La violencia política y las
dificultades de la construcción de
lo público en Colombia: una
mirada de larga duración 1
Fernán E. González
En una ponencia para el VI Congreso de Antropología que recogía las líneas generales de una investigación interdisciplinaria realizada por el equipo Conflicto social y violencia del Cinep,' señalaba
cómo la tendencia a la solución privada y violenta de los conflictos
podía mirarse como la contrapartida ele la inexistencia o precariedad de un ámbito público de solución de las tensiones sociales. Así,
se decía que las diferentes violencias tenían siempre un referente
político común: la no aceptación del Estado como detentador del
monopolio de la fuerza, como tercero en discordia en medio de los
conflictos de la sociedad. Esto implicaba que los límites entre lo
privado v lo público se hacían muy difusos, jmes acudir a formas
Una versión preliminar de este artículo se publicó en Carlos FlGUEROA
IBARRA (compilador), América Latina. Violencia y miseria en el crepúsculo del siglo.
México: Universidad Autónoma de Puebla v Asociación Latinoamericana de
Sociología, Alas, 1996.
Historiador político y politólogo, subdirecte>r del Cinep y profesor de la
Universidad de los Andes.
" "Esj)acio público y violencias privadas", en Mvriam JIMENO (comp), Conflicto
social y violencia. Notas para una discusión, Memorias del VI Congreso de Antroj)ología. Bogotá; Ican-lfea, 1993.
Colombia: conflicto social y violencia, ¡980-1988. 'Lernas para una investigación,
DOCUMENTOS OCASIONALES No. 48. Bogotá: Cinep, 198S.
163
Fernán E. González
de justicia privada u organizar grupos de guerrilla o ele paramilitares supone asumir una función pública y desconocer el monopolio
estatal de la fuerza.
A partir de esa afirmación un tanto tautológica se emprendía
una reflexión ele largo jílazo sobre las relaciones entre la Sociedad
y el Estado cu Colombia, a partir ele los procesos de poblamiento,
de configuración de las distintos tipos de cohesie'm social y política,
relacionadas siempre con los procesos de construccicSn de las instituciones nacionales y expresadas en los imaginarios políticos, desde los cuales se perciben, juzgan y valoran los acontecimientos ele
la vida política. En esa reflexión sobre las relaciones entre Estado y
Sociedad se decía que la llamada precariedad del Estado expresaba
cierta renuencia de la sociedad para verse y sentirse expresada en y
por el Estado y se traducía en la debilidad de las instituciones estatales de corte moderno, como aparece en la inoperancia de la justicia y la dificultad de instaurar eficazmente una carrera administrativa. La contrajxirtc de esta inoperancia es una sociedad abandonada a sus propias fuerzas, que solo exige la jnesencia del Estado
como dispensador de servicios y creador de infraestructura, pero le
niega el carácter regulador de la convivencia ciudadana y de la vida
económica de la nación.
Por ello, hablar de la inexistencia del ámbito público y de la
precariedad del Estado nos obliga a una rcflexic'm sobre el funcionamiento de la sociedad donde se genera ese Estado, que lo cemforma de cierta manera y luego se niega a verse reflejada en él: el
Estado y el régimen político no son entidades autónomas e independientes, sino que ele alguna manera responden a la sociedad
que lo conforma. Para esta reflexión, conviene acercarnos a una
mirada comparativa de nuestro [proceso con relación al desarrollo
político y social de Occidente.
HACIA LA SEPARACIÓN
PÚBLICO PRIVADO Y EL AUTOCONTROL
Según Norbert Elias, el proceso civilizatorio de Occidente y el surgimiento ele la autoconciencia individual sujjone que las funciones
Norbert ELIAS, El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenélicas (México: Fondo de Cáiltura económico, 1987) y La sociedad de los individuos (Barcelona: Ed. Península, 1990).
164
La violencia política y las dificultades...
de protección y control sobre los individuos pasan de grupos endógenos (clanes familiares, comunidades rurales, latifundios, gremios y grupos étnicos) a ser ejecutadas por agrupaciones estatales,
de carácter urbano y centralizado. En esta transición, los individuos
salen de grujios locales y reducidos de protección, empiezan a depender más de sí mismos y aumentan su movilidad social y espacial. Esto afecta su seguridad básica v la cohesión interna de sus
grujios e implica una creciente separación entre lo público y lo privado, lo mismo que una progresiva diferenciación del individuo
frente a sus grujios ele control: familia, clan, vecindario, grupo étnico, etc.
Así, para Elias, el jnoceso civilízateme) se da como aspecto subjetivo de este proceso global ele diferenciación e integración, en el
ejue la sociedad va jíerfcccionando su control sobre las condiciones
necesarias para su supervivencia y su organización interna. En esc
proceso subjetivo, van surgiendo modelos ele autocontrol y autorregulación cada vez más estrictos, que cubren a un mayor número
de personas y penetran en la estructura psíquica de los individuos.
Esta autorregulación se expresa, por ejemplo, en el uso generalizado del reloj, que permite sincronizar y coordinar las actividades eleindividuos y grupos jDor medio de la aceptación de una medida
común de tiemjDO. Lo misme) ocurre con la dimensión espacial jíor
medio de la obediencia a las señales ele tráfico, semáforos y normas
de regulación urbana. Y con la aceptación de la necesidad ele obedecer a la ley, como norma impersonal y objetiva, que regula la interacción de los individuos. Todas estas regulaciones introyectadas
simbolizan la pertenenencia a una sociedad mayor, donde se articulan las actividades individuales.
El contraste de la realidad social colombiana con los ejemplos
señalados evidencia lo lejos que estamos de aceptar estas autorregulaciones y el control estatal del espacio y tiempo en el ejue nos
movemos. La impuntualidad generalizada, la no observancia ele las
normas de tráfico, la permisividad frente al contrabando y la evasión fiscal, la desconfianza frente- a los aparatos de justicia, la manera como se urbanizaron nuestras ciudades, expresan la no aceptación de un espacio público al cual se articulen nuestros espacios
privados.
165
Fernán E. González
Obviamente, como señala Nora Rabonikof, 0 la apelación a la
dimensión jmblica dista mucho ele ser unívoca: inicialmentc, la cscisión entre la dimensión pfiblica y privada aparece vinculada a la
construcción del Estado moderno y la aparición del mercado,
cuando el poder público se consolida como algo sejDarado de la sociedad, encarnado en el Estado. Luego, gradualmente se va pasando a entender lo jjúblico como lo social entendido como el conjunto ele los individuos, que se enfrenta a los Estados autocráticos. En
la actual coyuntura de América Latina, la invocación a la esfera pública jDarece estar asociada con el agotamiento del modelo estadocéntrico y la conciencia de la ingenuidad de un llamado abstracto a
la sociedad civil para buscar la creación de una esfera autónoma, escenario ele la participación ciudadana: allí, algunos se refieren a la
integración sodetal frente a la atomización producida jaor la modernización, que expresaría la necesidad de afirmar una identidad
colectiva que integre las individualidades en un movimiento ciudadano a través del reconocimiento recíproco de las diferencias.
Pero tanto estas precisiones sobre la apelación a lo público como sus expresiones en la vida cotidiana nos muestran la necesidad
de un análisis concreto de las relaciones entre sociedad colombiana
y Estado: una sociedad donde no se pasa a las solidaridades abstractas, basadas en la ciudadanía, ni se introyectan formas de autocontrol, ni se dan referencias a una normatividad impersonal, y
donde la solución de la mayoría de los problemas no jaasa por el
Estado. Todo ello nos obliga a acercarnos a la particularidad del
proceso colombiano de construedém del Estado, más allá de los
modelos teóricos establecidos.
EL DOMINIO
INDIRECTO DEL ESTADO COLONIAL
En vailas de sus obras, Charles Tilly' ha venido planteando la necesidad de un acercamiento diferenciado a los procesos de construcNora RABONIKOF, "La n o c i ó n ele lo público y sus p r o b l e m a s : notas p a r a u n a
reconsideración'", en REVISTA INTERNACIONAL DE FILOSOFÍA POLÍTICA, No. 2,
n o v i e m b r e d e 1993.
Charles Tll.l.v, " C a m b i o social y Revolución en Europa, 1492-1990", en
HISTORIA SOCIAL, No.15, 1993. Para u n a visión más amplia del p e n s a m i e n t o de
Tilly, cfr., Coerción, capital y Estados europeos. 990-1990. Madrid: Alianza editorial, 1992.
166
La violencia política y las dificultades...
ción del Estado al mostrar que los modelos teóricos del Estado supuestamente moderno no son sino una abstracción de algunos desarrollos históricos concretos, en particular de Francia e Inglaterra.
El proceso de estos países dio lugar a lo que Tilly denomina un Estado consolidado, muy distinto de los desarrollos históricos de España y Portugal, heredados de alguna manera por Iberoamérica. No
se trataría entonces, como decíamos entonces, de que Colombia
hubiera vivido un proceso incompleto de formación de Estadonación sino ejue su evolución refleja más bien un caso particular de
dicha formación.
En los Estados plenamente consolidados, de acuerdo con este
autor, el Estado posee un dominio directo de la sociedad, a la que
controla a través de un aparato burocrático de funcionarios directamente pagados por él, un aparato de justicia impersonal y un
ejército profesional con pleno monojjolio de la fuerza. Esto implica
una separacicSn entre Estado y sociedad civil, j u n t o con una clara
delimitación entre los ámbitos público y privado de la existencia.
En cambio, el Estado español controlaba las sociedades coloniales
indirectamente a través de la estructura de poder local y regional:
cabildos de notables locales, de hacendados, mineros y comerciantes, ejercían el poder local y administraban la justicia en primera
instancia, en nombre del poder de hecho que poseían de antemano. Solo en una segunda instancia, la administración de justicia pasaba a la Real Audiencia. Tampoco había un ejército colonial en
sentido estricto, fuera de las guarniciones de Cartagena y Panamá y
la pequeña guardia virreinal, sino que el poder militar era ejercido
principalmente por milicias ciudadanas, generalmente bajo el
mando de los notables locales.'
Pero, además, desde los tiempos coloniales, las ciudades, haciendas, encomiendas y resguardos, integradas a la sociedad mayor
y al Estado colonial, coexistieron con espacios vacíos, de tierras insalubres y aisladas, donde el imperio español y el clero católico tenían una escasa presencia. Algunas de estas zonas, como las selvas
del Darién o los desiertos ele la Guajira, estaban pobladas por indígenas bastante reacios a la soberanía española y poco dispuestos a
Sobre estos aspectos, especialmente lo relativo al fracaso de las reformas militares del período borbónico en la Nueva Granada, cfr. Alian KUFTHE, Military
Reforrn and Society in Nnu Granada, 1773-1808, University of Florida Press,
1978. Existe traducción española, publicada por el Banco de la República, Bogotá, 1993.
167
Fernán E. González
integrarse en la economía colonial. Otros territorios, en zonas selváticas y montañosas, sobre lodo en las zonas de vertiente y en los
valles interandinos, eran de difícil acceso y de condiciones poco saludables: se convirtieron en zonas de refugio de indios indómitos,
ele mestizos reacios al control de la sociedad mayor; de blancos ¡Jobees, que no habían tenido acceso a la jmojiicdad de la tierra en las
zonas integradas; de negros y mulatos, libertos o cimarrones, fugados ele las minas y haciendas.
Pero este modelo de sociedad empezó a modificarse, a mediados del siglo XVIII, por un proceso ejue sigue caracterizando hasta
el día de hoy la historia colombiana, el ele la colonización campesina casi permanente, donde no se da ninguna regulación ni acompañamiento por parte ele la sociedad mayor ni del Estado, sino que
la organización de la convivencia social y ciudadana cjueda abandonada al arbitrio y libre juego ele la iniciativa ele personas y grujios? Esta colonización permanente es producto de tensiones estructurales de carácter secular en el agro colombiano, ejue están
continuamente exjjulsando poblade'm campesina hacia la periferia
del jiaís, donde pronto se reproduce la misma estructura de concentración de la propiedad rural que forzc') a la migración campesina, que coexiste con la colonización de terratenientes, de carácter
tradicional o empresarial. Esta coexistencia y comjictenda por la
tierra y la mano de obra será frecuentemente conflictiva?
Además, esta colonización permanente evidencia ejue no es tan
omnipotente el control que las haciendas, las estructuras de poder
de los pueblos rurales y el clero católico ejercen sobre la poblade'm
rural. Muestra también ejue, desde la segunda mitad del siglo
Cfr. F e r n á n GONZÁLEZ, "Espacios vacíos y control social a fines d e la Colonia", en Análisis. Conflicto social y violencia en Colombia. No. 4. DOCUMENTOS
OCASIONALES # 60. Bogotá; Cinep, 1990.
Fabio ZAMBRAXO. " O c u p a c i ó n del territorio v conflictos sociales en Colombia" v [osé [airo GONZÁLEZ, "(láminos ele O l i e n t e ; aspectos de la colonización
c o n t e m p o r á n e a del O r i e n t e c o l o m b i a n o " , en Un país en construcción. Pablamiento, problema agrario y conflicto social, CONTROVERSIA No. 151-152. Bogotá:
Cinc-]), 1989.
Cfr. Basilio DE O V I E D O , Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada. Bogotá: Biblioteca de Historia Nacional, 1930, págs. 255-257, y Virginia Gl 11ÉRREZ DE PINEDA, 1.a familia en Colombia. Trasfondo histórico, yol. I. Bogotá:
Universidad Nacional, 1903. Págs.340-343. Las consecuencias políticas d e estas
tendencias han sido señaladas en mi artículo "Reflexiones sobre las relaciones
entre i d e n t i d ad nacional, b i p a r t i d i s mo e Iglesia católica", V C o n g r e s o de Aní continúa en la página siguiente I
168
La violencia política y las dificultades...
XVIII, se h a n r o t o los vínculos d e c o n t r o l y d e s o l i d a r i d a d i n t e r n a s
d e las c o m u n i d a d e s rurales, c a m p e s i n a s o i n d í g e n a s , c o m o lo evid e n c i a n los i n f o r m e s d e M o r e n o y Escanelón. lo m i s m o ejue o t r o s
i n f o r m e s d e la é p o c a .
EL PAPEL DEL BIPARTIDÍSIMO
A mi mexlo d e ver, esta situación fue h e r e d a d a p o r la r e p ú b l i c a
n e o g r a n a d i n a y c o l o m b i a n a , cuye) sistema político b i p a r t i d i s t a
p e r m i t i ó articula r a los p o d e r e s locales y r e g i o n a l e s con la n a c i ó n ,
al ir v i n c u l a n d o las s o l i d a r i d a d e s y r u p t u r a s d e la s o c i e d a d c o n la
j i e r t e n e n c i a a u n a u o t r a ele estas especies d e s u b c u l t u r a s políticas,
q u e se c o n s t i t u y e r o n e n ck)s f e d e r a c i o n e s d e g r u p o s d e p o d e r e s ,
r e s p a l d a d o s p o r sus respectivas clientelas. P e r o este tipo d e p o d e res d e h e c h o coexistía c o n e s t r u c t u r a s formales s e m e j a n t e s a las ciclos E s t a d o s m o d e r n o s , ejue d e b í a n estar e n n e g o c i a c i ó n p e r m a n e n te c o n los p r i m e r o s .
P o r esto, las d i f e r e n t es bases sociales d e la vida política se van a
h a c e r e v i d e n t e s e n la c o n t r a p o s i c i ó n , a n t e s s e ñ a l a d a , e n t r e colonización c a m p e s i n a , e s p o n t á n e a y aluvional, y e s t r u c t u r a latifundista,
t r a d i c i o n a l o e m p r e s a r i a l . Este c o n t r a s t e se va a reflejar e n d o s tijjos d i f e r e n t e s d e adscripdc'm política y d e c o h e s i ó n social, ejue van
a t e n e r c o n s e c u e n c i a s p a r a las o p c i o n e s violentas. U n a va a ser la
cohesieSn y j e r a r q u í a sociales en las zona s d o n d e predomine') la hac i e n d a colonial con su e s t r u c t u r a c o m j n c m e n t a r i a d e m i n i f u n d i o y
tropología, 1990.
Francisco Antonio MORENO Y EsCANDCix, Indios y mestizos de la Nueva Granada a finales del siglo XVIII. Bogotá: Banco Popular, 1983.
" La existencia de situaciones semajantes en otras zonas del país está coi roben acia por los informes de Mon y Velarde para Antioquia, De Mier para la
región del Bajo Magdalena y el franciscano Palacios de la Vega para las Sabanas de Sucre y Córdoba. Lo mismo ejue por estudios más recientes como los
de Osear Almario y Eduardo Mejía sobre los orígenes del cainpesinado vallecaucano y los de Francisco Zuluaga sobre clientelismo, guerrilla y bandolerismo social en el valle del Palia.
Fernán GONZÁLEZ, Claves de aproximación a la historia política colombiana
(mecanografiado, inédito).
Cfr. Fernando GLILLÉX MARTÍNEZ. El poder político en Colombia (Bogotá: Ed.
Punta de Lanza, 1979) y Fernán GONZÁLEZ, "Poblamiento v conflicto social en
la historia colombiana", en Territorios, regiones, sociedades (Bogotá: UnivalleCerec. 1994).
1 69
Fernán F.. González
mano de obra dependiente (aparceros y peones de zonas donde
fueron antes muy importantes las encomiendas y los resguardos
indígenas) y los pueblos organizados jerárquicamente, desde los
primeros años de la Colonia, en torno a los notables locales y sus
respectivas clientelas.
Así, la población dependiente de la estructura hacendataria va a
alinearse políticamente con los dueños de las haciendas, sean éstos
del partido que sean. ' Así, peones, arrendatarios y aparceros van a
seguir a sus hacendados como soldados en las guerras civiles y como votantes en la lucha electoral. Otros campesinos serán reclutados forzosamente, pero la participadém en la vida de campamento
militar y en las acciones bélicas van creando luego ulteriores lazos
de cohesión social entre ellos, basados en la camaradería de la lucha común. Estos lazos serán luego reforzados por la llamada venganza de sangre, ejue hará más o menos hereditaria la adscripción
partidaria, puesto que cada guerra civil se convertirá en la ocasión
del desejuite o venganza del camarada o pariente muerto en la contienda anterior. Así, se va produciendo una cadena de odios heredados, que reproducen las violencias cuando se presenta una ocasión
propicia.
Otra muy distinta es la cohesión social que se va construyendo
en las zonas ele colonización campesina aluvional, proveniente de
diversas regiones del país, con diversos componentes étnicos {los
pueblos revueltos), que ocupan las vertientes cordilleranas y los valles
interandinos. En estas áreas ele colonización marginal, la población
estará más disponible a nuevos discursos y mensajes políticos, culturales o religiosos. Hay que notar que en las regiones de la llamada colonización antioejueña, se dan formas ele colonización que varían en el csj)acio y el tiempo: en las primeras etapas y reglones, se
produce un transplante de las estructuras jerarejuizadas y patriarcales de los pueblos de origen (casi siempre del Oriente antioqueño).
Pero, en las etapas posteriores, en regiones más marginales, se
produce otro estilo de colonización más esjiontánco, más libertario
y casi anarquista. En estas zonas de colonización aluvional, la participación en las guerras civiles y contiendas electorales es de carácter más voluntario y anárquico: los campesinos se reúnen bajo el
Para las relaciones entre hacienda v adscripción bipartidista, se puede consultar a Fernando C U I T E N MARTÍNEZ, El poder político en Colombia. Bogotá: Ed.
Planeta Colombiana. 1990.
170
La violencia política y las dificultades...
m a n d o d e u n caudillo salido d e sus filas, al m a r g e n d e la e s t r u c t u r a
d e p o d e r d e la h a c i e n d a y d e los p u e b l o s c o n s o l i d a d o s . F r e c u e n t e m e n t e , los d o s tipos d e a d s c r i p c i ó n coexisten, p e r o los m i e m b r o s
ele u n o y o t r o s u e l e n m i r a r s e c o n d e s c o n f i a n z a m u t u a . ' Esta desconfianza es p r o d u c t o del tipo d e a r t i c u l a c i ó n q u e el b i j i a r t i d i s mo
i n t r o d u c e e n t r e las e s t r u c t u r a s locales y r e g i o n a l e s del p o d e r y la
o r g a n i z a c i ó n c e n t r a l del E s t a d o n a c i o n a l .
Estos d o s tipos d e p o b l a m i e n t o y c o h e s i ó n social se reflejan en
movilizaciones políticas d e diversa í n d o l e : e n las g u e r r a s civiles del
siglo XIX, c o m o la d e los Mil Días (1899-1901), los ejércitos m á s reg u l a r e s se van a r e c l u t a r e n los altiplanos, m i e n t r a s q u e la g u e r r a
d e guerrillas va a h a c e r m a y o r p r e s e n c i a e n las z o n a s d e colonizac i ó n d e las v e r t i e n t e s c o r d i l l e r a n a s . T a m b i é n las guerrillas d e la
Violencia d e los a ñ o s c i n c u e n t a y las actuales van a e n c o n t r a r su esc e n a r i o privilegiado e n ese t i p o d e r e g i ó n .
P e r o t a m b i é n a p a r e c e n g r u p o s d e reales v o l u n t a r i o s , q u e se vinc u l a n a la l u c h a civil p o r m o t i v o s m á s i d e o l ó g i c o s y cuya adscripción política c o r r e s p o n d e a lazos m á s m o d e r n o s d e sociabilidad.
Estos e l e m e n t o s d e política m o d e r n a v a n a coexistir casi d e s d e el
c o m i e n z o d e n u e s t r a historia política c o n los lazos d e s o l i d a r i d a d
t r a d i c i o n a l a n t e s d e s c r i t o s . C o m o a n o t a Fabio Z a m b r a n o , d e s d e el
c o m i e n z o d e la vida r e p u b l i c a n a se p r e s e n t a n i n t e n t o s d e movilización política ele grujios d i s t i n t o s d e las élites en u n estilo m á s m o d e r n o d e socialización política: e n 1822, el g e n e r a l S a n t a n d e r trata
d e vincular a los a r t e s a n o s a la S o c i e d a d P o p u l a r , m i e n t r a s ejue ent r e 1848 y 1849 se c r e a n 120 s o c i e d a d e s d e m o c r á t i c a s e n t o d o el
país p a r a movilizar a los a r t e s a n o s u r b a n o s e n r e s p a l d o d e las ref o r m a s liberales d e m e d i a d o s d e siglo. P e r o la e x p e r i e n c i a d e la
p a r t i c i p a c i ó n ele estos g r u p o s e n el g o l p e militar d e Mc-lo e n 1854
c o n d u j o a los d i r i g e n t e s del l i b e r a l i s m o radical a o p o n e r s e a la org a n i z a c i ó n y movilización p o p u l a r .
A d e m á s , la existencia ele o t r o s tipos d e sociabilidad política m á s
m o d e r n a c o m o la m a s o n e r í a , los c l u b e s y o r g a n i z a c i o n e s políticas
El caso que mejor ilustra esta coexistencia es el de la guerra de los mil días.
Para ello, se pueden consultar las obras de Carlos Eduardo JARAMII.LO, LOS
guerrilleros del novecientos (Bogotá: Ed. Cerec, 1991) y Charles BERGQUIST, Café y
Conflicto en Colombia, 1886-19II) (Medellín, Eaes, 1981).
Fabio ZAMBRAXO. "El miedo al pueblo. Contradicciones del sistema político
colombiano", en Análisis 2. Conflicto social y violencia en Colombia, Doce MENTÓ
OCASIONAL No. 53. Bogotá: Cinep, 1989.
171
Fernán E. González
nos llevaron a la necesidad de superar el enfoque excesivamente
dualista e n d e modernidad y tradición y buscar formas intermedias
entre los dos polos. Por ejemplo, rescatar el jaapcl de intermediación de gamonales y caciques políticos, estudiados por Frane:oisi o
Xavier Cuerra. ' A la vez, hay que tener en cuenta el i n t a c t o de las
reformas modernizantes inducidas desde el Estado y las élites, ejue
logran ciertos avances selectivos en la búsqueda de un mayor control directo del Estado sobre la sociedad.
IDENTIDADES POLÍTICAS EXCLUYENTES
Estos procesos ele migración y cohesión social, este estilo de construcción estatal y estas articulaciones de identidades locales y regionales con la nación, tienen su expresión simbólica en los sentidos de pertenencia ejue se van creando alrededor de ellos. Estos
marcos de referencia o imaginarios colectivos se constituyen cu un
conjunto de pie-concepciones, preintelecdones y prevaloraciones
con los cuales la población se acerca al m u n d o de lo político, para
determinar a quién se incluye o excluye ele su comunidad o colectividad política. En general, las a d s o r c i o n e s bijiartidistas se caracterizaban por un alto grado ele intolerancia mutua, que reforzaba,
desde el nivel nacional, las exclusiones en que se basaban las identidades locales y regionales.
Además, el hecho de haberse tomado la relación con la institución eclesiástica como frontera divisoria entre los partidos reforzó
el elemento pasional ejue ya tenían las identidades previas de carácter local. Además, estas identidades se fortalecen más con las experiencias de luchas compartidas en las guerras civiles, con la vida
común de campamentos y batallas, junto con los correspondientes
odios heredados y las venganzas de sangre, pendientes de generación
en generadc'm.
Pero todo este conjunto de adscripciones, modernas o tradicionales, confluye en socializaciones políticas maniqueas y excluyentes, que definen un nos-olros, los ejue están adentro de nuestro grupo de referencia, frente a los otros, que están afuera de nuestro
marco. En estas configuraciones se juntan identidades y solidaridades primarias ele tipo local y regional, fruto de los procesos ele cois
FVancois-Xavier CIERRA. México: del antiguo régimen a la revolución. México:
Fondo de Cultura Econcímico, 19S8.
172
La violencia política y las dificultades...
Ionización antes descritos, con adhesiones más abstractas y solidaridades secundarias. Pero el resultado es siempre la exclusión del
otro, del diferente: el habitante del barrio vecino, de la vereda de
enfrente, del pueblo cercano, de la región vecina, queda por fuera
de mi universo simbólico, porque no pertenece a mi comunidad
homogénea. Esta exclusión del otro en el nivel primario se refuerza
con la exclusión del otro en el nivel nacional. Todo lo cual exjalica
el carácter maniqueo y sectario de nuestras luchas políticas: matar
liberales no era pecado para los curas conservadores, porque el liberal comecuras era el otro, por fuera de la comunidad de fieles católicos. Y viceversa, los curas godos (españolizantes, no-patriotas)
eran enemigos del progreso y de las ideas democráticas. Pero, estas
contraposiciones permitían articular la sociedad nacional con las
solidaridades locales y regionales.
EL NO MONOPOLIO ESTATAL DE LA FUERZA
Todos estos procesos de poblamiento, organización partidista y
creación de imaginarios de pertenencia subyacen al proceso de
formación del Estado por la vía del poder indirecto. Este dominio
indirecto del Estado implica que el poder estatal no se ejerce a través de instituciones modernas de carácter impersonal sino mediante la estructura de poder previamente existente en la sociedad local
o regional, basados en los lazos de cohesión previamente existentes
en esos ámbitos. Pero este estilo de poder dificulta la consolidación! del Estado nacional como detentador del monopolio de la
fuerza legítima y come:) espacio público general de resolución de
conflictos, lo que se expresa en la proclividad a la solución privada
o grupal de los problemas, frecuentemente por la vía armada. Esto
se traduce en la poca presencia política y el escaso tamaño del
Ejército Nacional, que en otros países latinoamericanos vehículo la
unidad nacional y sirvió de elemento cohesionador de la sociedad
nacional. Esto incide en el no monopolio de la fuerza en manos del
Estado nacional, cuyo aparato militar coexiste, durante el siglo
XIX, con cuerjios de milicias regionales y grupos armados de carácter privado, al servicio de hacendados y personajes importantes en
la vida local.
19
Cfr. F e r n á n GONZÁLEZ. Claves de aproximación a la historia política (inédito).
173
Fernán E. González
En ese sentido, estas carencias del Estado nacional fueron suplidas por los partidos políticos tradicionales, que se construyeron
sobre la base social de las jerarquías y cohesión social previamente
existentes en las sociedades locales y regionales. Esto produjo un
reforzamiento de las identidades locales y regionales desde el nivel
de las identidades políticas nacionales: así, la identificación básica
de la población con sus grupos primarios ele referencia (parentesco
nuclear o extenso, vecindario, paisanaje) se hizo más fuerte por la
adscripción a las dos subculturas jiolíticas del liberalismo y conservatismo. Estas subculturas, como federaciones de grupos de notables y comunidades ele sentido, canalizaban y expresaban toda
suerte de tensiones sociales y econc'nnicas.
El análisis de este proceso ele formación del Estado colombiano
muestra que los aparatos estatales no se distancian suficientemente
de la sociedad ni logran penetrarla por medio de una administración directa y autónoma, sino que se hace presente en el territorio
de manera indirecta, a través ele los mecanismos de poder ya existentes en la sociedad, dejando por fuera a las regiones y grupos periféricos de la sociedad. Este dominio indirecto del Estado sobre la
sociedad explica el papel que los partidos tradicionales, el liberalismo y el conservatismo, han venido jugando en la historia política
y social de Colombia lo mismo que las dificultades que afrontan actualmente. Estos dos partidos, como dos federaciones de grupos
locales y regionales de poder, sirvieron de articuladores de localidades y regiones con la nación, lo mismo que de canalizadores de
las tensiones y rupturas que se daban en esos niveles: la pertenencia a uno u otro de los partidos pasaba así por la identidad local y
regional. Así, las contradicciones entre regiones y localidades vecinas, los conflictos étnicos, los enfrentamientos intra e intcrfamiliares, los conflictos entre grupos de interés, las luchas de cimarrones
contra sus antiguos amos, los conflictos ele resguardos indígenas
contra los terratenientes vecinos, las luchas de nuevos grupos sociales y generacionales por el ascenso social, las confrontaciones entre
pueblos recién fundados y los pueblos dominantes en cada regiém,
fueron desembocando en las adscripciones políticas excluyentes y
hereditarias que antes hemos descrito.
Así se articulaban los vínculos de solidaridad primaria y tradicional, basados en el parentesco, vecindario, compadrazgo, etc, con
los vínculos más abstractos de la ciudadanía y la nación. Pero esteestilo de articulación se muestra cada vez más incapaz de expresar
las tensiones y conflictos ele nuevos grujios y regiones: en el pasa-
174
La violencia política y las dificultades...
do, fracciones del liberalismo lograron expresar escás intereses. Pero, a partir de los años veinte, empiezan a aparecer luchas sociales
y movimientos sociales, en las ciudades y los campos, al margen del
bijDartidismo. Sin embargo, esta articulación, desde arriba hacia
abajo, funcionó, aunque con problemas, durante todo el siglo XIX
y la primera mitad del siglo XX." Es más, donde persiste la cohesión social interna de los poderes locales y regionales y su control
sobre la sociedad, no se producen altos niveles de violencia en los
años cincuenta, porque estos poderes suplen al Estado. La violencia generalizada estalla cuando se combinan crisis en la estructura
nacional de poder con tensiones en las estructuras regionales y locales, a través de las cuales se presenta el dominio indirecto del Estado sobre la sociedad.
LOS PROBLEMAS DEL
DOMINIO INDIRECTO DEL ESTADO
Este estilo de presencia indirecta permitía que este Estado fuera relativamente barato, y que respondiera bastante bien a la escasez de
recursos fiscales del país, que nunca tuvo una gran articulación al
mercado mundial, ni grandes booms de exportaciones, que pudieran configurarlo como un Estado rentista: nunca h u b o demasiado
oro ni plata, ni guano, cobre, petróleo, trigo o carne de exportaciem, así que la debilidad del Estado respondía a su pobreza fiscal.
Por otra parte, el Estado colombiano tampoco tuvo que afrontar
las grandes movilizaciones de corte populista, ni grandes migraciones europeas, ni poderosos movimientos sindicales de corte anarquista, ni la ampliación de las capas medias, que caracterizaron a
otros países.
Por ello, no se produce una masiva ampliación de la ciudadanía,
ni grandes presiones de las masas populares y de las clases medias
sobre el gasto público, lo que permite un manejo bastante ortodoxo de la economía, sin grandes presiones inflacionarias. Además, la
falta de un movimiento populista de carácter indusionario hizo innecesarias las intervenciones militares en la vida política: la vida política colombiana se caracteriza por la casi total ausencia de dictaCfr, Fernán GONZÁLEZ. "Aj)ioximacie)n a la historia política colombiana", en
Un país en construcción, val II, Estado, instituciones y cultura política, CONTROVERSIA No. 153-154. Bogotá: Cinep, 1989 (reproducido en Para leer la política.
Bogotá: Cinep, 1997).
Fernán E. González
duras militares (excepto un corto período en el siglo XIX y la dictadura del general Rojas Pinilla entre 1953-1957, que fue, durante
la mayor joarte ele su período, instrumentalizada jior sectores de los
partidos tradicionales).
Consiguientemente, tampoco se configura un Estado intervencionista e industrializador, ni tampoco u n Estado de bienestar de
amplia cobertura: jjor lo tanto, tampoco hay una gran ampliación
de una burocracia estatal que produjera un aumento de las capas
medias. Por todo ello, la fragmentación existente del jx)der y de la
riqueza, que se da en la sociedad civil, la no aparición de un mercado nacional que integrara las diversas economías regionales y la
escasez de recursos fiscales se refleja en la llamada precariedad del
Estado.
Tampoco se produce la aparición de una administracicSn pública
jíor encima de los intereses particulares y partidistas, ni un aparato
ele justicia, objetivo e impersonal, por encima de los grupos de poderes privados y grupales. El resultado ele este proceso se expresa
en la imposibilidad de separar claramente los ámbitos público y
privado, y en la dificultad para estructurar instituciones estatales de
carácter moderno, lo mismo que para realizar las reformas necesarias para responder adecuadamente a los cambios de la sociedad
colombiana.
El problema de este tipo de presencia del Estado en la sociedad
es que se basa, esencialmente, en la no distinción entre los ámbitos
privado y público, que se refleja en la proclividad de la sociedad colombiana a la búsqueda de soluciones privadas a los conflictos. Por
ello, para autores como Daniel Pécaut, la violencia colombiana tiene menos que ver con los abusos ele un Estado omnipotente y omnipresente, y mucho más ejue ver con los esjiacios vados que deja
el Estado en la sociedad, que queda así abandonada a sus propias
fuerzas. En ese sentido, este autor señala que el Estado colombiano
signe manteniendo rasgos del siglo XIX, al no estar suficientemente emancipado de las redes de poder privado de la sociedad civil.
Daniel Pécaut. Crónica de dos décadas de política colombiana, 1968-1988. Bogotá: Ed. Siglo XXI, 1988. Págs. 22-23.
176
La violencia política y las dificultades...
LA D I F I C U L T A D D E
EXPRESAR NUEVOS GRUPOS Y PODERES
Por esta carencia de la dimensión pública y esta presencia indirecta
del Estado, además del aspecto referente al jDoblamiento, las violencias colombianas tienen ejue ver con la dificultad esencial ele este modelo para integrar y articular los micropoderes y microsociedades en proceso de formación- de las regiones de colonización, con la sociedad
mayor y el Estado, dado que éstos hacen presencia en esas regiones
indirectamente, a través de las jerarejuías sociales existentes, articuladas en el bipartidismo. La misma dificultad existe para exjnesar
en el nivel simbólico, la pertenencia de estas microsociedades al
conjunto de la nación, puesto que se consolidan por fuera del sistema bipartidista: lo que está afuera es criminalizado y reprimido.
El macartismo anticomunista refuerza el sectarismo excluyeme,
jmopio de la cultura política bipartidista.
Así, el final de las violencias del año cincuenta y el tránsito a
otras formas más ideologizadas de lucha guerrillera muestra la d e ciente incapacidad del sistema político bipartidista para coexistir
con grupos locales de poder que escapan a su ámbito de jx>der.
Las políticas encaminadas a la reinserción de los guerrilleros y la
rehabilitación de las zonas de conflicto de los años cincuenta eran
de alcance muy limitado, como muestra Gonzalo Sánchez." Además, tendían a concentrarse en las zonas controladas por el bipartidismo: incluso en ocasiones, como aparece cu uno de los relatos
de Alfredo Molano,' beneficiaban más a los amigos de los jefes políticos que a los propios exguerrilleros liberales. Por su parte, las
autodefensas influenciadas por el partido comunista emjnezan a
evolucionar hacia formas de poder local por fuera del bipartidismo, ejue son criminalizadas como repúblicas independientes por ¡eolíticos conservadores y las fuerzas armadas. La incajDacidad del régimen político jeara asimilar fuerzas políticas ele- carácter local, con
una base soda! de colonos camjjcsinos de zonas periféricos, junto
con el trabajo ideológico ele activistas del partido comunista, da lugar al surgimiento de las Farc.
"" Gonzalo SÁNTHEZ. "Rehabilitación v Violencia bajo el Frente Nacional", en
ANÁLISIS POLÍTICO, No. 4, mayo-agosto de 1988.
Alfredo M O L A N O . "Vida del capitán B e r n a r d o Giraldo", en Siguiendo el Corte. Relatos de guerras y tierras. Bogotá: El A n c o r a editores, 1989. Págs. 111-113.
') t
[osé ¡airo GONZÁLEZ. El estigma de las Repúblicas Independientes. 1955-1965.
(continiia en la página siguiente)
ni
Fernán E. González
Por otra parte, los acelerados cambios de la sociedad colombiana producen un debilitamiento del monopolio que lees partidos políticos tradicionales y la Iglesia católica tenían sobre la vida cultural
del país. Para ello se combinan factores internos como la rápida
urbanización, la ampliación de las capas medias, el aumento de la
cobertura educativa, el cambio del rol de la mujer en la sociedad y
la acelerada secularización de la sociedad con factores externos
como el influjo de las revoluciones del Tercer Mundo
(especialmente la cubana), la mayor presencia de las masas pojeulares en la escena política, la mayor apertura del país a las corrientes
del pensamiento mundial, el influjo de las varias tendencias del
marxismo y los cambios internos de la Iglesia católica.
Todos estos cambios fueron haciendo obsoletos los marcos institucionales por medio de los cuales el país solía expresar y canalizar los conflictos y tensiones de la sociedad.""' Scge'm Daniel Pécaut"' v Jorge Orlando Meló,"' los cambios sociales, culturales y
económicos de estos años contribuyeron a debilitar las redes de solidaridad tradicional y los correspondientes mecanismos de sujecicSn individual, pero sin construir nuevos mecanismos de convivencia, ni tampoco nuevas formas de legitimidad social.
En este contexto de cambios profundos, se presenta la radicalizaciém de los movimientos obrero, estudiantil y campesino. El influjo de la revolución cubana es muy fuerte en las capas medias urbanas y cu la juventud estudiantil, cuyas perspectivas de integración al aparato productivo y al sistema ¡eolítico no son muy claras:
surge allí una nueva inlelligentsia, influida por las varias líneas del
marxismo y de las ciencias sociales, lo que muestra la pérdida del
Espacios de exclusión (Bogotá: C i n e p , 1992) y E d u a r d o PIZARRO LEOXGÓMEZ, Las
Farc (¡949-1966). De la autodefensa a la combinación de todas las formas de lucha
(Bogotá, Ed. T e r c e r M u n d o e Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, U.Nacional, 1991).
Fernán GONZÁLEZ. "Tradición v M o d e r n i d a d en la política colombiana", en
Violencia en la Regiém Andina. El caso Colombia. Bogotá: C?inej) y A p e p , 1993.
Daniel PÉCAll. " M o d e r n i d a d , niodernizacicín y cultura", en GACETA, Instit u t o C o l o m b i a n o d e Cultura, Colcultura, # 8, agosto-septiembr e de 1990.
Jorge O r l a n d o M E L Ó . "Algunas consideracione s globales sobre modernidad y
modernización en el caso c o l o m b i a n o " , en ANÁLISIS POLÍTICO No. 10, mayoagosto 1990.
178
Ea violencia política y las dificultades...
monopolio que ejercían los partidos tradicionales y la Iglesia católica sobre la vida cultural e intelectual del país."'
Por otra paite, los problemas sociales, tanto en las ciudades
como en el campo, seguían configurando un caldo de cultivo para
las opciones violentas. En ese sentido, las limitaciones de la reforma agraria oficial y la criminalizadón de la protesta campesina
acentuaron el divorcio entre movimientos sociales y partidos políticos tradicionales. Además, este divorcio fue profundizado por la
presencia de variados movimientos de izquierda, interesados en la
radicalización del movimiento campesino. Así, la instrumentalizad ó n ele los movimientos sociales (sindicalismo, movimiento estudiantil, movimientos barriales, cívicos y populares), al servicio de la
opción armada, también influye') en la criminalización de la protesta
social y en la lectura complotista de la movilización social.
Esa instrumentalización ele los movimientos sociales por la izquierda armada, junto con problemas internos, impidió la consolidación de una fuerza democrática de izejuierda, que canalizara el
descontento creciente tanto ele las masas populares de la ciudad y
del campo como de las capas medias urbanas y articulara a los sectores descontentos con el bipartidismo, ejue comenzaron a proliferar en los años sesenta entre intelectuales, sectores medios y grupos jjopulares. Por otra parte, la criminalización del descontento
social, leído desde el enfoque complotista, llevó a la respuesta meramente represiva por parte de los organismos del Estado. Todo lo
cual hace que los grupos radicalizados perciban al sistema político
como cerrado y como agotadas las vías democráticas ele reforma
del Estado, lo que condujo a muchos de estos disidentes a la opción armada.
Esta opción se veía favorecida por la escasa presencia estatal en
vastos territorios del país (o, su estilo indirecto de presencia, a través de las estructuras locales de poder, todavía en formación) y polla existencia de una tradición de lucha guerrillera, presente en
numerosos grupos sociales y antiguos jefes guerrilleros de los años
cincuenta, no plenamente insertos en el sistema bipartidista del
Frente Nacional. Esto era muy visible en las zonas de colonización,
adonde seguían llegando campesinos expulsados por las tensiones
del agro y la violencia anterior. Sobre todo, cuando desaparecen el
Fabio Lé)PEZ DE LA ROCHE. Izquierdas y cultura política. ¿Oposición alternativa?
Bogotá: C i n e p , 1994.
79
Fernán E. González
Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, y la Alianza Nacional
Popular, Anapo, movimientos ele oposición, ejue de alguna manera
canalizaban y articulaban políticamente este descontento social.
Así surgen el ELN en 1965 y el EPL en 1967: en el ELN confluyen nuevos actores sociales, salidos de los radicalizados movimientos estudiantil y sindical, influidos por el foquismo castrista, con los
viejos protagonistas de- los conflictos rurales del Magdalena medio
saniandcreano, resultantes de un proceso aluvional y heterogéneo
de colonización campesina, de diverso origen étnico o regional."
El proceso de surgimiento del EPL muestra algunas similitudes,
con las naturales diferencias regionales: surge en las regiones del
Alto Siin'i v Alto San Jorge, como brazo armado del Partido Comunista Marxista Leninista, de inspiración maoísla, cuyos cuadros
proceden ele clases medias urbanas, muchos de ellos ele origen antioqueño. Estos cuadros urbanos se encuentra con núcleos ele
exguerrilleros liberales de los años cincuenta, ejue habían sido lideraclos por lulio Guerra. Estos exemerrilleros no habían logrado inseriarse plenamente en el sistema bipartidista y seguían motivados
por el sentimiento de retaliación producido p o r la violencia anterior: venían huyendo ele la represión de los gobiernos conservadores de entonces y llegaron a colonizar las selvas limítrofes entre los
departamentos de Córdoba y Antioquia. Otros guerrilleros de este grupo provenían ele una movilización social más reciente, pues
habían sido líderes de las luchas campesinas d e esas regiones, en
los primeros años ele la Asociación Nacional ele Usuarios Campesinos, Aune, entre 1969 y 1973.
La existencia ele- estas bases sociales de la guerrilla, tanto en estas zonas como en las de colonización campesina donde las Farc
tienen presencia, hace ejue la violencia guerrillera no pueda reduAlejo VARGAS. Colonización y conflicto armado. El Magdalena Medio santandereano. Bogotá: C i n e p , 1992.
Claudia STEIXER y Gerarcl MARTIN. "El EPL: reinseí c ion política y social", en
C U A D E R N O S PARA LA DEMOCRACIA, No, 3, julio ele 1991, y María Victoria URIBE,
"Apuntes para u n a sociología del p r o c e s o d e reinserc ion del EPL" e n La paz:
más allá de la guerra. D o c t MEN i o s OCASIONALES # 68. Bogotá: C i n e p , septiemb r e ele 1991 y Ni canto de gloria ni canto fúnebre. El regreso del EFE a la vida civil.
C O L E C C I Ó N PAPELES DE PAZ, C i n e p , 1 9 9 4 .
Mauricio ROMERO, Pohlamienlo, conflicto Social y violencia política en el Caribe
colombiano, 1950-1986. Estudio de caso sobre el departamento de Córdoba (inédito,
copia mecanografiada).
180
La violencia política y las dificultades...
cirse a una dimensión exclusivamente militar. V, muelle) menos, a
formas de delincuencia organizada, así muchas de sus actividades
de fínandamienlo (secuestros, apoyo a narcocultivos, robo de ganado) manifiesten tendencias hacia ella. En muchas zonas, los grújeos guerrilleros suplen la ausencia manifiesta de las autoridades estatales, delimitando linderos, protegiendo la jeosesión precaria cielos colonos campesinos, dirimiendo los conflictos familiares y vecinales, c imponiendo normas ele convivencia social. " Por ello tienen
cierlee ámbito de poder en el ámbito local, ejue compite con los
gamonales y caciques locales, pero el hecho de ejue su presencia
sea tan dispersa y periférica limita mucho su capacidad de expresarse políticamente.
Pero, en estos años se producen cambios en el actuar y en la naturaleza de la lucha guerrillera: las guerrillas van dejando de moverse solo en las zonas de colonización más o menos periférica y se
encaminan más al control de zonas con recursos económicos,'
tanto mineros (petróleo, oro, carbón y ferroníquel) como ganadero
y agrario (zona bananera de Urabá, palma africana), llegando a expandir su presencia en zonas deprimidas del campesinado andino
e incluso en las zonas cafeteras, aprovechando la crisis del grane).
El acceso a los recursos del petróleo, a la vacuna y al secuestro de
ganaderos y empresarios agrícolas, la vinculación al negocio de la
cocaína y heroína, y otras fuentes de financiaciém, han ido permitiendo un aumente) progresivo de frentes y combatientes. Pero, al
mismo tiempo, han venido desdibujando la frontera entre la violencia política y la no política y cambiando la naturaleza de la relación entre actores armados y población civil. La necesidad de
mantener el control territorial, fíenle a otros actores armados, sean militares o paramilitares, ha llevado a la guerrilla a adoptar medidas de coerción y retaliación sobre la población civil, que cada
vez más la distancian ele ella. ''
~ Cfr. los diversos libros sobr e zonas ele colonización de Alfredo MOLANO.
Daniel PÉCACT, Presen!, passé, futnr de la vio/erice (mecanografiado).
Daniel PÉCAUT, "De la Violencia banalizada al t e r r o r i s m o ", en p r e n s a
( p r ó x i m o a a p a r e c e r en la revista CONTROVERSIA).
Cfr. los testimonios ele los desplazados en Urabá, recogidos p o r Carlos .Alb e r t o GlRALDO, Urabá. acaban de sentenciar tu destierro. Conflicto armado y desplazados en Colombia. Bogotá: C i n e p , 1997.
Fernán E. González
Todos estos procesos rurales se dan en un contexto de éxodo
masivo del campo a la ciudad, ejue se inician en los años veinte del
presente siglo y se profundizan con los procesos de la Violencia de
los años cincuenta. Incluso, los jerocesos de la segunda ola del movimento guerrillero inciden no poco en la aceleración de lees procesos migratorios hacia las ciudades y la consiguiente metropolización de las principales ciudades del país. Esto va a incidir en las
modificaciones de los marcos de referencia de los pobladores y en
la descomposide'm y recomposición del llamado tejido social de las
ciudades grandes e intermedias, donde se va creando un clima
proclive a otro tipo de violencia.
LA MIGRACIÓN
ALUVIONAL A LAS CIUDADES
Un conjunto similar de problemas se presenta, cuando las mismas
condiciones estructurales del agio colombiano, reforzadas por las
violencias rurales de los años cincuenta y de las décadas recientes,
producen un aceleramiento de la migración campesina a las ciudades grandes c intermedias, cuya cajeacidad de infrastructura y servicios públicos ejueda rebasada por la población creciente.
Inicialmentc, esta poblade'm migrante reproduce los sistemas internos de cohesión social y de relación cliente-lista con los partidos
tradicionales y la burocracia del Estado. Pero las siguientes generaciones, más socializadas en la vida urbana y más debilitados sus
vínculos ele cohesión interna y de relación con el sistema cliente-lista de los partidos, se encuentran más disponibles a nuevos discursos, políticos o religiosos? ' Sobre todo, cuando la población de los
barrios no tiene homogeneidad social o regional, sino ejue es producto de olas diferentes de migración. Y, cuando las transformaciones de las ciudades y la crisis económica de algunos sectores
produce un deterioro constante de las condiciones de vida de sus
barrios y un debilitamiento de los lazos tradicionales o modernos,
que constituían el llamado tejido social.
En estos barrios, donde el tejido scecial se está apenas construyendo o se está ya debilitando, los diversos grupos o pandillas juveniles (que expresan los primeros pasos de una socialización inciAlfonso TORRES. 1.a ciudad en la sombra. Barrios y luchas populares en Bogotá.
1950-1977. Bogotá: Cinep, 1993.
182
La violencia política y las dificultades...
piente) pueden servir de espacios de reclutamiento para las guerrillas, rural o urbana, y para las bandas armadas del narcotráfico. '
O, para formas de delincuencia común, pequeña o mediana, y, de
manera correspondiente, para el reelutamientee de grupos de vigilantes o milicianos populares, que responden, desde la sociedad civil
en formación, a los grupos anteriores. O, más simplemente, las
nuevas formas sociales y culturales de estos grupos pueden resultar
incomprendidas para las generaciones más viejas.
Por todo esto, los grupos juveniles son fácilmente criminalizados y señalados como los otros, distintos de y ajenos a la sociedad
mayor, lo que los hace las víctimas principales de formas de limpieza social, por parte de la policía o de grupos privados de autodefensa barrial, muchas veces con la complicidad o apoyo de los grupos
dominantes de los mismos barrios. También son frecuentemente
víctimas de los enfrentamientos entre grupos de delincuencia común y de éstos con la policía? Estos problemas se agravan en el
caso de la migración de campesinos y pobladores desplazados por
las actuales violencias: estos pobladores se refugian en ciudades intermedias, cuyas condiciones no les permiten asimilarlos en términos de oportunidades de trabajo ni de prestación de servicios.
Estos factores y tendencias a la violencia se profundizan recientemente con la presencia del narcotráfico: la precariedad del Estado
y la crisis de los marcees institucionales que suplían a éste, evidencian una fragmentade'm y difusión del poder en la sociedad, cuyo
tejido social es un amasijo contradictorio de poderes privados.
Ambas, la fragmentadc'm del poder y la precariedad de la presencia
estatal, van a facilitar la inserción social y política de poderes privados de nuevo cuño, como los carteles de la droga y los paramilitares de derecha, que distan mucho de ser grupos internamente
homogéneos, pero que se mueven en la misma dinámica de poderes privados fragmentarios. La competencia por el poder local en
zonas periféricas explica muchos enfrentamientos de estos grupos
con las guerrillas, lo mismo que la guerra sucia contra las supuestas
o reales bases sociales de la guerrilla. En estos enfrentamientos in-
El c:aso de Medellín ha sido estudiado en varios trabajos por Alonso
SAI.AZAR y Ana María JARAMILLO, de la corporación Región. El Cinep ha publicado el libro de ambos, Las subculturas del narcotráfico. Medellín v Bogotá: Cinep, 1992.
Carlos ROJAS. La violencia llamada limpieza social. Bogotá: Cinep, 1994.
183
Fernán E. González
terviencn también autoridades del orden local, formales o informales, lo mismo que algunos cíe lees mandos ele la fuerzas de seguridad
del mismo ámbito. En este espacio de poder local, aparece también
la acción de las guerrillas sobre las autoridades locales de sus zonas
de influencia, donde tratan de ejercer una especie de veeduría seebre la administración pública y el gasto social.
Según Francisco Thoumi, la principal ventaja comjearativa deColombia para la inserción económica, social y política del narcotráfico tiene que ver con el debilitamiento del Estado, la creciente
ilegitimidad del régimen político y la precariedad del control estatal sobre varias zonas del país, junto con los altos niveles de violencia, que redujeron implícitamente el valor de la vida humana y profundizaron la proclividad de los colombianos para recurrir a la violencia para resolver sus conflictos. Además, opina Thoumi, el efecto más imjeortantc del narcotráfico en la economía colombiana fue
su efecto catalizador que condujo a un mayor desprecio por la ley y
las normas sociales y produjo un clima de rápido enriquecimiento,
lee que lleva a aumentar el clima proclive a la violencia ele todo género.
Este clima se hizo visible en los barrios periféricos de las ciudades, como las comunas nororientales de Medellín, donde el narcotráfico redutaba sicarios y agentes, lo que producía un auge de la
delincuencia comém, la consiguiente formación de grupos ele autodefensa barrial y la corrupción de los cuerpos policiales, que eran
percibidos como otro grupo involucrado en esos conflictos, nunca
como una fuerza legítima por encima de ellos.
El resultado de esta combinación de conflictos de tan diversa
índole, donde se combinan nuevos y viejos actores, es la creciente
autonomía y difusión de las formas violentas: la guerra pierde la racionalidad de medio político para convertirse en una mezcla inextricable de protagonistas declarados y ejecutantes oficiosos, ejue combinan objetivos políticos y militares con fines econeémicos y sociales, lo mismo ejue iniciativas individuales con acciones colectivas y
luchas en el ámbito nacional con enfrentamientos ele carácter regional y local.
Francisco Thoumi, Economía política y narcotráfico. Bogotá: Tercer Mundo
editores. 199 1, especialmente las pp. 177-179 y 259-260.
40
Daniel Pécaut, Crónica de dos décadas..., op. cit., págs. 32-33.
184
La violencia política y las dificultades...
Además, en una etapa ulterior, estas apelaciones a la violencia
por motivos políticos, económicos y sociales se difunden ¡ecer todo
el tejido de la sociedad colombiana: la violencia se convierte así en
el mecanismo ele solución de conflictos privados y grupales. Problemas de notas escolares, enfrentamientos en el tráfico vehicular,
problemas entre vecinos, peleas entre borrachos, tienden a resolverse jeor la vía armada, porque no existe la referencia común al
Estado ceemo esjeado público de resolución de los conflictos.
18?
0
Puede agregar este documento a su colección de estudio (s)
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizadosPuede agregar este documento a su lista guardada
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizados(Para quejas, use otra forma )