1 Universidad Pedro Ruiz Gallo FILOSOFÍA CLÁSICA CON SU VIGENCIA EN LA ERA INDUSTRIAL Y POSTINDUSTRIAL Asignatura: - Pensamiento Filosófico Autores: - Ccahuana Irigoin Angel - Sernaqué Valdiviezo Jordan - Tocto Quesquén Angel - Vásquez Benavides Cristopher Profesor: - Walter Miranda Vílchez CHICLAYO-PERÚ-06/05/25 2 ÍNDICE Introducción: ................................................................................................................................. 3 Contenido: .................................................................................................................................. 7 Legado y vigencia de la filosofía clásica. ................................................................................. 7 1.3 Permanencia de principios como el logos, la eudaimonía y el ethos. ............................. 12 La filosofía clásica en la era industrial. ................................................................................. 17 Vigencia en la era postindustrial y digital............................................................................. 26 El pensamiento clásico como guía para la ciudadanía crítica y ética. ................................ 27 Estudios de caso y aplicaciones actuales. ............................................................................. 28 Comparación entre teorías antiguas y marcos éticos modernos. ....................................... 28 Filosofía perenne y pensamiento crítico contemporáneo..................................................... 29 Vigencia en la era postindustrial y digital ......................................................................... 29 -Estudios de caso y aplicaciones actuales .......................................................................... 31 Conclusiones ................................................................................................................................ 34 Referencias:.............................................................................................................................. 35 ÍNDICE DE TABLAS Tabla 2.2: Aplicación de principios clásicos a la ética industrial ........................................... 21 Tabla 3.3: Relectura de la filosofía clásica frente a desafíos actuales .................................... 27 Tabla 3.4: Comparación entre teorías antiguas y marcos éticos modernos .......................... 28 3 ÍNDICE DE FIGURAS [Imagen 1.2] ............................................................................................................12 [Imagen 1.3] ............................................................................................................15 [Imagen 1.4] ............................................................................................................17 [Imagen 2.1] ............................................................................................................19 [Imagen 2.2] ............................................................................................................21 [Imagen 2.3] ............................................................................................................23 [Imagen 2.4] ............................................................................................................25 [ Imagen 5.1] ...........................................................................................................30 [Imagen 5.2] ............................................................................................................31 [Imagen 5.3] ............................................................................................................32 Introducción: La filosofía clásica, nacida en la antigua Grecia con pensadores como Sócrates, Platón y Aristóteles, no solo sentó las bases del pensamiento occidental, sino que también ha demostrado una sorprendente vigencia a lo largo de los siglos. Incluso en la era industrial y postindustrial, donde la tecnología y la productividad parecen dominar nuestra vida hoy en día, las preguntas esenciales sobre la verdad, la justicia, la ética y la naturaleza humana siguen siendo muy importantes. En medio de máquinas, algoritmos y automatización, los principios filosóficos 4 clásicos ofrecen una dirección para reflexionar sobre el sentido de nuestras acciones, los fines de nuestro progreso y el valor de lo humano en un mundo cada vez más mecanizado. Los objetivos que obtendremos en esta monografía son: - Reconocer la influencia de la filosofía clásica en el pensamiento actual: Comprender cómo las ideas de los filósofos antiguos siguen siendo una base sólida para analizar los desafíos éticos, sociales y existenciales del mundo moderno. - Relacionar los principios filosóficos con los cambios tecnológicos y sociales: Analizar cómo conceptos como la virtud, la razón o la justicia siguen siendo relevantes en contextos como la automatización, el trabajo industrial y la inteligencia artificial. - Fomentar una reflexión crítica sobre el progreso: Evaluar si el desarrollo tecnológico e industrial ha ido acompañado de un verdadero avance humano y moral, o si ha dejado de lado valores esenciales propuestos por la filosofía clásica. - Aplicar el pensamiento filosófico a los dilemas contemporáneos: Usar las enseñanzas de Sócrates, Platón, Aristóteles y otros para pensar críticamente sobre temas como el sentido del trabajo, el consumo, la alienación o la sostenibilidad. - Valorar la permanencia del pensamiento filosófico a lo largo del tiempo: Reflexionar sobre por qué, a pesar del paso de los siglos y de los cambios radicales en la sociedad, las preguntas fundamentales que plantea la filosofía clásica siguen sin perder vigencia. Elegimos este tema porque me parece fundamental reconocer que, aunque vivimos en una época dominada por la tecnología, la producción en masa y la inteligencia artificial, seguimos enfrentando preguntas esenciales sobre el sentido de la vida, el bien común, la justicia y la naturaleza humana. La filosofía clásica nos ofrece herramientas profundas para pensar críticamente sobre estos temas y no dejarnos llevar solo por el ritmo acelerado del progreso 5 material. Reflexionar sobre su vigencia en la era industrial y postindustrial nos ayuda a mantener una mirada más humana, consciente y ética frente a los cambios del mundo moderno. Los capítulos que abordaremos en este tema serán los siguientes: - Legado y vigencia de la filosofía clásica El impacto de la filosofía clásica en el pensamiento occidental. Transmisión del pensamiento clásico en la Edad Media y la Modernidad. Permanencia de principios como el logos, la eudaimonía, el ethos. Relecturas contemporáneas de autores clásicos. - La filosofía clásica en la era industrial El surgimiento de la Revolución Industrial: contexto histórico y social. Aplicación de principios clásicos a la ética del trabajo y la técnica. Contraste entre progreso técnico y sabiduría moral. Influencia en el pensamiento social (Smith, Marx y otros influenciados por Aristóteles). - Vigencia en la era postindustrial y digital Características de la era postindustrial: globalización, automatización, digitalización. Nuevos dilemas éticos: inteligencia artificial, biotecnología, sostenibilidad. Relectura de la filosofía clásica frente a desafíos actuales. El pensamiento clásico como guía para la ciudadanía crítica y ética. - Estudios de caso y aplicaciones actuales Casos donde se aplican principios clásicos hoy: educación, ética empresarial, política pública. Comparación entre teorías antiguas y marcos éticos modernos. 6 Filosofía perenne y pensamiento crítico contemporáneo. Los métodos utilizados para esta monografía fueron: Método histórico-crítico y método hermenéutico; y las técnicas fueron: Análisis documental y análisis temático. Una de las principales limitaciones encontradas durante el desarrollo de este trabajo fue la dificultad para acceder a información clara, precisa y actualizada sobre el tema, lo que exigió una búsqueda minuciosa y prolongada de fuentes para la investigación . Muchas veces, los datos disponibles eran contradictorios, incompletos o carecían de respaldo académico confiable, lo que hizo necesario un proceso cuidadoso de selección y validación de la información, limitando así la rapidez y facilidad la redacción monográfica. Las conclusión final que se rescata de esta monografía es la siguiente: “Aunque muchos piensan que la filosofía clásica es solo cosa del pasado, yo creo que sigue teniendo muchísimo que decirnos hoy. Vivimos rodeados de tecnología, máquinas inteligentes y cambios constantes, pero las preguntas que se hacían Sócrates, Platón y Aristóteles siguen siendo igual de importantes: ¿qué significa vivir bien?, ¿cómo usamos el progreso sin perder de vista los valores?, ¿qué tipo de sociedad queremos construir? Los principios que ellos defendían, como el logos (esa forma de razonar con orden), la eudaimonía (la idea de una vida plena) y el ethos (el carácter moral), siguen siendo herramientas útiles para entender lo que estamos viviendo. En la era industrial, ayudaron a pensar en la dignidad del trabajo y a cuestionar la explotación. Hoy, nos sirven para reflexionar sobre la ética en la inteligencia artificial, la protección del medio ambiente o la justicia social. Y es que, a veces, da la sensación de que la tecnología avanza más rápido de lo que podemos procesar. Ahí es donde la filosofía clásica se vuelve clave: nos ayuda a no perdernos, a pensar con 7 calma, a ir más allá de lo superficial. Nos recuerda que no se trata solo de hacer cosas nuevas, sino de preguntarnos por qué y para qué las hacemos. Recuperar ese pensamiento no es quedarnos atrapados en el pasado. Al contrario, es una forma de construir un futuro más humano, donde la técnica esté al servicio de las personas y no al revés. Porque si perdemos el rumbo ético, el progreso deja de tener sentido. En resumen, la filosofía clásica sigue siendo una especie de faro. Nos da luz para pensar en los desafíos de hoy, con valores que van más allá de lo material y que nos ayudan a no olvidar lo esencial de ser humanos.” Contenido: - Legado y vigencia de la filosofía clásica. El impacto de la filosofía clásica en el pensamiento occidental. La filosofía clásica griega encabezada por Sócrates, Platón y Aristóteles constituye el cimiento de las estructuras conceptuales que aún sostienen gran parte del pensamiento occidental. Desde la definición de la ética como reflexión sobre el “bien” hasta el establecimiento de la lógica como método riguroso de análisis, estos pensadores fijaron categorías cuyo desarrollo posterior atravesó la Edad Media, el Renacimiento y la Modernidad, transformándose en disciplinas académicas autónomas. 8 En primer lugar, Sócrates (470–399 a. C.) inauguró el diálogo filosófico como método de investigación: su mayéutica consistía en interrogar sistemáticamente a sus interlocutores hasta mostrar la insuficiencia de sus creencias (Platón, 1997). Este proceder dialógico marcó el nacimiento de la autocrítica reflexiva, un hábito que caracteriza aún la filosofía y las humanidades en Occidente. La importancia de este método radica en que desplazó el saber de una simple acumulación de relatos tradicionales hacia una búsqueda activa de definiciones universales, sentando las bases del pensamiento científico y jurídico posteriores (Vlastos, 1991). Platón (427–347 a. C.), discípulo de Sócrates, profundizó esta exploración ontológica y epistemológica en su teoría de las Ideas. Para Platón, la realidad sensible es una copia imperfecta de un mundo inteligible donde las Formas o Ideas universales constituyen el verdadero ser (Platón, 2004). Esta dualidad inspiró la separación medieval entre res y verba —es decir, la distinción entre la realidad extralingüística y los conceptos que la describen— y alimentó la reflexión sobre la relación entre lenguaje, pensamiento y realidad que recorre toda la filosofía moderna (Burckhardt, 1990). Aristóteles (384–322 a. C.), por su parte, rechazó la rigidez de la dicotomía platónica para proponer una visión más empírica: las sustancias individuales son el punto de partida para conocer los universales mediante la abstracción (Aristóteles, 2009). Además, sistematizó la primera lógica formal —el Organon— definiendo silogismos y reglas para inferir conclusiones válidas (Smith, 2008). Este aporte se mantuvo como texto de referencia en las universidades medievales hasta bien entrado el Renacimiento, cuando la lógica aristotélica fue cuestionada y enriquecida por inventos como el cálculo infinitesimal y los métodos empíricos de Galileo y Bacon (Aquinas, 1947) 9 De manera fundamental, Aristóteles también desarrolló una ética teleológica en la Ética a Nicómaco: la virtud (areté) se define como un punto medio (mesótes) entre dos extremos viciosos, y la finalidad última del ser humano es alcanzar la eudaimonía, entendida como florecimiento pleno de sus capacidades (Aristóteles, 2009). Esta propuesta teleológica perduró en la escolástica, sobre todo en Tomás de Aquino, quien integró la noción de finalidad aristotélica con la teología cristiana —una síntesis que fornó el pensamiento moral europeo durante siglos (Aquinas, 1947) En la Modernidad, Descartes retomó la duda metódica socrática para sentar los fundamentos del racionalismo: la certeza indubitable del “pienso, luego existo” yace en la misma tradición de búsqueda de claridad y distinción que caracteriza desde Sócrates la investigación filosófica (Kant,1998). Kant, a su vez, empleó categorías aristotélicas —como sustancia y causalidad— para describir las condiciones universales de posibilidad del conocimiento humano, articulando una síntesis crítica que influyó enormemente en la epistemología contemporánea (Kant 1998,). El impacto de la filosofía clásica no solo se refleja en la teoría; también permeó la práctica política y jurídica. La idea platónica de la “ciudad justa” en La República inspiró las primeras concepciones de contrato social, mientras que la noción aristotélica de ser humano como “animal político” legitimó la cohesión entre individuo y comunidad en el pensamiento romano y cristiano medieval (Burckhardt, 1990). Estos conceptos reemergieron en la Modernidad con Hobbes, Locke y Rousseau, quienes discutieron las bases del Estado, los derechos naturales y la soberanía popular —todos ellos debates que hunden sus raíces en la filosofía clásica (Dunn, 1977). En el terreno de la ciencia, la lógica aristotélica y la ética socrática contribuyeron a forjar la actitud crítica indispensable para el método científico. Galileo, Newton y otros pioneros 10 sencillamente dieron por sentado el manejo sistemático de hipótesis y demostraciones, un legado intelectual que deriva de manera directa de la veneración clásica por la razón ordenada (Jones, 1990). Finalmente, en la filosofía contemporánea, autores como Martha Nussbaum reivindican la ética de la virtud aristotélica como fundamento de la justicia global, mientras que John Waldron rescata el republicanismo cívico de Aristóteles para robustecer la teoría democrática (Waldron, 2002). Esto evidencia que los principios clásicos siguen vivos: no funcionan como meras reliquias arqueológicas, sino como herramientas conceptuales que nutren el debate sobre desigualdad, derechos humanos y sostenibilidad en pleno siglo XXI La transmisión de la filosofía clásica desde la Antigüedad hasta el mundo moderno se fracturó en dos grandes oleadas: primero, en la Baja Edad Media, a través del mundo islámico; y luego, durante el Renacimiento y la Modernidad, vía el Humanismo y la Reforma científica. Ambas etapas no solo conservaron los textos, sino que reinterpretaron los principios clásicos para adecuarlos a los retos teológicos, políticos y epistemológicos de cada época. En los siglos XI y XII, Bagdad se convirtió en un centro intelectual clave donde traductores como Hunayn ibn Ishaq vertieron al árabe las obras de Aristóteles, Platón y numerosos neoplatónicos. Estas versiones fueron estudiadas en madrasas y luego, a través de Toledo y otras sedes hispánicas, traducidas al latín por figuras como Gerardo de Cremona y Guillermo de Moerbeke (Aguirre, 2010). Gracias a estos esfuerzos, el “Organon” aristotélico fue incorporado al currículo de la naciente Universidad de París y Oxford, donde san Alberto Magno y santo Tomás de Aquino iniciaron la síntesis tomista. Tomás articuló la metafísica aristotélica con la doctrina 11 cristiana, defendiendo que la razón humana puede conocer verdades naturales que complementan la revelación divina (Aquinas, 1947). El auge del escolasticismo no implicó una mera repetición de los clásicos, sino un diálogo creativo. Duns Scoto y Guillermo de Ockham cuestionaron la universalidad de las categorías aristotélicas, lo que preparó el terreno para la crítica renacentista (Marenbon, 2007). Incluso la noción platónica de Bien supremo fue reinterpretada bajo perspectivas mesiánicas, como muestra la obra de Juan Escoto Erígena (c. 800), que fusionó neoplatonismo y cristianismo para proponer una cosmología jerárquica basada en la participación de todas las criaturas en el Uno divino (Erígena, 1987). La segunda gran oleada tuvo lugar desde el siglo XV, cuando el humanismo impulsó el retorno a los manuscritos griegos originales —el ad fontes — y criticó las versiones escolásticas por excesivamente prosaicas (Burckhardt, 1990). Lorenzo Valla, con su Annotationes in Novum Testamentum, puso de relieve los errores de traducción y estilo en los textos latinos medievales, sentando las bases para ediciones críticas de Platón y Aristóteles. Esta filología renovada alimentó una revitalización de las ideas clásicas: la dignitas hominis platónica reforzó el concepto de derechos naturales que emergería en el siglo XVII. Ya en el siglo XVII, la herencia clásica se reconfiguró de modo decisivo. René Descartes retomó la mayéutica socrática transformándola en duda metódica, buscando un punto de certeza indubitable en el cogito (Descartes,1996). Posteriormente, Spinoza y Leibniz integraron nociones aristotélicas de causa y sustancia para articular sistemas monistas y racionalistas, mientras que los empiristas ingleses (Locke, Berkeley y Hume) refutaron el realismo platónico, aunque mantuvieron la lógica aristotélica como herramienta de análisis 12 Durante la Ilustración, Kant emprendió la reconciliación crítica de dos tradiciones clásicas: la racionalista y la empirista. En la Crítica de la razón pura, Kant adopta la estructura lógica de Aristóteles para explicar cómo las condiciones a priori del entendimiento configuran toda experiencia, mientras que la idea platónica de Una Moral Universal subyace en su ética deontológica. Así, el proyecto ilustrado no separó el legado clásico de la renovación científica; al contrario, lo usó como fundamento para construir un sistema de pensamiento autónomo y secular. xx[Imagen 1.2] . 1.3 Permanencia de principios como el logos, la eudaimonía y el ethos. La riqueza conceptual de la filosofía clásica reside en unos pocos términos que han sobrevivido intactos a más de dos milenios de transformaciones culturales. Tres de ellos —logos, eudaimonía y ethos— no solo conservan su sentido originario, sino que han ganado nuevas dimensiones en contextos muy diversos. 13 En primer lugar, el logos (λόγος) griego designaba originalmente el orden racional que estructura el cosmos, la facultad discursiva humana y, finalmente, la ley moral universal. Para Heráclito, el logos era el fuego eterno que asegura la unidad de lo cambiante (Graham, 2019). Sócrates y Platón lo trasladaron al ámbito ético: dialogar bajo el logos implica exponer las propias creencias a examen crítico, buscando la coherencia interna y la verdad objetiva (Platón, 2004). En la Edad Media, el logos aristotélico inspiró la «ratio» escolástica como facultad de ordenación del conocimiento, y en la Modernidad dio lugar tanto a la lógica simbólica (Boole, siglo XIX) como a la retórica moderna en ciencias de la comunicación (Vlastos, 1991). Hoy, además, se habla de “logística” en ingeniería y administración como el arte de organizar procesos complejos de manera racional, y de “logoanalysis” en informática como la capacidad de los sistemas de IA para procesar lenguaje natural de manera coherente (Boddington, 2017). El segundo principio, la eudaimonía (εὐδαιμονία), suele traducirse erróneamente como “felicidad” en sentido hedonista, cuando en Aristóteles significa la realización plena de las potencialidades éticas e intelectuales a lo largo de toda la vida (Aristóteles, 2009). Esta concepción exige cultivar hábitos virtuosos —areté— que moderen nuestros deseos y orienten nuestras acciones hacia fines auténticos. En la ética contemporánea, Anscombe (1958) rescató la eudaimonía como fundamento de la ética de la virtud, y Martha Nussbaum elaboró una teoría del “capability approach” que la vincula con el desarrollo de capacidades básicas para una vida digna y plena (Nussbaum, 2011). Asimismo, en psicología positiva se investiga cómo comunidades y políticas públicas pueden fomentar entornos que faciliten la eudaimonía, midiendo no solo ingresos, sino también indicadores como la salud mental, la participación cívica y el sentido de propósito (Sen, 1999). 14 El tercer elemento es el ethos (ἦθος), que en los griegos aludía al carácter moral de la persona o a las costumbres de una comunidad. En la Retórica, Aristóteles lo postuló como uno de los elementos de persuasión junto con el logos y el pathos, subrayando que la credibilidad del orador depende de su reputación y rectitud (Aristóteles, 2009). En la Edad Media el concepto se adaptó a la “mores” latinos —usos y modos de vida— y en la Modernidad reapareció en sociología para describir la cultura corporativa y organizacional. Alasdair MacIntyre (1981) revaloró el ethos al criticar el individualismo liberal: sin un trasfondo comunitario de costumbres compartidas, las virtudes carecen de marco de aplicación y se dispersan en actos aislados. En las últimas décadas, estudios de “corporate ethos” han demostrado que las empresas con un ethos sólido —valores claros, misión compartida, responsabilidad social— tienden a generar mayor compromiso interno y legitimidad externa (Porter & Kramer, 2011). Estos tres principios coexisten y se retroalimentan: Integración de logos y ethos: En la gobernanza contemporánea, la adopción de algoritmos de IA para la toma de decisiones públicas plantea la necesidad de auditar no solo su capacidad lógica sino también su alineación con un ethos de transparencia y rendición de cuentas (Boddington, 2017). Vinculación de la eudaimonía con sostenibilidad: Políticas de desarrollo sostenible extraen de la eudaimonía la idea de que el progreso debe garantizar el florecimiento humano presente y futuro, armonizando crecimiento económico, justicia social y cuidado ambiental (Nussbaum, 2011). Reinvención del ethos en comunidades digitales: En las redes sociales y plataformas colaborativas, surge un nuevo ethos compartido (por ejemplo, “netiquette” o códigos de conducta en línea) que refleja la adaptación de antiguas nociones de costumbre a espacios virtuales globalizados (DiSalvo, 2012). 15 [Imagen 1.3] Autor desconocido. (s. f.). El paso de mito a logos [Mapa mental]. Ilustración inédita Con ello, se ve que estos conceptos no son meros vestigios históricos, sino herramientas analíticas y normativas que siguen dialogando con los desafíos del mundo contemporáneo. Las Relecturas contemporáneas de autores clásicos En el panorama filosófico del siglo XX y lo que va del XXI, los pensadores han vuelto a los clásicos para reinterpretarlos frente a crisis políticas, sociales y existenciales. Estas relecturas no explicitan solo un retorno arqueológico, sino un diálogo vivo que reflexiona sobre la democracia, la justicia global, los derechos humanos y la responsabilidad ecológica. Uno de los ejemplos más influyentes es Leo Strauss, quien en obras como Persecution and the Art of Writing (1952) reivindica la lectura esotérica de Platón. Strauss sostiene que los grandes autores clásicos escondían mensajes “entre líneas” para evitar la persecución política, de modo que el lector debe aprender a descifrar la enseñanza oculta tras el texto aparente (Strauss, 16 1952). Este método ha generado un debate intenso: mientras algunos valoran el redescubrimiento del “mensaje verdadero” de los clásicos, otros critican la subjetividad que introduce el lector contemporáneo en la interpretación (Dillon, 2001). Martha Nussbaum ha dado nueva vida a la ética aristotélica, defendiendo que la eudaimonía debe entenderse como la base de la justicia social y del cuidado de los más vulnerables. En Cultivating Humanity (1997) y Frontiers of Justice (2006), Nussbaum argumenta que las capacidades aristotélicas —como la razón práctica, la imaginación y las relaciones afectivas— son esenciales para diseñar políticas de bienestar inclusivas y equitativas (Nussbaum, 2006). Su capabilities approach ha influido directamente en informes de desarrollo humano de la ONU y en la formulación de índices de calidad de vida que trascienden el PIB (Nussbaum, 2006). En el ámbito del derecho y la teoría política, Jeremy Waldron defiende que la noción aristotélica de “animal político” puede legitimar un republicanismo cívico que potencie la deliberación pública y la participación ciudadana. En Law and Disagreement (1999), Waldron explora cómo la democracia deliberativa debe construirse sobre respetos mutuos y debate argumentativo, eco claro de la polis griega como espacio de discurso igualitario (Waldron,2002). Asimismo, su trabajo sobre la regla de derecho rescata la universalidad platónica de la ley como instrumento que trasciende los intereses particulares (Waldron, 2002). En la filosofía continental, Hannah Arendt retomó la figura de Sócrates para afrontar la crisis de la modernidad. En La vida del espíritu (1978), Arendt rescata el valor del pensamiento como actividad libre y auto-reflexiva, esencial para evitar la “banalidad del mal” que caracterizó los totalitarismos del siglo XX (Arendt, 1978, pp. 50–56). Para Arendt, la conversación socrática 17 y la virtud cívica constituyen la mejor garantía contra la alienación política y la tecnocracia deshumanizante. [Imagen 1.4] Collage con portadas de obras de Strauss (1952), Nussbaum (2006), Waldron (2002) y Arendt (1978). Nussbaum, M. C. (1997). Cultivating Humanity: A classical defense of reform in liberal education [Portada del libro]. Harvard University Press. Estas relecturas comparten un rasgo común: no buscan venerar a los clásicos desde la nostalgia, sino dialogar con ellos para dotar de legitimidad teórica y profundidad ética a debates contemporáneos. Así, la antigüedad se convierte en interlocutora activa de problemas globales como la desigualdad, la crisis ecológica, la gobernanza democrática y los derechos humanos universales. - La filosofía clásica en la era industrial. El surgimiento de la Revolución Industrial. A finales del siglo XVIII, Europa Occidental vivió un cambio trascendental: la Revolución Industrial. En Gran Bretaña, la combinación de recursos minerales (carbón y hierro), la mejora de la agricultura y el crecimiento demográfico 18 crearon las condiciones para la mecanización de la producción (Ashton, 1997). La invención de la máquina de vapor por James Watt en 1769 permitió distribuir energía de manera eficiente, desplazando el trabajo artesanal y rural hacia grandes fábricas situadas en centros urbanos (Mokyr, 1999). Este proceso de industrialización no fue solo tecnológico, sino también social. La emigración masiva del campo a la ciudad transformó poblaciones agrícolas en obreros fabriles, generando barrios densamente poblados y frecuentemente insalubres. Las jornadas laborales superaban las 12 horas y las condiciones de trabajo ponían en riesgo la salud, lo que despertó las primeras reflexiones críticas sobre la dignidad del obrero (Thompson, 1963, pp. 89–93). Por ejemplo, la filosofía clásica recordaba que la finalidad del trabajo debe estar al servicio del florecimiento humano (eudaimonía) y no reducir a los seres humanos a meros instrumentos de producción En el plano económico y político, surgieron nuevos actores: los capitalistas fabriles y los sindicatos incipientes. Adam Smith, influido por la ética platónica de la justicia distributiva, postuló en 1776 que el mercado libre regulado por una “mano invisible” podría armonizar intereses individuales y bien común, siempre que existieran institucionalidades sólidas (Smith,2008). Sin embargo, la concentración de capital y la desigualdad creciente impulsaron críticas de corte aristotélico: según Illich (1973), la técnica sin límites éticos conduce a una “violencia institucional” que destruye la autonomía humana en favor de la acumulación material La Revolución Industrial también redefinió el espacio y el tiempo: el ferrocarril y los canales facilitaron el transporte de mercancías y personas, acelerando la circulación de ideas y productos a escala continental (Schivelbusch, 1977). Este “tiempo mecánico” se contraponía al 19 ritmo natural de la vida agraria y remite al concepto aristotélico de physis, la naturaleza como medida de las cosas, frente a una técnica que impone su propio crono cuantitativo (Tönnies, 2001). En síntesis, la Revolución Industrial emergió de una compleja interacción entre avances tecnológicos, transformaciones demográficas y reconfiguración de las relaciones económicas y políticas. Si bien potenció el crecimiento material, sus consecuencias sociales plantearon serias preguntas éticas: ¿hasta qué punto la técnica debe subordinarse a la razón moral (logos) y al bienestar humano (eudaimonía)? Esta tensión clásica entre fin y medio sigue vigentes al analizar los retos de la industria contemporánea y la automatización robotizada. [Imagen 2.1] Tingle, J. (s. f.). Telares mecánicos en una fábrica textil [Fotografía]. En La industria textil en la Revolución Industrial británica. World History Encyclopedia La aplicación de principios clásicos de la ética del trabajo y la técnica . La ética del trabajo moderna bebe directamente de las reflexiones aristotélicas sobre la virtud y el término medio (mesótes). Aristóteles sostenía que la excelencia moral se sitúa entre dos extremos viciosos: el defecto y el exceso. Aplicado al entorno industrial, este marco insta a buscar una jornada laboral que ni explote al trabajador ni lo deje infraempleado, promoviendo un equilibrio entre eficiencia 20 productiva y bienestar humano. La práctica de jornadas de ocho horas, impulsada a fines del siglo XIX por movimientos obreros, refleja esta intención de mesura: ni la sobreexplotación decimonónica, ni la inactividad absoluta (Thompson, 1963). Por su parte, el concepto platónico de justicia distributiva —presentado en La República como la armonía de las partes de un todo (Platón, 2004)— guía la idea moderna de responsabilidad social empresarial. Según Platón, cada individuo realiza su función de manera óptima cuando sus capacidades coinciden con su rol en la polis; de manera análoga, hoy se sostiene que las empresas deben distribuir beneficios de manera equitativa entre trabajadores, comunidad y accionistas, evitando una acumulación desbalanceada que socave el tejido social (Porter & Kramer, 2011). La distinción aristotélica entre potencia y acto —capacidad latente versus realización efectiva— también orienta la valoración de la innovación tecnológica. La potencia de una máquina radica en su potencial para transformar materiales; su acto, en su implementación responsable y ética. Cuando un ingeniero diseña un prototipo, no basta con garantizar su viabilidad técnica: debe prever sus impactos sociales y ambientales, asumiendo que la técnica es un medio al servicio de fines humanos, no un fin en sí mismo (Illich, 1973). Finalmente, la noción aristotélica de eudaimonía inspira los programas contemporáneos de bienestar y formación continua. Estos buscan no solo mejorar la productividad, sino elevar la calidad de vida de los empleados, entendiendo que su florecimiento personal redunda en un mejor desempeño colectivo (Nussbaum, 2011). Sin embargo, críticos apuntan que, en ocasiones, estos programas pueden instrumentalizar la idea de felicidad para maximizar horas de trabajo, desviándose de la visión originaria de un bien humano pleno (Sen, 1999). 21 Tabla 2.2: Aplicación de principios clásicos a la ética industrial Concepto Clásico Aplicación Industrial Comentario Crítico Mesótes (justo Jornada laboral equilibrada Refleja mesura aristotélica, pero aún enfrenta medio) (8 h/día) resistencias en sectores con picos de demanda. Justicia distributiva Políticas de responsabilidad Promueve equidad, aunque muchas veces se queda social empresarial (RSE) en iniciativas voluntaristas y simbólicas. Evaluación de impactos Enfatiza responsabilidad, pero carece de Potencia–acto sociales en innovación mecanismos efectivos de auditoría y rendición de tecnológica cuentas. Eudaimonía Programas de bienestar Intención virtuosa, pero a veces instrumentalizada laboral y formación para aumentar productividad sin atender verdaderas continua necesidades personales del trabajador. [Imagen 2.2] Tocto Quesquén, A. (2025). Ética de la virtud aplicada al entorno fabril [Imagen generada por IA]. Comunicación persona 22 El contraste entre progreso técnico y sabiduría moral. La Revolución Industrial evidenció que el avance tecnológico por sí solo no garantiza un florecimiento humano ni una sociedad justa. En el siglo XIX, el filósofo y crítico social John Stuart Mill advirtió que el simple crecimiento material podría dejar de lado la calidad de vida interior: sin un criterio ético que oriente la técnica, corremos el riesgo de perder de vista la felicidad auténtica (eudaimonía) que Aristóteles describió como realización plena de nuestras capacidades (Mill, 2006). Los ludditas, obreros ingleses que en 1811–1816 destruyeron maquinaria en protesta por la deshumanización del trabajo, encarnaron una resistencia protoaristotélica: rechazaban que el progreso mecánico se impusiera sobre la dignidad humana, recordando la idea de que la técnica debe servir al ser humano y no convertirlo en mero instrumento (Jones, 1990). Para estos obreros, el empleo de telares automáticos no solo amenazaba su sustento, sino que atentaba contra el sentido de comunidad y de oficio artesanal que confería significado a la vida cotidiana. Ivan Illich, en Tools for Conviviality (1973), retoma esta crítica al argumento de que la tecnología desbocada provoca “violencia institucional” al subordinarnos a ritmos y estructuras ajenas a la naturaleza humana (Illich, 1973). Illich propone recuperar el carácter “convivial” de las herramientas: diseñar máquinas que empoderen al usuario y fomenten relaciones sociales, en lugar de generar dependencia técnica y aislamiento. Este planteamiento retoma el logos clásico en su sentido de organización racional al servicio del bien común, y el ethos comunitario griego que subraya la dimensión social de cualquier actividad. Por otra parte, la filosofía de la técnica contemporánea, representada por Martin Heidegger, cuestiona la “enmarcamiento” (Gestell) de la realidad: bajo la mirada de la técnica, todo se 23 convierte en “recurso” y pierde su esencia propia (Heidegger, 1977). Este diagnostico recuerda la crítica platónica a la copia imperfecta: así como el mundo sensible se aleja del mundo de las Ideas, la técnica moderna aleja la experiencia humana de su condición auténtica. Heidegger insta a reflexionar sobre los fines profundos de la tecnología, recordando la urgencia de un saber moral que limite su aplicación ciega. Este contraste entre progreso técnico y sabiduría moral sigue hoy vigente en debates sobre inteligencia artificial y biotecnología. Por ejemplo, la implementación de sistemas automatizados en fábricas inteligentes plantea preguntas sobre la autonomía del obrero y los posibles sesgos éticos en algoritmos de gestión de personal (Boddington, 2017). Así, la lección clásica es clara: sin un logos normativo y un ethos de responsabilidad, el simple desarrollo tecnológico puede acentuar desigualdades y erosionar el tejido social. [Imagen 2.3] Evans, M. (2019, 13 de mayo). Telares mecánicos en una fábrica textil [Fotografía]. Historia National Geographic 24 La influencia en el pensamiento social. La filosofía clásica no solo nutrió las reflexiones éticas e individuales, sino que se proyectó sobre las teorías económicas y políticas que surgieron durante y después de la Revolución Industrial. Dos figuras clave, Adam Smith y Karl Marx, dialogaron con ideas aristotélicas para articular sus propias visiones del orden social. Adam Smith (1723–1790) retoma de Aristóteles la distinción entre riqueza como mera acumulación de bienes y riqueza entendida como capacidad para vivir bien. En The Wealth of Nations (1776/2008), Smith introduce la “mano invisible” para describir cómo las acciones individuales, guiadas por intereses propios, pueden confluir en un orden espontáneo que beneficia al conjunto de la sociedad (Smith, 2008). Aunque a menudo se interpreta como un elogio irrestricto del mercado libre, Smith advierte que solo instituciones con sentido de justicia (una forma de ethos comunitario) evitan abusos y desigualdades excesivas. Este eco aristotélico de la justicia distributiva subraya que el mercado no funciona de manera autónoma: necesita un marco ético y jurídico para alcanzar el bien común. Karl Marx (1818–1883), por su parte, se inspira en la crítica socrática al poder y en la concepción aristotélica de la praxis para denunciar la alienación del trabajador. En los Manuscritos de 1844 (Marx, 1844/1975), Marx describe cómo la división del trabajo en la fábrica convierte al obrero en mero “apéndice” de la máquina, negándole la posibilidad de realización personal (eudaimonía) y deteriorando su carácter (ethos) (Marx, 1975). Al concebir la historia como proceso teleológico —un desarrollo de las fuerzas productivas hacia formas más libres de organización social— Marx retoma la teleología aristotélica, pero la traslada de la ética individual a la transformación colectiva de las estructuras económicas. 25 Más allá de Smith y Marx, pensadores como Antonio Gramsci y Max Weber incorporaron nociones clásicas en sus análisis. Gramsci (1971) usa el concepto aristotélico de “hegemonía” para explicar cómo las clases dominantes consiguen consenso mediante instituciones culturales y educativas, no solo por coerción (Gramsci, 1971) emprende un estudio de la racionalización de la sociedad —la “desencantamiento” moderno— recuperando la preocupación platónica por la tensión entre técnica y valores superiores (Weber, 1978). Así, la filosofía clásica atraviesa el pensamiento social moderno como un sustrato viviente: alimenta teorías económicas, críticas sociales y análisis políticos que buscan equilibrar la libertad individual, la justicia distributiva y el florecimiento humano en un mundo industrial y postindustrial. [Imagen 2.4] Tocto Quesquén, A. (2025). Retratos de Adam Smith y Karl Marx superpuestos a un fondo de fábricas y mercados [Imagen generada por IA]. Comunicación personal 26 3. Vigencia en la era postindustrial y digital. Características de la era postindustrial: globalización, automatización, digitalización.La era postindustrial —también llamada sociedad de la información o del conocimiento— es el resultado de un cambio estructural en la economía y la cultura tras la Revolución Industrial. Daniel Bell (1973) definió este momento como el paso de una economía basada en la producción de bienes a una basada en los servicios, la tecnología y la innovación. Principales características: Globalización: interconexión de mercados, culturas y conocimientos a escala planetaria, generando oportunidades y también desigualdades. Automatización: sustitución de labores humanas por máquinas inteligentes, especialmente en sectores industriales y de servicios. Digitalización: transformación de procesos humanos y sociales mediante herramientas digitales (redes sociales, big data, IoT, etc.).“El conocimiento teórico se convierte en la fuente principal de innovación y formulación de políticas” (Bell, 1973, p. 15).Este contexto plantea nuevos escenarios para la reflexión filosófica, donde los problemas no son sólo técnicos, sino profundamente éticos, sociales y humanos. Nuevos dilemas éticos: inteligencia artificial, biotecnología, sostenibilidad.El avance acelerado de la tecnología ha traído consigo dilemas éticos inéditos, que requieren herramientas conceptuales sólidas para su análisis. Aquí es donde la filosofía clásica ofrece una base racional, universal y crítica para abordar estos desafíos.Inteligencia Artificial (IA)¿Puede una IA tomar decisiones morales?, ¿Tiene responsabilidad una máquina autónoma?, ¿Cómo afecta la IA a la libertad humana?“El hombre es causa de sus actos en tanto que posee razón y voluntad” (Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro III). La distinción entre el agente moral (humano) y el instrumento (IA) nos remite a las reflexiones aristotélicas sobre la intencionalidad, la 27 responsabilidad y la deliberación.Biotecnología ¿Es ético modificar genéticamente al ser humano? ¿Dónde trazar los límites entre curar y perfeccionar?. Los antiguos ya reflexionaban sobre los límites naturales del ser humano. Hipócrates hablaba de “no hacer daño” (primum non nocere), y Platón advertía sobre el peligro de manipular la naturaleza sin comprender sus leyes. Sostenibilidad ¿Qué responsabilidad tenemos hacia el medio ambiente? ¿Puede la ética antigua guiarnos en la crisis ecológica?. El estoicismo, con su énfasis en vivir de acuerdo con la naturaleza (secundum naturam), ofrece hoy una visión útil para promover la sostenibilidad como un deber racional y moral. Relectura de la filosofía clásica frente a desafíos actuales. La relectura de la filosofía clásica no implica copiar ciegamente sus ideas, sino reinterpretarlas a la luz de los problemas del presente. Algunos ejemplos relevantes: Desafío Actual Autor Clásico Aporte Filosófico Manipulación digital Sócrates Mayéutica y pensamiento crítico Éxito a toda costa Aristóteles Virtudes como medida del buen vivir Tecnología sin límites Platón La idea del Bien como límite ético Alienación por IA Séneca Control de las pasiones y autoconsciencia “El fin último de la vida humana no es el placer, sino la virtud” (Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro X). Estas ideas siguen siendo actuales al recordarnos que la sabiduría ética no depende del tiempo, sino del ser humano mismo. El pensamiento clásico como guía para la ciudadanía crítica y ética. Hoy más que nunca se necesita una ciudadanía reflexiva, ética y crítica. La educación basada en valores clásicos puede: Combatir la posverdad y la manipulación mediática, fortalecer el juicio 28 moral frente a dilemas complejos, fomentar la responsabilidad colectiva.“El objetivo de la política es la formación del carácter virtuoso en los ciudadanos” (Aristóteles, Política, Libro VII). Las ideas clásicas pueden inspirar a los ciudadanos actuales a actuar con justicia, templanza y prudencia frente a los desafíos del siglo XXI. 4. Estudios de caso y aplicaciones actuales. Casos donde se aplican principios clásicos hoy: educación, ética empresarial, política pública. Educación El método socrático, basado en preguntas y diálogo, es la base de prácticas modernas como: Aprendizaje basado en problemas (ABP), Debates éticos en aulas universitarias, Formación en pensamiento crítico “Sólo sé que nada sé” (Sócrates). Esta actitud de humildad intelectual es clave para aprender en la era digital. Ética empresarial Las virtudes aristotélicas como la prudencia, la equidad y la justicia inspiran: Códigos de conducta empresarial, Programas de RSE (Responsabilidad Social Empresarial), Evaluación ética de algoritmos de IA.“Toda acción voluntaria debe buscar el bien propio y el bien común” (Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro II). Políticas públicas La noción del bien común de Platón y Aristóteles se refleja en políticas de: Regulación de la inteligencia artificial, Bioética en salud pública, Programas de desarrollo sostenible 4.2 Comparación entre teorías antiguas y marcos éticos modernos. Teoría Antigua Autor Teoría Moderna Relacionada Autor Virtud Aristóteles Ética del cuidado Carol Gilligan Bien común Platón Justicia distributiva John Rawls Deber universal Estoicos Imperativo categórico Immanuel Kant Sabiduría práctica (phronesis) Aristóteles Ética de la responsabilidad Hans Jonas 29 Esto muestra una continuidad crítica entre lo clásico y lo moderno. La filosofía clásica no está obsoleta, sino que actúa como base de muchas ideas actuales. Filosofía perenne y pensamiento crítico contemporáneo. La filosofía perenne es el conjunto de principios éticos y espirituales que se repiten a lo largo de la historia en distintas culturas. Esta idea, retomada por Aldous Huxley (1945), sostiene que la búsqueda del bien, la verdad y la virtud es universal.Hoy, frente al relativismo posmoderno, la filosofía perenne: Ofrece estabilidad moral, Fortalece el pensamiento crítico, Une tradición y actualidad. Vigencia en la era postindustrial y digital La era postindustrial o del conocimiento representa un cambio radical en la estructura económica y cultural global. A diferencia del modelo industrial tradicional, ahora el foco está en los servicios, la innovación tecnológica y la circulación del conocimiento. Daniel Bell (1973) ya señalaba que “el conocimiento teórico se convierte en la fuente principal de innovación”, anticipando el escenario actual. Este contexto se caracteriza por fenómenos como la globalización, la automatización y la digitalización. La globalización ha generado un mundo más interconectado pero también más desigual. Las tecnologías digitales han intensificado el flujo de información y, a la vez, los desafíos sociales. En esta imagen se puede observar cómo estos procesos están interrelacionados 30 en la llamada sociedad del conocimiento, donde la educación, la economía y la cultura se transforman continuamente: [ Imagen 5.1] Por su parte, la automatización ha reducido la participación humana en muchas tareas, especialmente en el ámbito de la industria, y la digitalización ha modificado incluso nuestras relaciones personales. Este nuevo panorama exige que los ingenieros no solo dominen la técnica, sino también reflexionen sobre sus implicancias éticas. Frente a estos avances, surgen dilemas contemporáneos como el uso de la inteligencia artificial (IA): ¿puede una máquina tomar decisiones morales? Aristóteles sostenía que el ser humano, al poseer razón y voluntad, es el único agente moral. Este principio nos obliga a distinguir entre quien actúa moralmente (el humano) y la herramienta (la IA). A su vez, el desarrollo de la biotecnología plantea interrogantes éticos: ¿es correcto modificar genéticamente al ser humano? Ya Hipócrates advertía que el primer principio de la medicina era “no hacer daño”. 31 También la sostenibilidad ha pasado a primer plano. La filosofía estoica, que promovía vivir de acuerdo con la naturaleza, puede ayudar a replantear la relación entre desarrollo tecnológico y responsabilidad ambiental. En este sentido, la filosofía clásica no ha perdido vigencia. Al contrario, permite analizar con profundidad los dilemas de hoy. Un ejemplo claro de cómo estas reflexiones pueden aplicarse en la actualidad lo vemos en el uso del método socrático en entornos educativos y profesionales. En la siguiente imagen se representa cómo el diálogo reflexivo permite cuestionar y entender fenómenos tecnológicos en contextos complejos: [Imagen 5.2] Así, conceptos como la virtud (Aristóteles), el bien común (Platón) o el control racional de las pasiones (Séneca) ofrecen fundamentos sólidos para una ciudadanía crítica, que no solo domina herramientas digitales, sino que también se orienta por principios éticos. - Estudios de caso y aplicaciones actuales 32 La vigencia del pensamiento clásico se hace aún más visible cuando se observan sus aplicaciones en contextos reales. En educación, por ejemplo, el método socrático —basado en el diálogo, la duda y la reflexión— ha sido incorporado en estrategias como el aprendizaje basado en problemas (ABP) o los debates éticos universitarios. Esta práctica estimula el pensamiento crítico y forma ingenieros capaces de tomar decisiones responsables, más allá del tecnicismo puro. La siguiente imagen ilustra cómo, en un contexto formativo, se promueve la reflexión colaborativa en lugar de la memorización, retomando la tradición filosófica del cuestionamiento como camino al conocimiento: [Imagen 5.3] Del mismo modo, en el mundo empresarial, conceptos como la prudencia, la equidad o la justicia inspiran códigos de ética corporativa y sistemas de responsabilidad social empresarial (RSE). La ética aristotélica sigue siendo una herramienta vigente para equilibrar el beneficio económico con el bien común. Además, la evaluación ética de algoritmos de IA —tanto en ingeniería de software como en gestión de datos— incorpora principios clásicos al momento de decidir qué es 33 justo o correcto implementar. Esta filosofía también influye en la elaboración de políticas públicas. Las ideas del bien común de Platón y Aristóteles se traducen en regulaciones sobre inteligencia artificial, bioética o sostenibilidad ambiental. De hecho, hay una continuidad evidente entre la filosofía clásica y las teorías modernas, como la justicia distributiva de Rawls o la ética del cuidado de Gilligan. La siguiente imagen resume cómo la ética clásica y moderna se integran en la toma de decisiones públicas y privadas, reforzando la necesidad de una ciudadanía crítica y moralmente activa: [Imagen 5.4] Frente al relativismo posmoderno y los desafíos globales, la filosofía perenne —aquella que recoge principios éticos universales a lo largo de la historia— ofrece una base firme. Como dijo Cicerón, “la filosofía es medicina del alma”, y hoy más que nunca, en la era de la automatización y la IA, necesitamos fortalecer esa alma crítica y racional. 34 Conclusiones 1. La filosofía clásica no ha perdido vigencia, al contrario, es más necesaria que nunca. Aunque muchos piensan que la filosofía antigua solo sirve para entender el pasado, en realidad sigue siendo una guía útil para pensar el presente. Vivimos en una época donde la tecnología avanza rapidísimo, donde todo es automatizado y muchas veces no nos detenemos a pensar en el “para qué” de tanto progreso. En este contexto, ideas como el logos (razonar con orden), la eudaimonía (una vida plena) y el ethos (el carácter moral) nos ayudan a no perdernos, a no vivir solo por inercia. Nos hacen reflexionar sobre cómo vivimos, qué decisiones tomamos, y si realmente estamos avanzando como seres humanos o solo como productores y consumidores. 2. La filosofía antigua todavía tiene respuestas para los problemas de hoy. Algo que me sorprendió al hacer esta monografía fue ver cómo Sócrates, Aristóteles o Platón, sin haber conocido celulares ni computadoras, ya pensaban en temas que hoy discutimos con otras palabras. Por ejemplo, la ética en la inteligencia artificial, el respeto por la naturaleza o los límites del poder. Ellos no hablaban de robots ni de redes sociales, pero sí nos enseñaron a pensar críticamente, a buscar el equilibrio y a actuar con responsabilidad. Releer a los clásicos no es cosa de museos: es como tener una conversación con alguien sabio que te ayuda a ver más claro en medio del ruido moderno. 3. Los principios clásicos se siguen aplicando en la educación, en la política y hasta en las empresas. No se trata solo de teoría. El método socrático de hacer preguntas y dialogar se usa hoy en aulas 35 universitarias, en debates, incluso en estrategias para enseñar a pensar mejor. Las virtudes de Aristóteles, como la prudencia, la justicia o el equilibrio, están presentes en muchas políticas de responsabilidad social empresarial. Y el concepto de bien común, que ya estaba en Platón y Aristóteles, es base para decisiones públicas que buscan regular la IA, proteger el ambiente o garantizar una vida digna. O sea, lo clásico no está muerto; está metido en muchas cosas que usamos o decidimos hoy. 4. Recuperar el pensamiento clásico puede ayudarnos a ser ciudadanos más críticos y más humanos. En un mundo donde todo pasa tan rápido y donde es fácil caer en la desinformación, la superficialidad o el individualismo, la filosofía clásica nos recuerda que pensar bien es vivir bien. Nos da herramientas para no aceptar cualquier cosa sin cuestionarla, para formar nuestro propio criterio y para actuar con ética. Hoy más que nunca, necesitamos personas que sepan distinguir lo correcto de lo fácil, que se preocupen por los demás y que usen la razón para construir algo mejor. Y eso, justamente, es lo que buscaban Sócrates, Platón y Aristóteles: formar personas capaces de pensar y vivir con sabiduría. Referencias: Aguirre, M. (2010). La traducción en la Edad Media: de Bagdad a Toledo. Ediciones Traditio. Anscombe, G. E. M. (1958). Modern moral philosophy. Philosophy, 33(124), 1–19. Aquinas, T. (1947). 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