La cruda realidad de la estupidez humana
Aquí estamos, en medio de la maraña de conceptos que tejen las cadenas invisibles de nuestra
existencia. ¡Libertad!, exclamamos, pero ¿qué es sino un eco lejano en este escenario oscuro donde
el miedo y la distracción danzan a nuestro alrededor como sombras macabras?
Como podemos aclamar el tal llamado de libertad sino podemos vivir en colectividad, la constante
situación de guerra de todos contra todos, donde el miedo del hombre guiado por el egoísmo hace
ver el peligro constante que representan los demás, esto lo llevo a si mismo a la necesidad de formar
un pacto que cercena la libertad.
Hobbes expone que en dicho pacto que el hombre decide renunciar a parte de su libertad y someterse
a un poder soberano que le garantice la seguridad, la paz y el orden. Algunas personas sostienen
fervientemente que el país en el que viven es “el país de la libertad”, sin embargo, Hobbes explica que
ningún país tiene ciudadanos libres “Tanto si el Estado es monárquico como si es popular, la libertad
es siempre la misma. “, este concepto de libertad descrito por Hobbes pertenece únicamente al
estado, el estado puede decidir sin restricciones como desea gobernar según lo que el mandatario
considere que beneficie más a su nación, la libertad no pertenece a los hombres particulares, sino al
estado. Por eso todavía podemos ver casos como el de Rusia y Ucrania o Israel y Palestina donde los
estados en ejercicio de su libertad buscan lo mejor para su país, sin importar sobre quien tengan que
pasar “cada una de estas instituciones (y no cada hombre) tiene una absoluta libertad de hacer lo que
estime (es decir, lo que el hombre o asamblea que lo representa estime) más conducente a su
beneficio. Con ello viven en condición de guerra perpetua, y en los preliminares de la batalla, con las
fronteras en armas, y los cañones enfilados contra los vecinos circundantes.” El hombre en su visión
sesgada del mundo donde cree en su libertad no es capaz de librarse de las distracciones de este “pan
y circo”.
Los gobernantes para mantener el control nos ofrecen pan y circo, nos distraen con entretenimiento
y nos alimentan con ilusiones para que no percibamos las cadenas que nos atan, como si fuéramos
marionetas manipuladas por la maquinaria política, “Los hombres, en general, juzgan más con los ojos
que con las manos. Todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, pero pocos
saben lo que eres” así el estado se camufla, “debe procurar satisfacer al pueblo con espectáculos y
diversiones, para que no se fije en sus defectos y vicios, y para que lo ame y lo respete, aunque no lo
tema.” este es el llamado “pan y circo”, donde el estado hace creer que todo es bueno, para
mantenernos sesgados y bajo su control, la estabilidad que nos brinda es la moneda de cambio para
el amor del pueblo, se convierte en el cimiento de nuestra prisión, donde la satisfacción de
necesidades nos mantiene cautivos en un juego sin fin.
¿Qué importa si el estado es corrupto, si los políticos son ladrones, si la violencia y la pobreza azotan
a la ciudad? Lo único que importa es que escuche mi Cali pachanguero cada vez que salga a pasear,
que cuando vea al cielo piense que estoy en la capital con sus ráfagas de viento y sus sonidos
metálicos; ese olor indiscutible a huevo podrido que recorre la ciudad que ignoramos porque nos
gusta es rumbear y olvidar; después de todo que es un hueco frente a una de guaro; que es un
disparo frente a una salsa embriagadora; y aunque el estado este mal, que es eso frente a un clásico
que se grita como si el mundo se acabara cuando se acerca el último cuarto, nuestro corazón palpita
y nuestra sangre arde frente a un árbitro comprado; pero después de todo nuestras mujeres son
como las flores, cada que paso por la calle 5 jugando con el día de mi suerte atravesando mi Cali
querida viviendo en mi casa en el aire con la noche más linda del mundo. Pero al final eso es lo que
más importa ¿no? Seguir dándole mayor importancia a las experiencias llenas de banalidades, de
goces fugaces, una realidad soñada donde el pan y el circo controlan lo que realmente importa para
el hombre, y desconocemos de las necesidades reales del mismo.
Luego, cuando hablamos de libertad, nos enfrentamos a la cruda realidad de ser actores en este
teatro. somos prisioneros de un juego de sombras donde las cuerdas invisibles nos atan y el miedo a
otros hombres dicta el guion de nuestras vidas. La ilusión de libertad se desvanece ante la realidad
cruel de ser espectadores impotentes en la danza macabra de la existencia, donde la libertad es un
espejismo en el horizonte inalcanzable, libertad al menos no del todo, siempre a existido ese algo o
ese alguien que nos impide nuestro libre actuar, Hobbes nos dice que el hombre sigue a dos seres en
si uno los dioses o espíritus y el otro al mismo hombre, Hobbes nos dice que a los dos los sigue por el
miedo que sentimos hacia estos dos “La pasión que mueve esos sentimientos es el miedo, sentido
hacia dos objetos generales: uno, el poder de los espíritus invisibles; otro, el poder de los hombres a
quienes con ello se perjudica” y lo podemos ver muy claramente, ya que en la época medieval Santo
Tomas nos decía que para ser felices teníamos que seguir una ley divina, en si la voluntad de dios así
demostrando que nunca fue nuestra propia voluntad. El ser humano ha sido y siempre será un
prisionero de sus propias reglas y pensamientos justificándolo siempre en que todo es necesario para
lograr un ideal de paz bastante utópico, por felicidad o poder, siempre a merced de su libertad.
aunque Hobbes nos demuestre su amor por el estado y Maquiavelo su estrategia para destronar reyes
y manipular masas, los dos nos presentan con que para que una sociedad exista se necesita la
manipulación del monarca a su pueblo, y aquí estamos en una ciudad destruida por la corrupción con
huecos en cada esquina, pero igual bailando salsa en las ferias y modelando autos viejos como trofeos.