EccoS Revista Científica ISSN: 1517-1949 [email protected] Universidade Nove de Julho Brasil Jiménez Barros, Alfredo Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Revista Científica, vol. 3, núm. 1, junho, 2001, pp. 57-74 Universidade Nove de Julho São Paulo, Brasil Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=71530105 Cómo citar el artículo Número completo Más información del artículo Página de la revista en redalyc.org Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 DESARROLLO, CULTURA E IDENTIDAD EN AMÉRICA LATINA1 Alfredo Jiménez Barros* SINOPSIS: El artículo se basa en una visión según la cual la cultura no es solamente una variable del desarrollo, sino que éste es a la vez un hecho y un producto cultural, en un sentido amplio del término cultura. Los enfoques que reducen el concepto de desarrollo a sus manifestaciones económicas, o sociales, o cualquier otro abordaje parcial o sectorial, sólo desvirtúan la comprensión del fenómeno y originan graves desviaciones en las acciones – como la planificación o la definición y aplicación de políticas públicas – orientadas a lograrlo. También se plantea que más allá de problemas como el crecimiento poblacional y las escasez de recursos, los problemas de la injusticia social, la pobreza, la exclusión, el irrespeto de los derechos humanos y las agresiones al medio ambiente son fundamentalmente una consecuencia de la ausencia generalizada de valores éticos universales, lo que plantea también un problema de naturaleza cultural. En este contexto, la educación y la comunicación, como núcleos básicos de generación y transmisión de valores, tienen sobre sus hombros el mayor peso de estimular el cambio de un mundo en el que priman la violencia, el culto al dinero y a los objetos, el consumismo, la competitividad desleal y la lucha individualista por la sobrevivencia, por una nueva sociedad planetaria justa, solidaria, fraterna, democrática y libre. El desarrollo, un fenómeno cultural Para los efectos del presente trabajo haré referencia a la cultura en el sentido más amplio del término, esto es, como el conjunto de usos, valores, cosmovisión, organización social y forma de acceder a la naturaleza, de una determinada comunidad humana. Se trata del “acervo total de símbolos y del saber a partir de los cuales los miembros de un grupo se interpretan a sí mismos y al mundo en que están”. (TEIXEIRA COELHO, 1998) Todo esfuerzo planificado de desarrollo debe tomar como punto de partida 1 Buena parte de este artículo ha sido tomada y adaptada de otros trabajos del autor, principalmente: a) Material didáctico de la materia Desarrollo, Planificación y el Ciclo del Proyecto, de la Maestría en Gestión y Políticas Culturales en el Mercosur, a cargo del Parlamento Cultural del Mercosur, PARCUM, en asociación con la Cátedra Unesco de Derechos Culturales de la Universidad de Palermo, Buenos Aires, Argentina; actualmente en proceso de publicación; y, b) “Desarrollo, Globalización e Integración”, conferencia dictada en el Segundo Congreso Mundial de Educación Internacional, Integración y Desarrollo, organizado por el Foro Permanente de Educación Internacional para la Integración y el Desarrollo de las Naciones, Unesco, y la Universidad Argentina de la Empresa (UADE); Buenos Aires, Argentina, julio de 1999 (ha sido publicada también en: Contacto, Revista Brasileira de Comunicação, Arte e Educação, año 2, n. 5, oct.-dic. 1999; Senado Federal, Brasilia, D.F., Brasil). PALABRAS CLAVE: cultura; desarrollo; educación; globalización; identidad; integración; utopía. *Colombia. Especialista en Pla- nificación del Desarrollo. Coordinador Técnico del Parlamento Latinoamericano (Parlatino) y Director Ejecutivo del Plan de Educación para el Desarrollo y la Integración de América Latina (Parlatino y Unesco). Profesor en la Maestría en Gestión y Políticas Culturales en el Mercosur, en la Universidad de Palermo, Buenos Aires, Argentina. E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 57 Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 58 las características y peculiaridades culturales de la sociedad sujeto del proceso. Incluso en el plano de las utopías existe un relativo consenso en torno a que el desarrollo se alcanza cuando se logra satisfacer todas las necesidades de los individuos y de las colectividades, los conceptos de felicidad o bienestar son relativos y se relacionan íntimamente con la cosmovisión, valores, usos y costumbres del conglomerado humano de que se trate. Debe darse una valoración diferente entonces a los conceptos de nivel de vida y calidad de vida. No obstante que ambos tengan en común la necesidad de satisfacer las necesidades básicas, el primero tiene una connotación eminentemente cuantitativa y está referido básicamente a la variable consumo, esto es, cantidad de bienes y servicios a los que se tiene acceso, tanto por la oferta del sistema, como por la capacidad individual para adquirirlos. El segundo, consecuentemente, tiene un contenido más cualitativo e implica la definición de ‘satisfactores’, los cuales no sólo se refieren a cantidad de bienes y servicios, sino a las condiciones generales de vida en función individual, grupal y colectiva, e involucra conceptos abstractos, y por lo tanto relativos y de muy difícil estandarización, como ‘felicidad’, ‘bienestar’ y otros. La conformación de una sociedad – no de una cultura – planetaria integrada y culturalmente diversa, está siendo cada vez, más que posible, probable, como consecuencia de la dinámica general del planeta. Sin embargo la forma de coexistencia de esta sociedad puede variar mucho, desde la vigencia generalizada de los actuales conflictos e injusticia social, hasta el logro de un modelo totalmente diferente que garantice el bienestar general. En cualquier caso, todo proyecto globalizante debe respetar, en función del bien común, las manifestaciones culturales locales, nacionales, subregionales y regionales. Es necesario reconocer que el desarrollo es en sí mismo un fenómeno cultural, en el sentido más amplio del término cultura y que es preciso, por tanto, ‘deseconomizar’ el análisis de dicha realidad. Los aspectos económicos son fundamentales; sin su comprensión es imposible aprehender correctamente el desarrollo; pero ellos no sólo son por completo insuficientes para explicar autónomamente todo el fenómeno, sino que por sí solos constituyen un elemento fuertemente distorsionador de esa realidad, tanto en su análisis e interpretación, como en la identificación y ejecución de acciones de desarrollo en cualquier nivel, sea éste global, nacional, sectorial o local. Nos hacemos eco, entonces, de los planteamientos del Informe de la Co- Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 misión Mundial de Cultura y Desarrollo de la Unesco, presidida por Javier Pérez de Cuéllar, del cual recogemos el siguiente fragmento: ... sólo será posible caminar hacia un verdadero desarrollo de la humanidad, en la medida en que avancemos hacia la vigencia de una ética global que exprese un conjunto de normas básicas que todas las comunidades deben observar – como el respeto a los derechos humanos o la democracia, por ejemplo – que promueva una plena participación social en la vida de la comunidad a todo nivel, y que constituya el vínculo y elemento común en la diversidad cultural. (PÉREZ DE CUÉLLAR, 1997) Se trata de un concepto de desarrollo asentado en el reconocimiento de que el papel de la cultura no se reduce a ser un medio para alcanzar fines – pese a que en el sentido restringido del concepto ése es uno de sus papeles – sino que constituye la base social de los fines mismos. Es necesario, entonces, concebir el desarrollo en términos que incluyan el crecimiento cultural, así como el respeto y promoción de los derechos culturales en su calidad de derechos humanos, y consagrar la libertad cultural como uno de los pilares del Estado, pues la libertad cultural garantiza la libertad en su totalidad, al proteger no sólo los derechos del grupo, sino también los de todos sus miembros. Es un concepto y práctica de desarrollo que, por un lado no pretende uniformizar las culturas, ni, por otro, puede permitir una confrontación entre éstas. Se trata de caminar hacia una coexistencia fecunda y una armonía intercultural. Así, el principio del pluralismo se considera fundamental. Pero la palabra pluralismo carece de significado si individuos y comunidades no pueden emprender iniciativas democráticas ni expresar su imaginación creativa de manera concreta. La norma básica debe ser fomentar el respeto a todas las culturas cuyos valores sean tolerantes con los de las demás. El respeto va más allá de la tolerancia y supone una actitud positiva hacia las otras personas y hacia su cultura. La identidad cultural latinoamericana El hecho de definir, tanto en las ciencias en general como en las llamadas ciencias sociales en particular, entraña una enorme dificultad; sin embargo ese ejercicio es fundamental, a veces indispensable, en especial cuando se trata de aquellos conceptos que son objeto de un determinado análisis o discusión. Cuando E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 59 Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 60 2 CABRERA, 1995; Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las violaciones a los derechos humanos y los hechos de violencia que han causado sufrimiento a la población guatemalteca (CEH); D ÉLEON M ELÉNDEZ ; G ARCÍA SIERRA, 1999; GONZÁLEZ; HALL, 1999; MELIS; PÉREZ DE CUÉLLAR, 1997; Sistema Económico Latinoamericano (SELA), Cambio y Continuidad en el Proceso de Globalización: Escenarios de Fin Siglo ; TEIXEIRA COELHO, 1998; Da política cultural à cultura política – Propostas para uma política cultural continental, 1998; Dicionário crítico de política cultural, 1997; y Unesco, Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe (ORCALC), 2000. Cf. referencias bibliográficas al final. hablamos de identidad cultural latinoamericana tenemos, por lo menos, cinco elementos bastante abstractos, e incluso ambiguos, y con muchas connotaciones; son: cultura, identidad, identidad cultural, lo latinoamericano o la latinoamericanidad, y finalmente, la identidad cultural latinoamericana. La simple enumeración de los diversos autores, planteamientos y teorías existentes al respecto, consumiría, seguramente, un espacio bastante grande. Ni qué decir lo que sería intentar describir y, aún más, analizar, dichos planteamientos y teorías. Como salida a este problema acudiré al recurso metodológico que consiste en dar una definición ad hoc de la expresión. Esta definició tiene como características que el lector no necesariamente debe coincidir o concordar con ésta, pero que sí necesariamente tiene que acudir a ella como referencia de todo lo que a ese respecto se diga en el trabajo. Veamos un ejemplo, un poco extremo: supongamos que una persona expresa lo siguiente: “para mí, día es aquel período de tiempo en que el sol se oculta, el cielo se oscurece y aparecen la luna y las estrellas; y, noche es cuando sale el sol y el cielo se aclara”. Y después afirma: “yo duermo de día”. Quien escucha sabe que esto no es así, pero tiene que tomar en cuenta la definición dada por la otra persona, para poder entender lo que ésta quería comunicar. Así, comprenderá claramente que lo que quiso decir es “yo duermo de noche”. Con base en esta aclaración, a continuación expondré algunos elementos constitutivos del concepto de identidad cultural latinoamericana. Las diversas fuentes consultadas2 coinciden, con diferentes denominaciones, en lo que Hall (1999) denomina como un tránsito de la concepción iluminista (eminentemente centrada en el individuo, hacia adentro), a la concepción sociológica (interna y externa, interactiva, yo y el otro, hacia adentro y hacia afuera al mismo tiempo), y de allí a una concepción posmoderna según la cual una identidad plenamente unificada, completa, segura y coherente es una fantasía. Al contrario, en la medida en que los sistemas de significación y representación cultural se multiplican, como confrontados con una multiplicidad desconcertante y cambiante de identidades posibles [a veces hasta contradictorias], con cada una de las cuales podríamos identificarnos, al menos temporalmente. Podríamos afirmar que cuanto más grande el agregado social de referencia, Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 desde lo local hasta lo continental o regional, pasando por lo subnacional, lo nacional y lo subregional, es más difícil caracterizar una identidad cultural, y más diluido y abstracto e impreciso va resultando el fenómeno. También es cierto que pueden identificarse ciertos elementos que trascienden esas identidades particulares y pueden constituirse en factores comunes de una identidad mayor, en este caso una identidad cultural latinoamericana. Éstos serían lo que el informe Guatemala: memoria del silencio (v. bibliogr.) denomina como elementos identitarios, o los que constituyen el ‘núcleo duro’ de la identidad cultural, en los términos de Teixeira Coelho (1997), esto es, aquél que menos se desbasta a través de los tiempos, incluso en las situaciones de distanciamiento del territorio original. Entre dichos elementos y según las dos fuentes citadas podrían mencionarse la lengua, la lengua sagrada, las narraciones, los mitos y ritos colectivos, el folclore, las manifestaciones artísticas, así como los símbolos y los valores culturales, entre otros. Una identidad cultural supone que los individuos que ésta abarca, o que la comparten, se sientan más identificados con sus elementos comunes de todo tipo, que con elementos similares del exterior, del cual no están de modo alguno desvinculados y con el que incluso pueden estar interactuando activa y permanentemente. También se refiere al no establecimiento de la identidad cultural por exclusión, esto es, a una definición negativa de identidad cultural, en la cual se hace énfasis en lo que no somos, por comparación con otras culturas – que por lo general se consideran inferiores –, actitud que es fuente de las más diversas discriminaciones: racial, religiosa, de clase, de género, o de nacionalidad. La identidad cultural debe ser necesariamente pluralista; no se opone al internacionalismo ni al universalismo, por el contrario, los fomenta. Otro elemento fundamental del concepto de identidad cultural consiste en el hecho de que ésta es forzosa y necesariamente dinámica, es decir, que puede ir cambiando alrededor de su núcleo duro – el cual también puede sufrir cambios a largo plazo – en contraste con una identidad cultural estática, rígida, que incluso vendría a ser retardatoria en muchos sentidos. No se trata solamente de algo que existe per se y que debemos preservar, sino también de un elemento que debe ser desarrollado y a la vez servir de base para sustentar los procesos de integración y desarrollo en los ámbitos regional y subregional. De acuerdo con las conclusiones a que se llegó en la “Mesa sobre Identidad E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 61 Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 62 Cultural” de la Reunión Regional sobre “Las Américas” del 7º Congreso Internacional de la Professors World Peace Academy (Washington, 27 de noviembre de 1997), el fenómeno de la identidad cultural supone también un claro sentimiento de orgullo por parte de los miembros de esa colectividad, derivado de su pertenencia a ésta. Este orgullo es a la vez causa y efecto de la comprensión de la alteridad y de la consecuente valoración de la diversidad. Así, la identidad cultural latinoamericana hace que un determinado individuo se sienta orgulloso a la vez de ser oriundo de su país (sentimiento patriótico) y de las riquezas culturales de otros países latinoamericanos. Este último punto, el del orgullo asociado a la identidad, es de la mayor importancia, pues si establecemos una relación causal entre el requisito del orgullo ocasionado por una determinada pertenencia e identificación, y el hecho de que ello es un factor constitutivo de la identidad cultural, resulta entonces que una de las maneras como se atenta contra una identidad cultural es precisamente por la vía de inferiorizar ese sentimiento y, especialmente, esa condición. En el caso latinoamericano, llama la atención la intensidad y la frecuencia con que en los denominados ‘países desarrollados’, principalmente en los Estados Unidos, se nos trata de asociar – sea de manera evidente y clara, sea de forma encubierta o disimulada – con elementos negativos como pereza, delincuencia y otras patologías sociales, y hasta inferioridad estética, por sólo mencionar algunos. La fuerza de la repetición – estrategia de comunicación ampliamente utilizada por el régimen nazista, según la cual una mentira repetida el número suficiente de veces se convierte en una verdad –, asociada al poder de la expectativa (Efecto Pigmalión o la profecía que se autorrealiza) hace que los propios latinoamericanos nos identifiquemos, aunque sea inconscientemente, con esas asociaciones negativas. De los muchos ejemplos que podrían darse, deseo mencionar al menos dos, por su pertinencia y porque los he vivido personalmente. El primero se refiere al caso de un conocido y prestigioso filósofo y economista latinoamericano, residente en Francia, en donde realiza estudios e investigaciones sobre América Latina. Asistí a una conferencia suya en una importante universidad, asimismo latinoamericana, y pude constatar que utilizó el término ‘latinoamericanización’ siempre que se refirió a procesos negativos que estaban sucediendo en París y otras capitales europeas, tales como desempleo, marginalidad, alcoholismo y otros; todo ello en medio del asentimiento de los asistentes (latinoamericanos). El segundo ejemplo se refiere a lo siguiente: siempre que he podido, en diferentes ciudades latinoamericanas he ido a ver películas estadounidenses en Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 las que se desarrolla algún tipo de acción de guerra donde el enemigo es, o un país latinoamericano (por ejemplo, una de ellas trata de la invasión a Grenada), o determinados grupos (como guerrilleros u otros) también de algún país latinoamericano, siempre dentro del más puro esquema maniqueo de ‘buenos y malos’. En las inevitables escenas en que el ‘bueno’ (el ejército estadounidense, una patrulla, o algún comando tipo ‘rambo’) aniquila al ‘malo’, el público asistente (latinoamericano) se alegra, se emociona y hasta aplaude. Igual sucede en las escenas de un alto porcentaje de las películas estadounidenses que, desarrollándose en su propio territorio, plantean confrontaciones de ‘buenos’ y ‘malos’, en las cuales invariablemente estos últimos son latinos, negros, orientales o, en todo caso, pertenecientes a etnias o a culturas diferentes del ‘ideal americano’. El problema es que existe una arrogancia propia de los centros de poder y del denominado mundo desarrollado “acostumbrado a una representación jerárquica de las relaciones con los otros pueblos” (MELIS, cf. bibl.), representación que seguramente viene de las gestas conquistadoras – ‘civilizadoras’ – que fueron creando en el dominador una especie de “seguridad ontológica que proclama el modelo de vida del vencedor como superior al del vencido” (CABRERA, 1995). Vale recordar que aún vivimos en un mundo de vencedores y vencidos, sea en guerras y conflictos cruentos, en ‘guerras frías’, en guerras ideológicas o en guerras comerciales... Felipe González expresa que el diálogo entre culturas exige intercambio de ideas sin arrogancias inútiles, sobre todo exige logos para que sea diálogo. He visto que algunas sociedades desarrolladas son capaces de entregar a sus viejos los medios materiales para vivir con un cierto desahogo económico pero no les entregan nada más; mientras que en sociedades africanas o en sociedades del Extremo Oriente (para nosotros), no se está en condiciones de asegurarles una pensión, pero se les da la dignidad de considerarlos siempre útiles para la comunidad. Es decir, unos dan dinero y quitan lo demás, otros no tienen dinero que dar, pero les ofrecen todo lo demás. (cf. bibl.) Concluyendo, se puede considerar como identidad cultural latinoamericana, al conjunto armónico de las diversas identidades culturales existentes en la región, cobijado por ese gran elemento común que es el sentimiento de pertenencia al espacio geográfico, socioeconómico y cultural que denominamos como América E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 63 Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 Latina o Latinoamérica. Sentimiento que a la vez nos enorgullece por medio de la identificación con el hecho de que cada país de la región es a su vez multiétnico, multinacional y pluricultural, lo que resulta en un acervo general extremadamente rico, variado y con un enorme potencial para el desarrollo y el bienestar de la sociedad regional. De todo lo anterior se infiere también que la integración cultural, hace referencia entonces a la integración de las identidades culturales y no de las culturas, logrando no tanto una unidad en la diversidad, como suele afirmarse, sino una armonía en la diversidad. Mirando al futuro: es necesaria una nueva utopía3 Tomado de JIMÉNEZ B ARROS , “Desarrollo, Globalización e Integración”. (cf. nota 1) 3 E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 64 ¿Estamos viviendo un fin o un comienzo? Esta es la gran pregunta que constantemente está siendo formulada en todos los niveles, desde los más depurados centros académicos e investigativos del mundo, hasta la más sencilla persona que a pesar de su falta de ‘ilustración’ o de ‘instrucción’, no deja por ello de estar bien informada, gracias a la tecnología y a la globalización, y se siente desconcertada ante los terribles acontecimientos que salpican al mundo en todas partes: guerras, violencia, genocidios, marginalidad, pobreza, terrorismo, desempleo, exclusión, racismo, violación permanente de los derechos humanos, corrupción, constantes agresiones a la naturaleza, limpiezas étnicas y un no menos preocupante etcétera. Desde la irrupción del racionalismo entre los siglos XVIII y XIX, cuando fueron conveniente y cuidadosamente separados, por un lado la ciencia (por algunos denominada oficial) y, por otro lado, los conocimientos no científicos – donde entra lo ‘popular’ o lo ‘vulgar’, lo ‘esotérico’, lo ‘oculto’, y junto con ello todo lo que no tiene la bendición y el exequátur de la academia –, por primera vez sectores de estas dos vertientes del conocimiento humano han venido a coincidir: para unos – en especial diversos teóricos del posmodernismo – estamos viviendo el fin de la historia, de los paradigmas y de las ideologías, en síntesis el fin de la cultura y por tanto del ser humano como tal; y para otros, el fin de los tiempos y del mundo, evento proclamado por innumerables fundamentalistas religiosos basados en las profecías, muy abundantes por cierto, que anuncian estos luctuosos Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 acontecimientos. Por otro lado, existe otra coincidencia entre lo popular y lo erudito y entre lo exotérico y lo esotérico, alimentada por el enorme valor simbólico que tiene el inicio de un nuevo milenio: estamos en el fin de una Era y en el nacimiento de otra, de acuerdo con los unos, o, según los otros, estamos asistiendo al surgimiento de una nueva utopía, de un paradigma emergente – por algunos denominado como paradigma ecológico, ecología radical, biocentrismo o ecocentrismo –, que viene a remplazar al paradigma científico hoy vigente, el cual, por su parte, habría sustituido, paulatina y no totalmente, al paradigma religioso o medieval. Lo que sí es un hecho es que estamos viviendo eventos sin precedentes en el orden internacional. Se dice que los seres humanos, por tener un ciclo vital muy inferior al de los grandes períodos socioeconómicos y, principalmente, culturales, de la humanidad, tenemos una visión episódica de los acontecimientos, esto es, limitada por nuestra propia perspectiva temporal – o por la duración de nuestro ciclo biológico –, y que eso siempre ha llevado a las personas a pensar que la época en que les ha tocado vivir es la más caótica, violenta, confusa, etc., sin tener en cuenta que en tiempos pretéritos la humanidad pasó por circunstancias iguales o peores. Lo que caracteriza a los actuales momentos del planeta, y que los hace verdaderamente únicos y por tanto sin precedentes, es el efecto de la ciencia y la tecnología actuales, que masifican, difunden, amplían, potencian y multiplican los efectos de todos esos fenómenos ya descritos. Es indudable que la evolución espiritual (en un sentido amplio, no religioso, del término) de la humanidad ha sido mucho más lenta que su progreso científico, tecnológico y material, y que entre esos dos procesos existe un abismal desfase. Ese desequilibrio entre evolución espiritual y progreso material ha colocado al ser humano de hoy, al ser humano de comienzos del tercer milenio, exactamente en la misma situación de un mico armado con una ametralladora. Creo que es en este desfase que hay que buscar las causas no sólo del fenómeno desarrollo-subdesarrollo, sino de prácticamente todos los eventos que caracterizan al estado actual de la humanidad y del planeta Tierra. No hay que perderse en altas elucubraciones cientificistas para entendernos a nosotros mismos, individualmente y en sociedad, y saber qué pasa y qué podemos hacer para enderezar el rumbo que ha tomado la comunidad planetaria. E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 65 Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 5 Aún cuando existen importantes diferencias semánticas entre paradigma y utopía – siendo que el primer término se refiere más al aspecto ejemplar y referencial de una situación hipotética y el segundo al carácter optimista de una propuesta y al hecho de ser aparentemente irrealizable en el momento de su formulación –, en el ámbito de la discusión del desarrollo en su aspecto prospectivo y a la luz de las fuentes consultadas, existe al parecer una tendencia a utilizar las dos expresiones como si fuesen sinónimos, cuando acompañadas del adjetivo ‘nuevo(a)’ – nuevo paradigma, nueva utopía. Incluso, con la misma connotación, se habla también de una ‘nueva filosofía.’ E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 66 No hay duda: el nuevo paradigma – o la nueva utopía, según el caso5 – deberá estar orientado fundamentalmente a que la humanidad logre el equilibrio entre la evolución espiritual por un lado y, por otro, los avances científicos y tecnológicos y el progreso material. Si no lo logramos, nos autodestruiremos. Inexorablemente. ¿La solidaridad, la confraternidad y la vida en democracia son tendencias naturales del ser humano? Desde hace mucho tiempo, profesionales de diversas áreas relacionadas con el comportamiento humano – médicos, psicólogos, pedagogos, antropólogos y biólogos, entre otros – habían percibido e investigado, por medio de la observación y la experimentación, un trascendental fenómeno que los modernos recursos científicos y tecnológicos han permitido ratificar, ya en el nivel de laboratorio. Se trata de que estímulos de orden cultural – básicamente información (de todos los tipos) – alimentan los circuitos nerviosos y contribuyen a su conformación y arquitectura. ... el cerebro humano no está, de modo alguno, plenamente formado en el momento del nacimiento. Sigue moldeándose durante la vida, dándose su más intenso crecimiento en la infancia. Los niños nacen con muchas más neuronas de las que retendrá su cerebro maduro. Por obra de un proceso conocido como ‘poda’, el cerebro en realidad pierde las ligaciones interneuronales menos usadas y forma otras, fuertes, en los circuitos sinápticos más utilizados... El proceso es constante y rápido; se forman ligaciones sinápticas en cuestión de horas o de días... todo aprendizaje implica en el cerebro el fortalecimiento de una ligación sináptica... La experiencia, sobre todo en la infancia, esculpe el cerebro. (GOLEMAN, 1996: 239 y 243) (La cursiva es mía.) Así, la educación que recibe el individuo en los primeros años de su vida, hasta la época en que se da el tránsito de la pubertad a la adolescencia, es crítica, fundamental, y quizá la más importante de todo su ciclo vital, porque en ella fija, con carácter permanente, sus principales referentes, incluso los de tipo ético y estético. Es importante mencionar que el acto de educar tiene un carácter integral, Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 en el sentido de que responde tanto a procesos internos de la persona (autoeducación), como a procesos externos (heteroeducación) derivados de la interacción con el medio, en especial con los otros seres humanos6. Esta particularidad de los primeros años del desarrollo del individuo tiene que ver con las denominadas ‘ventanas de oportunidad’. Es a partir de la constatación de que el sentido de la visión depende de conexiones hechas hasta los dos años de edad, y que los circuitos del lenguaje se consolidan hasta un máximo de diez años, que se juzgó lícito suponer que otras facultades podrían también tener ventanas de oportunidad que, debidamente aprovechadas, llevarían al desarrollo de adultos con determinadas capacidades. En la revista National Geographic, el neurobiólogo Gerald Edelman, del Instituto de Neurociencias de La Jolla, en California, Estados Unidos, comparó esa situación a una especie de lucha por la sobrevivencia de las neuronas. Si son usadas y tienen éxito, se fijan como instrumentos del pensamiento. Si se las mantienen en estado inerte, es como si murieran. (...) La revista Newsweek usa una imagen que puede parecer asustadora, pero que refleja bien lo que los científicos están diciendo: cada velita de cumpleaños que un niño sopla, es como si él estuviera cerrando ventanas de oportunidad, que jamás serán abiertas una segunda vez. Esta hipótesis antigua parecía tan seductora que múltiples centros de investigación se lanzaron a su explotación. Confirmado. Musicalidad, raciocinio lógico-matemático, inteligencia espacial, capacidades relativas al movimiento del cuerpo, entre otras, dependen de circuitos que son conectados ya en la primera infancia, época en que el niño aprende a aprender. El tiempo es esencial. “No se puede ultrapasar la edad de maduración cerebral”, afirma el neuropediatra Mauro Muszkat, profesor de la Universidad Federal de São Paulo. Imágenes tomográficas de cerebros de niños desde el nacimiento hasta los doce meses de vida muestran ese esfuerzo emocionante que los niños hacen para madurar. Desde el nacimiento, la masa encefálica va acelerando su nivel metabólico y se intensifica la actividad mental. Sin embargo, las mismas imágenes, tomadas en un adulto de veintiocho años, muestran que el tiempo juega en contra. El dinamo cerebral de un niño de un año tiene más carga que el de un adulto, aunque él aún no consiga balbucear “papá” y “mamá”, mientras que el adulto se deleita con alta literatura7. Se podría afirmar que la información que recibe el individuo durante el período crítico – es decir cuando está en plena formación su sistema nervioso central Este concepto se corresponde, además, con las dos raíces latinas del término educación: “educare que significa criar, alimentar, nutrir, y educere que equivale a ‘sacar de’, extraer. A partir de educare, la educación sería instrucción, información, poner todo desde afuera... educere consistiría en actualizar lo que potencialmente está en el ser humano”. (MARTÍNEZ, 1998) 6 E C C O S R E V. C I E N T. A construção do cérebro, Veja, São Paulo, 20 mar. 1996; Mentes (Carla Gullo y Cláudia Pinho), IstoÉ, São Paulo, 20 mar. 1996. 7 n. 1 v. 3 jun. 2001 67 Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 68 y se encuentran abiertas las ventanas de oportunidad –, no sólo se convierte en conocimiento, sino en verdaderas pautas de comportamiento, que condicionarán de manera muy fuerte e intensa la conducta de ese individuo para toda la vida. Las cuestiones relacionadas con la herencia cultural y con las ventanas de oportunidad, constituyen hechos de especial importancia e interés para la comprensión cabal del desarrollo del ser humano, y tienen enormes implicaciones en todos los campos de acción del individuo. A la luz de esa realidad resulta estremecedor constatar que el mayor porcentaje de los mensajes que recibe hoy una persona a través de los medios de comunicación masiva, en especial el cine y la televisión, son violentos, y que, como lo podemos verificar cotidianamente, ello incluye a la gran mayoría de las series “infantiles”; por lo que no es difícil concluir que esa infame, absurda, enorme e imparable carga de violencia y agresividad que reciben nuestros niños a toda hora, estaría creando una verdadera cultura de violencia, de lucha individualista por la sobrevivencia y de competencia desleal en todos los campos. La consecuencia inevitable de este fenómeno es la reiterada y generalizada violación de derechos humanos en todos los ámbitos de la sociedad planetaria, la impunidad, y el acostumbramiento (mejor llamado quizá indiferencia) ante esos hechos por parte de amplios segmentos de la colectividad. Surgen espontáneamente por lo menos dos preguntas: Si las generaciones que están actualmente en el poder, no sólo no han podido lograr la paz mundial y garantizar para todos una calidad de vida mínima compatible con la dignidad humana; sino que han permitido que en sus manos el mundo se convierta en el campo de batalla que hoy es; ¿qué futuro le espera al planeta cuando sus dirigentes sean los niños que hoy estamos formando como elementos idóneos para dar respuestas eficaces y eficientes a estímulos de violencia y alienación? Y, ¿qué hacer, entonces, frente a semejante situación? En las actuales circunstancias pretender eliminar la alienación resultaría poco menos que imposible, como igual lo sería el intentar sustraer a los niños y jóvenes de los ambientes donde se da esa especie de contaminación o polución informativa, lo cual sólo podría lograrse convirtiéndolos a todos en ermitaños. Quizá la única alternativa válida de acción que queda es la lucha tenaz por el logro de cambios estructurales en el sistema educativo y por su permanente desarrollo cualitativo y cuantitativo. De esta manera lo que se busca es que los niños tengan una formación Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 que les permita enfrentar crítica y constructivamente la avalancha de desinformación y antivalores que reciben diariamente. (JIMÉNEZ BARROS, 1992) Frente a este panorama, presentado deliberadamente en forma un poco dramática en los párrafos anteriores, pero no por ello deformado o exagerado, existe no un rayo sino un verdadero chorro de luz esperanzadora. Se trata de la posibilidad de que el ser humano, al protagonizar los diversos eventos negativos ya mencionados varias veces (violencia, alienación, corrupción, etc.) quizá esté obrando en contra de sus verdaderas inclinaciones naturales. Que la moral, la justicia social y, consecuentemente, la convivencia pacífica entre las personas, tienen una base psiconeurológica y, por tanto, caracterizan una propensión natural del ser humano, que posteriormente se desvirtúa por distorsiones de orden cultural; y, que esta base psiconeurológica constituye un fenómeno que es a la vez causa y efecto en el establecimiento de las pautas de comportamiento y la construcción de la estructura cognoscitiva del individuo y, consecuentemente, ya en el plano sociocultural, del desarrollo del conocimiento. Con la finalidad de determinar la validez de la proposición “existe una propensión de los seres humanos, que tiene una base psiconeurológica, a una convivencia pacífica con sus semejantes”, se efectuó una comprobación por medio de los recursos analíticos de la lógica proposicional. A estos efectos se realizó el desglose (en ‘sentencias atómicas’) y la comprobación del camino crítico de la proposición, compuesto por las siguientes sentencias: a) el cerebro humano evoluciona hacia el ‘cerebro trino’; b) el cerebro pensante se desarrolló a partir de las emociones; hubo un cerebro emocional mucho antes de uno racional; c) el sistema emocional puede actuar de modo independiente del cognitivo y determina hasta dónde podemos usar bien cualquier otra aptitud que tengamos, incluyendo el intelecto propiamente dicho; d) la empatía es un hecho biológico; y, e) las raíces de la moralidad se encuentran en la empatía. La conclusión a la que se llegó por medio del ejercicio fue la siguiente: La proposición respecto de que “la propensión de los seres humanos a una convivencia pacífica con sus semejantes tiene una base psiconeurológica”, es verdadera en una mayoría absoluta de las hipótesis. O, en otras palabras, que es altamente improbable, en términos cualitativos y cuantitativos (estadísticos, probabilísticos), que la proposición sea falsa. Además, considerando como verdaderas las proposiciones asumidas como falsas por razones metodológicas, pero que es altamente E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 69 Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 improbable que sean falsas, entonces la proposición central resulta verdadera, prácticamente en la totalidad de las hipótesis.8 El ejercicio completo de aplicación de la lógica proposicional para efectuar la demostración aludida se encuentra en JIMÉNEZ BARROS, “Desarrollo, Globalización e Integración” (cf. nota 1). 8 E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 70 En síntesis, la búsqueda de la justicia, de la paz, del respeto pleno y generalizado de los derechos humanos, del compromiso con el desarrollo en función del bien común, y la identificación de los instrumentos necesarios para lograr dicho cometido, puede enfocarse, no como el resultado de un complicado proceso de toma de decisiones y aplicación de medidas, sino como la consecuencia necesaria del establecimiento y depuración de los canales necesarios para el desarrollo de las potencialidades naturales del ser humano. Esta constatación es en extremo alentadora pues nos muestra que lograr y mantener la paz, la armonía, la justicia social y demás condiciones esenciales del desarrollo integralmente concebido, no implica ir en contra de una tendencia natural de los seres humanos. De lo contrario, sustentar una situación de esas requeriría una acción permanente de represión y control, que en el fondo plantearía una contradicción con algunos de los valores cuya vigencia buscamos. El papel de la educación y de la comunicación en la promoción del desarrollo En el logro de la plena realización del ser humano en función de sus tendencias naturales hacia el bien común, le cabe un rol preponderante a la educación, la cual, entendida en su sentido más amplio – formal, no formal, escolarizada y no escolarizada –, abarca lo referente al papel de los medios de comunicación masiva. Esto porque si bien tradicionalmente se ha dicho que la función de los medios de comunicación es educar, informar y divertir o recrear, de hecho, las acciones de informar y divertir o recrear son también actos educativos. Si toda obra es función del instrumento con que es realizada, el individuo como tal debe tener la oportunidad de perfeccionarse progresivamente, muy especialmente en las fases tempranas de la vida, en las cuales se conforman, en muchos casos con carácter irreversible, no solamente elementos básicos de la personalidad, sino también la estructura cerebral que, según fue analizado en los capítulos pre- Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 cedentes, se adapta fisiológicamente a los estímulos externos que recibe, incluso los de índole cultural. Ante el hecho incuestionable de que el planeta Tierra es un ecosistema cerrado, cuyos recursos naturales son limitados y finitos, el mantenimiento del equilibrio población-recursos-producción y la equidad en la distribución de la riqueza y de la propiedad de los medios de producción, son prerrequisitos básicos e indispensables para poder pensar en un modelo sostenido de desarrollo mundial a largo plazo, con justicia social, paz y libertad. Tanto la toma de conciencia respecto de ello, como las necesarias actitud y aptitud mentales y espirituales para lograr un compromiso colectivo frente a este reto, son labores que corresponden fundamentalmente a la educación, entendida, como ya fue dicho, en un sentido amplio, el cual abarca la labor informativa en general, en cualquier medio que sea. El concepto de educación que se propone, responde a las propuestas del Informe a la Unesco de la Comisión Internacional sobre Educación para el Siglo XXI, que constituye en la actualidad uno de los referentes más importantes sobre la materia en todo el planeta. Entre los asuntos que dicho documento aborda, interesa destacar los que se refieren a las tensiones que se deben superar, a los pilares de la educación y a la educación durante toda la vida. Las tensiones que han de superarse a través del proceso son las siguientes: entre lo mundial y lo local; entre tradición y modernidad; entre el largo plazo y el corto plazo; entre la indispensable competencia y la preocupación por la igualdad de oportunidades; entre el extraordinario desarrollo de los conocimientos y las capacidades de asimilación del ser humano; entre lo espiritual y lo material. Los ‘cuatro pilares de la educación’ (cuya explicación y análisis constituyen parte de la esencia de ese documento) son: aprender a conocer; aprender a hacer; aprender a vivir juntos, aprender a vivir con los demás; y, aprender a ser. La educación durante toda la vida, supone una reconsideración del concepto de educación permanente, porque además de las necesarias adaptaciones relacionadas con las mutaciones de la vida profesional, la educación para toda la vida debe propiciar una estructuración continua del individuo, de su conocimiento y sus aptitudes, pero también de su facultad de juicio y acción. Para el logro de estos propósitos es imprescindible, entre otras medidas, que se ponga en vigencia el concepto de ‘desarme educativo’, según el cual los enormes recursos que se destinan a la producción y comercialización de armamento y los E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 71 Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 E C C O S R E V. C I E N T. n. 1 v. 3 jun. 2001 72 gastos militares en general, deberían ser reorientados hacia la educación. (ESCOTET, 1989: 16) Se impone entonces el urgente diseño y aplicación de políticas en las cuales, sin descuidar las acciones orientadas directamente a la superación del problema del hambre y la pobreza, se haga un énfasis especial en la transformación profunda de los sistemas educativos, en sus orientaciones, métodos y contenidos. De lo contrario, mientras en el mundo continúe existiendo y consolidándose la dicotomía opulencia-miseria; mientras las ansias compulsivas de acumulación de unos pocos se sigan satisfaciendo a costa de quien sea y de lo que sea; mientras se sigan impulsando sistemas que estimulen un consumismo exacerbado y alienante y la lucha deslealmente competitiva e individualista por la supervivencia; y, en síntesis, mientras no se modifiquen profundamente los valores de la humanidad y la práctica de los mismos – buscando una estructura basada en los principios de la justicia, la fraternidad, la igualdad de oportunidades y el imperio del derecho y la libertad, en plena democracia –, la superación del hambre y de la pobreza seguirá siendo una simple quimera, una fantasía, a cuyo despecho los seres humanos continuaremos pensando que nos rigen las mismas leyes que al resto de los animales, basadas en la supremacía del más fuerte, y actuando en consecuencia. Debe quedar claro, entonces, que cuando hablamos de educación, no estamos refiriéndonos a la simple instrucción o a la transmisión de información o, en el mejor de los casos, de conocimiento, educación ésta que se mide con indicadores tradicionales como alfabetismo y analfabetismo, tasa de escolarización y otros, respecto de los cuales los países del ‘Tercer Mundo’, ‘subdesarrollados’ o en ‘vías de desarrollo’, acusan una situación bastante precaria. Nos estamos refiriendo a una educación integral; a una educación para el cambio, para el nuevo paradigma y no para la reproducción acrítica e interesada de la ideología del sistema; se trata básicamente de una educación en valores, la cual se hace igualmente necesaria, o más, en los países del ‘Primer Mundo’ o ‘industrializados’, que en buena parte son los generadores de una ciencia y una tecnología que, siendo un recurso maravilloso para el desarrollo y el progreso, están sirviendo más a la muerte y a la destrucción, que a la vida y a la paz. En síntesis y como muy elocuentemente lo expresa la Constitución de la Unesco: Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres que deben construirse los baluartes de la paz. Desarrollo, cultura e identidad en América Latina EccoS Rev. Cient., UNINOVE, São Paulo: (n. 1, v. 3): 57-74 ABSTRACT: The author understands culture as more than a result of economic development; he argues that development, itself, is both a fact and a cultural product, based on his wide range concept of culture. According to the text, approaches willing to reduce definitions of development to its economic, social, or any other restrict aspect, only misunderstand the real concept and engender serious mistakes on Government’s action. Moreover, the text states that far from population explosion and absence of resources, problems of social injustice, poverty, social exclusion, disrespect of human rights and aggressions on the environment are basically consequences of the absence of universal ethical values, which is, for sure, a matter that belongs to the field of culture. In this context, education and communication as center places of generation and transmission of values, have on its responsibility the duty of stimulate the change of a world where violence, consumerism, unfair competition and the individualistic fight for survival prevail, to a new planetary society, fair, with solidarity, fraternal, democratic and free. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS CABRERA, HASHIM IB RAHIM . ARAB ISM O Y P OSM ODERNIDAD. Verde Islam, n. 1, verano 1995. Versión de Internet: http://www.verdeislam.com/VI_108.htm Comisión para el esclarecimiento histórico de las violaciones a los derechos humanos y los hechos de violencia que han causado sufrimiento a la población guatemalteca (CEH). Informe – Guatemala: Memoria del Silencio. Versión de Internet: http://hrdata.aaas.org/ceh/mds/spanish/mandato/m1.html Dél eon Mel éndez, Ofelia C. Identidad cultural, artes y artesanías populares y el proceso de globalización económica. Biblioteca Virtual. 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