Resumen1 En plena hora pico, en una ciudad sin nombre, un hombre que estaba manejando su coche se queda ciego en una intersección. Al darse cuenta de que no puede ver, se agita y grita hasta que alguien se apiada de su situación y se ofrece a llevarlo a su casa. Una vez que llegan al apartamento, el buen samaritano se ofrece a quedarse con él hasta que llegue su esposa. Temiendo que pueda tratarse de un ladrón, el primer ciego se apresura a cerrarle el paso y le dice que estará bien. Moviéndose a ciegas en su propia casa, el primer ciego derriba un jarrón lleno de flores y se corta. Desesperado, se venda lo mejor que puede y se queda dormido sobre el sillón. Cuando llega su esposa, primero se molesta por el jarrón roto, hasta que ve la sangre y se da cuenta de que algo anda muy mal. Hablando con su esposo sobre su repentina condición, ella se da cuenta de que esta ceguera es particularmente extraña, en el sentido de que, en lugar de no ver nada, ve una blancura lechosa. Decide llevarlo a la clínica oftalmológica inmediatamente. Llama por teléfono y, al explicar la situación de su esposo, consigue que el médico acepte atenderlo sin demoras. Al bajar a la calle, la mujer del primer ciego no puede encontrar el coche. Rápidamente se dan cuenta de que el buen samaritano se lo ha robado. Enfurecidos y desanimados, toman un taxi hasta la clínica. Al llegar, ambos son dirigidos directamente al consultorio. En la sala de espera ven a un viejo con cataratas, un niño estrábico y una muchacha con conjuntivitis. Después de realizar una serie de pruebas, el médico se muestra completamente desconcertado: los ojos del hombre no muestran signos de lesión o daño. Promete que se pondrá en contacto con sus colegas y hará algunas investigaciones para analizar el caso. Análisis Al comienzo de la novela se plantea el conflicto principal inmediatamente. La epidemia se desata en las primeras líneas, y enseguida comprendemos que no tiene una causa identificable ni un modo de transmisión conocido. En esta primera sección se anticipan también varios de los temas principales de la novela. La historia es contada por un narrador en tercera persona omnisciente que se constituye como una voz muy particular, porque incorpora las voces y pensamientos de los personajes a través de una suerte de discurso indirecto libre. Este estilo narrativo se caracteriza por la incorporación, en la voz narrativa, de enunciados atribuidos a los personajes, que pueden evidenciarse por diferentes marcas textuales o meramente por el registro utilizado, pero que no se explicitan como discurso directo (a través de comillas o líneas de diálogo) ni indirecto (mediante la introducción de verbos del decir y una frase subordinada, como en "Juan dijo que me quiere"). En este caso, el narrador marca la intromisión de las voces de sus personajes con un sistema intermedio: utiliza verbos introductorios, pero no sigue las reglas del discurso directo ni del indirecto, sino que continúa el discurrir narrativo comenzando las frases atribuidas a sus personajes con mayúsculas: "Estoy ciego, estoy ciego, repetía con desesperación mientras le ayudaban a salir del coche, y las lágrimas, al brotar, tornaron más brillantes los ojos que él decía que estaban muertos. Eso se pasa, ya verá, eso se pasa enseguida, a veces son nervios, dijo una mujer" (p.7). De este modo, la historia se irá contando con una voz irrumpida por otras que se va desplegando en frases largas, pausadas por numerosas comas, sin volverse barrocas. La lectura es relativamente ligera y amena. Otra característica del narrador de Ensayo sobre la ceguera es que apela constantemente a refranes populares. A veces, estos aparecen utilizados por los personajes, mientras que en otras instancias es el mismo narrador quien los incorpora en su discurso. En algunos casos, estos refranes aparecerán modificados o se pondrá en duda su veracidad, por lo que el saber popular contenido en ellos será problematizado. Esto es coherente con una novela que tiene entre sus temas principales la fragilidad del entramado social, sostenido, en buena medida, por este sentido común que los refranes representan. La historia comienza en el instante en el que el primer ciego pierde la vista. No es casual que esto le suceda mientras está en su automóvil, esperando que el semáforo lo deje avanzar, porque su ceguera provocará un pequeño caos de tránsito que presagia el colapso de la infraestructura que se apoderará de la ciudad tras la propagación de la ceguera blanca. También podemos pensar como un presagio el modo en que el ladrón de coches se aprovecha de la situación del primer ciego: la naturaleza egoísta y hasta depredadora de la humanidad, que se desarrollará a lo largo de todo el libro, ya puede vislumbrarse en este acto. Por otro lado, vemos la importancia de la pertenencia y del hogar cuando el ciego regresa a su apartamento y no solo no puede reconocerlo, sino que, dada su nueva condición, rompe un jarrón y se lastima. Esto da cuenta de que incluso el hogar puede convertirse fácilmente en un lugar hostil. Si pensamos en el hogar en un sentido amplio, como aquello que es familiar y acogedor, este pequeño accidente también presagia el modo en el que el mundo conocido de los personajes, es decir, el espacio que habitan y el entramado social en el que se insertan, se van a desmoronar rápidamente. En tercer lugar, en esta sección también comenzamos a ver la impotencia de la medicina. En Ensayo sobre la ceguera, la medicina funciona como una metonimia de toda la vida moderna. Esta disciplina funciona muy bien en este sentido porque, en ella, todos los beneficios de la modernidad se aplican a los problemas más fundamentales de la vida humana. Todos los demás aspectos de la vida moderna; el gobierno, la cultura y la economía, por ejemplo, son inútiles sin la posibilidad de una vida saludable. El fracaso de la medicina frente a este repentino brote epidemiológico de ceguera provoca, a la vez que representa metonímicamente, el eminente fracaso del mundo moderno como un todo. Finalmente, destacamos que el libro abre con un epígrafe atribuido al Libro de los consejos: "Si puedes mirar, ve. Si puedes ver, repara". Esta introducción al texto nos sugiere la posibilidad de una lectura alegórica de la historia, al recordarnos la tradicional relación metafórica, en el pensamiento occidental, entre vista y entendimiento. En la alegoría de la caverna de Platón, un grupo de cautivos es encerrado en una caverna, sin poder ver más que las sombras del mundo exterior proyectadas sobre la piedra frente a ellos, y creyendo que esas sombras proyectadas son las cosas que en verdad proyectan esas sombras, es decir, el mundo. Con esto se pretende alegorizar la relación del hombre con la verdad, de la que, tal como la entiende el filósofo, solo conocemos reflejos y sombras si nos atenemos a la experiencia. La ceguera de la novela opera en este mismo sentido alegórico, utilizando la ceguera como metáfora de la ignorancia. Aún más, podemos decir que la ceguera, en la alegoría platónica, sirve como una barrera para la verdadera comprensión, así como la ceguera en la novela es en sí misma incomprensible: los médicos están desconcertados en cuanto a por qué surge, cómo se propaga y qué se puede hacer para detenerla. Resumen2 Cuando el buen samaritano se ofreció inicialmente a ayudar al primer ciego, no tenía intención de robar su coche. La idea se le ocurrió cuando dejó al ciego en casa y este lo apresuró para que se fuera, sin pedirle las llaves. Quizás, si el primer ciego hubiera permitido que el ladrón se quedara, este se habría sentido abrumado por su conciencia y no habría robado el vehículo. En cualquier caso, el ladrón del coche está conduciendo por la ciudad, nervioso en su intento de evitar a la policía, cuando decide estacionar el auto y esperar. Tan pronto como sale del coche se queda ciego. En la clínica oftalmológica, el médico termina con sus pacientes de ese día y llama a un colega para hablar sobre el caso de ceguera espontánea que atendió más temprano. Asumen que es un caso de ceguera psicológica, agnosis o amaurosis. La agnosis supone que el paciente puede ver, pero no puede reconocer objetos. En la amaurosis, por su parte, el cerebro se vuelve incapaz de procesar imágenes, lo que lleva a una pérdida de percepción de los colores. El primer ciego, sin embargo, afirma que está rodeado de una blancura lechosa. Mientras cenan, el médico reflexiona sobre estos problemas con su esposa. Más tarde, investigando el tema en su escritorio, se queda ciego. La muchacha de las gafas oscuras que esperaba en la sala de la clínica padecía un caso menor de conjuntivitis. El médico le recetó unas gotas y le recomendó usar gafas de sol. Más tarde, cuando se encuentra con un cliente en un hotel (la muchacha es una prostituta a tiempo parcial), se queda ciega. Análisis Narrativamente, esta parte continúa la técnica de "montaje" comenzada en la primera parte. Esta consiste en presentar brevemente a los personajes principales, ofreciendo un panorama de sus vidas antes de la ceguera y narrando el instante en que esta se produce. Esto se hace de forma no secuencial, pasando de una historia a otra, sin introducción ni explicación. Esta fragmentación se resolverá posteriormente, cuando la historia pase al manicomio, donde los personajes se reencuentran. También comenzamos a ver aquí el tipo de efecto nivelador, tanto a nivel social como moral, que tiene la enfermedad en la sociedad. Justos e injustos, morales e inmorales se ven afectados por igual. Si bien el primer ciego pasa relativamente desapercibido (no sabemos su edad ni conocemos su ocupación), las tres víctimas que aparecen en esta segunda parte representan unos lugares específicos en el espectro de la escala socioeconómica. Tenemos, pues, un médico acomodado, moralmente intachable; un ladrón común; una muchacha que vive con su familia y trabaja como prostituta a tiempo parcial. Estos trasfondos tan diferentes se evidenciarán relativamente irrelevantes tras el efecto nivelador de la enfermedad, que conducirá a cierto grado de igualitarismo más adelante en la novela. Además de la nivelación social más literal de la enfermedad –todos se ven afectados por igual– hay un significado alegórico de este igualitarismo. Si tomamos la interpretación alegórica de la historia, según la cual la vista funciona como metáfora del entendimiento, podemos deducir que la ceguera, como metáfora de la ignorancia, no perdona a nadie. Ni el médico más sabio ni el más burdo criminal estarán libres de esta ceguera que pronto afectará a todos. Según esta lectura alegórica, comprendemos que todos estamos afligidos por la misma falta de comprensión o entendimiento. Resumen3 El ladrón de autos es escoltado a su casa por un oficial de policía, al igual que la muchacha de las gafas oscuras. El primer policía desconoce las circunstancias del robo del automóvil, pero el trabajo de la muchacha sí queda en evidencia porque el personal del hotel la encontró corriendo y gritando, desnuda, mientras su cliente trataba de salir de la habitación a toda prisa. Después de quedarse ciego, el médico de alguna manera logra acostarse sin perturbar el sueño de su esposa. Al despertar, su esposa y él deciden llamar al Ministerio de Salud para informar sobre la posible propagación de una epidemia. Después de muchas trabas burocráticas, se les ordena quedarse donde están y esperar a ser recogidos. La mujer ayuda al médico a empacar su bolso, según las instrucciones del ministerio. Sin que él se dé cuenta, ella también empaca sus propias cosas. Cuando la ambulancia viene a recoger a su esposo, ella dice que se quedó ciega y ambos suben a la ambulancia. Análisis Esta parte continúa el igualitarismo de la segunda parte. El ladrón del coche es conducido a su casa por un oficial de policía, que no muestra mayor interés por el hecho de que este hombre acabe de cometer un crimen. La muchacha de las gafas oscuras, no obstante, es juzgada y tratada con más dureza que el ladrón. La interacción del médico con el Ministerio de Salud continúa el tema de la medicina como metonimia del progreso moderno. Cuando el médico llama al Ministerio, la persona que contesta el teléfono lo ridiculiza por no poder tratarse o, siquiera, diagnosticarse a sí mismo: Respondía desde el otro lado el funcionario, Me dice usted que es médico, si quiere que le diga que le creo, sí, le creo, pero yo tengo órdenes, o me dice de qué se trata, o cuelgo, Es un asunto confidencial, Los asuntos confidenciales no se tratan por teléfono, será mejor que venga aquí personalmente, No puedo salir de casa, Quiere decir que está enfermo, Sí, estoy enfermo, dijo el ciego tras una breve vacilación, En ese caso, lo que tiene que hacer es llamar al médico, a un médico auténtico, replicó el funcionario, y, muy satisfecho de su ingenio, colgó el teléfono. (p.34) En este momento, el médico se siente extremadamente impotente. Se hace evidente que los sistemas que generalmente consideramos abstractos, como la Medicina, son en realidad tan buenos como los individuos que lo sostienen y llevan a cabo sus operaciones. Este hecho se hará cada vez más evidente a medida que avance la historia. Aquí se observa una primera instancia en la que el Gobierno intenta intervenir de manera activa con el objetivo de restringir los daños y resolver el problema de la epidemia: le pide al médico una lista de los pacientes con los que estuvo en contacto e intenta poner en cuarentena a los infectados. Esto finalmente se evidenciará inútil. Abordado desde la lectura alegórica propuesta, este hecho dará cuenta de que ningún sistema construido por personas está libre de la ignorancia simbolizada por la "ceguera blanca". Resumen4 El ministro de Salud relevó las instalaciones disponibles en la ciudad y decidió internar a los ciegos en un hospital psiquiátrico abandonado. El médico y su esposa son los primeros en llegar al edificio, que consta de dos alas; una para posibles infectados y otra para los que ya se han quedado ciegos. Una vez adentro, al médico y a su esposa se les unen otras cuatro personas: el primer ciego, el ladrón del coche, la muchacha de las gafas oscuras y un niño estrábico que también estaba en la clínica cuando llegó el primer ciego. Con cierta dificultad, cada uno elige una cama. La esposa del médico intenta ayudar sin poner en evidencia que no está ciega. Muy pronto se escucha una grabación que establece las reglas de cuarentena para los nuevos internos: recibirán tres raciones de comida por día; no deben intentar abandonar el recinto, bajo pena de muerte; deben quemar su propia basura y enterrar eventualmente a sus propios muertos. Muy pronto, el primer ciego y el ladrón del coche se reconocen mutuamente y comienzan a pelear. Una vez que la situación se evidencia inútil y hasta ridícula, el niño dice que necesita ir al baño y el pequeño grupo se pone en marcha para encontrar los baños, guiado por la mujer del médico. Caminando en fila, el ladrón del coche comienza a manosear a la muchacha de las gafas oscuras, que responde dándole una patada. Sin quererlo, le clava el tacón de su zapato en la pierna, y el hombre comienza a sangrar. El médico y su mujer improvisan un torniquete y limpian la herida con el agua disponible, pero la herida es profunda. Análisis Cuando llegan al hospital abandonado, continúa el proceso de nivelación social y comienza a vislumbrarse, como un problema central, la agresión y la incapacidad de llegar a un acuerdo, las cuales caracterizan las interacciones de los internados. Esto se puede ver en la interacción entre el primer ciego y el ladrón del coche. Ambos consideran al otro el agresor: el primer ciego, porque el otro le robó el coche; el ladrón, porque el primer ciego lo contagió. La situación de la muchacha de las gafas oscuras y el ladrón también va en este sentido; él la agrede sexualmente y ella responde con violencia. Este caso es emblemático porque ese pequeño evento tendrá, pronto, consecuencias funestas. Este incidente, a través de la herida que dejará como consecuencia en la pierna del ladrón, también servirá para ejemplificar nuevamente cómo la medicina, en cuanto representación metonímica del saber y de las instituciones sociales que sostienen el entramado social, se muestra inútil en este nuevo contexto: se hace evidente que el médico, sin instrumentos, bien podría no ser un médico. En este sentido, su incapacidad de ejercer su oficio y poner en práctica sus conocimientos también apunta al proceso de igualación social que se desprende del caos. En todo caso, queda claro que, de repente, incluso pequeños problemas, como una herida relativamente leve en la pierna del ladrón del coche, comienzan a cobrar una importancia capital. Los problemas fundamentales que harán que el manicomio sea prácticamente inhabitable también se evidencian en esta parte. El niño estrábico no puede aguantarse y se orina camino al baño. Como nadie, excepto la mujer del médico, puede ver, y él está demasiado avergonzado como para confesarlo, nadie lo ayuda. El tema de la higiene se convertirá en un gran problema más adelante. Lo mismo sucederá con la organización, que evidencia ser un problema fundamental y lo será cada vez más, a medida que lleguen más internados. Alegóricamente, este es el punto de la narración en el que, por así decirlo, los ciegos guían a los ciegos. Sin embargo, el hecho de que la mujer del médico todavía pueda ver remite al filósofo de la segunda mitad de la alegoría de la caverna de Platón. En esta segunda parte de la alegoría, el filósofo, encarnado en aquel que puede salir de la caverna y ver las cosas como realmente son, vuelve a entrar en ella y es tratado por los demás como un loco. En este hospital abandonado, también hay una persona capaz de salir de la caverna, por así decirlo. Sin embargo, aquí la diferencia es que, en lugar de ser tratada como una loca, ella se ve obligada a mantener en secreto su situación. En todo caso, la verdad que ella, a diferencia de los otros, será capaz de ver, se evidenciará cada vez más difícil de digerir. Resumen5 La mujer del médico se despierta de su primera noche en cuarentena y continúa preguntándose por qué no se ha quedado ciega. Ya despierta antes que el resto de los internos, va a revisar la pierna del ladrón del coche, que ya está muy infectada. Llega una nueva tanda de ciegos, entre quienes se encuentran personas que estuvieron en contacto con las primeras víctimas de la epidemia. Cuando reconoce a su esposa, el primer ciego se llena de alegría. La madre del niño estrábico no aparece. Una vez que los nuevos internos se instalan, se anuncia la llegada de la comida. Cuando van a buscar las cajas con los alimentos, el médico y su mujer les piden antibióticos a los oficiales del ejército que custodian el recinto, para tratar la infección en la pierna del ladrón del coche. Pero enseguida se les ordena regresar al edificio con las cajas de comida bajo amenaza de muerte. Ya en el pabellón, los internos comen las raciones de comida entregadas, que son cinco a pesar de que ellos son diez. Los nuevos internos comentan cómo y cuándo se quedaron ciegos; varios estaban presentes cuando la muchacha de las gafas oscuras se quedó ciega en el hotel. A medida que avanza la tarde llegan más internos, y pronto la sala se llena. La infección del ladrón del coche se agrava tanto que él mismo decide acercarse a los soldados apostados afuera y reclamar los medicamentos que necesita. Arrastrándose hacia el patio, grita para ser escuchado por los guardias. Su aparición en la entrada del edificio toma por sorpresa a uno de los soldados, que le dispara en el rostro. Luego se le notifica al resto que debe salir a recoger el cadáver para luego enterrarlo. Análisis En este capítulo se hace evidente que la ceguera física de los internos representa metafóricamente los diversos tipos de ceguera que las personas sufrimos todo el tiempo. En este sentido, la ceguera física les permite notar cosas que antes eran invisibles para ellos. Un ejemplo de esto es la comida. En el mundo desarrollado en el que se sitúa la novela, contar con alimentos puede darse por sentado. Entonces, dado que no constituye un problema, podemos volvernos ciegos frente a este hecho. Sin embargo, ahora queda claro que los internos ya no pueden permitirse el lujo de permanecer ciegos ante cuestiones tan básicas como esta. El recuerdo que los internos intercambian de lo último que vieron antes de quedarse ciegos es otro ejemplo de cómo la ceguera física puede implicar una lección o un aprendizaje. En la mayoría de los casos, estas imágenes captan cosas y situaciones completamente normales, cotidianas. No obstante, el hecho de que hayan sido sus últimas imágenes hace que adquieran una especial importancia para quienes ya no pueden ver nada, sea ordinario o extraordinario. Finalmente, a medida que la infección en la pierna del ladrón del coche se agrava, se hace evidente que la ayuda médica que necesita no llegará. En las dos interacciones de las que somos testigos entre los guardias y los internos, el lector comienza a darse cuenta de que los soldados que custodian las puertas les tienen tanto miedo a los internos como los internos a ellos. El asesinato del ladrón del coche está inspirado esencialmente en el miedo al contagio y, en este sentido, es tristemente vano: los soldados solo están intentando retrasar lo inevitable. Este injustificado homicidio es además muy relevante en tanto marca un antes y un después en la trama: el retraso en la entrega de las raciones de comida o de la medicina que necesitan, así como la falta de higiene en el lugar, se ven ahora como problemas menores de un pasado lejano. La situación ha escalado, y el estado de excepción es evidente. Este asesinato es un aviso de que las cosas no van sino a empeorar. Resumen6 Enterrar al ladrón del coche resulta difícil porque los ciegos no pueden encontrar una pala. La mujer del médico se ofrece voluntariamente para ir a pedir una, y tiene que fingir que está ciega cuando lo hace. Después de que el ladrón del coche es finalmente enterrado, sin ceremonia, un grupo de ciegos se reúne junto a la puerta para esperar las cajas de comida. Sorprendidos por su número y su afán, los soldados encargados de entregar la comida entran en pánico y abren fuego. Varios internos mueren. Una vez más, se pide a los sobrevivientes que entierren a sus muertos. El desacuerdo sobre si hacerlo antes o después de comer conduce a una primera crisis de liderazgo. Finalmente, se decide que cada sector enterrará a sus propios muertos después de comer. Más tarde, tras haber comido y enterrado a los muertos, el médico va al baño y reconoce que su estado es calamitoso. Se da cuenta de que pronto se convertirán en animales. Análisis Esta sección desarrolla el tema de la decadencia social. Esto se evidencia en dos eventos concretos. El primero es el entierro de los cadáveres, y el segundo es la creciente preocupación por la higiene. El entierro de los propios muertos es un ritual que ha distinguido a la sociedad humana de los animales desde el comienzo del registro histórico. Es central para la constitución humana la noción de que un cadáver fue una vez una persona, y no se trata simplemente de una cosa. Aquí, los internos deben enterrar a sus propios muertos sin las herramientas adecuadas, un espacio designado ni un ritual que lo enmarque. Los soldados que cometieron los asesinatos, por su parte, se muestran indiferentes a esos cuerpos, y bien los dejarían allí, pudriéndose al aire libre, si no fuera por el miedo al contagio. Esto es el reflejo de una separación de los internos de la sociedad. Esta separación es sumamente dramática y profunda, porque la escisión se produce, como decíamos, en uno de los fundamentos más elementales de la condición humana. Otra faceta fundamental de la vida moderna y urbanizada es la regulación del sistema de gestión de residuos, a menudo invisible para quienes viven entre tales lujos. En la cuarentena, este no es el caso y el hecho se le hace evidente al médico en este capítulo. En esta sección también se confirma que el ejército trata a los ciegos, no como conciudadanos, sino como enemigos, tras confirmar que el asesinato que cierra el capítulo anterior no es un caso aislado, sino una disposición institucional. Así, la ruptura total con el mundo anterior y la entrada a una verdadera distopía, anunciada con el homicidio del ladrón del coche, se confirma definitivamente con este episodio. Como resultado, se solidifica aún más la distinción entre el mundo de los ciegos y el mundo exterior, haciéndose evidente que quienes no se han quedado ciegos temen y, por tanto, odian a quienes sí lo han hecho. En la posible lectura alegórica que nos propone la novela, esto puede resultar irónico, en tanto la ceguera blanca sería simplemente la encarnación de nuestra ignorancia cotidiana. La ironía será cada vez más evidente cuando la ceguera se convierta en la norma. Resumen7 Al despertar, la esposa del médico se da cuenta de que se ha olvidado de darle cuerda al reloj. La gravedad de su situación finalmente la golpea y se derrumba. La muchacha de las gafas oscuras se acerca a consolar al médico y a su esposa. Los representantes de cada sector se reúnen y deciden repartir la comida de acuerdo con el número de internos en cada área. No obstante, cuando llegan los alimentos surge la confusión, porque los ciegos avanzan vacilantes, con miedo a ser fusilados. Los soldados, por su parte, también tienen miedo de acercarse a los ciegos y contagiarse. En un momento, uno de los ciegos pierde el rumbo, separándose del grupo, y apenas logra escapar de los disparos de los guardias. Mientras el grupo celebra que aquel ciego finalmente logra volver sano y salvo, unas cajas de comida desaparecen. El grupo se plantea entonces encontrar a los ladrones, pero resulta difícil. Poco después llegan unos 250 internos más. El gran tamaño del nuevo grupo supone que será necesario habitar todas las salas, incluso aquellas que estaban reservadas para quienes todavía no se habían quedado ciegos. Los nuevos internos se apiñan cerca de la entrada mientras más y más personas son forzadas a entrar, por lo que varias personas resultan pisoteadas y heridas. Los internos que habían estado en contacto con personas infectadas por la epidemia, pero que todavía no estaban ciegos, intentan prohibirles la entrada a los nuevos internos a su ala del edificio, pero esto resulta imposible. Son demasiados. Después de un largo período de confusión y desorden, todos se terminan acomodando. Un anciano con una venda negra en el ojo entra a trompicones en la primera sala y toma la cama que el ladrón del coche dejó libre. Análisis En la novela, la naturaleza humana se muestra egoísta y vil, con pocas pero brillantes excepciones. Muchos de los pequeños conflictos que tuvieron lugar entre los internos durante los primeros días llegan a un punto crítico en esta parte debido a la gran afluencia de personas. En primer lugar, el robo abierto de la comida ejemplifica el triunfo de la naturaleza humana egoísta sobre los atisbos de solidaridad que habían aparecido entre los internados. El robo se comete porque a los ladrones no les interesa el bien común, y porque saben que pueden salirse con la suya, sin hacerse responsables de sus actos. Este desorden y la insatisfacción que provoca llevarán eventualmente al régimen del ciego de la pistola. En segundo término, el gobierno demuestra ser, simplemente, una versión amplificada de estas tendencias de la naturaleza humana. Esto queda demostrado por su cínico desprecio por aquellos que están en cuarentena; muy particularmente por los que aún no están infectados. Por un lado, los ciegos son tratados como ganado; se los hace ingresar a trompicones, provocando accidentes y dejando personas heridas que, por supuesto, no son atendidas. Por el otro, el gran tamaño del nuevo grupo obliga a los internos a ocupar todo el espacio, mezclando infectados y potenciales infectados y dejando así a estos últimos sin esperanzas. Resumen8 El viejo de la venda negra resulta ser otro paciente del médico, un anciano con un solo ojo que sufre de cataratas. Lleva una pequeña radio de transistores que les permite a los internos escuchar una canción y enterarse de noticias del mundo exterior. Así se enteran de que, en los primeros días, el Gobierno expresó su confianza en que el número de casos estuviera alcanzando un pico. Se organizaron reuniones y coloquios, pero la inutilidad de estos eventos quedó demostrada en la frecuencia con la que los participantes se quedaban ciegos. La moral del Gobierno está baja; su estrategia parece estar cambiando día a día. Al principio buscaban confinar solo a los ciegos en las cuarentenas, luego optaron por que las familias cuidaran de los ciegos en sus propios hogares. Toda la infraestructura de la ciudad se ve afectada. El tráfico se ha detenido por completo, ya que las personas están ciegas o bien tienen miedo de ser atropelladas por un conductor ciego. Después de escuchar las noticias del mundo exterior, los internos están desesperanzados. El viejo sugiere entonces que cada uno comente lo último que vio. Después de hacerlo, escuchan las noticias nuevamente, y no hay buenas noticias. Análisis Un aspecto del tono alegórico de Ensayo sobre la ceguera proviene de su falta de referencias concretas que lo vinculen a un tiempo y un lugar específicos. También contiene elementos improbables en la trama que parecen insistir en un giro alegórico. La llegada del anciano es uno de estos elementos, porque supone que, ahora, todos los pacientes del médico que conocimos al principio de la novela están en ese sector. Este es también un recurso narrativo conveniente, en tanto le permite al narrador contar lo que está sucediendo en el mundo exterior sin alejarse del enfoque de la narración, que es el hospital psiquiátrico abandonado. La solidaridad del primer pabellón comienza aquí a destacarse frente a la barbarie de otros sectores. Esta solidaridad se ve favorecida por el hecho de que, en este capítulo, comparten sus recuerdos, que son, en muchos sentidos, todo lo que tienen. El papel de recordar será cada vez más importante a medida que avance la historia. Olvidar quiénes son y qué los hace humanos es un peligro constante en el mundo de los ciegos. Este deseo de recordar distinguirá, en este apartado, a los miembros del primer pabellón del resto de los internos. Es también en esta parte donde queda claro, para quienes están en cuarentena, que no hay esperanza de que los encuentren en el mundo exterior. Mientras no tenían noticias del exterior, podían albergar alguna esperanza de que su problema hubiera sido aislado y de que hubiera gente trabajando en una cura. Este ya no es el caso. Vale la pena recordar que, según la escuela platónica, los hombres no siempre fueron ciegos a las verdades del universo. Alguna vez fueron capaces de ver la realidad, hasta que fueron cegados. Con el tiempo, tanta gente se quedó ciega ante las verdades del universo que olvidaron que las habían olvidado. Con el descenso final del mundo entero a la ceguera, se ha producido una situación similar. El mundo de los ciegos es ahora el único, constituyendo el nuevo estándar de normalidad para toda la humanidad. Resumen9 Con la llegada de los nuevos internos, el recinto se convierte en una completa inmundicia: hay excremento por todas partes, ya que los ciegos han desistido de usar los baños. La esposa del médico, incapaz de soportarlo más, decide decirle al resto de los internos que puede ver, para poder moverse sin temor a que la descubran. Sin embargo, cambia de opinión cuando reconoce la gran cantidad de tareas que esa confesión conllevaría para ella. Aunque quisiera, no podría encargarse ella sola de llevar adelante la limpieza de todo el complejo. Esa mañana, cuando un representante de su sala va a recoger la comida, se encuentran con un grupo de hombres de otro sector que se apropia de todo el alimento, resguardándolo con palos. Cuando van a reclamar, uno de la banda saca una pistola y dispara al aire, amenazando con disparar en dirección a cualquiera que se queje. Explica que, a partir de ese momento, los internos comprarán la comida para su sala con objetos de valor. Comenzando de inmediato, todos deben regresar a sus salas y recoger todos los relojes y joyas que tengan y volver con ellos. Entonces recibirán sus raciones. De vuelta en la primera sala, los internos recogen sus objetos de valor para entregarlos, pero la esposa del médico se queda con unas tijeras y el viejo de la venda negra se queda con la radio. El médico es elegido para llevar los objetos de valor a la sala del ciego de la pistola. Una vez allí, se da cuenta de que, entre ellos, hay un hombre que ha sido ciego toda su vida y lleva las cuentas en braille. Al entrar en una discusión con el ciego de la pistola, el médico deja pasar una oportunidad de quitarle el arma. Análisis Hasta este momento, la esposa del médico sentía cierta responsabilidad de ayudar a quienes no podían ayudarse a sí mismos. Sin embargo, ahora se da cuenta de que esto simplemente no es posible. Incluso si le dijera a los otros que puede ver, lo más probable sería que se terminara transformando en su esclava en lugar de poder ayudarlos. En este sentido, sus reflexiones nos vuelven a recordar a Platón. En la alegoría de la caverna, el filósofo consigue salir de la cueva donde vive el resto de la humanidad. Él ve la verdad del mundo, pero debe distribuir estas verdades lentamente, para no ser considerado loco o peligroso. En el caso de la esposa del médico, los ciegos la superan ampliamente en número y ella se termina dando cuenta de que debe administrar su visión privilegiada para que esta pueda, eventualmente, ser útil para los otros y, también, para ella misma. La introducción del ciego de la pistola y su régimen de distribución de alimentos marca un cambio en la organización del manicomio. Hasta ese momento, el funcionamiento del lugar se había organizado de manera más o menos democrática: todos los problemas se resolvían a través de la discusión y se abordaban caso por caso. Pero este modo demuestra ser ineficaz y estar plagado de problemas, como las peleas entre internos o el robo de alimentos. El ciego de la pistola instituye lo que es esencialmente un gobierno centralizado y autocrático con él en el centro. El hecho de que la mujer del médico se quede con las tijeras saca a la luz dos cuestiones interesantes. La primera es que ella parece prever la posibilidad de tener que asesinar, eventualmente, al ciego de la pistola. La segunda es que ella no parece saberlo conscientemente. La novela enfatiza una y otra vez en el hecho de que la esposa del médico está desconcertada respecto a por qué se quedó con las tijeras: "La mujer del médico miraba las tijeras, intentaba pensar por qué las estaba mirando así, así cómo, así, pero no encontraba ninguna razón, realmente, no podría hallarse razón alguna en unas simples tijeras grandes, colocadas en sus manos abiertas, con sus dos hojas niqueladas y las puntas agudas y brillantes" (p.131). Más tarde, una incertidumbre similar girará en torno a las causas por las que emprende misiones nocturnas de reconocimiento en las otras salas. Este tipo de ambigüedad respecto a las acciones de la mujer del médico puede responder a dos causas. La primera, que se quede con las tijeras de forma casual, parece improbable. Pareciera más bien que, inconscientemente, ella sabe lo que debe hacerse y no puede admitir de forma consciente que ese sea el curso de acción éticamente correcto. Curiosamente, el hecho de que el médico desaproveche, al final de este mismo capítulo, la oportunidad de quitarle el arma al ciego de la pistola sugiere y adelanta un corrimiento del esquema moderno de distribución del poder, según el cual los hombres, y particularmente los hombres blancos, heterosexuales, bien posicionados económicamente y poseedores del saber (científicos y tecnócratas) son quienes detentan el poder. En la distribución de poder del mundo ciego, el coraje, la autosuficiencia y las relaciones de parentesco (incluso los que exceden los lazos de sangre, como el que se va desarrollando entre los habitantes de la primera sala) se vuelven más importantes. La causa de este cambio político, de una democracia relativa a una autocracia impuesta por la violencia, se debe, claramente, a la ceguera de los internos. Si tenemos en cuenta, nuevamente, el significado alegórico de la ceguera, podemos ver que la situación en el manicomio abandonado es una puesta en escena de la creencia generalizada de la Ilustración de que la autocracia y la tiranía son producto de la ignorancia y la irracionalidad. La irracionalidad de los ignorantes da lugar a los tiranos, como lo hace la ceguera de los internos. Resumen10 El viejo de la venda negra ha estado usando la radio para escuchar noticias a bajo volumen y mantener a los otros internos de su sala informados sobre los acontecimientos del mundo exterior. Pero una noche la radio se queda en silencio, y no porque se le agoten las pilas; el locutor se queda ciego. Esa noche, todos se van a dormir saciados porque, aunque el sistema en el régimen del ciego de la pistola sea brutal, es también eficaz. También esa noche, la esposa del médico camina por el recinto. Primero sale y se da cuenta de lo abandonado que se ve todo. Luego realiza un reconocimiento de la sala enemiga. Descubre que tienen un guardia que balancea un palo de un lado a otro por el pasillo. Su sala está limpia; nadie duerme en el pasillo. Cuenta en la sala veinte hombres, incluyendo al ciego de la pistola. También puede ver que han almacenado comida junto a la pared del fondo. En el camino de regreso, encuentra a dos ciegos haciendo el amor en el pasillo y se siente abrumada por la compasión. Análisis La radio del viejo de la venda negra introduce otro ejemplo de la decadencia del mundo moderno a raíz de la expansión de la ceguera. Al igual que la medicina, la economía y el sistema de gobierno, la comunicación se evidencia como un sistema inútil sin personas que la ejerzan. Queda claro que se puede llegar a una instancia en la que nadie sea capaz de ejecutar las operaciones necesarias para, por ejemplo, realizar una transmisión de radio. En esta sección se desarrolla también el presagio del asesinato del ciego de la pistola por parte de la mujer del médico. Sin embargo, tal como sucedió cuando se quedó con las tijeras, la mujer no admite para sí misma que al realizar estas misiones de reconocimiento tiene un objetivo claro en mente. Todavía no se siente cómoda con lo que inevitablemente tendrá que hacer, es decir, cometer un asesinato. Es precisamente su apego a quien es lo que la diferencia de los internos ciegos. Esta es la segunda vez que la esposa del médico se cruza con personas teniendo relaciones sexuales en el manicomio. Al principio le disgustaba la falta de decoro. Ahora, sin embargo, entiende que esa forma de conexión puede ser la única que les queda a estas personas. La ceguera los ha incapacitado para conectarse a un nivel más elevado. Leído alegóricamente, podemos decir que la pérdida de la facultad de la razón, simbolizada en la ceguera, ha dejado a las personas no solo incapaces de organizarse o mantener una apariencia de civilización, sino también de amar de cualquier manera que no sea la más elemental. Esto conecta, a través de la alegoría, la razón con el amor, dando cuenta de que la primera es un requisito para el segundo. Resumen11 Cuando los matones ocuparon la sala en la que se encuentran, expulsaron a todas las personas que estaban allí antes que ellos. También le prohibieron a las personas de otras salas que usaran sus baños. Además de todo esto, están almacenando comida, dejando que se pudra con tal de no repartirla entre quienes no pagan su tributo. A menudo se discute, entre los internos que son víctimas de la nueva autocracia, la posibilidad de llevar adelante alguna acción grupal, sobre la base de que superan mucho en número a los violentos. Sin embargo, esto no se termina de llevar a cabo por algunas razones. En primer lugar, nadie quiere estar en la primera línea en caso de ocupar la sala de los enemigos, seguros como están de que esta acción implicaría bajas, y los primeros en entrar serían también los primeros en recibir un disparo. En segundo lugar, también se descarta una acción más mesurada porque cualquier tipo de queja o resistencia ya ha causado castigos colectivos, incluyendo la disminución de las raciones. Ese castigo generalizado ya ha producido internas en diferentes salas. Las cosas han llegado a este punto muerto cuando la sala de matones lanza nuevas medidas: afirman que ya han sido demasiado generosos en la distribución de alimentos y exigen más pago. Pero los internos de las otras salas señalan, a su vez, que no tienen más bienes para entregar. La sala de los matones, entonces, anuncia que están decididos a aceptar mujeres como forma de pago. De ahora en más, cada sector, si quiere comer, debe enviar a sus mujeres a la sala de los matones. Serán prostituidas a cambio de comida. Después de mucho debate, las mujeres deciden obedecer. Aún contra su propia voluntad y la de sus maridos, lo harán porque entienden que el bien colectivo es más importante. Cuando les llega el turno, las mujeres de la primera sala pasan al sector de los matones. El viejo de la pistola reconoce la voz de la esposa del médico y la toma para sí. Todas son violadas brutalmente entre varios, pasando de uno a otro. Después de esta terrible experiencia, las mujeres comienzan a regresar a su sala, cuando una de ellas cae repentinamente muerta. El resto lleva su cadáver de regreso a la sala donde la esposa del médico, ya sin fingir ceguera, lava a todas las mujeres, incluida la fallecida. Análisis Hasta este punto, el régimen del ciego de la pistola ha demostrado ser brutal pero eficiente. No obstante, en esta instancia toma un giro más oscuro. Si bien este giro podría leerse como consecuencia de la despreciable ética personal del hombre armado, la novela parece sugerir que esta nueva etapa responde más bien a la violencia y la brutalidad de la naturaleza humana. Así, cualquier beneficio que llegase a la mayoría a través de un gobierno, parece sugerirse, es meramente incidental. Los gobiernos se establecen para servir a quienes gobiernan. Una organización, en definitiva, no puede ser más que la suma de sus partes, en este caso, seres humanos imperfectos. La decisión de las mujeres de cumplir con las exigencias del ciego de la pistola saca a la luz un punto interesante. Hay dos formas de interpretar esta postura. La primera es que no se trata tanto de una verdadera decisión como de una entrega inevitable a la simple realidad: tienen que comer para sobrevivir, y para comer deben tener sexo con los matones de aquella sala. No obstante, se evidencia en el debate previo una fuerte sororidad y una gran solidaridad hacia el resto: ellas aceptan entregarse por voluntad propia, en contra de sus propios deseos, para alimentar a todos. Esto queda explicitado cuando el primer ciego le ordena a su mujer no ir, pero ella decide hacerlo de todos modos en solidaridad con el resto de las mujeres: "Soy como las otras, y lo que ellas hagan, lo haré yo" (p.156). Después de la horrible experiencia que sufren las mujeres, que no solo son violadas por varios hombres, sino que además son testigos de la muerte repentina de una de ellas, el baño que lidera la mujer del médico adquiere el estatuto de un ritual y funciona como una metáfora de limpieza y depuración tras la reciente experiencia. No obstante, este acto no es puramente metafórico. De hecho, podemos entender la aversión a vivir en la suciedad como un rasgo característico de la humanidad. Así, el baño de las mujeres puede ser leído en su literalidad como una reafirmación de su humanidad, incluso en una situación que puede definirse, a todas luces, como inhumana. Podemos ver que la ceguera de los internos ha hecho que incluso la más inhumana y cruel de las organizaciones sociales no solo sea factible sino además deseable: varios de los hombres de la sala se abstienen de presentar algún tipo de resistencia real al precio de la comida que ha impuesto el ciego de la pistola. Leído alegóricamente, esto puede representar el deseo de tranquilidad y la falta de empatía que caracteriza la ignorancia en el corazón de todas las autocracias. No solo el tirano tiene la culpa, sino también la ignorancia de los ciudadanos que están dispuestos a asumir esta forma de gobierno. Resumen12 Cuatro días después, los hombres de la sala de los matones pasan por la primera sala para ver cómo andan las mujeres. La esposa del médico decide que ya ha tenido suficiente. Esa noche, toma las tijeras que colgó de la pared y se arrastra hasta la sala donde los matones están violando mujeres de otro pabellón. Encuentra al hombre de la pistola y le clava las tijeras en el cuello, degollándolo y salvando a la chica que aquel estaba en proceso de violar. Estalla la confusión general: las mujeres intentan escapar y el contador ciego encuentra el arma, autoproclamándose nuevo líder de la sala. Una vez que los hombres se dan cuenta de que otra persona ha tomado el arma, también comienzan a entrar en pánico y dejan ir a las mujeres. La esposa del médico le dice al contador ciego que cada hombre que salga de la sala será apuñalado. Serán los habitantes de su propia sala quienes recojan la comida a partir de ahora. Sin embargo, esto no redunda en gran beneficio, porque las entregas de alimentos cesan. Al principio, los internos asumen que podría tratarse de una interrupción normal, pero enseguida queda claro que se trata de una situación fuera de lo común. Los soldados afuera aseguran que no están entregando comida porque no les llega a ellos. Entonces los miembros de la primera sala deciden organizarse para irrumpir en la sala de los malvados y llevarse la comida que han estado acopiando. Montan un ataque que resulta infructuoso. Confundidos y hambrientos, los internos deciden ir al patio en masa y reclamar comida. Esto estalla en una confusión general y, en medio del caos, la mujer que había sido salvada por la mujer del médico regresa a la sala de los matones y prende fuego su barricada, matando a todos en esa sala. Pero el fuego se extiende por todo el recinto y los supervivientes se ven obligados a salir al patio. En este punto, la esposa del médico se da cuenta de que los guardias se han ido y que la puerta ni siquiera está cerrada. Son libres. Análisis El asesinato del ciego de la pistola es un buen ejemplo de cómo la decadencia de las normas sociales que ha experimentado este grupo humano los ha llevado a una situación en la que lo que parecía inmoral, prácticamente impensable, se convierte en la única acción moral posible. Al alcanzarse una situación crítica en el contexto de esta nueva realidad, esa transición de poder que se había iniciado capítulos antes se termina de afirmar: la mujer del médico reemplaza definitivamente a su esposo como autoridad. Y si volvemos aquí a la lectura alegórica, ella pasa de representar al filósofo que tiene acceso al mundo "real" a tener la posibilidad de ascender al rol de "rey filósofo", que es la forma de gobierno ideal para Platón: el filósofo griego postulaba que una ciudad estado ideal debería ser gobernada por filósofos que deberían superar, antes de alcanzar el gobierno, largos años de formación intelectual y entrenamiento físico, de modo de comprender, a la hora de gobernar, la Idea del Bien. Sin embargo, esta posibilidad se ve inmediatamente truncada, ya que las otras personas en el manicomio comienzan a responsabilizar a la mujer del médico por la falta de comida. Otra vez desde la alegoría, esta actitud puede leerse como la resistencia que todos sentimos hacia quien intenta sacarnos de nuestra ignorancia. Vale recordar que el filósofo, en la alegoría platónica, es considerado peligroso o loco. En este contexto, alguien incluso desliza la posibilidad de entregar a la mujer del médico a cambio de comida. Esto, una vez más, pone en primer plano la naturaleza egoísta de la condición humana. Y una vez más, ese egoísmo se expresa en boca de un hombre, en oposición a la solidaridad demostrada una y otra vez entre las mujeres. Finalmente, el hecho de que, hacia el final de esta sección, los internos se den cuenta de que las puertas del manicomio estaban abiertas y ya no había nadie vigilando da cuenta de que la verdadera prisión es en realidad la ceguera. Esto da pistas a los propios personajes sobre el significado alegórico de la ceguera, ya hace evidente que, así como la ignorancia que la ceguera metaforiza existía en ellos antes de que se quedaran ciegos físicamente, la prisión a la que se someten ahora también persiste independientemente de las condiciones materiales. Es decir, su libertad física es un recordatorio irónico de su esclavitud alegórica, es decir, de su ignorancia e irracionalidad: "Le dices a un ciego, Estás libre, le abres la puerta que lo separaba del mundo, Vete, estás libre, volvemos a decirle, y no se va, se queda allí parado en medio de la calle, él y los otros, están asustados, no saben adónde ir (...)" (p.196). Resumen13 Después de descansar toda la noche, el grupo de la primera sala decide dirigirse a la ciudad. Llevan varios días sin comer y su prioridad es alimentarse. Al llegar a la ciudad, la mujer del médico busca una tienda que pueda tener algo de comida. Encuentran una farmacia donde acampa una familia. Empieza a llover y, buscando refugio, la mujer del médico habla con un hombre en la farmacia. Este le explica a la mujer del médico la forma en la que viven ahora las personas. La gente tiende a moverse en pequeños grupos en busca de comida. Estos grupos son completamente nómadas: en cuanto uno abandona un refugio, otro grupo se instala. Nadie puede encontrar el camino de vuelta. Ella no le revela a su informante que puede ver. El resto del grupo se refugia en una tienda mientras la mujer del médico va a buscar comida. Camina bastante antes de encontrar un supermercado. Una vez allí, entra y ve que todo el lugar está lleno de ciegos buscando comida. Casi no se ven comestibles, y varios grupos de ciegos se pelean por los restos que encuentran en el suelo o en los estantes más bajos. La mujer también ve cómo el líder de un grupo pisa un pequeño trozo de vidrio y todos los demás lo ayudan a quitárselo, mostrándose amables y solidarios. Está a punto de irse, pensando que los restos que podría encontrar allí no valen la pena, cuando recuerda que la mayoría de las tiendas tienen un almacén. Después de mucho esfuerzo, la mujer encuentra el almacén y entra. Está lleno. Buscando a tientas en la oscuridad, comienza a agarrar cosas al azar hasta que encuentra una caja de cerillas e, iluminándose con ellas, llena sus bolsas rápidamente con comida. Incapaz de esperar, se sienta y come algo. Cuando está saliendo, los ciegos huelen la comida en su aliento y comienzan a perseguirla. Ella escapa por poco e inmediatamente entra en pánico. Un perro viene a lamerle las lágrimas y se queda con ella una vez que la mujer encuentra el camino de vuelta. Empieza a llover y por todas partes hay ciegos con la boca abierta, lavándose y bebiendo. De vuelta en el refugio, el grupo decide alimentarse primero, conseguir luego calzados y, finalmente, pasar por los hogares de cada uno. Análisis Esta parte inaugura una nueva etapa en el relato. A través de los ojos de la mujer del médico podemos observar el mundo afuera del manicomio. Lo que en la sección inmediatamente anterior parecía una aliviadora liberación, enseguida parece transformarse en más de lo mismo: en la ciudad, las cosas no son realmente tan diferentes a como se manifestaban en el manicomio. Aquí podemos leer una continuación de la ironía de las puertas abiertas del hospital psiquiátrico: si al final de la parte anterior quedó claro que el problema no era estar encerrados y custodiados, ahora queda claro que salir del manicomio tampoco soluciona demasiado. En definitiva, es la sociedad en su conjunto la que ha cambiado. El nomadismo, por ejemplo, es ahora una parte constitutiva de la vida humana, lo que significa que el hogar se construye en la compañía de los otros más que en un espacio. Los miembros del grupo de la primera sala quieren al principio regresar a sus respectivas casas, pero pronto se dan cuenta de que allí no quedará nada. El único hogar que les queda es su compañía mutua. El viaje de la mujer del médico al supermercado pone en evidencia un cambio en su carácter: empieza a darse cuenta de que, para preservar a su grupo, tiene que empezar a actuar con cierto egoísmo: "Qué hago. Podría, cuando llegase a la salida, volverse hacia dentro y gritar, Al fondo del corredor hay comida, una escalera lleva al almacén, aprovechaos, he dejado la puerta abierta. Podría hacerlo, pero no lo hizo" (p.209). Este cambio ha comenzado con el asesinato del hombre de la pistola y vuelve a exhibirse aquí cuando ella oculta el almacén a los ciegos que se encuentran en el supermercado, de modo de poder volver más adelante y asegurarse provisiones en el futuro. Aun así, y a pesar también de todo lo que ha visto y experimentado, ella parece aferrarse a la moral de su vida anterior. Se traza así un paralelo, a través de la alegoría, entre la razón y la moral. Es precisamente por el hecho de que la mujer ve las cosas como son que puede conservar su moral, incluso cuando tiene que hacer caso omiso de ella en pos de la supervivencia. En la primera parte de la narración, limitada al manicomio, la mujer del médico tiene que fingir que es ciega como el resto de los internos. Sin embargo, una vez afuera, su preocupación al respecto disminuye. Una vez más, conviene plantear el paralelo alegórico con la caverna de Platón. En la segunda parte de la alegoría de la cueva, un hombre (el filósofo) puede salir de la cueva y ver el mundo tal como es. Cuando regresa, es tratado como si estuviera loco si se limita a revelar las cosas que ha visto, por lo que tiene que fingir ser como el resto de ellos para poder transmitir su mensaje y corregir la percepción de los otros poco a poco. La mujer del médico parece atravesar un proceso similar: en la cuarentena tenía que fingir ser ciega para ayudar sutilmente a los internos a vivir una vida un poco mejor y para, eventualmente, deshacerse del ciego de la pistola. En el mundo exterior, es decir, afuera (o más cerca de la salida) de la caverna, ella ya no siente la compulsión de fingir ser ciega. Su superioridad y liderazgo se ponen en evidencia y se reconocen abiertamente. Resumen14 El grupo se prepara para irse. Encuentran zapatos nuevos y salen en busca, primero, de la casa de la chica de las gafas oscuras. Se mueven muy lentamente porque tienen hambre; están débiles. Finalmente, llegan al edificio donde está el departamento de la muchacha y parece no haber nadie. No obstante, cuando entran se encuentran con una anciana que habita en el primer piso y parece haberse vuelto un poco loca. Ella les cuenta que ha estado viviendo de los conejos que cría en su patio trasero. Los caza, les rompe el cuello y los come crudos. El grupo logra entrar al departamento de la muchacha por una ventana abierta y deciden pasar la noche allí. Al día siguiente, le piden a la anciana que guarde la llave de la casa de la muchacha, quien pretende volver cada semana para ver si su familia vuelve allí. La mujer accede a regañadientes y a cambio de comida. Deciden que lo mejor que pueden hacer es permanecer juntos, pase lo que pase. Parten luego en busca de la casa del médico, que es la más cercana. Al pasar por el distrito financiero, ven los escombros del pánico financiero que se apoderó de la ciudad a medida que más y más personas comenzaban a quedarse ciegas. Muchos coches lujosos están ahora ocupados por familias de ciegos. Finalmente llegan a la casa del médico. Análisis La mujer que vive en el primer piso del edificio de la muchacha funciona como un caso que ejemplifica los límites de la humanidad. La anciana parece haber descendido a un modo de supervivencia prácticamente animal, comiendo conejos crudos que atrapa con las manos. Además, vive en medio de la más extrema suciedad: su casa está llena de cadáveres a medio comer, pieles y excrementos. Está completamente sola. Su único rasgo de humanidad parecería ser su nombre. Desde una lectura alegórica, vemos en esta mujer el final definitivo de la caída desde el mundo de la comprensión, simbolizado por el mundo de los videntes. Es interesante que el relato se estructure de modo de presentar dos figuras opuestas viviendo en las casas de dos miembros del grupo de la primera sala. Esta mujer parece haber perdido casi todo vestigio de humanidad, excepto por su capacidad del habla. En la siguiente sección, el grupo conocerá, en la casa de primer ciego, a un escritor que servirá de contrapunto a esta anciana. Después de esta visita, el grupo afirma su cohesión y el tema del hogar o la pertenencia se hace más fuerte. Esto se debe, en parte, a que el contexto, menos hostil, minimiza la confrontación abierta con otros, permitiendo así que destaquen las características positivas de cada uno, en contraposición a lo que sucedía en el manicomio. Caminar por el distrito financiero vuelve a poner en primer plano el tema de la fragilidad de la estructura social. Estos edificios bancarios son grandes e imponentes y representan visualmente su confiabilidad. Sin embargo, todo se ha derrumbado con la epidemia. Todo lo que representaban los bancos ha desaparecido y ha sido reemplazado por la mera supervivencia. Esta transición queda simbólicamente plasmada en las limusinas, que han sido reutilizadas como refugios para familias de ciegos. Resumen15 Los ciegos llegan a la casa del médico y se instalan, decididos a permanecer juntos y vivir allí. La mujer del médico encuentra ropa para todos y ropa de cama limpia. Comen el resto de la comida y se acuestan. Esa noche comienza a llover y la mujer del médico dirige a la muchacha de las gafas oscuras y a la mujer del primer ciego afuera para poder lavarse. Las tres mujeres se bañan bajo la lluvia y recogen agua para que los hombres también se laven más tarde. La esposa del médico prepara, con el agua recogida, un baño para que el anciano de la venda negra se bañe. Él entra al baño, se desnuda y comienza a bañarse, solo para encontrar a una mujer en la bañera con él, que le lava la espalda. Se imagina que es la mujer del médico pero no pregunta. A la mañana siguiente, le dan la poca comida que les queda al niño. La mujer del médico acompaña al primer ciego y a su esposa a buscar su casa. Cuando llegan, encuentran a un hombre viviendo en su piso. Es muy educado y les dice que es escritor, aunque eso en verdad no importa, ya que no se volverá a ver siquiera ninguna palabra que él escriba. Les cuenta con entusiasmo que ha estado escribiendo toda su experiencia, usando un bolígrafo para grabar las palabras en el papel. Al principio el primer ciego quiere quedarse en su casa con su mujer, pero pronto decide que será mejor permanecer todos juntos. El grupo regresa a la casa del médico y la mujer de este le lee al resto un libro que encontró en el estudio de su esposo. Análisis El baño de las mujeres bajo la lluvia es otro ejemplo de sus intentos por conservar su humanidad y de hacerlo, nuevamente, a través de la creación de un lazo de sororidad y complicidad que excluye a los hombres. No es casual que sean las mujeres quienes vuelvan a oponer, a la violencia y el egoísmo reinantes, un ejemplo de humanidad y de cuidado mutuo. Esta escena no puede sino ser leída en paralelo al lavado de los cuerpos después de la violación en el manicomio. No obstante, mientras el baño en el manicomio fue un ritual de lamentación y de duelo, el que tiene lugar ahora parece más bien una afirmación de vida: "el paraíso era allá fuera, en la terraza" (p.252), afirma el narrador. La figura del escritor sirve de contrapunto, como adelantamos en el apartado anterior, a la figura de la anciana que caza conejos para sobrevivir, y plantea un tema interesante que aparece a lo largo del texto: el de la memoria y la historia. A lo largo del texto surge la pregunta sobre si la especie humana continuará existiendo si pierde la memoria y su propia historia. El caso del escritor muestra que hay una pizca de esperanza: el hombre sigue escribiendo aunque está seguro de que nadie leerá su obra. Escribir, para él, no es un proceso para recordarles a los demás lo que sucedió, sino más bien un mecanismo para recordarse a sí mismo quién es. En medio de todas las dificultades que rodean a los ciegos cada día, es fácil para ellos olvidar que alguna vez fueron humanos y que pueden aferrarse a algunos de esos valores. Es por ello que le implora a la esposa del médico que no olvide quién es. El escritor comprende la importancia de la memoria y su papel en mantenernos humanos. Leída esta sección a través del marco de la alegoría, podemos ver que el escritor también forma un contrapunto con la mujer del médico. Si la esposa del médico puede leerse alegóricamente como un filósofo platónico, entonces el escritor puede interpretarse, alegóricamente, como el artista ideal. El papel del filósofo es ver cómo son realmente las cosas y mostrárselas a su prójimo. El papel del artista es imaginar cómo podrían ser las cosas, en contraste a cómo son, de hecho, en la realidad. Esto significa que lo que un artista hace es en algún punto inútil, pero, para citar a Nietzsche, "tenemos arte para no morir de la verdad". El gesto inútil, es decir, la ausencia de un propósito pragmático, que caracteriza al arte, es en última instancia lo que lo hace profundamente humano. El escritor representa al artista porque se involucra en su creación como una estrategia de supervivencia, en pos de conservar su propia humanidad. Incluso en estas circunstancias de extrema necesidad, el escritor se entrega a la creación para recordarse a sí mismo que sigue siendo humano. Resumen16 Al día siguiente, el médico le dice a su esposa que le gustaría ir a su consultorio para ver cómo está todo. Llegan y todo parece estar en orden, aunque claro, en estas condiciones, el consultorio de un oftalmólogo resulta completamente inútil. Camino a casa, el médico y su esposa pasan por una plaza donde grupos de ciegos escuchan a otros que dan discursos sobre profecías y presagios. El médico destaca que ninguna de esas personas está hablando de organización, que es lo que sin duda necesitan para sobrevivir. Finalmente, llegan a la casa de la muchacha de las gafas oscuras solo para encontrar el cadáver de la anciana en el frente, rodeado de perros callejeros. Se compadecen, pero es la muchacha quien está especialmente triste: piensa que nunca podrá regresar a su casa, ya que la anciana tenía su llave. Sin embargo, cuando la mujer del médico mira más de cerca, ve que la mujer todavía sostiene la llave en la mano. Deciden enterrar el cuerpo en el jardín. La conejera ha sido abierta, lo que sugiere que la anciana, sabiendo que iba a morir pronto, dejó salir a los conejos para que no murieran de hambre. Esa noche, en la casa, el grupo escucha otro relato leído por la esposa del médico. Después de la historia, el viejo de la venda negra y la muchacha de las gafas oscuras entran en una discusión que se resuelve cuando ambos admiten que se aman y prometen vivir juntos, incluso si tuvieran que separarse del resto del grupo. El niño comienza a dormir con el médico y su mujer. Análisis La visita del médico a su antiguo consultorio trae a colación el tema de la fragilidad del entramado social, encarnado en este caso en el sistema médico. Una vez más, los inmensos avances técnicos logrados por la humanidad demuestran ser completamente inútiles al no haber una persona vidente operando. El descubrimiento del cuerpo de la anciana pone en escena otra instancia en la que la naturaleza humana da cuenta de aspectos positivos, tal como viene sucediendo especialmente desde que seguimos al grupo de la primera sala una vez afuera del manicomio. El cuerpo de la anciana, quien parecía carente de cualquier vestigio de humanidad, deja ver huellas de compasión y lealtad: por un lado, parece haber abierto la conejera antes de morir, de modo que los conejos no murieran de hambre en su ausencia. Por el otro, su cadáver sostiene la llave del apartamento de la muchacha de las gafas oscuras, lo que da cuenta de que ha mantenido su promesa. La floreciente historia de amor entre el anciano y la joven es también otro ejemplo del efecto nivelador de la epidemia. Ellos dos, que en circunstancias normales jamás se habrían convertido en amantes, están unidos por la enfermedad, que borra la diferencia entre las personas. Resumen17 Al día siguiente, la esposa del médico dice que se están quedando sin comida y que tienen que hacer otro viaje al almacén de la tienda. Al dirigirse hacia allí, escuchan a otro grupo de personas dando discursos, esta vez sobre organización: economía, tráfico, gobierno, democracia, etc. Cuando llegan al supermercado, se sorprenden al ver que no hay nadie buscando comida a tientas. La esposa del médico piensa que puede que sea demasiado tarde, pero decide buscar de todos modos. Una vez adentro, el perro de las lágrimas comienza a gemir y no quiere acompañarlos al almacén del sótano. Una vez allí, la mujer del médico se sorprende por el olor a podrido y las luces parpadeantes. Cuando enciende la luz, ve una enorme masa de cuerpos en descomposición y algunas llamas sobre ellos. Parecería que algunos ciegos intentaron bajar y cayeron. Luego de que la secuencia se repitiera varias veces, los cadáveres acumulados estaban produciendo fuegos fatuos por la acumulación de hidrógeno fosforado, producto de la descomposición. La mujer del médico está abrumada por el horror de la imagen, y su esposo tiene que sacarla a rastras del sótano. Salen y encuentran una iglesia donde la esposa del médico puede descansar. Una vez dentro, sin embargo, se sorprende al descubrir que todas las estatuas y todas las pinturas tienen los ojos cubiertos de blanco. Alguien, antes de quedarse ciego, fue y cegó a todos los santos. Cuando las personas rindiendo culto allí escuchan esto, les provoca un gran malestar. Los dos regresan a casa, sin comida. Esa noche, solo el niño come, mientras el resto se acomoda para escuchar la historia. Cuando el primer ciego está a punto de quedarse dormido, le perturba el hecho de que ve negro a pesar de que tiene los ojos cerrados y está despierto. Entonces abre los ojos, para reconocer que ha recuperado la vista. Muy pronto, todos siguen su ejemplo y se pueden escuchar gritos en toda la ciudad: "Veo, veo". Análisis El grupo de personas ciegas que da discursos sobre organización contrasta con el grupo que daba discursos el día anterior. Este sentido de organización atrae al médico, que ha estado intentando, en vano, organizar a la gente desde el comienzo de la novela. El incidente del supermercado, el descubrimiento de los cadáveres en el almacén, es ciertamente impactante, pero debemos preguntarnos por qué la esposa del médico reacciona de manera tan extrema: "Cuando salieron del corredor, los nervios de ella se desataron de golpe, el llanto se convirtió en convulsión (...)" (p.281). La respuesta se encuentra en las dudas que sintió cuando se llevó la comida del almacén. Guardar el secreto de que allí había alimentos le parecía un poco inhumano. No obstante, cometió el error de comer algo antes de salir y el olor la puso en evidencia. Aparentemente, alguien descubrió el acceso al almacén luego de esto, por lo que las acciones de la mujer del médico llevaron, directa o indirectamente, a la muerte horrible de todas estas personas. Aquí se pone en evidencia la incómoda posición en la que se encuentra la mujer del médico, que debe ser egoísta, y hasta cruel, para proteger a su pequeño grupo, a la vez que carece de la inocencia de los ciegos, que se ahorran visiones de la degradación y la violencia de las personas. La ceguera de los íconos en la iglesia es un episodio interesante que se puede leer de dos formas. Bajo la primera lectura, esta ceguera puede responder a una fe perdida; incluso a una abierta agresión hacia la idea de lo divino. Los feligreses podrían haber cegado los íconos como una forma de hacerle a Dios lo que Dios les ha hecho a ellos. Pero la ceguera de los íconos también se puede leer como la máxima expresión de que Dios no es sino tan bueno como aquellos que le rinden culto. Si Dios, y la religión en general, solo se materializan a través de la comunidad de creyentes, entonces tendría sentido que las imágenes que aluden a lo religioso estuvieran ciegas. Una vez más, nos enfrentamos aquí al horror de un mundo de ciegos sin escapatoria. La ceguera sería tolerable si los ciegos supieran que algunas personas pueden ver, o si por lo menos Dios, fuera del mundo que habitan, puede hacerlo. La sugerencia de que este no es el caso lleva a los fieles al pánico: "(...) la idea de que las sagradas imágenes estaban ciegas, de que sus misericordiosas y sufridoras miradas no contemplaban más que su propia ceguera, les resultó súbitamente insoportable, fue igual que si les hubieran dicho que estaban rodeados de muertos-vivos, bastó que se oyera un grito, y luego otro, y otro, luego el miedo hizo que todos se levantaran, el pánico los empujó hacia la puerta (...)". (p.286) Cuando el resto de la gente en la ciudad comienza a recuperar la vista, la mujer del médico se preocupa por perder la suya. ¿Por qué? Ella cree que se salvó para poder dar testimonio de lo sucedido. No se trataba tanto de estar destinada a ayudar a los demás como a ver lo que hacían, en qué se habían convertido, y recordarlo. Si este es el caso, entonces ella no tiene ninguna razón para mantener la vista una vez que los demás recuperan la suya. Por suerte para ella, este no es el caso. El hecho de que, al final de la narración, los personajes recuperen la vista es una prueba más de la condición alegórica del relato. Debemos recordar que las alegorías son a menudo, hasta cierto punto, didácticas. Se espera de ellas que transmitan un mensaje o una moraleja. Este mensaje o moraleja a menudo funciona a costa de lo que podemos llamar realismo. Tal es el caso de Ensayo sobre la ceguera, donde la repentina y bastante improbable recuperación de la vista de los personajes deja en claro que su ceguera era simplemente un medio, casi un explícito recurso narrativo, para mostrarles el estado de ignorancia e irracionalidad en el que suelen vivir, independientemente de si pueden ver o no. Las lágrimas de la mujer del médico hacen saber al lector que el rol del único que puede ver, es decir, del filósofo, no es más grato que el del ciego. Ser capaz de ver el mundo como realmente es significa estar al tanto del horror y del dolor humano en todo su esplendor. Mientras que los ignorantes o irracionales son felizmente inconscientes de su propia falta de conocimiento, quien puede ver no es capaz de ignorar los horrores que trae consigo la verdad. Así, el llanto de la mujer del médico puede leerse como uno de alivio: ya no está sola contemplando el horror.
0
Puede agregar este documento a su colección de estudio (s)
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizadosPuede agregar este documento a su lista guardada
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizados(Para quejas, use otra forma )