Santanderismo y bolivarismo: Dos matices en pugna David Bushnell Desarrollo Económico, Vol. 8, No. 30/31, América Latina 4#. (Jul. - Dec., 1968), pp. 243-261. Stable URL: http://links.jstor.org/sici?sici=0046-001X%28196807%2F12%298%3A30%2F31%3C243%3ASYBDME%3E2.0.CO%3B2-G Desarrollo Económico is currently published by Instituto de Desarrollo Económico y Social. Your use of the JSTOR archive indicates your acceptance of JSTOR's Terms and Conditions of Use, available at http://www.jstor.org/about/terms.html. JSTOR's Terms and Conditions of Use provides, in part, that unless you have obtained prior permission, you may not download an entire issue of a journal or multiple copies of articles, and you may use content in the JSTOR archive only for your personal, non-commercial use. Please contact the publisher regarding any further use of this work. Publisher contact information may be obtained at http://www.jstor.org/journals/ides.html. Each copy of any part of a JSTOR transmission must contain the same copyright notice that appears on the screen or printed page of such transmission. The JSTOR Archive is a trusted digital repository providing for long-term preservation and access to leading academic journals and scholarly literature from around the world. The Archive is supported by libraries, scholarly societies, publishers, and foundations. It is an initiative of JSTOR, a not-for-profit organization with a mission to help the scholarly community take advantage of advances in technology. For more information regarding JSTOR, please contact [email protected]. http://www.jstor.org Sun Oct 28 15:54:48 2007 SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO: DOS MATICES EN PUGNA DAVID BUSHNELL En toda la literatura bolivariana ha sido y es todavía un lugar común el asentar que los propósitos del Libertador se vieron frustrados por la incomprensión de sus contemporáneos. La frustración no fue total, claro está, porque al fin y al cabo los pueblos hispanoamericanos (menos las Antillas españolas) se independizaron de la antigua madre patria. Pero los anhelos del Libertador de estrechar unos vínculos permanentes de colaboración entre los pueblos ya independientes, de dotarlos de un régimen político a la vez sólido y liberal, y de promover hasta donde fuera posible la felicidad de los habitantes mismos, no se realizaron o se realizaron sólo en una pequeña parte. Y entre los admiradores del Libertador, que con toda razón constituyen una gran mayoría de los que se han ocupado de su obra, se ha acostumbrado atribuir esta falta de realizaciones a intereses mezquinos de sus adversarios o al hecho más fundamental de que su pensamiento genial se hubiera adelantado demasiado con relación a la época en que le tocó vivir -o quizá a intereses mezquinos y exceso de genio conjuntamente-. Ninguna de las dos explicaciones bastaría por sí sola para deslindar responsabilidades, aunque cada una encierra, sin duda, alguna porción de la verdad histórica. En todo caso, entre los presuntos responsables del proceso de frustración ha ocupado casi siempre un lugar destacado el prócer neogranadino Francisco de Paula Santander; y por consiguiente, al ponderar los logros y las decepciones de Bolívar, siempre habrá que tomar en cuenta las ideas y la actuación de aquél. No se trata a este respecto sino de una sola etapa de la vida pública de Santander, o sea la propiamente grancolombiana. Con 244 DAVID BTJSHNEU anterioridad, él había jugado un papel secundario en el ámbito de la "Patria Boba", cotnlo se ha dado en llamar a l primer período del movimiento emancipador de la Nueva Granada, y adquirió algún relieve sólo a partir de la reconquista española de 1816, cuando asumió la jefatura de los patriotas neogranadinos que se habían refugiado en los llanos de Casanare, al pie de la cordillera oriental de los Andes. En Casanare se hizo además colaborador del venezolano Bolívar, a quien acompañó en la campaña de Boyacá, y después de aquella decisiva victoria Bolívar le encomendó la administración de las provincias liberadas de la Nueva Granada. A consecuencia principalmente del prestigio que se granjeó en ejercicio de tal cargo, resultó electo primer vicepresidente constitucional de la Gran Colombia en setiembre de 1821, y al desplazarse de nuevo el Libertador Presidente hacia los campos de batalla, Santander se quedó en Bogotá como encargado inmediato del poder ejecutivo no sólo ya dentro de la misma Nueva Granada sino en todo el territorio de la unión grancolombiana, desde Cumaná a Guayaqui1.l Administrador minucioso e incansable, patrono oficial de todo un círculo de intelectuales y profesionales liberales y abanderado consciente de las "luces del siglo", Santander como vicepresidente logró cimentar aún más su prestigio; y a pesar de algunos malentendidos ocasionales con su jefe titular ausente se portaba ostensiblemente como un socio leal y fervoroso del Libertador. Mas el cuadro cambió de repente d e 1826 a 1827, al volver Bolívar desde el Perú, reasumir el mando ejecutivo de la Gran Colombia y anular alguna parte de la obra cumplida antes por su vicepresidente, quien se lanzó resueltamente a la oposición y al fin saboreC el exilio. Regresó después de la disolución de Za Gran Colombia y muerte de Bolívar para ocupar la presidencia de !a flamante República de la Nueva Granada, pero ésa ya es otra historia. . . A pesar del ulterior distanciamienio entre Bolívar y Santander, éste también ha tenido sus admiradores. Sobre todo en Col Aunque la constitución d e la Gran Colombia fue rigurosamente unitaria. en la Práctica tanto Venezuela como el Ecuador quedaban sujetos en cierta medida a regímenes de emergencia o excepción que atenuaban (sin anular) su subordinación al poder ejecutivo nacional encabezado por Santander. La actuación del vicepresidente mientras ejercía el mando de la Gran Colombia es el tema de mi obra El régin~en de Santander en la Gran Colombia (Bogotá, 1965), donde se ofrece un análisis más detallado d e varios puntos tratados también en este artículo. Por otra parte, ningún estudio biográfico medianamente definitivo se ha escrito sobre Santander. Uno. que no es más que un esbozo pero bien serviría como punto d e partida, es el de PEDROGÓMEZPARRA, Santalzder (ensayo biográfico), Bucaramanga, 1940; véase también, del docto santanderista LAUREANO GARCÍA ORTIZ,AIgunos estudios sobre el general Santander, Bogotá, 1944. SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO 245 lombia, a nivel tanto escolar como académico, ha gozado de una reputación de gran estadista republicano y civilista: es el "Fundador Civil de la República7' y también "Hombre de las Leyes", título éste que le otorgara el mismo Bolívar. Esto no ha obstado para que los colombianos rindieran homenaje aún más fervoroso al Libertador, pero el hecho de que los dos próceres comparten la misma calidad de héroe nacional ha tenido por resultado que en Colombia, típicamente, no se da la razón entera a ninguno de los dos al tratar de sus desavenencias. Pos regla general, es verdad, los colombianos adheridos al Partido Conservador han valorado más a Bolívar y perceptiblemente menos a Santander que los adheridos al Partido Liberal, que desciende en línea directa del núcleo de colaboradores inmediatos de Santander. (Del mismo núcleo desciende el Partido Conservador, pero de una manera menos limpia. pues medió una amalgama allá por el año 1840 con los restos de la facción neogranadjna c1v.e fuera adicta a Bolívar) .2 Hasta ha habido siempre una corriente conservadora que ha negado totalmente los méritos de Santander. El último vocero máximo de semejante punto de vista fue el catidillo conservador Laureano Gemez, en cuyo concepto Santander había sido un mentecato, desmedidamente ambicioso de poder y de lucro, enemigo de la fe cristiana, y cuanta cosa más le sugería su fertilísimo ingenio de polemista." Sin embargo, el extremado antisantanderismo conservador del estilo de Laureano Gómez ya había pasado de moda, aun antes de la muerte de éste ocurrida en 1965. Es sin duda ilustrativo el hecho de que sea un historiador conservador, Roberto Cortázar, quien se ha propuesto desde hace más de 15 años la tarea de publicar todos los papeles de Santander en una edición más o menos d e f i n i t i ~ a .Y ~ tal vez no sea incorrecto aseverar que la benevolencia con que se trata hoy día desde el campo conservador a la figura de Santander signifique una faz historiográfica del Frente Nacional bipartidista que actualmente gobierna el país. Mas resulta que Santander, a medida que han ido derapareciendo sus enemigos más acérrimos del lado conservador, viene perdiendo adeptos dentro de su propia colectividad liberal. Así 2 HORACIORODRÍGUEZ PLATA,"Pró1og0" a l a obra d e MIGUELAGUILERA, Visi6n politica del arzobispo Illosquera, Bogotá, 1954, págs. 11-29. 8 LAUREANO GÓMEZ, E¿ mito d e Santander, 2 tomos, Bogotá, 1966. Bajo este título se han reunido unos articulas que aparecieron por primera v e z en 1940. 4 ROBERTOCORTÁZAR, e a . , Cartas y mensajes del general Francisco de Pauln Santander, 10 tomos, Bogotá, 1953-1956, y Correspondencia dirigida al general Francisco d e Paula Santander, Bogotá. 1954. es que en estos días el máximo detractor de Santander es un político e historiador liberal, Indalecio Liévano Aguirre. Este no ha sido un antisantanderista furibundo como el doctor Gómez, y en otra época, en su notable biografía de Rafael Núñez, había vertido unos conceptos bastante favorables acerca de la obra de Santander. En ella presentaba a un Santander que a diferencia de otros liberales de la época, que no eran más que ciegos teorizantes, había desplegado en su gobierno un gran sentido práctico y r e a l i ~ t a .Mas ~ al escribir su estudio sobre Núñez el autor se refería primordialmente a la administración de Santander como presidente de la Nueva Granada, y no a su actuación durante la década de la Gran Colombia. Fue sólo posteriormente que él ofreció una interpretación detallada de la vicepresidencia de Santander y de sus relaciones con Bolívar, desarrollando la tesis de que el enfrentamiento entre los dos próceres manifestaba en última instancia la resistencia de una oligarquía egoísta adherida a Santander para secundar (y en especial para costear) los grandes designios de Bolívar, fueran a favor de la causa americana o del Esta revisión de la interpretación trapueblo grancol~mbiano.~ dicional liberal favorable a Santander, de parte de un autor liberal, podría denominarse faz historiográfica de la escisión ocurrida dentro del Partido Liberal desde principios del Frente Nacional y que no fue superada sino en 1967, habiendo sido Liévano Aguirre uno de los protagonistas del grupo disidente de izquierda Movimiento Revolucionario Liberal. Sea de ello lo que fuere, al hacer su planteo Liévano rindió un servicio historiográfico muy importante, enfocando cuestiones socioeconómicas que no habían recibido la debida atención y discurriendo (con intención innovadora) sobre las bases sociales de las facciones en pugna. Tampoco puede disputarse su apreciación sobre la naturaleza esencialmente oligárquica de la facción de Santander, que provenía él mismo de la clase de terratenientes acomodados de provincia y agrupó alrededor suyo a otros del mismo estrato social, a comerciantes ambiciosos como los antioqueños Juan Manuel y Manuel Antonio Arrubla, y a profesionales de los sectores altos y medios 6 INDALECIO MANO AGUIRRF, Rafael Núñez, 2e ed., Bogotá, 1960 ( 7 ) . págs. 52. 58, 74, 315. INDALECIO L ~ V A NAGUIRRE, O "Razones socioeconómicas de la conspiración de septiembre contra el Libertador". Revista de la Universidad de los Andes, año 11, nq 2, págs. 42-89. Hay que reconocer, sin embargo, que el autor arremete algo más duramente contra el partido de Santander que contra Santander mismo, a quien no incluye entre los más exaltados defensores de los intereses oligárquicos y enemigos de Bolivar. SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO 247 urbanos cuyos vínculos familiares, sin decir nasa de su ideología, les inhibían identificarse cabalmente con las masas populares. Pero aquí cabe observar que bastante parecidos a primera vista eran los cuadros activos del bolivarismo, a lo menos en su sector civil, ya que su reducto más poderoso (a diferencia del santanderismo) se situaba entre los militares. Sin tomar en cuenta el alineamiento de fuerzas sino en la Nueva Granada propiamente dicha, resulta que también había terratenientes, mercaderes y profesionales bolivarianos, aunque con algunas diferencias relativas. Los profesionales en general, según parece, se inclinaban algo más al bando de Santander, con la excepción bien importante de los miembros del clero? En cuanto a comerciantes, también es probable (aunque sería difícil documentarlo en forma concluyente) que se inclinaran preferentemente al santaderismo. No obstante se dieron importantes excepciones, como el cartagenero Juan de Francisco Martín, otro "especulador" y "oligarca" pero furioso antisantandereano y en fin de cuentas albacea del L i b e r t a d ~ r . En ~ cuanto a grandes terratenientes -1atifundistas si se quiere-, es probable que entre sus filas militara un número mayor de bolivarianos. Es de notar además, aunque no sea sino en forma tentativa, cierta identificación entre el santanderismo y el sentimiento provinciano, principalmente de las provincias menos aristocráticas, como las del oriente de la Nueva Granada, de donde era él mismo? Los notables de Bogotá y tamEl clero tenía tantos motivos para desconfiar del Libertador como del vicepresidente Santander, en lo que a ideas y actitudes religiosas intimas se refiriera: hasta sugiere Liévano Aguirre ("Razones socioeconómicas.. .", pág. 66) que lo más natural habría sido que el clero se hiciera santanderista. Sin embargo. durante algunos años habfa constituido el régimen de Santander el mal inmediato. desde el punto de vista de la ortodoxia tradicionalista. lo que facilitó la captación de las simpatías de la mayorfa del clero por parte del bolivarismo: véase a este respecto mi Régimen de Santander, capftulos 13-15, y las fuentes que alli se citan. Debe apuntarse finalmente que en la Gran Colombia como en toda la América Latina habfa tambiCn un clero liberal que a la luz de su época (aunque no a la luz del Concilio Vaticano ii) era d e tendencias más o menbs heterodoxas. Este clero liberal era por lo general santanderista: pero en sus cuadros no militaban ni el cura raso ni los jerarcas más caracterizados. a De Francisco se contaba entre Tos críticos más acerbos del empr6stito extranjero de 1824, cuyo manejo por parte del gobierno colombiano distó mucho de ser brillante, sin que se justificara tampoco el escándalo que llegó a m'ontarse. Sin embargo, él mismo propuso en seguida aue se contratara un nuevo empréstito extranjero para que con sus fondos se liquidaran los créditos domésticos, lo que habia sido precisamente la práctica más censurable y que más se prestaba a abusos en la utilización del empréstito anterior (El régimen de Santander, págs. 141, 144-145) 9 Con cierta exageración. es verdad, hace LUIS Busnno N m ARTETAun nftido contraste entre la economía "del Oriente, anticolonial y comercial, manufacturera y agrícola. y la de las regiones centrales, colonial y latifundista". Economía y cultura en 1a histo.ria de Colombia, 24 ed., Bogotá. 1962. pág. 13. Del Oriente en todo caso. y más concretamente de las provincias de Pamplona o de Socorro. eran no s61o Santander sino sus socios intelectuales más inmediatos del periodo de la Gran Colombia. Francisco Soto y Vicente Azuero, y otros muchos colaboradores más 248 DAVID BUSHNELL bien los de la distinguida Popayán (cuna de los Valencia, Mosquera y Arboleda) se plegaban en general al partido bolivariano o trataban de mantenerse hasta donde pudieran en una posición de altiva equidistancia. Sin duda la adhesión de muchos oficiales militares de extracción media o humilde le daba al bolivarismo cierto colorido popular, sobre todo al tenerse en cuenta que estos mismos militares eran blanco del desdén poco disimulado de la alta sociedad civil.1° Pero los pocos militares granadinos de origen popular que lograron alguna relevancia más allá de la carrera militar en sí -como ca~cidillospolíticos o sociales con rasgos que podrían denominarse '*populistas"- eran más frecuentemente santandereanos que boIivarianos. Un caso bien obvio es el de José María Obando, cauciillo del sudoeste e hijo de Popayán, pero de ascendencia un tanto discutida y que no comulgaba precisamente con los M ~ s q u e r a . ~ ~ Podría citarse igualmente al almirante José Padilla, jefe nato de la que Bolívar hubiera llamado la pnrdocracia de Cartagena (cuya aristocracia blanca sí era mayormente bolivariana) . Fue Padilla uno de los que se lanzaron a la resistencia activa contra el régimen de Bolívar después que Santander cayó en desgracia; y sufrió la pena de muerte en la ola de represión que siguió al atentaao del 25 de setiembre de 1828.12 Esto de que los caudillos "populistas" en la Nueva Granada se hayan inclinado más bien al santanderisino no es -hay que confesarlo- sino otra impresión preliminar o tentativa. Todavía no se ha llevado a cabo un análisis lo suficientemente comprensivo y sistemático de los integrantes de los dos bandos para precisar en qué proporciones procedían de tal o cual elemento social. Ni hay por qué suponer, aunque aquella impresión se confirmara, que se invalidaría la interpretación de la facción y el régimen de Santander como esencialmente oligárquicos. Regimenes de oligarquía constituían la modalidad típica, normal, de ia época, y no sólo en América Latina. Lo que cabe preguntar entonces es si la obra de cualquier gobernante oligárqu-ico fue retrógrada o progresista, y en qué sentido. Además, en lo que concierne a Santander, hay que hacer constar desde luego que ni él personalmente ni el gobierno que él dirigió constituyeron fe10 ANTHONY P. MAINGOT, "Colombia: Civil-Military Relati'ons in a Political Cult u r e of Conflict". tesis doctoral inédita, Universidad de Florida, 1967, págs. 38-49. 11 A. J. h o s GUZMÁN, Obando, 2.1 ed., Popayán, 1959, págs. 8-119. '1 CARLOS DELGADO NIETO, José Padilla, estanzpa de un almirante, Bogotá, 1957. Es una biografía breve y un poco nbvelada, pero contiene los datos indispensables. SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO 249 nómenos aislados dentro de la América antes española. Él pertenecía a una corriente liberal de proyecciones continentales que tenía sus protagonistas desde los llamados yorkinos mejicanos hasta los pipiolos chilenos e incluía naturalmente al partido de E e r n ~ r d i n oRivadavia en Buenos Aires (que fuerz tal vez su máximo representante). Algo doctrinaria, sobre la base de doctrinas importadas de fuentes comunes, esta corriente se mostraba bastante !~omogénea de un país a otro. Así es que en el libro reciente de Sergio Bagú, El plan económico del g ~ u p orivadaviano,13 hay párrafos enteros que podrían reeditarse bajo el título El plan económico del grupo santandereano, con solo el cambio de nombres personales y geográficos. En un plano teórico, lo que buscaban estos liberales latinoamericanos no era sino ensanchar la esfera de la libertad individual, sea en el camro económico-social, político o religioso. Abogaban por la eliminación hasta donde f~reraposible de cualquier traba a la circulación de bienes y servicios, así interior como exteriormente. Por lo tanto rechazaban, en general, el proteccionismo aduanero, aiinque sin llegar nunca en sentido estricto al libre cambio, que es un término poco exacto tal como se acostumbra emplearlo en la historiagrafía latinoamericana. Con la misma lógica de individualismo económico y social rechazaban la esclavitud (aunque aceptaban por lo general su abolición paulatina), así como los mayorazgos y mucho más por el estilo. En lo religioso, abogaban por la libertad de cultos, aunque en la mayoría de los países no se atrevían a decretarla abiertamente, y por una disminución de los privilegios e influencia de las corporaciones eclesiásticas. Y en lo político abogaban por un sistema de gobierno constitucional con separación formal de poderes y qarantías individuales. El régimen político tendría que ser reyrecen'cativo sin llegar a ser democrático, porque las conquislas liberales -según se creía- mal podrían consolidarse si el sufragio se concediera aun a los que carecían de cierta independencia económica e ilustración. En Buenos Aires el sufragio de todo hombre libre se introdujo por una extraña inconsecuencia bajo los auspicios del mismo Rivadavia, pero la mayoría de sus partidarios pronto se arrepintieron de este rasgo democrático y trataron, sin éxito, de derogarlo.14 A los santandereanos, que a este respecto opinaban lo mismo que la generalidad de los libeUniversidad Nacional del Litoral, Facultad d e Filosofía y Letras, Colección d e Textos y Documectos, serie B/No 2, Rosario, 1966. 14 EXEQUIEL ORTEGA, i"Quiera el pueblo uotm"?, Bahía Blanca, 1963, págs. 104-122. 250 DAVID BUSHNELL rales latinoamericanos de primera hora. no se les ocurrió nunca imitar el ejemplo electoral de Rivadavia.15 Pues bien; si tal fue, en síntesis breve y superficial, con exclusión por el momento de los aspectos específicamente internacionales, el programa que compartió el partido de Santander con la mayoría de los liberales latinoamericanos, jen qué se diferenciaba del programa bolivariano? En cuanto a objetivos de largo alcance, no es fácil hallar discrepancias. La Única que salta a la vista es la tendencia proteccionista que por lo general evidenciaban las disposiciones del Libertador en materia de derechos de aduana. l6 Fue ésta. tal vez, una anticipación del desarrollismo moderno; más verosímilmente, resabio de mercantilismo. El proteccjonismo aduanero constituía además, en cuanto no era propiamente un objetivo de la política del Libertador, un mero recurso fiscal, o sea una táctica bien o mal entendida de reunir fondos para los gastos políticos y militares. Y hasta en la mayoría de los casos, las diferencias aparentemente programáticas entre Bolívar y Santander y sus respectivos partidarios solían ser no sustanciales sino de detalles, y de táctica. Muy frecuentes son los pasajes de la correspondencia de aquél en que censura alguna medida concreta del régimen de Santander no por considerarla equivocada en sí sino porque le parecía inoportuna a la luz de las circunstancias del momento. El hondo realismo del Libertador lo hacía desconfiar de la posibilidad práctica de llevar a cabo súbitas transformaciones, excepción hecha de la independencia misma, y en esto precisamente consistía el llamado conservatismo de Bolívar, que era otro lugar común de la historiografia colombiana de la época anterior a las reinterpretaciones izquierdistas de su obra y pensamiento por parte de sus admiradores modernos.l7 La naturaleza esencial de la disparidad entre santanderismo y bolivarismo se deja ver bastante claramente en materia de política fiscal. Santander y los suyos -como el secretario de Hacienda grancolombiano José María Castillo y Rada, que sOlo m Huelga decir que durante la primera mitad del sigro pasado los miembros de corrientes ~olfticas no liberales tampoco eran partidarios, por lo general, del sufragio universal. Aunque Bolivar en sus decretos y correspondencia se expresó repetidamente a favor de altos derechbs de importación, son pocas las ocasiones en que formuló su política aduanera en términos explícitamente proteccionistas. Una de éstas es su carta a José Antonio PAez. citada por J. L. Satcmo-Bm-. Visión y revisión de Boltvar, 7r ed., Buenos Aires, 1986, p&g. 140 (nota). 17 Un ejemplo llamativo del flamante bblivarismo de izquierda es el mismo título de la obra de MILTON Pmmms,Boifvar, padre de las izquierdas liberales, Bogotá, 1965. SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO 251 después de 1826 se distanció del vicepresidente- buscaban la renovación general del sistema fiscal heredado de la colonia, que les parecía más bien un cúmulo de trabas artificiales al comercio e industria que una fuente eficiente de recursos estatales.18 Así es que pensaban disminuir poco a poco las tarifas de importación y exportación, con lo cual no querían de ninguna manera empobrecer -o sea debilitar- la maquinaria del estado. Razonaban que un arancel moderado, a medida que diera impulso al comercio exterior, rendiría más que un arancel proteccionista, y en este razonamiento, que por otra parte era totalmente ajeno al criterio fiscal un poco simplista del Libertador, no andaban equivocados. Donde sí se equivocaron fue en su creencia de que la alcabala colonial podría sustituirse sin merma de rendimiento tributario por una nueva "contribución directa" sobre las rentas y propiedades. Esta reforma fue decretada por el congreso constituyente de la Gran Colombia, en 1821, y el grupo santandereano seguía sosteniéndola aun cuando en la práctica su recaudación despertaba resistencias al parecer insuperables. Este apoyo tan entusiasta se fundamentaba hasta cierto punto en la convicción de que a la larga la contribución directa sería un impuesto menos ((traboso" que la alcabala, lo que era quizá un argumento de corte oligárquico, pero se fundamentaba también en la convicción de que una parte mayor de la carga tributaria debía pesar sobre quienes meior podían soportarla y que derivaban más beneficios de las actividades estatales19 Vale la pena anotar que una reforma casi idéntica se llevó a cabo en Buenos Aires bajo el gobierno de Rivadavia, por los mismos motivos y con resultados también parecidos, aunque eñ Buenos Aires el nuevo impuesto tuvo un éxito un poco mayor que También duró más en Buenos Aires, donen la Gran Col~mbia.~Q de lo utilizó el mismo Rosas. Bolívar. al contrario, se hizo eco de las quejas lastimosas de terratenientes y comerciantes que aborrecían el principio de la contribución directa aunque no la pagaran religiosamente en la práctica, y a consecuencia de sus críticas Santander a fines de 1826 decretó la contrarreforma: alcabala otra vez, en lugar de contribución directaT1 No es que Bom N m ARTETA,E conomia y cultura, págs. 62-74. Membria d e Hacienda d e 1823, reproducida e n Eonlmm R o ~ x ú c o ~P&mm, z ed.. La vida d e Castillo y Rada, Bogotá, 1949, pftgs. 121, 133-134. M ~ BURGIN, N The Economtc Aspects of Argentine Federalism, 1820-1852, Cambridge, Mass., 1946, págs. 46-48. 188-192, 194, 196. Colombia, Codificación Nacional, 11. págs. 433-435. 252 DAVID BUSHNELL livar ignorara los fundamentos teóricos de ésta, ni que le interesara en especial ofrecerles algún alivio a las clases acomodadas. Es que le interesaba primordialmente el bienestar del fisco, y por esto prefería siempre un sistema hacendístico a base de alcabalas, estancos y hasta tributo de indígenas y demás recursos netamente coloniales y regresivos. "Los impuestos antiguos", decía, "tenían la ventaja de ser habituales y por eso se consideraban s u a v e s " . * N o quería decir esto que eran intrínsecamente superiores sino que resultaban de más fácil recaudación y rendían rnás, y rendimiento era lo único importante, según el concepto de Bolívar, mientras todavía no se hubiera establecido el gobierr,o mismo sobre cimientos verdaderamente sólidos. Tampoco excluía, por supuesto, la necesidad de reformar a fondo el sistema tributario algún día, y aun quizá, de decretar una vez más la contribución directa en reemplazo de la alcabala. En otros campos de la política económica y social no surgían discrepancias tan bien definidas. Tanto Bolívar como Sailtander detestaban la esclavitud, y durante sus respectivos períodos de gobierno se esforzaron por hacer cumplir la ley de manumisión gradual promulgada por el Congreso Constituyente de 1821, a pesar de las solicitudes del gremio de esclavistas para que se suspendiera en alguna parte.23 Y aunque a Bolívar se le ha atribuido el intento de llevar a cabo una reforma agraria, principalmente sobre la base de la distribución de bienes nacionales entre los soldados de la independencia, tal interpretación parece algo dudosa.24 A Santander, por supuesto, ni se le ha atribuido el intento. Por otra parte, Liévano Aguirre ha subrayado el contraste entre el apoyo de Santander a la distribución de las tierras comunales de indígenas, decretado por el mismo Congreso Constituyente para que éstos se convirtiesen en pequeños propietarios, y la decisión de Bolívar en 1828 de derogar la medida despv.és de recibir pruebas incontrovertibles de que se había prestado a manejos perjudiciales a los mismos naturales." Aparece así el Libertador como defensor de los indígenas y Santander como aliado de los La Gaceta de Colombia, Bogotá, 17 de diciembre de 1826. HAROLD A. BIERCK, "The Movement for Abolition in Gran Colombia", Hispanic American HistoricaE Review, XXXIII, págs. 373-386, agosto 1953. 23 2 4 E 2 sostenedor principal de la tesis de un reformismo agrario bolivariano ha sido el escritor venezolano J. L. SALCEDO-BASTARDO, Visión y revisión de Boliuar, páginas 147-157. Expone una opinión contraria, entre otros, el profesor CHARLES C. GRIFFIN,LOS temas sociales y económicos en la época de la independencia, Caracas, 1962, págs. 48-46). 25 LIÉVANO ACUIRRE, "Razones ~ocioeconomicas", págs. 57-58; Codificación Naciona?, 111, págs. 124, 426. SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO 253 terratenientes criollos que pensaban quitarles a aquéllos sus terrenos en nombre del individualismo económico. Mas resulta que Bolivar en el Perú había decretado la liquidación de las tierras comunales en términos muy parecidos a los de la ley grancolombiana.26 Lo que sucedió sin duda fue que Bolívar, por su mayor flexibilidad doctrinaria, no tuvo empacho en reconocer que la división de tierras comunales no surtía en la práctica los efectos esperados; pero habiendo él mismo auspiciado tal medida en el Perú, no se trata de una diferencia fundamental de criterio. Sucedía algo parecido en cuanto a política religiosa. Las reformas eclesiásticas del congreso constituyente, .que hizo suyas la administración Santander, disponían la abolición de la Inquisición, la supresión de conventos menores y aplicación de sus bienes al sostén de la educación pública, y una que otra medida de poca importancia. El vicepresidente Santander, sin ser anticlerical furibundo, no sólo hizo lo posible para cumplir fielmente estas disposiciones sino que auspició algunas más de tendencia similar. Propugnó sobre todo la secularización de la educación mediante la introducción de textos y profesores de dudosa ortodoxia religiosa; como se sabe, fue uno de los admiradores más fanáticos del utiliarista inglés Jeremías Bentham.27 Bolívar, por su parte, tzmpoco fue anticlerical furibundo, pero año tras año salpicó su correspondencia d.e chistes e irreverencias a expensas del clero y también fue admirador y corres_ronsal de Bentham.2s Sin embargo, aconsejó la suspensión de la ley de conventos menores casi tan pronto como promulgada, y en la época de su dictadura la a prohibir la enseñanza d e suspendió él m i s r n ~ . ~ V a m b i éllegb n A la luz de tal actuación, algunos histolas obras de Ber~tham.~O riadores han sostenido que en cierto momento Bolívar abandonó los arrebatos volterianos de su juventud para convertirse en paladín convencido del orden religioso tradicional, pero éste no es el punto de vista de sus admiradores de izquierda, y más convincente al fin es la interpretación que atribuye las discrepancias de Bolívar para con el liberalismo anticlerical a razones esencialmente 2s Sociedad Bolirariana de Vene-iuela, Decretos dei Libertador, 3 tomos, Caracas, 1961, 1, págs. 295-296, 410-411. 1: JAIME JARAMILLO UEIBE, El pensamirnto colombiano en el siglo X I X , Bogoti, 1964, págs. 148-15.2, 378-379 y passim; El regzmen dc Santander, págs. 220-222. Veese, verbigracia, Bolivar a Benthsm, 15 de enero de 1827, en Banco de Venezuela, Cartas del L.;bertador, 2a ed., Caracas, 1964, V, págs. 343-344. 19 El régimen de Santander, p á g . 247; Codificación Nacional, 111, págs. 384-386. 30 Codificación Nacional, 111, p j g s . 354, 416-428. 234 DAVID BUS- políticas.31 No aconsejó la supervivencia de conventos menores por que él quisiera a los frailes, a quienes seguía ridiculizando en privado, sino porque la opinión pública los quería. Ni rechazó a Bentham porque sus doctrinas hiriesen su sensibilidad religiosa sino porque el estudiantado bullicioso se había identificado con el bentha,mismo, y después del atentado malogrado a su propia vida en setiembre de 1828 cualquier bullicio le parecía inoportuno. O sea que reforma religiosa y educacional lo mismo que reforma fiscal, y otras, debían postergarse hasta una época más propicia. ¿Hasta qué punto podría sostenerse que las discrepancias referidas en distintos campos de la acción gubernamental hayan contribuido al distanciamiento final entre Bolívar y Santander? Es probable que muy poco, en sí mismas, y menos podría alegarse que en estos asuntos Santander obstaculizó la obra del Libertador, pues fue Bolívar quien al volver desde el Perú derogó una parte significativa de la obra reformista de Santander. Sin embargo, no cabe duda de que Santander se haya predispuesto a rechazar la panacea política del Libertador -su Constitución Boliviana -a causa del tono aparentemente no liberal de los comentarios bolivarianos a su propia obra administrativa. Fue su divergencia en cuanto al código boliviano -a lo menos en el terreno de lo programático, pues no se puede negar una latente rivalidad personal de Santander hacia su jefe titular- la causa prin~ ~ hay poca probabilidad de que Santancipal del c o n f l i c t ~ .Mas der hubiera abrazado la Constitución Boliviana en ningún caso. Chocaba ésta, por su presidencia vitalicia y también por lo ex& tic0 de muchas disposiciones, con el criterio de liberalismo politic0 más bien convencional que siempre caracterizó a Santander. Bolívar, por supuesto, se consideraba liberal él mismo en materia política, pero no fue el suyo un liberalismo doctrinario como el de Santander. Buscaba siempre una fórmula que conciliara una dosis razonable d e libertad civil, algo de representación m En uno de los dos extremos se situó monseñor Nrco~ÁsE. NAVARRO, autor de La cristiana muerte del Libertador, Caracas, 1955, quien se resistia a creer que el MVANO AGUIRRE. Libertador jamás haya sido verdaderamente un hetex'odoxo. Cfr. "Razones socioecor,ómicas", pAgs. 66-67. El mismo Santander sostuvo enfáticamente que la Constitución Boliviana fue la verdadera "manzana de la discordia"; vease MANUEL Josk FORERO, comp., Santander en sus escritos, Bogotá, 1944, pág. 83. En un plano mas bien anecdótico y personal es probable que lo que más enfureció a Santander fue el hecho de que Bolivar se haya hecho eco d e los alegatos de malversación del emprestito de 1824 ( L D ~ A N O A G U ~"Razones ~ , socioecon6micas", págs. 33-34). Por lo demás, dificilmente podría comprobarse documentalmeate la existencia dentro del carácter de Santander de una ambición personal incompatible con la posición superior de Bolivar: pero dadas las circunstancias en que le tocó actuar, diffcilmente habría podido sustraerse a semejante ambición. SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO 255 ciudadana y las vestiduras externas del republicanismo con la existencia de un gobierno vigoroso y esencialmente autoprorrogable. No podría decirse que semejante fórmula era algo irrealizable: se ha realizado brillantemente en el México contemporárieo del Partido Revolucionario Institucional. Pero no encontró una forma viable en vida del Libertador, cuyos proyectos de senado hereditario, "poder moral" y en fin presidencia vitalicia evidentemente no prosperaron. Y se ha aseverado repetidamente que estos y otros intentos bolivarianos para superar el caos político de América Latina se estrellaron contra una alianza nefasta de caudillos personalistas y de liberales ciegamente doctrinarios, siendo Santander, en el concepto de algunos, un cabal representante de cualquiera de estas dos modalidades de resistencia. Es cierto que a Santander le agradaban bastante poco las soluciones políticas de tipo bolivariano, mas no era precisamente un partidario del "gobierno débil", por más que el anhelo del Libertador se haya centrado en el concepto de "gobierno fuerte" (sin dejar por eso de ser "liberal"). Como gobernante de la Gran Colombia y posteriormente de la República de Nueva Granada se parecía más bien a los mandatarios chilenos que siguieron a Portales, que respetaban (por lo general) las libertades civiles pero tenían un santo horror al desorden. Santander respetaba las prerrogativas legislativas pero no dejaba de insistir en que se respetaran las suyas, y no temió cometer de vez en cuando alguna arbitrariedad menor para que las cosas anduvieran. Tampoco existe la más mínima evidencia de que el origen de los males de la Gran Colombia haya sido la debilidad constitucional del poder ejecutivo. Mientras Santander encabezaba el gobierno, fueron muy pocos los intentos gubernamentales que fallaron por falta de una refrendación legislativa: el "Hombre de las Leyes", a diferencia de Bolívar, no desdeñaba las pequeñas artimañas del manejo legislativo, y las más de las veces obtenía del Congreso lo que se proponía. En cuanto a ciertos aspectos del reformismo liberal, lo que le echaban en cara sus censores, inclusive el Libertador, fue un exceso de acción gubernamental; en cambio, en la receta bolivariana de 1827 se combinaba "gobierno fuerte" hasta con cierto quietismo en lo que a iniciativas gubernamentales se refiriera.33 * Las relaciones de Santander, como mandatario de la Gran Colombia, con el poder legislativo se examinan mas detalladamente en El régimen de S a n t ~ n d e ~pá, ginas 68-76 y passim. En los decretos, circulares. etc., de la dictadura bolivariana - q u e se encuentran en la Codificacidn Nacional, tom'os 3 y 4- no escasean enmiendas y derogaciones de medidas anteriores; por lo tanto, el "quietismo" de Bolívar se diferencia del de Juan Manuel de Rosas en que en la mayoría de los casos éste desdefió tomarse el trabajo siquiera de derogar explicitamente las reformas rivadavianas. 256 DAVID BUSHNELL Más aún; sin mucha exageración podría sentarse que la Gran Colombia se desplomó porque tenía un gobierno demasiado fuerte, no con relación a los poderes legislativo y judicial sino con relación a la ex capitanía general de Venezuela y e x presidencia de Quito. El pecado original de la constitución de la Gran Colombia fue su extremado centralismo, exactamente como en la Argentina, donde fallaron todos los intentos de organización nacional del partido rivadaviano por su tendencia unitaria. En efecto, Caracas y Quito quedaron en teoría tan estrechamente subordinados a Bogotá como cualquier villorrio del valle del Magdalena, a diferencia de la autonomía real que disfrutaban sus autoridades coloniales (sobre todo las de Caracas) para con la corte virreinal de Santa Fe. La subordinación republicana de Venezuela se moderaba en la práctica por las facultades especiales -legales o extralegales- que llegó a ejercer ei general José Antonio Páez, pero a pesar de eso constituía algo que a la larga los venezolanos no podrían aceptar. Ni tenían por qué aceptarla, ya que la existencia en Bogotá de un fuerte poder central no les reportaba ninguna ventaja concreta una vez terminada la guerra con España. No significaba sino humillación, dilación de trámites y otros inconvenientes, sea prácticos o meramente p s i ~ o l ó g i ~ o s . ~ ~ El grupo santandereano, que tenía fundadas esperanzas de ver colocado a su propio jefe en el ápice del poder ejecutivo, tendría alguna parte de la culpa de la adopción en 1821 de una constitución ciento por ciento centralista. Pero la sostuvieron otros como Pedro Gual y Fernando Feñalver, que no eran santandereanos en sentido estricto sino venezolanos amigos de Rolivar, y que más bien creerían interpretar así la voluntad del Libertad ~ r NO . ~es~un hecho comprobado que Bolívar hubiera preferido esta estructura a la que había promulgado provisionalmente e n 1817 el Congreso de Angostura, que consistía en una centralización política con descentralizacióii administrativa mediante vicepresidencias regionales para Venezuela y Nueva Granada; pero es de notar que sus críticas a la constitución de 1821 tenían que ver principalmente con su presunto exceso de liberalismo y no con su exagerado unitarisino. En los postreros años de la Gran Colombia, Bolívar vacilaba entre el proyecto de una confederación de Venezuela, Nueva Granada y Quito (con gobiernos unisi La desafección continua de Venezuela se analiza en E! régimen de Santan- de^, págs. 317-339. Véanze a este respecto los debates del Congreso Constituyente, en ROBERTO CORTÁZAR y LUISAUGUSTO CUERVO, eds., Congreso de Cúcuta: libro de actas, Bogotá, 1923, págs. 41-124 y passim. SANTANDERISMO Y BOLIVARISB~O 257 tarios, eso sí, dentro de sus propios límites) y el mantenimiento de un régimen ostensiblemente unitario, aunque moderado en la práctica por la delegación de poderes especiales, en el marco venezolano, a Páez. Mas al fin se inclinó al unitarismo. Santander, por su parte, después de dejar el gobierno en 1827, se pasó al federalismo, y más concretamente a la forma más "débil" del federalismo, basado en un sinnúmero de provincias chicas. Así pensaba obstaculizar mejor la temida dictadura de Bolívar, ya que no supo o no quiso abrazar la confederación de tres grandes estados, que era la única fórmula con alguna posibilidad (aunque no mucha) de perdurar. Lo incuestionable es que ninguno de los dos prohombres enfocó adecuadamente el problema organizativo de la Gran Colombia: a este respecto, su controversia consistía principalmente en sostener errores diferentes36 De las divergencias referidas entre el bolivarismo y el santanderismo quizás no se deduciría que hubiera también alguna diferencia de enfoque en cuanto a la integración hispanoamericana. Pero la hubo, como podría esperarse del "modelo" rivadaviano. E l relativo enfriamiento que existiera entre el partido de Rivadavia por un lado y los dos Libertadores, José de San Martín y Simón Bolívar, por el otro, fue consecuencia, hasta cierto punto, de fricciones personales y de factores específicamente platenses; pero también entraban en juego las respectivas escalas de prioridades. A San Martín como a Bolivar le interesaban más la conclusión definitiva de la lucha de emancipación y el ordenamiento político del nuevo continente que el fomento de la inmigración europea o la renovación del sistema tributario. Con los rivadavianos ocurría algo opuesto; con no disimulada impaciencia esperaban deshacerse de obligaciones militares o de otra índole provenientes de la lucha emancipadora, para poder dedicarse plenamente a las reformas domésticas, y por lo mismo miraron los proyectos continentales de los Libertadores con cierta indiferencia?' En la Gran Colombia, el partido santandereano era más americanista que el de Rivadavia, entre otros motivos porque en VVfmo~ANDRÉS BELAÚNDE. BolZvar y el pensamiento político de la revolución hispanoamericana, Madrid. 1959, págs. 210-211, 293-301, 338, 349-357. RICARDO P I C C ~ L en I . su excelente estudio San Martln y la política de los pueblos, Buenos Aires. 1957, págs. 341-391, atribuye el distanciamiento entre Rivadavia y San Martín principalmente al conflicto entre los sentimientos monArquicos de éste y el neorrepublicanisrno de aquél; pero de su análisis se desprende también claramente la diferencia en cuanto a prioridades de que se ha hecho mención. La actitud de los rivadavianos (y de otros partidos argentinos) hacia los planes de Bolivar ha sido tratada por JULIOCESARGONWLEZ."Las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Congreso de PanamB", Universidad Nacional de La Plata. Trabajos y Comunicaciones, t. 12, 1964, phgs. 29-91 (en especial págs. 56-71). 258 DAVID BUSHNELL el mar del Caribe la amenaza militar realista no podía darse por finiquitada tan pronto ni tan definitivamente como en el Plata. Sin embargo, su escala íntima de prioridades se aproximaba a la del partido rivadaviano. En esto influyó indudablemente la división de trabajo acordada en un principio entre Bolívar y Santander; mientras aquél tomaba a su cargo la conducta inmediata de la emancipación hispanoamericana, a éste se le confiaban los asuntos internos y, además (aunque no en forma exclusiva), las relaciones diplomáticas extracontinentales. Pero se trataba también de algo más. Conocida es la sentencia santandereana: "Las armas os han dado la independencia; las leyes os darán la libertad". Las leyes a que se refería el prócer neogranadino, en cuanto no se trataba de una condición general de institucionalidad jurídica, eran las que cercenarían el poder eclesiástico, allanarían obstáculos a la empresa privada, etcétera. Eran las que debía expedir el congreso mismo de la Gran Colombia, no una asamblea anfictiónica ideada por Bolívar. Dicho esto, cabe preguntar: jen qué se hizo presente de manera concreta la falta de fe americanista de Santander? Se le ha achacado cierta resistencia a apoyar la gran empresa de liberación hispanoamericana después de lograda la expulsión de las fuerzas realistas del territorio colombiano, ya que demoró más de la cuenta -a juicio de Bolívar- el envío de refuerzos al Perú. Pero al fin los envió, y si valoró demasiado la necesidad de obtener una previa autorización legislativa, difícilmente podría demostrarse que su motivo fuera otro que un malentendido legalismo. Es cierto que también había resistencias políticas en la Gran Colombia a una plena colaboración en la empresa del Perú, y es de presumir que éstas influían en la actitud de Santander; pero provenían principalmente de Venezuela, y no de su propia facción.38 Posteriormente, el vicepresidente se opuso sin lugar a dudas a la tentación que sintió Bolívar de lanzarse a la guerra contra el Brasil en defensa no sólo del título argentino sobre la Banda Oriental sino del principio del republicanismo, y evidenció al respecto un innegable aislacionismo grancolombian~.~~ Pero su pacifismo (y hasta benevolencia) para con la monarquía brasileña no era una actitud cerradamente antiamericanista, aunque 88 El pmblema d e los refuerzos al Perú se enfoca desde u n punto d e vista poco LECUNA,Crónica razonada d e las guerras d e Bolívar, afecto a Santander e n VICENTE 3 tomos, Nueva Y o r k , 1950, 111, págs. 257-259; una interpretación más favorable a Santander se desprende d e El r4gimen de Santander, págs. 89-91. ARMANDO VIEIRADE MELLO.Bolívar, o Brasil e os nossos vizinhos d o Prata ( d a questáo d e Chiquitos d guerra d e Cisplatina). Río d e Janeiro, 1963, págs. 121-147. " SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO 259 contrariaba el americanismo de Bolívar referido casi exclusivamente a la América antes española. Tampoco fue Santander el único responsable del abandono de la empresa antibrasileña, que era por otros muchos motivos inaconsejable. (Hubiera sido, sin embargo, una manera de postergar algo más la vuelta del Libertador a Bogotá y el consiguiente desplazamiento de Santander de la jefatura del poder ejecutivo; así es que la oposición de Santander fue al parecer desinteresada). Más sutil fue la resistencia de Santander, si de veras merece tal denominación, al proyecto bolivariano del Congreso de Panamá. No lo rechazó, pero de acuerdo con el secretario de Relaciones Exteriores grancolombiano, Pedro Gual, lo diluyó, invitando a concurrir a los Estados Unidos y al Brasil, cuya presencia no cuadraba en los planes primitivos del Libertador. Se infiere, por lo tanto, que no compartiera el anhelo bolivariano de que las naciones de habla española construyeran a partir de la reunión de Panamá alguna organización permanente de colaboración de carácter superestatal. Mas en la práctica el Congreso resultó ser una reunión de españoles americanos exclusivamente, ya que el representante norteamericano llegó tarde y tampoco participó un brasileño. En todo caso, para entonces parece que el mismo Libertador ya no tenia mucha confianza en los proyectos anfictiónicos. Por el momento se inclinaba más al grandioso concepto de una Confederación de los Andes que reuniera a la Gran Colombia, Perú y Bolivia dentro de una sola entidad política. A este proyecto se opuso férreamente Santander, como también se oponía casi todo el mundo, por creerlo perfectamente irrealizable; y pronto lo abandonó Bolívar, para dedicar sus últimos esfuerzos a la tarea más modesta de conservar la Gran C ~ l o r n b i a . ~ ~ La falta de entusiasmo de Santander en lo que se refería a planes continentales de Bolívar podría atribuirse a una pequeñez de miras o a un profundo sentido práctico, según se juzgue la factibilidad de los planes bolivarianos. Sin embargo, de ningún modo puede echársele la culpa de la disolución final de la Gran Colombia misma. El artífice de la disolución fue Páez, arrastrado a su vez por el sentimiento separatista de los venezolanos, que BELAUNDE, Bolfvar y el pensamiento polltico, p8gs. 271-274, 276-280, 285-288, 298-301. Si el proyecto de Confederación d e los Andes se hubiera llevado a cabo, la @ Gran Colombia unitaria se habría disuelto antes, para que se confederaran sus tres regiones básicas en pie de igualdad con Bolivia y el Perú (o más bien con Bolivia y los dos estados en que Bolivar pensaba dividir la nación peruana). Quizás d e esta manera se habría resuelto satisfactoriamente el problema de convivencia entre Venezuela, Nueva Granada y Quito, mas a costa de ligarlos a una entidad mayor de muy dudosa viabilidad. 260 DAVID BUSHNEUA no habían sabido reprimir ni Santander ni Bolívar. Puede ser que e1 apego del vicepresidente a reformas "inoportunas" haya fomentado las divisiones internas y minado así la estabilidad politica de la gran república, pero la moratoria impuesta por la dictadura de Bolívar en materia de reformas tampoco aquietó las disensiones. Por lo demás, la obra de Santander como mandatario de la Gran Colombia, sin ser genial ni exenta de errores, no era nada deleznable. Preservó un clima de libertad civil y fundó escuelas. De la obra reformista del Congreso Constituyente defendió no sólo la contribución directa, que en su época fue sin duda un error, sino la ley de manumisión. Coadyuvó a la promulgación de otras medidas más de tendencia progresista, por ejemplo la abolición en 1824 de los mayorazgos, que fue una de las reformas que no objetó Bolívar y que, por consiguiente, sobrevivió a la caída del vicepresidente. Santander no predicó ni reforma agraria ni construcción de acerías estatales, ni intuyó debidamente el peligro norteamericano, pero no por tozudez sino porque no tuvo la dicha de nacer en el siglo veinte. RESUMEN El autor analiza en este trabajo la actuación del prócer neogranadino Francisco de Paula Santander, vinculándola con el plan político de Bolívar y con su fracaso. En general, los colombianos adeptos al partido conservador valoraron en mayor medida a Bolívar y los del partido liberal a Santander. Empero, los cambios políticos recientes ocurridos en Colombia, fundamentalmente el surgimiento del Frente Nacional bipartidista y la escisión del movimiento liberal, dieron por resultado variaciones importantes en la clásica interpretación historiográfica de ambas tendencias. El estudio sobre el origen clasista de estos sectores aún no ha arrojado resultados definitivos, mas puede afirmarse que en general ambas facciones eran de origen oligárguico. En Nueva Granada, probablemente los comerciantes y profesionales se inclinaban más hacia Santander y la mayor parte de los latifundistas hacia Bolívar. Y si bien algunos sectores militares de origen popular apoyaban a Bolívar, eran mal vistos por la oligarquía del propio partido. Por otra parte, algunos de los partidarios de Santander se reclutaron también entre los sectores "populistas". Satander perteneció a una corriente latinoamericana que intentaba ampliar las libertades individuales aunque a través de un lento proceso. Según el autor puede afirmarse que no existían grandes diferencias en los planes a largo plazo de ambos sectores, y que sus discrepancias se daban fundamentalmente en el plano táctico. Casi todas las medidas políticas de Santander fueron puestas en práctica tarnbién por Bolívar en las distintas etapas de su actuación. Quizas los motivos de disputa más importantes residieran en la concepción que ambos políticos tenían del poder y de la unión latinoamericana. Bolívar propició SANTANDERISMO Y BOLIVARISMO 261 un sistema unitario para algunas regiones. Por el contrario, el planteo político de Santander era más convencionalmente liberal y apoyaba un federalismo sobre la base de pequeños estados. La unidad latinoamericana propiciada por San Martín y Bolívar se oponía tombién al reformismo nacional de los sectores rivadavianos y santandereanos. La oposición de Santander se vio más claramente en el caso del Congreso de Panamá. Empero, según el autor, la disolución de la Gran Colombia no puede considerarse imputable a la acción de este último, sino más bien a la de Páez. SUMMARY The author looks up into this paper the actuation of the neogranadine heroe Francisco de Paula Santander, vinculated wit,h the politic planification made by Bolivar and with his unsuccess. In general, the Colombians followers of the Conservatist Party recovered to Bolivar, and 'chese from the Liberal Party, to Santander. But the politic changes that recently took place in Colombia, specially the appearing of the National Bipartidist Front and the division of the liberal movement gave as a result important modifications in the clasic historiographical interpretation raised from both sides. There have been no definitive results from the studies made about class origin of both groups, but we can say that in general people came from oligarchics families. In Nueva Granada, merchants and professional men were more likely followers of Santander, and landowners were more likely followers of Bolivar. Santander belonged to a Latin American tendency that theoretically intented inlarge personal freedom, although through a slowly process. According to the author, we can say that big differences didn't exist about the long-run plans of both sides. Their discrepances were fundamentally given in the short-run plans. Taking out the few differences, every political measures given by Santander were also carry up by Bolivar. Perhaps the argueing fundaments would came from the differents points of view about the power and the Latin American union. Bolivar improved an unitarian system for some regions. On the contrary, the policy of Santander was more conventionally liberal and supported a federalism on the basis of small states. On the other hand it was also discussed the notion of Latin American integration, developed by Bolivar and San Martín and the national modernism from the rivadavian and santanderean followers. But Santander's opposition to the americanist project was more clearly seen in the Congress of Panamá. The author shows that the disolution of the Great Colombia cannot be considered umputable to Santander'action, but to Paez'one.
0
Puede agregar este documento a su colección de estudio (s)
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizadosPuede agregar este documento a su lista guardada
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizados(Para quejas, use otra forma )