ATLAS DE PATOLOGIA ANAL CLINICA Y TERAPEUTICA. Dr. Ricardo Misa y colaboradores. UNIDAD DE COLOPROCTOLOGIA Clínica Quirúrgica “1” Prof. Dra. S. Boudrandi PROLOGO Cuando el autor me pidió que escribiera un prólogo para este libro me pareció que no sería la persona más indicada, pues me costaría lograr la objetividad en mi opinión. Replanteándome este conflicto llegué a una conclusión justamente opuesta a la inicial, pues mi conocimiento del trabajo del Dr. Ricardo Misa me permite valorar el esfuerzo que conlleva la concreción de esta obra. El Dr. Misa desde hace muchos años ha dedicado mucho de su tiempo libre, y el de su familia, para formarse en la coloproctología aún antes de que esta fuera aceptada como una subespecialidad de la cirugía general. Esta formación lograda en nuestro medio y en el exterior ha llevado a que su experiencia hoy, a pesar de su juventud, sea motivo de respeto y consulta de muchos de nosotros. La coloproctología abarca muchos aspectos, en este libro se ha elegido la patología anal, quizá “la cenicienta” de la especialidad, hasta que quien la menosprecia sufre un absceso perianal o una fisura o una trombosis hemorroidaria. Y, es en este momento, en que queremos que nos asista un especialista en coloproctología. Actualmente el desarrollo tecnológico y farmacológico, avanza a un ritmo vertiginoso y es imposible mantenernos actualizados en todos los aspectos de la cirugía general, de manera de estar seguros que estamos ofreciendo a nuestros pacientes la mejor opción diagnóstica y terapéutica. La complejidad de la anatomía, fisología y patología ano-rectal hacen indiscutible, al menos desde mi visión, que donde más influye el “efecto cirujano” para lograr los mejores resultados, es en los procedimientos quirúrgicos practicados en esta topografía. Un tratamiento no exitoso, puede llevar al paciente al calvario de la incontinencia, o la recidiva y cronicidad de los procesos. Este libro tiene varias fortalezas, su diseño pensado para la docencia, la prolijidad de la presentación, el estilo sencillo y práctico, exponer sobre casi todos los aspectos del tema. Pero quiero destacar fundamentalmente dos; en primer término la generosidad del autor al hacer participar de esta tarea a muchos compañeros del Servicio conduciéndolos en la experiencia y dándole forma a sus participaciones y en segundo término la profusa documentación fotográfica de pacientes exclusivamente tratados por los autores; salvo contadas excepciones, no encontrarán en esta obra fotos cedidas por otros colegas y ninguna de la web Desde hace ya tres años en la “Clínica Quirúrgica 1”, que dirige la Profesora Sonia Boudrandi, hemos elegido el camino del trabajo en seccionales. La Seccional de Coloproctología que dirige el Dr. Ricardo Misa, toma la experiencia previa de trabajo, la solidifica, y le da un marco que nos ha permitido crecer y mejorar. Convencidos que la repetición de un procedimiento, lleva al camino de la excelencia, concentramos los pacientes en pocas manos y estas se hacen más hábiles. Ha sido para mí un honor, supervisar o mejor acompañar este emprendimiento verificando el desarrollo de los procesos que han permitido alcanzar metas, siendo este libro una de ellas. Tomando lo del principio, haber participado en la gestación de este libro, observando el entusiasmo del autor y sus colaboradores, me permite augurar el éxito a este emprendimiento que se verificará en el beneficio hacia los lectores. Estoy convencido que será de suma utilidad para estudiantes, residentes y cirujanos en general que deseen compartir la experiencia y ahondar conocimientos en esta área. Dr. Daniel Montano Prof. Agdo. Clínica Quirúrgica “1” ATLAS DE PATOLOGIA ANAL Descripción de capítulos y autores. 1) Anatomía del ano y la región perianal G Armand Ugon: M. Volpi; R. Misa 2) Algunas apreciaciones sobre la semiologia anal. R. MIsa; G. Armand Ugon; M. Laurini 3) Preparación del campo quirúrgico F. Madrid; N. Ramos; R, Misa 4) Fisura anal F. Madrid; D. Lapiedra; R. Misa 5) Enfermedad hemorroidaria. Formas de presentación crónica. R. Gonzalez; S. Rodríguez; R. Misa 6) Patología hemorroidaria aguda R Gonzalez; F Pinato; R. Misa 7) Absceso perianal D. Lapiedra; G. Meyer; R. Misa 8) Fistulas perianales A. Castillo; G. Rodríguez; C. Viñoles; R. Misa 9) Quiste pilonidal y fístula coxigea I. Almeida; A. Castro; R. Misa 10) Manifestaciones anales de ETS R. Misa; D. Lapiedra; G. Santos 11) Lesiones ulceradas del margen anal R. Misa; F. Madrid; P. Cantileno. 12) HPV y Condilomas D. Lapiedra, M. Uturburu; R. Misa 13) Cáncer de ano. Visión del Cirujano A Castillo; G. Gayo; M. Laurini. 14) Cáncer in situ. Cáncer invasor. El patólogo frente a los procesos neoplásicos del ano. A. Vilas 15) Traumatismo ano-perineal. M. Laurini; F. Madrid; E. Voliovici. Indice de abreviaturas AAP AIN AINES DGHAL ELI EP ETS FAC FCC GIST H&Ε HIV HPV H‐SIL L‐SIL RNM RSC SIDA TAC AMPUTACION ABDOMINOPERINEAL NEOPLASIA INTRAEPITELIAL ANAL ANITINFLAMATORIOS NO ESTEROIDEOS LIGADURA DE ARTERIA HEMORROIDAL GUIADA POR DOPPLER ESFINTEROTOMIA LATERAL INTERNA ENFERMEDAD PILONIDAL ENFERMEDAD DE TRANSMISION SEXUAL FISURA ANAL CRONICA FIBROCOLONOSCOPIA TUMOR ESTROMAL GASTROINTESTINAL HEMATOXILINA Y EOSINA VIRUS DE INMUNODEFICIENCIA HUMANA VIRUS DE PAPILOMA HUMANO LESION INTRAEPITELIAL ESCAMOSA DE ALTO GRADO LESION INTRAEPITELIAL ESCAMOSA DE ALTO GRADO RESONANCIA NUCLEAR MAGNETICA RECTO SIGMOIDOSCOPIA SINDROME DE INMUNODEFICIENCIA ADQUIRIDA TOMOGRAFIA AXIAL COMPUTADA Conflicto de interés Los autores manifiestan que no existe conflicto de interés. ANATOMÍA DEL ANO Y LA REGIÓN PERIANAL Dr. Gustavo Armand Ugon; Dr. Mauricio Volpi; Dr Ricardo Misa Esquema del capítulo: 1) Introducción y alcance del tema 2) Pelvis 3) Diafragma pelviperineal A) Piso de la pelvis B) Periné a. Periné urogenital b. Periné anal 4) Conducto anal A) Definición y generalidades B) Descripción del conducto anal a. Ano b. Límites del conducto anal c. Medios de fijación del conducto anal d. Configuración interna del conducto anal e. Estructura C) Aparato esfinteriano del ano D) Espacios celulosos en relación con el conducto anal a. Fosa isquiorrectal y espacio retro esfinteriano. b. Espacio perianal c. Espacio submucoso d. Espacio pelvi rectal e. Espacio inter esfinteriano E) Relaciones del conducto anal F) Vascularización del conducto anal a. Arterias b. Venas c. linfáticos G) Inervación del conducto anal H) Bloqueo del nervio rectal inferior I) Anatomía funcional 5) Bibliografía 6) Agradecimientos 1) Introducción y alcance del tema El ano, al igual que la región perianal, son asiento de diversas patologías, que constituyen un motivo frecuente de consulta y de dudas en la práctica clínica diaria. Muchas de esas dudas son consecuencia de la imprecisión y/o el desconocimiento de la compleja anatomía ano perineal. El conocimiento anatómico es uno de los pilares de la práctica quirúrgica y ha evolucionado junto con esta. El sólido conocimiento anatómico le otorga al cirujano la seguridad en su práctica -tanto diagnóstica como terapéutica-. Creemos necesario presentar algunas generalidades de la pelvis y del diafragma pelviperineal antes de dedicarnos a la anatomía del ano y la región perianal. Generalidades cuyo conocimiento permitirá una mejor comprensión del tema que desarrollaremos. 2) Pelvis La pelvis puede definirse como el conjunto de estructuras óseas y partes blandas que conforman la más inferior de las 3 cavidades del tronco, está enmarcada por los 2 huesos coxales (por delante y a los lados) y el sacro-coxis (por detrás), conformando un anillo osteofibroso completo. Estas piezas óseas están sólidamente unidas por las articulaciones sacro ilíacas y del pubis y los ligamentos sacro ciáticos mayor y menor. (1) Clásicamente al anillo óseo de la pelvis se le describen 2 caras, una exopelviana y otra endopelviana. La cara endopelviana brinda la superficie de inserción a las diferentes formaciones músculo aponeuróticas que conforman el diafragma pelviperineal, que más adelante describiremos. (2) (3) (4) La cavidad pelviana se divide en 2 sectores diferentes; pelvis mayor y pelvis menor. La línea, que por convención los divide -estrecho superior de la pelvis-, está tendida entre el borde superior del pubis y el promontorio -articulación lumbosacra- pasando por la espina del pubis, la cresta pectínea, línea innominada, la articulación sacro ilíaca, el borde anterior del alerón sacro. (3) (4) (1) Las paredes internas de la pelvis menor están tapizadas por los músculos obturador interno y piramidal de la pelvis. El músculo obturador interno participa tanto en la constitución del continente pelviano como del perineal. La aponeurosis del músculo obturador interno constituye uno de los puntos de inserción del músculo elevador del ano que, junto con el músculo isquiocoxígeo, conforman el piso de la pelvis. Todos los músculos mencionados son pares y de tipo esquelético. (3) Fig II, III, VI, XVII, XVIII La pelvis menor contiene la porción más distal del aparato digestivo, los genitales internos, y la porción más distal del aparato urinario, dispuestos de atrás a adelante en ese orden conformando el mediastino pélvico. (3) (1) 3) Diafragma pelviperineal El diafragma pelviperineal reúne anatómica y funcionalmente a las diferentes formaciones músculo aponeuróticas que conforman el piso pelviano y el periné propiamente dicho. (2) (3) (7) El piso pelviano -o “diafragma pelviano”- está constituido, como ya mencionamos, por los músculos elevadores del ano y los isquiocoxígeos. El piso pelviano constituye, como veremos, el límite profundo del periné plano superior piso pelviano plano inferior periné propiamente dicho diafragma pelviperineal El periné se define como el conjunto de partes blandas que cierran por debajo al anillo pelviano a nivel del estrecho inferior de la pelvis y se disponen alrededor de la porción terminal de los aparatos urinario, genital y digestivo que lo atraviesan- vinculándolos a las paredes de la pelvis menor. (4) (2) (6) (7) Cabe recordar que el estrecho inferior de la pelvis corresponde, por convención, a la línea tendida entre el borde inferior de la sínfisis pubiana y el vértice del coxis, pasando por el borde inferior del pubis y de la rama isquiopubiana, la tuberosidad isquiática -límite lateral del periné- y el borde inferior del ligamento sacro ciático mayor. El estrecho inferior de la pelvis presenta forma romboidal, a eje mayor ánteroposterior. (1) (3) (5) (6) (7) Fig I Desde un punto de vista topográfico, funcional y quirúrgico, el conjunto de formaciones músculo-aponeuróticas que conforman el diafragma pelviperineal se disponen en 2 planos: • Un plano superior; el diafragma pelviano, que corresponde a las formaciones músculo-aponeuróticas que condicionan la oclusión de la cavidad pelviana. Fig II • Un plano inferior, el periné propiamente dicho, formado por los elementos musculares, fibrosos y elásticos que, situados por debajo del diafragma pelviano, se disponen alrededor de los orificios uretral, vaginal y anal. Fig V A) Piso de la pelvis, diafragma pelviano músculos elevadores del ano piso de la pelvis músculos isquiocoxígeos Es una formación músculo tendinosa, infundibuliforme, tendida transversalmente en la pelvis menor a la que divide en dos pisos: uno superior o pelviano y otro inferior o perineal. (2) (4) (7) (11) Fig II, III, V Está constituido por los músculos elevador del ano y coccígeo -o isquiocoxígeo- cubiertos por la aponeurosis pelviana superior. A estos músculos se suman otros, accesorios -como el recto-coccígeo- así como formaciones ligamentosas y tendinosas que colaboran en su función. El diafragma pelviano presenta en su parte media y posterior el hiato anal y en su parte media y anterior la hendidura urogenital atravesada por la uretra en el hombre, y por la uretra y la vagina en la mujer. En cuanto a los músculos elevadores del ano señalaremos algunos detalles: (1) (2) (3) (4) (8) Los fascículos mediales o superiores o “puborrectales” del músculo elevador del ano rodean completamente al conducto anal y por fuera de éstos se disponen los fascículos laterales o inferiores. Se disponen formando una doble herradura, los superiores pasan por detrás del canal anal y se reflejan hacia adelante, hacia el pubis, los inferiores pasan por la cara anterior del canal anal y vuelven a fijarse en el coxis. Cabe recordar que los fascículos mediales o superiores o “puborrectales” del músculo elevador del ano limitan el ojal del diafragma pélvico y constituyen la verdadera porción elevadora -músculo “levator ani propius” de Lesshaff- retrae el ano y tiende a entreabrirlo. Los fascículos laterales o inferiores forman, por detrás del recto una verdadera cincha retro anal. La contracción de estos fascículos musculares que embridan al recto por los lados y por detrás- cierran el ojal que le da paso y aseguran su oclusión voluntaria (esfínter) y aplica la cara posterior del conducto a su cara anterior. Esta última acción, al final de la defecación, completa la expulsión del bolo fecal. borde inferior de la sínfisis pubiana A) Periné anterior "urogenital" periné posterior "anal" reperes óseos vértice del coxis tuberosidades isquiáticas El periné se extiende desde la piel de la región a la cara inferior del diafragma pelviano. (2) (4) (7) Con el paciente en posición de la talla el periné presenta forma romboidal, más larga que ancha, cuyo ángulo anterior corresponde a la extremidad inferior de la sínfisis pubiana, el posterior al vértice del coxis y los laterales a las tuberosidades isquiáticas. Los lados anteriores corresponden a las ramas isquiopubianas y los posteriores a los ligamentos sacro ciáticos mayores. Estas referencias óseas son fácilmente identificables a la palpación y el cirujano debe saber reconocerlas -ya que son referencia ineludible para ubicarse espacialmente en la región y para la realización segura de diferentes procedimientos-. (3) (4) (7) (11) (12) Fig I Cabe mencionar que tanto el borde inferior de la sínfisis pubiana como el vértice del coxis y las tuberosidades isquiáticas pueden reconocerse mediante palpación a través de los planos de cubierta del periné. Pero además, tanto el vértice del coxis como las tuberosidades isquiáticas pueden reconocerse durante el examen digital del recto -al igual que la espina ciática- palpándolos a través de la pared del órgano. Una línea transversal tendida entre las 2 tuberosidades isquiáticas divide al rombo perineal el un sector anterior -más amplio- urogenital y otro posterior digestivo -o ano rectal- estructuralmente diferentes, con un mismo origen embriológico y vinculados anatómica y funcionalmente a través del centro -o núcleo- fibroso del periné. Por encima del plano cutáneo, común a ambas regiones, un plano músculo fibroso biisquiático separa parcialmente al periné anterior del posterior. Está constituido en la línea media por el centro tendinoso del periné y a cada lado por los músculos transversos del periné -uno superficial y otro profundo- más las aponeurosis perineales superficial y media y la aponeurosis inferior del músculo elevador del ano.(3) (4) (6) (7) (11) (12) Fig VI, VII La configuración exterior de periné varía con la posición del sujeto. Ya nos referimos al aspecto de la región con el paciente en posición de la talla -o posición ginecológica-. En la bipedestación el periné se presenta como una hendidura ánteroposterior, comprendida entre las raíces de los muslos, que se prolonga hacia atrás por el surco interglúteo. Fig VII a) Periné urogenital Es diferente en el hombre y la mujer, de todas maneras y en forma esquemática, la organización en ambos es similar: por encima de la piel y el tejido subcutáneo encontramos a la fascia perineal superficial, tendida entre el borde inferior de ambas ramas isquiopubianas y constituyendo el límite inferior del espacio perineal superficial o celda de los órganos eréctiles, el límite superior lo constituye la hoja inferior de la fascia del diafragma uro-genital -o aponeurosis perineal media-. El espacio perineal superficial contiene los órganos eréctiles, sus músculos y glándulas anexas así como elementos vásculo nerviosos; siendo atravesado por la uretra en el hombre, uretra y vagina en la mujer. El espacio perineal profundo queda comprendido entre las dos hojas de la fascia del diafragma urogenital (aponeurosis perineal media), esta fascia engloba entre sus hojas a los músculos transversos profundos y esfínter externo de la uretra, a la vez que cierra por debajo el hiato uro-genital del diafragma pelviano. (3) (4) (5) (7) (11) b) Periné anal Su organización es común en el hombre y la mujer, presenta en la zona media el conducto anal y su aparato esfinteriano, y a ambos lados las fosas isquiorrectales -o isquioanales-. (3) (3) (4) (7) (8) (9) (11) Fig IV, VI, XVII, XVIII Describiremos solamente las fosas isquiorrectales, ya que el conducto anal, nuestro tema de estudio, será tratado más adelante. Las fosas isquiorrectales, situadas a cada lado de la línea media, de forma triangular, presentan una pared externa formada por el músculo obturador interno con su fascia, una pared súpero-interna constituida por el musculo elevador del ano y esfínter externo del ano y una pared inferior cutánea. Cada fosa isquiorrectal presenta dos prolongaciones: una anterior, situada por encima de la hoja superior de la fascia del diafragma uro-genital y por debajo del diafragma pelviano y una posterior, que se extiende hacia la escotadura ciática -o isquiática- menor, por donde penetra el pedículo pudendo interno a la región. Ambas fosas comunican entre si a través del espacio retro esfinteriano. Ocupadas por tejido adiposo, el paquete vásculo-nervioso pudendo interno transcurre aplicado contra la pared lateral en un desdoblamiento de la fascia de músculo obturador interno -conducto de Alcock-. Es a este nivel, y tomando como reper la espina ciática -o espina isquiática- donde se infiltra el nervio pudendo interno para la anestesia troncular en el parto. El bloqueo del nervio pudendo interno también puede utilizarse para lograr una anestesia del conducto anal. ampolla rectal topografía pelviana origen endodérmico recto conducto anal topografía perineal origen ectodérmico En la fosa isquiorrectal, la arteria pudenda interna se divide en arteria rectal inferior que se distribuye por el conducto anal y arteria perineal profunda que irriga el periné uro-genital. El nervio pudendo interno da a este nivel los nervios esfinterianos anteriores para el esfínter externo del ano, por delante del nervio anal, también destinado al esfínter en su sector medio y posterior. (7) (9) (11) 4) Conducto anal A) Definición y generalidades El doble origen embriológico debe tenerse presente para entender la compleja estructura del conducto anal –con musculatura estriada y lisa- así como su doble inervación –somática y vegetativa-, su vascularización y su drenaje linfático. Nos referiremos al recto en general y al conducto anal en particular. Comentaremos algunos aspectos particulares del recto señalando diferencias y similitudes con el conducto anal. Fig VI, IX, X, XV, XVI El recto constituye la parte terminal del aparato digestivo. Se extiende desde la unión recto sigmoidea hasta la línea anocutánea -que más adelante definiremos con precisión-. Cabe recordar que la unión recto sigmoidea se topografía a nivel de la tercera vértebra sacra, y está marcada en la pared del órgano por la presencia del esfínter sigmoidorrectal de Didio y O´Beirne -espesamiento de la capa muscular interna, circular, de 10 a 15 mm de largo-. (9) (11) (12) El recto se divide en 2 sectores diferentes situados uno a continuación del otro: la ampolla rectal y el conducto anal. Mientras que la ampolla rectal se topografía en la pelvis menor -donde presenta un sector superior peritonizado y otro inferior subperitoneal-, el conducto anal se topografía en el periné posterior -es el órgano central del periné posterior-. (4) (7) (8) (9) (12) Por lo tanto, el conducto anal puede definirse como el sector más distal, o “terminal”, del recto encargado de establecer la comunicación entre el sector terminal del tubo digestivo y el exterior -conducto evacuador de la ampolla rectal” de Symington-. (12) Se trata de un conducto de estructura músculo membranosa. (9) (10) (11) (13) También puede definirse como el sector perineal del recto, o sea aquel sector del órgano situado caudalmente respecto al diafragma pelviano de los músculos elevadores del ano. (11) (12) Es la porción más corta, más fija y más estrecha del recto. (4) porción "terminal" del recto conducto anal porción "perineal" del recto órgano central del periné posterior es la porción del recto más corta, estrecha y fija Si bien muchas veces los utilizamos como sinónimos, es más correcto hablar de “conducto anal” que de canal anal o de ano. Dada su morfología; de forma más o menos cilíndrica, se le reconoce una pared músculo membranosa, y dos extremos, superior e inferior -que luego precisaremos- se entiende que sea más apropiado hablar de conducto anal. (8) (9) Cabe aclarar que llamaremos ano solamente al orificio externo del conducto anal. El recto en su conjunto mide, término medio y en el adulto, unos 18 cm. A la ampolla rectal le corresponden 14 a 15 cm, y, al conducto anal los últimos 3 a 4 cm. (9) (11) (19) La ampolla rectal reproduce, más o menos, la concavidad de la cara anterior del sacro y presenta un ángulo de seno anterior denominado “flexura sacralis”. El conducto anal, en cambio, es más o menos rectilíneo y sigue una dirección oblicua hacia abajo y atrás. Entre la ampolla rectal y el conducto anal existe un ángulo de seno posterior denominado “flexura perinealis”. Este último ángulo, próximo a los 90 º, es de capital importancia en los mecanismos de continencia -como luego comentaremos- y es mantenido por el haz puborrectal del músculo elevador de ano. (9) (10) (11) (12) (13) Cabe recordar que ampolla rectal y conducto anal tienen diferente origen embriológico. Mientras que la ampolla rectal es de origen endodérmico -se desarrolla a partir del sector posterior del intestino primitivo- el conducto anal es de origen ectodérmico -se desarrolla a partir del ectodermo cloacal-. (8) (9) (11) (13) Estas diferencias en el origen embriológico explican la existencia en el conducto anal de musculatura estriada en el sector terminal del tubo digestivo, así como su doble inervación -somática y vegetativa-, su vascularización y su drenaje linfático. La ampolla rectal, en su estructura, es similar a otros sectores del tubo digestivo. Presenta una mucosa de tipo intestinal, sostenida por la submucosa o corion- gruesa y laxa -que permite el deslizamiento de la mucosa sobre la capa muscular-, una doble capa muscular -circular interna y longitudinal externa- ambas de músculo liso -o “visceral”- y una adventicia como capa más externa -sustituida por peritoneo en los sectores más proximales del órgano-. El conducto anal, presenta una disposición similar a la referida para la ampolla rectal, pero, como veremos más adelante, con ciertas diferencias. La mucosa de tipo intestinal es sustituida por un revestimiento cutáneo. (9) (11) (12) La capa submucosa es muy delgada y la mucosa está fija a la capa muscular interna por el ligamento de Parks -fibras musculares lisas-. La musculatura visceral -lisa- circular constituye el esfínter interno y la longitudinal separa los diferentes haces del esfínter estriado y constituye un vínculo anatómico y funcional entre los esfínteres liso y estriado -como luego comentaremos-. B) Descripción del conducto anal estructura músculo membranosa conducto anal órgano central del periné posterior fosas isquiorrectales (por los lados y por detrás) y entre ellas el espacio retro esfinteriano centro fibroso del periné (por delante) cilíndrico, orientado hacia abajo y atrás El conducto anal, de forma más o menos cilíndrica, tiene una longitud variable, entre 3 y 4 cm, con un diámetro exterior de 2 a 3 cm. Su luz solo se hace evidente durante la defecación, cuando el conducto anal está desplegado, consecuencia de la relajación esfinteriana. El extremo proximal del conducto anal presenta una forma ovoidea a eje mayor transversal, mientras que su extremo distal se presenta como una hendidura ánteroposterior sagital.(8) (9) (12) (13) Cabe aclarar, desde ahora, que el extremo distal del conducto anal referido no es el orificio anal -como luego explicaremos- sino que se encuentra distal al mismo. Fig VIII, XI, XV Presenta una dirección general oblicua hacia abajo y atrás. Ya nos referimos al ángulo abierto hacia atrás, próximo a los 90 º, que se forma entre la ampolla rectal y el canal anal -flexura perinealis-. La unión entre ampolla rectal y conducto anal se ubica unos 2 a 3 cm por delante y ligeramente por encima del vértice del coxis. (13) Fig IX, X, XVI Se topografía en el periné posterior, es el órgano central del periné posterior y pertenece exclusivamente a esa región. Entre la travesía de los elevadores del ano y la piel del periné posterior el conducto anal está rodeado por los lados y por detrás- por las fosas isquiorrectales (separadas por el espacio retro esfinteriano) y, por delante, se relaciona con el centro fibroso del periné. (4) (8) (16) Fig V, XVII, XVIII El conducto anal, en una radiografía de la pelvis de perfil, se proyecta sobre la tuberosidad isquiática, por debajo de una línea que une el borde superior de la sínfisis pubiana con la punta del coxis.(12) a) Ano El ano -u “orificio anal”- orificio terminal del conducto digestivo, ocupa la línea media, se abre en el periné posterior, en el fondo del surco longitudinal que separa las nalgas. No es horizontal, sino que está orientado hacia abajo y atrás. La piel que rodea el orificio anal se denomina “margen del ano”, se diferencia de la piel del periné en que es más delgada, más coloreada y está constantemente húmeda, carece de pelos y glándulas. Los pelos aparecen próximos a la línea anoperineal -que luego definiremos-. (8) (11) (19) El ano masculino es algo más posterior y superior -o profundo- respecto al femenino. En el hombre el ano está por detrás de la línea biisquiática y a unos 20 a 25 mm del vértice del coxis. En la mujer el ano coincide con la línea biisquiática y se ubica unos 25 a 30 mm por delante del coxis. (4) (8) (9) (11) (12) El ano en reposo -o sea fuera de la defecación- está completamente cerrado y se presenta como una hendidura ánteroposterior -lo más frecuente, y por ello distinguimos una comisura anterior y otra posterior- o como un orificio puntiforme. Solo se presenta abierto y de forma circular durante la defecación o la introducción de algún instrumento -endoscopio, por ejemplo-. Del contorno del orificio anal parten pliegues radiados que se acentúan durante la contracción esfinteriana -sobretodo por acción del fascículo subcutáneo del esfínter anal estriado- y se borran completamente con la relajación. Estos pliegues son consecuencia de la existencia de fibras musculares longitudinales -provenientes del músculo longitudinal conjunto que más adelante comentaremos- que atraviesan el fascículo subcutáneo del esfínter anal estriado y terminan en la dermis de la piel anal y perianal. (9) (10) (13) (16) b) Límites del conducto anal límites del conducto anal aspectos histo‐ embriológicos controversia bordes proximal y distal de los esfínteres Los límites del conducto anal son un punto de controversia y se definen según diferentes aspectos -anatómicos, histológicos, embriológicos-. (4) (8) (9) (10) (11) (13) b 1) Límites según aspectos histo-embriológicos: Tomando en cuenta el origen embriológico de los diferentes componentes del revestimiento interno del conducto anal -que luego desarrollaremos- puede decirse que el conducto anal se extiende entre 2 líneas más o menos circunferenciales. Una inferior y externa -la línea anoperineal- y otra superior e interna -la línea anorrectal-. La línea anoperineal marca la transición entre el revestimiento cutáneo del ano y la piel del periné y se sitúa a unos 12 a 15 mm del orificio anal. Consideraremos a la línea anoperineal, más o menos circunferencial, como el límite caudal del conducto anal. Fig VIII, XI, XV Por lo tanto, se considera que la piel que rodea el margen anal forma parte del conducto anal -porción externa del conducto anal- tanto por tener el mismo origen embriológico como por tratarse del mismo revestimiento cutáneo y por ser asiento de los mismos procesos patológicos. El límite craneal del conducto anal corresponde a una línea, más o menos circunferencial, que pasa por el borde libre de las válvulas semilunares, es la línea anorrectal -o pectínea- que separa a la ampolla rectal del conducto anal. La línea anorrectal así definida señala el sitio de unión entre endodermo y ectodermo primitivamente separados por el tabique cloacal o “anal” -unión del sector terminal del intestino primitivo con las formaciones cloacales-. Establecido de esta manera, de acuerdo con los aspectos histoembriológicos, el límite craneal del conducto anal quedaría por debajo del borde superior de los esfínteres a no ser por la existencia de una zona de transición entre el revestimiento cutáneo del conducto anal y la mucosa rectal. Zona de transición que se extiende incluso algo por encima del límite superior de los esfínteres -más adelante volveremos a hablar de ella-. b 2) Límites según estructuras musculares: También pueden fijarse los límites del conducto anal tomando como referencia los elementos musculares constituyentes del aparato esfinteriano. Fowler concluyó que el conducto anal se extiende entre el anillo anorrectal por arriba (9) y el anillo -o “surco”- inter esfinteriano por abajo. (9) (10) (13) Cabe recordar que fueron Milligan y Morgan quienes acuñaron el término “anillo anorrectal” para denominar al anillo muscular que rodea la unión de la ampolla rectal con el conducto anal. (13) (9) Anillo anorrectal que es claramente evidenciable al tacto rectal. Su identificación es muy importante durante el tratamiento de los abscesos y fístulas, a fin de preservarlo -su sección completa determina incontinencia-. El anillo anorrectal muscular -de Milligan y Morgan- está constituido por los extremos craneales de los esfínteres interno -liso- y externo -estriado- más el fascículo puborrectal del músculo elevador del ano -que lo refuerza por los lados y por detrás-. Es por eso que es más nítido por los lados y por atrás, dada la disposición del haz puborrectal del elevador que mantiene la unión anorrectal dirigida hacia el pubis. Por delante este límite es menos claro, pero puede identificarse gracias a una depresión topografiada por debajo del pico de la próstata -depresión que se corresponde con el borde cefálico del esfínter estriado del ano-. El surco inter esfinteriano está enmarcado entre el borde inferior, redondeado, del esfínter interno por arriba y la cara superior del borde subcutáneo libre del fascículo subcutáneo del esfínter externo por abajo. Cuando está relajado, el borde inferior del esfínter interno y el surco inter esfinteriano quedan a nivel del orificio anal, situándose la porción subcutánea del esfínter externo lateralmente con respecto a él, y solo cuando éste se contrae llega a rodear la parte inferior del conducto anal “aparente”. c) Medios de fijación del conducto anal músculos elevadores del ano medios de fiajción rafe anocoxígeo centro fibroso del periné El conducto anal es el segmento más fijo del recto. Lo cual es consecuencia directa de la solidaridad entre el conducto anal y los músculos elevadores del ano -que vinculan al conducto anal con las paredes de la pelvis menor, principal elemento de fijación-, así como por las adherencias del esfínter estriado del ano con el rafe anocoxígeo -por detrás- y con el centro fibroso del periné -por delante-. Tal como señalan Gómez Oliveros y Shafick, las fibras musculares estriadas de los elevadores del ano, que rodean el conducto anal, forman una fuerte envoltura que fijan el conducto anal al pubis -por sus elementos más superiores- al coxis -por sus elementos intermedios- y a la piel perianal -por sus elementos subcutáneos. (8) (9) Las fibras musculares estriadas de los elevadores del ano se unen a las fibras musculares lisas del conducto anal -capa muscular longitudinalformando el músculo longitudinal conjunto -que luego describiremos-. La unión de ambos tipos de fibras musculares es tan estrecha que no existe plano de clivaje entre el recto y los músculos elevadores del ano. Las fibras musculares del haz puborrectal de los elevadores del ano también se unen estrechamente al haz profundo del esfínter estriado. En menor medida, el músculo recto uretral de Roux (o músculo prerrectal de Henle), (8) (9) (10) (12) (13) en el hombre, que vincula al conducto anal más precisamente el vértice de la flexura perinealis- con la uretra membranosa sería otro de los elementos de fijación del conducto anal. En la mujer es discutida la existencia de un músculo homólogo -músculo recto vaginal- que vincularía el vértice de la flexura perinealis con la vagina-. (4) (8) (9) (11) (12) También de menor jerarquía es la acción del músculo rectocoxígeo de Treitz -o “retractor ani”- tendido desde los bordes laterales del coxis y el rafe anocoxígeo a la cara posterior del conducto anal. Esta condición de estructura fija que presenta el conducto anal explica que la mucosa de la ampolla rectal -suprayacente- pueda progresar a través del conducto anal constituyendo un prolapso rectal, es el llamado “prolapso invaginado” de Gosselin. Está constituido por 3 cilindros, dispuestos uno dentro del otro, uno externo que corresponde al conducto anal que permanece in situ y dos internos que corresponden a la ampolla rectal invaginada. (8) (16) (18) Fig II, III, VI, XVII, XVIII d) Configuración interna del conducto anal Cuando se examina el conducto anal en un preparado anatómico luego de seccionar longitudinalmente la pared del órgano y desplegarla, es difícil identificar el punto exacto donde se encuentra el orificio anal. Sí se distingue claramente la línea anoperineal, las válvulas semilunares -cuyo borde libre constituye la línea anorrectal de los autores clásicos- y las columnas de Morgagni. (8) (9) (11) Fig VIII, XI XV El revestimiento cutáneo del conducto anal es una piel modificada, y se presenta, en la inspección endoscópica, con una coloración más clara que la mucosa de la ampolla rectal -de color rosada o rojo rosada ésta última-. (4) (8) (9) Las válvulas semilunares se topografían a 5 o 6 mm por encima del orificio anal. Se presentan como pequeños pliegues curvilíneos de la mucosa, de concavidad superior -en forma de “nido de paloma”-. Miden unos 8 a 10 mm de ancho por unos 2 a 3 mm de alto. Su número varía entre 5 y 12. Las válvulas semilunares, más precisamente su borde libre, conforman la línea anorrectal (que separa la ampolla rectal del canal anal). (4) (8) (9) (11) (12) Las válvulas semilunares presentan 2 caras, una interna, convexa, orientada hacia la luz intestinal y otra externa, cóncava, orientada hacia la pared rectal -con la que conforma un fondo de saco-. Dos bordes, uno libre, cóncavo, orientado hacia arriba y otro adherente, convexo, que se continúa con la pared del órgano. Las columnas de Morgagni -o “columnas del recto” según este autorsurgen, en el punto de contacto de los extremos laterales de las válvulas semilunares, como pequeños repliegues longitudinales de la mucosa rectal que se extienden en sentido proximal en la ampolla rectal. (4) (8) (11) (12) Las columnas de Morgagni son poco salientes, de forma más o menos piramidal, con base inferior en el punto de unión de 2 válvulas semilunares contiguas y vértice superior que se pierde insensiblemente en la mucosa rectal. Miden entre 10 y 15 mm de alto. Entre las columnas de Morgagni quedan delimitados surcos longitudinales que terminan en los fondos de saco de las válvulas semilunares -o criptas-. Tanto a nivel de las válvulas semilunares como de las columnas de Morgagni la muscularis de la mucosa se presenta engrosada. e) Estructura El conducto anal está formado por las siguientes capas concéntricas: la mucosa, la submucosa, la muscular y la adventicia -que son continuación de las capas homónimas de la ampolla rectal-. A estas capas se integran las fibras musculares estriadas que conforman el esfínter anal externo y las fibras de los músculos elevadores del ano -fascículo puborrectal- tal como a continuación explicaremos. (4) (8) (9) (11) (12) (13) (16) (18) (19) Fig XVIII, XIX, XX, XXI e 1) Revestimiento interno del conducto anal mucosa del conducto anal; trés sectores superior o "zona de transición" por encima de línea pectínea revestimiento cutáneo es sustituido por mucosa rectal medio o "pecten" entre línea pectínea y orificio anal revestimiento cutáneo del conducto anal y glándulas inferior entre orificio anal y línea anoperineal revestimiento cutáneo del conducto anal La mucosa del conducto anal, mejor dicho su revestimiento interno, presenta 3 sectores diferentes: • • • Superior o “zona de transición”: situado por encima de la línea pectínea, donde el revestimiento cutáneo progresivamente es sustituido por la mucosa intestinal Medio o “pecten”: situado entre la línea pectínea y el orificio anal, con revestimiento cutáneo del conducto anal y glándulas Inferior: situado entre el orificio anal y la línea anoperineal, con revestimiento cutáneo del conducto anal En el sector superior, por encima de las válvulas semilunares y en el intervalo de las columnas de Morgagni el revestimiento cutáneo del conducto anal va dejando paso a la mucosa rectal -de tipo intestinal: epitelio cilíndrico-. Existe una zona de transición, entre el revestimiento cutáneo del canal anal y la mucosa rectal, que se extiende en sentido proximal unos 7 a 9 mm por encima de las válvulas semilunares. Esta zona de transición es llamada “zona intermedia o de transición” o “zona mucosa supraanal”, se trata de la clásica “mucosa anal de Hermann” -que estrictamente es rectal-. Esta zona de transición forma parte del revestimiento interno del conducto anal y su límite proximal es impreciso y generalmente se encuentra en una posición craneal respecto al límite superior muscular del conducto anal. El sector mediano o pecten se extiende desde la línea pectínea hasta el orificio externo del ano. La mucosa del sector mediano o pecten presenta una coloración rosa pálido, grisácea, es fina y lisa. El revestimiento cutáneo del ano se diferencia de la piel que recubre otras partes del cuerpo en que es más delgada, presenta menos papilas y carece de pelos y de glándulas. Se trata de un epitelio poliestratificado plano no queratinizado La mucosa del pecten adhiere, por su cara profunda, al plano muscular subyacente -por la presencia del ligamento de Parks-. El tejido celular subcutáneo en este sector del conducto anal está muy reducido y eso es un elemento que claramente lo diferencia de los sectores superior e inferior -que presentan un celular subcutáneo más grueso-. Puede contener glándulas intramusculares y conductos que drenan en las criptas anales o en la luz del conducto anal. Es en ésta área del tejido celular subcutáneo que se desarrollan los procesos infecciosos llamados “pectinitis”. Las glándulas intramusculares del ano se desarrollan por un proceso de de oclusión y canalización epitelial, se forman por extensión de la mucosa anal -epitelio columnar estratificado, similar al de la zona intermedia del canal analen el espesor de las diferentes capas que constituyen la pared del conducto anal. Se cree que representan restos de glándulas sexuales presentes en animales inferiores. Hay entre 4 y 8 glándulas que presentan una dirección general oblicua hacia abajo y afuera y, en sentido proximal, generalmente no superan la línea pectínea. Penetran en la muscularis mucosa y pueden ramificarse en el esfínter interno, en el músculo longitudinal y hasta en el elevador del ano, también pueden alcanzar el espacio inter esfinteriano. (9) (13) Cada glándula se abre en una cripta anal. No queda claro si las glándulas anales tienen alguna función secretora. Su importancia radica en que pueden constituir una vía de infección desde la luz del canal anal hacia la submucosa y los espacios inter esfinterianos. También pueden ser el punto de origen de un adenocarcinoma. (13) El sector inferior del revestimiento interno del conducto anal se extiende desde el orificio anal externo a la línea anoperineal -“línea sinuosa de Robin y Cadiat”, (9) sitio donde empieza el epitelio poliestratificado plano con capa córnea, con folículos pilosos y glándulas sebáceas. Tiene un aspecto similar a la piel, aunque más coloreada y delgada, está constantemente húmeda, carece de pelos y glándulas. El revestimiento interno del conducto anal, con su doble origen embriológico -endodérmico para el sector superior y ectodérmico para el inferior- presenta la particularidad de una diferente inervación sensitiva y, por consiguiente, una diferente respuesta ante un mismo estímulo. (9) (10) (13) (14) El sector más distal del conducto anal es muy sensible y reacciona al tacto, al dolor y a los estímulos térmicos de forma similar a la piel, mientras que el sector proximal del conducto anal tiene un umbral muy alto para los referidos estímulos y, en cambio, reacciona rápidamente a los cambios de presión. Lo arriba comentado permite entender porque la fisura anal es muy dolorosa -porque asienta en la zona inferior o “sensible” del conducto anal-. De la misma forma, las hemorroides pueden estar cubiertas por los dos sectores del revestimiento del conducto anal, por cuanto es aconsejable realizar la punción del paquete hemorroidario -sea para inyección de agente anestésico o esclerosante- en el sector más cefálico que sea posible. e 2) Submucosa superior: en continuidad con la submucosa rectal submucosa del conducto anal 2 sectores: separados por el ligamentode Parks inferior: en continuidad con el celular subcutáneo del periné posterior contiene los pelxos hemorroidarios internos contiene los plexos hemorroidarios externos La submucosa del conducto anal continúa, en sentido distal, a la de la ampolla rectal. Se trata de un corion grueso, rico en plexos venosos -plexos hemorroidales-, exceptuando en su sector medio, donde el revestimiento cutáneo contacta y se fija al plano muscular que lo rodea -esfínter interno-. Tanto el ligamento de Parks como la muscularis de la mucosa -que se presenta más gruesa en este sector del conducto anal- fijan el revestimiento cutáneo a la capa muscular interna. Por tanto, el espacio submucoso se encuentra dividido en 2 sectores por la presencia del ligamento de Parks. Uno superior en continuidad con la submucosa rectal y de aspecto muy similar a ella. Y otro inferior en continuidad con el espacio celular subcutáneo del periné posterior -espacio perianal-. El espacio perianal está limitado, por arriba y por los lados, por los tabiques músculo-elásticos radiales más externos que pasan a través del fascículo subcutáneo del esfínter externo. Estos tabiques -que son la prolongación subcutánea del músculo longitudinal conjunto, que más adelante comentaremos- dividen al tejido celular subcutáneo de la fosa isquiorrectal en un sector lateral -más amplio- y otro medial -pequeño- y de disposición mediana que es el espacio perianal. (10) Y, esta división es la que permite comprender porque el pus localizado en el espacio perianal se mantiene allí y no avanza lateralmente hacia la fosa isquiorrectal. Dado que el espacio perianal rodea a la porción inferior del conducto anal, el pus localizado en uno de sus lados puede extenderse hacia el otro lado rodeando al conducto. (10) El espacio perianal contiene el fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, el plexo venoso hemorroidal externo, y las ramas terminales de los vasos y nervios rectales inferiores. El espacio submucoso superior -craneal respecto al ligamento de Parkscontiene al plexo hemorroidal interno y a las ramas terminales de las arterias rectales superiores. e 3) Muscular del conducto anal fibras circulares: esfínter anal interno fibras lisas fibras longitudinales muscular del conducto anal esfínter anal externo fibras estriadas fibras de los músculos elevadores del ano La muscular del conducto anal, de disposición compleja, está formada por 2 capas de fibras musculares lisas rodeadas por fibras musculares estriadas del esfínter externo del ano y de los músculos elevadores del ano. Fig VIII, XI, XII, XIII, XVI, XVII, XVIII • La capa muscular profunda de fibras musculares lisas, dispuestas en forma circular, se va engrosando en sentido caudal, formando una serie de anillos encajados unos sobre otros que en su conjunto constituyen el esfínter anal interno. Tiene un espesor de 5 a 8 mm y una altura de 20 a 30 mm, se dispone rodeando los ¾ superiores del conducto anal, su límite distal es un borde redondeado bien definido situado a unos 6 a 8 mm por encima del orificio anal y a 8 a 12 mm por debajo de la línea pectínea. (13) El borde inferior del esfínter interno es bien evidente al tacto rectal y constituye el límite superior del surco inter esfinteriano anal -cuyo límite inferior corresponde al borde superior del fascículo subcutáneo del esfínter externo-. (10) El esfínter interno está rodeado, en toda su circunferencia, por los haces superficial y profundo del externo, mientras que el haz subcutáneo lo sobrepasa por abajo. • La capa muscular superficial de fibras musculares lisas, dispuestas en forma longitudinal, están reforzadas por fibras musculares estriadas provenientes de los elevadores del ano y por fibras elásticas provenientes de la aponeurosis pelviana y perineal, constituyendo el llamado “músculo longitudinal conjunto”. (8) (9) (10) (13) fibras musculares lisas longitudinales músculo longitudinal conjunto fibras musculares estriadas de los elevadores del ano fibras elásticas de las aponeurosis pelviana y perineal El músculo longitudinal conjunto transcurre entre los dos esfínteres liso y estriado- y constituye una parte fundamental del mecanismo esfinteriano anorrectal. Las fibras musculares longitudinales lisas, al contactar con el borde craneal del esfínter interno se dividen en 2 contingentes. Uno menor que se ubicará por dentro del esfínter interno y otro mayor que se ubicará por fuera del esfínter interno -capas longitudinales interna y externa respectivamente- ambas seguirán su trayecto descendente. Cabe aclarar que la capa de fibras longitudinales externa -la que permanece separando los esfínteres liso y estriado- es la que constituiría el músculo longitudinal conjunto. Esta disposición de las fibras longitudinales en el sector craneal del esfínter liso constituye una estrecha faja circular que marca claramente el límite proximal del esfínter interno. (9) Las fibras longitudinales, en relación con el borde inferior del esfínter interno, lo atraviesan y terminan en la dermis de la región anal y contribuyen a formar el tabique intermuscular que separa el borde inferior del esfínter interno del fascículo subcutáneo del esfínter externo. Además de lo referido, las capas longitudinales externa e interna intercambian fibras transversales que atraviesan el esfínter interno, por tanto, puede considerarse que el esfínter interno se encuentra en una especie de estuche tabicado. músculo longitudinal conjunto descendente termina en la piel anal y perianal externo forma la fascia perianal, enmarca al fascículo subcutáneo interno da origen al ligamento de Parks anterior alcanza el centro fibroso del periné 4 fascículos terminales Las fibras del músculo longitudinal conjunto se diferencian en cuatro fascículos terminales. Uno descendente, que continúa el trayecto vertical de las fibras longitudinales, y alcanza, luego de atravesar el fascículo subcutáneo del esfínter externo, la dermis de la piel anal y perianal donde termina formando los pliegues radiados del ano -“corrugator cutis ani” de Ellis. (9) Uno externo, que se dirige hacia afuera, formando la fascia perianal, y separa el fascículo subcutáneo del esfínter estriado del fascículo profundo utilizando el esquema de 2 fascículos- o del fascículo superficial -utilizando el esquema de 3 fascículos-. Uno interno, que se dirige hacia adentro atravesando al esfínter liso y alcanza la muscularis de la mucosa donde termina constituyendo el ligamento de Parks. Y uno anterior, oblicuo hacia abajo y adelante, que termina en el centro fibroso del periné y alcanza el diafragma urogenital. • El esfínter externo, o esfínter estriado del ano, está constituido por fibras elípticas o circulares, concéntricas, que en conjunto forman un anillo de 8 a 10 mm de ancho y de 25 a 35 mm de alto. El esfínter externo se extiende más caudalmente que el esfínter interno. Su sector más bajo -subcutáneo- se incurva hacia la luz del conducto para colocarse por debajo y algo por fuera del borde inferior del esfínter interno y cerca de la piel del orificio anal. (8) (9) (11) (13) profundo 3 fascículos superficial subcutaneo estructura del esfínter anal externo: controversia profundo 2 fascículos subcutáneo un solo cuerpo muscular La estructura del esfínter anal externo, estriado, es un punto de controversia. Hay autores que le describen 2 fascículos y otros 3 fascículos. Los diferentes autores presentan de igual forma al fascículo subcutáneo del esfínter externo, mientras que al resto del esfínter estriado puede que lo presenten como un solo fascículo -que en ese caso denominan “profundo”- o como dos fascículos -que denominan “profundo” y “superficial”-. Presentaremos ambas descripciones. Cabe agregar que otros autores, como Goligher (13), consideran que el esfínter anal externo está constituido por un solo cuerpo muscular continuo, y no reconocen los diferentes haces, señalando que el sector más inferior -o subcutáneo- presenta un aspecto diferente, ya que está atravesado por una expansión en forma de abanico de las fibras musculares longitudinales (del músculo longitudinal conjunto), que lo dividen en 8 a 12 haces musculares. También señala que el extremo craneal del esfínter externo es indisociable del haz puborrectal del elevador del ano. (13) En la descripción del esfínter anal externo constituido por 3 fascículos se reconoce un fascículo externo profundo, un fascículo externo superficial y un fascículo externo subcutáneo. (9) (20) (21) (22) El fascículo externo profundo tiene como límite superior un plano que pasa inmediatamente por debajo del haz puborrectal del elevador. Plano definido por convención ya que no es evidenciable tal separación. El límite inferior es un estrecho espacio horizontal que separa al haz profundo del superficial que puede estar ocupado por una expansión externa del músculo longitudinal conjunto que alcanza la grasa isquiorrectal. Este fascículo del músculo longitudinal conjunto vincula a ambos haces esfinterianos. El fascículo externo profundo se relaciona por dentro con el músculo longitudinal conjunto y por fuera con la grasa isquiorrectal. Los haces que lo constituyen se superponen de afuera adentro y disminuyen en número en sentido céfalo caudal -por cuanto el esfínter estriado se afina en el mismo sentido-. El fascículo externo superficial tiene como límite inferior el sitio de terminación del músculo longitudinal conjunto -cuyas fibras se disponen en abanico-. Los haces musculares del fascículo externo superficial se disponen formando semiarcos de orientación ánteroposterior, tendidos entre el rafe anocoxígeo y el centro fibroso del periné, y entrecruzándose entre sí. La superposición de estos haces es mayor en el sector medio del anillo. El extremo posterior de los referidos semiarcos presenta una dirección oblicua hacia arriba y atrás y termina formando el rafe anocoxígeo junto con el fascículo externo profundo y el haz puborrectal del elevador del ano y fibras del músculo longitudinal conjunto. El extremo anterior de los referidos semiarcos termina entrecruzándose con los del lado opuesto y contribuyendo a formar el centro fibroso del periné. Los haces musculares del fascículo externo subcutáneo tienen como límite inferior el tejido celular subcutáneo de la piel anal y perianal. No intercambia fibras con las formaciones musculares o tendinosas perineales, por cuanto queda totalmente circunscrito al ano y a la piel perianal. Las fibras musculares del esfínter subcutáneo son más finas que las de las otras formaciones esfinterianas estriadas. (9) Se trata de una formación muscular anular, más alta por detrás, cuyos haces se fijan en la dermis perianal, se entrecruzan en sus extremos anterior y posterior y presentan una dirección general oblicua hacia abajo y adelante. Los diferentes fascículos que lo integran están separados por las prolongaciones distales del músculo longitudinal conjunto. Los haces superiores del fascículo externo subcutáneo están unidos, mediante fibras elásticas, con los haces más caudales e internos del fascículo externo superficial -hacia afuera- y con los fascículos más caudales del esfínter interno -hacia adentro-. Los haces inferiores del fascículo externo subcutáneo se conectan con la submucosa anal -medialmente- y con la piel perianal -lateralmente-. En la descripción del esfínter anal externo constituido por 2 fascículos se reconoce un fascículo superior y profundo -indisociable del fascículo puborrectal del elevador del ano- (4) (8) (10) (11) (12) (13) y otro fascículo inferior, subcutáneo, situado por debajo del precedente y en relación con el sector más distal del conducto anal. Las fibras musculares de los dos fascículos del esfínter estriado del ano se entrecruzan en la línea media -tanto en su sector anterior como en el posteriory divergen hacia adelante -alcanzando el centro fibroso del periné- y hacia atrás -alcanzando el rafe medio ano coxígeo y la dermis, contribuyendo a formar el surco retro anal-. El vínculo del esfínter externo con el centro fibroso del periné -por delante- y con el rafe anocoxígeo y el coxis -por detrás- lo mantiene fijo. C) Aparato esfinteriano del ano El aparato esfinteriano del ano puede definirse como el conjunto de estructuras musculares lisas y estriadas -más sus pedículos vásculo nerviososque se disponen alrededor del sector terminal del tubo digestivo y tienen a su cargo la doble y compleja función de continencia y evacuación de materias y gases -cuya regulación es a la vez autónoma y voluntaria-. Fig VIII, XI, XII, XIII, XV, XVI El aparato esfinteriano del ano está constituido, de medial a lateral, por las siguientes formaciones musculares: • • • fibras musculares lisas, continuación de las fibras musculares que conforman la pared de la ampolla rectal, dispuestas en forma circular constituyendo el esfínter interno fibras musculares longitudinales lisas, reforzadas por fibras aponeuróticas y fibras musculares estriadas constituyendo el “músculo longitudinal conjunto” -ya comentado-, que junto con sus expansiones constituye un vínculo anatómico y funcional entre ambos esfínteres. fibras musculares estriadas dispuestas en forma circular constituyendo el esfínter externo, reforzadas por fibras de los músculos elevadores del ano Dado que ya hemos realizado la descripción de los diferentes constituyentes musculares del aparato esfinteriano, aquí solo los presentamos en el orden referido. Los pedículos vásculo nerviosos responsables de mantener el trofismo y la funcionalidad del aparato esfinteriano anal serán descriptos más adelante. D) Espacios celulosos en relación con el conducto anal En torno al conducto anal existen numerosos espacios que contienen tejido célulo-adiposo y pueden ser asiento de procesos infecciosos. Espacios intermusculares, inter músculo aponeuróticos, inter músculo mucosos, etc.. (4) (8) (9) (11) (13) (15) (16) (17) (18) Fig IV, V, X, XI, XV, XVI, XVIII Se trata de espacios enmarcados, al menos parcialmente, por los propios constituyentes del conducto anal y su aparato esfinteriano. Pueden ser asiento de procesos supurados y/o vía de propagación de éstos. Estos espacios son: las fosas isquiorrectales -ya descriptas, con sus prolongaciones posterior y anterior-, el espacio perianal, el espacio submucoso, el espacio pelvirrectal -o supra elevador-, el espacio inter esfinteriano. espacios celulosos fosas isquiorrectales pueden comunicarse a través del espacio retro esfinteriano espacio perianal contiene; haz subcutáneo del esfínter estriado y plexo hemorridario externo espacio submucoso el ligamento de Parks lo separa del espacio perianal. Contiene al plexo hemorroidario interno espacio pelvirrectal es un espacio pelviano, el resto sonespacios perineales espacio inter esfinteriano situado entre los esfínteres interno y externo, casi virtual, prácticamente avascular. a) Fosas isquiorrectales y espacio retro esfinteriano La fosa isquiorrectal -o espacio isquiorrectal- en su sector póstero interno contacta con la del lado opuesto, están separadas por formaciones músculo fibrosas. A través del espacio retro esfinteriano de Courtney es que se establece la comunicación entre ambas fosas isquiorrectales, constituyendo una importante vía de propagación de los procesos supurados -“en herradura”-. Fig IV, V, X, XVII, XVIII El espacio retro esfinteriano de Courtney se sitúa entre el rafe anocoxígeo por abajo -que se inserta en la cara dorsal del coxis-, el rafe medio posterior del elevador del ano por arriba -que se inserta en la cara anterior del coxis-, la cara posterior del esfínter anal externo por delante y la cara anterior del coxis por detrás. La prolongación anterior de la fosa isquiorrectal -por encima del diafragma urogenital- puede ser alcanzada por una fístula anal alta o un absceso de la propia fosa isquiorrectal, extendiéndose por esta vía el proceso supurado al periné anterior. b) Espacio perianal El espacio perianal es subcutáneo y contiene grasa finamente lobulada que hacia afuera se continua con la grasa subcutánea del periné posterior, mientras que hacia adentro se continua -siempre en el plano subcutáneo- por la parte inferior del conducto anal, en sentido proximal, hasta alcanzar el ligamento de Parks. (13) El espacio perianal es más o menos circunferencial y está limitado lateralmente por los haces laterales del músculo longitudinal conjunto. Contiene al fascículo subcutáneo del esfínter anal externo y al plexo hemorroidal externo. En el espacio perianal se forman los hematomas anales -trombosis hemorroidal externa- y los abscesos perianales. Las fístulas anales bajas y las subcutáneas transitan por este espacio. c) Espacio submucoso El espacio submucoso se encuentra entre el esfínter anal interno -por fuera- y el revestimiento mucocutáneo -por dentro-. Se extiende en sentido craneal desde el ligamento de Parks hasta alcanzar la capa submucosa del recto. Se extiende por los 2/3 superiores del conducto anal. Contiene al plexo hemorroidal interno y las ramas terminales de las arterias rectales superiores. d) Espacio pelvirrectal El espacio pelvirrectal está comprendido entre el peritoneo pelviano por arriba y el piso de la pelvis por abajo -músculos elevadores del ano e isquiocoxígeos-. Fig VI, XV A diferencia de los anteriores -espacios perineales- el espacio pelvirrectal es un espacio pelviano. e) Espacio inter esfinteriano Se define como el espacio situado entre el esfínter estriado y el esfínter liso del ano cubierto por las fibras longitudinales -que conforman el músculo longitudinal conjunto-. (4) (8) (9) (11) (13) Fig VI, VIII, IX, XV, XVIII El espacio inter esfinteriano se dispone a manera de cilindro rodeando al conducto anal y tiene aproximadamente la misma altura que los esfínteres. Presenta una cara -o pared- visceral y otra parietal y dos bases -o bordesinferior -horizontal- y superior -inclinado hacia atrás y arriba, por cuanto el espacio inter esfinteriano es más alto por detrás que por delante-. El espacio inter esfinteriano está ocupado por tejido celular laxo, fácilmente decolable, casi virtual, y prácticamente avascular -solo a nivel de sus bordes hay elementos vasculares que lo cruzan-. La cara visceral del espacio inter esfinteriano está formada por la pared visceral en toda su altura y las referidas fibras del músculo longitudinal conjunto. La cara parietal del espacio inter esfinteriano está constituida por el sistema muscular esfinteriano estriado y es diferente según se considere su sector posterior, lateral o anterior. En el sector posterior y lateral tenemos, de arriba a abajo, el haz puborrectal del elevador del ano y el fascículo profundo del esfínter estriado, el fascículo superficial del esfínter estriado y el intersticio que separa el fascículo superficial del subcutáneo ocupado por las fibras longitudinales abiertas en abanico. En el sector posterior predomina el haz puborrectal, en el lateral el fascículo superficial del esfínter estriado. En el sector anterior se repiten las mismas estructuras referidas, con la salvedad que existen solo unas pocas fibras del haz puborrectal del elevador del ano -músculo pre rectal producto de la unión, por delante del recto, de algunos fascículos anteriores del haz puborrectal- que se adhieren al músculo recto uretral -o recto vaginal-. La cara -o borde- inferior del espacio inter esfinteriano es el sector más superficial del espacio, está constituido por la unión de la piel y las fibras longitudinales que en ellas se insertan -luego de atravesar el fascículo subcutáneo del esfínter estriado-. Es el punto de abordaje quirúrgico del espacio inter esfinteriano. La cara -o borde- superior del espacio inter esfinteriano está constituido, por los lados por las fibras del elevador del ano que cierran completamente el espacio. En el sector anterior se agregan las fibras del músculo recto uretral -o recto vaginal más la fascia recto vaginal-. En el sector posterior las fibras del elevador provienen del rafe anocoxígeo reforzadas por el músculo recto coxígeo y la adherencia de la aponeurosis de Waldeyer al recto. El espacio inter esfinteriano se comunica: • • • • Con la mucosa anal solo a través de las glándulas anales -que partiendo desde la mucosa atraviesan toda la pared muscular del canal anal y alcanzan el espacio inter esfinteriano- . No hay otro punto de comunicación a través de la cara visceral del espacio inter esfinteriano. La cara parietal del espacio inter esfinteriano se comunica ampliamente con la fosa isquiorrectal a través de los intersticios musculares entre el fascículo profundo y el superficial del esfínter estriado y entre el fascículo superficial y el subcutáneo de dicho esfínter. El borde inferior del espacio inter esfinteriano está cerrado por las inserciones de las fibras del músculo longitudinal conjunto a la dermis, y, dado que estas inserciones se hacen por múltiples haces, se establecen múltiples comunicaciones entre el espacio inter esfinteriano y el espacio perianal. El borde superior del espacio inter esfinteriano está cerrado fundamentalmente por las fibras del músculo elevador del ano que pueden dejar pequeños intersticios que permiten la comunicación con el espacio pelvirrectal superior. Estos intersticios son laterales, ya que tanto por delante como por detrás existen otros músculos que refuerzan a los elevadores. El espacio inter esfinteriano permite el desplazamiento de los diferentes planos musculares durante la defecación, desplazamiento que también se hace evidente durante la cirugía. El espacio inter esfinteriano constituye una vía de abordaje anal, perianal, e incluso intra pélvica. E) Relaciones fosas isquiorrectales por los lados y por detrás órgano central del periné posterior espacio ano coxígeo por detrás núcleo fibroso del periné y estructuras del periné anterior Dada la situación central del conducto anal, se le describen relaciones posteriores, laterales y anteriores, iguales para ambos sexos exceptuando las anteriores -como describiremos-. (4) (8) (11) (12) Fig IV, V, VI, IX, X, XII, XVIII El conducto anal se relaciona, por detrás, con el espacio ano coxígeo -o retro esfinteriano-. El rafe medio posterior ano coxígeo envía tractos fibrosos a la dermis y tabica el tejido adiposo subcutáneo interpuesto entre los dos músculos glúteos mayores. Es a través de ese tabique que puede establecerse la comunicación entre las prolongaciones posteriores de ambas fosas isquiorrectales. (4) (8) (9) El conducto anal se relaciona, por los lados, con las fosas isquio rectales, con su contenido: tejido adiposo más o menos tabicado, dispuesto en lobulillos, el paquete vásculo nervioso pudendo interno -dispuesto contra la pared externa de la fosa isquio rectal en un desdoblamiento de la aponeurosis del músculo obturador interno, conducto de Alcock- que da origen al paquete rectal -o hemorroidal- inferior. Recordemos que el conducto anal y el aparato esfinteriano constituyen, junto con el músculo elevador del ano, la pared medial de la fosa isquio rectal. (4) (8) (9) (11) (12) Las fosas isquiorrectales forman una herradura abierta hacia adelante que envuelve al conducto anal -lo que es bien evidente al observar cortes horizontales de la región, por ejemplo en una tomografía o una resonancia-. Las fosas isquiorrectales tienen forma más o menos triangular, tanto en un corte frontal -con vértice superior y base inferior- como en un corte horizontal con base posterior y vértice anterior-. (4) (8) (9) (11) (12) Por delante, el conducto anal se relaciona con el centro fibroso del periné, y, a través de éste, toma relaciones diferentes según el sexo. Cabe recordar que el centro fibroso del periné -también llamado “núcleo” o “nudo” de Mercier- se forma por el entrecruzamiento de fibras musculares y aponeuróticas de los distintos constituyentes del diafragma pelviperineal. Aportan fibras musculares los músculos transversos del periné -superficial y profundo-, los bulbocavernosos, los elevadores del ano y el esfínter anal estriado. Las aponeurosis perineales, superficial y media también aportan fibras, al igual que la aponeurosis inferior del elevador del ano. En el hombre se relaciona con la uretra membranosa -vinculado directamente a través del músculo recto uretral- y con el bulbo esponjoso formación eréctil de disposición medial- cubierto por los músculos bulbocavernosos. Entre la cara anterior del conducto anal y la cara posterior de la uretra, de orientación inversa -el primero oblicuo hacia abajo y atrás y la segunda hacia abajo y adelante- queda delimitado el triángulo rectouretral, de vértice superior y base inferior cutánea y con una abertura de 75 a 80 º, que contiene al centro fibroso del periné. (4) (8) (11) En la mujer se relaciona con la pared posterior de la vagina. Relaciones que se establecen a través del triángulo rectovaginal -homólogo del triangulo rectouretral masculino- que contiene al centro fibroso del periné. Triángulo de vértice superior situado entre la cara anterior del conducto anal y la cara posterior de la vagina -de orientación inversa respecto al conducto anal, similar a lo referido para la uretra masculina y el conducto anal-. F) Vascularización del conducto anal La vascularización del conducto anal y del aparato esfinteriano depende de los pedículos rectales -o hemorroidales- inferior y medio mayormente, y, en menor medida del pedículo rectal superior. (4) (8) (9) (10) (11) (12) Fig XIV Cabe aclarar que, de acuerdo a la Nomenclatura Anatómica Internacional, la denominación clásica de paquete vásculo nervioso hemorroidal ha sido sustituida por “rectal”, (11) denominación que utilizaremos. Cabe recordar que el recto presenta 3 pedículos vásculo nerviosos: uno superior y posterior, impar, pedículo rectal superior -o hemorroidal superior- y dos laterales, pares, pedículos rectales medio e inferior. Cuando hablamos de vascularización del conducto anal nos referimos a sus arterias, sus venas y sus linfáticos. Los presentaremos en ese orden. a) Arterias Las arterias rectales constituyen una anastomosis entre el sistema de la arteria mesentérica inferior y el sistema de las arterias hipogástricas. El pedículo rectal superior es el pedículo principal del recto, constituido por la arteria homónima -rama terminal de la arteria mesentérica inferior-, sus venas satélites y los vasos linfáticos -corriente linfática ascendente de Mondor, recibe linfa de todos los sectores del órgano, este autor señala al mesorrecto como el “hilio linfático del órgano”-. Las arterias rectales medias son arterias pelvianas, se originan como colaterales de la arteria hipogástrica o de la génito vesical. Transcurren, de lateral a medial, por los alerones del recto muy próximas a la cara superior de los músculos elevadores del ano. Las arterias rectales inferiores son arterias perineales, se originan como colaterales de la arteria pudenda interna durante su trayecto por la fosa isquiorrectal. Transcurren, de lateral a medial, atravesando la fosa isquiorrectal junto a sus venas satélites y el nervio rectal inferior (o anal). Se distribuye por las paredes laterales del conducto anal, el aparato esfinteriano y la piel perianal. El ano también recibe algunas ramas arteriales de la arteria sacra media y de las arterias pudendas externas -éstas últimas son colaterales de las arterias femorales comunes y se distribuyen mayormente por los planos superficiales del periné anterior-. Todas las arterias rectales están ampliamente anastomosadas entre sí, tanto en la superficie del órgano como en la red arterial submucosa. b) Venas Las venas rectales están ampliamente anastomosadas entre sí y constituyen una de las principales anastomosis porto-cava del organismo. El drenaje venoso del recto transcurre por los 3 pedículos rectales ya referidos, siendo las venas satélites de las arterias rectales. El drenaje venoso del conducto anal y del aparato esfinteriano depende de las venas rectales inferiores y medias mayormente. Las venas rectales inferiores terminan en las venas pudendas internas que a su vez lo hacen en las venas hipogástricas al igual que las venas rectales medias y son tributarias, por tanto, del sistema de la vena cava inferior. También son tributarias del sistema de la vena cava inferior las venas pudendas externas -que terminan en el cayado de la safena interna- que comparten con las rectales inferiores el drenaje venoso de los planos superficiales del periné posterior. Las venas rectales superiores terminan uniéndose a las venas sigmoideas y dando origen a la vena mesentérica inferior. Vena mesentérica inferior que formará, al unirse a la vena esplénica y a la vena mesentérica superior, la vena porta. Las venas rectales superiores están ampliamente anastomosadas con las venas rectales medias y con las venas rectales inferiores a través de los plexos venosos submucosos y los plexos venosos existentes en la superficie del órgano, constituyendo las anastomosis porto-cava. Recordemos que el otro punto relevante de anastomosis porto-cava ocurre alrededor del sector distal del esófago, próximo a la unión gastro esofágica. Las venas submucosas del conducto anal forma los plexos hemorroidales interno y externo -ampliamente anastomosados entre sí-. El ligamento de Parks, que separa a estos plexos hemorroidales, deja paso a las venas anastomóticas. El plexo hemorroidal interno está formado por venas ampulosas situadas entre la mucosa y el esfínter interno -muy próximo a su borde superior- se reconocen 3 paquetes principales; lateral izquierdo, anterior derecho y posterior derecho -y entre ello pequeños paquetes secundarios-. (10) (13) (16) (17) El plexo hemorroidal externo está formado por venas menos voluminosas que se disponen en forma circular conformando el círculo venoso del ano. Se sitúa en el espacio subcutáneo, entre la fascia perianal por fuera y la piel del conducto anal por abajo. (12) c) Linfáticos La linfa del conducto anal drena mayormente en los ganglios inguinales superficiales, y en menor medida en los ganglios hipogástricos y los mesentéricos inferiores. El drenaje linfático del recto puede resumirse en 3 corrientes linfáticas, superior, media e inferior, ampliamente anastomosadas entre sí -tanto a nivel de la redes linfáticas submucosas y musculares como de aquellas existentes en la superficie del órgano-. Se reconoce una corriente linfática superior, ascendente, satélite de la arteria rectal superior -corriente principal, ya referida- que recibe linfa de todos los sectores del órgano. Una corriente linfática media -satélite de la arteria rectal media- tributaria de los ganglios hipogástricos -o ilíacos internos-. Una corriente linfática inferior, descendente, tributaria mayormente de los ganglios inguinales superficiales -grupos internos, situados medialmente respecto del cayado de la vena safena interna-. Se reconocen, a cada lado del conducto anal, 3 o 4 troncos linfáticos colectores contenidos en el tejido celular subcutáneo, orientados hacia adelante y afuera, que contornean la cara interna del muslo para alcanzar los ganglios inguinales superficiales -ganglios topografiados en el triángulo de Scarpa, región inguino crural-. El drenaje linfático del conducto anal y, en menor medida el del aparato esfinteriano, depende principalmente de la corriente linfática inferior -que recibe la linfa de la piel perianal y de las paredes del conducto anal- y, en menor medida, de la corriente linfática media y de pequeñas corrientes ascendentes sacras laterales y media- tributarias de los ganglios del promontorio. G) Inervación del conducto anal El conducto anal y el aparato esfinteriano reciben una doble inervación: vegetativa y somática –tanto en lo motor como en lo sensitivo-. Los nervios del conducto anal provienen del plexo sacro y del plexo hipogástrico. (8) (9) (11) (12) (13) (16) (18) Fig XIV El plexo sacro proporciona el nervio rectal inferior o “anal” -hemorroidal inferior de los autores clásicos- que puede originarse directamente del plexo sacro o del nervio pudendo interno. El nervio anal termina dando filetes sensitivos -que se distribuyen por el revestimiento cutáneo del conducto anal- y filetes motores -que se distribuyen por el esfínter externo-. El plexo hipogástrico aporta fibras motoras para el esfínter anal interno y fibras sensitivas para el sector superior del revestimiento interno del conducto anal. La inervación es recibida por cada mitad del esfínter, y parecería que los nervios de una mitad aportan ramos a la otra mitad y por ello la sección de los nervios de un lado no modificaría su contractilidad. (8) El nervio rectal inferior cruza transversalmente la fosa isquiorrectal, formando parte del paquete vásculo-nervioso homónimo -arteria, venas satélites, vasos linfáticos- y alcanza el conducto anal por su flanco. El nervio rectal inferior es un nervio mixto -lleva fibras somáticas y vegetativas-, y aporta la casi totalidad de la inervación del conducto anal. Pero, el conducto anal recibe además algunos ramos que provienen directamente del nervio pudendo interno y lo alcanzan por su sector anterior, y otros que provienen directamente de la cuarta raíz sacra y lo alcanzan por su sector posterior -a estos ramos se los denomina nervios esfinterianos anterior y posterior respectivamente-. A modo de resumen: el conducto anal y el aparato esfinteriano reciben una doble inervación: vegetativa y somática. • Vegetativa: o Motora, para el esfínter anal interno, siendo el simpático excitador y el parasimpático inhibidor del esfínter interno. o Sensitiva, para el sector superior del revestimiento interno del conducto anal • Somática: o Motora, para el esfínter anal externo. o Sensitiva, para el revestimiento cutáneo del conducto anal H) Bloqueo del nervio rectal inferior -o analLos nervios rectales inferiores transitan por la fosa isquiorrectal y alcanzan el conducto anal por sus lados, por ello es que el agente anestésico debe infiltrarse mayormente en los sectores laterales del conducto anal. La anestesia del nervio rectal inferior permite la realización de diferentes procedimientos -diagnósticos y/o terapéuticos- sobre el conducto anal, (13) (14) sin tener que recurrir a una anestesia general o regional. Es efectiva, segura y de fácil realización, y logra un nivel de anestesia tal que permite al cirujano trabajar cómodamente. Puede realizarse con el paciente en diferentes posiciones, tanto en posición de litotomía como en decúbito lateral. Pueden utilizarse diferentes agentes -tales como lidocaína, bupivacaina-, asociarse con vasoconstrictores, etc. Recordemos que los nervios rectales inferiores, responsables de la inervación del conducto anal, transitan por la fosa isquiorrectal y lo alcanzan por sus lados. Por tanto es en el sector lateral del conducto anal donde debemos infiltrar el agente anestésico. (13) Realizada la asepsia de la región se procede a: • • • • • • Identificar el punto de infiltración que se topografía sobre la línea media ánteroposterior del periné, a unos 2,5 cm por detrás del margen anal. Punto de infiltración que nos permitirá infiltrar ambos lados del conducto anal En el referido punto se debe infiltrar la dermis -habón dérmico- antes de profundizar la infiltración Seguidamente, se introduce en el conducto anal el dedo índice de la mano menos hábil, dedo que servirá de guía para las maniobras de infiltración profunda Se continua la inyección del agente anestésico a medida que vamos profundizando la aguja siguiendo una dirección oblicua hacia adelante y afuera -manteniendo la aguja orientada hacia el sector craneal del paciente- pasando inmediatamente por fuera del esfínter estriado y avanzando hasta alcanzar el sector anterior del esfínter -la posición de la aguja respecto al conducto anal la proporciona el dedo examinador que permanece en el conducto analAlcanzado el sector anterior del esfínter externo se retira la aguja casi totalmente y se reorienta para infiltrar -de igual forma- la otra mitad del conducto anal Es aconsejable esperar unos 5 minutos antes de realizar cualquier maniobra, tiempo necesario para que los agentes anestésicos alcancen su máximo nivel de anestesia Esta doble infiltración bloquea los nervios hemorroidal inferior y la rama perineal del cuarto nervio sacro, por cuanto queda paralizado el esfínter externo y se logra un buen nivel de anestesia del conducto anal. Puede complementarse el bloqueo hemorroidal inferior con la infiltración subcutánea del margen anal en el sitio donde se realizarán las maniobras operatorias. I) Anatomía funcional Los diferentes elementos que integran el conducto anal conforman 3 sistemas sinérgicos y cada uno de ellos asegura una etapa de la continencia anal. • • • El esfínter interno, músculo liso, asegura de manera refleja la continencia fina La capa de fibras musculares lisas longitudinales provoca la retracción del ano en el momento de la defecación por tracción sobre el fascículo subcutáneo Los fascículos superficial y profundo del esfínter externo aseguran la continencia voluntaria de manera transitoria y potente. El fascículo puborrectal del elevador del ano refuerza la acción del esfínter externo y mantiene el bolo fecal en la ampolla rectal, acentuando la angulación entre la ampolla rectal y el canal anal El esfínter interno y el esfínter externo, por su tonicidad y, de ser necesario por la contracción voluntaria del esfínter externo -que ocluye el ano de una forma más firme- cierran el orificio anal y se oponen a la salida continua e involuntaria de materia y/o gases. (8) (10) (11) (12) Los fascículos externos de los músculos elevadores del ano, dado que no toman inserciones en el conducto anal, no ejercen acción alguna sobre éste. 5) Bibliografía 1) Boudrandi, S. Anatomía topográfica de la pelvis. En: Temas de anatomía de la pelvis, 1ª ed. Uruguay: Oficina del Libro - A.E.M. 1987; 7- 14. 2) Torres, M; Regules, E; Ruiz Liard, C. El diafragma pelviperineal en la mujer. En: Temas de anatomía de la pelvis, 1ª ed. Uruguay: Oficina del Libro A.E.M. 1987; 53- 73. 3) Testut, L; Jacob, O. 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Revista española sobre enfermedades del aparato digestivo.1977; 51: 873. 21) Gomez, L; Forcada, M. Observaciones sobre la construcción del efínter anal externo subcutáneo. Revista española sobre enfermedades del aparato digestivo.1977; 52: 555. 22) Milligan, E; Morgan, C. Surgical anatomy of the anal canal with special reference to the ano-rectal fistula. 6) Agradecimientos: Nuestro agradecimiento al Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de Montevideo (UDELAR) y al Prof. Dr. Víctor R. Soria Vargas, quien generosamente permitió la utilización del material cadavérico y la realización (por parte de los autores) de las disecciones aquí presentadas. Nuestro agradecimiento al Br. Faustino Quadros Peyrou, autor de todos los dibujos presentados en este capítulo. 1 2 3 4 6 5 Figura I: estrecho inferior de la pelvis, vista inferior 1 sínfisis pubiana, 2 rama isquio pubiana, 3 tuberosidad isquiática, 4 ligamento sacro ciático mayor, 5 coxis, 6 espina ciática 1 4 11 5 5 6 10 7 4 8 9 2 4 3 Figura II: Piso pelviano masculino, vista superior. 1 sínfisis pubiana, 2 coxis, 3 promontorio, 4 estrecho superior de la pelvis, 5 músculo obturador interno, 6 línea de inserción del músculo elevador del ano en la aponeurosis del obturador interno, 7 haz puborrectal del músculo elevador del ano, 8 haz pubo coxígeo del músculo elevador del ano, 9 músculo isquiocoxígeo, 10 ampolla rectal en su sector más distal, 11 uretra masculina 6 4 5 1 3 2 7 3 Figura III: Piso pelviano masculino, vista lateral de la endopelvis derecha. 1 uretra masculina, 2 ampolla rectal en su sector más distal, 3 haz puborrectal del músculo elevador del ano, 4 haz pubo coxígeo, 5 músculo isquiocoxígeo, 6 línea de inserción del músculo elevador del ano en la aponeurosis del obturador interno, 7 coxis 2 5 3 3 4 1 4 Figura IV: Periné posterior, plano superficial. 1 ano, 2 coxis, 3 músculo glúteo mayor, 4 fosa isquiorrectal -tejido célulo adiposo-, 5 rafe ano coxígeo 1 12 11 11 4 4 9 2 3 10 8 2 6 5 7 Figura V: Periné anterior y posterior -disecado-. 1 coxis, 2 tuberosidad isquiática, 3 ano, 4 fosa isquiorrectal sin la grasa, 5 bulbo esponjoso cubierto por los músculos bulbo cavernosos, 6 centro fibroso del periné, 7 paquete pudendo interno en la celda peneana, 8 cuerpo cavernoso cubierto por el músculo isquio cavernoso, 9 aparato esfinteriano del ano, 10 músculo transverso superficial del periné, 11 músculo glúteo mayor, 12 rafe anocoxígeo 13 1 5 12 4 3 6 7 9 8 11 2 10 Figura VI: Corte frontal de pelvis 1 ampolla rectal, 2 conducto anal, 3 fascículo puborrectal del músculo elevador del ano uniéndose al esfínter estriado, 4 músculo elevador del ano, 5 músculo obturador interno, 6 isquion, 7 esfínter interno del ano, 8 espacio inter esfinteriano, 9 esfínter anal externo, 10 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, 11 fosa isquiorrectal, 12 paquete vásculo nervioso pudendo interno en el conducto de Alcock, 13 espacio pelvi subperitoneal. 10 10 1 5 8 7 6 2 4 4 3 9 9 11 Figura VII: Periné anterior masculino 1 ano, 2 centro fibroso del periné, 3 bulbo esponjoso cubierto por los músculos bulbo cavernosos, 4 cuerpo cavernoso cubierto por el músculo isquio cavernoso, 5 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, 6 fascículo superficial del esfínter anal externo -sector anterior-, 7 músculo transverso superficial del periné, 8 isquion, 9 paquete vásculo nervioso pudendo interno en la celda peneana, 10 músculo glúteo mayor, 11 pinza señalando el borde inferior del pubis 1 12 11 5 10 9 3 4 13 7 6 2 8 14 Figura VIII: Corte frontal del conducto anal 1 ampolla rectal, 2 conducto anal, 3 columna de Morgagni, 4 válvula semilunar, 5 sonda señalando el esfínter anal interno, 6 espacio inter esfinteriano, 7 esfínter anal externo, 8 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, 9 fosa isquiorrectal, 10 fascículo puborrectal del músculo elevador del ano integrándose al esfínter estriado del ano, 11 músculo obturador interno, 12 paquete pudendo interno en el conducto de Alcock, 13 isquion, 14 plicoma 1 13 16 18 3 14 2 9 12 8 11 10 4 12 15 8 5 7 17 6 Figura IX: Corte sagital de pelvis masculina (la hipertrofia prostática desplaza la uretra hacia adelante. La uretra membranosa aparece más alejada del recto y del conducto anal de lo que se observa en forma habitual -ver figura XVI-). 1 sínfisis pubiana, 2 coxis, 3 ampolla rectal, 4 conducto anal, 5 centro fibroso del periné, 6 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, 7 espacio inter esfinteriano, 8 esfínter anal externo, 9 músculo elevador del ano, 10 algunos fascículos del rafe anocoxígeo, 11 espacio retro rectal -pelviano-, 12 esfínter anal interno, 13 vejiga, 14 próstata aumentada de tamaño, 15 bulbo esponjoso, 16 fondo de saco de Douglas, 17 espacio retro anal, 18 uretra membranosa 18 8 6 1 3 7 2 14 4 5 13 10 15 11 9 12 Figura X: Corte sagital de pelvis femenina 1 sínfisis pubiana, 2 coxis, 3 vejiga, 4 uretra, 5 vagina, 6 útero, 7 ampolla rectal, 8 fondo de saco de Douglas, 9 conducto anal, 10 centro fibroso del periné, 11 esfínter estriado, 12 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, 13 fascículos del rafe ano coxígeo, 14 músculo elevador del ano, 15 espacio retroesfinteriano 1 2 6 11 10 4 5 3 9 7 8 Figura XI: Conducto anal en corte sagital de pelvis femenina 1 vagina, 2ampolla rectal, 3 conducto anal, 4 esfínter anal interno, 5 esfínter anal externo, 6 esfínter anal externo en su punto de unión con el músculo elevador del ano, 7 espacio inter esfinteriano, 8 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, 9 fascículos del rafe anocoxígeo, 10 espacio retroesfinteriano, 11 centro fibroso del periné. 2 10 10 6 7 3 9 9 3 1 5 5 8 4 Figura XII: Esfínteres del ano 1 ano, 2 coxis, 3 isquion, 4 cuerpo esponjoso cubierto por los músculos bulbo cavernosos, 5 músculo transverso superficial del periné, 6 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, 7 esfínter anal externo, 8 núcleo fibroso del periné, 9 fosa isquiorrectal despojada de la grasa, 10 músculo glúteo mayor. 5 4 1 8 2 2 7 3 6 Figura XIII: Esfínteres del ano 1 ano, 2 isquion, 3 centro fibroso del periné, 4 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo entre las 2 ramas de la pinza-, 5 esfínter anal externo señalado con una sonda, 6 entrecruzamiento anterior de las fibras del esfínter externo, 7 borde inferior del esfínter anal interno -se hace evidente luego de llevar hacia adentro el fascículo subcutáneo del esfínter anal externo y hacia afuera el esfínter anal externo-, 8 paquete rectal inferior 9 8 1 4 10 2 3 6 5 7 11 Figura XIV: Paquete vásculo nervioso rectal inferior expuesto luego de desinsertar, y reclinar hacia la línea media, el músculo transverso superficial del periné 1 ano, 2 fascículo subcutáneo del esfínter anal externo, 3 esfínter anal externo, 4 músculo transverso superficial del periné reclinado, 5 nervio rectal inferior, 6 arteria y venas rectales inferiores, 7 paquete pudendo interno en la celda peneana, 8 músculo glúteo mayor, 9 fosa isquiorrectal sin la grasa, 10 rama arterial con sus venas satélites originado de la arteria rectal inferior Esfínter subcutáneo Figura XV: Representación esquemática de un corte frontal del conducto anal. 9 8 10 3 2 4 13 14 5 7 15 1 6 11 12 Figura XVI: Corte sagital de pelvis masculina y su correlación con la resonancia nuclear magnética. 1 conducto anal; 2 ampolla rectal; 3 vejiga urinaria; 4 próstata; 5 uretra membranosa; 6 bulbo esponjoso; 7 uretra esponjosa; 8 conducto deferente; 9 vesícula seminal; 10 aponeurosis próstato peritoneal de Denonvilliers decolada (en el preparado anatómico); 11 esfínter externo; 12 esfínter interno; 13 pubis; 14 coxis; 15 espacio retroesfinteriano. 10 13 9 5 14 2 3 4 15 7 1 6 11 12 9 8 7 4 4 2 2 1 3 3 5 5 6 6 Figura XVII: Corte horizontal de pelvis masculina y su correlación tomográfica 1 ampolla rectal; 2 músculo elevador del ano; 3 isquion; 4 músculo obturador interno; 5 fosa isquiorrectal; 6 músculo glúteo mayor; 7 próstata; 8 uretra; 9 pubis 8 9 4 3 2 7 1 3 5 6 1 2 4 12 5 11 3 10 9 6 6 7 8 8 Figura XVIII: Corte horizontal de pelvis masculina y su correlación tomográfica 1 sínfisis pubiana; 2 uretra membranosa; 3 luz del conducto anal; 4 esfínter interno; 5 esfínter externo; 6 fosa isquiorrectal; 7 rafe anocoxígeo; 8 músculo glúteo mayor; 9 tuberosidad isquiática; 10 espacio interesfinteriano; 11 submucosa; 12 plexo hemorroidario interno 2 9 1 6 3 9 6 8 2 6 3 1 6 4 5 6 Figura XIX: Conducto anal, sector superior, ecografía endoanal. 1 luz del conducto anal con sonda de ecografía, 2 mucosa, 3 submucosa, 4 esfínter anal interno, 5 esfínter anal externo, 6 haz puborrectal del músculo elevador del ano. 6 2 1 4 3 5 Figura XX: Conducto anal, sector medio, ecografía endoanal. 1 luz del conducto anal con sonda de ecografía, 2 mucosa, 3 submucosa, 4 esfínter anal interno, 5 esfínter anal externo, 6 bulbo esponjoso. 2 3 1 4 5 Figura XXI: Conducto anal, sector inferior, ecografía endoanal. 1 luz del conducto anal con sonda de ecografía, 2 mucosa, 3 submucosa, 4 esfínter anal interno, 5 esfínter anal externo. 1 ALGUNAS APRECIACIONES SOBRE LA SEMIOLOGIA ANAL Dr. Ricardo Misa; Dr. Gustavo Armand Ugon; Dr. Marcelo Laurini. Si bien en cada uno de los capítulos se tratan en forma extensa los síntomas y signos de las distintas patologías, nos permitiremos realizar algunas apreciaciones en general, que creemos serán oportunas. El consultorio. Si bien la privacidad parecería ser un elemento indiscutible en la consulta médica, en el paciente con patología anal, este detalle debe ser cuidado al máximo. El paciente con patología anal, por razones culturales y sociales, llega habitualmente incómodo al consultorio proctológico. Muchas veces debe relatar hechos que le resultan avergonzantes, otras veces escuchar preguntas que le incomodan, y además sabe que se le realizará un examen ano-rectal, por lo que el mismo entra a la consulta, en un estado de ansiedad y muchas veces temor. Debido a esto, la cantidad de personas al momento del examen debe ser el menor posible, incluso en ámbitos docentes, y de la calidad del médico dependerá el confort del paciente durante el interrogatorio y el examen. La actitud del médico. Sin duda que la postura del médico debe ser de respeto, dando al paciente el tiempo necesario para relatar su sintomatología. El médico debe evitar juicios de tipo moral. Especialmente en los pacientes con enfermedades de transmisión sexual, no debe caer en “paternalismos” o “redentorismos”, que muchas veces evidencian los propios tabúes que puede tener el personal de la salud (1)(2)(3)(4). No debe presuponerse que pueda haber diferencias en el pudor entre pacientes de sexo femenino o masculino, o en la población homosexual, y mucho menos -aunque parezca obvio, no podemos dejar de decirlo- inferir que una persona que se prostituye, pueda ser interrogado o examinado olvidando las normas básicas de respeto que se debe tener con todo paciente. Semiología anal: Existen tres situaciones clínicas, que seguramente comprenden más del 90% de la consulta proctológica habitual: el dolor, el sangrado, y la presencia de tumoraciones. Los trastornos de la continencia y el prurito anal son también habituales, aunque con menor incidencia. No serán objeto de estudio en este trabajo. Las lesiones de margen anal, especialmente las lesiones ulceradas y las manifestaciones ano- …..“el dolor, el sangrado y las rectales de las Enfermedades de tumoraciones de margen anal, Transmisión Sexual, son motivo resumen más del 90% de la consulta especial de estudio en nuestra obra, por coloproctológica” su importancia, y porque nuestra Unidad recibe especialmente un número importante de pacientes con esta patología. Remitimos al lector al capítulo correspondiente. Sobre el dolor anal El dolor anal es muchas veces el eje de la consulta. Puede ser insidioso, progresivo, (como en el absceso DOLOR: perianal) o aparecer en forma brusca, ¿Aparición brusca o insidiosa? por ejemplo en el debut de una ¿Pulsátil o continuo? trombosis hemorroidaria. El tipo de ¿Relación con la defecación? dolor es muchas veces característico, ¿Elementos acompañantes? como en los abscesos perianales que es pulsátil. Se debe preguntar su relación con la defecación, lo que orienta hacia la fisura anal. Por último, deben interrogarse los elementos acompañantes. En la práctica, existen tres patologías muy frecuentes que se presentan con dolor: 9 La fisura anal: Es un dolor característico, relacionado con la defecación, y se acompaña de un ano hipertónico. 9 La trombosis hemorroidaria: Dolor de aparición brusca, donde se objetiva el hematoma peri hemorroidario en el margen anal. 9 El absceso perianal: El dolor es habitualmente pulsátil y se objetivan elementos fluxivos. Existe una situación especial, el absceso interesfinteriano: en esta situación pueden no observarse elementos fluxivos, pero debe sospecharse frente a la aparición de dolor progresivo, en ausencia de hematoma peri hemorroidario e hipertonía anal. Sobre el sangrado El sangrado por patología anal, se manifiesta habitualmente en forma de una rectorragia post defecatoria, con sangrado espontáneo o provocado al SANGRADO: higienizarse. En algunas situaciones, (por ¿Características? ejemplo en hemorroides internas que ¿Elementos acompañantes? presenten sangrado retrógrado) pueden ¿Con dolor? presentarse deposiciones de sangre, pero las mismas, al igual que la anemia, obligan siempre a pensar en otras patologías. Existen dos grandes causas de sangrado de origen anal: la primera, las hemorroides internas, la segunda la fisura anal. Debe recordarse que un sangrado postdefecatorio que se acompaña de dolor con iguales características, corresponde en principio a una fisura anal y no a patología hemorroidaria. Sobre las tumoraciones del margen anal Debe interrogarse sobre su forma de aparición: brusca y dolorosa como en las complicaciones hemorroidarias (trombosis o anitis prolapsante) o progresiva y persistente como en los RECORDAR: procesos proliferativos. No toda tumoración del margen anal Se interrogará además su corresponde a patología relación con la defecación. La aparición hemorroidaria. con el pujo rectal no solo es manifestación de prolapso hemorroidario interno, sino que también puede ser el síntoma de otras tumoraciones del canal anal, (benignas o malignas), e incluso de patología rectal. Remitimos al lector a los capítulos correspondientes. Sobre el examen físico. No existe un buen interrogatorio, El médico debe utilizar dos sin un correcto examen, y en los instrumentos básicos: pacientes con patología anal, culmina Una silla, para sentarse a escuchar. necesariamente con el tacto rectal. Una camilla, para examinar. Nos siguen pareciendo completamente válidos, los aforismos que estableció el Profesor Chifflet(5), hace casi 40 años: 9 “La molestia al enfermo no debe pesar frente a la indicación del examen” El médico debe evitar que el pudor del enfermo Forzar un tacto rectal en un paciente o del propio profesional, dolorido, no sólo no ayuda al soslaye la realización del diagnóstico; asegura además un examen. Existe una sola enemigo. situación: el dolor anal. En este caso, puede realizarse una cuidadosa inspección, que a veces alcanza para realizar el diagnóstico (como es el caso de la fisura anal) pero si existen dudas y es necesario el tacto, este debe realizarse bajo anestesia. 9 No indicar nada antes del examen. 9 No pedir paraclínica sin examinar. Es tristemente habitual, observar estas situaciones en pacientes que llegan a la policlínica; no es de extrañar que en estas situaciones sea frecuente el error médico. 9 Pensar siempre en la posibilidad de cáncer. . Es también habitual, la consulta de pacientes en nuestra policlínica, con cánceres avanzados de recto, con varias consultas previas, donde recibieron como único tratamiento ungüentos antihemorroidarios. 9 Disponer siempre de material para examinar. Tampoco es raro observar, en los consultorios de medicina general, que no hay nada dispuesto para la realización del examen rectal. Seguramente no es nada oneroso un par de guantes, gel lubricante, y una sábana para cuidar el pudor del paciente. Destacamos que en nuestra Unidad, utilizamos habitualmente la posición de Sims para la inspección ano perineal, ya que es cómoda para el paciente y el examinador. El tacto propiamente dicho, especialmente en los pacientes con sospecha de cáncer rectal la realizamos con el paciente en decúbito dorsal, con la pelvis elevada mediante la colocación de los puños del paciente bajo los glúteos. Consideraciones finales. La patología anal es una consulta sumamente frecuente en la práctica diaria, tanto del cirujano como del médico general. Comprende una gran variedad de situaciones patológicas, de simple resolución o de extrema complejidad. Sorprendentemente es poco conocida, por lo tanto mal manejada, y con posibilidad de secuelas. Es un “cómplice” habitual de enfermedades malignas. No sorprende entonces que sea causa frecuente de error médico. Alcanza esto para comprender el sentido de esta obra. Bibliografía 1) Ballesteros J.; Enfermedades de transmisión sexual. Actualización de su abordaje. Inf Ter Sist Nac Salud 2007; 31:39-54 2) Cohen D.; Mayer K.. Primary Care Issues for HIV-Infected Patients.Infect Dis Clin N Am 2007; 21:49-70 3) Gómez Vera C.E.; Osorio M.; Mulet E. Aspectos quirúrgicos de las lesiones anales en los pacientes infectados por el virus de inmunodeficiencia humana. 4) Smith L.; Updated CDC Guidelines for the Treatment of STDs http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/rr5511a1.htm 5) Chifflet A. Enfermedades no neoplásicas SMU. Cuadernos de Medicina 1970; (3) 29-37. del recto. PREPARACION DEL CAMPO OPERATORIO Dr. Fausto Madrid, Dr. Nicolás Ramos, Dr. Ricardo Misa 1. Introducción 2. Normas para disminuir el error en sala de operaciones. 3. Técnica de colocación del paciente para los diferentes abordajes quirúrgicos. Preparación del campo quirúrgico. 4. Complicaciones vinculadas al mal posicionamiento del paciente. Profilaxis 5. Método de anestesia local y regional. 6. Bioseguridad del equipo quirúrgico. 7. Bibliografía Introducción En este capítulo intentamos abarcar todos los procesos que se realizan previo al acto quirúrgico propiamente dicho. Si bien no son procedimientos de complejidad, su sistematización acelera los procesos en block quirúrgico, evita complicaciones potencialmente graves y facilita la realización de las maniobras quirúrgicas. La preparación y exposición del área operatoria son fundamentales para facilitar el acto quirúrgico, si no se logra ver bien se dificulta la identificación de estructuras y, seguramente, la cirugía será más compleja. Las maniobras que describiremos tienen la finalidad de cumplir con estos preceptos y son responsabilidad del equipo tratante, destacando que el mismo está integrado por cirujano, anestesista, instrumentista y circulante; actores que tienen la responsabilidad y obligación de lograr el mejor resultado posible en cada acto quirúrgico que se realice. Lograr el compromiso de los citados participantes es, en ocasiones, difícil de cumplir en nuestro medio, pero no por ello debemos dejar de intentarlo y exigirlo, dado que la seguridad del paciente y el resultado de la cirugía debe ser nuestra principal preocupación. Normas para disminuir el error en sala de operaciones. (1,2,3) La seguridad del paciente es, primordialmente, responsabilidad de la enfermera circulante de block; si bien, como expresamos previamente, todo el equipo tratante debe intervenir en este aspecto. Citaremos algunos de los aspectos fundamentales de seguridad en sala de operaciones: La infraestructura de la sala de operaciones debe ser testada antes de la llegada del paciente. La mesa quirúrgica debe ser revisada antes de la cirugía, confirmar su correcto funcionamiento y verificar que sea posible lograr la posición quirúrgica deseada. • El paciente debe estar correctamente identificado La identificación de pacientes con un brazalete donde conste nombre, institución a la que pertenece, cirugía para la que está programado y cirujano tratante es fundamental en un block quirúrgico de alto volumen. Pueden evitarse demoras innecesarias, estrés emocional al paciente y equivocaciones que pueden tener gravísimas consecuencias. • Traslado seguro del paciente a sala de operaciones El traslado del paciente se debe realizar en una camilla de uso interno de block, con barandas removibles. Deben extremarse precauciones con los miembros del paciente que deben estar siempre dentro de la camilla para evitar traumatismos. • Pasaje del paciente desde la camilla a la mesa quirúrgica La mesa debe estar fija, así como la camilla al momento del pasaje del paciente. La transferencia del paciente es más compleja cuando éste se encuentra inconsciente; en esa eventualidad el anestesista será el encargado de mantener la posición de la cabeza en forma neutral y cuidar que la vía aérea esté permeable en todo momento. Se recomienda la presencia de cuatro personas para levantar y mover al paciente inconsciente. Debe prestarse especial cuidado con las sondas, drenajes, vías o catéteres, evitando el movimiento excesivo de los mismos. No se debe mover la mesa operatoria luego que el paciente se encuentra sobre ella. • Colocación del paciente en la mesa quirúrgica Ninguna parte del paciente debe tomar contacto con partes metálicas de la mesa operatoria. Las tablas para los brazos o las pierneras debe ser acolchonadas para evitar lesiones traumáticas; se deben evitar las posiciones de hiperextensión. La exposición corporal debe ser mínima para cuidar el pudor y evitar hipotermia. Una vez colocado en la posición deseada las extremidades se deben mantener fijas para evitar arrancamiento involuntario de vías o catéteres al despertar anestésico. Técnica de colocación del paciente para los diferentes abordajes quirúrgicos. Las posiciones que utilizamos en los procedimientos quirúrgicos por patología perianal son básicamente dos: Posición ginecológica o de Lloyd Davies y posición de navaja o de Kraske A) POSICIÓN de LITOTOMÍA o de LLOYD DAVIES (4, 5, 6 ) Como primera medida se coloca al paciente en decúbito dorsal, cabe destacar que es importante que el anestesista participe activamente en ubicar al paciente en la mesa de operaciones así se evita dificultades de posicionamiento al momento de la intubación orotraqueal. Otro factor a tener en cuenta es que la región glútea debe quedar sobre el sector donde la mesa que se quiebra, a nivel de los miembros inferiores.(Fig 1) Los glúteos deben quedar a nivel del sector de “quiebre” de la mesa de operaciones para mejorar la exposición Figura 1 Los miembros inferiores piernas se pueden colocar en las pierneras antes o después de anestesiar al paciente. Es importante prestar atención al apoyo de los miembros inferiores en las pierneras, ya que si no toman contacto adecuadamente puede haber lesiones nerviosas como se verá mas adelante. (Fig 2) Posicionar bien los miembros inferiores no solo evita lesiones nerviosas sino que permite lograr la exposición óptima Figura 2 En nuestro servicio lo realizamos con el paciente despierto ya que evita mover al paciente anestesiado, permite interrogar al paciente acerca del confort o molestias que le ocasiona la posición escogida; como punto en contra expone al paciente a una posición indecorosa que puede afectar el pudor. Resulta útil poner un rollo de tela por debajo de la zona glútea para lograr una mejor exposición. (Fig 3) Elevar el periné con un rollo de tela es otro recurso para una mejor exposición Figura 3 Asimismo los miembros superiores deben ser colocados en abducción, no dejarlos caer al costado del cuerpo, dado que pueden producirse lesiones de los dedos al elevar el sector inferior de la mesa de operaciones al finalizar la cirugía. (Fig 4) Como lo muestra el esquema, los dedos pueden quedar atrapados por el sector móvil de la mesa al elevarse el sector distal Figura 4 Preparación del campo quirúrgico. La región perianal se prepara con antisépticos locales. Preferimos solución de yodopovidona, pintando la cara interna de ambos muslos, el pubis y por último el sector inferior de las regiones glúteas y el periné. Se delimita el área operatoria con sábanas estériles; primero ambos miembros inferiores y luego doble campo por debajo de los glúteos y por último los campos del hipogastrio. Esta forma de vestir el campo operatorio minimiza el riesgo de desesterilizarse en la maniobra.(Fig 5) 1 3 2 4 Figura 5 Se muestra la colocación de los campos estériles en el orden propuesto Se completa la exploración física perianal y se realiza el tacto rectal explorador. Con el paciente dormido estas maniobras son más sencillas y permiten obtener una rica semiología. B) POSICIÓN DE NAVAJA o de KRASKE (2, 3, 7) Es una variante de la posición prona o decúbito ventral que permite una excelente exposición de la parte baja de la región lumbar, sacra y coxigea. Se requieren como mínimo 6 personas para rotar un paciente anestesiado. El anestesista será el encargado de cuidar la vía aérea, la cual previamente será fijada correctamente. Esto es fundamental, debido a que una extubación en la maniobra de rotación del paciente puede llegar a ser un evento adverso potencialmente fatal. No se deben rotar los miembros y la cabeza se mantendrá alineada en todo momento. No debe recargarse el peso del paciente al brazo del lado hacia el que se rota el paciente. Si existe noción de patología arterial previa la cabeza se debe fijar en posición neutra apoyada sobre dos rollos de tela posicionados lateralmente o una almohadilla en forma de herradura. En caso de no presentar dicha alteración se puede colocar la cabeza rotada lateralmente cuidando que la oreja no soporte todo el peso sino que es deseable colocar una almohadilla por debajo. A nivel del tronco deben colocarse dos almohadillas o rollos longitudinales a nivel lateral donde se apoye la parrilla costal desde la región subclavicular a la iliaca prestando especial atención a que no se produzca mayor presión a nivel de axilas o regiones iliacas, donde se podrían producir lesiones nerviosas o vasculares. (Fig 6) Al colocar al paciente en decúbito dorsal, la articulación de la cadera debe quedar a la misma altura que el del “quiebre” de la mesa Figura 6 Hay que tener precaución con el apoyo de las mamas en las mujeres u los genitales externos masculinos; la presión del cuerpo sobre los mismos puede generar intenso dolor en el posoperatorio. Ambos miembros quedarán alineados a los lados del cuerpo, sin que ninguna parte de las extremidades quede en contacto con el metal de la mesa. Como variante pueden colocarse apoya brazos de tal forma que los miembros superiores queden semiflexionados a los lados. En los miembros inferiores se debe almohadillar el contacto de las rodillas y los dedos de los pies. (Fig 7) Los resaltos óseos y las articulaciones deben quedar acolchonados a fin de evitar lesiones Figura 7 El paciente se debe fijar en esa posición con cinturones a nivel de los muslos. Una vez posicionado así la mesa se quiebra a nivel de la cadera unos 30 grados. (Fig 8) Figura 8 Nótese los colchones laterales en tórax y otro bajo de la pelvis para mayor seguridad y evitar lesiones Para mejorar la exposición de la región coxigea debemos separar los glúteos. Para ello colocamos en el sector interno de cada glúteo, dos trozos de leucoplasto de unos 15 cm en forma longitudinal. A dichos leucos pegamos el extremo de otro que, dando la vuelta por debajo de la mesa quirúrgica tracciona en forma lateral y separa los glúteos. Preparación del campo quirúrgico. La región se desinfecta pintando con yodopovidona desde el sector medio de la espalda hasta los glúteos en el sector distal. Se enmarca la región con campos estériles, en forma de cuadrilátero centrado por el área quirúrgica. Complicaciones Profilaxis (2, 3, 8) vinculadas al mal posicionamiento del paciente. Conocer los mecanismos de injuria permitirá evitar ciertas posiciones y usar medidas para contrarrestar posiciones que potencialmente producirán daño. Las lesiones relacionadas con las posiciones resultan de compresión de tejidos, traumatismos o elongamientos bruscos, embolia aérea y disminución de la perfusión de órganos. La elongación progresiva de un nervio periférico genera alteraciones anatómicas del mismo que van desde déficits neurológicos transitorios, por lesiones focales de la vasa nervorum, hasta lesiones nerviosas desmielinizantes que originan neuropatías definitivas invalidantes. Dicha elongación está vinculada habitualmente con mal posición del paciente, pero algunas lesiones nerviosas ocurren a pesar de un prudente posicionamiento, por lo que el conocimiento actual no permite en definitiva relacionar determinados mecanismos de injuria con la producción de lesiones. Existe evidencia de que algunos pacientes tienen alta predisposición a desarrollar lesión nerviosa a pesar de una adecuada técnica de posicionamiento. La enfermedad vascular periférica, diabetes, neuropatía hereditaria y variaciones anatómicas (costilla cervical) son factores que predisponen a lesiones nerviosas. (8, 9, 10) La compresión severa y prolongada de los tejidos puede resultar en suficiente isquemia y edema de los tejidos adyacentes; que determinara una alteración de la perfusión secundaria a la compresión vénulo-capilar, proceso conocido como síndrome compartimental, condición común encontrada en las extremidades. (3, 11) A) COMPLICACIONES DE POSICIÓN DE LLOYD DAVIES. La posición supina es por lejos la más usada en cirugía y procedimientos que requieren anestesia. Incluso esta posición esta asociada a lesiones. De todas las lesiones nerviosas, la neuropatía cubital es la más común, representado 1/3 de los casos. Ocurre predominantemente en hombres, vinculado a menor grado de grasa subcutánea que el codo femenino. La incidencia oscila entre el 0,25 y 0,5%. El mecanismo no es del todo conocido y solo puede identificarse en una pequeña porción de los casos (5%), estiramiento y compresión ha sido mencionados. En pacientes despiertos esta lesión tiene incidencia casi nula. (3,12) Las lesiones del plexo braquial son las segundas en frecuencia, existe particular riesgo si los brazos son abducidos más de 90° o dorsalmente extendidos por inadecuado soporte horizontal. Esta disposición permite que la cabeza del húmero actúe como ariete sobre la que los nervios del plexo braquial permanecen estirados. Lesiones del plexo braquial han sido reportadas en 12 a 35% de las estereotomías medias, pero la posición del brazo parece tener poca incidencia en estos casos. El estiramiento del plexo braquial junto a la abducción mayor a 90° y la lateralización de la cabeza hacia el lado opuesto se han relacionado a injuria nerviosa. (3, 13) (Fig 9 y 10) Figura 9 Las lesiones nerviosas más frecuentes se dan por estiramiento de las fibras de los plexos, al no tener cuidado con la posición de los mismos Figura 10 Las sencillas precauciones, como colocar adecuadamente la tabla donde apoya el miembro superior y evitar la abducción excesiva, previenen lesiones. Citamos las recomendaciones de la Asociación Americana de Anestesiología sobre el posicionamiento de las extremidades superiores. (14) 1. Abrazaderas acolchonadas pueden disminuir el riesgo de neuropatía de la extremidad superior, sobre todo a nivel del codo. 2. Limitar la abducción a 90° en pacientes supina. 3. Pacientes en pronación pueden tolerar más cómodamente la abducción. 4. Posicionar brazos para disminuir la presión sobre el surco cubital del húmero. 5. Cuando los brazos son colocados de lado, mantenerlos en posición neutra. 6. Cuando los brazos son colocados sobre tablas, es aceptable supinación en posición neutra. 7. Se debe evitar la presión excesiva sobre el canal del nervio radial a nivel del húmero. 8. La extensión del codo más halla de una posición confortable puede estirar el nervio mediano. 9. El uso de rollos en tórax y axial en pacientes lateralizados puede disminuir el riesgo de lesión nerviosa. Posición de Litotomía Cuando la posición de litotomía es combinada con un postura cabeza abajo (Trendelenburg), del movimiento del paciente puede resultar en un síndrome compartimental de una extremidad inferior. Esto ocurre en el 1.7 % de los pacientes sometidos a largas cirugías de citorreducción; parece resultar de la tracción exagerada de los vasos poplíteos al movilizar el tronco en dirección craneal. Se disminuiría el riesgo con el uso de abrazaderas en los hombros. No debemos olvidar que estas abrazaderas en la posición de Trendelenburg pueden ocasionar lesión del plexo braquial sobre todo si son colocadas muy medialmente y en cirugías prolongadas. (15, 16, 17) Las neuropatías de los miembros inferiores son poco frecuentes (1.5%) y se relacionan con la duración de la cirugía y la colocación correcta de las piernas en los soportes. (Fig 11) Figura 11 La topografía de los nervios peroneo común y safeno hacen que estén expuestos a traumatismos si no colocamos las pierneras adecuadamente Nervio peroneo Nervio safeno Los soportes metálicos aumentan el riesgo de compresión del nervio peroneo, debido fundamentalmente a su trayecto superficial justo por debajo de la rodilla. (Fig 11) La extensión exagerada de la rodilla predispone a lesiones del nervio ciático y articulares. Se evita teniendo la precaución de evitar movimientos bruscos al momento de sacar al paciente de posición luego de realizada la cirugía. Las piernas se deben sacar de las pierneras con ambas manos y brindando un soporte por detrás de la rodilla y nunca dejarlas caer tomadas solamente por los pies. Puede existir daño de dedos y muñecas al flexionar hacia abajo el soporte de los pies de la mesa de operaciones durante el tiempo perineal de una cirugía de recto; para ello el personal debe de estar atento y despejar las manos de la ranura. Las mismas lesiones se pueden producir en el proceso inverso (al levantar el soporte de los miembros inferiores. (3, 18) (Fig 12) Los riesgos no cesan con la cirugía. Aún luego de finalizada ésta, debemos estar atentos a los cuidados del posicionamiento del paciente Figura 12 Citamos las recomendaciones de la Asociación Americana de Anestesiología para prevenir las lesiones nerviosas en la posición ginecológica. (14) 1. Acolchonar la zona del peroné parece disminuir el riesgo de neuropatía de las extremidades inferiores. 2. Se debe evitar la presión exagerada del nervio peroneo a nivel de la cabeza del peroné. 3. Tanto la flexión como la extensión de la cadera aumentan el riesgo de neuropatía femoral. 4. Si durante la posición de Litotomía se estira el grupo muscular extensor, puede producirse estiramiento del nervio ciático. 5. Los soportes para hombros en la posición de Trendelemburg parecen aumentar las lesiones del plexo braquial. B) COMPLICACIONES DE LA POSICIÓN DE NAVAJA. La posición de decúbito ventral se utiliza para tener acceso al sector posterior de la cabeza, la columna, el sector posterior de los miembros y para ciertas cirugías del retroperitoneo Es una de las posiciones mas problemáticas, dado que el paciente se anestesia en decúbito dorsal y luego de anestesiado debe rotarse 180 grados. Con ello se dificulta el manejo de la vía aérea por parte del anestesista, se generan alteraciones de la fisiología cardiaca y respiratoria (limitación de la excursión diafragmática y movimientos de la caja torácica, estasis venoso abdominal, compresión de la vena cava inferior, aumento de la presión venosa central) y, en caso de patología arterial previa, puede haber disminución del flujo sanguíneo a nivel de la arteria vertebral. (3, 19, 20) No ahondaremos en estos temas que son competencia de otra especialidad. Las lesiones mas frecuentes por decúbito ventral incluyen lesiones oculares (ulcera de cornea, isquemia de retina), lesiones por estiramiento del plexo braquial y lesiones por presión en cara, codos, rodillas, mamas y genitales masculinos. La rotación exagerada de la cabeza hacia el lado contralateral al brazo estirado puede determinar lesión del plexo braquial por estiramiento como ya fue explicado previamente. Una presión excesiva de la clavícula puede comprimir el paquete neurovascular contra la primera costilla, por lo cual los brazos no deben de abducirse más de 90º. (7, 8, 21) Método de anestesia local y regional Si bien estos procedimientos pueden realizarse con anestesia regional o local, preferimos utilizar anestesia general. A pesar de ello, realizamos en forma sistemática un bloqueo nervioso de la región perianal dado que el mismo posibilita una mejor relajación esfinteriana, minimiza la hemorragia intraoperatoria y disminuye los requerimientos de analgésicos en el posoperatorio mejorando el confort del paciente. (22,23,24) La infiltración de la región perianal se realiza con dilución anestésica de lidocaína al 1% (10cc), bupivacaína al 2% (10cc) y adrenalina al 1/100 (1cc). La técnica es la del bloqueo pudendo bilateral y de la región perianal. Para ello se reperan los resaltos óseos: coxis y tuberosidad isquiática de ambos lados. Se realiza la inyección profunda en los 4 cuadrantes (inter ano-coxis, inter ano-isquion bilateral y por delante del ano), inyectando 5 cc de la solución descrita por cuadrante para lograr un bloqueo nervioso adecuado. Por último se realiza un habón subdérmico en el sitio de la incisión. (25, 26) En caso de patología anal se coloca un separador endoanal (Parks o trivalvo) para finalizar la exploración visual del canal endoanal y de la lesión que vayamos a tratar. Bioseguridad del equipo quirúrgico En la cirugía proctológica, como en todo acto quirúrgico, debemos considerar diversos riesgos a los que se expone el profesional actuante. Estos riesgos y su profilaxis quedan enmarcados en un concepto de gran auge en la actualidad: la bioseguridad. Al comienzo la bioseguridad tenía el propósito de instrumentar mecanismos para la reducción del riesgo de transmisión de infecciones en servicios de salud vinculados a accidentes por exposición a sangre y fluidos corporales. Con el correr de los años y la expansión del tema otros autores ampliaron el concepto, y lo definieron como un sistema de conocimientos, actitudes y prácticas que promueven la prevención de accidentes laborales en el campo de laboratorio y práctica médica. (27,28, 29) Es, por lo tanto, una gran área de trabajo, que incluye todos los riesgos que corre el personal de salud en contacto directo con el paciente o no, enmarcando diferentes vías de transmisión de enfermedades. En los párrafos siguientes haremos hincapié en los aspectos de bioseguridad que comprometen fundamentalmente al cirujano, y principalmente mediante la vía de contaminación hematógena. Si bien el cirujano esta expuesto a diversa noxas durante el acto quirúrgica, en las ultimas décadas el advenimiento epidémico de enfermedades virales como VIH, hepatitis b y c, obligan al equipo quirúrgico a instrumentar sistemáticamente medidas universales de prevención, y a considerar siempre la presencia de contaminación en cualquier material biológico que manipule, sea el paciente portador conocido de la patología o no. (30) Analizaremos estos tres agentes virales, luego los factores de riesgo para la transmisión, categorización de riesgo y las medidas para la prevención. Agentes virales Hepatitis: Si bien es una conocida enfermedad que supone un riesgo para el cirujano y aun cuando existen vacunas con comprobada eficiencia (la de la hepatitis b tiene un 90 a 95% de efectividad) para prevenirla, existe un documentado desinterés del personal en inmunizarse; claro ejemplo es el estudio realizado en Guatemala en hospitales nacionales, donde de 555 personas encuestadas, solo el 12.4% refirió estar vacunado contra hepatitis b. No contamos con registros en nuestro país para afirmar que existe un paralelismo con estas cifras, pero invita a la reflexión personal. En el caso de la hepatitis c, no existe vacuna con eficacia comprobada, y esta se encuentra aún en fase de investigación. (31, 32) La hepatitis tiene una alta capacidad infectiva, puesto que solo es necesario un mililitro de sangre de un enfermo crónico, diluido 100 millones de veces para conservar todavía su poder infeccioso, por lo que se calcula que un pinchazo accidental con una aguja utilizada en un paciente trae como consecuencia entre 17% y 30% de posibilidades de quedar infectado. (31, 32) El riesgo de transmisión de hepatitis c por accidente es menor, del 410%, sin embargo el 50% de los casos evolucionan a la cronicidad pudiendo desarrollar cirrosis o hepatocarcinoma. (31, 33, 34, 35) VIH: La infectividad depende principalmente de la cantidad de volumen transfundido, la concentración y viabilidad del virus en el fluido. Se reportan valores probables de transmisión del virus por inoculación mucocutánea (lesión o pinchazo con instrumental contaminado) que van de 0.005 a 0.30%. (36, 37) Otros estudios han demostrado que el riesgo de infección varía entre 1 en 250 a 1 en 400 exposiciones percutáneas. (38) Factores de riesgo En un trabajo presentado por el hospital general de san francisco se concluyo que el riesgo de exposición en procedimientos quirúrgicos se incrementaba cuando éstos se extendían por más de tres horas, o si la hemorragia sobrepasaba los 300ml. Otros factores de riesgo independiente fueron si la cirugía que se realizaba era de índole vascular o ginecológica. Es de destacar que el conocimiento previo de que un paciente fuera VIH positivo no incrementaba ni disminuía el riesgo de exposición. (30) Se ha establecido que para le infección por VIH el riesgo es menor después de cortes con agujas sólidas o bisturí en comparación con las agujas acanaladas, lo que se relaciona directamente con la cantidad de sangre inoculada. (39) La utilización de guantes en el momento del accidente constituye una disminución en los porcentajes de seroconversión del afectado. (30) Categorías de exposición del profesional a riesgos laborales. Tipo exposición Dudosa Probable Definida Masiva de Características Cualquier lesión causada con instrumentos contaminados o fluidos no infectantes o exposición de piel intacta a fluidos o sangre infectante. Herida superficial sin sangrado espontáneo causada con instrumentos contaminados infectantes, o bien mucosas expuestas a sangre o fluidos infectantes. Cualquier herida que sangre espontáneamente, contaminada con sangre o fluidos infectantes o herida penetrante con aguja u otros instrumentos contaminados. Transfusión de sangre infectada por VIH, inyección accidental de más de un mililitro de sangre o fluidos contaminados, cualquier exposición parenteral o materiales de laboratorio y/o investigación que contengan material infectante. Fuente: Manual de Normas de Bioseguridad del Ministerio de Salud Pública del Uruguay. Medidas de prevención Toda acción preventiva se debe enmarcar en los principios básicos que fundamentan la bioseguridad. Estos son: Universalidad: debe involucrar a todo el personal y pacientes de todos los servicios, aún sin conocer su serología; debiendo seguir sistemáticamente las recomendaciones estándares para prevenir exposición y disminuir el riesgo. Concepto de barreras: dirigido a evitar la exposición directa a sangre u otros fluidos potencialmente contaminantes mediante la utilización de medidas físicas o materiales que se interpongan al contacto de los mismos. Sistemas de eliminación del material contaminado: se refiere al conjunto de dispositivos y procedimientos por medio de los cuales el material utilizado en la atención del paciente se elimina sin riesgo. (27, 40) No ahondaremos mas en la importancia que supone tener un manejo cuidadoso sistemático con el paciente independientemente de conocer la serologia del mismo destacamos el concepto de sistematización. Todo el personal involucrado en la asistencia de un paciente portador de VIH o Hepatitis B debe estar enterado de ello. El personal en sala de operaciones debe reducirse al mínimo indispensable y, luego de comenzada la cirugía, restringirse al máximo la circulación innecesaria en sala de operaciones. Las ropas del cirujano deben ser impermeables a los microorganismos (de material descartable o de triple plegado de tela), deben utilizarse lentes o antiparras (aun más en caso de pacientes de trauma, cirugías de emergencia o cirugía vascular). Diversos estudios han concluido en que la utilización de doble guante disminuye el riesgo de contacto del cirujano con material contaminado. Como inconveniente esto disminuye la sensibilidad y habilidad del médico. (41, 42) Realizar una técnica quirúrgica depurada (adecuado manejo de los tejidos) disminuye el riego de contaminación y debe mantenerse siempre que sea posible. Debe evitarse el pasamano de instrumentos cortantes o punzantes entre instrumentista y cirujano. Los mismos se deben pasar en un recipiente rígido que evite que una distracción o movimiento brusco pueda generar un accidente. Asimismo debe tenerse la precaución de tener 2 o 3 mangos de bisturí en la mesa de instrumentación a fin de no tener que manipular cortantes infectados. Conducta frente a accidentes por exposición a sangre o fluidos corporales: En el caso de un pinchazo o herida, las medidas generales a seguir incluyen el lavado inmediato de la zona cutánea lesionada con abundante agua y jabón, y luego antisepsia de la herida con alcohol al 70% durante tres minutos. Dependiendo del tamaño de la herida se cubrirá con gasa estéril. (27, 28, 32) En el caso de contacto con mucosa (ojos, nariz, boca) se lavará con abundante agua o suero fisiológico. Se debe reportar el caso a las autoridades del centro asistencial donde ocurrió el accidente. (27, 40) Existen protocolos específicos de manejo para los casos de riesgo de contraer o haber contraído enfermedades tras un accidente laboral. En nuestro medio se debe comunicar el hecho al Banco de Seguros del Estado, quien dirigirá los pasos de prevención específicos para los agentes de mayor prevalencia en estos incidentes. Bibliografía 1) García García, Mª Amparo. Actuación de Enfermería en el bloque quirúrgico. auladae.portaldeformacion. www.auladae.com 2) McEwen D. Intraoperative positioning of surgical patients. AORN J. 1996;63 (6):1059-1063. 3) Schubert, Armin. Positioning Injuries in Anesthesia: An Update Advances in Anesthesia. 2008; (26): 31–65. 4) Kodner I; Rafferty J. Resección abdominoperineal (operación de Miles). En El dominio de la cirugía. 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FISURA ANAL Dr. Fausto Madrid, Dr. Diego Lapiedra, Dr. Ricardo Misa 1) Definición 2) Presentación clínica 3) Clasificación 4) Diagnósticos diferenciales 5) Fisiopatología 6) Tratamiento 7) Descripción de la técnica quirúrgica 8) Complicaciones postoperatorias 9) Algoritmo terapéutico 10) Bibliografía Definición La fisura anal es una úlcera o desgarro longitudinal del epitelio escamoso del canal anal a nivel de la unión muco-cutánea (1,2,3) Es uno de las patologías proctológicas más frecuentes en la población occidental. Su incidencia es igual en ambos sexos, predominando en pacientes jóvenes y en la edad media de la vida. (1) Presentación clínica El síntoma capital de esta patología es el dolor, síntoma motivo de consulta en la amplia mayoría de los pacientes (llegando hasta el 96,7% de los casos). Es característica la intensa proctalgia defecatoria, con dolor post defecatorio que puede durar minutos u horas. A veces tan intenso que lleva al temor de defecar y la consiguiente constipación. (4) Puede acompañarse de rectorragia, que habitualmente es escasa y limitada, de sangre roja rutilante. Otro síntoma que acompaña el cuadro en menor frecuencia es el prurito anal. (1, 3, 4) La exploración física debe ser cuidadosa, con buena exposición e iluminación, teniendo en cuenta que si el dolor es intenso está proscrito el tacto rectal. La fisura suele ser un pequeño desgarro en el anodermo, no extendiéndose más allá del margen anal. Generalmente se encuentra en el rafe medio posterior, aunque es posible observarla en el rafe anterior. (Fig. 1 y 2) Los signos inflamatorios en la periferia son escasos, presentando diferentes características morfológicas dependiendo de la evolución de la enfermedad (como se desarrolla más adelante) El síntoma principal que guía el diagnostico es el dolor anal, muy intenso, que aumenta con la defecación. Es característica la asociación de un intenso espasmo esfinteriano (ano puntiforme a la inspección). Esto es especialmente importante dado que la hipertonía esfinteriana es la base de la fisiopatología de la lesión y su tratamiento. (Fig 3) Figura 1. Fisura anal aguda benigna. Nótese la hipertonía esfinteriana y la típica localización a nivel del rafe medio. Figura 2. Fisura anal doble, a nivel de rafe medio anterior y posterior. Figura 3. Ano puntiforme. Destacamos que las maniobras para desplegar el ano deben ser suaves y son imprescindibles para lograr el diagnóstico. En ocasiones solo se logran bajo anestesia general. Clasificación Según la evolución clínica y las características de la lesión se distinguen dos formas típicas: fisura aguda y fisura crónica. El diagnostico es clínico cuando se La fisura aguda corresponde al episodio evidencia la típica inicial del proceso. Clínicamente son preponderantes lesión ulcerada en el la proctalgia intensa y la presencia de un esfínter margen anal. hipertónico. La fisura aguda se presenta como una pequeña lesión superficial, en forma de ojal, con bordes planos bien definidos (véase Fig 1). (1, 5) La fisura crónica se define en base a la evolución como la presencia de una fisura que no cicatriza tras 6 semanas de tratamiento conservador con medidas higiénico-dietéticas o episodios recurrentes de dolor. En base a las características semiológicas, como una lesión con bordes indurados, edema crónico, presencia de hemorroide centinela, siendo posible, en ocasiones, ver las fibras del esfínter interno en el fondo de la lesión. (1, 6, 7) (Fig 4) Algunos autores definen como fisura crónica aquellas fisuras de más de 2 meses de evolución, independientemente de las características clínicas. (8) Figura 4. Fisura anal crónica. Observe los bordes sobreelevados, con edema crónico y el plicoma o hemorroide centinela. Diagnósticos diferenciales La localización típica de las fisuras es la línea media posterior. En mujeres la localización en la línea media anterior se observa hasta en un 10% de los casos. Existen patologías que pueden asociar fisuras anales secundarias como ser la Enfermedad de Crohn, Colitis Ulcerosa Crónica, VIH en etapa SIDA, la tuberculosis y la leucemia. (Fig 5) Las fisuras sospechosas de ser secundarias y que deben ponernos en alerta son: • Aquellas en situación lateral • Lesiones múltiples • Lesión indolora • Lesiones profundas con bordes indurados y sobreelevados (1, 5, 9) • Lesión típica pero en ausencia de un ano hipertónico (si bien existen casos donde no existe hipertonía en fisuras primarias como es el caso de varones homosexuales y pacientes añosos con estreñimiento crónico severo) Ante la sospecha de lesión secundaria debe referirse el paciente a un coloproctólogo. (Ver capítulos de Lesiones perianales vinculadas a ETS y Cáncer de ano y lesiones ulceradas de margen anal.) Figura 5. Lesión fisuraria en enfermedad de Crohn. Nótese la irregularidad de la lesión, la diferencia de la base de la ulcera y la ausencia de hipertonía efinteriana. Fisiopatología Si bien la etiopatogenia no se conoce completamente, se ha comprobado en diferentes estudios la implicancia de la isquemia de la mucosa en el rafe posterior y la hipertonía basal del esfínter anal en la fisiopatología de la fisura anal. (Fig 6) SISTEMA NERVIOSO ENTERICO TONO MIOGENICO INTRINSECO. (Oxido Nítrico) (Calcio) SISTEMA NERVIOSO AUTONOMO (Fibras postganglionares simpáticas y parasimpáticas) Figura 6. Las vías de regulación del tono del esfínter interno son múltiples y dependen del Sistema Nervioso Autónomo y de mediadores químicos locales. Extraído de (10) con autorización del autor Dr R.Misa. A) Hipertonía del esfínter anal interno. El 80% de la presión basal del canal anal está generada por el tono miogénico (vía adrenérgica-simpática) del esfínter anal interno. Los pacientes que sufren de fisura anal muestran presiones basales elevadas en el tono miogénico del esfínter anal interno. (11, 12, 13, 14) Se ha postulado que este espasmo esfinteriano no está vinculado con el dolor, ya que la utilización de analgésicos locales alivian el dolor pero no modifican el tono muscular. (1, 15) Como veremos más adelante el tratamiento médico apunta a la regulación de estos mediadores químicos. B) Isquemia mucosa El sector distal del canal anal está irrigado por la arteria rectal inferior. En estudios cadavéricos se ha determinado la ausencia de arteriolas en el rafe posterior del canal anal en el 85% de los casos. (16) Diversos estudios angiográficos y con doppler han demostrado isquemia en la mucosa del canal anal, principalmente a nivel del rafe posterior. (16, 17) Es aceptado que la cronicidad de las fisuras se debe a la disminución en la perfusión de la dermis anal, efecto que se produce preponderantemente a nivel de la línea media posterior, lo cual explica que esta localización sea la más frecuente. (18) C) Teoría mixta Se plantea que la hipertonía efinteriana comprime los vasos sanguíneos que atraviesan el canal anal para irrigar la mucosa y ello desencadenaría la isquemia del anodermo a nivel del rafe posterior, con lo que se desarrollaría la fisura anal. (19) Tratamiento El diagnóstico de fisura anal primaria es clínico y no requiere de exámenes paraclínicos para ese fin. El algoritmo terapéutico utilizado por nuestro servicio se detalla al final del capítulo; aquí nos referiremos a las diferentes alternativas terapéuticas utilizadas para el tratamiento de la fisura anal. Queremos destacar lo importante que es, como en toda patología potencialmente quirúrgica, establecer una buena relación médico-paciente. La instauración de tratamiento médico tiene un retardo en la mejora de la sintomatología y, en caso de que el paciente no tenga confianza en el médico puede generarse una situación donde el paciente demande un tratamiento quirúrgico que no tiene indicación precisa. Esta compleja situación puede evitarse mediante una explicación concisa de la patología, su tratamiento y evolución con el mismo. El médico clínico, además de tener los conocimientos necesarios para la práctica médica, debe tomarse el tiempo razonablemente necesario para explicar a los pacientes su patología, tratamiento y pronósticos, así como evacuar sus dudas; esa simple y económica El primer escalón práctica generalmente evita terapéutico en la fisura relaciones interpersonales desagradables que aguda es el tratamiento pueden ser complejas de resolver. médico higiénicomedicamentoso En un primer escalón de tratamiento se encuentran las medidas higiénico-dietéticas asociadas a cremas coadyuvantes de la cicatrización de aplicación tópica (p ej. pantenol al 5%). El Tratamiento Higiénico Dietético se basa en: • • • • • • Dieta rica en fibras Abundante ingesta hídrica Agentes que aumentan el bolo fecal Baños de asiento con agua templada Aseo anal por contacto con toallas humedecidas. Se complementa con la administración de analgésicos por vía oral asociados o no con relajantes musculares Este tratamiento busca el objetivo de conseguir deposiciones blandas sin dolor y esfuerzo defecatorio y romper el círculo vicioso de dolor anal, espasmo esfinteriano e isquemia. Con estas medidas se logra la curación de hasta el 4070% de las fisuras agudas; sin embargo, el éxito en las fisuras crónicas es de sólo un 20-35% de los casos. Los porcentajes son tan variables debido a las diferencias poblacionales, de seguimiento y las diferentes definiciones tomadas por lo autores de los trabajos analizados En series nacionales publicadas recientemente se ha registrado éxito terapéutico (con tratamiento medico exclusivo) en 38% de los pacientes. Esto es global, describiendo diferencias entre la tasa de curación de las fisuras agudas y las crónicas, siendo estas última más rebeldes al tratamiento. (10) El siguiente nivel en el tratamiento es realizar una ESFINTEROTOMÍA QUÍMICA REVERSIBLE. El objetivo en esta fase de tratamiento es lograr una disminución transitoria de la hipertonía del esfínter anal. Con ello se logra mejorar la vascularización local (eliminando la vasoconstricción por compresión de los vasos intraesfinterianos) por un período suficientemente prolongado para permitir que cicatrice la lesión del anodermo. Para ello las alternativas son: A) Pomada liberadora de Oxido Nítrico El óxido nítrico es el principal neurotransmisor que interviene en la relajación del esfínter anal interno. La sustancia que se utiliza como fuente exógena de óxido nítrico es la nitroglicerina. El tratamiento recomendado se basa en la colocación de 200 mg de pomada (a fines prácticos 2 cm) de nitroglicerina (nitrogesic ®) a nivel del canal anal 2 o 3 veces por día. El tratamiento se mantiene por 8 semanas. El segundo paso es la Por supuesto que el paciente debe controlarse esfinterotomia química a los 15 días de iniciado el tratamiento para reversible, siendo detectar oportunamente reacciones adversas o imprescindible un control ausencia de respuesta al tratamiento. Si en el cercano para detectar correr de 2 semanas no nota ninguna mejoría, efectos adversos es muy probable que no obtengamos un respuesta adecuada al tratamiento y por lo tanto puede pasarse al siguiente escalafón terapéutico (tratamiento quirúrgico) Su uso está contraindicado en alergias a nitratos, anemia grave, cardiópatas con medicación concomitante, hipertensión intracraneal, tendencia a la hipotensión grave e insuficiencia cardiaca Las reacciones adversas que pueden obligar a abandonar el tratamiento son las cefaleas (con alta frecuencia, hasta en 19 a 44% de los casos), taquifilaxia (que obliga a aumentar la dosis y por lo tanto incrementan los efectos secundarios), hipotensión, síncope, hipertensión arterial de rebote, dermatitis perianal. (Fig 7) (1, 8, 18, 20) Figura 7. Dermatitis perianal en paciente bajo tratamiento con pomada de óxido nítrico. Existen estudios clínicos que refieren una tasa de cicatrización de hasta el 91% de las fisuras agudas y del 62% de las crónicas (21) y una mejora del dolor anal y tasas de curación del 60 al 90% si se compara con placebo (10, 22) B) Pomadas de Diltiazem o Nifedipina Ambos actúan bloqueando los canales de calcio y utilizada en forma de pomada tópica se logra reducir la hipertonía esfinteriana. Se han observado tasas de curación entre el 65 y 95% en el tratamiento de las fisuras crónicas. Aparentemente tienen menos efectos indeseables que los nitritos, pero no existen estudios que lo demuestren categóricamente y además no existen preparados comerciales disponibles en el mercado. La tasa de recurrencia de la patología a largo plazo ronda el 50%. (23, 24) C) Inyección local de Toxina Botulínica La toxina botulínica es un potente inhibidor de liberación de acetilcolina desde las terminaciones nerviosas presinápticas, produciendo así un bloqueo de la placa motora. Esto genera una parálisis transitoria del esfínter interno que permite la curación temprana de la fisura anal hasta en el 80% de los casos (25) El porcentaje de recidiva se mantiene cercano al 50% como en los dos tratamientos descritos previamente. (26) No está establecido la dosis óptima, concentración, número de aplicaciones y la localización de las mismas. (27, 28) Quizás su indicación quede reservada a aquellos pacientes con alto riesgo de incontinencia: ancianos, esfínter sin hipertonía, pacientes con síndrome de intestino corto. D) Otras sustancias como sildenafil, minoxidil y gonyautoxin se están utilizando en estudios experimentales. No está demostrada su eficacia en el tratamiento de la fisura anal. (29) Los PROCEDIMIENTOS QUIRÚRGICOS descritos para el tratamiento de la fisura anal son: A) Dilatación anal Esta maniobra es un gesto incontrolado con elevado riesgo de incontinencia, dado que puede lesionar incontroladamente tanto las fibras del esfínter interno como del externo. Es frecuente la presencia de hematoma (generador de un intensísimo dolor anal). Se describen tasas de recurrencia del 28%, llegando al 57% a largo plazo. Paradojalmente algunos cirujanos aun indican el procedimiento con la convicción que el índice de incontinencia es menor. Consideramos que no es un procedimiento recomendable y que no debe ser realizado. (30, 31) B) Dilatación neumática controlada La dilatación neumática controlada busca controlar la presión ejercida sobre el esfínter anal evitando desgarros que generen incontinencia. Muy poco utilizada, utiliza un globo que se infla a una presión estándar durante un período fijo de tiempo (40 pis por 45-120 segundos) (18) C) Esfinterotomia lateral interna (ELI) La ELI es la técnica de elección en el tratamiento de la FAC, ya que presenta en la mayoría de las series publicadas un índice de curación mayor al 90% y baja tasa de incontinencia permanente. Es el método idóneo para el tratamiento de la fisura anal crónica rebelde al tratamiento conservador y también en fisuras agudas en aquellos pacientes que no pueden manejarse con tratamiento médico Consiste en la sección del sector distal del esfínter anal interno de forma controlada. Puede realizarse de dos formas, bajo visión directa o técnica abierta, o según la técnica cerrada (esfinterotomia lateral cerrada). La técnica abierta se describe en detalle más adelante. La técnica cerrada consiste en introducir un bisturí de hoja 11 en el surco interesfinteriano, rotarlo de tal forma que el filo de la hoja quede hacia la mucosa y, presionando contra un dedo que oficia de tutor en el ano, realizar la sección esfinterana. La preparación, anestesia y táctica son idénticas a las de la ELI. Hay un grupo de pacientes con ciertos condicionantes asociados como ser edad mayor a 50 años, incontinencia previa, factores de riesgo de incontinencia (como cirugía anal previa, múltiples partos vaginales, diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal) o con fisura anal sin hipertonía asociada en el que hay un mayor riesgo de incontinencia residual tras la cirugía, por lo que debemos evitar la cirugía como primera opción terapéutica y buscar otras alternativas, como la esfinterotomía química, que no produce incontinencia residual o la inyección de toxina botulínica en caso de fracasar el tratamiento químico. (32, 33, 34, 35) D) Esfinterotomía posterior Procedimiento que ha caído en desuso debido a su alta morbilidad, consiste en la sección del esfínter interno a nivel de la línea media posterior. La sección del esfínter en esta topografía puede causar una deformidad denominada “en ojo de cerradura” que determina incontinencia anal permanente.(32, 35) E) Fisurectomía con anoplastia Consiste en realizar la resección de la fisura anal y cubrir el defecto con un colgajo de avance dermomucoso en V-Y. Se han publicado series numerosas, con buenos resultados. El riesgo de deformidades del canal anal y la dificultad técnica de su realización comparada con la ELI limitan la indicación de este procedimiento para aquellos pacientes con recurrencia o persistencia de la fisura tras una esfinterotomía completa o fisuras asociadas a estenosis anales. (36, 37, 38) La resección de la fisura anal es una cirugía compleja, con riesgo de incontinencia, por lo tanto ante la presencia de una lesión fisuraria sospechosa recomendamos la biopsia de la misma y no la resección. La técnica utilizada en nuestro servicio es la ESFINTEROTOMIA LATERAL INTERNA ABIERTA. Preferimos ésta técnica debido a que permite identificar bien el esfínter, definir claramente el sector que será seccionado y es fácilmente reproducible. La incisión es mínima y cierra fácilmente, siendo raras sus complicaciones. La técnica cerrada, por otro lado requiere un entrenamiento mayor para asegurar la sección correcta del esfínter. La técnica quirúrgica recomendada es la esfinterotomia lateral Descripción de la técnica quirúrgica: interna abierta El procedimiento quirúrgico se realiza bajo anestesia general, en posición ginecológica. La preparación del campo quirúrgico y la anestesia locorregional se llevan a cabo según técnica descrita previamente. El primer paso consiste en realizar una buena exposición de la lesión y exploración digital del canal anal. (Fig 8 y 9) Figura 8. Con un adecuado despliegue del ano se evidencia claramente la fisura (flecha). Figura 9. Observe el ano puntiforme y el plicoma perianal (flecha). Se coloca un separador endoanal (Parks o trivalvo), correctamente lubricado, mediante el cual observamos las características de la lesión, luego se gira y exponemos el cuadrante lateral derecho del canal anal. (Fig 10) Figura 10. Luego de observar la lesión se gira el anoscopio para ver el cuadrante lateral derecho del esfínter. Se repera digitalmente el surco interesfinteriano, el cual se ve y palpa claramente entre el esfínter interno (que se tensa al abrir el anoscopio) y el externo. (Fig 11) Figura 11. El esfínter interno se tensa al abrir el anoscopio, lo que facilita reperarlo. Se evidencia claramente el surco interesfinteriano (flecha). La incisión que se utiliza es arciforme, de unos 15 Mm. de amplitud, realizada a la hora 9. (Fig 12) Generalmente es más cómodo para el cirujano diestro el cuadrante contralateral, pero en esta topografía es menos frecuente lesionar paquetes venosos hemorroidales, por eso la preferimos. Figura 12. La incisión es arciforme, a la hora 9 a nivel del surco interesfinteriano. Disección con tijera de punta roma del espacio ínter mucoso-esfinteriano y del espacio interesfinteriano hasta lograr identificar las fibras blanconacaradas del esfínter interno. (Fig 13) Figura 13. La disección del esfínter interno con tijera y visualización de sus fibras nacaradas permite una correcta identificación del sector a seccionar. Con una pinza americana se carga aproximadamente el sector del esfínter interno que será seccionado, teniendo la precaución de no perforar la mucosa rectal. Es útil ayudarse con el dedo índice de la mano derecha, palpando el esfínter en toda su longitud para no hacer una esfinterotomía demasiado amplia. (Fig 14 y 15) Figura 14. Fibras inferiores del esfínter interno. Figura 15. Identificar de esta forma el sector a seccionar facilita la sección “medida” del esfínter. La distancia de sección conceptualmente debe ser lo menor posible. En esto ha habido una evolución; al comienzo de la aplicación de la técnica se seccionaba hasta línea ano pectínea, luego se La sección “medida” optó por realizar una sección de 1 cm. del esfínter Actualmente existe tendencia a realizar la sección hasta el sector correspondiente al extremo proximal disminuye el riesgo de incontinencia de la fisura. En caso de perforar la mucosa, es preferible seccionarla hasta el borde de la herida, para evitar la formación de una fístula submucosa iatrogénica. Entre las pinzas de la americana abierta se realiza la sección del esfínter con electrocauterio. Control de hemostasis. Se puede dejar un tapón hemostático absorbible en el canal anal y se realiza la curación plana de la herida con un apósito doblado. Los cuidados postoperatorios son escasos, el paciente puede y debe deambular cuando llegue a sala, puede tomar líquidos a las 3 o 4 hs de la cirugía. La analgesia, a pesar de lo que se tiende a pensar, es poco requerida, ya que el procedimiento en si proporciona u n alivio importante al padecimiento del paciente, en casi de requerir analgesia se realiza con AINEs i/v. El alta se otorga antes de las 24 hs de la cirugía, esto si no ingresa en plan de cirugía ambulatoria. Los cuidados al alta son dieta rica en fibras, higiene local con jabón neutro y debe advertirse al paciente que puede haber sangrados escasos en los primeros días luego del procedimiento, fundamentalmente post defecatorios. El paciente se controla en policlínica de Coloproctología a los 7 días. Complicaciones postoperatorias Las complicaciones tempranas, como los abscesos, los hematomas o la trombosis hemorroidal, son muy poco frecuentes y se minimizan utilizando una técnica quirúrgica depurada. En caso de presentar absceso, el paciente reconsultará por dolor. Lo más aconsejable es la reexploración quirúrgica con puesta a plano del absceso, ya que el mismo necesariamente estará en el abordaje realizado. A mediano y largo plazo las complicaciones posibles son recidiva, incontinencia a gases, soiling e incontinencia a heces. La incontinencia más frecuente es el ano húmedo o soiling. La incontinencia para gases generalmente es transitoria. La incontinencia verdadera refleja iatrogenia por mala selección del paciente o mala técnica (sección esfinteriana demasiado amplia). En diferentes casuísticas las tasas de incontinencia oscilan entre el 30% de los casos para incontinencia para gases y menos del 4% para materias. Existen evidencias que demuestran que la tasa de incontinencia se reduce en relación con la menor extensión longitudinal de la esfinterotomía lateral interna y, por ello, se debe tener especial cuidado en ese aspecto. La incontinencia puede ser transitoria, lo que ocurre con mayor frecuencia, o permanente lo que obliga a realizar una cuidadosa selección de pacientes. Aquellos que se presentan con un esfínter anal debilitado tienen más chance de quedar con algún grado de incontinencia, por lo que no son buenos candidatos para el procedimiento quirúrgico como fue comentado previamente. (32, 39, 40) Algoritmo terapéutico Unidad de Coloproctología - Clínica Quirúrgica “1” Hecho el diagnóstico de fisura anal primaria, si no ha recibido tratamiento previo o éste ha sido incorrectamente instituido, se indica: - - Tratamiento dietético incorporando abundantes fibras a las comidas (verduras de hojas, salvado, semillas de lino, etc.) Tratamiento higiénico evitando el uso de papel para la higiene anal, recomendando secado por contacto con toallas húmedas. Baños de asiento con agua templada por 10 a 15 minutos 2 o 3 veces al día. Cremas coadyuvantes de la cicatrización de aplicación tópica, como las de Pantenol al 5%. Tres o cuatro aplicaciones diarias, teniendo la precaución de realizarlas posdefecación y luego de los baños de asiento. Analgésicos (AINEs) por vía oral asociados o no con relajantes musculares Se controla el paciente en policlínica en 2 semanas. Si remite la sintomatología se mantiene el tratamiento H-D y se controla al mes. Si persiste dolorido debemos pasar al siguiente nivel en el tratamiento que es realizar una esfinterotomía química reversible o en casos de fisuras agudas acompañadas de sintomatología dolorosa muy intensa. - Indicamos Pomada Liberadora de Oxido Nítrico (al 0,4%), aplicación local, en el canal anal, 3 veces al día por 8 semanas Habitualmente lo controlamos a las 3 semanas, lo que nos permite pesquisar los efectos adversos y objetivar la respuesta al tratamiento. Control en policlínica: Si remite la sintomatología se mantiene el tratamiento higiénico dietético inicial. Si persiste la sintomatología o si recidiva luego de finalizado el tratamiento surgen dos alternativas. La primera que sea un paciente con un esfínter de riesgo para incontinencia (ya definido previamente en este capítulo), en ese caso creemos está indicada la utilización de toxina botulínica; basados en la idea que en caso de presentar incontinencia, ésta será transitoria. La segunda alternativa es que ser un paciente con esfínter normal; en ese caso se coordina para la realización de una esfinterotomía lateral interna por técnica abierta. Bibliografía 1) Arroyo A., Miranda E, Pérez F.1, Tratamiento de la proctalgia en el síndrome fisurario anal. Rev. Soc. Esp. Dolor 2007; 3: 204-210. 2) Oh C, Divino CM, Steinhagen RM. Anal fissure. 20-year experience. Dis Colon Rectum. 1995; 38:378-382. 3) Arroyo A, Costa D, Fernández A et al. ¿Es la esfinterotomía lateral cerrada realizada ambulatoriamente con anestesia local la técnica ideal en el tratamiento de la fisura anal crónica? 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La enfermedad hemorroidal ha afectado al ser humano desde la antigüedad, siendo conocidas y tratadas desde hace 4000 años, estando la posición erguida involucrada en el desarrollo de esta afección (1, 2). Las culturas antigüas hacen referencia a las hemorroides en sus escritos. En Egipto durante la novena a onceava dinastía (siglos XXIII-XVIII A.C) existían médicos dedicados especialmente a las afecciones anorectales de los Faraones, conocidos como “pastor del ano del Faraón” (2). Hipócrates escribió sobre hemorroides en el 400 A.C y aceptó la aplicación de un hierro candente para el tratamiento de las hemorroides prolapsadas (2). La enfermedad hemorroidal es la patología proctológica más frecuente, siendo además la causa más común de rectorragia (3, 4). La incidencia es similar en ambos sexos si bien los varones la padecen a menores intervalos y durante períodos más prolongados (5). El 50% de las personas mayores de 50 años padecen algún grado de enfermedad hemorroidal y su frecuencia es mayor en sociedades occidentales (dieta pobre en fibras y mayor constipación). Aproximadamente el 75% de la población occidental presentará síntomas en algún momento de su vida (2). Por lo tanto se trata de una patología muy frecuente a la cual se va a ver enfrentado no solo el cirujano, sino todos los médicos en algún momento de su carrera. Etiopatogenia Las hemorroides son componentes normales de la anatomía del canal anal. Los denominados cojinetes o almohadillas hemorroidales son estructuras compuestas por arteriolas y venas con comunicaciones entre si, además de músculo liso, tejido conectivo y elástico que las fijan a la pared muscular (3, 4, 5, 6) . Se encuentran presentes desde la vida intrauterina, cortes transversales en el ano de fetos revelan almohadillas vasculares en la topografía característica lateral izquierda, antero lateral y posterolateral derechas (7) (hora 3, 7 y 11 en un paciente en posición ginecológica). La arteria hemorroidal superior (rama terminal de la mesentérica inferior) es la mas importante del canal anal y al llegar al recto puede dividirse en tres ramas terminales, dos derechas y una izquierda que generalmente coinciden con la disposición de los paquetes hemorroidales principales.(2) El plexo hemorroidal interno se encuentra en el espacio submucoso, tiene abundantes anastomosis arterio-venosas, conformando una almohadilla vascular. El plexo hemorroidal externo es menos desarrollado y se ubica en el espacio perianal, comunicándose con el interno a nivel de la línea pectínea lo que determina una anastomosis portosistémica ya que las venas hemorroidales superiores drenan en el sistema porta y las hemorroidales inferiores provenientes del plexo hemorroidal externo en el sistema cava (1, 2,8). Fig 1 Fig 1 Canal anal y vascularización venosa del ano. 1) Plexo hemorroidal interno.2) Plexo hemorroidal externo. Los dos tercios proximales del conducto anal derivan del endodermo, esta revestido de mucosa rectal siendo poco sensible incluso a procedimientos quirúrgicos, pero sensible a la distensión. El sector inferior a la línea pectínea deriva del ectodermo, esta recubierto de epitelio plano estratificado, es rico en terminaciones nerviosas y extremadamente sensible (5, 8). Los plexos hemorroidales se encuentran a nivel submucoso junto a fibras musculares y fibroelásticas que los fijan a la pared muscular. Se reconoce una condensación de estas fibras entre la mucosa y el esfínter interno, conocido como ligamento de Parks (1, 2, 8). Los cojinetes hemorroidales contribuyen a la lubricación y continencia del canal anal (4, 5, 7), ya que las venas hemorroidales son avalvuladas (7) ingurgitándose con el esfuerzo y contribuyendo también a mantener la presión de reposo. La pérdida y deterioro del tejido conectivo que fija las hemorroides a la pared muscular del canal anal favorece el desplazamiento inferior y eventual prolapso (1, 3, 5, 6) con la consiguiente aparición de síntomas constituyendo la enfermedad hemorroidal. Esto debe tenerse en cuenta ya que las hemorroides asintomáticas no deben ser tratadas (1) El deterioro del tejido conectivo que . Los factores que alteren el fija las hemorroides determina su tejido conectivo y debiliten los desplazamiento y con ello la sistemas de fijación predisponen a la aparición de síntomas, constituyendo la enfermedad enfermedad hemorroidal. hemorroidal Actualmente la teoría mecánica (deslizamiento cutáneo mucoso) es la más aceptada como causa de la enfermedad hemorroidal, base de los tratamientos modernos de la misma, si bien debe tenerse en cuenta que se trata de una patología multifactorial (1). Entre los factores predisponentes se destacan la edad (1, 3, 6) que conlleva un reemplazo de tejido elástico por fibroso y a un deterioro del ligamento de Parks. La constipación es uno de los elementos mas frecuentemente implicados por aumento del esfuerzo defecatorio y arrastre mecánico de los plexos hemorroidales. Algunos autores sostienen que el estreñimiento es secundario a las hemorroides ya que generalmente cede después de la hemorroidectomía (4) (3, 6) Son frecuentes los antecedentes familiares lo que sugiere una predisposición hereditaria (4, 6). La hipertensión abdominal es otro factor implicado, siendo el embarazo la causa más común de hemorroides en mujeres jóvenes; esto se debe a la compresión de las venas hipogástricas con la consiguiente ingurgitación de los plexos hemorroidales externos. (3, 6, 7) Otros elementos son las colagenopatías, la postura erguida, la diarrea, la hipertonía esfinteriana. La hipertensión portal puede determinar la aparición de várices rectales, no de hemorroides (3, 5, 6). Clasificación Las hemorroides se clasifican en: internas externas mixtas Internas: Ubicadas por encima de la línea pectínea, cubiertas por mucosa drenan en el sistema porta. Estas a su vez se subdividen en cuatro grados. Grado I: Protruyen en la luz del conducto anal sin prolapsar fuera del mismo, solo son visibles mediante anoscopía. Grado II: Prolapsan durante el esfuerzo defecatorio reintroduciéndose espontáneamente. Se pueden observar solicitándole al paciente la realización de una maniobra de valsalva. Clasificación de hemorroides Grado III: Prolapsan durante el esfuerzo, siendo Internas (Grado I a IV) necesario maniobras manuales para su Externas reintroducción. Mixtas Grado IV: Prolapsan en forma permanente no pudiéndose reintroducir en el canal anal. Fig 2 Grado I Grado III Grado II GradoIV Fig 2 Grados de hemorroides internas. Externas: se encuentran por debajo de la línea pectínea, cubiertas por epitelio estratificado, tributarias del sistema cava y como mencionamos tienen gran inervación sensitiva. Fig 3 Fig 3 Hemorroides externas. Mixtas: tienen elementos clínicos y anatómicos de ambos tipos. Clínica Las manifestaciones clínicas dependen del grado de la enfermedad, muchas veces son asintomáticas pudiendo debutar con una complicación. Los motivos más frecuentes de consulta son: sangrado, prolapso, dolor o disconfort y prurito. Rectorragia La rectorragia es el signo mas frecuente (2, 5, 6), siendo las hemorroides responsable del 80% de los sangrados digestivos bajos (1). Tiene como características ser por lo general de sangre roja, rutilante (por la presencia de arteriolas), de escasa cantidad, pudiendo producirse al inicio o durante la defecación pero más frecuentemente al final de la misma (2,5,6), manchando el papel higiénico o como pequeñas gotas en el WC. También puede producirse sangrado sin relación con la defecación, en presencia de hemorroides grado III – IV (1, 2, 4, 6). Menos frecuente es la enterorragia o la expulsión de sangre oscura retenida en el recto (1, 2). Es un signo que suele ser magnificado por el paciente. Pueden ser causa de anemia crónica, aunque es poco frecuente y excepcionalmente dan repercusión hemodinámica Ante la presencia de anemia es obligatorio estudiar al paciente en busca de otra causa de sangrado y no adjudicarla inicialmente a la patología hemorroidal, descartando principalmente patología neoplásica que conlleva diferente tratamiento y pronóstico. La presencia de anemia en un paciente con hemorroides exige su estudio en busca de otra causa de sangrado Prolapso El prolapso como fue mencionado se debe al deslizamiento de hemorroides internas, pudiendo ser en cuadrantes o total (1). Es una manifestación tardía que inicialmente aparece con la defecación pero que tiende a aumentar y a producirse con menores esfuerzos (4, 6). Puede arrastrar la mucosa originando un prolapso mucoso del recto (2). La presencia de prolapso y plicomas dificultan la higiene causando maceración, irritación y exacerbación del prurito (7) lo que se ve favorecido por la sensibilidad de la zona. Los plicomas son repliegues cutáneos perianales, secundarios a procesos inflamatorios previos, en general hemorroidales, que los pacientes interpretan como hemorroides, siendo muchas veces el motivo de consulta. Fig 4 Fig 4. Prolapso hemorroidal Dolor El dolor es poco frecuente en ausencia de complicaciones (fluxión, trombosis) o patología asociada (fisura, absceso) (1, 2, 6). No es infrecuente que los pacientes consulten por disconfort a nivel perianal, asociado a prurito. Examen proctológico El examen proctológico debe estar dirigido a confirmar el diagnóstico y a descartar patología asociada, sabiendo que es dificultoso identificar una fisura anal, en el contexto de un paciente con hemorroides e hipertonía esfinteriana, siendo de suma importancia su identificación para dirigir el tratamiento. La posición de Sims brinda una excelente exposición y es cómoda para el paciente. La iluminación debe ser adecuada. Se valorará en la inspección estática la presencia de plicomas, secreciones y hemorroides externas (1, 2, 4). Se le debe solicitar al paciente que puje durante el examen lo que podrá evidenciar un prolapso grado II – III. En presencia de prolapso crónico el mismo puede presentar zonas blanquecinas por metaplasia y/o ulceraciones por decúbito (1) que pueden confundirse con pólipos del canal anal. El tacto rectal es poco útil para el diagnóstico de las hemorroides grado I debido a que las almohadillas vasculares no son percibidas, dado que desaparecen con la compresión. Igualmente es una maniobra fundamental para descartar diagnósticos diferenciales (cáncer de recto, pólipo rectal) y valorar la tonicidad del esfínter (1). La anoscopía con valoración del grado de prolapso al solicitar esfuerzo defecatorio es la exploración estándar (6). Se examinan los cuatro cuadrantes del conducto anal, permite visualizar hemorroides internas en cualquiera de sus grados así como su topografía (1). También descartará otros diagnósticos como enfermedad inflamatoria, criptitis o papilitis (2, 4). Destacamos que la presencia de rectorragia en pacientes menores de 50 años implica la realización de una rectosigmoidoscopía con endoscopio flexible a fin de descartar otra fuente de sangrado. En pacientes mayores de 50 años o mayores de 40 años con antecedentes familiares de cáncer colorrectal o pólipos adenomatosos, se indicará una fibrocolonoscopía para descartar patología neoplásica. Otra indicación de fibrocolonoscopía es la presencia de anemia ferropénica aún en ausencia de rectorragia. (9,10) Ante la presencia de Rectorragia se realizará RSC a menores de 50 años, y FCC a mayores de 50 años y mayores de 40 años con factores de riesgo para cáncer colorectal. Diagnósticos diferenciales Algunas patologías pueden crear confusión al momento del diagnóstico de la enfermedad hemorroidal crónica. Papilitis Se denomina papilitis a la inflamación de una o más papilas de Morgagni y puede manifestarse por síntomas como prurito, tenesmo rectal o dolor que generalmente el paciente refiere como endorrectal (2). Papila hipertrófica Una papila hipertrófica puede prolapsarse espontáneamente o durante el tacto rectal a través del ano, lo que facilita su diagnóstico. Se diferencia de las hemorroides a través del examen y la anoscopía que evidenciará una o más tumoraciones en forma de mamelón a nivel de la línea pectínea, fijas a la misma y recubiertas por epitelio y no por mucosa.Fig 5 Fig 5. Papila hipertrófica. En A señala la papila hipertrófica, en B su pedículo mucoso. Plicomas Los plicomas pueden confundirse con hemorroides externas, se diferencian por ser repliegues cutáneos y no estar recubiertas por mucosa. Fig 6 Fig 6. Plicomas Prurito El prurito anal es un síntoma frecuente en la consulta proctológica y suele ser adjudicado a la presencia de hemorroides. Se considera patológico cuando evoluciona en forma persistente o recidivante. Puede ser idiopático o deberse a enfermedad infecciosa, dermatológica o sistémica. La presencia de hemorroides durante la anoscopía no permite afirmar que sean la causa del prurito, ya que frecuentemente coexisten, aunque muchas veces el tratamiento instaurado para el prurito mejora la sintomatología causada por las hemorroides. Prolapso rectal El prolapso rectal total es la intususcepción completa del recto (7) por laxitud ligamentaria, debilidad del piso pélvico e hipotonía esfinteriana. Es más frecuente a edades avanzadas y habitualmente se acompaña de prurito y secreción mucosa siendo común la incontinencia. Al examen se observa la protrusión del recto en forma permanente o durante esfuerzos, siendo característicos los pliegues concéntricos de la mucosa lo que lo diferencia del prolapso hemorroidal o del prolapso mucoso en el cual los pliegues son radiados. Fig 7. A B C D Fig 7. Prolapso hemorroidal figuras A y B, prolapso rectal, figuras C y D. Se destacan los pliegues rectales concéntricos. Pólipos y cáncer de recto También los cánceres y pólipos de recto y ano pueden llevar a errores diagnósticos y se deben diferenciar mediante correcto examen, tacto rectal y anoscopía. Estos se deben mayormente a la realización de un examen proctológico inadecuada o a la omisión del mismo, destacando que la endoscopia no lo sustituye, y además no es el mejor examen para valorar la patología anal. Fig 8. A B Fig 8. Cáncer prolapsado A, pólipo prolapsado . Tratamiento El tratamiento de la patología hemorroidal crónica implica medidas médicas, quirúrgicas y múltiples métodos alternativos. Está indicado cuando las hemorroides son sintomáticas y la elección del tratamiento dependerá de la gravedad de los síntomas, de las complicaciones y de las características de los pacientes. A) Tratamiento médico. El tratamiento médico se realiza en todos los pacientes, tendiente a disminuir los síntomas. Como único tratamiento en los pacientes con hemorroides grado I, en las grado II como prueba terapéutica y en los demás grados mientras se valora la indicación de tratamientos invasivos. (1) Solo se tratarán las hemorroides sintomáticas. Se cuenta con medidas médicas, quirúrgicas y múltiples tratamientos mini invasivos Un grupo especial de pacientes con indicación de tratamiento médico está conformado por: pacientes embarazadas, puérperas, pacientes con muy mal estado general y los que rechazan el tratamiento quirúrgico. Consta de medidas: a) higiénicas b) dietéticas c) medicamentosas a) Medidas higiénicas. Para la higiene de la región anal y perineal se debe evitar el uso de papel higiénico. Se recomienda la utilización de agua y jabón neutro con posterior secado minucioso. Baños de asiento con agua templada. La utilización de agua fría produce un efecto anestésico momentáneo, pero conlleva un espasmo esfinteriano que agrava la sintomatología, siendo por tanto contraproducente. (5) Se recomiendan baños de asiento con malva tres veces al día y luego de cada deposición. Se debe evitar el sedentarismo (realizando ejercicios aeróbicos) y el aumento de peso. b) Medidas dietéticas. Tendientes a crear un hábito defecatorio normal y modificar las características de la materia, consiguiendo un bolo fecal pastoso y blando. La alimentación debe ser rica en fibras, con un aporte diario de 20 a 30 gr por día. Se deben ingerir abundantes frutas, verduras y líquidos. Se debe evitar la ingesta de sustancias irritantes como el alcohol, café y picantes, adecuando estas medidas a cada paciente. (11) c) Medidas medicamentosas Laxantes Laxantes incrementadores del bolo intestinal, que aumenten su volumen y faciliten la deposición, como el Psyllium ( Plenum R),una cucharada disuelta en un vaso de agua de 1 a 3 veces al día. Se recomienda ingerir otro vaso de agua a continuación. Asociados con fibras vegetales: Agiolax R, Evacuante R , Lisolax R , Normacol R . Laxantes lubricantes. Vaselina, dosis usual 15 a 30 ml c/ 8 hs. No permite la absorción de vitaminas liposolubles (A, B, K) pudiendo determinar un síndrome hemorragíparo en el recién nacido, por lo cual se debe evitar su uso crónico durante el embarazo. Categoría B. Sualax R, Pentolax R. Laxantes osmóticos no salinos. Lactulosa, por vía oral o por enema. Indicado alejado de las comidas, con un vaso de agua. Dosis 5 ml c/8 hs. En el embarazo categoría B. Lactulon R, Lactulon Polvo R ,Lactulax R . Estimulantes del peristaltismo. Actúan a nivel de la mucosa colónica. Bisacodilo, dosis usual 5 mg vía oral, 2 a 3 veces al día. Suadolin R, Dulcolax R, Laxamin NF R. Picosulfato sódico, presentación en capsulas blandas o gotas. Dulcolax Perlas R, Dulcolax Gotas R, Gotalax R, Orvilax R, Rapilax Gotas R, Suadolin Gotas R, Trali R. Cremas locales. Preparados tópicos sin corticoides. Doxiproct R, Fluxan pomada R , Mucoderm ungüento R , Sperti ungüento R, se indican 2 veces en el día y luego de cada deposición (previa higiene), colocación digital con dedil en el canal anal, sin aplicadores. Nosotros no los indicamos. Preparados tópicos con corticoides. Sheriproct PomadaR (prednisolona), Xyloplexo Pomada R (hidrocortisona), que son los utilizados en nuestro servicio. Otros: Rectogel simple R (hidrocortisona), Doxiproct Plus R (dexametasona) , Ikatral R ( hidrocortisona), Ultraproct R (fluorcortolona), Xyloprocto Pomada R (hidrocortisona). El uso de pomadas con corticoides no debe prolongarse más allá de las 2 o 3 semanas, dado que pueden determinar atrofia epitelial, lo que aumenta el riesgo de sangrado, dermatitis corticoidea y sobreinfección micótica. Cuando hay sospecha de infección, no se deben administrar corticoides. No están contraindicados en el embarazo. Fármacos flevotónicos. Si bien su eficacia no está del todo establecida, la fracción flevonoide micronizada con 90% de Diosmina y 10% de Hesperidina actúan inhibiendo la respuesta inflamatoria, manteniendo la integridad del endotelio vascular, aumentando el tono venoso y reduciendo el edema. (5) Hidrosmina, Drosmina R, dosis usual 200mg c/8 horas, es lo que habitualmente indicamos a nuestros pacientes Diosmina , Flebon 500 R , dosis usual 500 mg / día. Naftazona , Metorene R, Flebot 10- 30 R , dosis usual 10 a 20 mg c/8 horas. Existen otros flebotróficos asociados. El tratamiento médico en general es efectivo, para algunos autores la tasa de respuesta se acerca al 80%. (11,12) B) Tratamiento mini invasivo. Indicados en los pacientes con hemorroides grado II y casos seleccionados de grado III. Son múltiples los tratamientos mini invasivos. Tienen en común la intención de fijar los tejidos deslizados a la pared muscular. Este objetivo se puede llevar a cabo generando fibrosis, mediante la inyección de sustancias esclerosantes, mediante la generación de una escara secundaria a la ligadura hemorroidal, utilizando frío o calor. Pueden ser utilizados en forma única o asociados entre sí, son ambulatorios, generalmente poco cruentos, no exigen reposo absoluto, pero no están exentos de complicaciones. a) Ligadura con bandas elásticas “Banding” Este procedimiento ideado por Blaisdell en 1958, fue modificado y popularizado por Barron en 1963. (1,2) Es el procedimiento mini invasivo más utilizado por su rendimiento y relación costo-beneficio, técnicamente sencillo, fácil de aprender y con resultados reproducibles. Se realiza de forma ambulatoria y su tasa de complicaciones es baja.(6) Está indicado en pacientes con hemorroides grados II y III seleccionados, refractarios al tratamiento médico. Contraindicado en pacientes que concomitantemente tengan otra patología orificial de tratamiento quirúrgico y con hemorroides complicadas. En pacientes anticoagulados y antiagregados se debe realizar una selección cuidadosa teniendo en cuenta la relación riesgo-beneficio, siendo lo ideal la suspensión temporal y de no ser posible, un correcto monitoreo del rango de anticoagulación. El procedimiento se realizará en los casos refractarios al tratamiento médico, en varias sesiones, separadas al menos por tres semanas, tratando un paquete hemorroidal por vez. Es controvertido su utilización en pacientes inmunocomprometidos, pero en pacientes bien seleccionados tiene buenos resultados. (13) Algunos autores han señalado el alto riesgo que conlleva el banding en los pacientes portadores del VIH, sin embargo no existe evidencia que apoye esta afirmación, y por el contrario los procedimientos miniinvasivos parecen ser seguros en esta población. No se ha demostrado una mayor incidencia de complicaciones, aunque se señala un retardo en la cicatrización. Se recomienda la terapia antibiótica profiláctica. Consiste en la colocación de una banda de goma en la mucosa rectal por encima del paquete hemorroidal sintomático, con la finalidad de reubicarlo en su posición normal. La necrosis se produce por estrangulación dejando una úlcera que cicatriza con fibrosis y retrae los tejidos. El tejido necrosado cae entre el 5to y 10mo día posterior a la ligadura pudiéndose producir sangrado que en general es autolimitado. El mayor cuidado que se debe tener es El banding es el colocar la banda por encima de la línea tratamiento mini invasivo pectínea, evitando de esta manera la más utilizado en la complicación más frecuente, el dolor actualidad. Utiliza una postoperatorio. (11,14) banda de goma para fijar Es frecuente la sensación de tenesmo en la mucosa y reubicar el el post procedimiento inmediato que cede en las paquete hemorroidal primeras 48 horas. Técnica El procedimiento se realiza en el consultorio. No requiere de anestesia ni de preparación previa del paciente. No realizamos antibioticoterapia profiláctica. El paciente se coloca en posición de Sims. Colocación de anoscopio. Identificación de los paquetes hemorroidales a tratar, el número ideal de ligaduras por sesión es discutible, lo ortodoxo es realizar una ligadura por vez, separada de la siguiente al menos por dos semanas, Algunos autores realizan las ligaduras de a dos, con lo que se consigue la curación en 2 o 3 sesiones. (6) Otros prefieren realizar todas las ligaduras en una única sesión, disminuyendo de esta forma la tolerancia al procedimiento. Nosotros realizamos una o dos ligaduras por sesión, dependiendo de la tolerancia del paciente. Se utiliza el aparato de Barron, que consta de un cono de carga para la banda elástica en un cilindro fijo, que se encuentra unido por un vástago a un mecanismo disparador. Fig 9. Con una pinza de Mc Givney, que pasa por dentro del cilindro, se toma la mucosa rectal por encima del paquete hemorroidal a tratar, disparando la pequeña banda, que liga dicha mucosa. La banda se debe colocar a no menos de 10 mm por encima de línea pectínea, lo más alto posible. Fig 10 Fig 9. Procedimiento de Banding. Aparato de Barron. Fig 10. Esquema procedimiento de banding. Actualmente existen otros modelos, que aspiran la mucosa, evitando el traumatismo que conlleva su retracción con la pinza (6). Esto requiere mayor entrenamiento dado que no se objetiva la cantidad de tejido a ligar hasta que se dispara el dispositivo, tiene como ventaja prescindir de un ayudante. Complicaciones Si bien es un procedimiento sencillo, no está exento de complicaciones, alguna de ellas de considerable gravedad, de las cuales será informado el paciente en forma oportuna. Dolor: es la complicación más frecuente y se debe a una mala técnica, en general al disparo de la banda sobre mucosa sensible o sea por debajo de la línea pectínea. Su grado es variable, en general controlable con analgésicos menores, pero en ocasiones requiere de la remoción de la banda. Hemorragia: el sangrado que se produce cuando cae la escara es leve, aproximadamente al séptimo día, pero se han descrito severas hemorragias que obligan a la transfusión y a la hemostasia en block quirúrgico. En nuestra experiencia la complicación de sangrado severo se vio solo en 2 pacientes. Retención de orina Trombosis hemorroidal externa y plicomas. Abscesos submucosos y ulceraciones mucosas. Sepsis perineal: es una complicación poco frecuente pero la más grave, con una mortalidad de 6%. (15) No hemos tenido estas dos últimas complicaciones en casi mil procedimientos realizados. Pueden deberse a una mala selección de los pacientes, atribuyendo los síntomas a la patología hemorroidal ante la presencia de un absceso interesfinteriano ya existente que pasa inadvertido, no siendo éste una complicación del procedimiento, sino la patología responsable de la sintomatología del paciente. El tratamiento es efectivo en 77 a 91% de los pacientes y mantenidos en el tiempo (1,6), aunque suelen ser necesarias nuevas ligaduras promediando los cinco años del procedimiento b) Escleroterapia transanal: Procedimiento descrito Kelsey en 1883. Consiste en la inyección de sustancias esclerosantes, inmediatamente por encima del paquete hemorroidal a tratar, lo que fibrosa la submucosa y evita el desplazamiento hacia abajo del cojinete vasculoelástico. Se utiliza fenol al 5% en aceite de almendras dulces, la quinina -urea o el etoxiesclerol, siendo este ultimo el más empleado dada su mayor disponibilidad. (11,16) Se puede tratar un paquete por vez o varios en un mismo acto, la inyección se debe realizar por encima de la línea pectínea para evitar el dolor. La complicación más frecuente es el dolor que en general responde a analgésicos menores. Otra complicación más grave y que no está vinculada a la técnica quirúrgica es el absceso. En un metaanálisis, Mac Rae y Mac Leod concluyen que los pacientes tratados mediante éste método requirieron en mayor proporción la utilización de otros procedimientos para la remisión de los síntomas en comparación con los tratados mediante bandas elásticas. (17) c) Crioterapia Consiste en la destrucción tisular mediante la aplicación de frío. Se utilizan como agentes congelantes el óxido nitroso y el nitrógeno líquido, que alcanzan temperaturas de – 89o C y – 195o C respectivamente (1) La necrosis tisular está dada por la congelación de la microcirculación, con trombosis e isquemia de la zona tratada, fijando de éste modo la mucosa y submucosa a los planos profundos. Tiene como complicación importante el tiempo prolongado de la cicatrización de las heridas, el importante edema de la zona tratada, secreción maloliente, ulceraciones de la mucosa, estenosis, daño esfinteriano, plicomas y dolor. (15) El índice de recidiva que se cita es alto, 43% en el primer año, 50% en los primeros 5 años. (15) d) Fotocoagulación infrarroja Este procedimiento utiliza un rayo infrarrojo que penetra en los tejidos con la velocidad de la luz y es convertido en calor, alcanzando una temperatura de 100o C, está producida por una fuente de tungsteno-halógeno. El calor determina fibrosis y obliteración de los vasos que alimenta el paquete hemorroidario, con la consiguiente fijación de la mucosa y submucosa. La cantidad de tejido destruido esta en relación directa con el tiempo de exposición al rayo. Es el tratamiento de elección en las hemorroides grado II y en los paquetes residuales postquirúrgicos. (15,18) Tiene pocas complicaciones, entre ellas: dolor, sangrado y trombosis hemorroidal externa. Para algunos autores los buenos resultados alcanzan el 80% (15), con menor dolor post procedimiento respecto al banding. (9,10) La contrapartida es el alto costo del procedimiento, un mayor índice de sesiones y una mayor tasa de recidiva. (10) No es un método utilizado por nosotros. e) Electrocoagulación La electrocoagulación se pude realizar mediante diatermia bipolar (Bicaps) o unipolar (Ultroid) (11). Consiste en la aplicación de corriente eléctrica en forma directa sobre el tejido, utilizando un generador de 50 wats. La descarga genera necrosis seguido de un proceso inflamatorio retráctil, fijando la mucosa. (2) Es un procedimiento indicado en las hemorroides grado II. Dado su alto costo no ha ganado aceptación general. (6) f) Laser Tres son los láseres más comunes, el dióxido de carbono, que actúa por corte, el argón, que coagula vasos superficiales y el neodimio YAG que coagula vasos profundos, los más utilizados son los últimos dos. (1) No son sencillos de aprender, su costo es alto y no han demostrado beneficios con respecto a los otros procedimientos, por lo cual no se utilizan. g) DGHAL Ligadura de la Arteria Hemorroidal Guiada por Doppler Descrito por Morinaga en 1995. Consiste en la identificación de las tres arterias hemorroidales mediante un anoscopio al cual se le adapta el transductor de un ecógrafo doppler. Esto permite la identificación precisa de los vasos, los cuales se ligan mediante transfixión. Su mayor eficacia estaría dada en los pacientes cuyo síntoma predominante es el sangrado. (2,19) C) Tratamiento quirúrgico. La hemorroidectomía es considerada la opción más radical y efectiva para el tratamiento de las hemorroides, sigue siendo el patrón de oro con el cual se comparan las demás opciones terapéuticas (2,20) No exenta de complicaciones, es el dolor postoperatorio su principal contrapartida, muchos pacientes rehúsan la cirugía por esta causa. Actualmente este problema se ha solucionado en parte debido a la utilización de la técnica de infiltración local perianal y al mejor conocimiento sobre el manejo de los analgésicos para tratar este síntoma. Han pasado muchos años, desde que Petit, un anatomista francés, realizara la primera ligadura hemorroidal. Copeland en 1814 reporto 3 casos de hemorroidectomía, resultando un caso exitoso, una recidiva y una muerte por sepsis pelviana. Salmon en 1830 realiza la primera hemorroidectomía abierta (21). Desde entonces hasta nuestros tiempos, se han descrito tantas técnicas o variantes de las mismas como cirujanos se han dedicado al tratamiento de esta patología. En este trabajo nos ocuparemos de describir las principales técnicas de la cirugía hemorroidal, sus principios, indicaciones y contraindicaciones, enfocándonos en los aspectos que contribuyen a mejorar los resultados y disminuir la morbilidad. Hemorroidectomías El objetivo es reducir la vascularización local por ligadura de las ramas de la arteria hemorroidal superior, resecando el tejido hemorroidal en su totalidad, que incluye el anodermo, el paquete vascular hemorroidal y la mucosa rectal. Pueden tratarse un número variable de paquetes, desde 1 hasta los 3 clásicos o incluso 4, preservando puentes mucosos suficientes como para permitir una cicatrización sin estenosis; sabiendo que la resección de más de dos paquetes conlleva mayor riesgo de ésta complicación, por lo cual debe ser realizada por cirujanos experientes. Deben mantenerse intactas las funciones de defecación y de (6,8,20). continencia. En general existe consenso en las indicaciones del tratamiento quirúrgico de los pacientes con patología hemorroidal, obteniéndose buenos resultados con bajo número de recidivas si se respetan condiciones como: una buena selección de los pacientes, manejo de la técnica y adecuados cuidados postoperatorios (6,8,20,21). La cirugía estaría indicada en el 5-10% de los pacientes con enfermedad hemorroidal (6,8). La hemorroidectomía es considerada la opción más efectiva y radical. Patrón de oro con el que se comparan las otras opciones terapéuticas Existen diferentes técnicas de hemorroidectomía; la técnica de Miligan y Morgan o abierta, la de Ferguson o cerrada, siendo éstas las más conocidas. La de Parks o semi-abierta, que utilizamos en nuestro servicio, menos difundida y la técnica de Mitchell modificada (2,6,8,20,21). La hemorroidectomía circunferencial o intervención de Whitehead dejo de utilizarse por su mayor complicación, la estenosis. Las indicaciones de la hemorroidectomía se muestran en el cuadro 1. Cuadro 1 Fracaso de los tratamientos médico y alternativos. Contraindicaciones de los tratamientos instrumentales. Hemorroides sintomáticas grado III y IV. Lesiones asociadas que requieran tratamiento quirúrgico como: fisura, papila hipertrófica, plicomas grandes, vegetaciones virales, etc. Anemia (cuya causa exclusiva sea la patología hemorroidal) Trombosis hemorroidal. (ante la recurrencia de la trombosis luego de realizado el tratamiento habitual. Ver Cap patología Hemorroidal Aguda) Preparación del paciente Es discutible la realización de enemas para preparar el recto, no existiendo una opinión unánime. Su realización aumenta el costo de la cirugía, provoca disconfort y puede dificultar la técnica por presencia de materias líquidas en la ampolla rectal. En nuestro servicio no lo realizamos. En cuanto a la profilaxis antibiótica tampoco hay consenso, nosotros no la indicamos, excepto en pacientes inmunocomprometidos o portadores de materiales protésicos con criterio profiláctico. (6,8,20,22) Tampoco realizamos el rasurado de la región perianal. Tipo de anestesia Los estudios realizados hasta la fecha no evidencian ventajas de una técnica sobre otra. Cada una tiene sus indicaciones precisas, dependiendo de la disponibilidad de cada centro, estado general del paciente o de las preferencias de éste y del cirujano. (8,20) Este procedimiento se puede realizar con anestesia local, regional o general. La anestesia está relacionada con el tipo de intervención a realizar y las características de cada paciente, este tema se desarrolla con mayor profundidad en el capítulo 2. Técnicas quirúrgicas Todas las técnicas principios generales: (1) de hemorroidectomía siguen determinados -Incisión romboidal con vértice interno y externo. -Disección del paquete hemorroidal identificando y protegiendo el esfínter interno. La disección debe llegar proximal a la línea pectínea. -Ligadura del pedículo hemorroidal. -Mantenimiento de puentes cutáneo-mucosos. -Hemostasia cuidadosa. En el cuadro 2 se muestran los resultados de los estudios comparativos entre las diferentes técnicas quirúrgicas. (20) Cuadro 2 Autor Año Técnica n Hosch 1998 Arbman 2000 Gencosmanglu 2002 Parks vs MyM Ferguson vs M yM Ferguson vs M yM Ferguson vs M y M 17 17 38 39 40 40 100 100 Arroyo 2004 Duración Cirugía b ˂ 0.002 b ˂ 0.01 ˂ 0.001 NS b Dolor Cicatrización a Estancia Hospitalaria a ˂ 0.02 ˂ 0.01 NE NS ˂ 0.001 a NE ˂ 0.05 a ˂ 0.001 a NS ˂ 0.05 a a CA ˂ 0.05 M y M, técnica de Milligan y Morgan. a favorable a técnica cerrada, b favorable a técnica abierta NE, no especificado, NS no significativo, CA, cirugía ambulatoria. En los estudios donde se compara la hemorroidectomía abierta con la técnica de Parks se observa que con ésta última los pacientes tienen menor dolor postoperatorio, menor estancia hospitalaria y menor incapacidad laboral. Los estudios comparativos entre las técnicas de Ferguson y MiliganMorgan demostraron mayor tiempo operatorio, con una mejor cicatrización y menor dolor postoperatorio con la técnica de Ferguson. (20) Descripción operatoria Posición: decúbito dorsal, posición ginecológica.( Ver capítulo II) Rollo a nivel sacro y despliegue glúteo con bandas de leucoplasto para mejorar la exposición. Antisepsia del campo operatorio con solución de Yodopovidona. Colocación de campos estériles. Infiltración perineal con una dilución de 10cc de lidocaína al 2% + 10cc de bupibacaína al 0.5% + 0.1ml de adrenalina al 1/1000 (lo que proporciona una concentración de Adrenalina de 1/200000). Infiltración perineal según técnica descrita en capítulo 2. Se realiza infiltración a nivel de los paquetes hemorroidarios a resecar lo que facilita su disección. Tacto rectal bajo anestesia y dilatación anal digital, sin realizar dilatación máxima para evitar la lesión esfinteriana. De presentar una fisura anal asociada, solo se realizará la esfinterotomía lateral interna reglada. Hemorroidectomía semiabierta de Parks: (8) Descrita por Parks en 1956, consiste en la hemorroidectomía submucosa de los paquetes hemorroidarios. Se selecciona el paquete hemorroidario a resecar, se coloca una pinza de Kocher o Allis sobre el paquete traccionándolo hacia afuera para mejorar la exposición. Se realiza una incisión triangular cutánea hasta el canal anal, con vértice externo, que se encuentra con otra incisión similar, pero inversa a nivel mucoso, conformando un rombo, empleando bisturí frío. Disección con tijeras de la piel y la mucosa, cuidando de no lesionar las fibras del esfínter interno, levantando así el paquete hemorroidal. La disección a nivel de la mucosa tiene que ser lo más cerca posible del paquete, “ahorrando mucosa”, para permitir una cicatrización sin estenosis. Se efectúa la ligadura del paquete con un punto transfixiante de material de sutura reabsorbible 2-0 montado en aguja curva, anudándolo fuertemente hacia los dos lados y luego se secciona. Se reconstruye la mucosa comenzando la sutura a nivel del muñón, utilizando una sutura continua, empleando material reabsorbible 3-0, la cual termina a nivel de la línea ano-cutánea dejando la piel abierta para permitir el drenaje disminuyendo la probabilidad de hematomas submocosos. Esta sutura evita brechas mucosas que favorecen la aparición de fístulas submucosas Se repite la maniobra en los demás paquetes a resecar. Control de la hemostasis y colocación de gelfoam en el canal anal, que se expulsa espontáneamente con la defecación. No utilizamos mechas endoanales por el disconfort que provocan y el dolor que conlleva su retiro. Fig 11. A B C D E Fig 11.. Técnica de Parks. Hemorroidectomía semiabierta. A.Tracción del paquete hemorroidal, B disección del paquete y protección del esfínter, C ligadura y sección del paquete en la base, D sutura del sector interno de la herida. E hemorroidectomía de los tres paquetes terminada. Hemorroidectomía abierta de Miligan y Morgan: (1,6,8) Descrita en 1937, sufrió varias modificaciones, siendo actualmente la técnica mas practicada en Francia. Difiere con la técnica anterior en que las heridas mucocutáneas se dejan abiertas. Variantes técnicas Intervención de Miligan y Morgan modificada (8) A la extirpación clásica de los 3 paquetes hemorroidarios se le agrega un cuarto corte posterior con leiomiotomia y anoplastia con colgajo mucoso rectal. Esto permite la resección de una fisura posterior o de un cuarto paquete hemorroidal posterior. Procedimiento que actualmente no se realiza. Intervención de Miligan y Morgan con leiomiotomia parcial en un corte (8) Se realiza un corte parcial limitado a las fibras inferiores del esfínter interno a nivel de la hora 3. Esta variante es utilizada en pacientes con fisura anal crónica asociada y pacientes con esfínter hipertónico sin asociación de la misma, sobre todo hombres, con el fin de disminuir el dolor postoperatorio. Hemorroidectomía cerrada de Ferguson: (1.2,6,8) Esta técnica consiste en realizar el cierre de las heridas, luego de la hemorroidectomía, afrontando los bordes cruentos de piel y mucosa a través de una sutura continua con material reabsorbible. El resultado son tres cicatrices radiadas y lineales que convergen hacia el canal anal. Hemorroidectomía con técnica de Mitchell modificada. (21) La técnica consiste en realizar la hemorroidectomía, cerrando al mismo tiempo la herida quirúrgica. Esta se realiza bajo anestesia regional (espinal). Se coloca el paciente en posición de litotomía. Introducción del anoscopio de Fansler identificando el paquete a resecar. Se toma el plexo hemorroidal externo con pinza y se talla un colgajo de piel que lo incluye, hasta la línea pectínea. Hemostasia con electrobisturí. Con pinza recta se toma el plexo hemorroidal interno de forma longitudinal; se pasa un punto de sutura de material reabsorbible en el extremo de la pinza y se anuda. Se resecan los plexos venosos por encima de la pinza, luego se realiza una sutura corrida por sobre la pinza hasta la línea pectínea, retirando posteriormente la pinza, tensando la sutura y anudando en el extremo. La piel se sutura con puntos intradérmicos de material reabsorbible, hemostasis por compresión con gasa o gelfoam. Destacamos que éste procedimiento no cumple con uno de los principios de las hemorroidectomías, la correcta disección para identificar el esfínter interno, pudiendo incorporarlo en el surget lo que provoca intenso dolor postoperatorio. Esta técnica, para algunos autores (21),es de fácil realización, reproducible y segura para el tratamiento de las hemorroides. El dolor postoperatorio fue nulo o escaso en la mayoría de los pacientes, el cual se manejo bien con analgésicos comunes. Hubo un 2,8% de fístula perianal y hemorragia en otro 2,8%. Otras complicaciones fueron cefaleas por la anestesia raquídea y retención urinaria. Bisturí Armónico El bisturí armónico (UltracisionR), es un instrumento que corta y coagula los tejidos mediante la conversión de energía eléctrica en mecánica (vibraciones de alta frecuencia, 55000 Hz), produciendo buena hemostasia y mínimo daño térmico. (23,24) Se utiliza para realizar la sección del paquete hemorroidal. En comparación con el electrocauterio produce menor dolor en las primeras 48 hs, pero no hay diferencias en cuanto al número de complicaciones. (23) Es un instrumento costoso lo que limita su uso. En nuestro servicio no tenemos experiencia en dicho procedimiento. LigasureR Es un dispositivo hemostático que actúa mediante una combinación de presión y energía de alta frecuencia, sellando los vasos de hasta 7 mm gracias a la desnaturalización del colágeno y la elastina. Tiene la capacidad de medir la impedancia tisular y administrar la energía adecuada, minimizando de éste modo el daño térmico. (25) Como ventaja en su uso, se ha encontrado un menor tiempo operatorio, menor lesión de los tejidos adyacentes, aunque se discute su beneficio en cuanto a tener menores complicaciones, sobre todo el dolor postoperatorio. (25,26) Manejo postoperatorio Los pacientes serán dados de alta cursadas las 24 horas de postoperatorio. Se indicara dieta rica en fibras y abundantes líquidos para lograr un bolo fecal blando, evitando la constipación. Baños de asiento de malva con agua tibia. La higiene se realizará con agua jabonosa, sin la utilización de papel higiénico. Se le advertirá sobre la expulsión del gelfoam que fuera colocado durante el procedimiento. Analgesia sistemática con AINES vía oral. De presentar algunas de las complicaciones que se mencionan a continuación concurrir al servicio de salud más cercano. El control con cirujano, de no mediar complicaciones será en policlínica una semana luego de la cirugía. Complicaciones de las hemorroidectomías Históricamente plantear una hemorroidectomía a un paciente era sinónimo de dolor postoperatorio, por lo que muchos pacientes rehusaban la cirugía hasta muy avanzada su patología. El manejo del dolor postoperatorio es punto de controversia que ha llevado a la realización de varias investigaciones. No está clara aún la etiología del dolor luego de la cirugía (8,20,21) El dolor representa la principal complicación, presente entre el 5% hasta el 90% de los casos según las diferentes series, siendo muy variable dependiendo del paciente, de la técnica quirúrgica, del cirujano y de los cuidados postoperatorios. Debemos destacar que el dolor es un síntoma subjetivo y varía desde un dolor leve que se trata con analgésicos comunes por vía oral, hasta severo llegando a requerir opiáceos por vía intravenosa. (2,6,8,20,21) La infiltración perineal con anestésico local brinda mejor confort postoperatorio inmediato, esto no excluye la analgesia sistemática y el aumento escalonado de la misma si el paciente así lo requiere Existen varias medidas para el manejo del dolor postoperatorio, la primera y tal vez la más importante radica en realizar una adecuada técnica quirúrgica. Otras son: el reposo en cama, baños de asiento, la administración sistemática de analgésicos, inicialmente por vía parenteral y al alta por v/o, de ser necesario se utilizaran analgésicos mayores y antiinflamatorios no esteroideos, laxantes para evitar la constipación y la prescripción de ansiolíticos de acuerdo a cada paciente. (6,8,20,21). Se han encontrado menores tasas de dolor postoperatorios con las técnicas de bloqueo regional con anestésico local y uso de parches transdérmicos de fentanilo (8,20). Nosotros lo que indicamos habitualmente es analgesia en base a combinación de Tramadol y AINES, logrando buen control del dolor. Basándose en la hipertonía esfinteriana como etiología del dolor se propuso la realización de diferentes maniobras y técnicas para su tratamiento, entre otras se describió la esfinterotomía lateral interna, la inyección de toxina botulínica (Botox), y la aplicación de trinitrato de glicerina local. Son procedimientos no exentos de complicaciones, sobre todo el primero. No se encontraron diferencias significativas entre éstas para el tratamiento del dolor por lo cual no existe consenso en su utilización (1,6,8,20,21). Las hemorragias postoperatorias se ven en el 2% al 6% de los casos siendo más frecuentes en las primeras 24-48 horas y se deben a una mala ligadura del pedículo o a una hemostasis insuficiente de la herida, ésta última sobre todo en las técnicas abiertas. Se pueden producir hemorragias hasta los siguientes 7 a 15 días debidas a la caída de las escaras. Se le debe advertir al paciente que es habitual el sangrado escaso con las primeras deposiciones. El sangrado se cataloga como leve cuando cede espontáneamente o con compresión con apósitos, severo cuando requiere hemostasis en el quirófano. Este último es más frecuente en pacientes con trastornos de la hemostasia y/o de la coagulación por el consumo de ácido acetilsalicílico o anticoagulantes. (1,6,8,21) Los trastornos urinarios se presentan en el 2% al 15% de los pacientes y se deben principalmente al dolor, a la anestesia o al mal manejo de los líquidos en el intraoperatorio. Su tratamiento radica en disminuir el dolor, elegir la técnica anestésica más adecuada, restringir los aportes hídricos. Hasta el 10% de los pacientes requieren cateterismo vesical. (6,8,21) Los pacientes de mayor riesgo son los hombres, mayores de 50 años dada la mayor incidencia de patología prostática. Algún grado de incontinencia leve, como ano húmedo o a veces incontinencia para gases, puede verse en las primeros días del postoperatorio, lo cual se corrige espontáneamente en la mayoría de los casos y se debe a las alteraciones de la sensibilidad anal y a la disminución de la presión de reposo del esfínter. En los casos en que no se corrige o asocia incontinencia para materias, se debe a lesiones del esfínter interno o a una excesiva esfinterotomía en los casos en que se realiza. Es muy importante la visualización y la conservación del esfínter durante la realización de la hemorroidectomía para evitar su lesión, destacando que ante la presencia de algún grado de incontinencia persistente se debe sospechar e identificar dicha complicación. (8) En algunos casos la propia exéresis de las hemorroides puede llevar a la pérdida de continencia, ya que éstas eran el único elemento que permitía la misma (6), en estos casos pocos frecuentes, probablemente hubo una mala valoración preoperatoria del estado del aparato esfinteriano. La estenosis, complicación tardía, se presenta en el 8% de los casos, se debe a una excesiva resección de los paquetes hemorroidarios dejando escasos puentes mucosos. Su tratamiento consiste en su prevención mediante una adecuada técnica quirúrgica. Cuando se presenta se trata mediante dilatación, leiomiotomía o anoplastia. Otras complicaciones menos frecuentes son las supuraciones locales, las fístulas, las fisuras y el ectropión (1,6,8,21) Contraindicaciones Existen algunas contraindicaciones para la hemorroidectomía, aunque relativas, que deben discutirse según el caso (6,8), cuadro 3. Cuadro 3 Contraindicación anestésica Alteraciones graves de la hemostasis o de la coagulación. Hipotonía o incontinencia anal previa. Enfermedad inflamatoria intestinal. Paciente inmunodeprimido verdadero*. * (SIDA en etapa avanzada, tratamiento corticoideo crónico, 1 mg /K/día por 3 meses, pacientes transplantados con inmunosupresión , pacientes en tratamiento con poliquimioterapia) Cabe destacar que con las técnicas quirúrgicas se obtienen excelentes resultados con una recidiva a largo plazo menor al 2%. Queda pendiente resolver la morbilidad a causa del dolor postoperatorio siendo éste su principal flagelo, y disminuir el tiempo de ausencia laboral. (8) Técnica de Longo. Hemorroidopexia con sutura mecánica circular. Descrita por el Dr.Antonio Longo, cirujano italiano del Departamento de Cirugía de la Universidad de Palermo en 1998. (27) Basado en la teoría de que la alteración anatomopatológica de la enfermedad hemorroidal es el prolapso de la mucosa anal, el principio de éste método es la reducción del prolapso mucoso hemorroidal. Realiza la escisión de una banda transversal de mucosa en toda su circunferencia utilizando una máquina de sutura mecánica. Fig 12 Se denomina PPH, Procedimiento para el Prolapso y las Hemorroides. No realiza hemorroidectomía, sino una hemorroidopexia y no trata el componente externo de la patología hemorroidal. Está indicado principalmente en los hemorroides grado III y en algunos casos seleccionados de grado II, aquellos pacientes que no respondieron al banding, lo que es poco frecuente. (27) En los pacientes con hemorroides grado IV no puede tratar el componente externo ni los plicomas, que pueden ser muy molestos, aunque algunos autores sostienen que mejoran en la evolución de forma espontánea. Técnica (27) Posición ginecológica. Colocación de anoscopio, que se fija con 4 puntos a la piel del periné. A través del mismo se introduce un espéculo anal, cilíndrico y acanalado graduado en cm, que marca la medida exacta para la realización de la jareta (4 a 5 cm por encima de la línea pectínea) Se realizará una jareta, que incluya mucosa y submucosa, utilizando polipropileno 2/0. Retiro del espéculo y colocación del cabezal de la máquina de sutura mecánica. Sobre éste se ajusta la jareta, extrayendo por los orificios que se sitúan a los lados del cuerpo del suturador los dos cabos de la sutura. Se tracciona en forma pareja de ambos cabos, introduciendo la mucosa y la submucosa dentro del cuerpo del aparato. Se cierra el instrumento, y se realiza el disparo, manteniendo la presión por 20 o 30 segundos para realizar la hemostasia. Luego se abre y se retira en conjunto con el espéculo. Culminado el procedimiento se recoloca el espéculo para valorar la hemostasis, de ser necesario por la presencia de sangrado, se utilizará electrobisturí o puntos hemostaticos absorbibles. Fig 13. Fig 12. Máquina PPH. Procedimiento de Longo A. Introducción del B. Realización de jareta. C. Jareta conformada. anoscopio. D. Colocación de la engrapadora traves de la jareta. E. Tracción de la jareta y disparo. F. Resultado de la mucosectomia. a G. Anillos de mucosectomía. Objetivar el anillo mucoso entero, confirma la resección mucosa circular completa. Fig 13. Esquema de técnica de Longo Existen múltiples trabajos, que informan que la técnica de Longo da poca o nula molestia postoperatoria, logrando que el paciente se reintegre precozmente a sus tareas habituales. Es una técnica segura, efectiva y con escasas complicaciones. (28) Sabemos que la presión de la industria puede generar en algunos trabajos conflictos de interes. Otros tantos trabajos, citan como complicaciones graves, aunque no muy frecuentes la sepsis retroperitoneal, gangrena de Fournier, fístulas complejas (especialmente recto vaginal) y hemorragias graves, que no son frecuentes con los otros procedimientos descritos. (29.30) El dolor postoperatorio asociado a una inadecuada técnica quirurgica es de dificil manejo, requieriendo en algunos casos reinternación y analgesicos mayores. Si bien es una técnica atractiva y da mejores resultados en pacientes bien seleccionados, el costo del dispositivo en nuestro medio iguala el costo de todo el equipo anaestesico quirurgico. Todos los trabajos concluyen que aún se requieren de estudios a largo plazo para evaluar los resultados definitivos de éste procedimiento. Macroligaduras de Reis Neto Consiste en la ligadura de la mucosa suprayacente al paquete hemorroidal sintomático. Debe realizarse una ligadura alta, 3 a 4 cm por encima de la línea pectínea. Se liga una mayor cantidad de mucosa (macroligadura), consiguiendo mayor necrosis y por ende mayor área de fijación. (31) Se realizan 2 o 3 macroligaduras altas por sesión, con la finalidad de evitar la estenosis del canal anal, colocándolas a diferentes alturas. Se requiere de un anoscopio de mayor longitud y con el extremo en bisel para mejor visualización de los paquetes a tratar, y un sistema de aspiración para obtener mayor volumen de mucosa en la ligadura. Fig 14. Se describe menor dolor postoperatorio, que se adjudica a la mayor altura de la ligadura. El sangrado sigue siendo la complicación más frecuente. Debido a que liga mayor volumen de mucosa y por ende proporciona mayor fijación, remeda el procedimiento de Longo, pero con menor costo. En nuestro medio no hay experiencia con ésta técnica, realizándose en Brasil y Argentina. Fig 14. Esquema de macroligadura de Reis Neto Bibliografía 1) Graziano .A. Diagnostico y tratamiento de las afecciones anales benignas. Relato Oficial. Revista Argentina de Cirugía. 2004; 17-26. 2) Martinesi.V. Patología hemorroidal.Enfoque tarapéutico integral.Lugar de la cirugía ambulatoria.Trabajo de Tesis. Universidad de Córdoba. Facultad de ciencias médicas. 2006 3) Murúa. A. 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(1-2-3) La trombosis hemorroidal representa su más frecuente complicación, siendo la principal urgencia en ésta especialidad. (1) La crisis hemorroidal, también conocida como fluxión hemorroidal, es la inflamación aguda de las hemorroides, conformando la complicación más importante ya que aleja al paciente que la padece de la vida laboral y social. (2) Las hemorroides internas pueden prolapsarse, produciendo intenso dolor y sangrado, llegando en una etapa más avanzada a la estrangulación con trombosis, isquemia, necrosis y ulceración. Las externas pueden presentar edema e inflamación acompañando dicho prolapso. Trombosis Hemorroidal Se define como la coagulación intravascular del paquete hemorroidal interno, externo o de ambos existiendo patología previa o no. La trombosis es más frecuente a nivel de los plexos subcutáneos o submucosos bajo la La trombosis representa la complicación aguda más frecuente de la patología hemorroidal. línea pectínea, aunque este concepto no es por todos aceptado. (3-4) Según diferentes autores para que se produzca la trombosis es necesario que existan alteraciones del endotelio y de la coagulación produciendo un enlentecimiento de la circulación sanguínea. Otros sostienen que se produce primero una inflamación venosa con trombosis consecuente. En la actualidad no existe acuerdo sobre cual es el factor desencadenante. (1-2-3) Se han descrito factores predisponentes o de riesgo a padecer ésta complicación, se muestran en el cuadro 1. En algunos pacientes no es posible identificar ninguno de ellos. (2-3) Cuadro 1 Esfuerzo defecatorio. Diarrea. Aumento de la presión intraabdominal (embarazo/parto). Esfuerzo físico violento. Ingestión de bebidas alcohólicas. Estrés Existe otra entidad conocida como hematoma perianal el cual no es reconocido por todos los autores. Hay quienes sostienen que es consecuencia de un mismo proceso, trombosis venosa externa inicial y luego ruptura con formación de un hematoma en los tejidos vecinos. La evolución natural puede ser la resolución espontánea del cuadro dejando como secuela un plicoma perianal o la erosión de la piel que recubre el trombo con necrosis y ulceración, produciéndose la salida del trombo con alivio sintomático en algunos casos. (1-3-4) El cuadro dura generalmente 2 o 3 días luego disminuye el dolor hasta ceder definitivamente, persistiendo la tumoración con disconfort. (1-3-4) Los pacientes habitualmente concurren antes a la consulta para aliviar el intenso dolor que domina el cuadro que es constante y que aumenta con la defecación. Al examen físico se destaca a nivel del margen anal una induración de color azul violácea, de tamaño variable y muy dolorosa al tacto. (3-4) Fig 1. Recordemos que las hemorroides externas se encuentran por debajo de la línea pectínea, siendo ésta una zona muy sensible. Para tratar la trombosis hemorroidal externa se puede realizar tratamiento médico, la simple incisión con extracción del trombo o trombectomía, la trombectomía con resección de un losange de piel y la escisión quirúrgica del paquete hemorroidal externo. En la trombosis, el dolor anal es el síntoma que domina el cuadro, y se reconoce al examen como una tumoración perianal violácea y muy dolorosa al tacto. Fig.1. Trombosis hemorroidal externa. El tratamiento médico consiste en baños de asiento de malva con agua tibia, dieta rica en fibras y abundantes líquidos, antiinflamatorios y analgésicos vía oral. La utilización de Nifedipina tópica puede ser una opción terapéutica válida, nosotros no tenemos experiencia. Con éste tratamiento conservador se obtiene buenos resultados en un plazo aproximado de 7 días, dejando como secuela la aparición de plicomas. Trombectomía. Se realiza anestesia local en la piel que recubre el trombo, y se practica una incisión cutánea superficial extrayendo el mismo. La piel tiende a coaptar propiciando la recurrencia. Trombectomía con resección de losange de piel. La técnica consiste en realizar desinfección de la zona, infiltración sobre la base del paquete trombosado con lidocaína y adrenalina, se reseca la capa cutánea con bisturí o tijera realizando una incisión elíptica con extracción del o los coágulos de forma digital o con ayuda de una legra pequeña. La herida queda abierta aunque en algunos casos se puede efectuar un punto con hilo de sutura reabsorbible para control de la hemostasis. La cicatrización final ocurre sin la formación de plicomas. El paciente es dado de alta el mismo día de la cirugía. (4-5-6-7) El tratamiento consiste en la trombectomia, obteniéndose buen resultado. Ante la recurrencia esta indicada la hemorroidectomia externa. Hemorroidectomía externa. Consiste en la resección del paquete hemorroidal externo. Se realiza anestesia local con lidocaína y adrenalina. Incisión cutánea en forma de rombo con vértice externo e interno quedando este último por debajo de la línea pectínea. Disección del paquete hemorroidal, identificando y protegiendo los ases del esfínter anal externo. Punto transfixiante a nivel del pedículo hemorroidal sobre el vértice superior, resección del paquete. Cierre mucoso con sutura absorbible, la piel se deja abierta para favorecer el drenaje. Fig 2. Este procedimiento demostró mejores resultados y está indicada en casos con sintomatología intensa y ante la recurrencia. Fig 2.. Esquema de hemorroidectomía externa. Diagnósticos diferenciales Absceso subcutáneo- mucoso. El paciente consulta por dolor pulsátil y contínuo, que se incrementa con la presión local, la evacuación, al toser y al sentarse y por notar una tumoración perianal con elementos inflamatorios y en ocasiones fiebre y mal estar general. Al examen se diferencia de la trombosis hemorroidal en presentar una zona indurada de mayor tamaño, con rubor, calor, fluctuación e intensamente dolorosa. No presenta la coloración violácea característica del trombo. Fig 3. A B Fig 3. Absceso perianal En A, se marca la zona fluctuante, en B la salida de material purulento por el canal anal, tras la compresión del absceso. Fisura anal Se puede plantear como diagnóstico diferencial con la trombosis hemorroidal interna, que como dijimos no es frecuente. El dolor que presentan los pacientes con fisura anal es intenso y durante la defecación. En general se acompaña de rectorragia escasa. Al examen presentan ano hipertónico y al desplegar el margen anal se observa una ulceración lineal generalmente en el rafe medio posterior. Fig 4. La importancia radica en que su tratamiento es diferente y que está contraindicada la exploración mediante el tacto rectal o anoscopía en el caso de la fisura Se debe realizar un correcto examen de la zona perianal para identificar y descartar diagnósticos diferenciales de la trombosis hemorroidal Fig 4. Fisura anal Melanoma del canal anal El melanoma del canal anal corresponde al 0.2- 3% de todos los melanomas y 0.1- 5% de todos los tumores malignos del ano. Es la tercera topografía en frecuencia después de la piel y el ojo. Se presenta clínicamente como una tumoración de color negruzco, única, dura, ubicada a nivel de la línea pectínea, en el hemiano posterior. Puede presentar dolor y sangrado. (3) Fluxión Hemorroidaria, Prolapso Hemorroidal Trombosado o Anitis Prolapsante Aguda Esta “crisis hemorroidaria” se caracteriza por la presencia en grado variable de trombosis hemorroidal interna, con compromiso externo asociado o no, edema, prolapso de la mucosa rectal hasta incluso arrastrar el esfínter interno con encarcelamiento. Se produce de esta forma un círculo vicioso con aumento del tono esfinteriano, mayor ingurgitación venosa, edema y dolor. (3-4-68) Los pacientes, generalmente portadores de hemorroides sintomáticas, refieren dolor intenso que se irradia hacia todo el periné, pujos y tenesmos rectales palpándose una tumoración anal dolorosa. Al examen se destaca la presencia de una tumoración anal de tamaño variable, paquetes hemorroidarios de color violáceo por la trombosis con eversión de la mucosa anorectal. En la evolución puede progresar a la ulceración y necrosis. (3-4) Fig 5. Fig 5. Fluxión, prolapso hemorroidal. El tratamiento de la fluxión hemorroidaria sigue siendo controvertido, ya que no existen estudios aleatorizados concluyentes. (9) Tratamiento médico En casos con sintomatología leve se puede iniciar tratamiento médico en base a baños de asiento, analgésicos y cremas que contienen anestésicos y vasoconstrictores como la nafazolina. (3) La utilización tópica de sustancias hiperosmolares (compresas embebidas en suero glucosado al 30%, suero bicarbonatado, borato de sodio, azúcar) que logran disminuir el edema mediante el pasaje de líquido al exterior, permite muchas veces la reducción del prolapso, evitando la cirugía de urgencia. Cuando se optó por el tratamiento médico se observó que los pacientes no presentaban resolución inmediata de los síntomas que se extendían hasta 15 días con ausencia laboral, recurrencia de la trombosis y aumento del riesgo de gangrena. (1) La infiltración del esfínter anal como único tratamiento debe desterrarse debido a que es agresivo y brinda una mejoría transitoria, Tratamiento quirúrgico Se conoce desde hace varios años la conducta de no realizar tratamiento quirúrgico en estos pacientes dado el alto riesgo de estenosis por resección exagerada de la mucosa, debido a la distorsión en la anatomía habitual, así como la probable lesión del esfínter interno. (1) Las indicaciones precisas son: dolor intenso acompañado de prolapso severo que no mejora con tratamiento médico bien conducido, importante componente trombótico que predice una lenta resolución del cuadro y la necrosis extensa. En pacientes con componente necrótico se impone la cirugía, encontrándose incluso mayor facilidad en la disección dado por el edema que separa la mucosa del esfínter. Se debe tener en cuenta que ésto también puede llevar a la resección exagerada de mucosa con la consiguiente estenosis postoperatoria. Otra complicación es la lesión del esfínter interno que lleva a la incontinencia. Ambas se pueden prevenir con una técnica cuidadosa. (1-3-4) La cirugía de urgencia en la fluxión hemorroidaria está indicada cuando existe un importante componente trombótico y/ o necrosis. No se deben de resecar más de dos paquetes hemorroidales, para disminuir el índice de las complicaciones ya mencionadas. Se realizara la hemorroidectomía del paquete más voluminoso y con mayor componente trombótico. Debe ser realizado por un equipo quirúrgico experiente en esta patología Existen trabajos que muestran mejores resultados con la hemorroidectomia de urgencia respecto al tratamiento médico. (1-2-3-4-8-9) La realización de la hemorroidectomia de urgencia es cada vez más empleada según diferentes autores, obteniéndose buenos resultados con escasa morbilidad, recomendándose técnicas abiertas. (1-2-3-4-6-8-9) Diagnósticos diferenciales a) Prolapso rectal No en pocas ocasiones se puede confundir a la fluxión hemorroidaria con otras entidades patológicas como el prolapso rectal, que puede ser completo o incompleto El prolapso rectal completo o procidencia se debe a la salida por el canal anal de todas las capas del recto que ocurre en forma aguda. Este es mayor en mujeres con una incidencia que varia desde 3 -10:1 respecto a los hombres. (1011) Cuando es incompleto solo prolapsa la mucosa, observándose pliegues radiados y no concéntricos. (10) Afecta principalmente a pacientes de edades avanzadas. Los síntomas son debidos al prolapso per se e incluyen malestar perianal, sensación de evacuación incompleta, tenesmo y manchado de contenido fecal con moco y, en ocasiones, sangre y dolor anal. (10-11-12) Ocurre generalmente después de una deposición. En la mayoría de los pacientes hay antecedentes de procidencia que se reduce manualmente luego de las deposiciones. El diagnóstico diferencial se plantea con el prolapso rectal, completo y estrangulado, que es el que presenta dolor intenso y alteraciones en la mucosa. A la inspección perineal se El principal diagnostico observa la procidencia con mucosa que diferencial de la fluxión forma círculos concéntricos, y eritema hemorroidal es el prolapso rectal intenso de la mucosa, con edema. En la estrangulado, y se los diferencia evolución puede verse ulceración y realizando un correcto examen físico. signos de gangrena. (10-11) El tratamiento varía desde conductas conservadoras, como la reducción manual del prolapso, hasta el tratamiento quirúrgico en el prolapso rectal complicado mediante resección, existiendo varias técnicas. (10-11-12) Es de suma importancia diferenciarlo de la fluxión hemorroidal, para no diferir ni tratar de forma conservadora al prolapso rectal estrangulado. Anitis y Perianitis Se denomina anitis al proceso inflamatorio que acompaña a la tromboflebitis de las venas submucosas, la que se acompaña de edema, rubor y dolor de la mucosa del canal anal. (13) El paciente refiere dolor, prurito, ensuciamiento y sangrado. Al examen se aprecian paquetes hemorroidarios externos con o sin trombos en su interior, y en la anoscopia se observa una mucosa eritematosa, esfacelada y en algunos casos ulceraciones. (13) El tratamiento consiste en la aplicación de pomadas (que contengan anestésicos, antiinflamatorios) y corrección de la dieta. Se han empleado inyecciones con agentes esclerosantes. (13) Cuando este cuadro se acompaña de afectación de la piel perianal agrega perianitis. Se asocia a factores exógenos como la diabetes mellitus, alergias alimentarias e infecciones ya sea parasitarias o micóticas. (13) Al examen se observa además de los signos descritos anteriormente, la piel perianal enrojecida e indurada. Puede presentar ulceraciones. El tratamiento consiste en tratar la anitis y eliminar las noxas acompañantes como las infecciones, indicándose tratamiento específico. Patología hemorroidal en el embarazo y puerperio. Durante el embarazo se producen cambios fisiológicos que afectan múltiples funciones y son en su mayoría producidos por las diferentes hormonas originadas en la placenta. También hay alteraciones mecánicas debido al útero aumentado de tamaño. (14-15-16) Algunos de estos cambios predisponen a la enfermedad hemorroidal la cual es frecuente durante el embarazo y puerperio afectando aproximadamente a un tercio de las pacientes. Durante el embarazo se produce una compresión de la vena cava, de las venas ilíacas y del recto superior, debido al útero grávido. (17) La progesterona (aumentada durante la gestación) tiene un efecto relajante sobre las fibras musculares lisas(17), favoreciendo la vasodilatación con éxtasis venosa y una disminución de la motilidad intestinal lo que predispone a la constipación que como ya fue mencionado son factores de riesgo de enfermedad hemorroidal. Una vez diagnosticada la enfermedad hemorroidal debe instaurarse un tratamiento higiénico dietético medicamentoso, en base a una dieta rica en fibras, psillyum, abundante ingesta de líquidos y antihemorroidales tópicos. (17, 18) La utilización de laxantes en base a parafina (vaselina) que arrastran vitaminas liposolubles pueden provocar un síndrome hemorrágico neonatal por carencia de vitamina K, deben preferirse los laxantes que aumentan el bolo fecal Durante el embarazo y el (Plenum R) o los osmóticos (LactulonR) (15) puerperio se realizará tratamiento médico, reservando Los anestésicos y corticoides los procedimientos invasivos locales pueden brindar alivio sintomático para casos muy seleccionados no actuando sobre los cambios patológicos. (18) Se deben evitar las cremas con altas concentraciones de corticoides por tiempo prolongado ya que pueden afectar al feto. Los tratamientos invasivos en la patología hemorroidaria crónica no deben realizarse durante el embarazo y en el puerperio es de indicación discutida. Para algunos autores el Banding hemorroidal puede estar indicado en hemorroides internas grado II-III refractarias al tratamiento conservador, en nuestra práctica diaria no hemos tenido que realizarlo y no nos parece prudente hacerlo. (15-17- 18) Ante prolapso severo, fluxión que no cede con tratamiento médico o presencia de necrosis debe considerarse la hemorroidectomía de urgencia (17) aunque de ser posible se debe posponer la intervención hasta que el feto sea viable. (18) La trombosis hemorroidal externa es común y en el 91% de los casos se produce en el primer día del puerperio, siendo los factores de riesgo para que esto ocurra la presencia previa de enfermedad hemorroidal, el trabajo de parto prolongado, los fetos grandes y el desgarro perineal. (18) En caso de trombosis externa , puede actuarse sobre la misma de forma convencional. Ante la sospecha de que otra enfermedad sea la que origine la sintomatología, tanto la sigmoidoscopía como la fibrocolonoscopía no están contraindicadas durante el embarazo. Bibliografía 1) Saad S, Avelar M, kim S, Salum M, Matos D. Trombose Hemorroidária Resultados do Tratamento Cirúrgico de Urgência Realizado em Hospital Universitário. Rev Bras Coloproct, 2005; 25: 212-216. 2) Reytor Gamboa G, Plasencia Gilart J, Reytor Pino G. Estudio comparativo del tratamiento médico y quirúrgico de la crisis hemorroidal. Correo Científico Médico de Holguín, Cuba 2004; 8. 3) Graziano .A. Diagnostico y tratamiento de las afecciones anales benignas. Relato Oficial. Revista Argentina de Cirugía. 2004; 17-26. 4) Lledó Matoses S. Hemorroides. Cirugía Colorectal. Cap 5. Guías Clínicas de la Asociación Española de Cirujanos. Madrid: Aran Ediciones, 2000; 7589. 5) Zollinger R Jr, Zollinger R Sr. Inyección y resección de hemorroides. En: Zollinger. Atlas de cirugía. 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Surgical diseases Presenting in pregnancy. Surg Clin N Am. 2008; 88: 403-419 ABSCESO ANORECTAL Dr. Diego Lapiedra, Dr. Germán Meyer, Dr. Ricardo Misa 1) Importancia del Tema 2) Epidemiología 3) Etiopatogenia 4) Clínica 5) Tratamiento: A) Táctica Quirúrgica B) Técnica Quirúrgica 6) Absceso Isquiorectal 7) Absceso Interesfinriano 8) Absceso Submucoso 9) Absceso Supraelevador 10) Cuidados Postoperatorios 11) Bibliografía Importancia del tema Estos abscesos son colecciones de pus de evolución aguda que se localizan en los espacios ano-rectales y representan un motivo de consulta muy frecuente en todas las puertas de emergencia de nuestro país. (23) También denominado por algunos autores como “abscesos perianales”, el término de absceso ano-rectal” los define con mayor precisión, ya que la supuración no se limita exclusivamente a la región perianal, siendo ésta solo una de las múltiples variantes topográficas de las colecciones ano-rectales que describiremos. La enfermedad puede presentarse en ambos sexos y a cualquier edad, pero es de mayor gravedad en pacientes inmunocomprometidos, como son los portadores de HIV-SIDA, Diabetes Mellitus y Neoplasias, entre otros, pudiendo además ser la manifestación de una patología inflamatoria crónica colorrectal como la Colitis ulcerosa crónica (CUC) y enfermedad de Crohn, o cáncer anal. El éxito del tratamiento va a estar condicionado por un temprano diagnóstico y posterior resolución mediante el drenaje quirúrgico de la supuración, por lo que el papel del médico de urgencia que es quien primero toma contacto con el paciente es fundamental. Cabe destacar además que el drenaje del absceso es muchas veces el inicio de otra patología, la fístula perianal, la que debe considerarse como un estadío evolutivo de la misma enfermedad, al cual llegan entre el 15 y el 50% de los pacientes que sufren un absceso perianal. Sabiston plantea que la patogénesis de ambas enfermedades sería la misma, representando el absceso la fase aguda y la fístula la secuela crónica de un mismo proceso patológico. (6) El objetivo de este capítulo es brindar por un lado al médico general una aproximación al tema, haciendo hincapié en las claves para un diagnóstico oportuno y correcto, y por otro lado mostrar esquemáticamente al residente de cirugía los pasos para un adecuado tratamiento. Epidemiología Es una enfermedad del adulto sano, generalmente hombre (relación sexo masculino-femenino 2:1) y en torno a la cuarta década de la vida, siendo factores predisponentes pero no excluyentes todos Los abscesos primarios se originan por la obstrucción y posterior infección de una de las glándulas perianales, aquellos que causan en el individuo una alteración en la respuesta inmune. Así, estarán más predispuestos a sufrir la enfermedad los diabéticos, transplantados, pacientes oncológicos y portadores de HIV-SIDA entre otros. El paciente que sufre un absceso ano-rectal tiene altas chances de reiterar la enfermedad (30%), y en general el absceso aparecerá en la misma topografía que los anteriores. (5, 7, 8, 21) Etiopatogenia Del punto de vista etiológico podemos definir dos grandes grupos de abscesos: primarios (inespecíficos) y secundarios (específicos). Los abscesos primarios o criptoglandulares, por lejos los más frecuentes, se originan por la obstrucción y posterior infección de una de las glándulas perianales, que ubicadas en forma radiada en torno al conducto anal se abren a éste a nivel de la línea criptopapilar. Éstas glándulas se ubican en el espacio interesfinteriano, o sea en el espacio existente entre el esfínter interno y externo del ano, atravesando su conducto excretor (el llamado “canal glandular de Hermann y Desfosses”) el esfínter interno y abriéndose hacia las criptas a través de él. De aquí que la infección (absceso), comienza siempre en este espacio (interesfinteriano), constituyendo lo que Parks llama la “infección interesfinteriana primaria”, de donde luego la colección busca drenarse en diversas direcciones. (4, 5, 6, 7, 8, 21, 22, 23 ) Según la dirección que tome el pus buscando salir del espacio interesfinteriano se originarán las diferentes variedades de abscesos anorectales. Tomando la clasificación de Eisenhammer de 1978, las colecciones pueden dirigirse en sentido cefálico, entre ambos esfínteres, y originar los abscesos “interesfinterianos altos” y “supra- elevador del ano”. Pueden en cambio Según la dirección que tome el pus se originarán las diferentes variedades de abscesos anorectales dirigirse en sentido caudal, formando colecciones que se localizan bajo la mucosa de la margen anal, los verdaderos “abscesos perianales”. Pueden también atravesar el esfínter interno hacia el conducto anal pero permanecer en la submucosa, sin drenarse a la luz ano-rectal, formando abscesos “subcutáneo-mucosos”. Por último pueden penetrar a través del esfínter externo, originando colecciones en la fosa isquiorectal, los llamados abscesos “de la fosa isquiorectal”. (8, 21, 22, 24, 25) En orden de frecuencia el absceso perianal es el más común (60%), seguido por el de la fosa isquiorectal (20%), interesfinteriano (5%), supraelevador (4%) y submucoso (1%). (21, 22, 25) ABSCESO SUPRAELEVADOR ABSCESO INTERESFINTERIANO ABSCESO PERIANAL ABSCESO ISQUIORECTAL Fig. 1 Clasificación anatómica de los abscesos ano-rectales. La infección aguda del canal glandular lleva a la formación del absceso perianal, mientras que la crónica determina la aparición de una fístula perianal (primaria), la que también puede originarse como complicación evolutiva del absceso (secundaria). (26) En cuanto a su localización en torno al margen anal, el 66% se encuentran en cuadrantes posteriores, 22% son solo anteriores y 11% son laterales (Parks y Thomson 1979). (21, 22, 26) Dado el mecanismo patogénico que analizamos para los abscesos criptoglandulares, es fácil de entender que los gérmenes que causan la infección de la glándula, y por ende el absceso anorectal sean los de la propia flora fecal del paciente, predominando los gram negativos como Los gérmenes que causan la infección de la glándula, y por ende el absceso ano-rectal son los de la propia flora fecal del paciente. la Escherichia coli y los anaerobios, entre los que se destaca el Bacteroides fragilis. (21, 24, 25) Sin embargo un pequeño porcentaje de los abscesos primarios (5%) no comparte este origen, generándose por la infección de la piel perianal y folículos pilosos por gérmenes que son flora normal cutánea, como Estreptococos y Estafilococos. Estos abscesos no evolucionarán a fístulas perianales, ya que comparten el sitio de infección pero no la patogenia de los abscesos criptoglandulares. (25) Cuando en la práctica diaria quedasen dudas acerca del origen de un absceso de la región perianal, la toma de un exudado puede orientarnos al mostrar una flora polimicrobiana (orientadora del origen criptoglandular) o monomicrobiana, típica de los gérmenes cutáneos. Este hecho explica las afirmaciones hechas por algunos autores en el pasado, quienes planteaban que si se cultivaba E. Coli en un absceso ano-rectal era más probable que el mismo recidivara o evolucionara a una fístula. Los abscesos anorectales secundarios, también llamados específicos, representan un 10% del total aproximadamente y su origen no se vincula en absoluto a las glándulas perianales. Pueden tener las causas más diversas, pudiéndose formar por infección anorectal por Legionella, Nocardia, Actinomyces, amebiasis, así como ser secundaria a tuberculosis. Pueden formarse además a consecuencia de microtraumatismos de la mucosa anorectal, como complicación del trauma quirúrgico, complicaciones de patología benigna (fisura anal, trombosis hemorroidal) o por la existencia de un cáncer ano-rectal. También puede ser la expresión de una inflamatoria como CUC o enfermedad de Crohn. (5, 6, 8, 21, 22, 24) colopatía Fig. 2 Absceso perianal secundario a un carcinoma del canal anal. Puede verse claramente la formación irregular de la mucosa ocupando la derecha del conducto. Clínica La casi totalidad de los pacientes que padecen un absceso anorectal se presentan con dolor anal. El dolor es el síntoma por La sumatoria de dolor excelencia del absceso, pero a diferencia de la perianal y fiebre de fisura anal el mismo es permanente, pulsante y sin causa no evidente relación con la defecación. Tan típico es el dolor deben hacernos que a un paciente con dolor anal de causa no pensar en un absceso evidente se le debería realizar en primer lugar una ano-rectal. ecografía endorectal para descartar un absceso interesfinteriano alto. (4, 5, 6, 7, 8) El dolor es seguido de fiebre en las primeras etapas, muchas veces antes que una masa dolorosa y fluctuante perianal se haga evidente, por lo que la sumatoria de dolor perianal y fiebre de causa no evidente deberían hacernos considerar la existencia de un absceso ano- En los pacientes inmunodeprimidos, la única manifestación puede ser la fiebre rectal. En el exámen son característicos el edema, rubor y calor perianal, y la presencia de una tumoración dolorosa y fluctuante que sella el diagnóstico. (Fig. III y IV) Fig. 3 Absceso de la fosa isquiorectal. Se ve claramente la tumoración que abomba en la región perianal. Cabe destacar sin embargo, que si bien esta es la presentación que acompaña a la mayoría de los casos, en los abscesos interesfinterianos y supraelevador del ano los signos locales no estarán presentes, debiéndonos valer para el diagnóstico de la sospecha clínica frente a un paciente con dolor pélvico y fiebre, lo que nos permitirá solicitar los exámenes paraclínicos adecuados. (4, 5, 6, 7, 8, 21, 25) Esto es de particular importancia en aquellos enfermos inmunodeprimidos, en quienes la única manifestación de la presencia de un absceso puede ser la fiebre, o manifestarse por fiebre y síntomas inespecíficos como pujo o tenesmo rectal e incluso tenesmo vesical. Fig. 4 Se ven aquí nuevamente los signos locales que denotan la presencia del absceso anorectal. En estos casos de duda diagnóstica debe recurrirse al examen anorectal bajo anestesia, pudiendo ser necesario incluso abrir el espacio interesfinteriano en el sector sintomático. La resonancia nuclear magnética (RNM) es La resonancia nuclear magnética es el método de elección para el diagnóstico de los abscesos interesfinterianos altos y supraelevador. otra herramienta de gran valor para diagnosticar abscesos perianales ocultos, siendo éste el método de elección para el diagnóstico de los abscesos interesfinterianos altos y los supraelevador. Fig. 5 La flecha señala la presencia de un absceso supraelevador en la RNM. La ecografía endorectal es también de gran utilidad diagnóstica, pero su sensibilidad disminuye para colecciones más altas, además contraindicada estando en inmunodeprimidos verdaderos, por lo Los síntomas y signos característicos son: Dolor anal, rubor, calor, tumoración perianal con edema de piel y celular, fiebre y drenaje purulento transanal. que en estos casos adquiere mayor relevancia RNM. (1, 3, 8, 9, 10, 25) Fig. 6 Ecografía endorectal practicada a un paciente con un absceso anorectal de difícil diagnóstico. Se ve claramente en el sector inferior de la imagen como una zona hipoecogénica bien delimitada. Así, los síntomas y signos característicos de esta patología se enumeran en la siguiente lista (21, 22) z Dolor anal que aumenta al sentarse, toser y con la defecación. z Rubor z Calor z Tumoración perianal intensamente dolorosa al tacto z Edema de piel y celular de extensión variable z Fiebre z Drenaje purulento transanal, que puede hacer calmar el dolor En caso de estar presentes todos los síntomas y signos mencionados, el diagnóstico no genera problemas; sin embargo muchas veces los síntomas no son tan claros, dando lugar al planteo de múltiples diagnósticos diferenciales. En el paciente inmunodeprimido y fundamentalmente en el HIV-SIDA, Son diagnósticos diferenciales la fisura anal, la patología hemorroidal y los procesos infecciosos de la margen anal. los síntomas pueden no ser tan ostensibles y si existen elementos inflamatorios francos hay que recordar que en el SIDA los linfomas y los abscesos micóticos o bacterianos específicos requieren un encare especial. En el inmunocompetente, la ausencia de signos inflamatorios claros puede plantear la duda diagnóstica con la patología benigna perianal. El dolor anal estará presente en el paciente con una fisura anal aguda, pero el mismo aparece fundamentalmente post-defecación y puede acompañarse de rectorragia escasa. Al examen de la región perianal existirá un intenso dolor al intentar practicar el tacto rectal, siendo clave la presencia constante en la fisura anal aguda de un ano puntiforme, hipertónico, que no se ve en el absceso anorectal. La patología hemorroidal y fundamentalmente la trombosis de un paquete venoso puede plantear dudas, pero en este caso la tumoración será siempre del margen anal y de un color violáceo característico. Los procesos infecciosos agudos o crónicos de la piel perianal (anitis) que generan más prurito y ardor local que dolor, pueden también generar problemas, pero en estos casos el exámen revelará una lesión dérmica circumanal con un exudado seroso claro típico que mancha la ropa interior o los apósitos que el paciente se coloca. No nos cansaremos de recalcar que el examen físico del paciente con dolor anal es clave para realizar un diagnóstico correcto de la patología perianal benigna, y que la práctica del mismo en malas condiciones de tiempo y lugar, así como sin una iluminación y exposición adecuada solo disminuirá nuestra chance y la del paciente de obtener un diagnóstico certero. Tratamiento El tratamiento antibiótico exclusivo, o sea sin drenaje quirúrgico no tiene influencia en la historia natural del absceso anorectal; más importante aún, su uso no debería retardar el inicio del tratamiento quirúrgico. (21, 22, 25). Cada vez son más los estudios que no muestran diferencias significativas entre usar o no antibióticos para el tratamiento de los abscesos anorectales no complicados, y cada vez más autores se suman a la idea del drenaje quirúrgico como único tratamiento. Quedan excluidos de estas consideraciones los ancianos, inmunodeprimidos, diabéticos, pacientes con patología valvular cardíaca o aquellos pacientes con celulitis perineal extensa, en los que el uso complementario de antibióticos sí estaría indicado. (4, 5, 8, 14, 16, 21, 24). A) Táctica Quirúrgica Los pilares del tratamiento de los abscesos ano-rectales son los siguientes: 1.- Drenar el pus. 2.- Identificar el trayecto y el orificio primario y eventualmente tratar la fístula. Este último punto abre un extenso debate: ¿debe realizarse exclusivamente el drenaje del pus o de ser hallado un orificio interno, realizar la fistulotomía en forma simultánea? Es importante aclarar en primer término que esta discusión se plantea para los casos de abscesos anorectales de tipo perianal o intresfinterianos bajos, en los que la división de las fibras de esfínter (fistulotomía) como forma de tratamiento puede ser planteada. Dado que los trayectos fistulosos de estos abscesos atraviesan al esfínter en su sector más bajo, la sección parcial de sus fibras no compromete mayormente la continencia. En cambio, en abscesos interesfinterianos altos, supraelevador del ano o en los que se identifique un orificio fistuloso interno alto, la fistulotomía se halla contraindicada ya que la sección de las fibras del esfínter como forma de poner a plano el trayecto, ocasionará inevitablemente incontinencia fecal, siendo planteable únicamente en estos casos la colocación de un setón a través del trayecto fistuloso. Hecha esta aclaración, volvemos a plantear la pregunta que ocasiona el debate, ¿que hacer cuando La identificación del orificio interno puede lograrse mediante la colocación de un anoscopio o introduciendo un estilete por el orificio externo nos encontramos frente a un absceso anorectal con orificio interno visible (y de localización baja en el canal anal)? Existen frente a esta pregunta dos posturas bien diferenciadas: drenaje exclusivo y drenaje más fistulotomía. Quienes apoyan el drenaje exclusivo argumentan que en la mayoría de los casos el orificio interno no es encontrado, y que en estos casos el índice de fístula perianal posterior es bajo, explicando además que la división muscular interna y posiblemente externa en forma sistemática en presencia de un proceso inflamatorio agudo puede llevar a la pérdida excesiva de esfínter y ocasionar como consecuencia un mayor grado de incontinencia. (18, 25) En cambio, aquellos a favor del drenaje más fistulotomía plantean que solo con el drenaje el índice de fístulas perianales y abscesos residuales son mayores, y que la realización de este procedimiento previene la fibrosis y deformidades de la zona que complican cirugías en el futuro. Afirman además que se lograría así un drenaje más efectivo de la colección, dado el origen interesfinteriano de los abscesos criptoglandulares. (4, 12, 15, 21, 22) Ho y cols. reportaron en 1997 que el drenaje más fistulotomía primaria disminuye el índice de fístulas persistentes sin aumentar el riesgo de incontinencia fecal. (13) De la misma forma Tang y cols. publicaron que la incisión y drenaje con orificio interno demostrado mostró una tendencia a la recurrencia que no alcanzó sin embargo una diferencia estadísticamente significativa comparada con la concurrente fistulotomía. (12) La identificación del orificio interno puede lograrse mediante la colocación de un anoscopio, introduciendo un estilete por el orificio externo o instilando por éste azul de metileno, índigo carmín, peróxido de hidrógeno o incluso leche. (15) Fig. 7 Se ve claramente la salida de pus por el canal anal al realizar presión con el dedo sobre el absceso. ¿Que hacer entonces en estos casos? Para decidir una conducta es de gran importancia la experiencia del cirujano actuante y las características del tejido en lo local. Si no hay experiencia no se debe intentar solucionar la enfermedad primaria, salvo en situaciones muy claras. En caso de cirujanos no experimentados, o de un gran componente inflamatorio, Keighley recomienda realizar exclusivamente el drenaje del pus y reexaminar al paciente en 7 a 10 días con un cirujano de mayor experiencia, pudiendo dejarse colocado un setón flojo a través del trayecto para facilitar el drenaje de la infección e identificar el trayecto en el futuro, así como definir posteriormente el compromiso esfinteriano (Fig. IX y X). (18, 21, 22). Si se encuentra el orificio primario y se logra tutorizar el trayecto sin dificultad, realizamos entonces la puesta a plano pero solo en situaciones muy claras. Fig. 8 Identificación del orificio fistuloso interno por la salida espontánea de pus o a la compresión del trayecto. Este tipo de controversias nos demuestran que no existe un acuerdo acerca de cuál es el mejor tratamiento quirúrgico para el absceso anorectal; mientras en algunas partes del mundo se realiza incisión y drenaje, en otras se practica la fistulotomía primaria, y mientras unos autores lavan la cavidad y dejan un drenaje (1, 8) otros practican el mechado de la misma (5, 17) e incluso el cierre primario de esta (7). Fig. 9 Drenaje de un absceso y colocación de un setón a través del trayecto fistuloso identificado. Fig. 10 El setón debe colocarse flojo, de modo que realice una sección gradual del esfínter. Actualmente utilizamos setones de menor calibre que el de la foto. B) Técnica Quirúrgica Independientemente de la táctica a elegir, existen ciertas premisas que son comunes a todos los procedimientos. El drenaje de un absceso anorectal debe ser realizado en block quirúrgico, bajo anestesia general, raquídea, caudal o local. Algunos cirujanos coloproctólogos, fundamentalmente estadounidenses plantean el drenaje bajo anestesia local en el consultorio para abscesos no complicados. (4, 5, 6) Sin embargo el dolor que el procedimiento desencadena impide una correcta exploración y debridamiento de la cavidad, inferior a la que se obtiene con el drenaje en block quirúrgico bajo un mayor nivel de anestesia. En la Unidad de Coloproctología del Hospital Pasteur realizamos el procedimiento de drenaje bajo anestesia general, salvo en el caso de los abscesos perianales y subcutáneo-mucosos que drenamos con anestesia local. No es estrictamente necesario realizar una preparación del recto mediante enemas, dado el intenso dolor que esta maniobra suele despertar en el paciente; puede sin embargo practicarse la misma luego de realizada la anestesia con el fin de retardar la primer deposición, disminuyendo así el dolor que ésta provoca en el enfermo. (21, 24, 25, 26). Fig. 11 Posición del paciente en litotomía y colocación del cirujano para la operación. El paciente debe colocarse en una posición en que se obtenga una correcta exposición de la zona, lo que se logra mediante la posición de litotomía o la posición en navaja sevillana (posición de Depage). (Fig. XI) La piel debe ser preparada con solución antiséptica; en la Unidad de Coloproctología utilizamos el yodofón. Como primera maniobra debe realizarse un cuidadoso examen de la región ano perineal, realizando un tacto rectal que permita topografiar correctamente el absceso. Fig. 12 Realización de un tacto rectal con el fin de topografiar el absceso. Acto seguido se colocará un separador anal de Parks (Fig. XIV) o bien un anoscopio, intentando identificar el orificio interno mediante la compresión suave del absceso que provocará la salida de pus por éste (Fig. VII y VIII). Como primera maniobra debe realizarse un cuidadoso examen de la región ano perineal, realizando un tacto rectal. Es importante no intentar buscar trayectos fistulosos si el orificio interno no es visible, ya que con maniobras a ciegas con el estilete se pueden originar falsos trayectos (2). Fig. 13 Instilación de azul de metileno a través del trayecto fistuloso para la identificación del orificio interno. Fig. 14 Colocación del separador anal con el fin de explorar el canal. El drenaje se realiza practicando una incisión en la piel en la zona de máxima fluctuación, la cual puede ser en cruz resecando los bordes de la herida (4, 5, 6, 8, 17) o resecando un pequeño losange de piel, de forma de destechar la cavidad del absceso. La incisión de elección para el drenaje del absceso es en cruz, resecando los vértices de los triángulos. En la Unidad de Coloproctología preferimos la incisión en cruz seccionando los vértices de los triángulos. La incisión de la piel debe realizarse lo más cerca posible de la margen anal, de acuerdo a la situación anátomo-quirúrgica (Fig. XV). Las incisiones alejadas o extensas contribuyen a prolongar el trayecto de la fístula en la margen anal. Fig. 15 Esquema de la incisión en cruz para el drenaje del absceso perianal Esto persigue el doble objetivo de realizar un correcto drenaje, así como evitar que los bordes de la herida tomen contacto precozmente y sellen la cavidad, generando la recidiva del absceso. (16) Debe drenarse completamente el pus, pudiendo introducir el dedo en la cavidad a fin de romper tabiques y explorar la extensión de la misma, detectando la presencia de prolongaciones en sentido contralateral que representen abscesos en herradura. Fig. 16 Incisión en la topografía de máxima fluctuación del absceso. Se ve claramente la salida espontánea de pus de la cavidad. Fig. 17 El destechado amplio de la cavidad es fundamental para evitar las recidivas. Fig. 18 Colocación de drenaje para lavado de la cavidad del absceso. Puede colocarse un drenaje de látex o sonda Pezzer dentro de la cavidad (Fig.18), pudiendo realizar luego lavados con suero fisiológico a través de éste. No recomendamos la colocación de mechas yodoformadas, ya que obstruyen el drenaje y causan mayor deformación Puede colocarse un drenaje de látex o sonda Pezzer dentro de la cavidad, pudiendo realizar luego lavados con suero fisiológico a través de éste. de la cavidad por fibrosis. Preferimos utilizar en cambio generosamente los drenajes de látex de diámetros pequeños, que permiten el lavado por arrastre y son menos cruentos que las curaciones con gasa. Algunos autores han planteado el drenaje del absceso con posterior cierre primario de la cavidad y cobertura antibiótica, alegando que no existen diferencias en la recurrencia y que de esta forma se aceleran los tiempos de cicatrización. (14) Esta técnica no solo no la practicamos sino que creemos no debería siquiera plantearse; una cavidad cerrada con tejidos desvitalizados, sangre y bacterias no es otra cosa que un modelo experimental para la recidiva del absceso y la génesis de una celulitis grave. Absceso Isquiorectal Debe realizarse un destechado amplio de la cavidad, y de ser necesario pueden practicarse varias contraincisiones. (6) Debe además examinarse con cuidado la cavidad a fin de descartar un absceso en herradura posterior, en cuyo caso se realizará una incisión a cada lado de la línea media o bien una incisión mediana posterior. (5, 6, 15) Lo que no es correcto en estos casos es realizar una misma incisión que cruce la línea media y drene los dos abscesos, porque causa grandes cicatrices retráctiles con importante deformación perianal. No es conveniente además realizar curetaje de la cavidad por riesgo de generar extensión supraesfinteriana del absceso. Algunos autores recomiendan reexplorar al paciente en 2 a 3 semanas, para determinar si existe fístula transesfinteriana, extensión supraelevador, o incluso fístulas extra o supraesfinterianas. En las fístulas originadas a partir de un absceso de la fosa isquiorectal existe en general un compromiso importante del esfínter, por lo que de ser identificado su trayecto lo correcto sería colocar un sedal. Absceso Interesfinteriano El diagnóstico es más difícil dado que carecen en general de signos externos, por lo que puede ser necesario realizar una exploración bajo anestesia. El tratamiento consiste en dejar abierta la cavidad del absceso, lo cual se logra mediante el destechado de la misma y la división de las fibras del esfínter interno hasta la línea dentada, disminuyendo las chances de abscesos recurrentes. (6, 11, 21) Puede además realizarse una reexploración bajo anestesia en la primera semana, dado que hay un alto riesgo de abscesos recurrentes, pero la indicación de la misma dependerá de la sintomatología del paciente. Absceso Submucoso Generalmente resultan ser parte de un absceso intermuscular. Se drenan incidiendo la mucosa del canal anal en la zona fluctuante; de no encontrar apertura interna, el tratamiento queda completo con esta maniobra (6). Absceso Supraelevador Estos pueden representar la extensión superior de un absceso interesfinteriano, situación en la que el tratamiento es similar al de éste tipo de abscesos; deben drenarse al conducto anal, con una esfínterotomía interna si se detecta una apertura interna, pero nunca a través del periné, lo que La eventualidad del desarrollo de una fístula perianal debe ser recordado al paciente, de forma de lograr la consulta precoz si los síntomas aparecen. ocasionaría la formación de una fístula perianal. Pueden por otra parte constituir la extensión de un absceso de la fosa isquiorectal, situación en la cual el pus debe drenarse por abertura perineal, pero nunca por vía transanal, ya que esto determinaría la formación de una fístula extraesfinteriana. Cuidados Postoperatorios Los pacientes deben ser aconsejados de realizar una dieta regular con abundante fibra, tomar baños de asiento 3 a 4 veces al día, extremando la higiene local, recibiendo analgésicos de acuerdo a su necesidad. Si el paciente no presenta causales de inmunodepresión, diabetes, patología valvular cardíaca o celulitis perianal extensa, la realización de un correcto drenaje quirúrgico sería suficiente como tratamiento, no requiriéndose el uso de antibióticos. El mismo se indica en cambio, como tratamiento complementario en los casos especificados. Deben controlarse al mes de la cirugía, pero se los debe advertir de reconsultar si el dolor no desaparece o aumenta. La eventualidad del desarrollo de una fístula perianal debe ser recordado al paciente, de forma de lograr la consulta precoz si los síntomas aparecen. Muchos pacientes quedan con la idea luego del tratamiento de que el problema está solucionado, y se decepcionan o culpan al cirujano cuando aparece la fístula. Por último, se le debe realizar en la evolución a todos estos pacientes, luego de superado el cuadro agudo, una fibrocolonoscopía para detectar patología asociada, vinculada o no al absceso. Bibliografía 1) Deroide G, Deroide JP Anal fistulae and abscesses: diagnostic and therapeutic aspects, excepting Crohn's disease. J Chir 2000; 137 (2): 83-92 2) Rickard MJ. Anal abscesses and fistulas. ANZ J Surg. 2005 ;75 (1-2): 64-72 3) Chandwani D, Shih R, Cochrane D. Bedside emergency ultrasonography in the evaluation of a perirectal abscess. Am J Emerg Med 2004; 22 (4) 4) Hyman H. 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El absceso perianal supone la manifestación aguda de la misma enfermedad constituyendo una colección purulenta en la misma zona. Los mismos serán tratados por separado en otro capítulo En cuanto a la etiopatogenia (1-6), Parks divide a Etiopatogenia: las fístulas en dos grandes grupos, las fístulas - Inespecíficas 90% inespecíficas, y las fístulas específicas o secundarias. - Específicas Las fístulas inespecíficas comprenden más del 90% de dicha patología. La etiología más aceptada es la criptoglandular. Según Parks, el evento primario sería la infección de las glándulas ubicadas en el espacio interesfinteriano, a nivel de la línea anopectínea, extendiéndose luego la misma a través de los espacios anorrectales. El 10 % restante constituye las fístulas de etiología específica siendo secundarias a enfermedad inflamatoria intestinal, traumáticas, tuberculosas, secundarias a fisuras, o iatrogénicas. Clasificación Milligan y Morgan en 1934 propusieron la primera clasificación anatómica de las fístulas perianales que luego fue modificada por Parks (1976) que es la más utilizada hoy en día. (1,2,6,7) La relación entre el trayecto de la fístula y el esfínter estriado (externo) es esencial para emprender el diagnostico y tratamiento de las fístulas perianales (1,2,3,6,7,8) como veremos más adelante. Para realizar la clasificación es indispensable el Fístula conocimiento anatómico del recto distal, canal anal, subcutáneoesfínter interno y externo así como de los espacios mucosa perirrectales. (Remitirse al capítulo de anatomía de éste Trayecto: por volumen). dentro del esfínter interno 1) Subcutáneo-mucosa: constituyen el 16 %, el sin relación con trayecto transcurre por dentro del esfínter interno y nunca el mismo tiene relación con el mismo. Este tipo no sigue la etiología criptoglandular, y es consecuencia de la infección de la base de una fisura anal, o de otro proceso anorrectal. 2) Fístula interesfinteriana: es el tipo más frecuente oscilando entre un 4560 % de ésta patología, según Parks, corresponde a la secuela de un absceso perianal. (1, 2,3) (Fig. 1) El trayecto de la fístula atraviesa el esfínter interno y sigue el plano interesfinteriano hasta el margen anal. En éstas podemos encontrarnos con diferentes variantes: -Trayecto bajo, simple (A). -Trayecto alto ciego (B). -Trayecto alto con apertura en el recto (C). -Apertura rectal sin apertura perineal (D). -Extensión extraesfinteriana (E). E D B C A Fig. 1 3) Fístulas Transesfinterianas: le siguen en frecuencia a las anteriores encontrándose entre un Fístulas Transesfinterianas 20-30 %. Para Parks son el resultado de un absceso Secuela de absceso isquiorectal isquiorrectal. (1, 2, 3, 6) Fig. 2 El trayecto atraviesa ambos esfínteres hasta la Trayecto: atraviesa ambos esfínteres fosa isquiorrectal y la piel. Este concepto es sumamente importante. La hasta la fosa existencia de un absceso isquiorrectal, señala que la isquiorectal fístula será transesfinteriana. Dicho de otra forma, una fístula interesfinteriana, originará un absceso perianal, pero no isquiorrectal, dada la conformación de los espacios anatómicos. A la vez, el trayecto transesfinteriano puede comprometer el esfínter externo en distintos grados, y así tendremos las fístulas transesfinterianas bajas, cuando se compromete escasamente el esfínter externo, las fístulas transesfinterianas medias, cuando se compromete hasta el 50% del mismo, y las transesfinterianas altas, cuando el compromiso es todavía mayor, lo que tiene implicancias en el tratamiento. A la vez, dentro de las fístulas transesfinterianas, tenemos dos variantes, sin complicaciones (A) o con trayecto alto y ciego (B) (éstas últimas se definen como complejas por la mayoría de los autores). B A Fístulas Supraesfinterianas Poco frecuentes Consecuencia de absceso supraelevador Fig. 2 4) Fístulas Supraesfinterianas: son muy poco frecuentes, entre un 2-10%, siendo el resultado del drenaje de un absceso supraelevador a través del elevador del ano y de la fosa isquiorrectal. (1, 2, 6) Fig. 2 Dentro de las variantes tenemos sin complicaciones o con trayecto alto, ciego. Fig. 3 5) Fístula Extraesfinteriana: es la menos frecuente, alrededor del 5 %. El trayecto comunica, a través de la fosa isquiorrectal y los músculos elevadores, la pared rectal con la piel perianal. No tiene relación con los esfínteres. Fig. 4 En general son secundarias a perforación iatrogénica del recto en el sondaje para localizar el orificio interno de una fístula transesfinteriana (1, 2, 6), como resultado de lesiones penetrantes del periné, secundarias a enfermedad inflamatoria intestinal o cáncer. Fístula Extraesfinteriana Es la menos frecuente No tiene relación con los esfínteres Iatrogénicas mas frecuentemente Pueden ser también secundarias a una mala táctica quirúrgica en el drenaje de un absceso supraelevador. A B Vías de drenaje de un absceso complejo Fig. 4 a y b 6) Fístulas en Herradura: consisten en la extensión circunferencial del proceso infeccioso, puede tener uno o Fístulas en Herradura varios orificios externos. Extensión Si bien pueden verse fístulas en herradura en los circunferencial del cuadrantes anteriores, es más frecuente la fístula en proceso infeccioso. herradura posterior, que anatómicamente implica, la Es más frecuente la presencia de un orificio profundo a la hora 6, un trayecto fístula en herradura fistuloso transesfinteriano y lo más importante desde el posterior punto de vista conceptual y práctico, la ocupación del espacio postanal profundo. El desconocimiento de esto lleva al fracaso en el tratamiento de este tipo de fístulas complejas. (Fig. 5 - 9) Fig. 5 y 6 Fístula en herradura anterior Fig. 7 Fig. 8 Fig. 9. En Figura 7. Obsérvese supuración, en ambos orificios cutáneos, en Figura 8 y 9 obsérvese cuando se inyecta agua oxigenada con azul de metileno la salida por el orificio contralateral configurando fístula en herradura con trayecto posterior. (Flechas) Concepto de Fístula Perianal Compleja Si bien el término “fístula compleja” es impreciso, éste engloba un conjunto de situaciones anatómicas y clínicas de la fístula cuya resolución implica mayor riesgo de recurrencia y/o trastornos de la continencia. Según distintos autores se entiende por fístula perianal compleja la que presenta una o más de las siguientes características (6) : Fístula compleja Mayor tasa de recidivas Mayor riesgo de aparición o agravación de incontinencia Trayecto transesfinteriano alto. Fístula asociada a un absceso secundario: isquio-rectal, retro-rectal o supraelevador. Fístula “en herradura”. Fístula con más de un trayecto. Incontinencia asociada o factores de riesgo de incontinencia asociados. Fístula persistente luego de tratamiento adecuado. Enfermedad de Crohn asociada. Fístula sin orificio interno. Fístula recto vaginal. La clasificación en fístulas simples o complejas es de gran importancia clínica. La denominación de fístula compleja, conlleva conceptualmente, como ya dijimos, una mayor tasa de recidivas y el riesgo de aparición o agravación de incontinencia al intentar su resolución quirúrgica. Si existieron intervenciones quirúrgicas previas, la alteración de la anatomía por fibrosis y cicatrización, disminuye la precisión del examen físico, y la paraclínica se hace necesaria para complementar el diagnóstico. Múltiples estudios comparan la precisión de la exploración física para determinar la complejidad de una fístula con los estudios imagenológicos (ecoendoscopía y RNM); (7,10,11,12,13). Cheong (15) encuentra que cuando el examen es realizado por un cirujano con experiencia este es comparable con la ecoendoscopía mientras que Buchanan (14) menciona que el examen físico es capaz de definir correctamente el tracto primario en más de 60% de los pacientes y el orificio interno en un 80%. La posibilidad de errores, implica en este grupo de pacientes, la necesidad de estudios imagenológicos que ayuden al diagnóstico anatómico, y especialmente, el requerimiento de cirujanos habituados al tratamiento de este tipo de patología. Encare terapéutico 1) Clínica: La anamnesis y el examen físico son básicos para el diagnóstico de las fístulas perianales y el tacto Anamnesis rectal realizado por un cirujano experiente es un Diagnostico instrumento de suma utilidad. (2,7,8) , constituyendo Localización como siempre una maniobra semiológica más dentro orificios Trayectos del examen físico. Clínicamente se manifiestan como una Trayecto/esfínter supuración persistente o intermitente perianal y del Determinar conducto anal, que dificulta la higiene del paciente, se patología asociada acompaña en forma frecuente de prurito anal, y en general son precedidas del drenaje quirúrgico o espontáneo de un absceso perianal. (1,2,3,6) Son de importancia los antecedentes personales del paciente, sobre todo descartar antecedentes de enfermedad inflamatoria intestinal, cáncer o enfermedades de trasmisión sexual, datos que son de suma importancia para diferenciar una fístula como idiopática o secundaria. Es también necesaria la valoración de intervenciones previas, y especialmente, el interrogatorio funcional, valorando la existencia de incontinencia. Si bien puede existir disconfort, el dolor intenso, espontáneo o al examen físico, obliga a pensar en la existencia de un absceso concomitante, ya sea intermediario a la supuración, o asociado a otro trayecto ciego desapercibido. En la fístula recto vaginal los principales síntomas son la pérdida de materias y gases por la vagina y flujo genital fétido con la consiguiente repercusión social, sexual y psicológica que significan para la paciente. (14, 15) (El análisis de estas fístulas escapa al objetivo de este capítulo, y por lo tanto no nos extenderemos en las mismas) El examen físico, permite completar el encare clínico de una fístula perianal Este encare clínico comprende tres etapas: Realizar el diagnóstico anatómico: 9 definir la localización del orificio interno o primario. 9 Definir las características del orificio externo o secundario. 9 La identificación del trayecto fistuloso y la pesquisa de trayectos secundarios. 9 Determinar la relación del trayecto fistuloso con el esfínter. Descartar patología asociada. Determinar la tonicidad del esfínter: Si bien en algunos casos puede ser necesaria la realización de manometría ano rectal, el cirujano experimentado puede tener una buena idea de la función esfinteriana residual, durante la exploración anal. ¿Cuáles son los pasos a seguir en el examen físico? a) Inspección: Está marcada por la presencia de un orificio fistuloso externo, que puede ser único o múltiple, siendo de importancia el número y la topografía de los mismos para definir el tipo de fístula. Se localiza el o los orificios externos prestando atención a la distancia del mismo con respecto al margen anal y su topografía anterior o posterior, valoraremos cicatrices de intervenciones previas, áreas induradas y dolorosas que hagan sospechar colecciones. (Fig. 10 , 11, 12 y 13) Examen Físico: Inspección : - Orificios: número, topografía, distancia del esfínter - Despistar colecciones - Cicatrices Fig. 10 Fig. 11 Fig. 12 Múltiples orificios fistulosos Fig. 13 Supuración Becker(8) en un estudio prospectivo de 115 fístulas perianales encuentra que la distancia del orificio externo al margen anal permite predecir la complejidad de una fístula, siendo promedialmente de 2,8 cm para las fístulas simples y de 4,4 para las complejas. Dicho de otra forma, a mayor distancia entre el orificio externo y la margen anal, aumenta la probabilidad de que la fístula comprometa una mayor porción del esfínter externo. En cuanto a la topografía del orificio externo (anterior o posterior) Becker no encuentra correlación con la complejidad de la fístula, en cambio Barwood (15) nota que los orificios externos póstero-laterales predicen una fístula compleja. LEY DE GOODSALL: Habitualmente las fístulas con orificios externos anteriores a la línea media anal se conectan con el orificio interno por medio de un trayecto corto y recto. Los orificios externos posteriores siguen curso curvo hasta el orificio interno, en la línea media posterior. Fig.14 Fig.14 Ley de Goodsall b) Palpación: Permite valorar la induración que desde el orificio externo se dirige a la profundidad del ano tratando de definir el trayecto. La palpación del trayecto fistuloso subcutáneo hasta el conducto anal, predice escaso compromiso esfinteriano. Palpación: - Valora trayecto - Tacto rectal: topografía orificio interno - Tacto Bidigital: diagnosticar fístula rectovaginal - Anoscopía c) Tacto rectal: Permite valorar el tono del esfínter, la topografía del orificio interno que se aprecia como una saliente o depresión en la línea dentada correlacionado con la Ley de Goodsall Definir la altura del orificio interno en el canal anal y la relación del trayecto fistuloso con los esfínteres, es crucial para la terapéutica. (1,2,3,6,7,8) Destacamos, que está contraindicada la utilización en el consultorio, de estiletes o instrumentos similares para identificar el trayecto. Esta maniobra es dolorosa, aporta poco al diagnóstico clínico y puede provocar nuevas lesiones. Muchas veces el diagnóstico anatómico se completa con el examen bajo anestesia, con el paciente en sala de operaciones. d) Tacto bidigital: Para diagnosticar una fístula recto vaginal éste es fundamental, valorando el tabique recto vaginal y la localización del orificio. Si no se logra evidenciar la fístula se puede colocar un especulo vaginal; rellenando con agua la vagina se puede evidenciar el orificio rectal. Si con las maniobras mencionadas aun no se logra poner de manifiesto la fístula se puede colocar un tampón vaginal mientras se instila azul de metileno por el recto. (14) Si con todas estas maniobras no se logra evidenciar la fístula, hay que sospechar una fístula alta que requiere diagnóstico con estudios imagenológicos. e) Anoscopía: Considerada una maniobra semiológica más en coloproctología, permite: explorar el canal anal definiendo un orificio interno que no haya sido claramente identificado por el tacto, identificándose por la salida de una gota de pus. Permite además diferenciar un orificio interno anal de uno rectal así como valorar el estado de la mucosa rectal descartando rectitis subyacente. (Fig. 15) Fig. 15 Supuración 2) Paraclínica: Es de destacar que las fístulas simples no requieren más exámenes para su resolución, y como dijimos Las fístulas previamente, el diagnóstico se completa durante la simples no requieren exploración quirúrgica bajo anestesia. En este grupo de enfermos, se completará el estudio exámenes con una Rectosigmoidoscopía o una Fibrocolonoscopía paraclínicos El de acuerdo a la edad, los elementos clínicos diagnóstico se acompañantes y los antecedentes personales y familiares. completa La paraclínica que describimos a continuación, se durante la exploración reserva para las fístulas perianales complejas. quirúrgica bajo Los estudios imagnológicos permitirán: 9 determinar la relación del trayecto con el anestesia. complejo esfinteriano, estableciendo especialmente el grado de compromiso del esfínter externo. 9 Identificar trayectos fistulosos secundarios. 9 Identificar abscesos intermedios o profundos. a) Ecoendoscopía: Es el estudio de elección. Debe Ecoendoscopía: Es realizarse con transductor de 360º. Es un estudio el estudio de inocuo para el paciente, habitualmente bien tolerado, elección, inocuo, que puede realizarse en el consultorio. Cuando existe bien tolerado, dolor, habitualmente asociado a abscesos no puede realizarse reconocidos, puede ser necesaria su realización en en el consultorio block con sedo-analgesia para mejor comodidad del paciente. Complementa la exploración física en el estudio de las fístulas perianales complejas lo que permite una mejor planificación de la cirugía. Lo ideal es que este estudio sea realizado por el mismo cirujano coloproctólogo con conocimiento adecuado de la anatomía y fisiopatología anorrectal dado que la información obtenida depende del operador como ocurre en otros estudios ecográficos (9) La correlación entre los hallazgos ecoendoscópicos e intra operatorios varía según los distintos autores entre un 70 a 85%.(7,9,10,12,13,16,17) Aporta información sobre: (10,11,12,13) el recorrido del trayecto, la relación del trayecto con la musculatura esfinteriana, topografía del orificio interno, presencia de cavidades intermedias, existencia de trayectos secundarios, e integridad de los esfínteres, (muy importante cuando existieron intervenciones previas) (Fig. 16) Su alta resolución espacial la hace muy útil para detectar pequeños abscesos interesfinterianos. La ecoendoscopía tiene algunas limitaciones: dificultad en diferenciar entre tejido cicatrizal, esfínter externo y trayecto fistuloso, así como identificación de fístulas que se extienden al espacio supra elevador o isquiorrectal. (remitirse al capítulo de anatomía para correlación anatómica y ecográfica) La utilización de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) instilada a través del orificio externo previo a la realización del estudio permite aumentar la precisión diagnóstica de este estudio y permite definir colecciones y trayectos secundarios así como extensiones supraelevador y trayectos “en herradura” (10,11,12,16,17, 18) Foto 16 Imagen obtenida por ecoendoscopía. b) TAC: La tomografía no permite definir con precisión el trayecto fistuloso dado que no es posible obtener imágenes adecuadas en el plano coronal. Este estudio se limita al diagnóstico de fístulas asociadas a abscesos pelvianos, por ejemplo en el contexto de una enfermedad de Crohn o cuando los otros métodos imagenológicos no están disponibles. c) RNM: Es el estudio más preciso para definir la relación RNM: estudio del trayecto fistuloso con el esfínter, inocuo, no invasivo, más preciso para no irradia al paciente y como ventajas con respecto a la definir la (12,19,21) ecoendoscopía define mejor los trayectos anatomía, extraesfinterianos y supraelevador y la existencia de clasificar el colecciones a este nivel. trayecto, sus Es el método de elección en pacientes con fístula extensiones y la perianal asociada a enfermedad inflamatoria del intestino existencia de y fístulas recidivantes. colecciones La precisión de este método comparada con los asociadas hallazgos intraoperatorios según algunos autores es de 100% para definir trayectos primarios y en herradura y de 96% para localizar el orificio interno. (12,19,20,22) El éxito de este estudio es el resultado directo de su sensibilidad para identificar trayectos y abscesos, combinado con una alta precisión anatómica. Para poder interpretar las imágenes de RNM hay que tener en cuenta la anatomía en cortes coronales y transversales. Los cortes coronales permiten definir mejor la relación de los trayectos con el músculo elevador y los transversales con los esfínteres. La estrategia de secuencia y detalles técnicos de la RNM dependen de cada investigador pero todos están de acuerdo en definir a la fístula como un trayecto hiperintenso relacionado con el complejo esfinteriano. (9,12,19,21,22) La RNM tiene gran valor para demostrar extensiones del trayecto primario que pueden pasar desapercibidas con otros métodos diagnósticos y ser motivo de fracaso terapéutico. Fig. 17 Las desventajas de este método estriban en su mayor costo con respecto a la ecoendoscopía. Por otra parte, debe destacarse que los buenos resultados descritos en la literatura, están ligados al técnico actuante, y a la utilización de dispositivos (“endo-coils”) que no son manejados habitualmente en nuestro medio. Los estudios que comparan la precisión del examen físico con la ecoendoscopía y con la RNM concluyen: (12) La RNM es el estudio más preciso para definir la anatomía y clasificar el trayecto de las fístulas, sus extensiones y la existencia de colecciones asociadas.. La precisión de la ecoendoscopía es superior que el examen físico y es particularmente útil para localizar el orificio interno. (12,22) Fig. 17 Flechas: trayectos fistulosos. d) Fistulografía: Consiste en inyectar material de Fistulografía: contraste a través del orificio externo y luego inyectar contraste realizar radiografía para definir el trayecto fistuloso. a través del orificio La mencionamos porque su uso está muy externo y luego extendido, pero insistimos en que no debe ser realizar radiografía utilizada para el estudio de la fístula perianal. para definir el Múltiples estudios demuestran que este trayecto fistuloso. método diagnostico no es útil por los siguientes motivos: (2,9) 9 los trayectos agudos con tejido inflamatorio de granulación suelen no tener luz, por lo cual el contraste sólo define una parte del mismo. 9 es difícil correlacionar el trayecto con el esfínter y con el elevador del ano porque no hay una referencia clara por fluoroscopía. 9 el contraste refluye rápidamente hacia atrás en el recto lo que sugiere de forma errónea un trayecto extraesfinteriano con orificio rectal. Fistulografía: Múltiples estudios demuestran que este método diagnostico no es útil e) Estudios radiológicos contrastados: La vaginografía y el estudio radiológico de colon por enema son de utilidad para identificar el trayecto fistuloso de las fístulas rectovaginales, especialmente en las complejas. (14, 50) f) Manometría anorrectal: La valoración de la continencia anal por la clínica es esencial antes de emprender el tratamiento de las fístulas complejas y de hecho, el examen clínico por un técnico con experiencia es suficiente en la mayor parte de los pacientes. La manometría permite objetivar el estado del aparato esfinteriano por lo que se indica en pacientes con alteraciones previas de la continencia o con muchos factores de riesgo. Su realización en el preoperatorio, adquiere especialmente valor desde el punto de vista médico legal. La manometría: objetiva el estado del aparato esfinteriano Se indica en pacientes con alteraciones previas de la continencia o con muchos factores de riesgo. g) Fibrocolonoscopía: En todo paciente con una fístula perianal compleja debe sospecharse una colopatía inflamatoria sobre todo enfermedad de Crohn por lo cual éste estudio debe realizarse antes de emprender el tratamiento quirúrgico, además permite descartar lesiones asociadas. (8) 3) Tratamiento Los objetivos del tratamiento quirúrgico de esta enfermedad son: erradicar el foco infeccioso, cuidando la Objetivos: - erradicar foco continencia esfinteriana y evitar la recidiva. Los pacientes que presentan abscesos francos o infeccioso sospecha de su existencia por induración u otros signos - evitar inflamatorios perianales deben ser sometidos a drenaje incontinencia y sin demora, procedimiento que debe realizarse en block recidiva. quirúrgico bajo anestesia general para realizar una buena exploración y drenaje adecuado. Remitimos al lector al capítulo correspondiente. El tratamiento de una fístula perianal exige un conocimiento anatómico y pericia en ésta patología. Las fístulas complejas o recidivadas deben alertar al cirujano sobre la necesidad de un tratamiento especializado. El primer paso es la exploración bajo anestesia: Este paso es común a todas las fístulas, tanto simples como complejas. Su realización es imprescindible, para adoptar la conducta quirúrgica adecuada. El objetivo es identificar el orificio profundo, definiendo el trayecto primario y eventuales trayectos secundarios y descartar colecciones asociadas. (8,23 Un estilete manejado adecuadamente, con maniobras suaves, sin forzar su salida puede ser útil. Si el orificio interno no está en la línea pectínea como en la mayoría de los casos, hay que explorar bien el recto. La exploración con estilete debe realizarse siempre con el paciente anestesiado. Procedimiento: - Exploración bajo anestesia: Definir anatomía y optar por tratamiento más adecuado, ajustando la técnica a cada paciente Fig. 18 Fig. 19 Fig. 18 La instilación de agua oxigenada (6,8) a través del orificio externo es otro elemento que puede colaborar en la topografía del orificio interno. Fig. 19 La utilización de azul de metileno es discutida dado que al salir tiñe el campo de azul lo cual dificulta la identificación de estructuras anatómicas. Nos resulta de utilidad durante la resección quirúrgica del trayecto fistuloso. Una vez definida la anatomía de la fístula, se optará por el tratamiento más adecuado. Las opciones terapéuticas para resolver esta patología son múltiples y estas varían según la situación anátomo-clínica (que no debe olvidar la situación funcional esfinteriana del paciente). Por lo tanto la técnica deberá ser ajustada a cada paciente. En la fístula perianal, así como en muchas otras situaciones quirúrgicas vale el aforismo de: “cirugía de medida, no de confección” Para facilitar el análisis, discutiremos en primer lugar, las opciones terapéuticas para las fístulas subcutáneo-mucosas y las fístulas transesfinterianas bajas. En este grupo, la sección muscular por debajo del trayecto fistuloso no significa un peligro para la continencia y estas fístulas se resuelven habitualmente con la puesta a plano o fistulotomía(51). Si bien clásicamente se señala que una sección esfinteriana menor al 50% no dejaría secuelas graves, deben tomarse recaudos con respecto a esta afirmación. (23,24) En primer lugar, en las fístulas anteriores, y especialmente en la mujer, dadas las características del esfínter, una sección incluso menor puede provocar defectos en la continencia, por lo que en estos casos parecería prudente -por lo menos- la utilización de un setón. Salvo en las fístulas estrictamente subcutáneo mucosas, la existencia de algún grado de incontinencia previa, hace poco aconsejable la utilización de esta técnica. Del mismo modo, en la enfermedad de Crohn (como veremos posteriormente) debe evitarse el tratamiento de las fístulas con puesta a plano, aún con escaso compromiso esfinteriano. Aconsejamos además: ¾ Aún frente a la situación más clara, advertir siempre al paciente de la posibilidad de algún grado menor de incontinencia, por lo menos transitorio. ¾ Frente a la duda, siempre es preferible la colocación de un sedal, que disminuye la posibilidad de deterioro funcional, permite una mejor evaluación posterior y eventualmente el consejo con un colega con mayor experiencia. Descripción de la técnica: El principio de esta técnica incluye la identificación y la incisión del trayecto fistuloso. Como maniobra inicial se debe corroborar el trayecto fistuloso mediante la tutorización con estilete. (Fig. 20) Una vez comprobado el trayecto, objetivando que no haya compromiso del esfínter o que el mismo esté comprometido sólo distalmente, (y con los recaudos analizados previamente), se procederá a realizar la puesta a plano del mismo. (Fig. 21) Se puede utilizar bisturí eléctrico para facilitar la coagulación, y se realizará curetaje del trayecto para retirar el tejido de granulación resultante del proceso inflamatorio crónico. Fig. 20 Fig. 21 ¿Fistulotomía, fistulectomía, marsupialización? Una variante técnica a la fistulotomía clásica, es la resección del trayecto “in toto”, englobando el sector de piel que rodea al orificio externo, y disecando con tijera o bisturí todo el trayecto hasta el orificio interno. Se aduce que de esta forma, se obtiene material completo para el estudio anátomo Fistulotomía/Fistu lectomía con o sin marsupialización Fístulas subcutáneo mucosas Transesfinterianas patológico, y se evita dejar tejido de granulación que puede provocar deformación de la cicatriz. Por el contrario, los defensores de la puesta a plano simple, señalan la posibilidad de mayor lesión esfinteriana, que puede ser significativa aún en fístulas bajas. Existen pocos trabajos que proporcionen evidencia sobre esta decisión(52). Los mismos concluyen, en que si bien existe una mayor lesión esfinteriana, la misma no es significativa en cuanto al resultado funcional. Por otra parte, no hay diferencias con respecto a la recidiva, señalándose un intervalo de curación menor cuando sólo se realiza puesta a plano. En nuestra Unidad, habitualmente realizamos en las fístulas bajas una fistulectomía del “trayecto no peligroso”, y la puesta a plano con curetaje del tejido de granulación en el sector del trayecto que compromete el esfínter anal. Con respecto a la marsupialización de la brecha quirúrgica, nosotros no la realizamos habitualmente, si bien existen algunos trabajos que señalan una cicatrización más rápida y menor sangrado, con la utilización de esta variante técnica. (Fig. 22, 23, 24) Fig. 22 Fig. 23 Fig. 24 Opciones terapéuticas frente a compromiso esfinteriano mayor: La existencia de mayor compromiso esfinteriano, o la existencia de lesiones esfinterianas previas, obliga a utilizar otras opciones terapéuticas para la solución de la fístula perianal. Existen en la literatura numerosas variantes técnicas descritas: Describiremos en primer lugar, las de uso más extendido y que nosotros utilizamos en nuestra Unidad: ¾ Utilización de sedales ¾ Colgajos de avance. Luego de esto, describiremos otras técnicas quirúrgicas que pueden ser utilizadas en algunas situaciones especiales: ¾ Fistulectomía y esfinterorrafia ¾ Extirpación en bloque del trayecto y cierre del orificio primario. (core out) Por último, analizaremos dos opciones terapéuticas de aparición más reciente: ¾ La utilización de adhesivos de fibrina. ¾ El uso de tapones de colágeno biodegradables.(plugs) A) Sedales. La utilización de sedales para el tratamiento de la fístula perianal tiene más de dos milenios de historia, y es la técnica más extendida para el tratamiento de la fístula perianal con compromiso esfinteriano. Sedales: La menor exigencia técnica, comparada con las colocación de otras técnicas quirúrgicas, explica su mayor utilización, cuerpo extraño en si bien la utilización de los mismos no está exenta de el trayecto para complicaciones, como veremos posteriormente(2) (26). producir fibrosis Los sedales pueden ser aplicados de varias evitando maneras para el manejo de las fístulas: separación ¾ Sedales de drenaje esfinteriana y ¾ Sedales cortantes de sección progresiva. pérdida de ¾ Utilización de sedales para sección en dos contracción tiempos. ¾ Sedales químicos. El sedal se basa en la colocación de un cuerpo extraño en el trayecto fistuloso con el fin de promover fibrosis que en una segunda cirugía se retira; con eso se evita la separación esfinteriana y la pérdida de la fuerza de contracción. Sedales de drenaje: son los que se colocan a través de la fístula para permitir el drenaje de pus y Tipos detritus para realizar la cirugía definitiva en un - Drenaje segundo tiempo. Esta técnica es útil en pacientes - Sección progresiva con infección crónica como SIDA, Crohn o - Sección en dos tiempos panfistulosis. Sedales cortantes con sección progresiva: - Químicos permiten la sección progresiva del esfínter mediante el ajuste a tensión del setón. La cicatrización se efectúa a medida que el sedal cruza el esfínter por necrosis de apoyo progresiva El sedal cortante cuando el compromiso esfinteriano es del 50% igual da algún grado de incontinencia con lo cual en éstos pacientes la tendencia es realizar colgajos de avance. Sección en dos tiempos: el sedal se coloca a través de la fístula para estimular la fibrosis y en un segundo tiempo se realiza la sección esfinteriana. Con esta modalidad se evita el dolor que ocurre con el ajuste progresivo y la sección del esfínter no se produce de forma incontrolada. La tasa de recidiva y complicaciones para estos dos procedimientos es similar y el índice de incontinencia varía entre un 13 a 63%. La mayor incidencia de complicaciones del setón para sección progresiva se da en fístulas supra y extraesfinterianas. (8,24,25,26) Sedales químicos: se originan en la medicina hindú y se emplea un setón impregnado en medicamentos que actúa como debridante cortando lentamente el tejido luego de aplicarlo de modo laxo. No se utilizan en nuestro medio.(2) Técnica quirúrgica para colocación del sedal (27) a) Procedimiento: Realizado en block quirúrgico mediante anestesia general. b) Posición: El paciente se colocará en posición ginecológica con los miembros inferiores flexionados sobre estribos. c) Procedimiento: Luego de colocados los campos se procederá a realizar infiltración del esfínter con solución de adrenalina al 0,1% y bupivacaína al 10% con el fin de disminuir el sangrado intraoperatorio y el dolor postoperatorio. Se realizará tacto rectal bajo anestesia, objetivando zonas induradas que evoquen el trayecto, posteriormente se colocará separador de Parks para visualizar el canal anal. Se procederá a objetivar el trayecto de la fístula con instilación de agua oxigenada pudiendo agregarse azul de metileno, con el fin de visualizar el trayecto. Posteriormente se tutoriza el trayecto mediante colocación de estilete, valorando de esta forma el compromiso del esfínter estriado mediante palpación, y topografía del orificio interno, se reseca la piel y celular, valorando el compromiso del esfínter estriado, se realiza sección del esfínter interno dejando indemne el externo; en éste momento tendremos la apertura de de una porción significativa de la fístula. Luego se introduce un sedal de goma (sonda Nelaton fina o hilo irreabsorbible de polipropileno) a través del trayecto fistuloso, guiados por el estilete colocado previamente, de ésta manera “rodeamos” el músculo estriado. El sedal se fija en sus extremos con varios nudos de manera que no se desplace con los movimientos y que genere la tensión necesaria para la sección progresiva del esfínter. En caso de colocación de sedal de drenaje el procedimiento es el mismo pero dejándolo flojo. (Fig. 25 y 26) El paciente en general puede irse de alta a las 24-48 hs. teniendo un seguimiento semanal para ajuste del sedal y valoración. En general en la primer semana ya ha seccionado parte del esfínter con respecto al trayecto fistuloso, para ajustar el sedal se colocan nuevos nudos que generen tensión. Además debemos evaluar la herida asegurándonos la ausencia de infección y evitar la formación de puentes por arriba del sitio de la fistulotomía durante la cicatrización. Es de esperar que en unas 3 semanas se produzca la sección total del esfínter. Es esencial el seguimiento estricto del paciente para detectar en forma precoz la recurrencia de la fístula. Fotos Colocación de sedal para drenaje Fig. 25 Fig. 26 B) Fistulectomía y esfinterorrafia. Esta técnica se aplica en pacientes con fístulas Fistulectomía y complejas y factores de riesgo de incontinencia o que ya esfinterorrafia tienen incontinencia o cuando las condiciones inflamatoria Fístulas complejas del canal anal no permiten realizar colgajo de avance. (38) Se realiza la fistulectomía y curetaje del trayecto, el factores de esfínter interno y la mucosa se suturan en un solo plano riesgo para continuo de material reabsorbible. El esfínter externo se incontinencia, imposibilidad sutura en dos planos imbricados con puntos separados de material reabsorbible. Esta sutura imbricada y de realizar perpendicular aseguraría un plano más resistente que la colgajos de avance sutura borde a borde con menor riesgo de dehiscencia. La piel se cierra con puntos separados de material irreabsorbible. Para esta técnica la tasa de recurrencia oscila entre 0-7 % y la de incontinencia entre 12-22%. (36,38) Pérez y Arroyo en un estudio randomizado prospectivo concluyen que los resultados de esta técnica son similares a los obtenidos con colgajo de avance (30) C) Core Out. (2,8,24,30) Esta técnica consiste en disecar todo el trayecto fistuloso hasta llegar al orificio interno que se sutura. Se puede aplicar en fístulas extraesfinterianas con orificio interno muy alto en las cuales no es posible realizar un colgajo de avance. La esqueletización del trayecto fistuloso conduce al orificio interno cuando este no se ha podido localizar. (2) D) Adhesivos de fibrina. La fibrina estimula el crecimiento de fibroblastos y células endoteliales pluripotenciales en el trayecto fistuloso cicatrizando el mismo. (2,30,31) Una vez que se tiene la certeza de que el orificio interno está abierto y localizado en un sector del canal anal de baja presión para evitar la exteriorización del material, se inyecta la cola biológica en el trayecto. La ventaja de la técnica es que el complejo esfinteriano queda indemne por lo tanto no produce incontinencia y en caso de recidiva se puede aplicar nuevamente la misma técnica u otra. En cuanto a los resultados con esta técnica se observa que la tasa de cicatrización decrece a medida que transcurre el tiempo. Las principales complicaciones son la formación de abscesos y nuevos trayectos fistulosos, que se ve en un 3%. (30,31) La presencia de supuración manifiesta hace desaconsejable la aplicación de esta técnica dado que los gérmenes, en especial Estreptococco Fecales lisan el coagulo de fibrina. (6) E) Plug. (34,35,46) Biomaterial derivado de submucosa de intestino de cerdo que se puede utilizar para la cicatrización de un trayecto fistuloso. Este material proporciona una matriz a las células del huésped favoreciendo el cierre del trayecto. Se explora el trayecto, se coloca el plug a través del orificio externo y cierra el orificio interno realizando un punto en 8 para cerrarlo. Los resultados son variables con excito de cierre de la fístula que oscila entre 87 al 65%. La tasa de recurrencia es del 12 al 59% la ventaja de esta técnica es que se puede repetir sin alterar el complejo esfinteriano. Actualmente están en curso estudios prospectivos que comparan los resultados de esta técnica con el colgajo de avance. (34) Core Out: Extraesfinteria nas altas Colgajos de avance: transesfinterianas altas supraesfinterianas riesgo de incontinencia fístula rectovaginal Otras técnicas Adhesivos de fibrina Plug Células madres F) Utilización de células madre. García Olmo y colaboradores (35) publicaron un solo caso de cicatrización de una fístula recto vaginal. Las células madres se obtienen por lipoaspiración del tejido adiposo y se colocan en el trayecto fistuloso para regenerar tejido y cicatrizar el trayecto. Esta técnica recién comienza a utilizarse y con el tiempo se sabrán sus resultados. G) Colgajos de avance. Esta técnica es una opción preferencial en el manejo de las fístulas transesfinterianas altas, supraesfinterianas , en los pacientes con riesgo de incontinencia y en las fístulas recto vaginales bajas, en la literatura hay trabajos prospectivos que muestran buenos resultados en cuanto a la continencia y bajo índice de recidivas. (34,36,37,38,40) La técnica consiste en realizar la fistulectomía del sector del trayecto externo y labrar un colgajo grueso y ancho de mucosa, submucosa y esfínter interno; que incluye en su sector distal el orificio interno que se secciona. Este colgajo se sutura distalmente con puntos separados de material reabsorbible cubriendo la brecha y la piel se deja abierta y mechada. La base del colgajo debería ser el doble del largo del vértice para asegurar una buena vascularización. (39) Algunos estudios demuestran mejores resultados cuando se realiza un colgajo que incluye toda la pared rectal. (36) Los colgajos ano cutáneos en V, Y o en isla se pueden utilizar cuando existe fibrosis recto anal por irradiación u operaciones previas. Con esta técnica el orificio interno se cubre con piel y tejido celular subcutáneo. (41) La mayoría de autores están de acuerdo en realizar preparación colónica preoperatoria y antibioticoterapia así como en infiltrar la submucosa con solución de adrenalina y lidocaína para facilitar la disección. (23,40). No hay evidencia concluyente para la realización preoperatorio de colostomía de derivación. Cuando se comparan los resultados con esta técnica hay que tener en cuenta que los estudios evalúan distinto tipo de fístulas, en un período diferente de tiempo y con diferentes scores de evaluación de continencia anal. Aun así el porcentaje de pacientes que tienen algún grado de incontinencia con esta técnica oscila entre un 10 y 45% y la recurrencia es de alrededor de un 5%. (27,38,39 ,43) Litza y colaboradores en un estudio prospectivo encuentran que esta técnica se puede repetir en caso de recidivas, con buenos resultados. (37) Los factores asociados a incontinencia en el postoperatorio son: orificio interno alto y posterior, sexo femenino y cirugía previa. (25,36,39) De los factores técnicos que pueden estar involucrados en la aparición de incontinencia algunos autores mencionan la incorporación de esfínter interno en el colgajo así como la dilatación anal excesiva realizada con el uso del separador de Parks. (23,42) Técnica quirúrgica del colgajo de avance La técnica de colgajo de avance debería ser la técnica de elección en fístulas complejas que cumplen con los siguientes criterios: (43) - Orificio primario por encima de la línea pectínea. - Trayecto que comprometa más de un tercio de la altura del esfínter. - Recto sano al momento de la operación sin inflamación ni supuración. - Continencia normal. a) Preparación del paciente: Se realiza una preparación colónica higiénico dietética y mecánica así como antibioticoterapia profiláctica en el preoperatorio inmediato. Colocación de sonda vesical para asegurar la vacuidad durante el acto operatorio. b) Posición y vía de abordaje: Luego de realizada la anestesia e intubación el paciente se coloca en decúbito dorsal, posición ginecológica. Se realiza la asepsia rigurosa, se colocan campos estériles y un separador de Parks Identificación del orificio externo e interno con el uso de estilete romo. Infiltración de los planos quirúrgicos con bupivacaína al 0,25% y adrenalina en concentración de 1/200000 lo cual ayuda en la hemostasis y disminuye el dolor postoperatorio. (Fig. 27) Fig. 27 Identificación del trayecto. c) Incisión y elaboración del colgajo: El colgajo consta de mucosa, submucosa y una porción del esfínter interno. En forma de “U”, se confecciona de base ancha que incluye el orificio rectal, se moviliza aproximadamente 4 cm en sentido cefálico Es muy importante que la base proximal del colgajo sea ancha, por lo menos dos veces el largo para asegurar una adecuada vitalidad del mismo asegurando un buen aporte sanguíneo. (14,44,46,) Es útil comenzar la incisión por el sector distal, identificando el esfínter interno y separándolo del esfínter externo lo cual permite tallar el colgajo de forma más segura identificando bien la profundidad del mismo. A medida que se eleva el colgajo, la confección del mismo se facilita seccionando el sector distal que comprende el orificio ano rectal de la fístula y el trayecto fistuloso. (Fig. 28) Fig. 28 Elaboración del colgajo. d) Movilización y reconstrucción del esfínter interno: Luego de elevado el colgajo, se movilizan ampliamente los sectores laterales seccionados del esfínter interno de manera que la aproximación se haga sin tensión. Se realiza hemostasis correcta y se aproxima el esfínter con puntos separados de material reabsorbible. e) Descenso del colgajo: Una vez reparado el esfínter interno, se avanza el colgajo descendiendo el mismo y realizando una sutura sin tensión con puntos separados de material reabsorbible, que se colocan a nivel distal y a ambos lados del colgajo. Las tomas de tejido en cada punto, no deberían ser demasiado grandes para evitar la desvitalización del mismo. El colgajo no debería llegar en forma distal mucho más allá de la línea ano pectínea para evitar el ectropion mucoso. (Fig. 29) En las fístulas recto-vaginales el orificio vaginal puede ser cerrado con puntos separados, o dejado abierto para facilitar el drenaje. La ventaja de esta técnica es que la reparación se realiza mediante la formación de planos de contención, un plano formado por el esfínter interno aproximado en la línea media, otro plano más superficial formado por el colgajo de avance (con sus capas: mucosa, submucosa y esfínter interno) (44,47) Además las dos líneas de sutura están separadas y no son coincidentes, lo que colabora previniendo la recidiva fistulosa Para culminar la operación se deja una esponja hemostática en el canal anal. Fig. 29 Visualización del colgajo al término de la cirugía. (Flecha) f) Postoperatorio: En el postoperatorio se mantiene antibioticoterapia por 5 días. Analgesia en base a opiáceos y antiinflamatorios no esteroideos. La dieta será líquida al comienzo, luego se instalará un régimen sin residuos, de manera de lograr una “colostomía funcional”. Se indica higiene local con soluciones antisépticas dos o tres veces al día. La sonda vesical se deja por 48-72 horas, para evitar la retención urinaria por dolor. Después de varios días, se indica régimen con residuos, y laxantes para facilitar la defecación. Se debe evitar la actividad física intensa. En cuanto a los resultados con esta técnica el porcentaje de éxito de cicatrización de la fístula oscila entre un 44 y 93% (15,45,46) Complicaciones del tratamiento La complicación más temida es sin duda la incontinencia anal. En un artículo del St. Marck’s Hospital se mostró que si se consideran los escapes de gases y materias líquidas, éstos síntomas aparecen entre un 25 y 17 % de los pacientes respectivamente. El ensuciamiento es el síntoma más prevalente y tiene una incidencia del 31 %. A pesar de que estos síntomas son complicaciones importantes para la vida en sociedad, en general son minimizados por el equipo de salud. Los factores que afectan la continencia luego de cirugía de fístula perianal se relacionan con presiones anales bajas, lo que refleja lesión muscular. También se involucran lesiones del nervio pudendo en el tratamiento de las fístulas posterolaterales altas así como lesiones epiteliales que producen una importante cicatrización secundarias a una cirugía agresiva. Otros factores que determinan esta complicación implicarían los cuidados postoperatorios inadecuados. Otros factores a tener en cuenta son la anatomía del trayecto fistuloso y la presencia de trayectos secundarios, así como fístulas complejas, la localización posterior y nivel alto del orificio interno. En cuanto al sexo se ha visto que el sexo femenino tiene mayor riesgo de incontinencia, esto se explica por la menor cantidad de músculo esfinteriano a nivel de la cara anterior además de los traumatismos obstétricos con lesiones que en algunas oportunidades pasan desapercibidas. El uso de sedal cortante es otro factor que se vincula a la incontinencia con riesgo independiente. Fístula perianal en enfermedad de Crohn. La enfermedad de Crohn es una enfermedad intestinal crónica, de etiología desconocida, que evoluciona por empujes y remisiones, caracterizada por un proceso inflamatorio que engloba en profundidad la submucosa y las demás capas de la pared intestinal formando granulomas no caseificantes , que puede afectar cualquier tramo del tracto digestivo desde la boca al ano, con una distribución segmentaria, respetando zonas intermedias de intestino sano. Suele presentarse en la segunda y tercera década de la vida aunque puede manifestarse a cualquier edad. Entre el 25 y 30% de los pacientes presentan además manifestaciones extraintestinales o sistémicas de ésta enfermedad siendo osteoarticulares, cutáneas, hepáticas oculares, nefrourológicas, si bien su etiopatogenia es desconocida se atribuyen frecuentemente a mecanismos autoinmunes. (48) Las fístulas perianales en el contexto de ésta enfermedad entran dentro de lo que se denominan lesiones secundarias de la ENFERMEDAD PERIANAL y se da en un 14- 38% de los pacientes portadores de enfermedad de Crohn dependiendo de los distintos centros. (49) La enfermedad de Crohn perianal se caracteriza por diversas lesiones; unas son manifestación directa de la enfermedad, como las fisuras anales y las úlceras cavitadas; otras derivan de complicaciones de éstas, como los colgajos cutáneos, los abscesos, las fístulas perianales, anovaginales y rectovaginales, y las estenosis. Además, los pacientes con esta enfermedad pueden presentar lesiones perianales de forma casual o por otras etiologías. La incidencia de esta enfermedad aumenta cuanto más distal es la afectación intestinal: entre el 14 y el 76% cuando sólo está afectado el intestino delgado y entre el 43 y el 94% cuando está afectado el colon. En un 20-36% de los casos la afectación perianal es la primera manifestación de la enfermedad y puede preceder a la aparición de síntomas intestinales en varios años. Aunque la etiología es desconocida, se ha identificado un gen en el cromosoma 5 que puede condicionar la susceptibilidad a la enfermedad perianal en la enfermedad de Crohn. Los abscesos son la causa más frecuente de dolor en estos pacientes y habitualmente son el paso previo a la formación de una fístula. Abscesos y fístulas pueden ser de origen criptoglandular o secundarios a complicaciones derivadas de fisuras o úlceras cavitadas. La incidencia de fístulas anales se incrementa en los pacientes que tiene el recto afectado por la enfermedad. Siguiendo la clasificación de Parks, las fístulas transesfinterianas son el tipo más frecuente. Aunque la mayoría de las fístulas son simples, existe una tendencia a desarrollar fístulas complejas: transesfinterianas altas, supraesfinterianas, extraesfinterianas. Con frecuencia existen varios orificios externos, a veces alejados del margen anal. El diagnóstico puede ser difícil si las lesiones perianales son la primera manifestación de la enfermedad. La exploración detallada es imprescindible para poder sospechar el diagnóstico. La presencia de colgajos cutáneos, fisuras asintomáticas, múltiples o de marcada profundidad, fístulas con varios orificios o muy alejados del margen anal y/o la coexistencia de varias lesiones perianales son datos que deben alertar sobre la posibilidad de estar ante un paciente con enfermedad de Crohn perianal. Los métodos de imagen son una ayuda inestimable en la valoración del paciente con enfermedad de Crohn perianal, tanto para el diagnóstico como para la valoración de la respuesta al tratamiento.(Remitirse a paraclínica en éste capítulo). Aunque habitualmente las lesiones perianales en un paciente con enfermedad de Crohn conocida ofrecen pocas dudas diagnósticas, existen una serie de entidades que se deben tener en cuenta a la hora de plantear un diagnóstico diferencial. Estas incluyen: la hidrosadenitis supurativa, las enfermedades de transmisión sexual, la tuberculosis y el cáncer de ano, aunque éste puede considerarse como una lesión asociada. Enfermedad de Crohn perianal - manifestación directa de la enfermedad o como las fisuras anales o las úlceras cavitadas; - de complicaciones de éstas o como los colgajos cutáneos, o los abscesos, o las fístulas perianales, o anovaginales y rectovaginales, o las estenosis. - lesiones perianales de forma casual o por otras etiologías. 20-36% de los casos la afectación perianal es la primera manifestación de la enfermedad de Crohn El tratamiento de la afectación perianal en la enfermedad de Crohn debe perseguir un doble objetivo: aliviar la sintomatología y prevenir las complicaciones. Como norma general, ha de ser conservador siempre que sea posible, más si se tiene en cuenta que la historia natural de la enfermedad de Crohn lleva en muchas ocasiones a la curación espontánea de las lesiones perianales; las fístulas pueden curar espontáneamente en cerca del 40% de los casos si bien las fístulas complejas suelen tener un pronóstico peor y un elevado porcentaje de pacientes precisarán en su evolución algún tipo de intervención quirúrgica. Se debe destacar la importancia del tratamiento médico de la enfermedad intestinal para conseguir un buen resultado con la cirugía de la enfermedad perianal: no se debe intentar un tratamiento quirúrgico electivo sobre lesiones perianales asociadas a la enfermedad de Crohn sin haber conseguido antes que a nivel intestinal la enfermedad esté inactiva. A) Tratamiento Quirúrgico (50) El tratamiento quirúrgico debe realizarse de urgencia en caso de la presencia de un absceso perianal, realizando un drenaje amplio asociando antibióticos y en caso de encontrar una fístula se dejará un sedal laxo que permita un correcto drenaje y evite la formación de nuevas colecciones, (remitirse a técnica de colocación de sedal en éste capítulo); el objetivo de éste tratamiento es tratar la complicación infecciosa y no dañar los esfínteres. El tratamiento de las fístulas perianales depende de la existencia de proctitis, actividad inflamatoria intestinal y localización y tipo de fístula, es de suma importancia el tratamiento médico concomitante de la enfermedad incluso con terapias agresivas para obtener éxito con el tratamiento quirúrgico. Cuando no tenemos una proctitis activa puede realizarse fistulectomía en caso de fístulas simples con orificio único y trayecto bajo ( subcutáneas, transesfinterianas e interesfinterianas bajas), con tasas de curaciones iniciales que varían según las series entre un 30 y 90 %, en cambio cuando hay proctitis asociada se prefiere la colocación de un sedal de drenaje. En el caso de fístulas complejas generalmente se asocian con afectación del recto por lo que la colocación de un sedal de drenaje parece ser la opción más adecuada, evitando el desarrollo de abscesos evitando incisiones amplias y de esta manera preservando la función esfinteriana. Lo que no está claro es cuando retirar el drenaje dado que frecuentemente recidivan tras la extracción del mismo siendo considerado por algunos autores utilizarlos en forma permanente. Cuando no hay proctitis asociada una alternativa válida es la realización de un colgajo de avance con tasas de éxito de un 50 a 80 % y una tasa de recidiva que varía entre un 20 y 50%, sin embargo el fracaso de la técnica puede acabar en una proctectomía en un alto número de pacientes. En un 10-20% de los pacientes con enfermedad de Crohn perianal requerirán una proctectomía o coloproctectomía con estoma definitivo, se espera que con el desarrollo de nuevas terapias médicas este procedimiento se reducirá a un escaso número de pacientes B) Tratamiento médico a) Aminosalicilatos y corticoides: Si bien son de primera línea en el tratamiento de la enfermedad intestinal es cuestionado su uso en la enfermedad perianal, los corticoides pueden entorpecer la curación de una fístula, e incluso favorecen la formación de abscesos perianales. Los aminosalicilatos en forma local (enemas, supositorios) pueden disminuir la enfermedad inflamatoria rectal aunque no interfieren sobre la enfermedad perianal. b) Antibióticos: El Metronidazol es el más utilizado siendo de segunda línea la Ciprofloxacina. Se ha visto que el uso del metronidazol a dosis de 1020mg./Kg./día es eficaz en el tratamiento de las fístulas con un cierre completo de las mismas entre un 34 y 50 %, luego de un tratamiento de 6 a 8 semanas; aunque la supresión del mismo en general se acompaña de una recidiva precoz que en general responde a un nuevo tratamiento. Cuando se utiliza en forma prolongada hay que descartar la aparición de efectos secundarios como la polineuropatía periférica que en general retrocede cuando se disminuye la dosis. La ciprofloxacina sola tiene una menor eficacia dado que no tiene actividad frente a gérmenes anaerobios pero potencia los efectos del metronidazol utilizados en forma conjunta. c) Inmunosupesores: Azatioprina y 6-mercaptopurina se indican en la enfermedad perianal tras el fracaso, la recidiva o efectos tóxicos del tratamiento antibiótico. El tiempo medio de respuesta es de 3 a 6 meses pasado este lapso se puede mantener o suspender este tratamiento dependiendo de la respuesta obtenida. Posee importantes efectos secundarios como leucopenia, hepatitis tóxica y pancreatitis que se presentan en un 10-15% de los pacientes. La ciclosporina A parece no tener efecto en la enfermedad perianal. d) Anticuerpos anti TNF: El agente más conocido es el infliximab, anticuerpo monoclonal contra el factor de necrosis tumoral alfa, que actúa como inhibidor de la respuesta inflamatoria, se han realizado diferentes ensayos clínicos donde parecería que podría ser activo frente a enfermedad refractaria al tratamiento antibiótico e inmunosupresor. Aún no hay resultados concluyentes. e) Otros tratamientos: Fármacos como el metotrexate, talidomida, micofenolato, CDP571, oxígeno hiperbárico y nutrición parenteral han sido utilizados frente a la enfermedad de Crohn fistulizante y en algunos casos se ha visto una respuesta satisfactoria pero faltan ensayos clínicos que permitan su uso en forma rutinaria. Tratamiento: - Multidisciplinario - Tratamiento de la enfermedad de base hasta lograr inactividad - Tratamiento medico o ATB o Inmunosupresores - Quirúrgico o Colocación de sedales o Colgajos de avance o Proctectomía o coloproctectomía de necesidad Conclusiones La enfermedad de Crohn perianal exige como pocas patologías abordar al paciente en forma individualizada para que en función del tipo de lesión que presente, su gravedad, el grado de función esfinteriana, afectación intestinal y rectal concomitante y la respuesta a los tratamientos realizados podamos tomar la decisión más adecuada para el paciente, teniendo en cuenta el impacto social que esta patología conlleva y tendiendo a ofrecer la mejor calidad de vida para el individuo afectado. Es de destacar la importancia del trabajo en equipo multidisciplinario donde interactúen cirujanos, gastroenterólogos, internistas y psicólogos médicos para dar el apoyo necesario y discutir las mejores opciones con el paciente que le permitan afrontar ésta enfermedad, logrando la mejor calidad de vida siendo lo más conservador posible en el tratamiento quirúrgico. Bibliografía. 1) Goligher J. “Fístulas de ano”. Cirugía del ano, recto y colon. 2ª Ed. Salvat. 1987; 7: 169-208. 2) Lledo Matoses. “Cirugía Colorrectal “Guías Clínicas de la Asociación Española de Cirujanos. Ed. Aran. 2000. 8; 109-127. 3) Zinner J, Maingot. “Operaciones abdominales” Ed Panamericana. 2000; 1339-56. 4) Estapé G, Quaglioti J. “Anatomía del recto” Ed Plaza. 1986. 5) Stecco C, Macchi V et. al. “Histotopographic study of rectovaginal septum” Ital. J. Anat.Embryol. 2002; 110: 247-54. 6) Nelson R. Anorectal absces fistula. What do we know? 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Isabel Almeida, Dr. Álvaro Castro, Dr. Ricardo Misa 1. Quiste pilonidal y fístula coxígea 2. Definición 3. Epidemiología 4. Etiología 5. Anatomía patológica 6. Clínica 7. Diagnósticos diferenciales 8. Tratamiento: A) Absceso agudo B) Quiste y fistula pilonidal 9. Técnica 10. Postoperatorio 11. Complicaciones 12. Bibliografía Definición La enfermedad pilonidal es una afección benigna, frecuente, de la región sacrococcígea, caracterizada por la formación de un quiste subcutáneo que posteriormente puede infectarse y/o fistulizarse. Es una condición En 1847 Anderson y posteriormente en patológica 1880 Hodges describieron por primera vez la basada en la enfermedad pilonidal (EP), este ultimo la definió existencia de como una infección crónica que contenía pelos y orificios primarios que solía encontrarse en la región interglútea. (1,2) o pits. La palabra “pilonidal” deriva del latín, “pilus” (pelo) y “nidus” (nido) y significa en términos literales “nido de pelos”. Epidemiología Afecta con más frecuencia a adolescentes y adultos jóvenes, los hombres se ven afectados con más frecuencia que las mujeres, en una proporción 4:1, y su edad de presentación se encuentra entre los 15 y 25 años, es raro después de los 40, incluso en personas que la padecieron siendo más jóvenes. (1,2) Predomina en adolescentes y adultos jóvenes, de sexo masculino, hirsutos, con línea natal profunda. Se observa habitualmente en pacientes hirsutos, obesos, de raza caucásica, de hábito pícnico, con profunda hendidura natal, que tienen ocupación sedentaria y se menciona cierta predisposición familiar. Etiopatogenia La causa exacta no se conoce y sigue siendo motivo de controversia. Durante años tuvo gran aceptación la teoría congénita, en la que el quiste sería un vestigio embrionario del canal medular. Esto justifico durante largo tiempo tratamientos quirúrgicos radicales. La experiencia sobre las recidivas tras la cirugía, incluso la exéresis completa de todo el tejido presacro, puso en tela de juicio esta teoría. (2, 3,4) Actualmente se admite la teoría adquirida. De acuerdo con los trabajos de Bascom, la EP es una condición patológica de la piel de la región sacrococcígea y se atribuye a la existencia de orificios primarios o pits del pliegue interglúteo. Estos pits se producen por el efecto de tracción hacia abajo de los glúteos, que ejercen una importante fuerza sobre la piel fija al hueso coxígeo. (3, 4, 5,6) Secundariamente los pelos de la región sacrococcígea se invaginan dentro de la dermis creando una reacción inflamatoria por cuerpo extraño que se extiende al celular subcutáneo, formándose entonces a este nivel una cavidad o quiste, la cual se comunica con la piel por uno o más trayectos primarios. Con el tiempo esta cavidad se infecta, formándose un absceso crónico. Se ha demostrado que el pelo no ingresa por la raíz, sino que se trata de pelos sueltos de la región lumbar que son eliminados en forma natural. Esto se explicaría por un efecto de succión hacia la línea media debida a la presión negativa o vacío que se crea entre los glúteos, produciéndose distensión de los folículos pilosos, infección y abscesos. Karydakis describe tres fases para el desarrollo de la EP: fase 1: invasión, fase 2: la fuerza que causa la inserción, y fase 3, la vulnerabilidad de la piel a la inserción de pelo en la profundidad de la hendidura natal (7) La combinación de una profunda cavidad, en torno a condiciones de humedad, abundantes bacterias, pelos, los desechos y la fricción causa infección recurrente, pudiendo fistulizarse por trayectos secundarios. (5,8) Los cultivos en las supuraciones agudas, dan positivos a Staphylococcus. En las formas no agudas, la flora es polimicrobiana, con presencia de anaerobios y bacterias gram negativas, rara vez Staphylococcus Aureus. Como mencionamos anteriormente, existen factores predisponentes, la obesidad, el hirsutismo, estilo de vida. Sin embargo, algunos trabajos restan importancia al hirsutismo y a la obesidad como factores de riesgo, no mostrando tampoco aumento en los índices de morbilidad y recidiva, lo que contrasta con lo publicado por otros autores (9 ,10) Anatomía patológica La cavidad / quiste así como los trayectos están formados por tejido de granulación, aunque con el tiempo pueden epitelizarse. La pared quística está formada por tejido fibroso que contiene células de cuerpo extraño, incluyendo pelos. La entrada de pelo provoca una reacción inflamatoria, edema, microabscesos múltiples, que migran al tejido subcutáneo. El quiste se comunica con el exterior a través de orificios primarios, ubicados en el pliegue interglúteo. Pueden existir también orificios secundarios, laterales a la línea media y generalmente cefálicos con respecto a los primarios (fig. 1 y 2). Fig. 1. Se observan orificios primarios o pits localizados en la línea media, a través de los cuales salen pelos (flecha). Fig. 2. Orificio central o pit localizado en la línea media. La degeneración maligna, es excepcional, menos del 1 %, y aparece bajo forma de carcinoma escamoso. Su fisiopatología es incierta, pero los tejidos en proceso de reparación de los daños y la presencia de inflamación crónica pueden estar implicados. La malignización seria más precoz y frecuente en pacientes inmunodeprimidos y en aquellos con infección por papilomavirus. (11) En nuestro medio existe el reporte de dos casos de cáncer epidermoide. (12, 13,14) Clínica El quiste pilonidal se presenta bajo tres Existen 3 formas formas evolutivas: quiste crónico, absceso y evolutivas: quiste fistula, siendo distintas manifestaciones de crónico, absceso y una misma enfermedad. El absceso es la fistula. existencia de una colección purulenta, la fistula se define como una comunicación entre el quiste y la piel. (1, 8, 15, 16,17) El quiste pilonidal crónico: En esta forma clínica de presentación, el paciente puede encontrarse asintomático o referir dolor esporádico a nivel coxígeo, y consulta por sensación de cuerpo extraño o tumoración subcutánea a nivel sacro coxígeo. Al examen físico se constata la presencia en la línea interglútea de uno o varios orificios primarios, pits o fóveas. Esta lesión es patognomónica y ocasionalmente puede detectarse pelo en su interior. La palpación de la zona craneal a los orificios primarios suele revelar la presencia de un nódulo subcutáneo, expresión del granuloma a cuerpo extraño. Si bien la localización más frecuente es en el pliegue interglúteo, se han descrito otras localizaciones atípicas como en periné, pene, ombligo, pliegues interdigitales. El quiste evoluciona con episodios inflamatorios de variable intensidad. La sobre infección lleva frecuentemente a la supuración, por lo que el 50% de los quistes pilonidales tienen al inicio forma de absceso, con aparición rápida, en pocos días, de una tumefacción inflamatoria con dolor, rubor y calor local, localizado en la línea media o en su vecindad. En la mayoría de los casos la extensión de la infección es cefálica, pero otras veces se hace en sentido caudal, ocasionando un problema de diagnóstico diferencial importante, con el absceso y la fístula perianal, ya que la localización de los fenómenos inflamatorios es en la región perianal (fig. 3). Cuando el proceso evoluciona con múltiples episodios infecciosos, se generan tractos fistulosos complejos con orificios secundarios distribuidos por toda la zona interglútea. En estos casos hay afectación amplia de la dermis, debido a los episodios recidivantes de reagudización y fibrosis, con alternancia de áreas sanas y otras edematosas, induradas, con fibrosis (fig. 4). Fig. 3. Absceso coccígeo. Se observa una tumefacción redondeada, eritematosa, algo lateralizada de la línea media Fig. 4. Proceso inflamatorio crónico, donde se observan orificios primarios (flecha fina) y secundarios con fistulización (flecha gruesa). La fistula se manifiesta por una secreción local crónica, generalmente intermitente, a través de los orificios cutáneos, drenándose un liquido seroso, seropurulento o a veces serohematico (fig. 5). En cuanto a la recidiva, una vez formado el absceso la recidiva es la regla en aproximadamente el 40% de los casos, a pesar del drenaje simple. (16, 18,19) Fig. 5. Proceso inflamatorio crónico con fistulización. Diagnósticos diferenciales El diagnóstico es por lo general sencillo. Su particular topografía y la presencia de orificios o pits son la clave del diagnóstico. En la forma aguda, el diagnóstico diferencial se plantea con la hidrosadenitis supurada y el absceso perianal. La hidrosadenitis: es una infección crónica de la piel y del tejido celular subcutáneo, se origina por obstrucción y sobreinfección de los folículos pilosebáceos, con afectación secundaria de las glándulas sudoríparas apócrinas que desembocan en ellos. Existe una obstrucción crónica de las glándulas sudoríparas, con sobreinfección de las secreciones acumuladas. Aparece en la cuarta y quinta década de la vida, se observa en pacientes con diversas formas de acné, tiene predilección En la forma aguda se por sexo masculino, aunque no tan evidente plantea diagnostico como en el quiste pilonidal. diferencial con la El proceso infeccioso se extiende en la hidrosadenitis vecindad, dando lugar a un flemón crónico en supurada y el absceso la dermis, con zonas de supuración y perianal. fistulización espontánea, formándose así múltiples trayectos crónicos e infección dermoepidérmica recurrente. Puede coexistir hidrosadenitis y enfermedad de Crohn. El absceso perianal: tiene una localización diferente a la EP. Se manifiesta por dolor perianal, constatándose una tumoración con signos fluxivos y fluctuante a dicho nivel, muchas veces con drenaje espontaneo de pus. Ante la duda diagnostica debe realizarse un correcto examen perianal y tacto rectal, destacando que la EP nunca compromete el canal anal. En la forma crónica la EP debe diferenciarse de la fístula perianal, destacando nuevamente que el quiste pilonidal no afecta el canal anal, aunque en el 7% de los casos puede crecer en dirección al ano sin tener comunicación con el mismo (1, 15, 17,19) Otros diagnósticos diferenciales se dan con enfermedades de transmisión sexual como sífilis y tuberculosis perianal. Tratamiento Dependerá de la etapa evolutiva de la enfermedad y de la experiencia personal del En abscesos agudos cirujano, dado que existen múltiples el tratamiento es el modalidades terapéuticas dónde los drenaje quirúrgico resultados no son uniformemente simple. satisfactorios, con diferencias en las tasas de recidivas. (1, 10, 15,20) Los objetivos del tratamiento deben ser: eliminar la enfermedad basados en los actuales conocimientos patogénicos, disminuir las tasas de complicaciones y recidiva, permitir al paciente reintegrarse al trabajo y las actividades sociales tan pronto como sean posible. Para el tratamiento diferenciaremos los procesos agudos (abscesos) de las manifestaciones crónicas (quiste y fistula). 1) Abscesos agudos La conducta más aceptada, es el drenaje quirúrgico simple con anestesia local. Es la preferida por la mayoría de autores, y es la que realizamos en nuestra unidad. La anestesia local se realiza sobre la zona a incidir, en forma de infiltración subdérmica. Se realiza una incisión vertical sobre la zona tumefacta. Durante la incisión, hay que evitar la presión excesiva, ya que aumenta el dolor del procedimiento. La incisión debe evitar la línea media, ya que las heridas a este nivel cicatrizan con dificultad y hay mayor tendencia a la formación de queloide. Si el proceso fluxivo es muy importante puede realizarse una incisión en “gajo de naranja”, que reseque una pequeña zona de piel y evite el cierre demasiado precoz. Se evacúa el pus, evitando maniobras de expresión y se lava la cavidad. Se coloca lámina de guante o mecha (fig. 6). Se continúa con curaciones diarias y controles, en forma ambulatoria. Los antibióticos no tienen ningún papel dado que se trata de una supuración superficial drenada, excepto si existe cierto componente de celulitis o en pacientes inmunocomprometidos. En el 50-60% de casos este será todo el tratamiento, no existiendo nuevos síntomas. La recurrencia de un nuevo absceso o la persistencia del quiste por más de 6 meses con fistulización serán indicaciones de tratamiento electivo. La exéresis completa inicial, con debridación amplia y resección de toda la zona comprometida, no se recomienda, pues la herida tiene un largo período de cicatrización y no se evita la aparición de recidiva, que alcanza al 65%. (2, 10,12) El tratamiento debe ser lo menos invalidante posible, con baja tasa de complicaciones y recidiva. Fig. 6. Drenaje de absceso dejando lámina de goma 2) Quiste y fístula pilonidal Los pacientes con un quiste pilonidal pequeño, que no causa síntomas, no requieren tratamiento quirúrgico. Los riesgos de una cirugía electiva son mayores y por lo tanto no es aconsejable la cirugía profiláctica. No se sabe qué proporción de los que son asintomáticos van a desarrollar síntomas. Se recomienda higiene local y meticulosa depilación. Las indicaciones para la cirugía electiva de la Enfermedad Pilonidal son: ¾ Quiste persistente que determina molestias al paciente. ¾ Absceso recurrente (al menos 2 veces). ¾ Fistulización crónica sintomática. El tratamiento ideal debe ser simple, lo menos invalidante posible, con corta hospitalización, baja tasa de complicaciones y recidiva, adaptado a las condiciones clínicas de cada paciente. Las opciones no quirúrgicas en el tratamiento de la fistula pilonidal, como es la inyección de fenol, no ha ganado popularidad, debido a los riesgos de su utilización y a la alta tasa de recidiva y ha sido reemplazada por las técnica quirúrgicas. (1, 16,18) Existen varias técnicas para el tratamiento definitivo del quiste pilonidal y la fístula coxígea. Hasta hace algunos años el tratamiento más realizado era la exéresis amplia, lo que se basaba en la teoría congénita de la enfermedad. Esta táctica quirúrgica presenta mayor morbilidad que la propia lesión original, con curaciones dolorosas y prolongadas, por lo que no debe ser recomendada. La aceptación de la teoría adquirida ha derivado en procedimientos más conservadores, menos invalidantes y con baja recidiva. (5, 12, 15, 16, 18,20) Existen tres tipos básicos de técnicas: ¾ Técnicas de escisión. ¾ Procedimientos de destechamiento con resección del tracto y la exéresis en bloque del quiste pilonidal, con o sin marsupialización. ¾ Procedimientos de reconstrucción plástica. El tratamiento ideal es la escisión radical del quiste. Técnicas de escisión. Si bien no existe un consenso universal, la mayoría de autores coincide en que el tratamiento ideal es la escisión radical. a) En pacientes con un quiste pequeño y no complicado puede extirparse la lesión y realizar el cierre por primera intención (técnica cerrada). La incisión .debe mantenerse fuera de la línea media, así se elimina la tensión del tejido y facilita la curación. Se ha comparado la incisión en la línea media versus fuera de la línea media, demostrando mayor porcentaje de infección y recurrencia en el primer grupo, concluyendo que el cierre fuera de la línea media debe ser el tratamiento estándar cuando se realiza la técnica cerrada. (21 ) Karydakis publicó varios trabajos con cierre asimétrico, que muestra buenos resultados. (7) Otros trabajos muestran cierta ventaja cuando al cierre primario se asocia Existen tres tipos de un drenaje aspirativo sacado por técnicas: escisión, contraabertura (procedimiento de Bascom destechamiento y (2,3) ), disminuyendo la incidencia de plastias. infección y dehiscencia. (22) En nuestra Unidad, si realizamos técnica cerrada (cierre por primera intención), no dejamos ningún tipo de drenaje. A nuestro juicio, es un elemento favorecedor de la recidiva de la fístula. El fallo terapéutico con el cierre de primera intención es producto de tres situaciones que muchas veces se combinan: el cierre a tensión, las colecciones residuales y la presencia de infección. El resultado final es la apertura parcial (o completa) con lenta recuperación, necesidad de múltiples curaciones, y la posibilidad de recidiva. Debido a esto, existen múltiples aspectos que el cirujano debe respetar para asegurar la mayor posibilidad de éxito: ¾ Correcta elección del paciente, evitando su indicación en inmunocomprometidos, o cuando exista supuración evidente. ¾ Definir la oportunidad. Si se trata de un paciente que presentó abscesos drenados, el procedimiento definitivo debe estar alejado del episodio de supuración. ¾ Evitar la contaminación intraoperatoria con una técnica adecuada, evitando la apertura del quiste o del trayecto fistuloso, cuidando que no queden trayectos accesorios. ¾ Evitar resecciones extensas innecesarias, que obliguen a cierres con tensión o a utilizar en demasía técnicas para liberación o formación de colgajos. ¾ Cuidadosa hemostasis. ¾ Evitar cavidades residuales, mediante la correcta aproximación de los tejidos. El procedimiento opuesto es la escisión en bloque, sin sutura de la herida con cicatrización por segunda intención. Esta técnica, (técnica abierta), es el procedimiento con menor tasa de recidiva (2-3 %) Si bien era empleada con bastante frecuencia, se ha abandonado progresivamente y sólo debe ser utilizada en situaciones excepcionales, ya que tiene múltiples desventajas: largos períodos de curación, y por lo tanto una mayor afectación de la calidad de vida, un reintegro laboral más tardío y por último y no menor, un pobre resultado cosmético. (16, 18,23) El tiempo de curación es siempre más prolongado en los pacientes tratados con técnica abierta. (24, 22, 32,33) La técnica semicerrada, o marsupialización, es una medida intermedia entre ambos procedimientos. Se realiza suturando cada borde de piel a la fascia presacra, dejando un canal central que cerrará por segunda intención. La misma, permite mitigar muchos de los problemas técnicos que presenta el cierre por primera intención. b) Dentro de los métodos de destechamiento, la técnica de Lord-Millard, consiste en la exéresis de los orificios fistulosos con curetaje del tejido crónico de granulación. Se puede repetir el procedimiento en forma ambulatoria. La marsupialización consiste en la sutura de los bordes de la herida al tejido fibroso. c) Los procedimientos de reconstrucción plástica se reservan para los pacientes con lesiones extensas, multirecidivadas, que presentan dificultades de epitelización y necesitan de amplias escisiones. (23, 24,25) Consisten en la elaboración de colgajos para ocluir el pliegue interglúteo sin tensión, en algunos casos es necesario el injerto. El procedimiento más común es la escisión en bloque seguida de Z-plastia, en el cual se ocluye el defecto de la línea media, se reduce el efecto de succión del pliegue interglúteo y la fricción de la herida. Los colgajos se elaboran con un espesor adecuado a fin de evitar la necrosis. Se coloca drenaje aspirativo. Otras variantes son el colgajo de rotación y las plastias V-Y. El procedimiento de Limberg, con resección y elaboración de flap romboidal, demostró ser un procedimiento efectivo, con una tasa de recidiva de 2.91%, en un periodo de seguimiento 109+/- 4.5 meses. (25) Las desventaja del flap, incluyen la complejidad del procedimiento y la necesidad de hospitalización más prolongada. En lesiones muy extensas, puede plantearse la reconstrucción con colgajo miocutáneo de glúteo mayor, rotando este, respetando su inervación y vascularización. (25) Cuando se realiza una resección extensa y se deja una amplia brecha quirúrgica para cierre por segunda intención, un recurso incorporado recientemente es mantener la herida con un sistema de presión negativa (vaccum), lo que acelera el proceso de cicatrización. (26, 27) En nuestra Unidad, utilizamos habitualmente la resección en bloque con cierre primario o la técnica semicerrada con marsupialización. Destacamos que la elección de la técnica no es rígida y debe adaptarse a las condiciones de cada paciente. El procedimiento de destechamiento lo hemos usado en algunas ocasiones frente a lesiones pequeñas, bien delimitadas. Afortunadamente, no hemos necesitado todavía procedimientos de reconstrucción plástica para solucionar nuestros pacientes. Técnica Anestesia: general. Antibioticoterapia profiláctica: cefazolina 1 g. I.V Posición: decúbito ventral, separando lateralmente los glúteos con cinta adhesiva. Si es necesario cambrado. Rasurado de la región Antisepsia con yodopovidona. Campos estériles. Exploración de trayectos fistulosos para delimitar la cavidad / quiste a resecar. Se realiza con estilete fino a través de orificios fistulosos (fig. 7, 8, 9) y por cateterización de los mismos inyectando solución de azul de metileno (diluido) y agua oxigenada (fig. 10, 11, 12). La elección de la técnica debe adaptarse a las condiciones de cada paciente. Fig. 7. Exploración con estilete a través de orificio primario Fig. 8. Exploración con estilete. con estilete Fig. 9. Identificación del trayecto fistuloso Fig. 10. Inyección con azul de metileno a través de orificio primario Fig. 11. Inyección de azul de metileno a través de orificio fistuloso, observándose salida del mismo por orificio primario. Fig. 12. Inyección de azul de metileno La incisión en piel, no puede ser predeterminada y debe adaptarse a las distintas situaciones clínicas. Habitualmente es elíptica, incluyendo todos los orificios fistulosos. Si un orificio secundario se halla lejos de la línea de incisión, esta se puede ampliar para incorporarlo, ya sea mediante una prolongación atípica o agrandando toda la elipse (fig. 13, 14, 15, 16, 17). Como ya mencionamos previamente, la incisión debe, en lo posible, “fugar” de la línea media, lo que disminuye la tensión en la sutura, y disminuye las complicaciones. Fig. 13. Marcado previo de incisión incluyendo el quiste y los orificios primarios. Fig. 14. Incisión lateralizada que incluye quiste y orificios Fig. 15 Incisión elíptica en línea media. Fig. 16. Incisión lateralizada que incluye trayecto y orificio fistuloso Fig. 17 Incisión con extensión atípica para incluir el quiste y los trayectos fistulosos. Obsérvese que la incisión “fuga” de la línea media. Si bien clásicamente la incisión en piel se profundizaba hasta alcanzar la fascia que cubre el cóccix, el sacro y descubriendo la aponeurosis glútea, hoy se tiende a resecciones más limitadas que engloben todo el tejido fibroso patológico, pero sin extenderse innecesariamente. (De todos modos, es habitual que el tejido patológico llegue hasta la fascia sacra). Resección en bloque del quiste pilonidal y/o del trayecto fistuloso con bisturí frío o tijera, pasando lateralmente al mismo (fig. 18, 19, 20, 21). Durante esta disección se encuentran numerosos puntos sangrantes, por lo que es importante realizar una correcta hemostasis. Fig. 18. Resección del quiste pilonidal y su trayecto. Fig. 19. Resección del quiste pilonidal y su trayecto, pasando por tejido sano (mismo caso que foto anterior). Fig. 20 Resección de quiste pilonidal. Fig. 21 Resección completa hasta fascia presacra. Una vez completada la resección y la hemostasis, se decide la técnica de cierre. (No debe olvidarse eliminar la tracción lateral de los glúteos que se describió al comienzo) Si es posible en el cierre primario (fig. 22, 23, 24) se evitará la formación de espacio “muerto” o residual. Existen numerosas técnicas para lograr esto. Lo habitual es la utilización en el cierre de varios puntos separados en “U” con material irreabsorbible tomando piel, tejido celular subcutáneo y aponeurosis sacra. Fig. 22. Cierre primario, curación con antibiótico tópico. Fig. 23. Cierre primario dejando drenaje con lámina de goma. Fig. 24. Cierre primario, séptimo día postoperatorio, se retiraron puntos de piel. Algunas variantes técnicas describen la fijación de esos puntos totales, interponiendo gasas o láminas de poliuretano para minimizar las lesiones de piel (fig. 25). Nosotros no lo utilizamos habitualmente. Fig. 25 Cierre con puntos apoyados sobre láminas de poliuretano. Si la brecha no es importante, o en pacientes delgados, podemos utilizar la aproximación profunda con puntos reabsorbibles y el cierre de piel con puntos en U, sin profundización sacra. Si se decide la realización de la técnica semicerrada o marsupialización, la misma se logra mediante puntos separados simples de material irreabsorbible que incluyen borde cutáneo, celular subcutáneo y aponeurosis presacra. Los puntos se realizan enfrentados en cada borde de la herida, dejando un surco central que se deja mechado y cerrará por segunda intención (fig. 26). Fig. 26 Cierre con técnica semicerrada. Se envía la pieza quirúrgica para estudio anatomopatologico (fotos de piezas fig. 27, 28, 29, 30) Fig. 27. Pieza de resección, la introducción del estilete demuestra la escisión completa del quiste y su trayecto. Fig. 28 Pieza de resección. Fig. 29 Pieza de resección. Apertura del quiste, apreciándose la cavidad y pelos en su interior (flecha). Fig. 30 . Pieza de resección abierta en block quirúrgico. Se aprecia cavidad quística. Postoperatorio Uno de los puntos críticos que afecta los resultados del tratamiento quirúrgico es la asistencia postoperatoria. Antibioticoterapia por 24 hs, que es opcional, analgesia intravenosa, deambulación precoz. Se otorga alta a las 24 horas, se trata de cirugía de corta estadía. Se recomienda la utilización de analgésicos antiinflamatorios y laxantes suaves para facilitar la defecación en los pacientes con tendencia al estreñimiento. Si se realizo técnica semicerrada requiere curación diaria con suero fisiológico por arrastre y mechado. El uso de soluciones hidrocoloides pueden reducir el postoperatorio y aumentan la comodidad del paciente. (28) El proceso de curación oscila entre dos a tres semanas, hasta la epitelización final, por lo que requiere control estricto semanal. Debe instruirse al paciente que debe depilarse siempre la zona ( crema depilatoria, laser) y sobre todo cerca de la cicatriz hasta que esté bien consolidada, para evitar recidivas pues el pelo que crece en vecindad puede penetrar por su extremo libre en la herida y crecer en profundidad , manteniendo la herida abierta y la supuración. (29,30) De existir infección, dehiscencia, se realizan curaciones diarias, con colocación de un drenaje de Penrose, durante unos días hasta que deje de drenar, continuando las curaciones con suero salino y extracción de acúmulos de fibrina. Una vez mejorado el proceso, se continúa colocando gasas impregnadas en ácido hialurónico. Este tiene propiedades químicas y biológicas que aceleran el proceso de reparación tisular, acortando el período de cicatrización. Con el paso de los días se va introduciendo cada vez menor cantidad de gasa, para favorecer el cierre desde el interior. Se coloca hidrogel estéril, que tiene un elevado componente hídrico (96%), actúa de barrera contra la penetración de bacterias desde el exterior, permitiendo el paso de iones. (28) El nivel de seguimiento por parte del paciente es fundamental, la higiene local y la depilación de la zona, tiene casi tanto valor predictivo como la técnica empleada. Complicaciones Puede ocurrir seroma, hematoma, infección, dehiscencia y recidiva. La incidencia de infección en el sitio quirúrgico (ISQ) oscila entre 6 % a 14%, dependiendo en gran parte del procedimiento realizado, correspondiendo las mayores tasas de infección a la técnica cerrada. Debe depilarse McCallum halla un 6,3 % de infección con siempre la zona para cierre fuera de la línea media y de12,4 % evitar recidivas. cuando el cierre se hace sobre la misma. (21) Otro estudio analizó variables que influyeran en la infección y en la dehiscencia, identificando factores de riesgo para la ISQ en pacientes tratados con escisión y cierre primario .( 31) Las variables analizadas fueron : la edad , sexo, tabaquismo , obesidad, uso de antibióticos previo a la cirugía, duración de la operación, infección previa , utilización de drenaje, hemoglobina. La obesidad y el tabaquismo fueron las únicas variables independientes relacionadas con alta incidencia de ISQ y dehiscencia. La proliferación bacteriana produce trombosis de los vasos con la consiguiente hipoperfusión e hipoxia tisular. Esto produce liberación de enzimas proteolíticas y alteración en la síntesis de colágeno, promoviendo así la dehiscencia. En los fumadores el mecanismo se explica porque existe una disminución de la síntesis de colágeno y menor respuesta de los neutrofilos. Silva (10), en una serie analizada, observó 12.7 % de recurrencia; en este grupo, 72% de los pacientes eran obesos y el 28% tenían sobrepeso. Factores asociados a la dehiscencia incluyen tejido desvitalizado y tensión en la línea de sutura. La aparición de nuevos síntomas luego del tratamiento, se considera una reactivación si aparece dentro del primer año y es debida La técnica cerrada es habitualmente a exéresis incompleta. Si la mejor estéticamente recidiva es tardía, se trata de una nueva EP. pero con mayor tasa La falta de higiene, de estrictos cuidados de infección y postoperatorios y la no depilación influyen en recurrencia. la recurrencia a largo plazo. Se han comparado las tasas de recidiva según las diferentes técnicas. Para el procedimiento de exéresis con técnica abierta es menor al 5 %, con técnica cerrada 15 %, pero varía según distintos autores. Con la técnica de elaboración de flap, la recidiva es hasta un 5 %. (25, 32,33). Matar (32) realizó un metanálisis que incluyó 34 estudios, evaluando los principales procedimientos descritos para tratar la enfermedad pilonidal, comparando las tasas de recurrencias y tiempo de curación postoperatoria. Este autor, halla un 2.6 % de recurrencia, no Las complicaciones encontrando diferencias estadísticamente son: seroma, significativas para los diferentes hematoma, infección, procedimientos con excepción de la técnica dehiscencia, recidiva. cerrada que tuvo una mayor tasa. Concluye que dicha técnica es estéticamente más aceptable a costo de una mayor tasa de recurrencia. En algunos de nuestros pacientes, la combinación de dehiscencia parcial y cicatriz exuberante o queloide, ha sido el problema que nos obligó a mayor número de curaciones y a mayor tiempo de recuperación. Este problema lo hemos mejorado básicamente evitando que la incisión sea estrictamente en la línea media (para disminuir la tensión) y con el uso de sustancias hidrocoloides como ya fue señalado. En conclusión, la enfermedad pilonidal es una patología de presentación variada, que exige un encare terapéutico particular para cada situación clínica. Una vez más vale el aforismo de que la cirugía debe ser de confección y no de medida. Bibliografía 1) Placer Galan C. Seno pilonidal. Hidradenitis supurada. In López F-Ríos F. Enfermedades anorrectales. Diagnóstico y tratamiento. Madrid: Harcourt-Brace, 1999. 2) Lombard Patet R, Barth X, Andereggen V. Tratamiento de la enfermedad pilonidal. Enciclopedia médico-Quirúrgica. 40-692. Paris –Elsevier.1999 3) Bascom J. Pilonidal disease: long –term results of follicle removal. Dis Colon Rectum 1983; 26: 800-807. 4) Surrell J. Enfermedad pilonidal. Clín .Quir. Norte Am., Jun. 1994; 1369. 5) Nelson H., Cima R. Common benign anal disorders. In Sabinston Textbook of Surgery. Philadelphia, Elsevier, 18 ed., 2007; 51 6) Mc Aneny D. Anorectal Disorders. In Noble: Textbook of Primary Care Medicine. 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El problema sigue siendo tan actual, que no en vano está colocado dentro de los “top five” de las enfermedades de las que debe cuidarse un viajero, solo precedida por los accidentes de tránsito, la hepatitis y la diarrea(1). Los cambios en el comportamiento social, con una mayor liberación sexual, provocó un franco aumento en la incidencia de las ETS, que se convirtieron en un verdadero problema sanitario. Tan antiguo como su importancia sanitaria, es la asociación de las ETS con un hecho denigrante e impuro. Fig I Hablad a los hijos de Israel y decidles: Cualquier varón, cuando su simiente manare de su carne, será inmundo. Y esta será su inmundicia en su flujo; sea que su carne destiló por causa de su flujo, o que su carne obstruyó a causa de su flujo, el será inmundo. Toda cama en que se acostare el que tuviere flujo, será inmundo; y toda cosa sobre que se sentare, Inmunda será”….. LEVITICOS CAP 15 Fig I: Referencia del Viejo Testamento Peor lugar le corresponde a las manifestaciones anales de las ETS, ya que su presentación está en un gran porcentaje de los casos ligada al coito anal. En la cultura occidental el coito anal fue “demonizado”, y no en vano es conocida dicha práctica sexual como “El médico debe mantener una actitud de “sodomizar”. (Evocando las respeto y evitar jucios personales y referencias bíblicas de Sodoma y prejuicios culturales.” Gomorra) Si bien en el momento actual la homosexualidad y el coito anal heterosexual no se consideran como hechos anormales, sino como variantes normales de la orientación sexual, los preconceptos culturales siguen teniendo gran peso a la hora de la consulta por patología anal, llevando muchas veces a conductas tardías. Estos mismos preconceptos pueden existir también en el personal de salud, cuya atención puede estar influida por prejuicios personales. El médico debe mantener por sobre todas las cosas, una actitud de respeto con estos pacientes, evitando juicios morales y actitudes de ocultismo, miedo o repulsión(2)(3)(4)(5). “El cirujano y el médico general, pueden A pesar que el cirujano no realizar prevención secundaria de estas está orientado en su formación al patologías, mediante un diagnóstico tratamiento de las ETS, si ve en su certero” policlínica pacientes con patología anal, puede jugar un importante papel en la prevención secundaria de estas enfermedades(1) (la prevención primaria es el sexo seguro). El conocimiento del problema permite detectarlo precozmente, realizando un diagnóstico certero, para orientar al paciente hacia una terapéutica adecuada, disminuyendo la posibilidad de nuevos contagios. Objetivos: El análisis completo de las ETS es sumamente vasto y escapa a los objetivos de este trabajo, por lo que intentaremos delimitar el tema. Nuestros objetivos serán: 9 Analizar las manifestaciones clínicas ano-rectales de las ETS de presentación más frecuente en nuestro medio. 9 Señalar los diagnósticos diferenciales de las mismas con la patología benigna o maligna ano-rectal. 9 Establecer cuáles son los principales pasos tácticos para el diagnóstico y tratamiento. Para ello, separaremos por un lado la enfermedad VIH-SIDA, con múltiples aspectos a discutir, (Fig 2) analizando en forma independiente el resto de las ETS, si bien en la práctica diaria, (como veremos luego) las mismas están íntimamente relacionadas. VIH SIDA Enfermedades ano-rectales comunes, con presentación particular por la enfermedad. Manifestaciones particulares de la infección VIH. Neoplasias anales de presentación especial. Infección por HPV ETS ETS que producen úlcera-adenopatía. ETS que producen proctitis. Fig. 2. Aspectos a analizar en las manifestaciones anales de las ETS Infecciones por el virus de papiloma humano (HPV) La incidencia mundial de infección por “La infección por HPV es la HPV ha ido en aumento, de tal forma que es la ETS de mayor prevalencia” ETS de mayor prevalencia en el momento actual. En el Reino Unido es ya la ETS de mayor frecuencia con 50000 nuevos casos por año. En Estados Unidos, se considera que 1% de los adultos sexualmente activos tiene lesiones, lo que significa un millón de casos nuevos por año. Si partimos de la base de que los adolescentes y adultos menores de 25 años, (que representan el 25% de la población sexualmente activa) son los tributarios del 50% de las ETS(6), se comprenden las afirmaciones de Manhart (6) quien afirma que en Estados Unidos, más del 50% de hombres y mujeres sexualmente activos entre 15 y 49 años, se infectarán con uno o más tipos de HPV genital en algún punto de sus vidas. Este mismo autor señala que aproximadamente el 25% de las mujeres con más de tres parejas sexuales tienen infección por HPV en ese país. Por otra parte, la infección por HPV es la infección ano-rectal más frecuente entre hombres homosexuales, y esta incidencia es todavía mayor en los pacientes HIV positivos, presentando en estos un comportamiento particular, con una mayor agresividad y una mayor incidencia de cáncer de ano(7)(8). La infección por HPV y su relación con el cáncer de ano, se estudiarán por su importancia en forma extensa en otros capítulos. Sólo diremos que existen más de 70 subtipos de papiloma virus humano, siendo los más frecuentes (80%) el subtipo 6 y 11, responsables de presentaciones benignas(9). Los subtipos con alto poder para generación de displasia están también identificados siendo los más frecuentes, (2%) el 16 y 18. La transmisión se produce a través del contacto del paciente con portadores del virus en uretra, vagina o ano-recto, si bien existen casos de pacientes contagiados, sexualmente inactivos. (donde se postula la transmisión por las manos. La condilomatosis anal no está necesariamente vinculada al coito anal, si bien es más frecuente entre los que lo practican. Con respecto a la clínica, destacamos que existe un importante polimorfismo clínico, pudiendo estar el paciente asintomático, o consultar por rectorragia, prurito anal, sensación de ano húmedo, o por constatar tumoraciones (condilomas) en el margen anal. El dolor intenso no es habitual, y cuando existe, debe pensarse en patología asociada. (úlcera, fisura, o absceso) Los condilomas pueden verse como lesiones pequeñas no confluentes, o como lesiones confluentes planas o sobreelevadas. (Fig 3) Pueden presentarse en el margen anal o en el canal anal. Estas últimas deben ser siempre pesquisadas, ya que de no ser tratadas, pueden ser las responsables de la persistencia de la enfermedad. (Fig 4) Remitimos al lector al capítulo correspondiente, para mayor profundización en el tema, donde además se tratarán extensamente los problemas vinculados a la terapéutica. A B C Figura 3 En los cuadrantes superiores (A y B) se observan condilomas no confluentes de tamaño variable. Las lesiones de los cuadrantes inferiores, corresponden a lesiones más extensas en pacientes con SIDA. Figura 4 Condilomatosis de canal anal. El paciente está en sala de operaciones, y tiene colocado un retractor anal. Con respecto a los diagnósticos diferenciales, dos aspectos deben ser tenidos en cuenta: por un lado, en las lesiones extensas y “Frente a la duda: siempre consultar, siempre biopsiar.” evolucionadas, y especialmente en ¡RESPONSABILIDAD DIAGNOSTICA! el paciente HIV, debe siempre pensarse en la posibilidad de que exista transformación a carcinoma epidermoide. Por otra parte, el médico debe ser cuidadoso en su diagnóstico, para evitar errores que provoquen retraso terapéutico o conductas médicas no apropiadas. Fig 5 y Fig 6 Debe tenerse en cuenta, que el diagnóstico de condilomas conlleva un problema social y familiar, que el médico no debe olvidar, por lo que es necesario un manejo cuidadoso y responsable, frente al paciente y sus familiares. Figura 5 Se muestran dos pacientes con patología benigna que puede llevar a confusión. A la izquierda, paciente con un granuloma piógeno. A derecha, paciente con papilitis hipertrófica. Figura 6. Se trataba de un paciente añoso. Presentaba esta lesión única. Se interpretó como un condiloma acuminado. Correspondía a un cáncer epidermoide de canal anal. El Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia (ACOG) ha establecido claramente las pautas para la indicación formal de biopsia en estas lesiones: ¾ ¾ ¾ ¾ ¾ ¾ ¾ Diagnóstico incierto. Falta de respuesta al tratamiento (6 meses). Recurrencia frecuente post tratamiento. Inmunocompromiso. Crecimiento rápido. Lesiones individuales > 1cm o confluentes. Lesiones atípicas: pigmentación, induración, ulceración. Remitimos al lector al capítulo de cáncer de ano, donde se analiza además la profilaxis del cáncer epidermoide y la relación entre la infección por HPV, la displasia y el cáncer invasor. ETS que producen úlcera-adenopatía. Analizaremos las características clínicas del Herpes Genital y de la Sífilis. Dentro de este grupo se encuentran además el Chancroide, el Linfogranuloma venéreo y el granuloma inguinal, pero en nuestro medio son de muy baja frecuencia. Si bien en toda ETS su diagnóstico obliga a pesquisar el resto de las enfermedades con igual mecanismo de transmisión, las ETS que producen lesiones ulceradas tienen como característica común, que aumentan el riesgo de transmisión del HIV por exposición de superficies cruentas(11). El Herpes Genital es la lesión ulcerada más frecuente dentro de las ETS(1). Se presenta como una lesión ulcerada única o múltiple, dolorosa, acompañada de adenopatías bilaterales también dolorosas. En los pacientes inmunodeprimidos, estas lesiones pueden ser confluentes, formando placas ulceradas irregulares(12). El diagnóstico es clínico-serológico. El tratamiento tópico es poco efectivo y requiere tratamiento antiviral sistémico. La Sífilis puede presentar manifestaciones anales en su etapa primaria y secundaria. Fig 7 “La lesión luética y la adenopatía satélite La lesión primaria es típicamente son indoloras, en cambio la lesión indolora, acompañada de herpética y sus adenopatías satélites son habitualmente dolorosas” adenopatías también indoloras. El diagnóstico es clínico, serológico y bacteriológico. ETS que producen Proctitis. Este grupo está representado por las infecciones por Chlamydia y por Gonococo. La asociación lesional de estas dos ETS es tan frecuente, que el diagnóstico de una obliga siempre a la pesquisa de la otra. Clínicamente pueden ser asintomáticas o paucisintomáticas, manifestadas por secreción mucosa o mucopurulenta. Deben ser pesquisadas en forma rutinaria en pacientes de riesgo. (1)(11) Figura 7. Lesiones vulvares y perineales. Se interpretaron inicialmente como lesiones herpéticas. Se trataba de condilomas planos por lues secundaria. (imagen cedida por la Dra. M.I. Piñeyro) Patología anal en el enfermo HIV-SIDA. La patología anal en el paciente HIV-SIDA, representa un capítulo nuevo de la coloproctología, que ha ido en aumento en forma paralela a la mayor incidencia de esta enfermedad. Existen varios aspectos que deben ser analizados. Por un lado veremos las enfermedades ano-rectales comunes que pueden tener una presentación particular por la enfermedad SIDA. Por otra parte, mostraremos las manifestaciones particulares de la infección VIH a nivel anal. Por último, analizaremos las neoplasias anales de presentación especial en estos pacientes. Las lesiones anales específicas, pueden preceder a la enfermedad SIDA por lo que es necesario estar advertido de las mismas, por lo que este tema cobra también interés para el médico de atención primaria(5). Enfermedades ano-rectales comunes en el paciente HIV-SIDA Abscesos perianales: Los abscesos perianales no tienen una frecuencia mayor en estos pacientes, pero sí es cierto que tienen un comportamiento más “El absceso perianal en el paciente HIV + debe considerarse una urgencia agresivo. quirúrgica” Existe una potencial evolución a una Infección grave de partes blandas como en todo inmunocomprometido, por lo que deben considerarse siempre como una urgencia quirúrgica, y necesitan cobertura antibiótica prolongada a pesar de correcto drenaje. En estos pacientes es imperativo la extracción de muestras para cultivo bacteriológico y micológico. Fístulas perianales: Las fístulas perianales presentan problemas técnicos particulares, especialmente en los hombres homosexuales, ya que cualquier distorsión esfinteriana secundaria a la cirugía, puede agravar una incontinencia previa. Debido a esto, se debe ser muy cauto al planificar la táctica quirúrgica. Los sedales” flojos” de drenaje parecerían la conducta más prudente en estos pacientes. Por otra parte, debe recordarse que en los pacientes con SIDA enfermedad pueden aparecer fístulas específicas (Citomegalovirus, BK y Chlamydia), por lo que en estos pacientes debe realizarse siempre biopsia y cultivo sistemático. Fisura anal: La presencia de una fisura anal en un paciente con SIDA debe hacer pensar siempre en la posibilidad de una úlcera anal específica de la enfermedad (ver más abajo). La fisura anal crónica benigna, inespecífica, no es de presentación habitual en los pacientes que “Se debe ser muy prudente en cualquier tienen coito anal, ya que procedimiento quirúrgico que implique habitualmente existe una lesionar, aunque sea parcialmente, el aparato hipotonía esfinteriana. Sí esfinteriano, en los pacientes que son son más frecuentes, las fisuras habitualmente receptores en el coito anal” agudas traumáticas. Remitimos al lector al capítulo de fisura anal, para el análisis del tratamiento. Enfermedad hemorroidal: Existe tendencia a evitar el tratamiento quirúrgico de la enfermedad hemorroidal en el paciente SIDA enfermedad, aduciendo la mayor posibilidad de infección y un retardo en la cicatrización. Sin embargo en pacientes correctamente seleccionados el tratamiento quirúrgico es posible y lo hemos realizado en algunos pacientes sin inconvenientes. Incluso, la realización de banding hemorroidario puede ser planteado, en aquellos pacientes con hemorroides de segundo o tercer grado que no respondan al tratamiento médico. Insistimos en que es imperativo una correcta selección del paciente y la estrecha colaboración con el médico infectólogo. Manifestaciones particulares de la infección VIH Las lesiones ulceradas del canal anal, son la afección ano-rectal (no condilomatosa) más común en el paciente HIV+ (13). Estas lesiones ulceradas presentan múltiples etiologías: 9 Ulceras traumáticas. 9 ETS a forma de presentación ulcerada. Se debe recordar que la lesión herpética tiende en el paciente inmunodeprimido a mostrarse como lesiones confluentes, que no conforman la presentación típica del Herpes genital. 9 Ulceras por Mycobacterias. Las más frecuentes son por Mycobacterium tuberculosis y Mycobacterium avis. 9 Ulceras micóticas especialmente por criptocococis. 9 Ulceras actinomicóticas. 9 Ulceras idiopáticas. Estas úlceras, se ven en estadíos avanzados de la enfermedad y se manifiestan en la evolución como úlceras profundas con destrucción esfinteriana. La sintomatología es inespecífica. El paciente consulta por dolor, ano húmedo, supuración o sangrado. Para su diagnóstico, debe existir una correcta valoración de “El diagnóstico de una lesión ulcerada de margen anal en el paciente HIV requiere el su enfermedad, y exige una trabajo de un equipo multidisciplinario” correcta colaboración entre el Infectólogo, el Dermatólogo, el Cirujano, el Anátomo Patólogo y el Servicio de Bacteriología y Parasitología. Como se verá en el capítulo de lesiones ulceradas de margen anal, el diagnóstico se basa en un trípode formado por la clínica, la bacteriología y micología, y la biopsia quirúrgica con el estudio anátomo patológico. Ver Fig 8 A B Figura 8. Dos pacientes con enfermedad SIDA y lesiones ulceradas de margen anal. En “A” el paciente presentaba serología positiva para Herpes tipo II. En “B”, la biopsia mostró elementos inflamatorios inespecíficos. El estudio micológico fue negativo, al igual que la serología para Herpes. El paciente falleció durante el seguimiento por patología respiratoria. Neoplasias anales de presentación especial. Cáncer epidermoide: No nos extenderemos sobre esto, ya que por su gran importancia será tratado en dos capítulos en particular. Sólo diremos que existe una íntima relación entre el SIDA, el HPV y la aparición de carcinoma epidermoide. Los pacientes con HIV- SIDA seleccionan serotipos de HPV con mayor poder de displasia. Tienen a su vez un clearance viral disminuido, y como resultado de esta combinación de situaciones clínicas, la condilomatosis tiene por un lado una mayor agresividad local y una más rápida recidiva. Por otra parte, existe una mayor incidencia de carcinoma epidermoide (aproximadamente el doble) en el paciente HIV positivo, comparado con la población HIV negativo con infecciones a HPV(14)(15). Fig 9 Fig 9. Dos pacientes con SIDA y lesiones por HPV. A la derecha, una paciente con extensión anal y vulvar. El estudio anátomo patológico de las resecciones mostró displasia severa. A la izquierda, un paciente cuya anatomía patológica mostró un carcinoma epidermoide invasor. Fig 10. Sarcoma de Kaposi de margen anal, de amplia extensión. El sarcoma de Kaposi: Es habitualmente una lesión diseminada(15), (Fig 10) pero puede dar lugar a confusión en pacientes con presentación localizada a nivel de margen anal, donde puede requerir diagnóstico mediante biopsia. El linfoma no Hodgkin tiene una incidencia 200 veces mayor que en la población general. Puede presentar aspecto inflamatorio, lo que puede llevar a la confusión con un absceso. Requiere habitualmente diagnóstico por biopsia. Conclusiones: Las manifestaciones anales de las ETS requieren habitualmente de un equipo multidisciplinario para su diagnóstico y manejo. Es deber del cirujano o del médico general que realiza policlínica, estar alerta sobre la existencia de las mismas. Su desconocimiento implica no solo un retardo terapéutico sino una falla en los sistemas de prevención, con potencial repercusión social. Bibliografía. 1) Frenkl T l; Potts J. Sexually Transmitted Infections. Urol Clin N Am 35 (2008) 33-46. 2) Smith L.; Updated CDC Guidelines for the Treatment of STDs http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/rr5511a1.htm 3) Ballesteros J.; Enfermedades de transmisión sexual. Actualización de su abordaje.Inf Ter Sist Nac Salud 2007; 31:39-54. 4) Cohen D.; Mayer K.. Primary Care Issues for HIV-Infected Patients. Infect Dis Clin N Am 2007; 21:49-70. 5) Gómez Vera C.E.; Osorio M.; Mulet E. Aspectos quirúrgicos de las lesiones anales en los pacientes infectados por el virus de inmunodeficiencia humana.www.encolombia.com/medicina/gastroenterologia/gastro16201actu alizacion 6) Manhart LE, Koutsky LA. Do Condoms Prevent Genital HPV Infection, External Genital Warts, or Cervical Neoplasia?: A Meta-Analysis. Sex Transm. Dis. 2002; 29(11): 725-735 7) Morris AM, Nivatvongs S. Anorectal Disorders. En: Scott JR, Gibbs RS. Greenfield´s Surgery: Scientific Principles and Practice. 9ª ed. (72); 116162. 8) Maw R, von Krogh G. 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J Am Acad Dermatol 2006; 54: 189-206 LESIONES ULCERADAS DE ANO Y MARGEN ANAL Semiología y encare clínico. Dr. Ricardo Misa, Dr. Fausto Madrid, Dr. Pablo Cantileno. Introducción. Las lesiones ulceradas del conducto anal y del margen anal, son la expresión final común de un número increíblemente elevado de patologías que se expresan a este nivel. Es frecuente que la consulta inicial se realice al médico de Ulcera: Toda lesión abierta de la policlínica o al cirujano, si bien no es piel o la mucosa, con escasa o nula necesariamente el especialista más tendencia a la cicatrización adecuado para su diagnóstico y espontánea. resolución. Como cirujanos, no podríamos desarrollar este tema con propiedad, por lo que intentaremos solamente mostrar cuál debe ser la actitud clínica cuando nos encontremos con una lesión de estas características. Estas lesiones tienen una sintomatología común, con mayor o menor predominio de alguno de los síntomas de acuerdo a la etiología o a complicaciones sobreagregadas. Estos síntomas son el dolor, la supuración, el sangrado, o la presencia de ano húmedo. Muchas veces, el diagnóstico etiológico se logra mediante la colaboración de un equipo multidisciplinario, en el que interviene el dermatólogo, el infectólogo, el cirujano y el anátomo patólogo(1). Si bien la clínica alcanza en algunas oportunidades, para realizar el diagnóstico, , es frecuente que el mismo se realice en base a la conjunción de ésta, con el estudio bacteriológico y/o micológico, y el estudio anátomo patológico de una biopsia de la lesión. (Fig 1) ENCARE CLINICO DE LA LESION ULCERADA: DOLOR ANO HUMEDO SUPURACION SANGRADO EQUIPO MULTIDISCIPLINARIO Infectólogo Dermatólogo. ¿ Es un paciente SIDA? Cirujano. ¿En qué etapa de su enfermedad? Anátomo Patólogo ¿Tenemos Serología de otras ETS? Parasitólogo y Bacteriólogo ¿ Tiene alguna enfermedad sistémica? CLINICA BACTERIOLOGIA Y MICOLOGIA RESPUESTA DIAGNOSTICA ANATOMIA PATOLOGICA Figura 1. Aproximación clínica a una lesión ulcerada de margen anal ¿Cómo exponer las lesiones ulceradas de margen anal? Como ya dijimos, nuestra formación quirúrgica, hace difícil que hagamos un estudio sistematizado de estas lesiones. Por otro lado, no existe bibliografía que encare este tema en forma definida. Nos pareció útil el análisis a través del repaso de las lesiones que hemos visto en la Policlínica de nuestra Unidad de Coloproctología, de la Clínica Quirúrgica “1”. Seguramente estamos muy lejos de poder mostrar todo el universo de lesiones ulceradas de margen anal, pero creemos que nuestra muestra cumplirá su meta ilustrativa. Intentaremos ordenar las lesiones por su mecanismo etiopatogénico La fisura anal benigna. Es seguramente la lesión ulcerada anal de consulta más frecuente. Su diagnóstico es habitualmente clínico. Sin embargo, es muchas veces subdiagnosticada, o lo que es peor, mal diagnosticada lo que genera retraso terapéutico de patologías de mayor gravedad. (Remitimos al lector al capítulo correspondiente) La (Fig 2 y Fig 3) ilustran las características semiológicas que permiten sospechar los diagnósticos diferenciales. Figura 2 La paciente presenta una fisura anal aguda. Nótese su localización (es siempre hora 6 o 12) Sus bordes están bien definidos. No sobresale hacia el margen anal. Lesiones ulceradas malignas del conducto anal y de la margen anal. Están representadas por el carcinoma epidermoide, el carcinoma de células basales, la enfermedad de Paget y el melanoma maligno. (Remitimos al lector al capítulo correspondiente para su análisis) Muchas veces son confundidas con lesiones benignas, lo que lleva al retardo terapéutico. Los ejemplos que mostramos en la (Fig 4 y Fig 5) ilustran estas situaciones. A B Figura 3 Pacientes con lesiones ulceradas y dolor anal A: Paciente con lesión ulcerada. La biopsia mostró un carcinoma epidermoide B: Otra lesión ulcerada. Se trataba de una enfermedad de Crohn Nótese que las dos lesiones son irregulares, su localización no es típica y sobresalen hacia fuera del margen anal. A B Figura 4 Lesiones ulceradas malignas evolucionadas. En estas lesiones es fácil la orientación diagnóstica. A: Lesión sobreelevada pétrea, con múltiples ulceraciones. B: Enorme lesión ulcerada, de otro cáncer epidermoide sumamente evolucionado. AA B Figura 5 Lesiones ulceradas de margen anal, malignas, de diagnóstico erróneo. A: Se trataba de un paciente joven, con dolor anal persistente. Estuvo en tratamiento como una fisura anal. Observar las características de la lesión ulcerada y compararla con la Fig 1. Se trataba de un carcinoma epidermoide. B) Lesión ulcerada de margen anal en una paciente septuagenaria. Fue interpretada como una “quemadura de agua caliente”. La biopsia mostró una Enfermedad de Paget. Lesiones ulceradas de etiología autoinmune. Cómo cualquier otro sector de la economía, la piel del margen anal puede verse afectada en el contexto de una enfermedad autoinmune. (Fig 6 y Fig 7) Figura 6 Lesiones ulceradas de margen anal, extendidas a regiones glúteas, en una paciente portadora de una dermatomiositis en empuje. Mejoró en forma paralela a la remisión de su enfermedad con el tratamiento instituido por el médico internista. A B B Figura 7 Pioderma gangrenoso El pioderma gangrenoso es una lesión ulcerativa, crónica de patología autoinmune. Este paciente, portador de una Colitis Ulcerosa Crónica, presentaba dicha lesión en margen anal (A)y a nivel periestomal (B) Lesiones ulceradas iatrogénicas Ya sea por reacción no prevista a medicación local, (Fig. 8) o por cicatrización patológica luego de intervenciones quirúrgicas a nivel de conducto anal o sobre lesiones de margen anal. (Fig 9 y Fig 10) A B B Figura 8 A: Paciente que desarrolla dermatitis de contacto por el uso de gel de nitritos. Sobreinfección posterior. Se consultó dermatólogo quien indicó la utilización de astringentes, unguentos antimicóticos y con antibióticos y antihistamínicos sistémicos. B: A las tres semanas de tratamiento. La remisión era prácticamente completa. Figura 9 Lesión ulcerada en postoperatorio de condilomatosis perianal. La marca ( ) señala un área cruenta producto de una mala elección de técnica para resección de la lesión condilomatosa. (Ver capítulo correspondiente) Figura 10 Lesión ulcerada sobre lecho cruento de Hemorroidectomía. La misma provocaba dolor con las características de síndrome fisurario. Mejoró con promovedores de cicatrización. Lesiones ulceradas en las Enfermedades de Transmisión Sexual. (ETS) Como se señala en el capítulo correspondiente, dentro de las ETS existen presentaciones a forma ulcerada(1)(2)(3)(4)(5). Por un lado, las lesiones correspondientes al Herpes Genital o a la lesión primaria de la lúes (chancro), y por otra parte, las lesiones ulceradas del paciente HIV positivo o con SIDA enfermedad. (Fig. 11) A C B D Figura 11 Lesiones ulceradas de margen anal en pacientes SIDA A) Paciente con condilomatosis extensa. Lesiones ulceradas. Sobreinfección micótica. B) Lesiones ulceradas confluentes. Serología positiva para Herpes genital. C y D) Lesiones no específicas. Los estudios micológicos y bacteriológicos y la biopsia no mostraron elementos de especificidad Bibliografía 1) Frenk T. Sexually Transmited Infections. Urol Clin N Am 2008;35:33-46. 2) Brar H.S Anorectal pathology in AIDS Gastrointestinal Endoscopy 2006;8:913-31. 3) Krejci E.;Genital Human Papilloma Virus Infection Clinics in Family Practice 2005;7(1):79-97. 4) Wilkins K Cutaneous malignancy and human inmunodeficiency virus disease J Am Academ Dermatol 2006;54:189-206. 5) Ballesteros J.; Enfermedades de transmisión sexual. Actualización de su abordaje. Inf Ter Sist Nac Salud 2007; 31:39-54. CONDILOMATOSIS PERIANAL Dr. Diego Lapiedra, Dr. Maximiliano Uturburu, Dr. Ricardo Misa 1) Generalidades 2) Etiología 3) Factores de riesgo y transmisión 4) Clasificación 5) Diagnóstico 6) Hpv y Hiv 7) El Tumor de Bushke-Löwenstein 8) Tratamiento: A) Opciones terapéuticas B) Agentes Químicos C) Agentes Inmunológicos D) Agentes Físicos E) Tratamiento Quirúrgico 9) Cuidados Posoperatorios 10) Bibliografía Generalidades La condilomatosis perianal es una patología cuya incidencia a nivel mundial aumenta rápidamente. Ya para 1997 en el Reino Unido se había transformado en la enfermedad de transmisión sexual más frecuente, reportándose 50.000 casos nuevos en el año, representando éste diagnóstico el 22% de los diagnósticos realizados en medicina genitourinaria. En Estados Unidos La condilomatosis es una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes se estima que el 1% de los adultos sexualmente activos presenta lesiones, reportándose anualmente 1 millón de casos nuevos. (1, 2, 3) Es además la infección anorectal más común entre hombres homosexuales en este país, teniendo una importancia mayor en la población de pacientes HIV positivos, los que además presentan característicamente infecciones a serotipos que los predisponen al carcinoma epidermoide de ano, con mayor frecuencia que el resto de la población seronegativa. (1) La enfermedad predomina en los hombres, con diferencias en las series que van de 3:1 hasta 9:1 respecto a la mujer, fundamentalmente en aquellos en edad sexualmente activa, y dentro de este grupo entre los 20 y los 30 años. (3) Pero, ¿qué son los condilomas acuminados? Son formaciones o excrecencias hiperqueratínicas de color rosado o blanco que vegetan en la margen del ano y piel perianal, pudiendo además crecer en el canal anal, hasta la línea criptopapilar y más raramente en el sector distal de la mucosa rectal. Pueden representar pequeñas lesiones arboriformes aisladas (pediculadas), o formar grandes masas que cubren porcentajes variables de la región perianal. (1, 3, 4) Fig. 1 Condilomas acuminados de la región perianal El crecimiento de estas lesiones se produce en sentido radial, desde la margen del ano hacia la piel de la región perianal. (1) Pueden encontrarse condilomas Las lesiones se presentan en más de un sitio de la región ano-genital en forma simultánea exclusivamente a nivel de la piel perianal, pero más frecuentemente las lesiones se presentan en más de un sitio de la región ano-genital en forma simultánea, dado que comparten el agente infeccioso y el mecanismo de transmisión. Jensen en 1985 realiza un estudio en el que encuentra una asociación entre condilomatosis perianal y del canal anal cuya frecuencia superaba a la de la presentación perianal exclusiva. (3) Existe una asociación entre condilomas perianales y del canal anal que va del 35 hasta el 80% de los casos, por lo que frente a la presencia de condilomas anales externos, debe necesariamente explorarse el canal anal en busca de lesiones asociadas. Etiología La enfermedad es causada por la infección del anodermo por el Virus de Papiloma Humano (HPV), de la familia de los Papoviridae. (25, 27, 34) En Estados Unidos se cree que entre el 50 y el 80% de los adultos sexualmente activos se exponen y se infectan con el virus HPV en La enfermedad es causada por la infección del anodermo por el Virus de Papiloma Humano (HPV) algún momento de sus vidas. (31) Sin embargo, de todos estos infectados solo el 1% llega a desarrollar condilomas externos. (31) Es por esta razón, el que la mayoría de las infecciones cursan asintomáticas y por ende no reconocidas, que la tasa de transmisión es tan alta. (34) Existen más de 100 serotipos virales identificados, de los que al menos 35 son específicos del epitelio anogenital. (1, 24, 34) Predominan los serotipos 6 y 11 hasta en un 80% de los casos, siguiendo en frecuencia el HPV 2 (18%) y los serotipos 16 y 18 con menos de un 2%. (3) La importancia de la identificación del serotipo que causa la infección radica Predominan los serotipos 6 y 11, siguiendo en frecuencia el HPV 2 y los serotipos 16 y 18 en que algunos de estos se vinculan a lesiones benignas y neoplasia intraepitelial de bajo grado, como el HPV 6 y 11, mientras que los tipos 16 y 18 (serotipos oncogénicos) se asocian más frecuentemente a displasia de alto grado, cáncer de cuello uterino y carcinoma de células escamosas del ano y región perianal. Existen además serotipos de riesgo intermedio que causan displasia de alto grado pero rara vez progresan a formas invasoras. (1, 2, 3, 10, 24, 34) Sin embargo la mera presencia de un serotipo viral de alto riesgo no es predictivo de una lesión clínicamente significativa, sino que las infecciones subclínicas son la regla en la mayoría de los casos. Más aún, en el 66% de los casos la infestación es transitoria y rápidamente eliminada por el sistema inmune del huésped. (27) No siempre la infección es a un único tipo viral, sino que en más del 40% de los casos se encuentran más de un virus en el sitio infectado. Esto implica que el simple hecho de encontrar un serotipo 6 o 11 no asegura el bajo riesgo, debiéndose tipificar todos los virus encontrados. (3) Factores de riesgo y transmisión La enfermedad se transmite principalmente por contacto del paciente con sujetos que son portadores del virus HPV en uretra, vagina o ano-recto, por lo que es una patología cuya adquisición está estrictamente vinculada al contacto sexual, siendo necesaria la interrupción de la barrera cutáneo mucosa para la La enfermedad se transmite por contacto del paciente con portadores del virus HPV en uretra, vagina o ano-recto. transmisión. (1, 3, 10, 21, 26, 27, 34) El contacto digital-anal, oral-anal y digital-vaginal también produciría el contagio del virus, así como se podría transmitir por el contacto de las zonas mencionadas con objetos o fomites en que el virus se encuentre alojado, lo cual sin embargo no ha sido hasta ahora documentado. (10, 21, 27) En la mujer, la infección se adquiere por contacto sexual por vía vaginal principalmente, pudiendo el virus descender desde los genitales y el periné hasta la zona del ano, donde se aloja. Este hecho se produce como consecuencia de que, como demostraron Van Doornum y Prins (Genitourin Med 1994), la infección por HPV tanto en mujeres como en hombres es un evento multicéntrico, pudiendo encontrarse el virus al mismo tiempo en genitales y ano, y producir el mismo virus infección y lesiones en ambos sitios. (16) El contacto sexual por vía anal es también en el sexo femenino una forma de transmisión frecuente. (10) El riesgo de padecer la enfermedad en la mujer aumenta con el número de compañeros sexuales y con la edad más precoz en el inicio de las relaciones sexuales. En los hombres, tanto el prepucio como el glande son portadores del virus, y la condilomatosis perianal puede adquirirse tanto en relaciones heterosexuales como homosexuales. No es necesaria en hombres la relación sexual anal, sino que el virus puede descender al ano desde la base del escroto. (1) Sin embargo, la enfermedad es más frecuente en aquellos hombres que tienen sexo con hombres (“MSM”, del inglés: Men who have Sex with Men). Al igual que en las mujeres, el riesgo aumenta con el número de compañeros sexuales. (10) El rol del preservativo para prevenir la infección por HPV es discutido; si bien el mismo prevendría la infección durante el contacto sexual directo como un mecanismo de barrera, no sería efectivo para evitar el contagio durante otras actividades que no son estrictamente la penetración sexual, como ser el contacto oral-genital o la auto inoculación manual. (34) La inmunosupresión, medida a través de una disminución en el recuento de linfocitos CD4 es también un factor de riesgo para la adquisición de la infección por HPV y sus lesiones consecuentes, teniendo estos pacientes mayor incidencia de condilomas y cáncer anogenital que la población general (3, 17, 18, 19, 20) El número La mayoría de los pacientes infectados jamás desarrollará lesiones, y de presentarse, el mayor número son transitorias. de compañeros sexuales, las relaciones sexuales anales sin protección, y la infección por el virus HIV, son factores de riesgo reconocidos para la infección por HPV; el tabaquismo jugaría también un rol importante en la patogénesis de las enfermedades anales vinculadas a este virus, así como el consumo de cocaína y crack por su papel inmunosupresor. (17, 18, 19, 20) El período de latencia desde la infección hasta la aparición de las lesiones es muy variable, pudiendo abarcar desde 1 a 3 meses hasta varios años. (1, 2, 10, 34) Sin embargo es importante destacar que la mayoría de los pacientes infectados jamás desarrollará lesiones, y que de presentarse, el mayor número son transitorias y son eliminadas por el sistema inmune del huésped en menos de 2 años. (2, 10) Clasificación Para clasificar a las lesiones condilomatosas de la margen anal y con el fin de facilitar el trabajo en policlínica hablando todos “el mismo idioma”, en la Unidad de Coloproctología del Hospital Pasteur se ideó un sencillo sistema que valora al mismo tiempo la extensión de las lesiones en la región perianal y sus características anatómicas. Las lesiones se enumeran del 1 al 4 según si la extensión de las mismas es de 1 a 4 cuadrantes de la margen anal. Al mismo tiempo, se categorizan en A, B o C según sus caracteres anatómicos. La clasificación queda entonces confeccionada de la siguiente manera: 1. un cuadrante 2. dos cuadrantes 3. tres cuadrantes 4. cuatro cuadrantes A. lesiones pequeñas, de tallo único, no confluentes B. lesiones confluentes planas C. lesiones confluentes sobreelevadas Así tendremos lesiones 1A, 1B o 1C, o lesiones 2A, 2B y 2C, continuando así también para las 3 y 4. Fig. 2 A la izquierda, lesión que ocupa los 4 cuadrantes, y se presenta confluente y sobreelevada: 4C. A la derecha lesión también de los 4 cuadrantes pero confluente y plana: 4B Fig. 3 A la izquierda, lesiones de los 4 cuadrantes pero que se presentan aisladas, no confluentes: 4A. A la derecha, lesiones aisladas no confluentes que ocupan 2 cuadrantes: 2A. Esta forma de clasificación nos permite además realizar proyecciones en cuanto a la posibilidad de transformación neoplásica de los condilomas, dado que las lesiones 4C parecen ser más propensas a presentar carcinoma in situ o invasor sobre éstas. Diagnóstico El paciente con condilomas acuminados puede consultar por dolor anal, prurito, sangrado o mucorrea, pero el motivo de consulta más frecuente es la presencia de lesiones sobreelevadas de la margen anal. (1, 3, 4, 10) La intensidad de los síntomas variará de acuerdo al número El motivo de consulta más frecuente es la presencia de lesiones sobreelevadas de la margen anal. de lesiones presentes, siendo frecuente que aquellos pacientes con lesiones pequeñas y aisladas se encuentren asintomáticos. (10) El dolor anal intenso no es típico de los condilomas y debe hacer pensar en otras patologías, tales como fisura, úlcera o abscesos perianales. El diagnóstico de la condilomatosis es de sospecha clínica, a través de la observación de las lesiones perianales, y confirmación anatomopatológica. Fig. 4 Condilomatosis perianal extensa (4C) en una paciente HIV+. En caso de pacientes del sexo femenino, las mismas deben ser remitidas a consulta con ginecólogo, para descartar lesiones por HPV en vulva, vagina, y a nivel del cuello uterino. La aplicación tópica de ácido acético en solución al 5% torna a los condilomas de color blanco, aunque dicho fenómeno no es exclusivo de esta patología. (10) La biopsia quirúrgica debe practicarse en todo caso de duda diagnóstica, frente a la no respuesta al Los condilomas acuminados deben diferenciarse de los condilomas planos de la sífilis secundaria, lesiones vinculadas al Herpes simple y del carcinoma anorectal. tratamiento médico, en inmunodeprimidos, recurrencia post tratamiento, crecimiento rápido, lesiones de más de 1cm o confluentes, o lesiones atípicas en cuanto a su pigmentación, induración o ulceración. (10, 11) Fig. 5 Carcinoma del canal anal. En cuanto al diagnóstico diferencial, verrugosas los condilomas acuminados deben diferenciarse de otras lesiones condilomatosas, como son los condilomas planos, que se ven en la sífilis secundaria, pálidos y suaves al tacto, de las lesiones vinculadas al Herpes simple y del carcinoma anorectal. (1, 10) HPV y HIV La prevalencia de la condilomatosis perianal es más alta entre pacientes HIV positivos o que presentan otras enfermedades de transmisión sexual. (1, 10, 20, 30, 32, 35, 36 ) La infección por HPV es más frecuente en pacientes HIV +, quienes además presentan más frecuentemente infecciones mixtas y en quienes el descenso de los CD4 aumenta el riesgo de padecer infección a tipos oncogénicos del HPV. Existen La infección por HPV es más frecuente en pacientes HIV + autores que plantean que el HIV estaría vinculado a un aumento en la duración de la infección por HPV, o a la reactivación de una infección por HPV latente previa, más que con la adquisición de una nueva infección por HPV. (26) El cáncer de ano se ha transformado en los últimos años en el cuarto tipo de cáncer más frecuente en pacientes hombres MSM HIV+, siendo el riesgo relativo de cáncer de ano y carcinoma in situ en estos pacientes 37.9 y 60.1 respectivamente. (28) No solo los pacientes HIV positivos tienen mayor incidencia de HPV, sino que los inmunocomprometidos en general tienen mayor frecuencia de condilomas acuminados y neoplasias anogenitales que la población general. Se ha reportado una incidencia de condilomatosis genital hasta en un 43% de pacientes transplantados renales. (3) Es muy frecuente además en este grupo la historia de otras ETS, como la sífilis, gonorrea, chlamydia, o criptosporidium. El tumor de Buschke-Löwenstein Esta rara lesión vinculada también a la infección por HPV fue descrita por primera vez por Buschke en 1896, y luego por Löwenstein en 1925, y es llamada Condiloma Gigante. Es causada por los virus HPV 6 y 11 y presenta característicamente un comportamiento agresivo en lo local, con infiltración de estructuras vecinas, pero sin producir metástasis y con una histología de aspecto inocuo. (1, 3, 9, 12, 13) Son lesiones exofíticas que alcanzan grandes tamaños y se ubican en la región anogenital, compartiendo muchos elementos clínicos y patológicos con los altamente frecuentes condilomas acuminados. Su comportamiento en lo local semeja al de un tumor invasor, ya que pueden El tratamiento de elección para estas lesiones es la escisión local amplia, con márgenes negativos penetrar en linfáticos y vasos sanguíneos, invadiendo el sacro, coxis e incluso la pared abdominal. (3) Sin embargo el condiloma gigante invade por expansión y no por infiltración, ya que microscópicamente la membrana basal permanece intacta. (7) Esta lesión, denominada también como Carcinoma Verrugoso, representaría un tumor de bajo potencial de malignidad, como un neoplasma intermedio entre los condilomas acuminados, claramente benignos, y el carcinoma de células escamosas. (7, 13) Pueden sin embargo sufrir metaplasia y carcinoma in situ, pudiendo tornarse francamente malignos, derivando en un carcinoma de células escamosas. (3, 12, 37) Están fuertemente vinculados a un deficiente estado inmunitario del paciente, asociándose a HIV-SIDA, transplantados, alcoholismo o diabetes. (9, 12) Su localización en hombres es preferentemente en el pene (80%) o región ano-rectal (10%), mientras que en la mujer predomina en la vulva (90%). Su localización en uretra y vejiga es más rara. (12) El tratamiento de elección para estas lesiones es la escisión local amplia, con márgenes negativos, pudiendo requerir procedimientos quirúrgicos muy agresivos, debido a la capacidad destructiva local de este tipo de tumores. (7, 13, 37) Otros tratamientos reportados han sido podofilina tópica, uso tópico y sistémico del 5-fluoracilo, bleomicina sistémica en combinación con cisplatino y metotrexate, escisión con láser, crioterapia o electrocauterización. (7) El uso de radioterapia puede ser planteado en casos de recurrencia local del tumor, cuando la cirugía no es planteable. (7, 13) Algunos trabajos demuestran que el uso de quimioterapia preoperatoria podría mejorar los resultados de la cirugía, pero en general son estudios de casos aislados con bajo grado de evidencia científica. (39) Independientemente de la modalidad terapéutica utilizada, existe una alta tasa de recurrencia local, resultando en una mortalidad global del 20%. (7) Tratamiento A) Opciones Terapéuticas El tratamiento de la condilomatosis ha pasado a lo largo de la historia por millares de procedimientos de dudosa efectividad, y desde tiempos inmemoriales se han tejido las más diversas teorías acerca de su origen y El tratamiento de la condilomatosis perianal tiene cuatro pilares: métodos químicos, inmunológicos, físicos y quirúrgicos. las posibles soluciones al problema. Están descriptos entre otros la hipnosis, el encantamiento, el jugo de limón, agua de cal y la fricción con patata cruda que se sepulta en la luna llena. (4) Sin embargo, más hacia nuestros tiempos, el tratamiento de la condilomatosis perianal puede dividirse esquemáticamente en cuatro pilares bien diferenciados, métodos químicos, inmunológicos, físicos y quirúrgicos. (4) QUIMICOS INMUNOLOGICOS FISICOS QUIRURGICOS Imiquimod B. C. G. Crioterapia Poda 5- fluoracilo Interferón Nitrógeno líq. Resección amplia Fenol Autovacuna Nieve de CO2 Ac. Tricloroacético Tetraciclina en pomada Podofilina Resección + colgajos Aire líquido Electrocauterización Láser Podofilotoxina Tabla I Resumen de los distintos tratamientos existentes para la condilomatosis. Modificado de Vukasin P. Clin. Quir. North Am. 2002; 82(6): 1157-63 Sin embargo, antes de entrar de lleno en las diferentes técnicas utilizadas, debemos recordar que los objetivos a perseguir en el paciente que se va a tratar de esta patología incluyen el determinar la existencia de otras enfermedades asociadas al HPV, en quizás una de las El uso combinado de procedimientos resectivos, seguido por el uso de drogas inmunosupresoras de uso tópico parece ser el tratamiento ideal pocas oportunidades que tendremos para aproximarnos a este grupo particular de enfermos. Así, la solicitud de exámenes de HIV, VDRL, y serología para hepatitis B y C fundamentalmente, es una necesidad. El tratamiento debe incluir además el consejo sexual al paciente infectado. La causa más frecuente de recurrencia precoz de la enfermedad es la reinfección por un nuevo contacto sexual, ya sea con el mismo u otro compañero portador del virus. (3) Se aconseja en general evitar el contacto sexual durante el tratamiento, o utilizar preservativo durante el mismo y hasta 4 meses luego de su finalización. Esto generalmente es ignorado por el paciente, lo que determina la alta tasa de recidiva de la enfermedad. (3) El uso combinado de procedimientos quirúrgicos resectivos de las lesiones, seguido por un tratamiento médico basado en drogas inmunosupresoras de uso tópico, o la vacunación contra los serotipos prevalentes del HPV parece ser el tratamiento ideal, con el que se obtienen los índices más bajos de recidiva. Procedimiento N Recurrencia % Cirugía 20 50% Ác. Bicloroacético 10 50% Podofilina 5 85% Interferón 5 85% 43 4,6% Cirugía + Vacunación Tabla II Estudio publicado por Wiltz et al. 1995, en que se comprueba un mejor resultado en cuanto a recurrencia de la enfermedad con la combinación de cirugía y vacunación contra el virus HPV. B) Agentes Químicos a) Podofilina: La podofilina es una droga que ha sido muy utilizada a nivel mundial en los últimos 50 años para el tratamiento de los condilomas perianales, así como sustancia de acción citotóxica para el tratamiento de verrugas vulgares. Su agente activo es la podofilotoxina, un antimicótico tópico derivado del hongo podophyllum peltatum, y se aplica en solución de parafina líquida en concentración al 10 o 20%. Se aplica 1 o 2 veces por semana, directamente sobre la lesión anal externa, dejándola en contacto con la piel por al menos 5 a 10 minutos, repitiendo el proceso durante 3 meses. Los efectos adversos descritos incluyen la irritación local, necrosis de la piel y fístula perianal, ya que es extremadamente irritante para el anodermo sano y la mucosa del canal anal, lo que además limita su uso para condilomas internos. La droga es además teratogénica, por lo que no debe utilizarse en mujeres embarazadas o con sospecha de embarazo. Logra erradicar las lesiones en un 20 a 25% de los casos, teniendo un índice de recidiva anual de 68%, con un 23% de falla en el tratamiento inicial. (2, 3, 4, 10) b) Ácidos Cáusticos: Los ácidos bi y tricloroacético en solución al 80 o 90% han sido también ampliamente utilizados para el tratamiento de la condilomatosis perianal, teniendo la ventaja frente a la podofilina de tener un menor costo comercial, poder ser usado para lesiones internas y poder ser utilizada en mujeres embarazadas. Producen la destrucción del tejido verrugoso a través de la coagulación de las proteínas. Su índice de recurrencia anual es de 25% a 50% aproximadamente, y su uso en combinación con la podofilina no ha mostrado resultados alentadores. (2, 3, 10) c) Agentes Quimioterápicos: Este grupo incluye drogas como la cloroquina e hidroxicloroquina, colchicina, bleomicina y 5-fluoracilo. Son de uso tópico sobre las lesiones perianales, destacando entre estas el 5-FU quien logra erradicar las verrugas hasta en un 60% de los casos al ser usada en forma tópica durante 3 a 7 días. Presenta un índice de recurrencia de las lesiones a los 3 meses de 60%. (3, 4, 10) d) Imiquimod: Es una imidazoquinolina, un compuesto sintético que funciona como estimulador de la respuesta inmune innata y adquirida, favoreciendo la acción de los linfocitos T Helper tipo 1, resultando en una acción antiviral, antitumoral e inmunoreguladora. El imiquimod induce la liberación de citoquinas en la piel (IFN alfa, TNF alfa, IL-12, IL1, IL-6, IL-8, IL-10), lo que gatilla la respuesta inmune del huésped a reconocer la infección viral o la presencia tumoral, determinando la eliminación de la misma por parte del sistema inmune, a través de los Linfocitos Th-1 y las células Natural Killer. Con esto se logra no solo la destrucción de las células infectadas por el virus y células tumorales, sino que además se genera una memoria inmunológica para futura protección. Esta droga fue aprobada en 1997 por la FDA para su uso tópico en los condilomas acuminados. Presenta como ventajas frente a otros tratamientos sus escasos efectos adversos locales, la posibilidad de usarse a nivel del canal anal para lesiones internas, su efectividad en pacientes HIV positivos y fundamentalmente el bajo índice de recurrencia de las lesiones (0 a 19%). Se presenta como crema de imiquimod al 1 o 5% de aplicación tópica, o supositorios de imiquimod al 5%. Se aplica en forma tópica sobre las lesiones externas o hacia dentro del canal anal a través de supositorios, debiéndose dejar la crema en contacto con las mismas por al menos 10 horas. Luego de este período el área se lava con agua y jabón, repitiéndose el procedimiento una vez por día, tres veces por semana hasta lograr la desaparición de los condilomas o por un período máximo de 16 semanas. (4, 5, 6, 8, 10) Uno de los problemas que presenta esta droga es su alto costo, su baja disponibilidad en farmacias del MSP, así como el desconocimiento de su efecto en mujeres embarazadas, por lo que su uso en éstas debería evitarse. C) Agentes Inmunológicos a) Interferón: El interferón es una proteína con acción antiviral, antitumoral e inmunomoduladora, cuyo uso local o sistémico para el tratamiento de la condilomatosis perianal puede obtener tasas de desaparición de las lesiones de 25 a 80% de los casos. Sin embargo ha caído en desuso dado que el índice de recurrencia es alto y el costo de la droga muy elevado. (3, 4, 10) b) Vacunación: El concepto de la autovacunación se basa en vacunar al paciente contra sus propios virus. La FDA aprobó en junio de 2006 el uso de la vacuna cuadrivalente para la prevención del cáncer de cuelo uterino en mujeres de 9 a 26 años, que ya existe y está disponible en nuestro medio. La utilización de estas vacunas (bi o cuadrivalentes) contra los tipos más frecuentes del HPV: 6, 11, 16 y 18 ha obtenido excelentes resultados en la patología cervical uterina en la mujer, con más de 90% de desaparición del virus y las lesiones por éste provocadas en las pacientes a las que les fue aplicada. (22, 23, 25, 29, 33) Sin embargo, y a pesar que el virus HPV que causa la patología cervical uterina es el mismo responsable de los condilomas acuminados y el carcinoma de ano, existe escasa experiencia en el uso de estas vacunas para el tratamiento y prevención de las enfermedades perianales vinculadas al HPV. Las desventajas de este tratamiento son los altos costos de la vacuna, así como el hecho de que las mismas no son efectivas en pacientes HIV+, por lo que un gran grupo de pacientes que padecen esta enfermedad no podría contar con los beneficios de la vacunación. D) Agentes Físicos a) Crioterapia: Consiste en la aplicación tópica de nitrógeno líquido en spray sobre las lesiones, espuma de nitrógeno u óxido nitroso. Tiene la ventaja de poder ser realizado en el consultorio en pocos minutos, tener un bajo costo y poderse usar en mujeres embarazadas, con porcentaje de desaparición de las lesiones variable, de 60 a 90%. Tiene como inconvenientes el dolor local y la dificultad para controlar el área de difusión del nitrógeno en la margen anal, tanto en forma circunferencial como en profundidad. El índice de recurrencia es de 20% a los 6 meses (3, 4, 10) b) Láser: La destrucción de los condilomas mediante láser tiene como ventaja una alta tasa de desaparición de las lesiones, próxima al 100%. Sin embargo es el método más caro para el tratamiento de la enfermedad, causa mayor dolor que las otras técnicas, con una tasa de recurrencia cercana al 50%, mayor que la experimentada con la destrucción diatérmica. Es además riesgoso su uso en pacientes HIV + por la producción de humos que podrían transportar el virus a las mucosas. Por estas razones su aplicación al día de hoy es muy escasa. (1, 3, 10, 38) c) Escisión Diatérmica: La escisión de los condilomas con bisturí eléctrico puede realizarse bajo anestesia local o general. En general se prefiere la anestesia La cirugía en la condilomatosis perianal no constituye la primera línea de tratamiento local para lesiones puntuales, pediculadas y de pequeño tamaño, reservándose la general para lesiones amplias y confluentes, o condilomas del canal anal. Se realiza mediante bisturí eléctrico de punta fina, previa infiltración de la zona con solución de lidocaína al 1% + adrenalina. Tiene un índice de desaparición de las lesiones similar al láser, pero con recurrencia próxima al 25% anual, y sin los inconvenientes mencionados de esta técnica. (1, 3, 4) E) Tratamiento Quirúrgico La cirugía en la condilomatosis perianal no constituye la primera línea de tratamiento, sino que guarda indicaciones precisas. La misma se recomienda en cuatro situaciones puntuales: para condilomas acuminados de pequeño tamaño en los que ha fallado el tratamiento médico (no respuesta), para la recidiva de la condilomatosis post tratamiento médico bien conducido, para lesiones de gran tamaño (incluyendo al tumor de Bushke-Löwenstein), y cuando existe sospecha de transformación maligna. El tratamiento quirúrgico podemos entonces dividirlo en dos grandes grupos: la escisión puntual de las lesiones y la resección amplia. a) Escisión puntual con tijera Para este procedimiento el paciente puede colocarse en posición ginecológica o en posición de navaja sevillana. Se desinfecta la zona con solución antiséptica y se colocan campos estériles. Puede realizarse el procedimiento bajo anestesia local o general, debiendo infiltrarse la zona con solución de adrenalina 1:300.000, lo que disminuye el sagrado local y mejora la visual. Puede asociarse también solución de bupivacaína al 0.25%, que genera analgesia En lesiones numerosas y diseminadas puede optarse por una resección en etapas para el postoperatorio. La técnica consiste en la resección de las lesiones puntuales con tijera o bisturí frío, seccionándolas en su base hasta la piel o mucosa sana. Existen autores que recomiendan luego la cauterización de la base de las mismas con bisturí eléctrico (10), mientras que otros contraindican esta maniobra por generar quemaduras que aumentan el dolor postoperatorio. (3) Es fundamental explorar siempre el canal anal en busca de condilomas, ya que como hemos visto la incidencia de estos es muy alta. Cuando las lesiones son muy numerosas y se encuentran diseminadas por toda la región perianal (4A), puede optarse por realizar el procedimiento en dos o más etapas, a fin de disminuir el área cruenta resultante. A B Fig. 6 A) Paciente con condilomatosis tipo 4A, B) Colocación de campos e infiltración de la base de las lesiones con solución de adrenalina. A B Fig. 7 A) Resección de las lesiones seccionándolas en su base. B) Puede realizarse el cierrede la brecha para disminuir el área cruenta. A B Fig. 8 A) y B) Imágenes de las lesiones perianales de la paciente antes y después de la resección local de los condilomas. b) Resección en masa La escisión amplia o en masa se reserva para lesiones confluentes, de gran tamaño o con sospecha o evidencia histológica de cambio La escisión amplia o en masa se reserva para lesiones confluentes maligno in situ. (lesiones tipo C). En este tipo de lesiones la cirugía constituye la primera línea de tratamiento, desplazando al tratamiento médico que resulta inefectivo. La posición del paciente es la misma que la descripta para la resección con tijera, debiéndose en este caso debido al tamaño de las lesiones recurrir a anestesia general o raquídea. El procedimiento puede hacerse en una o más etapas, resecando las lesiones hasta la piel o mucosa macroscópicamente sana, evitando dejar amplias áreas cruentas que al cicatrizar puedan originar estenosis del margen anal. A B Fig. 9 A) y B). Resección en masa de extensa área de condilomatosis perianal. Nótese la extensa área cruenta generada, lo que obliga a realizar el procedimiento en etapas. El mayor problema de este tipo de resección lo generan las extensas zonas cruentas que resultan luego de la cirugía, con tiempos de cicatrización muy prolongados que retrasan los nuevos procedimientos resectivos y dejan áreas cicatrizales en las que se podrán implantar nuevos condilomas. El intento de cierre borde a borde de estas brechas es ineficaz, ya que la tensión generada termina por abrir nuevamente las lesiones, volviendo a la situación inicial. Es así que deben buscarse otros métodos quirúrgicos para cubrir en el mismo acto operatorio dichas zonas. A B Fig. 10 A) y B). Nótense las extensas áreas cruentas resultantes de la resección en masa de los condilomas 4C, que retrasan enormemente los nuevos procedimientos resectivos. A B Fig. 11 A) Cierre borde a borde de la brecha. B) A la semana se evidencia la dehiscencia de los bordes de la sutura debido a la tensión que se genera en la misma, volviendo a la situación inicial. Una posible solución a este problema es el uso de colgajos dermograsos que cubren el defecto cutáneo, acelerando la cicatrización y disminuyendo el tiempo entre los procedimientos. El colgajo se transfiere para cubrir un defecto primario, dejando en el sitio de donde se obtiene un defecto secundario, que en general se cierra con sutura directa o se cubre con un injerto de piel. (14) Entre todos los colgajos locales sobresalen por su sencillez los colgajos de avance, y dentro de este grupo el avance en V-Y. El método consiste en movilizar los tejidos haciéndolos avanzar hacia delante. En primer lugar el Los colgajos dermograsos cubren los defectos cutáneos, acelerando la cicatrización cirujano debe dibujar el colgajo y asegurarse que éste tenga el mismo tamaño y grosor que el defecto a cubrir. La piel se corta en forma de “V”, resultando en una isla cutánea triangular que se desplaza para cubrir el defecto primario (de forma rectangular) que está por delante del triángulo. (ver fig. 13 y 14) Queda así como resultado del movimiento un defecto secundario que se cierra borde a borde, formándose una sutura en forma de “Y”. (15) Las complicaciones de esta técnica resultan en general de errores técnicos, ya sea en el planeamiento del colgajo o en la realización del mismo. Las mismas incluyen hematomas, necrosis del colgajo por insuficiente aporte vascular, tensión excesiva de la sutura que cause isquemia o desproporción entre el tamaño del colgajo y el defecto a cubrir. (15) 1 2 3 4 Fig. 12 (1-4) Paciente con condilomatosis 4C, se realizó resección de las lesiones del sector izquierdo y reconstrucción del defecto con colgajo de avance en V-Y. 1 2 Fig. 13 1) Condilomatosis perianal extensa 4C. 2) Resección de las lesiones correspondientes a un hemi-ano. 3 4 5 6 Fig. 14 (3-6). Resección de las lesiones en etapas (fotos 1 a 4) y reconstrucción mediante colgajos de avance sucesivos. En figura 5, aspecto de la lesión antes de la primera cirugía, y en 6 al finalizar el tratamiento quirúrgico, luego de menos de 3 meses del primer procedimiento. Cuidados posoperatorios La higiene periódica de la zona en el posoperatorio es fundamental, debiéndose evitar el apoyo del sitio del colgajo por al menos una semana, a fin de evitar la necrosis del mismo por compresión de su Se debe evitar el apoyo de los colgajos por al menos una semana para evitar la necrosis del mismo. pedículo nutricio. Se debe controlar al paciente a la semana del procedimiento, retirando los puntos en forma paulatina de acuerdo a la cicatrización del colgajo. Aproximadamente a los 20 a 30 días, la zona estará apta para un nuevo procedimiento resectivo, en el caso de ser necesaria la resección por etapas. Algunos pacientes requieren 3 y hasta 4 etapas en el proceso de resección de sus lesiones, por lo que la duración total del tratamiento puede ser de hasta 3 meses. En este tipo de lesiones extensas, el uso posoperatorio del Imiquimod disminuye el índice de recidiva de las lesiones. El estudio anatomopatológico de las piezas es fundamental, ya que puede encontrarse carcinoma in situ o invasor en lesiones de aspecto inocente, fundamentalmente en pacientes HIV+ y portadores de serotipos virales HPV de riesgo. La determinación del serotipo viral en las muestras es también de gran valor, ya que permite predecir qué pacientes podrán evolucionar en un futuro al carcinoma anal. En las pacientes de sexo femenino en que se encuentren serotipos oncogénicos deberá siempre referirlas al ginecólogo para estudio colpocitológico, ya que son estos mismos serotipos virales los responsables del carcinoma de cuello de útero. Bibliografía 1) Morris AM, Nivatvongs S. Anorectal Disorders. Scott JR, Gibbs RS. Greenfield´s Surgery: Scientific Principles and Practice. 9ª ed. (72); 1161-62 2) Maw R, von Krogh G. The management of anal warts: Topical self treatment, ablative therapy, and counseling should all be available. British Med. Journal. 2000; 321 (7266): 910-11. 3) Keighley M, Williams NS. Perianal Warts. Surgery of the Anus, Rectum and Colon. 1999, vol 1, 18: 564-577. 4) Vukasin P. condiloma anal y enfermedad anal relacionada con el virus de la inmunodeficiencia humana. Clin. Quir. North Am. 2002; 82(6): 1157-63 5) Garland SM, Sellors JW. 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VIH y HPV El objetivo de este capítulo es dar lineamientos generales sobre patología diagnóstico y opciones terapéuticas jerarquizando la importancia del examen físico en la consulta diaria para el diagnóstico precoz. Aspectos generales El cáncer de ano es una neoplasia poco común, constituyendo el 4% de los tumores del tracto digestivo inferior, aunque se ha visto un incremento en pacientes transplantados, inmunodeprimidos, aumento del sexo anal receptivo, destacando en los últimos años relacionado fundamentalmente con las infecciones por virus del papiloma humano (HPV) y sobre todo con la infección por el virus del VIH; relacionado fundamentalmente con el mayor riesgo de neoplasia intraepitelial que presentan éstos pacientes. (1,2) . Los cánceres de ano se dividen en dos grupos que difieren en su epidemiología, histología y pronóstico: los cánceres de conducto anal (tumores proximales al borde anal), constituyen el 67% de todos los cánceres de ano y los cánceres del margen anal (tumores distales al borde anal en la unión de la mucosa anal con piel provista de pelos, clasificándose éstos tumores como cánceres de piel). (2,3) Para la definción anatómica del conducto anal y margen anal remitirse al capítulo de anatomía de éste volumen. El cáncer de conducto anal predomina en el sexo femenino 4 veces más que en el masculino, mientras que los de margen anal predominan en el hombre. La edad promedio de presentación es entre 50 y 60 años. En cuanto a la raza se ha visto que el mayor número se da entre los caucásicos. (4) Dentro de los factores de riesgo se asocian la mala higiene, irritación anal crónica, infección e inmunosupresión. Otros factores de riesgo relacionados son el condiloma acuminado genital, tabaquismo, seropositividad al virus del herpes simple tipo I, antecedentes de infección por Gonococo o Chlamidya trachomatis. La infección por HPV fundamentalmente los serotipos 16, 18 y 31 ha sido asociada consistentemente con el carcinoma epidermoide del ano. Hasta un 54 % de los pacientes positivos para VIH tienen ADN del HPV en el canal anal, lo que podría explicar la incidencia elevada de cánceres anales que se observa en esta población. (1,3) . Sobre este punto no nos extenderemos dado que se trata en forma extensa en el capítulo sobre Condilomatosis en éste libro. Anatomía Patológica 1) Carcinomas del conducto anal: (OMS Lyon 2000) Realizaremos sólo la clasificación de éstos tumores, para obtener más información sobre las características de cada tumor remitirse al capítulo 12 sobre anatomía patológica. A) Tumores epiteliales: Neoplasia intraepitelial (displasia) -Epitelio escamoso o transicional -Glandular -Enfermedad de Paget B) Carcinoma -Carcinoma de células escamosas (epidermoide) -Adenocarcinoma -Adenocarcinoma mucinoso -Carcinoma a células pequeñas -Carcinoma indiferenciado -Otros C) Tumor carcinoide D) Melanoma maligno E) Tumores no epiteliales F) Tumores secundarios 2) Carcinomas del margen anal: A) Carcinoma de células basales de margen anal Es el tumor más frecuente. Para ver detalles del mismo remitirse al capítulo 12. Presentación Clínica La sintomatología varía si el tumor primitivo está en el Principal canal anal o la margen anal, siendo estos últimos más síntoma visibles y pueden ser palpados por el propio paciente por rectorragia y lo que generalmente son de diagnóstico más temprano. (2) tumor anal, (Fotos 1-5) otros sintomas El síntoma principal lo constituye la rectorragia son dolor e presentándose como primer síntoma en el 60 % de los incontinencia. casos, aunque es de destacar que en la evolución todos la presentan. El otro síntoma capital lo constituye la tumoración anal, seguido de estreñimiento, dolor anal postdefecatorio o permanente que puede confundirse con síndrome fisurario, úlcera perianal, tenesmo rectal, prurito; destacando que el dolor permanente como la incontinencia son síntomas tardios que nos hablan de infiltración esfinteriana. Otra sintomatología es la alteración en la forma de las materias, menos frecuente se manifiesta por tumoración inguinal, adelgazamiento y en un escaso porcentaje menor del 1 % cursan en forma asintomática. Debemos destacar que para la práctica clínica diaria es de fundamental importancia el exámen proctológico en un paciente que consulta por dicha sintomatología, dado que en un gran porcentaje de los pacientes vamos a visualizar el tumor, o éste se podrá tactar como una masa indurada o una lesión ulcerada en el canal anal, en otras oportunidades vamos a objetivar la presencia de una fisura anal que no tiene las características propias de la fisura idiopática como luego veremos, presentándose con bordes irregulares, en localizaciones poco frecuentes ( no hora 6 y hora 12 como las idiopáticas), con límites que comprometen la piel perianal. En caso de encontrarnos con este tipo de lesiones deberá realizarse biopsia de la misma para su diagnóstico correcto y tratamiento. Foto 1. Tumor vegetante Foto 3. Tumor ulcero-vegetante Foto 2. Tumor ulcerado Foto 4. Adenopatías inguinales Foto 5. Paget perianal Diagnóstico Diferencial ¿Con que otras patologías puede confundirse un cáncer de ano? Debemos mencionar 3 enfermedades que debemos saber diferenciar de un neoplasma de ano: 1) Fisura Anal (Fotos 6 y 7): se presenta en pacientes constipados caracterizando a dicha Diagnóstico patología el síndrome fisurario dado por dolor anal diferencial con: fisura con la defecación que cede de forma total o parcial anal, hemorroides y postdefecación,pudiendo acompañarse de lesiones ulceradas de rectorragias y/o prurito. Desde el unto de vista la margen anal. clínico se caracteriza como una lesión triangular o en forma de raqueta, extendida desde la zona ciptopapilar al orificio anal y suele estar topografiada a la hora 6 o a la hora 12 ,de bordes regulares y acolados y fondo rosado en la etapa aguda ,presentando en la etapa crónica bordes decolados y fondo blanquecino llegando hasta el EAI., en esta etapa crónica puede presentar un repliegue polipoideo denominado “hemorroide centinela”.Se acompaña de una hipertonía esfinteriana y puede determinar un ano puntiforme por dolor, que impide visualizar correctamente la fisura.(5) Foto 6. Cáncer ulcerado margen anal Foto 7. Doble fisura anal 2) Patología Hemorroidal (Foto 8): las hemorroides internas suelen presentarse por rectorragias o diversos grados de prolapso, pudiendo a veces dicho prolapso tornarse irreductible por edema (fluxión hemorroidal) generando en estas ocasiones dolor intenso a dicho nivel. Las hemorroides externas suelen asintomáticas, causar prurito o presentarse como una trombosis hemorroidaria pudiendo llegar a ocasionar una úlcera en la pared del paquete afectado, esta úlcera no suele ser dura, pétrea ni vegetante como en el caso del cáncer de ano el que además suele tener infiltración subcutánea. Al examen físico las hemorroides externas suelen topografiarse a la horas 2,5 y 8 y en la evolución pueden ocupar gran parte de la circunferencia anal, las hemorroides internas pueden estar prolapsadas de forma permanente o al esfuerzo, se caracterizan por ser tumefacciones azuladas o rojo-vinosas agrupadas en paquetes a las horas 3,7,11(pedículo primario)y a la hora 1,5,6 y 9(pedículo secundario), la mucosa que las cubre puede presentarse inflamada o incluso ulcerada recubierta de exudado. Foto 8. Fluxión hemorroidaria Foto 9. Paciente de 80 años portador de lesión vegetante perianal única que fue interpretada como condiloma cuya anatomía patológica informa carcinoma epidermoide. 3) Lesiones ulceradas de la margen anal (Foto 12) (remitirse al capítulo de lesiones ulceradas de la margen anal y manifestaciones anales de ETS), Aparte de neoplásicas pueden tener otras causas como: a) Traumáticas: por accidentes o coitos violentos. b) Inflamatorias (Fotos 10 y 11): sobre todo vinculadas a la enfermedad de Crohn, se caracterizan por ser úlceras múltiples, recurrentes, refractarias y en topografías atípicas, asocia otros síntomas digestivos como repercusión general, diarreas, fiebre y dolor abdominal, el estudio endoscópico confirmará el diagnóstico. Suelen ser de base ancha, de bordes irregulares, profundas y se hallan fuera de la ínea media pudiendo afectar el periné anterior, el pliegue interglúteo y los pliegues inguinales destacando que en un 80% son asintomáticas (7). Foto 10 y 11. Ulcera perianal en la enfermedad de Crohn. Foto 12. Lesión ulcerada de la margen anal que corresponde a un cáncer epidermoide. c) De origen Infeccioso: se ven sobretodo en pacientes inmunodeprimidos en especial HIV, pueden ser de diversas etiologías: 1) Micóticas: Candidiasis: infección aguda y crónica producida por Candida Albicans que se manifiesta por exudado ”cremoso” con edema, pústulas y ulceraciones superficiales pruriginosas.(7) 2) Parasitarias: Amebiasis: es producida por Entoameba histolytica, en raras ocasiones puede ocasionar eritema, edema y ulceraciones superficiales en la margen anal.(8) 3) Virales: suelen tener 2 etiologías: las de origen herpético (VHS 2) se caracterizan por la aparición brusca de varias vesículas muy dolorosas que se ulceran dejando una costra melicérica , y las originadas por el Citomegalovirus que se da en pacientes en etapa SIDA y se caracteriza por lesiones maculopapulosas con vesículas, ampollas y úlceras cutáneomucosas muy dolorosas.(7,8) Es de importancia descartar en un paciente portador de condilomatosis la presencia de un carcinoma asociado.(Foto 13) Foto 13. Paciente portador de condilomatosis perianal con carcinoma epidermoide que se realiza radioterapia con recidiva actual de la lesión. 4) Bacterianas: pueden ser específicas o inespecíficas. Las úlceras específicas son causadas por: • Tuberculosis: causada por Mycobacterium tuberculosis, suele verse más en hombres y puede presentarse de 2 formas a nivel perianal: verrucosa con pápulas rojo-parduzcas y la ulcerada que se caracteriza por ser una úlcera dolorosa de bordes irregulares, blandos y sobreelevados de color azulado con exudado seudomembranoso acompañado de adenopatías inguinales. Suele coexistir con tuberculosis pulmonar activa.(9,10) • Sífilis: se da en la sífilis primaria por inoculación primaria, la primera lesión en manifestarse es el chancro que puede aparecer de 2 a 6 semanas luego del contacto, para pasar a transformarse en pápula y posterior ulceración ,dicha úlcera suele ser indolora, de color rosado, de bordes elevados e indurados, de aspecto cartilaginoso con el fondo limpio en el que se encuentran abundantes treponemas con tendencia a la curación espontánea a las 4-6 semanas, acompañado de adenopatías inguinales y a veces de condilomas planos. Las úlceras inespecíficas son causadas por: • Chancroide: generado por Haemophilus Ducreyi, produce una úlcera de consistencia blanda, fondo sucio y muy dolorosa que puede supurar y se acompaña de adenopatías inguinales dolorosas, es rara en nuestro medio. . Cómo estudiar una lesión sospechosa de cáncer de ano? Como hemos visto es de capital importancia para Frente a una sospechar el diagnóstico el examen proctológico, dónde lesión no sólo identificaremos la lesión sino que nos importará su sospechosa el tamaño, límites anatómicos, siendo de fundamental primer gesto importancia el tono del esfínter anal tanto en reposo como diagnóstico es voluntario. En cuanto a la anamnesis es fundamental el la biopsia conocimiento sobre patologías anales benignas sufridas incisional o por el paciente (que se encuentran asociadas hasta en un escisional. 50 % de los casos), hábitos sexuales, enfermedades de trasmisión sexual, estados de inmunocompromiso. Una vez que nos encontramos frente a una lesión sospechosa de cáncer de ano el primer gesto diagnóstico debe ser la realización de una biopsia quirúrgica realizada en block quirúrgico con anestesia general. Cuando contamos con la anatomía patológica de dicha lesión que confirma nuestro diagnóstico presuntivo debemos valorar el estadio de esta lesión para planificar el tratamiento. Para el estudio de invasión locoregional puede solicitarse ecoendoscopía para los tumores de canal anal, siendo de capital importancia contar con una tomografía axial computada toraco abdómino pélvica como valoración locorregional y a distancia. La RNM es un estudio con similares resultado que la TAC, permite valorar con mayor precisión el compromiso del aparato esfinteriano, el elevador del ano, la extensión hacia la pelvis ósea y la infiltración vasculonerviosa así como la presencia de adenopatías locorregionales, de contar con una ecografía endorectal confiable la RNM puede ser prescindible.(11) La rectosigmoidoscopía es de gran importancia para valorar la extensión proximal de la lesión y obtener muestras para biopsia, sobre todo en lesiones del canal anal. En caso de contar con adenopatías inguinales clínicamente evidentes se puede recurrir a la punción con aguja fina para estudio citológico. Estadificación (12) A) Cáncer del conducto anal Tumor primario (T) La estadificación TX: No puede evaluarse el tumor primario. paraclínica la T0: No hay evidencia de tumor primario. realizamos Tis: Carcinoma in situ. mediante eco T1: Tumor de 2 cm o menos en su mayor dimensión. endoscopía para T2: Tumor de más de 2 cm pero no más de 5 cm en su lesiones del mayor dimensión. conducto anal, T3: Tumor de más de 5 cm en su mayor dimensión. TAC y/o RNM. T4: Tumor de cualquier tamaño que invade un órgano(s) adyacente(s), por ejemplo, la vagina, la uretra, la vejiga (la complicación del músculo(s) del esfínter sola no se clasifica como T4. Ganglios linfáticos regionales (N) NX: No pueden evaluarse los ganglios linfáticos regionales. N0: No hay metástasis a los ganglios linfáticos regionales. N1: Metástasis en ganglio(s) linfático(s) perirrectal(es). N2: Metástasis en ganglio(s) linfático(s) ilíaco(s) y/o inguinal(es) unilateral(es) interno(s). N3: Metástasis en ganglios linfáticos perirrectales e inguinales y/o ganglios linfáticos ilíacos y/o inguinales bilaterales internos. Metástasis distante (M) MX: No puede evaluarse la metástasis distante. M0: No hay metástasis distante. M1: Existe metástasis distante. Etapa 0:Tis, N0, M0 Etapa I:T1, N0, M0 Etapa II: T2, T3, N0, M0 Etapa IIIA : T1-T2-T3, N1, M0 ó T4, N0, M0 Etapa IIIB : T4, N1, M0 ó Cualquier T,N2-N3, M0 Etapa IV: Cualquier T, Cualquier N, M1 B) Cáncer del margen anal Tumor primario (T) TX: No puede evaluarse el tumor primario T0: No hay evidencia de tumor primario Tis: Carcinoma in situ T1: Tumor de 2 cm o menos en su mayor dimensión T2: Tumor de más de 2 cm pero no más de 5 cm en su mayor dimensión T3: Tumor de más de 5 cm en su mayor dimensión T4: Tumor de cualquier tamaño que invade estructuras extradérmicas profundas (cartílago, musculatura esquelética o hueso) Ganglios linfáticos regionales (N) NX: No pueden evaluarse los ganglios linfáticos regionales N0: No hay metástasis a los ganglios linfáticos regionales N1: Metástasis en ganglio(s) linfático(s) regionales Metástasis distante (M) MX: No puede evaluarse la metástasis distante M0: No hay metástasis distante M1: Existe metástasis distante Etapa 0:Tis, N0, M0 Etapa I:T1, N0, M0 Etapa II : T2, T3, N0, M0 Etapa III: Cualquier T, N1, M0 ó T4, N0, M0 Etapa IV: Cualquier T, Cualquier N, M1 Encare terapéutico de un paciente con lesión sospechosa de cáncer anal Frente a una lesión sospechosa de malignidad además de la paraclínica analizada, se impone la realización de una biopsia quirúrgica pudiendo ser la misma incisional o escisional, dependiendo de las características de la lesión. (Fotos 14 ,15,16,17,18 y 19) Caso clínico: Paciente de 22 años tratado por fisura anal con tratamiento médico con mala evolución por lo que es referido al Hospital Pasteur donde se realiza biopsia de dicha lesión diagnosticándose carcinoma epidermoide. Actualmente realizándose tratamiento oncológico. Foto 14. Inspección Foto 15 Inyección de adrenalina más bupivacaína Fotos 16 y 17. Resección mediante biopsia incisional. Foto 18 y 19. Frotis para estudio parasitológico y biopsia para anatomía patológica. Tratamiento del cáncer de la margen anal Se analizarán las diferentes modalidades de tratamiento oncológico y/o quirúrgico de acuerdo al estadío de la enfermedad. Estadio 0 Corresponde al carcinoma in situ, su diagnóstico de forma temprana es muy pocas veces realizado, impone su resección local con márgenes oncológicos adecuados. Estadio I y II Para tumores pequeños (menores a 5 cm) sin compromiso del aparato esfinteriano ni órganos vecinos se impone la resección local de la lesión de la margen anal con La radio-quimioterapia una sobrevida del 80% a los 5 años, incluso es el pilar para el pudiendo resecar parte del esfínter anal interno o tratamiento mediante el externo sin afectar la continencia, de presentar esquema de Nigro, lo compromiso esfinteriano su tratamiento se basará que ha disminuído el número de AAP. en el esquema de Nigro que luego analizaremos. Estadio III Para tumores en Estadío IIIA el tratamiento se realizará si es posible mediante resección local y asociando Radioterapia más Quimioterapia. Ante la presencia de cáncer residual o recurrente luego de una terapia no quirúrgica el planteo más aceptado es la amputación abdominoperineal. En el estadio IIIB se impone tratamiento oncológico en base a Radio y Quimioterapia y de presentar enfermedad residual resección local o amputación abdominoperineal asociando vaciamiento ganglionar inguinal del sector afectado. Los pacientes en Estadio IV serán susceptibles de tratamiento paliativo oncológico mediante Radio y/o Quimioterapia. Tratamiento del cáncer del conducto anal Estadio I y II Históricamente hasta la década del ochenta el tratamiento de los tumores del canal anal era la amputación abdominoperineal con una tasa de sobrevida del 50% a los 5 años. Actualmente el tratamiento estándar es la radioquimioterapia según el esquema de Nigro en base a 5-FU, mitomicina C y 45-55 Gy con respuesta completa de hasta un 90% y una sobrevida del 85% a 5 años con alto índice de conservación del aparato esfinteriano, en pacientes HIV+ con conteo de CD4 menor a 200 se deberá ajustar la tasa de quimiorradiación por sus potenciales efectos colaterales. Se comienza el ciclo de irradiación externa de 3000 rad sobre el tumor y los ganglios linfáticos inguinales y pelvianos desde el día 1 al 21 con dosis de 200 rad por día, sincrónicamente se empieza con quimioterapia en base a 5-FU 1000 mg/m2 durante 4 días, del día 1al 4 y mitomicina C 15 mg/m2 en bolo i/v el día 1. Se realiza luego 5-FU ciclo idéntico al precedente pero de los días 28 al 31. A las 6 semanas de finalizado el tratamiento se reevalúa al paciente con biopsia del lecho tumoral; en caso de ser negativa para tumor se realizará seguimiento estricto clínico cada 3 meses y endoscópico según necesidad durante los dos primeros años (2,3). De ser la biopsia positiva para tumor (cáncer residual o recurrente) se realizará amputación abdominoperineal en tumores mayores de 2 cm y/o con evasión locorregional, si bien algunos autores plantean la realización de quimioterapia de rescate en base a 5-fuorouracilo y cisplatino combinada con una dosis reforzada de radioterapia lo que podría evitar una colostomía permanente en pacientes seleccionados con pequeñas cantidades de tumor residual(13,14), en tumores menores a 2cm se planteará una resección local con márgenes oncológicos que de no respetarse los mismos mediante Biopsia extemporánea implicaría una Amputación Abdominoperineal. Este procedimiento será realizado además en pacientes que no toleren el esquema de radio-quimioterapia por su toxicidad, o cuando ésta provoca graves complicaciones como estenosis, ulceraciones o incontinencia. En pacientes que no toleran la quimioterapia por la toxicidad hematológica se plantea el uso de radioterapia sola, acompañada en algunos casos de escisión local amplia cuando se trata de tumores superficiales de pequeño tamaño (menor a 2 cm.) (15,16) En pacientes con síntomas obstructivos se realiza una colostomía de derivación, previo al tratamiento oncológico para evitar una oclusión intestinal durante el tratamiento. Estadio III Se realizará tratamiento oncológico en base al esquema de Nigro y reevaluación posterior actuando según lo expuesto anteriormente. Estadio IV El tratamiento se basa en Quimio y Radioterapia con fines paliativos.(17) Pronóstico Depende fundamentalmente del grado de diferenciación celular, tamaño tumoral, compromiso de estructuras vecinas y adenopatías teniendo una sobrevida del 60% a 5 años para los N0 y 40% para los N1. Profilaxis De difícil realización apunta a la consulta precoz ante síntomas digestivos bajos debiendo efectuar un correcto examen físico que incluya tacto rectal y biopsia de las lesiones sospechosas. Debemos mencionar que actualmente existe a nivel mundial un mejor conocimiento acerca de la historia, causa e historia natural de lesiones que aumentan el riesgo de Para la profilaxis desarrollar un carcinoma invasor como es la displasia se preconiza el escamosa, más universalmente conocida como diagnóstico precoz Neoplasia Anal Intraepitelial (AIN) o Lesión de las lesiones Intraepitelial Escamosa (SIL). intraepiteliales Se citan diversos factores de riesgo para la mediante citología misma: HIV+ en especial hombres homosexuales, anal, sobre todo en transplantados, mujeres con cáncer de cuello uterino, pacientes de riesgo condilomas perianales, mujeres con lesiones en vagina de alto grado. Los pacientes HIV+ homosexuales hombres tienen una incidencia de SIL de 37%, las mujeres del 14% y los HIV- hombres homosexuales del 17%. En pacientes HIV+ especialmente aquellos con un bajo recuento de CD4 tienen una evolución más rápida hacia lesiones con alto grado de displasia en 50% de los pacientes y eventual carcinoma invasor en 10%. Sabemos de la asociación del virus HPV y el riesgo de cáncer de ano pero su relación con el HIV no es del todo conocida, existe evidencia de que la proteína tat del HIV contribuye a la proliferación del HPV (en especial los serotipos 16-18) y síntesis de proteínas oncogénicas por parte del virus que inhiben 2 genes supresores de tumores, el p53 y Rb1 favoreciendo la carcinogénesis.(18,19) La Neoplasia Anal Intraepitelial (AIN) tiene similares características patológicas que la Neoplasia Intraepitelial Cervical (CIN) y vulvar por lo que se clasifica utilizando el criterio de la evaluación de la citología cervical según la clasificación del sistema Bethesda, mediante el estudio citológico anal con técnica de Papanicolau y la anoscopía, se caracteriza por ser un epitelio acetoblanco al administrarle ácido acético y que no capta el Lugol.(20) Clasificación: 1) Displasia de bajo grado (LSIL): son 2 subtipos-AIN 1: cambios displásicos en menos de un tercio de la altura de la mucosa del epitelio, se caracteriza por presentar células queratinizadas y disqueratosis, células binucleadas con su membrana nuclear angulada e irregular y otras atipías celulares como alteración de la relación núcleo-citoplasma, hipercromatismo nuclear y aumento de la actividad mitótica y AIN 2: cambios displásicos que ocupan hasta dos tercios de la altura de la mucosa del epitelio; a los cambios mencionados anteriormente se le asocian : células inmaduras con metaplasia y alteraciones de la cromatina nuclear .Tiene un porcentaje de regresión del 30%, pero esto depende fundamentalmente del patólogo que analiza la pieza. 2) Displasia de alto grado (HSIL): AIN 3 : los cambios displásicos ocurren en más de los dos tercios de la altura de la mucosa, algunos autores proponen incorporar al carcinoma in situ como sinónimo de AIN 3 pero dicha afirmación es controvertida y actualmente la mayoría de los autores la consideran obsoleta y fuera de lugar.(21) Al estudio de la citología anal muchos autores lo recomiendan como método de screening en pacientes que presentan factores de riesgo para desarrollar AIN y aquellos portadores de displasia para control luego del tratamiento asegurando que el Papanicolau del canal anal y recto bajo es un buen método y barato para prevenir el cáncer de ano con una sensibilidad del 80% y especificidad del 55% en la detección de cambios citológicos, de presentarse los mismos se impone la realización de anoscopía de alta resolución con biopsia de la lesión. Diversos autores concluyen que una limitante de este estudio es que no identifica la extensión y distribución de la enfermedad existiendo muchos resultados atípicos pero no específicos de displasia llamadas “células atípicas escamosas de significado indeterminado” lo que requiere futuras biopsias, por lo tanto no existen estudios prospectivos ni randomizados a nivel mundial de que sea la citología anal un buen método de screening y su uso es discutido (21,22,23). El tratamiento de estas lesiones es muy controvertido y discutido, ninguna opción ha sido aprobada ni testeada tomando la decisión en conjunto con el paciente, se destacan varias opciones: Control y seguimiento: se basa en la realización de la citología anal, la misma de ser patológica implica la realización de anoscopía de alta resolución con eventual biopsia de a lesión. (Ver figura) Vacuna contra el HPV: no ha demostrado cambiar el curso de la enfermedad una vez establecida la displasia. Imiquimod tópico: es un inmunomodulador anti HPV y con efecto antitumoral, algunos autores lo usaron ante lesiones de bajo grado pero debido a que frecuentemente origina efectos colaterales (erosión e irritación local) está cada vez menos en uso. 5 Fluorouracilo tópico: actúa contra el HPV, no hay estudios en lesiones intraepiteliales y ocasiona frecuentemente irritación local por lo que su uso es discutido. Coagulación Infrarroja y terapia fotodinámica: ciertos autores la proponen en lesiones de bajo o alto grado, pero su uso es controversial porque generan efectos colaterales muy a menudo y sobretodo en pacientes HIV+, destacando un alto índice de recidivas, solo hay casos aislados publicados. Resección local de base ancha: con margen de 1 cm , tiene riesgo de estenosis incontinencia y aumenta el índice de recurrencia dada la multifocalidad de las lesiones. Destrucción guiada por anoscopio de alta resolución: identifica y destruye la lesión en AIN de alto grado sin la morbilidad de la resección local pero con mayor riesgo de recurrencia o persistencia de la enfermedad. Seguimiento y control de la Neoplasia Anal Intraepitelial.(19) AIN 1-2 HIV- AIN 3 HIV+ Control c/ 12 meses Todos Control c/ 4-6 meses No cambia Sospecho lesión No cambia Observo Biopsia y/o Resección Observo Bibliografía: 1) Wilkins K. MD, Turner R. MD, Dolev J. MD, et al Cutaneous malignancy and human immunodeficiency virus disease J Am Acad Dermatol 2006; 2 189-206. 2) Midis G.; Feig B. Cáncer de Colon, recto y ano. En M.D. Anderson Oncología.Segunda edición 2000 Ed. Marban, 178: 213-220. 3) Lamas Aainzuín C. Payet Garreta C. Cáncer de Ano. Anales de la Facultad de Medicina Universidad Mayor de San Marcos. 1967; 2. 4) Albarracín A.; Blazuez M. Cáncer de Ano. Publicación del Hospital General Uiversitario de Murcia Reina Sofía. 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Ana Vilas 1) Anatomía Patológica de los Tumores de canal y margen anal a. Tumores de canal anal 1. Tumores epiteliales 2. Carcinoma 3. Tumores neuroendócrinos. 4. Tumores no epiteliales b. Tumores de margen anal 2) Cómo obtener y conservar muestras de tejidos para Anatomía Patológica 3) Bibliografía Anatomía Patológica de los Tumores de canal y margen anal A pesar de su corta longitud el canal anal produce una variedad de tipos tumorales que refleja una estructura anatómica e histológica compleja, ya que se identifican componentes escamosos, glandulares, transicionales y melanocíticos (1, 2). Antes de presentar las diferentes variantes histológicas del canal anal, debería enfatizarse que el sitio de origen de estos tumores es la cuestión más importante; debiéndose distinguir los neoplasmas que surgen por encima o debajo de la línea dentada. Los carcinomas que surgen por encima de la línea dentada son 3 veces más frecuentes que los tumores que surgen debajo de ella, siendo 2-3 veces más comunes entre mujeres que en hombres, con un promedio de edad al diagnóstico de 60 años. Son neoplasmas que surgen de la mucosa del sector anal superior (zona de transición). A menudo es difícil de verificar el origen preciso del neoplasma, tanto endoscopica como macroscópicamente ya que éstos pueden destruir los límites anatómicos normales. El manejo quimioterápico de los carcinomas de la zona también pueden afectar la habilidad del patólogo en determinar el origen de los neoplasmas ya que la mayoría de los pacientes reciben una combinación de quimio y radioterapia luego del diagnóstico biópsico; por lo tanto evitan la resección primaria. La diseminación más común es al recto bajo y puede comprometer ganglios perirectales y paravertebrales (como los tumores rectales) (2, 3). Los carcinomas que surgen por debajo de la línea dentada son 4 veces más frecuentes en hombres que en mujeres y virtualmente todos corresponden a Carcinomas escamosos, en contraste a la variedad de los que surgen por encima de ella. La gran mayoría en la práctica diaria corresponde al diagnóstico de Carcinoma escamoso y sus precursores. La tasa de incidencia de éstos es aún baja, aunque ha tenido un incremento significativo en los últimos 50 años. Identificándose el DNA del HPV en la mayoría de éstos. Aparecen particularmente en riesgo los hombres homosexuales infectados por HIV (1, 3). Las condiciones preexistentes son más comunes en esta topografía e incluyen: condilomas, enfermedad de Bowen, fístulas crónicas, prurito crónico e historia de radioterapia. La presentación clínica en los tumores precoces corresponde a nódulos firmes y pequeños; siendo tumores ulcerados los casos avanzados. Las metástasis pueden presentarse en los ganglios inguinales y femorales, siendo poco frecuentes las metástasis viscerales de un carcinoma escamoso localizado en esta topografía. Los carcinomas que surgen en el sector anal más distal, en la unión de la mucosa anal y la piel provista de pelos se estadifican de acuerdo a los criterios usados con los tumores de piel (2). La importancia de esta distinción se basa en que las vías de diseminación linfática son diferentes como ya fue mencionado y también condiciona el tratamiento. Topografia Por encima de la línea dentada: Relación F:M es de 3:1 Mayor variedad histológica Diseminación linfática: ganglios perirrectales y paravertebrales Por debajo de la línea dentada: Relación F:M es de 1:4 Predomina el Carcinoma epidermoide Diseminación linfática: ganglios inguinofemorales La topografía no siempre es posible de precisar: Destrucción de la anatomía por el tumor Debido a la neoadyuvancia Los Tumores de canal anal siguen la Clasificación histológica de la OMS del 2000, la cual detallaremos a continuación (1). Tumores de canal anal Tumores epiteliales Neoplasia intraepitelial La neoplasia intraepitelial anal (AIN) en la zona de transición y en la zona escamosa, ha sido denominada displasia, carcinoma in situ y lesión escamosa intraepitelial anal (ASIL). Las lesiones correspondientes a la piel perianal son comúnmente referidas como Enfermedad de Bowen. La terminología es compleja por el hecho de que los cambios precancerosos no siempre se restringen a una sola área (1, 4). Neoplasia intraepitelial anal (AIN). La Neoplasia intraepitelial anal (displasia de células escamosas en canal anal) a menudo es un hallazgo incidental en especimenes quirúrgicos resecados por patología benigna. Cuando se identifica microscópicamente la misma se presenta como un área papilomatosa o eczematoide, o como placas o pápulas. Ésta última puede ser irregular, elevada, costrosa, blanquecina, pigmentada o eritematosa y ocasionalmente fisurada. La induración o ulceración pueden indicar invasión. Histológicamente se caracteriza por pérdida de la estratificación y de la polaridad nuclear, así como pleomorfismo nuclear e hipercromasia en grado variable, y aumento en la actividad mitótica, con presencia de mitosis en el sector alto del epitelio (Fig 1). La superficie puede o no estar queratinizada y pueden encontrarse coilocitos, que corresponden a cambios citopáticos virales por HPV (1-3). (Fig 2). Se grada AIN en I, II, y III, o displasia leve, moderada y severa; pudiendo ser más apropiado un sistema de 2 grado (bajo (I) y alto grado (II-III)) (1, 3, 4). a) b) Fig 1. AIN. Pérdida de la estratificación y de la polaridad nuclear, así como pleomorfismo nuclear e hipercromasia en grado variable, y aumento en la actividad mitótica con presencia de mitosis en el sector alto del epitelio (H&E a) 20x y b) 40x). Fig 2. Cambios citopáticos virales por HPV, halo claro perinuclear, con irregularidad de su contorno (coilocitos). Displasia escamosa en el margen anal-Enfermedad de Bowen. Es un término usado para el carcinoma escamoso in situ de margen anal (el sector expuesto que puede visualizarse clínicamente, en contraste con la lesión en zona de transición, dentro del canal, en la línea dentada) (3). Clínicamente se presenta como un área blanquecina, rojiza o amarronada en la piel perianal que puede estar en continuidad con lesiones displásicas del canal anal. Histológicamente muestra displasia y mitosis en todo el espesor escamoso (Fig 3) (y a veces del epitelio pilo sebáceo (Fig 4)), con maduración desordenada y presencia de disqueratosis. Como el AIN, se asocia al HPV. Tiene gran tendencia a recurrir luego del tratamiento local pero sólo el 4% progresa a un Carcinoma escamoso infiltrante La enfermedad de Bowen debe distinguirse de la Papulosis Bowenoide que es histológicamente similar pero con un curso clínico benigno, con resolución espontánea; caracterizada por pápulas o placas múltiples de 2 a 10 mm de coloración rojiza. La distinción debe hacerse en conjunto (clínica y patológica). (1-4). a) b) Fig 3. Enfermedad de Bowen, se identifica marcado pleomorfismo citonuclear, multinucleación y queratinización intracelular a), estando el margen de resección en contacto con la lesión (marcado con tina china) b) Fig 4. Enfermedad de Bowen, Diseminación de la lesión en anexos cutáneos. Las lesiones precursoras del epitelio escamoso están vinculados al Virus del Papiloma Humano (HPV) Neoplasia glandular intraepitelial. Es un hallazgo inusual y se grada de la misma forma que en colorecto (1) Enfermedad de Paget. La enfermedad de Paget extramamaria usualmente afecta sitios con alta densidad de glándulas apócrinas, tal es el caso de la región anogenital, donde se presenta como una placa eritemato eczematoide de diseminación lenta, que puede extenderse hasta la línea dentada. Histológicamente el sector basal o todo el espesor del epitelio escamoso, está infiltrado por células grandes con abundante citoplasma claro y gran núcleo. La misma reacciona con técnicas que marcan la mucina y casi siempre son citoqueratina 7 positiva en la inmunohistoquímica (1). Puede presentarse histológicamente con hiperplasia epidérmica de grado variable (5). La enfermedad de Paget anal corresponde a 2 entidades. La mitad de los casos se asocian con una neoplasia sincrónica o metacrónica (con marcado epidermotropismo), a menudo adenocarcinoma colorectal, pero también de origen prostático o urotelial. La otra mitad no se asocia a otra neoplasia pero tiene alta recurrencia y puede transformarse en invasora (1-3). Los diagnósticos diferenciales son Melanoma, Enfermedad de Bowen y vacuolización artefactual de las células escamosas de la epidermis (4); por lo que se justifica solicitud de inmunohistoquímica frente a lesiones de comportamiento y pronóstico tan diferente. Enfermedad de Paget Anal 50% Asociada a neoplasia sincrónica o metacrónica 50% No se asocia a otra neoplasia Carcinoma Carcinoma de células escamosas (epidermoide) Corresponde al 1 a 3 % de todos los cánceres del intestino distal (2). Se presenta entre pacientes de la 6ª o 7ª década de la vida y en adultos jóvenes con incompetencia en la inmunidad celular (1). El carcinoma escamoso de canal anal está etiológicamente relacionado con el HPV, y su incidencia aumenta entre los inmunodeprimidos como lo confirman los datos aportados por el programa Surveillance, Epidemiology, and End Results que analiza la incidencia del carcinoma escamoso de canal anal en relación a 3 períodos separados, durante la epidemia HIV: antes de la era HIV (1973-1981), durante la era HIV (1982-1995), y en la era de terapia antiretroviral (highly active antiretroviral treatment HAART) (1996-2001). La incidencia por 100,000 habitantes de carcinoma escamoso de canal anal aumentó de 0.6 en el primer período, a 0.8 en la era HIV, y a 1.0 en la era HAART. Se vio que hay un aumento significativo en la incidencia entre hombre y mujeres de entre 30 a 54 años en la era HAART comparada con la era HIV. La diferencia en la incidencia en carcinoma escamoso de canal anal entre mujeres y hombres disminuyó de una relación de 1.6:1 en la era pre-HIV a 1.5:1 en la era HIV y a 1.2:1 en la era HAART (6). El diagnóstico clínico de un tumor anal debería ser confirmado siempre por examen histológico (1). Macroscópicamente el tumor puede presentarse como una ulceración o fisura con márgenes indurados o apenas exofíticos, y margen anal con dermatitis crónica. La lesión puede tener coloración diferente del sector adyacente. Si se desarrolla ulceración e infiltración la lesión se torna fija a las estructuras subyacentes y puede sangrar. En los estadios avanzados, la musculatura esfinteriana está profundamente infiltrada aunque haya poca ulceración mucosa. Dada la terapéutica actual raramente se reciben grandes piezas de resección quirúrgica. La detección de enfermedad residual puede ser difícil de identificar por imagenología debido a la fibrosis local. En tales casos se recomienda una biopsia con aguja de tipo tru-cut de todo el espesor transanal. Puede ser necesaria la determinación por inmunohistoquímica de células residuales, con citoqueratina de alto peso molecular (CKs) (1). Carcinoma escamoso de canal anal Puede tener diferentes patrones: queratinizante, integrado por células grandes de citoplasma eosinófilo con queratinización unicelular o con cebolletas córneas (Fig 5); basaloide, integrado por células pequeñas con empalizada nuclear en periferia de los islotes tumorales; y pueden tener centros necróticos. Puede encontrarse áreas con escasa queratinización y no reúne los criterios para tipificar de patrón basaloide (Fig 6). Puede haber combinación de patrones y pueden encontrarse áreas tubulares (por acantolisis) o fusiformes (Carcinoma indiferenciado) (1-4). El frente de infiltración puede ser irregular o circunscrito, y el infiltrado inflamatorio linfoide puede ser pronunciado o ausente. Ninguno de estos rasgos ha probado tener un significado pronóstico, pero la poca queratinización, el patrón basaloide y las células pequeñas se relacionan con la infección por HPV de alto riesgo (1-2). a) b) Fig 5. Carcinoma escamoso queratinizante con presencia de cebolletas córneas (H&E a) 10x, b) 40x). a) b) Fig 6. Carcinoma escamoso con escasa queratinización (H&E a) 10x, b) 40x). Los carcinomas escamosos que se identifican por encima de la línea dentada frecuentemente no son queratinizantes y anteriormente se los denominaba como cloacogénicos o transicionales siendo actualmente variantes del carcinoma escamoso (OMS, 2000) (1, 7). Los carcinomas escamosos que surgen por debajo de la línea dentada muestran patrón queratinizante frecuentemente (3). El grado pobremente diferenciado se correlaciona con peor pronóstico, especialmente si se define solamente por la infiltración unicelular. El diagnóstico habitual es a través de pequeñas biopsias por lo que no se recomienda la gradación, dado que éstas pueden no ser representativas de todo el tumor. Por lo tanto se recomienda el uso del término genérico de carcinoma escamoso (1, 3). Hay 2 subtipos histológicos que tienen curso biológico diferente, siendo desfavorable en ambos. Uno de ellos es el carcinoma escamoso con microquistes mucinosos que se caracteriza por áreas con acinos o espacios quísticos que contienen mucina, que se marca con la tinción de Alcian o con PAS con digestión. El otro corresponde al Carcinoma de células pequeñas (anaplásico) que presenta un patrón uniforme de células pequeñas con amoldamiento nuclear, alto índice mitótico, con infiltración difusa del estroma adyacente. No debe confundirse esta variante con el Carcinoma neuroendócrino pobremente diferenciado, siendo útil la inmunohistoquímica para hacer la distinción entre ambos (1, 4). Carcinoma escamoso de margen anal A veces la distinción del carcinoma de canal anal del de margen anal puede ser difícil ya que pueden estar involucradas ambas áreas; siendo éste último de mejor pronóstico, y la variante queratinizante la más frecuente (1). Carcinoma de células escamosas Carcinoma escamoso de canal anal • 75-80% del total de tumores • Patrón histológico variado con o sin queratinización • Sobrevida a 5 años: 60-86% Carcinoma escamoso de margen anal • 15% del total de tumores • Carcinoma escamoso bien diferenciado con patrón infiltrativo • Sobrevida a 5 años: 70-89% a) Carcinoma verrucoso. En el área anogenital este tumor se denomina Condiloma gigante (maligno) o Tumor de Buschke-Lowenstein. Tiene una apariencia de coliflor, siendo de mayor tamaño que el condiloma usual con un diámetro mayor a los 12 cm y falla en la respuesta al tratamiento conservador. Presenta un patrón de crecimiento exofítico y endofítico, éste ultimo patrón lo diferencia del condiloma. Histológicamente muestra acantosis y papilomatosis con una arquitectura ordenada de las capas epiteliales y con una base intacta pero a menudo irregular con proyecciones expansivas y quistes rellenos de queratina. El crecimiento endofítico destruye los tejidos subyacentes. Las células epiteliales son monomorfas de aspecto benigno, con mínima displasia y mitosis que se restringen a las capas basales. Se ha encontrado HPV en estos carcinomas siendo los tipos 6 y 11. Se estima que sea un estadio intermedio entre el condiloma común y el Carcinoma de células escamosas; siendo el curso clínico típicamente destructivo en lo loco regional sin metástasis (1-4). Carcinoma verrucoso: Carcinoma escamoso bien diferenciado de bajo grado con propensión al crecimiento local agresivo con baja incidencia de metástasis. Histológicamente es virtualmente idéntico a un condiloma b) Adenocarcinoma El adenocarcinoma de canal anal surge en el epitelio del canal anal, incluyendo la mucosa superficial, las glándulas anales, el revestimiento de los trayectos fistulosos (1, 2), o en duplicación intestinal (8). Las características clínicas no difieren de las del Carcinoma escamoso, aunque la variante mucinosa puede tener asociada una descarga mucoide (2). Los adenocarcinomas perianales pueden presentarse como tumores submucosos, a veces en combinación con fístulas. Ocasionalmente puede asociarse a Enfermedad de Paget como lo vimos anteriormente (1). Los adenocarcinomas que surgen en mucosa anal corresponden a la mayoría de los adenocarcinomas encontrados en el canal anal y representan la diseminación hacia abajo del adenocarcinoma rectal o surgen en mucosa de tipo colorectal encima de la línea dentada. Macroscópica e histológicamente no difieren del adenocarcinoma colorectal usual, y no parecen representar una entidad especial excepto por su localización baja (1, 3). Luego de una proctocolectomía por colitis ulcerosa puede surgir un adenocarcinoma en la zona de transición (1). El adenocarcinoma extramucoso (perianal) tiene como criterio mínimo diagnóstico que la mucosa que lo recubre no sea neoplásica la cual puede estar ulcerada. No son muy frecuentes y dificultades en el correcto diagnóstico pueden retrasar el tratamiento adecuado. Estos adenocarcinomas suelen entrar en 2 grupos, basados en su asociación con las fístulas (usualmente son Adenocarcinoma de tipo mucinoso (Fig 7 y 8) o remanentes de glándulas anales (Adenocarcinoma con áreas ductales y mucinosas) (1). La gradación de los adenocarcinomas anales es similar a la de los adenocarcinomas colorectales y el pronóstico se relaciona con el estadio al momento del diagnóstico y es más pobre que en el Carcinoma escamoso (1, 3, 4). a) b) Fig 7. Adenocarcinoma mucinoso de canal anal: Pieza de amputación abdómino perineal (a), que ulcera por encima de la línea pectínea (b) e infiltra por encima y por debajo de ella (flecha) (c). c) a) b) b) d) Fig 8. Adenocarcinoma mucinoso en donde se identifica tumor que infiltra musculatura esfinteriana (a); constituida lagos mucinosos (b) en sectores revestidos por células epiteliales atípicas (c) y flotando en dicho material (d). Adenocarcinoma 3-11% de todos los carcinomas anales Peor pronóstico que Carcinoma escamoso c) Tumores neuroendócrinos. Pueden surgir a nivel anal, siendo muy inusuales en esta topografía y se clasifican de forma convencional como los rectales. Tumores no epiteliales d) Melanoma maligno Aunque la topografía anorectal es el sitio más común del tracto alimentario para el melanoma primario, aún así es muy raro siendo el 0.05% de todas las neoplasias malignas de colorecto diagnosticadas cada año (4). Se presenta en adultos con un amplio rango etáreo (28 a 83, con un pico de incidencia a los 63 años). La presentación clínica es semejante a lesiones anales benignas, como sangrado y dolor, pudiéndose confundir con hemorroides trombosadas (2, 3, 10); pero pujos y tenesmos así como cambios en hábitos defecatorios también pueden darse. Esto contribuye a que el estadio sea avanzado (1, 2, 10), o ya diseminado al momento del diagnóstico (11). Macroscópicamente las lesiones pueden ser sésiles o polipoides, adyacentes o en la línea dentada (Fig 9). Son pigmentados en 80% de los casos y pueden presentarse nódulos satélites (1, 2, 10). Microscópicamente son similares a los melanomas cutáneos. El 66% de las lesiones son pigmentadas y el tercio restante son amelánicas (4). La mayoría muestran actividad de la unión adyacente al tumor infiltrante, y este hallazgo evidencia que la lesión es primaria y no metastásica. Cuando la lesión no es pigmentada y no se identifica actividad de la unión es necesario realizar técnicas de inmunohistoquímica a fin de tipificar la estirpe de la lesión, siendo positiva para S-100 y HMB45. El espesor tumoral (nivel de Breslow) se correlaciona con el pronóstico como en otras topografías, siendo de peor evolución los que miden más de 2 mm. Las metástasis ganglionares y hemáticas son frecuentes al momento del diagnóstico, con pobre pronóstico; siendo la sobrevida a 5 años de 10% a 15% (1, 2) . a) b) Fig. 9. Melanoma de canal anal. a) Se identifica lesión vegetante por encima de la línea dentada, comprometiéndola. b) Infiltra la pared del órgano en forma transmural. Cortesía Dra. Rossana Fernández. Hospital Saint Bois. Melanoma Menos del 1% de todos los tumores anales Anorecto es el sitio más común de melanoma primario 26% de pacientes con metástasis al momento del diagnóstico Sobrevida a los 5 años de 6 a 22% e) Tumores mesenquimáticos y neurogénicos. Todos ellos son raros. Los casos reportados en esta topografía incluyen: hemangioma, linfangioma, hemangiopericitoma, leiomioma, histiocitoma fibroso maligno, leiomiosarcoma, rabdomioma, rabdomiosarcoma en niños y adultos, fibrosarcoma, schwanoma y neurofibroma, tumor de células granulares, lipoma, ependimoma extraespinal y GIST (1, 12). Los pacientes HIV positivos, además del riesgo incrementado de neoplasia escamosa, pueden desarrollar Sarcoma de Kaposi en área perianal (1, 13). f) Linfoma El linfoma primario de región anorectal es raro en la población general, pero más frecuente en los pacientes con SIDA, particularmente los hombres homosexuales (1, 13, 14). Todos son Linfomas de tipo B siendo los tipos más frecuentes los de células grandes inmunoblásticos o pleomórficos. La histiocitosis de células de Langerhans ha sido descrita en niños y adultos (1). g) Tumores secundarios Las metástasis al canal anal y piel perianal son raras. La mayoría de los primarios se encuentran en colon y recto, pero ocasionalmente en el tracto respiratorio, mama y páncreas. Hay pocos reportes de Carcinoma escamoso metastático, linfoma, leucemia, mieloma y granuloma eosinófilo que comprometen el canal anal. Clínicamente, las metástasis anales causan síntomas similares a los primarios de la zona (1). B) Tumores de margen anal Carcinoma de células basales de margen anal Es el tumor de piel más común, se encuentra habitualmente en áreas expuestas al sol y solo un centenar de casos han sido reportados. No se relaciona a la infección por HPV. Se presenta como un área indurada, con bordes elevados perlados y umbilicación central, ubicado en piel perianal pero ocasionalmente involucra la zona escamosa debajo de la línea dentada. Histológicamente muestra la misma variación en la morfología que en otras topografías, con patrón sólido (Fig 10) o adenoide. El tratamiento usual es la exéresis local siendo las metástasis extremadamente raras. Por lo tanto es de suma importancia distinguirlo de un carcinoma escamoso y es particularmente difícil en pequeñas biopsias (1). a) b) c) Fig 10: Carcinoma basocelular con patrón sólido (H&E 4 (a), 10(b) y 40x (c)). Cómo obtener y conservar muestras de tejidos para Anatomía Patológica El material que podemos obtener corresponde a: material citológico; biopsias y resección abdómino perineal (15). a) Material Citológico El screening para carcinoma escamoso invasor y sus precursores en población de alto riesgo (pacientes HIV positivos, hombres HIV negativos que tienen sexo con otros hombres y mujeres con Carcinoma escamoso genital), ha tenido mayor apoyo como una estrategia para prevenir el cáncer; sin embargo no ha sido ampliamente adoptada a pesar de haber programas que justifican su costo beneficio (1, 2, 16- 19). El screening citológico (test de Papanicolau anal) es una técnica desarrollada y validada para el análisis cervical; con ésta pueden ser detectadas lesiones precursoras y neoplásicas del canal anal. La técnica para realizarla es simple. No se requiere el uso de un anoscopio. No se necesita una preparación especial del paciente, aunque debe comunicársele que debe abstenerse de tener coito anal receptivo o el uso de preparaciones intra anales antes del examen (20). Se rotula una lámina con lápiz en extremo esmerilado con datos del paciente y se llena un formulario con los datos completos del paciente así como los datos clínicos relevantes (Enfermedades de Transmisión Sexual, neoplasmas genitales, inmunosupresión, enfermedad inflamatoria colónica, fumador/a) y hallazgos de la inspección (15, 16). La muestra puede ser tomada con el paciente en decúbito lateral o dorsal. La misma se toma sin la visualización directa del canal anal, colocando el cepillo para recolectar la muestra en el canal a 5-6 cm del margen anal a fin de obtener muestra de la zona de transición. Un extendido de la piel perianal no es una muestra satisfactoria para ser evaluada. Con el cepillo se hacen extendidos, que serán fijados inmediatamente en alcohol etílico al 95º. La citología ano rectal es interpretada e informada usando el Sistema Bethesda 2001 al igual que en cuello uterino, en ambas se evalúan los cambios asociados con HPV utilizando los mismos criterios citomorfológicos (17, 20). Los resultados pueden ser categorizados como: normal, atípico, lesión escamosa intraepitelial de bajo grado (LSIL), o lesión escamosa intraepitelial de alto grado (HSIL). Siendo el HSIL el probable precursor del cáncer invasor. La terminología utilizada a menudo como sinónimo de HSIL incluye a la Neoplasia Anal intraepitelial (AIN II-III) o carcinoma in situ, mientras que LSIL es equivalente a AIN I. El término más apropiado para los resultados de citología anal es SIL Anal (ASIL) mientras que AIN es más apropiado para los resultados histológicos. Una vez que se identifican anomalías citológicas, se recomienda una anoscopía de alta resolución – la contraparte de la colposcopía cervical (17) y biopsia si se identifican lesiones (21). Citología Screening de lesiones malignas y sus precursores en pacientes de alto riesgo Confirmación con estudio biópsico ulterior de la lesión b) Biopsias Las biopsias que podemos obtener son las que se realizar por métodos endoscópicos, por escisión local u otras. Dado que los pacientes en su mayoría se resuelven con radio y quimioterapia; el diagnóstico biópsico es particularmente importante (3, 22). El patólogo debería pedir la rebiopsia cuando las mismas son demasiado superficiales como para diagnosticar invasión (3). La localización del tumor en la región anal debería notificarse de ser posible (1, 15). La correcta evaluación de la localización puede ser compleja por varios factores, como ser la poca frecuencia en recibir amplias piezas de resección de los tumores anales (lesiones pequeñas de margen anal o seguido del fracaso de las otras modalidades terapéuticas). Además la determinación precisa de la localización primaria del tumor en una biopsia es muy difícil o imposible. El estadio del neoplasma es algo también difícil o imposible de determinar solamente con un fragmento biópsico (15). Dado que el estado de los márgenes de resección son relevantes, la pieza de resección escisional deberá ser estaqueada y contar con la orientación de la misma a fin de poder valorarlos correctamente tanto macro como microscópicamente (15). (Fig 11) Figura 11: Pieza de escisión quirúrgica de lesión de canal anal que se recibe estaqueada y orientada (fijada en formol al 10%). La fijación utilizada es la de formol al 10% (idealmente tamponado), en cantidad proporcional al volumen del espécimen, la misma es de vital importancia tanto para valorar la pieza correctamente con técnicas convencionales (H&E) así como otros estudios de ser necesario (inmunohistoquímica). Se deben adjuntar los datos patronímicos y clínicos relevantes de igual forma a la mencionada previamente. En biopsias pequeñas es necesaria notificar topografía En biopsias excisionales es necesaria la orientación de la misma c) Amputación abdómino perineal Raramente se reciben grandes piezas de resección quirúrgica por esta patología (1). La misma debe venir cerrada, al igual que los neoplasmas rectales a fin de poder valorar la calidad de la resección mesorectal (por ser una de las vías de diseminación de esta toporafía) y el margen circunferencial. En las piezas de resección es el tamaño antes que la profundidad, la que determina el estadio T en los cánceres anales (T1 es ≤ 2 cm; T2 es 2 a 5 cm; T3 es > 5cm, y T4 comprende la invasión a otros órganos adyacentes) (3). Los ganglios resecados que no vienen en bloque con la pieza de resección deberán venir rotulados con la topografía a la que pertenecen así poder determinar se corresponden a ganglios regionales (N: perirrectales, ilíacos internos e inguinales superficiales y profundos); o metástasis a distancia (M) (15). La fijación utilizada es la de formol al 10% (idealmente tamponado),en cantidad proporcional al volumen del espécimen, la misma es de vital importancia tanto para valorar la pieza correctamente con técnicas convencionales (H&E) así como otros estudios de ser necesario (inmunohistoquímica). Se deben adjuntar los datos patronímicos y clínicos relevantes de igual forma a la mencionada previamente. Raramente se recibe este tipo de pieza de resección por esta patología En la pieza de resección cerrada es posible valorar de manera adecuada la calidad de la resección mesorrectal y el margen circunferencial Bibliografía 1) Fenger, C.; Frisch, M; Marti, M.C.; Parc, R. Tumor of the anal canal. In: Pathology & Genetics Tumors of the Digestive System. World Health Organization Classification of Tumors. Lyon 2000; 7:145-155. 2) Iacobuzio-Donahue, C. Inflammatory and Neoplastic Disorders of the Anal Canal. In: Surgical Pathology of the GI Tract, Liver, Biliary Tract and Pancreas. Eds. Odze, R; Goldblum, J; Crawford, J. Saunders, 2003; 24:553-566. 3) Montgomery, E. Anus: Malignant Neoplasms and Preneoplastic Lesions. In: Biopsy Interpretation of the Gastrointestinal Tract Mucosa. Philadelphia 2006; 10:335-357. 4) Adair, C. Pathology of the Anus. In: Gastrointestinal and Liver Pathology. Iacobuzio-Donahue, C; Montgomery, E. Ed. Goldblum, J. 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De manera que debe conocer y pensar en las estructuras en profundidad que pueden estar lesionadas. Las lesiones asociadas del recto extra peritoneal y en particular del aparato urogenital hacen que el manejo deba ser realizado por un equipo multidisciplinario. De todas formas centraremos el enfoque diagnóstico y terapéutico frente al trauma anoperineal. El trauma anoperineal accidental es poco frecuente, no así la lesión iatrogénica vinculada fundamentalmente al trauma obstétrico, cuya incidencia es mayor pero difícil de establecer. (1) Por otro lado, el contenido hiperséptico del recto y los espacios celulosos pelvianos mal vascularizados conllevan un alto riesgo de infección, con celulitis pelviana, retroperitonitis y sepsis responsables de la elevada morbimortalidad de estas lesiones. Reseña Histórica El traumatismo anoperineal es indisociable del traumatismo de recto subperitoneal. Las pautas de tratamiento de las lesiones anorrectales de la vida civil, surgieron de la experiencia ganada en tiempos de guerra. Es recién en la guerra de Vietnam cuando existe un verdadero descenso de la morbimortalidad de las lesiones rectales con el agregado a la colostomía del drenaje presacro y el lavado del recto distal. (2) Pero estas herramientas terapéuticas no deben extrapolarse siempre a las heridas accidentales de la vida civil y menos aún a las lesiones iatrogénicas de la región anoperineal. De manera que estas lesiones continúan siendo un desafío no solo diagnóstico sino también terapéutico. Anatomía No insistiremos en detalles anatómicos que son tratados en otro capítulo, simplemente recordar que los límites del periné, están dados por un marco osteofibroso que tiene forma romboidal donde el vértice anterior está dado por el borde inferior de la sínfisis pubiana y las ramas isquiopubianas. El vértice posterior lo marca la extremidad del cóccix y los ligamentos sacrociáticos mayores. Mientras que las tuberosidades isquiáticas son los vértices laterales. Esta superficie romboidal es dividida en dos triángulos por una línea transversal entre las dos tuberosidades isquiáticas. Queda delimitado así un triángulo posterior (o triángulo anorectal) atravesado por la parte anal del recto, es el periné posterior o periné anal. Un triángulo anterior (o triángulo urogenital), atravesado por la uretra en el hombre y por la uretra y la vagina en la mujer es el periné anterior o diafragma urogenital. En el periné posterior no existen los planos musculoaponeurótico superficial ni medio. Constituido solo por el plano profundo, (compartido con el periné anterior) está ocupado por el conducto anal, el esfínter externo del ano, en núcleo fibroso central del periné y la fosa isquiorrectal o espacio pelvirrectal inferior. Etiología Esta es muy diversa, pero se pueden establecer dos grandes grupos de traumatismos anorrectales. (3) 2) Traumatismos accidentales B) Traumatismos penetrantes (arma de fuego, arma blanca, empalamientos, cuerpos extraños) C) Traumatismo cerrado (accidente de tráfico, accidente laboral, accidente deportivo, barotrauma, aplastamientos) 3) Traumatismos iatrogénicos (Tabla 1) Tabla I. Causas de traumatismos iatrogénicos 1. Procedimientos diagnósticos Enema de baritado. Sonda rectal. Endoscopía. 2. Procedimientos terapéuticos Cirugía ginecológica, urológica o digestiva. Cirugía anal, fisura, fístulas, hemorroides. Cirugía tocoginecológica, episiotomía, fórceps, legrado e histerectomía. Cirugía urológica, biopsia de próstata, prostatectomía, cistectomía. Cirugía traumatológica 3. Cuerpos Extraños Ingeridos por vía oral (huesos, espinas, prótesis dentales, mondadientes) Introducidos por vía anal Fecalomas. 4. Otros A) Procedimientos diagnósticos. B) Procedimientos terapéuticos. C) Cuerpos extraños. D) Otros. Por lejos la causa más frecuente de traumatismo anoperineal es la iatrogénica, en particular la causada por lesión obstétrica y la producida por procedimientos anorrectales. El desgarro perineal durante el parto es un hecho relativamente frecuente. La laceración del esfínter anal (desgarro perineal de tercer grado) o del canal anal (desgarro perineal de cuarto grado), pueden producirse por una herida profunda o como resultado de una episiotomía extensa. Los factores de riesgo asociados a estas lesiones incluyen el alto peso del niño al nacer, primigestas, desgarros previos, instrumentación y la episiotomía media con respecto a la mediolateral. La lesión esfinteriana oscila entre un 0.25% a 23%, y más del 75% de éstas pacientes desarrollarán algún grado de incontinencia. (4,5) Grados variables de incontinencia pueden observarse en pacientes a quienes se realiza esfinterotomía interna lateral, así como luego de hemorroidectomía sobre todo en aquellas realizadas por procedimientos con stappler transanal (técnica de Longo). Pero es quizá en el tratamiento de las fístulas perianales donde puede producirse mayor lesión del esfínter anal, sobre todo en mujeres con fístulas anteriores, con grados variables de incontinencia. Otro capítulo importante lo constituyen los cuerpos extraños transanales, donde el pudor puede retrasar la consulta y presentarse como cuadros evolucionados. La variedad de objetos es tan amplia como la imaginación lo permita, consoladores, frutas, vegetales, botellas, tubos, etc. Menos frecuentes son los traumatismos accidentales, por trauma penetrante o cerrado. En los casos donde no hay una clara lesión de la región anoperineal, es fundamental la sospecha clínica. Por ejemplo las fracturas pelvianas pueden producir una lesión de recto subperitoneal. En trauma penetrante hay que sospechar esta eventualidad en cualquier herida de arma de fuego cuya entrada se encuentre entre 2 líneas horizontales que pasan por debajo del reborde costal y por encima del tercio medio de muslos. Encare diagnóstico El encare de todo paciente politraumatizado se realiza en base a la evaluación inicial según las pautas del Colegio Americano de Cirujanos. (6) Una vez controladas las lesiones que pueden potencialmente amenazar la vida, se procede a la evaluación secundaria a través del examen de la cabeza a los pies. Es en este momento donde pueden aparecer eventuales lesiones de la región anoperineal. Los antecedentes personales de cirugías en la región, episiotomía, eventual incontinencia son muy importantes. La inspección anoperineal debe ir seguida de un tacto rectal para evaluar tono del esfínter, eventuales soluciones de continuidad en la mucosa rectal y la presencia de sangre al guante elemento que traduce algún grado de lesión rectal que debe ser evaluada. Puede ser necesario en ocasiones dependiendo del mecanismo lesional la evaluación por urólogo o ginecólogo. La anoscopía y la rectosigmoidoscopía son evaluaciones fundamentales frente a la presencia de sangre o la sospecha de lesión rectal. La radiografía simple de abdomen tiene como objetivo evaluar eventuales cuerpos extraños, su número, topografía y para descartar la presencia de neumoperitoneo. En el caso de los cuerpos extraños intrarrectales, luego de su extracción debería realizarse la rectoscopía de rutina para descartar lesión rectal. Si hay más que una lesión superficial o un sangrado persistente, el paciente debe ser evaluado con un estudio con contraste hidrosoluble para descartar perforación. (7) El examen abdominal en busca de elementos de irritación peritoneal, es muy importante en busca de lesiones asociadas que puedan tener indicación de laparotomía. La tomografía axial computada abdominopélvica con contraste hidrosoluble intrarrectal también puede ser de utilidad. Manejo terapéutico Es muy distinto según el mecanismo lesional, (trauma cerrado o penetrante, o lesiones iatrogénicas), la estabilidad hemodinámica del paciente, las lesiones asociadas, la pérdida de tejido y la desvascularización, el grado de contaminación, y el tiempo de evolución de la lesión. (3) De todas formas el concepto que debe manejarse es el de debridamiento de los tejidos desvitalizados y el correcto drenaje con el objetivo de evitar la sepsis perineal. Las laceraciones superficiales si no sangran pueden dejarse abiertas o pueden suturarse con fines hemostáticos. En el traumatismo anoperineal puro la colostomía generalmente no es necesaria pero debe ser considerada cuando la lesión perineal es extensa sobre todo cuando hay desinserción del ano o cuando asocia lesión de recto subperitoneal en particular si afecta sus dos tercios superiores. De todas formas no debe realizarse en forma sistemática en toda lesión de recto subperitoneal y menos aún si es de tercio distal. (8,9) La otra controversia es en cuanto a que tipo de colostomía utilizar, poniéndose en duda la detransitación completa de la colostomía en asa. En general hay acuerdo en que la colostomía en asa a la Turnbull produce una derivación completa. (10) Fig 1 Figura 1. Colostomía en asa donde pueden apreciarse ambos cabos proximal y distal detransitados cuando es realizada con la técnica de Turnbull. En éste caso ya se ha retirado la barilla que sirve como sostén inicial. Eventualmente puede utilizarse la modificación de Burch realizando la colostomía en asa sobre varilla y cerrando el cabo distal con grapadora lineal. (11) Si se identifica lesión del esfínter la decisión pasa por realizar o no una reparación inmediata. Las lesiones de esfínter interno o las lesiones limitadas del esfínter externo pueden dejarse sin reparar con bajo riesgo de incontinencia ulterior. (7) En pacientes estables, con poca pérdida de tejido, con lesión del esfínter externo, puede realizarse la reparación esfinteriana. Surge el problema de que tipo de reparación esfinteriana realizar, plicatura del esfínter, sutura borde a borde, reparación postanal de Parks, o esfinteroplastia (overlapping o solapado de los cabos). En la situación aguda cuando se opta por una reparación primaria, el objetivo es la identificación de ambos cabos y su aproximación borde a borde con polidioxanona 2-0. En ésta situación es difícil el solapamiento de cabos porque en general queda a tensión y no hay una estructura sólida de amarre como es la fibrosis que se genera en la reparación en diferido. En pacientes con lesión esfinteriana por trauma obstétrico en situación electiva, la táctica se puede planear mejor, dado que se puede evaluar en forma más exhaustiva a la paciente. La ecografía endoanal nos muestra muy bien el esfínter liso como una capa circular hipoecoica y el externo hiperecoica. Fig 2 Figura 2. Ecografía endoanal de esfínter normal donde se observa el esfínter anal interno hipoecoico y el externo hiperecoico. La ecografía endoanal nos muestra la separación de los cabos y esta se puede medir en grados. Lesiones que superen los 150 grados en general no son pasibles de esfinteroplastia. Fig 3 Figura 3. Ecografía endoanal de una lesión obstétrica post episiotomía, donde se observa el esfínter anal interno hipoecoico, y el esfínter externo hiperecoico, señalándose el área lesionada de aproximadamente unos 120o. Foto cedida por el Dr. Eduardo García Granero. Hospital Clínico Universitario de Valencia – España. Estos pacientes pueden evaluarse además mediante estudio de latencia de los nervios pudendos. La lesión asociada de los pudendos se asocia con menores tasas de éxito de la reparación esfinteriana. (12) Desde el punto de vista técnico la esfinteroplastia se realiza mediante una incisión curvilínea transversal en el rafe perineal entre el ano y la vagina. El tabique rectovaginal se separa del anillo anorrectal. Se identifican los cabos del esfínter en la fosa isquiorrectal. Fig 4 Figura 4. Ambos extremos del esfínter anal externo se toman con pinzas de Babcock. Foto cedida por Dr. Eduardo García Granero, Hospital Clínico Universitario de Valencia – España. Es fundamental no resecar la cicatriz fibrosa de los extremos de los cabos dado que esta sirve de amarre para los puntos que fijarán esfinteroplastia. Durante la búsqueda de los cabos es importante no extender la disección más posterior que la línea que divide el hemiano anterior del posterior de manera de no lesionar los nervios pudendos. Los cabos se toman con pinzas de Babcock, solapando ambos cabos con puntos separados de polidioxanona 2-0. Fig 5. Figura 5. Los puntos deben ser pasados y reperados, para luego ser anudados de manera de solapar ambos cabos, observándose la esfinteroplastia finalizada. Abajo a la derecha se observa la imagen de la ecografía endoanal postoperatoria. Imagen cedida por Dr. Eduardo García Granero, Hospital Clínico Universitario de Valencia. Al finalizar la plastia, ésta debe permitir el paso de un dedo a traves del orificio anal. Luego de la reparación queda rearmado el núcleo central del periné, restando aproximar las partes blandas, y la piel, la cual puede dejarse entreabierta o cerrarla. En aquellas pacientes donde la lesión produjo un acortamiento de la distancia anovaginal puede realizarse una plastia de piel (Procedimiento conocido como anoplastia de Corman) Fig 6 Figura 6. En pacientes donde la distancia anovaginal está acortada, se puede realizar una anaplastia de Corman. Imagen cedida por Dr. Eduardo García Granero, Hospital Clínico Universitario de Valencia. Buenos a excelentes resultados se han reportados en 70 a 90% de las pacientes, pero mas del 50% recaen en incontinencia a los 5 años. (13) En las reparaciones en diferido, cuando hay lesión extensa de esfínteres, del periné, y de los nervios pudendos con incontinencia severa y no es posible la reparación del esfínter anal, una opción es la trasposición del músculo gracilils o recto interno. La intervención se basa en liberar el músculo gracilis de sus inserciones distales y trasponerlo hasta el canal anal por vía subcutánea, respetando el pedículo vasculonervioso de su tercio proximal. Fig 7 Figura 7. El músculo gracilis o recto interno es liberado y desinsertado de su sector distal, conservándose el pedículo vasculonervioso del sector proximal. Foto cedida por Dr. Eduardo García Granero, Hospital Clínico Universitario de Valencia – España. Puede enrollarse de varias maneras en torno al canal anal, (la más habitual en gamma) e insertarse en isquión o pubis en su porción tendinosa. (14) Fig 8 Figura 8. Una vez pasado el músculo por vía subcutánea se pasa entorno al canal anal, fijándose al pubis o a tubersidad isquiática. Foto cedida por Dr. Eduardo García Granero, Hospital Clínico Universitario de Valencia – España. Pero ha sido la estimulación eléctrica (graciloplastia dinámica) la que ha permitido incrementar el porcentaje de fibra muscular resistente a la fatiga, lo que en el caso del gracilis (músculo no resistente a la fatiga) ha mejorado sus resultados como neoesfínter. Algunos autores (14, 15) han desarrollado esta técnica de implantación de electrodos con resultados de éxito en torno al 70%. Manejo de las complicaciones El contenido hiperséptico del recto, los espacios celulosos perirectales, mal vascularizados, en comunicación con el espacio de Bogros y el retroperitoneo, hacen que las complicaciones infecciosas sean las más importantes y las más temidas. Fig 9 y 10 Una vez que se presentan estos casos extremos el debridamiento amplio con resección de tejidos desvitalizados y la detransitación son los pilares del tratamiento local, pero esto solo no es suficiente ya que son las disfunciones orgánicas multisistémicas las responsables de la elevada mortalidad de éstas complicaciones. Figura 9 y 10 Tomografía axial abdominopélvica que muestra abundante aire perirrectal, secundario a absceso de la fosa isquiorrectal, donde se observa el trayecto de aquel hacia el espacio pelvirrectal superior a través del elevador del ano y hacia el espacio de Bogros y raíz de muslo. Bibliografía 1. Alós R. Buch E, Cerdán J, et al. Traumatismos anorrectocolónicos. En Lledó S, editor. Cirugía colorrectal. Guías clínicas de la Asociación Española de Cirujanos. Madrid: Arán; 2000. p 423-439 2. Lavenson GS, Cohen A. Management of rectal injuries. Am J Surg 1971; 122: 226-230 3. Codina-Cazador A, Rodríguez-Hermosa JI, Pujadas de Palol M, et al. Estado actual de los traumatismos colorrectoanales. Cir Esp 2006; 79(3); 143-148 4. Abramowitz L, Sbhani I, Ganancia R, et al. Sphincter defects the cause of anal incontinence after vaginal delivery? Dis Colon Rectum 2001; 43: 590598 5. Warshaw JS. Obstetric anal Sphincter injury: Incidence, risk factors, and repair. 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