahey, 2013, p. 366 y ss.) reconocen hoy después de más de sesenta años como inadecuado, porque no reprodujo el momento de «ciencia normal» que Kuhn asegura suceder tras una revolución en cualquier ciencia, es decir la cancelación del paradigma anterior. Esta narrativa «revolucionaria», no obstante haberse refutado, sigue hasta hoy tan fresca como si recién se hubiera formulado. Por ejemplo, Tilak, et al. (2022) afirman que los desarrollos actuales de la cibernética van paralelos al declive 228 william montgomery urday del conductismo radical y su «caja negra» (una creencia bastante antigua pero incorrecta). El caso es que la ciencia cognitiva, una vez establecida, se dedicó formalmente al estudio interdisciplinario de la mente y de la inteligencia, confluyendo en tal propósito la psicología, la filosofía, la antropología, la lingüística, la neurociencia y la inteligencia artificial (Thagard, 2008). Este autor apunta expresamente que: «La mayoría de los especialistas coinciden en que el conocimiento consiste en representaciones mentales» (p. 19), y que el origen intelectual de la interdisciplina data de los años cincuenta gracias a los estudios de George Miller sobre la memoria, de Allem Newell y Herbert Simon sobre inteligencia artificial, y de Noam Chomsky sobre lingüística; aunque comenzó a organizarse institucionalmente en los setenta. Varela (2005) discrepa en lo primero con Thagard, señalando que la historia de la ciencia cognitiva comprende varias etapas que comienzan con el movimiento cibernético (años cuarenta); siguen con la inteligencia artificial y el procesamiento de información; luego viene la estrategia conexionista; y finalmente, la enacción —no considerada por Thagard—; donde el conocimiento deja de concebirse representacionalmente para concentrarse en un acto de existencia. Aquí hace una importante atingencia respecto a que la búsqueda de modelos no representacionales «atrae a una cantidad relativamente pequeña de especialistas [que] no ha cesado de crecer en los últimos años» (Varela, 2005, p. 110), por lo que el enactivismo (o tesis de la cognición encarnada) parece ser el futuro ya en marcha de esta ciencia. Sin embargo, hay que acotar que el enfoque enactivo no es el único representante de lo que en la teoría cognitiva se ha llamado «4E» —«embodied», «embedded», «extended» y «enactive» (Ward & Stapleton, 2010), vale decir cognición «corporizada», «situada», «extendida» y «enactiva»—, de manera que en esta parte se opta por esa amplia revisión, y se incluyen las propuestas del funcionalismo computacional, el conexionismo y las 4E (con la denominación común de cognición incorporada, siguiendo a Rowlands, 2010); continuada además por la de otro enfoque también existente, que es la epistemología genética. En cambio, se separa el tema de la neurociencia para tratarlo en una sección independiente con sus propios rumbos teóricos, debido a que la pretensión cognitivista de ser la única válida en aquel punto resulta exagerada. capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 229 2.1. Funcionalismo computacional Tras el arduo trabajo seminal de antiguos pioneros de la teoría de la computación como Alan Turing, Kurt Gödel y Alonzo Church en la década de los años treinta, sobre la base de algunas investigaciones matemáticas de G. Frege, B, Russell y J. Von Neumann entre otros, utilizando el concepto de algoritmo para un eficiente manejo computacional (Copeland, et al., 2013), la propuesta primigenia del funcionalismo computacional3 partió de Hillary Putnam, quien, en varias publicaciones de los años sesenta, criticó al conductismo lógico por sus «insuficiencias teóricas […] así como la identificación materialista entre estados mentales y estados cerebrales» (Chacón, 2009, p. 119)4. El hecho es que, para sustentar su enfoque, Putnam asume el modelo de la máquina de Turing5, para indicar que «las descripciones de la 3 Aun cuando hay quienes cuestionan la unión de «funcionalismo» con «computacionalismo», afirmando que son cosas diferentes (por ejemplo, Piccinini, 2004), es indudable que el uso histórico ha consagrado la hermandad de ambos términos en el marco de la filosofía de la mente, y uno sería irreconocible sin el otro. 4 Una muestra patente de tan virulentas críticas puede hallarse en castellano en una comunicación de Putnam al Congreso de 1961 organizado por la Asociación Americana Para el Avance de la Ciencia (ver Putnam, 1979). Posteriormente, Putnam dejó de lado el funcionalismo computacional por considerarlo un reduccionismo materialista más, y se «mudó» al pensamiento pragmático. Desde su perspectiva neopragmatista, las creencias solo tienen sentido con relación a un entorno físico y social, por tanto «la creencia no puede ser en absoluto un estado interno, esto es, un estado que sobrevenga a una propiedad especificable en términos computacionales y neurológicos» (Cit. fr. por Rodríguez, 2006, p. 68). 5 Alan Turing (1912-1954), matemático inglés, hipotetizó en 1950 que no se puede distinguir entre una máquina que procesa información y un cerebro que piensa. Así como para asegurar que alguien piensa hay que ponerse en la piel de esa persona, también es válido lo mismo para saber si una máquina piensa: hay que ser la misma máquina. Con el tiempo, «las ideas de Turing fueron adoptadas, desarrolladas y modificadas gradualmente, hasta llegar a algo mucho más cercano a la computadora real. El desarrollo se puede dividir en tres etapas. En primer lugar, hay un fuerte contraste entre una rápida aceptación del análisis conceptual de la computación y un escaso uso de las potencialidades técnicas de la contribución de Turing: mientras Gödel rápidamente vio la relevancia filosófica del trabajo de Turing […] Post fue quizás el primero en ver su fecundidad matemática. La máquina de Turing interviene de manera crucial en la 230 william montgomery urday organización funcional de un sistema son de una clase lógicamente diferente de las descripciones de su composición fisicoquímica, así como de su conducta efectiva y potencial» (Cit. por Chacón, 2009, p. 120). Aunque sin ser simpatizante de esta tendencia, Searle (2000) aclara el significado de «funcionalismo» para evitar su confusión con la corriente iniciada en psicología por W. James. Para la filosofía de la mente, el funcionalismo tiene que ver con el concepto de que los estados mentales son sistemas físicos, pero, interrelacionados causalmente de manera funcional, y esta característica es la que define su esencia independientemente de la estructura física. Dentro de este esquema, dice Balbi (2004, p. 182), la tesis principal es la metáfora computacional de la mente, que presenta dos versiones: una «débil», adoptada por especialistas que despliegan un pensamiento consciente de dicha metáfora, aunque adopten su lenguaje y lógica explicativa; y una «fuerte», que los mentores de la inteligencia artificial interpretan literalmente identificando los procesos mentales con sistemas de cómputos y algoritmos similares a los de los ordenadores. Esta versión ontológica constituye la más congruente con la idea de que el cerebro (hardware) es la computadora y la mente (software) el programa de computación compuesto de representaciones significativas (teoría representacional de la mente). En tanto tal, se presenta como un enfoque de tipo fisicalista no reduccionista, pues está sustentado por mecanismos físicos que son la base de las funciones señaladas; no obstante, son las operaciones de procesamiento de información, racionales e internas (incluyendo creencias y deseos), las que dirigen las acciones del individuo. Desde esta postura se distingue, pues, la prueba que Post hizo en 1947 de la insolubilidad algorítmica del problema de Thue. Luego sigue el surgimiento de la teoría de las máquinas de Turing en la década de 1950. Aquí la máquina de Turing no se utilizó para resolver problemas ni adquirir conocimientos filosóficos, sino que se tomó como un objeto adecuado de investigación matemática. La idea principal era incluir la máquina de Turing en la «teoría general y lógica de los autómatas» que Von Neumann sugirió desarrollar a finales de los años cuarenta […] Finalmente, el progreso de la tecnología hizo necesario reelaborar el modelo de Turing para establecer el vínculo entre la teoría de la computabilidad y la práctica informática. La máquina B de Hao Wang (1957), que utiliza la noción de instrucción en lugar de la noción de estado, fue el primer intento de cerrar la brecha, pero Stephenson y Sturgis no llegaron a un modelo completamente explícito de una máquina de programas y registros hasta 1963» (Dubucs & Bourdeau, 2014, p. VI). capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 231 base física cerebral de la función de un estado mental. Es como distinguir dos formas de explicación de una pieza del motor de un auto: el carburador puede explicarse físicamente detallando sus partes, pero es evidente que eso no es suficiente. Para explicar algo no basta saber de qué y cómo está construido, sino que hay que explicitar cuál es su papel en la estructura o sistema del cual forma parte, es decir su función (Fodor, 1986). En tal sentido, el funcionalismo computacional rechaza tanto la teoría de la identidad como el conductismo por ser «reduccionistas» y estar persuadidos de que no existen causas mentales. El sistema al cual se alude es llamado por Fodor (1986) «teoría modular de la mente», una de sus contribuciones más particulares, cuyo entramado se conforma de diferentes módulos6 innatos con funciones cognitivas específicas independientes entre sí, encargándose de habilitar al sujeto para procesar operaciones lingüísticas, perceptivas, memorísticas y de toma de decisiones, etc., facilitando la tarea cerebral de llevar a cabo muchas ocupaciones simultáneas. Si bien estos módulos están presentes desde el nacimiento, se adaptan, reorganizan y cambian ontogenéticamente en relación con las experiencias del sujeto. Esta concepción, afirma, tiene diversas utilidades: por un lado, ayuda a identificar trastornos cognitivos y neurológicos, y por otro lado puede servir para mejorar sistemas ligados a la inteligencia artificial y a la robótica. Recientemente, en su libro Mente sin significados (2015) Fodor y Pylyshyn (Cit. por Mota & Igoa, 2016) han intentado extenderse sobre la tesis semántica de que la referencia es todo lo que hay en cuanto al asunto del aprendizaje conceptual, en contra de la tesis tradicional acerca de que los conceptos operan sobre la distinción de sentido y referencia, pudiendo ser innatos (Martínez Freire, 2007). […] ¿qué conexión hay entre las cosas en el mundo (things-in-the-world) y los estados mentales (/neuronales/representacionales) de los agentes pensantes? La respuesta […] es que la conexión mundo-mente depende de una relación causal entre el mundo físico y las representaciones mentales, relación que resulta de la intersección entre todas las cadenas causales reales y contrafácticas 6 Según el Diccionario de Ciencias Cognitivas: «Sistemas de entrada que sirven de interfaz entre las representaciones sensoriales de bajo nivel y los procesos centrales de fijación de creencias» (Houdé, et al., 2003, p.305). 232 william montgomery urday (potenciales) que convergen en un eslabón concreto que las une. Esta relación «causal» se da en virtud de nuestro contacto perceptivo con los objetos del mundo y se materializa en «casos» (tokens o instancias particulares) de los símbolos que se refieren (y, por tanto, representan) a los objetos que son la causa inmediata de nuestros perceptos. (pp. 120-121) El lingüista norteamericano N. Chomsky es otro autor ligado al funcionalismo, especializado en aspectos del lenguaje porque, según él lo señala, es «el espejo de la mente» (Chomsky, 1981, p. 11), y dice también que «lo que sabemos o lo que llegamos a creer depende de las experiencias específicas que evocan en nosotros alguna parte del sistema cognoscitivo que está latente en nuestra mente» (Ibid., p. 13). Consecuente con ello, postula la existencia de una gramática generativa transformacional, constructo que adjudica al lenguaje propiedades innatas capaces de generar frases no escuchadas nunca. Sus mecanismos, como señalan Tilak, et al. (2022), operan con una breve cantidad de elementos lingüísticos que pueden combinarse creando oraciones de manera ilimitada. Para terminar, la cita de Thagard ilustra en síntesis (un tanto confusa, por lo que aquí se simplifica en lo posible) la bondad que tiene el enfoque funcionalista computacional para sus seguidores, en cinco criterios: El primer criterio —la capacidad representacional— se vincula con la cantidad de información que es capaz de expresar un tipo particular de representación […] Las representaciones mentales son importantes no solo por lo que expresan sino también por lo que puede hacerse con ellas. La capacidad computacional de una representación mental se evalúa considerando cómo explica las tres clases de pensamiento superior […] una teoría de la representación mental debe tener una capacidad computacional que explique cómo aprenden los humanos [y] debe explicar el uso del lenguaje humano […] es fundamental que una teoría de la representación mental refleje cómo piensan los humanos, más allá de tener una gran capacidad representacional y computacional […] Del mismo modo, como el pensamiento se produce en el cerebro, una teoría de la representación mental debe corresponderse con los resultados de los experimentos de la neurociencia […] El quinto y último criterio a la hora de evaluar teorías de la representación mental es la aplicabilidad práctica. (Thagard, pp. 36-39) capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 233 Más allá de esto, la duda sobre las posibilidades de la computación, e desarrollo de la informática y la creciente demanda de viabilidad, abre paso a la teoría de la complejidad computacional desde la década de 1970, pero, aunque para sus simpatizantes (por ejemplo, Aaronson, 2013, o Dubucs et al., 2014) ha hecho algunos descubrimientos espectaculares, ellos mismos reconocen que ha perdido contacto con sus orígenes filosóficos y que los filósofos de la mente no se interesan por ella. De cualquier manera, es uno de los pasos más recientes del funcionalismo computacional. 2.2. Conexionismo Después de un modesto surgimiento en la década del cuarenta que no atrajo mayor interés filosófico, la arquitectura conexionista experimentó su auge en los años ochenta debido, entre otras cosas, a su repercusión filosófica en el sentido de contrapeso y anulación de tradiciones atomistas, nativistas y cajanegristas (Berkeley, 2019), ofreciendo en cambio una concepción más sistémica de los procesos mentales. El conexionismo constituye, según Varela (2005), la «tercera etapa» del cognitivismo, encontrando sus raíces a mediados de la década del cincuenta, en el indicio de que [...] en los cerebros reales no hay reglas ni un procesador lógico central, y que la información no está almacenada en lugares precisos. En cambio, era evidente que el cerebro operaba a partir de interconexiones masivas, de forma distribuida, de modo que las conexiones entre conjuntos de neuronas cambian como resultado de la experiencia. (p. 53) Esto, después de un cuarto de siglo, volvió a actualizarse con motivo del redescubrimiento de la auto-organización en la física y en matemática no-lineal, poniendo en cuestión la «ortodoxia representacional» funcionalista. Los pioneros en bautizar como «conexionismo» a un nuevo enfoque que rompía con la noción cognitivista de representación simbólica pasando a la dispersión en redes neuronales artificiales, fueron los investigadores Feldman y Ballard en un artículo titulado Modelos conexionistas y sus propiedades (1982), propiciando condiciones para la aparición del modelo de 234 william montgomery urday Procesamiento distribuido en paralelo (PDP). De acuerdo con McClelland, Rummelhart y Hinton (1992), ellos «sentaron las bases de muchos de los principios computacionales del enfoque PDP (usando el nombre de conexionismo) e hicieron hincapié en la implausibilidad biológica de la mayor parte de los modelos computacionales dominantes en el campo de la inteligencia artificial» (p. 79). El cambio de dirección (o evolución complementaria al interior de un mismo paradigma según algunos, como por ejemplo Martínez Freire, 2007), sugerido en la investigación cognitiva en las últimas décadas, de un sistema representacional a otro conexionista; consiste en introducir la simulación computacional con respecto al funcionamiento de las redes neurales. En otras palabras, se trata de construir modelos que simulen los mecanismos naturales organizativos y funcionales del cerebro humano. Dado que este se compone de multitud de células nerviosas, la reproducción de parte de su conglomerado requiere diseñar virtualmente neuronas artificiales en una estructura sistémica de conexión, que se comporten de modo similar a las del organismo biológico de los seres humanos. El planteamiento central es que «los cerebros humanos no hacen cosas de la manera convencional en la que las computadoras lo hacen, que nuestra inteligencia es de una clase diferente» (Tienson, 1995, p. 361), y, por lo tanto, hay que considerar adaptaciones sui generis. Es evidente, como dicen McClelland, et al. (1992) que en el comportamiento humano hay una cantidad grande de distintos factores que intervienen al mismo tiempo. «Cada uno de ellos desempeña un papel, restringiendo a otros elementos y siendo restringido por los demás» (p. 45). Entonces los mecanismos mejor adaptados para operar con las interinfluencias recíprocas de los aspectos de información implicados son aquellos que reflejen esa complejidad de los procesos cognitivos. Con ese objeto, el grupo PDP diseñó modelos basados en el paralelismo masivo de la red neuronal que comprenden los siguientes elementos (Campanario, 2004, p. 95): a) Un conjunto de n unidades de procesamiento (neuronas artificiales) que reciben impulsos de entrada de otras unidades y envían impulsos de salida a las restantes unidades o nodos. Cada nodo puede representar una variable, un rasgo, un concepto, etc. Como se ha indicado anteriormente, estas neuronas artificiales no tienen existencia física real y se implementan mediante programas de ordenador. capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 235 b) Un estado de activación de cada unidad (neurona), a(n). Este estado de activación es función de las entradas que recibe la unidad y determina la salida que se envía a las restantes unidades. El estado de activación global viene dado por un vector de orden n y es la magnitud más importante de la red neuronal; de hecho, el vector final de activaciones es la magnitud que se suele comparar con los datos experimentales que se desea interpretar. c) Un vector de orden n que representa los impulsos de salida de cada unidad. Estos impulsos de salida son función de la activación de cada una de las unidades. d) Un patrón de conexiones entre unidades. Este patrón de conexiones puede representarse mediante una matriz de pesos o conexiones W(n,n) que se multiplica por el vector de salida para obtener el vector de impulsos de entrada de cada unidad. Las conexiones pueden ser fijas o variables. En este último caso, las conexiones suelen depender del vector de activación. e) Una regla de activaciones que combine, en un instante determinado, los impulsos de entrada en cada unidad junto con la activación actual de la unidad para obtener la activación en el instante siguiente. En dicho modelo, entonces, todos los elementos juegan paralelamente roles de entrada, de salida y de cálculos diversos en forma simultánea, inervando la red en su conjunto y simulando operaciones artificiales de esquemas cognitivos. Las conexiones entre los nodos se parecen tanto a las habidas en cables eléctricos como a las que suceden en las sinapsis neuronales, pero no todos los enlaces son receptoras de estímulos dentro del sistema, algunas unidades los reciben desde fuera (unidades de input), y otras envían señales desde dentro haca afuera de él (unidades de output). Con el respectivo diseño programático, los modelos pueden servir para simular daños cerebrales, sesgos cognitivos, reacciones (o soluciones) ante ambigüedades, actos intencionales y muchas otras cosas más. La famosa crítica de Fodor & Pylyshyn (1988) hecha al conexionismo hizo hincapié en dos supuestas falencias de este enfoque competidor del funcionalismo computacional: a) los pensamientos no son «atómicos», son estados mentales compuestos y tienen una estructura compuesta, y b) los procesos mentales son susceptibles a dicha estructura, por lo tanto, de cualquier pensamiento implicativo conformado por dos elementos se pue- 236 william montgomery urday de deducir el otro, es decir de los significados de sus partes léxicas. En cambio, afirman Fodor y Pylyshyn que la lógica del procesamiento conexionista concibe representaciones atómicas y simplemente asociacionistas sin estructura. Esto inició un intrincado debate que aún no termina (véanse Berkeley, 2019; Malsburg, 2023), aunque se ha debilitado en parte. Como señalan Calvo & Symons (2014), tras un cuarto de siglo se tiene un mundo postconexionista donde la distinción no es entre modelos clásicos y conexionistas, sino entre el cognitivismo general y diversos enfoques metodológicos, como la inteligencia artificial, la psicología ecológica, la cognición distribuida, la teoría de sistemas, formas no clásicas de conexionismo, etc., concluyendo inquietantemente que: «Las líneas básicas del argumento [de Fodor y Pylyshyn] siguen siendo válidas, a pesar de los impresionantes avances científicos» (Symons & Calvo, 2014, p. 15). 2.3. Cognición incorporada Según se ha dicho ut supra, los enfoques de la cognición incorporada, o 4E, son múltiples. Sean del modelo «corporizado», «situado», «extendido» o «enactivo», cada cual tiene sus propias características (Kirvestein & Clark, 2009), aunque con el sustrato general de que desde sus orientaciones todos consideran a las variantes clásicas de la ciencia cognitiva como tributarias del modelo cartesiano, criticables por su representacionalismo computacional, su neurocentrismo y su falta de atención a las relaciones con el cuerpo (Rowlands, 2010). Frente a ello, reivindican en especial esto último, afirmando que la mente no se puede desligar de su base corpórea y ambiental. Los énfasis en cierto tipo de características particulares por encima de otras respecto a ese aspecto central, los da cada modelo 4E. En el caso de la cognición corporizada, esta se opone radicalmente a la versión «incorpórea» de la ciencia cognitiva tradicional, que deja de lado la experiencia y la acción derivadas de la interacción física entre el organismo y el mundo. Los procesos mentales no surgen solo del cerebro, sino del sistema en que participan. En dicho sistema, el cuerpo es el factor que da sentido y significado a la situación en que tienen lugar las operaciones cognitivas. Por ello: capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 237 […] el enactivista corporizado entiende la encarnación en términos de habilidades corporales que utilizamos todo el tiempo cuando actuamos irreflexivamente, y en virtud de las cuales podemos encontrar situaciones que son significativas. Puede darse el caso de que la contribución del cerebro sea la de coordinar una cascada de predicciones cada vez más finas y detalladas, pero todo esto está teniendo lugar al servicio de una actividad de creación de sentido de un agente encarnado […] La interacción dinámica entre percepción, afecto y acción […] no puede explicarse adecuadamente en un modelo lineal de causalidad en el que la percepción proporciona información a un cerebro que funciona como un centro de mando que emite instrucciones al cuerpo. (Kiverstein, 2012, p. 13) El modelo de la cognición situada —también llamada «cognición incrustada»—, hace más hincapié en el entorno circundante (entendiendo por tal la gama de señales, accesorios y dispositivos externos disponibles, algunos de ellos informáticos) en el cual se ubican las tareas o procesos mentales llevados a cabo. Aquí son importantes los contextos sociales, culturales y físicos en los cuales un individuo piensa o hace algo como parte de su participación en ellos. Los entornos de aprendizaje situados, por lo tanto, facilitan el desempeño cognitivo. Por ejemplo, en las tareas que realizan los empacadores de comestibles, su interacción directa con los elementos con que trabajan determina cómo lo harán mejor. Al respecto, Robbins & Aydede (2009) señalan que: El problema aquí es organizar las cosas de modo que los elementos pesados vayan abajo, los frágiles arriba y los intermedios en el medio. A medida que los comestibles continúan moviéndose a lo largo de la cinta transportadora, las decisiones sobre qué artículos ir y dónde deben tomarse rápidamente, evitando acumulaciones y desorden. A medida que los artículos salen de la cinta transportadora y entran al espacio de trabajo, los empacadores de comestibles expertos a menudo los clasifican rápidamente por categoría (pesados, frágiles, intermedios) en distintas zonas espaciales antes de colocar cada artículo en una bolsa. Este procedimiento disminuye significativamente la carga en la memoria de trabajo en relación con la alternativa de calcular mentalmente la ubicación óptima de cada elemento cuando ingresa al espacio de trabajo, sin 238 william montgomery urday el beneficio de señales espaciales externas […] La idea común aquí es que, en lugar de construir modelos internos detallados del mundo que requieren actualizaciones continuas y costosas, vale la pena buscar información relevante del mundo según sea necesario. (pp. 6-7) La cognición extendida presta atención especial a cómo el mundo externo se integra a / y forma parte de / los límites que establecen los procesos cognitivos, coadyubando a consolidar recursos neurológicos, corporales, ambientales y tecnológicos que se complementan entre sí. Los objetos en el entorno son parte de la cognición que los utiliza (Loughlin, 2022). Por ejemplo, es indudable que el exceso de información en el mundo de hoy torna necesario acudir al auxilio de las «ayudas memoria» para organizar los pensamientos. En estos casos, el organismo humano está vinculado con una entidad externa en una interacción bidireccional, creando un sistema acoplado que puede verse como un sistema cognitivo por derecho propio. Todos los componentes del sistema desempeñan un papel causal activo y gobiernan conjuntamente la conducta del mismo modo que suele hacerlo la cognición. Si eliminamos el componente externo, la competencia conductual del sistema disminuirá, tal como lo haría si eliminamos parte de su cerebro. Nuestra tesis es que este tipo de proceso acoplado cuenta igualmente como un proceso cognitivo, esté o no enteramente en la cabeza. (Clark y Chalmers, 2008, p. 222) Por último, la cognición enactiva presenta una fundamentación retórica más compleja, y, si se quiere, un tanto oscura, aunque en el fondo parece sostener lo mismo que los anteriores enfoques. Los enactivistas sugieren alejarse de la idea de la mente como un procesador de información, para sustituirla por «la enactuación de un mundo —en hacer emerger un mundo— mediante una historia viable de acoplamiento estructural» (Varela, et al., 1997, p. 238). En la argumentación corriente de estos autores intervienen ciertas dosis de filosofía hermenéutica heiddeggeriana, gadameriana y merleaupontiana7. 7 La complejidad de esta propuesta se refleja en su poca comprensión. El lector también puede recurrir a los escritos de Maturana & Varela (1984), y Drury & Tudor (2024), capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 239 El término «hermenéutica» se refería originalmente a la disciplina de interpretar textos antiguos, pero ahora denota todo el fenómeno de la interpretación, entendido como «enactuar» o «hacer emerger» el sentido a partir de un trasfondo de comprensión. En general, los filósofos europeos, aunque explícitamente objetan muchos de los supuestos de la hermenéutica, continúan produciendo exposiciones detalladas mostrando que el conocimiento depende de estar en un mundo inseparable de nuestro cuerpo, nuestro lenguaje y nuestra historia social, en síntesis, de nuestra corporización. (Varela, et al., 1997, p. 176) La enacción —dicen— funciona por medio de una red compuesta por múltiples niveles de subredes sensorio-motrices interconectadas entre sí. En ese marco, la creación de sentido se plasma a través de actividades situadas y corporizadas, «desde biológicas y prerreflexivas hasta conscientes y lingüísticas» (Cit. por Ramírez, 2018, p. 306). 2.4. Epistemología genética El biólogo suizo Jean Piaget se ha distinguido por ser el creador y propugnador de la epistemología genética, variante cognitiva típicamente europea con antecedentes kantianos. Su trabajo comenzó en la segunda década del siglo XX y se extendió enormemente, al punto que en una encuesta realizada a los miembros de la Asociación Psicológica Americana (APA) se le nombró en el segundo lugar entre los más eminentes psicólogos de dicho período. Las razones para esa notoriedad están no solo en las bondades que presenta su teoría, sino también, probablemente, en la gran producción editorial que llevó a cabo —publicó nada menos que 62,935 páginas durante su vida en más de 50 libros y monografías (Hergenhann, 2011, p. 664)—, y en la cantidad de cargos directivos que desempeñó tanto a nivel de institutos nacionales como de oficinas internacionales. En 1955 fundó el Centro Internacional para la Epistemología Genética en la ciudad de Ginebra, que dirigió hasta su fallecimiento en 1980. para buscar allí las raíces de varias de las nociones que no son bien explicadas en otros textos enactivistas. 240 william montgomery urday La postura filosófica de Piaget frente a lo mental debe juzgarse a la luz del conjunto de su teoría. «Se denomina psicología genética —dice— al estudio del desarrollo de las funciones mentales en tanto que dicho desarrollo puede aportar una explicación, o al menos una información suplementaria, sobre los mecanismos de aquellas en su estado acabado» (Piaget, 1981, p. 61). En este marco: La psicología es la ciencia de las conductas y las conductas son acciones que se prolongan en operaciones mentales. La acción engendra esquemas que se organizan entre sí de acuerdo con algunos sistemas de ritmos y luego de regulaciones, cuya forma final de equilibrio es el agrupamiento operatorio. El aspecto psicológico de la conducta es entonces el de una construcción de relaciones perceptuales o intuitivas, de conceptos y de valores, y esta construcción consiste en una productividad operatoria que acompaña en forma cada vez más completa a la causalidad fisiológica. (Piaget, 1973, p. 159) La mente, es, pues, el resultado de una relación entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido, en un contexto histórico-evolutivo. Sus mecanismos se forman en el desarrollo (dimensión genética) del individuo y su progresiva socialización, pero el funcionamiento intelectual es, en esencia, una modalidad especial de actividad biológica. «El organismo asimila sin cesar el medio a su estructura, al mismo tiempo que acomoda su estructura al medio, y la adaptación se puede definir, entonces, como el equilibrio entre estos intercambios» (Piaget, 1973, p. 148). Determinar las características concretas de dicha relación es un problema empírico al que Piaget le presta mucha atención a través de continuos estudios experimentales acerca de las interacciones entre la maduración del sistema nervioso y el medio, las estructuras psicológicas y la psicofisiología. En esta línea, las indagaciones extraordinariamente detalladas de Piaget lo llevan a plantear cuatro estadios de desarrollo mental: 1) el sensoriomotor (de 0 a 2 años); 2) el preoperacional (de 2 a 7 años), 3) el de operaciones concretas (de 7 a 11 años); y 4) el de operaciones formales (de 11 a más años). En esos sistemas de relaciones, las capacidades cognitivas se van construyendo de manera escalonada, incorporando estructuralmente las adquiridas en las etapas anteriores hasta llegar al pensamiento hipotético-deductivo. capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 241 3. LA MENTE SEGÚN LA NEUROFILOSOFÍA En esta sección se abordan los principales puntos de vista filosóficos que buscan afincar sus argumentos acerca de la naturaleza de la mente en los desarrollos de la neurociencia cognitiva o en la fisiología cerebral. La necesidad del conocimiento neurocientífico es, para sus defensores, ineludible, pues: La filosofía no puede desentenderse de la neurociencia y apelar a una especie de «nivel superior» de comprensión, cuya atalaya le proporcionaría una ventaja inicial sobre cualquier hipotético avance científico. Es importante que las propuestas filosóficas no marginen los logros alcanzados en el estudio neurobiológico del sistema nervioso, sino que procuren integrar los conocimientos nuevos y fehacientes sobre esas funciones mentales que pretenden estudiar y sobre las preguntas iluminadoras que quizás planteen. (Blanco, 2014, pp. 25-26) El enfoque biológico de los eventos mentales es de muy larga data en la historia de la humanidad, así el citado Blanco (2014) enumera seis etapas importantes: la inicial se da en la antigüedad clásica y la Edad Media, con referencia al hallazgo del encéfalo como base del psiquismo; luego viene la revolución científica de fines del Renacimiento, con la exploración del sistema nervioso; después, a fines del siglo XVIII, se descubre la actividad eléctrica en el sistema nervioso y se inicia la electrofisiología neuronal; a continuación, durante el siglo XIX, se localizan corticalmente las funciones del psiquismo y se investiga la excitación del córtex cerebral; más tarde se formula la doctrina de la neurona y se consiguen descubrir aspectos claves para entender la transmisión del impulso nervioso; por último, alrededor de los años 60 del siglo XX nace la interdisciplina llamada «neurociencia» para explorar las relaciones de la mente con el sistema nervioso. Ya en un capítulo anterior del presente libro se reseñaron aportes del siglo XIX y comienzos del XX. Ahora bien, como señala Hergenhann (2011), a mediados del siglo XX hay algunos personajes de la psicología muy estimables en torno al descubrimiento y teorización de eventos biológicos, cuyo trabajo de investigación sirvió de base para la consolidación del moderno enfoque neurocientífico. Estos son, entre otros, Karl Lashley, Donald Hebb y Roger Sperry. Lashley encontró que la corteza cerebral opera como un todo y que cualquier parte de un área funcional puede desempeñar la tarea 242 william montgomery urday asociada a aquella; Hebb formuló la hipótesis de las «asambleas celulares» que se asocian y activan en torno a ciertos tipos de estimulación externa o interna, individual o combinadamente, formando ideas vinculadas a los eventos en mención; y Sperry experimentó con las vías que transmiten la información de un hemisferio cerebral al otro («preparación del cerebro dividido»), hallando que algunos fenómenos cognitivos y afectivos suceden específicamente en uno u otro hemisferio. Dado que sería imposible abarcar toda la riqueza de este campo, en seguida —como también se hizo en el caso de la ciencia cognitiva—, se esquematizarán algunas de las líneas principales de lo que se ha etiquetado con el poco ortodoxo nombre de «neurofilosofía». 3.1. Teoría de la identidad La matriz de la teoría de la identidad se encuentra en los trabajos de los filósofos U. T. Place (¿Es la consciencia un proceso cerebral?, 1956) y Herbert Feigl (Lo «Mental» y lo «Físico», 1958), con carácter fisicalista que no acepta la existencia de propiedades no físicas irreductibles, como los «qualia» (Smart, 2017). Como dice Beorlegui (2007): «Su teoría se puede sintetizar en tres afirmaciones: a) La mente y los estados mentales son realidades objetivas; b) La mente es el cerebro; c) El cerebro, y en general toda entidad biológica, es en último análisis una estructura física» (p. 136). Entonces, los teóricos de la identidad sostienen que los eventos mentales y los procesos físico-biológicos del cerebro son idénticos, es decir afirman la correspondencia entre tipos psicológicos y tipos físicos. La prueba más evidente sería que los sucesos mentales provocan, o son efecto de, sucesos corporales en tiempo real. Por ejemplo, se dice que hay, no correlación ni paralelismo, sino identificación entre la sensación de dolor y el evento neural (excitación de fibras) que le subyace: son lo mismo. Además: Place tiene buen cuidado en matizar que lo que resulta identificado por la teoría de la identidad psicofísica no son las descripciones que podemos ofrecer de nuestros estados de conciencia y de nuestros procesos cerebrales. Esta tesis sería evidentemente falsa: podemos describir los primeros sin saber nada de los segundos y ambos tipos de descripciones se comprueban o verifican de modo capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 243 muy diferente. Lo único que afirma es que aquello de lo que hablan, aquello a lo que se refieren ambos tipos de descripciones, la psicológica y la neurológica, es una misma realidad, un mismo estado de cosas. No existiría algo «mental» además de lo «cerebral». La teoría de la identidad propone un monismo materialista, aunque admita descripciones diferentes de un mismo hecho. (Chacón & Rodríguez, 2009, p.100) Una década después, otro filósofo australiano: el realista metafísico D. Armstrong en su obra Una Teoría Materialista de la Mente (1968), extendió las tesis de Place sobre las sensaciones a temas como las disposiciones. En tal sentido, dentro de este enfoque, la inteligencia también cae dentro de la definición de estado neurológico, igual que las creencias, los deseos y cualquier tipo de aptitud mental. Los teóricos de la identidad confían en que los hallazgos de la neurociencia poco a poco irán acumulando evidencias que dejen de lado las dudas sobre la veracidad de su planteamiento central. 3.2. Monismo anómalo El monismo de D. Davidson deja de lado la identidad mente-cerebro en el sentido «instancia-instancia» de Place, Feigl y Armstrong, por lo que esta clase de monismo es llamado «anómalo» por su principal postor. Aunque para él (Davidson, 19) cada instancia de un evento o estado mental corresponde a un evento o estado neurofisiológico, las formas de referirse a tales sucesos son dispares, en tanto los esquemas mentales y los físicos no se sujetan a una dinámica de leyes psicofísicas estrictas. En la realidad física el cambio de sucesos puede explicarse a través de leyes que lo asocien con otros cambios y condiciones físicamente dimensionables. En el plano mental, por el contrario, la responsabilidad de los fenómenos mentales cae en el campo de las razones, las creencias y las intenciones del sujeto humano. Por ello, ningún enunciado psicofísico puede convertirse en una ley estricta que sirva para predecir y explicar los sucesos mentales, por más cosas que afectan a estos sin ser sus partes sistemáticas. Así: […] es posible saber que un suceso mental es idéntico con algún suceso físico, sin saber con cuál (en el sentido de que pueda darse una descripción física úni- 244 william montgomery urday ca que lo coloque bajo una ley relevante). Aun si alguien conociera la historia física completa del mundo. y cada suceso mental fuera idéntico con uno físico, no se seguiría que ese alguien pudiera predecir o explicar un suceso mental particular […] Explicamos, por ejemplo, las acciones libres del hombre apelando a sus deseos, hábitos, conocimiento y percepciones. Tales explicaciones de la conducta intencional operan en un esquema conceptual fuera del alcance directo de las leyes físicas, al describir la causa y el efecto, la razón y la acción como aspectos de una representación por parte de un sujeto humano. La anomalía de lo mental es, por tanto, una condición necesaria para considerar autónoma la acción. (Davidson, pp. 28-29) En suma, las explicaciones referentes a eventos mentales no tienen que ver con la legalidad natural, sino con la racionalidad normativa, porque se desarrollan a través de descripciones convencionales del individuo que implican concebirlo como un ser racional. 3.3. Materialismo eliminativo El materialismo eliminativo, de Paul Churchland es una posición extrema de la teoría de la identidad que, además de mantener la tesis de que los fenómenos mentales son idénticos a los fenómenos cerebrales, pide que, a consecuencia de ello, el lenguaje de los eventos mentales propio de la psicología popular sea eliminado para ser sustituido por un lenguaje ontológico neurocientífico, es decir materialista. En otras palabras, que para sustentar la descripción de un dominio físico no es necesario recurrir a referentes no físicos (deseos, creencias, intenciones, percepciones, miedos, etc.). Según Churchland (2009), la psicología popular es una teoría falsa, y «una explicación radicalmente inadecuada de nuestras actividades internas, demasiado confusa y defectuosa como para sobrevivir a una reducción interteórica […] será desplazada, simplemente, por una teoría mejor de tales actividades» (p. 49). Por tanto, las categorías del sentido común deben ser reducidas a las categorías de comunicación de una ciencia ya establecida, como es la del estudio neurológico sistemático. Esto se justifica porque: capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 245 La investigación de las estructuras neurales que dan base a la organización y al procesamiento de la información perceptual, revela que son capaces de conducir una gran variedad de tareas complejas, algunas de las cuales muestran una complejidad muchísimo mayor que la que exhibe el lenguaje natural. Resulta ser que los lenguajes naturales solo explotan una porción muy elemental de la maquinaria disponible […] La aclaración detallada de lo que es esa maquinaria y de las capacidades que tiene torna evidente que una forma de lenguaje mucho más sofisticada que el lenguaje «natural», aunque decididamente «extraña» a sus estructuras sintácticas y semánticas, también podría ser aprendido y usado por nuestros sistemas innatos […] tal sistema novedoso de comunicación podría elevar enormemente la eficiencia del intercambio de información entre cerebros, y aumentaría la evaluación cognitiva en una magnitud comparable, puesto que reflejaría la estructura subyacente de nuestras actividades cognitivas con mayor detalle que como lo hace el lenguaje natural. (Churchland, 2009, p. 64-65) En otra parte, Churchland, (1999) redondea su posición materialista frente al problema ontológico: «la especie humana y todos sus rasgos son el resultado enteramente físico de un proceso puramente físico […] Somos criaturas hechas de materia, y debemos aprender a vivir con ese hecho» (p. 45). 3.4. Naturalismo biológico Una variante del punto de vista identitario mente-cerebro es el naturalismo biológico de J. Searle (2009), quien sostiene que «para entender el papel del cerebro en la vida mental necesitamos entender el funcionamiento del cerebro en niveles más elevados que el de las neuronas individuales, y, en particular, que en esos niveles elevados necesitamos entender el funcionamiento de los sistemas de neuronas organizadas en redes neurales o en circuitos neurales» (p. 427). Entonces, estos procesos electroquímicos producen los fenómenos mentales, siendo estos últimos en última instancia una clase de propiedades de sistemas físicos de alto nivel que no tienen una conexión esencial con los estímulos externos, como en el ejemplo de sentir un dolor intenso sin que este haya sido causado por estímulos que afecten los nervios periféricos. Semejante concepción provoca poner las ideas de Searle dentro 246 william montgomery urday del marco emergentista, aunque él niega sujetarse a dicha etiqueta (Beorlegui, 2007). Searle afirma en cambio que el naturalismo biológico es tan evidente que sorprende la pervivencia del problema mente-cuerpo a pesar de su claridad, pero: «En síntesis, el modo de disipar el misterio es comprender los procesos» (Searle, 1995, p. 434), lo que lo lleva a «reconocer los rasgos cualitativos subjetivos de la conciencia en su sentido ontológico y tratar de describirlos de modo epistémicamente objetivos» (Díaz, 2013, p. 55). Extendiéndose sobre ello, Searle menciona cuatro características de la mente que surgen del sentido común, que han dificultado a filósofos, psicólogos y neurólogos llegar a resolver el problema por sus connotaciones dualistas8: 1) la conciencia, de la cual se derivan todas las demás nociones mentales, se debe a procesos neurofisiológicos que acaecen en las estructuras talámicas y de la corteza cerebral; 2) la intencionalidad, factor de ajuste a objetos y estados en el mundo, pasa por ser una propiedad de eventos principalmente hipotalámicos relacionados con experiencias viso auditivas, sensaciones táctiles u olfatorias, el hambre, la sed y el deseo sexual; 3) la subjetividad, o aquello de nosotros que no es accesible a otras personas, es un hecho de evolución biológica concretada en las características del cerebro¸ y 4) la causación mental posibilita que los pensamientos, con sus propiedades lógicas e intencionales, puedan producir conductas porque son estados físicos del cerebro. El naturalismo biológico no solamente se dedica a tratar de explicar el problema mente-cuerpo o mente-cerebro, sino que critica agriamente al funcionalismo y al conexionismo (a los que llama IA o «inteligencia artificial fuerte») por ser incapaces de reproducir la intencionalidad y el entendimiento. Usando el argumento de «la habitación china», Searle procura mostrar que, aunque un ordenador o un individuo pueda manejar símbolos chinos, no necesariamente requiere funcionar en el plano de los significados. Si se 8 Para Searle en el pensamiento de ellos, dice Guerrero del Amo (2009), «[…] si no eliminábamos de alguna forma los procesos mentales, nos enfrentaríamos de nuevo al dualismo cartesiano y todos los problemas que acarrea. Lo paradójico del caso, según Searle, es que en la base de esa asunción tácita está la aceptación de ese dualismo conceptual cartesiano que se quiere evitar, esto es, la aceptación de un sistema categorial que se constituye en torno a la oposición físico-mental: si algo es mental no puede ser físico y, si es físico, no puede ser mental […] Esa asunción tácita ha sido hecha no sólo por los dualistas, sea su dualismo de sustancias o de propiedades, sino también por los materialistas de todo tipo» (p. 159). capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 247 quiere que esto sea posible, se requiere encajar en el sistema conceptos mentales o intencionales. Así: «Lo que se pierde en la simulación del comportamiento cognitivo de la IA, es la distinción entre la sintaxis y la semántica […] Tenemos la semántica. No manipulamos meramente símbolos formales no interpretados, sabemos realmente qué significan» (Searle, 2009, p. 419). 3.5. Dualismo interaccionista Karl Popper, filósofo de la ciencia, y John Eccles, neurofisiólogo, decidieron publicar un libro conjunto titulado El Yo y su Cerebro (1977), en la certidumbre de que ambos coincidían en los puntos de vista principales, a saber, el dualismo y el interaccionismo entre cuerpo y mente: en Popper un dualismo de propiedades (mente y cuerpo reunidos, con interacciones entre la causalidad mental y la física), y en Eccles un dualismo de sustancias (la mente como una entidad separada del cuerpo, con posibilidad de existir independientemente de él, aunque puede interactuar mientras forme parte del cuerpo). así, reconociendo sus amplias diferencias, dividieron sus respectivas exposiciones en el texto. Sin embargo, la división no es estrictamente formal en el libro, y aunque la parte netamente filosófica a cargo de Popper es la que interesa a la presente síntesis de su postura, todo lo dicho se citará como Popper & Eccles (1993). El núcleo del dualismo interaccionista es la teoría de los tres mundos. Popper dice al respecto: Primero está el mundo físico —el universo de las entidades físicas— al que haré alusión al comienzo de esta sección: es a lo que denominaré «Mundo 1». En segundo lugar, está el mundo de los estados mentales, incluyendo entre ellos los estados de conciencia, las disposiciones psicológicas y los estados inconscientes; es lo que denominaré «Mundo 2». Pero hay también un tercer mundo, el mundo de los contenidos del pensamiento, y, ciertamente, de los productos de la mente humana; a esto lo denominaré «Mundo 3». (Popper & Eccles, 1993, p. 43) Comenzando el análisis por el Mundo 3, queda claro que está compuesto de historias, teorías, mitos, arte, herramientas e instituciones socioculturales, algunas veces como realidades incorpóreas, especialmente de carácter lin- 248 william montgomery urday güístico, como, por ejemplo, las teorías científicas —Popper se apresura a declarar que lo incorpóreo en el Mundo 3 no tiene que ver frontalmente con las entidades y esencias platónicas (Popper y Eccles, 1993, pp. 49-50)—, y frecuentemente bajo la forma de cuerpos materiales (por ejemplo, los libros, las computadoras o los cuadros pictóricos). En tal sentido, estos últimos forman parte también del Mundo 1, pero este es más amplio, pues comprende no solo lo creado por el hombre, sino también todos los objetos y organismos existentes en la naturaleza antes e independientemente de la intervención humana. Ahora bien, puesto que es evidente la existencia de ambos mundos, la conclusión inevitable es que algo medió entre ellos, y es el Mundo 2: aquel que propició la aparición de los productos culturales ya mencionados, vale decir el de la mente humana. Establecida la conexión en la mente, se entiende que los tres mundos pueden interactuar entre sí, y de hecho lo hacen de manera continua. Por ejemplo, en el caso del físico profesional, para conocer (Mundo 2) la naturaleza, él necesita la materia del Mundo 1 como objeto de estudio, pero al teorizar sobre aquel debe utilizar obviamente la materia del Mundo 3. Fundada en los aportes de la biología (evolucionismo y neurofisiología), la concepción popperiana de la mente resulta de un complejo proceso evolutivo de organización de la materia, no confundible con lo físico. El carácter emergente define la identidad del universo y explica el surgimiento de la vida en general y de toda su empresa cultural. El término «emergente» significa que no se puede predecir algo desde la perspectiva de lo precedente o conocido, sino que surge de la selección natural. La especulación de Popper (1980b) desemboca en su idea de varias etapas en las cuales emerge la consciencia: 1) «algo» que induce al organismo a actuar de alguna manera; 2) ensayo y error de diversas estrategias de supervivencia; 3) acciones conforme a un propósito (por ejemplo, la caza); y 4) la disociación de nosotros mismos respecto a lo que hacemos, proceso favorecido por el lenguaje. 3.6. Monismo emergentista Se diría que Mario Bunge es también un «dualista interaccionista» como Popper, pero para el filósofo argentino, «el dualismo no es sino un disfraz de nuestra ignorancia» y el interaccionismo es «tan impreciso como el pa- capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 249 ralelismo», por lo que prefiere adherirse al «monismo psicofísico» (Bunge, 2002b, p. 130-131). De hecho, critica el dualismo interaccionista de Popper, cuya doctrina de los tres mundos y la mente es una filosofía «a medio elaborar», violando, además, entre otras cosas, el principio de conservación de la energía, «pues postula que la mente inmaterial puede mover la materia» (Bunge & Ardila, 1988, pp. 28-29). A partir de estas coordenadas define el problema mente-cuerpo en términos «de las interacciones entre lo mental y lo físico, sino el de las interacciones entre distintas partes del sistema nervioso, y entre ellas y el resto del cuerpo» (Bunge, 2002b, p. 133; cursivas suyas). De acuerdo con esto, el dicho problema debería plantearse como «problema sistema-nervioso central - resto del cuerpo». Según eso, en suma: «la mente es un conjunto de procesos cerebrales» (Ibid., p. 134). En otro lugar, el título de su adherencia se matiza y pasa a llamarse «monismo psiconeural emergentista», que Bunge (2002a) juzga compatible con la ciencia natural y describe en los siguientes términos: »1)todos los estados, sucesos y procesos mentales, son estados, sucesos o procesos en los cerebros de vertebrados superiores; 2) estos estados, sucesos y procesos son emergentes con respecto a los de los procesos celulares del cerebro; 3) las relaciones denominadas psicofísicas (o psicosomáticas) son relaciones entre subsistemas diferentes del cerebro, o entre alguno de ellos y otros componentes del organismo (p. 42). Esta forma de materialismo emergentista, pues, reivindica la condición emergente de lo mental (por lo que podría entenderse practica un monismo de sustancias y un dualismo de propiedades). En cierto modo, como indica Patrón (2023): «Todo parece indicar que para Bunge intercambiar el término mente con cerebro soluciona todos los problemas del dualismo y al mismo tiempo afirmar que «algo» emerge del cerebro soluciona todos los problemas del materialismo ingenuo» (p. 41). En la tabla 10.1 de su libro sobre El problema mente-cerebro, Bunge (2002a, p. 224) anota claramente lo que asume por explicación de la conducta: «Resultado motor de procesos biológicos del SNC [Sistema Nervioso Central], por tanto se puede explicar con la ayuda de leyes biológicas, algunas de las cuales contendrán predicados nuevos»; y lo que asume por explicación de la «mentación»: «Actividad biológica de los subsistemas plásticos del SNC, por tanto explicable con la ayuda de leyes biológicas que contengan predicados nuevos». 250 william montgomery urday 4. LA MENTE SEGÚN EL PSICOANÁLISIS Y LA FENOMENOLOGÍA 4.1. La mente psicoanalítica Procurando hallar solución a la interrogante acerca del origen y devenir de la mente en la especie humana, Freud (2010) procedió analogizando dicho desarrollo con la evolución del proceso cultural, seleccionando para su análisis una serie de conjeturas etnológicas y antropológicas históricamente identificadas con ciertos mitos y tradiciones folclóricas. Uno de ellos, en particular, le sirve para formular la suposición de que el hombre prehistórico vivía colectivamente bajo la forma de una horda primitiva (previa a la aparición de la gens o la tribu) en que la mente de los individuos que la conformaban era aún rudimentaria, sujeta a instintos y emociones, y la conciencia, inexistente (Freud, 1991). La organización de la horda estaba signada por el poder de un padre tiránico y violento que, cual «macho dominante», monopolizaba a todas las mujeres. Esta situación llegó a su final cuando los demás miembros de la horda se revelaron, matando al padre y devorando su cadáver. En ese momento nació la conciencia de culpabilidad, originando la primera división entre el Yo, el Superyó y el Ello. A partir de entonces, se inicia la etapa tribal, y luego viene la civilización, en que se reprimen los instintos. El Ello, instancia mental primitiva donde se acumulan las represiones, se carga de energía y no hace diferencia entre bien ni mal, comportándose como una especie de caldera con la tapa cerrada cuyo vapor presiona para salir, siendo su mayor motivación la búsqueda de placer. La instancia construida por la civilización, el Yo, en cambio, se guía por la inteligencia y la razón, pero es débil y debe lidiar con el enorme poder del Ello transformando su energía en algo aceptable para la sociedad. La tercera instancia, el Superyó, inicialmente vinculado al sentimiento de culpabilidad de la horda primitiva, es la fuente de las represiones y el depósito de los tabúes, valores morales y preceptos religiosos que operan como censura de los instintos, y son la fuerza motora del desarrollo psíquico y social. Esta formulación, según Bunge (1985), fue inicialmente desplegada como un paralelismo psicofísico, mas luego terminó como un animismo al no considerar referentes corporales para las entidades espirituales del triple aparato mental. capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 251 En tiempos recientes se viene destacando un movimiento neopsicoanalítico bastante diferente llamado «psicoanálisis relacional», cuya índole epistemológica partiría de la teoría de las relaciones objetales, y, en consonancia con Rodríguez-Sutil (2007), afirma un paradigma anticartesiano frente a otro cartesiano: El psicoanálisis relacional, o intersubjetivo, empieza a tomar su forma actual durante los años ochenta del pasado siglo, sobre todo en Estados Unidos, cuando un grupo de autores intenta integrar las tradiciones interpersonales y del Self (Sullivan, Murray, Kohut) con la teoría británica de las relaciones objetales (Balint, Fairbairn, Winnicott). La mente no es algo que nazca con el individuo sino que se desarrolla en la interacción con el entorno humano. Es un psicoanálisis anticartesiano porque propone que el mundo, entendido sobre todo como constelación de relaciones interpersonales, es el que permite la construcción del ser humano individual. El niño no es producto solo del entorno, sino que interactúa con él, con su propia espontaneidad e inclinaciones. La teoría freudiana plantea un ser humano motivado por pulsiones sexuales y agresivas, innatas y biológicamente determinadas. Para el nuevo enfoque, en cambio, la motivación primaria es la búsqueda de la relación con los otros, la libido como búsqueda de objetos (Fairbairn) o la teoría del apego (Bowlby). Las relaciones tempranas con los cuidadores primarios modelan nuestro comportamiento, la autoimagen y los modos de satisfacer nuestros deseos y necesidades, que no pueden ser separados del contexto relacional. Los patrones de relación temprana tienden a ser recreados en las situaciones posteriores, en interacción con los nuevos compañeros relacionales. (pp. 10-11) Esta, como se puede ver, parece ser una tesis en cierto modo revolucionaria que, de progresar, significaría una especie de «cambio de paradigma» en el psicoanálisis, pues, según su impulsor principal en idioma español, «La idea de la mente aislada, la mente cartesiana, es un «constructo» social, los constructos sociales son en cierto modo convencionales, no son esencias o dogmas inamovibles» (Rodríguez-Sutil, 2022, p. 411), y cita frecuentemente a Wittgenstein, a Ryle y a Mach, entre otros. 252 william montgomery urday 4.2. La mente fenomenológica Desde el extenso análisis que realizan Gallagher & Zahavi (2014), la tradición fenomenológica incluye la obra de varios pensadores coincidentes en que la filosofía de este cuño comienza con Husserl; a saber: Heidegger, Merleau-Ponty, Sartre y otros. Ahora bien, de acuerdo con la máxima de Husserl (2006): «¡volvamos a las cosas mismas!» (p. 6), se entiende que las discusiones epistemológicas sobre la filosofía de la mente —incluyendo su propia existencia y sus relaciones con el cuerpo, la conciencia o el cerebro— son cuestiones secundarias que se pueden dejar en suspenso momentáneo, ya que lo verdaderamente importante es la experiencia. Por tanto: «Una preocupación importante de la filosofía de la mente y de la ciencia cognitiva debería ser proporcionar una explicación fenomenológicamente sensible de las diferentes estructuras de la experiencia» (Gallagher & Zahavi, 2014, p. 28). Así, el fenomenólogo y el psicólogo abordan cosas diferentes sobre la base de enfoques diferentes: el fenomenólogo adopta un enfoque de primera persona, pero sin aislarlo del orbe, la experiencia es concebida como parte del mundo social y cultura, donde todo fenómeno consciente (dentro del ámbito de la intencionalidad) proveniente de la percepción, la memoria, la imaginación, los juicios y otros aspectos del individuo, es acerca de algo o sobre algo. Por ejemplo; «El fenomenólogo estudia la percepción no como un fenómeno puramente subjetivo sino tal como es vivido a través del perceptor que está en el mundo, y que además es un agente corporizado con motivaciones y propósitos» (Ob. Cit., p. 31). No obstante, la idea no es explicar de manera naturalista las bases fisiológicas ni psicológicas de la consciencia, sino solo la estructura experiencial de las particularidades intrínsecas de la vida mental o corporizada, recalcando su carácter enactivo. En tal sentido, se señala que la fenomenología es un complemento analítico para las investigaciones neurológicas o de procesamiento de información en las ciencias cognitivas, pues sirve para esclarecer qué aspectos o características de la consciencia se podrían relacionar con las funciones cerebrales o modelos informacionales dinámicos, sin necesidad de reducirlas a ellos. Sin embargo, DeRobertis (2022) subraya en todo esto, la necesidad de cuestionar los supuestos naturalistas y atomistas de la psicología empírica positivista. capítulo v: la(s) filosofia(s) de la mente 253 PREGUNTAS DE COMPROBACIÓN 1. 2. 3. 4. 5. ¿Por qué es preferible hablar de «filosofías» antes que de «filosofía» de la mente? ¿Qué sostiene la vertiente conductista sobre la filosofía de la mente? ¿Cómo funcionan los mecanismos mentales de la relación entre sujeto cognoscente y objeto conocido en la epistemología genética? ¿Qué semejanzas y diferencias tiene la cognición incorporada respecto al conexionismo? ¿Cuál de las alternativas de concepción neurofilosófica sobre la mente divide entre dualismo de propiedades y dualismo de sustancias? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Balbi, J. (2004). La mente narrativa. Hacia una concepción posracionalista de la identidad personal. Paidós. Bunge, M. (2002a). El problema mente-cerebro. Un enfoque psicobiológico. 2ª edición, 1ª reimpresión. Tecnos. Chacón, P., Guedán, V. L., Guerrero del Amo, J. A., Hermoso, J. Morera de Guijarro, J. I. & Rodríguez, M. (2009, Eds.). Filosofía de la psicología (2ª edición). Biblioteca Nueva. Hergenhahn, B. R. (2011). Introducción a la historia de la psicología. 6ª edición (Orig.1986). Cengage Learning. Honderich, T. (2008, Ed.). Enciclopedia Oxford de Filosofía (2ª edición). Tecnos. Ribes, E. (2004). ¿Es posible unificar los criterios sobre los que se concibe la psicología? Suma Psicológica,11(1), 9-27. CAPÍTULO VI: UNA MIRADA EPISTEMOLÓGICA SOBRE LA PSICOLOGÍA COMO CIENCIA La ciencia tiene una identidad y una dinámica de acción consagradas por el uso de procedimientos eficientes durante siglos de «conjeturas y refutaciones», como diría Popper. A su vez, esta dinámica plasmada colectivamente se viabiliza mediante la actividad de individuos dedicados al quehacer científico, bajo el auspicio de ciertos requisitos de operatividad y condiciones de producción del conocimiento. Los contextos de producción de la ciencia pueden ser agrupados en tres conjuntos: 1) el contexto discursivo, donde campean las cosmovisiones generales y específicas dentro de una tradición estrictamente conceptual; 2) el contexto sociohistórico y cultural, que resume las condiciones estructurales (sobre todo económicas) y superestructurales (sobre todo ideológicas) bajo las cuales labora el científico; y 3) el contexto institucional, cuyo núcleo es la relación de la comunidad científica formal con los dos contextos anteriores. Obviamente ninguno de los tres contextos funciona separadamente del otro, pero si pueden, por razones didácticas, analizarse de manera parcial. En el presente capítulo se da preferencia al primero de ellos en relación con los problemas de la psicología. Ardila (2011), por ejemplo, enlista algunos de ellos: 1) El objeto de estudio: ¿es la psicología el estudio de la psique, de la mente o del comportamiento?; 2) el papel de la metodología. ¿Es la psicología una ciencia natural, una ciencia del comportamiento/ciencia social/ciencia humana, o es parte de las humanidades?; 3) la universalidad o particularidad de las leyes científicas en psicología. ¿Son leyes universales o están limitadas culturalmente y son contextualizadas?; y 4) el balance entre ciencia y profesión. ¿Es la psicología una ciencia básica, una profesión socialmente relevante, o ambas cosas?. (pp. 3-4) 255 256 william montgomery urday 1. ¿QUÉ ES LA CIENCIA? En opinión de Bunge (1985), «la ciencia contemporánea es una empresa demasiado compleja para que le convengan algunas de las fórmulas simples imaginadas por filósofos tradicionales o por especialistas científicos» (p. 18), de modo que descarta aquellas definiciones que la relacionan con el descubrimiento, con la recolección y elaboración de datos y con las labores de conjeturar y criticar. Su posición personal es que solo la conjunción de todos los requisitos siguientes puede calificar algún tipo de campo como «científico» (Cfr. Bunge, 1985, pp. 28-29): 1) una comunidad de investigadores relacionados entre sí por una tradición común y por flujos de información; 2) la sociedad apoya o tolera las actividades específicas de la comunidad: le da los medios y la libertad necesarios para investigar o que se agencie dichos medios; 3) el fondo formal es una colección de teorías y métodos formales (lógicos y matemáticos) al día; 4) el fondo específico es una colección de datos, hipótesis, teorías y métodos de última generación validados pero posibles de corregirse a la luz de otros campos de investigación; 5) la problemática incluye problemas de conocimiento referentes a la naturaleza del dominio, así como otros componentes de la sociedad; 6) el discurso consta de entidades (aproximadamente) reales, presentes o potenciales, pasadas, presentes o futuras. errores aparte, su filosofía contiene: a) una ontología de las cosas materiales que cambian según leyes, b) una teoría realista del conocimiento (crítica, no ingenua) que incluye el concepto de verdad, adaptación de ideas y hechos, y c) libre exploración de la verdad, profundidad y sistematicidad; 7) un cuerpo acumulativo de conocimiento como una colección de datos, hipótesis, teorías y métodos que son razonablemente verdaderos o válidos y apropiados para un cuerpo particular de conocimiento previamente adquirido; 8) los objetivos incluyen el descubrimiento o uso de leyes en el campo del discurso, la sistematización de hipótesis relacionadas en teorías y la mejora de métodos; 9) la metódica está compuesta exclusivamente de métodos escrutables y justificables; 10) la composición de cada uno de los componentes cambia en el curso del tiempo por efectos de investigaciones en el mismo campo, así como en campos relacionados; y 11) hay por lo menos otro campo próximo de investigación contiguo. capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 257 Complementariamente a lo dicho, si con fines de claridad y concisión se ha de definir la ciencia de una manera esquemática, es mejor recurrir a una definición de diccionario. Así, Otero & Gibert (2016) señalan que es «un tipo de conocimiento caracterizado por la capacidad explicativa, la contrastación con los hechos, la capacidad predictiva, la formulación en términos de lenguaje matemático y la validez universal de sus afirmaciones» (p. 43). La empresa científica es, pues, una actividad epistemológica en tanto comprende los tres factores indispensables de tal quehacer: la percepción humana, su aparato sensorial y el mundo exterior, además de los cuales se vale, con el fin de trascender las limitaciones de dicha captación, de un instrumental de evaluación concebido para operar como «extensión de los sentidos»; en el caso de la psicología: rubricas; listas de chequeo de datos; pruebas proyectivas; entrevistas libres, estructuradas y semi estructuradas; encuestas sociodemográficas; encuestas de opinión; indicadores comportamentales y cognitivos, escalas; test; inventarios y baterías (Pereyra, et al., 2022); además del aparataje experimental o conjunto de dispositivos y software que, entre otras cosas, analizan señales bioeléctricas, sensoperceptuales, tiempos de reacción u otros diversos datos fisiológicos; y hacen mediciones y simulaciones realistas de procesos y conductas, como por ejemplo el registrador acumulativo. Las características de los medios difieren, por supuesto, de acuerdo con la naturaleza de sus fines, así, la ciencia básica busca explicar y predecir los hechos para producir conocimiento; en tanto que a la ciencia aplicada le interesa utilizar conocimiento generado por la ciencia básica para acrecentar el control humano de la naturaleza (Pérez, et al., 2010). Por otro lado, están el enfoque cuantitativo y el enfoque cualitativo, de los que Giroux & Tremblay (2008) dicen: «Mientras que el enfoque cuantitativo analiza rápidamente decenas, cientos o miles de casos, el enfoque cualitativo se propone obtener conocimientos de alcance general mediante el estudio a fondo de un pequeño número de casos» (p. 39). A través de todo esto se procura «describir hechos y formular hipótesis con una precisión y universalidad crecientes», no para aumentar verdades, sino para perfeccionar o modificar los sistemas conceptuales acerca de diversos aspectos de la realidad (Mosterín, 2003, p. 16). El medio protocolar que vehicula estas acciones es llamado método científico, planteado de manera que sea un procedimiento abierto y revisable, atento a producir dominios de conocimiento relativamente despojados de factores subjetivos. 258 william montgomery urday Como describen Lindberg (2002) y Correa da Silva (2022), el desarrollo del conocimiento científico ha pasado por diversas etapas. Los sentidos del hombre prehistórico, en sus contactos básicos con la naturaleza, lo llevaron a especulaciones superficiales que se afincaron primero en explicaciones animistas, después míticas y luego en explicaciones religiosas. De ahí, ya en épocas históricas, surge la filosofía y esta poco a poco va dejando el paso a la ciencia, sobre la base de tres axiomas según Pérez, et al. (2010): existe una realidad que estudiar (lo que se llamaría principio ontológico); dicha realidad es está sujeta a leyes naturales (principio de determinismo); y además es posible de conocer (principio epistemológico). 1.1. Ciencia, sentido común y explicación Puesto que la práctica filosófica por lo general y por largo tiempo estuvo reservada a una élite culta sin llegar a masificarse, también debe tenerse en cuenta el papel del sentido común como un nexo de gran importancia entre la actividad cotidiana de solución de problemas y la racionalidad científica. Esto ha sido tratado con detalle por Ernest Nagel (2006) en su conocida obra La Estructura de la Ciencia (1961), que desarrolla en seis puntos las semejanzas y diferencias entre ciencia y sentido común. Un primer punto es que, en el curso de la experiencia corriente, se verifica fácilmente la efectividad de ciertas prácticas de la vida cotidiana que han conducido a resolver muchos problemas en relación con la construcción de edificios y viviendas; la cría de animales; la elaboración de vestimenta y artilugios para la guerra; aspectos administrativos; políticos; agrícolas; matemáticos; químicos; etcétera. No obstante, dicha experiencia casi nunca especifica «por qué» las cosas funcionan como lo hacen. La ciencia, en cambio, procura hallar explicaciones sistemáticas y controlables, organizándolas a través de un sistema de principios conectados entre sí. Este sistema puede adoptar una forma lógicodeductiva (por ejemplo, en la ciencia de la mecánica) que permite llegar fluidamente a conclusiones válidas relacionando proposiciones y suposiciones derivadas de hechos evidentes. El sistema de Newton es su plasmación más acabada, pero, obviamente, aunque tal rigurosidad y exactitud no se puede esperar en el caso de otras ciencias, sobre todo las humanas, ahí constituye capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 259 un ideal. Otro punto referente a las semejanzas y diferencias entre ciencia y sentido común es que en el último su idoneidad está reservada a una franja estrecha de certidumbre acerca de las posibilidades de su validez. Al ser las reglas generadas por el sentido común restringidas a un plano específico en el cual se aplican, ignorando absolutamente por qué funcionan y si son válidos para situaciones distintas, no existe manera de prever qué hacer en caso de que las condiciones cambien y el procedimiento se tenga que modificar para hacerlo de otra manera. Por lo tanto, el conocimiento generado por el sentido común es incompleto, al revés del generado por la ciencia, cuya sistematicidad y coherencia de principios abarca un gran campo de hechos que se pueden comprender a la luz del conjunto, dando la opción de alterar y corregir lo que se tenga que adaptar a nuevas circunstancias. El punto siguiente hace hincapié en la diversidad de creencias y juicios a menudo incompatibles y hasta contradictorios típicos del sentido común. En busca de obtener consecuencias inmediatas de decisiones a menudo apresuradas sobre la base de valoraciones personales ajenas a los hechos, los agentes del sentido común ni observan ni exploran sistemáticamente el ámbito de acción y reacción que tienen. Cosa contraria sostienen los hombres de ciencia, preocupados por definir claramente la naturaleza de los acontecimientos en las condiciones y consecuencias que los enmarcan, dejando de lado las contradicciones y antagonismos explicativos. Otra diferencia entre el conocimiento de sentido común y el de la ciencia es el lenguaje utilizado para transmitir información relevante. El sentido común se vale de términos muy vagos y multívocos en su significación, lo que no permite llevar a cabo ni explicaciones sistemáticas ni verificaciones experimentales. En contraste, la ciencia busca un lenguaje técnico y unívoco que, en lo posible, se independice de aspectos subjetivos tanto del emisor como del intérprete, además de resolver el problema de las barreras idiomáticas nacionales, incorporando los enunciados a un tejido de explicaciones debidamente integrado. La terminología científica también procura establecer especificaciones útiles a fin de ubicar fenómenos poco distinguibles para un observador lego. Un tema ligado al punto anterior es lo abstracto del conocimiento científico en contraposición a lo concreto del sentido común. Lo que busca la ciencia es orientar deliberadamente su interés hacia las relaciones entre las cosas, al margen de las valoraciones humanas que las interpretan. Por ello es que su terminolo- 260 william montgomery urday gía parece poco articulada con los elementos que dan sentido a la existencia cotidiana, pero eso no debe hacer pensar que carece de utilidad. Al contrario, semejante precaución es necesaria para trascender la experiencia inmediata y ligar los conocimientos generados con principios estructurales que den coherencia y capacidad explicativa a procedimientos aplicativos. Por último, la institución científica también se somete deliberadamente a políticas de exposición y contrastación de sus hipótesis, datos y enunciados obtenidos y formulados en condiciones de limpieza probatoria. No afirma que tenga el monopolio de la verdad, ni que su método asegure resultados irrefutables, como tampoco afirma que las creencias de sentido común sean falsas o imposibles de verificar mediante procedimientos exhaustivos. Los sesgos y posibles fuentes de error en el trabajo científico se presuponen justamente para establecer prevenciones y medidas de corrección en casos necesarios. Nagel (2006) también aborda el tema de los modelos de explicación científica, explicitando cuatro tipos básicos: 1) el modelo deductivo —para muchos la forma ideal—, que tiene la configuración formal de una figura donde el explicandum es consecuencia necesaria de las premisas (explicans), es de gran uso matemático y estadístico; 2) el modelo probabilístico contiene en sus premisas una suposición estadística respecto a grupos de ciertos elementos, al par que el explicandum enuncia singularmente sobre un individuo de esta clase en particular; 3) el modelo funcional o teleológico, cuyas explicaciones denotan funciones que una unidad realiza para mantener características específicas de un sistema en el cual está dicha unidad; y por último, 4) el modelo genético indaga acerca de la secuencia de sucesos que registran cómo un objeto ha evolucionado a partir de otro anterior. Por ello, sus premisas deben contener enunciados singulares acerca de acontecimientos pasados. 1.2. El método científico En el «corazón» de las diferencias entre sentido común y ciencia está el seguimiento del método científico. Quine (1968) señala que: «La tarea del científico consiste, en el sentido más amplio, en conjeturar cómo es la realidad, y una parte de esa cuestión es la pregunta: ¡qué hay? ¿qué es real? capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 261 La cuestión de cómo conocer lo que hay es parte de la cuestión […] de la evidencia en apoyo de la verdad acerca del mundo. Y el árbitro último es el llamado método científico» (p. 36). En su clásico manual de Introducción al Método Científico en Psicología (1974), Ramón Bayés (1984) intentó perfilar el modelo clásico de este instrumento protocolar enlistando dos de sus aspectos: «a) La observación o recogida de datos, que supone, esencialmente, resolver problemas de definición, medición y registro; [y] b) El establecimiento de evidencia empírica, que supone, esencialmente, resolver problemas de control» (p. 20). Además, se refiere a una serie de premisas que harían eficiente al método en el caso de la psicología: acotar su estudio a fenómenos que ocurren en el mundo físico, evitando caer en el dualismo cuerpo-mente, aceptar el determinismo, admitiendo que la conducta está sometida a leyes y que la principal misión es intentar descubrirlas; aceptar el estudio disociado de los fenómenos, a diferencia de la filosofía, donde todos están relacionados; adoptar procedimientos experimentales como método de elección para estudiar los fenómenos conductuales, elaborando técnicas e instrumentos para observarlos, medirlos y registrarlos, y también técnicas de control; rechazar que pueda proporcionar argumentos de carácter teleológico. ateniéndose únicamente a la explicación de las causas inmediatas; reprimir la tendencia a «interpretar» los datos, generalizando abusivamente, evitando la especulación a partir de pocos datos empíricos; y dar gran importancia a la investigación pura (Ibid., p. 128 y ss.). En cuanto a los pasos del «método mismo» se pueden resumir así: 1) la elección de una pregunta general de investigación; 2) el estudio de la documentación existente y la elaboración de la problemática; 3) la elección de un método y la concepción de un instrumento de recopilación de datos preciso, fiel y válido; 4) la recopilación de datos; 5) el examen detenido, el análisis y la interpretación de los datos recopilados, y 6) la comunicación de los resultados. (Giroux y Tremblay, 2008, p. 44) A primera vista, una concepción como la de Bayés, o de Giroux y Tremblay, puede parecer bastante rígida, incluso restrictiva, sobre todo si se observa desde la óptica de la justificada ironía crítica de Feyerabend (1976) a la caricatura del «buen empirista». Incluso hay quienes le atribuyen una inten- 262 william montgomery urday cionalidad ideológica acorde con el hegemonismo colonial del sistema dominante (por ejemplo, Calviño, 2024). Por ello, sin llegar a las contraposiciones extremistas, cabe establecer matices propios de las ciencias humanas respecto a la aplicación de premisas como las mencionadas, extraídas mayormente del quehacer empírico de las ciencias naturales. O’Donohue, et al. (2019) denominan recientemente a esto «el problema de la segunda demarcación», explicando que mientras la primera demarcación hecha por Popper (1980a) tenía que ver con el límite entre ciencia y no-ciencia, la segunda exige delimitar la frontera entre ciencias naturales y ciencias humanas, debido a que estas últimas requieren métodos especiales no contemplados por las ciencias naturales. Una razón importante es que la singularidad del ser humano está poco sujeta a las regulaciones nomotéticas corrientemente invocadas en disciplinas como la psicología. Por ejemplo, la ley del efecto, según la cual la conducta de un organismo está regulada por las consecuencias de lo que hace, solo puede aplicarse con cierta eficiencia si el terapeuta o investigador lleva a cabo una indagación idiográfica sobre las características del individuo que posibilitarían el cumplimiento de la ley: sus susceptibilidades al refuerzo y a qué tipo de refuerzo, en qué momentos y lugares funcionaría mejor, con qué niveles de privación etcétera. Entonces, concluyen O’Donohue, et al. (2019), la segunda demarcación procede y debe plasmarse en métodos de investigación radicalmente nuevos. Antes, ya Ribes, et al. (1996) habían recalcado también que el seguimiento del llamado «método científico» no constituye una regulación uniforme previa al trabajo científico, sino, al contrario, una reconstrucción de aquellas actividades ya hechas para obtener conocimiento de manera particular e idiosincrática desde la óptica de cada investigador. El método científico, pues, sería mejor definido solo como «el conjunto de las diversas modalidades de prácticas de conocimiento, socialmente enmarcadas, que los científicos. individuales despliegan frente a un objeto de estudio determinado teóricamente» (Ribes, et al., 1996, p. 205). En este sentido, de acuerdo con Bueno Cuadra (2022), la veneración a la pulcritud del método científico entendido mecánicamente (en vez de la manera como lo hace Ribes), incita a ocultar las deficiencias del manejo conceptual de los problemas bajo estudio. Entonces, su simple uso no hace una ciencia, y aquí cabe retrotraerse nuevamente a lo dicho por Bunge (1985), consignado en el primer parágrafo capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 263 de este capítulo, acerca de las condiciones que deben finiquitarse para ello. Así el tema se deriva hacia el papel del individuo como científico y de su manejo conceptual, es decir, de la teoría científica, que se verán en seguida. 1.3. El científico De acuerdo con la visión de Giroux & Tremblay (2008), hay cuatro rasgos fundamentales de la mentalidad científica que la distinguen de la mentalidad de las personas comunes: uno es el lugar que le da a la duda; otro es animarse a realizar observaciones; otro es que hace tales observaciones de manera exhaustiva; y finalmente la conservación de la neutralidad sin descartar nada a priori. Esto último se condice con la declaración de Skinner (2022) acerca de que la práctica de la ciencia inclina al científico a respetar los hechos aun cuando no coincidan con sus puntos de vista, porque dicha actitud ha demostrado ser consustancial con el progreso. Al respecto, como informa Islas (2015), entre las teorías del progreso científico que llama «funcionalistas», Kuhn y Laudan destacan «la simplicidad, la productividad, la precisión, la congruencia, la exactitud, la consistencia y la amplitud en el rango de visión» además de «la resolución de problemas y acertijos científicos» (p. 31). Es, pues, importante saber qué cualifica al profesional en una disciplina para ser un científico. Sidman (1988), en un pasaje clásico, opina que la curiosidad es un rasgo tempranamente manifestado por un individuo con esa vocación, y dice: […] si por ejemplo un niño repara en la gran cantidad de abejas que se congregan entre las rosas de su jardín, tal vez pregunte a su padre qué hacen allí tantas abejas. El padre le contestará probablemente: «Están recogiendo polen de las rosas para transformarlo en miel». El niño no-científico se detendrá ahí, sin más, habiendo satisfecho su curiosidad, mientas que el que posea un potencial científico mayor continuará su interrogatorio: «¿Qué es el polen? ¿Cómo hacen la miel con él? ¿No hay polen en la hierba? ¿Por qué tienen polen las rosas?» Si el padre o ha agotado aún la paciencia, el científico en ciernes probablemente saldrá con una pregunta que colocará a su informador en una situación límite: «¿Cómo lo sabes?» Aquí 264 william montgomery urday es donde la curiosidad científica difiere de la curiosidad vulgar: la primera se preocupa por los métodos utilizados para hallar respuestas a las preguntas. La curiosidad científica o queda satisfecha con la mera observación de que siempre hay flores presentes cuando las abejas sean atraídas por determinados colores, o quizás sea la forma de los pétalos lo que realmente importa. También puede que el polen que se pega a las patas de insecto sea un hecho incidental en su búsqueda de alguna substancia que lo haga atractivo a los individuos de sexo opuesto. La única manera de averiguar cuál de entre todas las posibilidades resulta ser la verdadera es a través de una observación controlada y del experimento. Otra diferencia ente la curiosidad cotidiana y la científica reside en las consecuencias que tienen las respuestas a las preguntas iniciales. La curiosidad vulgar se verá satisfecha una vez que haya obtenido una respuesta directa a la primera pregunta formulada. Por el contrario, la curiosidad científica se caracteriza por una reacción en cadena, puesto que, en vez de apaciguarla, la respuesta a una pregunta aún incita más a la curiosidad que la provocó. (pp. 7-8) Las cualidades y condiciones que debe reunir una persona para desempeñar bien su labor científica son tratadas por la psicología de la ciencia, una subdisciplina anticipada por la Escuela de Wurzburgo en el siglo XIX, que fue descartada en el siglo XX debido a sus tendencias introspeccionistas. El polímata británico Francis Galton (1822-1911) también incursionó en esta temática, como se trasparenta a través de su ensayo English Men of Science (1874). En la reseña de Fuller (2013), durante la década de 1920, E. C. Tolman pidió un campo llamado «psicología de la ciencia» y le encargó el trabajo al metodólogo D. Campbell, quien lanzó la idea públicamente en algunas conferencias, pero el primer libro titulado Psicología de la Ciencia fue publicado por el psicólogo humanista Abraham Maslow, quien encaró el problema desde la perspectiva hermenéutica de la autorrealización, estudiada psicohistóricamente a través de la biografía de personajes importantes. Para él, la adhesión al método de la «ciencia normal» kuhnniana impedía la autorrealización del científico ejemplar. En contraposición, Maslow centró su enfoque sobre el desarrollo de la creatividad, lo cual, evidentemente, no carece de sentido a la luz de lo visto en el parágrafo anterior y de lo que señalan Zimmerman & Croker (2013): «El pensamiento científico es un término capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 265 general que abarca las habilidades de razonamiento y resolución de problemas involucradas en la generación, prueba y revisión de hipótesis o teorías y, en el caso de habilidades completamente desarrolladas, la reflexión sobre el proceso de adquisición y cambio de conocimiento» (p. 49). Todo eso, para concretarse en la disciplina psicológica, significa poder identificar el talento científico, educar a futuros investigadores y evaluar el avance de la psicología como empresa científica desde una perspectiva unificadora (Gorman & Feist, 2013). De hecho, el propio Maslow (1991) declaraba lo siguiente: El científico ideal crea hipótesis nuevas, construye sistemas filosóficos, entiende de historia, sabe de tecnología, organiza, escribe y publica con vistas a la educación, aplica, aprecia. Es como una especie de equipo de trabajo compuesto al menos por nueve individuos diferentes con funciones diferentes, ninguno de los cuales es científico en términos exactos. (p. 282) Por otro lado, no obstante ser muy importante el enfoque de la curiosidad, la creatividad y la aptitud científica como factores de distinción entre aspirantes al quehacer temático de esta sección, la personalidad no es un factor desdeñable. Según Feist y Gorman (Cit. por Romo, 2008, p. 127), los científicos tendrían más estabilidad, dominancia, orientación al logro e independencia, al par de ser menos extrovertidos que la mayoría de la población. Por su parte, Ander-Egg (2003) pone el acento en el aspecto quizá más abarcador: la actitud científica como estilo de vida: Una persona puede haber adquirido una buena información teórica y tener un manejo riguroso de los métodos y técnicas de investigación social, pero el dominio teórico y el dominio de una metodología de trabajo no son, ni presuponen, capacidad para investigar […] Todo esto nos lleva [a] la necesidad de asumir una actitud científica, no solo como forma de ser para cuando «se hace ciencia», sino como actitud vital en todas las circunstancias y momentos de la vida. (p. 130) La actitud científica referida por Ander-Egg implica una vivencia permanente de admiración e interrogación respecto a una realidad que requiere ser desentrañada, relacionando posibilidades y buscando respuestas sin llegar nunca a la certeza absoluta. Es decir, en esencia, es un quehacer epistemológico. 266 william montgomery urday 2. TEORÍAS Y LEYES PSICOLÓGICAS 2.1. Cosmovisiones psicológicas «Todo es según el color del cristal con que se mira» no es un dicho metafórico banal, sino una verdad que se confirma a cada momento. En efecto, la cosmovisión de una persona —es decir, su percepción aprendida acerca de cómo transitar entre los laberintos del mundo, además de circunstancias situacionales y consecuencias de tipo social o biológico que puedan regularla cuantitativa y cualitativamente—, permea las opciones de comportamiento que pueda emitir en términos de juicios, evaluaciones y valoraciones sobre tal o cual suceso, y «nos permite explicar la conducta como acción realizada por agentes racionales» (Nilsson, 2013, p. 66). El epistemólogo y el investigador científico no están exentos de semejante condición humana, pero sí pueden estar al tanto de cuáles son los mecanismos de influencia conceptual sobre su trabajo y el de sus colegas, por ejemplo, no hace mucho, Stedman (2024) nombra cinco grandes aspirantes filosóficos: realismo científico, funcionalismo, construccionismo social, hermenéutica fenomenológica y realismo clásico. Y es solo una más de otras tantas propuestas. En el capítulo IV de este volumen ya se reseñaron pautas básicas de los enfoques historicistas de Kuhn, Lakatos y Laudan, igual que el de Pepper. Por ello aquí no se repetirán esos contenidos, sino que se entrará en consideraciones derivadas de dichas pautas. Esto debe servir de introducción sobre el tema de la formulación de teorías, variables y principios que organizan el quehacer de los científicos, siempre en conexión con la psicología, por supuesto. La noción de «metáfora raíz» que Pepper introdujo, está en la línea de lo que Bacon llamaba «ídolos del teatro», en relación con «la tendencia del hombre a desarrollar sistemas completos a partir del lenguaje y de la fantasía, más allá de los datos de la observación» (Pepper, 1982, p. 198). Por ello tiene ingredientes tan generales como emotivos, sin sujetarse a un análisis meramente cognitivo-racional. Cada una de las metáforas raíz que Pepper menciona, tienen un carácter íntimo de subjetividad precientífica, por más que tras su aplicación fructífera y su elaboración puedan conver- capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 267 tirse finalmente en científicas. Es como un paso del sentido común a la interpretación conceptual sobre bases elementales. Entre las hipótesis acerca del mundo originadas por estas metáforas raíz, Pepper dice que hay cuatro hegemónicas, marchando coexistentemente: el formismo, el mecanicismo, el organicismo y el contextualismo. La visión formista asume que los sucesos del mundo pueden entenderse desde la óptica de su encasillamiento en clases o tipos; siendo ejemplos destacados las filosofías idealista y escolástica entre otras1. La visión mecanicista tiene como fundamento las fuerzas, partes y relaciones que se plasman en los mecanismos de causa-efecto, así, las filosofías de Demócrito, Lucrecio, Galileo, Descartes, Hobbes, Locke, Berkeley, Hume, Reichenbach y otros ejemplificarían esta categoría. La visión organicista contempla la realidad en función de la estructura orgánica de carácter finalista, es decir, un desarrollo prefijado que tiende a completarse con el tiempo. El idealismo de Schelling y Hegel sería típico aquí. Por último, el contextualismo acentúa «la identificación de relaciones y patrones desde la perspectiva y el contexto del observador», además de la manera de referirlo, estando en consonancia con el pensamiento pragmaticista de Peirce (Siquiera & Bassani, 2023, pp. 3-4). En el plano psicológico —clínico según sugiere Hugues (2018)—, el formismo podría estar en el fondo de las clasificaciones nosológicas y algunas teorías de la personalidad; el mecanicismo sería notorio en las teorías / terapias cognitivas y conductuales de primera y segunda generaciones; el organicismo se vincularía a las teorías genéticas sin descuidar ciertas teorías y terapias humanistas.; y el contextualismo tendría correlatos en las teorías / terapias contextualistas funcionales. Ahora bien, no obstante poseer una historia dentro del análisis de Pepper, él mismo reconoce que la noción de metáfora raíz ha entrado al mundo académico más popularmente por otras vías, perdiendo en parte su significado inicial. En particular, se refiere a la connotación de que sería la idea central sobre la que se fundaría cualquier esquema organizativo, simple o complejo, del 1 Esta asignación es dificultosa. Según puntualizan Siquiera y Bassani (2023): «El autor [Pepper] también reconoce cierta dificultad para presentar una ejemplificación precisa de las metáforas de raíz basadas en estructuras filosóficas, ya que estas características no siempre pueden identificarse» (p. 3). 268 william montgomery urday mundo. Esta connotación, según Pepper (1982), habría surgido al identificar el concepto de la «metáfora raíz» con el del «ejemplar paradigmático» de Kuhn (2004), el cual, en todo caso, podría interpretarse como la «versión restringida» de dicha metáfora en tanto solo involucra el patrón conceptual que guía el procedimiento científico, mas no el de las hipótesis acerca del mundo. Ribes (1993), entendiendo esta diferencia, apunta que las metáforas raíz solo constituyen lo que Kuhn llama «representaciones metafísicas del paradigma científico» (p. 72), es decir los mitos profundos en que descansan supuestos y creencias respecto a la actitud teórica e investigativa de la ciencia. El conocido planteamiento de Kuhn (2004) sobre los paradigmas científicos actualmente todavía domina el imaginario conceptual de lo que debe ser una cosmovisión. «Paradigma proviene del griego paradima (que significa ejemplo o, mejor aún, modelo o patrón); originalmente, Platón utilizó esta expresión para designar un instrumento de mediación entre la realidad y su ideación» (González, 2004, p. 18). De acuerdo con Echeverría (1999), el científico alemán Georg Ch. Lichtenberg (1742-1799) utilizó el concepto de paradigma en teoría de la ciencia por primera vez, mientras que, en el siglo XX, Wittgenstein hizo lo propio en sus Investigaciones Filosóficas. Arnau (2006) señala: «Cada paradigma se caracteriza por la formulación de una clase específica de hipótesis, por el grado de intervención del investigador en la situación estudiada, por los sistemas de recogida de datos y por los procedimientos de verificación de las hipótesis» (p. 28). Pero menos conocidas son las matizaciones conceptuales de Kuhn para responder a sus críticos2, consignadas en sus obras Segundos Pensamientos Sobre Paradigmas (1972) y La Tensión Esencial (1977), donde profundiza en temas como el de la matriz disciplinaria. Una matriz disciplinaria es un nombre más adecuado para el paradigma, y consta, según Kuhn, de componentes como las generalizaciones simbólicas, los modelos y los ejemplares (Echeverría, 1999). Las generalizaciones sim2 Un recuento de dichas críticas, entre las que se hallan la subestimación de los desarrollos teóricos ocurridos en los períodos de ciencia normal por sobrestimar aquellos que surgen en las revoluciones, así como exagerar el compromiso de los científicos con un determinado sesgo de confirmación, puede encontrarse en Sanbonmatsu & Sanbonmatsu (2017). capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 269 bólicas tienen que ver con la terminología y lenguajes formalizados que cada comunidad de científicos (es decir cada matriz) utiliza. Los modelos proveen definiciones acerca del origen de un fenómeno e interpretaciones de sus mecanismos de ocurrencia, facilitando hipotetizar cómo manejarlo. Los ejemplares, mientras tanto, constituyen soluciones que se dan a problemas concretos, sirviendo de prueba de efectividad de las propuestas de la matriz disciplinaria respectiva. Si cabe brindar ejemplos de estas características para alguna corriente de la psicología, se podría decir que la jerga técnica del análisis experimental de la conducta es su generalización simbólica; la teoría de los marcos relacionales son el modelo de la actividad lingüística en el contextualismo funcional; y el condicionamiento operante aplicado a cierto tipo de conducta es un ejemplar. Al tomar importancia el concepto de paradigma y la sucesión de etapas bajo las cuales se impone uno nuevo al anterior, el entusiasmo de la época (comienzos de la década del 60) aunó a la revolución social que venía verificándose, la suposición de que en la psicología también ocurría un proceso similar, en este caso la sustitución de un viejo paradigma (el conductismo) por uno nuevo (el cognitivismo). Pero, como ya se dijo en el capítulo 5 de este libro, semejante versión de la historia fue inexacta, siendo obvio que en la psicología lo que hay, a lo más, es una especie de «convivencia (pre) paradigmática» donde cada una de las corrientes vigentes tiene su propio desarrollo y caudal de aceptación. Desde esta perspectiva, el educador e investigador en ciencias sociales Egon Guba (1990) se ha esforzado por esquematizar el total de las propuestas en cuatro grandes paradigmas: positivismo, postpositivismo, teoría crítica y constructivismo, de acuerdo con las respuestas que dan a las preguntas ontológica (naturaleza de la realidad y de lo que se puede conocer); epistemológica (naturaleza de la relación entre el conocedor y lo conocido); y metodológica (labores para lograr el conocimiento). La tabla 6.1 sintetiza las tesis de cada uno de los paradigmas, parafraseando la descripción del propio Guba. william montgomery urday 270 Tabla 6.1. Supuestos ontológicos, epistemológicos y metodológicos de cuatro paradigmas en vigencia. Elaboración propia. Paradigma Ontología Positivismo Realista: la realidad existe «fuera del individuo» y está regida por leyes y mecanismos naturales. El conocimiento de estas leyes y mecanismos se recopila de forma generalizada e independiente del tiempo y el contexto. Postpositivismo Teoría crítica Realista crítica: La realidad existe, pero nunca puede entenderse completamente. Se rige por las leyes de la naturaleza, que sólo pueden entenderse de forma imperfecta. Realista crítica: igual que en el caso del postpositivismo. Epistemología Dualista / objetivista: Es posible y necesario que los investigadores adopten una postura distante y no interactiva. Por lo tanto, los factores numéricos y otros factores sesgados quedan automáticamente excluidos de influir en los resultados. Metodología Experimental/manipulativa: Las preguntas e hipótesis se formulan de antemano y se prueban (refutan) empíricamente en condiciones estrictamente controladas. Experimental / maObjetivista modi- nipulativa modificada: Énfasis en el ficada: pluralismo crítico. La objetividad Abordar el desequisigue siendo un librio realizando ideal normativo, investigaciones de pero sólo en tér- una manera más minos generales, natural, utilizando con especial én- métodos más cuafasis en los guar- litativos, confiandianes externos, do más en la teoría como las tradicio- subyacente y reinnes y comunida- corporando los hades críticas. llazgos al proceso de investigación. Dialógica, transforSubjetivista: en el mativa: elimina la sentido de que los falsa conciencia, y valores median la energiza y facilita investigación la transformación. capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 271 Relativista: La realidad existe en forma de varias estructuras psicológicas, de base social experimental, Constructivismo y parciales y concretas, cuya forma y contenido dependen de quien las sostiene. Subjetivista: El investigador y el investigado se fusionan en una entidad (monista). Estos hallazgos son en realidad la creación de un proceso interactivo entre los dos. Hermenéutica, dialéctica: Los constructos individuales se generan y refinan a través de la hermenéutica, y luego se comparan y contrastan mediante la dialéctica para producir constructos sobre los cuales existe un consenso sustancial. Tal como los describe Guba, puede colegirse que algunos filósofos de referencia del paradigma positivista son Bacon, Locke, Hume, Mach, Comte, Carnap y Feigl, entre otros. Igualmente, dentro del postpositivismo estaría gente como Wittgenstein, Ryle, Popper, Quine, Rorty, Davidson o Laudan. En la teoría crítica figurarían Marx, Husserl, Heidegger, Adorno, Lacan, Derrida o Foucault. Al mismo tiempo entre los constructivistas se tendría a Vico, Kant, Hacking, Glasersfeld, Kuhn o Maturana como representantes obligados. 2.2. Teorías y modelos psicológicos Formalmente, las teorías implican sistemas conceptuales cuyo fin es interpretar y explicar la realidad de la manera más adecuada posible. De acuerdo con Arias (2023), «una teoría científica es un conjunto de categorías o conceptos relacionados que pueden, por una parte, explicar y predecir, y, por otro lado, describir e interpretar determinados fenómenos sociales y naturales», y, según eso «el concepto de teoría y su finalidad dependerá del paradigma en el que se ubique el investigador» (p. 139). Esto supone cierta polisemia respecto al término, que, en opinión de Klimovsky (2001), puede implicar dos posiciones distintas: una referida a «un conjunto de hipótesis tomadas como punto de partida de una investigación, incluyendo en esta la deducción de hipótesis derivadas y de consecuencias observacionales» y 272 william montgomery urday otra «el conjunto de todas las hipótesis formadas por las hipótesis de partida y las que se puedan deducir de ellas. En este sentido, una teoría estaría integrada por un cuerpo potencialmente infinito de hipótesis» (p. 159). De cualquier manera, debe reunir ciertos requisitos: 1) contener un sistema lógico y coherente; 2) definir claramente sus categorías, conceptos y términos; 3) tener un campo preciso de aplicaciones; 4) poder verificarse, corregirse o falsarse; 5) ser parsimoniosa; y 6) describir, explicar y predecir los fenómenos comprendidos en su esfera de estudio. Las condiciones precedentes implican una relación entre las teorías y el método científico. Anguera (1989, p. 555), describe un esquema sobre la lógica científica del sociólogo Walter L. Wallace donde se aprecia con cierto detalle cómo se forja dicha relación: según él, las teorías operan en base a una deducción lógica que utiliza hipótesis e inferencias desde la observación para la medición y el resumen de muestras y estimación de parámetros, de donde se pasa a las generalizaciones empíricas y a la formación de conceptos, proposiciones y su respectivo ordenamiento. Pueden, igualmente, haber teorías muy generalizables que explican un gran campo de fenómenos (por ejemplo, la teoría de la evolución), otras menos generalizables y otras restringidas a un sector específico (por ejemplo, las teorías del aprendizaje social, de Bandura; o de la motivación, de Maslow). El carácter constructivo de las teorías está ligado a su utilidad, como al respecto lo hace recordar Kurt Lewin, uno de los teóricos más famosos de la psicología gestáltica, quien declaraba: «Nada es tan práctico como una buena teoría» (Cit. por Marx & Hillix, 2003, p. 283). Para dar debida cuenta de ella, se requiere esclarecer sus funciones a través del estudio del lenguaje científico, es decir el uso de signos y reglas vinculadas a su semiótica. Desde este punto de vista, las teorías tienen facetas sintáctica, semántica y pragmática. La función sintáctica dota a la teoría de coherencia lógica, en tanto concierne a las relaciones entre los términos y sus operaciones conceptuales, por ejemplo, las teorías de Hull y de Tolman tenían un alto nivel de precisión, al margen de su aplicabilidad; la función semántica está ligada al significado que cada uno de los términos (empíricos e hipotéticos) asume de acuerdo al dominio de eventos estudiados por un investigador; y la función pragmática tiene por objeto especificar cómo los términos científicos pueden ser utilizados para articular procedimientos científicos de modificación del comportamiento. capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 273 Silva (2011) desarrolla el tema de la construcción de sistemas teóricos en psicología, destacando la presencia de corrientes analíticas, proposicionales, empíricas y de modelamiento. Las corrientes analíticas comprenden sistemas clasificatorios que pueden ser de tipo naturalista e interpretativo, siendo el primero de ellos característico de enfoques como el genético de Piaget, que se centra en cómo, durante el transcurso del desarrollo, surgen y se consolidan epistemológicamente las estructuras de construcción de la realidad. Se busca, pues, encontrar los procesos invariables que enlazan las categorías postuladas por el mismo sistema. En cuanto al tipo interpretativo, prefiere orientar su atención hacia determinados conceptos que parecen momentáneamente claves en la comprensión heurística de aspectos comúnmente ocultos. El psicoanálisis freudiano, concretado en su topología cualitativa de los tres planos de la mente (id, ego y superego) es el ejemplo típico de esta postura. Entre las corrientes proposicionales se distinguen los enfoques axiomáticos, axiomáticos formales y de alcance medio. Los enfoques axiomáticos pretenden organizar el sistema teórico de manera precisa, partiendo de axiomas o verdades asumidas como no discutibles, de cuyo tronco se desprendan deducciones tan coherentes como sea posible de proposiciones con una base común de regularidades empíricas. Estos enfoques axiomáticos son, si se quiere, una formulación ideal no vinculada a las ciencias humanas y sociales. En psicología, la versión axiomática que se ha utilizado es más flexible: el enfoque axiomático formal, sustituyendo los axiomas por principios formales abstractos, como en la teoría matemático-deductiva de Hull, compuesta por postulados, corolarios y teoremas, utilizando notación de lógica simbólica, comprobando deductivamente y explicando con ejemplos experimentales. Kantor (1978) propone una organización similar, aunque de índole cualitativo, partiendo de protodefiniciones y protopostulados, continuando con metadefiniciones, metaproposiciones, teoremas y proposiciones. La corriente empírica trabaja en términos de «enunciados de relaciones entre variables que generalizan más allá de los resultados específicos, ya que no les es posible realizar deducciones de los enunciados que construyen» (Silva, 2011, p. 79). Quizá el enfoque skinneriano sea un ejemplo de esta modalidad, pues procura desarrollar principios a partir de datos simples que permitan inferir aspectos más complejos; aunque esta formulación parece carecer de interés por lo teórico, se puede colegir que su teoría va surgiendo 274 william montgomery urday de la interrelación de los datos acumulados progresivamente. La corriente de alcance medio incluye enunciados genéricos con poca precisión, y categorías no muy bien determinadas que se tratan de modo que puedan referirse a hallazgos empíricos basándose «en ejemplos de casos reales, más que en notas diferenciadoras de cada concepto. Además, casi nada se dice del principio lógico de donde se parte para la configuración de dichas categorías. En consecuencia, es difícil corroborar su validez utilizando únicamente los datos conseguidos por medio de investigaciones empíricas» (Silva, 2011, p. 80). Si bien tiene mayor potencial teórico (en el sentido interpretativo) que la corriente empírica, su nivel de efectividad es bajo. Por cierto, desde la óptica de Kantor, en una teoría es importante hacer la distinción entre eventos y constructos. Los eventos son la realidad misma tal como existe, mientras que los constructos se conforman a base de representaciones de dicha realidad. Estos se asignan «tanto a actos, como a productos de la acción; empero, los constructos de cualquier forma o estilo no deben ser confundidos con los eventos u objetos estímulo en relación con los cuales se engendran» (Kantor, 1978, p. 262). Este apunte es relevante, dado que a menudo los teóricos creen que sus representaciones de la realidad son equivalentes a ella y no juegos conceptuales solo válidos temporalmente. Arnau (2006) da en el clavo cuando señala que «contrariamente a lo que algunos puedan pensar, en ciencias psicológicas y sociales, no hay nada fijo ni definitivo. Los conceptos teóricos van sucediéndose y desplazándose unos por otros mejores y lo mismo ocurre con la metodología y técnicas de inferencia» (p. 31). Los modelos son representaciones de la realidad diferentes a los constructos, pero están formados por ellos. Constituyen simplificaciones ideales restringidas de algún aspecto de la realidad, destinadas a probar hipótesis acerca de cómo funciona(ría)n los eventos y/o procesos de determinado campo de estudio. Su estrategia de uso implica, entonces, construir un sistema más simple para representar algo más complicado (Mosterín, 2003). Pueden ser matemáticos o descriptivos. Los modelos matemáticos están constituidos por símbolos y reglas que, a partir de postulados, facilitan la inferencia de teoremas o consecuencias contrastables, o también predecir lo más precisamente posible, el comportamiento de los participantes en una investigación de tipo experimental. Por ejemplo, uno de los modelos cuan- capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 275 titativos más conocidos en este rubro es el de Rescorla y Wagner, publicado en 1972, sobre la presunción de que la expectativa de que ocurra un estímulo incondicionado disminuye su efectividad como reforzador. Este modelo fue después varias veces modificado, representando los estímulos con diversos valores de procesamiento (véase una explicación detallada en Vogel, et al., 2006). Los modelos descriptivos son esquemas representativos de un determinado fenómeno. Pueden ser gráficos, si simplemente muestran una imagen que sintetiza cómo funcionaría un proceso (por ejemplo la atención humana); objetuales, si incluyen una construcción física a escala (por ejemplo el homeostato de Ashby); y teóricos, en caso de comprender enunciados verbales o simbólicos que hacen suposiciones sobre el funcionamiento de una situación experimental, por ejemplo, el modelo de «disonancia cognitiva» pretende mostrar cómo la discrepancia entre el suceso real y la representación que se tiene de él puede ocasionar respuestas conflictivas de tipo emocional y en las creencias del individuo. Algunos también, como anotan Marx & Hillix (2003), identifican las teorías con modelos de los cuales se desprenden multitud de interpretaciones. 2.3. Práctica científica y teoría psicológica Al abrigo de las cosmovisiones de sentido común y científicas están las teorías científicas, relaciones en las cuales, por supuesto, también cuenta el contexto social en que estas ocurren. Para entender cómo se producen tales relaciones, nada mejor que recurrir a un modelo que pretende explicar cómo se aprende la ciencia con base en ciertas categorías que hacen que el concepto de inconmensurabilidad paradigmática sostenido por Kuhn tenga sentido. Este es el llamado Modelo de la Práctica Científica Individual (MPCI) de Ribes, et al. (1996), donde se asume explícitamente que «La teoría delimita los elementos, las herramientas y los criterios de interacción con el mundo estudiado» (p. 207); por tanto, es importante definir qué categorías están insertas en un análisis teórico. Según los autores citados, estas pueden ser taxonómicas, operacionales, de medida, y representacionales. Las categorías taxonómicas tienen por función definir y clasificar los elementos constituyentes de la realidad bajo estudio, de modo que, en 276 william montgomery urday sentido estricto, son la totalidad abstraída de los eventos, clases, estados, relaciones y procesos con los cuales interactúa el científico. En términos muy sintéticos, los eventos vienen a ser variables con valores cualitativos o cuantitativos bien delimitados; las clases son conjuntos de propiedades de eventos que se agrupan por compartir características similares; los estados identifican condiciones iniciales o terminales de un proceso; las relaciones representan covariaciones entre variables; y los procesos se refieren a «cambios temporales entre dos estados, interacciones continuas entre variables, o transiciones estado-interacciones» (Ribes, et al., 1996, p. 212). Obviamente, semejantes elementos difieren según sea el punto de partida paradigmático. Por ejemplo, un conductista positivista se preocupa por escoger una realidad reducida a fracciones de comportamiento que puedan ser delimitadas en tiempo y espacio, y organizadas linealmente en secuencias de causa y efecto. Un conductista postpositivista, en cambio, puede interesarse más en segmentos de análisis molar que actúen interrelacionados entre sí. Un humanista de la teoría crítica probablemente elegiría especular sobre las relaciones entre el comportamiento de un individuo y los valores que lo contextúan. Otros, como el constructivista Piaget (1975), afirman peculiarmente que «la gran dificultad de la psicología es la falta de unidades de medida» (p. 82), con lo cual esta clase de elementos no existiría. Las categorías operacionales constituyen una descripción de las actividades observacionales y manipulativas del científico en función, es decir interactuando con la realidad que estudia, por lo que normalmente se identifica la versión sistemática de ese tipo de actividades en su totalidad con el método científico. También, como en el punto anterior, dichas actividades incidirán más o menos en formas cuantitativas o cualitativas de acuerdo con el paradigma de base. Las categorías de medida permiten seleccionar, registrar y conservar los efectos de las operaciones realizadas sobre los elementos analizados, mediante un instrumental pertinente. Finalmente, las categorías representacionales son las formas y estilos de comunicación que se utilizan para nominar, explicar, describir las actividades realizadas dentro y fuera de los ambientes de investigación: las jergas técnicas, la simbolización abstracta, las analogías, etcétera. Son necesarias no solo para desenvolverse en la óptica del propio paradigma, sino también para interactuar con la comunidad científica. capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 277 En base a la índole de estas categorías es que las variopintas teorías psicológicas promueven o facilitan el ejercicio de diferentes competencias entre las comunidades de aprendices de científicos a las que tienen acceso. Cada teoría presenta una dominancia categorial determinada que se supone debe influir sobre la práctica individual de los investigadores, por lo que, para comprobar dicho aserto, Padilla (2006) diseñó un experimento. El estudio, titulado «Entrenamiento de Competencias de Investigación en Estudiantes de Educación Media y Superior» consistió en seleccionar cuatro teorías con distinto tipo de dominancia categorial: la operante (categorías operacionales), la computacional (categorías representacionales), la genética operatoria (categorías taxonómicas), y la de rasgos (categorías de medida), y, a una muestra de sujetos sin experiencia en la práctica científica ni conocimientos de psicología, se le entrenó por grupos en el dominio del área de investigación de la formación de conceptos, desde la óptica de una de las cuatro teorías a cada grupo. Los participantes, una vez entrenados, elaboraron, diseñaron, simularon e implementaron un experimento completo, para, finalmente, escribir el reporte de investigación y exponerlo en forma oral. A fin de evaluar los resultados, estos se valoraron en función a: 1) competencias ejercitadas como efecto de la exposición a la preparación experimental; 2) categorías teóricas empleadas en las tareas; y 3) efectividad del entrenamiento. Los datos obtenidos confirmaron que la dominancia categorial de la teoría entrenada correlacionó, en gran medida, con el tipo de competencias mostradas. En la Teoría Operante y en la Teoría Genética Operatoria se observó el mayor índice de correlación entre la teoría entrenada y las competencias desarrolladas. Todas las teorías entrenadas, independientemente de su dominancia categorial, promovieron o facilitaron en la mayoría de los sujetos, el desarrollo de competencias intrasituacionales efectivas, dado que se debían llevar a cabo manipulaciones instrumentales al realizar el experimento. Sin embargo, ese no es un dato que contradiga los supuestos del MPCI, pues se asume que en todas las teorías están presentes las cuatro categorías teóricas (operacionales, representacionales, taxonómicas y de medida), pero que, en cada teoría, alguna de ellas predominará sobre las otras. (Padilla, 2006, p. 187) 278 william montgomery urday Según estos resultados, cada una de «las teorías no sólo «arreglan» el escenario lógico-empírico que las valida, sino que también auspician las prácticas científicas que las perpetúan» (Ibid., p. 202). En eso está basada gran parte de la inconmensurabilidad de los enfoques. Lo cierto es que puede haber cuatro formas de enunciados sobre la realidad que involucran algún tipo de relación entre teoría y datos empíricos (véase Anguera, 1989, pp. 556-557: 1) los que combinan bases teórica y empírica (el tipo ideal); 2) los que tienen base teórica pero no empírica (como algunas formulaciones hipotéticas); 3) los que tienen base empírica mas no teórica (por ejemplo, las recolecciones inductivas de datos; y 4) los que carecen de bases teórica y empírica (como es el caso de suposiciones fantasiosas). Quizá respecto a esta última modalidad es que el mismísimo Popper (Cit. por García, 1986) se quejaba de que «comparadas con la física, la sociología y la psicología están saturadas de modas y de dogmas fuera de control» (p. 66). Para la prevención de esa clase de debilidades, es que se pide al científico teórico poseer ciertas virtudes que, según recientes investigaciones al respecto (Mizrahi, 2020b; Schindler, 2022), entrañan la precisión, la coherencia y la simplicidad de las formulaciones —esta tercera característica con un valor epistémico fundamental para los científicos sociales, mas no para los filósofos de la ciencia. 2.4. Explicación y leyes en psicología Descubrir la naturaleza de los fenómenos estudiados es, en términos concretos, evidenciar las regularidades que presiden las relaciones establecidas entre ellos para cumplir con las tres operaciones que le son exigidas a la ciencia: fundamentar, explicar y predecir. Según Klimovsky (2001) la fundamentación da razones para considerar veraz una proposición; la predicción pretende anticipar las consecuencias de un hecho potencial o ya ocurrido; y la explicación entraña esclarecer hechos en su dinámica de funcionamiento, con el fin de poder traducirla en reglas de acción. Lo cierto es que, en psicología, como dice Fierro (1982) hay muchos explicans (según el paradigma de referencia), pero solo hay un explicandum: el comportamiento. El citado Fierro tipifica las explicaciones en psicología capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 279 como descriptivas, comprehensivas, reduccionistas, causal-funcionales, correlacionales, genéticas, mediante modelos, predictivas y probabilísticas; que no son incompatibles unas con otras, como se ve en la tabla 6.2. Tabla 6.2. Tipificación de las explicaciones al uso en psicología (elaboración propia, basada en Fierro, 1982). Tipo de explicación Características Descriptiva Identificar, caracterizar y medir un hecho de conducta en sí mismo, en una cadena de antecedentes y consecuentes. Comprehensiva Interpretar y aprehender fenomenológicamente el sentido de que sería portador un hecho de conducta. Reduccionista Dar razón de un fenómeno mediante su reducción a fenómenos de otro orden, frecuentemente de carácter neurofisiológico. Causal-funcional Buscar causas eficientes dentro del mismo orden psicológico, asignando determinantes para efectos de conducta. Correlacional Situar la conducta en una red nomológica de enunciados de regularidad en las relaciones entre los fenómenos psicológicos. Genética En su versión más difundida, dar cuenta de sucesivas construcciones de esquemas operatorios del sujeto en el proceso de su adaptación estructural. Mediante modelos Modelizar estableciendo un orden racional en la simulación analógica del fenómeno o sistema, como si tuviera propiedades semejantes al original. Predictiva Generalizar y proyectar principios sobre el futuro modo de desarrollarse de ciertas relaciones observadas en el pasado. Probabilística Aplicar criterios aproximativos a los procesos objetivos o a las proposiciones con que la ciencia representa tales procesos. 280 william montgomery urday La explicación nomológico-deductiva, que es el prototipo más aceptado, recurre a datos y leyes para plasmar su manejo, suponiendo que se deduce una proposición que manifiesta el suceso a explicar, y que en dicha deducción deben incluirse leyes. La palabra griega «nomos» significa «ley», aludiendo a la búsqueda de explicaciones mediante el establecimiento de regularidades naturales. La explicación en ciencia se halla estrechamente vinculada a la formulación de leyes, o más bien, de «enunciados legaliformes», por decirlo en un lenguaje epistemológico más riguroso […] Allí donde en psicología, o en otra ciencia, haya búsqueda de enunciados con forma de ley, allí podemos considerar que hay explicación, o al menos, comienzo y rudimento de ella (Fierro, 1982, p. 108). Ahora bien, Weyscop & Adams (2015) expresan sus dudas acerca de que en la psicología realmente haya leyes, refiriendo que, si se hace una «lista top 10» de las supuestas leyes psicológicas, se tiene solo un grupo limitado a los siglos XIX y XX, tal como sigue ordenada desde la más antigua a la más reciente (p. 24 de la Ob. Cit.): 1) Ley de Weber (1834); 2) Ley de Fechner (1860); 3) Ley de todo o nada (1871); 4) Ley de Emmert (1881); 5) Ley de Bloch (1885); 6) Ley de Yerkes-Dobson (1908); 7) Ley del efecto (1911); 8) Ley de Pitt (1954); 9) Ley de la potencia (1957); y 10) Ley de coincidencia (1961). Sin embargo, los citados Weyscop y Adams parecen ignorar el fecundo trabajo experimental de varios autores que parten de una tradición paradigmática diferente a la de ellos, a quienes ni siquiera citan. En particular, tanto B. F. Skinner como K. W. Spence procuraron encontrar y clasificar diferentes leyes del comportamiento que se cumplen similarmente (con diferentes topografías) en planos cognitivos, afectivos, motores y fisiológicos. Skinner (1993, Cap. 2) dividió los axiomas del condicionamiento en secciones respondiente (leyes del reflejo) y operante (leyes del refuerzo), en función de relaciones netamente causales. En la sección respondiente la respuesta de un organismo depende de eventos antecedentes que la provocan, pudiendo ocurrir en tres modalidades: a) leyes estáticas, b) leyes dinámicas, y c) leyes de la interacción de los reflejos. En las leyes estáticas la observación identifica las propiedades observadas a raíz de una sola provocación capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 281 de la respuesta; las leyes dinámicas se evidencian mediante provocaciones repetidas; y las leyes de la interacción de los reflejos se explicitan por las propiedades vistas a través de la provocación simultánea de dos o más reflejos (o respuestas). En la tabla 6.3 se ven algunos ejemplos de las múltiples formas que asumen estas leyes. Tabla 6.3. Ejemplos de las leyes de conducta respondiente que enuncia Skinner (1993). Elaboración propia. Leyes Ejemplos Reglas Estáticas Ley de la Posdescarga La respuesta puede persistir durante algún tiempo después del cese del estímulo (p. 27). Ley de la Fatiga La fuerza de un reflejo desciende durante la provocación repetida y vuelve a su valor anterior durante la inactividad subsiguiente (p. 30). Dinámicas Ley de la Inhibición La fuerza de un reflejo puede decrecer mediante la presentación de un segundo estímulo, que no tiene ninguna otra relación con el efector en cuestión (p. 31). Interacción Ley de Compatibilidad Dos o más respuestas que no se superponen topográficamente pueden ocurrir simultáneamente sin interferencia (p. 44). Esta clase de principios respondientes son útiles, entre otras cosas, para explicar ciertas fobias y subsecuentes procedimientos de desensibilización, o aquellos procesos psicológicos llamados «inconscientes», y en algunas formas de evaluación proyectiva. Respecto a las leyes del refuerzo, la emisión de la respuesta va seguida de consecuencias que la regulan en posteriores ocasiones. Como ejemplos, se pueden mencionar algunas modalidades (Montgomery, 2005): 282 william montgomery urday La ley de la operante compleja designa una amplia secuencia de respuestas que se hacen contingentes a la presentación de un reforzador como si fueran una unidad (por ejemplo la lectura, la recitación, el aprendizaje de fórmulas, etc.); la ley de sobreposición reseña que si se coloca gradualmente un estímulo nuevo sobre otro con función discriminativa, el control se transfiere al primero (por ejemplo el aprendizaje transferencial, la conducta creativa, etc.); la ley del gradiente temporal reza que «mientras menor sea el tiempo que media entre reforzador y respuesta, mayor será el efecto reforzante» (base reconocida de cualquier método de enseñanza efectivo); la ley de operante supersticiosa indica, asimismo, que si accidentalmente un estímulo discriminativo está presente en el momento en que se refuerza una respuesta, dicho estímulo desarrollará también función discriminativa hacia ella (por ejemplo el origen de creencias primitivas en la brujería o en «manifestaciones» paranormales). (pp. 65-66) En el caso de Spence (1979), su formulación caracteriza conceptualmente la investigación sobre una serie de relaciones funcionales entre las dimensiones del estímulo, de la respuesta, del organismo y de otras variables inferidas. Las dimensiones de estímulo son medidas de las propiedades de los contextos físicos o sociales; las dimensiones de respuesta se refieren a medidas de las características conductuales; las dimensiones organísmicas surgen como producto de medidas de las propiedades neurofisiológicas; y las dimensiones de variables intervinientes son medidas de estados hipotéticos que subyacen a respuestas observables. Las leyes obtenidas de las combinaciones entre las dimensiones directamente observables (E / R / O) son llamadas «empíricas», mientras que las obtenidas de las combinaciones funcionales que incluyen alguna variable intermediaria (I), se denominan «hipotéticas». Por otro lado, la variable «condición-estímulo pasada» se indica como Et-N; la variable «condición-estímulo presente» como Et-0; y la variable «paso del tiempo» como Et-T. De acuerdo con estas notaciones, las relaciones funcionales se articulan como se ve en la tabla 6.4: capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 283 Tabla 6.4. Relaciones funcionales entre las dimensiones del estímulo, de la respuesta, del organismo y de otras variables inferidas (elaboración propia, adaptado de Spence, 1979). Rel. Func. 1) [R = f (R)] Regla explicativa Ejemplo La respuesta es función de La operación metaconductual (de competencia lingüística) otra respuesta. y las medidas psicométricas. Asociación entre una u otra Uso preferente de técnicas de propiedad de la conducta del correlación y análisis factomismo individuo. rial. La respuesta es función de un estímulo o situación. 2) [R = f (E)] 3) [R = f (O)] Experimentación perceptiReacciones del individuo va o sobre condicionamiento ante variaciones en las pro- sensorial, emocional, verbal piedades o aspectos del me- o motor. dio actual, o como efecto de hechos pasados. La respuesta es función del organismo. El estado organísmico es función de la respuesta. 4) [O = f (R)] 5) [I = f (Et-N)] La neurobiología es afectada por variables externas a él: factores fisicoquímicos del ambiente Ciclos biológicos, estados de salud, funcionamiento del sistema nervioso, factores genéticos, etc.; que afectan la conducta. Cambios de temperatura, eventos sociales o la conducta alimentaria del individuo. En combinación con (3), estas relaciones son materia de interés para la medicina conductual y la psiconeuroinmunología. La fuerza del hábito depende de la cantidad de incentivos La variable interviniente es que haya tenido. La curiosifunción de estímulos o situa- dad depende de la frecuenciones pasadas. cia con que la responsividad a contingencias cambiantes haya sido recompensada. 284 william montgomery urday 6) [I = f (Et-0)] El grado de comprensión para solucionar algo depende de la La variable interviniente es claridad. de las características función de estímulos am- con que esté formulado el bientales presentes. problema. La proyección de agresividad y mala intención en el entorno social.3 7) [I = f (Et-T)] Efectos de la fatiga o saciedad sobre el desempeño; grado de motivación que depenLa variable interviniente es de del lapso de privación. La función del paso del tiempo. represión es producto de pulsiones que recuerdan hechos desagradables. 8) [I = f (I)] 9) [R = f (I)] La variable interviniente es función de otra variable interviniente. La motivación es producto de la interacción multiplicativa entre el motivo, la expectancia y el incentivo. La disonancia cognitiva como producto de un conflicto interno.4 La respuesta es función de una variable interviniente. La frecuencia de elección de una respuesta depende del potencial activador efectivo. Perfeccionamiento del discurso como producto de la sublimación5. La estructura explicativa y predictiva de estas leyes se liga a la clásica formulación que ofrece el ejemplo del silogismo subyacente a identificar las condiciones antecedentes que inducen la ocurrencia de un fenómeno. Así, a manera de ejemplo, la explicación y predicción de «¿por qué hierve el agua?» implica la operación siguiente (Bergmann,1961, pp. 89-90): 3 Proyección: Localizar en otro individuo cualidades, sentimientos, deseos, que no reconoce o que rechaza en sí mismo. 4 Disonancia cognitiva: Sensación de incomodidad frente al choque de actitudes o creencias con los actos, que lleva a intentar modificarlos para evitarla. 5 Potencial activador efectivo: Nivel de necesidad motivacional existente en el organismo. Sublimación: Reprimir una pulsión sexual y derivarla hacia un nuevo objetivo no sexual, socialmente valorado. capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 285 • • • • Esto es agua (condición antecedente 1). La estamos calentando (condición antecedente 2). Cuando se calienta el agua, esta hierve (esquema de una ley). Esto hervirá cada vez que se caliente el agua (deducción-predicción). Por lo tanto, cabría concluir (en condicional) que los citados Weyscop & Adams (2015) se equivocan cuando afirman que la psicología adolece de leyes, y que Piaget (1975) no parece tener razón al decir que en dicha disciplina no hay unidades de medida. Pero es justo decir que hay también razones valederas, contrarias al inductivismo, que se oponen a dicha conclusión. Por ejemplo, Friedrich Hayek declara la inoperancia de imponer fórmulas simples a fenómenos complejos, recalcando que la búsqueda de leyes en las ciencias sociales no tiene sentido, pues el concepto de «ley» solo es apropiado para situaciones de dos o tres variables en las cuales los parámetros son constantes, pero no para un conjunto completo de ecuaciones simultáneas cuyos valores cambian continuamente; por lo tanto, «el término “ley”, como los conceptos de causa y efecto, no es aplicable sin una modificación que le prive de su significado originario» (Hayek, 2012, p. 84). Quedan así establecidas las dos posiciones: una que no ve leyes en psicología y otra que sí. Permitiéndose dar una opinión al respecto, el autor de este texto cree, con Guthrie (2006), que en el campo de la praxis es mucho más útil la segunda, por limitada que sea: «Cuando los psicólogos sean capaces de suministrar leyes basadas en la observación en las cuales los eventos predecibles y sus signos antecedentes sean descritos de modos reconocibles, estas leyes servirán para todos los psicólogos y todas las escuelas» (p. 22). 3. DIMENSIONES CONCEPTUALES, INSTITUCIONALES Y POLÍTICAS DE LA PSICOLOGÍA COMO CIENCIA 3.1. El lugar de la psicología entre las ciencias Después de haber identificado un dominio para el análisis, y haber desarrollado una lógica de representación teórica de este, Ribes (2018) recomienda: william montgomery urday 286 «Delimitar la forma en que se relaciona el dominio propio con el de las demás ciencias» (p. 103). Coincidentemente, en su disquisición acerca de las ciencias del hombre dentro del sistema de ciencias, Piaget (1975) afirma que: […] ninguna de las ciencias puede ser situada en un solo plano, sino que cada uno de ellos admite distintos niveles jerárquicos: a) el objeto o contenido material de su estudio; b) sus interpretaciones conceptuales o técnica teórica; c) su epistemología interna o el análisis de sus fundamentos; y d) su epistemología derivada o análisis entre el sujeto y el objeto en conexión con las demás ciencias. (pp. 104-105) Es así como ninguna conceptualización epistemológica de la psicología estaría completa sin recurrir a una reflexión acerca de sus nexos con otras ciencias. Obviamente, esto requiere primero explicitar de qué ciencias se está hablando. Al respecto, Saldivia (2009) acota que la preocupación por clasificar las ciencias es un tema de vieja data en los ámbitos de la epistemología en general, y, especialmente, de la metodología científica; en este sentido, a clasificación aristotélica suele ser citada como una de las primeras en mostrar sistematicidad. El cuadro sintético que presenta Marcos (2010, p. 316), ilustra de manera más o menos precisa sobre esta clasificación (tabla 6.5). Tabla 6.5. Clasificación de las ciencias según Aristóteles (adaptado de Marcos, 2010, p. 316). Criterios Clasificación Por sus resultados Ciencias teoréticas, su resultado principal es conocimiento (matemáticas, ciencias naturales…) Ciencias prácticas, su resultado principal es acción (ética, política…) Ciencias productivas, su resultado principal es un objeto (técnicas, artesanías, artes…) Por el tipo de entidades que estudian Sustancias (teología, ciencias naturales…) Entidades que no son sustancias (matemáticas, ética, política) Sustancias accidentales (técnicas…) capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 287 Por el tipo de necesidad del razonamiento Necesidad absoluta (matemáticas, teología) Necesidad hipotética (ciencias naturales, física, política, técnica…) Por la duración de sus objetos Eternos (matemáticas, teología) No eternos (ciencias naturales, ética, política, técnicas…) Por el tiempo de las premisas Presente (teología, matemáticas…) Futuro (ciencias naturales, ética, política, técnicas…) Solo causas formal y final (teología) Solo causas formal y un análogo de causa material (matemáticas) Por las causas actuantes Causas formal, material, final y eficiente (ciencias naturales, ética, política, técnicas…) Como se ve, pues, Aristóteles distinguía entre ciencias especulativas, ciencias prácticas y ciencias positivas, respecto a las posibles formas de actividad humana. Otro intento célebre de clasificación no jerárquica fue el de Bacon, en torno a la facultad psíquica que está en juego, así, para él la historia tiene fundamento en la memoria, la ciencia, la filosofía y la cosmogonía en el intelecto, y la poesía en la imaginación. Hobbes hizo, a su vez, una distinción entre tipos de saber científico: por un lado, el saber de hechos (historia sea natural o civil); y por otro, el saber filosófico. En Francia, Diderot y D’Alembert, se refirieron a disciplinas ubicadas en tres bloques: ciencias de la historia del hombre y finalmente de la naturaleza. Ya en el s. XIX, Schopenhauer estimó que las ciencias podían dividirse en función a la razón de ser de los objetos de conocimiento, clasificándolas en ciencias puras (geometría, aritmética, álgebra, lógica), y ciencias empíricas (física, química, astronomía, fisiología, botánica, zoología, ética, psicología, derecho, historia…). El «parteaguas» de las taxonomías modernas lo dio Comte, al enlistar algunas ciencias fundamentales donde cada una sique en orden de jerarquía william montgomery urday 288 a las anteriores: astronomía, física, química, biología y sociología, añadiendo posteriormente la matemática y la moral. Comte excluyó a la psicología, por considerarla innecesaria. Siguiendo estas ideas, Spencer habló de ciencias abstractas, como la lógica y las matemáticas; y de ciencias concretas, como la astronomía, la geología, la biología y la sociología. Desde el punto de vista de Wundt en su Sistema de Filosofía Científica o sea Fundamentos de Metafísica Basada en las Ciencias Positivas, de 1889 (véase Larroyo y Ceballos, 1951, p. 214), hay ciencias formales (las matemáticas), y ciencias reales, que pueden ser naturales o del espíritu, como se ve en la tabla 6.6. Tabla 6.6. Clasificación de las ciencias por Wilhelm Wundt (1889), basado en el esquema de Larroyo y Ceballos (1951, p. 214). 1) Ciencias formales Matemáticas 1. Ciencias de la naturaleza 2) Ciencias reales 2. Ciencias del espíritu Fenomenológicas Física Biología Genéticas Cosmología Geología Embriología Filogénesis Sistemáticas Mineralogía Zoología Botánica Fenomenológicas Historia Genéticas Derecho Economía Sistemáticas Política Psicología capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 289 Saldivia (2009, pp. 211-212) también presenta la taxonomía marxista elaborada por los filósofos soviéticos Kedrov y Spirkin, en la cual hay: 1) ciencias filosóficas (dialéctica, lógica); 2) ciencias matemáticas (lógica matemática y matemáticas prácticas, incluyendo la cibernética matemática); 3) ciencias naturales y técnicas (mecánica y mecánica aplicada, astronomía y astronáutica, astrofísica física, física y físico-técnica, fisicoquímica, química-física, química y ciencias químico-tecnológicas, incluyendo la metalurgia y la minería, geoquímica, geología, geografía, bioquímica, biología y ciencias agropecuarias, fisiología humana y ciencias médicas, antropología); y 4) ciencias sociales (historia, arqueología, etnografía, geografía económica, estadística económico-social, ciencias que estudian la base y las superestructuras: políticas y económicas, ciencias estatales, jurisprudencia, ciencias que estudian el arte y su historia, etc., lingüística, psicología y ciencias pedagógicas, etc.). Por último, Saldivia (2009) también sintetiza la postura de la epistemología genética, donde: […] las ciencias formarían una estructura circular que partiría de la lógica y de las matemáticas. Y desde las matemáticas se pasaría a las ciencias físicas y luego a las ciencias biológicas, y de éstas, a las ciencias psicosociales, para arribar nuevamente a las ciencias formales; pero esta vez, tales disciplinas estarían en un nivel de mayor validez cognoscitivo. (p. 213) En cuanto a las ciencias sociales, la psicología estaría, para Piaget, junto con la sociología, la antropología cultural, la economía política, la lingüística, la cibernética, la lógica simbólica, la epistemología del pensamiento científico y la pedagogía experimental. Procurando elucidar la cuestión, Ribes, et al. (1986) señalan que todas las ciencias estudian la misma realidad empírica, y cada una de ellas abstrae analíticamente las generalidades simples o complejas de su propio objeto de estudio. A lo largo del tiempo, el conocimiento científico se diversificó en «cinco continentes» en un continuo de molecularidad-molaridad jerárquica, donde cada uno subsume los anteriores a su aparición: la física, en su preocupación por el espacio, las formas dimensionales y la evolución de los astros, se vinculó a las matemáticas y a la geometría; la química (s. XV) 290 william montgomery urday tuvo influencia de la explotación metalúrgica, a su vez ligada al desarrollo de la burguesía y su interés colonial por la explotación de metales preciosos; la biología (s. XVIII-XIX) avanzó gracias a la clasificación botánica de Linneo, la teoría de la evolución y la fisiología cerebral; la historia (s. XIX), en razón de los estudios sobre formaciones sociales y relaciones de producción, hizo que las disciplinas económica, sociológica y antropológica forjaran entidad; y la psicología (s. XX), tomando pautas del evolucionismo, de la fisiología del sistema nervioso, de la metodología experimental médica y del estudio del ambiente social (superestructura) mucho de su contenido, hizo presencia. En este contexto, los supuestos de la distinción entre ciencias «naturales» y «sociales» serían inadecuados: provienen de un marco idealista de comprensión (división neohegeliana entre ciencias naturales y del espíritu), que asigna a las ciencias naturales la pertinencia del análisis de objetos materiales de orden mecánico; mientras que a las sociales se les otorga el acceso a los actos y las relaciones humanas, así como a la cultura. Desde un punto de vista tradicional, la psicología caería en el segundo de esos campos, pero: Al considerar las colindancias epistemológicas de la psicología, su objeto no puede identificarse con ninguno de los objetos de conocimiento de las otras ciencias (biología, sociología y otras), pero tampoco puede constituirse como un caso singular trascendente a toda realidad. Por ello, no es ocioso volver la vista a la concepción aristotélica que ubica lo psicológico como potencia en acto, es decir, como interrelación entre un organismo y cuando menos otra entidad, biológica o no. Lo psicológico reside en el sistema de relaciones que se actualizan como funciones, y no en el organismo ni en la entidad con la que se relaciona. De este modo, la psicología queda ubicada en el continuo de abstracción del conocimiento científico, pero a la vez delimita un objeto de conocimiento específico que no se sobrepone al de ninguna otra disciplina. (Ribes, 2011, p. 87) Así, en el mejor de los casos, la psicología estaría ubicada entre la biología y la sociología. Dado que la biología se ocupa del estudio del organismo fraccionado frente a un ambiente genérico, constituido por circunstancias fisicoquímicas y ecológicas; y la sociología estudia el am- capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 291 biente históricamente construido y las relaciones entre los individuos y sus productos; la psicología, como una especie de «bisagra» entre las dos, tendría predicamento en lo que respecta a la interacción del organismo individual total con otros individuos, en relación a un ambiente históricocultural (figura 6.1). Figura 6.1. Delimitación de la psicología como disciplina científica. Elaboración propia. Desde dicha lógica esto lleva a plantearse la interrogante de si la psicología es en realidad una interdisciplina, antes que nada. La respuesta es sí y no al mismo tiempo: sí en el sentido de involucrar saberes combinados; no en el sentido de que generalmente las interdisciplinas carecen de objeto de investigación propio, constituyéndose solo en profesiones (como la administración, la pedagogía, la medicina, etc.); lo que no sería el caso de la psicología. 3.2. Dimensiones institucionales y políticas El poder e influencia de una entidad disciplinar no depende solo de su adecuada delimitación en el conglomerado de ciencias, sino también de la fuerza de su institucionalidad. Esta es muy importante porque tiene que ver con la eficacia de la formación profesional de los nuevos cultores y también con el mantenimiento de la carrera misma como una agencia de generación de conocimientos para nuevos cultores. El trabajo de Orellana Benado (2012) sobre tradiciones y concepciones en filosofía, ofrece un excelente marco de comprensión panorámica del tema institucional y político. Aunque se refiere al ámbito profesional y académico de la filosofía, puede perfectamente aplicarse a la psicología, e incluso a otras disciplinas. 292 william montgomery urday La dimensión institucional de las prácticas filosóficas [psicológicas] designa, por de pronto, los centros de formación, investigación e irradiación en filosofía [psicología] y las redes que tales instituciones integran; los textos que en ellas son considerados canónicos para cada uno de tales propósitos; los proyectos, líneas y programas de investigación que en ellos se ejecutan. Ella incluiría también los ritos mediante los cuales las personas son incorporadas a dicho dominio de prácticas y, también, aquellos mediante los cuales se las distingue durante su carrera; las instancias de reunión periódica, como seminarios y congresos, así como los demás medios a los cuales se recurre para la difusión y debate crítico de las distintas concepciones filosóficas [psicológicas]: los artículos en revistas eruditas, los libros publicados por las editoriales especializadas e incluso, ya desde fines del siglo XX, los textos que sólo se difunden en la Web; y, por dejar hasta aquí la lista, las fuentes y los canales mediales que se postulan a la financiación de actividades y proyectos, tanto aquellos que son presentados por los centros mismos como de los que cuentan sólo con el aval de determinados individuos. (p. 52) Puesto que en la psicología (como en la filosofía) hay una diversificación tal que cada una de las corrientes imperantes —divididas además en subcorrientes al interior de cada tronco— genera sus propios entornos institucionales, en la profesión se pueden distinguir no solo orientaciones, sino también intereses de varios tipos; entre ellos sobre todo los de corte político. Esta dimensión abarca, en palabras de Orellana Benado (2012): […] las alianzas y las rivalidades que determinan el curso de sus pugnas. A saber, desde las simpatías o antipatías personales, las habilidades expositivas, argumentativas y de liderazgo, así como su dominio de autores, problemas y temas; el prestigio de las instituciones en las cuales se forman, de aquellas en las cuales se desempeñan, así como el reconocimiento que alcanzan tanto su obra como los discípulos cuya formación han supervisado; y hasta el monto de los recursos económicos que controlan y su capacidad de modificar en virtud de éste tanto el diseño de la red institucional como los temas y problemas que son abordados. Algunas de estas alianzas y rivalidades son internas a la filosofía [psicología] misma. Otras son externas, y la relacionan con otros dominios de prácticas; esto es, con otros contextos en los cuales, mediante prácticas capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 293 diversas, los seres humanos también diseñan y buscan difundir sus concepciones, luchando de manera incesante. (p. 53) La conjunción de ambas dimensiones, la institucional y la política, se relaciona con el rubro conceptual en la medida que las grandes esferas paradigmáticas concentran prácticas ancladas en una u otra, a veces hasta confundirse, inclusive mezclando aspectos político-partidistas y hasta geopolíticos en términos de alianzas, rivalidades o menosprecios personales y teóricos. No hace falta mucho esfuerzo para percatarse, por ejemplo, de que hay mucho etnocentrismo en la ciencia, mucho «chovinismo de gran potencia» desde ciertos centros del primero, segundo y tercer mundo, que necesariamente le da un sesgo a la producción científica y profesional en su conjunto. Así, determinados autores que ganan gran prestigio en algunas regiones del globo por sus aportes originales son prácticamente desconocidos o ignorados en otras, no necesariamente porque su pensamiento esté en las antípodas de los demás, sino porque simplemente pertenecen a otro «geouniverso académico». La psicología no es una sola únicamente porque está dividida en paradigmas diversos, sino porque su producción también proviene de espacio-tiempos divergentes o no plenamente conectados entre sí. Ni siquiera al amparo de una misma institución universitaria ni de una misma corriente psicológica deja de producirse este fenómeno, con el añadido de que se compite por recursos además de influencias (Stemberg, 2005). En semejante marco, todo diálogo entre posturas es inviable, o, en el mejor de los casos, resulta insuficiente (esto se ampliará en el siguiente capítulo). «Para muestra un botón»: un ejemplo anecdótico de incomunicación y divergencia entre cultores del mismo paradigma, pero de distintas teorías / epistemologías, es el narrado por Skinner (1980) en el tomo 3 de su autobiografía (pp. 214-215): Nunca llegué a situarme muy cerca de la forma de pensar de Robert Kantor en relación con la conducta, si bien nuestras diferencias eran nimias comparadas con todo aquello que nos asemejaba. Dimos un seminario conjunto en el que cada uno se aferraba obstinadamente a su propia postura —lo que equivalía esencialmente a dos semi-seminarios en paralelo— para desesperación de los 294 william montgomery urday alumnos que trataban de averiguar que era todo aquello. […] en realidad, no estuvimos nunca intelectualmente en contacto. Una situación de mayor fuste y gravedad en relación con los desencuentros institucionales y políticos de la psicología como ciencia y profesión está a la vista en la inmensa cantidad de asociaciones e instituciones que pululan en el ambiente, la mayoría sin mayor trascendencia, pero igual convocan sus propios eventos y congresos en los cuales difunden trabajos y otorgan certificados. Estos grupos a veces se dividen, multiplicando aún más el maremágnum de posiciones e intereses, formando «colegios invisibles» o juntas de profesionales que solo se relacionan entre ellos. Ni siquiera las más grandes asociaciones internacionales se libran de este sino: la American Psychological Association (APA), que concentra más de 150 mil adherentes en el mundo, cuenta, a la fecha, con una multitud de divisiones de grupos interesados en cultivar determinadas «ramas» bastante dispares de la psicología (véase https://www.apa.org/about/division). Pero incluso esta poderosa organización cuenta con una historia cismática, como se explicitará en el siguiente capítulo respecto a las controversias entre la psicología básica y la aplicada. capítulo vi: una mirada epistemológica sobre la psicología como ciencia 295 PREGUNTAS DE COMPROBACION 1. ¿Cuáles son las semejanzas y diferencias entre ciencia y sentido común? 2. ¿A qué se llama «método científico» y en qué consiste? 3. ¿Qué cualidades y condiciones debería reunir una persona para desempeñar bien su labor científica? 4. ¿Existen leyes psicológicas? Dé ejemplos. 5. ¿En qué consisten las categorías taxonómicas, operacionales, de medida y representacionales del trabajo científico? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Bayés, R. (1984). Introducción al método científico en psicología (4ª edición). Fontanella. Feist, G. J. & Gorman, M. E. (2013, Eds.). Handbook of the psychology of science. Springer Publishing Company. Giroux, S. & Tremblay, G. (2008). Metodología de las ciencias humanas. La investigación en acción (Orig. 2002). 1ª reimpresión. Fondo de Cultura Económica. Nagel, E. (2006). La estructura de la ciencia. Problemas de la lógica de la investigación científica (Orig. 1961). Paidós. O’Donohue, W. T., Burleigh, K. & Kinzler, A. D. (2019). Capturing the unique nature of the human science, The second demarcation problem, Behavior & Philosophy, 47, 15-33. Otero, E. & Gibert, J. (2016). Diccionario de epistemología. RIL editores Ribes, E. (2018). El estudio científico de la conducta individual: Una introducción a la teoría de la psicología. El Manual Moderno. Silva, A. (2011). Fundamentos filosóficos de la psicología. El Manual Moderno. CAPÍTULO VII: CONTROVERSIAS EPISTEMOLÓGICAS EN LA PSICOLOGÍA En un ensayo de dolorosa actualidad, Mariano Yela (1996) dice: «La psicología es hoy una ciencia pletórica, frustrante y desunida. Es, desde luego y, en primer lugar, pletórica. Los psicólogos y las investigaciones y prácticas psicológicas crecen sin cesar y aceleradamente» (p. 327). Este crecimiento, pues, se refleja en el incremento desbocado del número de profesionales y de orientaciones en dicha disciplina, cada una con su particular forma de organizarse en asociaciones y, a veces también, en «colegios invisibles» (como se dijo al final del anterior capítulo), y con divergencias incluso al interior de los propios paradigmas, programas o tradiciones —según se prefiera seguir a Kuhn, Lakatos o Laudan. Estos enfoques inconexos, como los llama el citado Yela, discrepan en los modos de concebir el objeto de estudio, de plantear las preguntas sobre sus correspondientes fenómenos, y de intervenir y solucionar los problemas vinculados a las temáticas de atención. Y continúa diciendo Yela que la multiplicidad de desacuerdos surgió con la creación de la psicología misma, puesto que Brentano señalaba en su obra Psicología Desde el Punto de Vista Empírico (1874) que se proponía, ya por entonces, reducir las psicologías a una sola. Sin embargo, como es notorio, lo que podría considerarse como una «crisis» de la psicología es en realidad, al parecer, una situación permanente. Sin embargo, no todos los juicios han sido pesimistas. En 1966, el psicólogo soviético Alekséi Leóntiev en su discurso inaugural del XVIII Congreso Internacional de Psicología organizado en Moscú, señaló que: En nuestros días, el psicólogo parece más bien un constructor que dispone en abundancia de materiales de superior calidad, y, más aún, de conjuntos terminados, pero carece de un plan general de un todo arquitectónico —sumamente complejo— que debiera componer. ¿No será este contexto el origen de la impresión de anarquía que reina en la teoría psicológica? (Leóntiev, Cit. por Sève,1972, p. 28) 297 298 william montgomery urday La decisión de si esto es más aproximado a lo que se vive se deja al lector. 1. UN CUADRO DE DIVISIÓN 1.1. Las teorías enfrentadas Se ha puntualizado en otro lugar (Montgomery, 2018, p. 206) que observadores de alto peso en la disciplina, como Sigmund Koch y Gordon Bower, se han pronunciado graficando de manera metafórica esta situación pre o multiparadigmática. Koch la califica de «inmenso y desordenado espectro», y Bower —de manera menos peyorativa— la ve como un árbol con muchas ramas, del cual cada investigador es como un insecto que se posiciona en alguna de ellas y la consume. A ellos se puede añadir el parecer de Benjamin Wolman (Cit. por Yela, 1996), que la caracteriza como «un océano con todas sus corrientes y subcorrientes, mares y golfos, miles de islas y miles de millones de peces» (p. 330). Hernández-Ardieta & Fernández-Blanco (2015) califican tal panorama como un «caos interparadigmático e intraparadigmático», lleno de neologismos innecesarios introducidos por cada formulación a su propia medida. Como señala Barbosa (2021): A los estudiantes universitarios, cuando se les introduce en la psicología, les resulta muy difícil comprender este amplio y fascinante campo de conocimiento y práctica. Les impresiona la segmentación y los feroces debates que existen, donde un partido desacredita al otro de forma radical e irremediable. Ante esta realidad, algunos estudiantes recurren a segmentos más afines a sus sentimientos, vivencias e intereses; otros se dejan seducir por los argumentos de los profesores, convirtiéndose en partidarios radicales de una determinada corriente teórica, y otros, quizás más críticos, cuestionan la desarticulación teórica general y quieren saber si la psicología finalmente ha definido cuál es su objeto. (p. 2) ¿Cuáles son los paradigmas y teorías en disputa? Una lista posible, sin ánimo de exhaustividad, y poniendo un autor de referencia por cada teoría, es esta: capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología • • • • • • • • 299 Psicodinámica: Psicoanálisis clásico (Freud), Psicología analítica (Jung), Psicología individual (Adler), Psicoanálisis interpersonal (Sullivan), Psicoanálisis relacional (Mitchell), Psicoanálisis del desarrollo (Eric Erickson). Psicología conductual: Conductismo radical (Skinner), Teoría de marcos relacionales (Hayes), Conductismo psicológico (Staats), Interconductismo (Kantor), Conductismo biológico (Eysenck). Psicología cognitiva-conductual: Sociocognitiva (Bandura), Multimodal (Lazarus), Teoría de los esquemas (Young), Terapia racional emotiva conductual (Ellis), Cognitiva (Beck). Psicología cognitiva: Constructivista genética (Piaget), Constructivista radical (Glasersfeld), Constructivista pedagógica (Bruner), Funcionalista computacional (Fodor), Conexionista (Rumelhart), Constructivista enactiva (Guidano), Psicolingüística (Chomsky), Teoría de los constructos personales (Kelly). Psicología humanista: Psicología gestáltica (Perls), Análisis transaccional (Berne), Logoterapia (Frankl), Centrada en la persona (Rogers), Maslowiana (Maslow), Personológica (Allport), Psicología existencial (May). Psicología dialéctica: Psicología marxista (o Soviética), Socioculturalismo (Vigotski), Psicología de la liberación (Martin-Baró). Psicología sistémica: Teoría del doble vínculo (Bateson), Teoría de la comunicación humana (Watzlawick), Escuela estratégica (Milton Erickson), Teoría ecológica (Bronfenbrenner). Psicología del rasgo: Teoría de los cinco grandes (Costa y McCrae), Enfoque analítico-factorial (Cattell), Teoría trifactorial (Eysenck). Continuando con este ejercicio tentativo de clasificación, sigue una tabla donde se observan las tendencias mencionadas —salvo algunas no fácilmente descifrables— en función al posible paradigma epistemológico al que pertenecerían (en condicional) de acuerdo con la taxonomía de Guba (1990), respecto a su probable definición del objeto de estudio (tabla 7.1). 300 william montgomery urday Tabla 7.1. La definición del objeto de estudio en diferentes paradigmas y corrientes de la psicología (elaboración propia). POSITIVISMO POSTPOSITIVISMO • Conducta como acción-reacción ana• Conducta: todo lo que hace/dice un lizable por sí misma (teorías E-R). organismo a nivel público o privado (Conductismo radical). • Conducta como expresión observable de algo inobservable (teorías • Conducta: interacción organismoE-O-R, y de rasgos). ambiente físico/biológico/social • Inconsciente como esfera psíquica (Teoría de Marcos Relacionales, que concentra tendencias, motivos y Interconductismo, Conductismo psianhelos determinados por pulsiones cológico). 1 (Corrientes psicodinámicas) . CONSTRUCTIVISMO TEORÍA CRÍTICA • Sistema de interacciones epistémicas sujeto-objeto (Constructivismo, En- • Actividad: función del sujeto en foque sistémico, Enactivismo). interacción con el objeto, en un ambiente social (Ps. dialéctica). • Consciencia o «Yo»: Procesos psíquicos conducentes al entendimiento • ¿Inconsciente? del ser personal y del mundo objetivo (Corrientes humanistas). 1.2. Perspectivas de análisis y solución del problema La diversidad expresada en el anterior parágrafo es la razón por la cual Mayor y Pérez (1989) afirman que la dificultad que aqueja la psicología es «un problema de identidad», el cual se ha intentado resolver tradicionalmente a 1 Es difícil «encajar» al psicoanálisis en alguna de estas clasificaciones. Al que proviene del tronco freudiano se le ha ubicado tradicionalmente dentro del positivismo (Ramírez, 2005), por lo cual se opta por ubicarlo así en este cuadro. Sin embargo, hay tantas interpretaciones como autores, por ejemplo, los adlerianos y relacionales ven la psicodinámica como constructivista. El tratamiento de Klimovsky (2004) acerca del tema es extensamente complejo y por lo mismo poco esclarecedor; y el de Žižek (2010), con fuerte influencia lacaniana, lo lleva a la teoría crítica. Y son solo tres de los tantos. capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 301 través de tres perspectivas: 1) la historiográfica, procurando averiguar cuál es la senda histórica hasta cierto punto perdida de la psicología; 2) la sistemática, que parte de fundamentaciones aportadas por la lógica de la ciencia y la epistemología; y 3) la pragmática, cuyo enfoque está centrado en las actividades que hacen los psicólogos. En este último aspecto se distingue, más recientemente, la psicología de la ciencia (Gorman & Feist, 2013), según se ha consignado en el capítulo anterior. En su revisión de cada una de ellas, Mayor y Pérez deslizan interesantes conceptos que pueden servir para entender mejor las cosas. A nivel historiográfico, hay autores que, partiendo de la concepción positivista, pretenden situar el desenvolvimiento de la psicología en la ruta de los tres estadios de Comte (2004), es decir teológico, metafísico y positivo. Así, el estadio teológico sería el de la entronización del alma como objeto de estudio (s. IV a. C. - s. XVII); el metafísico entraría en función con la elección cartesiana de la mente o la consciencia (s. XVIII - s. XIX); y el positivo se verificaría desde la proclamación de Watson acerca de la conducta (s. XX). Semejante sucesión presupone una distinción tajante entre psicología «filosófica» y psicología «científica», lo que no resulta muy convincente. Otro de los intentos de historización jerárquica es el de Kantor (2012), quien juzga que en el transcurso de la historia ha habido dos ciclos que se han intercambiado. En el primero (s. IV a. C. - s. VIII), la transición fue desde una concepción naturalista (que llega a su culmen con Aristóteles) hasta una trascendentalista (con los Padres de la Iglesia); y en el segundo (s. XIII - s. XX), desde dicha concepción trascendentalista hasta una naturalista (llegando al conductismo). Por otro lado, en opinión de Claude E. Buxton (Cit. por Mayor & Pérez, 1989, p. 4-5), las estaciones históricas de la psicología transitan desde un largo pasado distinguido por la discusión entre racionalistas y empiristas en sus diversas formas de expresión; yendo hacia una confrontación entre escuelas; y terminando en un presente multidiversificado y complejo en términos de teorías y prácticas disímiles. En cuanto a los libros de historia de la psicología (por ejemplo, Goodwin, 2009; Hergenhahn, 2011; Leahey, 2013), estos ponen su atención primordial en los personajes definitorios en períodos antiguos y actuales; tanto como en las condiciones sociohistóricas del contexto en que vivieron y produjeron; sin descuidar los aspectos teóricos y filosóficos de su labor. El problema, 302 william montgomery urday sin embargo, comúnmente asociado a los autores de obras generales como estas, es que esos académicos parten de una visión personal no carente de preferencias teóricas que, a menudo, se enmascara bajo la apariencia de un pensamiento objetivo que descarta ciertas opciones por no estar vigentes según su ver o del grupo que representa, o las expone tergiversadamente debido a que no las conoce bien (Montgomery, 2020). Dicho sesgo podría ser grave si al final decanta suficientemente la formación de los nuevos psicólogos por determinadas direcciones, influyendo sobre la historia futura en el sentido de debilitar ciertas corrientes y fortalecer otras. Y es que parece ser que, igual que en la política y en la economía, en psicología también «el relato mata al dato». Eso no contribuye a solucionar el problema de la identidad. A nivel sistemático, las ideas han girado en torno a, por una parte, los intentos de la psicología filosófica (Descartes, Kant y Brentano entre los más destacados), y de la psicología científica (neoconductismo), por llevar a cabo una demarcación válida de la temática; y, por otra parte, las intentonas más ambiciosas de integrar la psicología en un marco interdisciplinario de ciencias (interconductismo, teoría de los sistemas y epistemología genética). En lo que se refiere a la psicología filosófica es poco lo que hay que resaltar, pues la línea cartesiana condujo a la problemática del dualismo mente-cuerpo; y, en el caso de Kant (1991), reflejó una negación de que la psicología científica fuera posible, quedando como «antropología». Brentano, por su lado, fue el antecedente de las vertientes existencialista y fenomenológica del s. XX, poco vinculadas al quehacer empírico. Desde la psicología científica (conductista) se produjeron tentativas mucho mejor articuladas, aunque al final resultaron poco influyentes sobre el resto de la comunidad, destacando las de Hull y de Kantor. Hull (1943) ofrece su modelo de organización formal de tipo hipotético-deductivo, en que cada proposición se deriva de rigurosas observaciones empíricas basadas en la constatación de relaciones entre las variables de estímulo, interviniente y de respuesta. Kantor (1978), a su vez, construye su metasistema teórico interconductual ordenado en metapostulados y postulados que comprenden la descripción de datos, variables, unidades de análisis, leyes y operaciones investigativas, e incluso de subsistemas aplicados. La psicología, en este esquema, resulta diferenciada de otras ciencias (física, biología, antropología) por su interés capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 303 en la «interconducta», o forma de interacción organismo-ambiente que comprende una ecuación de factores de campo integrado en que se encuentran las funciones de estímulo-respuesta (patrones estructurados de acuerdo a la naturaleza del contacto establecido), la historia interconductual (conjunto de interacciones previas), los eventos disposicionales (circunstancias inmediatas del ambiente que afectan el rango cuantitativo de la función) y el medio de contacto (mediador entre la conducta y su contexto físico). La gigantesca obra metasistémica de Kantor merecería mayor atención que la prestada aquí, por necesidad breve, por ello se remite al lector al extenso análisis de este aspecto de su trabajo desarrollado por Clayton, et al. (2006). Simpatizantes contemporáneos del modelo kantoriano (Reyna & Hernández, 2017) desarrollan un marco de referencia que modula la continuidad de las interrelaciones en cada institución en la medida que la ciencia puede fácilmente ser conceptualizada como una matriz cultural, porque cuando se habla de ella, se trata de un conjunto de condiciones que regulan y posibilitan las acciones de individuos específicos que deben ajustarse a normas o estándares establecidos por la comunidad científica. De acuerdo con esta concepción, es posible formular la matriz de operaciones epistemológicas que están insertas en los quehaceres profesionales (filosóficos, teóricos, metodológicos, interdisciplinares y transdisciplinares) de diversas ciencias; creando nuevos conocimientos o percepciones de la realidad al definir hechos específicos del propio campo, problemas legítimos reconocidos y estrategias ideales para resolver estos problemas. La teoría de los sistemas también se ha presentado como candidata a integrar la psicología con las demás ciencias, autocalificándose incluso como «un nuevo paradigma» (von Bertalanffy, 1989, p. XV) en contraposición al mecanicismo otrora imperante. Una perspectiva sistémica capaz de articular coherentemente compartimientos disciplinarios físicos, biológicos, psicológicos y sociológicos en un todo molar, pues la concepción de sistema está definida por el conjunto de todos los elementos que lo componen y sus interacciones. Así, la propuesta es que cualquier diversidad podría superarse solo haciendo un análisis estructural que organizara sus variados elementos. En tanto la ciencia mecanicista clasifica los sistemas solo en función de sus elementos emergentes, el enfoque sistémico los cataloga debido a las características de sus comportamientos asintóticos, utilizando técnicas y algorit- 304 william montgomery urday mos que permiten abordar los procesos autoorganizativos, redescubriendo los sistemas abiertos (intercambios de energía con el ambiente externo) y cerrados (intercambios con sus propios constituyentes). Obviamente, los organismos vivientes son sistemas abiertos. Dos importantes disquisiciones son brindadas por Pessa (1989), quien puntualiza, por un lado, el papel del «agente plasmador» en el mecanicismo, y por otro, el del «parámetro crítico» en el enfoque sistémico. Se llama agente plasmador a un factor que se presenta como predominante sobre la misma realidad en la relación organismo-ambiente. Este puede ser de tipo organocéntrico si el entorno fenoménico es controlable y controlado por un sujeto operador; o cosmocéntrico si el entorno o el cosmos en su integridad determinan al organismo como si este fuera una máquina. Son relaciones lineales de causa-efecto inaceptables en principio por un concepto de sistema. El otro aspecto que relieva Pessa es el de parámetro crítico, que sirve para evaluar los sistemas de autoorganización, determinando, según sea su distancia de cierto valor umbral, la estabilidad o inestabilidad de las soluciones de equilibrio espaciales; y que debe cumplir con dos requisitos: 1) un sistema de ecuaciones dinámicas de evolución espacio-temporal auxiliado por oportunas condiciones de contorno válidas en correspondencia con los límites del sistema implicado; y 2) la existencia de más soluciones posibles en igualdad de condiciones. En buena cuenta, la noción de parámetro crítico se vincula a su regulación por un ambiente externo y una situación de referencia particular con respecto a otras partes del mismo sistema (llamadas variables de estado) en un cierto período. Si el número de variables de estado es mayor a dos, aparece un factor caótico que impide predicciones sobre comportamientos asintóticos, lo que hace indispensable contar con sistemas jerárquicos que permitan coexistir el caos con el orden. La interinfluencia entre las variables de estado de un sistema específico y los parámetros incluidos en ecuaciones dinámicas que describen otros sistemas, pueden estructurar interacciones organismo-ambiente con doble canal de comunicación, que transmite información a ambos tipos de ascendientes, como en los sistemas adaptativos (ejemplo: el homeostato de Ashby). En cambio, hay interacciones más complejas que acoplan estructuras disipativas donde una es influida simultáneamente por la otra, formando confines de frontera móvil. Estas proposicio- capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 305 nes podrían aplicarse a todas las ciencias, por ejemplo, parte de lo dicho se puede apreciar en el fondo de las aseveraciones de Bronfenbrenner (1987), acerca de los microsistemas (factores más cercanos); mesosistemas (relaciones entre los miembros del microsistema); exosistemas (factores que afectan indirectamente la relación); macrosistemas (elementos de la cultura) y cronosistemas (momento temporal) de las interacciones organismo-ambiente en el transcurso del desarrollo humano. La epistemología genética es otro marco de conceptualización que pretende erigirse como la manera más eficaz de resolver el problema de la identidad psicológica y de su lugar en el conjunto de ciencias. La idea piagetana, en consonancia con el pensamiento kantiano, fue, desde el comienzo, interdisciplinaria, juntando en un haz ciencias como la matemática, la lógica, la física, la biología, la sociología y la psicología experimental y del desarrollo. La génesis de todos los procesos y sus conexiones está en las interacciones del sujeto con el objeto, implicando las operaciones de asimilación y acomodación (Piaget, 1975b). Según señala García (1986): «La teoría de Piaget de que la adaptación de un organismo a su ambiente involucra factores funcionales y un equilibrio entre ellos, y que ocurre tanto a nivel orgánico como en el intelectual, parece por consiguiente ser la ley de evolución más generalizada a todos los niveles para todos los sistemas» (p. 74). En este sentido, Piaget (1973) propone tres problemas de estudio para los psicólogos: 1) las interacciones funcionales entre la maduración del sistema nervioso y el medio (experiencias); 2) las estructuras en general y sus significados psicológicos: y 3) el paralelismo e isomorfismo psicológico. Según su entender, esto se haría desde una perspectiva experimental, y a la luz de una filosofía de la ciencia (epistemología genética), que consiste en estudiar todos los planos de la elaboración de conocimientos, y su paso desde el más simple al más avanzado en un sujeto en desarrollo. Y, respecto al método, fundamenta su propio camino «estructuralista» por oposición al holismo y al atomismo, señalando que «los sistemas de interacciones son la realidad primera, subordinando, por consiguiente, ya desde el principio, los elementos y las relaciones que los engloban, y concibiendo, recíprocamente, el todo como producto de la composición de esas interacciones formadoras» (Piaget, 1975b, 218), lo cual, como ha advertido el mismo Bertalanffy (1989), tiene gran parecido con el modelo sistémico. 306 william montgomery urday A nivel pragmático, la perspectiva se enfoca, como ya se dijo ut supra, en las cosas que hacen los psicólogos. En ese sentido hay quienes afirman que la psicología es ya una disciplina en cierto modo unificada desde el momento en que los libros de texto y los planes de estudio universitarios, lo mismo que las nominaciones de los distintos tipos de quehacer profesional son, con pocas excepciones, los mismos. Sin embargo, es tan evidente la cantidad de desencuentros filosóficos, teóricos, metodológicos, tecnológicos y aplicativos entre los psicólogos, así como su diversidad de intereses, que semejante afirmación está fundada solo en meras apariencias de formalidad. El número de divisiones de la APA, a pesar de su amplitud no es, ni con mucho, totalmente representativa del auténtico número de quehaceres intradisciplinarios e interdisciplinarios de sus miembros (tabla 7.2). Tabla 7.2. Divisiones de la APA. Fuente: https://www.apa.org/about/division 1. Society for General Psychology 2. Society for the Teaching of Psychology 3. Society for Experimental Psychology and Cognitive Science 5. Quantitative and Qualitative Methods 6. Society for Behavioral Neuroscience and Comparative Psychology 7. Developmental Psychology 8. Society for Personality and Social Psychology 9. Society for the Psychological Study of Social Issues (SPSSI) 10. Society for the Psychology of Aesthetics, Creativity and the Arts 12. Society of Clinical Psychology 13. Society of Consulting Psychology 14 Society for Industrial and Organizational Psychology 15. Educational Psychology 16. School Psychology 17. Society of Counseling Psychology 18. Psychologists in Public Service 19. Society for Military Psychology 20. Adult Development and Aging 21. Applied Experimental and Engineering Psychology 22. Rehabilitation Psychology 23. Consumer Psychology 24. Society for Theoretical and Philosophical Psychology 25. Behavior Analysis 26. Society for the History of Psychology 27. Society for Community Research and Action: Division of Community Psychology 28. Society for Psychopharmacology and Substance Use capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 29. Society for the Advancement of Psychotherapy 30. Society of Psychological Hypnosis 31. State, Provincial and Territorial Psychological Association Affairs 32. Society for Humanistic Psychology 33. Intellectual and Developmental Disabilities/Autism Spectrum Disorder 34. Society for Environmental, Popula tion and Conservation Psychology 35. Society for the Psychology of Women 36. Society for the Psychology of Religion and Spirituality 37. Society for Child and Family Policy and Practice 38. Society for Health Psychology 39. Society for Psychoanalysis and Psychoanalytic Psychology 40. Society for Clinical Neuropsychology 41. American Psychology-Law Society 42. Psychologists in Independent Practice 307 43 Society for Couple and Family Psychology 44 Society for the Psychology of Sexual Orientation and Gender Diversity 45 Society for the Psychological Study of Culture, Ethnicity and Race 46 Society for Media Psychology and Technology 47 Society for Sport, Exercise and Performance Psychology 48 Society for the Study of Peace, Conflict and Violence: Peace Psychology Division 49 Society of Group Psychology and Group Psychotherapy 50 Society of Addiction Psychology 51 Society for the Psychological Study of Men and Masculinities 52 International Psychology 53 Society of Clinical Child and Adolescent Psychology 54 Society of Pediatric Psychology 55 Society for Prescribing Psychology 56 Trauma Psychology Si a todo esto se le añaden las complicaciones derivadas del creciente metaverso —es decir la intrusión de la realidad virtual y de la inteligencia artificial, junto con otras aristas de dicha tecnología (Henz, 2022)—, el smog informativo2 e interpretativo en los sistemas, teorías y especialidades de la psicología resulta casi inabarcable. De hecho, los mismos discursos de 2 El término original, «data smog», fue introducido por el comunicador social norteamericano David Shenk en 1997, para designar la avalancha de información útil e inútil que inunda el mundo debido a la tecnología moderna y hace difícil a las personas lidiar con esa cargada atmósfera, provocando estrés y aprehensión en los consumidores (Bucy, 2005). 308 william montgomery urday sus líderes de división reflejan la ansiedad por la carencia de comunicación entre ellas. Por ejemplo, el presidente de la División Nº 24 (Sociedad de Psicología Teórica y Filosófica), señala en su mensaje (Brill, 2023), repitiendo los llamados de Fowers (2015) que debe buscarse «la comunión con los psicólogos fuera de nuestra comunidad» evitando «depender excesivamente de un vocabulario hiperespecializado». Asimismo, pide más colaboración con otras divisiones de la APA. Las reducciones dicotómicas han tratado de salvar distancias entre las muchas orientaciones. Así como en filosofía se ha hablado, entre otras denominaciones, de racionalismo versus empirismo y de filosofía analítica versus filosofía continental, en psicología se han reproducido esas antinomias considerando que, por un lado, hay una ciencia del comportamiento (o natural), y, por otro, una ciencia de la mente (o humanística); cada cual con deudas y características propias. La deuda de una psicología naturalista estaría vinculada, en primer lugar, a ciencias como la física, la química y la biología, mientras que la de una psicología humanística estaría en la antropología, la sociología y la historia. La razón de esto sería, según algunos, el dualismo inherente a los datos que corresponden al doble dominio de eventos de la psicología: hechos públicos y hechos privados (Arana, 2006). Es el caso de las dos cosmovisiones de Capaldi & Proctor (2009); o «las dos culturas de la psicología» que menciona Hergenhahn (2011, p. 697). En el capítulo anterior se vieron los distintos paradigmas y cómo tales asuntos influyen sobre los aspectos institucionales. En resumen, examinado el problema desde el punto de vista de la praxis de los psicólogos, tampoco parece tener solución. La cuestión de la aparente doble naturaleza de los sucesos con que trata la psicología se puede observar con mayor detalle a través de medidas psicométricas cuyo objetivo es determinar la orientación teórica de los practicantes en la disciplina. Sin embargo, a pesar de que hay algunas propuestas muy restringidas —solo para determinar tendencias de psicoterapeutas dinámicos y humanistas, como por ejemplo la de Sommers & Sommers (2018)—, no parece haber todavía una con mayor alcance y seriedad que la Theoretical Orientation Survey (TOS) del investigador norteamericano capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 309 R. W. Coan (1968), reafirmada por Simonton (2000)3. En este contexto, la orientación teórica tiene que ver obviamente con un conjunto de suposiciones organizadas que proporcionan al psicólogo un marco para generar hipótesis y formulaciones de todo tipo, y eventualmente, proveer justificaciones para intervenir y evaluar procesos aplicativos. El procedimiento de Coan consistió en construir una escala de 63 ítems con cinco puntos cada uno, para evaluar factorialmente juicios de una muestra de expertos sobre 54 celebridades de la psicología del momento con respecto a 34 variables divididas en cuatro categorías, dependiendo de si tienen que ver con el énfasis en el contenido, el énfasis metodológico, los supuestos básicos o el modo de abordar el tema. Incluyen lo siguiente: 1) Énfasis en el contenido: Aprendizaje, Sensación y percepción, Motivación, Procesos conscientes, experiencia consciente, Comportamiento, acción y desempeño observables, Procesos inconscientes, Emoción, Autoconcepto, autopercepción, Determinantes biológicos del comportamiento, Determinantes sociales del comportamiento, Herencia, constitución, Influencia de la experiencia pasada en el comportamiento, Determinantes externos inmediatos del comportamiento, Organización total del comportamiento, Singularidad de la personalidad individual, Rasgos persistentes de los individuos; 2) Énfasis metodológico: Informes introspectivos de experiencia, Experimentación rígidamente controlada, Análisis estadístico, Especulación sobre el «sillón», Observación naturalista; 3) Suposiciones de base: Voluntarismo, Determinismo, Finalismo, teleología, Mecanismo; y 4) Modo de conceptualización; Definición operativa de conceptos, Elementarismo, atomismo, descripción o análisis de eventos en términos de unidades relativamente pequeñas, Holismo, totalismo, tratamiento de los fenómenos en términos de unidades relativamente globales, Enfoque nomotético, formulación de principios generales, Generalización normativa, generalizaciones estadísticas. sobre grupos de personas, Formulación cuantitativa de principios y relaciones, Descripción cuantitativa de individuos y 3 No hubo diferencias significativas en la misma prueba después de 30 años de aplicada por primera vez, aunque los pensadores «blandos» —es decir los vinculados a lo «humanístico» (orientación fluida)— tuvieron mayor cantidad de citas. william montgomery urday 310 comportamiento, Conceptualización en términos de entidades hipotéticas, Uso de analogías basadas en sistemas físicos. Tras lo dicho, encuentra seis factores bipolares de primer orden (Objetivista / Subjetivista; Atomista / Holista; Cuantitativa / Cualitativa; Transpersonal / Personal; Estática / Dinámica; Exogenista / Endogenista) y dos pares de segundo orden (Analítico y Estructural / Sintético y Funcional), que luego se concentran en un superfactor dicotómico (orientación «Restrictiva» y «Fluida»), según se puede ver en la tabla 7.3. Debajo de cada factor se incluye una lista de sus intereses. Tabla 7.3. Factores encontrados en la encuesta de orientación teórica de R. W. Coan (parafraseado de Montgomery, 2006, p. 12). Orientación «restrictiva» Analítica Objetivista Conducta observable, determinismo, mecanicismo, definiciones operacionales, determinantes biológicos Estructural Atomista Cuantitativa Transpersonal Molecularismo, determinismo, mecanicismo Análisis estadístico, descripción y formulación cuantitativa, generalización normativa, control experimental rígido, definición operacional Nomotética, analogías físicas, determinantes inmediatos externos, control experimental rígido Estática Exogenista Interés por Determila sensación nantes y percepsociales, ción, inforaprenmes introsdizaje, pectivos, definición descripción operaciocuantitativa nal capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 311 Orientación «fluida» Sintética Subjetivista Holista Procesos conscientes e inconscientes, informes introspectivos, voluntarismo, finalismo, especulaciones Organización total, unicidad del individuo, observación naturalista, determinantes sociales Funcional Cualitativa Factores emotivos, procesos inconscientes, especulaciones Personal Rasgos persistentes, unicidad del individuo, determinantes sociales Dinámica Endogenista Determinantes biológicos, herencia, analogías físicas, hipotéticas, observadeterminan- ción natutes sociales ralística Motivación, influencia de la experiencia pasada, entidades Como es notorio, la orientación restrictiva es asignada por Coan a las vertientes naturalistas, mientras que la fluida lo es a las dinámicas y fenomenológicas. Lo de «fluido» por oposición a lo «restrictivo» y la asignación de estas etiquetas a cada orientación, es evidentemente, una posición personal de Coan respecto a la cercanía o no respecto a lo que en filosofía de la ciencia se ha llamado «visión heredada». Es decir, la postura demarcacionista del positivismo lógico frente a lo que debería considerarse como ciencia válida según sus reglas. En palabras de Coan (1968): «El primer polo sugiere una predisposición básica a experimentar a las personas y la vida en toda su complejidad de una manera bastante relajada, mientras que el segundo sugiere una tendencia a abordar la realidad de una manera más controladora y compartimentada, mediante la restricción de la atención y el aislamiento de entidades y eventos» (p. 719). Queda a disposición del lector decidir cuáles de las teorías psicológicas mencionadas en la primera sección de este capítulo se ajustarían a cada orientación, sin olvidar que en la realidad no hay contraposición «blanco y negro» sino claroscuros, por lo que varios enfoques pueden tener características ambivalentes y cruces con otros, más allá de sus tendencias generales. 312 william montgomery urday 2. ECLECTICISMO, SEPARATISMO Y PROPUESTAS DE UNIFICACIÓN Entre las estrategias desplegadas por los autores preocupados por el problema de la caótica diversidad de orientaciones en la psicología, pueden distinguirse tres nítidas tendencias. Dos de ellas bastante generalizadas: el separatismo (también llamado «particularismo» o «especialización») y el eclecticismo. A un nivel más elaborado se encuentran las propuestas de unificación alrededor de teorías multinivel. En esta sección se hará una revisión de los argumentos de sus principales representantes, sobre la base de una discusión anterior (Montgomery, 2006), ampliada. 2.1. Separatismo El separatismo (o aislacionismo) predomina entre los sectores nucleares «duros» de las teorías psicológicas insertas en los diversos paradigmas. Desde allí se argumenta que la unificación de la psicología es imposible porque no hay un objeto de estudio consensuado. Como se vio en el capítulo anterior respecto a las relaciones entre la práctica científica y la teoría psicológica, la adscripción de un practicante a determinado tipo de análisis teórico delimita las categorías taxonómicas, operacionales, de medida y representacionales que utiliza para su quehacer profesional, originando, como observa Hanson (2010), «datos […] moldeados por diferentes teorías o interpretaciones o construcciones intelectuales» (p. 218). Así, esta perspectiva parte del principio de que no existen teorías psicológicas que analicen paralelamente fenómenos similares, sino planteamientos paradigmáticos totalmente distintos —y por tanto inconmensurables tal como lo afirma Kuhn—, acerca de la naturaleza del objeto de conocimiento y sus derivados. Es más, creer que se podría imponer una visión unificada sería algo autoritario y eliminaría importantes áreas de interés psicológico (Kirschner, 2006). Tres de los más convencidos propulsores del separatismo son Sigmund Koch, Howard Kendler, y actualmente, Emilio Ribes, aunque por distintas razones. En el caso de Koch (1995, 1999), co-editor de la magna obra titulada Psychology: A Study of a Science (seis volúmenes desde 1959 a 1963), que recopiló posturas de las principales corrientes de la disciplina capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 313 hasta ese momento, su opinión tajante basada en la mucha experiencia revisando ensayos científicos, es que el término «psicología» debe ser sustituido por «estudios psicológicos», puesto que refleja mejor su irreductible estado multiparadigmático. Kendler (2002) ofrece una opinión similar, considerando que hay diferencias insalvables de métodos y de fundamentos. Para él, la única forma como se podría ir hacia una unidad sería el supuesto negado de que todos aceptaran un criterio común de explicación respecto a temas como la conducta, la neurofisiología del comportamiento y la experiencia fenoménica del individuo. Y ese criterio común tendría forzosamente que resignar los dos primeros planos a los principios teóricos de la tercera. Los psicólogos deberían dejar el romanticismo y escoger solo una de cuando menos dos orientaciones a la hora de observar el objeto de estudio: partir de una psicología descriptiva o prescriptiva; elegir lo interno o lo externo, o entender su campo desde las ciencias naturales o desde las ciencias humanas. Debe puntualizarse, por cierto, que tanto Koch como Kendler son adeptos más o menos cercanos a la visión humanista. Desde la perspectiva del interconductista mexicano Ribes (2004) existen ocho cosmovisiones ontológicas acerca de las relaciones entre la mente, el mundo y el cerebro (ver Cap. 5 del presente libro), que son incompatibles e inconmensurables. La respuesta a la pregunta de si ¿es posible unificar los criterios sobre los que se concibe la psicología? resulta, pues, negativa. A su parecer la psicología no es ni siquiera una disciplina multiparadigmática, sino solo «un conjunto de disciplinas paralelas amparadas por un mismo nombre o denominación» (Ribes, 2009, p. 7), por lo cual no se debe hablar de psicología, sino de «psicologías» que difieren de manera irreconciliable respecto al objeto, método y aplicaciones del conocimiento. Ello debido a que «la psicología carece de un universo fenoménico que descubrir distinto al de las prácticas del lenguaje ordinario» (Ribes, 2021, p. 101): los términos y sus expresiones significan solo aquello que denotan en su multivocidad y polisemia las prácticas contextualizadas de las personas en los actos de habla y escucha, no hay nada que se pueda llamar «mental» como no sea metafóricamente, en la fantasía de los lenguajes técnicos de cada corriente que asume tratar con fenómenos especiales porque son nombrados por su jerga teórica. Esta salida ribesiana parece casi una repuesta ad hoc para quienes, como, por ejemplo, Fenici (2009, p. VI), afirman que «la psicología debería william montgomery urday 314 depender de la descripción unitaria de la mente» [y que] «La epistemología de la psicología investiga la definición de lo mental asumiendo el pluralismo de las disciplinas psicológicas como un hecho, más que como un problema». Green (2015), coincidiendo con el espíritu de la visión de Ribes, considera que, si se produjera algún tipo de unificación futura, sería más probable que fuera una versión paradójicamente dividida en varias grandes subdisciplinas. A manera de conclusión de esta parte, se reproduce el siguiente fragmento de Montgomery (2006): Sin dejar de reconocer la importancia de los argumentos presentados por los simpatizantes del separatismo paradigmático, es conveniente advertir que su última consecuencia práctica sería la del caos total, o por lo menos, la de la eterna estratificación de la disciplina: su división en pequeñas cofradías, cada una con su propio feudo epistémico, teórico, metodológico y aplicativo. Teniendo en cuenta que la coexistencia de todas las opciones paradigmáticas sería difícilmente «pacífica» o «mutuamente indiferente» —tanto menos en un mundo fuertemente competitivo a todo nivel—, es lícito suponer que tendría que haber confrontación entre ellas, aunque sea de manera involuntaria, e incluso intercambios y asimilaciones […] Pensar que alguno de los enfoques pueda prevalecer finalmente en base a sus méritos intrínsecos, sin recoger ni reformular nada de los demás, parece bastante utópico. (p. 15) 2.2. Eclecticismo El eclecticismo se puede manifestar de dos maneras, una asistemática y otra sistemática. La primera de ellas bastante elemental, aunque también muy generalizada: se enfoca el interés únicamente, o, en primer lugar, en aspectos metodológicos y aplicativos, y las diferencias teóricas y epistémicas quedan al margen por obra y gracia de resultados objetivos que pasan por encima de su dimensionamiento conceptual. Edwin G. Boring (1886-1968), importante historiador de la psicología, afirmó en un ensayo titulado Psychology for Eclecties (1930), que los eclécticos son «muy numerosos y tal vez constituyan la mayoría de los psicólogos. Sin embargo, su presencia muchas veces pasa inadvertida porque no tienen un nombre que los identifique y tampoco capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 315 una conciencia de grupo» (Cit. por Allport, 1983, p. 16). Según eso, este practicismo nada sofisticado es, por desgracia, desde siempre común entre ciertos sectores de la comunidad psicológica sin suficiente formación, lectura ni experiencia. A veces incluso se considera un «mérito» ser indiferente a la teoría y a la filosofía en aras de una supuesta actitud de «preferencia por la acción», que, en realidad, más parece esconder cierta pereza por estudiar. Lo que se pasa por alto es que, en una actitud así, siempre hay suposiciones ocultas que guían desordenadamente los quehaceres «prácticos» y su presentación final en comunicaciones públicas. Por ello, con el objeto de subsanar la carencia de fundamentos, los autores eclécticos asistemáticos recurren al auxilio de retóricas de diverso calibre para pasar airosamente las revisiones por pares: por un lado, la retórica seca y rígida, plagada de aparentes «reuniones de hechos» (a menudo estadísticos) tal como se estila en la normativa de publicaciones APA; y, por otro, la retórica engañosa y con errores lógicos que enuncia constructos tras constructos, para persuadir al lector de que se está tratando un tema muy profundo —dicho sea de paso, el que una gran cantidad de artículos científicos sean aceptados a pesar de todo, revela, como dicen Slaney, et al. [2024], que el problema es sistémico, no solo culpa de los autores. En la mira de Montgomery (2006): «De predominar dicha perspectiva en su reductio ad absurdum no sólo se haría formalmente indistinguible la buena de la mala teoría / práctica profesional, sino que inclusive se atentaría contra la existencia de una ciencia psicológica. Como se puede ver, esta tendencia se caracteriza por el descuido extremo de su puesta en acción» (p. 15). El eclecticismo sistemático tiene más y mejores razones que alegar para buscar su aceptación. Para Allport (1983), el eclecticismo es un ideal y un reto, al tratar de edificar «un sistema que busca la solución de problemas fundamentales al seleccionar y unir lo que se conceptúa verdadero de los diversos enfoques especializados de la ciencia psicológica» (p. 15). En este afán, la tendencia obliga a integrar cada generalización empírica aportada por investigadores competentes en categorías y conceptos propios de quien los rescata, porque «no estamos obligados a aceptar cualquier teoría que se refiera a lo que en verdad ocurre» (Ib., p. 18). Allport señala que el particularismo (tal como llama al separatismo) posee varios méritos, entre los cuales menciona la claridad de su discurso y la moral elevada que funda dentro de 316 william montgomery urday una comunidad selecta, así como los aportes que ofrece aun sin conseguir su objetivo de imponerse como el único punto de vista. No obstante, sus desventajas son igualmente determinantes: por un lado, ignora todo aquello que no se ajuste a su esquema; y por otro, reduce la explicación de la totalidad de los fenómenos a un solo aspecto. Desde la perspectiva de Allport, un eclecticismo sistemático no sería posible sin resolver varias cuestiones: el problema del dualismo (del yo y de la relación cuerpo-mente), la función de la conciencia y el problema de la intencionalidad. Expresa su esperanza de que la teoría general de los sistemas —en especial respecto a los sistemas abiertos— pueda convertirse en un enfoque fructífero para este tipo de eclecticismo, siempre y cuando no esté «en las manos de los positivistas» (Allport, 1988, p. 24), y declara que el existencialismo y otras versiones fenomenológicas también son buenas candidatas para dicho efecto. Mientras tanto, recomienda el pluralismo y le achaca al conductismo la responsabilidad de haber forzado conclusiones anticipadas para unificar la psicología. Sternberg & Grigorenko (2001), y Sternberg (2005) también aportan su esfuerzo intelectual para proponer salidas al entrampamiento desunificador de la psicología. Su idea básica es que el problema principal de semejante situación radica en la propensión de los psicólogos a abrazar una perspectiva o metodología dogmáticas al interior de una sola corriente o área. Esto lleva a concebir los fenómenos psicológicos solo desde un punto de vista. En contraposición, dicen, la salida es adoptar otra perspectiva menos mediada teóricamente: la de analizar directamente dichos fenómenos, especializándose en los que sea pertinente hacerlo (por ejemplo, el aprendizaje y la memoria, o la motivación y la emoción), y recién luego ir a revisar los supuestos y métodos que, desde varias posibilidades de apreciación (evolucionismo, cognitivismo, psicoanálisis, conductismo, genético, etc.), están disponibles para el estudio de esos fenómenos. El hecho fundamental, dicen, es que «no existe una perspectiva correcta única» (Sternberg & Grigorenko, 2001, p. 1075). En el ámbito de la psicoterapia, en el plano más amplio, según Melchert (2016), la psicología clínica está preparada para su unificación sobre tres bases: la teoría de la evolución, la neurociencia y los datos empíricamente verificables. Pero en la mayoría de los casos el eclecticismo es técnico, es decir, toma la forma de una selección de procedimientos de intervención clínica que, independientemente del paradigma del cual provienen, se juzgan capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 317 útiles para enfrentar un problema psicológico. Las más conocidas de estas propuestas son, entre otras, las de Arnold Lazarus (1999) con su terapia de amplio espectro o Terapia Multimodal, y la de Albert Ellis (2006), llamada Terapia Racional Emotivo-Conductual. Pero, como en el caso del mismo Allport, ninguna de ellas es realmente un eclecticismo sujeto a diversidad total. Así como Allport procede de un enfoque humanista que llama personológico, Lazarus está inserto en el de aprendizaje social y Ellis en el cognitivo-conductual. Entonces, lo que hacen ellos no es «integracionismo», es simplemente adoptar técnicas ajenas que remodelan o adaptan para ciertos usos de acuerdo con el punto de partida de cada autor que las recoge. El eclecticismo técnico, amén de vincularse a las ansiedades por satisfacer las demandas de los usuarios, también podría ligarse a ciertas creencias culturales poco explícitas, pero determinantes de la orientación teórica y profesional, acerca de lo «profundo» de la naturaleza humana, imposible de abarcarse a partir de un solo enfoque, aunque este se haya asumido como válido. Así, Jensen, et al. (1990) encontraron en su investigación de la realidad norteamericana que, si bien la mayoría de los practicantes que encuestaron se declaraba de tendencia ecléctica, otros indicadores señalaban la presencia de rastros psicodinámicos en su orientación. En otros casos, la mudanza de un marco teórico particularista al eclecticismo se debe a la insatisfacción personal con el primero. Como reseñan Müller, et al. (2008): Norcross, Karpiak & Lister (2005) encuestaron a los psicoterapeutas de la División 12 de la American Psychological Association. En este estudio el interés principal de los investigadores era sobre las concepciones y prácticas de la psicoterapia de los miembros integracionistas / eclécticos de esa división. La mitad de los psicoterapeutas de esta muestra autodefinidos como integradores / eclécticos reportaron adherir a un marco teórico específico antes de girar a un modo de trabajo más integrador o ecléctico. Esta misma tendencia se observó también en estudios previos […] En general, esta orientación teórica previa era psicoanalítica / psicodinámica (46%), cognitiva (20%), y comportamental (11%) (Norcross et al., 2005). Muchos de los psicoterapeutas que han girado a un abordaje de tipo integracionista / ecléctico provienen de una práctica apoyada en teorías psicoanalíticas / psicodinámicas. (p. 226) 318 william montgomery urday Los citados Müller, et al. terminan afirmando que, en su propia investigación hecha en Argentina, los resultados fueron en general similares, con la atingencia de que cuando los pocos psicoanalistas que pueden mencionar la epistemología que da soporte a su teoría clínica, lo hacen, nombran el estructuralismo. En cambio, los integracionistas se refieren al constructivismo. 2.3. Las «vías de organización multinivel» Desde la óptica asumida por el autor del presente texto, la vía del eclecticismo sistemático podría ser atendible a condición de completarse con algunas cuestiones aditivas que aminoren los reduccionismos particularistas. Lo cierto es que, por difícil que sea el camino, el tema de la unificación de la psicología es, en principio, un ideal irrenunciable. Por lo menos hasta que no se pruebe fehacientemente su imposibilidad. Como dice Zerpa (2010): Si los psicólogos […] se comportan […] observando atentamente los principios éticos y deontológicos que caracterizan a su profesión, la idea de unicidad supera a la idea de fragmentación o especialización del campo disciplinar. En efecto, la ética de la profesión confiere un estatus disciplinar que a la vista de los mismos psicólogos resulta común; es decir, unitario: los psicólogos pueden dejar de lado sus diferencias metodológicas y conceptuales y asirse a una ética que les confiere comunalidad intra profesional y distinción interdisciplinaria. (p. 94) Hay enfoques unificadores que podrían etiquetarse como paradigmas de organización multinivel. Estos marcos o programas no son tentativas eclécticas de carácter tradicional, ellos parten de tradiciones de investigación muy prolijas, con abundantes datos empíricos, y se consideran abiertos a nociones enriquecedoras ajenas que puedan ser asimiladas sistemáticamente, así que no postulan teorías o sistemas totalizadores que empaqueten la diversidad en un solo esquema. Entre las propuestas aludidas, pueden mencionarse la «teoría puente» de Staats (1997, 2003, 2005); el «programa de trabajo» de Ardila (2006, 2010); y el «Tok Sistem» de Henriques (2011, 2022); esquemas heurísticos con orientación empírica que incluyen análisis capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 319 de diversos e inclusivos aspectos en relación con un núcleo teórico y filosófico definido. De entre ellas, el modelo más desarrollado parece ser el de Staats (1997, 2003, 2005), en su «conductismo psicológico», por lo que daría razones para llamar a estas formulaciones «vías de organización multinivel». Eso porque propone un ordenamiento jerárquico donde cada nivel de interacción abarca un conjunto de fenómenos de un área que son materia de análisis a partir de una teoría de marco de referencia en permanente desarrollo, generando métodos y descubrimientos a partir de un muestreo de problemas existentes en el nivel que le corresponda. Cada uno de los niveles, cuenta, así, con su propia teoría de marco de referencia, que a su vez debe conectarse con los demás niveles formando un esqueleto conceptual que es llamado «teoría puente» porque relaciona los hallazgos en cada uno de los niveles jerárquicos. El error de las teorías tradicionales señala Staats, es formular supuestos o principios en un área restringida y de ahí generalizarlos a toda la extensa disciplina; es así como cada teórico sobreestima sus explicaciones y las termina oponiendo a todas las demás. No se hace ningún esfuerzo por revisar a fondo enfoques alternos de los mismos fenómenos ni menos por comunicarse con otros investigadores. Tampoco se relacionan áreas y conceptos, ampliando las distancias terminológicas y dejando de considerar importantes estudios. La solución, entonces, pasa por construir una teoría puente multinivel que entronque conceptos, métodos y datos entre los distintos escalones, articulándolos e integrándolos tanto de manera ascendente como descendente. Vale decir, ninguno es más importante que los demás. Staats plantea nueve niveles, seis de ellos pertinentes al plano personal y tres a procedimientos adecuados a su tratamiento. Estos son: 1) biológico, 2) de aprendizaje animal básico, 3) de aprendizaje humano, 4) interacción social, 5) desarrollo del niño, 6) personalidad, 7) evaluación psicológica, 8) psicología anormal, y 9) psicología clínica (tabla 7.4). En ellos cabe puntualizar que los principios explicativos que supone Staats son los más abarcadores, pertenecen al aprendizaje, dotando de unidad al todo. william montgomery urday 320 Tabla 7.4. Estructura jerárquica de una teoría puente según la propuesta de A. W. Staats (adaptado de Montgomery, 2006, p. 19). NIVELES PRINCIPIOS EJEMPLOS Biológico Neurofisiología del aprendizaje Sistemas sensorial y nervioso. Sistemas de respuesta. Evolución de mecanismos del aprendizaje. Aprendizaje animal básico Aprendizaje de tres funciones Condicionamiento. Generalización. Motivación. Aprendizaje humano E-R complejos. Repertorios Mecanismos E-R básicos. Aprendizaje acumulacognitivos complejos tivo-jerárquico. Interacción social Actitudes y cognición social. Interacciones de indiRelaciones interpersonales. Inviduos y grupos terculturalidad y aprendizaje. Desarrollo del niño Aprendizaje/desarrollo acumulativojerárquico Lingüístico-cognoscitivo. Emotivo-motivacional. Sensorial-motor. Personalidad Repertorios básicos de conducta Concepto y sistemas de personalidad. Interacción medioambiental. Evaluación psicológica Psicometría conductual Relaciones conducta-personalidad. Construcción de pruebas, aplicaciones y usos clínicos. Psicología anormal Terapia de conducta anormal Repertorios básicos inapropiados. Categorías de diagnóstico. Interacción medioambiental. Psicología clínica Terapia de conducta Modificación y terapia de conducta. Evaluación psicológica. Interacción medioambiental. Las recomendaciones de Staats para facilitar el camino hacia la unificación de la psicología y darle un nuevo estatus de ciencia respetada, son sencillas: comenzar por citar autores ajenos al propio punto de vista, rela- capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 321 cionando sus constructos o hallazgos con temas relativos a aquel; prestar atención a los principios comunes implicados en los objetos de estudio, hallar similitudes entre las teorías que se ocupan de estudiar los fenómenos, e incorporar en progresivas elaboraciones los conocimientos obtenidos. Desde la óptica de Ardila (2006, 2010), hay un panorama de incertidumbre respecto a la desunión de la psicología que se decanta empezando por la discusión sobre el objeto de estudio (psique, mente o comportamiento); la metodología por utilizar (cuantitativa, cualitativa, intuitiva, introspeccionista, experimental); el nivel de análisis (nomotético o ideográfico); las aplicaciones profesionales (científica o empática e intuitiva); la psicología como ciencia (natural o social / humana); y el papel de factores culturales, sociales, políticos, geográfícos e ideológicos en la disciplina. Frente a ello, dice Ardila, se presenta una disyuntiva respecto a las ventajas y desventajas de unificar la psicología, con activistas a favor y en contra de una u otra, siendo, sin embargo, mayoritaria la de los que pretenden que es posible y deseable una integración. En esa perspectiva sitúa su propuesta de «síntesis experimental del comportamiento» (SEC), en la presunción de que cualquier alternativa seria tendría que incorporar un marco objetivista, naturalista y metodológicamente basado en la evidencia, que es el que en la historia ha producido mayores avances en la constitución de un cuerpo de conocimientos válido y confiable. El «paso inicial» para iniciar esta asunción es el análisis experimental del comportamiento (AEC), que sería el marco de referencia desde donde se rescaten hallazgos científicos aportados por otros sistemas (léase neopsicoanálisis, la psicología cultural, la psicología humanista y la psicología cognitiva), buscando los puntos de convergencia y traduciendo aquello que amerite incluir dentro de dicho marco relacional, procesual e histórico; sean aspectos cognoscitivos, lingüísticos, emocionales o sociales. Algo recalcable es que: […] la SEC no es ecléctica ni tampoco se identifica con el conductismo radical skinneriano4, ni con ninguna otra de las escuelas clásicas. No es una 4 Aunque el Dr. Ardila cuida de no identificar su propuesta con la de Skinner, y es claro que esta amplia notablemente el AEC, es indudable que, al partir de los mismos principios generales que este, no puede evitar sujetarse a críticas (justificadas o no) 322 william montgomery urday nueva escuela psicológica, sino un programa de investigación para superar la fragmentación de las escuelas y la desunión de la psicología, respetando su diversidad de áreas de investigación, campos de aplicación, niveles de análisis y pluralidad de metodologías. (Ardila, 2010, p. 81) La SEC sugiere que la metodología utilizada debe estar signada por la multiplicidad, de acuerdo con el fenómeno bajo estudio; adaptando las técnicas —correlacionales, observacionales, estudios de campo, estudios de caso, metodologías cualitativas— que se requieran para observar y analizar datos de diferente naturaleza y proveniencia. Asimismo, fortalecer el método mediante las matemáticas y procurar integrar teóricamente los hechos, sin descuidar el carácter humanista del trabajo científico en su perspectiva, valores y objetivos. Todo esto debe tener, igualmente, consecuencias de aplicación eficiente en la tecnología de intervención. Ardila termina haciendo la observación de que ninguna ciencia está libre de disensos, los cuales son parte de cualquier empresa académica. Por ello no se deben sobredimensionar las controversias existentes en la psicología para suponer que en vez de ella tendrían que haber solo «estudios psicológicos»: hay una sola psicología. La contribución de Henriques (2011, 2022) viene acompañada del «Sistema del árbol del conocimiento» (Three of knowledge system o ToK System), un modelo de aproximación «metaparadigmática» a la psicología que pretende asumir el papel de esquema unificador, entendiendo que la fragmentación de dicha disciplina se debe a la ausencia de un marco metateórico y holístico que facilite a su academia el acuerdo sobre cuestiones básicas. La «teoría unificada» que comanda esto se dirige por cuatro ideas clave: 1) el sistema del árbol del conocimiento; 2) la teoría de los sistemas de justificación; 3) la teoría de la inversión conductual; y 4) la matriz de influencia. como la de Pardos (2010) , quien recalca que aquel carece de «principios que permitan pasar del acto al contenido, de los procesos de adquisición de conducta a la representación mental, tanto de procesos como de contenidos estáticos, ni articular de forma suficiente el efecto de la motivación en la producción de los procesos, al asentarse en principios conductuales que fían en las propiedades físicas del entorno la capacidad de desencadenarlos, o que no explican la cristalización de la historia del reforzamiento en términos de contenidos mentales, entidades interiorizadas y dotadas de energía, separadas del mundo exterior» (p. 106). capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 323 1) El sistema del árbol del conocimiento, que es el núcleo del enfoque, comienza describiendo la línea de surgimiento de la ciencia a partir de la cultura, considerando cuatro grandes clases de disciplinas científicas: física, biología, psicología y social, que, a su vez, caracterizan cuatro niveles. La meta es rastrear el comportamiento mental humano a través de una especie de mapa de evolución cósmica, y sintetizar coherentemente las «dos culturas» de la ciencia y las humanidades. La emergencia de la complejización conductual plasmada en línea temporal consiste en cuatro dimensiones o planos de existencia: a) materia-objeto; b) vida-organismo; c) mente-animal; y d) cultura-persona (figura 7.1). Figura 7.1. Sistema del árbol del conocimiento, donde cada nivel de desarrollo se conecta con una especialidad científica. Para simplificar la figura se ha obviado la línea de tiempo que enlaza el origen del cosmos con el presente (elaboración propia, basada en Henriques, 2011). william montgomery urday 324 A nivel de operaciones, la consiliencia procura interconectar hechos y teorías de manera coherente, enlazando varias ideas diferentes para generar el todo, lo que facilitaría evitar confusiones y permitir nuevo conocimiento fructífero. A manera de ejemplo, Henriques aplicó el ToK Sistem para conciliar las ideas clave de figuras como las de Skinner y Freud, que no solo gozan de influencia histórica, sino que tradicionalmente representan una oposición aparentemente difícil de integrar. El resultado de esta consiliencia puede verse en la tabla 7.5. Tabla 7.5. Correspondencias entre las principales postulaciones de Skinner y Freud (Montgomery, 2006, p. 20). SKINNER CORRESPONDENCIAS FREUD Selección verbal Cultura humana Superego Selección conductual Conducta animal Ego Selección natural Biología Id Según Henriques, tanto Skinner como Freud representaron visiones incompletas pero complementarias de los fenómenos psicológicos. Por ejemplo, la genialidad de Skinner al aplicar la teoría de la evolución de Darwin a la psicología se vería recortada por su falta de atención al papel del sistema nervioso y los genes. Así, por lo tanto, no estaría respaldado por la neurociencia cognitiva, mas en el contexto adecuado su perspectiva sería útil para el nivel explicativo (niveles 2 y 3). Por su parte, a pesar de sus fallas conceptuales, las ideas de Freud acerca de la frontera entre la consciencia y la inconsciencia, y sobre el yo humano como instrumento central de justificación de la primera por la segunda, serían importantes para el proceso que contribuiría significativamente a la comprensión del contexto cultural (nivel 4). 2) La teoría de sistemas de justificación es la segunda idea clave, constituyendo una metateoría que se posiciona como el punto de unión entre la capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 325 mente y la cultura, una hipótesis estructural y funcional de cómo los ancestros de los primates homínidos habrían evolucionado hasta ser personas humanas modernas. Henriques cree que la aparición del lenguaje proposicional sucedió aproximadamente 100.000 a 200.000 años, acelerando la evolución cultural humana. Supone, además que proporciona un enfoque novedoso a la ontología y la epistemología de la construcción social del conocimiento en un contexto histórico y cultural específico. 3) La teoría de la inversión conductual es la tercera idea clave, en tanto conexión entre la vida y la mente. Así, es una metateoría para la mente, el cerebro y los animales. Constituye un plano adaptativo complejo de la existencia que está separada tanto del plano del organismo de vida que está debajo de él, como del plano cultura-persona por encima de él. Es el plano de la selección conductual skinneriana combinado con modelos neurocognitivos modernos, por lo que es posible conciliar entre los enfoques mentalistas convencionales y las ideas centrales de Skinner sobre la selección del comportamiento animal a través de sus consecuencias. 4) La matriz de Influencia es la cuarta idea clave. Extiende la idea anterior, mapeando el sistema de relaciones humanas al caracterizar el andamiaje arquitectónico mental del individuo humano en relación con otros, guiando e impulsando la actividad de sus procesos perceptivos, motivacionales y emotivos en un escenario social en que los humanos muestran tendencias a justificar sus actos para mantener sus relaciones y estatus personal. En suma, un interesante ejercicio para construir una teoría unificada, que, no obstante, se sujeta a críticas como la de Hayes (2004), quien señala que desde el punto de vista del contextualismo funcional, en la ciencia exitosa no basta con asegurar la coherencia de un modelo por sí misma. Se requiere antes que nada conseguir precisión, alcance y profundidad analítica para facilitar las operaciones de predicción y control respecto a los fenómenos psicológicos. En ese sentido, Henriques carece de datos o iniciativas específicas de investigación que justifiquen su propuesta taxonómica del ToK System. 326 william montgomery urday 3. OTRAS TENSIONES 3.1. Tensión entre la psicología básica y la aplicada No obstante que, en 1935, la División Clínica de la APA definió su especialidad y función profesional en deuda con el uso de métodos y principios científicos para valorar patrones y capacidades individuales, refiere Hergenhahn (2011) que en 1937 los miembros de dicha sección, descontentos con la falta de atención a los estándares de la práctica psicoterapéutica, abandonaron la APA y formaron su propia organización llamada American Association for Applied Psychology. Cincuenta años después, en 1987, la Asamblea de Psicólogos Científicos y Aplicados (ASAP) se formó al interior de la APA para apoyar una reorganización, pues juzgaba que esta privilegiaba demasiado el quehacer aplicado por encima del científico, pero el plan fue rechazado por la mayoría de los miembros conformes con la dirección de la APA en aquel momento. Entonces, en 1988 la ASAP se convirtió en American Psychological Society (actualmente Association for Psychological Science: APS), y se desgajó de la APA, constituyéndose como organización independiente con valores favorables a la práctica de la ciencia en contraposición a la «humanista» (véase Simonton, 2000, para una revisión de esas diferencias). Ya en 1949, en la Conferencia Boulder, se habían fijado algunas pautas conciliatorias entre esos dos puntos de vista, configurando el modelo del «científico practicante» que debía ser enseñado en las instituciones superiores. Ese ha sido a lo largo de la historia de la psicología el modelo predominante, aunque no puede asegurarse que haya sido seguido con mucha escrupulosidad. De hecho, en sucesivas conferencias posteriores, se fue flexibilizando para dar mayor entrada al interés aplicado; de cualquier manera, la inmensa mayoría de planes curriculares en el mundo se estructuraron en acuerdo formal con dicho modelo. En Latinoamérica, el «modelo Bogotá» se formuló en 1974 (Gallegos, 2010), procurando dar línea a la formación del psicólogo en esta parte del continente. Dicho modelo, básicamente, reafirma el de científico practicante pero adaptado a la realidad local, y permanentemente supervisado por la Sociedad Interamericana de Psicología (SIP), la Federación Iberoamericana de Asociaciones de Psicología (FIAP), y la organización Mercosur. Esta historia refleja la tensión que por décadas ha afectado las capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 327 relaciones entre la psicología básica y la aplicada, no ajena, por cierto, a los desencuentros ya reseñados sobre la orientación derivada de la psicología filosófica versus la de la psicología científica, o enfoque humanista versus empirista. Como puntualizan Hoffman & Deffenbacher (1993), de acuerdo con lo que llaman «la concepción común», la investigación básica procura dirigirse en función a principios generales y a cuestiones científicas fundamentales, mientras que el trabajo aplicado busca prestar servicios aplicando principios conocidos a problemas prácticos específicos. En este contexto, la ciencia básica genera ideas y métodos que la práctica aplicada utiliza para resolver problemas particulares (tabla 7.6). Tabla 7.6. Algunas características distintivas incluidas en la concepción común de investigación básica versus aplicada (adaptado de Hoffman & Deffenbacher, 1993, p. 319). Relación con la actividad Básica Aplicada Materiales y tareas Creada artificialmente «Naturalista» Diseño y metodología Prueba de control de hipótesis Aplicación de principios conocidos Entorno típico Laboratorio académico Industria del «campo» Relación con el propósito Elección del problema Fundamentos teóricos Problemas y necesidades prácticas Meta Refinamiento de la teoría Soluciones a problemas Rango de aplicación o generalización Amplio Estrecho Investigación Experimentador-Científico Técnicos-Practicantes Inversión A largo plazo A corto plazo 328 william montgomery urday No obstante, Hoffman y Deffenbacher consideran que esta concepción tiene algunas debilidades: 1) la subespecificación de los entornos de investigación, por ejemplo utilizando términos poco definidos, como los que van entre comillas en la tabla 7.6; 2) encontrar que la investigación puede tener características opuestas a las que la concepción común espera: así, una indagación «aplicada» puede tener implicaciones más amplias respecto a métodos útiles para medir la complejidad de principios básicos; 3) igualmente, la investigación puede caer en ambos polos, dado que los programas podrían involucrar entornos tanto de laboratorio como naturales; y 4) no se logra capturar la interdependencia de la ciencia y sus aplicaciones, en la medida en que se dice que la llamada investigación aplicada se basa en métodos y principios que han sido desarrollados en el contexto del laboratorio. Aun así, suponiendo que se quisiera salvar la distinción simple aplicado-básico, se podría decir según Hoffman & Deffenbacher (1993) que: 1) La investigación aplicada, por definición, debe poseer validez ecológica (una situación de referencia del entorno natural) o utilidad ecológica (beneficios o prescripciones pragmáticas). Ya sea que la investigación parezca o no de gran relevancia o utilidad epistemológicas. 2) La investigación básica, por definición, debe poseer validez epistemológica si pretende informar sobre cuestiones teóricas importantes (utilidad epistemológica o poder descriptivo). Independientemente de si su objetivo principal es informar sobre situaciones que no son de laboratorio. (p. 341) Todo lo dicho anteriormente parece volver indispensable definir bien la diferencia entre psicología básica y aplicada si se quieren establecer sus respectivas misiones complementarias. El conocimiento psicológico es una construcción, no preexiste respecto de la manera en que los psicólogos lo definen y delimitan. Ribes (2009b) detalla semejante proceso. Si bien el conocimiento psicológico proviene en primer lugar de un análisis científico del mundo empírico, este análisis pasa por encima de los objetos y acontecimientos concretos que componen dicho mundo, abstrayendo y fragmentando, mediante la observación y la experimentación, propiedades genéricas que constituyen nuevos objetos y acontecimientos en términos ya de una construcción conceptual. Es a partir de aquella que se ejerce capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 329 el conocimiento aplicado (sea tecnológico o práctico), trasladándose a un escenario no propiamente psicológico (sanitario, educativo, comunal, organizacional, etc.); por lo que, obviamente, se requiere de una forma de vinculación que, a manera de interfase, conecte entre el criterio utilizado para delimitar el evento psicológico en relación con lo concreto y singular del ámbito disciplinario que intersecta, asunto que, generalmente, se traduce en el uso de categorías terminológicas sintéticas («lenguajes técnicos»), y/o de modelos capaces de particularizar procedimientos tecnológicos en experiencia directa con los objetos y acontecimientos específicos motivo de la intervención. A menudo, la intervención psicológica requiere de una integración multi o interdisciplinar con campos limítrofes (psicocibernética, neuropsicología, psicolingüística, sociopsicología, biopsicología, medicina conductual, y otras muchas)5. El criterio de efectividad de las operaciones para validar el conocimiento aplicado se fija en torno a la posibilidad predictiva y a la eficiencia de sus resultados de modificación. Como dice Ribes (2009b): Desde un punto de vista general, la psicología aplicada podría concebirse de tres maneras: 1) como un cuerpo de conocimiento científicamente validado, cuyos problemas a resolver se plantean a partir de situaciones concretas; 2) como un cuerpo de métodos para definir, analizar y resolver problemas en diversidad de situaciones específicas; o 3) como un cuerpo de conocimientos y técnicas desarrolladas lógicamente a partir de una teoría y metodología, cuyo objetivo es sistematizar el análisis y solución de áreas de problemas específicos. (p. 5) 5 Paoli (2019) aclara cómo la multidisciplina constituye una «colaboración o concurrencia disciplinaria [que] implica la participación de más de dos disciplinas en una investigación o estudio, sin perder cada una su caracterización o abandonar su metodología propia» (p. 349). Asimismo, dice: «La interdisciplina es algo más complejo que la multidisciplina, porque no es la yuxtaposición de disciplinas para estudiar algo, sino que exige una integración de la teoría o elementos de la teoría científica de varias disciplinas. Esa integración, requiere a su vez el diseño de una metodología, que utilizan de común acuerdo y con la misma estrategia, investigadores formados en disciplinas distintas» (p. 351). 330 william montgomery urday El equilibrio entre la especulación teórica, la intuición y el seguimiento del canon científico, debe constituir la base en el quehacer psicológico para disminuir las tensiones y armonizar la colaboración entre el profesional interesado en la investigación «pura», y el profesional que elige prestar servicios como solucionador de demandas sociales; mas, naturalmente, esto será más fácil si tanto el «teórico» como el «práctico» se mueven dentro del mismo paradigma general. Por el lado de la versión postpositivista, específicamente de la psicología cognitivo-conductual, Olivares, et al. (2012, p. 58) recomienda: a) Considerar cualquier intervención como un experimento, lo que requiere que tanto el proceso de intervención como las estrategias utilizadas hayan de especificarse con precisión, de forma que sea posible su réplica. b) Validar empíricamente tanto las formulaciones teóricas (falsación), las estrategias e instrumentos de evaluación y los tratamientos que se aplican. c) Tener presente que existe un compromiso especial con la valoración experimental de la propia intervención. Para la teoría crítica, específicamente de la psicología fenomenológicaexistencial, Carl Rogers (1979) desarrolla la tesis de que deben complementarse entre sí tres formas de conocimiento: uno subjetivo, el otro objetivo y otro fenomenológico, cuyo entrelazamiento configura una ciencia inclusiva de aspectos científicos y personológicos. El conocimiento subjetivo aporta un marco de referencia interior a partir de lo que experiencia la persona, generando hipótesis creativas internas; el conocimiento objetivo acude a un marco de referencia externo que le permite al sujeto observar sus respuestas superficiales; y el conocimiento fenomenológico implica habilidades y comprensión empáticas respecto al entorno interpersonal. La interrelación entre estos tipos de conocimiento articulados por el último de ellos, según Rogers, lleva a una mejor conexión con los problemas fundamentales de la existencia humana. En suma, según los juicios más benignos del problema. la psicología necesita replantear su organicidad disciplinaria para integrar la pertinencia de conocimientos básicos y aplicados en una adecuada transferencia de categorías dentro de su cuerpo científico, potenciando así la calidad de sus procedimientos y sirviendo de guía para otras profesiones. capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 331 3.2. Tensión entre modernismo y posmodernismo Otra controversia de mucho peso es la dada por el choque entre las cosmovisiones modernista y posmodernista. En el capítulo 4 ya se vieron las líneas fundamentales del posmodernismo en lo que respecta a la filosofía. En lo que respecta a la psicología, su influencia inicial se centralizó en el «construccionismo social» del académico estadounidense Kenneth J. Gergen, quien profesa una visión radical del conocimiento en términos de construcción social, lo que quiere decir que lo que es un ser humano está definido por sus relaciones con el entorno convencional (o sea, la comunidad de significados compartidos). Así, todo lo que se llama «mental» y «moral» no es más que la forma en que dichos significados se utilizan en convención. Esto, desde luego, tiene enormes coincidencias con la filosofía pragmática del lenguaje como «forma de vida» de Wittgenstein además del historicismo kuhnniano, del interaccionismo simbólico de Mead y Blumer, y del constructivismo radical de Watzlawick. Para Gergen (2007), el modernismo surge con la ilustración y consolida una epistemología basada en «el santuario limitado y sagrado de la mente» (p. 95), trazando una distinción entre la internalidad de la mente y la externalidad material cuyos inputs la afectan, que ha moldeado el estudio psicológico en un esquema controlista. Así, […] la mente individual llegó a ser un objeto de estudio preeminente, y segundo, el conocimiento de la mente humana se llegó a entender como un logro de las mentes individuales de los investigadores científicos. Si, por una parte, la mentalidad individual es la fuente de toda conducta humana, entonces descifrar los secretos de los procesos mentales es ganar un cierto grado de control sobre la acción humana. (Gergen, 2007, p. 95) En este contexto modernista, el lenguaje solo es un referidor y transmisor de los contenidos de la mente: se reportan estados, sentimientos e ideas sobre las realidades interna y externa que se someten a verificación «objetiva» mediante observación sistemática, presuponiendo que tales realidades están divididas; sin caer en la cuenta de que cualquier tipo de realidad es construida no por el individuo (en esto reside la diferencia con el constructivismo radical), sino por el conjunto de relaciones sociales en las que se william montgomery urday 332 halla inmerso el individuo. O, como dice Gergen (2007), «el lenguaje no es hijo de la mente sino de los procesos culturales» (p. 100). Frente a ello, las críticas de los psicólogos modernistas se hacen sea defendiendo la existencia de un mundo real (empirismo), sea defendiendo la idea de la existencia de la mente como una entidad propia del ser humano (racionalismo). La respuesta de Gergen es que el posmodernista no sostiene ningún dogma ni le interesan las verdades últimas, sino que busca conducir el cuestionamiento al plano pragmático: ¿a qué lleva cada una de las concepciones? Si se cree en una realidad diversa, la respuesta será muy diferente a si se cree en una sola. La aceptación dialógica de la variedad hace florecer los métodos y surgir nuevas prácticas valorativas y cualitativas, propendiendo a construir una psicología repleta de recursos. Por este camino, Hanfstingl, et al. (2023) piden comprender de otra manera la objetividad, considerando diferentes perspectivas de teorías, métodos y diseños (por ejemplo, análisis de especificación, metaanálisis, metaanálisis combinatorios) respecto a fenómenos psicológicos de interés. en vez de constructos sobre ellos. Es decir, un cambio de paradigma en el entendimiento de la ciencia. En la Tabla 7.7, se ven algunas diferencias entre el enfoque moderno y posmoderno de la ciencia psicológica, según los autores citados. Tabla 7.7. Comparación de supuestos clave de lo «moderno» versus lo «posmoderno» y otras epistemologías en psicología (adaptado de Hanfstingl, et al., 2023, p. 3). PSICOLOGÍA MODERNA PSICOLOGÍA POSMODERNA Y MÁS ALLÁ Protociencia Ciencia paradigmática La necesaria atención a los fenómenos ciencias psicológicos y sus peculiaridades, requiriendo la implicación de ciencias más allá de las ciencias naturales tradicionales. Generación de conocimiento colectivo Generación de conocimiento a través con menos enfoque en investigadores de la autoridad y la jerarquía cientíindividuales influyentes y más bien en fica, centrándose en personalidades la diversidad de los investigadores y sus científicas importantes («VIP de la antecedentes socioculturales y de invesciencia»). tigación. Orientación hacia las naturales tradicionales. capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 333 Teorías y enfoques que son válidos sólo a Las teorías generalizadas se conside- nivel local o temporal, y que esta validez ran válidas en todos los contextos y limitada se considera una fortaleza más poblaciones. que una debilidad; Acepta la contextualidad de los hallazgos. Conocimiento individuales. Enfoque principal empíricos. de estudios Conocimiento procedente de metaanálisis, metasíntesis y revisiones. en Centrarse tanto en el desarrollo de teorías estudios como en estudios empíricos. Plausibilidad de la aplicabilidad de un Jerarquía implícita de la calidad de método y su adecuación a las peculiaridalos métodos científicos con los méto- des del estudio. dos cuantitativos en la cima. Fenómenos. Uso múltiple y complementario de diferentes Centrarse en un solo método, un enfométodos, enfoques, teorías o incluso disque o una teoría. ciplinas para obtener nuevos conocimientos. Orientación hacia los fenómenos psicolóOrientación hacia constructos psico- gicos en sí mismos, lejos de las creencias lógicos. sobre ellos reflejadas en los constructos cotidianos. Los estudios replicados producen Reinterpretación de la replicación como conocimiento válido, los estudios no método para examinar la generalización y replicados producen conocimiento no la contextualidad. válido. Reinterpretación de la estadística como La estadística como generadora de actividad socioconstructivista legítimaverdad. mente dependiente del investigador. Reglas sobre cómo utilizar los princi- Arbitrariedad en el uso de principios mepios metodológicos. todológicos. Aceptar el conocimiento como válido Una mirada crítica a los procesos de geporque ha sido publicado en revistas neración de conocimiento y su transparevisadas por pares. rencia. 334 william montgomery urday El cambio propuesto por los psicólogos posmodernos sería gradual, y cumplimentado a lo largo de generaciones de investigadores. prestando mayor atención a la integración de nuevos desarrollos en teoría, metodología y diseños de investigación, debido a que, según ellos, los antiguos ya no funcionan. Respecto a las críticas que se le hacen al posmodernismo desde la postura moderna, Pinillos (2002) las resume como sigue: Del postmodernismo se ha dicho que, si no es un movimiento claramente irracional, poco le falta. La anarquía del «todo vale» es uno de los rasgos que se le han atribuido constantemente y no son pocos los filósofos, los teóricos de la cultura, los humanistas y científicos sociales inclinados a pensar que el postmodernismo cuestiona efectivamente la existencia de hechos objetivos, textualiza la realidad, incita a transgredir no sólo los géneros sexuales y los literarios, sino asimismo los estilos artísticos, las épocas históricas, las clases sociales y otros «condicionantes» de la libertad creadora, practica el escepticismo radical y el relativismo cultural duro, afirma la esterilidad de la teoría, crea una proliferación surrealista de metonimias grotescas que enturbian el discurso, niega la unidad del sujeto, promueve una seudo hermenéutica del signo y de la representación que priva al pensamiento de su capacidad crítica, niega la posibilidad metodológica de alcanzar la verdad y, en definitiva, adopta una actitud nihilista en flagrante contradicción con la racionalidad científica que ha hecho posible la progresiva y potente civilización occidental. (p. 2) En ciertos casos, el posmodernismo en psicología se ha vehiculizado a través de lo que Montgomery (2018a) llama «retórica de la complejidad» (p. 51), recurriendo en exceso a una prédica basada en la asimilación y reificación de términos y conceptos extraídos de contextos absolutamente distintos, para aplicarlos metafóricamente a fenómenos psicológicos. Los «atractores fijos o periódicos» (apoyos lógico-racionales), las «estructuras disipativas» (pensamientos delusivos), los «factores neguentrópicos probabilitarios» (la psicoterapia), son ejemplos de esto, que Bunge (1999) atribuye a la herencia e influencia autodeclaradamente anticientífica de Heidegger y de Husserl. capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 335 3.3. Algunas reluctantes convergencias En medio del panorama tan fuertemente atomizado que se retrata en este y en otros capítulos, parecería que no hay espacio para ningún tipo de coincidencia interparadigmática. Sin embargo, hay algunos indicios de que ciertos enfoques recientes, al aventurarse por el camino de la ruptura epistemológica posmodernista, convergen en un par de ideas que recusan el mentalismo y el mecanicismo: 1) la certidumbre de que el lenguaje es el que crea la realidad psicológica humana, dejando de lado la tradicional creencia sobre la índole mental como algo interno; y 2) la realidad está compuesta de relaciones e interconexiones entre los eventos (entre los cuales se encuentran los psicológicos), que no pueden reducirse a la consideración de ninguno de ellos por separado. En este sentido, es notorio que tanto el interconductismo de Ribes (2018) como el construccionismo social de Gergen (2007); y el psicoanálisis relacional de Rodríguez-Sutil (2021); convergen fuertemente en ambos señalamientos. Incluso comparten su preferencia por citar a Wittgenstein y a Kuhn como filósofos clave para apuntalar su argumentación. De modo un tanto más rígido, pero con la misma orientación, el enfoque contextualista funcional de Hayes (2005) también centra su interés en las contingencias lingüísticas y asume la conducta como «acto en contexto» que se expresa en la operante relacional. Entre las teorías que vienen del cognitivismo, la variante enactiva, cuyo mejor representante es Varela (2015), también se suma a la consideración de los dos puntos de convergencia cuando sostiene que la mente «no está en la cabeza», sino envuelta en el mundo desde que se halla en la interacción corporizada y manipulativa del individuo, inserta en dicho ámbito. Igualmente, los enfoques contextualista y enactivo hacen énfasis explícito en el pragmatismo como su filosofía de base. En verdad, puesto que las citadas corrientes teóricas suelen ignorarse entre ellas en su mayor parte, es difícil afirmar si de alguna manera se han interinfluenciado respecto a las convergencias que son materia de este análisis. Es más, dado cierto índice de hostilidad tradicional entre las matrices paradigmáticas a las que pertenecen, cabría conjeturar que cualquier insinuación de semejante consiliencia sería tomada con una actitud reluctante. Lo cierto es que la mecánica de los grandes movimientos históricos sobre- 336 william montgomery urday pasa con mucho las intenciones manifiestas de los personajes y corrientes de pensamiento implicados en ellos. Si se acepta como plausible la tesis de Kantor (2012, pp. 582-583) acerca de que hay una escala de tres fases para clasificar el progreso de una ciencia, que son: 1) la etapa de la propiedadsustancia (estudio de entidades extraespaciales como la mente); 2) la etapa de la correlación estadística (estudio de la relación entre lo mental y variables medibles física o matemáticamente); y 3) la etapa del campo integrado (estudio de la interacción indisoluble del organismo / individuo con objetos estimulantes, devenida históricamente); la psicología ya podría estar entrando en la tercera fase, y las teorías citadas en este apartado no serían más que los «puestos de avanzada» en la dirección propuesta. Avanzando sobre esto, Delprato (2006) advierte que: «La literatura revela posiciones que son muy consistentes con un sistema de campo en lugar de un devenir mecanicista lineal para la ciencia de la psicología» (p. 157), y hace ver numerosos signos de convergencia en cuanto a la integración holística, en vez de darse esta en torno a presupuestos reduccionistas, mecanicistas y dualistas: a) rechazo del marco causa → efecto (causalidad lineal, mecanicismo); adopción de causalidad circular, interdependencias y participación; b) adopción del monismo naturalista; rechazo del dualismo; c) el organismo está en contacto directo con el mundo; no existen mediadores mentales; no existe la conciencia pura; d) negación de los estímulos y de la percepción como causas; interdependencia de respuesta o acción y estímulo o percepción; e) no reduccionismo: el tema de la psicología no puede explicarse en términos de principios biológicos ni de ninguna otra disciplina; f) el organismo actúa como un todo integrado; g) los constructos activos son esenciales para describir eventos psicológicos; La acción en el mundo es fundamental; y h) todos los acontecimientos psicológicos evolucionan: las fuerzas externas no imponen cambios en un organismo que de otro modo sería inerte; el cambio es inherente al comportamiento. En su sugerente ensayo, Delprato (2006) propone «siete literaturas que comprenden los movimientos convergentes» (p. 143), los cuales son el interconductismo; la fenomenología radical de Merleau-Ponty; la cibernética conductual y los sistemas de control por retroalimentación; el psicoanálisis capítulo vii: controversias epistemológicas en la psicología 337 de acción de Schafer6; la epigenética conductual de Kuo; la psicología ecológica de Barker, Bronfenbrenner o Gibson; y la psicología dialéctica de Riegel; todos movimientos por el momento marginales en el mapa de las teorías psicológicas. Lo dicho aquí solo es un ejercicio de prospectiva optimista, quizá demasiado aventurada, con respecto al futuro. Conste que las variantes en mención podrían crecer como decrecer en su impulso, tanto como cambiar o evolucionar en otras direcciones. 6 Esta es una tesis particular de Delprato, pues el nombre que usa para etiquetar este tipo de psicoanálisis no parece existir. De acuerdo con su descripción, parece algo similar al psicoanálisis relacional, pero Roy Schafer no es citado como representante especial ni pionero de dicha variante (ver Ávila, et al., 2002). william montgomery urday 338 PREGUNTAS DE COMPROBACIÓN 1. 2. 3. 4. 5. ¿Qué paradigmas imperan al presente en la disciplina psicológica? ¿Cuál es la justificación que utiliza el movimiento separatista en psicología? ¿Cuáles son las modalidades en que se presenta el eclecticismo? ¿Qué enfoques proponen una organización multinivel de los conocimientos? ¿Cómo se manifiestan las tensiones entre la psicología básica y la aplicada? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Arana, J. M., Meilán, J. J. G. & Pérez, E. (2006). El concepto de psicología. Entre la diversidad conceptual y la conveniencia de unificación. Apreciaciones desde la epistemología, Revista Intercontinental de Psicología y Educación, 8(1), 111-142. Ardila, R. (2011). El mundo de la psicología. El Manual Moderno. Guba, E. G. (1990, Ed.). The paradigm dialog. Sage Publications. Henriques, G. (2022). A new synthesis for solving the problem of psychology: Addressing the enlightenment gap. Palgrave McMillan. Mayor, J. & Pérez, J. (1989). ¿Psicología o psicologías? Un problema de identidad. En J. Mayor & J. L. Pinillos (Eds.). Tratado de psicología general. Tomo 1: Historia, teoría y método (pp. 3-69). Alhambra. Montgomery, W. (2006). Estado actual del problema de la unificación paradigmática en psicología. En A. Quintana & W. Montgomery (Eds.). Tópicos de actualidad en psicología (pp. 9-24). Universidad Nacional Mayor de San Marcos. CAPÍTULO VIII: DIMENSIONES EN CONFLICTO (I) En el capítulo anterior se reseñó la investigación de Coan (1968), replicada luego por Simonton, 2000) como la más seria y elaborada intentona de enmarcar y clasificar las orientaciones teóricas en psicología, con base en criterios epistemológicos dicotómicos derivados de las actitudes de los psicólogos frente a la búsqueda de la certeza (Objetivista / Subjetivista); el nivel de complejidad de la teoría (Atomista / Holista); el énfasis en la precisión metodológica (Cuantitativo / Cualitativo); el tamaño del análisis (Transpersonal / Personal); la transitoriedad de los estados (Estática / Dinámica); y las influencias sobre el comportamiento (Exogenista / Endogenista). A su vez, estas dimensiones podían agruparse en dos grandes tendencias, cada una en relación con un tipo de «cultura» opuesta respecto a la otra: «cientificista» en contraposición a «comprensiva» (Cornejo, 2005, p. 196). Como lo anticipó el propio Coan, este no es más que un punto de referencia, pues hay que contar con la movilidad de los acomodos y reacomodos temporales de las respectivas posiciones y sus intercambios, además de las limitaciones debidas a la metodología de medición. Así: Hay algunas formas de cambio para las cuales nuestros métodos actuales no son adecuados. No hay duda de que algunos desarrollos históricos pueden verse en términos de una sucesión de tríadas, en las que a la reconciliación de una polaridad dada le sigue una nueva división de puntos de vista. Sobre esta base, podríamos esperar que una sucesión o interacción simultánea de las dos constelaciones polares de un factor sea seguida por un realineamiento drástico de las variables, de modo que surjan nuevos patrones de covariación y un nuevo factor reemplace al antiguo. Ésta es sólo una de las varias maneras en que podríamos imaginar la transmutación de factores a lo largo del tiempo. Quizás una complicación más importante a considerar en cualquier análisis temporal es que los movimientos opuestos tienden a operar simultáneamente, no simplemente en sucesión. Por esta razón, el valor medio de una variable o factor para una década determinada puede resultar algo engañoso. (Coan, 1968, p. 722) 339 340 william montgomery urday No obstante, es un hecho que las dimensiones aportadas por esta investigación pueden servir eficazmente para comparar y discutir exhaustivamente todos los problemas epistemológicos de la psicología, en relación con las teorías que pretenden resolverlos. Por ello, en base a los criterios dimensionales dicotómicos enunciados, será posible cubrir tan extensa gama de cuestiones y más, dividiéndolas por sectores de discusión. El espacio disponible, sin embargo, solo permitirá abordar en este capítulo las dimensiones objetivista–subjetivista, holista–atomista y estática-dinámica. La mecánica de exposición para cada uno de estos casos será ver primero el origen de la respectiva dicotomía, sus definiciones y diferencias; y finalmente su discusión. 1. DIMENSIÓN OBJETIVISTA / SUBJETIVISTA 1.1. Origen, definiciones y diferencias Desde el punto de vista epistemológico, Otero & Gibert (2016) definen la objetividad y la subjetividad de las siguientes maneras: Objetividad: Cualidad, característica o condición de la verdad de una afirmación en tanto independiente del sujeto que la sostiene o del observador. Se dice «objetivas» de las cosas que existen independiente de la mente o del pensamiento, de modo externo a la mente. Objetividad es también entendida como una cualidad intelectual, consistente en atenerse al objeto tal cual, a la realidad tal cual es, sin permitir la intervención de preconceptos o estados anímicos del que observa. (p. 187) Subjetividad: Conjunto de estados mentales o reacciones del sujeto, sentimientos internos y actitudes, lo que es convertido en criterio para determinar la verdad de proposiciones formuladas por tal sujeto. (p. 235) Es así como, en el contexto científico, se considera que el grado de rigurosidad de la investigación, la inferencia y la comunicación de los datos, incluso la elección de teorías, dependen en mucho de la forma como se asuma la validez de los hechos bajo examen: de manera objetiva o subjetiva. Hasta cierto punto, se identifica la objetividad con una especie de creencia justifi- capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 341 cada, mientras que la subjetividad se compone de sentimientos y opiniones que no se fundamentan. Popper (2001) considera que lo «objetivo» es propio del tercer mundo (productos de teorías y argumentos) y lo «subjetivo» propio del segundo (pensamiento científico), debido a ello se acepta que en determinadas circunstancias también son complementarios. Kuhn (1998), por ejemplo, los utiliza con un interjuego de connotaciones: Cuando los científicos deben elegir entre teorías rivales, dos hombres comprometidos por entero con la misma lista de criterios de elección pueden llegar a pesar de ello a conclusiones diferentes. Quizá interpreten de modos distintos la simplicidad o tengan convicciones distintas sobre la amplitud de los campos dentro de los cuales debe ser satisfecho el criterio de coherencia [...] Mi punto es, entonces, que toda elección individual entre teorías competidoras depende de una mezcla de factores objetivos y subjetivos o de criterios individuales o compartidos (pp. 438-439). La dimensión «subjetivismo-objetivismo» seguramente es la más involucrada con los aspectos epistemológicos de la psicología, tanto así que se relaciona con temas como la imbricación o ensamble «sujeto-objeto», la experiencia de individualidad, la existencia de un mundo real, la consciencia, la intención y la verdad, entre otros temas. 1. 2. Discusión epistemológica 1.2.1. La imbricación sujeto-objeto En el campo del objetivismo, los filósofos y psicólogos que adhieren a las tesis positivistas clásicas opinan que hay una realidad objetiva regida por principios naturales, y que esta realidad puede ser también objetivamente investigada en cualquier contexto, al margen de filtros y sesgos valorativos, e incluso de teorías sobre ella. Según Otero & Gibert (2016), aquí se trata de un realismo ingenuo: «Planteamiento de acuerdo con el cual percibimos los objetos externos de manera directa, inmediata y tal como realmente son. Se deriva de aquí la afirmación de que las teorías científicas reflejarían la 342 william montgomery urday naturaleza» (p. 217). Bacon y Comte fueron los «padres» de ese tipo de consideración, y en los siglos XIX y principios del XX la ciencia física mecanicista (newtoniana) fue el modelo de avance, influyendo sobre las demás disciplinas, entre las cuales la psicología no fue la excepción (el surgimiento del conductismo mecanicista de Watson podría ser el mejor ejemplo). Más tarde, las disquisiciones de Mach sobre la mecánica y el fisicalismo del Círculo de Viena, como se ha visto en un capítulo anterior, constituyeron fuertes bastiones filosóficos para fundamentar a los neoconductismos emergentes. El positivista lógico Ayer (1984), por ejemplo, apunta que el sujeto es una mera construcción lógica producto de experiencias sensoriales. De acuerdo con los teóricos de la psicología, especialmente Clark Hull y el «primer» B. F. Skinner (1993)1. el objeto de estudio debe ser «observable» (la conducta, entendida como el hacer o decir de un organismo) y analizado en condiciones rigurosamente controladas. Tal postura podría ser considerada como la posición objetivista extrema. Otras variantes positivistas más recientes, como el interconductismo y el contextualismo, ofrecen respuestas más complejas. Por otro lado, los filósofos y psicólogos subjetivistas más extremos opinan que «los estados mentales o las reacciones del sujeto [son] criterio o referencia para determinar la verdad de proposiciones formuladas por tal sujeto» (Otero & Gibert, 2016, p. 235). Los fenomenólogos descendientes intelectuales de Husserl ven la cuestión en términos del significado desde la perspectiva perceptiva experiencial e intencional, y los constructivistas radicales la conciben como una narrativa construida sobre la base de intercambios continuos con la propia experiencia y con el mundo social; punto de vista desde el que se reconfigura la objetividad como un producto de dicha narrativa (Maturana & Pörksen, 2010; Ortiz, 2013). Una variante de esta posición posracionalista se mueve dentro de la teoría crítica (la psicología dialéctica), en tanto enfatiza un poco más el componente histórico1 Skinner mostraría dos etapas en su formulación: uno «moderno» y otro «posmoderno», haciendo la división a partir de su artículo sobre operacionismo de 1945, donde deja la pura descripción y se convierte en el teórico de la conducta. Aquí «inaugura la hermenéutica conductual empezando por cómo se construye el mundo subjetivo a través de la comunidad verbal» (Pérez-Álvarez, 2023, pp. 135-136). capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 343 social e ideológicamente valorativo (González Rey, 2002), afirmando que: «La categoría de sujeto implica siempre la de participación, pues el sujeto está siempre situado en una región de la práctica social» (p. 11). El tipo de realismo que se desprende de estas consideraciones es llamado «relativista» o «crítico», según la variante; en tanto en el primer caso la realidad se considera producto de construcciones mentales relativas a una persona y momento de interacción; y en el segundo caso se cree que la realidad existente fuera del sujeto resulta objetivada parcialmente debido a las elaboraciones prácticas que el individuo hace respecto a ella con finalidad emancipatoria. Lo cierto es que, como señalan Bunge & Ardila (1988), la sola existencia de la subjetividad plantea dos problemas: uno ontológico y otro metodológico. El primero interroga por su realidad, el segundo por la pertinencia de su estudio objetivo. Un supremo acto de simplificación del problema sujeto-objeto permitiría clasificar las posiciones en cinco enfoques: a) el sujeto egocéntrico; b) el sujeto relacional; c) el sujeto epistémico; d) el sujeto excentrado; y e) el sujeto contextualizado. a) El sujeto egocéntrico es el que nace con la filosofía del «pienso, luego existo» del Discurso del método (1637) de Descartes (2010), y es sostenido por ciertas teorías subjetivistas ligadas a la fenomenología, el constructivismo radical y el psicoanálisis clásico (Freitas, 2012, dice, por ejemplo, «podemos comenzar a inferir que “inconsciente” puede ser tomado como uno de los nombres de sujeto para Freud», p. 119). En esencia: «La idea es que nuestro conocimiento no requiere la participación de ninguna realidad que esté más allá de nuestra subjetividad o intersubjetividad. Incluso si una realidad como ésa existiera, aun así, no jugaría ningún papel en nuestro saber» (Gaete, 2013, p. 3). Se trata, pues, de un sujeto concentrado en sí mismo, que inicia las acciones de adentro hacia afuera y experimenta una cuantiosa vida mental, sea a través de pulsiones motivacionales, contenidos inconscientes, pensamientos racionales, experiencias conscientes, constructos personales, impulsos de autorrealización, rasgos y otras variables internas (véase Feist, et al., 2014). Acudiendo al vocabulario sistémico, podría decirse que este tipo de enfoques considera al sujeto como un «agente plasmador» (que controla el entorno fenoménico) propio de la concepción mecanicista organocéntrica (Pessa, 1989). No obstante, cualquier intento por 344 william montgomery urday desubjetivizar este planteamiento hermenéutico es tomado por reduccionismo biologicista o sociologicista por sus sostenedores. b) El sujeto relacional. Paradójicamente, sin embargo, algunas variantes hermenéuticas posmodernas de la filosofía y la psicología (Foucault, Derrida, Gergen) recusan la postura egocéntrica y se refieren a la subjetividad solo como una construcción cultural ligada a la política y a la comunicación (ver por ejemplo Gil, 2018). El sujeto, así, deja de ser sustancia para convertirse en narrativa, un concepto dialógico, relacional y sistémico acerca de cómo la persona se vincula intersubjetivamente con el mundo de los otros (Fosshage, 2003). En esta tesitura, «el yo se construye en y a través de autointerpretaciones. Cuando nos enfrentamos a la pregunta «¿Quién soy?», contaremos un determinado relato y enfatizaremos aspectos que nos parecen de especial relevancia, Sin embargo […] no existe tal cosa como un yo pre-existente, uno que simplemente espera a ser descrito en palabras» (Gallagher & Zahavi, 2012, p. 298). Es así que, como Gadamer (2012) lo hace notar, no se posee un «sí mismo», sino que este surge entrelazado con la experiencia vital. Eso está ligado al «ser-en-el-mundo» de Heidegger que toman la psicología humanista y existencial en cuanto cualidades de trascendencia personal. Como señala Vial Roehe (2019), Frankl decía que «el verdadero sentido de la vida debe descubrirse en el mundo, y no dentro de la persona humana o su psique, como si fuera un sistema cerrado» (p. 326), lo cual calza con la idea heideggeriana de que: «Las relaciones que los seres humanos establecen con los demás constituyen el mundo. El mundo, por tanto, es un espacio existencial abierto por la trascendencia del Dasein» (Ib.). c) El sujeto epistémico pretende diferenciarse del tradicional (egocéntrico) ya desde las disquisiciones kantianas. En la Crítica de la Razón Pura (1781), Kant (2016) anticipó la concepción de un sujeto que construye activamente el conocimiento a partir de su interacción con el objeto; principio que encuentra un fértil campo de investigación en la epistemología genética de Piaget (1970), quien dice que «el objeto solo es conocido a través de las modificaciones que las acciones del sujeto ejercen sobre él, mientras que el sujeto solo toma conocimiento de sí mismo en virtud de las transformaciones que el objeto provoca en sus acciones» (pp.117-118). De tal manera se superaría el organocentrismo mecanicista del sujeto tradicional, puesto capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 345 que la configuración lineal de la relación sujeto-objeto queda modificada por las operaciones cognoscitivas que, por un lado, le posibilitan al sujeto conocerse a sí mismo a través de su actividad sobre los objetos, y por otro, suponen que la ciencia del objeto solo puede ser alcanzada mediante las estructuras lógico-matemáticas que son producto de la actividad humana. De todos modos, Piaget (1975a) reconoce la dificultad de distinguir la frontera entre el sujeto egocéntrico y el sujeto epistémico, teniendo en cuenta que «el yo del observador es parte integrante de los fenómenos que debería poder estudiar desde fuera» (p. 66). Desde aquí, el psicólogo existencialista Martínez-Miguelez (2004) recusa la teoría constructivista radical que supone al sujeto como estructurador, ordenador y articulador de una realidad construida por él, actitud no dialéctica que califica de «extremo antagónico del positivismo» (p. 43). d) El sujeto excentrado tiene su mejor representación en la teoría marxista de la personalidad, en especial los trabajos clásicos de Sève (1972) y Leóntiev (1993), donde se propone una interpretación basada en la sexta tesis de Marx: «La esencia humana no es una abstracción inherente al individuo. En su realidad, es el conjunto de las relaciones sociales» (Cit. por Sève,197, p. 65 [nota de pie]). Puesto que el sujeto sería la esencia del individuo, esto significa que dicha categoría no puede ser el centro de la individualidad, sino la posición objetiva que ocupa en el marco de su actividad dentro de un sistema de producción, de propiedad y de distribución social. Por lo tanto, hay que excentrar al sujeto del punto en el cual la psicología burguesa lo ha situado. Esta postura, acorde con la posición oficial del comunismo de la época soviética, no ha carecido de contradictores en el fragor de la lucha ideológica dentro del propio marxismo, según lo muestran diversas polémicas. Por ejemplo, Althusser (1974), atacando la noción de «sujeto cognoscente» (ego cogito cartesiano, o trascendental kantiano o husserliano), argumenta que: Para ser materialista dialéctica la filosofía marxista debe romper con la categoría del «Sujeto» como Origen, Esencia y Causa, responsable en su interioridad de todas las determinaciones de «el Objeto» exterior, del cual se dice el «Sujeto» interior. Para la filosofía marxista no puede existir Sujeto como Centro absoluto, como Origen ideal, como Causa única. Y no puede contentarse, para 346 william montgomery urday salir del paso, con una categoría como la de «ex-centración de la Esencia» (L. Seve), porque se trata de un compromiso ilusorio que, bajo la falsa «audacia» de una palabra perfectamente conformada en su raíz (ex-centración) salvaguarda el vínculo umbilical entre la Esencia y el Centro, y permanece por lo tanto prisionero de la filosofía idealista: como no existe Centro, toda ex-centración es superflua o mendaz. (p. 78) Otra discrepancia es la acaecida entre Adam Schaff y Lucien Sève. Para Schaff (1980), la traducción de la sexta tesis debe decir: «El ser humano no es algo abstracto, inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de relaciones sociales» (p. 95), puesto que Marx distingue entre los términos «wesen» (ser), «das menschliche wesen» (ser del hombre) y «das wesen des menschen» (esencia del hombre); siendo para Marx: a) «esencia» lo típico del ser humano o clase social, y b) «ser» equivalente a «individuo». A partir de aquí, Schaff saca la conclusión de que el marxismo es un humanismo radical, siendo el individuo el punto de partida, no una construcción determinista objeto de la historia, y, por tanto, propone retornar a los problemas de la filosofía del hombre y la persona en las obras inéditas en vida de Marx: Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 y La ideología alemana. Por su parte, Sève (1972) responde que no hay oposición entre los términos, pues en otros análisis Marx los usa intercambiablemente. En esta lógica, indica, la «esencia» es «ser» considerado en lo que tiene de esencial (lo humano) versus el ser empírico, y sea wesen «ser» o «esencia» en la connotación de Marx, en todo caso no puede significar «individuo». El marxismo maduro indicaría que la forma «individuo» es secundaria, pues su base real es externa (la sociedad), así que según Sève la interpretación de Schaff es premarxista y conduce al humanismo abstracto (la del sujeto egocéntrico). Procurando, al parecer, encontrar una posición intermedia, González Rey (2010) apunta: Los sentidos y las configuraciones subjetivas son producciones que tienen lugar en el curso de la vida social y la cultura, pero que no están determinados ni por una ni por la otra, no son un reflejo de esos múltiples procesos, sino una nueva producción que los específica en sus efectos para quienes los viven. (p. 252) capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 347 e) El sujeto contextualizado hace presencia en la argumentación postpositivista, e identifica el sujeto con la propuesta pragmática de un sistema organizado de respuestas unificado funcionalmente, con el fin de que el investigador explique sus relaciones. No es una entidad (homúnculo, «fantasma en la máquina») ni tiene ninguna función causal, pues su ocurrencia está siempre ligada a objetos externos y a eventos contingentes (Morris, 2011). En última instancia, se puede manifestar como un conjunto de repertorios aprendidos que surgen relativamente a interacciones con otras personas y a normativas convencionales (Skinner, 2022). Yendo más allá, Pérez-Álvarez (2018) indica que en la noción de conducta operante se plantea «una articulación corporal, afectiva, cognoscitiva y operatoria del sujeto con el mundo, donde el comportamiento implica intencionalidad, saber-hacer y comprensión (no la ejecución externa de intenciones y cogniciones internas)» (p. 168), pues el sujeto es corpóreo, y «el cuerpo incorpora la historia de la vida, no como algo almacenado o codificado en algún sitio, según gusta entender la neurociencia cognitiva, sino como organismo cambiado y cambiante» (ibid., p. 167), en términos disposicionales con referencia a contextos y situaciones pertinentes. El acto y su contexto no son separables, pues el acto solo tiene sentido en el marco de las circunstancias en que se produce. El sujeto, pues, debe interpretarse como un sujeto contextualizado, de allí que el lema sea «sal de tu mente, entra en tu vida», entendiendo esta como la red de relaciones establecidas entre el sujeto y el mundo (Hayes & Smith, 2011). Hayes, et al. (2012) sugieren que en parte esta concepción está basada en el Skinner de 1945 en adelante, desde la cual ningún análisis está completo sin especificar «el contexto de los eventos psicológicos y el contexto de la relación entre ellos (por ejemplo, por qué los pensamientos están relacionados con la conducta manifiesta)» (p. 5). Sin embargo, en esta formulación postskinneriana el control contextual de los eventos privados se amplía gracias a la conducta verbal, cuya naturaleza de ocurrencia sin contingencias directas propende a convertirse en importante fuente de autodiscriminación por medio de reglas que cambian la función relacional de otros procesos comportamentales, alterando el tipo de control de estímulos (Barnes-Holmes, et al., 2021). En buena cuenta, «El yo no se considera una entidad sino un conjunto variado de actividades relacionales controladas por variables contextuales» (Villate, et al., 2016, p. 173). Esto coincide con la doctrina «conductista 348 william montgomery urday social» de G. H. Mead (1999), para quien la mediación del lenguaje es la que posibilita la aparición de «la persona y el espíritu»: la «consciencia de ser» y ser un objeto para sí mismo. La persona, pues, y el quehacer subjetivo del individuo, surgen en el proceso de la experiencia y actividades sociales, mediante el lenguaje. Este conductismo social, rebautizado tras la muerte de Mead como «interaccionismo simbólico» en el ámbito sociológico y de la comunicación, ha sido y es uno de los grandes referentes en el cosmos de la investigación cualitativa, que pretende recoger ese rico filón de datos que la subjetividad socialmente construida opone a la realidad, o mejor, indagar cómo interactúa con ella para construir una nueva realidad de «contingencias virtuales» alejadas del mundo físico. En una dirección paralela, con otro discurso, Staats (1979) ya había destacado: a) la importancia de superar los desencuentros entre posturas objetivas y subjetivas señalando que el mismo cuerpo de principios del aprendizaje explica tanto los factores externos como internos; y b) el notable papel que juega el lenguaje en la estructuración de a subjetividad (por ejemplo, a través de la rotulación discriminativa, o de la formulación de hipótesis que dirigen la conducta, sujetas a consecuencias retroalimentadoras sobre su exactitud). Ribes (2018) también hace hincapié en que no puede haber (auto)conocimiento sin lenguaje, pues los modos de conocer no existen fuera de las prácticas lingüísticas que surgen en las relaciones interindividuales. Pero, por la misma razón, los modos de conocer no son procesos subjetivos, sino circunstancias en las que se produce la fenomenología de las prácticas del lenguaje ordinario propias de los contactos entre individuos. Además: El término «sujeto» como «substancia» significan sustrato, estar debajo de o puesto debajo. Nada tiene que ver con la de un agente activo que realiza acciones sobre otras entidades, como mal suponen los defensores del «subjetivismo» en la psicología y la ciencia social. Más bien, refiere una entidad pasiva, que sostiene a otras entidades, estar debajo, en inglés, constituye el verbo «entender» (under-standing), función específica del alma intelectiva tradicional. Ser «sujeto», como señala Turbayne, no conlleva el sentido de agente o de poder sino más bien el de pasividad. De este modo, la agencia y el poder se delegan a los atributos que se predican del sujeto como substancia, más que a la propia substancia. Pero resulta que dichos atributos o predicados son a su capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 349 vez dependientes del sujeto que es su substrato o substancia, de modo que no pueden ser más que atributos pasivos. Entre estos atributos, supuestamente no substanciales, se encuentran todas las características que se atribuyen a las mentes (o personas): voluntad, causalidad y creatividad, predicados en última instancia de una substancia, y no de una agencia. (Ribes, 2018, p. 63) Entonces ¿Puede haber una epistemología de la subjetividad? ¿Es válido decir, como lo hacen Martinez-Miguelez (2004) u Ortiz (2013), que toda objetividad es subjetiva pues la configura un sujeto? Ribes, et al. (1986) apuntan que la epistemología es objetiva por definición, en tanto se ocupa de productos elaborados por la actividad del individuo: el influjo del objeto sobre los sentidos predetermina, mediante sus leyes, lo que el observador percibe, así que el sujeto está sometido a las mismas leyes que el objeto, y no al revés. Del problema derivado respecto a las afirmaciones de que el sujeto es «activo» y el objeto «pasivo» (calificaciones comunes entre los psicólogos constructivistas), solo se puede decir que son juicios de valor con criterios pragmáticos socialmente aprendidos y temporales. El sujeto y el objeto no tienen por qué ser activos ni pasivos per se, ya que el carácter del flujo de las interacciones humanas es impersonal e indetenible. Solo se separan los episodios por razones pragmáticas, con fines de análisis por parte de un observador de los sucesos como viendo una fotografía de ellos, o para buscar un punto de «causa-efecto» arbitrario en el cual se puedan modificar (Montgomery, 2020b). Las relaciones entre el sujeto y el objeto como categorías epistemológicas son solo entendibles a cabalidad en el marco de su contextualización como eventos de campo. Y eso hace que cualquier consideración psicológica sea necesariamente pública, independientemente de que algunos elementos de la interacción sean encubiertos, o sea indirectamente observables (Smith, 2016). 1.2.2. El problema de la consciencia fenomenológica Un problema muy similar al del sujeto en psicología es el de la consciencia. Su más denodado cultor (Chalmers, 1999, 2007) lo plantea en términos del «problema fácil» y el «problema duro», siendo el primero de ellos vincu- 350 william montgomery urday lado por el mismo Chalmers a la psicología (consciencia psicológica), y el segundo a la filosofía (consciencia fenomenológica). Desde el punto de vista psicológico, indica, la consciencia se puede abordar utilizando «los métodos estándar de la ciencia cognitiva, mediante los cuales un fenómeno se explica en términos de mecanismos computacionales o neuronales» para asuntos como: «la capacidad de discriminar, categorizar y reaccionar ante estímulos ambientales; la integración de información por un sistema cognitivo; la notificabilidad de los estados mentales; la capacidad de un sistema para acceder a sus propios estados internos; el foco de atención; el control deliberado del comportamiento; y la diferencia entre vigilia y sueño» (Chalmers, 2007, p. 225). En cambio, desde la fenomenología existiría algo subjetivo que excede al procesamiento de información, y está dado por los estados de experiencia consciente: aquello cualitativamente indefinible que acompaña sensaciones visuales, auditivas, gustativas, táctiles, olfativas, emocionales, corporales (frío-calor, dolor, cosquilleo…), imaginales, etc. Según Chalmers (1999), el conductismo y la ciencia cognitiva computacional que le siguió, se desentendieron totalmente de la idea de que explicar el comportamiento implica dar cuenta de dichas cualidades fenoménicas. No basta identificar la consciencia con la mente, pues hay estados internos que causan la conducta con independencia de que sean o no sean conscientes. No obstante, estas experiencias deben pertenecer al mundo natural, por lo que cabe preguntarse cómo se relacionan con lo físico, y por qué son como son y no de otra forma. Igualmente, es necesario esclarecer su ligazón con fenómenos observables: […] en la medida en que tenemos categorías fenoménicas comunicables, estas se definen por referencia a sus asociaciones externas típicas o a una clase asociada de estado psicológico. Por ejemplo, cuando hablamos de la cualidad fenoménica de la felicidad, la referencia del término «felicidad» está implícitamente fijada por medio de algún papel causal: el estado por el cual juzgamos que todo está bien, saltos de alegría, etc. Quizás esta sea una interpretación posible de la famosa observación de Wittgenstein, «Un proceso interno tiene necesidad de criterios exteriores». (Chalmers, 1999, p. 36) capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 351 Lo que queda claro es que ningún proceso consciente es reducible a lo físico desde la perspectiva fenoménica. El materialismo no es una buena alternativa de explicación de la consciencia, por lo que se propone acudir a un «dualismo de propiedades» o «dualismo naturalista» como teoría posible de «propiedades de un individuo que no están implicadas por las propiedades físicas de ese individuo, aunque puede depender nomológicamente de esas propiedades» (Chalmers, 1999, p. 142). Chalmers prefiere no ser enfático en la denominación de aquello que percibe como estados de experiencia, mas se puede inferir que perora sobre los «qualia», fenómenos de íntima trascendencia personal que se sienten como inherentes al ser de un organismo— es famoso el ejemplo de Nagel (2012) referente a cómo se sentiría ser un murciélago—, y «tienen las características de ser inefables, intrínsecos, privados y directa o inmediatamente aprehensibles en la conciencia» (Moore & Ahmed, 2016, p. 20)2. Pero justamente tales características son motivo de cuestionamiento del concepto por parte de Daniel Dennett (2002), quien afirma irónicamente que no hay nada, ni siquiera en el «demonio maligno de Descartes», que se pueda entender como qualia por ser incognoscible y haberse revelado solo como una ficción supuestamente útil para explicar la evolución del ser humano. A lo más, constituye una heurística empleada por el cerebro para interpretar el mundo (véase también McKinney, 2022). Aun así, los defensores de los qualia (Moore & Ahmed, 2016) responden que la comprensión científica de una noción tal requiere tiempo, y mientras tanto sigue siendo heurística para comprender la subjetividad. Si bien el problema epistemológico de la consciencia es, como se ve ut supra, copado en gran parte por los filósofos de la mente allegados a la ciencia cognitiva y a la neurofilosofía. Salgado (2003), explorando más allá, brinda una síntesis de las posturas comportamentales respecto al tema. En general, el análisis conductual contribuye al estudio de la consciencia de diferentes formas. En primera instancia, enfatiza una explicación histórica sobre 2 Otros ejemplos aluden a la «rojez de lo rojo», el tacto de superficies distintas, la fina diferencia de sabores, la emoción que acompaña la vista de un amanecer, etc. Al respecto, ver Searle (2008). 352 william montgomery urday la consciencia. Las contingencias filogenéticas, ontogenéticas y culturales han moldeado nuestro comportamiento hasta convertirlo en un fenómeno complejo, que concebimos bajo el concepto de consciencia. En segundo lugar, enfatiza el lenguaje, especialmente el papel de las discriminaciones sobre nuestro propio comportamiento y la utilización de los «tactos extensos» (metáforas) como un aspecto esencial de la consciencia y la vigilia. En tercer lugar, propone conceptos como la conducta gobernada por reglas y moldeada por las contingencias, que nos ayudan a distinguir entre lo consciente (aquello que puede ser verbalizado) y lo inconsciente (lo que no se puede verbalizar). Un tema común surge de estos aspectos, siendo éste quizás el aporte más relevante del análisis conductual: el estudio del contexto en que tiene lugar el comportamiento. (p. 58) ¿Puede existir alguna forma de confluencia entre las variantes relacional y contextualista? La postura epistémica-evolutiva-enactivista del constructivismo ve la experiencia consciente como una conjunción simultánea de aspectos subjetivos y objetivos en la «mismidad», como producto de una historia de prácticas sociales y lingüísticas donde la consciencia se construye en forma de acción dialógica entre el «yo» y el entorno (Maturana & Pörksen, 2010), lo cual, en cierta medida, coincide con los tres sentidos del yo que proponen los teóricos del postpositivista marco relacional. En este sentido, Barnes-Holmes, et al. (2021) delimitan un yo-concepto (el «yo soy» verbal socialmente influido como autoconcepto); un yo-proceso (conocimiento de las propias experiencias en el presente, o autoconsciencia); y el yo-observador (descripciones/explicaciones de lo que se hace en circunstancia). De cualquier modo, no cabe esperar que este tipo de enfoques satisfagan a los fenomenólogos. En última instancia, dice Zillio (2011), «no hay razón para creer que un análisis puramente objetivo del fenómeno agote todo lo que hay que saber sobre él; o que el objetivo de la ciencia es desarrollar un sustituto formal del fenómeno […] Esto se aplica a cualquier ciencia y no sólo a la ciencia de la «mente» o el comportamiento» (p. 15). Ahora bien, desde un punto de vista filosóficamente más riguroso, el problema de la consciencia como una entidad recóndita que opera con cualidades inefables en el fondo de algún núcleo experiencial se diluye cuando se ve desde las perspectivas del sujeto contextualizado. Son las interacciones del individuo con su entorno las que definen el comportamiento consciente, capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 353 no constructos culturales ficticios que pretenden dar cuenta de los eventos del cosmos en el interior de la subjetividad. En su obra El mito de la mente, el psicólogo interconductista Noel Smith (2016) señala que la confusión entre eventos y constructos que da lugar a enigmas como los qualia y la consciencia egocéntrica, puede superarse simplemente leyendo a Aristóteles. Este sabía que el organismo es potencialmente sensor o perceptor, tanto como los objetos tienen potencialidad de ser sentidos y percibidos, y los ajustes entre uno y otro polo producen la sensación. Es así como las sensaciones o percepciones no constituyen propiedades del organismo ni de los objetos por separado, y no son generadas por las estructuras sensoriales ni se encuentran localizadas en ellas, sino que son potencialidades estimuladas. El «ver», por ejemplo, no se halla en el ojo, pues la potencialidad de ver es «con» el ojo a través de un medio de contacto (la luz). Por lo mismo, cualquier acto de conocer es una compleja interrelación entre el organismo y el mundo. En sentido lato, como recuerdan Midgley & Morris (2002), la privacidad de cualquier evento psicológico alude solo a su especificidad de ocurrencia singular, no a cosas ocultas, pues todos los eventos de ese tipo son privados a la vez que únicos en el interjuego de los factores de campo involucrados. Como dice Novoa (2003), reseñando esta clase de pensamiento: Términos como subjetividad, privacía e internalidad no son más que un problema lingüístico convencional, y por tanto la consideración de su existencia es, por decirlo menos, falta de sentido. De esta manera, el problema debe trasladarse de la naturaleza de tales eventos internos o privados, a la génesis de las descripciones sociales que permiten a las personas responder a dichos eventos como si fueran eventos internos. (p. 78) La cuestión de hasta qué punto las versiones cognitivistas que también ponen énfasis en el proceso de interacción y en el lenguaje, pueden acercarse a este planteamiento es un tema debatible, pero muy difícil de dilucidar por las diferencias de jerga técnica, y, sobre todo, por pertenecer a paradigmas ontológica y epistemológicamente distintos. 354 william montgomery urday 1.2.3. Realidad y verdad Todo lo discutido hasta aquí presupone la existencia de un «mundo», sea este dependiente o independiente de la mente/percepción humana. ¿Existe un mundo objetivo? Y si existe ¿Podemos verlo literalmente tal como es? ¿Qué se debe entender por «conocimiento verdadero»? Según Mizrahi (2020a), la primera pregunta corresponde a la dimensión ontológica, la segunda a la dimensión semántica, y la tercera a la dimensión epistémica. Aunque las raíces del debate realismo–antirrealismo data de tiempos muy antiguos, en su versión actual puebla buena parte de las discusiones contemporáneas de la ontología y la epistemología, desde el planteamiento en el siglo XVIII por parte de Kant (2016), acerca de la oposición entre realidad fenoménica, propia de la construcción perceptiva humana; y la realidad nouménica o cosa en sí, independiente del conocimiento humano cabal (realismo metafísico). En este marco —para efectos de la presente discusión—, quienes creen que las propiedades de la realidad pueden ser captadas tal como son (realismo directo) o se encuentran filtradas por las características y limitaciones del aparato perceptor experiencialmente configurado (realismo indirecto), se llamarían «realistas»; mientras que quienes mantienen que la captación de la realidad objetiva es imposible, siendo ésta un reflejo de la consciencia o de su representación lingüística, estarían en el campo del irrealismo3. La contradicción entre ambas posturas se suele sintetizar en que la posición científica realista juzga que algo es absoluta o relativamente independiente 3 ¿Kant era un realista o un antirrealista? Como señala Aldea (2017), dada la delimitación del realismo por Putnam en 1980: «El mundo consiste en alguna totalidad fijada de objetos independientes de la mente. (Además) es posible dar con una descripción exacta, completa y verdadera, acerca de “como el mundo es”» (p. 66); «Kant pareciera estar negando la tesis realista de que el mundo consiste en “alguna totalidad fijada de objetos independientes de la mente”, o al menos, que el mundo espaciotemporal no califica como tal. De ser así, esto lo convertiría, decididamente, en un antirrealista respecto de los objetos espaciotemporales» (p. 67). Pero también «existen pasajes centrales dentro de la Crítica, en los que Kant rechaza explícitamente las interpretaciones no-realistas de su obra. En particular, en la “Refutación al idealismo” (B274–279), Kant objeta aquellas tesis que sostengan que los objetos en el espacio no existen con independencia de la mente (idealismo dogmático) o que, desde la subjetividad, no podemos saber si dichos objetos existen o no (idealismo problemático)» (p. 68). capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 355 del factor mental, mientras la científica antirrealista niega tal cosa, por lo que sus debates ingresan en la propia naturaleza y meollo epistemológico del conocimiento, afectando la eficacia de las teorías (Coleman, 2016). En este sentido, Chalmers (2013), por su parte, traza la diferencia fundamental entre las principales líneas en discusión: El realismo conlleva normalmente la idea de verdad. Para el realista, la ciencia aspira a dar descripciones verdaderas de lo que es realmente el mundo. Una teoría que describa correctamente algún aspecto del mundo y su modo de comportamiento será cierta, mientras que una teoría que describa incorrectamente algún aspecto del mundo y su modo de comportamiento será falsa. De acuerdo con el realismo, como normalmente se le concibe, el mundo existe independientemente de nosotros como conocedores y es como es independientemente de nuestro conocimiento teórico de él […] El instrumentalismo conllevará también normalmente una idea de verdad, pero de forma más restringida. Las descripciones del mundo observable serán verdaderas o falsas según lo describan o no correctamente. Sin embargo, las descripciones teóricas, que están destinadas a darnos un control instrumental del mundo observable, no serán juzgadas por su verdad o falsedad, sino más bien por su utilidad como instrumentos. (p. 210) Una reciente publicación de Mizrahi (2020a) se ocupa también de tales debates, señalando argumentos clave a favor y en contra del realismo y del antirrealismo. Así, desde el punto de vista realista científico, el éxito de ciertas teorías científicas justifica la creencia en que, cuando el método de conocimiento es sistemático, se puede aproximar rigurosamente a la verdad, y su aumento fáctico lo demuestra (realismo explicativo); además, puesto que los principios entre entidades observables y no observables son probadamente los mismos, no hay razón para pensar que las teorías que abordan las primeras no puedan ocuparse también de las segundas, máxime si se valen de medios experimentales (realismo de entidades); y, por último, la existencia de entidades teóricas inobservables se puede verificar indirectamente a través de la estructura matemática que se sabe tiene la naturaleza (realismo estructural). Por otro lado, desde el punto de vista antirrealista científico, se cita en primer lugar el argumento de la «inducción pesimista» de Laudan, que lista una serie de teorías no-exitosas 356 william montgomery urday o descartadas que funcionan como contraejemplos de la idea realista explicativa, señalando que incluso las aparentemente exitosas solo lo serán durante un tiempo, mientras mantengan sus resultados sin contradicción o sean capaces de conservar el interés de los científicos en ellos; en segundo lugar, dicen los antirrealistas que el objetivo de la ciencia no es probar la existencia de lo no observable, ni si es cierto o falso, sino solo conseguir objetivos que confirman creencias empíricamente adecuadas (empirismo constructivo) o útiles para predecir ciertos sucesos (instrumentalismo); luego, juzgan que de acuerdo al registro histórico de la ciencia los científicos del pasado generalmente no pudieron articular versiones alternativas a sus entonces exitosas teorías, así que, por inferencia, es poco probable que los científicos actuales si logren hacerlo. Según Dietrich (2020) la dicotomía realismo–antirrealismo tiene un carácter dialéctico, pues, según como se vean, ambas perspectivas pueden ser lógicamente verdaderas o falsas. De todas maneras, muestra cierto sesgo a favor del antirrealismo cuando ironiza: «Un siglo después del destierro de la mente de la filosofía por el Círculo de Viena y muchos otros, la conclusión aquí es que la mente ha regresado... con venganza. Para que explícitamente el realismo sea verdadero, primero tendríamos que concebirlo» (Dietrich, 2020, p. 146). Los paradigmas que se han reseñado en un capítulo anterior tienen direcciones divergentes acerca del diferendo. Para el constructivismo y la teoría crítica la respuesta es subjetivista, bien sea porque el observador y lo observado se fusionan (antirrealismo), o bien porque los valores del observador median su apreciación —perfectible— de las cosas (realismo explicativo). Para el positivismo y el postpositivismo la respuesta es objetivista, aunque con notables diferencias: el positivismo mantiene la mira en un realismo sin filtros (esto es, se percibe la realidad tal como existe) y cree que se puede separar lo subjetivo de lo objetivo (realismo ingenuo); el postpositivismo juzga, por el contrario, que hay límites relacionados con la captación humana que impiden al observador ser totalmente objetivo, aun cuando se puede aproximar a un ideal de objetividad rigorizando las prácticas de observación precisa y las de vigilancia intersubjetiva entre los observadores/manipuladores de la realidad (Guba, 1990). Este último argumento es hechura de Popper (2001). Es más, para él, aunque críticamente, el conocimiento se funda sobre la base de la presunción de un mundo real, capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 357 distinto del pensar. Que este, gracias a la lógica de la ciencia empírica, sea «reconstruido» para adecuarse al método, no implica que no exista independientemente de ella. Incluso, como lo resalta Chalmers (2013), en la idea popperiana hay teorías verdaderas sin creyentes y teorías falsas con muchos, implicando que lo que da certidumbre a una teoría científica es su adecuación con criterios objetivos de verdad y no con las creencias de individuos o grupos. En semejante escenario, podría decirse entonces que la verdad es relativa en diversos grados para el constructivismo, la teoría crítica y el postpositivismo —oscilando entre realismo e instrumentalismo—, mientras que se puede considerar absoluta desde la óptica del positivismo tradicional. Un ejemplo de teoría postpositivista antirrealista podría ser el del conductismo contextual debido a su afinidad con el pragmatismo, pariente cercano del instrumentalismo (véase Vegas, 2023), aunque no está muy claro si se trata más bien de un realismo indirecto porque los contextualistas evitan referirse explícitamente a temas ontológicos. El concepto de verdad se halla asociado al de realidad, tanto más cuanto en la ciencia se procuran elaborar teorías verdaderas acerca del mundo con validez ontológica, semántica y epistémica. En este terreno, hay también posturas encontradas de quienes creen que la noción de verdad, en cualquiera de sus expresiones, no tiene conexión con pareceres particulares sobre la relación mente mundo, dado que tanto realistas como antirrealistas pueden utilizar los predicados de verdad para sustentar sus posiciones sin ningún impedimento (Frapolli, 2020); y quienes consideran que dicha noción veritativa es inevitable de eludirse como asertiva (coincidencia teoría-hechos) y regulatoria (propósito e ideal de concreción) en el debate realismo–antirrealismo, puesto que las acepciones de la verdad que se suelen manejar allí tienen asidero en la teoría de la correspondencia (Gentile, 2020). Esta teoría correspondentista es la más aceptada desde los tiempos de Aristóteles, quien en su Metafísica dijo: «Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso, mientras que decir de lo que es que es, o de lo que no es que no es, es verdadero» (Cit. por Tarski, 2015, p. 368), lo que significa que: «La verdad de una oración consiste en su conformidad (o correspondencia) con la realidad» (Ib., p. 369), y se conoce como la concepción semántica de la verdad (Tarski, 2015, p. 369), que, al decir de 358 william montgomery urday Schaff (1980), es a la cual «se adhieren las teorías materialistas» (p. 74). Una de las formas más simples de evidenciarlo es mediante las oraciones bicondicionales, como por ejemplo «la proposición «todo número perfecto es par» es verdadera si y sólo si todo número perfecto es par». Semejante tipo de definiciones, según el citado Tarski, debe complementarse explicando qué son los hechos implicados y la naturaleza de la correspondencia de una proposición con un hecho. Las más citadas teorías de la verdad alternativas a la precedente en la literatura son las de la coherencia, del consenso y la pragmática. La primera de ellas asegura que una proposición es veraz solo si concuerda con las otras del sistema de proposiciones que integra; la segunda propone que la verdad puede ser consensuada intersubjetivamente por una comunidad con base en ciertos criterios compartidos; y la tercera estima que las afirmaciones verdaderas son aquellas a las que siguen consecuencias deseables en términos de utilidad para el formulador. Naturalmente, existen otras teorías al respecto basadas en la insatisfacción de los filósofos lógicos con las aludidas, pero son de poco uso y su contenido es extremadamente complicado como para exponerlo aquí (véase Padilla, 2017, para mayor abundamiento). 1.2.4. Determinismo e intencionalidad Si el sujeto se mueve en un contexto envolvente, cabe preguntarse sobre la índole de sus actos. Estos ¿Son autónomos e independientes de las condiciones históricas y del entorno situacional? ¿Hay sitio para la voluntad humana en la relación sujeto-objeto? ¿El propósito es inherente a las acciones? Respecto al primer punto, la discusión se puede remitir en primera instancia a la disyunción determinismo–indeterminismo en el funcionamiento general de la naturaleza a la que el ser humano pertenece. La más extrema concepción determinista (que se suele denominar «mecanicismo») es aquella enunciada por el físico francés Pierre-Simon Laplace (1749-1827), en su Ensayo filosófico sobre las probabilidades (1814): capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 359 Hemos de considerar el estado actual del universo como el efecto de su estado anterior y como la causa del que ha de seguirle. Una inteligencia que un momento determinado conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza, así como la situación respectiva de los seres que la componen, si además fuera lo suficientemente amplia como para someter a análisis tales datos, podría abarcar en una sola fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y los del átomo más ligero; nada le resultaría incierto y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante sus ojos.4 (Cit. por Campos, 2004, p. 163) En la idea determinista, todo, incluyendo al ser humano, está sometido a los principios de la causalidad. Cualquier suceso, incluido lo mental, responde a una secuencia o cadena de acontecimientos anteriores que le dieron lugar. Se trataría de un sujeto absolutamente subordinado al objeto, y en su devenir tanto los eventos pasados como los futuros serían fijos e inamovibles. Por tanto, asuntos como la libertad de acción, la motivación, la reflexión, la elección o la intención, no cabrían en el esquema. Al no haber acción intencional, la responsabilidad tampoco tendría sentido, poniendo en jaque la noción de bien y mal, y, por consiguiente, la moralidad (Strawson, 2008). Un célebre simposio de 1956 entre dos representantes de la psicología, uno del determinismo y otro del indeterminismo, aportó pautas acerca del pro y el contra de asumir alguna de las posiciones en términos prácticos (Skinner & Rogers, 1972). El resumen de los argumentos principales se da en la tabla 8.1. 4 Actualmente es fácil acotar esta contundente declaración a la luz de los conocimientos vigentes, como lo hace Clifton (2008): «[…] el hecho de que la información no pueda ser transmitida a velocidad mayor que la de la luz garantiza que ningún observador podrá ser capaz de reunir nunca todos los datos que habría de necesitar para predecir un evento antes de que ocurra de hecho. En segundo lugar […] por muy preciso que sea el modo en que especifiquemos su estado inicial a fin de predecir su estado final, habrá siempre una pequeña gama de posibles estados iniciales del sistema desde los cuales este podría evolucionar rápidamente hacia estados finales drásticamente diferentes» (p. 292). 360 william montgomery urday Tabla 8.1. Resumen de los argumentos principales de Skinner y Rogers en el Simposio «Algunos problemas que surgen del control de la conducta humana» (elaboración propia). Cuestionamiento de Rogers a Skinner Respuesta de Skinner a Rogers ¿A quién se controlará? ¿Quién controlará? ¿Qué tipo de control se ejercerá? ¿Con qué fin, persiguiendo qué clase de valores? Hay una subestimación del problema del poder y de los individuos o grupos que lo ejercen. Cualquier escala de valores es una lista de fenómenos reforzantes condicionados. El apego a ciertos patrones éticos resulta en un patrón perpetuado a base de reforzamiento, siempre transitorio. Si logramos que la sociedad se vea implicada en un programa científico exitoso, mediante el cual las personas alcanzaran la felicidad, tarde o temprano quedaríamos encerrados en un sistema tan rígido que impediría ese objetivo, debido a que nuestras operaciones no podrían trascenderse a sí mismas para cumplir los propósitos que las guían. Las metas que propongo no tienen un carácter último. Me resisto a cualquier uso tiránico que sirva a propósitos inmediatos y egoístas, pero si valoramos adecuadamente los logros y objetivos de la democracia, no debemos negarnos a que se aplique la ciencia al diseño y construcción de patrones culturales. El miedo al control hace que se pase por alto que en la sociedad existente ya somos controlados. No se necesita un control externo para hallar clientes psicoterapéuticos que se abren a sus experiencias y se autodirigen creativa y armoniosamente. El ser humano vive de acuerdo con un proceso de autorrealización. Rogers considera al hombre como un proceso de llegar a ser ¿qué? Busca la autorrealización ¿para qué? El control interno no es más que un objetivo externo. ¿Qué pruebas existen de que un cliente llegue en realidad a autodirigirse? ¿Debemos renunciar al control para que esto se produzca espontáneamente? Todo esto es irónico, porque la autopercepción del ser humano, incluso de aquel científico que cree en el determinismo, lo inclina a comportarse en la práctica como agente causal más que causado. Los fenomenólogos, como Gallager y Zahabi (2014), atribuyen esta condición a «un sentido experiencial de agencia que viene junto con la acción a nivel pre-reflexivo» —dis- capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 361 tinto del sentido de propiedad de los movimientos corporales—, y «la atribución de agencia que puedo hacer si se me pregunta acerca de mi acción» (p. 240); lo que, obviamente, implica lenguaje. Entonces, desde una postura determinista en psicología y poco inclinada a admitir la noción de libertad en el sentido tradicional como la que tiene, por ejemplo, Skinner (1982), podrían explicarse funcionalmente las experiencias de agencia personal y de intención yendo al análisis del papel que cumple la conducta verbal en el repertorio de conducta operante discriminativa, seleccionado por contingencias de aprendizaje social (Montgomery, 2002), esto es, a través de la conducta verbal autoclítica, el individuo «puede referirse a respuestas potenciales (“quisiera…”), relacionales (“pienso que…”), discriminativa (“estoy en…”), de efecto en presente y en futuro (“hago” o «haré”), a variables que controlan su conducta (“me gusta más el chocolate que las galletas porque…”), y al grado de probabilidad que tienen (“¿lo lograré algún día?”)» (pp. 102-103). Skinner (1981), desarrollando cada aspecto de lo antes dicho, se expresa así en lo que toca a las variables de control: Las descripciones aparentes de la conducta futura pueden explicarse en la misma forma si suponemos que una respuesta como Voy a ir a esquiar mañana es realmente equivalente a la afirmación: Las actuales condiciones, incluyendo el clima, mi programa y los arreglos que he hecho con mis amigos, constituyen un conjunto de circunstancias de la clase en la cual yo generalmente voy a esquiar. Las respuestas a las variables con frecuencia aparecen como afirmaciones de «propósito» o de «significado», como vimos antes. Voy a buscar mis anteojos parece incluir una respuesta ante el objeto de la conducta del hablante, pero ¿cómo puede un objeto con el cual el hablante aún no está en contacto, controlar una respuesta verbal? Tal conducta debe considerarse como equivalente a decir: Cuando me he comportado en esta forma en el pasado, pude encontrar mis anteojos y entonces dejé de comportarme así, o a decir: Han surgido circunstancias por las cuales me inclino a emitir cualquier conducta que en el pasado me hubiera llevado a encontrar mis anteojos; tal comportamiento incluye buscar, que es lo que estoy haciendo ahora. No es ningún carácter intencional de la conducta misma lo que el individuo toque, sino las variables en control de la conducta (pp. 159-160). 362 william montgomery urday Es conveniente poner de manifiesto que esta postura determinista no es dogmática, inclinándose, por el contrario, hacia una posible conciliación con enfoques no deterministas (es decir, los que propugnan alguna clase de reivindicación del «libre albedrío» como una característica del comportamiento humano). En esta dirección, Staats (1979) propuso que la conducta puede ser concebida causalmente «sin rechazar la originalidad, actividad y autodirección características del hombre ni la experiencia de libertad y espontaneidad» (p. 428), si se considera que las fuentes de estimulación van más allá de las contingencias físicas, es decir en el aprendizaje social, y que una vez aprendidos ciertos repertorios lingüísticos, emocionales y motores básicos en el transcurso del desarrollo del individuo, ellos también se constituyen en factores que amplían su aprendizaje pasado a través del razonamiento, la planeación y la formulación de metas con propósito, además de combinaciones de respuestas que producen nuevas conductas originales. Todos estos repertorios no solo operan a nivel general, sino que pueden funcionar como causas inmediatas, vehiculizadas por secuencias de lenguaje, manifestándose como experiencias de libertad personal y de intencionalidad (Staats, 2003). Si a eso se le quiere inferir como / o llamar procesos de representación, como hace Bruner (ver Yacuzzi, 2016), es una cuestión abierta. Se sugiere de este modo que la experiencia fenomenológica o existencial de determinar la propia conducta, de controlar el destino propio, surge de la autobservación de los diversos procesos causales. El individuo observa sus decisiones, peticiones e intereses su efecto sobre los demás, sobre sí, sobre su medio, etc. Observa que de estas formas determina su conducta, lo que llegue a ser, lo que le acontezca, el cómo le respondan los demás, etc. También observa eventos similares en otras personas, algunas veces más claramente que cuando él es el objeto de la observación […] el individuo experimenta lo que ha hecho y los efectos que ello tiene sobre su conducta, su desarrollo conductual y las circunstancias de su vida. (Staats, 1979, p. 430) En la jerga filosófica que da cuenta de la polémica entre determinismo e indeterminismo, se suele hacer una diferenciación entre posturas compatibilistas e incompatibilistas. El compatibilismo, sostenido entre otros por Hobbes, Hume o Mill, rechaza, como señala Muñoz (2012), la incompatibilidad de la libertad con el determinismo, y este rechazo se basa en que se concibe capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 363 la libertad como una acción que se ejerce si no hay nada que lo impida, a lo cual se ha llamado «libertad negativa», concepto proveniente del filósofo utilitarista británico Jeremy Bentham (1748-1832), y reactualizado en el siglo XX por Isaiah Berlín (Montgomery, 2021). La «libertad positiva», por su lado, asegura que sí le es posible a un individuo manejar su autonomía con independencia de las condiciones que la contextúan5. Evidentemente, la postura compatibilista de Staats se encuadraría como una solución entre ambas libertades sin salir del marco científico, con relevantes consecuencias morales, jurídicas y políticas a nivel de la responsabilidad personal. Una noción determinista rígida asume que el individuo actúa porque es producto de las circunstancias históricas y situacionales que «lo obligan». Una noción indeterminista rígida considera que el individuo nace dotado de una facultad —por lo común divinamente inspirada— que le permite elegir por encima de cualquier formación personal o circunstancia. En el primer caso, el corolario es que la culpa de lo que hace el individuo hay que buscarla fuera de su persona; en el segundo caso, los actos de la persona se deben a inclinaciones interiores como la «bondad» o la «maldad». Sea cual fuere la inclinación hacia una u otra alternativa, la sociedad toma, a través de sus instituciones, las medidas que le sugieren las creencias predominantes. El apotegma enunciado por Staats (1979) es el siguiente: «Lo que el individuo es al principio depende de lo que le haya acontecido. Pero lo que es determinará posteriormente lo que le acontezca, y, por lo tanto, lo que llegará a ser» (p. 63); dejando en claro que, si bien se aprende lo sustancial del comportamiento en el desarrollo temprano, una vez adquirido este ya se es capaz de actuar con diversos grados de responsabilidad durante el resto de la vida (por cierto, en la teoría de Staats nunca dejan de funcionar los contextos histórico, situacional y biológico, vehiculizados por los principios de aprendizaje). Esto también puede expresarse de otras maneras desde puntos de vista alternos. Por ejemplo, Bunge & Ardila (1988) apuntan que se puede «llamar libre a un proceso conductual o mental si, lejos de ser independiente de las condiciones antecedentes (esto es, indeterminado) o plenamente controlado por 5 Hayek (2006) atribuye al filósofo idealista inglés Thomas H. Green (1836-1882) la primera popularización de la diferencia entre libertades positiva y negativa, que «deriva en definitiva de Hegel» (p. 43, n. de pie). 364 william montgomery urday la estimulación sensorial, está dirigido internamente y, más en particular, se encuentra bajo el control de procesos conceptuales» (p. 295). 2. DIMENSIÓN HOLISTA-ATOMISTA 2.1. Origen, definiciones y diferencias Para centrar las cosas, es mejor citar in extenso lo que señalan los mismos Bunge & Ardila (1988) acerca de estas dimensiones que, en cierto modo, constituyen una especie de tesis y antítesis sobre la naturaleza de las cosas: El enfoque atomista (o individualista o analítico) se apoya en una ontología atomista —de acuerdo con la cual el mundo es un agregado de unidades de distinto tipo— y una gnoseología reduccionista, de acuerdo con la cual el conocimiento de la composición de un todo es condición necesaria y suficiente para el conocimiento del todo. Las metas del atomismo son las mismas que las de la ciencia, y la metódica atomista se reduce al análisis de los componentes […] El enfoque holista (o sintético) se apoya en una ontología holista u organísmica, según la cual el mundo es un todo orgánico que puede descomponerse en grandes todos parciales que ya no son susceptibles de descomposición. Esta ontología viene acompañada de una gnoseología intuicionista, según la cual esos todos últimos deben ser aceptados y recogidos tal como son (en su propio nivel), no analizados e indebidamente manipulados. El objetivo del holismo es poner de relieve y conservar la totalidad y la emergencia (las novedades cualitativas que acompañan la formación de ciertos todos); y su método (o, más bien, procedimiento no metódico) suele ser la intuición, con preferencia a la razón y el experimento. (p. 72) Desde las antiguas formulaciones hindúes y griegas viene la idea de que la realidad se puede fragmentar en segmentos discretos. En el mundo griego —más conocido por occidente—, filósofos como Leucipo, Demócrito y Epicuro insistían en que la naturaleza puede concebirse como una reunión de partículas infinitamente pequeñas, llamadas átomos. Ya en el siglo XVII, los representantes más eminentes de las ciencias naturales uti- capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 365 lizaron esta idea para fundar sobre ella sus teorías mecanicistas, influenciando también a la filosofía empirista. El ejemplo más característico del enfoque atomista (o molecular) es el asociacionismo psicológico. Es notorio que, durante el siglo XIX, los primeros psicólogos de laboratorio —bajo la influencia, en parte, de la filosofía empirista, y, en parte también del racionalismo del siglo XVIII— buscaron organizar una rigurosa gama de procedimientos experimentales tomando como objeto de estudio la asociación de ideas, sensaciones y movimientos. Con este afán, tales unidades de análisis se ubicaron conceptualmente como elementos divisibles que eran susceptibles de relacionarse en función a determinada mecánica. El principio fundamental era la ley de contigüidad, según la cual dos eventos cercanos que ocurren simultáneamente tienden a repetirse uno al lado del otro. Por ejemplo, una idea o sensación de comida/hambre acompañada de un tono musical, implicaba que posteriormente, al reaparecer la idea del tono, llegara acompañada de la idea o sensación de la comida/hambre. De esa manera, quedarían explicados por un lado el flujo de conciencia, y, por otro lado, la formación de ideas complejas a partir de ideas más simples, en una configuración similar a la formación de las moléculas a partir de los átomos. En esta óptica, entonces, el problema de la complejidad se enfrentó bajo la suposición de que las unidades simples podían conectarse entre sí (Pávlov, 1973a, Baum, 2004). El principal problema de esta perspectiva es, como dice Sanabria (2002), «la recolección e interpretación de los datos como eventos momentáneos» (p. 28); pero, más allá de las insuficiencias de dicho enfoque, que son fáciles de achacarle en el momento presente, se puede asegurar que cumplió su cometido al obtener las primeras leyes conocidas en el campo de la psicología. Por ejemplo, el trabajo del legendario Edward L. Thorndike en su etapa más fecunda, está obviamente anclado en el asociacionismo (López, 2021), consiguiendo formular bajo dicho marco las leyes del ejercicio y del efecto. La asociación por contigüidad inherente al reflejo condicional prolongó esta visión atomista en el en el siglo XX, acompañada de los conceptos neoconductistas de estímulo y respuesta, tratándose respectivamente como eventos discretos en el ambiente y en el comportamiento. Frente al problema de que cada uno de los eventos ocurridos —sean estímulo o respuesta—son únicos, cuestionando la reproducibilidad necesaria para el estudio científico, Skinner propuso que ellos no eran 366 william montgomery urday eventos unitarios en el sentido convencional, sino clases de eventos unitarios (Baum, 2002)6. La metodología derivada de la aproximación molecular se centra en el uso de la tasa de respuesta como unidad de análisis, pero, en general, puede decirse que, en su mayoría, la metodología de investigación experimental, cuasiexperimental y correlacional de la psicología está moldeada de acuerdo con los presupuestos asociacionistas. Zillio (2019) enlista siete características de dicha estrategia: 1) delimitación del fenómeno; 2) descomposición del fenómeno en unidades analíticas: el mecanismo y sus componentes; 3) selección de variables (unidades o componentes) de interés; 4) análisis de la función de la(s) unidad(es) o componente(s) seleccionado(s) en el contexto del mecanismo del que forma parte, a través de protocolos de observación y manipulación; 5) análisis de las características organizativas del mecanismo en su conjunto, mediante protocolos de observación y manipulación; 6) explicación, es decir, la descripción de cómo se produce el fenómeno a partir de la relación funcional y organizativa entre los componentes del mecanismo; 7) integrar la explicación del mecanismo en una visión más amplia (panorama general) relacionada con el fenómeno. (pp. 57-58) Respecto al holismo (o enfoque molar), aparte de las fuentes de origen en el mundo premoderno (religiones y cultos orientales diversos), y en la fenomenología de Husserl, el existencialismo de Kierkegaard y Nietzsche, sus fundamentos científicos se hallan en nociones de Kant (la percepción estructura la experiencia sensorial); Mach (las percepciones espacial y temporal son independientes de los elementos que las componen); Ehrenfels (percepciones con cualidades de forma), Stumpf (psicología del acto); y Planck (teoría física de campo); entre otras (Hergenhahn, 2011). La principal corriente psicológica relacionada con la perspectiva holista es la Gestalt —palabra alemana que significa «configuración», «forma» o «totalidad» 6 Así, una clase de estímulo es un grupo de estímulos que tienen el mismo efecto funcional, por ejemplo, todos los estímulos de la clase de «cartelera de cine» pueden evocar su revisión textual. De otro lado, una clase de respuesta se compone de todas las respuestas que pueden ser evocadas por un estímulo particular, como, por ejemplo, la clase de respuesta de «sumar para obtener un cociente» puede ocurrir usando una calculadora, los dedos, o simplemente el lenguaje. capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 367 (Ib., p. 481)—, opuesta a cualquier clase de molecularidad, sea que proviniera del conductismo o de la psicología de las facultades. La propuesta en contrario señala que los campos de actividad cerebral modifican la estructura de la estimulación sensorial, y esta, la de dicha actividad en una secuencia de interacción entre ambos, por lo que el todo es el que les da significado y organización a las partes. Para demostrar esta afirmación, los psicólogos gestálticos (Wertheimer, Koffka, Lewin, Köhler, Goldstein, etc.) encuentran configuraciones de percepción visual (por ejemplo, la transposición) y experimentan con organismos a los cuales se les ponen tareas de resolución de problemas, siendo el objetivo probar que los individuos no aprenden respuestas aisladas, sino relaciones entre ellas a partir de una repentina integración («insight»)7. Otro referente importante del enfoque holístico, pero menos atento a probar experimentalmente sus aserciones por considerarlas evidentes por sí mismas, es Abraham Maslow, más interesado en obtener una imagen de la persona como totalidad resacralizando su estudio en torno a la «emoción, asombro, admiración y entrega» (Feist, et al., 2014; p. 174) que debe tener la ciencia de lo humano. En este sentido, la metodología de investigación, según Maslow, debe de ponerse al servicio de liberar al individuo de cualquier control, en vez de predecir y controlar sus reacciones. Para Allport (1988), como para Maslow (ambos de orientación humanista), el hombre puede ser visto como un ser reactivo (conductismo), como un ser reactivo en profundidad (psicoanálisis), o como un ser proactivo existencialmente «en proceso de devenir una identidad» (p. 66). Esta última condición es compatible con la visión holista. 7 Esta oposición gestáltica al enfoque atomista provocó un irónico comentario de Pávlov (1973a) en sus charlas de los miércoles: «Dicen […] que el hombre y el organismo animal son una “gestalt”. Nadie duda de la integridad, y, no obstante, no hay nada que nos impida descomponer este conjunto en varios sistemas […] Es como descubrir América. Dicen además que nuestra conducta es más que una suma de reflejos ¡vaya descubrimiento! Ahora bien, han supuesto que cualquier sistema es como un saco en el cual se amontonan las patatas, las manzanas, los pepinos, etc. […] Desde el momento en que tenemos que tratar con un organismo no hay duda de que todos los elementos actúan unos sobre otros, de la misma manera que un cuerpo químico, el hidrógeno, el oxígeno y el carbono actúan según el lugar que ocupen» (p. 416). 368 william montgomery urday En tiempos más recientes, una de las modalidades más extravagantes de la psicología holística es la que proviene de los trabajos de Ken Wilber —uno de los creadores de la Psicología Transpersonal (o «cuarta fuerza») con que soñó Maslow—, con ribetes místicos bastante acusados. Edwards (2013) la describe así: La psicología holística se ocupa del Ser humano en todos sus aspectos. conciencia, realidad, aspectos, esencias y contextos de este fenómeno. Estos incluyen una visión holística de la psicología como el estudio, uso y mejora de la psique, la respiración, el alma, el espíritu, el Yo, la vida, la muerte, la conciencia, la energía, el cuerpo, la mente, la experiencia, el comportamiento, las relaciones, el mundo, etc. Ser se escribe con S mayúscula para incluir los confines más lejanos de la conciencia humana de la misma manera que el Yo puede distinguirse del yo y del ego ordinario y cotidiano. (p. 531) En breve, se trata de una rememoración combinada de nociones místicas (por ejemplo, las «experiencias energéticas») que las tradiciones espirituales del judaísmo, el hinduismo, el budismo, el taoísmo, el cristianismo y el islamismo han desarrollado; que se pretende innovadora con respecto a la rigidez y reduccionismo de la psicología académica y profesional. 2.2. Discusión epistemológica Las respuestas al atomismo y al holismo como perspectivas demasiado parciales han sido numerosas, argumentando que, en realidad, ambas son complementarias. Esto podría interpretarse como una síntesis de ellas. Aquí solo se mencionarán las del enfoque sistémico, el socioculturalismo, la psicología genética y el conductismo. Bunge & Ardila (1988), describiendo el enfoque sistémico, dicen que este se funda en una ontología «según la cual el mundo es un sistema compuesto de subsistemas pertenecientes a distintos niveles de, y una gnoseología que recomienda combinar razón con la experiencia a fin de comprender la formación y la destrucción de sistemas en términos de sus componentes, las interacciones entre éstas y el medio» (p. 73). En este enfoque hay un concepto introducido por el ensayista Arthur capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 369 Koestler (1905-1983) en su libro El Fantasma en la Máquina (1967), denominado «holon» (Koestler, 2018), pertinente a la descripción de un sistema que comprende tanto lo molecular (subsistema) como lo molar (suprasistema); por lo tanto, es parte y todo a la vez. Un análisis holónico puede, así, enfocar los elementos componentes o el medio significante que integran, siendo la causalidad múltiple y multidireccional, de acuerdo con los objetivos que requiera satisfacer. Un ejemplo de holon es brindado por Anderson & Carter (1994), tal como se ve en la figura 8.2. Figura 8.1. Los niveles de análisis de la familia, considerada en función a sus integrantes y sus interacciones con la escuela, el trabajo, el barrio y otras familias (adaptado de Anderson & Carter, 1994, p. 26). Desde el socioculturalismo, Lomov (1981), también tiene una visión sistémica de la realidad. A título de causa de uno u otro acto de comportamiento aparece, por regla general, no un acontecimiento aislado, sino un sistema de acontecimientos o situación. Con la particularidad de que la situación debe enfocarse correlacionándola con las características y peculiaridades de quién actúa en ello y con su propia actividad. Una de las tareas más complicadas, naturalmente, es descubrir de qué modo, en el proceso de la actividad real del sujeto se opera la transformación recíproca de las causas y los efectos y encontrar los procedimientos del análisis científico concreto de dichas transformaciones. (p. 138-139) 370 william montgomery urday La similaridad entre los puntos de vista de la psicología soviética socioculturalista y el enfoque de complejidad de Morin no pasa desapercibido, siendo resaltado por captar «el desenvolvimiento del ser humano en sus mediaciones y contradicciones dialécticas» (Fariñas, 2019, p. 287; ver también Montgomery, 2018). Por otra parte, desde la psicología genética, Piaget (1975b) apunta que la actitud atomista trata de explicar lo complejo por lo simple llevando a un genetismo sin estructuras; mientras que la visión holista procura explicar las totalidades solo describiéndolas, llevando a un estructuralismo sin génesis. Frente a estos polos, reivindica otra posibilidad: El método destinado a dominar los problemas de totalidad, que en principio parece ser el más racional y el más fecundo, porque corresponde a las operaciones intelectuales más elementales (las de reunión o adición), consiste en explicar lo complejo por lo simple O, dicho de otro modo, en reducir los fenómenos a elementos atomísticos, la suma de cuyas propiedades daría cuenta del total que ha de ser interpretado […] La segunda tendencia que se ha manifestado en disciplinas muy diferentes es la que, en presencia de sistemas complejos, consiste en insistir en los caracteres de «totalidad» propios de tales sistemas, pero en considerar que esta totalidad «emerge» simplemente de la reunión de los elementos y se impone a ellos estructurándolos gracias a esta coacción del «todo»; y sobre todo en considerar que la totalidad se explica por sí misma por el mero hecho de su descripción (p. 217) […] Una tercera posición es […] la del estructuralismo, pero considerado en tanto que relacional, es decir, en tanto que hace de los sistemas de interacciones o de transformaciones la realidad primera, subordinando, por consiguiente, ya desde el principio, los elementos a las relaciones que los engloban, y concibiendo, recíprocamente, el todo como producto de la composición de estas interacciones formadoras. (p. 218) El análisis de la inteligencia en la teoría operatoria (Piaget, 1972) es un excelente ejemplo de cómo los cambios cualitativos de las etapas a través de los procesos de equilibración, van reorganizando la estructura total, integrando cada subestructura relacional en una nueva. También esta postura suele ser motejada por Piaget de dialéctica. capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 371 En el caso del enfoque conductista, ya se ha visto como su análisis por fracciones del continuo comportamental identificaba el reflejo como unidad del modelo respondiente, y las covariaciones contingenciales estímulo–respuesta como unidad del modelo operante. Sin embargo, en sus versiones conductuales modernas, este atomismo viene siendo matizado o sustituido por una consideración de síntesis molar-molecular. Respecto al primer caso, el matiz lo da la variante del conductismo teleológico de Rachlin, que ya no acude a la relación establecida por la triple contingencia, sino que se enfoca en la asignación de tiempo a las posibles respuestas anidadas dentro de patrones más generales (causas finales amplias), los cuales constituyen determinantes de los menores (Sanabria, 2002). Un ejemplo de contraposición entre la visión molecular y la molar es desarrollado por el mismo Rachlin (2010), referente a la conducta de obtener una barra de chocolate de una máquina de dulces. La visión estrecha de las causas finales (connotación que le da Rachlin al enfoque molecular) explica que la causa final de la secuencia es la aparición del dulce en la bandeja después de haber insertado la moneda y apretado el botón. Por el contrario, en la opción de la causa final amplia el acto no ocurre separado de sus efectos: la causa molar de poner la moneda en la ranura y presionar el botón no es la aparición del chocolate, sino la relación entre toda la secuencia de acciones. Vale decir, poner el dinero en la abertura, presionar el botón y obtener la barra de chocolate. Es decir, toda la secuencia o patrón de acciones constituye la causa de cada componente individual del mismo. Lo cierto es que esta concepción tiene un «aire de familia» muy fuerte con la aproximación contextualista funcional del «actuar en contexto», en el cual: «La contingencia de tres términos del conductismo radical es una unidad contextual espaciotemporal dinámica: ninguno de los términos puede definirse independientemente de los demás» (Hayes & Brownstein 2016, p. 81), lo que implica que la totalidad es la que define cómo los elementos se configuran en un episodio de comportamiento, y estos junto con el total, a su vez, se conciben a la manera de un holon, tal como se describió ut supra. Considere un viaje a la tienda, los principios operantes pueden ser aplicados al evento perceptual más pequeño (ej., ver el automóvil), al evento conductual 372 william montgomery urday manifiesto más pequeño (ej., tomar el timón), a eventos privados (ej., pensar qué comprar), a unidades comportamentales más grandes (ej., conducir el automóvil) e incluso a unidades comportamentales aún más grandes (ej., ir en el automóvil a la tienda para conseguir comida). Vista funcionalmente, desde la unidad de análisis más molecular hasta la más molar pueden ser relevantes y útiles, dependiendo de los propósitos del análisis. Lo que define cualquiera de éstas como «operante» es la demostración exitosa de su operación como una clase de respuesta sensible a las contingencias de reforzamiento. (Hayes & Quiñones, 2005, p. 280) Aunque Baum (2002, 2004) y otros manifiestan su conformidad con esta extensión «molar» del conductismo teleológico (como se ha visto, parecida a la del contextualismo funcional), otros conductistas no la ven como la solución. En este terreno, Camacho (2017) da cuenta de las discrepancias del interconductismo de Emilio Ribes con respecto a la autenticidad de la connotación de molar que se le da al enfoque de Rachlin (y Baum), especificando que en él las unidades extendidas en el tiempo siguen siendo respuestas y eventos discretos que ocurren en cadenas temporales en el espacio, por tanto, moleculares, no molares. La diferencia de concepción de lo que es «molar» en los autores citados radicaría en que, mientras para Baum la expresión se entiende en un contexto de muestras de patrones de frecuencias, para Ribes la única connotación posible es la de medidas continuas, no fraccionadas. Además, según este último autor, el análisis molecular es complementario al molar. Es interesante la progresiva modificación experimentada desde el interconductismo de Ribes a través de los años con respecto a lo que debería ser una teoría molar, es decir —en sus términos—, de campo. En la primera publicación (Ribes y López, 1985) se ven tesis paramétricas como estas: Todo fenómeno puede analizarse molecularmente en sus componentes mínimos y las interrelaciones y procesos que lo constituyen. Sin embargo, el análisis molar debe siempre contextualizar al molecular (p. 89) […] El lenguaje de datos de la teoría está dado por las categorías numéricas que se refieren a las dimensiones, parámetros y medidas de las interacciones organismo-ambiente. Estas categorías son requisito indispensable para vincular las definiciones ope- capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 373 racionales con los conceptos de proceso [...] Los conceptos de proceso son el nódulo del sistema explicativo de la teoría. Están compuestos por categorías que interrelacionan la acción de clases de eventos, sus formas de interrelación y las condiciones y características cuantitativas que la definen (p. 102) […] Las categorías de proceso pueden tener diversos niveles de abstracción [...] El nivel más elevado está constituido por los conceptos de proceso cualitativos, que describen las propiedades y características de las formas generales de contacto organismoambiente. En segundo término, siguen los conceptos de proceso cualitativo que describen las propiedades y características de formas específicas de interacción. Finalmente, están los conceptos de proceso cuantitativo, que describen los cambios paramétricos característicos de dicha interacción. (p. 103) Así pues, hay lugar para considerar ciertas clases genéricas de fenómenos ambientales u orgánicos con propiedades de fuerza; geografía; topografía; probabilidad, etc.; además de las características fisicoquímicas y/o convencionales de los factores implicados en la definición de clases de respuesta y de estimulación. Por ejemplo, la conducta procesual de «cooperar con otros niños» podría, en este sentido, integrar varias interacciones moleculares (compartir, jugar, ayudar, distribuir y otras), y, por otro lado, estar modulada por otras propiedades de tipo holístico, tales como los contactos temporales y las correspondencias de respuesta lingüística e implícita. Las precisiones realizadas por Ribes y López proporcionan pistas para describir tanto las propiedades cualitativas de formas generales y específicas de interacción (estados terminales, por ejemplo, las funciones psicológicas), como las variantes paramétricas de sus elementos configurativos posibles de ser medidas abarcando «variables tan específicas como la historia de interacciones previas, el estado biológico del organismo, la modalidad sensorial del contexto, su intensidad y tras pertinentes al caso que, dentro del momento presente del intercambio, pudieran probabilizar la ocurrencia de algún episodio particular» (Montgomery, 2000, p 65). En cambio, en el Ribes (2018, 2021) más actual, las modificaciones fundamentales de detalle incluyen dejar de lado la «función estímulo–respuesta»8 y (por lo menos 8 En la jerga técnica de Ribes y López (1985), «estímulos y respuestas, de objetos de estímulo y de un organismo particular, que hacen contacto funcional —es decir, que interactúan— en un sistema determinado de relaciones» (p. 44). 374 william montgomery urday como variable molecular sustancial) la medida de frecuencia de respuesta; reemplazándolas por conceptos y medidas de carácter continuo. En vez de función estímulo–respuesta, la renombra como contacto funcional entre la textura del ambiente y los patrones reactivos/activos del individuo; y la frecuencia de respuesta solo le resulta pertinente como una medida entre otras para aplicarse a la persistencia y el vigor. Desde luego que el interés por medidas discretas se sigue subordinando a las molares, en este caso proponiendo variables como la direccionalidad, la variación, el vigor, la persistencia y la preferencia (Ribes, 2021, p. 213), cada una con sus respectivas maneras de evaluación. No está demás apuntar que en la clásica teoría interconductual de J. R. Kantor (1978, 2012) —partiendo de la cual Ribes elaboró su propia variante—, los factores de su episodio de campo son los considerados en la ecuación: C = (k, fe, fr, hi, ed, md) Donde «C» denota el complejo sistema de factores interactuantes en el campo, y «K» la unidad integrada de todos ellos: función de estímulo (fe), función de respuesta (fr), historia interconductual (hi), eventos disposicionales (ed) y medio de contacto (md); cubriendo aspectos organísmicos, históricos, biológicos y físicos. Como recalcan Fryling & Hayes (2012), complementando esta descripción, ningún factor es más o menos importante que otro, y cambiar uno cambia a todos los demás. La objeción de S. C. Hayes (2016) a esta clase de contextualismo es que es únicamente descriptivo, sin correlato funcionalmente utilitario, como sí lo tiene la variante del acto en contexto. Seguramente se podría añadir que el pensamiento de la complejidad (Morin, 1995, 1998), que ve la realidad como un compuesto de variopintas uniones tejidas entre sí para configurar relaciones sistematizadas, sería el indicado para establecer un orden en tan intrincado terreno de concepciones y conceptos como los que aquí se han visitado; pero eso aún está por verse. capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 375 La molecularidad o molaridad de los análisis que se hacen a nivel de la evaluación del comportamiento a fin de que sirvan de base para articular estrategias de cambio, si bien son complementarias en cuanto a su marco general —lo que significa puntualizar nuevamente que lo molar contextualiza lo molecular—, deben poder precisarse en su pertinencia y extensiones. Por eso es importante estar en condiciones de identificar claramente qué variables dentro de un contexto particular permiten el mejor entendimiento del problema bajo observación. El posible rango de variables psicológicas, socioculturales, sociohistóricas, biológicas, fisicoquímicas, geográficas, etc., que constituyen las relaciones del individuo con su entorno, es bastante grande y se halla en constante reconfiguración temporal (Moser, 2014). Como señala Caballo (1998), es útil comprender que hay una escala de análisis de potenciales interacciones en distintos niveles configuracionales, que van desde lo más general a lo más particular. Esto es, desde el ambiente hasta los estímulos, pasando por las situaciones. Endler, citado por Caballo (1998), los caracteriza así: «El ambiente es el contexto o el trasfondo general y persistente en el que tiene lugar la conducta, mientras que la situación es el trasfondo momentáneo o pasajero. Los estímulos pueden conceptualizarse como los elementos dentro de una situación» (p. 857). Estas unidades de análisis constan, a su vez, de subcomponentes, por ejemplo, la situación implica elucidar quién(es) actúa(n); qué dice(n) o no; qué hace(n) o no; dónde y cuándo: y en qué suceso significativo en particular, y esto se correlaciona con las características más moleculares que van saliendo de una mirada aún más detallada. Incluso se tienen en cuenta las diferencias entre las situaciones reales y aquellas que se dan tal como son percibidas por el (los) individuo(s) bajo intervención; y, desde luego la forma como la acción del (los) propio(s) individuo(s) va modificando los pormenores de sus interacciones con el ambiente social, físico o biológico. Puesto que la manera sistemática de cómo se defina y delimite un problema de comportamiento es la que determina la clase de solución que se le proyecte en la atención psicológica, tal minuciosidad y exhaustividad en la exploración de los factores señalados está plenamente justificada. 376 william montgomery urday 3. DIMENSIÓN ESTÁTICA-DINÁMICA 3.1. Origen, definiciones y diferencias Esta dimensión es la más confusa de las propuestas por Coan. En su corta y poco esclarecedora explicación, que él mismo reconoce insuficiente, dice que estas variables: […] muestran una preocupación por los procesos en curso o por cosas que tienden a producir procesos o cambios. El polo negativo está menos definido, pero sugiere un mayor énfasis en características que podrían considerarse estáticas o en métodos que podrían usarse para aislar dichas características. Una etiqueta bastante precisa sería Dinámico versus Estático, aunque estos términos se han vuelto demasiado cargados de valor para ser completamente satisfactorios. (Coan, 1968, p. 719) De acuerdo con ello, el «polo negativo» sería el estaticismo y el «positivo» sería el dinamicismo. Ahora bien, se sabe desde la ciencia física, que el fuero de una dimensión estática está restringido a propiedades incambiables (o estables) de una sustancia, al par que una dimensión dinámica se vincula a procesos y modificaciones que sobrevienen al interior de la sustancia; y también es conocido que cuando se utiliza el adjetivo «dinámico» en la órbita de los enfoques psicológicos, corrientemente se refiere al psicoanálisis en todas sus variantes, la famosa dinámica psíquica que, según Freud (2023), a través de los procesos de la mente adapta al sujeto a su realidad. Esta dinámica se compone de los flujos de sucesos, los instintos, los conflictos y las defensas. En cuanto al enfoque «estático», tendría que ser todo lo contrario. Es decir, por un lado, no tomar en cuenta un hipotético aparato mental como origen primario de los actos humanos, y, por otro, negar (o disminuir) la movilidad de tal influjo en caso de aceptarlo, pero no está claro a qué enfoque(s) podría asignarse esta distinción. A lo que parece, la confrontación planteada en la época de Coan a partir de esta dimensión —dada la lista de características que le otorga (sensación, percepción, introspección, y a la vez descripción cuantitativa)—, estaba dirigida a contraponer directamente al psicoanálisis con variantes que hoy en día ya resultan más históricas —si capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 377 no anacrónicas—, que vigentes. Es decir, el voluntarismo de Wundt, el estructuralismo de Titchener, y quizá también la Escuela de Wurzburgo. Pero aun en este caso, la confrontación con Wundt no es la más indicada porque «a diferencia de que lo que se piensa respecto de que Wundt se interesó en la búsqueda de los elementos cognitivos y emocionales de una mente estática, consideraba que la mente era activa, creativa, dinámica y volitiva» (Hergenhahn, 2011, p. 280). Lo de Titchener sí encajaría en lo estático, pero no dejó un legado, y, como se ha dicho, al presente no significa nada porque su estructuralismo desapareció. Por lo tanto, hay que buscar una mejor rivalidad que esa. Un candidato sustituto a ocupar la plaza en el polo que Coan llama «estático» —y que, en realidad, solo es menos «dinámico» (menos mentalista) en el sentido psicoanalítico— es el enfoque de disposiciones. Las disposiciones pueden considerarse de dos maneras: como rasgos (o sea tendencias mentales-actitudinales) del individuo, lo que no diferiría mucho de la dinamicidad freudiana; y como eventos disposicionales en el sentido kantoriano, es decir factores situacionales e históricos que probabilizan el establecimiento de una determinada función psicológica, facilitando o interfiriendo la interacción específica que la constituye dentro del campo (Kantor & Smith, 2015). En tal sentido, su connotación es más amplia que la de los rasgos, pues incluye no solo tendencias, sino también aptitudes. La discusión que sigue estará centrada en contraponer las tesis psicoanalíticas con las interconductistas y contextualistas. 3.2. Discusión epistemológica La perspectiva psicodinámica es determinista porque juzga que, en última instancia, los aspectos motivacionales y comportamentales son movidos tanto por impulsos heredados biológicamente, como por impulsos socialmente adquiridos. Las pulsiones surgen de un sistema de energía alojado en el cuerpo, cuya conducta regularía los altibajos de dicha fuente, y se pueden resumir en dos grandes grupos llamados instintos: los instintos de vida, que sostienen la perduración individual y colectiva de la especie; y los instintos de muerte, que empujan al individuo al descanso y la inactividad o la no-existencia, pero en su plano más negativamente desbocado, hacia la william montgomery urday 378 (auto)agresión y la (auto)destrucción; es decir, en cierto modo la oposición entre amor y odio, según dijo Freud (2016) en su carta a Einstein de 1933. Los conflictos de la mente humana derivados de esta clase de motivaciones, se resuelven en un choque de fuerzas entre el ello (inconsciente), nido de pulsiones hedonistas; y el yo (consciente), bastión de defensas socialmente aprendidas, organizadas para bloquear, demorar o recanalizar la satisfacción; encuentro que a menudo es muy parejo, constituyendo dilemas que producen ansiedad: ideas contrapuestas entre sí, voluntad versus apatía, represión del deseo y sentimientos de culpa; y las únicas soluciones posibles para el individuo son reprimir o suprimir pensamientos negativos a través de los mecanismos de defensa (tabla 8.2). Tabla 8.2. Mecanismos de defensa en el psicoanálisis (elaboración propia, basada en Reeve, 2009, p. 304). Negación Las realidades externas desagradables se ignoran o hay una negativa a reconocerlas. Fantasía Se satisfacen los deseos frustrados por medio de logros imaginarios y omnipotentes. Proyección Atribuir los propios deseos o impulsos indeseables a otra persona. Desplazamiento Liberar la ansiedad propia contra un objeto sustituto cuando hacerlo en contra de la fuente de ansiedad podría ser dañino. Identificación Tomar las características de alguien a quien se considera exitoso. Regresión Regresar a una etapa anterior del desarrollo al experimentar estrés o ansiedad. Formación reactiva Adoptar o expresar el opuesto total de los sentimientos o motivos verdaderos. Racionalización Justificar un pensamiento o sentimiento perturbador o inaceptable mediante la selección de una razón lógica para pensar o sentirse de esa manera. capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) Anticipación 379 Predecir un peligro futuro en pequeños pasos para afrontar el peligro de manera gradual más que en una avalancha completa. La capacidad de no tomarse a uno mismo demasiado en seSentido del humor rio, como cuando se aceptan las propias limitaciones y se habla acerca de las mismas en forma socialmente aceptable. Sublimación Transformación de una ansiedad socialmente inaceptable en fuente de energía que no produce consecuencias adversas y que se convierte en socialmente aceptable o, incluso, emocionante. Este ingenioso planteamiento supone un modelo dualista y reactivo de la naturaleza humana, que por ejemplo los humanistas y cognitivos no aceptan en su segunda connotación, a pesar de sí tenerle fe a algunos de los constructos psicoanalíticos del interior de la mente. En el caso del enfoque conductista se recusan ambas características, ofreciendo una concepción alternativa también determinista. Desde tal enfoque, en su versión interconductual, el trascendentalismo que conduce a conceptuar la mente como una entidad transespacial e incorpórea, poblada de compartimientos psíquicos, instintos y conflictos, se origina en el pensamiento platónico del alma tripartita (apetitiva, competitiva y calculadora), principio y fuente de movimiento, que corresponde más o menos aproximadamente al aparato freudiano del ello, superyó y yo. Este pensamiento, elaborado durante el medioevo por los Padres de la Iglesia, fue tomando, en sucesivas modificaciones y añadidos, el carácter de «mente», entronizada luego a nivel epistemológico por Descartes según lo describe Alcaraz (2004). Durante el siglo XX, el conductismo de Watson y de algunos de sus sucesores pretendió naturalizar el objeto de estudio de la psicología renunciando a la mente y a la consciencia, logrando desvirtuar la tesis de los instintos gracias al brillante trabajo de Zing-yang Kuo (algo que todavía tiene fuertes repercusiones: véase Chen, et al., 2021), pero sin lograr superar una cosmovisión fundamentalmente mecanicista, y tan reactiva como el psicoanálisis clásico. La idea es, entonces, cómo reconceptualizar lo mental sin caer en el dinamicismo ni tampoco en el mecanicismo. Dada la amplitud del problema y lo ya dicho en otras partes de este libro, así como en esta sección, se hará mención sintética solo de 380 william montgomery urday una posibilidad: la de ver las cosas en torno a disposiciones que no son causa «interna» (ni tampoco «externa») del comportamiento, sino propiedades surgidas de la interacción entre todos los factores de un campo. De acuerdo con Ryle (2005), los términos disposicionales del lenguaje no denotan ocurrencias (estados de cosas observables o no), sino potencialidades —ergo: habilidades, tendencias o propensiones— atribuidas a personas en base a presuntos comportamientos anteriores, o propiedades que se supone les son inherentes, incurriendo en errores categoriales. El hábito de atribuir propiedades como si fueran agentes ocultos dentro de un cuerpo para explicar acontecimientos no solo se dirige a los seres humanos, sino también a los objetos. Así, dice Ryle (2005): […] preguntamos por qué el vidrio se rompió cuando fue golpeado por una piedra y se nos responde que fue debido a que el vidrio es frágil. Ahora bien, «frágil» es un adjetivo disposicional; es decir, afirmar que el vidrio es frágil es afirmar una proposición hipotética […] de tipo legal. Comúnmente, la gente dice que las explicaciones de este […] tipo dan «razón» de la rotura del vidrio. (p. 105) Para las corrientes «mentalistas» de la psicología, las disposiciones se almacenarían en el organismo adoptando diversas formas y nombres: impulsos o energías, rasgos de temperamento y personalidad, actividades bioquímicas o fisiológicas, etc.; que asumen el papel explicativo de por qué un individuo actúa de tal o cual manera. Para el conductismo radical, en cambio, solo son variables que probabilizan futuros comportamientos. Un tercer enfoque es el de Kantor (1978, 2012, con Smith, 2015), que se funda en la concepción aristotélica de acto y potencia. Como Ross (2013) lo explica, Aristóteles se sirve de esos términos para puntualizar la posibilidad latente que tiene una cosa de pasar de un estado a otro. Así, por ejemplo, un saber consolidado (potencia) es diferente del acto de aprender. Sin embargo, el acto es anterior a la potencia, pues esta última presupone al acto como algo preexistente: para llegar a «saber» primero hay que «aprender». Si se lleva esto analógicamente al caso de las disposiciones, se tiene que la conducta es el acto y la disposición es la potencia. La disposición, o evento disposicional, pues, contextúa el carácter de la conducta. Hasta allí no se nota capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 381 mucha discrepancia de enfoques respecto a los de impulsos y rasgos, ya que un mentalista puede argüir que su forma de ver las cosas también se sujeta al esquema aristotélico, en tanto concibe que las propiedades inferidas de la mente (potencia) provienen de observaciones del comportamiento habitual (actos) de los individuos que se manifiesta en el desarrollo. Pero hay una diferencia fundamental: Aristóteles profesaba originalmente —es decir, al margen de las interpretaciones patrísticas que se hicieron de él— una doctrina bioecológica que no asumía que el ánima (o mente) fuera una fuente de movimiento separada de la cosa que es movida, sino consustancial a ella. La potencia, por tanto, era una función de un organismo complejo, no una entidad inmaterial paralela. Por ello, Kantor (1978) sitúa los eventos disposicionales dentro de un campo integrado de factores recíprocamente actuantes, y su papel allí es el de facilitadores o interferentes respecto al establecimiento de las múltiples conexiones simultáneas entre las variables implicadas: funciones estímulo-respuesta en un medio de contacto. Como dice Corral (1997): «En tanto colecciones de hechos ya ocurridos, las disposiciones no están en ningún lugar, no ocurren en ninguna coordenada espacio–temporal, por lo que la idea de encontrarles un asiento en alguna estructura mental, neural o de cualquier naturaleza, es inapropiada» (p. 110). Lo cierto es que toda explicación disposicional con base en campos necesita ligarse a la concurrencia con hechos determinados en una relación organismo–ambiente. La disposición de «ser inteligente», por ejemplo, implica poder resolver de manera efectiva y racional un problema en particular, es decir efectuar uno o varios actos inteligentes circunscritos a aquel, es decir en un contexto. No referencia una entidad en abstracto que está presidiendo y provocando cogniciones efectivas, sino una tendencia a realizar ciertas cosas de cierta manera y en ciertas circunstancias puntuales. De otro modo habría que responder preguntas absurdas, como: «¿Dónde está la inteligencia cuando no se efectúa un acto inteligente?». Puesto que las disposiciones que designan sucesos mentales se referencian mediante términos del lenguaje ordinario, que están invadidos de errores categoriales en el sentido ryleano; los contextualistas en general, sea que provengan del interconductismo (Ribes, 1990, 2018) o del conductismo post-skinneriano (Hayes, et al., 2021), buscan precisar las características que convierten la comunicación verbal utilizada por las personas en apa- william montgomery urday 382 rente «evidencia de lo psíquico». Ribes (1990) propone, de una manera no exhaustiva, una clasificación de nueve categorías de términos y expresiones del lenguaje ordinario (ver tabla 8.3) para evitar las confusiones (en la línea de Ryle y Wittgenstein) nacidas de juegos de lenguaje sacados fuera de contexto. Tabla 8.3. Clasificación de términos y expresiones del lenguaje ordinario (elaboración propia en base al análisis de Ribes, 1990, pp. 59-60). Categoría Descripción Ejemplo De logro Refiere resultados que implican acciones, pero no las identifican. «He resuelto el problema» Modal Identifica acciones / capacidades / estados, y la posibilidad de realizarlos o permanecer en ellos. «Pedro puede flotar en la piscina» De relación Habla de eventos complejos que solo ocurren en relaciones entre eventos, sin implicar acciones. «Pensar» De circunstancia Habla del momento en que ocurrió una acción, no refiere dos acciones distintas. Adverbial Cualifican acciones, sin serlo en sí mismas. «Leer pensando» De estado Refiere la condición en que un individuo se encuentra al hacer o padecer algo. «Dormir» «Estar triste» De efecto Expresa respuestas ante objetos o acciones de otros. «Veo cómo pinta el cuadro» De acción Identifica respuestas distintivas concretas. «Hablar» «analizar» De tendencia o propensión Habla de la probabilidad de que ocurran ciertos actos o se configuren determinadas circunstancias. «Quizá vaya al cine» «Recordé algo al hablar por teléfono» capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 383 Por otra parte, Hayes, et al. (2021) enlistan también nueve patrones de uso lingüístico a los que llaman marcos relacionales, porque le sirven a un individuo para enlazar formas de referirse a sí mismo, a otras personas, a los objetos y a los eventos, construyendo contingencias contextuales que guían el quehacer cotidiano (tabla 8.4). Tabla 8.4. Patrones de comportamiento lingüístico que funcionan como «marcos» para relacionar eventos (elaboración propia en base al análisis de Hayes, et al., 2021). Marco relacional Descripción Ejemplo De coordinación Relaciona eventos por semejanza. «Hace tanto frío como en el polo norte» De oposición Contrasta propiedades de eventos. «El auto de Pepe es más pequeño que el mío» De distinción Supone que dos eventos son incom«No hay forma de parables entre sí. que corras como yo» De comparación Clasifica eventos por su apariencia física. «Este lugar parece menos agradable que tu casa» De jerarquización Alude clasificaciones de mayor o menor extensión conceptual entre los eventos. «El pensamiento es una función de la mente» De temporalidad Sitúa los eventos desde una perspectiva del ahora. «Mañana emprenderé el viaje» De espacialidad Señala dónde se ubican los eventos. «El expediente está en el archivo» De condicionalidad Conecta eventos en secuencia. y causalidad De perspectiva Refiere la propia identidad en relación con la de otros. «Cuando cayó de la moto se lesionó una pierna» «No sé tú, pero yo me voy a dormir» 384 william montgomery urday Se asume desde estas posiciones que en ningún caso las prácticas lingüísticas referencian un mundo interno en el sentido mentalista, únicamente parecen reflejarlo por las características particulares que tiene este tipo de conducta convencionalmente aprendida. A manera de conclusión: el psicoanálisis como corriente general involucra al presente múltiples modelos, al punto que es llamado «orientación metodológica» que solo está unida por tres presupuestos freudianos; «el método de investigación de procesos anímicos inconscientes, la terapia fundada en esa indagación y el conjunto de conocimientos que derivan de ese camino» (Lopera, 2017, p. 84). De cualquier manera, pues, dicha orientación recurre al expediente ontológico de dividir el mundo en dos sustancias, lo que signa una práctica aplicada con fuerte base hipotética y especulativa, orientada a la personalidad y centrada en el pasado (aun cuando la consideración que hace el psicoterapeuta de factores que intervienen en un problema pueda ser amplia). Kantor (2012) reconoce que tanto el enfoque psicoanalítico como el de la Gestalt ofrecen también teorías de campo, pero objeta que ellas, lejos de reflejar interacciones reales, se limitan a representaciones internas de tales datos. De prosperar las nuevas formulaciones psicoanalíticas relacionales que se han mencionado en otras partes del presente libro (por ejemplo, la de Rodríguez-Sutil, 2021), es de esperar que semejante enjuiciamiento varíe. El conductismo en su conjunto presenta mucha mayor certidumbre de eficacia técnica, debido al control que impera tanto en el contexto de descubrimiento como en el de justificación de sus prácticas aplicativas, de preferencia de duración breve, de implicación activa, directiva, orientada al problema y centrada en el presente (Pérez-Álvarez, 2012). El movimiento de terapias guiadas por la evidencia lo demuestra. Sin embargo, no carece de problemas vinculados a veces a un insuficiente conocimiento de por qué funcionan ciertos procedimientos; otras veces a una insuficiente ligazón de aquellos con las teorías y filosofías que los sustentan; y aun otras, a la inadecuación de cierta parte de su tecnología para ocuparse de aspectos complejos del comportamiento. capítulo viii: dimensiones en conflicto (i) 385 PREGUNTAS DE COMPROBACIÓN 1. 2. 3. 4. 5. ¿Cuáles son las características de la contraposición objetividad-subjetividad? ¿Cuál es la diferencia entre el sujeto epistémico y el sujeto contextualizado? ¿Qué argumentos se esgrimen en el debate sobre el determinismo entre Rogers y Skinner? ¿Cuáles son las características de la contraposición holismo-atomismo? ¿Cuáles son las características de la contraposición estática-dinámica? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Bunge, M. & Ardila, R. (1988). Filosofía de la psicología. Ariel. Coan, R. W. (1968). Dimensions of psychological theory, American Psychologist, 23, 715-722. Piaget, J. (1981). Psicología y epistemología (Orig. 1970). Seix Barral. Ribes, E. (2021). Teoría de la psicología. Corolarios. Co-Presencias Editorial. Smith, N. W. (2016). The myth of mind: A challenge to mainstream psychology and its imposed constructs. BookLocker.com. CAPÍTULO IX DIMENSIONES EN CONFLICTO (II) Las dos siguientes dimensiones de Coan (1968) que se discuten en este capítulo —cuantitativa–cualitativa y transpersonal (nomotética)–personal (idiográfica)1—, son de cuño fundamentalmente metodológico, pero eso no debe llevar a la confusión de creer que se tratan en dicho plano. Las dicotomías aludidas poseen, como se verá, un rico filón de cuestiones filosóficas que se prestan a discusión. Como se señala desde diferentes orillas de análisis (por ejemplo, Bueno Cuadra, 2020 y Gonzáles Rey, 2020), en el caso cuantitativo–cualitativo la ejecutoria tradicional implica una especie de adoración al método científico (o a su lógica) en términos de sus aspectos puramente manipulativos («metodolatría»), dejando de lado el escrutinio conceptual. Este último no se debe perder de vista, contextuando cualquier examen que se haga sobre la metodología. La siguiente dimensión, endogenismo–exogenismo, es la más prolífica de todas, conteniendo abundante material polémico tanto en la teoría como en las aplicaciones. 1. DIMENSIÓN CUANTITATIVA-CUALITATIVA 1.1. Origen de la dicotomía, definiciones y diferencias La apoteosis del número empezó con Pitágoras, para quien las relaciones numéricas estaban en la esencia misma del universo. La música, la salud, la medicina, la religión, y, por supuesto, la cosmología, se hallaban sujetas, 1 Coan (1968) aclara que el nombre transpersonal–personal que le pone a esta dimensión se refiere a la tradicional distinción entre enfoques nomotético e idiográfico. Así pues, de esa manera se tratará el tema, porque el epíteto «transpersonal» se presta a confusiones con la corriente humanista que se autotitula como «la cuarta fuerza». 387 388 william montgomery urday según el sabio griego (y posiblemente los babilonios antes que él), a principios matemáticos. La influencia de Pitágoras sobre Platón extendió su predicamento a más amplios predios y dotó a la filosofía y cultura occidentales el primer toque de cuantitatividad, y no fue sino hasta Aristóteles que dicha corriente pro-matemática fue cambiada por la biológica. Siendo las doctrinas de Platón y Aristóteles recogidas y reificadas por la Iglesia Católica en la Edad Media, se dejaron de lado los elementos más rigurosos de ambas, perdiéndose la tradición, que solo vino a recuperarse progresivamente en siglos posteriores. El siglo XVII ha sido llamado el siglo del método, en el afán por liberarse, por lo menos en parte, del pensamiento escolástico en lo que respecta al entendimiento científico de la naturaleza. Tanto Bacon, en su Novum Organum, como Descartes, en su Discurso del Método, cada cual, en su respectivo momento, presentaron opciones metodológicas bien sustentadas, con la intención de que condujeran a explicaciones causales corroborables. Por un lado, el inductivismo experimental, y por otro la deducción lógico-matemática, invadieron los fueros de la investigación científica y proporcionaron los fundamentos de un eficaz conocimiento de cómo funcionaba el mundo. Así, las ciencias se beneficiaron de tales trabajos, ofreciendo la esperanza de dominar las leyes naturales y dando lugar con ello a la tradición positivista, que se impuso a todo nivel, inclusive en el ámbito de las ciencias humanas. La Nueva Atlántida (1626) de Bacon, por ejemplo, pretendió ser una anticipación de cómo organizar científicamente una sociedad en base a los principios del dominio de la naturaleza. Con el tiempo, su más aplicado seguidor en el siguiente siglo, Sir Isaac Newton, adoptaría el método baconiano, y, adicionándole las matemáticas, se convertiría en el gran iluminador de la ciencia moderna (Leahey, 2013). A su vez, Auguste Comte, el Padre del positivismo, sería el gran predicador de las bondades de semejante propuesta durante el siglo XIX. La tradición idealista y romántica europea se reveló contra la pretensión de extender el método científico natural a las ciencias humanas, considerando que la mente no se regía por principios mecánicos, siendo más bien como una lámpara productora de luz intelectual. Por la misma razón, la sociedad tampoco podría sujetarse a una visión mecanicista. Entonces, he aquí ya dos posiciones que recordaban las pugnas filosóficas del empirismo y del racionalismo: una, cuantitativa, decidida a «explicar» (causalmente) capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 389 y la otra, cualitativa, abocada a «comprender». Esta dicotomía se prolonga hasta los tiempos actuales. Dicho en términos sumarios, tal como llega a nuestra época, el enfoque cuantitativo: […] trata con fenómenos que se pueden medir (esto es, que se les puede asignar un número, como por ejemplo: número de hijos, edad, peso, estatura, aceleración, masa, nivel de hemoglobina, cociente intelectual, entre otros) a través de la utilización de técnicas estadísticas para el análisis de los datos recogidos, su propósito más importante radica en la descripción, explicación, predicción y control objetivo de sus causas y la predicción de su ocurrencia a partir del desvelamiento de las mismas, fundamentando sus conclusiones sobre el uso riguroso de la métrica o cuantificación, tanto de la recolección de sus resultados como de su procesamiento, análisis e interpretación, a través del método hipotético-deductivo. En ese sentido, tiene un mayor campo de aplicación dentro de las ciencias naturales como la biología, química, física, neurología, fisiología, psicología, etc. (Kerlinger, Cit. por Sánchez, 2019, pp. 104-105) El enfoque cualitativo es menos fácil de conceptuar. Incluso un diccionario filosófico tan especializado como el de Honderich (2008) tiene dificultades para definir el término «cualidad», contentándose con señalar ejemplos, y en manuales como el de Hernández, et al. (2014) se prefiere enlistar características antes que definir directamente. El propio Coan (1968) reconoce, respecto a estas dimensiones, que: «La etiqueta, como el factor mismo, es algo más claramente definible en el polo positivo» (p. 218). El polo al cual llama «positivo» es el cuantitativismo. Asimismo, en otros casos, se cita la conocida sentencia de Aristóteles en su Metafísica: «las acepciones de la cualidad pueden reducirse a dos, de las cuales una se aplica con mayor propiedad y rigor; en efecto, en primer lugar, cualidad es la diferencia o característica que distingue una sustancia o esencia de las otras» (Cit. por Martínez-Miguelez, 2006, p. 127). Pero la capacidad de Kazdin (2016) para centrar sus temas aclara las cosas; según él, se trata de: […] una aproximación al tema de la experiencia humana [cuyo] objetivo es describir, interpretar y comprender los fenómenos de interés. A través de la descripción y la interpretación, se puede profundizar nuestra comprensión de los fenómenos. william montgomery urday 390 El proceso para lograr este objetivo es estudiar en profundidad la experiencia de los participantes, es decir, aquellos que son estudiados, y transmitir cómo esa experiencia se siente, se percibe y el significado que tiene para aquellos cuya experiencia se presenta. Como regla general, la investigación cualitativa se basa en gran medida en la descripción e interpretación de la experiencia o acción que se estudia. El propósito es describir la experiencia (es decir, pensamientos, sentimientos y acciones de una persona en un contexto particular de interacciones en las que participan las personas), pero hacerlo de una manera que capture la riqueza de la experiencia y el significado que tiene para los participantes. (p. 227) Kazdin (2016, p. 228) también presenta una interesante confrontación entre los enfoques cuantitativo y cualitativo en la tabla 9.1. Tabla 9.1. Características que distinguen la investigación cualitativa y cuantitativa (parafraseado de Kazdin, 2016, p. 228). Características Investigación cuantitativa Objetivos Describe e interpreta la expePrueba teorías e hipótesis, riencia; proporciona nuevos coidentificar relaciones causanocimientos, describe y explica les, buscar diferencias entre con poca o ninguna hipótesis los grupos o patrones. inicial; genera teoría. Investigación cualitativa Aisla variables, controlar factores potenciales e influencias Cómo estudiar extrañas, excluir hipótesis opuestas. Ve las variables tal como aparecen en contexto con todas las influencias naturales; adopta la complejidad para elaborar el total, así como cualquier influencia clave en el contexto. Sujetos Estudia (o intenta estudiar) una gran cantidad de temas para obtener poder estadístico. Estudiar uno o un pequeño número de casos (individuo, cultura, organización) de uso intensivo de Condiciones de Control. Papel del sujeto Por lo general, se incluyen grupos de control o de comparación para abordar las amenazas a la validez (p. ej., interna, de constructo). No hay grupo de control. El fin es elaborar la riqueza de un grupo en particular y los puntos en común y diferencias que pueden surgir dentro de ese grupo. capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 391 Papel del investigador Los sujetos son el objeto de estudio, las personas que aportan los datos. Los sujetos no reflexionan sobre los datos ni ayudan al experimentador a entender los resultados. Los participantes no son objetos; el experimentador y los sujetos se unen en la idea de que la experiencia descrita y comprendida no puede sustraerse a quien la describe y a quien extrae significados y temas de ella; a menudo se consulta a los sujetos para preguntarles si la descripción y la interpretación capturan la experiencia. Datos Minimiza el papel del investigador. La perspectiva, puntos de vista y sentimientos del investigador se reflejan en las hipótesis o enfoque del estudio, pero no en los métodos; el investigador se muestra imparcial en la medida de lo posible, de modo que los hallazgos puedan valer por sí solos sin su participación. El investigador se ve como un participante más y parte de la interpretación a la luz de su perspectiva; la perspectiva es hacerse explícito, pero nunca podrá eliminarse; se fomenta la empatía como clave para una comprensión más radical; el investigador está implicado más que distante, y puede entender mejor en la medida en que experimente el significado de la situación. Puntuaciones de medidas que operacionalizan los constructos; siempre que sea posible Evaluación de se utilizan medidas estandarilos datos zadas; los datos aluden información que se ha reducido a números. Descripciones narrativas, texto entero, entrevistas amplias, relatos, ejemplos; la «historia» detalla el tema en el contexto de cómo se desarrolla, sucede y se experimenta; las «palabras» son los datos, no se reducen a números. Las descripciones son coherenCriterios para tes y otros (colegas, participanLos procedimientos y hallazel conocimientes) las consideran internamente gos se pueden replicar. to consistentes y que capturan la experiencia. Contribución principal Se saca a la luz una teoría novedosa, hipótesis o relación que aumentará la comprensión del fenómeno. La comprensión de la experiencia se elabora y se saca a la luz en profundidad, así como en formas que amplían nuestra comprensión. 392 william montgomery urday 1.2. Discusión epistemológica Es fácil colegir, a la luz de la distinción establecida en capítulos anteriores a partir de las disquisiciones de Guba (1990), que el enfoque cuantitativo tiene más que ver con los paradigmas positivista y postpositivista, mientras que el enfoque cualitativo está ligado mayormente al constructivismo y a la teoría crítica. Es decir, corrientes como la conductista y la de procesamiento de información tendrían preferencia por los métodos cuantitativos; y corrientes como las psicologías genética, humanista, psicoanalítica e histórico-social, se inclinarían por los métodos cualitativos. Denotando las diferencias paradigmáticas, es un hecho que Skinner (1977) hace la observación: «Una ciencia de la experiencia subjetiva no tendría más relación con la ciencia del comportamiento que la relación que tendría una supuesta ciencia que estudiara lo que la gente siente, respecto del fuego, con la ciencia de la combustión» (p. 200)2; y que Maslow (1991) dice, entre otras cosas: «El dramaturgo o el poeta que presenta una teoría organizada de la naturaleza humana está, claramente, más cerca del psicólogo que este último del ingeniero» (p. 282). Sin dejar de aceptar estas afirmaciones como válidas en su generalidad respecto al énfasis que cada corriente pone respecto a su quehacer teórico y práctico, lo cierto es que las que fueron férreas oposiciones de antaño ya no lo son tanto. Actualmente, como anotan Cadena, et al., (2017): «La oposición absoluta entre los métodos cuantitativos y cualitativos, es una falsa disputa» (p. 1605); y Hernández, et al. (2014) subrayan que «hoy en día la mayoría de los metodólogos las consideran como extremos en un continuo en el cual se puede situar cualquier estudio» (p. 15). El propio aserto atribuido a Maslow en son de crítica contra la exclusividad del empirismo metodológico: «Si tu única herramienta es un martillo, la tentación es tratar todas las cosas como si fueran clavos» (Serrano, 1990, p. 264), es, en buena cuenta, una aceptación de que el pluralismo (ergo, tanto enfoque cualitativo como cuan2 Una precisión: la postura de Skinner es cuantitativa, mas no en el sentido usualmente atribuido a dicho enfoque metodológico, identificado con los estudios estadísticos y correlacionales de grupo antes que con la experimentación inductiva referida a la exploración de tasas de respuesta en sujetos únicos. capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 393 titativo) también puede ser válido para la corriente humanista. Igualmente, tan temprano como en la década de los 70s, un seguidor conspicuo de la corriente del análisis experimental de la conducta (Bayés,1984) ya declaraba que «tal elección no supone, automáticamente, una minusvaloración dogmática de los demás enfoques, los cuales pueden ser, en bastantes casos, más adecuados para alcanzar, en un momento histórico concreto, determinados objetivos» (p. 184). Kazdin (2016) señala que, pese a la incomodidad que puede provocar en un investigador formado en métodos cuantitativos la aparente vaguedad y subjetividad de los cualitativos (problemas con que justamente pretende lidiar el método científico tradicional), estos últimos procedimientos se alejan de lo literario y ofrecen también «una manera sistemática, un enfoque empírico y científico para la descripción y comprensión, y proporcionan explicaciones replicables, confiables y válidas, aunque estos términos tienen significados algo diferentes» (p. 227). En este sentido, pueden ser un complemento para recolectar datos de diferente naturaleza, ya que en la tradición cuantitativa los inventarios y cuestionarios no pretenden reflejar aspectos fundamentales de la experiencia. Los ítems en una escala solo prefieren reflejar gradaciones de características (disposiciones y estados de ánimo) cuantitativamente manipulables por medidas de tendencia central, de varianza, o de análisis de datos, entre otras. Es más, los dos métodos pueden aplicarse en una misma investigación, como hace años lo vienen preconizando los manuales especializados (Giroux & Tremblay, 2008; Hernández, et al., 2014). La controversia cuantitativa–cualitativa se agudiza sobre todo en el plano de la atención psicoterapéutica, manifestándose como pugnas en la concepción de cómo debe afrontarse un tratamiento de los problemas psicológicos y psicopatológicos en sus diversas fases interventivas: entrevista, evaluación y técnicas de cambio (y hacia qué), además de la filosofía de encuadre. Tanto las variantes del psicoanálisis como las del conductismo (incluyendo la línea cognitiva-conductual), el humanismo y el enfoque sistémico (véase Martorell, 2014), se disputan el territorio, pero, como en el caso de la investigación, se alinean en torno a dos grandes actitudes: la cuantitativa (precisar y controlar) y la cualitativa (comprender y acompañar). Por ejemplo, en las declaraciones de las divisiones 25 y 32 de la APA, conduc- 394 william montgomery urday tual y humanista respectivamente, se dice lo siguiente (tabla 9.2), dejando muy clara la distancia entre concepciones. Tabla 9.2. Presentaciones doctrinarias de las divisiones «Behavior Analysis» y «Society for Humanistic Psychology» de la APA. División 25: Análisis del Comportamiento https://www.apa.org/about/division/div25 División 32: Sociedad de Psicología Humanista https://www.apa.org/ about/division/div32 El Análisis del Comportamiento promueve la investigación básica, tanto animal como humana. En el análisis experimental del comportamiento; fomenta la aplicación de los resultados de dichas investigaciones a los asuntos humanos y coopera con otras disciplinas cuyos intereses se superponen con los de la división. En la ciencia y profesión de la psicología, los psicólogos humanistas reconocen toda la gama y riqueza de la experiencia humana y se dedican a comprender y apreciar a las personas de manera integral, fenomenológica y sistémica; como en continua evolución; y como situados de manera única en sus contextos socioculturales y eco-psico-espirituales que se cruzan. Suponemos que las personas que funcionan óptimamente son conscientes, responsables y libres para tomar decisiones de acuerdo con sus valores, interdependientes, dirigidas a objetivos, generadoras de significado y creativas en relación con su experiencia. Reflejando una posición «dura» en pro de la precisión y el control, McFall (1991, reafirmado en McFall, 2007) lanzó su Manifiesto para una Psicología Clínica Científica, abogando por una formación basada en un punto cardinal y dos corolarios derivados de él: «La psicología clínica científica es la única forma legítima y aceptable de psicología clínica» (McFall,1991, p. 76). El primer corolario se refiere a la administración pública de los servicios psicológicos, que debe satisfacer cuatro criterios: «La naturaleza exacta del servicio debe describirse claramente; los beneficios del servicio deben ser explícitos; los beneficios ofrecidos deben estar cien- capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 395 tíficamente validados; y deben descartarse empíricamente los posibles efectos secundarios negativos que podrían superar cualquier beneficio» (Ibid. p. 80). Y el segundo corolario indica: «El primario y primordial objetivo de los programas de entrenamiento doctoral en psicología clínica debe ser producir los más competentes científicos clínicos posibles» (Ibid., p. 84). Frente a posibles objeciones, señala: Probablemente lo más parecido al contraargumento a esta propuesta […] es la racionalización comúnmente ofrecida de que la ciencia aún no tiene todas las respuestas, y hasta que las tenga, debemos hacer lo mejor que podamos para salir adelante, confiando en nuestra experiencia clínica, juicio y creatividad. e intuición. Estos argumentos reflejan la noción errónea de que la ciencia es un conjunto de respuestas, más que un conjunto de procesos o métodos para llegar a respuestas. ¿Alguien se toma en serio que confiar en la intuición y otros métodos no científicos acelerará los avances en el conocimiento?. (McFall,1991, p. 77) Este modelo de ciencia clínica, basado en los lineamientos de la Conferencia Boulder, es el que impera en todo el mundo a través de los programas de capacitación predoctoral y de pasantías en psicología clínica y de la salud, aunque en muchos lugares solo de manera retórica. Por su parte, representantes de la otra visión del asunto (comprender) aducen que la esencia de la ciencia no se halla en su parafernalia de instrumentos, técnicas y procedimientos, sino en el planteamiento de los problemas y los objetivos. Al respecto, afirmando «Yo no veo forma adecuada de definir con precisión quién es un científico y quién no lo es», Maslow (1991, p. 282), critica entre otras cosas, que: Centrarse en los medios lleva a sobrevalorar la cuantificación indiscriminadamente como un fin en sí misma. Esto se observa al contemplar cuán importante se ha hecho en los caminos de la ciencia la forma de decir, más que el contenido de lo que se dice: la elegancia y precisión se anteponen a la pertinencia y el grado de implicación (p. 287). Si los científicos se vieran a sí mismos como planteadores de preguntas y buscadores de soluciones más que como técnicos especializados, habría una especie de carrera hacia la nueva frontera de la cien- 396 william montgomery urday cia, hacia los problemas psicológicos y sociales, de los cuales sabemos menos y deberíamos saber más (p. 289). El exceso de énfasis en métodos y técnicas estimula a los científicos 1) a creerse que son más objetivos y menos subjetivos de lo que en realidad son, y 2) a pensar que no tienen por qué implicarse en cuestiones de valores.(p. 292)3 El hecho es que los reclamos cuantitativos por una formación más tecnificada hicieron eco en las Task Force auspiciadas por la División 12 de la APA (Psicología Clínica), organizadas en los años 90s para determinar empíricamente qué tratamientos son los más recomendables según el problema enfrentado, elaborando guías de usuarios (Hernández-Hermida, 2012). Como era de esperarse, las medidas comprobaron (y lo siguen haciendo) que la inmensa mayoría de los tratamientos empíricamente validados están dentro de la órbita del postpositivismo, lo que, por supuesto, no gustó a los psicólogos orientados cualitativamente, adoptando de inmediato una postura resistente frente a esos resultados (Division 32, Humanistic Pychology, 2004). Allí se dice, por ejemplo, que «para la preparación de clínicos humanistas competentes se requieren modelos de formación fundamentalmente diferentes a los esbozados por los criterios para los tratamientos respaldados empíricamente» (p. 57), y que, tales criterios, elaborados desde protocolos de investigación positivista-mecanicista que desacredita enfoques diferentes, deben ser contrapesados por recomendaciones más humanistas, o sea, de orden cualitativo. Esto lleva, naturalmente, la discusión a un punto muerto, ya que cada cual validaría lo que hace desde sus propios parámetros conceptuales. 3 En Hoffman (2009) se consigna una curiosa carta de Skinner a Maslow, donde le escribe: «Creo que soy un psicólogo neoconductista, y, en cierta medida, un positivista, y ciertamente no me parece […] que los valores y la vida no me incumban profundamente. Yo no renuncio a tener en cuenta el arte, la poesía e incluso las experiencias religiosas y trascendentes. Lo único que quiero es encontrar, en todas ellas, algo que vaya más allá de la experiencia, porque creo que la experiencia no deja de ser más que un subproducto, un mero epifenómeno. Debo decir que he tenido muchas experiencias cumbre, y que estas experiencias no han menguado por el hecho de ser más racional, materialista o mecanicista […] Debemos aprender a conocer mejor a los conductistas» (p. 351). capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 397 No obstante, la índole fuertemente confrontativa de la controversia, hay uno que otro intento por suavizarla flexibilizando las posiciones. Por ejemplo, interpretando el estado de la cuestión desde la perspectiva humanista, Tobón & Correa (2022) señalan que no son buenos los reduccionismos, y que «en la contemporaneidad, se identifican tendencias investigativas cualitativas y cuantitativas, que generan terrenos más sofisticados para comprender y aprehender, desde lo metodológico, diversas preguntas críticas de la investigación actual y que han sido foco de interés del enfoque humanista» (p. 243), lo cual genera un importante nivel de apertura respecto a las investigaciones empíricas. De otro lado, el psicólogo contextualista S. C. Hayes (2012), puntualiza que hay varios temas de acercamiento entre el conductismo (contextual) y el humanismo: la perspectiva holista, el énfasis en las relaciones psicoterapéuticas, el estudio del sentimiento de trascendencia, aumentan el interés por los enfoques humanistas entre las terapias conductuales, y eso debe instar a la psicología humanista a reconsiderar algunas cosas dado su rechazo de la ciencia psicológica experimental. El costo ha sido alto, desde la participación limitada de la psicología humanista en el movimiento de la práctica basada en la evidencia, hasta la ausencia de subvenciones para fomentar el desarrollo de tratamientos y la resistencia a contratar profesores humanistas en universidades de alta calidad orientadas a la investigación. Pero, quizás, el coste más alto sea el de la progresividad. La evidencia experimental sistemática permite abandonar ideas equivocadas y arraigar ideas nuevas por razones distintas a la mera persuasión o el carisma de sus defensores. La psicología humanista ha tenido dificultades para abandonar ideas o proporcionar evidencia de que las ideas actuales son mejores que las anteriores. Cuando les pedí a mis colegas humanistas que dieran varios ejemplos de ideas dentro de su tradición que alguna vez creyeron firmemente y ahora abandonaron, no pueden [...] el crecimiento en sí sugiere una postura diferente. Así como una vida vital significa dejar de lado concepciones pasadas cuando ya no son útiles y aprovechar nuevas oportunidades y nuevas relaciones, de la misma manera, la vitalidad de las ideas humanistas puede avanzar explorando activamente el realineamiento con los aspectos conductuales y cognitivos, terapias que ya se están aplicando, y aprender a utilizar los métodos experimentales básicos y aplicados que han defendido. (Hayes, 2012, p. 459) 398 william montgomery urday Concluyendo con esta sección, no se puede perder de vista que la psicología, si bien ligada en la mayor parte de sus logros al método aportado por las ciencias naturales (Ardila, 2011), sigue siendo, ante todo, una ciencia humana, lo que configura su ámbito de acción en un plano de examen pluralista, probablemente tanto ontológico como metodológico, más allá de sus connotaciones comportamental, social o hermenéutica, cuantitativa o cualitativa. Esto es llamado por Pérez-Álvarez (2018) enfoque transteórico. En ese sentido, desde una perspectiva integrativa: Como dice Svend Brinkmann, «los psicólogos podrían plantear cualquier cuestión de investigación y usar cualquier metodología y técnica que fuera necesario, sin mucha preocupación acerca de si es un método cualitativo o cuantitativo» (Brinkmann, 2015, p. 171). Entonces, se podría estar a nivel de las ciencias naturales, que no tienen la típica disputa del método científico que hay en psicología. (Pérez-Álvarez, 2018, p. 171) 1.3. Un ejemplo pragmático de perspectiva cualitativamente organizada Aunque los diseños de investigación cualitativa son diversos, estos no difieren mucho entre sí, todos recopilan datos en el campo y se basan en narrativas. De hecho, no parece haber nada de los demás diseños que no se pueda incluir como parte de la teoría fundamentada: una forma de trabajo que posee elementos pragmáticos desde el momento en que toma como base al conductismo social de Mead (1999) y su continuador en la teoría de la comunicación, el interaccionismo simbólico (Blumer, 1982). Sin entrar en detalles exhaustivos, se puede mostrar esa continuidad como ejemplo de una perspectiva cualitativamente organizada de lo subjetivo que evita los peligros de la vaguedad. La figura 9.1 ilustra el proceso: capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 399 Figura 9.1. Proceso total de la transición desde la interacción simbólica como punto de partida, hasta la elaboración de la teoría fundamentada. Elaboración propia. En el pragmatismo, la idea básica es que lo que se considera «real» en el mundo es creado activamente por los individuos en la medida que actúan en y hacia el mundo. Esto significa que la realidad humana es artificialmente construida a través de las acciones que las personas ejercen recíprocamente unas sobre otras, así como con su entorno históricamente configurado. En este contexto, el «conocimiento» del mundo surge en el transcurso de dichas interacciones respecto a lo que ha probado ser de utilidad; por lo cual la gente suele referenciar los objetos físicos y sociales en relación con el uso que les da. De aquí se desprende una importante consecuencia para el interaccio- 400 william montgomery urday nismo simbólico: sí se quiere entender la realidad social, forzosamente hay que entender a los actores sociales y lo que ellos dicen y hacen en su mundo social. Por lo tanto, la atención se centra en la interacción entre la comunidad o mundo y el actor social en términos dinámicos e interpretativos. En el esquema de Mead, las interpretaciones que hacen los individuos de los estímulos son las que presiden y moldean su accionar, por lo tanto, la conducta del ser humano, a diferencia de otros organismos, se desarrolla en un medio creado por él mismo, y no puede ser concebida en términos de reacción a fuerzas externas o internas más allá de su control. No obstante, Mead acepta —en cierto modo paradójicamente— que la conducta organizada del grupo social es un sistema envolvente dentro del cual surgen la individualidad y la consciencia de sí mismo. La mente no es una cosa, sino un proceso continuo virtualmente relacionado a la socialización, los significados, los símbolos, el yo y la sociedad. De acuerdo con lo anterior, el significado de una conducta se forma en el escenario de interacción social: un sistema de estímulos intersubjetivos compuesto de símbolos de cuyo significado participan los actores. La interacción social es el ambiente primario donde se crea la autoconsciencia y la capacidad de reflexionar. Es mediante la respuesta de los demás ante la conducta del actor como es concebida o confrontada por los otros, que éste tiene una oportunidad de descubrirse a sí mismo como objeto y sujeto a la vez. Un «mí» que se contempla a sí mismo y es contemplado por otros, y un «yo» que observa y actúa. La realidad es, así, un mundo de significados en el cual «debemos ser los otros si queremos ser nosotros mismos», de modo que las cualidades de los individuos no se estudien como tales, sino en función a su relación con los otros. La unidad de análisis es, en consecuencia, dos o más individuos en interacción, en términos de las experiencias comunicables que ellos pueden transmitir. Desde el punto de vista reseñado, el investigador del comportamiento humano debe tratar de entender cómo la gente categoriza su contexto social, cómo piensa y qué criterios tiene para tomar sus decisiones y actuar de una u otra manera. Por eso, el ideal de investigación no es a nivel «macro» (clase, estamento social o perfil actitudinal), sino a nivel «micro» o básico: el individuo y su simbolismo, el proceso de definición a través del cual el actor le da forma a su acto. El método preferido para llegar a explorar provechosamente dicho objeto de estudio resulta de poner atención a la forma en que ciertas interaccio- capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 401 nes particulares dan lugar a entendimientos simbólicos, enfatizando que su examen parte de las perspectivas particulares propias de los miembros de la sociedad. La clave es estudiar la vida social tal como sucede, entender cómo la gente percibe, entiende e interpreta el mundo sin forzar el entendimiento de la realidad a través de modelos teóricos predeterminados. Eso solo se puede llevar a cabo mediante procedimientos de investigación cualitativa, a través de un estrecho contacto con la gente, involucrando la participación del investigador como un miembro iniciado en el mundo de los investigados; para, con el lenguaje de ellos y desde su perspectiva como actores del escenario natural en que viven, poder generar un cuadro acerca de lo que acontece. La utilización de las ciencias naturales como modelo para las ciencias sociales está descartada. En palabras de Blumer (1982): «La naturaleza del medio ambiente viene dada por el significado que para esas personas encierran los objetos que lo compone [y] para entender los actos de las personas es necesario conocer los objetos que componen su mundo» (p. 9). Los elementos más molares de la estructura social, tales como la sociedad, La cultura, la estructura social, y otras; deben ser derivadas a partir del estudio de la relación entre dos individuos frecuentemente en una relación cara a cara que usan la comunicación simbólica para producirla y a través de ello crear entendimiento mutuo, creando y anticipando acciones propias y ajenas. En realidad, la cultura es moldeada por las acciones de los actores en la vida cotidiana: sus modelos de comportamiento, normas y valores. Estas acciones deben ser comprendidas detalladamente sin la mediación de hipótesis previas que antecedan al trabajo investigativo, sin manipular los hechos mismos bajo observación. El enfoque esbozado por Mead y por Blumer consideraba vital asumir el papel del actor social y asumir su punto de vista. Ver la acción de la persona y su mundo a través de lo que percibe, interpreta y juzga. Sin embargo, como puntualizan Schwartz & Jacobs (2012), «ninguno de estos hombres se involucró en ninguna medida en hacer observaciones de primera mano en situaciones cotidianas» (p. 49). La cuestión era cómo llevar a cabo cumplidamente la tarea de acercarse «para conocer al actor» en su ambiente natural, y la respuesta a ella la dieron los sociólogos Barney Glaser y Anselm Strauss en 1967 proponiendo lo que llamaron «teoría fundamentada», posteriormente refinada en la más reciente versión sistemática de Strauss & 402 william montgomery urday Corvin (2002). El núcleo de la teoría fundamentada como forma de investigación cualitativa es tratar de construir conceptos derivados de la información obtenida de las personas que viven las experiencias que se estudian, sin acudir a hipótesis previas. Los conceptos de los individuos en un determinado marco social son expresados como relaciones verbales que se analizan de manera sistemática, desarrollando una teoría acerca de ellos en el proceso mismo de examinarlos. Los informantes tienen su propia visión y perspectiva de lo vivido, y de acuerdo con como ellos conciben la realidad analizada, van proporcionando las categorías (hechas a partir de la comparación de conceptos y su integración en un orden más elevado) de la investigación. El investigador se acerca a los escenarios sin una teoría previa, planteando preguntas del tipo «¿Qué es lo que pasa aquí?». Su quehacer pertenece, por tanto, al contexto de descubrimiento. Sus observaciones y preguntas son guiadas por hipótesis generadas en el campo a partir de los datos mismos; creando y desarrollando teoría a través del relacionamiento entre los datos recolectados y su análisis y elaboración. Un ingrediente final es que la teoría pueda acomodarse a nuevos hallazgos, y, por tanto, modificarse dinámicamente. En conjunto, la teoría fundamentada se inicia obteniendo notas que pueden ser producto de observaciones del investigador, de interpretaciones de la realidad observada o de entrevistas realizadas a los informantes. Después viene el proceso de codificar la información utilizando categorías extraídas de los datos. Posteriormente se efectúa la comparación asidua entre las categorías hasta alcanzar su saturación4. Allí, sin información nueva que codificar, se establece la categoría central de la investigación y se procede a generar la(s) teoría(s) que explique(n) las relaciones entre las categorías. Por último, tras validar y confrontar las teorías sustantivas5, se formula una teoría formal. Aquí no se puede entrar en más detalles técnicos, pero así es 4 La «saturación teórica» supone que agregar nuevos casos a la data no añade información adicional que permitiría al investigador desarrollar más propiedades categoriales dentro del proceso (Soneira, 2006). 5 La teoría sustantiva resulta del procesamiento sistemático de los datos recogidos en el campo de estudio. Hay instrumentos informáticos que auxilian las labores, como por ejemplo el Qualitative Data Analysis Software (o Atlas.Ti), permitiendo concentrar el análisis y registros en un solo archivo, facilitar la estructuración esquemática de redes teóricas flexibles, y contabilizar relaciones conceptuales por código. capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 403 como se afronta una investigación cualitativa ligando una lógica pragmática a su quehacer. Posiblemente Wittgenstein no estaría descontento con ello, dado que calza con su filosofía del lenguaje como forma de vida. 2. DIMENSIÓN NOMOTÉTICA-IDIOGRÁFICA 2.1. Origen, definiciones y diferencias Como ya se dijo, de la dimensión transpersonal-personal de Coan se extrae, para mayor claridad, aquello que tiene que ver exclusivamente con lo nomotético e ideográfico. Ambas aproximaciones son definidas por el Diccionario Conciso APA (2010) como contrapuestas (tabla 9.3). Tabla 9.3. Aproximaciones nomotética e idiográfica según las definiciones del Diccionario Conciso APA (2010). Enfoque nomotético (p. 346) Enfoque Idiográfico (p. 257) «Relacionado con la formulación de leyes generales en contraposición al estudio de casos individuales. Un método nomotético comprende el estudio de grupos de personas o casos con la finalidad de descubrir las leyes o principios generales y universalmente válidos que caracterizan a la persona o caso promedio». «Se relaciona con la descripción y comprensión de un caso individual, en oposición al planteamiento de ideas generales nomotéticas que describen el caso promedio […] Una aproximación idiográfica implica el estudio intensivo y exhaustivo de una sola persona o caso con el objeto de obtener una comprensión profunda de esa persona o caso, en contraste con el estudio de los aspectos universales de grupos de personas o casos». Podría decirse que esta dicotomía nace como una extensión del debate entre la primacía de lo general (o universal) versus lo particular, derivada a lo general versus lo individual (Allport, 1983). Por un lado, expone las diferencias entre los principios que rigen a la universalidad de personas humanas (etic) en contraposición a la particularidad de cada cultura de referencia 404 william montgomery urday (emic)6 (Ardila, 2011); y, por otro, esa misma universalidad en relación con la singularidad de los individuos (Staats, 1979). Respecto a lo primero, La ciencia psicológica que buscó en forma implícita o explícita ser universal y que insistió en que existía una realidad psicológica subyacente, se encontró con la importancia de la cultura en el comportamiento, con el papel que juega el contexto y con la gran dificultad que existe para especificar qué es universal y qué es culturalmente limitado en el estudio del comportamiento humano. Ese delicado balance entre lo universal y lo particular, entre la naturaleza humana y la influencia de la cultura, entre lo etic y lo emic, es una tarea pendiente en la psicología de comienzos del siglo XXI. Algo que preocupa a la disciplina, que origina muchos problemas y que está lejos de resolverse en forma satisfactoria. Es uno de los grandes dilemas de la psicología de hoy. (Ardila, 2011, p. 9) En cuanto a la cuestión relativa a oponer el estudio de leyes generales con el estudio de casos individuales, la insistencia inicial de la psicología científica (sobre todo aquella que atañe al campo básico del aprendizaje) tenía por especial misión identificar y especificar los principios que rigen a nivel de todos los organismos, dejando de lado las circunstancias significativas que las condiciones individuales imponen a la existencia singular de cada persona. Esto constituyó una fortaleza en el sentido de poder constatar en qué medida los principios obtenidos en investigaciones con organismos no humanos se aplican a los humanos, y a la vez una debilidad relacionada con la imposibilidad de tratar con variables que atañen al conocimiento complejo de la naturaleza humana, deteniéndose solo en aspectos triviales. Comprendiendo la situación al interior de las teorías del aprendizaje, Staats (1979) clamó por incluir una teoría de la personalidad. 6 «En la psicología transcultural las conductas e ideas que son generales universales se denominan etic; y las que son culturalmente específicas se denominan emic» (Ardila, 2011, p. 8). Es bueno recordar que, ya en el siglo XIX, H. Rickert y W. Windelband habían distinguido las ciencias de la naturaleza de las de la cultura; y W. Wundt las ciencias de la naturaleza de las del espíritu (véase tabla 6.6). capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 405 Es esencial encontrar las leyes generales (elementales) de la conducta, pero ellas solas no nos hablan de la conducta individual. Los principios del conductismo elemental nos dicen las formas generales en que el medio puede afectar la conducta aprendida del organismo, pero los repertorios conductuales que aprenda estarán en función de sus experiencias individuales. (p. 420) Como es fácil de colegir, este problema de la controversia entre lo nomotético y lo ideográfico se halla estrechamente vinculado al de lo cuantitativo versus lo cualitativo. 2.2. Discusión epistemológica Las posiciones están trazadas (véase Silva, 2011, pp. 19-25): para el análisis de tipo nomotético, existen leyes generales o universales acerca de fenómenos y procesos repetibles o probabilitarios que la actividad científica puede descubrir y manipular útilmente, generando teorías con esquemas bien organizados de conceptos, categorías y métodos, y con un alto índice de generalización. Para el análisis de tipo ideográfico, en cambio, la psicología no necesita buscar leyes, sean causales, universales, o estadísticas. Lo que se requiere es captar la singularidad y la esencia de las acciones humanas, (eventos únicos e irrepetibles, que tienden a fluir y devenir en formas particulares), y lo que interesa es indagar por aquellas acciones por sí mismas, no por que contribuyan necesariamente a construir marcos acumulativos generales de inteligibilidad científica, dado que el saber se redefine y reestructura constantemente. La objeción nomotética a la versión idiográfica, en cambio, es «que toda retrospección de acontecimientos pretéritos implica una selección de la realidad que conlleva por definición criterios selectivos y categorías descriptivas y, por consiguiente, se basan en generalizaciones tácitas —que no por ser de este tipo son menos reales—, afines a las leyes científicas» (Silva, 2011, p. 20). Por contra, la crítica del enfoque ideográfico a la versión nomotética se enfoca en «señalar el peligro que se corre al descuidar los fenómenos transformativos —debido en parte al carácter reflexivo de la realidad de las acciones humanas— que imposibilitan la repetición de situaciones estructurales» (ib. p. 21). Ahora bien, un hecho que hay que reconocer es que, a nivel humano, la idiografía es mucho mayor que en otras especies. Un enfoque como el de 406 william montgomery urday Skinner (1993), por ejemplo, que trata de conjugar los planos nomotético e idiográfico estudiando la tasa de respuesta —la famosa «operante libre»— en sujetos únicos, resulta útil sin duda como un método descriptivo - cuantitativo que intenta recoger datos a lo largo de un periodo determinado, pero carece de sensibilidad para extraer singularidades de por qué la operante se emite o funciona de tal o cual manera en un individuo y no en otros, así como en determinados casos y no en otros; y en relación a qué especificidades contextuales. Dicha dificultad se intenta superar complementando los estudios de este tipo con otros métodos idiográficos que O’Donohue, et al. (2019, p. 23) citan de un trabajo anterior: a) métodos descriptivos cuantitativos; b) métodos correlacionales intraindividuales; c) diseños experimentales intraindividuales; d) estudios de caso; e) medición de la personalidad; f) predicción basada en datos; y g) análisis configuracional. Contra la impresión imperante, una amplia lista de teóricos e investigadores de la psicología que utilizan el método nomotético en sus diversas modalidades inductiva o deductiva de diseños —sea experimental, cuasiexperimental, pre-experimental, no-experimental o correlacional— para generar datos individuales y grupales (además de Skinner, Bandura, Mischel, Eysenck, Costa y McCrae, entre otros), tienen una perspectiva epistemológica con tendencia ideográfica de fondo, vale decir, justifican el uso de medidas impersonales para analizar más las diferencias que las semejanzas entre individuos, y, por tanto, su singularidad (ver Feist, et al, 2014). El problema para ellos radica en que la obtención y el análisis de la información deben ser controlados y sujetos a riguroso proceso de criba naturalista en el contexto de justificación. Dado este individualismo metodológico, que es típico de las ciencias sociales (Nagel, 2006), probablemente la llegada de instrumentos idiográficos más confiables desde su perspectiva los habría inclinado a juzgar con mayor benevolencia la cualitatividad característica de los datos que ofrecen. Claro que además hace falta una visión más amplia de cómo se podrían engarzar ambos polos del dilema en una sola lógica rectora de complementariedad, lo que constituiría un «justo medio entre las generalizaciones transhistóricas y las narraciones particulares» (Silva, 2011, p. 22), esto es, una visión de sistema complejo (que podría encuadrarse inteligentemente quizá desde el «método» de Morin [2008], o desde la teoría de campo de Ribes [2018], cada cual en su lógica) donde cada cosa tenga su pertinencia capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 407 en un proceso de conocimiento. Por ejemplo: «Los sucesos o interferencia aleatorios constituyen gran parte del contenido de los análisis ideográficos; aunque sean incalculables, algunos pueden reconstruirse con el objetivo de recrear la historia de desarrollo de los acontecimientos sociales y del comportamiento» (Silva, 2011, p. 22). Los modelos de variables estructurales (Ortiz & Fernández-Pera, 2018), que evidencian relaciones causales entre variables latentes (algunas no directamente observables), también son una esperanza para aglutinar convergencias. Así, más allá de las resistencias de sus «núcleos duros», los investigadores más imaginativos de las disciplinas naturales y sociales pueden emplear aproximaciones ideográficas o nomotéticas exactamente como pueden utilizar también enfoques cuantitativo o cualitativo, según los casos abordados o las circunstancias de la coyuntura. ***** En este contexto, podría decirse que, por lo menos para una gran parte de los profesionales practicantes de labores aplicadas, el dilema nomotético–idiográfico no es un problema relevante a nivel de procedimientos, puesto que el carácter tentativo de la atención psicoterapéutica y psicopatológica lleva a combinarlos espontáneamente. En la evaluación de los casos, por ejemplo, es bastante común utilizar medidas estadísticas, que, a veces se complementan con pruebas de orden proyectivo, entrevistas no estructuradas y otros tipos de autoinforme de índole idiográfico. Ciertas técnicas de uso generalizado independientemente de su origen teórico (vgr.: la «silla vacía», «juego de roles», «visualización» o «rol fijo») también se aplican de manera informal, similares a las técnicas análogas7, con el objeto de obtener más información 7 Se llaman técnicas análogas a aquellas que el psicoterapeuta utiliza para complementar o ampliar su información de primera mano sobre los problemas que se le remiten, y que no están afiliadas a ningún tipo de medida estandarizada ni teórica. Por ejemplo, ante individuos remitidos por supuestos problemas perceptivos, se pueden utilizar abecedarios, dibujos o recortes de crucigramas para mediante ellos educir respuestas inmediatas que confirmen o pongan en duda la presunción. El uso parcial de ciertas pruebas inestructuradas o poco estructuradas, —como el test de apercepción temática o el de frases incompletas, para educir narrativas—, también cae dentro de esta denominación de análogo. Y así muchas más. 408 william montgomery urday referente al caso en tratamiento. Ciertamente hay, de todos modos, en ciertos círculos, un interés por ligar el trabajo práctico a principios que se sabe que funcionan, como es el asunto de los cuidados nomotéticos que se toman para ello (Barraca, 2009, Froxán, 2011), pero incluso eso está más relacionado con la investigación que con la práctica de consultorio. Lo cierto es que, de existir una mejor estructuración y confiabilidad de la medición clínica por métodos idiográficos, con seguridad esta sería rápidamente incorporada al acervo instrumental, e incluso conceptual. Un ejemplo de posible logro en este sentido es la herramienta de Estimación Grupal Iterativa de Modelos Múltiples (GIMME), «combina los activos de los enfoques nomotético e idiográfico mediante la creación de mapas específicos de personas que contienen una estructura a nivel de grupo. Los mapas muestran cómo las variables medidas intensivamente se predicen y son predichas entre sí en diferentes escalas de tiempo» (Beltz, et al., 2016, p. 1). Para mayor detalle, se dice que dicho instrumento está: Desarrollado para analizar redes neuronales, también se puede utilizar con datos de series temporales de comportamiento (por ejemplo, diarios, observaciones codificadas, registros fisiológicos) para crear mapas específicos de personas que contienen una estructura a nivel de grupo mediante la identificación de relaciones dirigidas contemporáneas y retrasadas entre los comportamientos. Por lo tanto, combina el enfoque de análisis idiográfico relacionado con modelos de variación intraindividual específicos de cada persona y el enfoque de análisis nomotético relacionado con modelos de variación interindividual generalizables a la población. Los mapas no sólo proporcionan información sobre la heterogeneidad entre las personas, los síntomas y los cursos temporales que subyacen a la psicopatología, sino que también pueden aprovecharse en el tratamiento (por ejemplo, como representaciones de los problemas de conducta del paciente que requieren discusión y posiblemente mediación y como indicadores en tiempo real de funcionamiento del paciente que puede indicar la necesidad de la intervención del médico). (Ib., p. 10) Esto superaría, por lo menos en parte, el problema de la falta de generalización propio del enfoque idiográfico. capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 409 3. DIMENSIÓN EXOGENISTA-ENDOGENISTA 3.1. Origen, definiciones y diferencias Coan (1968) señala respecto a esta dimensión, donde obviamente lo endógeno implica origen interno y lo exógeno origen externo: Aquí encontramos un énfasis biológico en el extremo positivo, con preocupaciones tan contrastantes como las influencias sociales y el proceso de aprendizaje en el extremo negativo. Aparentemente, un énfasis constitucional tiende a ir con lo primero y un énfasis ambiental con lo segundo, pero la dicotomía naturaleza–educación evidentemente no representa el enfoque central del factor. Más bien, la distinción esencial parece ser entre las orientaciones contrastantes (hacia las fuentes internas de la conducta y hacia las fuentes externas) que encuentran expresión ocasional en la controversia naturaleza-educación. (p. 719) Por lo tanto, cabría indicar que la controversia se plantea, por un lado, entre aspectos motivacionales (motivación intrínseca contra motivación extrínseca); y por otro, ligada al dilema herencia–ambiente, o lo innato versus lo adquirido. En verdad, podría decirse que hoy en día resulta bastante claro que la posición dominante en ambos aspectos es la del interaccionismo, lo cual es cierto, pero indudablemente, dentro de esa generalidad todavía hay énfasis muy acusados en pro de una u otra opción según la corriente psicológica. Los estereotipos sindican a las variedades conductuales y socioculturales como propensas al exogenismo, mientras que las cognitivas, humanistas y psicoanalíticas están con el endogenismo. 3.2. Motivación intrínseca versus extrínseca ¿Qué es lo que «mueve» a los seres humanos de manera primordial? Es la pregunta que ha intentado responderse durante siglos, y que solo en los últimos ciento veinte años aproximadamente resulta materia científica (Reeve, 2010). En el interín, se batieron como posibles explicaciones iniciales el hedonismo (Demócrito/Epicuro), para el cual «el bien supremo es el placer de 410 william montgomery urday la vida entera» y el idealismo (Sócrates/Platón/Aristóteles) de acuerdo con el cual una vez aprendidas la sabiduría y la virtud, el hombre es motivado para el bien. Luego vinieron los «grandes enfoques» de la voluntad (Tomás de Aquino/Descartes) como facultad que controla apetitos y pasiones corporales en aras de la virtud (libre albedrío); del instinto (Darwin/James/ McDougall) como sustancia genética–corporal que ejerce presión física y mental en busca de satisfacción; y de la pulsión (Freud/Hull), considerando la acumulación energética biológica que debe aplacarse para no dañar el rendimiento y la salud. Después de la era de los grandes enfoques llegaron las miniteorías, como la de búsqueda de logro (Atkinson y McClelland); la disonancia cognitiva (Festinger); o la frustración –agresión (Dollard y Miller); entre otras. Como se ve, salvo las propuestas de Hull o la de Dollard y Miller, parcialmente exogenistas, todas las demás fueron rotundamente endogenistas, y también la gran mayoría con fuertes implicaciones biológicas. En la actualidad, en el campo motivacional, la orientación exogenista es representada por la motivación extrínseca, y la endogenista por la motivación intrínseca. Como dice Reeve (2010), la primera de ellas «proviene de los incentivos y consecuencias en el ambiente», surgiendo de un intercambio en base a «haz esto y obtendrás aquello»; y contando con el «ofrecimiento de un incentivo8 ambiental atractivo» (p. 84); que, en el caso del conductismo radical, es llamado reforzador9. La motivación intrínseca, por su parte, «es la propensión inherente a involucrarse en los propios intereses y ejercer las propias capacidades y, al hacerlo, buscar y dominar desafíos óptimos» (Reeve, 2010, p. 83). Algunos procuran armonizar estas dos tendencias mediante una tercera opción, que es la teoría de la evaluación cognitiva de los 8 «El término incentivo describe algún objeto meta que motiva al sujeto. Actúa como una guía de nuestra conducta para aproximarnos o evitar el objeto meta. Se caracteriza por su subjetividad; es decir, posee un valor distinto para diferentes sujetos, e incluso para un mismo sujeto en momentos distintos. Los incentivos, por tanto, motivan la conducta, y son generalmente aprendidos» (Palmero, et al., 2011, p. 80). 9 «Reforzador: cualquier estímulo, consecuencia o acontecimiento que, cuando se hace contingente respecto a una respuesta previa, aumenta la probabilidad de ocurrencia de esa respuesta en el futuro. Se define en función de su efecto sobre la conducta, no por sus características inherentes. Presenta un carácter idiosincrásico para cada sujeto» (Palmero, et al., 2011, p. 86). capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 411 investigadores Deci y Ryan (Ryan & Deci, 2000, 2022), sosteniendo la tesis de la autodeterminación. Ellos consideran que los seres humanos llevan en sí gérmenes «tanto de la actividad como de la pasividad, de la responsabilidad y de la indolencia» (Ryan & Deci, 2000, p. 76), pero bien guiados, encontrarían más posibilidad para ejercitar autonomía e independencia. Por eso los autores citados buscan entender mejor los mecanismos implicados, a fin de «promover la regulación autónoma de conductas motivadas extrínsecamente» (p. 73), en el entendido de que: «La motivación intrínseca es el prototipo de la autodeterminación» (Ryan & Deci, 2022, p. 2), asociándose con mejores resultados de bienestar y desempeño de los individuos. En resumen, esta teoría parte de que la motivación extrínseca tiene un factor externo (regulado por la obediencia en base a recompensas y castigos externos); un factor parcialmente externo (regulado por el autocontrol, la participación del yo, recompensas y castigos internos); un factor interno (regulado por la importancia personal y la valoración consciente dados a lo externo); y un factor parcialmente interno (regulado por la congruencia, concienciación y síntesis con el sí mismo); por lo cual las tres últimas regulaciones son susceptibles de modificarse a favor de la motivación intrínseca. 3.3. Herencia versus ambiente La controversia naturaleza–crianza se inició «oficiamente» con la publicación de Francis Galton titulada Hombres de Ciencia Ingleses: Su Naturaleza y Crianza (1874), donde sostenía la dualidad entre las facultades latentes de crecimiento y mente contrapuestas a las condiciones del entorno; y en un estudio posterior también inauguró los estudios sobre gemelos (Hergenhan, 2011). La fundamentación de esta tesis radicó en la teoría evolutiva de su primo Charles Darwin, según la cual los organismos mejor adaptados al ambiente seleccionan para su especie el genotipo (la estructura genética) y el fenotipo (apariencia y repertorios de conductas) como las características heredables más eficaces. Según parece, como dicen Gerrig & Zimbardo (2005) el bipedalismo (caminar erguido sobre dos pies) y la encefalización (crecimiento del encéfalo) constituyeron adaptaciones biológicas básicas para la aparición de la mayoría de subsecuentes progresos evolutivos de 412 william montgomery urday la especie humana, llevando a un tercer hito: la aparición del lenguaje (capacidad de transmitir información e instruir a otros miembros), y la consiguiente evolución cultural (fabricación de herramientas y desarrollo de la industria y la tecnología). En suma, como señala Ardila (2012) parafraseando a Skinner, en los procesos de evolución hay tres niveles: uno genético (seleccionado como especie), otro ontogenético (seleccionado durante la vida del individuo), y uno cultural (contingencias de reforzamiento mantenidas por un grupo). Los vínculos causales entre herencia biológica y comportamiento humano son materia de varias líneas de investigación, entre ellas principalmente las que se enfocan en el papel de los factores fisiológicos que afectan la personalidad, y las que examinan los factores genéticos (Larsen & Buss, 2021). En el campo de la personalidad sobresalen las dimensiones temperamentales (sociabilidad, responsabilidad, apertura, amabilidad, neuroticismo), que investigan las teorías de rasgos, y las tendencias innatas (como la «gramática universal» de Chomsky, la «maduración mental» de Piaget o las «necesidades superiores» de Maslow) que, en algunos casos, reciben el nombre de instintos (como en la dinámica freudiana). Los aspectos genéticos son abordados por una interdisciplina llamada genética conductual (Plomin, et al., 2008), que intenta explicar la proporción de la varianza fenotípica a través de diferencias genéticas interindividuales. Aquí, en esta última cuestión del grado de heredabilidad de los rasgos, se halla el punto donde se produce la mayor cantidad de controversias10. Un tercer rubro de investigación es la neurociencia, otra interdisciplina de tremenda influencia en la psicología, que, al decir de Blanco (2014), brinda dos aproximaciones respecto al estudio de los mecanismos biológicos subyacentes a lo mental: las estrategias reduccionista y holista. 10 Existe mucha preocupación por las derivaciones que se pueden sacar de establecer diferencias genéticas entre seres humanos que se refieran al comportamiento psicológico, pensando en los excesos cometidos por el pensamiento poligénico y eugenésico del siglo XIX y principios del siglo XX, algunos de los cuales fueron expuestos por Gould (1997). Los genetistas conductuales defienden su posición, haciendo hincapié en que sus hallazgos sobre el papel predominante de los genes o los ambientes se refieren a estimaciones de porcentajes poblacionales más que individuales, y sin negar que estos pueden cambiar si la relación entre heredabilidad y ambiente varía. capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 413 Las estrategias reduccionistas «o “de abajo arriba”», tratan de analizar el sistema nervioso a partir de sus componentes elementales, examinando una molécula, una célula o un circuito al mismo tiempo. Los planteamientos holistas, «o “de arriba abajo”», por el contrario, «se centran en las funciones mentales presentes en los seres humanos que se comportan en estado de alerta y en animales intactos experimentalmente accesibles, intentando relacionar tales comportamientos con características de orden superior de grandes sistemas de neuronas».11 (Blanco, 2014, p. 87) Con semejante afán, las neurociencias procuran estudiar la estructura, la función, el desarrollo bioquímico, la farmacología, y la patología del sistema nervioso; así como las maneras en que sus diferentes elementos interactúan, dando lugar a las bases biológicas de la conducta (Manes y Niro, 2015). En este contexto, lo que suele llamarse «neuro-revolución» en la ciencia contemporánea es, fundamentalmente, la tendencia a tratar de explicar la conducta humana cerebralmente, entendiendo las bases biológicas de la conciencia y de los procesos mentales. Resulta curioso el hecho de que uno de los mayores impulsores de la neurociencia es el médico ganador del Premio Nobel (edición 2000, por el estudio del caracol marino), y decidido simpatizante del psicoanálisis Eric Kandel (2007), que afirma ser su inspiración filosófica, científica y humanística, por lo que no pierde las esperanzas de hacer de dicha corriente una disciplina más cercana a la ciencia biológica. 3.4. Discusión epistemológica 3.4.1. Acerca de la motivación Un primer punto es el tema de la motivación, que es tratado por la teoría de la evaluación cognitiva (Ryan & Deci, 2022) en un nivel de términos y 11 Las comillas son de una cita parafraseada que Blanco (2014) hace de Albright, et al. (2000). 414 william montgomery urday constructos de uso coloquial que no colisiona con un tratamiento más básico técnicamente, léase a través de un análisis detallado de los principios de aprendizaje y condicionamiento que están implicados en cada uno de los planos extrínseco e intrínseco. Es obvio que los repertorios o disposiciones de comportamiento afectivo–motivacional, lingüístico–cognoscitivo y sensorial–motor de un individuo se relacionan de manera compleja, y pueden configurar modos compatibles con la descripción hipotética mentalista de la tesis de la autodeterminación. Esta constituye, pues, una manera válida de integrar pragmáticamente factores endógenos y exógenos que solo requeriría reelaborarse a la luz de paradigmas distintos. 3.4.2. Acerca de la primacía de la herencia o el ambiente Respecto a la discusión «herencia versus ambiente», el asunto es más peliagudo. Por eso, la idea de esta sección es centrarse directamente en la dialéctica «pro y contra» de la controversia implicada. Para ello, nada mejor que buscar primero una posición representativa de cada lado, de entre la multitud de aportaciones que puede haber acerca del tema. En este sentido, se revisan los libros de Sapolsky (2018) y de Staats (2012). En segundo lugar, se discuten algunas interpretaciones de la neurociencia en cuanto tienen de extremistas (Pérez-Álvarez, 2022), y, finalmente, se expone una perspectiva resolutiva. La obra de Sapolsky (2018) dedica un gran esfuerzo a la tarea de demostrar cómo la biología modula hasta el más insignificante de los actos humanos, sosteniendo que un análisis minucioso de las circunstancias que les dan lugar tanto desde un punto de vista proximal (genéticas, neuroendocrinológicas y ambientales) como distal (principios de la evolución), siempre tienen el carácter de causa-efecto. Las interrelaciones entre las estructuras cerebrales —entre otras la corteza, el sistema límbico, el hipotálamo, el sistema nervioso autónomo, etc.— explican en gran medida las conductas y las tendencias de los individuos, pero haciendo la salvedad de que estas no proceden sin conexión con los sucesos del entorno, siendo capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 415 más bien epigenéticas12. Por ejemplo, respecto a conductas agresivas como golpear o gritar a alguien, la índole de los actos está ligada al contexto de referencia: si este se relaciona con ambientes fuertemente competitivos, los niveles de testosterona se elevan y provocan mayor propensión a la violencia; y si, por el contrario, el entorno es cooperativo, la testosterona tiende a bajar. Aunque Sapolsky parte de la primacía biológica, niega que le dé una explicación biologicista al comportamiento humano, pues afirma que plantear la dicotomía biología–cultura es ilegítimo desde el momento que cualquier acontecer implica un entrelazamiento entre ambos factores. Lo que le molesta, sin embargo, es que a menudo por cuestiones ideológicas (como las prevenciones fundamentalistas a favor del libre albedrío y contra el racismo), el papel que juega la biología se pasa por alto, atribuyéndole solo a lo sociocultural la explicación de todo lo que hace la gente. Por el otro lado, Staats (2012) presenta una perspectiva más inclinada al determinismo ambiental-social. No considera claves los papeles de la genética ni de la epigenética, porque juzga insuficientes los conocimientos acerca de cómo los genes podrían afectar el aprendizaje. De hecho, las explicaciones aportadas sobre la base de creencias en genes, estructuras o funciones cerebrales determinantes, lo que hacen es oscurecer el papel que cumple el aprendizaje en la aparición y funcionamiento de muchos comportamientos normales y anormales, dando pie a un gran error científico. Al contrario de Sapolsky, Staats cree que los factores de la crianza se han descuidado al darle implícita mayor importancia a lo biológico, y no al revés. Un ejemplo entre muchos es atribuir las conductas exploratorias de los niños pequeños a la genética, cuando la observación exhaustiva demuestra que ellas obedecen al refuerzo natural, modificándose de acuerdo con los cambios en el ambiente producidos por dicha exploración. Staats acepta un gran margen de influencia biológica incorporada en la evolución de las características estructurales únicas de la especie humana, con un cerebro compuesto por más de 100 mil millones de neuronas y multitud de 12 La epigenética conductual es una interdisciplina que, como lo reseña Powledge (2011), examina cómo la experiencia social, la forma de nutrición, el devenir hormonal y las exposiciones toxicológicas, pueden modificar aspectos biológicos moleculares que afectan el comportamiento de las células cerebrales. 416 william montgomery urday conexiones entre ellas, pero juzga que es más importante identificar las contingencias naturales presentes en el desarrollo temprano de los infantes, que modulan sus interacciones afectivo-sociales, verbales y motoras. Eso implica entender la necesidad de desarrollar un nuevo paradigma de aprendizaje acumulativo y jerárquico, que integre tanto la base genética como los mecanismos de funcionamiento de los principios obtenidos a nivel experimental sobre la conducta humana, extendidos a lo largo de todos los niveles de estudio que competan, desde el más simple hasta el más complejo. El análisis detallado de cada nivel proporcionaría la certidumbre respecto a verdaderas explicaciones referentes a cómo surgen y cómo se pueden modificar los diferentes repertorios de las personas. Como dándole la razón a Staats en cuanto a sus resquemores sobre la postergación de crianza frente a naturaleza mientras que argumentos como los de Sapolsky suscitan gran atención, difusión mediática y entrevistas de divulgación de sus ideas al gran público; lo expuesto por el académico conductista provocó inmediata reacción de crítica, pero solo en un medio discretamente científico; respecto a ello Williams, & Valla (2013) argumentan en síntesis que el enfoque «fuertemente medioambiental» de Staats está desactualizado y que además se equivoca al presentar un cuadro de preeminencia dada a lo biológico, ya que en realidad hay un péndulo de oscilación para uno u otro lado, de ahí que la preferencia extrema que le da a la crianza corre el riesgo de convertirse en una regresión social, al plantear tesis de aprendizaje por condicionamiento social del autismo y de la homosexualidad que no van de acuerdo con la marcha del conocimiento contemporáneo. Staats (2013) no deja sin responder esta crítica, retrucando que el objetivo de su libro no fue presentar un cuadro de oposición entre crianza y biología, sino proponer el paradigma de principios del aprendizaje acumulativo para fomentar la investigación acerca del desarrollo humano integral, colocando el papel de los aspectos biológicos en un nuevo marco teórico de la evolución del cerebro y el sistema nervioso humanos como producto de tales principios de aprendizaje, que a su vez fueron impulsados por el perfeccionamiento de las estructuras orgánicas. capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 417 3.4.3. Acerca del papel del cerebro Justamente, otro punto en disputa es el lugar que se le debe otorgar al cerebro entre las condiciones que intervienen para que exista lo psicológico. Aquí, como en el caso de la diferencia de atención que se le da a Sapolsky, pero no a Staats, el imaginario también está invadido por una impresionante influencia de la «cosmovisión cerebrocentrista» en documentales divulgativos, libros y artículos especializados que le dan al cerebro la categoría de lugar y agente de la consciencia y la subjetividad a la manera de Searle (2008). En un capítulo anterior se habló de los «neurofilósofos» —especie a la cual también pertenece Blanco (2014)—, detallando sus propuestas respecto a la filosofía de la mente (teoría de la identidad, monismo anómalo, materialismo eliminativo, naturalismo biológico, emergentismo interaccionista, monismo emergentista), por lo que no se repetirán esos argumentos. Basta indicar que, según esa lógica, el cerebro es capaz de determinar cualquier tendencia comportamental, desde cómo se resuelve un problema abstracto hasta cómo se enamora la gente, o su tipo de moral, su forma de bailar u otras simplezas. Se aduce el respaldo científico de tales ideas en la fuente que proviene de la sofisticada tecnología de métodos no invasivos, basados en la observación de vistosas neuroimágenes coloreadas obtenidas a través de diversos aparatos acoplados a un ordenador, que procesa los datos y lo proyecta a manera de «radiografías tridimensionales» que identifican diversas áreas de funcionamiento cerebral y las conexiones entre ellas. Cuando se investigan funciones psicológicas, en la mayoría de los casos el sujeto del estudio, conectado a los aparatos, realiza tareas relacionadas con aquel, tales como ver figuras que se proyectan, atender a instrucciones recibidas por audífonos o tomar decisiones sobre un teclado. Como lo reseña Pérez-Álvarez (2022), los métodos auxiliados por los aparatos son el electroencefalograma, el magnetoencefalograma, la tomografía de emisión de positrones, la resonancia magnética funcional y la estimulación magnética transcraneal (tabla 9.4). william montgomery urday 418 Tabla 9.4. Métodos no invasivos utilizados para obtener neuroimágenes del funcionamiento cerebral (elaboración propia. basada en una síntesis de las descripciones de Pérez-Álvarez, 2022, Cap. 1). Nombre Descripción Electroencefalograma Utiliza electrodos pegados al cuero cabelludo para medir preferentemente los ritmos de sueño y de vigilia, y también respuestas eléctricas asociadas con determinados estímulos. Registra la actividad sináptica neuronal a través de la Magnetoencefalograma irradiación del campo magnético cerebral, para medirla y generar sus mapas funcionales. Tomografía de emisión de positrones Actúa midiendo el flujo sanguíneo como indicador de actividad neuronal en alguna parte específica del cerebro, dado que ésta necesita de oxígeno y glucosa como fuentes de energía. Resonancia magnética funcional Se vale de cantidades de agua oxigenada que son enviadas a determinadas regiones cerebrales, detectando cambios magnéticos asociados a aumentos en el flujo sanguíneo. Transmite impulsos relativamente débiles a ciertas zoEstimulación magnética nas corticales implicadas en algún tipo de alteración transcraneal funcional temporaria (como por ejemplo la afasia), para detectar y mapear áreas sensibles. La neurociencia, así entendida, dice aclarar problemas filosóficos vinculados a la percepción de la realidad y al libre albedrío, entre otros, a través de las interpretaciones de fenómenos observados en estudios experimentales, como las ilusiones de «la mano de goma» y «el fantasma de la libertad». «La mano de goma» es un experimento en el cual se sienta a una persona con los ojos semi-tapados frente a una mesa. Se le colocan ambos brazos sobre ella, pero uno queda oculto bajo una falsa mesa que tiene una mano de goma encima sin que el sujeto lo advierta. Luego la mano de goma y la mano real son estimuladas a la vez en el mismo punto por el experimentador (por ejemplo, describe con un pincel sobre ambas manos una línea que va desde la muñeca hasta la punta del dedo índice). Extrañamente, el sujeto capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 419 empieza a percibir que la mano de goma es su mano real, y al pedirle que señale con la mano izquierda su mano derecha, señala la mano de goma. «El fantasma de la libertad» es otro experimento, en el cual se da al sujeto la orden de realizar una tarea sencilla (la flexión rápida de una muñeca), mientras que aproximadamente sobre el área cortical que controla el movimiento se coloca un electrodo que registra la activación eléctrica en los momentos previos a la realización del acto. Se pide al sujeto que informe del momento preciso en que decide mover la muñeca, midiendo: 1) el tiempo transcurrido desde la percepción subjetiva del deseo de ejecutar la acción hasta su realización efectiva; y 2) el tiempo transcurrido desde la activación eléctrica de la corteza cerebral («potencial preparatorio»), hasta el momento de la percepción subjetiva de la volición. Se encuentra que el «potencial preparatorio» se activa unos 350 a 400 milisegundos antes de que el sujeto sea consciente de su deseo de ejecutar la acción, el cual antecede, a su vez, unos 150 milisegundos a la ejecución. Estos experimentos demostrarían que las personas, a pesar de creerse libres, no lo son en realidad, pues, por un lado, el cerebro crearía una realidad interna de los eventos físicos externos después de analizarlos, haciendo de nuestra conciencia y percepción del mundo una ilusión mental (Kandel, et al., 2013); y, por otro lado, que el libre albedrío, y por lo tanto la voluntad y las decisiones que tome, no le corresponderían al sujeto consciente, sino a su cerebro. Este órgano construiría el mundo y nos engañaría, además de ser el «titiritero» —según la expresión de Damasio (2019)— a través de sus cortezas frontal, temporal y parietal de asociación. Los experimentos reseñados anteriormente tienen una base materialista, pero, como Castañón & Láez (2009) ponen de manifiesto, las neuroexplicaciones también abarcan el plano idealista, incluso el reino de la espiritualidad divina, según lo demuestra el supuesto descubrimiento del «Gen de Dios», así llamado por Dean Hamer y colaboradores debido a las correlaciones de una variante del gen VMAT2 (3305) con las tendencias al misticismo. Frente a las desorbitadas pretensiones neurocéntricas, Castañón & Láez (2009) y Pérez-Álvarez (2022) desarrollan algunos argumentos que la ponen en duda. Pérez-Álvarez cuestiona que las neuroimágenes sean reflejos de la realidad; en este sentido, la lógica del razonamiento cerebrocéntrico es que el flujo sanguíneo indica actividad neuronal asociada a la actividad psicológica, y la imagen coloreada resultante mide ese flujo corre- 420 william montgomery urday lativo a la actividad conductual en estudio (económica, ética, política, psicopatología, afectividad, etc.). Obviamente hay correlatos fisiológicos en todo lo que se hace, sin embargo, lo cierto es que hay una distancia entre lo que miden los métodos neurocientíficos y las imágenes ofrecidas. Aun siendo el flujo sanguíneo indicador de actividad neuronal, el flujo tiene una velocidad mucho más lenta que aquel, así que no hay equivalencia temporal entre ambos. Igualmente, el flujo puede estar regando más de una actividad neuronal, sin contar que puede haber unas neuronas que necesiten menos oxígeno por ser más eficientes. Además, se ignora cuántas neuronas son necesarias para dar lugar a una unidad de medida. En general, tampoco hay evidencia de que los estudios de neuroimagen confirmen algo acerca del supuesto origen biológico de los trastornos mentales, teniendo, a lo sumo, un valor correlativo igual que en los demás casos. Frente a esto, a menudo los investigadores se han visto obligados a «llenar» los vacíos con especulación. Por si fuera poco, hay enormes dificultades en torno a la interpretación cerebrocéntrica de los datos. En ningún caso las neuroimágenes obtenidas a través de los métodos no invasivos son «instantáneas fotográficas» de los fenómenos que estudian. Son, más bien, representaciones gráficas de un complejo procesamiento computarizado de datos estadísticos que se basa en estándares de referencia normativa (promedios obtenidos por una población de línea base o grupo control), en relación con modelos previos de funcionamiento anatómico y neural. Estas representaciones, a su vez, son interpretadas por los investigadores en función a su marco teórico. Entonces, en realidad no hay mucho que se pueda obtener seriamente a través de semejantes correlaciones, aun considerándolas a la luz de la especulación teórica. El hecho de que dos fenómenos de diferentes niveles covaríen no indica necesariamente relación de causalidad, aunque tales fenómenos sean complementarios. Por otro lado, más allá de los aspectos prácticos antes apuntados, hay varios problemas filosóficos que se plantean en la asunción cerebrocéntrica. El primero es el del dualismo, aunque éste se haya pretendido como superado por los teóricos de la neurociencia cognitiva en sus tentativas de «identidad mente-cerebro» y «emergentista o eliminativa». Aquí cabe referirse a Georges Politzer cuando, en su crítica del materialismo médico, fisiológico o biológico, decía que éste no es sino una respuesta al espiritualismo que se ha vaciado en su mismo molde, nombrando «materia» (o «cerebro» en capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 421 otros términos) a lo que ayer se llamaba «espíritu» (La crisis de la psicología contemporánea; Cf. por Sève, 1972; p. 211). En este sentido, la tesis de la identidad mente-cerebro sigue ateniéndose a una lógica dualista, pues fragmenta lo que es un episodio psicológico introduciendo el «sujeto» dentro del organismo (cuando en realidad están en juego múltiples factores intraorgánicos y extraorgánicos de afectación recíproca), convirtiéndolo en una entidad cualitativamente superior a los constituyentes de la naturaleza exterior (organocentrismo). De manera que: Al reanimar la vieja ilusión de que hay un agente autónomo (homúnculo, demonio o espíritu) en el cerebro o en la mente de los humanos, o al caer en la tentación de explicarlo todo con lo biológico se favorecen los argumentos que apelan a las supuestas fuerzas o procesos interiores en los individuos, mientras desconocen y/o ignoran las contingencias y las variables ambientales que sí explican los comportamientos. (Castañón & Láez, 2009; p. 61) Queriendo aferrarse a un monismo sustancialista extremo, lo único que se ha logrado es seguir manteniendo la realidad escindida en dos polos: uno explícito (la materia o extensión corporal según Descartes) y otro implícito (lo ideal o mental) que es «producido» por ella. ¿Cómo? Si la «mente» es referible a eventos corporales, entonces cabría la pregunta de ¿cuál sería el curso de transfiguración de lo fisiológico en cualidad mental? Por otro lado, cabe también la reflexión de que, si la mente fuera una función corporal, entonces ¿con qué objeto usar vocablos referidos a sucesos no corporales para dar cuenta de lo psicológico? A mayor abundamiento, el problema no es solamente teórico y filosófico, pues la concepción afecta notablemente el quehacer profesional. «El mayor problema del dualismo —dice PérezÁlvarez, 2018— es práctico, en la medida en que lleva a mirar en el sitio inadecuado para entender los fenómenos psicológicos y en su caso cambiarlos y a descontextualizarlos reduciéndolos a procesamiento y computación como cosa de la mente y el cerebro» (p. 163). Otro problema vinculado al cerebrocentrismo es el reduccionismo de su explicación, que cae en lo que se llama la «falacia mereológica»; es decir, tratar de explicar el organismo como un todo a través de una de sus partes. El localizacionismo reduccionista refiere estructuras específicas en 422 william montgomery urday la corteza y subcorteza cerebral que permitirían atribuir funciones psicológicas al órgano, independientemente de la voluntad socialmente adquirida del individuo que lo posee (Benmett & Hacker, 2008). Así, entre otras cosas, se recurre a la bioquímica cerebral (aumentos de dopamina o serotonina) para explicar los arrebatos amorosos; la presencia del gen VMAT2 (variante 3305) para explicar el misticismo; y cierto tipo de actividad neuronal para explicar el comportamiento político. Entonces, para esta concepción —señalan Castañón y Láez, 2009—, la comprensión psicológica no consiste en el examen de la personalidad y modo de ser de acuerdo con la historia personal y circunstancias de la vida, sino en la identificación de las áreas y circuitos cerebrales que serían responsables del comportamiento e inclinaciones. Lo cierto es que la asignación de atributos psicológicos al cerebro no está avalada por ningún descubrimiento neurocientífico que demuestre que realmente piense y razone al margen del individuo y su circunstancia. Si bien la actividad neuronal puede contribuir al estudio de la variabilidad conductual y/o la adaptación de las personas en sus episodios vitales, por sí misma no es suficiente para dar cuenta de toda la interacción que evoca o educe lo psicológico. Tampoco puede ser el nivel explicativo de otro, pues, como señalaba Davidson (1981), lo psicológico no puede reducirse a lo neurofisiológico ni a lo físico, puesto que tanto los predicados mentales como los físicos pertenecen a distintos niveles descriptivos del mismo universo. Sólo se puede hallar identidad o correlación aproximada entre ellos, de modo que según apunta Reeve (2009), a partir de la misma reacción biológica —por ejemplo, un rápido aumento de la presión sanguínea— pueden surgir varias emociones diferentes: la ira, los celos, la envidia y otras. En ese sentido, la neurociencia no puede responder cuestiones que están más allá de su objeto de estudio intraorgánico. Argumentar que el cerebro construye realidades alternas que engañan al individuo produciendo ilusiones tales como «la mano de goma»; así como que reduce su margen de libertad porque induce decisiones antes de que éstas sean conscientes, es malinterpretar los datos a la luz de un marco teórico inadecuado. De hecho, es imposible aislar en componentes separados aquello que ocurre como una serie de procesos activadores de amplias regiones cerebrales. El replanteamiento del problema debe hacerse partiendo de que lo psicológico no surge en las profundidades del organismo, sino en la interacción con el mundo capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 423 circundante. Alexander Luria (1966), haciendo un recuento del pensamiento sobre este punto, decía que para él: No hay la menor esperanza […] de encontrar las fuentes del acto activo y libre en las alturas del espíritu o en las profundidades del cerebro […] Para descubrir las fuentes del acto libre y activo hay que salir de los límites del organismo, y ello, no en la esfera íntima del espíritu, sino en las formas objetivas de la vida social; hay que buscar las fuentes de la conciencia y de la libertad humanas en la historia social de la humanidad. Para encontrar el alma hay que perderla. (p. 129) Cuando se considera el contexto lingüístico, institucional y cultural preexistentes al desarrollo neurológico de las personas, no se necesita suponer preprogramaciones especiales en el cerebro que darían lugar a facultades complejas ya acabadas antes de someterse a los principios del aprendizaje. El organismo humano ha evolucionado gracias al fenómeno de la «plasticidad» a la que, entre otros órganos, el cerebro es susceptible, es decir que su funcionamiento y su organización dependen de la experiencia. Son las exigencias del medio las que moldearon las propiedades del cerebro, y no al revés. El «alma» debe concebirse en el sentido aristotélico, es decir como acto particular que constituye la función realizada o realizándose de entre los muchos actos que puede hacer como potencia. Es primordial advertir que la potencia (lo que es capaz de hacer el cuerpo) no es anterior al acto, sino al contrario, el acto es anterior a la potencia, así que ésta es definida por aquel. Es, pues, la conducta la que hay que estudiar para dar cuenta del cerebro (Pérez Álvarez, 2022), puesto que las complejas habilidades que desarrollan los individuos están en función no de su aprovisionamiento neurológico, sino de la interacción de este con factores situacionales e históricos. 3.4.4. Acerca de la psicología del lenguaje Un tema emblemático en esta discusión es el debate trabado por el lingüista Chomsky (1979) contra Skinner (1881) a fines de los años cincuenta del siglo pasado, referente a la conducta verbal. Aunque Skinner nunca con- 424 william montgomery urday testó formalmente las críticas de Chomsky, un correligionario conductista de Skinner (McCorquodale, 1979) sí lo hizo en 1970, por lo cual, en estos términos, sí se puede hablar de «debate», que, a pesar de su «antigüedad», todavía está vigente y ha tenido profundo impacto en el desarrollo de la psicología del lenguaje, así como también en la epistemología. En la tabla 9.5 se sintetizan los tres argumentos centrales que, según McCorquodale (1979), caracterizan la crítica de Chomsky, poniendo estos en la columna izquierda mientras que en la derecha figuran las respuestas que les da McCorquodale, «representando» a Skinner. Tabla 9.5. Síntesis de las críticas de Chomsky respondidas por McCorquodale (elaboración propia). De Chomsky a Skinner (1957) De McCorquodale a Chomsky (1970) La conducta verbal es una conjetura basada en analogías de laboratorio que no ha sido puesta a prueba, y, por tanto, carece de méritos para pretender veracidad. Skinner declara implícitamente que lo suyo es una hipótesis, acrecentada porque las leyes básicas que invoca han sido investigadas profusamente en otros organismos. La idea es probar si ellas son o no aplicables a seres humanos. Los términos técnicos (estímulo, privación, refuerzo, probabilidad) de Skinner son meras paráfrasis de formas más tradicionales de tratar la conducta verbal (denotar, referir, gustar, querer, etc.). Se dota de objetividad al tema usando términos más precisos, pero ninguno abarca todos los casos de referencia. El análisis no es una paráfrasis de mentalismos lingüístico-filosóficos, del mismo modo que la física moderna no lo es del panteísmo. El lenguaje es una conducta compleja cuya comprensión y explicación requieren una teoría neurológica-genética y mediacional. El análisis científico reduce fenómenos complejos a procesos componentes, pero también considera efectos especiales de la causación múltiple sobre la conducta verbal. No niega que haya eventos mediadores, pero el uso de constructos mediacionales no es necesario, porque ellos dependen de las mismas leyes que los abiertos y no modifican la función del estímulo sobre la probabilidad de respuesta. Ni la ley del refuerzo ni las reglas gramaticales dependen de validaciones neurológicas. capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 425 Como se ve en la tabla anterior, la crítica final es la relacionada con el dilema exogenismo-endogenismo y aduce argumentos genéticos y neurológicos. En este sentido, Chomsky (1979) abraza con fervor una posición innatista del surgimiento y desarrollo del lenguaje (según él, un «órgano mental especial»). En su concepción básica señala que existe un «Dispositivo de Adquisición del Lenguaje» (LAD), a manera de un estado mental inicial, listo para extraer su estructura de las lenguas del ambiente. Dicha configuración estaría conformada por elementos lingüísticos de uso universal por todos los seres humanos construyendo una gramática particular (gramática generativa implícita en el habla individual). En base a estas consideraciones, afirma que lo que se aprende son reglas para generar palabras, no cadenas de palabras como lo creen las teorías del aprendizaje, porque las personas nacen con posibilidades innatas para procesar información y formar estructuras internas (Chomsky, 1981). A pesar de ello, Chomsky niega que su particular visión del lenguaje sea la única innatista. […] el término «hipótesis del innatismo» en general lo emplean los detractores de la posición a que se refieren, más que por los que abogamos por ella. Nunca he empleado este término, porque solo produce confusión. Toda «teoría del aprendizaje» que sea digna de estudio tiene dentro de sí una hipótesis del innatismo. Así, por ejemplo, la teoría de Hume propone la existencia de estructuras innatas específicas de la mente, y trata de explicar todo el conocimiento humano con base en estas estructuras, postulando incluso un conocimiento inconsciente o innato […] la cuestión no estriba en saber si el aprendizaje presupone una estructura innata. Naturalmente que sí, eso nunca se ha puesto en duda. Más bien, se ha dudado de lo que estas estructuras innatas son en ciertas áreas especiales. (Chomsky, 1981, p. 19) Una respuesta directa del exogenista Skinner (1979) a la postura general chomskiana es esta: «Decir que «el niño que aprende un lenguaje en cierto sentido ha construido la gramática para sí mismo» es tan erróneo como decir que un perro que ha aprendido a coger una pelota, en cierto sentido ha construido la parte correspondiente de la ciencia de la mecánica. (p.118). Skinner apunta que antes de creer que las ideas surgen en la mente y después se exponen en palabras, primero debe explicarse de qué manera las 426 william montgomery urday circunstancias del ambiente originan las ideas. La controversia entre teorías psicolingüística y de aprendizaje verbal se ha decantado a lo largo de los años en una ventaja enorme de impacto para la primera, con su consiguiente divulgación (lo que repercute en los métodos de enseñanza del lenguaje). Esto resulta un tanto injusto debido a que la cuestión parece haber girado más en torno a prejuicios contra el conductismo más que en una legítima superioridad del enfoque chomskiano. Hace años Richelle y Moreau (2013) realizaron una evaluación sobre las insuficiencias de tal enfoque, llegando a la conclusión de que existen tres dicotomías inoperantes en su formulación que han mermado su influencia práctica: 1) Contraposición entre competencia y ejecución. La competencia se infiere sólo mediante un análisis conductual de la ejecución. Puesto que en la investigación psicolingüística el sujeto es quien generalmente reporta la validez de su competencia, las distorsiones eventuales producidas por la fatiga, las fallas de la percepción, los disturbios emocionales y otras, invalidan dicho testimonio. 2) La distinción entre lo innato y lo adquirido. Por ejemplo, la supuesta «especificidad humana» del lenguaje es compartida con otros actos tan elementales como el manejo de palancas, así que sería mejor explicada en base a la efectividad de su empleo. 3) Oposición entre el análisis formal y el funcional. Presuponiendo el surgimiento del lenguaje infantil independientemente de su contexto situacional. Chomsky supone que el habla de la gente se conforma a categorías descriptivas propias del análisis de las disciplinas de los lenguajes naturales ideales, cuando es obvio que ellas se regulan por convenciones en un sistema de relaciones vividas al margen de su expresión formal. 4.5. Acerca del lenguaje y el desarrollo cognitivo En el conjunto de las disensiones presentes en la dimensión exogenismoendogenismo no puede faltar la mención de la polémica entre «Piaget vivo y Vigotski muerto», ergo «constructivismo versus socioculturalismo», en punto al lenguaje y al desarrollo cognitivo. Debido al problema del ostracismo de la cultura soviética en el campo académico, la obra de Vigotski capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 427 (1964) de 1934 recién fue conocida veinticinco años después por el occidente, y Piaget (1964), tuvo que responder percatándose de las diferencias de concepción que el psicólogo ruso tenía con la teoría constructivista en torno a tres puntos fundamentales: el «lenguaje egocéntrico» en contraposición al «lenguaje para sí» de Vigotski; el «simbolismo en el juego» de Piaget versus la «situación imaginaria» de Vigotski; y «el desarrollo cognitivo determina el aprendizaje» de Piaget contra «el desarrollo cognitivo potencial define el curso del aprendizaje» (véase Montealegre, 2016, p. 273 y ss.). La tabla 9.6 resume los argumentos principales: Tabla 9.6. Síntesis de las críticas de Vigotski respondidas por Piaget (fuente: elaboración propia). De Vigotski a Piaget (1934) De Piaget a Vigotski (1959) El lenguaje egocéntrico surge por insuficiente socialización del lenguaje, inicialmente individual. A medida que el niño crece, el lenguaje egocéntrico disminuye, siendo sustituido por el socializado y, al final, desaparece. El lenguaje se hace Cumple la función intelectual de pla- socializado y comunicativo sólo hacia los 7 u 8 años, al surgir una acción lógica nificar y hacer inteligible la acción. operatoria. El lenguaje egocéntrico es social por naturaleza, ha salido de las entrañas del lenguaje social, pero aún no se ha separado de éste por su insuficiente individualización. El juego es la realización imaginaria, ilusoria de deseos, tendencias, necesidades, intereses y motivos que no pueden ser satisfechos inmediatamente. En el impulso afectivo generalizado que lleva al juego no se encuentran los gérmenes de lo simbólico, sino de la situación imaginaria. En el estadio VI hay una transformación de los rituales de los esquemas de acción sensorio-motriz en juego simbólico. El esquema simbólico de orden lúdico no es adaptación a lo real sino asimilación deformante (subjetiva, egocéntrica). El símbolo implica representar una situación no dada, evocada mentalmente. El nivel de desarrollo cognitivo real caracteriza el desarrollo mental retrospectivamente, mientras que el desarrollo cognitivo potencial (desarrollo próximo) lo caracteriza prospectivamente. El nivel real de desarrollo cognitivo determina el aprendizaje, es imposible acelerar tal evolución, por lo cual es necesario definir el nivel cognitivo antes de cualquier aprendizaje. Las nociones de «niveles» y de «competencia» se imponen como condiciones previas. 428 william montgomery urday En este caso, de acuerdo con Vigotski, la raíz social-convencional del lenguaje define el papel de la cognición, en tanto para Piaget hay mecanismos funcionales disponibles por el sujeto que regulan sus intercambios con el medio. Así, podría asignarse a Vigotski un papel más exogenista y a Piaget uno más endogenista. En este terreno, se ha sugerido desde otra perspectiva exogenista (Staats, 1979, p. 328) que Piaget subestima el papel del aprendizaje en algunos aspectos, concretamente del concepto de número, el cual, sostendría, solo aparece hasta que el niño haya madurado lo suficiente. No obstante, como señala Flavell (1982, p. 332), para el biólogo ginebrino no es solo la maduración biológica la que modula el desarrollo cognitivo, sino también la experiencia ambiental, marcos en los cuales se construyen el dominio de clases, relaciones y números. Se trata, pues, de un endogenismo no innatista. ***** Ribes (2021) señala que la dicotomía naturaleza–crianza es un falso problema, por lo que si se le trata de dar una respuesta empírica solo se aumenta la confusión, ya que ninguna de las posiciones es resoluble al margen de la otra. Así: «El comportamiento psicológico representa el establecimiento de contactos funcionales a partir de las funciones propias del comportamiento biológico. Discutir si el comportamiento psicológico es innato o aprendido carece de sentido» (Ribes, 2021, p. 257). Frente a ello, se ha propuesto que quizá lo mejor sea recurrir a integraciones multinivel entre todos los subcampos de la psicología, pero sin caer en el eclecticismo, armando una teoría ad hoc que se ocupe de dicha labor (véase el intercambio entre Schwartz,2016ab; y Staats, 2016). El correlato aplicado de esta dimensión es importante, ya que fija estrategias de acción profesional casi tan alejadas entre sí como los argumentos a favor o en contra de cada una de las posturas. Las investigaciones en el campo de la motivación intrínseca tienen buenas aplicaciones al predecir cómo lograr adelantos en el desempeño de las personas, adaptándose a nivel educativo, clínico, social-comunitario, organizacional y deportivo; pero en el caso de la neurociencia y la genética, al menos hasta el momento no está claro de qué manera los datos generados por la investigación básica de ge- capítulo ix: dimensiones en conflicto (ii) 429 nes y cerebro está afectando realmente la práctica aplicada de la psicología, ya que, más allá de aducir que tales conocimientos dan una comprensión o guía para tratar diferencialmente a los usuarios de los servicios con el fin de elevar sus aptitudes (por ejemplo, Araya-Pizarro, et al., 2020; Altamar, et al., 2022), no se nota que las aportaciones que suelen presentarse como prueba de ello no puedan lograrse, incluso mejor, sin necesidad de incluir el prefijo «neuro» en la etiqueta de los procedimientos de modificación del comportamiento. Por ejemplo, en el campo del tratamiento de los trastornos del lenguaje hablado y escrito, lo cierto es que ni la logopedia ni la ortofonía, que son las disciplinas terapéuticas que se encargan de trabajar con esos problemas, se han beneficiado de las directivas chomskianas, ni tampoco de la influencia de conceptos exportados de la neurociencia en términos de métodos de rehabilitación; en cambio sí utilizan profusamente las aplicaciones derivadas del uso del condicionamiento clásico y operante, aunque no las etiqueten como tales. La fiebre de supuestas aplicaciones revolucionarias en «neuroeducación», «neuroeconomía», «neuromercadotecnia», «neurolingüística» y muchas más; pareciera estar justificada por el momento solo en base al prestigio que la neurociencia ha cosechado, y cuyo usufructo metafórico reporta beneficios en muchos ámbitos (prioridades de financiación y publicación, contratación en los departamentos de psicología, etc.) a quienes lo aprovechan. Hasta que no haya una tecnología instrumental generalizada de interfase entre el funcionamiento genético y neural que se aplique palpablemente al desempeño de la gente, es mejor confiar en la eficacia de los tratamientos basados en la evidencia (Pérez-Álvarez, 2003abc). Por otra parte, en el debate establecido entre Williams & Valla (2013) y Staats (2013), los primeros a favor de una concepción endogénica y el segundo a favor de una concepción exogénica, también queda claro que aún falta mucha investigación esclarecedora sobre temas como el origen de la homosexualidad y el autismo, para tomar decisiones respecto a su abordaje aplicado. william montgomery urday 430 PREGUNTAS DE COMPROBACIÓN 1. 2. 3. 4. 5. ¿Cuáles son las características de la contraposición cuantitativa-cualitativa? ¿Qué temas de acercamiento entre el conductismo (contextual) y el humanismo pueden haber en el aspecto cuantitativo y cualitativo? ¿Cuáles son las características de la contraposición nomotético-ideográfico? ¿Cuáles son las características de la contraposición exogenismo-endogenismo? ¿Por qué se dice que los predicados mentales y los físicos pertenecen a distintos niveles descriptivos? BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA Beltz, A. M. A., Wright, G. C., Sprague, B. N. & Molenaar, P. C. M. (2016), Bridging the nomothetic and idiographic approaches to the analysis of clinical data, Assessment 23(4), 1-12. Benmett, M., Dennet, D., Hacker, P. & Searle, J. (2008). La naturaleza de la conciencia. Cerebro, mente y lenguaje. Paidós. Bunge, M. & Ardila, R. (1988). Filosofía de la psicología. Ariel. Coan, R. W. (1968). Dimensions of psychological theory, American Psychologist, 23, 715-722. Kazdin, A. F. (2016). Research design in clinical psychology (5ª edition). Pearson. Pérez-Álvarez, M. (2022). El mito del cerebro creador. Cuerpo, conducta y cultura (2ª edición). Alianza Editorial. Silva, A. (2011). Fundamentos filosóficos de la psicología. El Manual Moderno. Ribes, E. (2021). Teoría de la psicología. Corolarios. Co-Presencias Editorial. CAPÍTULO X EL CONTEXTO MAS AMPLIO: LA IDEOLOGÍA En su versión abstracta e idealizada, pudiera suponerse que el extenso campo de desarrollo de las concepciones y corrientes epistemológicas le debe todo al puro e inspirado inteligir de grandiosos pensadores dedicados a desentrañar los enigmas de la naturaleza, olvidando que este campo y sus aportantes se hallan dentro de un contexto más amplio. En el capítulo VI de esta obra ya se dijo que las tradiciones de la filosofía y la psicología se mueven en un entramado institucional y político, mas incluso aquél obedece a un plano mayor, pues tal como se planteó en aquella sección, solo comprendía nexos inherentes a la carrera profesional misma. El plano mayor, o contexto más amplio, es el de una especie de estar-en-el-mundo por parte de las distintas disciplinas científicas: el de las prácticas histórico-socioculturales en su enmarañada red de antecedentes y consecuencias; donde, según el parecer de Ribes et al. (2016) y Ribes (2018, 2021), priman las contingencias de intercambio, de poder y de sanción, que consisten respectivamente de relaciones enmarcadas en el campo económico; en el campo del hacer efectivo y en el campo del grado de permisividad sociopolítica. Dichas contingencias surgen y se mueven en función a las practicas ideológicas. En su tan citado Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859), Marx (1970) esbozó las líneas fundamentales de su concepción materialista de la historia, que, en cierto modo1, ilustra la relación de los factores «de la vida material» con los modos de pensamiento predominantes en cada época (que en este capítulo se entienden como «el contexto más amplio»). 1 Reconocer la relevancia de esta aportación no implica comprometerse con el marxismo, como puntualiza Popper (2006) respecto a la interpretación materialista de la historia, considerándola «solo una sugerencia sumamente valiosa para no pasar por alto la relación de las cosas con su marco económico» (p. 293). 431 432 william montgomery urday En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. (p. 39) El caso es que este determinismo aparentemente lineal debe matizarse, o, incluso sustituirse por otro bidireccional y hasta mutidireccional, ya que las practicas individuales e interindividuales, así como las intermediaciones sociales e institucionales de la superestructura ideológica (prácticas educativas, religiosas, jurídicas, políticas, artísticas, filosóficas), también operan como circunstancias de reorganización contingencial de las relaciones de producción, y, por tanto, de la estructura económica. La verdad es que los propios Marx & Engels (1974) lo reconocieron al anotar: «Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las engendradas por su propia acción» (p. 19). Y ¿cómo no aceptar semejante agencia del individuo como cierta en la era revolucionaria de la llamada «sociedad del conocimiento»? Esta advino en primera instancia desde «la transición de una economía basada en la producción industrial y agrícola a una economía fundamentada en la producción de servicios» (Forero de Moreno, 2009, p. 41), que puso en la mira del mercado el desarrollo de competencias y habilidades de los prestatarios de dichos servicios —empresarios; personal de empresas u otras instituciones; rentistas; terratenientes; etc.— dirigidas a mejorar sus calificaciones técnicas y sus conocimientos. Este énfasis en la información llevó, a partir de allí, en segunda instancia, al desarrollo generalizado de condiciones y herramientas para obtener conocimientos; es decir, la facilitación del acceso a los saberes y las formas de conseguirlos. Entonces, dado que una pauta fundamental de las sociedades del conocimiento es la capacidad de innovar, nada de extraño tiene que la «acción» del sujeto se haya convertido en un elemento cada vez más importante capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 433 de la tesitura de la configuración estructural y superestructural. Por eso estas contingencias le deben mucho a los significados y referencias que las viabilizan mediante el lenguaje como vehículo de los «modos de pensamiento» y del razonamiento práctico de tal sujeto. Esta vinculación con el lenguaje, a su vez, lleva al ámbito de lo que Walter Fischer llamó «el paradigma narrativo» (ver West & Turner, 2005, pp. 310 y ss.): una forma de pensar predominante de la era posmoderna en la cual los argumentos racionales ceden su lugar a las formas de contarlos, plagadas de metáforas, valoraciones, significaciones particulares o de grupo, y, por tanto, de ideología que filtra la comprensión de las cosas. Entonces, después de todo, en ese sentido «el ser de los hombres como proceso de vida real» no parece ser tan real, tanto menos en una actualidad dominada por instituciones y medios virtuales del llamado metaverso (ver Henz, 2022). Es en ese contexto complejo de interdependencias donde deben situarse los contactos de la ideología con los modos de pensamiento. 1. IDEOLOGÍA Y PARADIGMAS 1.1. La ideología Como señala Mannheim (2010), el vocablo «ideología» está ligado a raíces marxistas, pese a lo cual su connotación no se limita al concepto que el marxismo clásico sostiene, pues el término ya era utilizado antes de Marx y después se ha ampliado notablemente. Aunque Rossi-Landi (1987) hace un esfuerzo por agrupar en tres grandes grupos las connotaciones, indicando que son la «ideología como ciencia general de las ideas o contenido de la mente, ideología como falso pensamiento, con una implicación posible de fraude o autoilusión, e ideología como visión del mundo» (p. 131), debido a la extrema diversificación de fuentes que tratan sobre este tema es preciso organizar la exposición del modo más esquemático posible; y para ello será menester acudir a uno de los mejores maestros en ello, que es Adam Schaff (1980). Él, aceptando la ambigüedad de la palabra «ideología», se refiere a definiciones que surgen desde tres tipologías: 1) genética, que señala las condiciones de su origen y las que la acompañan; 2) funcional, que destaca su función con respecto a la sociedad, a grupos sociales e individuos; y 3) 434 william montgomery urday estructural, que distingue las proposiciones que se unen para formarla. Utilizando esta tipología para abarcar cada uno de los aspectos señalados —sin atenerse al pie de la letra a lo que desarrolla Schaff sobre ellos—, es que se procederá al tratamiento del tema. 1.1.1. Condiciones para el surgimiento de la ideología Sin duda, el filósofo y politólogo alemán Kurt Lenk (1929-2022) hace la mejor introducción breve a la historia del origen del problema en mención —que, en cierto modo, Mannheim (2010, p. 55) evade, al minimizar la importancia de las proposiciones de Bacon acerca de los «idola» como antecedente directo de la primera constitución de la ideología. Lenk (2002) señala con justeza que el meollo del problema surgió cuando el ascenso de la burguesía propagó el pensar propio de las ciencias naturales y desplazó al saber escolástico pre-renacentista, introduciendo una nueva apreciación acerca de los nexos entre actividad teórica y práctica. Así, la theoría y contemplatio de la Edad Media —meras especulaciones aisladas de la empiria—, tuvieron que ceder el paso a la nueva actitud de comprobación de los supuestos con que se trabajaba en la ciencia, urgida de la necesidad de desarrollar nuevos métodos e instrumentos para investigar la naturaleza. Entonces, cumplido el prerrequisito del saber científico, apareció la necesidad de evitar el enturbiamiento de la verdad objetiva por parte de falsas creencias arraigadas, ideas preconcebidas, razonamientos ilógicos, y demás obstáculos. Es allí donde entró Bacon (2003) a través de su Novum Organum, a sostener que el objetivo de la ciencia es un método científico empíricamente fundado, libre de prejuicios —es decir, «ídolos». Dentro de su formulación, tienen particular valor para el entendimiento moderno los «ídolos de la tribu», que atañen a la percepción falible; los «ídolos del mercado», referentes a que las palabras sustituyen las experiencias auténticas, dándoles un engañoso valor convencional, no real; y los «ídolos del teatro», o representaciones arraigadas que provienen de tradiciones o creencias antiguas, y hacen ver el mundo con anteojos de los antepasados. La identificación de estos problemas ideológicos y su resolución o anulación se convirtió en una meta del conocimiento científico. El deseo de lograr esa meta dio lugar al empirismo y al positivismo. capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 435 La doctrina de los ídolos de Bacon constituye el primer eslabón de la filosofía de la Ilustración que se edificará a través de Hobbes, Locke, Condillac, Helvetius, Lamettrie, Diderot y Holbach […] En la exigencia baconiana de un método científico exacto para investigar la verdad se incluye ya este giro hacia una orientación activa y práctica de la teoría. El Novum Organum constituye un ars inveniendi, una doctrina que procura mostrar un camino al arte del descubrimiento y al dominio productivo de las fuerzas de la naturaleza. Fin supremo de las ciencias pasa a ser el señorío sobre los poderes naturales que antes aparecían como amenazadores, logrado en virtud de la intelección de los nexos de la realidad. (Lenk, 2002, p. 11) Un paso adelante para llegar a ese fin supremo era la liberación de las emociones para dar paso a la razón y emitir acciones acordes con esta, por ello, en el análisis de los pensadores de la Ilustración se hallaba primero el propósito de aclarar cómo los deseos y displaceres, los intereses, las pasiones y el egoísmo atentaban contra la comprensión racional, y cómo estos afectos se relacionan con ciertas circunstancias, bien espirituales (esencia de la naturaleza humana); o bien materiales (coacción y despotismo). Uno de los discípulos de Condillac fue el militar y filósofo francés Destutt de Tracy (1754-1836), quien utilizó por primera vez el nombre de «ideología» para designar una disciplina que estudia el origen de las ideas desde el punto de vista racional y lucha por establecer una educación en consecuencia, congregando a varios intelectuales en «El Instituto», una institución dedicada a cultivarla en el ideal enciclopedista. Cuando de Tracy, por avatares de la política, tuvo la oportunidad de llevar su programa a la práctica integrando el Consejo de Instrucción Pública (1799), se encontró con la oposición de Napoleón Bonaparte, un autócrata reacio a permitir que los «ideólogos» — intelectuales que él consideraba incómodos— confrontaran su visión racionalista con la realidad que se vivía en la Francia imperial. El Consejo desapareció en 1800, y de Tracy, políticamente un liberal opuesto a la dictadura bonapartista (Reale & Antiseri, 2010c, p. 236), se retiró a la vida privada, a escribir su primer tomo de los Elementos de la Ideología (1801). En ese clima podría decirse que Marx y Engels irrumpen en la escena filosófica para cultivar un significado particular de ideología: el de «falsa consciencia» en base a la clase social de la que se procede, como se puede ver en un pasaje de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1852): 436 william montgomery urday Sobre las diversas formas de propiedad y sobre las condiciones sociales de existencia se levanta toda una superestructura de sentimientos, ilusiones, modos de pensar y concepciones de vida diversos y plasmados de un modo peculiar. La clase entera los crea y los forma derivándolos de sus bases materiales y de las relaciones sociales correspondientes. El individuo suelto, a quien se le imbuye la tradición y la educación, podrá creer que son los verdaderos móviles y el punto de partida de su conducta. (Marx,1983, p. 117) En la cita precedente puede reconocerse una combinación de los «ídolos de la tribu» y «del mercado» baconianos; así como también se puede ver un curioso parecido del argumento de Marx (1983): «La revolución social del siglo XIX, no puede sacar su poesía del pasado […] No puede comenzar su propia tarea antes de despojarse de toda veneración supersticiosa por el pasado» (p. 97); con los «ídolos del teatro». La cita marxiana de El Dieciocho Brumario, que se une a la ya consignada en la introducción de este capítulo, tiene la novedad de enunciar explícitamente que las ideas son adulteraciones de una realidad que disfrazan, según sea la posición social que se ocupa en el entramado de la producción económica. Según eso, es la posición y los intereses de la clase a la que pertenece el individuo, y no el individuo mismo, la que determina su consciencia. Cae por su peso que esta afirmación colisiona con la teoría de las multideterminaciones que los clásicos marxistas sugieren que se dan en el interjuego de estructura-superestructura para evitar que los encasillen como meros deterministas económicos2, pero es uno de los asertos más conspicuos del marxismo ortodoxo hasta hoy (Lukács, 2021), lo 2 Sabine (2010) menciona que esta relatividad produce un estado de indefinición entre las fronteras de la estructura (fuerzas de producción) y la superestructura (relaciones de producción), porque ambas se mezclan de tal manera que terminan invalidando el presupuesto fundamental del determinismo económico, base de todo el andamiaje materialista histórico y dialéctico. Por ejemplo, puesto que las fuerzas de producción deben incluir por fuerza a la tecnología, y esta solo puede ser desarrollada a través de la ciencia y otras especificaciones institucionales (que son producto de la superestructura), obviamente ambas condiciones se mezclan sin permitir saber exactamente cuál inicia el proceso. Así, la afirmación de que en última instancia las relaciones económicas son el hilo para comprender las cosas porque las deciden a pesar de sus interacciones con aspectos políticos e ideológicos —como lo declara Engels (1971) en su carta a Starkemburg de 1894—, no tiene más sustento que la creencia de sus propulsores. capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 437 cual no es extraño, pues «recorre toda la obra de Marx, y no como un suplemento caprichoso o un agregado, sino como un elemento esencial» (Milic, 2002, p. 137). En tal sentido, es útil exponer, como lo hace el mismo Milic, algunos rasgos característicos de la ideología como falsa consciencia: a) su separación respecto a condiciones sociohistóricas; b) su tendencia a centrarse solo en lo aparente de las cosas (fenomenismo); c) su visión incompleta y parcial de la totalidad de aspectos de la realidad en la cual subsiste; d) su absolutización del conocimiento respecto a un período histórico; y e) su falsificación, consciente o no, de las circunstancias históricas objetivas. Después de Marx el carácter ideológico, sin dejar de mantener su denotación en la lucha política (la connotación peyorativa que incita a «desenmascarar» la ideología del adversario «de clase»), recuperó parte del uso dado por Destutt de Tracy después de Bacon. En efecto, la misma creencia en que hay «ideologías falsas», lleva en su seno la afirmación implícita de que también las hay «verdaderas», pues como lo hace ver Geiger (2002), para rechazar la falsa se tiene que saber cuál es la justa. Obviamente para el marxismo soviético nunca hubo dudas de qué versión era la correcta. El hecho es que la aceptación de que hay tanto ideas falsas como verdaderas reivindicó el significado de ideología en la primera mitad del siglo XX, al punto que Mannheim (2010) sugirió ocuparse de esa temática en forma neutral desde la Sociología del Conocimiento, también socialmente determinista, pero sustituyendo el historicismo marxista por la historiografía empírica. La ideología, para Mannheim, queda plasmada en dos clases de conceptos: uno «particular», que alude a su rol de ocultamiento o falseamiento producto de intereses de grupo; y otro «total», comprometido con una cosmovisión arraigada en cierta situación social que distingue una totalidad de pensamiento de otras totalidades. Si esta cosmovisión sigue manteniendo incólume su aparato de categorías a pesar de variar sustancialmente la situación social que la influenció en su origen, se convierte en «utopía». Siendo esta diversificación, y sobre todo neutralización, del concepto de ideología de poco provecho para los marxistas, no es de extrañar que provoque reacciones de irritación entre aquellos que se desenvuelven en este mundo posmoderno, lamentando su aparente dilución polisémica como una nueva forma de ocultamiento de la problemática política de la dominación. Bajo este supuesto, Žižek, (2008b) se queja de que el término «ideología» se extienda a variados 438 william montgomery urday significados: actitudes contemplativas, creencias orientadas a la acción, o falsas ideas que convalidan al poder político dominante. Por tanto, sugiere que hay dos respuestas que dar a eso. En el primer caso, se «debería leer esta multiplicidad misma de determinaciones de la ideología como una señal de diferentes situaciones históricas concretas» (ibid., p. 15, cursiva del original), lo que llevaría a extremar el relativismo historicista, convirtiendo el vocablo ideología en mera expresión de circunstancias; así que considera necesario formular una opción más compleja, la cual, dadas las vinculaciones del pensamiento de Žižek con el posmodernismo poco traducible de Derrida y Lacan, se hace confusa, llevando a la impresión de que lo que quiere resignificar por ideología es una especie de fantasía espectral imaginable en función a lo que el individuo desea y simboliza sobre la realidad. 1.1.2. Funcionalidad social de la ideología Desde la óptica funcional de otro pensador también marxista y heterodoxo, como Schaff (1980), «la ideología es un sistema de puntos de vista que, sobre la base de un sistema de valores aceptado, condiciona actitudes y formas de comportamiento humano, orientados a objetivos aceptables de la evolución de la sociedad o de un grupo social» (p. 13, cursivas del original). Esta clase de definición es llamada «débil» por el politólogo italiano Norberto Bobbio (1909-2004), debido a su asignación neutra en relación con la acepción «fuerte» de la falsa consciencia (Stoppino, 2007, p. 755), no obstante, es la más generalizada y sustentable como teoría que designa sistemas, doctrinas, creencias, acciones o estilos políticos teñidos de pasión y partidismo (por ejemplo, el liberalismo, el socialismo, el anarquismo y otras alternativas). El problema de esta formulación —ligada a la ya aludida Sociología del Conocimiento—, según los analistas que provienen de la izquierda del espectro ideológico, es que, al dedicarse a puntualizar únicamente la determinación social del pensamiento, «se limita a juzgar igualmente verdaderas todas las visiones del mundo de las distintas sociedades, clases, iglesias, sectas, etc., y olvida definitivamente el concepto de ideología en su significado original» (Stoppino, 2007, p. 756). Ahora bien, puesto que en la democracia liberal las ideologías partidarias se ocupan de problemas vinculados a prácticas legiti- capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 439 mantes o impugnadoras de gobiernos y gobernantes coyunturales, así como de regímenes políticos, procurando consensos populares para obtener poder, superficialmente su carácter es intrínsecamente conflictual y pasajero, pero su esencia sigue estando fundada en una cosmovisión particular del mundo, así esté enmascarada por intereses momentáneos. Vale decir, las opciones de izquierda y derecha, aunque no guíen directa ni conscientemente el derrotero de la mayoría de los individuos que adhieren formal o informalmente a una congregación partidaria, se muestran —a veces de manera confusa— como «preferencias» y respuestas actitudinales de simpatía o rechazo hacia personas, prédicas, grupos, símbolos, gestos, noticias o acontecimientos que sindica valorativamente. A este respecto, lo que está muy claro es que tanto las acciones instrumentales (de apoyo material) como expresivas (de solidaridad con las ideas), por parte de la gente funcionalmente comprometida con una u otra opción, se hallan influenciadas por contingencias socioculturales, y a su vez estas contingencias resultan afectadas por el comportamiento individual o colectivo de los sujetos sometidos a ellas. Está muy claro igualmente que el sector académico de la población, los profesionales y los científicos, no están exceptuados de esta mecánica de funcionamiento sociocultural. Ante semejante realidad, cabe preguntarse de qué manera(s) el problema de la ideología se corresponde, asocia, conecta o yuxtapone con el tema de los paradigmas científicos, sean estos entendidos como sistemas de ideas, metáforas raíz (Pepper,1982); matrices disciplinarias (Kuhn, 1978); programas (Lakatos, 1983); o tradiciones de investigación (Laudan, 1986); e inclusive de las epistemes de Foucault (2002). ¿Es la ideología alguna clase de paradigma? Después de todo, según lo demostró en su momento Masternam (1975), en la difusa noción kuhnniana de paradigma (Kuhn, 2004) los veintiún sentidos utilizados por el pensador norteamericano estuvieron, en algunos casos, ligados por un lado a creencias básicas sobre lo que es la realidad (10 metafísicos o metaparadigmas); en otros a aspectos políticos e institucionales de la comunidad a la que cada científico pertenece (4 sociológicos); y en otros aun a cuestiones ejemplares concretadas (7 artefactos o construcciones). La tabla 10.1. presenta las listas completas. william montgomery urday 440 Tabla 10.1. Sentidos utilizados por Kuhn para hablar de «paradigma» según Masternam, (1975, pp. 162-168). Paradigmas metafísicos o metaparadigmas Mito. «Standard» aplicado a la cuasimetafísica. «Filosofía», o constelación de cuestiones. Principio organizador que puede gobernar a la percepción misma. Tradición, y, en cierto sentido, como modelo. Punto de vista epistemológico general Especulación metafísica acertada. Nuevo modo de ver. Ejemplo típico. Algo que define una ancha zona de realidad. Paradigmas sociológicos Logro científico universalmente reconocido. Hecho de jurisprudencia en derecho común. Realización científica concreta. Conjunto de instituciones políticas. Paradigmas artefactos o construcciones Baraja con anomalías. Fuente de herramientas conceptuales e instrumentales. Fábrica de máquinas-herramienta. Plan o tipo de instrumentación. Libro de texto u obra clásica. Figura gestáltica que puede verse de dos maneras. Analogía. capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 441 Entonces, podría decirse que los tipos metafísicos y sociológicos de paradigma tienen algo en común respecto a ciertos elementos de la ideología en clave bobbiana «débil». Pero si se lee al propio Kuhn (1978) en la última delimitación que dio de paradigma, se saca la conclusión de que el sentido principal está reservado solo a la comunidad científica. Dice: «Un paradigma es aquello que los miembros de una comunidad científica, y solo ellos, comparten, y a la inversa, es la posesión de un paradigma común lo que constituye a un grupo de personas en una comunidad científica, grupo que de otro modo estaría formado por miembros inconexos» (pp. 12-13). Por lo tanto, hay que buscar no la coincidencia exacta de «ideología» con «paradigma», sino ubicar a la primera como una propiedad de la segunda, teniendo en cuenta que constituiría su factor «subjetivo», vulnerable a influencias extracientíficas. Los análisis de Pepper (1982) y Guba (1990) cumplen con especificar cómo se refleja esto filosóficamente en los paradigmas. Stephen Pepper recalca el hecho de que la primera expresión de la metáfora raíz fue la discusión de Bacon sobre los «ídolos», para significar la tendencia dirigida a sistematizar la naturaleza en base no a la observación, sino al lenguaje del mito y de la fantasía. Posteriormente, este lugar fue ocupado por la acción de recoger una experiencia cotidiana y extender su funcionamiento a la explicación general. Así, las metáforas raíz generadoras son los «bulbos» conceptuales originados en dichas experiencias de marco cotidiano, sobre los cuales crecen las capas que Pepper llama «hipótesis del mundo» (formismo, mecanicismo, organicismo y contextualismo), al construir sus elementos estructurales y categorías en base a una muestra limitada, pero útil al propósito de presentar modelos plausibles de cómo funcionaría la naturaleza desde la óptica filosófica elegida. Las metáforas raíz son, pues, las ideas nucleares sobre las cuales los problemas complejos pueden ser organizados. Al confrontar esta función con las nociones de Kuhn, Pepper, 1982, pp. 203-204) indica que los «casos paradigmáticos» —vale decir casos típicos de hechos que pueden ser utilizados para ejemplificar un determinado fenómeno o relación— serían la analogía más adecuada para asociarse con la metáfora raíz. Ahora bien, tal como Davidson (2000) y Turbayne (1982) han puntualizado, las metáforas —cuyo origen se halla en la palabra griega ietctcpopá: transferencia o traslado de un sentido a otro—, descansan en última instancia sobre mitos, y los mitos son siempre falsos. Eso no quiere decir que las metáforas también lo sean totalmente, pero sí cabe dudar sobre su contenido, y en el padecimiento de 442 william montgomery urday esa falibilidad parecen encontrarse con la ideología. Desde la perspectiva de Egon Guba, cada uno de los paradigmas que describe —positivismo, postpositivismo, constructivismo y teoría crítica— tiene su propia posición frente al papel de los factores subjetivos y de la ideología. Dice: «Todos esos sistemas de creencias o paradigmas son construcciones humanas, y por lo tanto están sujetas a todos los errores y las debilidades que acompañan, inevitablemente, a las empresas humanas» (Guba, 1990, pp. 18-19)3. En tal sentido, dichos sistemas formulan una postura referente al problema, identifican las formas cómo aparece y toman una actitud frente a él acorde con sus presupuestos ontológicos y epistemológicos, tal como aparece en la tabla 10.2. Tabla 10.2 La ideología en cada uno de los paradigmas prevalentes en las ciencias humanas (elaboración propia sobre la base de las pautas de Guba, 1990). Paradigmas / Positivismo Postpositivismo Constructivismo Teoría crítica Subjetividad No se acepta. Se acepta parcialmente. Se acepta como ingrediente. Se acepta parcialmente. Ideología No se tolera. Se tolera. Se tolera. Se fomenta, o se impone. Problemas Prejuicios. Sesgos. Aparecen como Falta de validez y confiabilidad. Intervención de variables extrañas. Prejuicios. Sesgos. Falta de validez y confiabilidad. Intervención de variables extrañas. Constructos personales. Perspectivas particulares. Tendencias actitudinales. Valores socioéticos. Consciencia de clase. Falsa consciencia. 3 A propósito de esto, Goldman & McGrath (2015) señalan que la creencia (u opinión): «Es una especie de actitud psicológica hacia una proposición, donde una proposición (a grandes rasgos) es un contenido que pretende expresar un hecho […] La creencia pertenece a una familia de actitudes psicológicas dirigidas a las proposiciones» (p. 4). capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 443 Según se aprecia en la tabla, el positivismo no acepta la «intromisión» de la subjetividad, ni tolera que la visión de los acontecimientos se vea «empañada» por alguna clase de supuesto ideológico, menos aún militancia ideológico-partidaria. Esto es consecuente con sus puntos de partida ontológico (realismo), y epistemológico (objetivismo), juzgando, desde allí, que es posible observar la naturaleza directa y asépticamente y, por tanto, cualquier obstáculo a esa posibilidad debe ser eliminado (prejuicios. sesgos. falta de validez y confiabilidad. intervención de variables extrañas). El postpositivismo también parte del realismo, pero en este caso, crítico; por lo cual, manteniendo el requisito de la objetividad como un ideal, considera que la existencia de limitaciones sensoriales, perceptivas y afectivas para la observación es inevitable, de modo que hay que contar con ella. Por tanto, su meta es disminuir tales obstáculos en lo posible introduciendo una serie de prevenciones (abundantes fuentes de datos, igualación de condiciones experimentales en las muestras, intercomunicación y vigilancia de prácticas y resultados entre los investigadores, falsabilidad, etc.) para asegurar un mínimo de fidelidad en lo observado. En el caso del constructivismo, su base ontológica es el relativismo y la epistemológica subjetivista. Siendo desde dicha perspectiva la realidad un producto de la mente humana, y esta, a su vez, múltiple y variopinta en tanto se expresa a través de distintos individuos, toda interpretación es construida y subjetiva. En opinión de los constructivistas, no se trata de disminuir la subjetividad (constructos personales, perspectivas particulares, tendencias actitudinales) para obtener mejores observaciones y resultados, sino de integrarla hermenéuticamente a la indagación, procurando hacerlo de la manera más precisa y consensuada a fin de conseguir una construcción común. La cuestión de la ideología se considera tolerable mientras no presente un sesgo partidario demasiado fuerte que pueda llevar la observación fuera del ámbito en que se planteó originalmente. Por último, para la teoría crítica los puntos de partida ontológico (realismo crítico) y epistemológico (subjetivismo) parecen estar en contradicción, debido a que, al par que aseguran que todo conocimiento acerca de la realidad está influido por valores socioéticos o partidarios, sean de consciencia de clase o de falsa consciencia, también recalcan la existencia de una realidad independiente a la que se puede llegar si se practican los valores adecuados. Puesto que para este enfoque la ejecutoria de cualquier 444 william montgomery urday investigación se liga inextricablemente a los valores ideológicos del investigador, es importante definir cuáles de ellos son los deseables y fomentarlos, o imponerlos como doctrina oficial si es preciso (como sucedía en la fenecida Unión Soviética y antes y actualmente en los países comunistas). Puesto que la ciencia consta de proposiciones enunciativas para la calificación de la verdad y la ideología se vale de proposiciones valorativas y normativas; esto evoca la interrogante de si puede haber ideologías científicas. Schaff piensa que sí, es más: él habla de ideologías científicas y de ciencias ideológicas. Por ciencias ideológicas entendemos aquellas disciplinas que o bien constituyen un elemento de la ideología o proporcionan elementos para su formación. Pienso aquí en dominios del saber humano como filosofía, economía, sociología, etcétera. Está claro que, habida cuenta de su función creadora de ideología, estos dominios del saber están sujetos a una presión especial por parte de los intereses humanos correspondientes, las más de las veces divergentes, y de las ideologías que les confieren expresión, y en tal sentido son asimismo ideológicos (Schaff, 1980, p. 19). Por otra parte, puesto que hay una relación genética entre los sistemas de valores, una situación social determinada y el nivel de la ciencia alcanzado en cada período histórico, […] se comprende que pueda crearse una ideología partiendo de los datos que las ciencias de los hombres y la sociedad nos proporcionan (de modo análogo a cómo se establece, en medicina, la terapéutica sobre la base de la etiología y el diagnóstico), pero se las puede también crear partiendo de la creencia religiosa, del misticismo, etcétera, o sea de fuentes no científicas e inclusive anticientíficas. (Ibid. p. 20) Lo único que resta por decir en este apartado es que, si se decide dar entrada libre a la subjetividad y a la ideología dentro del quehacer científico, hay que estar consciente de los riesgos que se corren. La tabla 10.3, confeccionada en base a algunas ideas sugeridas por Klimovsky (1975), resume tales riesgos en los contextos de descubrimiento y de justificación, así como sus potenciales frutos aplicativos. capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 445 Tabla 10.3. Probables papeles jugados por la subjetividad y/o ideología en las explicaciones y aplicaciones del conocimiento científico (fuente: elaboración propia). Subjetividad / Contextos Descubrimiento Justificación Aplicación Marco teórico o conceptual: MateQué tipo de ámbito rial total o parcial o datos es previo para planpertinente analizar. tear y desarrollar teorías. Inferencias: presuposiciónsobre factores involucrados en la base empírica elegida. Creación de producto útil basado en los hallazgos. Perspectiva implíInferencias cita (clase social, Datos parcialmente distorsionadas, contexto histórico, pertinentes, no no pertinencia o lugar) a partir de pertinentes o no generalización de la cual se captan y generalizables. los datos. recogen datos. Creación de producto poco relevante, basada en los hallazgos. Intereses personales. Conveniencias que llevan al actuar en provecho propio. Fabricación o falseamiento de los datos. Uso de argucias para demostrar falsas hipótesis. Difusión y comercialización de hallazgos falsos o distorsionados. Compensación de poca información: Registro mecánico Apreciaciones de datos no pertiacerca del alcance nentes al momento y valor de estuy lugar. dios extraños a la propia realidad. Malentendimiento de los conocimientos generados. Inadecuación de técnicas del extranjero a las necesidades locales La primera fila es la «ideal» desde una perspectiva positivista. Vale decir, así se esperaría que funcionara el trabajo científico de manera «normal», partiendo de una base teórica o conceptual más o menos cuantiosa (por ejemplo, las teorías del aprendizaje dependen de datos y teorías del condicionamiento), qué diera indicios acerca del tipo de ámbito o datos que son pertinentes de analizar, presuponiendo posibles factores involucrados en la base empírica elegida, y previniendo el peligro de «autoalimentación» 446 william montgomery urday (sustentar lo conseguido solo en base a un material anterior congruente con el propio). Su resultado más probable sería la creación de un producto útil basado en los hallazgos. En la segunda fila figura un contexto más real. Toda persona, científico o no, tiene una perspectiva implícita (dada por su clase social, contexto histórico de desarrollo personal, lugar) a partir de la cual se captan y recogen datos. por ejemplo, a un psicólogo puede interesarle más investigar en un laboratorio que en el campo y a ciertas muestras antes que a otras, lo que podría aportarle datos parcialmente pertinentes, no pertinentes o no generalizables; llevándolo a inferencias distorsionadas, sin pertinencia o sin generalización de los datos, y a la probable creación de productos poco relevantes. La tercera fila incluye los intereses personales, aquello que seduce al sujeto para actuar persiguiendo su conveniencia. Por ejemplo, la defensa de ideas según la posición o las motivaciones de ganancia. Allí se corre el riesgo de fabricación o falseamiento de los datos, utilizando argucias para demostrar falsas hipótesis, lo que puede conducir a difundir y comerciar hallazgos falsos o distorsionados. Por último, la cuarta fila implica compensación de poca información, dada por apreciaciones acerca del alcance y valor de estudios extraños a la propia realidad. Por ejemplo, el planteamiento de investigaciones o el usufructo de psicometría sin adaptar, llevando a un registro mecánico de datos no pertinentes al momento y lugar, malentendiendo los conocimientos generados, que quizá resulten en la importación de inadecuadas técnicas del extranjero a las necesidades locales. 1.1.3. Consideración estructural: Ideologías políticas y religiosas 1.1.3.1. Las ideologías políticas «Las ideologías son parte importante de nuestra vida; no están muertas ni en declive en ningún sitio, como sostienen algunos autores» (Macridis & Hulliung, 1998, pp. 13-14). Aun cuando la edad de esta manifestación de los politólogos citados pudiera hacer pensar que el concepto ha envejecido, la ideología política todavía conserva, aunque transfigurada por las condiciones del tiempo presente, su dominio sociocultural. Es más, al significado usual que se le da se añade el de teoría de gobierno, así que, antes de pasar a capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 447 discutir que define y cuáles son las ideologías políticas en términos prácticos y filosóficos, será conveniente hacer un breve repaso de las formas de gobierno posibles. Según Norberto Bobbio (2010), hay un uso descriptivo y un uso prescriptivo a la hora de connotar estas formas. El primero solo describe la índole del poder de unos sobre otros; y el segundo prescribe la conveniencia o inconveniencia de tal o cual manera de gobernar. En suma, se pueden enlistar siete formas básicas con sus respectivas etimologías griegas: • Monarquía (mónos: uno, y arkhein: mandar) como gobierno de uno con respecto a muchos, mediante elección por derecho jerárquico. • Aristocracia (aristos: élite, y kratos: autoridad) como gobierno de pocos con respecto a muchos, sobre la base del linaje. • Democracia (demos: pueblo, y kratos: autoridad) como gobierno de muchos con respecto a pocos, sobre la base de la legítima voluntad. • Tiranía (týrannos: soberano de facto) como gobierno de uno con respecto a muchos, mediante autodesignación basada en la fuerza. • Oligarquía (oligos: escaso, y arkhein: mando) como gobierno de pocos con respecto a muchos, sobre la base del grado de riqueza. • Oclocracia (ojlo: turba, y kratos: autoridad) como gobierno de muchos con respecto a pocos, sobre la base de la fuerza de la muchedumbre. A las anteriores debe añadirse una no considerada por Bobbio: la teocracia (theós: Dios, y kratos: autoridad) como gobierno de pocos (o de uno) con respecto a muchos, sobre la base de la autoridad religiosa. Otra modalidad, la epistemocracia (Taleb, 2007), se tratará más adelante. Desde la antigüedad, las tres primeras, sobre todo la democracia, se consideran formas legítimas de gobierno, mientras que las cuatro últimas se tachan de degeneraciones, y son, por tanto, indeseables. En la actualidad, es obvio que la única manera deseable es la democracia, incluso en regímenes que tienen fundamento monárquico. Ella presenta la garantía de una distribución equilibrada del poder entre estructuras de influjo político separadas e independientes, así como el ejercicio del sufragio universal, del pluralismo político y de la libertad de expresión política (Pinker, 2018). En contraposición, están los sistemas totalitarios que concentran el poder en un solo hombre, secta o partido, donde impera la ausencia o usurpación de sufragio y se impide o dificulta la oposición legal. El hecho es que tales sistemas de 448 william montgomery urday gobierno están íntimamente vinculados a las ideologías políticas, que, como lo señala Bunge (2009), «refuerzan o debilitan el orden social existente» (p. 202) porque son «el puente entre los intereses materiales y la política» (p. 204). El mismo Bunge (2009, p. 213) da una lista de características que reúne una ideología política (tabla 10.4). Tabla 10.4. Características que reúne una ideología política (elaboración propia, basada en Bunge, 2009, p. 213). Características • Partido o club político y sus simpatizantes. • Las cuestiones tratadas por sus miembros. • Sociedad con sus subsistemas y suprasistemas que los miembros se proponen controlar. • Prácticas propuestas por sus miembros. Valores relativos a la buena sociedad y a la conducta social correcta. • Concepción general o filosofía social. principios ontológicos, gnoseológicos, axiológicos, éticos y praxiológicos. • Objetivos a corto, mediano y largo plazo de mantenimiento, mejoramiento, reforma o revolución social. • Cuerpo de creencias sociopolíticas que tienen sus miembros. El fondo de conocimiento utilizado. • Medios para alcanzar mejora social: educación; impuestos; reingeniería; ayuda divina; lucha armada; parlamentarismo; dictadura, etc. ¿Cuáles son las ideologías políticas en juego? Las listas varían en número dependiendo de los autores que se ocupan de confeccionarlas. Por ejemplo, Kyrnlicka (1995) menciona al utilitarismo, la igualdad liberal, el libertarismo, el marxismo, el comunitarismo y el feminismo; Sodaro (2006), más económico, solo se queda con cuatro: liberalismo, socialismo, fascismo y feminismo; pero Heywood (2017) prefiere estirar la baraja al máximo: liberalismo clásico y moderno, conservadurismo autoritario y paternalista, socialismo revolucionario y evolucionista, anarquismo colectivista o individualista, nacionalismo, fascismo, feminismo, ideología verde, multicultura- capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 449 lismo e islamismo. A su vez, Bunge (2009), si bien reconoce la tipología liberal-conservador-socialista como válida para Europa occidental, considera necesario contar también con la distinción entre ideologías y políticas progresistas, conservadoras y reaccionarias para aplicarlas a cualquier ámbito geográfico; cruzando así los límites rígidos entre las ideologías tradicionales porque estas tienen diferentes «alas» a su interior. Esto trae a la discusión las coordenadas «izquierda-derecha» (Bobbio, 2021), que siempre suelen utilizarse para etiquetar las ideologías, pero que resultan difusas cuando se examina con detalle la composición interna de cada una. De cualquier manera, Bunge (2009, pp. 218-219) presenta una clasificación interesante de las ideologías en relación con dichas coordenadas, añadiendo un centro (tabla 10.5). Tabla 10.5. Clasificación de las ideologías en relación con sus coordenadas «izquierda-centro-derecha» (elaboración propia basada en Bunge, 2009, pp. 218-219). Izquierdas • Anarquismo = Libertad personal, propiedad cooperativa, sin Estado coercitivo, sin política. • Comunismo = Igualdad, propiedad colectiva, Estado fuerte condenado a desvanecerse. • Socialismo = Igualdad, libertad personal, derechos civiles, cooperativas, democracia política. Centro • Socialdemocracia = Libertad personal, derechos civiles, capitalismo regulado, Estado de bienestar, democracia política. • Liberalismo = Libertad personal, derechos civiles, capitalismo junto con una red de seguridad y democracia política. • Administrativismo = Capitalismo junto con gobierno tecnocrático. Derechas • Neoliberalismo = Libertad personal, derechos civiles, gobierno del mercado, sin red de seguridad, Estado mínimo. • Tradicionalismo = Capitalismo junto con una cultura tradicionalista (por ejemplo, teocrática). • Fascismo = Capitalismo junto con dictadura. 450 william montgomery urday Obviamente, esta clasificación no es perfecta. Entre otras cosas, ignora, por ejemplo, que hay un anarquismo «de derecha» (anarcoliberalismo), y que el «neoliberalismo» en realidad es una opción vinculada al liberalismo igualitario en la tradición de J. S. Mill, que se manifiesta modernamente sobre todo con el economista liberal estatista J. M. Keynes, de modo que estaría mucho mejor ubicada al centro. También sitúa al tradicionalismo teocrático en la derecha, cuando su forma de colectivismo totalitario, adoración al líder, creencia en utopías y economía rústica se parece más al comunismo staliniano y maoísta. En cambio, Bunge hace bien en no ubicar en estas coordenadas al nacionalismo ni al feminismo entre otras ideologías secundarias, pues esas no están al mismo nivel de las otras, sino que las cruzan, al margen de que alguna de las posturas grandes se quiera adueñar de ellas de manera exclusiva. En su libro sobre filosofía, Piaget (1970b) se muestra inconforme sobre «la sorprendente dependencia de las corrientes filosóficas con respecto a las transformaciones sociales e incluso políticas» (p. 21). Dándole la razón, en los últimos tiempos —que son los de la llamada «posmodernidad»—, han eclosionado nuevas configuraciones ideológicas en el seno tanto del liberalismo como del socialismo. Se trata, por un lado, 1) del «postmarxismo», cuyas figuras cumbre son, entre otros, el desaparecido, pero aún vigente filósofo y psicoanalista francés Félix Guattari (1930-1992), el filósofo argentino Ernesto Laclau (1935-2014), y el psicoanalista lacaniano eslovaco Slavoj Žižek; y, por otro lado, 2) del «neoconservadurismo»4, que tiene como personalidades destacadas al fenecido filósofo inglés Roger Scruton (1944-2020) y al mediático psicólogo canadiense Jordan Peterson. Según la interpretación de algunos observadores, entre estos dos sectores se está llevando a cabo una «batalla cultural» (Laje, 2022) —que es una manera de decir contrapunto ideológico tanto a nivel de la intelectualidad como del gran público, en las ciencias humanas y en los medios de comunicación— por el dominio de la sociedad occidental. A continuación, más pormenores sobre los postmarxistas y neoconservadores. 4 Denominación discutible, elegida a falta de una más sintética. Se reserva solo para adeptos conservadores del liberalismo que apuestan por una actitud confrontativa con el postmarxismo («batalla cultural»), y, en ese sentido, por una difusión más teórica y popular del credo liberal (en su modelo conservador o «paleoliberal»), en vez de la tradicional forma de exponerlo a través de datos y resultados económicos. capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 451 1) El postmarxismo le debe su origen a dos fuentes: a) la noción de «hegemonía ideológica» por parte de Antonio Gramsci (1985), según la cual se necesita una intelectualidad comunista militante para conseguir cambios culturales antes de cambiar la infraestructura económica, dado que el proyecto revolucionario marxista original —agudización de conflictos de clase, toma del poder político a través de un partido, y, a partir de allí, cambiar la infraestructura económica para que surja una nueva superestructura— falló. La idea, pues, es variar la estrategia preparatoria de la revolución, dando preeminencia al cambio ideológico, capturando la cultura popular a través de la prensa, la docencia, las manifestaciones artísticas, la literatura y cualquier otro medio masivo. Copando, en fin, la industria del pensamiento para que hasta la misma clase dominante absorba la perspectiva del proletariado. A esto Gramsci lo llama revolución pasiva; y b) la teoría social de la Escuela de Frankfurt, utilizando la crítica del sistema capitalista y del fascismo (mientras se distanciaban del «socialismo real» marxista-leninista) en base a supuestos humanistas, como un instrumento de demolición de la ideología burguesa en todos los aspectos culturales (Adorno, 1984), mezclando ideas filosóficas marxistas con el psicoanálisis freudiano. El postestructuralismo derivado de estas fuentes originarias y de otras, como el estructuralismo, el existencialismo y el postmodernismo, es complementario de las tesis anteriores. En particular, la propuesta de Guattari (2017), en los años 70s sobre la «revolución molecular» es relevante a ellas: se trataría, en este caso, de incentivar el crecimiento de diferentes focos organizados de rebelión popular que puedan abrumar al Estado capitalista dominante y opresor. Aunque no está muy clara la intención del filósofo francés por el estilo difuso y enrevesado para expresarse, típico de los postmodernistas (a excepción del correctísimo escritor Foucault); los postmarxistas Laclau & Mouffe (2004) —hayan leído a Guattari con atención o no—, igual van por el camino molecular que aparentemente señala, y lo desarrollan proponiendo no destruir la democracia liberal, sino radicalizarla (o sea utilizarla) para multiplicar antagonismos (micro-conflictos sociales dispersos), y construir espacios plurales y del discurso político donde «las luchas reivindicativas» de la sociedad civil (por ejemplo feministas, ecologistas, derecho-humanistas, grupos LGTBI, inmigrantes, etc.) se desenvuelvan hasta conseguir la ansiada hegemonía. Los autores citados se dan 452 william montgomery urday cuenta, por supuesto, de que para arribar al fundamento teórico y práctico de esta tesis necesitan hacer «una crítica y deconstrucción de las diversas superficies discursivas del marxismo clásico» (p. 12), y para ello analizan el concepto de hegemonía tal como lo formuló Gramsci, reivindicando la lucha cultural y abandonando el economicismo y la mención de las clases sociales como fuerzas decisorias del cambio. Según Barrett (2008, p. 366) «La «hegemonía» es mejor comprendida como la organización del consentimiento: el proceso que construye formas subordinadas de consciencia sin recurrir a la violencia o a la coerción». El último referente por mencionar es Žižek (2018), quien, siguiendo también los lineamientos fundamentales ya reseñados, argumenta que, si bien el Manifiesto Comunista sigue vigente en cuanto a la necesidad de un cambio político-social en esta —según él— la última fase del capitalismo, y Marx y Engels realizan allí una adecuada apreciación del papel de la burguesía en la configuración del mundo de la producción económica, queda desfasado en sus juicios sobre la explotación, porque el proletariado ya no se identifica con ello dado que el capitalismo ha producido un desarrollo de firme presencia que lo integra en su dinámica (incluso menciona a Elon Musk, Bill Gates, y otros multimillonarios que seducen con su «consciencia social», p. 9). Con la voluntad de desestabilizar dicho sistema, la idea es reivindicar los espacios no invadidos por el poder del capital que generen «lugares de resistencia» (p. 73) en esas grietas (algo parecido a los microconflictos de la revolución molecular); tal como enseña la historia de las diferentes revoluciones socialistas que sí triunfaron en el pasado. 2) El neoconservadurismo tiene orígenes muy distintos. No se fundamenta en algún cambio de principios básicos del liberalismo, sino en un cambio de estrategia, después de percatarse de la diferencia de difusión y aceptación generales de sus supuestos ideológicos en comparación con los del socialismo en las sociedades occidentales, siendo estos últimos los de mayor impacto. La hipótesis del porqué de esto la lanzó Hayek en los años 40s: el estamento intelectual era, en gran medida, responsable de «distribuir ideas de segunda mano» (o sea rebotadas, ampliadas y difundidas de fuentes productoras) favorables al socialismo mediante su labor de cátedra, oratoria, predicación, publicidad, literatura, arte, periodismo y radiodifusión; siendo capaz, así, de barajar una vasta variedad temática fácil de exponer «y capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 453 un puesto o unos hábitos a través de los cuales se familiariza con nuevas ideas más de prisa que aquellos a los que él se dirige […] Y son estos intelectuales quienes deciden qué puntos de vista y opiniones deben llegarnos, qué hechos son suficientemente importantes como para contárnoslos, y de qué forma y en qué perspectiva se deben presentar» (Hayek, 2012, p. 257). Lo cierto es que este gran número de personas educadas de forma general con antagonismo hacia sistemas de ideas definitivos, y con convicciones de izquierda, no tiene la experiencia técnica en asuntos de administración de propiedades y manejo económico, pese a lo cual prácticamente dirige la opinión pública desde los grandes medios de comunicación (cuando trabaja para ellos), al hacerse cargo de tareas de detalle que los dueños y capitalistas de tales medios dejan en sus manos. Hayek termina haciendo un llamado a los liberales para que recuperen el gusto por la utopía y sepan presentarla de manera más atractiva a los intelectuales, mas lo que no pudo explicar es por qué el estamento intelectual en su mayoría tenía la orientación explicitada, cogiendo la posta los filósofos Bertrand De Jouvenel (Francia, 1903-1987) y Robert Nozick (EEUU, 1938-2002) respecto de ese tema. De Jouvenel cree ver en la tendencia del intelectual de la modernidad una semejanza con la actitud clerical de la Edad Media, que se centraba en la atención gratuita a los pobres y desposeídos empleando la riqueza obtenida a través de las limosnas, donaciones y tasas eclesiásticas. Algo parecido, salvando las distancias, al Estado recaudador que hoy en día pretende hacer lo mismo. Desde allí, como lo hacían los Padres de la Iglesia, en la educación del ascetismo cristiano se juzga pecaminoso cualquier otro tratamiento, y la actitud del «rico» —el hombre de negocios con su interés por los bienes materiales— le parece un egoísmo «en busca de exaltación personal» (De Jouvenel, 2008, p. 111), sirviéndose del trabajador para ese fin. Incluso la gran mejora en las condiciones laborales de los cien últimos años no es atribuida por el intelectual a las condiciones de ajuste que el propio capitalismo ha propiciado, sino a la presión sindical y a leyes correctoras que lo han obligado a ceder posiciones. Siente que el desarrollo de la industria destruye valores al par que admira los resultados de la técnica, y concilia ambas actitudes con echarle la culpa al capitalismo de lo «malo» y a la fuerza del progreso de lo «bueno». En cuanto a Nozick (2022), este adopta una postura mucho más sofisticada, y, en cierto modo, 454 william montgomery urday compatible con la teoría del condicionamiento operante. Su argumento se plantea explicando la manera cómo los intelectuales (a quienes llama «hacedores de palabras») adquieren su repertorio de aprendizaje a lo largo de su desarrollo, siendo reforzados de varias formas en sentidos que terminan convirtiéndolos en una especie de enemigos naturales del capitalismo, pese a irles bien en términos de la demanda por sus opiniones en una sociedad con libre expresión. ¿Por qué [...] los intelectuales contemporáneos se sienten con derecho a las más altas recompensas que sus sociedades tienen que ofrecer y resentidos cuando no las reciben? Los intelectuales sienten que ellos son las personas más valiosas, aquellos con los méritos más altos, y que la sociedad debería premiar a la gente de acuerdo con su valor y mérito. Pero una sociedad capitalista no satisface el principio de distribución «a cada uno según su mérito o valor». Más allá de los regalos, herencias y ganancias en apuestas que se dan en una sociedad libre, el mercado distribuye a aquellos que satisfacen las demandas de otros expresadas y percibidas por el mercado, y cuánto distribuye depende de cuánto es demandado y cuán grande es la provisión sustituta. (Nozick, 2022, p. 182) Hay que responder, entonces, qué hace pensar a los intelectuales que tienen una posición despreciada en la sociedad, y la posible respuesta se halla en su aprendizaje escolar. En el colegio, «ellos fueron exitosos, Ellos fueron juzgados en comparación con otros y considerados superiores. Ellos fueron elogiados y recompensados, los favoritos de los maestros» (Ibid., p. 183); por lo que salieron a la sociedad viéndola como un colegio en grande, un ambiente en el cual su posición continuaría en el tope, lo que, como ya se dijo, no se da en la medida que desean. Nozick, sin embargo, también se pregunta por qué la mayoría de los estudiantes con aptitudes para las matemáticas no desarrollan el mismo sentimiento, y plantea que estos, si bien consiguen buenas calificaciones, no son tan recompensados por la aprobación cara a cara del maestro en relación con los alumnos verbalmente brillantes. Las preocupaciones de los liberales por la desventaja que experimentan en la carrera de la información ideológica se plasman, en el activismo capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 455 neoconservador5, además del análisis de las razones que se han visto, en alegatos que reivindican valores que ellos juzgan están siendo atacados — llámense derechos «pro-vida» o «pro-familia», el papel de la biología como condicionante del comportamiento y el uso de los recursos naturales para satisfacer necesidades humanas—; a través de la defensa marxista cultural del sexismo feminista, del ecologismo, de la llamada «ideología de género», del gasto público dirigido a sectores privilegiados en base a su vinculación a objetivos de izquierda, etc. Algunos de los principales exponentes de esta orientación sostienen tesis que ejemplifican su corriente. Uno de ellos es Scruton (2018), quien afirma que el punto de partida del conservadurismo «es la psicología profunda de la persona humana» (p. 109), pues le da valor a aquello que naturalmente incentiva la existencia como fin y no como medio: la construcción de un hogar y la cooperación libre en busca de vinculaciones con los demás miembros de la sociedad; esto es, la familia y la sociedad civil. No es necesario, por ello, corregir la naturaleza humana o modelarla según alguna clase de elección racional, pues el hombre no es un homo economicus. En este sentido, las medidas del socialismo en un «Estado de Bienestar» solo crean clases de gente dependiente de los pagos sociales e incentivan hábitos que pasan de padres a hijos «como los nacimientos fuera del matrimonio, las incapacidades fraudulentas o la hipocondría» (Ibid., p. 46). Por otro lado, esta política lleva a costos que, al no solucionar los problemas, se van ampliando e incrementando a lo largo del tiempo, endeudando a toda la población. La lógica sobre la cual se opera siguiendo estos procedimientos, según Scruton, es falsa: no es que se redistribuya un activo común, sino que el Estado obtiene fondos de los contribuyentes y los ofrece a su clientela (sectores supuestamente desposeídos), que, a su vez, convierten tales rentas en posesión permanente votando por los políticos populistas que se las proporcionan. En contraposición, un conservadurismo creíble según Scruton debería proporcionar condiciones para que dichos sectores puedan obtener beneficios de propiedad, adquiriéndolos por sí mismos. Por 5 Los «liberales (libertarios)» y los «(neo)conservadores», si bien comparten algunas ideas discrepan en otras, sobre todo respecto a los límites de la libertad. Una muestra se puede ver en la polémica emprendida por el conservador Scruton contra el liberal Hayek (Vidal, 2019). 456 william montgomery urday último, debe mencionarse también a Jordan Peterson. La eclosión de este psicólogo canadiense como militante contra lo que denomina «ideología de laboratorio» (obligar legalmente a que la gente hable con los términos adaptados de acuerdo con el género y con la orientación sexual) lo convirtió en un ícono para muchos, catapultando sus ideas a la popularidad. Sus más destacados argumentos frente al postmarxismo se encuentran solo en sus videos y conferencias, no obstante, gracias al volumen de entrevistas y debates publicado hace poco (Peterson, et al., 2019), se puede acceder al impreso de algunas de sus opiniones al respecto. Peterson se queja de que «las universidades, sobre todo en las áreas de las humanidades y las ciencias sociales, están absolutamente dominadas por ideologías de izquierdas» (pp. 21-22), una peligrosa doctrina colectivista, como lo demuestra la historia; y no cree que las jerarquías que caracterizan la cultura occidental sean tiránicas en comparación con otras, como dicen el postmodernismo y el postmarxismo. Para ellos, la primera premisa es que el individuo no es sino miembro de un grupo en base a la etnia, al sexo, a la raza o cualquiera otro; y la segunda premisa es que el mundo es un campo de batalla en el cual tales grupos se enfrentan y se concibe la historia como las maniobras de poder entre ellos. «Eso elimina toda consideración del individuo como tal a un nivel fundamental y también cualquier idea de libertad de expresión. Porque […] para un individualista la libertad de expresión es la forma de entender el mundo y de reorganizar convenientemente la sociedad» (ibid., p. 30). Otro exponente —menos «conservador» pero igualmente activista—, es Pinker (2018), que trata de explicar el sentido de la vida en torno a los ideales de la Ilustración: la ciencia, la razón, el humanismo y el progreso, concretados en gran medida gracias a la sociedad abierta y al liberalismo cosmopolita o clásico, que hacen que la civilización actual goce privilegios con respecto a otras épocas. De hecho, refuta la afirmación del economista francés Thomas Piketty en El capital en el siglo XXI (2013), acerca de que la mitad más pobre de la población mundial concentra solo un 5% del total de riqueza, siendo tan pobre hoy como en el pasado. Pinker apunta que, si la riqueza actual es mucho mayor que la de 1910 y los más pobres siguen poseyendo el 5%, significa que son más ricos, no igual de pobres. Aunque Pinker no podría considerarse entre los defensores del neoconservadurismo (porque no abomina del Estado de Bienestar ni del impuesto sobre la Renta, capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 457 y critica la religión), sí es un fervoroso contradictor de la «corrección política» impuesta por el postmarxismo, rechazando afirmaciones de que en el mundo occidental todavía imperan el racismo, el sexismo y la homofobia como practicas sistemáticas, y sosteniendo con datos legales, jurídicos y cuantitativos que, al contrario, en ese orbe la tolerancia es mucho mayor que en las sociedades no occidentales. 1.1.3.2. Las ideologías religiosas De acuerdo con la disquisición de Puente-Ojea (2007) sobre la falacia que confunde «la mente con el alma-cosa espiritual, inmaterial», vinculada con el operar de «todas las religiones o formas de la religiosidad» (p. 40; cursivas del original), no hay duda de la relación que tiene el fenómeno religioso y su carácter de ideología con el nivel de cognoscibilidad que caracteriza a la epistemología. Las preguntas epistemológicas emanadas de la religión se refieren a las posibilidades de la existencia del conocimiento místico y de un ser divino, así como de sus atribuciones (omnipotencia, eternidad, omnisciencia, entre otras); y las preguntas metafísicas abordan consideraciones sobre el origen del ser humano, del universo y de los motivos de la existencia de ambos. Las presuposiciones de trascendencia que conllevan las explicaciones religiosas les quitan, sin embargo, categorías de verificabilidad y refutabilidad a su epistemología, limitándose a proponer experiencias de significado y de valor casi análogas a las estéticas, separándolas del acontecer natural y del conocimiento científico (O’Hear, 1993). En este sentido, ya en el siglo XIX, calcando a Descartes desde la «fenomenología de la religión», se establecía una división entre el plano natural o profano, en el cual operan las categorías de causalidad y de finalidad; y el plano transnatural o sagrado, en el que juegan misteriosas fuerzas o poderes de incomprensible efecto milagroso; ligándose con los conceptos de magia y tabú en el nivel práctico. Por ello ha sido objeto de cuantiosa atención crítica por parte de muchos filósofos y epistemólogos, contándose entre ellos Kierkegaard, Feuerbach, Marx, Nietzsche, James, Russell, Carnap, Wittgenstein o Ayer, cuyos juicios acerca del punto en discusión —algunos muy positivos y otros muy negativos—recuerda Paz y Miño (2024), quien define a la religión «como un conjunto de creencias (fe) 458 william montgomery urday y prácticas (culto) que reúne a los hombres en torno a lo divino, lo supremo, lo sobrenatural, lo trascendente, lo místico, o lo inefable» (p. 38). Ella procura dar una cosmovisión sobre lo humano, lo divino y la naturaleza, valiéndose de tradiciones, de narraciones míticas y fantásticas; ofreciendo pautas al creyente sobre cómo relacionarse con los demás y consigo mismo, es decir con los propios sentimientos y pensamientos, así como con su propia forma de subsistencia. Como dice Schoenfeld (1999), toda religión funciona en base a legislaciones alimentarias, sexuales, ritualísticas y de actividades colectivas, códigos morales y creencias sobre planos existenciales fuera de la percepción inmediata, pero que se hallan a su alcance. Esta significatividad hace que la retórica de la religión invada de tal manera la existencia de la comunidad verbal, que sus características «místicas» estén, en realidad, a la mano de un análisis objetivo. Burke (1975) puntualiza al respecto que las palabras y los enunciados acerca la naturaleza de lo divino y de lo sobrenatural contienen en sí mismos el significado de lo que se considera como tales, existan o no como entidades reales, y esto le da también el status de ideología. Por tanto, es perfectamente posible analizar lo que el dominio teológico presenta como si fuera algo aparentemente inasible. Bunge (2009) menciona una serie de condiciones que acompañan a todas las formulaciones religiosas vigentes, sin considerar el budismo debido a su ideología laica (tabla 10.6). Tabla 10.6. Características que reúne una ideología religiosa (elaboración propia basada en Bunge, 2009, pp. 206-209). Características • La congregación religiosa: el grupo de creyentes y militantes. • Las cuestiones conceptuales y prácticas tratadas, tales como cuál es la mejor manera de rendir culto. • La sociedad que hospeda a dicha • Los objetivos de los miembros, tales congregación ya sea de manera como la salvación personal. tolerante o no. • La cosmovisión, perspectiva general • Las prácticas propuestas, relativas a o filosofía que tienen las personas en la vida de la iglesia y sus relaciones su calidad de miembros. con la sociedad. • Los medios para lograr las metas: • El cuerpo de creencias religiosas ayuno, penitencia, oración, específicas, tales como la naturaleza exorcismo, y quizá el uso de la revelada de las Escrituras. fuerza para dominar al enemigo. capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 459 Aunque el número de confesiones religiosas es sumamente extenso, por lo cual sería imposible abarcar sus descripciones totales en este apartado, se pueden identificar cuatro grandes troncos en torno a los cuales se congrega el mayor número de seguidores, creyentes o «feligreses»: el cristianismo, el islamismo, el budismo y el hinduismo (se recomienda consultar a Smith, 2011; quien también incluye al confucianismo, el taoísmo y el judaísmo), que, a su vez, podrían caracterizarse sintéticamente de la siguiente manera: • Cristianismo, monoteísmo basado en las enseñanzas de Cristo. Puede ser católico, protestante u ortodoxo. Su epistemología proviene de la «Palabra de Dios»: la fe (revelación) y la razón (lógica) se ven como complementarias. Algunos plantean una «epistemología de la teología» de acuerdo con una visión tomista actualizada (Abraham & Aquino, 2017), procurando examinar temáticas vinculadas a la razón; la experiencia; la tradición; la escritura; la revelación; la sabiduría; el entendimiento; la virtud; la evidencia; el testimonio; el escepticismo; el desacuerdo; entre otras. • Islamismo, monoteísmo basado en las enseñanzas de Alá a través de su profeta Mahoma. El conocimiento increado es la revelación expresada en el Corán. El creado puede ser intuitivo (prepensante), demostrativo (inferencia / especulación racional) e informativo. • Budismo, doctrina filosófica y espiritual no teísta transmitida por el príncipe Buda Gautama, a través de la enseñanza de prácticas éticas y meditativas acerca de la vivencia del sufrimiento y su extinción mediante el «nirvana». • Hinduismo, politeísmo polimórfico muy antiguo, sin fundador aparente, basado en los Vedas y en creencias sobre el karma (acciones y consecuencias), el samsara (reencarnación), varios tipos de yoga (prácticas para lograr sanidad espiritual), y los purusharthas (cuatro objetivos del hombre). 460 william montgomery urday 2. UNA MIRADA PSICOLÓGICA A LA IDEOLOGÍA Los filósofos, sociólogos y psicólogos provenientes del paradigma de la teoría crítica —vale decir, quienes combinan conceptos y argumentaciones marxistas con nociones freudianas (o lacanianas) y postmodernistas para el análisis de la cultura—, suelen esgrimir que el mayor contacto entre la ideología y la psicología es el mecanismo de racionalización, en tanto permanente acción compulsiva e inconsciente de justificar actos y deseos socialmente prohibidos con ayuda del lenguaje (Lenk, 2002). Esta hipótesis supone que para entender los resortes ideológicos hay que encontrar la significación oculta que los impulsa (Marcuse, 2015; Žižek, 2008a, 2010). Pero ¿qué hay respecto al origen del comportamiento ideológico? La explicación científica debiera remitir no a especulaciones, aunque haya que reconocer que en cierto nivel de apreciación son necesarias, sino a mecanismos objetivamente verificables, con base, además, en principios básicos. Dado que las ideologías se vinculan a emociones, ideas y creencias de los individuos que las profesan a partir de ciertas influencias sociales, debe esperarse que dichos mecanismos sean los del aprendizaje de las actitudes. En este terreno, Staats (2012) podría brindar la explicación más plausible de ellos, utilizando la lógica empírica del condicionamiento respondiente y operante. Según esa lógica, experimentalmente se sabe que los estímulos evocadores de respuestas emocionales positivas —o sea, de acercamiento a un determinado objeto— son también productores de refuerzo, por lo que cuando acompañan una acción instrumental fortalecen a esta. Adicionalmente, estos estímulos a la vez emotivos y reforzantes adquieren la propiedad de evocar por sí mismos la aparición de respuestas instrumentales. Por ejemplo, supóngase que, en una situación de laboratorio con un participante infantil, el objeto emocional positivo es una sonaja, y aquella se utiliza luego como imagen y sonido activos mientras el sujeto se aproxima a un peluche y lo manipula. Si se hace esto varias veces durante un período regular, la sola presencia activa de la sonaja (ahora estímulo condicionado y discriminativo a la vez) elevará la probabilidad de que el sujeto piense en/o interactúe con/el peluche. Extrapolando este procedimiento al campo del aprendizaje de la ideología con sujetos mayores en situaciones de condicionamiento de orden superior en el ámbito cotidiano, se podría imaginar cómo un estímulo emocional positivo capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 461 (léase el hablar repetitivo del padre o de un amigo íntimo sobre «justicia social») puede asociarse con actividades como ver u oír noticias sobre sucesos políticos (declaraciones de «influencers», protestas públicas, etcétera), lo que progresivamente irá probabilizando la adquisición de hábitos que responden a la mención de «justicia social» o cualquier lema, objeto o acontecimiento relacionado con ella desde una óptica receptiva determinada. Con esto no se está negando el carácter «activo» de la actividad humana, pues, con el tiempo, estas respuestas instrumentales se irán complejizando de tal manera que lleven al aprendizaje de nuevas relaciones, tales como lectura de libros que traten temas ideopolíticos, afiliación o adhesión a agrupaciones de gente afín a esas ideas, búsqueda de páginas virtuales donde se pueda opinar, y demás posibilidades, siendo materia de nuevos reforzamientos. Lo cierto es que en el proceso el estímulo socioemocional adquirió la capacidad de evocar múltiples respuestas de aproximación a cierto tipo de eventos, y lo mismo se puede decir, de manera invertida, con los estímulos socioemocionales negativos, que más bien evocan respuestas de rechazo. Entre ambos polos se construye, así, una estructura actitudinal (emotiva, motora y verbal) en el individuo que tiende a acercarse a determinados aspectos de la realidad percibida, y a alejarse de otros, todo con diferentes grados de aceptación-rechazo. Un punto esencial es que tal individuo no necesariamente está consciente de esa estructura, ni menos de cómo la adquirió, así que «llena los vacíos» inventando razones particulares que lo llevan a pensar de una forma y no de otra. Incluso —y esto pasa el mayor número de veces— puede tener ideas que se contraponen unas a otras en un seguimiento incoherente de sus propios supuestos ideológicos. De hecho, eso es lo natural si no recibe algún tipo de formación que le esclarezca cómo es que funciona en conjunto su cosmovisión. Por último, a toda esta hiper-simplificada representación hay que añadir, por un lado, las vicisitudes de la interacción incesante con distintas personas y circunstancias de la vida, cada cual teñida de factores con signo ideológico que van incrementando las experiencias, y, con ellas, el aprendizaje no siempre adaptativo de nuevas respuestas, algunas no compatibles con aprendizajes anteriores; y por otro lado, las disposiciones temperamentales (gustos y animadversiones) que vienen fijadas a nivel de configuración genética (Kassin, et al., 2016). El ámbito de las creencias se edifica sobre esos insumos biosociales. 462 william montgomery urday 2.1. Psicología y política La psicología, salvo excepciones (por ejemplo, Blanch, et al., 1988, Ribes, et al. 2016), no se ha ocupado mucho de la filosofía política, prefiriendo abordar temáticas relacionadas con aspectos de tipo disposicional (características individuales e impacto de situaciones en el comportamiento); o de análisis de fenómenos sociopolíticos concretos (conducta de masas y de voto, opinión pública, relación con políticas gubernamentales, y otras). Algo interesante es que el más utilizado cuadrante para ubicar las ideologías políticas fue sugerido por un psicólogo en la década de los años 50 (Eysenck, 1964), como parte de su investigación sobre los mecanismos de la decisión política. La figura 10.1 resume algunos de sus hallazgos. Figura 10.1. Cuadrante adaptado de varios esquemas de Eysenck (1964), sobre ideologías políticas y su ubicación a izquierda o derecha del espectro, puntualizando algunos hallazgos de su investigación. Elaboración propia. capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 463 A grandes rasgos, de la investigación realizada por el psicólogo alemán resultó que, en las muestras de población evaluada, los de «dureza mental» tendían a ser extrovertidos, mientras que los de «blandura mental» tendían a la introversión. Por otra parte, en lo que se refiere a las posturas totalitarias, las de corte fascista practicaban formas de agresión directa y dominación encubierta, en tanto que los comunistas ejercían agresión indirecta y dominación abierta. La diferencia fue atribuida por Eysenck a que los militantes comunistas usualmente recibían preparación ideológica que los capacitaba para verbalizar racionalmente los objetivos de su prédica. En otras ocasiones, a pesar de la ausencia de datos que puedan certificarlo, algunos psicólogos sociales han argüido especulaciones bastante aventuradas acerca de la supuesta ubicación ideológica de las corrientes psicológicas. Por ejemplo, Serge Moscovici (Cit. por Blanch, et al., 1988) dice: «En nuestras sociedades actuales, la causalidad personal es una explicación de derechas y la causalidad situacional es una explicación de izquierdas» (p. 260); por tanto: «Tradicionalmente, una concepción individualista de las actitudes se asocia a una perspectiva cognitivista y una mayor preocupación por el comportamiento social no puede dejar de esquivar una inspiración más o menos conductista» (p. 264). Semejantes juicios son calificados de erróneos por Blanch, et al., por ser reduccionistas. Entonces, en la psicología política el único eslabón con lo epistemológico suele ser lo ideológico, que, a su vez, suele también tocarse en términos de creencias. «En política —dice Houghton (2009, p. 106)—, como en otras esferas de la vida, las creencias ayudan a determinar lo que vemos; nos ayudan a definir la naturaleza de la situación a la que nos enfrentamos (diagnóstico), así como el tipo de opciones o soluciones que consideramos apropiadas (pronóstico)». De facto, Ribes (2018) señala que una característica manifiesta de las creencias es que son «prácticas ideológicas» (p. 606). Es decir, asunciones ubicuas como «formas de vida» wittgensteinianas, donde se aceptan como hechos las cosas que se creen, actuando consecuentemente con ello. Dichas prácticas se desenvuelven al interior de contingencias de intercambio, de poder y de sanción, como se mencionó en la parte introductoria de este capítulo. En breve, las contingencias de intercambio se sustentan en los modos de producción y la vida material propias de aquellos; las de poder toman forma en las posibilidades de las personas de hacer y/o tener o de lograr que otros 464 william montgomery urday hagan y/o tengan; y las de sanción estriban en la capacidad de los individuos de dejar hacer y/o reconocer, e impedir y/o penalizar actos y relaciones. La interpretación extensa que Ribes (2018, 2021) y Ribes, et al. (2016), hacen de las dos últimos tipos de contingencias, declaradamente inspirada en los trabajos de Foucault sobre el poder y de Gramsci sobre la hegemonía, se enmarca sin embargo en el maniqueo esquema clásico marxista de la contraposición entre «dominadores» y «dominados» en una sociedad de clases, lo cual parece poco aplicable al mundo actual; cuyo devenir está signado por la intrusión del metaverso y con él la difuminación de aquellas fuentes de poder y de sanción que, en otra época, podían identificarse claramente de manera dual y en una relación de subordinación de una a otra, mas no hoy. La consolidación de movimientos como la «nueva izquierda» mundial, activa desde hace casi sesenta años —inspirada justamente en ideas como las de Gramsci, Marcuse y los pensadores postestructuralistas franceses—, y el desplazamiento de las circunstancias de lucha e influencia ideopolítica al espacio digitalizado, junto con la emergencia de movimientos reivindicativos de identidad étnica, sexual, de género, etc.; aunados a la tecnocracia globalista; cambian la correlación de fuerzas, o mejor dicho, la hacen oscilante. En este panorama se encuentran ya no solamente instituciones superiores prácticamente copadas por académicos de izquierda fuertemente críticos del capitalismo —como otrora denunciaban Hayek, De Jouvenel y Nozick—, y a pesar de ello con abundante publicidad (caso Žižek o ByungChul Han entre otros), sino también fundaciones millonarias (por ejemplo, Soros, Ford o Rockefeller) aportando constante financiación a objetivos que, normalmente, serían asociados con la cosmovisión de izquierda, y poderosas corporaciones digitales cuyas bases de empleados se ufanan de ser progresistas y anticonservadoras con el amén de sus jefes. En otras palabras, parece haber un «maridaje» entre cierta clase de poder económico transnacional y cierta clase de ideología de izquierda, que hace incierto el viejo relato de «ricos vs pobres» imperante en otros tiempos. A todo esto hay que añadir que el poder de las plataformas virtuales excede con mucho aquella inquietud de Orwell por un futuro distópico en el cual todo estaría chequeado desde un centro de vigilancia, visto el inmenso almacén de datos de la red que estas organizaciones acumulan sobre sus usuarios, lo que hace concebir a tecnócratas de organizaciones transnacio- capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 465 nales como Pentland (2014), la esperanza de evocar y predecir con exactitud los comportamientos individuales y colectivos, con la mira de controlarlos culturalmente al más puro estilo skinneriano, solo que con una tecnología más desarrollada (véase la crítica a Skinner por parte de Zuboff, 2020). Es en este contexto donde deberían analizarse las contingencias de intercambio, de poder y de sanción. En cuanto a las disquisiciones del pensador coreano Byung-Chul Han (2019) desde lo que llama «psicopolítica», estas pretenden ser, justamente, las que elaboren una mejor visión del poder y la coacción en el contexto del siglo XXI, tratando al sistema de Big Data de la era de la vigilancia «neoliberal» como si fuera un Big Brother digital, solo que de manera imperceptible; proponiendo, en otras palabras, que el individuo actual es dominado y sometido a intereses comerciales mientras se cree libre (algo que, por lo demás, siempre han afirmado los marxistas-leninistas). La conclusión de Han (2019, p. 64 y ss.), sin embargo, es bastante prosaica: en sus propias palabras «hacerse el idiota» y seguir la «política del silencio» deleuziana mientras se renuncia a seguir la lógica del sistema y a comunicar dentro de las redes, buscando espacios «libres» en la interacción personal directa con los semejantes. Pasando a otro plano, una pregunta inquietante en el presente tema es: ¿La política es compatible con la práctica científica de la psicología? Puesto que las ideas políticas se refieren al arte (o ciencia) de gobernar, el psicólogo, como cualquier ciudadano responsable inserto en una sociedad civilizada, debe estar interesado en ellas. Eso está fuera de dudas. Lo que cabría discutir es qué clase(s) de creencias políticas son las que entran en la categoría de ideas que merezcan profesarse por personas cultivadas, y, aún más, con preparación filosófica y psicológica. Una reflexión elemental, ciertamente, descartaría los extremismos y nihilismos de ideologías políticas como las que en el siglo XX devastaron el mundo, fundando regímenes comprobadamente totalitarios, opresivos y asesinos, tanto de derecha como de izquierda. Igualmente se esperaría, dado el entrenamiento en hábitos de estudio y metodología de investigación que reciben los estudiantes de la disciplina psicológica, que sus creencias y decisiones se fundaran en análisis de datos guiados por la evidencia, dejando de lado utopías mesiánicas solo fundadas en dogmas sentimentales, en cultos a la personalidad, o peor, en la envidia, en el resentimiento y en el odio étnico, de clase, de género, de na- 466 william montgomery urday cionalidad o cualquiera otro. Es posible que una buena elección de ideología política, e incluso una militancia, contribuya a integrar mejor al profesional en psicología a la dinámica de funcionamiento de su sociedad, permitiéndole aportar propuestas y soluciones a la problemática concreta de su nación desde la óptica del conocimiento especializado, a través de un movimiento que las respalde. Algunos dudan de la factibilidad de cosas así, al interpretar que en la política activa juegan más factores que los sociomorales y más intereses que los ideológicos, presumiendo que estos se subordinan a propósitos ocultos de dominación por parte de ciertos grupos, y también es posible que tengan algo de razón. Ya queda, pues, al criterio del profesional de turno juzgar en qué medida su agenda científica puede ser facilitada u obstaculizada por la actividad práctica en el campo político. En el permanente bullir de ideas que pretenden mejorar la participación de los profesionales en la política, no se puede ignorar una antigua discusión que se ha reactivado en el siglo XXI, y que vale la pena traer a la observación para tomar partido desde la óptica del psicólogo interesado en temas de la epistemología ideopolítica: el concepto de «epistemocracia» introducido por el filósofo norteamericano NassimTaleb (2007), para designar una propuesta (que su mismo autor llama utópica) de gobernar en base al conocimiento y la experticia de los especialistas («epistemócratas»). No está claro si estos serían sabios (como en La República de Platón), científicos experimentales o tecnócratas (como en la Nueva Atlántida de Bacon o el Walden Dos de Skinner), por lo que otros autores procuran operacionalizar el término, aunque suavizando notablemente su alcance. Brennan (2022), por ejemplo, después de hacer una crítica al esquema oligárquico que supone pensar que solo los expertos pueden conducir los asuntos macropolíticos, sin considerar que este estamento de la sociedad es indiferente a ciertos intereses y perspectivas democráticas de la mayoría, propone un procedimiento epistemocrático más inclusivo por el cual, previa selección al azar de muestras poblacionales de distintas proveniencias, se les pida que diseñen cuestionarios de conocimientos básicos sobre democracia para aplicarlos a todo el universo comunitario, y se articule un sistema de sufragio ponderado basado en los resultados de esos cuestionarios, donde el voto de los ciudadanos que obtengan los mayores puntajes tendría más valor. Ermakov, et al. (2023), en contra de las propuestas epistemocráticas, refieren que estas capítulo x el contexto mas amplio: la ideología 467 han crecido en un ambiente de tendencia global auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), a fin de construir forzadamente sociedades del conocimiento, amenazando con limitar las posibilidades de expresión electoral de aquellos ciudadanos catalogados por el sistema como «malos votantes» por ser ignorantes o estar mal informados. En verdad, desde un punto de vista superficial la tentación de apoyar el movimiento epistemocrático es realmente sugestiva, pero tiene muchos puntos débiles. Para empezar, se basa en la suposición ingenua —si se quiere, positivista— de que los problemas de la gobernanza política pueden guiarse solo con criterios objetivos y consensos de los expertos, anclados en la evidencia científica. Las diferencias ideológicas, los valores e intereses, al no estar en juego, no requerirían de atención ni de negociación, pues todo giraría exclusivamente en determinar cuáles son los mejores especialistas para ocuparse de cada asunto específico. En segundo lugar, la historia demuestra que en cualquier espacio-tiempo en que se ha querido imponer sistemas políticos supuestamente dirigidos por «los que saben», lo que se ha hecho en la práctica es entronizar castas autoritarias ¿Acaso el marxismo soviético no se presentaba a sí mismo —recuérdese la frase de Lenin (1961): «La doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta» (p. 31)— como una epistemocracia poseedora de infinita sabiduría científica? ¿Y qué decir de las teocracias, donde el Estado y la ciencia son dirigidos por eclesiásticos depositarios de la «verdad absoluta» transmitida por sus escrituras sagradas? Entonces, sean cuales fueren los defectos de las democracias modernas, estas parecen preferibles —al menos por ahora— al «salto al vacío» que puede constituir entregar las decisiones exclusivamente a élites calificadas (o autocalificadas) como competentes. El conocimiento y la experticia son valiosos en cualquier área de la vida, pero también juegan un papel los principios éticos, los valores culturales y otras inquietudes emergentes de la deliberación razonada entre personas libres e iguales. Quizá en el futuro una mayor implicación política de los profesionales más competentes de diferentes disciplinas humanas, entre las cuales está la psicología, pueda forjar un equilibrio entre el conocimiento y la participación democrática. 468 william montgomery urday 2.2. Psicología y religión Se fija como inicio de la psicología científica la fecha en que Wundt fundó el primer laboratorio de psicología experimental (1879), y, por curiosa coincidencia histórica, el neotomismo se convirtió oficialmente en doctrina de la Iglesia Católica durante el mismo año. Algo complementario a ello es que, como lo hacen notar Misiak & Staudt (1955): «Casi todos los fundadores de la psicología científica, incluyendo a Wundt, Brentano, G. E. Müller y Kulpe, creyeron en el alma» (p. 404). Pero la referencia más relevante de la «psicología de la religión» se tiene en 1902 con la publicación de Variedades de la Experiencia Religiosa de William James, y a partir de allí se inició una relación entre la psicología y la religión más conflict
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