TRES HOMBRES SE
ENCUENTRAN CON
JESÚS
• En ese preciso momento se cruzaron con un extranjero, Simón de Cirene,
que venía del campo. Le cargaron la cruz y lo obligaron a llevarla al
Calvario. – {UE 128.2}
• Los hijos de Simón eran discípulos de Jesús, pero él no había aceptado al
Salvador. Después de esto, Simón estuvo siempre agradecido por el
privilegio de llevar la cruz del Redentor. La carga que le obligaron a llevar
llegó a ser el medio de su conversión. Los acontecimientos del Calvario y las
palabras pronunciadas por Jesús, indujeron a Simón a aceptarlo como el
Hijo de Dios. – {UE 128.3}
• …Los discípulos de Jesús podrían haberse adelantado y haberse ofrecido a
hacerlo, pero el temor les impidió realizar cualquier demostración de
lealtad a él. Qué gran privilegio fue el de Simón de llevar esa cruz y de tener
así una parte con Jesús en sus sufrimientos… (CBA)
• ¿Llevas tú una carga pesada sobre tus hombros?
• ¿Hay cosas en tu hogar o en tu trabajo que no están
marchando bien?
• ¿Hay una carga que te hiere los hombros desnudos?
• ¿Llevas acaso la carga de un itinerario de trabajo que te
mantiene constantemente cansado?
• ¿Llevas sobre tus hombros la carga de un problema de
salud?
• ¿Son muy pesados tus estudios y un desafío para tu fe?
• ¿Encuentras difícil observar el sábado al ir en pos de tus
objetivos?
• ¿Te sientes desanimado o solitario?
• ¿Te sientes obligado a llevar una cruz?
• “…Este hombre no era un criminal empedernido.
Había sido extraviado por las malas compañías,
pero era menos culpable que muchos de aquellos
que estaban al lado de la cruz vilipendiando al
Salvador. Había visto y oído a Jesús y se había
convencido por su enseñanza, pero había sido
desviado de él por los sacerdotes y príncipes.
Procurando ahogar su convicción, se había hundido
más y más en el pecado, hasta que fué arrestado,
juzgado como criminal y condenado a morir en la
cruz…” (DTG pg 78)
• “La necesidad actual más desesperada, tanto en la
iglesia como en el mundo en general, no es la de
una gran cantidad de personas inteligentes o llenas
de talentos, sino de personas espirituales.”
• Todos nosotros corremos el riesgo de que al tratar
con las cosas divinas, el hábito se vuelva una rutina
tal que perdamos la emoción y la energía
espirituales.
• Es posible ser indiferentes como el centurión
romano que observaba fríamente al Hombre
crucificado.
• Es posible ser insensibles e indiferentes y permitir
que la rutina eclipse lo sublime.