ÁNGEL RODRÍGUEZ LUÑO
ÉTICA GENERAL
Sexta edición
Cuarta edición revisada
EDICIONES UNIVERSIDAD DE NAVARRA, S.A.
PAMPLONA
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Primera edición: Julio 1991
Sexta edición: Febrero 2010
© 2004: Ángel Rodríguez Luño
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LA ÉTICA FILOSÓFICA
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III. LA ÉTICA COMO FILOSOFÍA PRÁCTICA
1. El alcance práctico y normativo de la Ética
Afirmando que la Ética dirige la conducta hacia el bien perfecto o fin último de la persona queda claro por qué la Ética es filosofía práctica. La Ética se
ocupa de la conducta humana, y la conducta no es para el hombre una realidad
meramente especulable, como lo son las realidades independientes de nosotros
(los astros y su movimiento, por ejemplo), sino una realidad operable, que la
persona proyecta y realiza. La Ética es, por tanto, un saber que tiene como objeto de estudio un objeto práctico.
Pero además la Ética estudia su objeto, que ya de suyo es práctico, con
una finalidad práctica. El objeto de la Ética no es únicamente comprender
cómo el hombre dirige su propia conducta, sino también ayudarle a proyectar y
realizar una conducta buena 15. Estudia la conducta formalmente en cuanto que
ha de ser proyectada y realizada; es decir: es un saber práctico no sólo porque
es un saber acerca de la conducta, sino también porque es un saber directivo
de la conducta.
Se sigue de ello que el interés primordial de la Ética no se centra en la facticidad psicológica o sociológica de las acciones morales, ni considera tales acciones como hechos ya existentes o inmodificables. La Ética estudia más bien el
obrar de la persona en tanto que es libre, lo que equivale a decir que lo considera en tanto que admite y exige una regulación racional desde el punto de vista
del bien en sentido absoluto. La Ética va más allá de la descripción de las costumbres mediante el método empírico, que algunas ciencias positivas realizan
con objeto de conocer lo que en una determinada sociedad y época histórica se
considera bueno o malo. La Ética formula y fundamenta filosóficamente juicios
de valor y normas de comportamiento con la intención de orientar el ejercicio de
la libertad personal hacia el bien de la vida humana considerada como un todo.
La Ética es un saber moral, y no sólo un saber acerca de la moral.
Son necesarias dos aclaraciones para entender debidamente el carácter
práctico de la Ética. La primera es que su finalidad práctica no implica que deba
renunciar a la comprensión teórica de lo que es la vida moral y de lo que son los
conceptos y razonamientos que llenan nuestra experiencia moral. La Ética tiene
sin duda un momento explicativo, en el que se desea esclarecer, justificar o fundamentar los elementos de la experiencia moral, y tiene también y principal-
15. Comparando la Ética con otros tratados filosóficos escritos por él mismo, como la Metafísica, Aristóteles precisa que la Ética es un tratado «no teórico como los otros (pues no investigamos
para saber qué es la virtud, sino para ser buenos, ya que en otro caso sería totalmente inútil), y por
eso tenemos que considerar lo relativo a las acciones (práxeis), y al modo de realizarlas: son ellas, en
efecto, las que determinan la calidad de los hábitos» (ÉN, II, 2, 1103 b 26-31).
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INTRODUCCIÓN A LA ÉTICA FILOSÓFICA
mente un momento práctico, en el que se pretende sobre todo aportar criterios
válidos para la dirección de la propia vida. Pero en ambos momentos la Ética
conserva las características metodológicas del saber práctico, ya que incluso
cuando explica y comprende está reflexionando sobre la actividad directiva de
la razón práctica, que se comporta ante su objeto de un modo diverso al que es
propio de la razón especulativa. La segunda aclaración es que el conocimiento
práctico admite grados, y el saber práctico en grado sumo no es la Ética, sino la
prudencia, juicio directivo del acto singular, que es una virtud, y no un saber
universal como la Ética.
Digamos por último que la Ética es además un saber normativo. Existen
otros saberes, como la Medicina, la Lógica o el Derecho Fiscal, que también establecen criterios de conducta. Son, por tanto, saberes prácticos, pero lo son de
modo distinto a como lo es la Ética. Las reglas médicas, por ejemplo, tienen una
obligatoriedad condicionada: son obligatorias en la exacta medida en que es
obligatorio en cada caso el fin al que ellas sirven (la salud). La medicina nada
puede decir a quien se muestre dispuesto a poner en peligro su salud por determinados motivos, ya que valorar si esos motivos justifican o no el poner en peligro la propia salud compete a la Ética, no a la Medicina. Los juicios y las normas éticas poseen, en cambio, un valor absoluto, incondicionado, y que está en
la raíz del valor de las demás ciencias prácticas. La Ética es propiamente un saber normativo, capaz de establecer fines y normas de conducta de valor absoluto e incondicionado, es decir, de valor no dependiente últimamente de criterios
de juicio establecidos por otra ciencia práctica, de los intereses y preferencias
subjetivas ni de las convenciones sociales.
2. Las objeciones contra el carácter práctico de la Ética
El lector habrá advertido que el valor normativo de la Ética depende del
valor normativo del fin último (télos) que constituye su punto de referencia fundamental. Los filósofos que no admiten la existencia o la posibilidad de conocer
racionalmente la naturaleza del bien global de la vida humana, no aceptan tampoco el concepto de normatividad que estamos explicando.
Por ejemplo, los filósofos que admiten los presupuestos del positivismo rechazan la legitimidad del concepto de saber normativo: la ciencia es conocimiento de lo que hay en el mundo, de los «hechos», no de lo que debería haber. Según
el positivismo, el saber se limita a registrar y ordenar los hechos verificables por
medio de la experiencia sensible, sin que sea posible en ningún caso trascender el
plano por ella determinado. La única fuente legítima de conocimiento cierto estaría constituida por lo que hoy llamamos ciencias positivas, y el único método
científico sería el método empírico. Queda excluida la posibilidad de obtener un
conocimiento racionalmente fundamentado sobre el bien de la vida humana considerada como un todo, y consiguientemente sobre el orden y las prioridades que
LA ÉTICA FILOSÓFICA
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conviene fijarse en la propia vida. Esos objetos no serían susceptibles de conocimiento racionalmente válido 16.
Las dos formas clásicas de positivismo ético son el positivismo sociológico
y el positivismo emparentado con el empirismo lógico 17. El positivismo sociológico (A. Comte, E. Durkheim, L. Lévy-Bruhl, E. Westermark) considera los fenómenos morales como fenómenos de origen social, que se han interiorizado a causa
de la presión ejercida sobre el individuo por la sociedad; acerca de ellos no cabría
otra actitud científica que la de describir su nacimiento, desarrollo y desaparición.
El positivismo emparentado con el empirismo lógico-lingüístico conoce modalidades muy diferentes, pero generalmente termina en un «emotivismo ético», es decir, en la afirmación de que el lenguaje moral es simplemente la expresión de las
emociones subjetivas que cada uno experimenta ante determinados comportamientos. Decir que la acción «x» es mala sería un modo de expresar que yo experimento ante ella un sentimiento de desaprobación 18. El significado que pueda encontrarse en el lenguaje moral no es, en todo caso, originariamente ético, sino que
debería reconducirse a la Psicología o a la Sociología, que darán razón del proceso psíquico o social que origina las valoraciones subjetivas. Schlick afirma explícitamente que la Ética es una parte de la Psicología 19.
En el capítulo II nos ocuparemos del empirismo y del positivismo. Por el
momento nos limitamos a señalar, con MacIntyre, que la clave de la actividad
de la razón práctica (y lo que más la distingue de la razón especulativa y de la
razón técnica o instrumental) es tener como punto de referencia el conocimiento y el deseo de un fin de valor absoluto. Si la Ética no consigue asentar
la existencia y la normatividad del télos humano, del bien de la vida humana
considerada como un todo, no es posible ofrecer una idea adecuada de la vida
moral 20. El problema de fondo podría ser expresado de la siguiente manera:
16. Para una visión general del positivismo en campo ético, cfr. REINER, H., Die philosophische
Ethik. Ihre Frage und Lehren in Geschichte und Gegenwart, Quelle-Meyer, Heidelberg 1964 (trad.
italiana: Etica. Teoria e storia, Armando, Roma 1971) y BOURKE, V.J., History of Ethics. A comprehensive survey of the history of ethics from the early Greeks to the present time, Doubleday, New
York 1968 (trad. italiana: Storia dell’etica. Esposizione generale della storia dell’etica dai primi
pensatori greci fino ad oggi, Armando, Roma 1972).
17. Sobre estas dos corrientes, cfr. MORRA, G., Il problema morale nel neopositivismo, Lacaita,
Manduria 1962; BAUSOLA, A., Filosofia Morale. Lineamenti, Celuc, Milano 1974; SANTOS, M., Ética y filosofía analítica, EUNSA, Pamplona 1975.
18. Ésta es la posición sustancialmente defendida por AYER, A.J., Language, Truth and Logic,
Gollancz, London 1936 (trad. española: Lenguaje, Verdad y Lógica, Editorial Universitaria, Buenos
Aires 1965) y por STEVENSON, C.L., Ethics and Language, Yale University Press, New Haven 1944
(trad. española: Ética y Lenguaje, Paidós, Buenos Aires 1971).
19. Cfr. SCHLICK, M., Problems of Ethics, Dover, New York 1972, pp. 29 ss. (original: Fragen
der Ethik, Springer, Viena 1930). Es de gran interés la valoración crítica del emotivismo realizada
por MACINTYRE, A., Tras la virtud, Ed. Cátedra. Barcelona 1987 (original: After Virtue, University of
Notre Dame Press, Indiana 1984).
20. Esta tesis fue inicialmente propuesta por MacIntyre en Tras la virtud, cit. Sucesivamente fue
completada y en algunos aspectos reelaborada por el mismo autor en Primeros principios, fines últimos y cuestiones filosóficas contemporáneas, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid 2003;