COMO ENFRENTAR LA MUERTE Cómo interpretar y atravesar: El dolor, La tragedia, El sufrimiento, La muerte y el duelo. DAVID FIRMAN -1- Título original CUANDO LA MUERTE LLEGA A UNA FAMILIA David Moisés Firman ISBN N° 987-05-1991-1 Las citas bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera Revisada, 1960 y la Nueva Versión Internacional. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este material puede ser reproducida excepto en pasajes breves para reseña mencionando la fuente, ni puede ser guardado en un sistema de recuperación o reproducido por medios mecánicos, fotocopiado o grabado o de alguna otra manera sin el permiso escrito de los autores. 2006 Primera Edición. Edición del autor. 2024 Edición revisada y ampliada. Edición del autor. -2- COMO ENFRENTAR LA MUERTE Dedicatoria A Dios, creador de la vida. En memoria de Jorge Gabriel Firman. Gracias por enseñarme que Dios es bueno, y que la vida es mejor simple y siempre sirviendo al otro. Te veré del otro lado de la eternidad cuando sea mi tiempo. -3- Agradecimientos A mi esposa, mi amor, mi co-equiper, mi aliento, mi estímulo constante. Sos una gran compañera. Te amo. A mi familia de origen por nunca bajar los brazos y siempre permanecer avanzando en conocer a Dios. A un amigo de propósito que admiro mucho y de quien aprendo permanentemente: Fabian Liendo. Tu vida y familia son un regalo a esta generación. A Juan Ballistreri por su generosidad de siempre ayudándonos, inspirándonos y direccionándonos. -4- -5- Índice de contenido Prefacio del autor Introducción Capítulo 1: “Jorge Gabriel Firman” (Testimonios) Capítulo 2: “Los conceptos no te sostienen” Capítulo 3: “Dios: ¿Es amor?” Capítulo 4: “La muerte” Capítulo 5: “El duelo” Capítulo 6: “Los propósitos de la adversidad” Capítulo 7: “Inmortales: cómo enfrentar el dolor y la muerte” 8 12 16 26 36 48 58 70 78 Influencias y Bibliografía 86 -6- -7- Prefacio del autor Este es un trabajo que hace mucho tiempo que está en mi mente. Por muchos años, cientos de preguntas rondaron mi mente y corazón a causa de la experiencia familiar con la muerte y el duelo. Fue a mis 21 años cuando de repente me encontré con la realidad de que la muerte prematura había llegado a mi familia. Me encontré con la dura experiencia de la muerte de mi hermano, de tan sólo 19 años en un accidente automovilístico. Un año y medio menor que yo, con toda una vida aún por delante. De un segundo al otro, en el momento menos esperado, estudiando en la universidad a mil kilómetros de mi hogar y familia, me llega la noticia de que acababa de “perder” a mi hermano en un accidente automovilístico. Mis padres acababan de “perder” un hijo. El mundo parecía detenerse o peor aún, derrumbarse. Todo parecía perder sentido. El profundo e intenso dolor indescriptible, difícil de poner en palabras, de pronto invadió hasta lo más profundo de mi ser. En una era en la que todo apunta al placer inmediato y en la que el dolor se ataca y la muerte no se entiende por falta de luz, no serían días, meses y luego años fáciles de atravesar. Cuatro años antes ya había experimentado algo similar cuando sufrimos la muerte de uno de mis mejores amigos y mentor de mi vida, mi abuelo paterno Esteban. Como me dolió esa muerte! Pero parecía más fácil de atravesar y sanar porque ya era anciano y había estado agonizando por un tiempo. Era como si ya hubiera transitado un duelo anticipado. Luego pasados los años, experimentamos también con mi esposa la realidad terriblemente dolorosa de la pérdida de un embarazo (en especial para ella que es la madre). Nuevamente enfrentamos interrogantes y dolor. Sin dudas, Dios ha sido fiel y bueno al consolarnos, traernos luz y permitirnos hoy compartir con ustedes estas líneas. Después de todos estos años en los que se fue sanando mi corazón y en los que fui encontrando respuestas que trajeron sentido y consuelo a mi vida, me siento suficientemente preparado, sobre todo emocional y espiritualmente para llevar adelante esta tarea. -8- Este es un trabajo que, por supuesto, me toca muy de cerca, y por lo tanto representa una mezcla de emociones. Por un lado, me remonta a momentos de mi vida en que tuve que experimentar el más profundo dolor. Pero por el otro, me llena de emoción poder transmitir experiencias, principios y fundamentos para el consuelo y la sanidad de las historias de dolor, tragedia, sufrimiento y muerte en la vida de muchas familias. Cómo enfrentar el dolor y la muerte, sin dudas es algo de lo que no hablamos y es urgente hacerlo. Estoy consciente que existen varios mitos o ideas que se creen que son verdad y no lo son respecto a estos temas. Uno de ellos es la idea simplista de que si atravesamos circunstancias difíciles es por nuestro pecado, o por nuestra poca fe. Otro mito es creer que podemos tener todas las respuestas certeramente y saber todos los porqués de las diferentes situaciones difíciles que nos toca vivir. Quisiera aquí revisar estos mitos. Está claro que estas circunstancias como el dolor y la muerte, son inevitables en la vida. Pero sin embargo, siempre surgen las preguntas: ¿Por qué a mí? ¿Son estas circunstancias la voluntad de Dios? ¿Puede un Dios de amor y misericordia ser el autor de tanto sufrimiento y dolor? ¿Cuál es el sentido de padecer todas estas circunstancias dolorosas y traumáticas en esta vida? La lista de preguntas puede ser muy larga. Es mi humilde intención poder brindar algunas posibles respuestas o herramientas de interpretación de las circunstancias difíciles a partir de las Escrituras y de mi experiencia en enfrentar estas situaciones, desde la búsqueda de las respuestas como criterios corporativos a estas preguntas y muchas otras que probablemente usted se haya hecho. Estoy consciente que el dolor no es igual en cada individuo, ya que todos somos seres únicos. Todos vivimos las mismas situaciones de diferentes maneras, pero creo que existe una visión Escritural que debemos tener más clara y existen principios generales aplicables a cada situación similar y ese es el desafío que he aceptado: encontrar y transmitir estos principios de vida. Trataré de abarcar en este trabajo varias perspectivas sobre el tema como la psicológica y la espiritual. Además, he decidido hacer una acercamiento a la realidad de las vivencias de mi familia de origen en crisis, dolor, sufrimiento, muerte y duelo. Al enfrentar la adversidad estábamos apoyados en la vida espiritual y los valores cristianos. Aunque veremos que no se trata de saber conceptos o liturgia por experiencia religiosa. Experimentaríamos como familia la triste realidad de que nada de eso nos sostiene ni da sentido en momentos así. Los conceptos de memoria no sostienen a nadie si no son realidad de vida en nosotros. -9- Veremos así las vivencias y las opciones que enfrentaron cada uno de los integrantes de mi familia ante la crisis, el dolor, el sufrimiento, la muerte y el duelo. Es mi anhelo de todo corazón que este material le sirva de consuelo y le traiga luz acerca de una interpretación más sana, quizá más acertada de las circunstancias adversas de la vida y sobre todo respecto a la muerte. Con amor y respeto, David Firman - 10 - - 11 - Introducción En este libro usted podrá encontrar algunas respuestas y testimonios de experiencias respecto a las preguntas más habituales que rodean al tema del dolor, la tragedia, el sufrimiento, la muerte y el duelo. Habiendo acompañado como Psicólogo a cientos de personas en dolor y duelo por más de 25 años, por un lado, y habiendo vivido en carne propia estas situaciones por el otro, me embarco en este inmenso desafío personal de hablar del tema para traer consuelo y brindar algunas respuestas para estas situaciones comunes a todo ser humano. Dios me ha dado la gracia de ayudar a miles de personas como terapeuta en mi consultorio, en la pastoral y en las conferencias que brindo cada semana. Pude ver por un lado que el no entendimiento de la obra de la cruz y el pacto en el que estamos operando, trae grandes dificultades para interpretar y enfrentar la adversidad temporal. Así como pude ver también por otro lado, que entender la cruz y el pacto, y aplicar los principios volcados en este libro les ha ayudado grandemente a cientos de personas a transitar el camino del dolor y la muerte. Por favor no cierre este libro antes de llegar al final. Tómese el tiempo y haga el esfuerzo de continuar, aunque algunas cosas no le suenen del todo cómodas o acertadas ya que es una construcción la que iremos haciendo página tras página. Si llega al final, tendrá una idea completa de todo lo trabajado y expuesto y podrá llegar a sus propias conclusiones. Este material de ninguna manera pretende dar todas las respuestas para cada situación particular. Esa sería una ambición desmedida e irreal. No existen todas las respuestas a todas las situaciones que tenemos que enfrentar en esta vida temporal, pero sí podemos encontrar como una especie de columna vertebral sobre el tema que nos permita tener las herramientas para enfrentar las adversidades como familia. Incluso vamos ver que hay situaciones acerca de las cuales las Escrituras guardan silencio, por lo que no podemos tener respuestas definitivas. Sin embargo, me he propuesto investigar y ofrecer principios generales y herramientas que le ayuden a interpretar más sanamente las circunstancias de la vida y le ayuden a reaccionar mejor ante estas vivencias para no quedarse anclado en el fracaso, el dolor y el duelo patológico. - 12 - El único fracaso que existe en la vida es reaccionar equivocadamente ante una situación y no poder superarla. El fracaso es caerse y quedarse postrado. Sin embargo, como veremos más adelante, el fracaso es una oportunidad para ser fortalecidos y pasar a otro nivel, crecer, madurar y avanzar. Si nos caemos nueve veces, debemos levantarnos diez. Transite estas páginas y reciba el consuelo y la fortaleza para no quedarse postrado. Lo más importante con lo que quiero colaborar en este libro es el entendimiento de que ya vivimos la vida eterna, la vida de Dios por obra de la cruz, y siempre es la vida que no podemos producir. Nos es dada por gracia. 12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. 13 Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios. Juan 1. 11 – 12 NVI 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. Juan 17. 3 NVI Si experimentamos la reconciliación que produce la obra de la cruz, a partir de allí tenemos en Cristo vida increada. Esa es nuestra vida real ahora. Estamos llamados a cuidarla, a preservarla. Fue pagado un precio muy alto para tenerla. Somos administradores de la vida de Dios que es Cristo en nosotros. La primera Iglesia tuvo enfermos, perseguidos y asesinados, pero permanecieron porque entendieron la vida que les fue dada. No esperaban cosas temporales. Las mejores enseñanzas y modelos acerca de cómo enfrentar el dolor y la muerte la tenemos en las Escrituras, relatando una época con pocos años de expectativa de vida para las personas en general, sin la medicina contra el dolor que tenemos hoy y muchas veces escribiendo desde la cárcel. Necesitamos tener es cuenta esto ya que tienen entonces aún mayor peso y valor sus enseñanzas al respecto. Toda la obra de las tinieblas es operar para asfixiar, frenar, apagar, matar la vida de Dios en nosotros. Quieren robar lo que está dentro de nosotros. Madurez es que Cristo crezca dentro de nosotros y desde allí interpretar todas las circunstancias de la vida. En las próximas páginas verá que, al no tener - 13 - este entendimiento, tuvimos que atravesar como familia largos años de dolor y sufrimiento frente a la muerte de mi hermano. Seamos conscientes de lo que está en nuestro interior y cuidémoslo. Somos vaso. Somos su habitación. Cómo una madre embarazada vivimos para esa vida que portamos, vivimos para Él. Entender esto, lo cambia todo en esta vida. - 14 - - 15 - Capítulo Uno “Jorge Gabriel Firman” Jorge Gabriel Firman – Meses antes del accidente. Permítanme comenzar a relatar un poco del testimonio de nuestra experiencia familiar ante el dolor y la muerte. No con la idea de que el testimonio sea central en este libro, sino como para entender como a muchos les ha pasado que por no tener toda la luz respecto al dolor y la muerte, al no hablar sobre el tema, o al vivir apoyamos en conceptos aprendidos sin que se transformen en vida en nosotros, nos encontramos sin las herramientas necesarias para enfrentarlo en familia. Testimonio de David Firman (hermano mayor) Era una noche lluviosa en Rosario, provincia de Santa Fe en Argentina. Era el quinto sábado de octubre de 1993. Yo estaba a mil kilómetros de mi familia terminando de cursar el segundo año de la carrera de Psicología. Era en una noche hermosa en la que participé de una reunión de los jóvenes bautistas de la ciudad y las zonas aledañas, unas 1.200 personas en total que nos reuníamos todos los quintos sábados que tiene cada año. Estaba viviendo - 16 - felizmente el momento rodeado de amigos. Nunca hubiera esperado que esa noche escondiera tanto dolor. En la ciudad de Posadas, Capital de la provincia de Misiones se estaba llevando a cabo una reunión similar con los jóvenes bautistas de la provincia (estado). Jorge Gabriel, mi hermano menor estaba en medio de un gran grupo de jóvenes disfrutando la noche, los amigos, disfrutando de estar juntos, a 100 kilómetros de su casa. Creo que tampoco imaginaba lo que estaba por venir. Con 19 años de edad, lleno de vida y amigos, cerca de la una de la mañana al finalizar la reunión se dispone a regresar a su casa con su mejor amigo en la camioneta de nuestro padre. Siempre con un corazón servicial y dispuesto, ofreció llevar a su casa a unos amigos de la ciudad de Oberá, a unos 130 kilómetros en el interior de la provincia, a 30 kilómetros más adelante de donde se dirigía, a su casa. El viaje transcurre tranquilo y sin complicaciones, sólo un pesado sueño estaba molestando, “háblame que me duermo” le decía a su amigo. Dejaron a sus amigos en Oberá y se dispusieron a regresar a Além su ciudad, restando nada más que 30 kilómetros, unos 20 o 25 minutos de viaje. Faltando solamente 5 minutos para llegar al destino, pudiendo ver ya desde allí las luces de su ciudad, Jorge se durmió al volante perdiendo el control del vehículo. La camioneta salió fuera de la ruta y comenzó a dar vuelcos para todos lados. Eran aproximadamente las 3:30 de la madrugada cuando en los vuelcos, mi hermano salió despedido del vehículo y perdió la vida. Su amigo salió de adentro de los hierros retorcidos ileso, sin siquiera un raspón. Hay cosas que jamás entenderemos. Dios le prolongo la vida. Yo estaba durmiendo esa noche en casa de un amigo y compañero de estudios para comenzar temprano a preparar juntos algunos exámenes porque estábamos a fin de año y era la época de cerrar el ciclo lectivo 1993. Era domingo tipo 9 de la mañana cuando recién pueden ubicarme en casa de Gustavo. Suena el timbre de la puerta y llega la noticia que a uno jamás le gustaría recibir, que uno jamás espera. No estamos preparados para esto, no hay forma de prepararse para algo así. “Hubo un accidente…” me dicen, y un silencio devastador, eterno, aterrador. Luego lo inesperado: “tu hermano se murió”. De golpe, de repente, no había vuelta atrás. La sensación era fulminante, indescriptible. Tenía sólo 19 años. En la plenitud de la vida. Lo había visto tan sólo 15 días antes y estaba todo bien, estaba lleno de vida y energía como siempre. Así era él, siempre lleno de positividad y servicio, siempre con ganas de vivir con Dios a full. Todo esto no tenía sentido. Como reaccionar, que decir, que pensar. Me quede anestesiado, bloqueado varios minutos. No podía reaccionar. Estaba en shock. No podía ser verdad, algo estaba mal. Como a todos, la negación es la primera reacción que - 17 - tenemos ante estas situaciones. Es como estar dormido, estar soñando, pero estás despierto. Mil preguntas en mi mente pero ninguna respuesta. Lo peor de todo, ningún sentido lógico para algo así. Me llevaron a mi casa para preparar mis cosas para viajar. Me esperaban mil kilómetros que recorrer. Solo en un ómnibus por 16 horas. Una larga noche de soledad, dolor indescriptible y mil preguntas sin respuestas. Mientras preparo mi bolso llorando sin consuelo, me vinieron a la mente todas las lecciones aprendidas desde chico en la iglesia, el sentido de la muerte para los cristianos y el cielo como lugar de llegada. Pero algo no cerraba. ¿Era voluntad de Dios esto? ¿Como podía ser esta su voluntad si le quedaba toda la vida por delante? Si Dios es amor, ¿para que este sufrimiento sin sentido? Pensaba en mis padres, cuanto dolor estarían sufriendo. No, definitivamente no tenía sentido, no había respuestas. Sólo pude encontrar algo que me tranquilizo y estaba en mi Biblia “Dios Habla Hoy” color azul que estaba en la mesa de luz al lado de mi cama. Leí el salmo 62. Si Dios “habla hoy” como decía la tapa de mi Biblia, era justo cuando necesitaba que lo hiciera. En el instante las palabras que leí sobresalieron de la página y vino consuelo y fortaleza a mi vida: “Sólo en Dios encuentro paz…” escribía el rey David, “mi salvación viene de Él”. Me agarré fuerte de esta palabra y emprendí el viaje más difícil y doloroso de toda mi vida. El viaje se hizo eterno y la noche oscura, muy oscura y fría. Cuando llegue a Posadas, Capital de la provincia de Misiones, después de 14 horas de viaje, todavía me quedaban 100 kilómetros por recorrer. Me encontré con algunos familiares que vinieron a buscarme, y me tranquilizó pensar que podría al fin tener algunas respuestas y sobre todo más información sobre lo que había sucedido realmente. Aunque vinieron algunas respuestas a mis interrogantes, y pocos detalles de lo sucedido, estaban mezclados con juicios e interpretaciones personales de quienes me lo estaban transmitiendo. Lo más duro fue recibir la instrucción de que me mantuviera fuerte por mis padres y por el “testimonio cristiano”. No tenía sentido. ¿No podía experimentar emociones legítimas? Sin dudas este momento de mi vida presentaba mucha confusión e incertidumbre. Hoy me doy cuenta que esos 100 kilómetros hasta el sepelio de mi hermano serian el comienzo del largo camino del dolor, el comienzo de lo que hoy sé que se llama “anulación del duelo” y su posterior “duelo patológico” (que explicaremos en las páginas de este libro). Algo que marcó mucho mi vida negativamente y dio paso a la anulación del duelo fue recibir recomendaciones (muy bien intencionadas e inocentes en ese momento) como por ejemplo: “ahora no te pongas a llorar, mira que tienes que sostener a tus viejos que están destruidos”, o “No vayas a andar - 18 - lloriqueando tanto que no es de buen testimonio cristiano”, entre otras. Ahí comenzó parte de mi mayor dolor sin darme cuenta en ese momento. Por supuesto que me hice cargo como buen hijo mayor. “Me hice hombre”, me tragué el dolor y le hice frente a todo lo que había que hacer, principalmente contener a mis padres. Luego del entierro, tuve que ocuparme de dar de baja su servicio militar, ir a la policía y al registro de las personas a dar de baja el documento de identidad, me ocupe además de resolver el arreglo mecánico de la camioneta y negociar su venta (ya que mis padres no querían tenerla ni usarla más). Ante todos era el hijo ideal, haciéndole frente con altura a la situación. Revisé también mi vida espiritual y decidí comprometerme más con Dios en vez de alejarme de Él. Parecía un tiempo en el que todo estaba bajo control. Aunque en el fondo no tenía respuestas ni sentido, aun siendo la tercera generación de creyentes en mi familia. Reflexioné acerca del gran esfuerzo de mis padres por permitirme estudiar sin trabajar y, por supuesto, no podía permitirme perder un año de estudio. Así que una vez más, me tragué el dolor, me esforcé y viajé a los pocos días del sepelio a rendir 4 de los 5 exámenes de materias anuales largas y pesadas que había cursado ese año, ya que era fecha de rendir. Al mes y una semana de la muerte mi hermano me quedaba sólo una materia por aprobar del segundo año de mi carrera. Me sentía aparentemente muy bien, estaba logrando el objetivo de ser buen hijo, hacer las cosas bien, y sobre todo, dar “buen testimonio cristiano”. Lo que ignoraba era que el dolor es para que duela. El dolor tiene que salir. Pasaron dos años y vino lo inesperado e inexplicable para mí, la depresión. Me preguntaba: ¿por qué me siento tan mal? ¿Por qué tantas ganas de llorar? ¿Por qué tanto dolor? Aparentemente estaba todo bien, sin embargo el dolor estaba y era muy fuerte, tanto que comenzó a bloquearme. Todo estaba en juego, mis estudios, mis relaciones interpersonales, mi vida. Todo estaba negro, sin sentido, sin rumbo. Decidí ponerle fin a una relación de noviazgo que pensé que terminaría en boda. Y esa frustración de terminar y “fracasar” fue la gota que rebalsó el vaso. Lo único que había era dolor y angustia, mucha angustia. En ese momento tuve la gracia de ser comprendido y acompañado por Cristina, (psicóloga) y Damián su esposo (un hermoso hombre de Dios y experimentado consejero). Con ellos pude recorrer por varias semanas el camino del dolor, pude revisar los errores y cambiar mi manera de pensar. Pude entender algunas cosas y sobre todo, comenzar un duro pero hermoso proceso sanador de perdón a mí mismo y a quienes me habían lastimado en mis cortos 23 años de vida. Y sobre todas las cosas, me ayudaron a sacar el dolor, a transitar el proceso sano y normal del duelo: la elaboración emocional y espiritual de una pérdida. Lo mejor que hicieron Cristina y - 19 - Damián fue que me dieron permiso para llorar. Yo me di permiso para llorar, y que bueno fue hacerlo. Lo que no había llorado dos años antes en el momento de hacerlo, lo estaba haciendo ahora. Lo oscuro se transformó en luz. La angustia y el dolor se transformaron en paz y luego fortaleza. Sobre todo, los porqués se transformaron en para que!. Conocí a Dios de otra manera. Él es bueno, su esencia es amor, y todo su deseo y voluntad es ser expresado a través nuestro en cualquier situación. En ese mismo tiempo, pude experimentar un consuelo extraordinario y entendí una de los principales “para qué” que cambió y orientó mi vida: puedo ser una persona “consolada que consuela”. La anulación del duelo no solamente me trajo complicaciones a mí, sino también a mis padres. Mis padres, inocente e inconscientemente, relegaron todo en mí y en otros familiares. Consecuentemente, esto anuló también su duelo y les garantizó años de sufrimiento. Sin embargo, de no haber estado apoyados en la fe, esta situación podría haber sido mucho peor. Mis padres no fueron a reconocer el cuerpo de mi hermano. No fueron a reconocer el lugar del accidente. No fueron al regimiento militar a dar de baja su servicio militar obligatorio. No fueron al registro de las personas ni a la policía a dar de baja el documento de identidad. No fueron al taller mecánico a hacerse cargo del arreglo de la camioneta. Todo esto (entre otras cosas que seguramente se me escapan) los llevó a la anulación del duelo. No se confrontaron con todo el dolor y no dejaron que todo el dolor saliera. Me acuerdo que a poco tiempo de haber transcurrido el accidente, no se habló más del tema. La vida continuó y parecía que todos éramos muy fuertes. Hoy puedo ver que salir adelante les llevaría a mis padres aproximadamente unos diez años. Dios movería las cosas muy suave y gentilmente para que en esos diez años enfrentaran un dolor soportable y los llevara a cerrar la gran herida de la pérdida de un hijo de 19 años. En esos diez años mi padre tuvo dos trabajos importantes en su pequeña empresa de construcción: uno justo en frente del lugar del accidente, y el otro justo en frente del regimiento militar donde habían ido a visitar a mi hermano periódicamente durante su último año de vida. Esto fue duro pero a la vez sanador. Ellos tuvieron que ir durante meses día tras día a los lugares que evitaron ir al momento del accidente y los días siguientes. Me acuerdo de otro suceso interesante. Aproximadamente unos dos años después del accidente, surgió la necesidad de renovar el vehículo y la única oportunidad que había era una camioneta azul idéntica a la del accidente, la que habían evitado ver y usar en ese momento. ¿Y qué pasó? Tuvieron que comprarla y usarla. - 20 - En fin, Dios es bueno y tiene sus maneras de sanar nuestras heridas, consolarnos y darnos la bendición de ayudar y consolar a otros en nuestra misma situación. A medida que fueron pasando los años y la luz de Dios fue en aumento sobre mi vida, pude ir dándome cuenta de cuánto no entendía y cuánto dolor pudo haberse evitado. Pero iremos trabajando esto en los próximos capítulos. Testimonio de Mary Firman (mamá) Cuando nos enteramos, nos enteramos mal. Eran tipo las tres de la mañana del sábado 1 de noviembre de 1993. Ni mi esposo ni yo podíamos dormir bien, como si tuviéramos la sensación de que algo estaba mal. Fue ahí cuando escuchamos golpes de manos en el frente de nuestra casa para despertarnos. Cuando sale mi esposo ve a una persona desconocida. Dice que al pasar por la ruta vio un accidente y se detuvo. Nos comenta que nuestro hijo estaba mal en el hospital y debíamos ir a verlo. Cuando llegamos nos esperaban los médicos y una enfermera cristiana que nos atendió y acompañó muy bien, porque ahí nos enteramos que en realidad nuestro hijo estaba muerto. Fue un golpe muy feo, muy duro, porque nosotros habíamos ido con la esperanza de verlo. Lo habíamos visto por última vez hacía menos de 24 hs, el día anterior al medio día, cuando llegó de San Javier, donde estaba realizando su servicio militar. Comió y se fue a Posadas a un encuentro de jóvenes cristianos. Después ya no lo vimos más. Tengo en mi mente el recuerdo de que estuvo un ratito y se fue con una camiseta y un jean azul. Al salir de casa para ir al hospital, ya estaba afuera la policía para acompañarnos. Ahora me doy cuenta de que inconscientemente en ese momento imaginé lo peor. Lo poco que recuerdo de la experiencia en el hospital es que le dijeron a mi esposo que nuestro hijo había fallecido en el lugar del accidente. En ese momento me quedé como anestesiada, bloqueada. El dolor fue tan grande que me descompuse de tal manera que se me adelanto el periodo menstrual después de solo unos días de haberlo tenido, empecé a tener vómito y diarrea. Estaba totalmente descompensada. Me llevaron a una habitación del hospital y me dieron calmantes. Ahí no pude verlo, lo vi recién en el velatorio. No me acuerdo de nada más: ni cómo nos volvimos del hospital, quién me trajo, nada. Sólo recuerdo encontrarme de repente frente al ataúd de mi hijo de sólo 19 años, muerto. Después, al pasar las horas y los días, me puse a pensar en lo que había pasado. Pude hallar consuelo en la realidad que, como familia cristiana creemos, que mi hijo estaba con Dios. Pasaron los días y mi hijo me hacía mucha falta. Su cama estaba siempre vacía. Un poco me había quedado la - 21 - sensación de que en cualquier momento regresaba del servicio militar como solía hacerlo algunos fines de semana, pero la cama seguía siempre vacía porque él nunca llegaba. En el fondo sabía que nunca más iba a volver. La gente conocida y querida fue acercándose todos los días para acompañarnos y traernos consuelo. Lo que me decían era que tenía que seguir adelante, en especial por mis hijos más chicos, de 3 y 5 años que me necesitaban. De todas maneras, nada lograba menguar el dolor. Me acuerdo que en uno de esos días en que estaban algunas personas en casa, quise encender la cocina para preparar un mate y, sin darme cuenta, se encendió en llamas un repasador. Yo estaba desenfocada, perdida, no sabía lo que hacía. Con el tiempo tuve que “resignarme” que no lo iba a ver más en esta tierra y aferrarme de la esperanza de verlo en un futuro junto a Dios. Esto fue mucho tiempo después. Mucho tiempo me llevo poder resignarme y seguir. Por dentro yo sabía que tenía que resignarme, pero los recuerdos venían todo el tiempo. Por un lado no podía y por el otro no quería soltarlo. Siempre el consuelo lo encontré en Dios aunque no tuviera las respuestas. Hoy, después de muchos años me doy cuenta de que siempre me hace falta, lo recuerdo en todas las fechas importantes sin faltar una y me doy cuenta que no esta y lo extraño. Me consuela mucho recordar cosas buenas de él. Por ejemplo, mientras estaba en el regimiento militar había llevado su Biblia. Un día lo descubrieron y le preguntaron qué era y qué estaba haciendo, a lo que contestó que estaba estudiando una Biblia. Desde ese momento, pasó muchas horas con compañeros y jefes leyendo historias de la Biblia. Él no escondía su fe. Después en el sepelio esa misma Biblia se la regalamos al jefe mayor del ejército donde había prestado su servicio militar obligatorio. Hoy vivo resignada a que no está. Tengo que seguir adelante, la vida sigue. Me llevó muchos años superar el dolor. Hoy gracias al consuelo de Dios puedo hablar sobre esto con mi esposo, con otra gente, incluso pude ver que fui de ayuda a otra gente que vivió situaciones similares y pude consolarlas. Quizá no vivieron la misma situación de perder un hijo, pero hace un tiempo hablé con una señora que perdió a su esposo. Ella no se podía resignar y pude ayudarla en esto, le conté mi historia y comenzó a resignarse y dejar salir el dolor para seguir con su vida. La gente la juzgaba porque ella no quería ni podía ir al cementerio, pudimos hablar sobre esto y pudimos ver que llorar sobre la tumba no va a revivirlo. No queda otra que pensar que ya no va a volver más y que la vida sigue. Lo que más consuelo da es estar aferrados a Dios y recordar las cosas positivas del ser amado que ya no está. Hoy puedo decir con toda seguridad que si me dicen que puedo tenerlo otra vez, pero de la misma manera, por tan sólo 19 años, elijo tenerlo otra vez para disfrutarlo aunque sea esos 19 hermosos años nuevamente. - 22 - Testimonio de Alejandro Firman (papá) Estábamos durmiendo. Eran pasadas las tres de la mañana cuando alguien comenzó a golpear las manos frente a nuestra casa. Cuando salgo veo que era una persona desconocida. Me preguntó mi apellido y me dijo: “su hijo tuvo un pequeño accidente y volcó la camioneta”. Hasta ahí no sonaba tan grave, incluso le pregunté si estaban lastimados y él dijo que “bastante”. Al decir bastante me dio cierta tranquilidad que estaba vivo. Ofreció llevarnos al hospital, pero le dije que no porque tenía otro automóvil. Nos fuimos solos con mi esposa y cuando llegamos salieron a nuestro encuentro los médicos. Por cómo movían las manos ya me di cuenta de que algo malo estaba pasando. Ahí nos dijeron: “no pudimos hacer nada”, entonces me agarró una desesperación y bronca a la vez, porque entendí que esa persona que vino a avisarnos nos mintió. Eso fue como un doble dolor, porque si hubiera dicho de entrada que quizás estaba muerto, entonces ahí ya uno está sabiendo lo que pasa. Pero fui totalmente tranquilo esperando que mi hijo estuviera vivo y al final me encontré que estaba muerto. En el hospital nos dieron calmantes porque estábamos en shock. Había una enfermera con fuertes convicciones cristianas que nos acompañó y consoló. Ella nos alentó a apoyarnos en la realidad de que como hijos de Dios era sólo una breve despedida. Nos dijo que esa era la ley de Dios, que la vida se cortaba con la muerte, y que nuestra vida estaba en manos de Dios. Lo único que me acuerdo es que no pude encontrar consuelo, y tuve que salir sólo a recorrer con el auto y avisar a algunos familiares. Anduve sólo y medio perdido por toda la ciudad, llorando todo el tiempo. Cuando fui a la casa de uno de mis cuñados para avisarle, me tiré en el césped del jardín del frente de su casa y no me quería levantar de la desesperación. Quería morirme, no sabía qué hacer. Fue realmente una desesperación horrible, es algo feo que no hay palabras para explicarlo, lo sabes solamente viviéndolo. La gente trata de alentarte y animarte, pero a vos no te llega nada. Siempre busque el “por qué” y el “para qué” pero creo que recién lo sabré cuando esté en la Presencia de Dios. Lo único que siempre me consoló, me animó, me ayudó a seguir adelante, es saber que mi hijo estaba en su mejor momento espiritual. Me consuela saber que un día lo voy a ver. Dice la Biblia que si morimos con Cristo también resucitaremos con Él. Consuela saber que mi hijo volvía de un encuentro de jóvenes cristianos. Estuvo sirviendo a Dios y a las personas hasta el último momento de su vida, ya que volvió tarde por hacer una hora más de viaje para llevar a su casa a otra ciudad a chicos que no tenían como viajar de regreso. - 23 - Me consuela saber que los policías estaban sorprendidos por no encontrar alcohol ni en su cuerpo ni en la camioneta. Fue muy duro. Sin ánimos de hacer diferencias entre los hijos ni despreciarlos, este hijo que murió era algo especial por la relación cercana que nos unía. Habíamos compartido mucho juntos, éramos muy amigos y confidentes, me pedía consejos, era algo especial. Vino una hermana mía de Estados Unidos y me dijo que iba a luchar con el dolor por más de tres años, y yo no le creía porque pensé que se me iba a pasar más rápido. Pero realmente por mucho más de tres años lloré a mi hijo. No podía ver sus fotos, no podía resignarme. En una ocasión vinieron a casa unos jóvenes de la iglesia y trajeron un video de un viaje a un congreso a Rosario, y mi hijo estaba en ese video. Cuando lo vi me largué a llorar desesperadamente porque lo vi vivo y sentí el dolor de no tenerlo más. Fue algo tremendo. Los chicos apagaron el video y nunca más lo vi. Hoy, después de muchos años, siento el profundo deseo de ver ese video pero no sé quién lo tenga, quisiera conseguirlo. Realmente por muchas cosas me guardé el dolor. Por mi esposa, por mis tres hijos. Recuerdo una oportunidad en la que hablando con uno de ellos, yo empecé a elogiar las cualidades de mi hijo muerto y el hijo con el que estaba hablando se sintió muy mal, rechazado. Ese día hice una cruz y decidí nunca más hablar nada de mi hijo. Lo hice en especial por los hijos y mi esposa para no causarles dolor. Sé que mi esposa sufrió mucho pero lo supo disimular muy bien, cosa que yo no pude hacer. Por eso decidí olvidarme de todo, incluso ni recordar las fechas importantes, los cumpleaños o la fecha de su muerte. Mi esposa me recordaba las fechas y yo nunca dije nada para no entristecerla. Pero dentro de uno esta ese dolor que uno no quiere dar rienda suelta para no hacer daño a las personas. También me pasó algo tremendo cuando falleció mi suegro nueve años después de la muerte de mi hijo. Cuando fuimos al cementerio para sepultarlo yo me acerqué a la tumba de mi hijo. Me acosté encima de su tumba y empecé a llorar desesperadamente. No pude controlarme, me quedé por más de media hora llorando ahí sobre la tumba de mi hijo y no quería irme. Vino mucha gente a alentarme y consolarme. Es algo muy tremendo, muy feo, muy doloroso, que uno no se lo desea ni a su peor enemigo. Es una cosa muy fea. Uno vive siempre como tenso, porque los otros hijos salen con el auto y entonces siempre estás pendiente de que vuelvan bien y no les pase nada. Siempre estás alerta y orando a Dios que los guarde. Es algo tremendo. Ese día decidí no ir más al cementerio. Él no está ahí. El dolor nunca se va del todo. Lo guardas, disimulas y te resignas. Muchos años después, me dije a mi mismo que tengo tres hijos más por los que tengo que seguir adelante. Dios vive en mí y me da las fuerzas. Él me da esperanza. - 24 - En la terrible tristeza hay un gozo interior que me alienta a seguir, sabiendo que lo voy a ver. La carne desfallece pero en lo espiritual estás fuerte. Ahora veo que guardarme el dolor me hizo sufrir más tiempo, pero lo hice por ignorancia y para no herir a mi familia. Después Dios me fue llevando a hacer trabajos frente a lugares específicos, como el regimiento o el lugar del accidente. Ahí me choque con la realidad y fui sacando mi dolor. Ahora veo que todo el año anterior a su muerte, en el que mi hijo había estado cumpliendo su servicio militar obligatorio, fue como una preparación para su ausencia. Al no tenerlo al lado permanentemente, hay un acostumbramiento obligado a la realidad de que no está. Creo que de otra forma, hubiera sido todo peor. Tiendo a creer que Dios nos estaba preparando porque llegaba su hora de partir. Es algo que suela pensar. De otra manera el dolor sería mucho más grande. Hoy ya lo tengo todo más superado, puedo hablar de él, puedo ver sus fotos, pero el dolor aunque sea mínimo está adentro y no se va. La gente me decía siempre: “hay que resignarse”. Pero ¿cómo? Es fácil decirlo desde afuera, pero el que lo vive no sabe qué hacer para no vivir lo que está viviendo. Me consuela saber que él no escondía su fe ni en la escuela ni en el regimiento. La gente, sus compañeros lo admiraban por eso. Solamente con el amor y el consuelo de Dios se puede superar esto. Todas las dificultades y golpes como ese me acercaron más a Dios. El Diablo tiene otro propósito, que es alejarnos de Dios y desanimarnos, hacernos maldecir y renegar de Dios. Pero en mí todo fue al revés: siempre me acerco más a Dios, me hizo más fuerte. El consuelo más grande que tengo es saber que lo voy a volver a ver del otro lado de la eternidad. Luego de estos testimonios, creo que estamos listos para trabajar un poco la realidad de que los conceptos no nos sostienen en la adversidad, el dolor y la muerte. - 25 - Capítulo Dos Los conceptos no te sostienen Hace un par de años vengo muy inquieto con el deseo de relanzar este libro que originalmente se llamó: “Cuando la muerte llega a una familia”. Por un tiempo fue muy útil, pero no era suficiente lo que podía colaborar con las familias como creo que esta nueva versión lo va a hacer. Aunque las diversas circunstancias difíciles además de la muerte y el duelo son muy comunes a todas las familias, lamentablemente son muy poco hablados en todos los ámbitos. Sobre todo, en la Iglesia. Pero lo que más me mueve a escribir todo esto, es ver que tristemente cientos de familias cristianas no saben interpretar las diferentes circunstancias de la vida por no tener un entendimiento claro respecto a Dios y Su propósito eterno y respecto a la vida y la muerte como algo ya resuelto en la cruz. Las circunstancias difíciles, el dolor de las adversidades, ponen en evidencia nuestro nivel de madurez y entendimiento. Desde muy niño me llamaba la atención la Biblia y sobre todo los escritos del apóstol Pablo. Él a pesar de haber atravesado muchas, diversas y terribles circunstancias parecía no perder el eje aún terminando sus días preso en Roma por causa del Evangelio y esperando la ejecución de su sentencia: ser decapitado. Toda la experiencia con la muerte de mi hermano dejó en evidencia en mi vida y en la familia la falta de luz y entendimiento acerca de la obra de la cruz y el pacto en el que vivimos. Definitivamente, si no lo entendemos por revelación estamos llenos de indefiniciones, de incertidumbres y confusiones. Así vemos en la experiencia que al final, los conceptos no pueden sostenernos en la adversidad. Cuando leemos algunos de sus textos de Pablo, lo vemos con un entendimiento y una interpretación de las circunstancias adversas muy elevado. Veamos algunos ejemplos: 13 Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. 14 ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. 1 Tesalonicenses 4. 13 – 14 NVI - 26 - Se supone que, si estamos en Cristo, tenemos esperanza y nuestro duelo debería ser diferente a los que no están en Cristo. Todos enfrentamos dolor y adversidad, muerte y duelo. Pero debiera haber una diferencia para los que estamos en Cristo según Pablo. Puedo identificar que, en parte, esta esperanza nos sostuvo como familia, pero al no tener la suficiente luz al respecto de la obra consumada de la cruz y su impacto en nuestras vidas ahora, no pudimos llevar adelante el duelo de manera sana. Pablo sigue diciéndole a la Iglesia en sus cartas: 18 De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse a nosotros. 19 La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, 20 pues fue sometida a la frustración, no por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza 21 de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22 Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Romanos 8. 8 – 22 NVI Pablo usa aquí una palabra muy interesante y esta es la palabra “comparables”. Él ve las aflicciones, no las niega, pero las interpreta como parte de una creación sujeta a corrupción por causa de la desobediencia del primer matrimonio en el origen. Las aflicciones del tiempo presente son parte de esta vida. Pero compara las aflicciones con el producto final, con lo que van a producir en nosotros. Y en este mismo contexto sigue escribiendo: 35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación o la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro o la espada? 36 Así está escrito: «Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!». 37 Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. Romanos 8. 35 – 39 NVI Aquí Pablo es categórico respecto a su posición en Cristo y como nada lo puede sacar de ahí. Pablo tiene claro que, a pesar de todas estas cosas, - 27 - nuestra victoria es absoluta, somos más que vencedores por medio de Cristo, quien nos amó. Y esa posición es el amor de Dios en Cristo. De hecho, deja claro que ni la vida con sus circunstancias, ni la muerte nos puede separar del amor de Dios. Si estamos en Cristo dice Pablo, vida y muerte están resueltas. El eje está puesto la posición en Cristo, en el amor de Dios y no en las circunstancias. La voluntad de Dios es que disfrutemos de Su amor en cualquier circunstancia y que demos a conocer Su amor que es una realidad eterna que es Cristo en nosotros. El amor de Dios que es Cristo nos habita. Él está en nosotros y nosotros estamos en Él. Obviamente, Pablo no está leyendo a Pablo o a los otros apóstoles repitiendo conceptos o hablando desde la teoría, esta es su realidad de vida. Veamos lo que les escribe a los hermanos en Filipo. 12 Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio. 13 Es más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo. 14 Gracias a mis cadenas, ahora más que nunca la mayoría de los hermanos, confiados en el Señor, se han atrevido a anunciar sin temor la palabra de Dios. 20 Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que, con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. 21 Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. 22 Ahora bien, si seguir viviendo en este cuerpo representa para mí un trabajo fructífero, ¿qué escogeré? ¡No lo sé! 23 Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, 24 pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este cuerpo. Filipenses 1. 20 – 24 NVI En esta carta Pablo está escribiendo desde la cárcel. Y eso no es un detalle menor ya que es una dura adversidad, pero por sobre todo por cómo él interpreta lo que le está sucediendo. Todo ha servido para el avance del Evangelio les dice a los Filipenses. Desde ahí arranca su interpretación. Además, lo importante es ver cuál considera Pablo que es la verdadera realidad. Yo estoy preso, pero en realidad esto está colaborando con el plan de Dios, les escribe. Impresionante. Realmente impactante. Pero lo que más me impactó siempre en este texto es que aún en una situación adversa como esta, Pablo parece estar haciendo una broma respecto a si morir o vivir. Lo tiene tan resuelto que le da lo mismo, no le preocupa, no le produce temor. Nosotros no sólo no hablamos del tema, sino que jamás se nos - 28 - ocurriría ponernos irónicos o hacer bromas al respecto. Pero Pablo lo tiene resuelto. No se maneja por criterios humanos, ni por las circunstancias. “Para mí el vivir es Cristo” les dice. Y ahí está la clave de todo. ¿Vivimos nuestra propia vida o vivimos Su vida? ¿Experimentamos la cruz realmente para ya no vivir nosotros y vivir a Cristo como vida real? A los Romanos les escribió esto mismo. 7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo ni tampoco muere para sí. 8 Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Romanos 14. 7 – 8 NVI A los Colosenses también les escribió lo mismo. Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. 2 Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, 3 pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Colosenses 3. 1 – 3 NVI Aquí Pablo profundiza un poquito más la cuestión y los desafía a revisar dónde concentran su atención. En otras palabras: desde qué perspectiva definen todo. “Ustedes han muerto a esta vida…” es una gran clave para interpretar toda circunstancia. Arriba es nuestra posición en Cristo. Al profundizar en la obra de la cruz, vemos que hemos muerto con Cristo y ahora hemos resucitado con Él. Cristo es nuestra resurrección y nuestra vida. Por eso Pablo tiene el tema resuelto. El ya murió a su vida y ahora vive en Cristo, vive a Cristo. Ahora Pablo sabe que su vida está escondida con Cristo en Dios. Toda circunstancia la interpreta desde allí, con la mira puesta en las cosas de arriba. Con criterios eternos y no temporales. De esto les habla a los Corintios y de hecho interpreta las circunstancias como leves o pequeñas al compararlas con lo eterno que es el crecimiento de Cristo en nosotros. 16 Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día. 17 Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. 18 Así que no nos fijamos en lo visible, sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. 2 Corintios 4. 16 – 18 NVI - 29 - Pero volvamos por unos minutos la carta a los Romanos. Escribiendo a sus hermanos allí, les deja claro que interpreta las circunstancias a partir de la obra de justificación en nosotros por medio de la cruz. Y aquí puedo identificar una gran dificultad que hemos tenido a la hora de atravesar como familia esta terrible adversidad de enfrentar la muerte prematura de mi hermano ya que no teníamos suficiente luz respecto de la obra de la cruz. Por supuesto que teníamos fe, por supuesto que amábamos a Dios, pero nos faltaban las definiciones que producen en todas las áreas el entendimiento del propósito eterno, de la obra de la cruz y del pacto que está vigente. En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. 2 También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. 3 Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; 4 la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. 5 Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado. Romanos 5. 1 – 5 NVI Pablo define todo desde el “…ya que hemos sido justificados…” y esto permite el gozo aún en los sufrimientos. Pero además agrega algo maravilloso: “el sufrimiento produce…”. Y esta es una gran clave: desde la perspectiva de Dios, no son tan importantes los “por qué” como los “para qué” ante toda circunstancia. Ya sobre el final de sus días, le escribe a su amado hijo espiritual Timoteo y le habla acerca de cómo interpreta su vida y su muerte. 6 Yo, por mi parte, ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. 7 He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. 2 Timoteo 4. 6 – 7 NVI Pablo entiende que está llegando a la meta y va a pasar al perfecto y completo descanso con el Señor, Aquel a quien tanto amó y sirvió. Vuelve a Cristo de dónde salió en la eternidad. Entiende su partida como un sacrificio a Dios. Sin dudas si nuestra vida es Cristo, todas las circunstancias y sobre todo la muerte deberán siempre ser medidas con criterios eternos. - 30 - Santiago en su carta también lo expresa en los mismos términos. 2 Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, 3 pues ya saben que la prueba de su fe produce perseverancia. Santiago 1. 2 – 3 NVI En la versión Reina – Valera leemos: “tened por sumo gozo…”. Necesitamos entender que el gozo descripto aquí, no es una emoción, sino que se describe una condición interna, es la naturaleza de Cristo en nosotros y nada tiene que ver con las circunstancias externas. Hay gozo en las pruebas y estas producen siempre lo que Dios busca producir en nosotros. Esto, como lo vemos en los textos mencionados, era un criterio corporativo en la primera Iglesia. Hace algunos años atrás tuve la muy grata oportunidad de estar en un encuentro de pastores en Bs. As., Argentina, escuchando una enseñanza de Fabián Liendo sobre el gozo en las tribulaciones. Luego de algunas semanas nos volvimos a encontrar en una cena y en una charla pudimos profundizar lo transmitido en su enseñanza y me quedé muy impactado por su vida y sus palabras. Ese día, lo que ya me inquietaba se hizo más fuerte así que aquí me encuentro, trabajando en este material para las familias. Con el permiso de Fabián les comparto algunas líneas aquí para ampliar la plataforma desde la cuál debemos volver a hablar sobre este tema tan complejo para las familias y del cuál pareciera que nadie quiere hablar. “Gócense con el Señor” les decía Pablo a Filipenses en su carta. También en la primera carta a los Tesalonicenses Pablo les dice: 16 Estén siempre gozosos. 1 Tesalonicenses 5. 16 RVR “Siempre gozosos” dice Pablo. Sabemos que la Palabra es verdad. El Evangelio es verdad. Cristo es la Palabra y el Evangelio. Así que estar siempre gozosos es actuar de una manera cabal como Dios dice que somos. Es ser coherentes con la vida que portamos. Necesitamos evaluar permanentemente: ¿Qué hay de Cristo y que hay de nosotros en nosotros? Algo que estamos entendiendo en esta generación, es que los procesos, las adversidades no ponen más de Cristo en nosotros porque ya lo tenemos todo en Él. Estamos completos en Él. Lo que sí el proceso, la adversidad va a hacer, es formar a Cristo más exactamente en nosotros. - 31 - En 2 Timoteo 2. 7 Pablo le dice a su hijo espiritual, su colaborador apostólico: “Considera lo que digo (esa es nuestra parte: considerar) y el Señor te de entendimiento en todo”. Dios debe derribar todo lo que se construyó sobre orgullo humano, con un claro eje antropocéntrico para poner Su verdad eterna en nosotros. Pablo dice en su carta a los Filipenses “Por nada estés afanoso” por un lado, pero está preocupado por la Iglesia por el otro. ¿Hay contradicción en esto? Si los persiguen, huyan a otra ciudad dice, ¿hay contradicción? Estar siempre gozosos parece una contradicción y un imposible. Pero debemos verlo desde la mente de Cristo y entender que podemos estar tristes, pero siempre gozosos. En la tristeza hay gozo y en el gozo también hay tristeza. El gozo no es humano, es un fruto del Espíritu y no depende de circunstancias naturales. En Hebreos 10. 34 leemos: “…el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo…”. Esto sólo es posible si entendemos lo eterno, si entendemos que tenemos una herencia perdurable en los cielos. El bien es Cristo en nosotros. Ese es el bien de Dios. Todo ayuda a bien según Su propósito dice Pablo en Romanos 8. C. S. Lewis decía, “los actos más poderosos de obediencia radical, empezando con el dolor del pecado debe estar motivado por el profundo valor del gozo de Dios”. Tenemos que gozarnos en el conocimiento de Dios antes de experimentar el verdadero dolor por no tenerlo. Entristecidos más siempre gozosos les dice Pablo a los Corintios. 10 aparentemente tristes, pero siempre alegres; pobres en apariencia, pero enriqueciendo a muchos; como si no tuviéramos nada, pero poseyéndolo todo. 2 Corintios 6. 10 NVI Necesitamos entender que Dios no resuelve problemas personales. Él ha resuelto un problema global y eterno: la muerte espiritual del hombre. Ese es el gozo y eso no nos deja estar ociosos. El gozo nos hace amar lo que Dios ama. Somos parte de una eterna solución, de una eterna redención. La muerte natural ya fue resuelta en la cruz y por obra de la regeneración tenemos acceso a ella. La gloria de Dios es todo lo que Dios es. En esa gloria hay una absoluta plenitud. Fuimos creados en esa realidad como lo vemos en el origen. Salimos de Cristo. La plenitud era nuestra realidad. - 32 - El pecado (salirnos del diseño e independizarnos de Dios) nos deja fuera de la gloria como lo expresa Pablo en Romanos 3. 23. Ahora los seres humanos están fuera en la nada y muertos. Y surge así el vínculo almático que es la necesidad. El ser humano interpreta todo desde el alma (mente, voluntad y emociones). Pero Dios reúne todo en Cristo y nos devuelve a esa realidad. Nos vuelve al estado original. El verbo vino y habitó entre nosotros y vimos Su gloria. Ver esa gloria nos llena de gozo. Esa es nuestra realidad. Cristo es nuestra realidad por la experiencia con la cruz. El Hijo es el gozo, la complacencia de Dios. El Hijo Cristo está en nosotros. Vemos en Mateo 16. 24 que Jesús decía “el que quiera ser mi discípulo… …niéguese a si mismo y tome su cruz y sígame…” “…el que pierde la vida la hallará”. La cruz se lleva adelante por el camino del gozo. Jesús lo hizo como lo vemos en Hebreos 12. 2 “Por el gozo puesto delante de El sufrió la cruz…”. Debemos ser el linaje de la cruz que todo lo hace por amor a Él con gozo, que menosprecia los padecimientos con gozo. Si vamos a Él con gozo elegimos perderlo todo. 10 Pero el SEÑOR quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir, y, como él ofreció su vida para obtener el perdón de pecados, verá su descendencia, prolongará sus días y llevará a cabo la voluntad del SEÑOR. 11 Después de su sufrimiento, verá la luz y quedará satisfecho. Por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos. Isaías 53. 10 – 11 NVI Dios quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Algunas versiones usan la palabra “aplastar”. Formaba parte del plan eterno. … ofreció su vida para obtener el perdón de pecados… El que no me ama a mi más que a todas las cosas no puede ser mi discípulo decía Jesús. Eso vemos que le sucedió al primer Adán, quedó fuera de la gloria porque quiso otra cosa más que a Dios. El profeta Jeremías (2. 13) dice “me dejaron a mí y cavaron sus propias cisternas”. El mal es me dejaron a mí, es la naturaleza humana, buscar en cisternas rotas. Debemos graduar nuestra interpretación de las cosas desde la perspectiva humana y temporal a la perspectiva eterna. Lo malo para Dios es todo lo que no es Suyo. Todo lo que no está produciendo el Espíritu no es de Dios. Todo lo que no sale de la naturaleza de Cristo en nosotros Dios no lo recibe. - 33 - Fuimos creados para Su gloria. Esa es nuestra identidad. No tenemos permiso para hacer lo que queremos. Venimos a Cristo y morimos a nuestra propia vida. Así tenemos la mente de Cristo que es un estado de gobierno y reposo en cualquier circunstancia. En la segunda carta a los Corintios en el capítulo 4 verso 6 Pablo dice: “Dios resplandeció en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. Así como todos estábamos en Adán, hoy todos los que abrazamos la cruz estamos en Cristo y experimentamos esa posición. Dios no mira la experiencia personal. Dios mira la experiencia de Adán y la de Cristo. En Cristo Él hace nuevas todas las cosas. La Iglesia no es un hospital. Es un cementerio. Estamos todos muertos. Y todas las cartas apostólicas hablan de esto. El Padre se gozó en quebrantar a Su Hijo para que todo vuelva al plan original, al propósito eterno. El precio dictamina la importancia. El precio es morir. La gloria del Padre es de infinito valor. Eso es por el gozo puesto delante de Él sufrió… Jesús vio el gozo del Padre de que todo el desastre cósmico de la desobediencia de Adán volviera a su lugar por la obediencia del segundo Adán. Por eso en la oración que vemos en Juan 17 Jesús dice “Le glorificaré completando la obra para la cual fui enviado”. Nuestra experiencia es la de Cristo, tomar la cruz. Yo muero y obra Él quién es mi resurrección y vida. En Juan 6. 35 encontramos que Jesús decía “…yo soy el pan de vida…” “…no tendrán más hambre…”. Hay una plenitud que sale de la misma fuente. Él es la fuente que satisface eternamente porque vemos Su gloria. En su carta a los Efesios en el capítulo 4 verso 10 Pablo dice que “Cristo subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo”. Él es la plenitud. La fuente de nuestro gozo no es temporal ni circunstancial. La fuente es Cristo. Es perdiendo la vida que se gana la vida. Y eso es cruz. La vida y la muerte ya están resueltas en la cruz. 3 pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Colosenses 3. 3 NVI En el Salmo 16. 11 el salmista decía “en tu presencia hay plenitud de gozo”. Debemos entender y recordar que, desde la cruz, ahora estamos en Él, en Su presencia siempre, en el gozo siempre. En los Hechos 5. 41 leemos “…salieron gozoso por ser dignos de padecer afrenta por causa de Su Nombre”. - 34 - En Juan 12. 23 Jesús decía “…ha llegado la hora de ser glorificado…” “…si el grano de trigo no muere no puede dar fruto… pero si muere lleva mucho fruto”. Ser glorificado era morir. Cuando pensamos que necesitamos algo y si lo tuviéramos estaríamos mejor es que nos falta comer el pan de vida. Él es el gozo, Él es la plenitud. En Él estamos completo. No necesitamos nada. Él es la perfecta alegría, el perfecto gozo en toda circunstancia. En la oración de Juan 17, en el verso 26 Jesús dice: “Yo les he dado a conocer tu nombre para que el amor con que me amaste esté en ellos y yo en ellos”. Salimos de Cristo en el origen y en la cruz volvemos a El. Ahí está nuestro gozo, estamos en Cristo. Esa es nuestra posición. Esa es nuestra realidad. En Hechos 20. 24 leemos a Pablo diciendo “no estimo preciosa mi vida con tal que acabe la carrera con gozo…”. Sin dudas cuanto más entendimiento tenemos acerca de la obra de la cruz y su operación en nosotros, mayor fortaleza interior tenemos para enfrentar, interpretar y atravesar cualquier: dolor, tragedia, sufrimiento y aún la muerte y el duelo. Le animo a que continúe las siguientes páginas desde el entendimiento de la perspectiva de Dios de la vida y la muerte. Si es necesario vuelva una y otra vez a los capítulos anteriores para poder interpretar bien lo que lee, pero sobre todo que pueda tener las herramientas para interpretar y atravesar las circunstancias dolorosas que como familias tengan que enfrentar. Profundizaremos en esto en el siguiente capítulo. - 35 - Capítulo Tres “Dios: ¿Es amor?” Dios es amor En Latinoamérica cualquier persona común se considera a sí misma cristiana: cree en Dios, en Jesucristo, en el Espíritu Santo, en la Biblia, en la Iglesia y tratan de llevar a la práctica algún tipo de liturgia por lo menos una vez a la semana. Sin embargo, son estas mismas personas las que tienen los más diversos conceptos a la hora de describir o defender sus creencias. La pregunta que da nombre a este capítulo es frecuentemente planteada por estas mismas personas que, sorprendentemente, al momento de enfrentar la adversidad, el dolor o la muerte cuestionan las mismas creencias que dicen sostener. Como podemos verlo en todo el eje bíblico, el amor y el pacto de Dios con Su Hijo es la esencia de Dios. Por tal motivo podemos afirmar con toda seguridad que Dios jamás utiliza medios malos para fines buenos. De Él sólo sale amor. Su corazón, la esencia de lo que Él es, es el amor. La voluntad de Dios es siempre una expresión de amor para nosotros. Su amor NO es sentimental, pasajero, circunstancial, condicional. El amor de Dios es la expresión de Su corazón, de su ser más íntimo. Su amor es permanente y leal al objeto de amor que somos nosotros si estamos en Su Hijo. En consecuencia, la reacción natural del amor de Dios es su rechazo o resistencia a la naturaleza caída que es pecado porque nos afecta llevándonos a vivir fuera de diseño, destruye nuestras vidas. Dios odia el pecado porque nos destruye a nosotros y su creación a quienes Él ama. La declaración más clara y que resume esto la encontramos en el Evangelio Según San Juan: 16 …de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, más tenga vida eterna”. Juan 3. 16 RVR Dios ama a todos los seres humanos. Su Hijo es Su amor dado para recuperarnos porque estábamos muertos y perdidos. Somos nosotros los que decidimos si aceptamos o rechazamos Su amor. En ese amor nada muere ni se pierde. - 36 - Toda la humanidad vive de espaldas a Dios, rechazando un amor como el que jamás van a conseguir por otros medios. El apóstol Pablo, en su carta a la Iglesia en Roma nos deja claro que Dios es amor y no existen circunstancias que nos puedan alejar o separar de ese amor si estamos en Cristo. Somos objetos de Su amor. 38 Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. Romanos 8. 38 – 39 NVI En el Salmo 100 verso 3 leemos algo muy especial con relación a como Dios nos considera: 3 Reconozcan que el SEÑOR es Dios; él nos hizo y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado. Salmo 100. 3 NVI La declaración “somos suyos”, “su pueblo” la encontramos una y otra vez en todo el eje bíblico. Ésa es nuestra realidad, somos objeto del amor de Dios en Cristo. Él nos ama, desea lo mejor para nosotros según Su propósito todo el tiempo. Somos nosotros los humanos los que voluntariamente rechazamos su amor, le damos la espalda y vivimos nuestras propias vidas, tomando nuestras propias decisiones, según nuestros propios intereses. Muchas veces no sabemos cómo verlo o qué pensar de Dios porque no lo conocemos. Debiéramos dedicar nuestra vida a conocerlo y poder así vivir tranquilos de su mano. Debiéramos tener las respuestas seguras respecto a Su propósito en nuestra vida, acerca de lo que Dios piensa de nosotros, lo que quiere para nosotros. Aquí tiene algunas respuestas escriturales. 17 Toda buena dádiva y toda perfecta bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y quien no cambia ni se mueve como las sombras. 18 Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros frutos de su creación. Santiago 1. 17 – 18 NVI Dichoso es quien no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni se sienta en la reunión de los burladores, 2 sino que en la Ley del SEÑOR se deleita y día y noche medita - 37 - en ella. 3 Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. Todo cuanto hace prospera. Salmo 1. 1 – 3 NVI 11 Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el SEÑOR—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29. 11 NVI Dios quiere nuestro bienestar, quiere darnos todo lo bueno, quiere nuestra felicidad y nuestra prosperidad integral. Dios quiere darnos lo que mejor, pero esto no es temporal. Dios quiere darnos a Su Hijo porque en Él estamos plenos, completos, el Él somos amados. 28 Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. 29 Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Romanos 8. 28 – 29 NVI Sin dudas este texto es como tener el periódico del lunes. Ya sabemos cómo termina toda circunstancia desde la perspectiva de Dios: todo va a colaborar con Su plan que es formar a Cristo en nosotros. Qué buena noticia: todo colabora con Su plan. Las preguntas más comunes ante la adversidad ¿Por qué a mí? Dios puede salvarme... o Dios podría haberlo impedido... pero ¿por qué no lo hizo? Si Dios es amor ¿por qué suceden las cosas que suceden? ¿Qué clase de Dios se queda con los brazos cruzados cuando suceden cosas malas? ¿Por qué Dios no usa todo su gran poder para evitar que nos sucedan ciertas cosas? Éstas, y otras decenas de preguntas son las que rondan nuestra mente cuando enfrentamos situaciones difíciles. Pero como lo estamos descubriendo, Dios nos tiene las respuestas a muchos “para qué”, pero no nos tiene las respuestas a los “por qué”. Las explicaciones no nos sirven ante el dolor. Le puedo asegurar que aunque los peritos de la policía me explicaron hasta el más mínimo detalle cómo - 38 - había sido el accidente de mi hermano esa madrugada, eso no me quitó el dolor por perderlo. El planeta en que vivimos está marcado por las tragedias, las enfermedades, los accidentes, los desastres naturales y la muerte. Nadie está exento de todo esto. Todas estas realidades son parte de la vida en un mundo en el que las personas viven de espaldas a Dios y sus principios. Veremos a continuación cómo podemos ser traicionados por nuestras propias emociones y enredarnos en las trampas de preguntas sin respuestas. Debemos interpretar las circunstancias de sufrimiento, dolor, muerte a la luz de las Escrituras y con la seguridad de nuestra posición en Cristo y que el Dios de amor y misericordia está de nuestro lado en todo momento. La muerte de los niños Abordaremos el tema de la muerte en el capítulo siguiente, pero quisiera mencionar algunas cuestiones respecto a la muerte de los niños en el contexto de este capítulo. Respecto a este tema, surgen una cantidad interminable de interrogantes. Voy a dejarle una postura personal (fundamentada en mis investigaciones y convicciones al respecto luego de compartirlas con personas influyentes dentro del Cuerpo de Cristo) para que usted lo investigue por su parte y logre definirse sobre este tema. Nos surgen interrogantes acerca de la muerte de los niños, como por ejemplo: ¿Si Dios es amor, por qué permite que mueran los niños? ¿Qué pasa con los miles de millones de niños, hijos de padres no cristianos, que no han conocido la fe cristiana y que mueren sin haber podido recibir ésta formación cristiana? ¿Qué pasa con los cientos de niños que murieron por las persecuciones en la época del nacimiento de Moisés y de Jesús? ¿Qué pasa con los fetos, hijos de cristianos, que mueren antes de que se sepa de su existencia sin culpa de nadie? ¿Y con los hijos de los no cristianos en esta misma condición? Si todos esos niños no llegan a la vida en la eternidad junto a Dios ¿cómo comprender que haya un llamado a todo hombre a participar del amor universal de Dios por todos los seres humanos, a participar de Su gracia, y que ese llamado y vocación se frustre en la inmensa mayoría de los seres humanos? ¿Y que se frustre sin culpa ni conciencia de pecado personal? Y la lista de preguntas puede seguir. Por supuesto que no hay respuesta definitiva al tema, y en realidad tampoco hay respuesta clara respecto al tema en la Biblia que guarda silencio en este sentido. Sí podemos hacer una lectura de todo el eje bíblico y llegar a algunas - 39 - conclusiones. Siempre debemos tener claro que Dios es soberano y queda todo en sus manos. De todas maneras quiero que nos quede claro que este no es un libro específico sobre esta cuestión, por lo tanto sólo haré algunas consideraciones dentro del contexto de cómo enfrentar la muerte y elaborar el duelo que es de lo que trata este libro. La primera realidad que tenemos que aceptar es que mueren los niños como cualquier persona muere en esta vida. La muerte es parte de la vida en esta tierra aunque nos cueste entenderla y, como ya lo hemos visto, nadie está exento a la misma. La muerte física nos llega a todos tarde o temprano. En cuanto a lo que sucede al niño después de su muerte lo veremos a continuación. En la Primera Carta del Apóstol Pablo a su discípulo Timoteo encontramos lo siguiente: 4 pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad. 1 Timoteo 2. 4 NVI La misma actitud de Dios de amar a todo ser humano y desear que todos vivan eternamente junto a Él ya la hemos visto en el Evangelio Según San Juan en el capítulo 3: 16 »Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3. 16 NVI En el Evangelio Según San Marcos, en el capítulo 10, vemos la actitud de Jesús en persona respecto a los niños y el Reino de Dios: 14 Cuando Jesús se dio cuenta, se indignó y dijo: «Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Marcos 10. 14 NVI Él los recibía, los tomaba en sus brazos y los bendecía. El mismo Jesús, en el Evangelio Según San Mateo en el capítulo 21 repite lo expresado por el Salmista en el Salmo 8: 16 —¿Oyes lo que esos están diciendo? —protestaron. —Claro que sí —respondió Jesús—; ¿no han leído nunca: - 40 - »“En los labios de los pequeñitos y de los niños de pecho has puesto tu alabanza”?». Mateo 21. 16 NVI El salmista David expresó claramente la actitud de Dios para con los niños en su Salmo: 13 Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. 14 ¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas y esto lo sé muy bien! 15 Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. 16 Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos. Salmo 139. 13 – 16 NVI En las Escrituras vemos que Dios tiene una preocupación especial por los niños. Todo el tiempo vemos una actitud de reconocimiento y respeto de los niños. Es más, literalmente dice que “de los tales es el reino de Dios” y los pone como ejemplo para los adultos de cómo debemos relacionarnos con Él. Además, de los textos que veremos a continuación podemos deducir con claridad que existe una etapa de “inocencia” de los niños. En otras palabras también podemos definir esta inocencia como no consciencia de maldad. La Biblia no menciona una edad de responsabilidad. Pero encontramos evidencias para deducir bíblicamente que hay cierto tiempo que si un niño muere irá a la eternidad. Por ejemplo: 2 Samuel 12. 23, David estaba seguro que volvería a ver a su bebé algún día. Indica su confianza que su bebé estaba seguro en Dios. El profeta Isaías en el capítulo 7 en el verso 16 indica un período durante la infancia: “antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno”. De nuevo aquí vemos la cuestión de la consciencia. En el libro de Jonás en el capítulo 4 en el verso 11 encontramos otra referencia interesante en que se menciona esta etapa. Se sabe que Nínive era una ciudad de aproximadamente un millón de habitantes. Pero el texto menciona que había “más de ciento veinte mil personas (niños) que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda...”. Nuevamente aquí está la cuestión de la consciencia. El apóstol Pedro en su primera carta en el capítulo 4 dice “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo - 41 - pensamiento…”. Aquí podemos ver nuevamente la necesidad de consciencia para definir el mismo pensamiento. Podemos continuar con otros cientos de textos bíblicos donde encontramos que cada ser humano responde por sí mismo y otras cosas similares, pero no es la intención en este momento. Sí podemos concluir que Dios es amor, que desea la salvación de todos, que considera a los niños importantes y herederos de Su Reino. Pareciera no caber entonces la posibilidad de separación eterna de Su Presencia de tantos millones de niños. Estos niños que no son sino criaturas de Dios. Por otro lado, debemos aquí hacer una aclaración o diferencia entre los términos salvación y conversión o transformación. Son términos que los cristianos solemos confundir con facilidad. En el contexto bíblico, cuando se habla de salvación la condición es creer y confesar a Cristo como salvador y Señor, es nacer de nuevo (puede leerlo en Romanos 10. 9, por ejemplo). Es pasar de muerte a vida. Es que nuestro espíritu muerto sea recuperado para Dios, es volver al diseño. Sin embargo, cuando hablamos de conversión o transformación, en el eje bíblico se hace referencia al proceso de cambio a la imagen de Cristo; y este proceso puede durar toda la vida. La conversión o transformación tiene que ver con cambiar nuestra manera de pensar y vivir según el pensar de Dios. Vemos entonces que el ladrón colgado junto a Jesús en la cruz, en el último minuto de vida creyó e invocó y fue salvo según la afirmación misma de Jesús: “hoy estarás conmigo en el paraíso” (ver Lucas 23. 43). Fue salvo, recibió la posibilidad de estar en la eternidad junto a Dios. Pero no fue convertido o transformado, su vida no experimentó cambio alguno, no hubo tiempo de proceso de cambio. ¿Podrá aplicarse la misma realidad para la vida de un niño? Me inclino a creer que sí, aunque como ya lo expresamos, no hay respuestas claras y definitivas al respecto. La reacción natural de cualquier ser humano ante una situación extrema es invocar a Dios, todos aún clamamos: Diooos!! Ante una situación límite. Es una reacción natural. Como ya lo hemos planteado en trabajos anteriores, y como puede verse en el eje bíblico, el ser humano es bio-psico-socio-espiritual. Dios nos creó con un cuerpo, con un alma (mente, voluntad y emociones) y con un aspecto espiritual, por medio del cual todo ser humano tiene conciencia de Dios y la capacidad de relacionarse con Él desde el mismo momento de la gestación. De esta manera, podemos estar seguros de que un niño aun desde antes de nacer ya tiene este aspecto espiritual en su vida y la capacidad y sensibilidad a las cuestiones espirituales. De hecho, puede ver en lo cotidiano que los niños no cuestionan la existencia de Dios como si lo hacemos los adultos. - 42 - Los niños son inocentes en el sentido de la consciencia de bien o mal. De ellos es el Reino de los cielos dijo Jesús. Creo firmemente, es una convicción personal fuerte, que la obra expiatoria de Cristo en la cruz cubre a los niños. Como lo podemos ver, la Biblia guarda silencio al respecto de una respuesta definitiva o específica sobre este tema. No se pueden dar entonces respuestas definitivas. Nos queda inclinarnos por lo que si está claro en el criterio de la mayoría de los autores bíblicos respecto a la inocencia – consciencia de los niños y esto nos permite superar estas situaciones y confiar en la soberanía y el perfecto amor de Dios. 29 Lo secreto pertenece al Señor nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta ley. Deuteronomio 29. 29 NVI La traición de las emociones Una de las mayores muestras del amor de Dios por el ser humano es la libertad y la vida en Cristo que nos permite tener. Desde esa vida hoy podemos elegir desde la verdadera libertad. No somos robots programados sino que somos seres libres con la verdadera libertad para decidir desde el gobierno correcto, la vida en el Espíritu. Las circunstancias difíciles nos pueden hacer sentir abandonados por Dios o una serie de sentimientos que pueden ser confusos debido a las circunstancias. Esto nos produce una tremenda frustración con Dios porque no le encontramos el sentido o el significado a lo que nos toca vivir. Sería bueno recordar en las situaciones adversas que no son momentos para sacar conclusiones finales. En la adversidad debemos siempre cuestionar nuestros pensamientos y evaluar nuestras emociones porque el alma (mente, voluntad y emociones) no es de fiar. Lo hemos trabajado en profundidad en el libro “La psicología de Dios” que le recomiendo leer si aún no lo hizo. En cada circunstancia difícil de la vida experimentamos sentimientos negativos, en especial respecto a nuestra filosofía de vida o nuestras creencias. Podemos sentir que pareciera que Dios está ausente, callado, desinteresado, lejano cuando más lo necesitamos. Pero cuando nos es revelado que Cristo es una vida en nosotros y está ahí en cualquier circunstancia, vemos que esas impresiones de ausencia y abandono solo son una interpretación equivocada de nuestras almas. Cuando el alma mira al lugar incorrecto y no considera la posición en Cristo como realidad absoluta, toda su gestión e interpretaciones pueden estar equivocadas. - 43 - Además, muchas veces la realidad indica que nosotros somos responsables de muchas de las cosas que nos suceden. Por medio de nuestra vida desordenada, por medio de nuestras decisiones equivocadas tomadas irresponsablemente sin una evaluación de las consecuencias que vendrán, por medio del quebrantamiento de algunas leyes, por medio del pecado o alejamiento de las normas y diseño de Dios, podemos generar que lleguen circunstancias difíciles a nuestra vida. La raza humana tiene libre decisión, y es claramente evidente por el estado de la humanidad en general que nuestras decisiones no han sido del todo correctas. A pesar de esto Dios sigue amándonos porque somos el objeto de Su amor. Lo que debemos tener claro es que Él no ama nuestra conducta destructiva, pero nunca dudemos de su amor por nosotros, aún cuando atravesamos circunstancias difíciles. En el capítulo 6 ampliaremos esto desarrollando sobre las emociones versus las convicciones. Lo que aprendimos en la familia Nacemos y somos formados en el seno de una familia. Es en este ámbito donde aprendemos un alto porcentaje de lo que sabemos y pensamos. Es en este ámbito principalmente donde formamos lo que somos individualmente. Del ámbito familiar recibimos los principios y valores, lo que corresponde y lo que no, pero en especial recibimos la manera de interpretar el mundo y lo que en el sucede. Es la familia la que genera en cada uno la imagen que tenemos de la vida, las circunstancias difíciles, y en especial la imagen que tenemos de Dios. Cuantas veces hemos escuchado en el círculo familiar por ejemplo: “si Dios es amor, ¿por qué el mundo esta como esta?”, o “Dios es injusto: mira aquellos que son mala gente como les va bien y a nosotros que somos honestos nos va mal”. Tenemos toda una estructura de pensamientos que hemos heredado y se ha formado en nuestra mente a partir de la influencia de nuestra familia y de la sociedad. Según pensamos actuamos y vivimos. Somos lo que pensamos. Si pensamos que no valemos o no podemos, de esa manera nos desempeñamos en lo cotidiano. La familia, y además la sociedad con su cultura y a través de los medios de comunicación influye mucho en esto. Debemos revisar nuestra estructura de pensamientos y trabajar en cambiarlos de acuerdo a nuestra realidad en Cristo. - 44 - Como seres humanos vamos heredando una naturaleza de ser negativos, a imaginar el peor escenario y estar siempre con la actitud de mirar hacia atrás, a lo que nos hicieron o lo que perdimos, etc. Pero recordemos que nuestra realidad es que en Cristo todo fue hecho nuevo 2 No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta. Romanos 12. 2 NVI 3 pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. 4 Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. 5 Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que obedezca a Cristo. 2 Corintios 10. 3 – 5 NVI 8 Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Filipenses 4. 8 NVI Vemos que en los textos se menciona las palabras entendimiento, mente, argumentos, haciendo referencia la estructura de pensamientos que mueve nuestras acciones. Vemos que deben ser revisados, renovados o muchas veces llevarlos cautivos: van a la cárcel, no deben tener voz ni libertad. En la carta del Apóstol Pablo a los Filipenses lo vemos recomendarles (y recomendarnos) las cosas que sí deben y pueden ocupar nuestros pensamientos, nuestra consideración. Como usted puede verlo, no se refiere a lo negativo ni a mirar hacia atrás. Veamos un texto más del Apóstol Pablo en la misma carta en el capítulo 3: 12 No es que ya lo haya conseguido todo o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. 13 Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, 14 sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. Filipenses 3. 12 – 14 NVI - 45 - En especial cuando se trata de interpretar las circunstancias difíciles de la vida, debemos tener cuidado con nuestra manera de pensar. Dios es amor, somos amados en Cristo, desde ahí debiéramos definir todo. Como lo vemos por las Escrituras, Dios nunca es autor del mal. Pero sí podemos asegurar que Él tiene todo el poder de transformar el mal en algo bueno para nosotros. 20 Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Génesis 50. 20 NVI Si hay algo que nos debe quedar claro es que el amor de Dios es inmortalidad. El amor de Dios es Cristo quien vino para que nada muera ni se pierda (Juan 3. 16). Él vino a darnos vida. Que hermosa realidad: el amor de Dios es inmortalidad. - 46 - - 47 - Capítulo Cuatro “La muerte” La muerte Según cualquier diccionario muerte significa: “cesación de la vida”. Por esto, siempre el sentido de la muerte está directamente relacionada al sentido que tenemos para nuestra vida. Como ya lo hemos visto, es fundamental revisar nuestra manera de pensar. Los que vivimos a Cristo, sabemos que esta vida es sólo es un punto, un pequeño paréntesis en la eternidad. Si estamos en Cristo estamos viviendo de este lado de la eternidad. Los humanos tenemos consciencia de eternidad. Por esto, cuando el diccionario habla de cesación de la vida, sabemos que se refiere sólo a la vida física en nuestro cronos. Dice el escritor del libro Eclesiastés: 11 Dios hizo todo hermoso en su tiempo, luego puso en la mente humana la noción de eternidad, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin. Eclesiastés 3. 11 NVI Esto significa que Dios ha puesto o plantado eternidad en los corazones humanos, significa que tenemos aquí en la tierra, en esta existencia una cierta capacidad de buscar la verdadera vida que es la eternidad. Es como un instinto natural grabado a fuego en nosotros que nos hace buscar la inmortalidad. Esto, como sabemos, no es nada nuevo en la raza humana. Por esto siempre nos ha parecido y nos parecerá que la muerte es injusta e inentendible. Todo nuestro ser reacciona ante la muerte como algo ilógico porque Dios mismo nos creó con la capacidad de vivir para siempre. Fuimos creados seres espirituales, fuimos creados para la eternidad. Pero como sabemos, el primer matrimonio desobedeció y al hacerlo murieron espiritualmente y se desconectaron de la eternidad para vivir en la temporalidad. Somos seres espirituales residiendo temporalmente en un cuerpo material, terrenal y con limitaciones. Pero cuando este cuerpo se desgasta o por alguna razón accidental de esta vida deja de funcionar, nuestra vida espiritual continua a través de la eternidad si estamos en Cristo. - 48 - Vemos esto claramente en la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios: De hecho, sabemos que, si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas. 2 mientras tanto, suspiramos anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial, 3 porque cuando seamos revestidos, no se nos hallará desnudos. 4 realmente, vivimos en esta tienda de campaña suspirando y agobiados, pues no deseamos ser desvestidos, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5 Es Dios quien nos ha hecho para este fin y nos ha dado su Espíritu como garantía de sus promesas. 2 Corintios 5. 1 – 4 NVI Esto debe hacernos reflexionar sobre la realidad de que el sentido de la muerte depende del sentido de la vida. Si tenemos consciencia de la eternidad toda nuestra vida, nuestras relaciones, nuestras actitudes, valores y principios cambian. Seguramente que si vemos nuestras vidas a la luz de la eternidad, revisaremos nuestras prioridades, la inversión de hacemos de nuestro tiempo y dinero, el tipo de relaciones interpersonales que tenemos, pero sobre todo el cuidado de nuestra salud integral. En definitiva, toda nuestra gestión de vida debe ser con entendimiento de eternidad. Entonces, la muerte no significa el fin sino la transición. Pasar a otra dimensión, al otro lado de la eternidad que ya vivimos de este lado. Significa una partida, un éxodo. En su carta a los Filipenses, el Apóstol Pablo hablaba de la muerte como una partida: 23 Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, 24 pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este cuerpo. 25 Convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos ustedes para contribuir a su jubiloso avance en la fe. Filipenses 1. 23 – 25 NVI Pablo habla de partida y del sentido de su vida mientras aún no va a partir, y es contribuir al avance de lo eterno. Así que la vida es mucho más que “vivir el momento” como se pregona en la sociedad generalmente. Todo lo que vivimos ahora, las decisiones y actitudes que tomemos tienen consecuencias en la eternidad. Dios nos diseñó para vivir eternamente. - 49 - La Biblia nos habla de sólo dos opciones para la eternidad (tanto aquí y ahora como del otro lado de la muerte física): con Dios o sin Dios. Cerca de Dios, bajo su perfecto amor, o lejos de Dios en el dolor y el sufrimiento eterno. La elección es nuestra. El deseo de Dios es que todos estemos cerca de él y bajo la cobertura de su amor, pero no puede forzarnos a eso. Nuestra comunión con Dios en esta tierra determina si tendremos comunión con Él en la eternidad. Se nos enseña en las Escrituras que si vivimos una vida de entrega, amor y confianza en Jesucristo el Hijo de Dios, nuestra vida en la eternidad será al lado suyo. Pero también se nos enseña que si decidimos rechazar Su salvación, Su vida, Su amor, Su perdón y gracia aquí en la tierra, pasaremos la eternidad lejos de Dios. Para siempre apartados de Dios. La elección es nuestra aquí y ahora. Nuestra mente finita no alcanza a comprender la magnitud de la vida en la eternidad. Veamos a Jesús haciendo referencia al tema: 19 »Había un hombre rico que se vestía con púrpura y lino fino, y daba espléndidos banquetes todos los días. 20 A la puerta de su casa se tendía un mendigo llamado Lázaro, que estaba cubierto de llagas 21 y que hubiera querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. Hasta los perros se acercaban y le lamían las llagas. 22 »Resulta que murió el mendigo y los ángeles se lo llevaron para que estuviera al lado de Abraham. También murió el rico y lo sepultaron. 23 En los dominios de la muerte, en medio de sus tormentos, el rico levantó los ojos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro junto a él. 24 Así que alzó la voz y lo llamó: “Padre Abraham, ten compasión de mí y manda a Lázaro que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego”. 25 Pero Abraham contestó: “Hijo, recuerda que durante tu vida te fue muy bien, mientras que a Lázaro le fue muy mal; pero ahora a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir mucho. 26 Además de eso, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí para allá no pueden, ni tampoco pueden los de allá para acá”. 27 »Él respondió: “Entonces te ruego, padre, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, 28 para que advierta a mis cinco hermanos y no vengan ellos también a este lugar de tormento”. 29 Pero Abraham contestó: “Ya tienen a Moisés y a los Profetas; ¡que les hagan caso a ellos!”. 30 “No les harán caso, padre Abraham —respondió el rico—; en cambio, si se les presentara uno de entre los muertos, entonces sí se arrepentirían”. 31 Abraham le dijo: “Si no hacen caso a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán, aunque alguien se levante de entre los muertos”». Lucas 16. 19 – 31 NVI - 50 - Vemos así en las palabras de Jesús que tendremos un hogar eterno. Sabemos que nos encontraremos con los seres queridos que hayamos vivido una vida de entrega y aceptación del amor y la salvación de Jesucristo. Podemos saber que no enfrentaremos el dolor, los sufrimientos y la muerte que experimentamos aquí. Allí habrá libertad y bienestar para siempre al lado de Dios. Y algo interesante es que el proceso de la muerte es acompañado por los ángeles, no estamos solos. Entonces, si todos sabemos y vemos que la muerte en esta temporalidad es inevitable y una realidad de la vida de cada uno, seríamos necios si no nos preparáramos para enfrentarla si sabemos que es inevitable. La muerte es la puerta al otro lado de la eternidad. Si tenemos una comunión fresca y cotidiana, una vida en Cristo aquí y ahora, no hay nada a que tenerle miedo. El apóstol San Juan lo ha resumido muy bien en su primera carta: 17 El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2. 17 NVI En el Evangelio Según San Juan capítulo 14 leemos: 2 En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas. Si no fuera así, ¿les habría dicho yo a ustedes que voy a prepararles un lugar allí? Juan 14. 2 NVI Salomón, el hombre más sabio sobre la tierra lo ha expresado claramente en su libro Eclesiastés: 7 Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio. Eclesiastés 12. 7 NVI El sentido de la muerte Podemos concluir diciendo que el sentido de la muerte está directamente relacionado al sentido de la vida. Pero por revelación entendemos que para Dios vida es Su Hijo, por lo tanto, es en ese sentido que nos referimos como vida: vivir a Cristo como realidad en nosotros. El problema es que muchas personas no sólo no encuentran sentido a su vida, sino que después de la muerte de un ser querido el sentido es menor aún. Pero como lo ha expresado el Dr. Víctor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido”, después de haber atravesado por el dolor y el calvario de la - 51 - tortura en cuatro campos de concentración: “si encontramos una razón para vivir, siempre encontraremos un cómo”. Según vivamos nuestra vida en lo cotidiano, según sea nuestra filosofía de vida, según vivamos este paréntesis de la eternidad que es la vida en la tierra, será nuestra interpretación y recepción de la muerte natural. Elegir como morir Por lo que veíamos antes, como cristianos elegir cómo morir puede ser una realidad para nosotros. Por causa de nuestra vida ofrendada al propósito eterno, podemos orar por la forma y en el tiempo que queremos que sea nuestra muerte. Los que viven con sentido de propósito y por causa de la edificación tienen una oración permanente: “Señor, todavía no”, “por favor hoy no” y se ocupan de su salud integral. Pero existen personas que proclaman y confiesan a lo largo de su vida: “yo voy a morirme hecho bolsa, así se dan cuenta de lo que soy”, o “prefiero morirme solo, en una isla, desterrado, lejos de todos”, o “voy a morir sufriendo porque me lo merezco” y así se mueren. El sentido común y sobre todo la ciencia nos muestra que convivimos todo el tiempo con la muerte. Es más, probablemente todo el tiempo en algún sentido morimos. Cada vez que nos peinamos se nos cae el pelo viejo y aparece el pelo nuevo. El mismo proceso lo vive la piel, sucede con las uñas, con los dientes, con las células. Todos los días vamos muriendo. Morir es un proceso de transformación, la muerte es parte natural de la vida. Convivimos a diario con la muerte de cosas, de personas, de ideas, de pensamientos. Cuando llegamos a vivir todos los días con Cristo morimos a la vieja vida para pasar a una nueva vida. Para vivir en victoria tenemos que morir al fracaso. Para vivir en paz debemos morir a la queja, a la pelea, a la discusión. Para vivir en salud debemos morir a la enfermedad. Todos convivimos con la muerte todos los días y deberíamos no tenerle miedo porque es algo natural de la vida y es cotidiano. Sin embargo, el sentido de perder nuestra vida nos paraliza y ese temor a la muerte nos esclaviza, y “el que tiene miedo a la muerte se transforma en siervo de eso a que le teme: la muerte”. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. 15 Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: - 52 - «¡Abba! ¡Padre!». 16 El Espíritu mismo asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Romanos 8. 14 – 16 NVI Pablo nos recuerda que al estar en Cristo ya fuimos liberados de la esclavitud al temor y que no debiéramos volver de nuevo a esa esclavitud. Por esto, cada vez que tengamos miedo de algo debemos recordar que nos esclaviza y nos transformamos en sirviente de eso que tememos. Cuando nos pasamos el día entero pensando en el tema de la muerte es porque somos esclavos de la muerte, y Jesús vino para darnos vida y libertad para que nunca más seamos esclavos de nada y menos de la muerte. Todo muere a su tiempo El problema es que los seres humanos generalmente aceleramos los tiempos y permitimos que las cosas o las personas se mueran antes de tiempo, sobre todo por nuestra mala administración de nuestra salud integral. Pero Dios nos diseñó para vivir larga vida, y por las malas decisiones, por no cuidar la salud integral y por los errores que cometemos podemos acortar los tiempos. Dios nos creó y nos dio libre decisión. Nosotros somos responsables directos de nuestras acciones y decisiones. Cuando no cuidamos nuestro cuerpo, podemos morirnos antes de tiempo. Cuando decimos que todo muere a su tiempo, significa que todo tiene un propósito, que cuando se cumple, termina el tiempo. Por eso Jesús pudo decir “consumado es”, había acabado su asignación. Podía morir. Cuando no nos cuidamos y nos dejamos morir, el peligro está en que se muere también la asignación en el propósito por el cual estamos en este mundo. Todos tenemos sueños, metas, objetivos que Dios puso en nuestro corazón y los debemos alcanzar. Por esto, no es la voluntad de Dios que nos muramos antes de tiempo, antes de cumplir con lo asignado que está en nuestro corazón. Tenemos que crecer en la conciencia del propósito de Dios y decidir no dejarnos morir y permanecer como les dijo Pablo a los Filipenses para colaborar en su avance. Cuando nos encontramos frente a frente con la muerte, como por ejemplo en un accidente o en una enfermedad, debemos saber discernir si es el tiempo. Porque si no es el tiempo no debemos dejarnos morir y luchar por la vida. Debemos pelear por alcanzar el propósito de nuestra vida para recién ahí ceder nuestra vida en esta tierra. En Cristo tenemos autoridad para rechazar la muerte cuando no es el tiempo todavía. Si no lo hacemos, la muerte va a tomar nuestra vida y ejercerá su autoridad sobre nosotros. - 53 - Como lo expresó el Apóstol Pablo en la Carta a los Filipenses, hay que escoger, hay una elección: 21 Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. 22 Ahora bien, si seguir viviendo en este cuerpo representa para mí un trabajo fructífero, ¿qué escogeré? ¡No lo sé! 23 Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, 24 pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este cuerpo. 25 Convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos ustedes para contribuir a su jubiloso avance en la fe. Filipenses 1. 21 – 25 NVI Es evidente que es él quien escoge y evalúa la cuestión en base a la productividad o propósito de su vida aquí. Si todavía es útil aquí, no puede escoger estar con Cristo, porque aún no es el tiempo. Veamos algunos otros ejemplos al respecto en las Escrituras. En el Nuevo Testamento en el libro de Los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 27, tenemos el ejemplo del apóstol Pablo cuando padece un naufragio. Vemos claramente que él sabe que no es su tiempo y no accede a morir ante una situación real de estar frente a frente con la muerte. Él no lo controlaba, no podía controlar la tormenta, pero sí controlaba su vida para decidir no ceder su espíritu. Otros ejemplos podemos verlos en el Antiguo Testamento. El profeta Eliseo junto con sus discípulos se disponían a comer un guisado que habían preparado, lo probaron y uno de los discípulos grita que hay veneno en la comida. Literalmente dice: “hay muerte en esa olla” (1 Reyes 4). El que había ido a recoger verduras para poner en la olla, por inexperto recoge ingredientes equivocados. Automáticamente el profeta Eliseo enfrenta a la muerte y pide harina para esparcirla sobre la olla. Leemos en el texto que la muerte se fue de allí. Eliseo y sus discípulos enfrentaron a la muerte antes de tiempo pero lo hicieron con tranquilidad y firmeza. Se opusieron porque no era su tiempo. Puede investigar más profundamente la historia en el capítulo 4 del Segundo Libro de Reyes desde el verso 38 en adelante. También tenemos el ejemplo del joven Daniel. Este muchacho enfrenta la muerte con la seguridad de que iba a salir victorioso con la ayuda de Dios, porque estaba seguro de que aún no era su tiempo. Vemos en el capítulo seis del Libro de Daniel cómo Daniel fue arrojado a un foso lleno de leones, y también se vio cara a cara con la muerte pero salió victorioso. Hay otros ejemplos como el de David cuando en varias oportunidades enfrenta la posibilidad de muerte por mano del Rey Saúl. David lucha y se - 54 - opone a la muerte en todas las oportunidades. Es el mismo David quien a su tiempo experimenta la muerte, prepara todas las cosas para sus hijos y les deja instrucciones antes de su muerte (en especial a Salomón). En el Libro de Los Hechos de Los Apóstoles en el capítulo 13 verso 36 leemos lo siguiente respecto a David: 36 »En verdad David, después de servir a su propia generación conforme al propósito de Dios, murió, fue sepultado con sus antepasados y su cuerpo sufrió la corrupción. Hechos 13. 36 NVI Cuando cumplió con su propósito según la voluntad de Dios para su vida en su generación, entonces llegó su tiempo. Pero, como lo venimos viendo, recién cuando cumplió su asignación en el propósito, sus metas, sus sueños, sus objetivos de la vida entonces entendió que llegó su tiempo. Muchas personas han enfrentado enfermedades graves, depresiones profundas, deseo de suicidarse, accidentes terribles. Pero debemos morir en el tiempo que Dios dice. No debemos ceder nuestra vida hasta que no cumplamos con la asignación y los sueños que Dios nos dio en Su propósito. Cuando nos aparece la muerte y creemos que no es nuestro tiempo, debemos pararnos con autoridad y declarar “¿dónde está oh muerte tu aguijón?” (1 Corintios 15. 55). Debemos enfrentarla y decirle: “No tienes autoridad sobre mi vida para tomarla”. O podemos decirle a la muerte: “Este no es mi tiempo porque todavía no cumplí mi asignación en el propósito en Dios. Hasta que Dios no cumpla su propósito en mi vida, no me voy a ir de esta tierra”. Cuando estamos ofrendados al propósito de Dios nuestra oración será cada día: “Señor, todavía no, hoy no…”. En Cristo tenemos libertad de la servidumbre, de la esclavitud del temor y de la muerte. Él logró esta libertad quitándole el aguijón a la muerte. El aguijón que tenía la muerte es la condenación eterna. Cuando vino Jesucristo y murió en la cruz para perdonar nuestros pecados y acercarnos a Dios, para sacarnos la condenación, al tercer día resucitó y le sacó a la muerte el aguijón. Ahora los que creemos en Cristo Jesús no tenemos condenación eterna sino vida eterna y estaremos siempre y por siempre con Él. Cristo ahora es nuestra resurrección y nuestra vida, somos inmortales. Esto es en la vida ZOE claramente, es en nuestro espíritu regenerado. Es nuestro cuerpo con vida Bios el que muere. ¿Podemos entonces elegir cómo y cuándo morir? Teniendo en cuenta todo lo expuesto hasta ahora y viendo el eje Bíblico, estoy convencido que la - 55 - respuesta es “si”. Esto es personal, pero lo animo a investigar al respecto. Podemos elegir cómo y cuándo morir. Cuidando nuestra salud integral elegimos como morir. Ofrendados al propósito eterno de Dios, elegimos cuando morir, sobre todo no antes de tiempo. Por supuesto que siempre Dios es soberano. Dios nos dio libre decisión. Nos dio libertad total y fiel a Su esencia, que es amor, no va a ir nunca en contra de esa libertad. Tenemos un ejemplo muy interesante en la vida de Ezequías. Él era rey de Israel, que enfrentó la realidad de que para Dios su tiempo ya se había cumplido. Tal es así que Dios le envía al profeta para decirle literalmente: “ordena tu casa, porque morirás…”. Vemos en el texto, en el capítulo 20 del Segundo Libro de los Reyes que este rey se angustia mucho y le pide a Dios que le extienda la vida. No se resigna, lucha, negocia con Dios. Lo interesante es que Dios accede a esta negociación y acepta su decisión de no ceder su espíritu. Para nuestra sorpresa, Dios le concede 15 años más de vida. El mayor ejemplo para nosotros es siempre Jesús. Vemos en el Evangelio según San Mateo en el capítulo 27 en el verso 50 que Jesús “entregó Su espíritu”. Hubo una decisión de Jesús de entregar su vida cuando llegó el momento. Vemos claramente en el Evangelio Según San Juan en el capítulo 10 desde el verso 17 que Jesús mismo dice: “…yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar…”. Él controló Su espíritu hasta que decidió voluntariamente entregarlo al Padre. A partir de esto podemos concluir que de nosotros depende ceder voluntariamente en un momento determinado nuestra vida. Si la muerte viene en un momento equivocado y nos pone frente a frente con la muerte, debemos pararnos y enfrentarla y oponernos. Pero cuando llega el momento correcto donde ya sabemos que cumplimos nuestro propósito, sabemos que terminamos o consumamos el propósito, sabemos que todo lo que Dios nos dijo que hagamos lo hicimos, en ese momento nos ponemos de acuerdo con Dios y cedemos el espíritu. Creo que hay un momento en el que Dios nos da la posibilidad de elegir si queremos seguir o irnos a casa con Él para siempre. En ese momento no debemos luchar, ese es el momento de decisión, y cedemos el espíritu si creemos que hicimos todo lo que teníamos que hacer como lo dice Pablo en Filipenses 1. No debemos decidir con las emociones sino desde las convicciones. Debemos luchar cara a cara con la muerte porque hoy, gracias a Jesucristo, ya no tiene - 56 - aguijón sobre nosotros, no tiene autoridad sobre nuestra vida. Por eso, cuando reconocemos que hicimos todo lo que teníamos que hacer, como decía el Apóstol Pablo “…el tiempo de mi partida está cercano… …he acabado la carrera… …me está guardada la corona de justicia” (2 Timoteo 4. 6 – 8), entonces cedemos el espíritu. Dios nos avisa. Debemos ponernos de acuerdo con Dios y no morirnos antes de tiempo porque todavía hay mucho por hacer en el propósito eterno. No podemos ni debemos morirnos angustiados, humillados, con tristeza y con resentimientos en el corazón. Debemos elegir morir bien, en el momento justo. La muerte es una transformación, es un camino, es de pronto abrir los ojos y ver cara a cara Dios y vivir en Su perfecta voluntad para siempre del otro lado de la eternidad gracias a la entrega por amor de Su Hijo Cristo. - 57 - Capítulo Cinco “El duelo” El duelo En psicología se define el duelo como: “combate entre dos”. Es decir, que la persona tiene un combate entre dos partes: una que acepta o se resigna ante una pérdida, una parte que sabe que perdió, pero hay otra parte que no acepta ni se resigna ante la pérdida, que tiene bronca por esa pérdida, entonces viene una lucha. La lucha es dura porque no podemos ni queremos aceptar la realidad de la pérdida definitiva en nuestro cronos (físicamente hablado) de la persona amada. Aunque como ya lo hemos entendido, en Cristo somos inmortales, debemos saber cómo enfrentar las situaciones de pérdida que enfrentaremos en esta vida. Como la muerte es un tema muy poco hablado en las familias y en la Iglesia en general, solemos enfrentar el duelo de manera inadecuada agregando así dolor innecesario al proceso de duelo. Recordemos al apóstol Pablo diciéndonos que deberíamos hacer duelo pero diferente a los que no están en Cristo. 13 Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. 1 Tesalonicenses 4. 13 NVI El duelo es un proceso Toda persona ante una pérdida enfrentará un proceso de elaboración de esa pérdida. Es un proceso normal. Profundicemos un poco en este proceso para tener mejores herramientas para atravesarlo y para ayudar a otros. Pueden darse hasta cinco etapas en el duelo, pero prefiero aquí considerar o resumir las etapas en tres partes. Etapas del duelo: ü Etapa I: negación: etapa de choque y aturdimiento. - 58 - ü Etapa II: confrontación con el dolor de la pérdida: etapa de depresión, desorganización y desesperación. ü Etapa III: restablecimiento o aceptación (aunque prefiero la palabra: resignación). Comienza a disminuir el dolor progresivamente a partir del duelo normal. Comenzaría la etapa de reorganización de la vida. Merma el dolor y me permite seguir adelante con la vida sin la persona amada. El duelo implica un proceso doloroso, con las siguientes características: ü Un proceso de elaboración de la pérdida (No es bueno el escapismo). ü Reacción natural frente a la pérdida. ü Estado de ánimo doloroso. ü Disminución de autoestima. ü Pérdida de interés. ü Sensación de mundo y vida sin sentido. ü Necesidad de acompañamiento. Los síntomas psicológicos anteriores se asocian algunas veces con otros físicos: migraña, úlcera, colitis, problemas respiratorios, palpitaciones, sudoraciones. Se puede presentar una disminución en las defensas del organismo, lo cual facilita la infección y el contagio de diferentes agentes como la gripe por ejemplo. El DSM V, es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su versión V. Este manual clasifica y describe las enfermedades y los procesos mentales según sus manifestaciones o síntomas, y es utilizado por los profesionales de la salud mental. Aquí se establece que “el duelo es una respuesta emocional humana única, universal y dolorosa que se produce ante la pérdida de una cosa, persona o valor con el que previamente se había establecido un vínculo afectivo. El proceso de duelo es el proceso adaptación que conlleva cualquier pérdida significativa, no es una enfermedad”. Nos debe quedar claro que el duelo corresponde a un proceso psicológico normal que se presenta en una persona frente a una situación traumática, la cual implica una pérdida y a la vez genera pesar o dolor. Mediante el trabajo del duelo se busca que la persona acepte la pérdida, readaptándose a la nueva realidad de ausencia del objeto o persona, condición esencial para la elaboración normal del duelo. En otras palabras, el duelo se cierra cuando reorganizamos la vida sin la persona amada. Todos en la vida pasamos permanentemente por pérdidas: en el ámbito de la salud, en lo familiar, en lo laboral, en las amistades, en los sueños, entre otros. Cuando hay una pérdida, aunque ésta sea parte de la vida, siempre aparece después el proceso de duelo. - 59 - Todos necesitamos hacer el proceso del duelo. Esto es normal. Hay un proceso de recuperación o elaboración de esa pérdida para reaorganizar la vida y continuar. El dolor duele, las emociones duelen. El dolor empuja por salir, no busca respuestas sino salir. Esto lo pueden identificar los que han pasado por alguna situación de pérdida sobre todo por muerte de un familiar, donde vemos que a pesar de todas las explicaciones que puedan darnos, el dolor no cesa. El dolor no busca explicación sino que busca agotarse. Ahora, es necesario saber que nadie nunca jamás va a experimentar el mismo dolor que experimentamos nosotros. Nunca debemos esperar que los demás entiendan nuestro dolor, porque cada uno experimenta el dolor de manera diferente y cada uno personalmente es el único que sabe lo que ese dolor significa. Nunca debemos decirle a una persona “yo te entiendo” porque nunca vamos a entender al otro en su dolor aunque hayamos tenido pérdidas similares. El dolor es personal. Realidades diferentes Según quién sea el que muere, cada integrante de la familia tendrá experiencias y sentimientos diferentes. Para los padres que experimentan la muerte de un hijo, el dolor es muy fuerte debido a la realidad de lo injusto y desubicado de la muerte. Está instalada en nuestras mentes la realidad de que la vida debe durar hasta la ancianidad. Y como ya lo hemos visto, esto es lo que Dios ha diseñado. Por esta razón, cuando experimentamos la muerte de un niño, puede experimentarse una buena cantidad de culpa y enojo que debe ser bien canalizado para evitar conflictos conyugales y familiares en el futuro. Suele ser muy doloroso para los padres porque es común creer que son los hijos los que despiden a los padres y no los padres a los hijos. La persona a la que se le muere un padre, puede experimentar pérdida de seguridad, abandono, sensación de pérdida de rol de hijo, y muchas veces la realidad de tener que hacerse cargo de responsabilidades adultas siendo todavía un niño o adolescente. La experiencia es sentir la sensación de perder el pasado. Si la persona pierde a su madre, puede experimentar sentimientos como pérdida del amor incondicional, pérdida de sentido de familia, pérdida de apoyo, y fundamentalmente abandono. Cuando experimentamos la muerte de un hermano, puede experimentarse un duelo muy difícil y doloroso. Generalmente el apego entre hermanos es - 60 - fuerte. Frecuentemente hay vivencias de crianzas compartidas o puede haber cercanía en las edades. Por eso la experiencia suele ser muy dolorosa. En el caso de muerte de los hijos durante el embarazo o recién nacidos, el dolor no es menor por la poca convivencia con el hijo como suele pensarse. Debe elaborarse el duelo como en cualquier pérdida. La ceremonia de despedida del hijo muerto (sepelio) puede ser una buena manera de exteriorizar el dolor y de no quedarse con la sensación de que esta muerte fue un suceso sin importancia. Debemos tener en cuenta que la muerte de un bebé o un niño es un suceso muy fuerte y desestabilizador para cualquier familia. Generalmente, la madre que experimenta la pérdida de un hijo durante el embarazo o en los primeros tiempos, puede experimentar una gran sensación de culpa y quizá hasta enojo consigo misma o con personas como el cónyuge o los médicos que la atendían. Pueden también tener la sensación de fracaso como mujeres o madres. Aunque suene cruel, en estos casos es recomendable que los padres (en especial la madre) vean y toquen a su hijo muerto para atravesar correctamente el duelo. La madre convive con una gran frustración debido a que su cuerpo sigue por algún tiempo respondiendo como si el hijo estuviera vivo (como por ejemplo tener leche para amamantar). He recomendado varias veces en mi consultorio a madres que han perdido a su bebe con un embarazo avanzado o han tenido un parto con el bebé muerto, a que vean al bebé, lo tengan en brazos unos minutos como parte del proceso del duelo. Tendrán que enfrentar y asumir la pérdida, por eso el contacto es altamente recomendable. Cuando muere un niño la experiencia es sentir la sensación de perder el futuro. El dolor tiene que salir, tiene que agotarse El dolor suele durar más tiempo de lo que generalmente en la sociedad se reconoce. No es bueno que se enseñe que hay que reprimir el dolor y no llorar. Muchas veces se dice: “No es de buen testimonio cristiano andar llorando”, o “Dios se lo llevó para evitar que sufra algo peor después”. O peor aún “Aguantate, tienes que hacerte cargo de tu familia” y otras cosas semejantes. Ninguna de estas recomendaciones es sana. El dolor está hecho para salir, tiene que agotarse. Por eso debemos evitar el escapismo. Debemos llorar o expresar el dolor hasta quedar “satisfechos” (entiéndase la expresión), hasta sentir que el dolor del momento esta agotado. Y continuar luego con las responsabilidades cotidianas. Una cosa no quita la otra, hay una pérdida, pero la vida continúa. Usted debe llorar, gritar, expresarse, hablar todo lo que quiera por lo que perdió. El dolor tiene que agotarse y va a llegar un momento en que el dolor - 61 - se agotará. Tiene que dejarlo salir. Muchas veces puede ser bueno escribir una carta expresando lo que siente, hablar con la gente que es de confianza, que es íntima, que contiene, que acompaña sin juicio. No debemos reprimir el dolor. Generalmente este dolor viene acompañado de culpa y enojo. Y es por esto también que es sumamente fundamental que salga y se agote el dolor. Nunca debemos juzgar a una persona porque llora. Porque el dolor y la experiencia de pérdida es única. Fundamentalmente cuando muere un hijo, los esposos (padres) no experimentaran lo mismo jamás. Cada uno experimenta el dolor de manera diferente, aunque la pérdida es la misma. Superar el dolor es simplemente aceptar la nueva realidad y acostumbrarse a vivir con ella. Este es un proceso personal, largo y doloroso. El dolor tiene que salir. Controlar el dolor y administrar los recuerdos Como lo venimos viendo, lo mejor es soltar el dolor. Pero el peligro esta en quedarnos todo el día atado al dolor. Debemos aprender el duro y difícil ejercicio de controlar el dolor. Pero cuidado, controlar no es reprimir. Deben haber momentos en los que lloramos y dejamos que el dolor salga como si abrieramos un grifo de agua, y luego de unos momentos cerramos el grifo del dolor para que no salga más y continuamos con nuestras ocupaciones. La vida sigue, aunque sea muy difícil aceptarlo. Además, es sabio aprender a sacar las fotos negativas o tristes del álbum de nuestra mente. Debemos aprender a ponerle un alto a nuestra mente. Debemos expresar el dolor, llorar todo lo que necesitemos, decir lo que sentimos, pero hasta un punto. Cuando aprendemos a administrar los recuerdos estamos listos para seguir adelante sanamente con nuestras vidas. Este proceso generalmente dura un año aproximadamente. Esto es así porque experimentaremos una serie de eventos y fechas importantes durante el primer año que serán la primera experiencia sin la perosna amada. Primer cumpleaños, día de la madre o padre, primera navidad, etc. Sin embargo, es necesario entender que aproximadamente durante el primer año después de la pérdida del ser querido, es importante posponer cualquier decisión trascendente. Debemos evitar decisiones importantes y precipitadas. Es una recomendación por supuesto. En esta etapa de dolor, muchas personas acuden al recurso de medicamentos. Creo que deben ser usadas sólo en casos sumamente necesarios y bajo supervisión de un médico psiquiatra idóneo. Muchas veces el uso de - 62 - medicamentos puede ser una vía de escape del dolor en vez de una vía de agotamiento normal del dolor por el proceso del duelo. En los momentos de pérdida siempre habrá un apego Apego afectivo, es cuando tenemos pérdidas y el temor o los miedos que nos sobrevienen hacen que nos apeguemos a algo o a alguien. Esto es matemático, como que dos más dos es igual a cuatro. Siempre que se pierde algo o a alguien, habrá un apego a algo o a alguien. Por ejemplo, he atendido en mi consultorio a una persona que al perder a su padre, se apegó y aferró tanto a su esposa que casi terminan ahogados y separados. El temor nos hace aferrarnos emocionalmente. Este tipo de personas se apegan a otra y se vuelven dependientes. Sienten que necesitan a esta otra persona para ser feliz. Necesitan la aprobación de los demás, buscan relaciones exclusivas, rompen sus límites para mezclarse con el otro. Cuando se rompe este vínculo afectivo comienzan con un trauma, una depresión muy grande. Sienten que no pueden seguir viviendo porque “necesitan” al otro para vivir. El apego afectivo es lo que vive la gente excesivamente celosa. “¿A dónde y con quién te fuiste?”, “¿Con quién estuviste hablando?”, “¿Y de qué hablaste?”. Cada dato nuevo que el otro le aporta, hace que nuevamente dude de la persona, como si le mintiera, volviendo a indagar una y otra vez. Sienten que el otro es de su propiedad. Los celos empiezan a buscar diferentes cosas en las profundidades del pasado para ver qué puede encontrar. Hay personas que están apegadas a lo material, todo es dinero: se levantan y piensan en el dinero, conocen a alguien y están pensando qué negocio pueden hacer o qué le pueden pedir. Todo lo ven en términos del dinero, se apegan mucho a lo material. No se enfurecen tanto cuando le pasa algo a un miembro de su familia como cuando le chocan o rayan el coche. Este tipo de personas se vuelven obsesivas con lo material. También hay personas apegadas al pasado, apegada a los ritos religiosos. Los apegos pueden ser diversos. Pero debemos ser libres. Nadie nos debe nada ni nosotros le debemos nada a nadie. Por lo tanto no debemos esperar nada de los demás. La única dependencia sana o apego sano es cuando dependemos de Dios. El peor peligro quizás consiste en apegarse tanto al ser querido que se vuelve el “más” en todo: “era el más simpático, el más trabajador, el más cariñoso, el mejor hijo…” y recibe así una prioridad mayor que cuando estaba vivo. - 63 - Esto daña a la familia porque produce sentimiento de abandono en los demás integrantes. Duelo patológico o anormal El duelo patológico es la imposibilidad para culminar de manera exitosa el trabajo o proceso del duelo. Entre los indicadores del duelo "patológico" o "anormal" tenemos: • La sensación de culpa por las cosas más que por las acciones, recibidas o no por el sobreviviente, en el momento en que muere una persona. • Cierto pensamiento de muerte más que la voluntad por vivir, con el sentimiento de que el vivo debería haber muerto con la persona fallecida. • Una preocupación mórbida con sentimientos de inutilidad; enlentecimiento psicomotor; deterioro funcional acusado y prolongado; y experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida. • La persona puede también considerarse culpable de la muerte ocurrida, la niega, se cree poseído o influido por el difunto, y cree padecer la misma enfermedad que produjo la muerte de su ser querido. Pero lo que debemos tener en cuenta, es que la persistente búsqueda de unión con el objeto perdido es el principal motivo presente en el duelo patológico. Los síntomas antes expuestos se manifestarían a partir de que la persona no ha cortado la relación mental con lo que perdió. Entonces son puestos en marcha los mecanismos psicológicos de identificación y de despersonalización. El primero implica que la persona incorpora atributos, gestos o actitudes del objeto perdido, por ejemplo, padecer la misma enfermedad que aquejaba a la persona. Mediante el segundo, la despersonalización, la persona se siente perpleja y extraña, experimentando que algo en lo profundo de sí mismo y en el mundo exterior está cambiando. Tipos de duelos negativos Existen fundamentalmente tres tipos de duelos patológicos (enfermos o negativos) que necesitamos reconocer sobre todo porque al no hablar tanto del tema muchas veces no sabemos como enfrentarlo. Tipos de duelo patológico: 1. Anulación del duelo. Se da cuando la persona que tiene una pérdida no expresa la emoción, en este caso el dolor. En líneas generales son - 64 - 2. 3. los varones los que reprimen, se tragan, o se aguantan el dolor. “Los hombres tienen que ser fuertes, no lloran, no expresan nada y se hacen cargo del problema”, hemos aprendido en nuestra sociedad. Entonces racionalizamos la situación para no expresar las emociones. En toda familia cuando hubo una pérdida siempre hubo el que dijo (o alguien le dijo a uno de los afectados): “tengo (tienes) que ser fuerte, porque sino esto se cae todo”. Entonces esta persona aguanta, reprime, vive la expresión de la emoción como una señal de debilidad. Duelo intensificado. Se da en la persona que no reprime la emoción sino que la suelta toda, empieza a llorar, a gritar, tiene bronca, angustia, dolor, culpa. El dolor lleva a la persona a la pérdida total de control. El tiempo no cura el dolor, parecería que el tiempo lo aumenta. Para esta persona, pasan los meses, los años y entra en una depresión. Todo lo que hace le recuerda a la persona que murió, tiene los objetos del familiar, la habitación sin tocar. Asocia a la persona fallecida con cualquier película que mira, con los lugares que frecuenta, y demás. Es entonces que empieza a tener mucha culpa: “yo tengo la culpa porque le deseé la muerte”, puede pensar, o “mi madre me decidía que como me portaba la iba a matar de un infarto, y así murió”. Hay personas que experimentan ante la pérdida mucha bronca, porque interpretan que “las abandonaron”, o “las dejaron” en el momento que alguien muere. Esa bronca o culpa hace que el duelo parezca no terminar nunca. Pasan los años y la persona tiene depresión y cuando se le pregunta dicen que hace veinte años que tuvieron esa pérdida, pero lo recuerdan como si lo vivieran en ese momento. Duelo ambiguo o duelo congelado. Se da cuando la persona que experimenta una pérdida no sabe si la persona murió realmente o no: el caso de un desaparecido, de un secuestro, de un marido que abandona, desaparece y nunca más vuelve. Puede ser el caso de un papá que sigue viviendo pero el hijo no sabe dónde, o el chico que fue adoptado que lo sabe pero no sabe dónde están sus papás biológicos. También se llama “Duelo Congelado”: la persona quiere o siente de avanzar en la vida pero hay algo que la bloquea; la persona siente alegría, pero a la vez dolor. Siente simultáneamente dolor y esperanza; porque dice: “el tiempo avanza, la gente avanza, todo avanza, pero yo me quedé detenido” sosteniendo aunque sea una leve esperanza de que la situación se revierta. Consejos prácticos - 65 - Frente a una situación traumática resulta conveniente tener en cuenta los aspectos descriptos a continuación. Estos aspectos permitirán sobrellevar mejor la experiencia del duelo: ü Es importante desahogarse, que la persona afectada hable de su dolor a otro que lo escuche con interés. De esta manera comparte su experiencia y la repite simbólicamente, en un intento por elaborarla. ü Conviene conocer los aspectos implicados con la pérdida y el proceso del duelo, de tal forma que la persona sepa que se trata de algo normal y momentáneo. ü El dolor y la desazón que se experimentan no se resuelven saliendo de viaje o dejando la casa en la cual se vivía con la persona que se ha ido, mucho menos desapareciendo todo lo que tuvo que ver con la persona perdida. Más importante que los cambios en el mundo exterior resultan los procesos mentales (internos) que llevan a culminar el proceso del duelo. Luego de este momento resultaría conveniente emprender remodelaciones en la casa, viajes y demás actividades que no lleven ya la intención de borrar fallidamente recuerdos que sin duda alguna traerán dolor. ü Para conservar el recuerdo del que se ha ido es recomendable guardar algunas pertenencias que se consideren valiosas. El resto podrá ser desechado cuando el dolido así lo considere. Guardar todo tal y como quedó, o tirar compulsivamente hasta el último detalle relacionado con la persona perdida son igualmente inconvenientes. Cada una de estas decisiones debe tomarse según los criterios y deseos particulares del afectado por la pérdida. ü Siempre que sienta que algo se le ha salido de las manos, a usted o a una persona cercana, acuda sin temor a un consejero capacitado, a un pastor o líder religioso, o a un profesional en salud mental idóneo. De ser posible una combinación de todo esto, mejor aún. En caso de suicidio Si bien este es un tema muy complejo y este libro no trata específicamente este tema, quiero dejar aquí algunas consideraciones para colaborar con cómo enfrentar el dolor y la muerte en este sentido. Es en casos de suicidio donde más nos cuesta manejar el dolor. Sobre todo si la persona que toma esta decisión es un adolescente o joven. La mayor dificultad para los que siguen con vida es manejar la “culpa” creyendo que podrían haber hecho algo. Para llegar a una decisión límite de este tipo, el tormento interno es terrible y la consciencia mencionada en páginas anteriores está totalmente afectada. Por esto es bueno tener presente lo siguiente: - 66 - • • • • • • La decisión de una persona de quitarse la vida nunca es predecible para quienes están a su alrededor sino hasta que sucede. Las causas de estas decisiones son múltiples e internas, del individuo. Recuerde que somos bio-psico-socio-espirituales. Por lo tanto el suicidio es una reacción ante la desesperación por múltiples causas o sufrimientos. El suicidio es una realidad alarmantemente creciente en las últimas décadas. Como la consciencia de la vida, del mundo y las personas que los rodéa, muchas veces confunden el deseo de que la situación angustiante se termine con el deseo de realmente acabar con la vida. No es lo mismo que se termine el dolor a que se termine la vida. Aunque hayamos tenido limitaciones humanas como padres (que de hecho las tenemos), nunca es “culpa” de los padres una decisión de esta magnitud. El ser humano tiene libertad de elegir cómo y cuándo morir. La despedida de la familia Como lo vimos en el capítulo anterior, cuando llega el momento correcto donde ya sabemos que cumplimos nuestra asignación en el propósito eterno de Dios, sabemos que terminamos o alcanzamos lo que debíamos alcanzar, sabemos que todo lo que Dios nos dijo que hagamos lo hicimos, en ese momento nos ponemos de acuerdo con Dios y cedemos el espíritu. El que fallece debería despedirse y poder dejar algo a su familia. Esta es una nuena decisión que debemos tomar y prepararnos para ese momento. Lo vemos en todo el eje Bíblico y ya hemos dejado algunos versos para recordarlo en páginas anteriores como los del apóstol Pablo por ejemplo. Recordemos algunos de estos momentos escriturales. En el Primer Libro de los Reyes en el capítulo 2, tenemos el ejemplo que nos deja el Rey David. Él se despide en especial de su hijo Salomón, dejándole claras instrucciones y los preparativos para la construcción del Templo para Dios. En el Primer Libro de Crónicas, en el capítulo 28, tenemos registro de más detalles de cómo el Rey David no sólo deja todos los preparativos e instrucciones, sino que presenta a su hijo al pueblo como su sucesor. David se ocupa de dejar todo preparado cuando llega su tiempo de dejar esta tierra. Debemos aprender de esto y tomar las riendas de nuestras vidas y prepararnos correctamente para ese momento de ceder nuestro espíritu que todos debemos - 67 - atravesar. Nosotros tenemos libre decisión. Nosotros elegimos. Sin dejar de entender la soberanía de Dios, de nosotros depende como será nuestro final por la manera en que administramos nuestras vidas y cuán ofrendados estamos al propósito de Dios. - 68 - - 69 - Capítulo Seis “Los propósitos de la adversidad” Según las Escrituras Las adversidades forman nuestro carácter y siendo más exactos, forman la vida de Cristo en nuestro interior. Un registro de esto lo encontramos en la carta de Pablo a los Romanos. 28 Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. 29 Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Romanos 8. 28 – 29 NVI Dios va a utilizar las situaciones adversas para que colaboren con su plan, y esto es algo que debería quitarnos toda ansiedad. Ante las mismas crisis, una persona sin fe, sin vida de Dios, sin creencias sólidas, se angustia, se desalienta y se somete a esas emociones. Sin embargo, una persona con fe, con vida de Dios, con creencias sólidas, tiene la capacidad de enfrentarlas y permanecer firme. De todas maneras dejeme aclararle que esto no quita que surjan emociones legítimas que se corresponden con el suceso. La cuestión no es no sentir sino no ser gobernados por lo que sentimos. El mayor ejemplo acerca de esto lo tenemos en Jesús en el Getsemaní horas antes de comenzar la torura que terminaría en su crucifixión. Tenemos dos opciones ante la adversidad: 1. Enojarnos con Dios. Renegar de Dios y aún alejarme de Él. Esto traerá aparejado un camino de dolor, traerá la desesperación, el enojo, la depresión, la falta de sentido de la vida. 2. Aferrarnos a Dios. Acercarnos más a Él reconociendo su soberanía, amor y poder para consolarnos y dar sentido a nuestra vida en esta situación. Esta segunda opción nos permitirá ser sostenidos y consolados por Él. Nosotros elegimos la opción. Dios no puede torcer nuestra voluntad. La adversidad fortalece o desalienta. Nosotros elegimos. - 70 - La operación de las tinieblas por medio del engaño, va a querer hacerle creer a usted que Dios perdió el interés en lo que le pasa y que perdió el control así de sus circunstancias difíciles. De esta manera intentará que usted se aleje de Dios. Las tinieblas siempre operan para desviarnos de Cristo. Así fue en el origen desviándonos del árbol de la vida y así operan ahora. 3 Pero me temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, los pensamientos de ustedes sean desviados de un compromiso puro y sincero con Cristo. 2 Corintios 11. 3 NVI Como nos enseña la Biblia en el evangelio según San Juan, el Diablo es mentiroso. Lo dijo Jesús mismo en el capítulo 8 verso 44. Por esto podemos asegurar que en el medio del dolor o cualquier circunstancia difícil la operación de las tinieblas por medio del engaño nos va a hacer creer que Dios nos olvidó, nos abandonó, que no le importó nuestra realidad. Probablemente irá más lejos y tratará de que creamos que lo merecíamos o hacernos dudar pensando ¿así me cuida Dios? Sin embargo podríamos asegurar, en base a la historia de Job, que el Diablo no parará hasta hacernos creer que Dios lo hizo. Lo único firme es la realidad eterna Las emociones siempre dependen de las circunstancias que vivimos y por esto son inestables, son terreno movedizo. A partir de la caída, el hombre se ha transformado en almático, alguien que se mueve por emociones, alguien que decide fuera de la influencia de Dios en su espíritu. Además, estamos viviendo en una sociedad que prioriza el sentir de cada uno, lo emocional, lo almático. Lo importante es lo que uno siente, si quiere hacerlo, si tiene ganas debe hacerlo y punto. Lo cierto es que las emociones son un terreno movedizo. Las emociones no son seguras, no son firmes; siempre están ancladas en las heridas, en las circunstancias de la vida y en las situaciones cotidianas temporales. Por eso, si nos manejamos por emociones, en un momento estamos bien, pero al surgir una situación difícil cambiamos. Las emociones nos vuelven ciclotímicos: hoy estamos arriba y mañana abajo. Cuando basamos nuestra seguridad en las emociones estamos en peligro, ya que ellas no son seguras ni firmes. - 71 - Aclaración necesaria: no estamos diciendo que no debamos experimentar emociones. Estas pueden ser legítimas, concordar con las circunstancias difíciles que estamos a travesando. Sentir está bien, pero ser gobernado por lo que siento no es el diseño. Las emociones no fueron diseñadas para estar al gobierno. En el diseño de Dios del ser integral es nuestro espíritu gobernado por Dios el que está al mando en nosotros, no nuestras emociones. Las convicciones son principios, son los absolutos de nuestra posición en Cristo que están grabados en nuestro espíritu y deben gobernar nuestra alma. Generalmente, las convicciones son seguras porque no cambian. Si mis convicciones son principios divinos, no dependerán de si lo siento o no, simplemente son así porque Dios lo dice, porque están ancladas en el “consumado es”. Si tomo los principios y me muevo en base a ellos, puedo estar seguro de que voy a estar firme. Lo importante es decidir desde las convicciones grabadas en mi espíritu, evaluando las consecuencias en base a los principios divinos. Los sentimientos deben ir atrás, en base a las decisiones. Por esto, en este material ponemos en consideración una buena cantidad de convicciones que le ayudarán a interpretar y atravesar mejor las situaciones difíciles y dolorosas de la vida. Me encanta una de las llaves de sabiduría planteadas por el reconocido autor y conferencista Mike Murdock: “La recompensa del dolor es el deseo de cambiar”. Siempre podemos estar mejor después de atravesar por las circunstancias adversas de esta vida. Las decisiones según la Biblia En la Palabra de Dios encontramos muchos ejemplos de decisiones importantes. En el libro de Génesis 1. 26 y 2. 18 Dios está decidiendo al decir: “hagamos…”, “le haré ayuda…”. Josué nos da otro ejemplo en el capítulo 24. 15 decidiendo al decir: “…yo y mi casa serviremos a Jehová”. David también en su Salmo 34. 1 decide bendecir a Jehová “en todo tiempo”. También en el Salmo 103. 1, decide ordenarle a sus emociones al decir: “Bendice alma mía a Jehová...”. La decisión así gobierna a las emociones. - 72 - En el libro de Daniel 1. 8 lo encontramos tomando una decisión importante, jugándose por Dios más allá de sus sentimientos y de lo bueno que le estaban ofreciendo: “Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey…”. Pero el mejor ejemplo lo encontramos en Jesús. En Lucas 9. 51 vemos que Jesús “…afirmó su corazón para ir a Jerusalén”. Decidió ir aún sabiendo lo que le esperaba. Además lo vemos decidiendo en una de sus horas más difíciles, cuando oraba en el Getsemaní. En Marcos 14 (y en los pasajes paralelos) lo vemos a Jesús comenzando a “entristecerse y angustiarse”. Aún Él mismo expresa la profundidad de sus sentimientos “…hasta la muerte…”. Siente tanta angustia que se siente morir al punto de desgarrarse por dentro llorando sangre. Sin embargo, en medio de su dolor y de lo fuerte de sus sentimientos, Él le dice a su Padre “…no lo que yo quiero, sino lo que tú”, “sea tu voluntad…”. Jesús nos mostró que el camino es la decisión, pero desde la convicción y no desde la emoción. “Por el gozo puesto delante” como lo registra Hebreos 12. El fruto de la decisión fue la recuperación de la humanidad para Dios nuevamente. Todo fue reconciliado. Las emociones pueden llevarnos a perder el control 29 El que es paciente muestra gran inteligencia; el que es agresivo muestra mucha insensatez. Proverbios 14. 29 NVI 32 Más vale ser paciente que valiente; más vale el dominio propio que conquistar ciudades. Proverbios 16. 32 NVI 11 El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa. Proverbios 19. 11 NVI 19 El iracundo tendrá que afrontar el castigo; el que intente disuadirlo aumentará su enojo. Proverbios 19. 19 NVI 19 Más vale habitar en el desierto que con mujer pendenciera y de mal genio. Proverbios 21. 19 NVI - 73 - 28 Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse. Proverbios 25. 28 NVI 11 El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla. Pr. 29. 11 9 No permitas que el enojo domine tu espíritu, porque el enojo se aloja en lo íntimo de los necios. Eclesiastés 7. 9 NVI Nosotros somos responsables de las elecciones que hacemos, de las decisiones que tomamos. No podemos culpar a otros por nuestras acciones. Puede ser que nos hayan lastimado o herido. Pero debemos decidir sanar las heridas en Cristo y en especial decidir movernos por convicciones y no por emociones. Nuestra salud y la de nuestra familia dependen de las decisiones que tomemos. El perdón: una de las principales convicciones El perdón en su escancia más básica es cancelar una deuda pendiente, es decidir no cobrar una deuda. Ahora, el perdón: ¿puede decirse que es un acto de la voluntad?, ¿es una decisión? En la mayoría de los casos, la falta de perdón es la raíz de muchos problemas pero sobre todo de mucho dolor. Alguien que ha sido herido, rechazado, ofendido, abusado, alguien que recibe una marca tremenda en su vida, guarda ese rencor como una deuda pendiente a ser cobrada en el momento oportuno. Pero lo cierto es que la deuda esclaviza y destruye a la persona herida y también destruye todas sus relaciones. La falta de perdón frena la vida cristiana de quien no perdona. La persona que no perdona es quien realmente pierde, ya que la falta de perdón se cobra un alto precio: sostiene el sufrimiento de quien ya está herido mediante el impedimento para la cicatrización de dicha herida. Una herida abierta causa dolor, y aún es propensa a la infección, la que agravará el problema. En relación al perdón siempre encontraremos tres elementos: 1. Una herida, una ofensa, algo que marca profundamente y queda sin sanar. - 74 - 2. Una deuda a cobrar que resulta de la herida, una factura pendiente que se guarda. La cancelación o anulación de esa deuda pendiente. 3. El perdón es el otorgamiento de libertad a quien tiene una obligación que es una deuda conmigo como resultado de un daño que me causó. Yo decido voluntariamente renunciar al derecho de venganza, al deseo de cobrarle al otro lo que me hizo. 32 Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo. Efesios 4. 32 NVI 37 »No juzguen y no se les juzgará. No condenen y no se les condenará. Perdonen y se les perdonará. Lucas 6. 37 NVI Dios nos ha mostrado que el perdón es un acto de la voluntad, es una decisión. Dios nos mostró desde el Edén cómo el perdón es la base del restablecimiento de las relaciones. A Dios lo habían desobedecido, esa fue la herida del hombre a Dios. El perdón de Dios culminó en la entrega de Su Hijo en la cruz. Como puede verse, el perdón no es barato, a Dios le costó Su propio Hijo perdonarnos. Pero al decidir perdonar, todo se restablece. La deuda es cancelada. 13 …ustedes estaban muertos en sus transgresiones. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados 14 y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la Ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. Col. 2. 13 – 14 NVI El acta se anula. La deuda se cancela. El perdón produce la cancelación de la deuda. Así como hemos sido perdonados, debemos perdonar. No tenemos derecho a no perdonar. Veamos algunas confusiones que nos impiden perdonar: ü Creer que perdonar es justificar la actitud de quien hiere. Esto no es así. Recordemos que perdonar es liberar de la deuda a quien nos hirió. De esta manera somos libres y sanos sin importar la actitud de la otra persona. - 75 - ü Creer que con el tiempo la herida sanará por sí misma. Esto no es verdad. Si no se perdona, la herida solamente se agravará y el resentimiento perjudicará todas nuestras relaciones. ü Creer que para perdonar tengo que ir a la persona que me hirió y confesarle mi perdón, aún si ella no lo ha pedido. Esto puede generar mayores problemas. Dios nos ha mostrado que aunque nosotros no le pidamos perdón, Él nos ha perdonado, nos ha liberado de la deuda. Muchas veces podemos perdonar a quienes nos han herido por cosas que ellos ni saben que han causado. No siempre es necesario ir a la persona, puedo perdonarla aún en su ausencia y aún después de su muerte. Recordemos que el perdón es producto de la obra de Cristo en la cruz. Podemos y debemos perdonar porque hemos sido perdonados. No hay nada que podamos hacer por nuestro medio. Cristo nos ha mostrado el camino. El perdón es una decisión. El perdón es caro. El perdón es un acto que va más allá de la persona que nos ha herido; no importa la persona, nuestra obligación es perdonar, soltar, cancelar la deuda pendiente. Dios lo hizo así, Él nos perdonó más allá de si nos reconocemos o no necesitados de perdón. Si estamos sanos emocionalmente, estaremos más preparados para enfrentar la adversidad, las situaciones difíciles de la vida y no dejarnos morir fuera de tiempo. Además, muchas veces es a nosotros mismos a quien debemos perdonarnos en muchas de las situaciones que atravesamos en la vida. El perdón, es el mejor camino a la sanidad y libertad. Al transitar este libro y llegando ya cerca del final, usted puede ver que de nosotros depende que propósitos tendrán las adversidades que experimentemos en esta vida. Nosotros elegimos que interpretación le damos a cada circunstancia o situación adversa, de dolor, de enfermedad, de muerte que atravesamos. Debemos atravesarlas con valentía y elegir salir fortalecidos de cada una de ellas. Evitarlas es imposible, por lo tanto enfrentémoslas y salgamos airosos llenos de avance y vida. - 76 - - 77 - Capítulo Siete “Inmortales: cómo enfrentar el dolor y la muerte” Para qué Hoy, después de tantos años puedo ser un testimonio viviente (junto a miles de personas más) de la realidad de que el dolor se agota y las adversidades se superan. El poder ser de consuelo es quizá uno de los principales “para qué” de atravesar las circunstancias difíciles de la vida. Este libro no sólo apunta a dejarnos herrramientas para enfrentar nuestro dolor y nuestras pérdidas, sino además brindar herramientas para los que trabajan en la salud mental o enla pastoral y pueden ayudar a otros. Una de las principales tareas que podemos realizar en nuestra vida es ayudar a otros a sobrellevar sus cargas. 2 Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas y así cumplirán la ley de Cristo. Gálatas 6. 2 NVI Otras versiones utilizan la pabra “sobrelleven las cargas”. Sobrellevar las cargas significa poner el hombro y acompañar al otro que se apoya en nosotros. Es dejar al otro que desahogue su dolor, su ira, su resentimiento. Todo esto debe salir. Sobrellevar las cargas implica evitar dar respuestas o explicaciones simplistas. Sobrellevar las cargas implica evitar el juicio y la condenación. Sobrellevar significa consolar. Consolar es oír sin juicio, es acompañar al que sufre. Dios transforma en don mis dolores y vivencias difíciles y usa de esa manera lo que me pasó para ayudar a otros en igual situación. Veamos lo que registra el Apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios: 3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios - 78 - hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. 2 Corintios 1. 3 – 4 NVI En el texto vemos claramente que Dios nos consuela con una finalidad. Hay un “para qué”. En el evangelio según San Juan en el capítulo 20 verso 27 leemos que Jesús resucitado le “...dijo a Tomás: pon aquí tu dedo, y mira mis manos...”. Vemos a Jesucristo mismo utilizando sus heridas, las marcas de la cruz para hablar en la vida de Tomás, uno de sus discípulos. Las heridas hablan. Dios quiere usarlas para ayudar a otros. Además, la realidad indica que todos somos “ex” de algo o tuvimos alguna experiencia de la cual salimos adelante. No al escapismo, Si al círculo de afecto Muchas personas optan por escapar de todo, bloquearse y encerrarse en su mundo de dolor. Pero quizá uno de los errores más comunes que cometemos las personas en la adversidad es embarcarnos en una serie de actividades y ocupaciones que nos distraen y no nos dejen pensar en el dolor. Como ya lo venimos entendiendo, debemos dejar que el dolor salga. Debemos ponerle un control al dolor, un límite. Luego debemos seguir con la vida cotidiana mientras atravesamos el proceso del dolor agotándose, que es el proceso normal del duelo. En este proceso, una de las cosas que más necesitamos además de ser consolados y sostenidos por nuestra fe, es un buen círculo de afecto. Necesitamos personas, seres que apreciamos y que pueden estar acompañando sin decir nada. Necesitamos personas que acompañen y escuchen sin juicios, críticas ni condenación. Necesitamos personas que nos ayuden a sobrellevar la carga. Como cualquier herida, cuanto antes es tratada mejor. En especial en las heridas del alma, de las emociones. Recuerde que no es verdad que el tiempo lo cura todo. Consuelo no es igual a respuestas a los porque Necesitamos consuelo porque estamos viviendo un gran sufrimiento, por un accidente, una enfermedad o una muerte. Hay dolor de por medio, pero no hay explicaciones. Por eso, como ya lo hemos visto: el dolor debe salir. Eso es lo que busca, y no busca explicaciones. - 79 - Muchas veces sufrimos inútilmente. Nos enganchamos, nos enredamos, nos “rascamos la herida”. Decidimos (conciente o inconcientemente) quedarnos con el dolor y sufrir. Hoy en día escuchamos mucho hablar de la palabra resiliencia. Esto es la capacidad de una persona de hacerle frente a las situaciones adversas, a los problemas de la vida. Resiliencia es la capacidad de resistir a la presión, los obstáculos o los momentos difíciles. Es la capacidad de atravesar y salir fortalecido en las situaciones adversas. Como ya lo hemos visto, tenemos la opción de que la situación nos destruya o que nos fortalezca. Hay personas que pueden atravesar cualquier situación adversa y la superan. La resiliencia es la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves. La resiliencia se sitúa en una corriente de psicología positiva y dinámica de fomento de la salud mental y parece una realidad confirmada por el testimonio de muchísimas personas que, aún habiendo vivido una situación traumática, han conseguido encajarla y seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso, en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados. Aunque durante mucho tiempo las respuestas de resiliencia han sido consideradas como inusuales e incluso patológicas por los expertos, la literatura científica actual demuestra de forma contundente que la resiliencia es una respuesta común y su aparición no indica patología, sino un ajuste saludable a la adversidad. Por lo tanto, según los que investigan este tema, la resiliencia es una manera de pensar, es una actitud, es una mentalidad resistente. Por esto antes planteamos la necesidad de cambiar nuestra manera de pensar. El concepto de personalidad resistente aparece por primera vez en la literatura científica en 1972, en relación a la idea de protección frente a los eventos “estresores”. Son Kobasa y Maddi los autores que desarrollan el concepto, a través del estudio de aquellas personas que ante adversas o negativas parecían tener unas características de personalidad que les protegían. Así, se ha establecido que las personas resistentes tienen un gran sentido del compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertos a los cambios en la vida, a la vez que tienden a interpretar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia. En general, se considera que es un constructor multifactorial con tres componentes principales: compromiso, control y reto. El concepto de - 80 - personalidad resistente está íntimamente ligado al existencialismo, al sentido de la vida. Principios prácticos para una buena resiliencia Si nos esforzamos por mantener algunas de las siguientes características, tendremos una mentalidad resistente a las circunstancias difíciles de la vida: a. En primer lugar, necesitamos una autoestima sana, una autovaloración apropiada. Debemos tener seguridad, estar firmes, afirmados. Debemos saber quiénes somos en Dios por la obra consumada en la cruz. Nuestra posición en Cristo debe definirnos y no nuestras circunstancias. Debemos sacarnos los mensajes negativos y los rótulos que nos han metido en la cabeza, como creer que no somos nadie, o nadie nos va a querer, o no vamos a llegar a nada, entre otros peores como “te vas a morir solo…”. Nuestro único rótulo o sobrenombre debe ser: hijo de Dios. Nada nos va a faltar, estamos del lado de la victoria, somos amados con un amor perfecto por un Padre perfecto. Debemos vernos como Dios nos ve. b. En segundo lugar, debemos saber comunicarnos o relacionarnos con los demás. La gente que tiene buena resiliencia, que es resistente a las adversidades es gente que por haber pasado por estas situaciones sabe ser empático con los demás y en especial con quien está atravesando una situación adversa. Debemos aprender a escuchar sin juicio ni crítica, aprender a tratar bien a los demás. c. En tercer lugar, debemos aprender constantemente tanto del éxito como del fracaso. Las situaciones de “aparente” fracaso, no son más que oportunidades de aprender y pasar a otro nivel. Las situaciones adversas, el dolor, la enfermedad, la muerte son parte natural de la vida. Debemos aprender a interpretarlas y a manejar nuestras reacciones. El éxito, el bienestar, estar bien es nuestro destino. Para esto fuimos diseñados y, como ya lo vimos, esa es la voluntad final de Dios. d. En cuarto lugar, debemos ser personas positivas. Las personas con buena resiliencia son personas que tienen pensamientos y actitudes positivas o de acción, mantienen un buen sentido del humor y una actitud constante de proyectarse hacia delante. El autor del libro de Proverbios en el capítulo 17 en el verso 22 nos recomienda: "El corazón alegre constituye un buen remedio, mas el espíritu triste seca los huesos". La risa energiza el sistema inmunológico (nuestras defensas) y reduce el stress. - 81 - e. En quinto lugar, debemos ser personas flexibles, abiertos a los cambios que son parte natural de la vida humana. De otra forma, todo lo rígido se quebrará. En el Nuevo Testamento de la Biblia tenemos la historia del Apóstol Pablo, quien atravesó una gran cantidad de situaciones adversas (naufragios, cárceles, azotes) y de todas ellas salió airoso. Incluso sus mejores cartas las escribió desde situaciones adversas como estar encarcelado injustamente. Siempre me impactó la historia de José, un hombre que llegó a ser numero dos en la línea de poder del gobierno de Egipto sin ser egipcio. La encontramos a partir del capítulo 37 del Génesis. Vemos allí a un adolescente de 17 años que comienza a vivir un buen número de circunstancias difíciles: la envidia de sus hermanos, el maltrato, el abandono dentro de un pozo, después ser vendido como esclavo, terminar en la cárcel injustamente y en cada situación tener la capacidad de interpretar correctamente los sucesos y salir victorioso. En uno de los pasajes quizás más alentadores respecto al tema de este libro que usted tiene hoy en su mano, lo encontramos a José haciendo una tremenda declaración a sus hermanos después de largos años sin verse. Lo leemos en el capítulo 50 del Génesis en el verso 20: 4 No obstante, José insistió: —¡Acérquense! Cuando ellos se acercaron, él añadió: —Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. 5 Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas. Génesis 45. 4 – 5 NVI 20 Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Génesis 50. 20 NVI En primera instancia pareciera que José está reprochando a sus hermanos el haberlo vendido. Sin embargo vemos que el ve la realidad desde la perspectiva de Dios. - 82 - Qué tremenda capacidad de interpretación de una circunstancia difícil, o más bien de una vida difícil. Además, él mismo está detallando algunos de los “para qué” de estas situaciones. Todo colaboró con el plan de Dios. A mí me anima en gran manera. Dios tiene la capacidad de encaminar a bien cualquier situación. ¿Estaremos dispuestos a que Él lo haga? Como ya lo hemos planteado, en cada circunstancia difícil que atravesamos, tenemos dos opciones: aferrarnos a Dios o alejarnos de Dios. La elección es nuestra. Me encanta una de las llaves de sabiduría planteadas por el reconocido autor y conferencista Mike Murdock: “La recompensa del dolor es el deseo de cambiar”. Siempre podemos estar mejor después de atravesar por las circunstancias adversas de esta vida. Todo va a colaborar con el propósito de Dios. En medio del dolor siempre hay esperanza Quisiera dejarle sólo algunos de los cientos de textos preciosos que encontramos en las Escrituras, para que al cerrar este libro, usted haya encontrado consuelo y esperanza, y se transforme en un “consolado que consuela”. 18 El SEÑOR está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad. Salmo 145. 18 NVI 18 Y digo: «Me he quedado sin fuerzas y sin esperanza en el SEÑOR». Recuerda que estoy afligido y ando errante, que estoy saturado de hiel y amargura. 20 Recuerdo esto bien y por eso me deprimo. 21 Pero algo más me viene a la memoria, lo cual me llena de esperanza: 22 Por el gran amor del SEÑOR no hemos sido consumidos y su compasión jamás se agota. 23 Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! 24 Me digo a mí mismo: «El SEÑOR es mi herencia. ¡En él esperaré!». 25 Bueno es el SEÑOR con quienes esperan en él, con todos los que lo buscan. Lamentaciones 3. 18 – 25 NVI 19 - 83 - 17 Aunque la higuera no florezca ni haya frutos en las vides; aunque falle la cosecha del olivo y los campos no produzcan alimentos; aunque en el redil no haya ovejas ni vaca alguna en los establos; 18 aun así, yo me regocijaré en el SEÑOR. ¡Me alegraré en el Dios de mi salvación! 19 El SEÑOR y Dios es mi fuerza; da a mis pies la ligereza de una gacela y me hace caminar por las alturas. Habacuc 3. 17 – 19 NVI 28 »Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso. 29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana». Mateo 11. 28 – 29 NVI 25 Entonces Jesús dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; 26 y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto? Juan 11. 25 – 26 NVI 33 Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. Juan 16. 33 NVI 20 Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. 21 Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Filipenses 1. 20 – 21 NVI Recordemos que en Cristo ya vivimos Vida eterna, vida de Dios, siempre es la vida que no podemos producir. Nos es dada por gracia. La mejor conclusión en estos últimos párrafos es recordar juntos que en Cristo tenemos vida increada. Estamos llamados a cuidarla, a preservarla. Fue pagado un precio muy alto para tenerla. Somos administradores de la vida de Dios en nosotros. La primera Iglesia en los primeros siglos tuvo enfermos, perseguidos y asesinados, pero permanecieron porque entendieron la vida que les fue dada. No esperaban cosas temporales. Ellos son nuestro ejemplo. - 84 - Toda la operación de las tinieblas trabaja para asfixiar, frenar, apagar, matar la vida de Dios en nosotros. Quieren robar lo que está dentro de nosotros. Madurez es que Cristo crezca dentro de nosotros. Seamos conscientes de lo que está en nuestro interior y cuidémoslo. Somos vaso. Somos su habitación. Cómo una madre embarazada portamos una vida indestructible y vivimos para esa vida. Ante el dolor y la muerte, no perdamos la consciencia de la verdadera vida. La vida continúa. La vida es eterna. Como lo expresó Victor Frankl digamos: “Sí a la vida a pesar de todo”. Pero mejor aún, recordemos lo expresado por el apóstol Pablo desde la cárcel: 20 Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que, con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. 21 Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Filipenses 1. 20 – 21 NVI Si este libro ha sido de inspiración y sanidad para tu vida, por favor pásalo a otras personas que lo neceseciten con toda libertad. Una honra servirles, David Firman - 85 - - 86 - Influencias y Bibliografía Ballistreri, Juan Ballistreri, Juan Calviño, Alberto Cyrulnik, B. Deiros, Pablo Dobson, James Firman, David Firman, David Frankl, Viktor Lara, Gustavo Nee, Watchman Matthew, Henry Melendez, Tony Murdock, Mike Murdock, Mike Palau, Luis Sanchez, Juan José Stamateas, Bernardo Stamateas, Bernardo Seligman, Martín E. P. Trobisch, Ingrid Vasena, Pepe Yancey, Philip Warren, Rick “Victorias espirituales en el alma”, 2022 Peniel. “Victorias espirituales en el alma 2”, 2023 Peniel. “Tiempo y eternidad”, 2022 Peniel. “Los patitos feos. La resiliencia: Una infancia infeliz no determina la vida”. Ed. Gedisa, 2002 “El dolor y la muerte en los cristianos”, Conferencia de 1995 en Rosario, Santa Fe, Argentina. “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido”, Unilit, 1993. “Apuntes personales sobre la muerte y el duelo”. “La Psicología de Dios”. Peniel, 2021. “El hombre en busca de sentido”, 2004 Editorial Herder. “Reconciliados en Cristo”, 2016 Ed. del autor. “El hombre espiritual”, Tomos I - III. 1989 Clie. “Comentario Bíblico”. Obras completas, CLIE. “Testimonio”. www.tonymelendez.com. “Wisdom keys”, www.mikemurdock.com “Secretos del hombre más rico del mundo”. Peniel, 2002. “Donde esta Dios cuando sucede algo malo”. Vida, 2005. “Manual de Psicoterapia Cognitiva”. “Emociones lastimadas”, Presencia De Dios. “Mensajes de Éxito”, www.presenciadedios.com. “La auténtica felicidad”. Vergara, 2003. “Aprendiendo a caminar en soledad”, Certeza 1988. “Tengo un dolor en el alma”, Argenta, 1999. “Dónde está Dios cuando duele”. Peniel, 2017. “Una vida con propósito”. Vida, 2003. - 87 -
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